Sobre la teoría crítica de la tecnología
Andrew Feenberg
Introducción
La teoría crítica de la tecnología cuestiona la afirmación tecnocrática de que solo los expertos pueden contribuir de manera útil al diseño y uso de la tecnología. Esta afirmación ha sido desacreditada por el campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, con su comprensión constructivista del desarrollo tecnológico. Según el constructivismo, las consideraciones puramente racionales no determinan “la mejor manera” de fabricar un dispositivo. Las disciplinas técnicas generan múltiples alternativas y los criterios sociales seleccionan entre ellas aquella que finalmente se materializa. Muchas de las decisiones importantes las toman quienes tienen autoridad oficial sobre el proceso de diseño, como los reguladores, gerentes y propietarios de empresas.
Sin embargo, el público también tiene influencia en esta selección. En estos casos, se establece una comunicación entre ámbitos que, aparentemente, son ajenos entre sí. Estamos, por supuesto, familiarizados con las influencias del mercado, pero también existen demandas colectivas de nuevas funciones y cambios en los diseños. El entorno técnico ha sido transformado por protestas, boicots, manifestaciones, audiencias públicas y el uso popular de los resultados del hacking. Estas disputas públicas tienen un carácter democrático, ya que representan los valores de la población en general y no solo los intereses de las empresas.
Mi argumento se centra en la naturaleza de estas contribuciones democráticas y en cómo se relacionan con las disciplinas técnicas. A lo largo de mi trabajo, he abordado la pregunta por la tecnología así entendida a través de numerosos ejemplos concretos, como la historia de las calderas de vapor, la modernización japonesa, el Minitel y la tecnología de la información. Evalúo y tomo prestados elementos de diversas teorías, incluidos los estudios constructivistas de la tecnología, el análisis costo-beneficio, Kuhn, Habermas, Heidegger y Marcuse. La cuestión de la democratización se aborda, por tanto, desde múltiples ángulos, tres de los cuales discutiré en esta introducción. Estos son: la relación entre la tecnocracia y agencia pública, los métodos críticos para el estudio de la tecnología y, finalmente, los aspectos filosóficos de la relación entre tecnología y el mundo de la vida.
Tecnocracia y democracia
La idea de tecnocracia se remonta a Saint-Simon a principios del siglo XIX, pero solo adquiere influencia después de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, se creía ampliamente que el gobierno de expertos reemplazaría gran parte de lo que entendemos como política en las sociedades avanzadas. Los tecnócratas incipientes asumían, de manera poco realista, que todo lo debatido en la esfera pública era, en última instancia, un problema técnico. También suponían que todos los problemas técnicos podían resolverse mediante una racionalidad instrumental neutral y libre de contexto. Esto representaba verdaderamente el fin de la ideología: la reducción de los valores a los hechos.
Esta no es, por supuesto, la única forma de racionalidad, pero es la específicamente idealizada por los tecnócratas. En las sociedades modernas, toma la forma de disciplinas técnicas, en sentido amplio. Estas disciplinas no deben confundirse con las ciencias propiamente dichas, aunque utilicen resultados y métodos científicos. Las disciplinas científicas combinan estos préstamos científicos con muchos otros elementos provenientes de fuentes sociales, legales y tradicionales. Por ejemplo, la dietética se basa en la ciencia de la fisiología, pero también respeta las preferencias alimenticias tradicionales. La arquitectura utiliza métodos y conceptos de la ingeniería junto con una estética, y así sucesivamente.
A estas disciplinas o instituciones cuasicientíficas las llamo “racionalidad social”. Por racionalidad social me refiero a un procedimiento o institución formal que se asemeja a la ciencia y a las matemáticas, pero que no es esencialmente científica ni matemática. Hay tres tipos de racionalidad social. El intercambio de equivalentes se asemeja a las ecuaciones matemáticas. Caracteriza al mercado, donde el dinero se intercambia por bienes, y se emplea en todas las disciplinas técnicas en forma de cuantificación y cálculo. La clasificación y aplicación de reglas se asemejan a la identificación científica de fenómenos y la aplicación de leyes científicas. Las burocracias se caracterizan por este simulacro de racionalidad científica. Una vez más, las disciplinas técnicas aplican este enfoque a sus objetos. Finalmente, la optimización es un procedimiento que implica el cálculo y el control de recursos y dispositivos. Las empresas están constantemente comprometidas en intentos de optimizar sus actividades.
