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5 Desigualdades de género en trayectorias laborales del sector TIC en la Ciudad de Buenos Aires

Mariana Lucía Sosa[1] y Sabrina Ferraris[2]

1. Introducción

En la Argentina, el sector de TIC comprende a los subsectores de Software y Servicios, Hardware, Insumos Informáticos y Telecomunicaciones. Los tres primeros conforman el subsector TI (tecnologías de la información), y el último, comunicaciones (C).

El estudio estará enfocado mayormente en el subsector de Software y Servicios, Hardware, los cuales han experimentado un crecimiento sostenido a lo largo de los últimos años en nuestro país.

El empleo en el sector Software y Servicios Informáticos (SSI) creció, en cantidad de ocupadxs, un 149 % entre los años 2005 y 2015 a una tasa anual promedio del 9,7 %. A pesar de que, en los últimos años, la oferta de recursos calificados no llegaba a cubrir la mitad de los recursos demandados, en la actualidad, para el año 2020, la OPSSI (2020a) estimaba que no habría inconvenientes para satisfacer la totalidad de los recursos demandados.

Ahora bien, en lo que refiere a la participación femenina, según OPSSI (2020b), en los últimos 15 años, se duplicó la cantidad de trabajadoras, pasando a ser un 30 % en 2020. A partir de una encuesta realizada por dicha entidad a más de 300 empresas de todo el país, un poco menor es la presencia en empresas de hasta 50 personas (28 %) con respecto de las más grandes (30 % y 31 % en empresas entre 50 y 200 personas y más de 200 personas, respectivamente). Ello cobra relevancia si tenemos presente que se advierte un gran predominio de las microempresas en el sector.

Con respecto a las condiciones de empleo, el sector presenta una importante tasa de rotación, que fue de alrededor de un 27 % entre 2013 y 2017, para escalar al 30 % en el 2019 en el total del país (OPSSI, 2020a). Asimismo, muestra un aumento significativo en la cantidad de ocupadxs, tanto asalariadxs (+27 %) como no asalariadxs (+35 %) en la Ciudad de Buenos Aires (ESIM, 2021).

Cabe señalar que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) concentra una importante proporción de trabajadorxs del sector. Al respecto, con datos para el 2022, la participación de CABA en empleo registrado (es decir, formal) y privado era de un 68 % de los empleados del sector (Polo IT, 2022). Asimismo, con datos de la Encuesta Anual de Hogares para CABA, el porcentaje de mujeres de las generaciones 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982 que trabajaban en el sector para el año 2019 era de un 27,1 %.

En este contexto descripto, nos interesa caracterizar y analizar las trayectorias laborales en la rama Tecnologías de la Información y la Comunicación (en adelante TIC) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) considerando las desigualdades de género. Más específicamente, partiendo de un análisis cuantitativo[3] de trayectorias según sexo, y recuperando la información para diferentes generaciones de trabajadorxs (1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982), interesa reconstruir cuáles son los calendarios de inicio al mundo de trabajo TIC (edad al primer empleo), así como cuáles son las características de los puestos de trabajo en los que se insertan y en qué tipo de empresas del sector (tamaño del establecimiento).

Para ello, utilizaremos como principal fuente de datos a la Encuesta Demográfica Retrospectiva de CABA, realizada en 2019, la cual recupera los cursos de vida de personas nacidas entre 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982. Ello habilita, entonces, a hacer un análisis del tiempo biográfico de las personas, recuperando las trayectorias laborales en la rama TIC. Asimismo, con el objetivo de complementar la caracterización del sector TIC y sus trabajadorxs, se utiliza información con datos provenientes de la Encuesta Anual de Hogares de CABA para el mismo año (2019).

Ordenamos el trabajo a partir de dos ejes analíticos: en el primero nos centraremos en analizar la desigualdad de género con respecto al nivel educativo y la calificación de la ocupación al ingresar a la rama TIC; en el segundo, nos interesa abordar las desigualdades de género en torno a las características del empleo en el sector TIC durante toda la trayectoria laboral (desigualdades en la trayectoria).

Con tal fin, a continuación, presentamos los antecedentes y luego los apuntes metodológicos del trabajo, seguido de ello abordamos los ejes analíticos propuestos, para luego cerrar con algunas reflexiones.

