En este capítulo se analizarán algunos cambios en los estilos de vida de las clases medias porteñas, como las formas de organización familiar, los vínculos con las prestaciones estatales y los consumos culturales. Estamos comenzando un segundo nivel de análisis, más cercano al comportamiento político, pero todavía en un nivel macro. Sin embargo, el análisis de los estilos de vida nos permitirá mediar y establecer relaciones entre las transformaciones estructurales y los comportamientos políticos de los electores radicales.
Los estilos de vida pueden ser caracterizados como un conjunto de actividades y posesiones estrechamente entrelazadas que expresan la pertenencia a una clase social y que llegan a “simbolizarla” (Barber, 1991:141). Los modos de conducta, la organización de la vida cotidiana y las preferencias estéticas y culturales no están disociados de las actividades económicas y profesionales. En este sentido, los cambios en los estilos de vida están vinculados a la transformación morfológica de las clases medias descripta anteriormente. En este capítulo abordaremos algunos cambios en los estilos de vida relacionados con la organización familiar, el uso de las prestaciones estatales y el consumo cultural. Sin duda, el espacio de los estilos de vida es sumamente amplio y susceptible de diversas caracterizaciones. En este caso, se prioriza un conjunto de actividades que comúnmente se relacionan con las identificaciones partidarias y la conducta electoral. En primer lugar, desde los estudios pioneros de comportamiento electoral (Lazarsfeld et al., [1944]; Campbell et al., 1960), el grupo familiar ha sido caracterizado como un ámbito privilegiado de socialización política y de reproducción de las identificaciones partidarias. Sin embargo, es posible que los cambios en la “familia” y los roles de género modificaran las pautas de socialización política que habían analizado los sociólogos en la década del cincuenta. En este sentido, gran parte de las condiciones de trasmisión de la socialización política de los votantes radicales pudieron verse alteradas por los cambios que tuvieron lugar en la misma organización familiar. En segundo lugar, el rol del Estado en relación a las prestaciones de salud, educación y servicios resulta de particular importancia, en la medida en que todos los partidos y, en particular, la UCR, tienden a interpelar a sus votantes a partir de propuestas basadas en algún tipo de política estatal. Por último, el tipo y las formas de consumo cultural de las clases medias tendieron a modificarse, producto de la introducción de las nuevas tecnologías de la información y de los medios masivos de comunicación. Con la globalización tecnológica, las clases medias diversifican su consumo cultural y cuentan con mayor información sobre la coyuntura política.
2.1 La reorganización familiar
Las pautas de formación de la familia se transformaron a lo largo de las últimas décadas, y muchos de los cambios se acentuaron en los años noventa, entre ellos la postergación del primer matrimonio, el aumento de la unión consensual y la disminución del número de hijos. Estos cambios son significativos porque revelan, particularmente en el caso de las generaciones más jóvenes, nuevas formas de constituir el ámbito familiar que difieren de lo que hasta entonces eran las tradicionales. Según Torrado, los sectores medios de la Ciudad de Buenos Aires manifiestan los comportamientos más “modernos” en términos de la organización familiar: nupcialidad más tardía, menor fecundidad, mayor número de hogares unipersonales, de familias monoparentales y de mujeres cabeza de familia (Torrado, 2003:506). A lo largo del período que nos ocupa, estos cambios se han ido radicalizando.
En el cuadro siguiente puede apreciarse la progresiva elevación de la edad media del primer matrimonio, tanto de varones como de mujeres.
Edad media al primer matrimonio por sexo. Años 1990-1995/2003
| Año | Varón | Mujer |
| 1990 | 29.3 | 28 |
| 1995 | 29.5 | 28.2 |
| 1996 | 29.6 | 28 |
| 1997 | 29.6 | 28.2 |
| 1998 | 29.5 | 28.2 |
| 1999 | 30 | 28.6 |
| 2000 | 30.1 | 28.7 |
| 2001 | 30.3 | 28.9 |
| 2002 | 33.6 | 30.9 |
| 2003 | 33.8 | 31.1 |
Elaboración propia en base al Anuario Estadístico 2003 del GCBA.