En todos estos casos de racionalidad social, la realidad, la ideología y los valores penetran en las disciplinas y diseños técnicos. La esfera técnica no está libre de contexto ni es neutral, sino que está subdeterminada por consideraciones puramente técnicas. Las controversias de valores no pueden reducirse a problemas técnicos porque la tecnología ya es un proyecto cargado de valores. Por ejemplo, el papel de la estética en el diseño de automóviles o los debates éticos en medicina sobre el aborto y los derechos de los pacientes. Cada campo tecnológico revela integraciones similares de valores y hechos en el diseño de dispositivos y sistemas.
No es sorprendente, por tanto, que el auge de la idea tecnocrática pronto fuera contrarrestado por la nueva política de la tecnología. Ambas responden a la generalización de la mediación técnica en todas las instituciones de la sociedad. La mediación técnica crea el terreno en el que los tecnócratas se sienten cómodos, pero también crea nuevos tipos de grupos sociales que reaccionan ante las tecnologías que los forman.
Algunos de estos grupos basados en la tecnología permanecen latentes, mientras que otros son inmediatamente visibles. Por ejemplo, los trabajadores de una fábrica, unidos por una tecnología de producción, son perfectamente conscientes de que forman un grupo. Grupos como estos han estado activos durante siglos a través del movimiento obrero y otras organizaciones. En contraste, los pacientes que sufren de una enfermedad específica son un ejemplo de un grupo latente generado por el sistema técnico de la institución médica que los trata. Ese sistema forma un vínculo técnico inconsciente entre ellos, que, en casos excepcionales, puede convertirse en la base para la formación consciente de un grupo. Hoy en día, los fracasos de la tecnocracia en casos como la contaminación y los abusos médicos han hecho que esas excepciones sean comunes.
Esto se debe en parte a la tecnología de la información, que permite a las personas comunicarse fácilmente a través de las distancias y barreras sociales. Cada vez más, la experiencia de los usuarios y víctimas de la tecnología influye en el proceso de diseño. Ahora pueden protestar con mayor eficacia contra los daños tecnológicos. Además, los hackers pueden materializar potenciales ignorados de la tecnología, que no fueron comprendidos por los expertos que participaron originalmente en el proceso de diseño. La introducción de la comunicación a través de redes informáticas es el ejemplo más importante de este efecto.
Estas consideraciones sobre los límites de la racionalidad social explican por qué el concepto de experiencia ocupa un lugar central en la teoría crítica de la tecnología. La experiencia, en este sentido, se refiere al mundo cotidiano. Hoy en día, ese mundo es tecnológico. Las tecnologías no son meras herramientas; crean nuestro entorno, nos atraviesan y dan forma a nuestras vidas. Como resultado, tenemos una amplia experiencia con las tecnologías. Esta experiencia es la base de una forma específica de conocimiento técnico disponible para las personas comunes. Este es un conocimiento empírico basado en el contacto directo con el entorno técnico, en lugar de un conocimiento formalizado como el que poseen los expertos. Aparece en muchos contextos, por ejemplo, en reclamos sobre la contaminación, pero también en ideas útiles sobre cómo mejorar las interfaces informáticas.
Este conocimiento proporciona la base para opiniones e intervenciones en el mundo de la tecnología. En los últimos años, la formación de la opinión y la intervención se han vuelto un lugar común. La tecnología ha entrado en la esfera pública a medida que se han multiplicado las protestas por cuestiones ambientales y médicas, y el hacking ha transformado la computadora en un medio de comunicación. La generalización de estas intervenciones plantea la posibilidad de una organización más democrática de la sociedad tecnológica, en la que la interacción entre las disciplinas técnicas y la experiencia del mundo de la vida sea algo rutinario y no excepcional, como sigue siendo hoy en día.
Estas reflexiones sobre la política de la tecnología revelan una relación compleja entre la sociedad y su base técnica. Las tecnologías que median y, por ende, crean grupos sociales se convierten en objeto de acción por parte de esos grupos, a medida que sus miembros toman conciencia de sus puntos en común y modifican los vínculos técnicos que los unen. Sus protestas y preferencias deben ser traducidas por los expertos técnicos en diseños y sistemas que aprovechen potenciales técnicos previamente ignorados. Los expertos y el público ahora están en comunicación, lo deseen o no.
