En el presente capítulo se desarrolla una conceptualización teórica del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad. Este desarrollo se aborda a partir de reconstrucción del dispositivo como entidad socioestructural desde las prácticas y sentidos de los actores involucrados. De esta manera se presenta la construcción de dos dimensiones: procesos históricos situados en distintos territorios de implementaciones pioneras del dispositivo en el marco de la política social gerontológica, y las experiencias y significados que las personas mayores construyen en su trayectoria de participación en talleres situados en el marco de una obra social sindical de la C.A.B.A. En el primer apartado se presenta la construcción de la primera dimensión desde las trayectorias profesionales de tres referentes de implementaciones pioneras del taller situadas respectivamente en la década del ´70, del ´80 y del ´90 en distintos territorios. Para explorar y conocer las implementaciones pioneras en el primer periodo mencionado se aborda la trayectoria profesional del trabajador social Jorge Paola, acotada a la implementación del taller con mayores en el área metropolitana de Buenos Aires en el marco institucional del PAMI. A partir de estas primeras experiencias se configura una continuidad y ampliación de talleres hacia la década del ´80 favorecido en gran parte por la política de financiación del PAMI para el desarrollo de estos espacios grupales en distintas instituciones a nivel nacional. En tanto el abordaje de estos procesos en cada región del territorio nacional comprende un alcance que transciende la presente investigación, se propone una aproximación a partir de la exploración de las experiencias particulares de la trabajadora social María del Carmen Ludi cuya trayectoria profesional expresa la configuración de las primeras implementaciones de talleres con mayores en el marco institucional de centros de jubilados y de un centro de salud en la provincia de Entre Ríos. Este proceso de ampliación y expansión del taller con mayores como dispositivo de intervención social presenta continuidades en la década del ´90. Este último periodo se explora desde la trayectoria profesional de la trabajadora social Laura Martínez acotada a sus experiencias en la implementación pionera del taller en el marco del primer Centro de Día situado en la Ciudad de Buenos Aires.
Este abordaje se propuso situar e identificar experiencias particulares pioneras de implementación del taller como dispositivo de intervención social gerontológico que permitieron explorar, conocer y visibilizar la creación del taller en tanto procesos colectivos en conjunto con las propias personas mayores que configuraron movimientos instituyentes de nuevas prácticas y sentidos en el campo gerontológico. En tanto comprende un área de vacancia, esta indagación se propone aportar al conocimiento acerca del proceso de construcción del taller con mayores como dispositivo de intervención social en el marco de la política social gerontológica. Asimismo, resulta relevante para futuras investigaciones el abordaje de otros procesos que pueden presentar otras configuraciones y características tanto en el periodo abarcado como en la actualidad y en otros territorios, que permitan el enriquecimiento y/o construcción de nuevas dimensiones del proceso de construcción del taller como dispositivo de intervención social en el marco de la política social gerontológica.
El abordaje mencionado permitió la reconstrucción del dispositivo en tanto entidad socioestructural a partir de explorar las prácticas y sentidos que en distintos campos de intervención social y momentos históricos configuraron movimientos instituyentes que devinieron en la creación de una nueva forma institucional. En este proceso histórico el taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad se construye en la interrelación de intervenciones sociales desde la perspectiva integral y de derecho, y las prácticas de resistencia de las vejeces históricamente invisibilizadas en la construcción de un nuevo espacio de participación social. En las décadas siguientes, el dispositivo taller con personas mayores se replica y amplía en distintos marcos institucionales adquiriendo diversos sentidos y características. En este sentido, la construcción de la segunda dimensión se desarrolla a partir de la exploración de las experiencias y sentidos que las personas mayores construyen en sus trayectorias de participación en talleres situados particularmente en el marco de una obra social sindical de la C.A.B.A entre los años 2012 y 2020. Esta trayectoria se aborda en torno a los sentidos que fundamentan la demanda de comenzar a participar en talleres, las experiencias de vinculación social en el transcurso de su participación y los sentidos que construyen acerca de su participación y del taller. Desde las voces de las personas mayores participantes, el taller trasciende la realización de una actividad implicando la construcción de un espacio de vinculación social, de anclaje de subjetividad, de posicionamientos en tantos sujetos de enunciación, implicando procesos de identidad y pertenencia.
3.1. Proceso histórico de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico
La revisión histórica permite la construcción de una periodización de la creación y desarrollo del taller como dispositivo de intervención social en el marco de las políticas sociales orientadas a la población mayor. En este sentido, se identifican experiencias pioneras de implementación de talleres con personas mayores en distintos espacios institucionales en un periodo que sitúa entre las décadas del ´70 y del ´90. En las décadas siguientes estos espacios ya institucionalizados se fueron extendiendo y ampliando, en diversos marcos institucionales adquiriendo diversas características. A partir de las entrevistas realizadas a referentes de los inicios de la implementación del taller, este proceso comprende diversas experiencias en distintos territorios y momentos históricos. En este sentido, a continuación, se analizan los relatos de los/as referentes de la década del ´70, del ´80 y del ´90, explorando las experiencias particulares de configuración del dispositivo y los sentidos que fundamentaron las prácticas en cada momento histórico.
3.1.a. Primer periodo: década del ´70
El periodo se aborda desde la trayectoria profesional del trabajador social Jorge P. Paola acotada a las experiencias pioneras de implementación del taller hacia la década del ´70 en la Ciudad de Buenos Aires.
3.1.a.1. Experiencias profesionales en la creación del taller
A partir del relato del referente de este momento, en principio se desarrollan sus experiencias profesionales en el marco de su trayectoria profesional acotada a la creación e implementación del taller con personas mayores como dispositivo de intervención social en el marco institucional del INSSJP (PAMI):
No tengo dudas que fue la primera institución desde la cual se implementaron esas políticas, fue el PAMI. Talleres para mayores (como política) de Estado lo hizo el PAMI por primera vez que reunió a 15.000 personas mayores en el área metropolitana, y cada distrito del PAMI en ese momento tenía un trabajador social que coordinaba a estas personas (Jorge P. Paola, 2022)
De acuerdo con la trayectoria profesional del referente entrevistado, el origen y la creación de estos talleres como política social gerontológica implementada por el PAMI se configuran en el marco de dos procesos simultáneos:
Una demanda de los mayores y una necesidad del PAMI de fortalecer el sector social con actividades y presencia respecto a las prestaciones que comenzaron a darse (Jorge P. Paola, 2022)
De esta manera, por un lado, se desarrolla en el despliegue de intervenciones sociales que se orientaban al fortalecimiento institucional del área social. De esta manera, comprende un desarrollo que abre las condiciones de posibilidad que orientó la construcción de nuevas estrategias de intervención social en el campo gerontológico:
Al principio, en el ’72, ya tenía un año de duración, la urgencia estaba en articular el trabajo de los médicos de cabecera. De manera que nuestras primeras tareas estuvieron en vinculación con ir al consultorio del médico y a partir de allí tomar contacto con los mayores. La grupalización se arma casi inmediatamente. La única manera de fortalecer a un servicio es que cuente con movimiento, que tengo movimiento importante. De manera que la urgencia estuvo dada en tomar contacto con mayores e invitarlos a grupalizar. Nuestros primeros contactos, esto está escrito, fueron en bares (Jorge P. Paola, 2022)
Por otro lado, en el marco de estas intervenciones sociales que se orientaban al fortalecimiento institucional del área social y como parte del mismo proceso, los talleres se originan a partir de las demandas de las personas mayores en torno a la participación social, expresado por el referente como un proceso que se organiza “de abajo hacia arriba”:
Había una enorme demanda de movilización por parte de los mayores, de ocupar su tiempo, etc. y de poner ideas […] A partir de esa tarea se organiza de abajo hacia arriba la grupalización de mayores, que de alguna forma son los que desembocan con el cartel de ´PAMI presente´. Y, por ejemplo, el día de jubilado se gestó en el PAMI, porque fueron los viejos quienes lo plantearon, lo plantearon ellos (Jorge P. Paola, 2022)
En este marco, a partir del relato del referente, es posible identificar entonces un punto de inflexión que permite ubicar el proceso de institucionalización de este espacio como dispositivo de intervención social gerontológico a partir de su implementación en los distintos distritos:
De esa experiencia de abajo hacia arriba, los distritos del PAMI lo armaron […] Cada uno de los distritos tenía estos grupos que coordinaba el servicio social nacional (Jorge P. Paola, 2022)
Estas políticas como son de abajo hacia arriba se potencian mucho, y quedan en el tiempo. Porque seguimos laburando, aparecen ideas que no se cerraron, sino que siguieron viviendo. Y los viejos nos fueron protegiendo respecto a dónde vamos, qué hacemos. Yo coordinaba un grupo que reuníamos 200, 300 personas. O sea que la tecnología cambió en el sentido de que no coordinábamos grupos pequeños sino masas, grupos grandes (Jorge P. Paola, 2022)
3.1.a.2. Sentidos que fundamentan la creación del taller
En este proceso, los sentidos que fundamentaron las intervenciones profesionales en la creación e implementación de los talleres como dispositivo de intervención social gerontológico se sitúan en el mismo contexto de desarrollo de la tercera generación de teorías gerontológicas que cuestiona el tradicional enfoque biomédico en la comprensión y abordaje de la cuestión de la vejez. En efecto, el referente expresa un proceso particular donde, en un principio, las teorías de la tercera generación provenientes principalmente de Europa y Estados Unidos eran “vividas en directo” y “sobre la marcha” al calor de las prácticas de intervención:
La tercera generación de teorías ya estaba y nosotros lo vivíamos acá, es como una versión rioplatense de lo que estaba pasando en otros lados. Por lo tanto, había como una continuidad de ideas, los conocimientos se difunden y se aplican en diferentes lugares al mismo tiempo, cosas que ellos ya estaban aplicando y que estaban pasando en paralelo […] Yo creo que sí, pero no la conocíamos por leerla, sino que la vivimos en directo, no es que nosotros teorizábamos […] Había cosas escritas previas, pero no las habíamos podido leer ni conocer. De manera que el aprendizaje gerontológico fue sobre la marcha y a una gran velocidad (Jorge P. Paola, 2022)
En este sentido, expresa que las prácticas profesionales se fundamentaban en la concepción de la vejez como un proceso biopsicosocial:
Eso se vivía en directo aquí. El enfoque de atención era la integración interdisciplinaria entre lo biológico, lo social y lo psicológico. Entonces nosotros no es que teorizábamos, ni conocíamos esas ideas, pero (Roberto) Barca sí las conocía. Entonces nos contaba que había un enfoque biopsicosocial en Estados Unidos que generaba esto y que había interdisciplina. Entonces nosotros eso lo vivíamos en directo en la prestación del PAMI (Jorge P. Paola, 2022)
Este proceso permite situar el desarrollo de intervenciones sociales gerontológicas fundamentadas desde el enfoque biopsicosocial en el marco de movimientos instituyentes de nuevos sentidos y prácticas:
En el ’72 nosotros logramos que a los trabajadores sociales nos dieran capacitación y contrataron a biólogos para que nos enseñen cómo funcionaban las células y la neurología de mayores. Entonces logramos interrumpir eso y contratar a Strejilevich para que nos venga a dar clases. Y teníamos clase de gerontología básica dónde nos contaba que pasaba en Inglaterra […] Había como una síntesis ideológica de laburo y de atención a los viejos, todo junto. Éramos integristas, había una concepción bastante integrista, donde vivís la ideología junto con la práctica (Jorge P. Paola, 2022)
En este marco, es posible considerar que comprenden sentidos en torno a la vejez que fundamentan la construcción de espacios grupales en tanto espacios sociales de participación de las vejeces. Al respecto, el referente expresa que:
Me formé con gente directa de Pichón Riviere, y tuvimos entrevistas con pichón de supervisión cuando estábamos en el PAMI. Nuestra locura en el laburo del PAMI, en el ’72, era que para poder trabajar con mayores era necesario un trabajo terapéutico, psicológico y grupal, y lo intentamos armar (Jorge P. Paola, 2022)
Proceso que a su vez expresa que, en esta construcción, las demandas de las personas mayores se vinculan con la participación social en términos de participación en todos los ámbitos de la vida social. Tanto la posibilidad de participar en espacios de encuentro con otros, como la participación en torno a la toma de decisiones en cuestiones del barrio:
La resolución de cuestiones del barrio, la posibilidad de compartir. Estas personas son del sector medio, no habíamos llegado a los de abajo. A los de abajo el PAMI llega con el Probienestar, esto es muchos años después dónde se arman los centros de jubilados hacia abajo, se arman así. Estos grupos son del sector medio quizás medio bajo y por lo tanto están fascinados con el hecho de verse, de poder compartir y tomarse un cafecito, un mate, un miércoles de 4 a 6 de la tarde, e informar toda la prestación del PAMI (Jorge P. Paola, 2022)
Desde la experiencia desarrollada es posible considerar que las prácticas desplegadas que devinieron en la construcción del taller como dispositivo de intervención social, configuran dos procesos simultáneos. Por un lado, las estrategias profesionales en el abordaje de la cuestión de la vejez desde una perspectiva integral que se orienta hacia un fortalecimiento del área social del programa. Y, por otro lado, comprenden las demandas, acciones y movilizaciones de las propias personas mayores hacia la construcción de espacios de participación en la sociedad. Este proceso se sitúa a partir del año 1972 en un espacio institucional que había sido creado en 1971, configurando condiciones de posibilidad que orientan la articulación con las primeras acciones instituidas en el campo de la salud.