2. Antecedentes

Estudios recientes sobre el sector TIC señalan que la distribución del salario por género muestra asimetrías notorias entre varones y mujeres, desfavorables para estas últimas. Asimismo, destacan que se verifica una menor participación femenina en los puestos con mayor especificidad técnica ligada a la programación, mientras que muestran alta participación en puestos auxiliares al desarrollo de software y la programación (Guitart, Rabosto y Segal, 2022).

A su vez, en una investigación sobre empleadores demandantes de trabajadorxs informáticxs, se ha evidenciado que en sus imaginarios circulan importantes sesgos de género vinculados, por un lado, a asociar las destrezas técnicas con los varones (y no con las mujeres); por otro, a considerar que las mujeres presentan limitaciones físicas para desempeñarse en algunos puestos ligados a la informática, incluso llegando a señalar que sería incómodo trabajar con una mujer, entre otras cuestiones (Yansen y Zukerfeld, 2013; Yansen, 2020).

Por su parte, en cuanto al nivel educativo de lxs ocupadxs en la rama, se ha señalado cierta desigualdad de género relacionada a los requerimientos de credenciales educativas para ingresar al sector asociado a que las mujeres ocupadas en él presentan niveles educativos elevados en una proporción significativamente mayor a la de sus pares varones (Sosa, 2018; Sosa y Ferraris, 2021).

En lo que refiere a las carreras afines al sector, si bien en Argentina seis de cada diez estudiantes universitarios son mujeres, ellas representan solo el 25 % del total de quienes estudian ingeniería y ciencias aplicadas, y el 15 % de las inscripciones en la carrera de programación (Szenkman y Lotitto, 2020). En este sentido, la escasa proporción de mujeres graduadas en carreras STEM es un tema ampliamente estudiado (Basco y Lavena, 2019).

Cabe señalar que la rama TIC presenta un nivel educativo promedio de sus ocupadxs significativamente elevado con relación al conjunto de lxs trabajadorxs. Según Sosa (2018), nueve de cada diez ocupadxs cuenta con nivel secundario completo (96 % en el caso de las mujeres, 87 % en el caso de los varones), el 61 % ha transitado por el nivel superior, y el 34 % posee nivel superior completo (41 % entre las mujeres ocupadas en la rama y 31 % entre los varones). Algunas investigaciones que no han considerado las diferencias por sexo en la rama han señalado que el sector no parece dispuesto a compensar económicamente a lxs profesionales por tener el título universitario (Rabosto y Zukerfeld, 2019).

Asimismo, diversos estudios sobre el mercado de trabajo señalan que la brecha salarial de género no obedece a diferencias de nivel educativo ya que, en promedio, las mujeres alcanzan mayor nivel educativo que los varones (Trombetta y Cabezón Cruz, 2021).

En cuanto a la categoría ocupacional, la rama presenta una proporción importante de trabajadorxs que se desempeñan como cuentapropistas (20 %) (Sosa, 2018). Asimismo, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares para el 2023, en el cuentapropismo están más presentes los varones (solo un 16 % son mujeres), mientras que entre lxs asalariadxs las mujeres tienen una mayor representación (28 %) (OEC, 2023).

Con relación a la calificación de los puestos de trabajo, en la rama TIC el 66 % se desempeña en puestos de calificación elevada, y se observan diferencias significativas según sexo. Las mujeres ocupadas en puestos de calificación elevada (profesional o técnica) en la rama son el 51 %, mientras que los varones son el 72 % (Sosa, 2018).

Por último, otro punto relevante para caracterizar el sector es la cuestión de la informalidad laboral. La rama TIC presenta una tasa de informalidad baja en comparación a otros sectores de actividad, alcanzando al 16 % de sus ocupadxs (Sosa, 2018). A su vez, dentro de las mujeres asalariadas, se observan niveles de informalidad más elevados (21 %) que entre los varones (14 %).