Cuestiones de método
Ahora me centraré en las cuestiones de método. La teoría crítica de la tecnología se basa en una combinación de ideas provenientes de los estudios constructivistas de la tecnología, la fenomenología, la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. ¿Por qué esta combinación? Comencé estudiando a Heidegger, pero encontré sus escritos sobre tecnología demasiado abstractos y apolíticos para servir como una teoría adecuada. En la versión de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt de Marcuse, nos acercamos más a la realidad. Él vislumbra la posibilidad de alternativas tecnológicas, de diseños diferentes para el mundo tecnológico, pero no ofrece un análisis de las tecnologías en sí mismas. El constructivismo proporciona las herramientas analíticas para estudiar las tecnologías, pero se desarrolló como una disciplina académica especializada y apolítica, sin una visión más amplia del sistema social en el que funciona la tecnología. Aunque se han realizado intentos para superar este legado, los resultados hasta ahora han sido limitados.
Para establecer una combinación coherente de mis diversas fuentes, me enfoco en la relación entre las disciplinas técnicas y el mundo de la vida. Esta relación pone de manifiesto la complejidad inherente de la tecnología reflejada en estas diferentes fuentes. Las disciplinas técnicas trabajan con la causalidad, mientras que las diversas tradiciones teóricas que utilizo se preocupan principalmente por el significado. De hecho, los dispositivos y sistemas técnicos tienen tanto propiedades causales como significados determinados por su lugar en la sociedad. Combinar y coordinar estos aspectos en la práctica produce diseños específicos. Por lo tanto, debería ser posible combinarlos y coordinarlos teóricamente en el análisis de la tecnología.
El término que he introducido para significar la intersección de causalidad y significado es “código técnico”. Un código técnico es una especificación técnica que corresponde a un significado social. Por ejemplo, las especificaciones técnicas sobre el tamaño de los refrigeradores son determinadas por los fabricantes en función del tamaño familiar y la estructura urbana del mercado donde se venderán. Las familias grandes con acceso a supermercados mediante autopistas necesitan refrigeradores grandes. En cambio, una ciudad como París, con familias pequeñas y donde la gente camina a las tiendas, requiere refrigeradores mucho más pequeños. Así, las especificaciones técnicas sobre el tamaño abarcan toda una sociología urbana y familiar.
Otro ejemplo más complejo muestra el papel de la cultura tradicional en el diseño tecnológico. Las máquinas de fax fueron originalmente diseñadas en Estados Unidos como equipos de oficina. Las primeras eran muy grandes y caras. Japón tomó la idea e, inspirado por su tradición de miniaturización, transformó la máquina de fax en un producto pequeño y asequible para los consumidores. Esta nueva especificación técnica siguió un impulso cultural ajeno y alcanzó nuevos mercados.
Estos ejemplos resaltan un principio metodológico importante. Las tecnologías no son conjuntos orgánicos como los animales y las plantas, sino concatenaciones de elementos funcionales que se corresponden a diversas influencias sociales en el diseño. Las funciones que cumplen dependen de las influencias y significados sociales. Estas funciones aparecen como capas en la constitución de un ensamblaje tecnológico.
El filósofo de la tecnología Gilbert Simondon exploró profundamente las implicaciones de este enfoque. Argumentó que la tecnología tiene una tendencia inherente a combinar funciones en un menor número de estructuras. Los diseños iniciales de una tecnología son “abstractos”, en el sentido en que cada función se asigna a una estructura separada. Pero a medida que la tecnología evoluciona, las combinaciones ingeniosas de funciones simplifican el dispositivo y mejoran su eficiencia. Simondon llama a esto “concretización”. Las capas pueden seguir distinguiéndose, pero solo analíticamente, una vez que han sido concretizadas efectivamente en una sola estructura. Simondon da el ejemplo del motor enfriado por aire, que combina el enfriamiento y la contención de los cilindros en el caso del motor, diseñado tanto para proteger el motor como para disipar el calor.
Los ejemplos de Simondon tienden a ser como este, puramente técnicos, pero podemos sustituirlos fácilmente por ejemplos que tienen un significado social más amplio. A menudo, cuando se aplica el análisis costo-beneficio a reformas ambientales propuestas, se asume que cumplir con nuevos estándares ambientales requerirá la introducción de nuevas estructuras, lo que aumentará los costos y reducirá la eficiencia. La combinación de capas puede, de hecho, complicar una tecnología de manera que reduzca su eficiencia, pero también es posible combinar capas mediante innovación para crear un dispositivo más eficiente y simplificado.