Asimismo, esta experiencia se expresa en el contexto de desarrollo de la tercera generación de teorías gerontológicas en América Latina, donde las intervenciones se desarrollan en el marco de una relación dialéctica entre teoría y práctica que sintetiza en desarrollos propios. De esta manera los sentidos que fundamentan las prácticas profesionales se expresan principalmente en torno a la perspectiva biopsicosocial y el abordaje grupal. Asimismo, a partir del relato del referente, es posible considerar que los sentidos que fundamentaron las demandas de las personas mayores se vinculan con procesos de movilización en términos de un cuestionamiento frente a lo dado, que se expresa en la búsqueda de participación social, desnaturalizando las asociaciones de la vejez con la pasividad, la improductividad y la enfermedad.
De esta manera, la creación e implementación de los talleres como dispositivo de intervención social gerontológico en el marco institucional del PAMI comprende un proceso colectivo “de abajo hacia arriba”, instituyente de un nuevo espacio de participación social para las vejeces. En este sentido, es posible considerar que comprende un proceso de resignificación de la política social gerontológica que se fundamenta en una construcción de la vejez que pone en cuestión la concepción biologicista y las perspectivas funcionalistas de intervención a nivel individual, desplegando nuevas intervenciones sociales hacia procesos colectivos. Es entonces en este proceso político, teórico, práctico y colectivo donde se configura la creación e implementación del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en el marco de las políticas sociales de Estado destinadas a la población mayor. Cabe destacar que el relato del referente expresa este proceso interrumpido a partir de la imposición de la dictadura cívico militar de 1976. En este sentido, el dispositivo del taller comienza un proceso de expansión en el contexto democrático a partir del ´83, donde la política social del PAMI al respecto comprende el financiamiento para el desarrollo de los talleres en diversos espacios institucionales como los centros de jubilados.
3.1.b. Segundo periodo: década del ´80
A partir de las primeras experiencias desarrolladas en el marco institucional del PAMI, el taller como dispositivo de intervención social gerontológico fue registrando un constante crecimiento hacia las décadas siguientes. En este proceso se identifica un segundo periodo desde la década del ´80 donde esta ampliación se expresa en el desarrollo de experiencias pioneras de implementación de los talleres con mayores en distintos marcos institucionales.
3.1.b.1. Experiencias profesionales en la creación del taller
En este marco, se aborda este periodo a partir de la trayectoria profesional particular de la trabajadora social María del Carmen Ludi en tanto referente de implementaciones pioneras de este dispositivo hacia fines de la década del ’80 en la provincia de Entre Ríos. En principio, se desarrollan los comienzos de la trayectoria profesional de la referente en el marco de centros de jubilados financiados por el PAMI:
En el ´86, cuando me recibo, en ese momento, lo primero que surge, trabajando en el Municipio, es la creación de un centro de jubilados, y yo me sumo […] Entonces empiezo a trabajar con los centros de jubilados, de hecho, creamos un centro de jubilados. Y esto es un primer punto importante porque la generación de los centros de jubilados fue producto de una política social del instituto, del PAMI (M.C. Ludi, 2022)
En este sentido, la referente expresa la implementación del taller en los centros de jubilados en el marco de la política social del PAMI, así como las posibilidades que se fueron configurando en torno a la construcción de nuevos espacios sociales colectivos con personas mayores:
Me parece que fue la posibilidad de PAMI de financiar estos espacios socioeducativos culturales, o sea, los viajes y, a su vez, los encuentros. Que tal vez al principio estaban más ligados a la recreación, a la ocupación del tiempo libre. Y ahí ya se empieza con esta cuestión de la modalidad de taller. Pero me parece que no tiene la misma connotación ni las mismas características que hoy (M.C. Ludi, 2022)
Y que de alguna manera fue una decisión política importante. Si bien el eje principal, al principio, fue lo que seguían siendo las cuestiones ligadas a la protección social, a los derechos, cuestiones de jubilados, a la cuestión de la obra social, a la salud, reivindicaciones más bien de la zona de los ingresos económicos. Pero también fue marcando un momento de generar estos espacios sociales colectivos, de empezar a intercambiar otras cuestiones que iban más allá (M.C. Ludi, 2022)
Este proceso es situado en un contexto sociopolítico que al tiempo que favorece la participación de la sociedad, produce una ampliación de la participación social de las personas mayores que contribuye al cuestionamiento de los estereotipos negativos asociados a la vejez:
Yo también lo asocio a un contexto. Estábamos recuperando la democracia en nuestro país. Entonces era un momento de alta participación en todos los aspectos. Era un contexto que de alguna manera favoreció lo que fue una eclosión de lo que era la participación activa de los viejos (M.C. Ludi, 2022)
Y que tal vez hasta ahí yo también lo tomo como empezar a romper estereotipos y prejuicios, en cuanto a que todas las personas mayores se jubilaban y tenían que quedarse en su casa, o al menos no tenían una visibilidad en lo que es la vida en sociedad (M.C. Ludi, 2022)
La referente expresa que más adelante, como integrante de un equipo profesional, comenzó con la implementación de los talleres en un Centro de Salud a partir de la identificación de las demandas de personas mayores que habían migrado de otras zonas y que habitaban los barrios cercanos al Centro:
Esos espacios los creamos nosotros desde el Trabajo Social. Se comenzó a identificar personas mayores que eran todas del interior y que lo que más extrañaban era tener sus gallinas, sus huertas. Entonces empiezan a trabajar alrededor del tema de la huerta en coordinación con el INTA, te estoy hablando del año ’87-’88. A partir de ahí también surge empezar a juntarse y compartir lo que les pasaba, lo que pensaban, lo que sentían (M.C. Ludi, 2022)
En este proceso los talleres comienzan a implementarse en tanto dispositivos de prevención y promoción en el marco de la atención primaria de la salud. A partir de estas experiencias comienza a ser replicado en otros centros de salud expresando movimientos instituyentes de un nuevo dispositivo institucional:
Ahí nosotros empezamos a plantearlo como un dispositivo de prevención, promoción, en relación con la atención primaria de la salud. Eso se replicó y llegó a instalarse hasta en más o menos 7 u 8 centros de salud (M.C. Ludi, 2022)
Si bien comprende un proceso instituyente de nuevos sentidos y prácticas en el campo gerontológico que se desarrolla en ámbito de la política de salud, la referente expresa que su institucionalización no se inscribe en el marco de la política del Ministerio de Salud, sino que queda supeditada a la decisión de la dirección de cada centro:
Lamentablemente, esto que te estoy contando, se debe haber sostenido hasta el año 2010. Después lo lamentable de esto es que nunca se tomó como una política de Estado. Estas experiencias, de las que nosotros por supuesto armamos los proyectos, los informes, las evaluaciones, nunca logramos que esto se tome como una política del Ministerio de Salud, sino que quedó supeditado a la decisión de cada director del centro de atención primaria de la salud (M.C. Ludi, 2022)
3.1.b.2. Sentidos que fundamentan la creación del taller
En relación con los sentidos que fundamentan estos procesos la referente expresa los ejes que orientan tanto la construcción del dispositivo del taller en términos de escenario de intervención, como el horizonte de la intervención. Comprenden sentidos que fundamentan prácticas que transcienden el desarrollo de actividades meramente recreativas:
Lo que veíamos en aquel momento era que lo que nosotros pretendíamos era que tenga un impacto importante en la vida cotidiana de los viejos. Nosotras decíamos ‘cuando solo la recreación no basta´ […] Podes tener los mejores talleres, pero si eso no está acompañado de un trabajo de reflexión acerca del envejecer de cada uno de nosotros y qué implicancias tiene esto, nos parecía que quedaba ahí, sin llegar a ese objetivo, o sea, el ´para qué´ de estos dispositivos (M.C. Ludi, 2022).