3. Apuntes metodológicos

El objetivo central de este trabajo es analizar las desigualdades de género en la rama TIC para las generaciones 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982 residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Para ello, utilizaremos como fuente de datos principalmente la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) de CABA, realizada en 2019, la cual recupera los cursos de vida de personas nacidas entre 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982. Llevada a cabo por la Dirección General de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tiene por objeto la medición de los fenómenos sociodemográficos desde una perspectiva longitudinal cuantitativa, permitiendo captar las trayectorias de vida que hacen a la biografía de las personas (DGEyC, 2021). Ello habilita, entonces, hacer un análisis del tiempo biográfico de las personas, es decir, recuperar en este caso las trayectorias laborales en la rama TIC. El cuestionario es de carácter matricial, registrando todos los eventos de interés en la vida del entrevistadx por cada año de vida (lo que se denomina “años-persona”), recuperando aquellos eventos de duración de al menos un año, desde el momento de su nacimiento hasta la realización de la entrevista.

Así, el universo que releva la EDER CABA 2019 es un total de 1.220 casos, que aportan 65.200 años-persona. Para este trabajo, recortamos el universo a 609 años-persona sobre los que estaremos haciendo el principal análisis. Ello refiere al tiempo de actividad en la rama TIC de las tres generaciones consideradas, correspondientes a 59 casos.

Partiendo del estudio de trayectorias según sexo, y recuperando la información para diferentes generaciones de trabajadorxs, proponemos dos ejes. En el eje 1, nos interesa analizar la desigualdad de género con respecto al nivel educativo y la calificación de la ocupación al ingresar a la rama TIC. Allí, las preguntas que guían son las siguientes: dado que es un sector que se caracteriza por personas con un alto nivel educativo, ¿se les exige un mayor nivel educativo a las mujeres que a los varones?; y, en el caso de ser así, ¿es por presentarse a puestos de mayor calificación?

En el eje 2, nos interesa abordar las desigualdades de género en torno a las características del empleo en el sector TIC durante toda la trayectoria laboral.

En consecuencia, con base en el objetivo y las preguntas de investigación, nos proponemos reconstruir cuáles son los calendarios de inicio al mundo de trabajo TIC (la edad al primer empleo en la rama TIC). Ello lo haremos a partir de la técnica de tablas de vida, la cual permite conocer el tiempo que transcurre para que cierta proporción de una población experimente un evento determinado (calendario del evento).

Por su parte, analizaremos las diferencias entre sexos en las condiciones de trabajo en la rama en lo que refiere a una serie de factores, por ejemplo, formalidad/informalidad en el empleo, en qué tipo de empresas del sector (tamaño), así como también considerando las especificidades a partir de si son asalariadxs y cuentapropistas, y la calificación del puesto. La propuesta es ver estas diferencias por sexo en los años de vida (años-persona) acumulados en dichas condiciones (a lo largo de las trayectorias laborales), lo que denominaremos “desigualdades en la trayectoria” o “acumuladas”.

Dichos factores se operacionalizan a partir de las siguientes variables:

  • Calendario de inicio al mundo del trabajo TIC (edad al primer empleo),
  • Condiciones de trabajo en las que se insertan: formales/informales (situación previsional del trabajador),
  • Tipo de empresas del sector (tamaño del establecimiento),
  • Análisis de asalariadxs y cuentapropistas (categoría ocupacional),
  • Calificación de la ocupación (a partir del quinto dígito del Clasificador Nacional de Ocupaciones (CNO) 2001 – Rev. 2006).

La rama TIC incluye J (rama información y comunicación) + S 9501 (reparación de equipos informáticos) + S 9502 (reparación de equipos de comunicación) con el objetivo de captar también a lxs ocupadxs que se desempeñan laboralmente en tareas vinculadas a la reparación de PC y teléfonos celulares. Esta estuvo basada en el criterio del Clasificador de Actividades Económicas para Encuestas Sociodemográficas del Mercosur CAES-Mercosur 1.0 versión 2018.

Asimismo, con el objeto de contextualizar el análisis del sector para la misma jurisdicción, se presenta también información proveniente de la Encuesta Anual de Hogares de CABA, para el mismo año (EAH 2019) y las mismas generaciones consideradas.

Por último, si bien entendemos que las desigualdades de género son mucho más que las diferencias por sexo, consideramos que el análisis volcado en este trabajo aporta a dar cuenta de una dimensión de esta (en cuanto proxy), y es la información en términos cuantitativos con la que se cuenta a partir de las fuentes disponibles.