El control de la contaminación de los gases de escape de los automóviles pasó por dos etapas que reflejan estas dos posibilidades. Al principio, se añadieron convertidores catalíticos a la tecnología existente, lo que complicó el diseño y redujo la eficiencia del combustible. Más tarde, una sola estructura, la inyección de combustible, mejoró tanto el control de la contaminación como la eficiencia del combustible. Los convertidores catalíticos ahora simplemente añaden insumos adicionales. Los nuevos estándares ambientales estimularon innovaciones que concretizaron, en lugar de complicar, el diseño automotriz. En tales casos, las diferentes influencias sociales trabajan juntas en lugar de entrar en conflicto. Esto sugiere un patrón general para la reforma del sistema industrial bajo el impacto de valores democráticos.
Formulo la base de este enfoque metodológico en lo que llamo la “teoría de la instrumentalización”.[1] La “instrumentalización primaria” opera a nivel causal. Descontextualiza fenómenos para incorporarlos en un dispositivo. En términos heideggerianos, podríamos decir que “desmundan” aspectos de la naturaleza al separarlos de su entorno natural para reconstituirlos funcionalmente. Al mismo tiempo, la instrumentalización primaria sitúa al sujeto en una relación técnica con el mundo.
La “instrumentalización secundaria” opera a nivel del significado. Reintegra al mundo social los elementos de la naturaleza extraídos por la instrumentalización primaria, otorgándoles significados sociales. Al mismo tiempo, orienta al sujeto técnico hacia los significados sociales realizados por la tecnología. Como estos son significados, se aprehenden en una relación hermenéutica que permite diferencias de interpretación, conciencia y crítica. La instrumentalización secundaria permite iniciativas más allá del uso previsto de la tecnología.
Las dos instrumentalizaciones se distinguen analíticamente en el diseño de dispositivos y sistemas técnicos. Consideremos el ejemplo de la tala de árboles y la construcción de una casa. En cada etapa del proceso, nuevas instrumentalizaciones primarias corresponden a nuevas instrumentalizaciones secundarias, lo que produce un producto cada vez más específico.
- La tala de árboles es un proceso causal, pero también se basa en significados sociales. Solo se pueden cortar ciertos árboles y la elección depende de consideraciones legales y de mercado. Esta es una instrumentalización secundaria inicial.
- Otras instrumentalizaciones secundarias entran en juego cuando los árboles se cortan para proveer madera. El tamaño y las formas de las tablas están determinadas por una tradición técnica que refleja elecciones sociales hechas por los creadores de un estilo de vivienda nacional o regional.
- Luego, las tablas se combinan para construir una casa de acuerdo con un código de construcción socialmente establecido y una estética perteneciente a un lugar, era o estrato social.
- Finalmente, los propietarios deciden cambios basados en su experiencia de vivir en la casa. Las nuevas instrumentalizaciones secundarias, elaboradas discursivamente por los ocupantes, deben lograr una realización técnica coherente.
En cada etapa, las instrumentalizaciones primarias están involucradas en procesos causales de construcción y las instrumentalizaciones secundarias controlan y canalizan la aplicación de los poderes causales en una dirección específica.
Tecnología y mundo de la vida
El concepto de mundo de la vida proviene de la fenomenología, donde fue desarrollado por Husserl y Heidegger. Describe el sistema de significados dentro del cual los sujetos se mueven en su vida cotidiana. Husserl argumentó que el mundo de la vida es la base y la fuente de los conceptos científicos. Heidegger usó el término simple “mundo” para referirse a algo similar. El mundo de Heidegger tiene que ver con la práctica de significados encarnados, especialmente aquellos que guían y se manifiestan en la forma cotidiana de lidiar con la realidad.
Las disciplinas técnicas y la experiencia con las tecnologías pueden entenderse tanto en términos del concepto de mundo de Husserl como del de Heidegger. Los conceptos de las disciplinas técnicas están fundados en las fuentes del mundo de la vida, como argumentaría Husserl, y la experiencia con la tecnología refleja prácticas que ponen en acto significados, como sostendría Heidegger. Por lo tanto, el concepto de mundo de la vida es útil para el estudio de la tecnología.
Sin embargo, en las sociedades modernas, el mundo de la vida no constituye todo el mundo. Las sociedades modernas están diferenciadas en el sentido de que varias funciones se han separado del mundo de la vida. Estas aparecen como especializaciones basadas en competencias o sistemas, como el mercado. Las disciplinas técnicas son un ejemplo evidente de esta diferenciación. Logran una independencia parcial del flujo de opinión y acción del mundo de la vida mediante la aplicación de procedimientos socialmente racionales. Pero sintetizan insumos cuasicientíficos y del mundo de la vida en un todo formalmente coherente y consistente, por lo que todavía están profundamente integradas en el mundo de la vida. La invención es producto de tales síntesis, generalmente realizadas por expertos técnicos.