De esta manera, desde un proceso reflexivo sobre los sentidos y prácticas que fundamentan el taller, se expresa una concepción de la vejez desde una perspectiva integral y de derecho que implica en el espacio del taller el abordaje de diversas dimensiones de la vida social. La referente señala que comprende una perspectiva:
Que va viendo a su vez qué está pasando con las situaciones singulares de vejez en cuanto a lo que implica condiciones de vida […] Entonces se va trabajando qué pasa con la protección social de cada uno de estos viejos, con las familias […] el tema del consumo problemático, el tema de la violencia, de la violencia de género. Entonces va más allá del dispositivo del taller en el que yo me encuentro con 30 personas en un espacio de un comedor comunitario y doy esto de hacer la bisutería y después me voy […] si eso no se trabaja desde una perspectiva gerontológica, desde una perspectiva de la complejidad, desde una perspectiva de derecho, como que va a quedar ahí, en un taller de tango o de folklore. Por eso yo también sigo pensando que es el Municipio el que tiene que implementarlo como política social (M.C. Ludi, 2022)
En esta misma línea, los sentidos que atraviesan la construcción del dispositivo expresan el abordaje de la diversidad. En efecto, la referente expresa la diversidad que caracteriza al dispositivo del taller cuando se analiza en relación con las diversas condiciones sociales de existencia de las personas mayores situadas en distintos contextos. En este marco, se expresan las relaciones entre la construcción homogénea del sujeto de la vejez como sujeto de la política social y la producción y reproducción de accesos desiguales al ejercicio de la participación social:
Cuando surge lo del envejecimiento activo, esta perspectiva de la OMS que van tomando los distintos organismos nacionales de políticas sociales, nosotros decíamos que no todos los viejos acceden a estos espacios […] Entonces qué pasa con los viejos de sectores de pobreza, con los viejos con discapacidades, con los viejos que por cuestiones familiares no pueden sostener o sostenerse, qué pasa con esos viejos y viejas que no van a acceder porque no pueden, no quieren, o finalmente porque no están dadas las condiciones para el acceso de todos a ese tipo de dispositivos […] Y en las grandes ciudades, por supuesto yo no puedo compararlo, porque lo que debe ser trabajar en CABA, debe ser muy diferente […] no es lo mismo que los talleres se impartan desde el centro de jubilados, que desde el departamento de la mediana y tercera edad, que en un programa universitario, que esos talleres estén pensados por una organización de la sociedad civil (M.C. Ludi, 2022)
Así como las particularidades en las formas de experimentar y habitar la vejez y sus relaciones con las condiciones materiales de vida:
Ahí cruzás esto de la interseccionalidad, cómo juega el tema de la protección social en ese alargamiento de la vida, en qué condiciones […] Llegar a viejo, a cuán viejo, en qué condiciones. Siempre estuvo esto, siempre hubo viejos sanos, viejos enfermos, viejos con discapacidades, esto de ´las vejeces´. El tema es que yo no veo que haya un gran avance en esto de las condiciones del envejecimiento. Porque si no hay limitaciones físicas o a nivel de la salud, pero hay cada vez peor a nivel social, de las condiciones de vida, de las condiciones materiales de vida […] Es decir, en un mundo que envejece, en un mundo donde las brechas entre la pobreza y la riqueza son cada vez más grandes, en donde la mayoría de los sistemas previsionales están colapsando […] alargar la vida a 120, 130 años, pero preguntarse en qué condiciones. Eso está dirigido a un solo sector mínimo […] con todo lo que eso implica: pertenecer a una clase, pertenecer a una familia, pertenecer a un espacio urbano o rural, a un contexto, a tener escuela primaria o tener un posgrado, la cuestión de género. Diversidad, porque también son otras formas de experimentar las expresiones de la cuestión social (M.C. Ludi, 2022)
Finalmente se destacan los sentidos que fundamentan la construcción del taller como dispositivo de intervención social en el campo de la política social gerontológica:
Para mí el taller es el instrumento, pero la política tiene que ser mucho más abarcativa, más compleja, más integral […] a su vez vas pensando cómo está su situación de protección social como para que pueda acceder a todo eso. Y yo creo que ese es el eje de la política, no el taller en sí mismo (M.C. Ludi, 2022)
A partir del relato de la referente es posible considerar que este segundo periodo se encuentra fuertemente atravesado por un contexto de recuperación de la democracia en nuestro país que configura un proceso de creciente participación social en general y de las personas mayores en particular. En este contexto, cobra especial centralidad la perspectiva de derechos como fundamento de intervenciones sociales que se orientan hacia la construcción de espacios colectivos. De acuerdo con el relato de la referente, este periodo plantea una continuidad y ampliación de las experiencias del periodo anterior, favorecido a su vez por la política de financiación del PAMI para el desarrollo de espacios grupales en el marco de centros de jubilados. En este marco de expansión, se encuentra el proceso de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en un Centro de Salud ubicado en la región litoral del país. En este contexto, la creación del taller expresa un posicionamiento ético-político y de reflexividad en la trayectoria de profesionales que delinean el horizonte de intervención orientado hacia el ejercicio de los derechos de las personas mayores. En estos procesos la construcción del dispositivo parte de las demandas de las personas mayores implicando la construcción de vínculos, encuentros y aprendizajes que comprenden la construcción de sentidos y prácticas hacia la recomposición del lazo social fragmentado. De manera que comprende la construcción de un dispositivo que implica la problematización y construcción de nuevas prácticas y sentidos que trascienden la mera realización de una actividad o tarea, donde la participación de las personas mayores se inscribe en una red de relaciones. Al respecto, los sentidos que fundamentan su proceso de construcción expresan una concepción de la vejez desde una perspectiva biopsicosocial, de derechos y de la diversidad que implica el abordaje de diversas dimensiones de la vida social. Desde estas configuraciones el dispositivo requiere el abordaje de la heterogeneidad en la vejez implicando la construcción de accesos y condiciones de posibilidad. En efecto, en tanto comprende un escenario que aborda las diversas esferas de la vida social se torna visible la desigualdad en las condiciones materiales de existencia, así como la diversidad en las construcciones subjetivas y experiencias de habitar la vejez. Sin embargo, como expresa la referente en su trayectoria, la institucionalización del taller no se encuentra comprendida en el ámbito de la política del Ministerio de Salud sino sujeta a las decisiones particulares en cada centro.
3.1.c. Tercer periodo: década del ´90
El tercer periodo se identifica a partir de experiencias pioneras de implementación de taller en el marco institucional de un Centro de día de C.AB.A. hacia la década del ´90. En este periodo los talleres con personas mayores comienzan a desarrollarse en el primer Centro de día de la C.A.B.A. implementado en el marco del Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires. En este marco los Centros de día se despliegan como política social gerontológica alternativa a la institucionalización de las personas mayores. Comprende un contexto caracterizado por la profundización de políticas neoliberales que configura la exclusión de ciertas vejeces del sistema de protección social.
3.1.c.1. Experiencias profesionales en la creación del taller
Este periodo se desarrolla a partir de la trayectoria profesional de la trabajadora social Laura Martínez acotada a las experiencias pioneras de implementación de talleres con mayores en este ámbito institucional:
Fue un programa pionero en esto, en este tipo de intervenciones como política social en la vejez (Laura Martínez, 2022)
En este sentido, expresa que las principales estrategias de intervención social se despliegan en torno al derecho a la alimentación. Contexto en el que la principal demanda de las personas mayores se expresa en torno a cuestiones económicas en tanto se encontraban excluidos del sistema de previsión social:
Lo principal que iban a hacer al Centro de día era la alimentación […] las personas que concurrían son personas cuya principal demanda era la demanda económica. Había muchos que no tenían jubilación (Laura Martínez, 2022)
En este nuevo espacio institucional orientado principalmente al derecho a la alimentación, la propuesta de realizar talleres se desarrolla a partir de:
Una demanda de las personas mayores que concurrían a los centros de día, pasaban todo el día en el Centro. Una demanda con respecto a la memoria, preocupaciones con respecto a la memoria (Laura Martínez, 2022)
De esta manera, surge una nueva dimensión de intervención social gerontológica no prevista en las estrategias institucionalizadas, la propuesta de implementar talleres con aquellas personas mayores concurrentes al Centro:
Entonces el equipo, que es un equipo interdisciplinario, empezó a leer, a formarse en talleres de memoria, y así empezaron los talleres (Laura Martínez, 2022)
En este proceso, la construcción del espacio de taller se configura como nuevo escenario de intervención adquiriendo características que trascienden la ejercitación de la memoria:
Y también encontraban esta posibilidad de hacer, de generar espacios de reunión, espacios de encuentro (Laura Martínez, 2022)
Como señala la referente, las prácticas profesionales, desplegadas en el marco de los objetivos institucionalizados del Centro de día, y la participación de las personas mayores, configuraron un proceso instituyente donde el taller surge como resultado de las intervenciones sociales desde una perspectiva integral:
No es que la intervención empieza a partir de los talleres, sino que los talleres son resultado de la intervención […] las otras cuestiones que trascienden los talleres se trabajan en el Centro de día y el espacio grupal es una parte de eso (Laura Martínez, 2022)
En este proceso se identifica entonces un punto de inflexión en la trayectoria de la referente en la implementación de los talleres a partir de la institucionalización del dispositivo en otros Centro de día creados posteriormente:
Y después se institucionalizó y se amplió a todos los Centros de día (Laura Martínez, 2022)
3.1.c.2. Sentidos que fundamentan la creación del taller
Respecto de los sentidos que fundamentan las intervenciones sociales en estos procesos de construcción del taller, la referente destaca:
Desde el Trabajo Social la intervención tiene que ser asistencial y comunitaria. Porque en los Centros de Día, las personas que concurren, son personas cuya principal demanda era la demanda económica, había muchos que no tenían jubilación (Laura Martínez, 2022)
Considero que la intervención es interdisciplinaria, y desde el Trabajo Social, la perspectiva de los derechos humanos y la intervención integral (Laura Martínez, 2022)
En el tercer periodo los talleres comienzan a ser desarrollados en el primer Centro de Día de la Ciudad de Buenos Aires en el marco de la política del Ministerio de Desarrollo Social de la C.A.B.A. en la década del ´90. Este periodo se sitúa un contexto caracterizado por la implementación de políticas de corte neoliberal. Respecto de la población mayor se pone de relieve la privatización del sistema previsional, donde predomina una construcción mercantilista y meritocrática de la vejez como sujeto de la política, implicando una profundización de la desigualdad. En este espacio institucional, los talleres se originan en el despliegue de las intervenciones que se desarrollaban principalmente vinculadas a la alimentación abarcando aquella población mayor que no contaba con cobertura social. En este sentido, se expresan los condicionantes que se presentan en las experiencias de habitar la vejez de aquellas personas mayores que concurrían al Centro de Día. En este escenario, las personas mayores expresan sus demandas en torno a la realización de otras actividades vinculadas con espacios grupales.
El taller se construye entonces en la configuración relacional entre intervenciones sociales interdisciplinarias fundamentadas desde una perspectiva integral, y las demandas de las personas mayores concurrentes. Respecto de los sentidos que fundamentan las intervenciones sociales se expresa la construcción del sujeto de la vejez desde la perspectiva biopsicosocial y de derechos. En un contexto donde se expresan las problemáticas sociales complejas, se destaca la importancia de la construcción de abordajes interdisciplinarios orientados al despliegue de estrategias integrales, particularmente en torno a situaciones donde la desigualdad en la vejez se profundiza y complejiza en relación con las desiguales condiciones materiales y simbólicas de existencia. En este sentido, es posible considerar que en estos procesos de construcción del taller se expresan intervenciones interdisciplinarias orientadas tanto al abordaje de los condicionamientos que atraviesan las diversas situaciones problemáticas, como a la construcción de vínculos sociales en escenarios colectivos. Estas primeras experiencias devienen en la institucionalización de los talleres en el marco de la política social de los Centros de Día de la C.A.B.A. destinados a sus concurrentes, siendo luego implementados como espacios de participación abiertos a la comunidad. En las décadas siguientes los talleres con personas mayores se expanden y amplían siendo implementados en distintas instituciones como los centros de jubilados, residencias de larga estadía, universidades, obras sociales -entre otras- adquiriendo una diversidad de formas y características.