4. Eje 1. Desigualdad de género con respecto al nivel educativo y calificación

En este eje nos interesa comparar entre sexos el máximo nivel educativo alcanzado al momento de ingresar a la rama, así como también ver cómo se relaciona con el nivel de calificación de la tarea. Para eso usamos dos fuentes: la EAH 2019, con datos transversales, para ver cómo se distribuyen los casos en términos generales; después precisamos la información, a partir de la EDER CABA 2019, con la que daremos cuenta de cuál es el nivel educativo y la calificación del puesto al momento de ingresar a la rama.

Así, nos preguntamos, dado que es un sector que se caracteriza por personas con un alto nivel educativo, si se les exige un mayor nivel educativo a las mujeres que a los varones. Y, en el caso de ser así, ¿es por presentarse a puestos de mayor calificación?

Cabe destacar que, con datos para la EAH del 2019 para las generaciones seleccionadas, un 3,6 % de los varones se encuentran trabajando en la rama TIC, mientras que, para el caso de las mujeres, el valor se reduce a 1,5 %. Ahora bien, los datos de la EDER CABA nos permiten ampliar esa información, dado que capta no solo a quienes se encontraban trabajando en ese momento, sino también a quienes trabajaron alguna vez en dicha rama: en este caso, un 7 % de los varones trabajan o trabajaron en ella, y un 2,8 % de las mujeres.[4]

Tabla 1. Edad de entrada al primer empleo TIC. CABA, 2019

Varones

Mujeres

Q%*

Edad

Q%*

Edad

1018.731019.7
2520.72524.25
50**2550**29.5
7532.57536.75
9038.89049.3

*Q% corresponde a las edades estimadas a las cuales se alcanza el 10 %, 25 %, 50 %, etc., respectivamente, de la proporción acumulada de personas que ya experimentaron el ingreso a la rama TIC.
**Q50 es la mediana, es decir, la edad a la que ya experimentaron el evento el 50 % de los casos.
Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

Considerando que la edad de entrada al primer empleo en general para estas generaciones es más temprana y la brecha entre sexos es más leve (con una mediana de 18.71 años para los varones y 18.98 años entre las mujeres), por el contrario, como se observa en la tabla 1, la de entrada al mundo laboral TIC resulta alta y más marcada entre sexos. En efecto, las diferencias entre varones y mujeres en la edad del primer empleo TIC se manifiestan en una mediana entre los varones de 25 años, vs. 29,5 años en las mujeres. Asimismo, el 75 % de quienes ingresan a esta rama se alcanza recién a los 32.5 años entre los varones vs. casi los 37 años entre las mujeres, lo que da cuenta de que se sigue ingresando al sector en edades avanzadas, y más aún entre las mujeres.

¿Tendrá que ver esto con la necesidad de credenciales más altas para ingresar al mundo del trabajo TIC en el caso de las mujeres?

Al abordar la cuestión considerando las desigualdades de género, una primera aproximación, con datos de la EAH 2019, nos da una pista. Así, encontramos la siguiente diferenciación (figura 1). Al analizar a lxs ocupadxs en la rama TIC según sexo, vemos que las ocupadas mujeres con nivel universitario completo son el 93 % del total de mujeres en la rama, mientras que, en el caso de los ocupados varones, el porcentaje es de 54 %. Esto muestra que la proporción de mujeres con nivel universitario completo de estas generaciones es un poco menos del doble que la de los varones.

Si bien, dentro de lxs ocupadxs en general, las mujeres suelen presentar niveles educativos superiores a los de los varones,[5] en la rama TIC se evidencia una situación remarcada en la que podríamos interpretar que el sector caracterizado por una baja proporción de mujeres en sus filas estaría demandando a las mujeres la aportación de niveles educativos más elevados para ingresar a la rama.

Gráfico 1. Trabajadorxs en rama TIC según sexo, por máximo nivel educativo (%). CABA, 2019. Generaciones 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982

Fuente: elaboración propia con base en la Encuesta Anual de Hogares CABA 2019.