El mundo de la vida también está diferenciado en las sociedades modernas en el sentido de que ya no incluye gran parte del conocimiento técnico requerido por los dispositivos de uso diario. La noción de Albert Borgmann sobre el “paradigma de dispositivo” explica este desprendimiento del mundo de la vida de muchas tareas técnicas. Sin embargo, la diferenciación del mundo de la vida solo es parcial. La experiencia con las tecnologías es una fuente de un conocimiento técnico único “desde abajo”. Cada usuario sabe cosas sobre su computadora que desearía que el diseñador hubiera sabido al diseñarla.
Las tecnologías son, por tanto, objetos de dos formas de conocimiento, ninguna de las cuales es completa. La incompletitud se manifiesta de las siguientes maneras. Por un lado, las disciplinas técnicas tienen un legado histórico de insumos sociales que, en gran medida, se olvida cuando los expertos los reformulan como especificaciones técnicas en códigos técnicos. Ese legado puede cegar a los expertos ante los efectos de sus actividades y creaciones sobre las víctimas que fueron silenciadas en una era anterior. Por otro lado, el mundo de la vida carece de conocimiento técnico formal pero posee conocimiento sobre efectos secundarios, contextos y potenciales que pueden haber sido ignorados por los expertos. Estas dos formas de conocimiento se complementan, aunque a menudo se perciben como conflictivas.
Los dispositivos técnicos están destinados a usarse técnicamente para un propósito inscrito en su diseño. Pero en el proceso de invención por parte de expertos técnicos y en el curso de la reinvención por parte de usuarios, víctimas y hackers, los propios propósitos se transforman. Las tecnologías son, en sí mismas, objetos de una práctica de orden superior que no es técnica. Esta es una acción que aborda significados, no cosas. Es la forma específica de práctica creativa que pertenece a la instrumentalización secundaria tal como se vive cotidianamente en el mundo de la vida.
Desarrollo estos temas a través del contraste entre la filosofía tardía de Heidegger y la teoría crítica de Marcuse. Heidegger argumenta que el mundo de la vida está completamente abrumado por la tecnología. La práctica creativa ya no es posible. Todo se ha convertido en un objeto técnico que, en un contexto moderno, significa materia prima o componente de un sistema técnico que “desafía” a la naturaleza para que entregue sus poderes hacia propósitos humanos. Los seres humanos también son incorporados al sistema y ya no se reconocen a sí mismos como el locus del reconocimiento del significado. Heidegger no ve ninguna salida a esta situación. Llama, de manera bastante desesperanzada, a una “relación libre” con la tecnología, pero esto no es un programa de reforma. Parece significar nada más que vivir con la tecnología existente con un espíritu diferente, presumiblemente más filosófico.
Marcuse fue un temprano estudiante de Heidegger, pero pronto rompió con él y se unió a la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, en la década de 1960, la filosofía radical de la tecnología de Marcuse muestra la influencia de Heidegger. Marcuse también ve la destrucción completa del mundo de la vida por un a priori tecnológico que trata todo como material manipulable e intercambiable para la producción y el consumo. Las potencialidades inherentes de las personas y las cosas son ignoradas al ser integradas en la maquinaria del capitalismo. A diferencia de Heidegger, Marcuse sostiene la posibilidad de una transformación de la tecnología. Al menos en un principio, es posible que los seres humanos introduzcan nuevas consideraciones valorativas en el diseño de tecnologías, de modo que las orienten hacia propósitos benignos y creen un entorno que afirme la vida.
Marcuse fue testigo de los inicios del movimiento ambientalista y vio en él una confirmación de su crítica, con su promesa de una posible transformación. De hecho, las luchas en torno a la tecnología se han multiplicado en las sociedades avanzadas y ahora aparecen diariamente en las portadas de los periódicos. Este desarrollo confirma en términos generales tanto la idea de tecnificación invasiva explorada por Heidegger y Marcuse como la resistencia esperada por Marcuse. La experiencia con estas luchas y los avances en el estudio de la tecnología hacen posible un análisis mucho más preciso y detallado de la política de la tecnología que el logrado por cualquiera de estos filósofos.