3.2. Dimensión histórica, social y política de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico
La creación del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad comprende un proceso histórico, social, político y colectivo que se sitúa en un período entre la década del ´70 y del ´90, en tanto expresa experiencias pioneras de movimientos instituyentes que devinieron en la creación de una nueva forma institucional en el marco de la política social gerontológica. Movimiento que implicó en las décadas siguientes procesos de institucionalización del taller en el marco de distintas políticas destinadas a la población mayor, adquiriendo diversas formas y características.
Desde la perspectiva de la intervención social como proceso histórico es posible indagar en los silencios y silenciamientos en relación con las estructuras del pasado que se reproducen en el presente. En efecto, Carballeda (2000) plantea la necesidad de estudiar los antecedentes históricos a partir de la existencia de retazos del pasado en el presente, indagar en los condicionantes históricos y construcciones discursivas previas de la intervención social que se expresan en el presente. En este sentido, la indagación histórica permite la reconstrucción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en tanto entidad social con significación estructural siendo recreado a través del testimonio de los actores, de sus significaciones y experiencias. A partir de las experiencias pioneras en la construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico es posible considerar procesos que presentan tanto diferencias como similitudes. En efecto, las diferencias comprenden procesos que se desarrollan en distintos territorios y marcos institucionales donde interactúan una diversidad de vejeces y profesionales, situados en distintos contextos sociohistóricos, económicos, políticos, culturales. Respecto de las similitudes, se trata de procesos que se configuran en la interrelación entre los sentidos y prácticas profesionales e institucionales desde la perspectiva integral y de derechos, y los sentidos y prácticas de las propias personas mayores instalando demandas en relación con las propias formas singulares y colectivas de habitar la vejez. En este sentido, la institucionalización de este dispositivo comprende procesos que manifiestan un cuestionamiento de la construcción homogénea de la vejez reducida a su dimensión biológica, develando la participación de las vejeces en la creación de nuevas formas institucionales y escenarios de intervención social.
Comprenden procesos de intervención social con personas mayores que se inscriben en contextos caracterizados por la desigualdad y la complejidad implicando configuraciones particulares del dispositivo. En este sentido, se configura en la interrelación de sentidos y prácticas colectivas situadas en distintos momentos históricos, políticos, económicos y sociales que, en un cuestionamiento frente a lo dado, se orientan hacia la creación de nuevas formas institucionales que permitan alojar las demandas de participación de las personas mayores en la vida social. Comprende así movimientos instituyentes de nuevas prácticas y sentidos en la creación de una nueva forma institucional. Como plantea Loureau (1987) las instituciones constituyen un movimiento permanente entre lo instituido y lo instituyente que produce institucionalización en el devenir. El autor propone analizar el concepto a partir de descomponerlo en tres momentos, el momento de la universalidad, el momento de la particularidad y el momento de la singularidad. El momento de la universalidad refiere al momento de la unidad positiva del concepto, en tanto normas universales de la sociedad en un nivel abstracto. El momento de la particularidad refiere al momento de negación de ese universal, en tanto deja de serlo en cuanto se encarna en condiciones particulares. De esta manera, el momento de la singularidad constituye el momento que sintetiza los anteriores, en tanto las normas universales no se encarnan directamente en los individuos, sino que pasan por la mediación de formas y modos organizacionales singulares.
Así, en el despliegue de los momentos institucionales surgen distintos grupos como momentos en constante movimiento entre lo instituido y lo instituyente, que pueden ser abordados en tanto grupo-objeto y grupo-sujeto. Como plantea Loureau (1987), “La transversalidad reside en el saber y el no saber del agrupamiento acerca de su polisegmentaridad. Es la condición indispensable para pasar del grupo-objeto al grupo-sujeto” (pp.34). Así, la transversalidad puede ser definida como el fundamento de la acción instituyente, en la medida en que toda acción colectiva exige un enfoque dialéctico de la autonomía del agrupamiento y de los límites objetivos de esa autonomía. Como plantean Varela y Kaminsky (1991) el concepto de grupo-objeto refiere grupos que no conciben para sí otra realidad que aquella propuesta por la institución. Ya sea porque aceptan el instituido sin cuestionamiento alguno, o porque oponen un signo negativo identificándose a sí mismos como lo opuesto. Ambos se encuentran determinados, constituidos por la institución y nada más que por ella. Como señala Seoane (2015), en los dos casos de grupo-objeto hay negación de la transversalidad constitutiva de todo agrupamiento humano. En cambio, el grupo-sujeto como sujetos de la acción instituyente, opera desprendimientos de y hacia las consignas instituidas. Si bien soportan, como los otros grupos, las consignas de lo instituido disponen de la potencia de abrirse a un más allá del grupo, de sí mismos y de la propia institución, promoviendo las formas de gestión de lo distinto. Implica un reconocimiento de su posición, su potencia y los límites, “se apropia de lo existente, conjuga afecciones y compone deseos: grupales, institucionales, colectivos” (Varela y Kaminsky, 1991:116). Es la institución quien los convoca, pero son estos grupos los que convocan el movimiento institucional. De esta manera, deviene en elemento de creación institucional. El pasaje de grupo-objeto a sujeto está planteado mediante la transversalidad en tanto el pasaje en diagonal que el grupo atraviesa e intenta superar las determinaciones institucionales en las que está inscripto. Los tipos de grupos deben ser tomados como momentos, en tanto se plantea en términos de un complejo de procesos sociales instituidos e instituyentes, que ocurren en espacios institucionales. Así, el grupo sometido deviene en sujeto cuando en una situación determinada logra una ruptura con las formas establecidas para pasar a crear una nueva.
En virtud del análisis mencionado es posible considerar los procesos de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad en términos de una creación institucional a partir de la relación dialéctica instituido-instituyente. Donde los actores implicados en las instituciones se posicionan frente al instituido cuestionando las formas establecidas.
En este sentido, en el periodo analizado atravesado por dictaduras e inestabilidad política, por procesos de fragmentación del lazo social y de profundización de la desigualdad en la vejez, surgieron acciones y experiencias que encontraban en el taller un espacio colectivo de intervención social en el marco de movimientos instituyentes que devinieron en la institucionalización de un nuevo espacio de participación social de las vejeces que orienta la recomposición del lazo social. Movimientos desde los cuales se abren nuevos procesos en la construcción de intervenciones sociales gerontológicas. En efecto, los procesos de intervención social se construyen a partir de las manifestaciones de la cuestión social en tanto configuran el campo problemático de intervención (Rozas, 2001). De manera que el horizonte de la intervención la comprensión y análisis de las desigualdades se relaciona con la noción de cuestión social. En este sentido, en los procesos de intervención social subyacen formas de pensar y ver el mundo, se fundamentan en epistemologías desde las cuales se comprende y explica a la sociedad y los sujetos, y a partir de las cuales se interviene en la realidad para transformarla (De Sousa, 2011). Los procesos históricos de intervención social en la construcción del dispositivo del taller comprenden una relación dialéctica entre la teoría y la práctica mediante la cual se establece un diálogo permanente entre ambas en la comprensión y acción sobre la realidad.
La desigualdad histórica en la vejez como manifestación de la cuestión social comprende la producción y reproducción de relaciones sociales de poder que configuran procesos excluyentes con base en la edad cronológica de la vejez adquiriendo particularidades en torno a las relaciones de poder fundamentadas en la clasificación jerárquica de género, clase, etnia/raza, territorio en cada momento histórico. Comprenden procesos que invisibilizan o niegan la participación en el proceso social de ciertas personas mayores por el solo hecho de ser viejes y condicionadas por la posición en que son situadas en esta clasificación social tensionando el derecho a la participación en la vida social (Wood, 2022). Es decir, las personas mayores que son situadas en las posiciones más desfavorecidas en la intersección de los ejes de poder quedan expulsadas o invisibilizadas en su participación en la producción, reproducción y transformación de la sociedad. En este sentido, quedan negadas en tanto sujetos históricos sociales y, por lo tanto, como sujetos de construcción de alternativas.
Los aportes de la perspectiva decolonial (Quijano, 2007; Mignolo, 2010) permiten visibilizar la diversidad de formas de pensar y habitar la vejez, implicando una problematización y desnaturalización de las clasificaciones jerárquicas que imponen una única vejez como válida. Así, los aportes de la perspectiva decolonial nos invitan a reflexionar en torno a la construcción colectiva de procesos de intervención social que visibilicen la voz y la participación de las vejeces en la construcción de otros sentidos y prácticas, hacia la transformación de las desigualdades.
Desde esta perspectiva, es posible considerar la creación del taller en tanto dispositivo de intervención social que se orienta a la búsqueda de construcción de alternativas frente a la negación de su participación en el proceso social orientadas hacia la recomposición del lazo social. Las políticas sociales gerontológicas comprenden las intervenciones específicamente sociales del Estado que producen y moldean directamente las condiciones de vida y de reproducción de la vida de las personas mayores situadas en un contexto sociohistórico. Comprenden un proceso por el cual se construye la vida en común en virtud de discutir sus condiciones, reglas y transformaciones en un movimiento permanente (Danani, 2009). A partir de lo cual, los procesos de intervención social del Estado participan en la disputa de sentidos y la distribución del poder, en la lucha sobre la formación misma de los sujetos, de las relaciones sociales que estructuran un determinado orden social. En este sentido, es posible considerar que los procesos de construcción del dispositivo de taller expresan procesos que aportan a la resignificación de la política social gerontológica instituyendo la construcción del sujeto de la política en tanto sujeto biopsicosocial y de derecho resignificando las nociones biologicistas e individualistas instituidas, integrando abordajes sociales y colectivos. En este sentido, se expresa la construcción nuevos procesos de intervención social desde la perspectiva integral y de derechos que permiten abordar las diferentes dimensiones de la vida social de las vejeces en su heterogeneidad y diversidad. Es posible considerar la relevancia histórica de la construcción del taller como dispositivo de intervención social en tanto un momento de la política social gerontológica que propone integrar además del abordaje de la dimensión biológica de la vejez, el abordaje de las dimensiones sociales hacia la construcción de relaciones sociales otras, que se orientan hacia la deconstrucción de la desigualdad en la vejez con las particularidades que se configuran en cada momento y territorio.
Estos procesos históricos conforman antecedentes de la diversidad de talleres con personas mayores que se implementan actualmente en distintos marcos institucionales como centros de salud, centros de día, hospitales de día, residencias, centros de jubilados, mutuales, obras sociales y universidades, entre otros, situados en distintas regiones del país, donde participan una diversidad de personas mayores. De manera que se pone de manifiesto que en contextos de desigualdad la demanda en torno a la participación en la vida social comprende una demanda histórica de las vejeces históricamente invisibilizadas en el proceso social. En este sentido, a continuación, se exploran los sentidos y prácticas que comprenden las demandas actuales de las personas mayores en torno a su participación en talleres particularmente entre los años 2012 y 2022 en el marco de una obra social sindical de la Ciudad de Buenos Aires.