Ahora bien, tengamos presente que esta fuente es de carácter transversal, es decir, nos indica el máximo nivel educativo alcanzado de quienes en 2019 se encuentran trabajando en el sector TIC, pero no sabemos si este es el mismo que tenían al comenzar (ya que estas personas pudieron haber seguido estudiando una vez ingresado al sector). No obstante, es clara la brecha, lo que hace suponer las diferencias en las credenciales educativas solicitadas entre géneros.

Pero sumemos a ello datos longitudinales, a partir de la EDER CABA, que nos brindan información más precisa al recabar las trayectorias laborales. Merece señalarse que, si bien son pocas las historias de mujeres con las que contamos, no obstante, nos revelan una tendencia que parece apuntar en la misma dirección que la información obtenida con los datos transversales de la EAH.

Tabla 2. Máximo nivel educativo alcanzado al comenzar a trabajar en TIC según sexo. CABA, 2019
NivelVarónMujerTotal
SI101
SC729
TI426
TC505
UI19524
UC y más6814
Total421759
%71,228,8100

SI: hasta secundario incompleto; SC: secundario completo; TI: terciario incompleto; TC: terciario completo; UI: universitario incompleto; UC y más: universitario completo y más.
Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

Como se observa en la tabla 2, de las 17 historias de mujeres, ocho tenían universitario completo al ingresar a su primer empleo TIC. En el caso de los varones, sobre el total de las 42 historias, solo seis habían alcanzado a completar el nivel universitario al ingresar al mundo laboral TIC. Así, esta fuente de información más precisa con relación al máximo nivel educativo alcanzado justamente al momento de ingresar al primer empleo dentro de la rama TIC coincide con la tendencia señalada más arriba: las mujeres ocupadas en el sector presentan mayor proporción de casos con nivel universitario completo en comparación con los varones ocupados en dicha rama.

Asimismo, estas tendencias de mayores niveles educativos entre las ocupadas mujeres coinciden con los relevamientos llevados a cabo por Sys Army (2023).[6]

Ahora bien, ¿cómo se relaciona el nivel educativo de la mujer con la calificación de la tarea que realiza? ¿Tiene un alto nivel educativo incluso en puestos de baja calificación?

Buscando responder a ello, se observa que, de las 42 historias de varones ocupados en TIC, 34 se desempeñan en puestos de calificación elevada (técnico y profesional), mientras que, en el caso de las 17 mujeres, se encuentran en esa situación diez de ellas.

Así, considerando que, como hemos visto, las mujeres ocupadas en TIC presentan niveles educativos significativamente superiores a los ocupados varones en la rama, el análisis de la vinculación entre el nivel educativo y el nivel de calificación al momento del ingreso al primer empleo en TIC no estaría mostrando que a las mujeres “se les pide” mayor nivel educativo debido a que se emplean en puestos de mayor calificación, sino que esto parece explicarse por razones de otra índole.

Tabla 3. Máximo nivel educativo alcanzado y nivel de calificación del puesto al comenzar a trabajar TIC, según sexo. CABA, 2019
NivelProfesionalTécnicosOperativoNo calificadoTotal
Varones
SI0101
SC1517
TI1304
TC4015
UI410519
UC y más4116
Total1420842
Mujeres
SC00202
TI01102
UI20215
UC y más43108
Total646117

SI: hasta secundario incompleto; SC: secundario completo; TI: terciario incompleto; TC: terciario completo; UI: universitario incompleto; UC y más: universitario completo y más.
Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

En suma, en este eje encontramos que, en el caso de las generaciones seleccionadas, tanto a partir de los datos transversales, así como con base en la tendencia que pudimos recuperar con respecto a los longitudinales, a las mujeres se les estaría exigiendo un mayor nivel educativo para ingresar al sector, y ello no necesariamente se condice con una tarea de mayor calificación en el puesto obtenido.

5. Eje 2. Desigualdad asociada a las características del empleo en el sector

En este segundo eje analítico, nos proponemos abordar, con base en un determinado conjunto de factores, cómo se representa esa desigualdad por sexo durante toda la trayectoria laboral en el sector (desigualdad en la trayectoria). Así pues, el análisis lo haremos a partir de los 609 años-persona de lxs trabajadores del sector TIC registrados por la EDER CABA 2019.