Como manifestó Torrado, los cambios en la dinámica de la nupcialidad, tales como la elevación de la edad media del matrimonio y el aumento del celibato están vinculados a la creciente independencia económica de las mujeres de estos sectores, lograda gracias a la educación superior (Torrado, 2003:509). Por otro lado, a lo largo de los años noventa aumentó notablemente el porcentaje de uniones de hecho. Es necesario resaltar que, a lo largo de la serie, el porcentaje de uniones se triplicó en las generaciones más jóvenes, lo que supone un cambio extraordinario en las pautas de formación familiar ligadas al matrimonio legal. En términos generales, el aumento de las uniones de hecho explica el descenso de la tasa bruta de nupcialidad, así como de la tasa de divorcio (Anuario Estadístico, 2004).
Porcentajes de uniones de hecho en la población mayor de 15 años, por grupo de edad. Años 1990-1995/2001
Octubre de |
Total |
Grupo de edad |
|
15 – 34 |
35 y más |
||
1990 |
4.4 |
4.7 |
4.2 |
1995 |
5.5 |
6.5 |
5.0 |
1996 |
6.2 |
6.4 |
6.1 |
1997 |
5.8 |
6.6 |
5.3 |
1998 |
7.1 |
8.7 |
6.2 |
1999 |
5.8 |
7.7 |
6.6 |
2000 |
9.7 |
11.4 |
8.6 |
2001 |
10.1 |
12.0 |
9.0 |
Elaboración propia en base al Anuario Estadístico 2003 del GCBA.
El considerable aumento en las uniones puede interpretarse como producto de los cambios en los valores tradicionales respecto al matrimonio, particularmente entre las generaciones más jóvenes de los sectores medios en donde la “relación pareja” aparece como una nueva forma de organizar los vínculos y la intimidad. Como sostiene Margulis: “en la actualidad, cuando el matrimonio formal ha cedido el papel que históricamente ha tenido en la reproducción social, tanto en sus aspectos jurídicos y patrimoniales como en el del plano político y el de las sanciones morales, ha crecido la atención a la dinámica de la pareja y a los cambios, contradicciones y conflictos que acarrea la rápida transformación ocurrida en el terreno de la sexualidad y las relaciones entre los géneros” (Margulis, 2003:126). Ahora bien, posiblemente el debilitamiento de las regulaciones y valores tradicionales respecto a la organización familiar trae consigo una atenuación de los vínculos en sí mismos. En este sentido, Binstock sostiene que “no sólo el matrimonio se ha ido postergando, llegando en algunos casos a ser reemplazado por la unión consensual, sino que los matrimonios de las nuevas generaciones suelen ser más frágiles y más propensos a disolverse que los matrimonios de las generaciones anteriores” (Binstock, 2004:15).
Gran parte de estos cambios en la organización familiar de las clases medias estuvieron motorizados por el acceso de la mujer a los niveles más altos de educación y por su consiguiente incorporación al trabajo. Respecto al nivel educativo, es necesario mencionar que, en la Universidad de Buenos Aires, las estudiantes mujeres pasaron de representar el 54%, en 1992, a constituir el 60,4%, en 2004 (Censo Estudiantes UBA, 2004). Debe tenerse en cuenta que, a fines de la década del sesenta, las mujeres constituían sólo un tercio de la matricula estudiantil. En cuanto a su inserción profesional, las mujeres también mejoraron su posición: en 1992 había 109.294 universitarias ocupadas en la Ciudad, que representaban el 39,6% de los ocupados universitarios, mientras que en 2001 la cantidad se había elevado a 177.503, constituyendo un 48.6%. Como afirma Margulis, estos cambios en el mundo laboral y profesional posibilitaron que las mujeres de clase media ocuparan un lugar de mayor autonomía, y supusieron una ruptura con los modelos y mandatos sociales que giraban en torno a su papel de madre y esposa (Margulis, 2003:128).
Por último, se deben mencionar algunas transformaciones en los comportamientos de género. Como puso de manifiesto Wainerman (2005), los roles de género en las familias de clase media se han modernizado. En estos sectores, suele haber una jefatura del hogar compartida. Los varones se involucran en actividades del hogar que anteriormente eran realizadas exclusivamente por mujeres, tales como compras, cuidado de los niños, limpieza, etc. Con ciertas limitaciones, es posible afirmar que las actividades del hogar se han democratizado entre las clases medias de la Ciudad, dando lugar a una mayor igualdad entre los géneros. La negociación de las tareas domésticas, el aporte al presupuesto familiar y la crianza de los niños sin duda generan nuevos conflictos, pero la tradición ya no ofrece un marco de regulación de los mismos.