3.3. El taller desde las voces de las personas mayores participantes
La construcción conceptual del taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad comprende una dimensión situada histórica y colectivamente de construcción de sentidos y prácticas instituyentes de nuevas formas institucionales hacia la creación de espacios de participación social de las vejeces. Así como una dimensión subjetiva desde las experiencias y sentidos que las propias personas mayores transitan y construyen en sus trayectorias de participación en talleres. Esta dimensión se explora desde las trayectorias particulares de personas mayores entre 61 y 84 años participantes de talleres en el marco de una obra social sindical de la Ciudad de Buenos Aires entre los años 2012 y 2022. En este marco institucional, los talleres comenzaron a implementarse en el año 2012 y están destinados a aquellas personas mayores jubiladas que han trabajado en el rubro que nuclea la obra social, como así también a sus cónyuges. Los talleres se organizan en forma semanal y en grupos de aproximadamente entre cinco a diez personas mayores, integrados en su mayoría por mujeres. Se encuentran a cargo de un/a coordinador/a que se vinculan con el grupo en tanto profesores/as, y comprenden diversas actividades como estimulación de la memoria, origami, inclusión digital, pintura, coro, baile, entre otras. Las personas mayores entrevistadas comprenden mujeres mayores entre 61 y 84 años que habitan en la C.A.B.A., se encuentran jubiladas, casadas, divorciadas o viudas, y que han trabajado en el rubro de la obra social, o se han dedicado a otros trabajos principalmente al trabajo doméstico y de cuidado, la docencia y como autónomas, y pertenecen a la obra social mediante sus cónyuges. Se entrevistaron nueve personas mayores mujeres con trayectorias de uno, dos, seis y diez años de participación en talleres de estimulación de la memoria, de origami, de inglés, de cine debate, de coro, de comedia musical y de reflexión. En este sentido, en el análisis se aborda la perspectiva de las personas mayores en torno a tres ejes: las motivaciones de comenzar a participar en el taller, las experiencias vinculares, y los significados otorgados a su participación y al taller en el transcurso de su trayectoria. Asimismo, dada la suspensión de actividades presenciales en el contexto de pandemia a partir del año 2020 se configura la construcción del taller mediado por las tecnologías de información y comunicación. Al respecto, se incluyen las percepciones que las personas mayores entrevistadas expresan acerca de sus experiencias singulares de participación en el taller virtual en el contexto de pandemia entre los años 2020 y 2022.
3.3.a. Comienzos de la trayectoria de participación en talleres
En relación con las motivaciones en torno a comenzar a participar en el taller, las personas mayores entrevistadas expresan una diversidad de situaciones y motivaciones relacionadas principalmente con su historia de vida, con cuestiones asociadas a la salud física y mental, con la jubilación y la viudez. Dentro de esta diversidad, se presenta un eje en común dado por la motivación de continuar en actividad. Al respecto, desde sus relatos se expresa una relación entre la salida de espacios laborales o de responsabilidades familiares, y una consecuente falta o reducción de actividad y de contacto social que motiva la búsqueda de espacios de participación social. En estos procesos, expresan un encuentro con un espacio donde la participación presenta no solo condiciones de actividad sino diversas implicancias de construcción subjetiva:
Vos siempre estabas haciendo actividad en el trabajo, a dejar de golpe, nada, sin hacer nada. Yo me jubilé a los 63 años, y estuve dos años sin hacer nada (…) Mi situación es que mi marido me dejó y empecé a hacer otras cosas, más actividad, pero era más prescripta por los psiquiatras. Y empecé el taller a los 65 por zoom en pandemia. Después iba para aprender un poco más, o a darte cuenta un poco más, a despertarte (Entrevistada A., 2022)
Los talleres los empecé hace 6 años, cuando dejé de trabajar. Empecé a trabajar a los 54 que fue cuando enviudé, y trabajé hasta los 68. Siempre estuve haciendo cosas (Entrevistada N., 2022)
Empecé en el 2020, cuando tenía 61. Porque recién venía del tema de la enfermedad, con el tema del COVID, y algunos problemas de memoria, y en las articulaciones, efecto todo del COVID (Entrevistada H, 2022)
Ahora tengo 84 años, empecé los talleres a los 74. Y la verdad que cuando me jubilé es como que a mí me faltó algo, porque yo era muy trabajadora y me gustaba mucho el trabajo, me sentía muy lograda. Entonces es como que me sentía mal sin hacer nada (…) Entonces me anoté en muchos talleres porque me gustaba estar ocupada en algo. Uno en la casa de uno qué hace, cocina, lava, plancha, da una vuelta. Pero la vida no es eso solo, es aprender, superarse, hacer otra cosa (Entrevistada L., 2022)
En el 2012 empecé, cuando me jubilé, me jubilé a los 65 (…) Pienso que fue que al estar jubilada me faltaba todo eso, me faltaba salir y todo lo demás. Y bueno al engancharme con esto de memoria yo salía, estaba con gente, conocí gente. Y además me hace bien porque camino y me distraigo. Entonces me siento bien, me siento en casa, estoy feliz (Entrevistada S., 2022)
A todos los viejos nos pasa lo mismo. Trabajamos, con lo cual tenemos una parte del tiempo que está totalmente cumplida. Y de repente nos encontramos que no tenemos eso, nuestros hijos tienen su vida, estén o no estén con nosotros, tienen su vida, y entonces estamos solos. A mí me pasaba eso cuando entré a los talleres (Entrevistada C., 2022)
Yo empecé en el año 2020, con la pandemia. Y realmente sentía que no sabía en qué llenar mi tiempo, pero tampoco quería estar sentada mirando televisión o involucrarme a tejer, coser y bordar. Me costó la verdad dejar el trabajo, por la relación con la gente, el tema de salir de casa, sentirme activa. Sentía que tenía muchos espacios vacíos y me introduje primero al taller de memoria. Era una cosa tan novedosa para mí, es como que activaba mi mente, eso es lo que me generó. Cuando termina la clase siento como que estoy activa, con la mente abierta (Entrevistada R., 2022)
Empecé con personas que tenían una inquietud de seguir un curso, de seguir algo, de salir, de interaccionar. Eso era lo que yo tenía miedo cuando me jubilé, decía ´no puedo quedarme encerrada en mi casa sin ningún interés ni iniciativa´. Ese es el meollo de la cuestión (Entrevistada M., 2022)
3.3.b. Experiencias de vinculación social a partir de su participación en el taller
En relación con las experiencias vinculares en el transcurso de su participación en el taller, las personas mayores expresan la posibilidad de conocer personas nuevas y de establecer nuevas relaciones sociales desde su inscripción en un grupo de compañeros/as. Desde los relatos de las personas mayores entrevistadas el grupo que se constituye en torno al taller es significado en términos de alegría, compañerismo, un complemento, ayuda e intercambio humano. Asimismo, estos sentidos se expresan en tanto construcción de relaciones sociales que trascienden el espacio propio del taller. En sus trayectorias se expresa que su participación en el taller presenta la posibilidad de pertenecer a una red vincular de intercambio, de debate y discusión -donde el conflicto no está ausente- de ayuda y apoyo, donde escuchar y ser escuchado:
En los talleres adquirimos eso, esa empatía de estar juntos, de pasarla bien. No somos un gran grupo, pero siempre la pasamos bien. Y después hablamos de todo, no te creas que hablamos solo de memoria, hablamos de todo, generalmente hablamos de política (Entrevistada L., 2022)
Me encontré en un grupo hermoso, me sentí muy contenida, muy contenida. No solamente por el grupo y por las profesoras, sino por toda la red que tienen de organización. El hecho de tenerte en cuenta, sabían mi nombre, sabían quién yo era, se comunicaban conmigo. Es en donde yo más me sentí contenida, identificada. Para mí fueron muy valiosos los grupos también en la parte de socializar, en la parte afectiva, en la parte de comunicación, fue importantísimo (Entrevistada O.,2022)
Sigo en relación con los compañeros después del taller […] Más cuando hay necesidad, porque tenes con quién dialogar en ese momento (Entrevistada S., 2022)
Hay como una solidaridad, una cosa de que escuchas al otro y a su vez te escuchan. Y hay gente que está muy sola y es necesario participar. Con otra gente era como difícil la comunicación. A veces no es fácil la comunicación (Entrevistada C., 2022)
Es alegría. Es compañerismo. Y se puede hablar varias cosas aparte de lo que es el taller en sí. Se habla de alguna anécdota o algún texto que leemos y recordamos. Estando en el taller, el grupo te ayuda a recordar porque vos recordas una parte y te queda la otra, entonces uno aporta una cosa, el otro aporta otra cosa (Entrevistada A., 2022)
El grupo es como un complemento importante porque, salvo las señoras que tienen todavía su marido, porque en general las que estamos solas somos las mujeres, los maridos se van muriendo o algo por el estilo, pero en general estamos bastante solas todas en el día a día (Entrevistada, N.,2022)
El grupo es el intercambio humano y el saber lo que el otro necesita o lo que le pasa. Estar, no te digo pendiente ciento por ciento, pero estar pendiente de saber si uno puede ayudar al otro. Eso es el grupo. Yo creo que prevalece lo humano más que el decir tengo la tarea y me encuentro. O sea, va más allá del día del encuentro. Nos hablamos para hacernos una pregunta, cuando me habían puesto el stent para ver cómo estaba, o para saludarme por mi cumpleaños. Trascendía el día del encuentro, iba más allá (Entrevistada H., 2022)
Para mí el grupo es compañía, yo me siento acompañada, porque tenemos comunicación entre nosotras, me siento comunicada, acompañada. Y podemos ir también más allá del interés del tema que tengamos por el taller, porque vamos a ir a tomar un café, estoy comunicada, acompañada, para mí es muy importante ese contacto que tenemos. Ese contacto social, y también afectivo, que es importante, esto de acordarse del otro, de interesarse por el otro, a todos nos abriga mucho eso. A mí me abriga mucho eso (Entrevistada M., 2022)
El grupo es que me llevan de la mano. Yo siento que a lo mejor si tuviera que tomar un taller de memoria sola no lo disfrutaría tanto como el intercambio. Porque yo ya soy una persona grande, ya cumplí 71, disfruto más la compañía, de tener a alguien al lado y participar juntas o intercambiar ideas o hacerme ver otro perfil de algo que no conozco, otra opinión, involucrarme con otra cosa que a lo mejor sola no la podría hacer. Eso para mí es el grupo de taller, estar acompañada (Entrevistada R., 2022)
3.3.c. Construcción de sentidos acerca de su participación en el taller
Respecto de las significaciones que construyen en torno a su participación en el taller se expresa sentidos que asocian la participación con el intercambio de ideas y miradas, la acción, la pertenencia, la diversidad y la realización de actividades más allá del espacio propio del taller que a la vez se vincula con la organización de la vida cotidiana:
Actuar, conversar, dar ideas o escuchar las ideas que nos dan y discutirlas. Eso es la participación en el taller, dando nuestras opiniones y discutirlas como cambio de opiniones, la opinión tuya, la opinión del otro (Entrevistada A, 2022)
Es muy importante la participación porque si no es como que no formas parte, y por ahí necesitas que te escuchen. Es una manera de mejorar también (Entrevistada N, 2022)
Me gusta participar. Me gusta mucho la diversidad cuando exponemos los trabajos. Cómo cada una ve las cosas, cómo las va elaborando o presentando. Eso enriquece mucho, es buenísimo ver cómo las mentes se abren hacia otras posibilidades, hacia otras situaciones, o hacia otras resoluciones. No sólo elabora uno, sino que uno va elaborando cuando los demás participan o exponen (Entrevistada H., 2022)
Y por sobre todas las cosas, algo muy importante que yo valoro, es que nos escuchamos, nos sabemos escuchar, respetar (Entrevistada M., 2022)
Al tener los horarios fijos eran horarios que eran míos. Eso me sirvió, porque también estando jubilada es como que uno se desorganiza porque piensa que tiene tiempo para todo, y el hecho de tener un horario y una actividad posterior al taller, me organizó mucho (Entrevistada O., 2022)
3.3.d. Construcción de sentidos acerca del taller
A partir de sus diversas trayectorias de participación las personas mayores entrevistadas significan al taller desde distintas perspectivas. En los relatos el taller es construido principalmente como un encuentro, un espacio de actividad, de aprendizaje, de ocupación y de vinculación social con significativas implicancias en la práctica de la vida cotidiana y en procesos de construcción subjetiva. En este sentido, en sus expresiones se destaca que es el taller es “vida”, “un camino”, “nacer de nuevo”, “opciones”, “construcción”, “reflexión”, “despertar”, “motivaciones”, un espacio “sagrado”:
Bueno, el taller tiene dos aspectos importantes. Uno es hacer una tarea que te ayude a la parte cognitiva, a ejercitar la memoria, que es lo que nos cuesta a todos los adultos. La parte esa de ejercitación es muy importante. Y después está la parte social, con la gente que pasas un rato, que charlas, que tenes un encuentro. Sabes que a determinada hora de determinado día tenes un encuentro con determinadas personas, ya sabes que eso lo tenes. Es un espacio que te llena una parte de tu tiempo y, para los que tenemos mucho tiempo que nos sobra, es importante. Lo más importante son esas dos cosas, que no te quedas. Y más todavía cuando es presencial, porque el hecho de ser presencial te obliga a salir de tu casa, te tenes que arreglar y preparar para movilizarte (Entrevistada N, 2022)
A mí me ha hecho mucho bien, porque ocupó parte de mi tiempo, conocí gente nueva (Entrevistada C., 2022)
Es algo muy positivo para toda la gente, para todos los jubilados. Yo pienso que cuando uno se jubila no deja de servir o de sentirse útil. Entonces así es un modo de sentirse útil, de aprender otras cosas, de continuar la vida renovándote. A lo mejor de otra forma porque cuando estabas en el trabajo hacías una cosa, y cuando vas al taller aprendes otras cosas que a lo mejor no aprendiste, una diversidad de cosas para pensar, para hacer o para desgranar o para reflexionar (Entrevistada L.,2022)
El taller es un lugar de encuentro, en el cual he elegido actividades acordes a mi interés. Y en el cual me siento muy satisfecha y contenta de poder hacer algo que me interesa, que me gusta y además de relacionarme con grupos humanos que me han sido muy acogedores (Entrevistada M., 2022)
El taller es una motivación que te ayuda a ver, a despertar otras cosas, o lo que está dormido, porque a veces se pone en siesta y así lo podes activar con los recuerdos. Quiero seguir ocupándome, para tener la cabeza ocupada, y que tenga más información. Tengo esas expectativas vigentes, no me voy a dormir (Entrevistada A, 2022)
Para mí fue como nacer de nuevo, porque me tuve que adaptar a todo, fue algo maravilloso, para mí es muy importante. O sea, no quedarme sentada. Yo quisiera que estos talleres no terminaran nunca (Entrevistada R., 2022)
El taller es un camino ordenado hacia donde uno quiere alcanzar nuevas expectativas. Tal es así que me hago la idea en este mismo momento, que me dan los elementos para construir y voy acompañada de la mano (Entrevistada S., 2022)
Los talleres son relaciones humanas, son apertura de la mente a otros pensamientos, a otras vivencias y a otras cosas que quizás no descubriste y lo vas descubriendo en el paso a paso del taller. Es ocupación, pero ocupación en cuanto al tiempo de uno, una buena ocupación. Y es un logro personal hacer el taller, porque que vos logres lo que te proponen y lo que vos te propones, es una superación. Es superarse el taller también. Es la diversidad, porque cada uno tiene sus expectativas, su mundo, su trabajo, su familia, son distintas, pero todos confluimos en lo mismo, que es el taller, el fin es estar juntos ahí en ese taller. Y eso es lo lindo. Yo espero el día. A veces me río porque mi marido me dice que mañana podemos hacer esto o aquello, y le digo que no porque estoy ocupada. Son sagrados para mí (Entrevistada H, 2022)
Para mí en este momento es vida, es vida. Para mí es vida, es fantasía, es un momento reflexivo. Es mi vida, yo empecé a vivir una vida distinta cuando empecé los talleres, en este momento es eso. Es el hoy, y es lo que quiero hacer mañana, porque yo sé que cada día me está dando algo distinto. Y cada vez me doy cuenta de que, en la vida, me va dando más opciones para seguir adelante, y para tener cada vez menos prejuicios (Entrevistada O., 2022)
3.3.e. El taller virtual en contexto de Pandemia por COVID-19. Experiencias y sentidos de las personas mayores participantes
En este apartado se desarrollan algunas reflexiones de las personas mayores entrevistadas en relación con sus experiencias acerca de una nueva forma de participación, o una nueva dimensión de su participación, que emerge en un escenario inesperado y complejo que se configuró a partir de la irrupción de la pandemia por COVID-19 desde el año 2020. Estas reflexiones expresan la diversidad y heterogeneidad en las vejeces, así como en las formas de pensar, construir y habitar la vejez. En este sentido, se aborda la complejidad que se manifiesta en torno a su participación en el taller mediado por las tecnologías de información y comunicación en un escenario de emergencia socio sanitaria. De esta manera, en principio se desarrollan sus experiencias en un contexto de incertidumbre, donde en las intervenciones sociales del Estado prevalece la construcción de la vejez en términos homogéneos y reducida a su dimensión biológica. Así, en el marco de las medidas de aislamiento y distanciamiento social implementadas en este contexto, las intervenciones destinadas a la población mayor se fundamentan en la edad cronológica de la vejez siendo categorizada como “grupo de riesgo”, donde las dimensiones sociales quedan invisibilizadas por omisión. De manera que este escenario implicó profundas transformaciones en la vida social en general y particularmente para la población mayor, donde los espacios de participación de las vejeces en la vida social entran en crisis:
Antes de la pandemia me fui metiendo en algunos talleres de lectura que se juntaban a leer poemas en un centro de jubilados, que después por la pandemia se cerró todo (Entrevistada A., 2022)
Y aparte del taller hay propuestas, hemos hecho cosas. Eso se cortó mucho con el tema de la pandemia. Eso fue un tema que nos hizo bastante daño a toda la gente mayor, porque es gente que tiene mucho miedo y todavía ahora hay gente que tiene miedo de salir, de viajar. Y eso te priva (Entrevistada N., 2022)
Siempre fuimos los mismos, menos los que dejaron por la pandemia, y otras cosas (Entrevistada C., 2022)
Antes de la pandemia, la cafetería era un punto de reunión. A veces nos quedábamos charlando hasta tarde, cada una con sus novedades. Sí, era lindo (Entrevistada M., 2022)
El hecho de ser presencial te obliga a salir de tu casa, te tenés que arreglar, preparar para movilizarte. Y eso es muy importante porque son cosas que se van perdiendo si no. Por ejemplo, a mí (la pandemia) me hizo mucho daño. Yo perdí mucho. Porque al principio estaba como encerrada en una jaula, acá en mi casa. Y después me empecé a acostumbrar, estaba cómoda. Mi casa cada vez estaba más linda para mí porque yo estaba cómoda. Pero cuando quise acordarme ya no caminaba como antes. Y sigo sin poder caminar tanto, he perdido mucha masa muscular, en la parte de física me afectó bastante. Cuando yo antes de la pandemia viajaba en subte, en colectivo, y subía y bajaba las escaleras como nada. Y eso todavía estoy empezando a recuperarlo (Entrevistada N., 2022)
Insistimos en que pusieran inglés, y pusieron inglés, y me anoté. Y fui unos años cuando era presencial, ahora como es virtual ya no lo hago más, pero a mí me gustaba mucho. Tampoco es lo mismo hacer inclusión digital presencial que virtual, virtual todo es más difícil, todo es distinto (Entrevistada L., 2022)
A mí me costó mucho entrar en la pandemia porque estaba todo el día en mi casa, con el miedo de tocar algo, me lavaba las manos. Y ahora resulta que me cuesta salir de la pandemia (Entrevistada O., 2022)
Asimismo, en este escenario, los relatos de las personas mayores dan cuenta de la construcción de diversas estrategias y apropiación de diversas herramientas que les permitieron construir, continuar y sostener su participación mediada por la virtualidad, donde destacan principalmente la posibilidad de sostener la red vincular:
El cambio para mí más grande fue pasar de la presencialidad a la virtualidad. Eso fue un cambio muy grande. Prefiero la presencialidad, porque se nos quitó un montón de cosas, pero también quiero decir que para mí la virtualidad fue muy bienvenida, fue algo muy positivo. Porque una vez que nosotras nos vimos tan excluidas de todo, porque nos vimos excluidas hasta de salir a la calle, de tener contactos que toda la vida habíamos tenido, y nos sentíamos que estábamos totalmente excluidos de eso, pensaron una manera de no excluirnos, de sentirnos comunicadas y de seguir con los cursos a través de la virtualidad. Para mí fue muy positiva la virtualidad, que se decidiera hacer los cursos virtuales (Entrevistada M., 2022)
El contacto humano, si bien vivimos en un mundo virtual porque todo está direccionado hacia el mundo virtual, el contacto con el ser humano, la interacción es súper necesaria y lo vimos, es súper necesaria (Entrevistada N., 2022)
Después con la pandemia, mi marido trabajaba acá en casa, se encerraba, yo digo ´en el búnker´, porque él tenía una rutina de trabajo. Entonces desayunábamos, después almorzábamos y como a las 6 de la tarde él salía del búnker. Y entonces con los talleres yo mantenía un diálogo en la pandemia con alguien que a lo mejor en casa no tenía tantos temas diferentes para hablar, era como una ventanita a distintos órdenes (Entrevistada R., 2022)
El taller virtual no nos separó totalmente de todas las cosas que nosotros habitualmente hacíamos, porque teníamos un contacto, que nos podíamos ver, que nos podíamos hablar y eso fue un cambio maravilloso. Pero yo no lo suplantaría por el contacto de persona a persona, eso no lo suplantaría. Es decir, todas estamos esperando que empiece la presencialidad. No sé si en el largo tiempo nosotras sostendríamos encuentros virtuales (Entrevistada M., 2022)
Así como también, a partir de la pandemia, la complejidad se manifiesta en las diversas formas de construcción de su participación en torno a la dimensión presencial/virtual del taller, donde se expresa la construcción de nuevas posibilidades que presenta la virtualidad que involucran cuestiones de movilidad, el tiempo y la distancia:
Ahora que es virtual se arman grupos nuevos, porque hay gente que sigue eligiendo presencial, y yo ya dije que el presencial no lo hago más (Entrevistada L., 2022)
En pandemia hice varios talleres y ahora, aunque quisiera presencial no puedo, porque me levanto tarde y no llego a las 10 hs ni a las 10:30 hs. En cambio, en forma virtual me vestía y listo (Entrevistada O., 2022)
Me gusta más en forma virtual que ir presencial, porque yo vivo lejos y pensar que tengo que ir hasta allá en forma presencial, el viaje y la inseguridad que hay en esa zona. Me motiva más así el tema de conocer distinta gente, intercambiar ideas, paso un lindo rato (Entrevistada R., 2022)
Estoy muy satisfecha con la forma virtual, no creo que sea necesario la presencialidad, no lo veo. Porque esto de la forma virtual, veo que una llega mejor. Porque en la forma virtual estamos sentados en casa haciendo un taller cada uno trata de concentrarse, enfocarse. En cambio, si estás en una sala estás pensando que tenes que tomar el subte, que estás cansada porque viajaste mal. Me parece que estando en tu casa es tiempo ganado (Entrevistada A., 2022)
El contexto de pandemia por COVID-19 a partir del año 2020 implicó profundas transformaciones en la vida social en general y particularmente para la población mayor, donde los espacios de participación de las vejeces en la vida social entran en crisis. Desde los relatos de las personas mayores entrevistadas, este escenario se expresa por las limitaciones específicas para la población mayor implementadas por las medidas de aislamiento y distanciamiento, por el cierre de diversos talleres y centros que ya habitaban las personas mayores, y por la mediación de la tecnología que se presentó como única forma de contacto social. En relación con las experiencias y sentidos expresados respecto de su participación en el taller virtual los relatos dan cuenta de la diversidad y heterogeneidad en las vejeces, así como en las formas de pensar, construir y habitar la vejez. En este sentido, los procesos de participación en el taller se complejizan a partir de su construcción mediada por la virtualidad. En efecto, en contexto de pandemia los relatos expresan situaciones que son vividas como excluyentes y de pérdida de contacto “cara a cara” donde el taller mediado por las tecnologías se configura en tanto espacio virtual que permite construir y sostener una red vincular solo como situación de excepción en el marco del escenario de pandemia. Así como también se manifiesta la diversidad de formas de construcción de su participación, donde se expresa la apropiación de nuevas posibilidades que presenta continuar participando en el taller virtual más allá del contexto de pandemia, involucrando cuestiones de movilidad, de tiempo y distancia. En este sentido, el escenario de pandemia configuró la emergencia de una nueva dimensión del taller comprendida por la dimensión virtual. En este escenario, es posible considerar que la construcción de las personas mayores en torno a su participación orienta movimientos instituyentes de una forma institucional del taller expresada en la demanda de institucionalización del taller virtual. Comprende procesos donde se configuraron nuevas expresiones y relaciones sociales en torno a su participación social que emergen a partir de la pandemia pero que presentan continuidades en el actual contexto donde las restricciones sociosanitarias ya no tienen vigencia. Se propone la posibilidad de profundizar esta nueva dimensión del taller en próximas investigaciones. Asimismo, desde las reflexiones que expresan las personas mayores entrevistadas acerca del taller mediado por la virtualidad es posible considerar que se manifiesta la demanda histórica de participación social así como la diversidad de formas de pensar y habitar la vejez.