En efecto, nos preguntamos sobre la brecha entre sexos en lo que refiere a la calificación del puesto de trabajo, la categoría ocupacional, el tipo de empresas del sector (tamaño del establecimiento) y las condiciones de trabajo (formales/informales). Pasamos, entonces, a estudiar cada una de estas dimensiones.

5.1. Calificación de la tarea realizada

El primer factor que queremos recuperar refiere a la calificación de los puestos de trabajo. Si bien en el eje 1 ya dimos unos primeros pasos referidos a la relación entre nivel educativo y calificación de la tarea en el inicio de la trayectoria TIC, en esta sección nos interesa analizar la brecha entre sexos según las calificaciones en el empleo acumuladas a lo largo de las trayectorias de varones y mujeres (tabla 4).

Tabla 4. Calificación en el empleo acumulada en las trayectorias TIC por sexo (%). CABA, 2019
CalificaciónVaronesMujeresTotal
Profesionales56.125.248.6
Técnicos39.838.839.6
Operativo4.131.310.7
No calificado 04.81.1
Total100100100

Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

Así, en lo que refiere a puestos calificados con respecto a las trayectorias, la proporción de años acumulados trabajando como técnicxs es muy parecida en ambos sexos (alrededor del 39 %), y se vuelve notable la brecha en lo que refiere a empleos profesionales, es decir, dentro de la categoría más alta. En efecto, mientras que, en las trayectorias de estas generaciones, un 56 % de los años acumulados en el sector entre los varones es en carácter de profesionales, solo un 25 % de los años acumulados de las mujeres se dan en dicha condición. Por el contrario, un 31 % de los años trabajados por ellas se dan en puestos operativos. Así, también en las trayectorias laborales se sostiene la tendencia de una desigual inserción en puestos de calificación entre varones y mujeres del sector.

5.2. Asalariadxs vs. no asalariadxs

Tabla 5. Categoría ocupacional acumulada en las trayectorias TIC
por sexo (%). CABA, 2019
Categoría ocupacionalVaronesMujeresTotal
Patrón/a o empleador/a10.608
Trabajador/a
por su cuenta
24.218.422.8
Obrero/a o empleado/a64.981.669
Trabajador/a
sin pago
0.200.2
Total100100100

Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA.

Como hemos señalado más arriba siguiendo a Sosa (2018), en términos generales, a nivel nacional, la rama TIC presenta un 20 % aproximadamente de trabajadorxs independientes que se desempeñan como cuentapropistas o como patronxs, mientras que el 80 % restante son trabajadorxs asalariadxs, es decir, en relación de dependencia.

Al respecto, la EDER CABA confirma esta predominancia; aunque esto ocurre fundamentalmente en el caso de las mujeres de estas generaciones que casi en su totalidad se ubican dentro de la categoría asalariada (llegando a aportar casi un 82 % de los años trabajados en la rama, vs. un 65 % en el caso de los varones). Esto se condice con otros trabajos que a nivel nacional han señalado una mayor participación masculina en el cuentapropismo (OEC, 2023; Sosa, 2018), encontrando que el 25 % de los varones ocupados en la rama se desempeñan en esta categoría, mientras que, en el caso de las mujeres, lo hace el 5 % (Sosa, 2018).

5.3. Tamaño del establecimiento

Con relación al tamaño de las empresas, en sus trayectorias predomina el tiempo de trabajo en empresas medianas (45 % de los años trabajados entre los varones y 54 % de los años aportados por las mujeres). No obstante, también se observa un interesante aporte en ambos sexos de quienes trabajan en soledad; y, en el caso de los varones, un 13 % de años acumulados trabajados en microempresas (de 2 a 5 personas).

Tabla 6. Tamaño del establecimiento acumulado en las trayectorias TIC por sexo (%). CABA, 2019
Tamaño del establecimientoVaronesMujeresTotal
Una persona19.318.419
De 2 a 5 personas12.809.7
De 6 a 40 personas45.254.447.5
Más de 40 personas22.727.223.8
Total100100100

Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

Esto se relaciona con el Informe del OPSSI (2020b), que también señala una mayor presencia de mujeres (si bien más leve) conforme aumenta el tamaño de la empresa.