2.2 Los cambios en la relación con el Estado
Los debates en torno a las relaciones entre las clases sociales y el Estado estuvieron presentes desde los inicios de la Sociología. El problema es, sin duda, complejo y adquiere diversas aristas, dependiendo de los distintos posicionamientos teóricos[1].
En este trabajo entenderemos la relación entre las clases medias y el Estado como una relación social en la que los aparatos del Estado (escuelas, universidades, hospitales, bancos, etc.) contribuyen a la formación y reproducción de las clases. La expansión y ascenso de las clases medias de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX estuvo ligada a la ampliación de los aparatos estatales, particularmente a la educación pública. En las expectativas de estos sectores, la elevación del nivel educativo aparecía como un requisito central para ascender, o para mantener el nivel social (Germani, 1943). Sin duda, la salud pública, las protecciones laborales y el acceso al crédito entre otras acciones estatales también contribuyeron a la formación y reproducción de las clases medias. Sin embargo, la relación entre las clases medias y el Estado comenzó a transformarse en los primeros años de la década del noventa. Los aparatos estatales dejaron en parte de contribuir a la reproducción social de esta clase y las prestaciones públicas correspondientes a los servicios educativos, de salud y diversas protecciones sociales quedan supeditadas a la oferta del mercado.
En el cuadro siguiente, puede apreciarse el crecimiento de la matrícula de las Universidades e Institutos privados en la Ciudad de Buenos Aires. El cambio es, sin duda, significativo, porque, tradicionalmente, las clases medias habían estado asociadas con la Universidad Pública. Como mencionamos anteriormente, el crecimiento de los egresados parece estar relacionado con nuevas ofertas de títulos, acordes a los cambios que habían tenido lugar en la reconfiguración del empleo como mencionamos antes. En este sentido, puede observarse en el cuadro “Egresados de Universidades e Institutos de Gestión Privada y Universidades Públicas de la Ciudad de Buenos Aires. Años 1994/1998/2002” la extraordinaria variación porcentual de los egresados de universidades privadas frente a las públicas.
Sin embargo, esto no explica en su totalidad la creciente preferencia por el sector privado. Es, sin duda, la misma idea de lo público y del rol asignado al Estado lo que tendió a transformarse. Posiblemente, la desconfianza frente a lo público contribuyó a debilitar la legitimidad anteriormente acordada a la universidad estatal en lo que respecta a la calidad de su enseñanza y a la validez de sus diplomas. Al atenuarse el reconocimiento y el valor de lo público, la demanda se desplazó hacia la oferta privada. Por otro lado, la pérdida de legitimidad del Estado está fuertemente asociada, como sostiene Sidicaro (2001), al debilitamiento y deterioro de las capacidades estatales en la década del noventa.
Alumnos matriculados en Universidades e Institutos de gestión privada. Años 1995-2003
| Años | Matricula |
| 1995 | 77,461 |
| 1996 | 81,891 |
| 1997 | 88,001 |
| 1998 | 95,965 |
| 1999 | 103,502 |
| 2000 | 110,516 |
| 2001 | 102,460 |
| 2002 | 108,753 |
| 2003 | 114,822 |
Elaboración propia en base al Anuario Estadístico 2005 del GCBA.
Egresados de Universidades e Institutos de Gestión Privada y Universidades Públicas* de la Ciudad de Buenos Aires. Años 1994/1998/2002. Variación porcentual 1994/2002
Año |
Gestión Privada |
Universidades Públicas |
1994 |
5.665 |
13.752 |
1998 |
9.312 |
10.004 |
2002 |
11.189 |
13.954 |
Variación porcentual 94-02 |
97.5 |
1.4 |
*Se sumaron los egresados de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Tecnológica Nacional. Sin embargo no pudimos contabilizar los datos de egresados en las universidades del conurbano bonaerense que residan en Capital Federal. Elaboración propia en base al Anuario Estadístico 2005 del GCBA.
Un razonamiento similar puede aplicarse en el caso del desplazamiento de la seguridad social hacia las AFJP, en la medida en que las bajas jubilaciones estatales posiblemente fueron las responsables de que se optara en favor de la opción privada. Tampoco hay que soslayar la eficacia del discurso neoliberal imperante en esos años. Efectivamente, la gestión privada fue imbuida de los valores de eficacia, transparencia y eficiencia, mientras que al Estado se lo describía como el lugar de lo imprevisible, un ámbito corrupto e ineficiente. Sin duda, el discurso neoliberal encontró las condiciones necesarias de verosimilitud para hacerse creíble en el imaginario colectivo, que, desde hacía un tiempo, manifestaba un profundo malestar por el estado de las jubilaciones públicas.