3.4. Dimensión subjetiva y vincular del taller como dispositivo de intervención social gerontológico
El abordaje y visibilización de los procesos sociohistóricos de construcción de este dispositivo pone de manifiesto la participación de las vejeces en el proceso social poniendo en cuestión la asociación con estereotipos negativos vinculados a la pasividad, improductividad y enfermedad. Esta dimensión se explora a partir de las experiencias y sentidos que las mujeres mayores entrevistadas transitan y construyen en sus trayectorias de participación en talleres en el marco de una obra social sindical de la C.A.B.A.
De acuerdo con sus experiencias y significaciones el taller se configura en tanto espacio que trasciende la realización de una actividad en un lugar y horario determinados, presentando una diversidad de implicancias tanto subjetivas como prácticas en su vida cotidiana. Dentro de la diversidad de experiencias, en sus relatos se expresa un punto de inflexión que se manifiesta por una relación donde el retiro del mercado laboral, el cese o reducción de responsabilidades domésticas y familiares, se asocia con una falta o reducción de actividad y de contacto social en la vida cotidiana.
Es posible considerar que estas significaciones expresan en la singularidad de las experiencias de habitar la vejez, procesos estructurales que resultan en la insuficiencia o falta de espacios instituidos socialmente de participación de las vejeces en la vida social, y particularmente de las mujeres mayores. Asimismo, evidencia la vigencia de relaciones sociales de discriminación basada en la edad cronológica de la vejez, donde ciertas vejeces quedan excluidas del proceso social por el solo hecho de ser viejes y la posición en que son situadas en las relaciones de poder de género, clase, raza/etnia, territorio (Wood, 2022). En este sentido, se manifiesta la importancia de la construcción sociopolítica de una sociedad que integre todas las generaciones habilitando la garantía del pleno ejercicio de los derechos de las personas mayores y entre ellos el derecho a la participación en todos los ámbitos de la vida social. De manera que se configuran procesos que envían al mercado el acceso a la participación produciendo una mercantilización de la participación social de las vejeces, donde aquellas vejeces que no acceden al mercado quedan por fuera de los procesos de integración social generando procesos desubjetivantes y profundizando la desigualdad en la vejez. Esa relación que expresan las personas mayores a partir de sus experiencias configura la búsqueda de espacios de participación social donde el taller se expresa tanto como posibilidad de participación en actividades, así como de participación en un espacio de encuentro con el otro, tanto generacional como intergeneracional.
Asimismo, estos sentidos se expresan en tanto construcción de relaciones sociales que trascienden el espacio propio del taller configurando la posibilidad de pertenecer a una red de vinculación social de intercambio que habilita procesos identitarios e intersubjetivos posicionándose en tanto sujetos de enunciación. Comprenden experiencias y sentidos que adquieren fundamental importancia en contextos de desigualdad en la vejez como manifestación de la cuestión social. Los procesos de construcción del taller como dispositivo de intervención social gerontológico se vinculan con configuraciones históricas de relaciones sociales en la disputa de sentidos sobre el envejecimiento y la vejez con implicancias en el cuestionamiento de un orden social naturalmente dado. En efecto, se trata de procesos donde las personas mayores participan en la construcción y producción social expresados en movilizaciones, demandas y movimientos instituyentes de nuevas prácticas y sentidos.
Desde las perspectivas decolonial e interseccional se pone de manifiesto que la producción y reproducción de la sociedad no se reduce únicamente al aspecto económico. Las personas mayores participan de estos movimientos disputando sentidos tanto a través de procesos de acción colectiva, producción cultural y simbólica como así también a través de procesos productivos ya sea formales, no registrados o invisibilizados y, por lo tanto, sin reconocimiento ni remuneración, como el trabajo doméstico y de cuidado. Si bien las desigualdades en los procesos de envejecimiento a lo largo de la trayectoria de vida condicionan las formas de transitar y habitar la vejez, no la determinan. Comprende una construcción histórica, social, política y situada en determinados tiempos y espacios, que se configura entre procesos estructurales, institucionales y organizacionales, y las formas de pensar y habitar la vejez de las propias personas mayores desde distintas construcciones subjetivas e identitarias. Es posible considerar entonces a las personas mayores como actores en la producción y reproducción de la sociedad. Entendiendo a los actores sociales como sujetos socio históricos, Garretón plantea que se trata de sujetos con base material o cultural, de acción colectiva o individual “que apelan a principios de estructuración, conservación o cambio de la sociedad, que se definen en términos de identidad, alteridad y contexto, que se involucran en los proyectos y contraproyectos” (Garretón, 2001:13).
En virtud de lo cual, las vejeces también participan en los procesos de transformación social. Entendiendo, de acuerdo con Matus, que en tanto actores sociales son productores de cambio, “los que procesan o ignoran las teorías que se les ofrecen para entender la realidad que habitan, los que crean visiones diferenciadas” (Matus, citado en García Godoy, 2016:1) Es posible considerar a las personas mayores como sujetos producidos, pero también productores de la sociedad. Garretón plantea en el análisis de la constitución de actores que su conformación e interacción y los procesos socio-políticos, son vistos como creaciones históricas de esos actores y no como resultantes ineluctables de factores estructurales de los que los actores son simples portadores o reproductores (Garretón, 2001). De manera que las personas mayores no constituyen meros reflejos de la estructura social, sino que en el marco de procesos de diversidad participan en su producción.
Desde la perspectiva de la intervención social como proceso histórico (Carballeda, 2000) es posible dar cuenta, comprender y analizar no solo las acumulaciones de desventajas y derechos negados que configuran las desigualdades en las vejeces, sino también las voces, sentidos, prácticas y estrategias de resistencia que despliegan frente a estas desigualdades, desde las cuales se abren nuevos procesos en la construcción de intervenciones sociales gerontológicas. El taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad se configura en la interrelación de intervenciones sociales desde la perspectiva de derecho y las prácticas de resistencia de las vejeces históricamente invisibilizadas. Comprende la construcción permanente de un dispositivo de participación de las vejeces que tiende a la recomposición del lazo social.
Al respecto, como señala Seoane (2015), resulta de fundamental importancia en todo proceso de intervención el abordaje de la vinculación entre las instituciones y la producción de subjetividades que circulan en el lazo social. A partir de lo cual la indagación del lazo social en cada momento histórico permite abordar las condiciones en que la sociedad aloja a los sujetos y los discursos bajo los que organiza esos alojamientos, que se materializan en los dispositivos institucionales. En este proceso, el lazo social se pone en tensión cuando entran en crisis los dispositivos que aseguraban la cohesión social. En efecto, las tensiones se expresan en la dinámica entre la configuración de nuevas expresiones de la cuestión social excluyendo ciertas vejeces de diversos espacios de participación social, y la configuración de nuevas prácticas de resistencia orientadas a la recomposición del lazo social configurando un campo de disputa de sentidos y prácticas.
Así, en el lazo social, en tanto circulación de intersubjetividades, también se abren condiciones de construcción de nuevos posibles. Se trata de visibilizar movimientos instituyentes que ponen en cuestión los viejismos presentes en las instituciones hacia procesos de creación político institucional desde las significaciones, conocimientos y prácticas otras. De manera que en estos procesos resulta fundamental considerar a las instituciones como productoras de sujetos y subjetividades, a la vez que los sujetos producen instituciones y subjetividades. Como plantean D´Alfonso y González “Las formas de producción de la subjetividad serán particulares de cada momento histórico, porque la subjetividad es producida por la cultura, a la vez que el individuo resulta productor de ésta, dando vida a la forma social” (en Seoane, 2015:32).
En virtud de lo cual es posible considerar que las instituciones son creadas y recreadas en estos procesos históricos sociales, donde van adquiriendo determinadas características en torno a los sentidos y prácticas que las fundamentan y legitiman, en un movimiento permanente que se inscribe en la configuración de procesos subjetivos y en el lazo social. En efecto, el taller con personas mayores como dispositivo de intervención social conforma un proceso histórico, social y político de construcción de relaciones y prácticas donde se construyen y circulan procesos intersubjetivos.
