Los procesos de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico se encuentran situados en el contexto latinoamericano caracterizado por la desigualdad. Desde la perspectiva decolonial (Reygadas, 2015; Mignolo, 2010; Quijano, 2007) se ponen de relieve las relaciones de poder en la producción histórica de la desigualdad como manifestación de la cuestión social latinoamericana. La cuestión social emerge en el contexto de la colonización europea en América al entrar en crisis los dispositivos que aseguraban la cohesión social. Estos procesos se encuentran atravesados por una matriz de poder colonial, capitalista y patriarcal que emerge a partir de la colonización pero que continúa vigente aún hoy (Quijano, 2007). Las manifestaciones de la cuestión social se expresan en escenarios donde se pierden los mecanismos de sostén, reciprocidad y solidaridad de diferentes grupos sociales que quedan fuera del proceso de integración social (Carballeda, 2010). La desigualdad en la vejez como manifestación de la cuestión social comprende la producción y reproducción de relaciones sociales de poder que configuran procesos discriminatorios excluyentes con base en la edad cronológica de la vejez adquiriendo particularidades en torno a las relaciones de poder basadas en la imposición de la clasificación jerárquica de género, clase, etnia/raza, territorio en cada momento histórico. Comprenden procesos que naturalizan la desigualdad en la vejez invisibilizando y negando la participación en el proceso social de ciertas personas mayores por el solo hecho de ser viejes y por la posición en que son situadas en esta clasificación social (Wood, 2022). De manera que estos procesos configuran diversos condicionamientos que niegan, obstaculizan o tensionan el pleno ejercicio de los derechos de las personas mayores, entre ellos el derecho a la participación plena en la vida social (OEA, 2015).
En efecto, la implementación de relaciones sociales de poder capitalistas, coloniales y patriarcales construyó la vejez en términos homogéneos y asociada a estereotipos negativos como enfermedad, improductividad y pasividad, presentándola así como un obstáculo para el progreso, y por lo tanto naturalizando su expulsión de los medios productivos y diversos espacios sociales de participación y de toma de decisiones, espacios donde se construyen procesos de identidad y pertenencia. Las primeras conceptualizaciones teóricas en el marco del paradigma positivista construyen la vejez como un problema en tanto interpela el orden social fundamentado en el patrón de poder colonial, capitalista y patriarcal. En este marco, desde el enfoque biomédico la vejez es construida en términos homogéneos y reducida a su dimensión biológica. Desde estas primeras conceptualizaciones se abre un campo de disputas de sentidos en torno al envejecimiento y la vejez. La perspectiva de la gerontología crítica y el enfoque de derechos comprenden un cuestionamiento a la concepción biomédica, comprendiendo el proceso de envejecimiento como un proceso multidimensional situado en un determinado contexto social, histórico, político, económico y cultural que configura determinadas condiciones materiales y simbólicas de vida en el momento de habitar la vejez. En este sentido, la vejez diversa situada se orienta a poner de relieve que la vejez comprende una construcción social pero también política, histórica, cultural y situada.
Este campo de disputas de sentidos adquiere especial relevancia en el actual contexto de envejecimiento poblacional en América Latina, caracterizado por un aumento acelerado de la población mayor, en su mayoría mujeres, así como de la esperanza de vida. El proceso de envejecimiento poblacional como cuestión política pone de relieve la disputa de sentidos en torno a la vejez en la construcción y definición del sujeto de la política, en tanto el aumento de la esperanza de vida se registra en escenarios de profundización de las desigualdades.
En tanto las políticas sociales comprenden las intervenciones específicamente sociales del Estado (Danani, 2009), se considera a las intervenciones sociales gerontológicas en términos de aquellas intervenciones específicamente sociales del Estado que producen y moldean directamente las condiciones de vida y de reproducción de la vida de las personas mayores situadas en un contexto sociohistórico. En las sociedades capitalistas el mercado constituye la institución organizadora central, y en ese sentido, los procesos de mercantilización son los procesos que organizan la vida legítima. De esta manera los procesos de mercantilización de la vida construyen relaciones sociales que envían al mercado la producción y reproducción de la vida en la vejez produciendo nuevas expresiones de desigualdad. En efecto, aquellas vejeces que ocupan las posiciones privilegiadas en la imposición de la clasificación jerárquica basada en la raza/etnia, género, clase social y territorio, tienen acceso a la resolución de la producción y reproducción de la vida a través del mercado, y así a una diversidad de espacios de participación social en todos los ámbitos de la vida. Mientras que aquellas que son situadas en las posiciones más desfavorecidas son expulsadas siendo responsabilizadas por su situación, configurando trayectorias de vulneración de derechos en la vejez. En estos escenarios los espacios de inserción y participación social de ciertas vejeces entran en crisis, donde los procesos de exclusión van cerrando cada vez más espacios de socialización de las personas mayores, implicando procesos desubjetivantes en tanto es en estos espacios de donde se construyen procesos subjetivos con el otro, de identidad y pertenencia. La política social comprende procesos de desmercantilización en tanto exprese y materialice el ejercicio de un derecho, comprendiendo la construcción de relaciones político-institucionales. En este sentido, en las intervenciones sociales gerontológicas la construcción de la vejez como sujeto de derecho ocupa un lugar central en las posibilidades de deconstrucción de las desigualdades en la vejez y la construcción de sociedades más igualitarias. De esta