Seguridad social. Aseguradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Cantidad de afiliados y aportantes. Años 1997-2002
| Año | Afiliados | Aportantes |
| 1997 | 512,186 | 339,852 |
| 1998 | 1,175,681 | 555,557 |
| 1999 | 1,208,478 | 543,487 |
| 2000 | 1,527,709 | 597,717 |
| 2001 | 1,618,287 | 478,431 |
| 2002 | 1,716,277 | 558,384 |
Elaboración propia en base a Indicadores Económicos de 2002 del GCBA.
Si bien no contamos con datos sobre la evolución de los afiliados de las prestadoras privadas de servicios de salud, sí nos fue posible acceder al tipo de cobertura médica de la población en 2003. En cuadro el siguiente puede apreciarse el porcentaje de población por cobertura en los diferentes Centros de Gestión y Participación.
Distribución porcentual de la población por tipo de cobertura médica según Centro de Gestión y Participación. Ciudad de Buenos Aires. Año 2003.
| Tipo de cobertura | ||||
| CGP | Sistema Público | Obra Social | Medicina pre paga | Otros |
| 1 | 23.6 | 49.5 | 18.3 | 8.6 |
| 2 norte | 11.5 | 41.5 | 38.2 | 8.8 |
| 2 sur | 28.3 | 54 | 12.2 | 5.5 |
| 3 | 33.1 | 53.6 | 8.9 | 4.3 |
| 4 | 33.4 | 51.8 | 8.8 | 6.1 |
| 5 | 46.2 | 43.8 | 7.8 | 2.2 |
| 6 | 16.3 | 55.7 | 18.5 | 9.5 |
| 7 | 25.8 | 50.6 | 15.9 | 7.8 |
| 8 | 51.5 | 43.9 | 2 | 2.5 |
| 9 | 29 | 53.4 | 11.1 | 6.5 |
| 10 | 22.8 | 51.8 | 18.7 | 6.7 |
| 11 | 25 | 53.5 | 14.1 | 7.4 |
| 12 | 21.7 | 48.5 | 18.2 | 11.7 |
| 13 | 13.8 | 48.1 | 28.1 | 10 |
| 14 oeste | 14.4 | 50.6 | 25.7 | 9.4 |
| 14 este | 17.7 | 45.8 | 26.7 | 9.9 |
| Total | 24.8 | 49.9 | 17.6 | 7.6 |
Fuente: Encuesta Anual de Hogares. Año 2003. Dirección General de Estadística y Censos.
El tipo de cobertura prepaga tiene el porcentaje más alto en el CGP 2 norte (Recoleta), que es también el que menos utiliza el sistema público. Siguen el CGP 13 (Núñez y Belgrano) y el 14 (Palermo y Colegiales); en dichas zonas, la utilización del sistema público es mínima. En todos los casos, el porcentaje con cobertura privada supera el 25% de la población. Teniendo en cuenta los CGP donde el servicio de salud público es menor al 25%, pueden agregarse los centros 6 (Almagro y Caballito), 10 (Villa Devoto y Monte Castro) y 12 (Saavedra, Villa Urquiza y Coghlan); en su mayoría se trata de los barrios tradicionales de las clases medias porteñas.
Durante los noventa, y en el contexto de cambio estructural, la relación entre el Estado y las clases medias sufrió profundas modificaciones. Dicho cambio puede ser entendido como un proceso de desestatización de las clases medias, a través del cual una parte de los servicios educativos, de salud y protecciones sociales dejaron gradualmente de ser cubiertos por el Estado para pasar a manos del sector privado. Esto supuso, sin duda, una transformación en las representaciones sobre lo público y sobre el rol del Estado, que ya no aparece asociado con el progreso y el ascenso social, sino con la decadencia, la corrupción y la ineficiencia.[2] Siguiendo a Norbert Elias (1982:325), este viraje hacia el mundo privado puede pensarse como un “distanciamiento” de lo público, que contribuyó a un desinterés político cada vez mayor por los aparatos estatales. El concepto de “distanciamiento” hace referencia a una transformación en la configuración social, particularmente en los vínculos de interdependencia. En este sentido, puede utilizárselo para describir el cambio de las relaciones entre las clases medias y el Estado. Anteriormente, la escuela y la universidad pública, al igual que la cobertura de salud y otras prestaciones estatales atravesaban la organización y la acción de las familias, constituyendo un referente inmediato de preocupaciones, apuestas y expectativas, mientras que ahora parte de esos intereses pasan a depender del mundo privado, haciendo que las familias tengan menor implicación con lo público y una mayor independencia frente a los aparatos estatales.