5.4. Trabajo formal/informal

En cuanto a la calidad del empleo, cabe recordar que la rama presenta una baja tasa de informalidad. Considerando a la rama TIC globalmente, esta presenta un 16 % de informalidad (Sosa, 2018), y, en el caso específico de SSI, este valor se reduce a 4,5 % (CESSI, 2018).

Esto se condice con lo encontrado en las historias de la EDER CABA en cuanto a la mayoría de las personas de estas generaciones les descontaban o aportaban por sí mismas para la jubilación a lo largo de las trayectorias de trabajo en el sector, siendo que un 87 % de los años trabajados se realizan en condiciones formales (aportando o les descuentan). No obstante, merece señalarse que la informalidad en el empleo es un poco menor en las mujeres (7 % vs. 15 % de años acumulados en dicha condición entre las historias de varones), lo que nos lleva a preguntarnos si eso se relaciona con el hecho de encontrarse ellas mayoritariamente en condiciones de asalariadas.

Efectivamente, al analizar la relación entre los años de trabajo en condiciones informales y la categoría ocupacional en la que se encuentran, según los datos de esta misma encuesta, vemos entre los varones que, sobre el porcentaje de años de informalidad, un 75 % de esos años se dan en el marco del cuentapropismo.[7]

Tabla 7. Informalidad/formalidad en el empleo acumulada en las trayectorias TIC por sexo (%). CABA, 2019
Situación previsionalVaronesMujeresTotal
Le descontaban
para su jubilación
61.371.463.7
Aportaba por sí mismo para la jubilación24.221.823.6
No le descontaban
ni aportaba
14.56.812.6

Total

100100100

Fuente: elaboración propia con base en EDER CABA 2019.

En suma, en este eje hemos encontrado que las condiciones de trabajo en lo que refiere a la informalidad laboral es baja entre estas generaciones en CABA, lo que se condice con la información, a nivel jurisdiccional y nacional con respecto al sector, mencionada en los antecedentes de este capítulo. Y ello se da en ambos sexos, si bien en los varones hay un porcentaje un poco más alto de años acumulados en informalidad laboral, lo que probablemente esté asociado a que hay una mayor proporción de cuentapropismo entre ellos. Por el contrario, las mujeres, a lo largo de sus historias laborales, se encuentran en su gran mayoría en condición de asalariadas. Y con respecto al tamaño de las empresas en las que trabajan, en ambos sexos predomina la mediana empresa, pero ello en mayor medida para las mujeres. Asimismo, a lo largo de la historia laboral en la rama, se observa un interesante aporte en ambos sexos de quienes trabajan en soledad; y, en el caso de los varones, un aporte de años acumulados trabajados en microempresas (de 2 a 5 personas).

Por último, un factor que destacar, en lo que refiere a la brecha entre sexos en la rama, es la calificación de los puestos de trabajo. En efecto, en las historias de estas generaciones, los años acumulados en el sector entre los varones en carácter de profesionales son más del doble que las mujeres, mientras que ellas aportan solo un cuarto de los años acumulados en dicha condición. En consonancia, a diferencia de los varones, casi un tercio de los años trabajados por ellas se dan en puestos operativos.

6. Conclusiones

En este trabajo nos preguntamos, desde un enfoque longitudinal, sobre las desigualdades de género en la rama TIC en la Ciudad de Buenos Aires, para las generaciones 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982, que son las presentes en nuestra principal fuente de datos: EDER CABA 2019. No obstante, con el fin de complementar el análisis, también fuimos contrastando las tendencias obtenidas con los datos provenientes de la EAH para el mismo año y las mismas generaciones.

Nos propusimos dos ejes analíticos, el primero referido a las diferencias por sexo en torno al nivel educativo requerido y su relación con la calificación del puesto al momento de ingresar a la rama. En el segundo, se abordaron las desigualdades por sexo en las características del empleo, así como en el tamaño del establecimiento en el que se insertan a lo largo de las trayectorias laborales.