manera, estos procesos expresan la tensión objeto de cuidado/sujeto de derecho en la construcción de la vejez como sujeto de la política. Al respecto, las medidas implementadas en el contexto de pandemia por COVID-19 a partir del año 2020 expusieron la vigencia de esta tensión. Si bien se orientan al cuidado y prevención de contagio de las personas mayores, predomina una perspectiva de la vejez en términos homogéneos desde el enfoque biomédico, construida en tanto objeto de cuidado (Wood, Savino, Carchak Canes, Melechenko, 2021). Asimismo, comprende un contexto de profundización de las desigualdades en tanto evidenció la vigencia de los procesos de mercantilización donde se configuraron accesos desiguales en las experiencias y posibilidades de transitar y habitar el cuidado, el aislamiento y el distanciamiento respecto de las relaciones de poder basadas en los ejes de raza/etnia, género, clase social y territorio. En estas tensiones se expresan las históricas disputas de sentidos donde las vejeces también participan por la definición del problema y del sujeto de la vejez en los procesos de construcción política. En efecto, frente a estas situaciones de exclusión las personas mayores desarrollan diversas estrategias y prácticas que se orientan hacia la búsqueda de construcción de diversas formas de participación en la vida social. Desde la perspectiva de la intervención social como proceso histórico (Carballeda, 2000) es posible dar cuenta, comprender y analizar no solo las acumulaciones de desventajas y derechos negados que configuran las desigualdades en las vejeces, sino también las voces y estrategias de resistencia que las personas mayores despliegan frente a estas desigualdades, orientando la construcción de relaciones otras y cuestionando la construcción hegemónica que legitima la concepción biomédica y mercantilizada de la vejez. Comprenden prácticas y sentidos de resistencia desde los cuales se abren nuevos procesos en la construcción de intervenciones sociales gerontológicas.
Al respecto, es posible considerar que el taller situado en los contextos latinoamericanos expresa procesos históricos de resistencia. Desde la perspectiva latinoamericana sus antecedentes no se orientan hacia la conformación de un ámbito físico para desarrollo de un trabajo orientado a la realización de un producto en el marco de relaciones económicas, sino que históricamente asociado a la educación popular es impulsado por la búsqueda de construcción un espacio tiempo de prácticas sociales y políticas en un cuestionamiento de las relaciones sociales que reproducen la dominación histórica. En el marco de estos procesos sociohistóricos, políticos, económicos y culturales situados en el contexto latinoamericano, el taller como dispositivo de intervención social gerontológico emerge a fines del siglo XX en escenarios caracterizados por la complejidad, por la reproducción y/o profundización de las desigualdades en la vejez. Su emergencia se configura en la interrelación entre sentidos y prácticas profesionales desde la perspectiva integral y de derecho, y los sentidos y prácticas de resistencia de aquellas vejeces históricamente negadas hacia la construcción de espacios de participación en la sociedad. En este sentido, es posible considerar que el taller comprende una construcción histórica, social, política situada al calor de las propias formas histórico-sociales de construcción de la diversidad de formas de habitar la vejez en sus relaciones estructurales, institucionales y subjetivas. Comprende una construcción colectiva de movimientos instituyentes de nuevas formas institucionales evidenciando la participación de las vejeces en el proceso social.
Así como también, y a partir de la emergencia de una nueva dimensión del taller, comprendida por la dimensión virtual que se configuró en el contexto de pandemia por COVID-19, es posible considerar que, en la experiencia particular del taller en el marco de la obra social sindical, se evidencia su participación en el proceso social en una construcción de prácticas y sentidos que orientan movimientos instituyentes de una forma institucional del taller expresada en la demanda de institucionalización del taller virtual. De esta manera el taller como dispositivo de intervención social gerontológico puede ser definido como un espacio-tiempo histórico-social de práctica social, cultural y política que se orienta hacia la recomposición del lazo social fragmentado en escenarios donde los dispositivos de cohesión social entran en crisis. En este sentido, el taller constituye un espacio social no solo en torno a la realización de una actividad, sino también en torno a la construcción de un espacio de pertenencia y vinculación social, en tanto inscripción en una red de relaciones entre pares, intergeneracionales e institucionales. Se configura así como espacio de anclaje de subjetividad, de construcción en tanto sujetos de enunciación, de circulación de procesos intersubjetivos e identitarios.
El conocimiento y análisis del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad expresa que el taller no comprende la política en sí misma sino un momento en una propuesta de construcción decolonial de políticas sociales gerontológicas integrales y derecho. De manera que comprende un dispositivo de intervención social orientado a integrar procesos de planificación y gestión decolonial de políticas sociales gerontológicas hacia la construcción colectiva en conjunto con las personas mayores de relaciones sociales de vejez político institucionales. En este sentido, orienta la ampliación de abordajes en otras áreas como salud y previsión social, incorporando el abordaje de la vejez como relación social. Comprende condiciones de posibilidad de movimientos instituyentes de creación de nuevas formas institucionales en tanto dispositivos colectivos, como el taller. Se trata de la construcción de políticas sociales gerontológicas que aporten y orienten el horizonte de la construcción social de una sociedad integrada por todas las edades en su diversidad garantizando el pleno ejercicio de todos los derechos de las personas mayores.