2.3 Nuevos consumos culturales
El proceso de globalización motivó un cambio notable en las prácticas culturales de la Ciudad. La adquisición de nuevas tecnologías (aparatos musicales, reproductores de música, televisión y computadoras) a lo largo de los 90 fue la base material que permitió ampliar y renovar el consumo de películas, libros y acceder a nuevos medios de comunicación masivos. En los primeros años del período, creció de forma notable el abono al cable y al teléfono, y, ya más cerca del final de la década, el acceso a Internet. Sin duda, el tipo de consumo y los usos de las tecnologías dependen del capital económico y cultural disponible por los individuos, pero resulta innegable que la transformación y la ampliación de la tecnología disponible alteró los consumos culturales de todos los sectores sociales. En lo que respecta a los hogares de clase media, Wortman afirma que “la casa recupera cierta centralidad como ámbito del consumo cultural, aunque, a diferencia del hogar burgués típico, en donde lo privado era el ámbito de lo íntimo donde se constituía la subjetividad privada para desenvolverse en el espacio público, ahora, a partir de Internet, la casa pasa a ser el marco del vínculo globalizado del sujeto con el mundo cultural, el ámbito de procesos comunicacionales y de circulación de mensajes, a través de la computadora y la TV satelital” (Wortman, 2001:137).
El gráfico siguiente expresa los distintos usos del tiempo libre de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. Como puede apreciarse, las tres actividades mayoritarias corresponden a mirar televisión (59%), escuchar música (47%) y radio (44,80%).[3] Si bien están asociadas con la vida privada, estas prácticas suponen un consumo de medios masivos y son la puerta de entrada de productos culturales globales, que van desde información hasta música, películas y series.
Usos del tiempo libre
|
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
Una característica interesante de las prácticas culturales relacionadas con el consumo masivo es que son mayoritarias en todos los estratos socioeconómicos. De hecho, son los sectores altos y bajos los que más miran televisión en su tiempo libre.
Mirar TV según nivel socioeconómico
Nivel socioeconómico |
Mirar TV |
Total |
||||
Alto |
Sí 65.3% |
No 34.7% |
100% |
|||
Medio Alto |
Sí 61.4% |
No 38.6% |
100% |
|||
Medio Bajo |
Sí 57.3% |
No 42.7% |
100% |
|||
Bajo |
Sí 60.0% |
No 40.0% |
100% |
|||
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
Este dato es significativo. Por lo general, suele atribuirse el consumo televisivo habitual a los sectores bajos, mientras que a los sectores medios y altos se los vincula con cierto consumo culto. Sin embargo, los datos de la encuesta muestran que las actividades de consumo masivo son frecuentes en todos los estratos. En este sentido, las películas aparecen como el género televisivo más visto. Sin embargo, es el uso particular del medio lo que parece ser distintivo de los sectores altos y medios altos. Estos estratos son los que consumen más noticieros y programas periodísticos de la oferta televisiva.
Mirar noticieros y programas periodísticos según nivel socioeconómico
Nivel socioeconómico |
Noticieros |
Total |
|
Alto |
Sí 53.4% |
No 46.6% |
100% |
Medio Alto |
Sí 53.8% |
No 46.2% |
100% |
Medio Bajo |
Sí 44.8% |
No 55.2% |
100% |
Bajo |
Sí 51% |
No 49% |
100% |
Nivel socioeconómico |
Periodísticos |
Total |
|
Alto |
Sí 56.8% |
No 43.2% |
100% |
Medio Alto |
Sí 51.6% |
No 48.4% |
100% |
Medio Bajo |
Sí 40.6% |
No 59.4% |
100% |
Bajo |
Sí 45.8% |
No 54.2% |
100% |
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
En el caso de la lectura de diarios se da una relación similar. Los sectores medio-alto y alto son los que lo hacen con mayor frecuencia. Si se tienen en cuenta los tres tipos de consumo particular, puede afirmarse que los sectores medios y altos tienen un mayor interés por la información de actualidad y por las problemáticas políticas de la coyuntura, lo que no implica que no consuman también programas más ligados al entretenimiento y a la distensión.