Así, con respecto al primer eje, hemos encontrado que el calendario de entrada al mundo laboral TIC es más tardío en comparación al ingreso al mercado de trabajo en general, y que se sigue ingresando al sector en edades avanzadas, así como que la brecha entre sexos es más marcada. Ello lo hemos podido asociar, por un lado, a que en general la rama se caracteriza por trabajadorxs con altos niveles educativos. Por otro lado, a que a las mujeres se les estaría exigiendo un mayor nivel educativo para ingresar al sector, y ello no necesariamente se condice con una tarea de mayor calificación en el puesto obtenido.

En efecto, un factor que destacar en lo que refiere a la brecha entre sexos en TIC es la calificación de los puestos de trabajo en las trayectorias laborales. Al respecto, hemos profundizado el análisis en el segundo eje y encontrado que, en las historias de estas generaciones, los años acumulados en el sector entre los varones en carácter de profesionales (la calificación más alta) son más del doble que entre las mujeres, mientras que ellas aportan solo un cuarto de los años acumulados en dicha condición. En consonancia, a diferencia de los varones, casi un tercio de los años trabajados de ellas se dan en puestos de menor calificación (operativos).

En síntesis, los datos de esta fuente longitudinal revelan que la brecha entre mujeres y varones con relación a la calificación se mantiene desde el ingreso al sector y a lo largo de la trayectoria, es decir, luego de transcurridos varios años de ocupación en la rama. A partir de los factores analizados, hemos podido ver que esta diferencia de calificación no se explica por el nivel educativo ya que, por el contrario, las mujeres ocupadas en la rama presentan niveles educativos más altos que sus colegas varones. Razón por la cual, a partir de los datos analizados, resulta pertinente considerar la hipótesis de la existencia de un sesgo de género en la rama. Cabe señalar que sería interesante seguir indagando este punto con fuentes que permitan captar qué carreras universitarias son las que han realizado estas mujeres, para poder analizar cómo incide en ello, ya que tanto la EDER CABA como la EAH no nos brindan dicha información. En relación con este punto, estudios sobre el tema (Guitart, Rabosto y Segal, 2022) han señalado que la educación formal muestra primas salariales débiles en el sector y que las primas varían en función de las carreras y los campos de estudio, siendo más fuertes para las carreras informáticas donde justamente se observa una baja presencia de las mujeres.

Por último, en relación con las condiciones de trabajo, la informalidad laboral en la rama TIC es baja, y esto ocurre en los dos sexos. Y en el caso de las mujeres, la informalidad acumulada a lo largo de las historias laborales es incluso más baja, lo cual probablemente se encuentre asociado a que ellas presentan mayor proporción de participación como trabajadoras asalariadas, mientras que los varones presentan un porcentaje mayor de cuentapropistas. No obstante, cabe aclarar que en ambos sexos predomina la inserción laboral en condición de asalariadxs, como lo han señalado otros estudios.

En suma, el presente estudio muestra las ventajas de trabajar con una encuesta longitudinal ya que permite analizar las características de lxs ocupadxs tanto al momento de su ingreso al sector como a lo largo de sus trayectorias laborales, que, al complementarse con los datos obtenidos a partir de encuestas transversales como la EAH, posibilita así una perspectiva más compleja sobre las desigualdades de género en la rama TIC.

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  1. Prejet/CIS-CONICET-IDES.
  2. IIEP-UBA-CONICET/IIGG-FSOC-UBA/ Prejet/CIS-CONICET-IDES.
  3. Otro capítulo del presente libro realiza un abordaje cualitativo sobre el tema (Millenaar, Pozzer y Maccarini, en este volumen).
  4. Porcentaje que tuvo/tiene empleo TIC sobre el total de historias de estas generaciones que alguna vez trabajaron (99 %).
  5. Por ejemplo, dentro de lxs ocupadxs en la Ciudad de Buenos Aires, para estas mismas generaciones las mujeres presentan un 56 % de nivel universitario completo, mientras que los varones presentan un 43 % (fuente: EAH CABA, 2019).
  6. Sería interesante poder indagar en el detalle de los títulos universitarios que poseen esas mujeres. En el presente artículo, no pudimos hacerlo debido a que es una limitación de la fuente, ya que no cuenta con el nombre del título universitario que poseen.
  7. Se omite tabla al respecto.


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