El avance clave es la perspectiva hermenéutica sobre la gama completa de significados de los dispositivos técnicos. Las luchas en torno a la tecnología son luchas sobre estos significados. Por ejemplo, ¿es la contaminación del aire parte del significado del automóvil? Mientras pueda ignorarse, no será necesario hacer nada para reducirla. El diseño del automóvil permanece como una “caja negra” impenetrable, indiferente a la contaminación. Pero una vez que el público reacciona y exige aire más limpio, la caja negra se abre. Se vuelve evidente que el diseño del automóvil depende de las fuerzas sociales y políticas contingentes. La dimensión relacional de lo que parecía una cosa cuasinatural se hace visible.
La teoría crítica de la tecnología afirma la creciente importancia de las intervenciones democráticas en la reconfiguración de las tecnologías y disciplinas técnicas. Este es un punto de inflexión histórico. El sistema industrial evolucionó bajo un sistema extraordinariamente antidemocrático de propiedad privada y control de la innovación técnica. Los pocos actores con influencia sobre el diseño dedicaron la tecnología, sin reservas, a la búsqueda del lucro. Aquellos perjudicados por los efectos secundarios de esta frenética búsqueda fueron silenciados. Solo ahora están encontrando una voz. La consecuencia puede ser una transformación radical de las sociedades industriales.
Conclusión: la modernidad en América Latina
¿Cómo se relaciona esta promesa con América Latina? La corriente principal de la teoría y práctica del desarrollo en América Latina está vinculada con los modelos de Estados Unidos y Europa. La búsqueda de un camino original de desarrollo aún no ha comenzado. Por el contrario, la imitación es la norma.
La tecnología en cuestión representa un nuevo enfoque en el estudio filosófico de la tecnología, diferente de los supuestos deterministas actualmente influyentes que guían las políticas, así como del campo de la ética aplicada, que busca humanizar los desarrollos. Los argumentos éticos suelen tomar la tecnología existente como un trasfondo determinista y no cuestionan los orígenes sociales de su diseño y evolución. En mi opinión, la cuestión de los valores que debe abordar la filosofía concierne precisamente a estos aspectos sociales de los diseños técnicos. Este enfoque conduce directamente a la cuestión de la naturaleza de la modernidad y la posibilidad de alternativas al modelo occidental dominante.
En este contexto, la reflexión occidental sobre la tecnología y la sociedad podría contribuir a una actitud más selectiva y crítica en América Latina. La ambición de la teoría crítica de la tecnología es provocar la idea liberadora de que el futuro social no es meramente una extrapolación cuantitativa del presente. Por supuesto, sabemos esto de manera general, pero no es tan fácil aplicar ese conocimiento general a casos específicos. En cuestiones técnicas, tendemos a pensar en términos de menos o más: más potencia de cálculo, más electricidad, más automóviles y aviones, y así sucesivamente. Se pasa por alto el punto de inflexión donde la cantidad se convierte en calidad, donde, por ejemplo, añadir más potencia de cálculo transforma la computadora de un instrumento de trabajo profesional a una tecnología de consumo. El cambio resultante de un continuum de desarrollo a otro rara vez se conoce de antemano. Pero en la medida en que la modernidad se define por la penetración de la tecnología en todas las esferas de la vida social, estos límites comprensibles de nuestra imaginación técnica se convierten en límites inaceptables para la teoría social.
La tecnología no está intrínsecamente atada a los modelos de Estados Unidos y Europa. La tecnología moderna refleja sus orígenes y, por lo tanto, la imitación e importación de esta tecnología en América Latina han provocado una transformación tanto cultural como técnica. No obstante, las sociedades latinoamericanas tienen raíces culturales diferentes a las occidentales, y esta diferencia tiene algún impacto en su versión de la modernidad. Tales diferencias podrían manifestarse en diseños tecnológicos que enriquezcan la tecnología mundial con ideas e invenciones estimuladas por un entorno cultural diferente.
¿Pueden las naciones latinoamericanas hacer una contribución original? Esta es una pregunta para la cual mi trabajo no ofrece ninguna respuesta definitiva. Sin embargo, espero que esta publicación amplíe el rango de discusiones en los estudios sobre la tecnología, permitiendo que los filósofos relacionen los temas de ese campo con cuestiones más amplias sobre la modernidad y el futuro de América Latina.
- En mis escritos recientes, los llamo “funcionalización cultural” y “funcionalización causal”.↵