Lectura de diarios según nivel socioeconómico
Nivel socioeconómico |
Leer diarios |
Total |
|
Alto |
Sí 48.3% |
No 51.7% |
100% |
Medio Alto |
Sí 46.2% |
No 53.8% |
100% |
Medio Bajo |
Sí 41.3% |
No 58.7% |
100% |
Bajo |
Sí 29% |
No 71% |
100% |
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
La lectura de libros y la asistencia al teatro pueden considerarse como un tipo de consumo culto que demanda mayor capital escolar y una relación más próxima con la cultura. Como puede apreciarse en los dos cuadros siguientes, son los sectores medio-alto y alto los que manifiestan ir al teatro y leer libros con mayor frecuencia.
Concurrencia al teatro según nivel socioeconómico
Nivel socioeconómico |
Ir al teatro oficial |
Total |
|
Alto |
Sí 39.6% |
No 64.4% |
100% |
Medio Alto |
Sí 36.3% |
No 63.7% |
100% |
Medio Bajo |
Sí 14.3% |
No 85.7% |
100% |
Bajo |
Sí 9.9% |
No 90.1% |
100% |
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
Lectura de libros por nivel socioeconómico y frecuencia de lectura
Fuente: Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Encuesta 2004. Dirección General del Libro, Secretaría de Cultura.
En el caso del consumo de libros, los géneros más leídos son literatura (cuentos y novelas), ciencias sociales, periodísticos y géneros cruzados (novela histórica, biografías noveladas), tanto de autores extranjeros como nacionales. Los lectores más frecuentes de la Ciudad parecen desplazarse con cierta asiduidad entre los distintos géneros que van desde los ensayos literarios a los libros de auto ayuda, y de libros de vinos y gourmet hasta la novela histórica. En términos de consumo cultural, las clases medias de la Ciudad de Buenos Aires se caracterizan por un tipo de consumo diverso, en el cual se combinan los productos masivos (TV-radio-diarios) con los cultos (teatro-literatura clásica) y especializados (informes periodísticos, ciencias sociales, historia novelada).
2.4 Conclusión: estilos de vida y política
Consiguientemente a los cambios en la morfología social, las clases medias porteñas muestran nuevas formas de organización de sus estilos de vida. Podemos entender estos cambios como una transformación en la orientación de la acción social. En un contexto de cambio estructural, los modos de actuar tradicionales dejan de darse por supuestos, como sostienen Berger y Luckmann, y, bajo nuevos condicionamientos, los individuos comienzan a reorganizar sus pautas de acción. Interpretar los cambios en los estilos de vida de las clases medias como un cambio en la acción social en diferentes órdenes ayuda a comprender el sentido general de la transformación, pese a lo contradictorio del proceso.
En lo que respecta al orden familiar, un conjunto de normas y modelos dejaron de resultar efectivos para organizar la vida cotidiana. El matrimonio legal, la fuerza de los vínculos de la familia extendida y la perdurabilidad de la pareja se debilitaron considerablemente. Si bien estos cambios pueden rastrearse ya a fines de la década del sesenta, es en los años noventa cuando se radicalizan, particularmente en lo que se refiere a las modificaciones en los roles y las actividades de género. Por otro lado, en lo que respecta al orden estatal, en la nueva configuración de las actividades de las familias de clase media, el Estado ya no cumple el antiguo papel de coordinador, regulador y reproductor. La burocracia estatal (escuelas, universidades, sistema de salud y jubilatorio) ya no incide en la organización familiar como lo hacía antaño y la oferta del mercado cumple un creciente rol estructurador. A esto puede sumarse el proceso de privatización de los servicios públicos, que acentuó el retiro general del Estado en el período. Esto no significa que las burocracias estatales hayan perdido toda capacidad de intervención y regulación, pero sí que ya no son capaces de ejercerla de la misma manera, y que las familias de clase media no se relacionan con lo público de la misma forma. La contracara de este proceso de desestatización son los efectos que produce el mismo mercado. Cuando lo público ha dejado de darse por supuesto, y el mercado de servicios aparece como el principal proveedor, son los individuos y las familias los que deben decidir y elegir por sí mismos el tipo de prestaciones que van a utilizar. Esto supone tomar una serie de decisiones, entre ellas decidir qué tipo de educación o formación se dará a los hijos.[4] Esta situación genera nuevos condicionamientos ligados a lo que Beck denominó “armar la propia biografía” (Beck, Beck-Gernsheim, 2003:39). Por último, los nuevos estilos de vida están ligados a un creciente consumo de cultura y esparcimiento. Las nuevas formas de consumo, que pueden describirse como un bricolaje de bienes de distinta procedencia, revelan la creciente diversidad en las prácticas culturales de las clases medias. Sin duda, estos consumos deben comprenderse en el marco de la globalización ligada a las nuevas tecnologías y al acceso a productos culturales internacionales.