Las personas mayores históricamente han ido conformando organizaciones tanto formales como no formales, fundamentalmente como espacios de encuentro para compartir experiencias y para incidir políticamente en la agenda pública (Ludi, 2012). Se trata de procesos vinculados al fenómeno del envejecimiento demográfico, a la posibilidad de generar espacios de socialización y ocupación del tiempo libre, a la necesidad de organizarse para defender derechos y necesidades, a continuar ocupando un rol activo en la sociedad. Como sostiene la autora, de esta manera se han generado “nuevas prácticas por parte de los viejos, lo que les permite hacer escuchar su voz” (Ludi, 2012: 37). Las diversas experiencias expresan que, en tanto desarrollados con personas de otras generaciones, los espacios de encuentro intergeneracional “son detonantes y portadores de nuevos significados que hacen a la subjetividad de las personas involucradas, modificando prejuicios y estereotipos instalados acerca de la imagen de los viejos” (Ludi, 2012:40).
En este sentido, respecto de la participación social de las personas mayores, Gascón expresa que el mayor impacto de la acción de estos movimientos sobre el conjunto de la sociedad “fue la transformación de estereotipos compasivos que colocaban a las personas de edad en el lugar de los necesitados de recibir servicios o asistencia por la cada vez más clara noción acerca de la importancia social y política de los ciudadanos mayores en las actuales sociedades envejecidas” (citada en Ludi, 2012: 42). Las personas mayores habitan los espacios participando en los movimientos instituido-instituyentes, construyendo/resignificando el espacio y su participación social. De esta manera, respecto de las organizaciones de personas mayores entre las cuales se desarrollan diversos talleres, Fassio discute la atribución de un rol solamente recreativo como rasgo de importancia menor, en tanto “sin la visualización de otras incumbencias potenciales o reales, constituye una continuidad de prejuicios edaístas, objetivadas en la falta de registro e invisibilización por parte de la comunidad científica” (Fassio citada en Ludi, 2012: 42). En cambio, se trata de procesos que ponen en cuestión “el rol esperado” de las personas mayores. Frente a los estereotipos negativos que asocian la vejez con la pasividad, “los mayores expresan que algunos centros de jubilados no son un club, sino que son un lugar de reunión que apunta a ser un centro cultural con distintas actividades, entre ellas contra la discriminación” (Ludi, 2012: 42).
Asimismo, Fassio expresa que, si bien en un principio los objetivos de la mayoría de estas organizaciones se orientaban hacia actividades de recreación y ocupación del tiempo libre, “algunas se han transformado en espacios de defensa de los derechos de las personas mayores y en espacios de revalorización del tiempo libre dado que el objetivo de la organización pasa por brindar servicios a personas del mismo grupo y de otras edades” (citada en Ludi: 42).
En este sentido, Gascón señala que la participación social, como capacidad de los individuos y como acción colectiva de intervenir en la toma de decisiones en todos aquellos aspectos de su vida cotidiana que los involucra y afecta, en el sentido de formar y tomar parte del proceso, “constituye uno de los mecanismos de distribución del poder, y en tal sentido, uno de los pilares en los que se basa la democracia participativa” (citada en Ludi, 2012:49). Al respecto, Sirvent plantea que en tanto la “participación real” hace referencia a la incidencia de población en las decisiones que afectan la vida cotidiana, implica el desarrollo de instancias, mecanismos, y formas de trabajo que permitan a las personas influir en los diversos momentos (citada en Ludi, 2012:50). De manera que “ejercer una influencia real implica poder, ya sea en la toma de decisiones, de política institucional, como estrategias y alternativas de acción. Asimismo, implica un cambio no solo en quienes deciden sino también en qué se decide y a quienes se beneficia, es decir, una modificación en la estructura de poder” (citada en Ludi, 2012:50). En este sentido, los espacios de participación comprenden espacios de práctica social y política, en los que se conforman sujetos sociales viejos y viejas (Fassio, citado en Ludi, 2012).
En virtud de lo cual el taller como dispositivo de intervención social en contextos de desigualdad comprende un espacio de participación social de las personas mayores que involucra la construcción de posicionamientos otros y la deconstrucción de sentidos que asignan un lugar pasivo, “desengachados de la sociedad”, donde “son ubicadas” por fuera de los procesos de construcción social.
Es en estos movimientos donde el dispositivo del taller conforma espacios que se inscriben en procesos de deconstrucción de las desigualdades. De esta manera, es posible considerar que la participación social de las personas mayores en la construcción colectiva del taller como dispositivo de intervención social implica procesos que orientan la construcción de relaciones sociales otras, que interpelan, tensionan y cuestionan los ordenamientos sociales que producen y reproducen la desigualdad en la vejez.
3.5. El taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad
En el contexto latinoamericano históricamente caracterizado por la desigualdad, los antecedentes disponibles ubican las primeras referencias del taller hacia fines del siglo XX principalmente vinculado a la educación y orientado a la construcción de un espacio político de pensamiento y acción en el marco de un cuestionamiento a los sentidos y prácticas hegemónicas que producen y reproducen las relaciones de poder de desigualdad (Robles, 2008; Ghiso, 1999). Históricamente vinculado con la educación popular (Freire, 2001) el taller se propone como un proceso de práctica, reflexión y construcción colectiva, un espacio político para la praxis transformadora hacia procesos colectivos emancipatorios, a partir de un diálogo que busca romper las jerarquías que reproducen las posiciones dominantes.
Es posible considerar que estas experiencias surgieron como una resistencia latinoamericana orientada hacia la deconstrucción del pensamiento hegemónico que produce y reproduce la desigualdad. De manera que desde la perspectiva latinoamericana el taller comprende la construcción de un espacio-tiempo social y político que habilita procesos de socialización, aprendizaje y participación social orientado hacia a la deconstrucción de las desigualdades. Así, el taller puede ser concebido como espacio político de profundización, problematización, cuestionamiento y transformación (Robles 2008, Nuñez 1996, Barros 1977).
El taller como dispositivo de intervención social conforma una red de relaciones entre lo verbal y lo no verbal, lo dicho y lo no dicho, los discursos y las prácticas. Como plantea Carballeda (2010) el escenario de intervención es donde confluyen esos componentes y allí se hace presente la intervención como dispositivo. Se configura como un conjunto capaz de ser transformado y reordenado, donde la intervención social puede ser una forma de construcción de órdenes diferentes. De manera que es posible pensar la intervención social en términos de deconstrucción de la desigualdad, “donde “intervención” también implica la posibilidad de transformación, de despejar las ataduras de la injusticia en la que se ven sumergidos nuestros países” (Carballeda, 2010:59).
El taller como dispositivo de intervención social gerontológico en contextos de desigualdad comprende procesos históricos, sociales, políticos, situados y colectivos que se configuran en la interrelación de intervenciones sociales desde la perspectiva de derechos y los sentidos y prácticas de resistencia de las vejeces históricamente invisibilizadas. A partir de lo cual se trata de construcciones colectivas que potencialmente implican procesos de socialización y politización comprendiendo la construcción de relaciones sociales político-institucionales que interpelan la construcción hegemónica de relaciones sociales mercantiles fundamentadas en los ejes de poder de género, raza/etnia, clase social y territorio y que naturaliza las desigualdades.
En este sentido, el proceso de construcción del taller con personas mayores como dispositivo de intervención social comprende la construcción y visibilización de procesos de participación social de las vejeces con implicancias en los movimientos de transformación social. Como señala Ludi (2012), si bien remite principalmente a la inserción de las personas mayores en sistemas educativos formales, el concepto de educación permanente permite pensar las implicancias socio políticas de estos procesos. La educación permanente refiere a un acto educativo que debe abarcar la totalidad de la existencia humana y “postula la capacidad constante de las personas para transformarse promoviendo la liberación de opresiones psicológicas y sociales debidas a sus condiciones de vida previas y actuales” (Yuni citado en Ludi, 2012:52). Como práctica socio-política promueve el compromiso, la inclusión y la participación “de aquellos que por efecto de las desigualdades sociales y prejuicios socioculturales sufren distintas formas de aislamiento, segregación y marginación” (Yuni, citado en Ludi:52).
De esta manera, en la construcción de los espacios de participación social de las personas mayores, la dimensión sociopolítica implica también la posibilidad de ocupar un lugar social, de habitar un espacio/tiempo en los procesos de producción y reproducción social (Yuni, citado en Ludi, 2012). En este sentido, el taller como dispositivo de intervención social además del desarrollo de determinadas actividades comprende implicancias en los procesos de reconstrucción y resignificación en constante disputa y movimiento, de ese espacio social históricamente negado, invisibilizado.
De manera que es posible considerar que en los actuales contextos caracterizados por la desigualdad y la complejidad, de fragmentación del lazo social, y en un escenario demográfico de aumento acelerado del proceso de envejecimiento poblacional, en su mayoría mujeres, la construcción del taller como dispositivo de intervención social se inscribe con la construcción de un espacio tiempo que se orienta hacia recomposición del lazo social y del lazo social intergeneracional, a través de la construcción colectiva de nuevos espacios de inserción, socialización y participación social de las personas mayores. Procesos donde circulan sentidos, donde se construyen procesos intersubjetivos de identidad y pertenencia con un otro. En esta circulación de sentidos se abren las condiciones de posibilidad de construcción de otros lugares de enunciación posibles, donde circula la problematización y resignificación de los sentidos y prácticas discriminatorias, desnaturalizando los estereotipos negativos y cuestionando las categorías jerárquicas excluyentes, configurando un espacio de anclaje de subjetividad y de construcción identitaria.
En este sentido, los procesos de construcción del taller con personas mayores como dispositivo de intervención social desde una perspectiva interseccional y de derecho comprenden espacios históricos, sociales, y políticos de participación social de las personas mayores en procesos deconolizadores y desmercantilizadores de la vejez. En efecto, se trata de procesos descolonizares y desmercantilizadores de las vejeces al poner en tensión el principio organizador de sociedades capitalistas y patriarcales en tanto orientan la construcción de relaciones sociales no mercantiles interpelando y cuestionando la construcción de la vejez como objeto de consumo y como mercancía hacia la construcción de relaciones político-institucionales como sujetos de derechos, poniendo en cuestión, en el mismo movimiento, la construcción de la vejez en términos homogéneos asociada estereotipos y prejuicios negativos.
Desde esta perspectiva el taller con personas mayores como dispositivo de intervención social en contextos de desigualdad se construye en tanto espacio tiempo donde las personas mayores participan en tanto sujetos políticos de enunciación en las disputas de sentidos, donde se visibiliza, se hace presente el conflicto y el debate en torno a concepciones y experiencias respecto del ordenamiento social, de las instituciones y organizaciones y de las formas de pensar y habitar la vejez, donde se expresa y habita la diversidad y la heterogeneidad en las vejeces.
El taller se construye en tanto espacio habilitante no solo en torno a la realización de una actividad, sino en la construcción de un espacio de pertenencia y de vinculación social en tanto inscripción en una red de relaciones entre pares, intergeneracionales e institucionales. Se configura así en tanto espacio de anclaje de subjetividad, de procesos identitarios, de construcción en tanto sujetos de enunciación, y donde habitar la vejez.
Son las propias personas mayores quienes significan y resignifican las vejeces instalando demandas, interpelaciones, problematizando el ordenamiento social que se presenta como naturalmente dado. En un movimiento que a su vez implica nuevos sentidos y prácticas de socialización, participación y acción colectiva en la construcción de relaciones sociales otras, de nuevos posibles.