Las transformaciones relevadas en los estilos de vida pudieron impactar de diversa forma en la identificación política de las clases medias con el partido radical. Desde un punto de vista general, la transformación tiende a heterogeneizar el espacio de los estilos de vida, debilitando los modelos y comportamientos tradicionales ligados a la organización familiar, a los vínculos con el Estado y a los consumos culturales. Todos estos elementos pueden afectar con distintos matices la identificación partidaria. En primer lugar, los cambios en la organización familiar pueden alterar la reproducción de las identificaciones políticas. En las investigaciones clásicas de conducta electoral, se destacaba como marco de socialización política un tipo de influencia familiar autoritaria, en la cual la identificación política del padre modelaba las conductas electorales de la esposa y los hijos. Lo que Lazarsfeld denominaba el predominio masculino en lo político se asentaba en un modelo de familia basado en la autoridad paterna (Lazarsfeld, 1960:199).
Los cambios en relación al Estado pueden afectar tanto la identificación política como la interpelación partidaria. En primer lugar, si parte del vínculo de las clases medias con el partido se sustentaba en la defensa de áreas de intervención pública, tales como la educación y la salud, y en una referencia general al Estado como promotor del progreso y el ascenso social, el cambio de las clases medias a favor de un conjunto de prestaciones privadas pudo erosionar el vínculo partidario. En segundo lugar, la nueva relación con el mercado puede dificultar la interpelación política del partido hacia las clases medias, en la medida en que un conjunto de demandas y expectativas se desplazaron del Estado hacia el mundo privado.
La incorporación de la Ciudad de Buenos Aires a redes de intercambio global diversificó de forma acelerada los consumos culturales, en el marco de un aumento general del nivel educativo de la población. Sin dudas, estos fenómenos pueden minar la reproducción de viejas culturas políticas preexistentes, en la medida en que fomentan nuevas demandas y valores ajenos a las tradiciones políticas. Por otro lado, como sostuvo Novaro (1998), en la Ciudad de Buenos Aires, el consumo de información y la “trasparentización” de la vida pública tienden a activar el juicio crítico de los votantes y a debilitar las identificaciones políticas tradicionales.
Sin duda estos resultados nos posibilitan entrever algunas hipótesis sobre los cambios en la conducta electoral de los radicales fieles al partido. Pero todavía resultan imputaciones más o menos indirectas sobre el cambio político. En los capítulos siguientes comenzaremos a acercarnos al nivel de los electores y a los modos de pensar la política y los partidos.
- Para un debate amplio sobre el problema de la estratificación y el desarrollo del Estado, véase Kingsley, Moore y Bendix (1970).↵
- El cambio en la formas de percepción y evaluación sobre las funciones estatales por parte de la ciudadanía debe sin duda ponerse en relación con un conjunto de agentes promotores de visiones privatistas y anti-intervencionistas. Palermo y Novaro analizan la aparición, a mediados de la década del ochenta, de un nuevo conjunto de voceros de una “vigorosa y creciente corriente privatista” (Palermo y Novaro, 1996:102).↵
- Se utilizan los datos provenientes de la Encuesta sobre Consumo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires de 2004 realizada por la Secretaría de Cultura. La encuesta se realizó por vía telefónica a 800 personas mayores de 16 años, residentes de la Ciudad, durante octubre 2004, por medio de una batería de preguntas abiertas, con el objeto de indagar los usos del tiempo libre. ↵
- Del Cueto (2007) construyó varios tipos ideales de opciones educativas privadas disponibles para los sectores medios y altos.↵










