El objeto principal de este capítulo es analizar la desvinculación electoral de las clases medias de la UCR en la Capital Federal, a partir de los cambios experimentados por los electores radicales en su forma de pensar la política y los partidos. Para comprender estos cambios es necesario incorporar la dimensión subjetiva de los electores. En este sentido, la transformación de los esquemas de visión y división del mundo político de los electores de la UCR están íntimamente relacionados con el retiro de su apoyo electoral y con la disminución de su participación partidaria.
Como se manifestó al comienzo del trabajo, el voto recurrente a la UCR está asociado, en términos de probabilidades, a un sistema más o menos organizado de representaciones, actitudes y normas que denominamos esquemas interpretativos. Estos esquemas incluyen un conjunto de visiones y divisiones del campo político referidas a los partidos, candidatos, historia de los gobiernos, etc., pero al mismo tiempo, tal como lo indicaron Michelat y Simon, suponen un conjunto de representaciones respecto al campo social (clases sociales, organizaciones, partidos y líderes políticos), de convicciones respecto a lo legítimo y lo ilegítimo, así como opiniones sobre los principales problemas sociales y personales (Michelat y Simon, 1985:32).
El vínculo entre la UCR y sus electores estaba constituido por un conjunto de valores asociados al partido y ligado a determinadas creencias y visiones sobre el espacio político y social. En términos generales, los elementos centrales de los esquemas interpretativos de los adherentes radicales eran la defensa de la Constitución y los derechos políticos, el reconocimiento de las virtudes cívicas y la oposición al peronismo. Estos valores y creencias actuaban guiando y condicionando las evaluaciones sobre las coyunturas políticas, manteniendo la identificación con la UCR y promoviendo el apoyo electoral. A medida que esas formas de interpretación tendieron a transformarse, el vínculo entre la UCR y sus electores comenzó a debilitarse.
4.2 La axiomática radical: los valores y principios del electorado de la UCR
La noción de esquemas interpretativos o sistemas simbólicos acentúa el carácter mediador de las categorías de pensamiento y acción entre las posiciones sociales y los discursos partidarios. Esto supone una caracterización compleja del voto, que no está determinado por la posición social del elector, pero tampoco por una especie de poder performativo absoluto de la oferta política. Los esquemas de visión y percepción política suponen un conjunto más o menos sistemático de principios, opiniones y creencias sobre el campo político y social que actúan como mapa cognitivo y evaluativo, con lo que contribuyen a orientar la acción electoral.
Partiendo de esta noción, desarrollaremos un conjunto de visiones y evaluaciones de los votantes y adherentes radicales en relación a los principios partidarios, al peronismo y a sus votantes, y, por último, en relación a su propia tradición partidaria y a sus elecciones.[1]
Los esquemas interpretativos de los electores radicales pueden ser aprehendidos teniendo en cuenta el conjunto de valores y principios reivindicados por los adherentes, y por las formas de clasificar y categorizar a los demás partidos. Las formas que tiene un grupo de clasificar a los partidos y a sus votantes son, también, una manera indirecta de ubicarse a sí mismos como electores en el espacio político. Toda definición política de un otro es, al mismo tiempo, una definición relacional de sí mismo. Por lo tanto, el juego de oposiciones que destacan los votantes radicales revela, en parte, su propio posicionamiento en el campo político y social, así como los valores y los principios asociados a los mismos.
Como sostuvo Torre (2004:4), una característica de la UCR a lo largo de su historia fue la defensa de valores y principios abstractos. La democracia, la defensa de la Constitución, el cumplimiento de la ley y los derechos políticos fueron algunos de los componentes centrales del discurso radical a lo largo del siglo XX. Este conjunto no sistemático de principios es reproducido por la mayoría de los votantes que se reconocen como adherentes y simpatizantes radicales. En este sentido, el reconocimiento de dichos valores por parte de los votantes es producto de un trabajo político partidario históricamente acumulado. Mucho más cercana a una actitud cívica que a un programa político sistemático, la corriente radical reconoce como valores propios el orden legal, la libertad y la democracia.
“Yo creo que lo que caracteriza a la UCR y, digamos, lo que a mí me gustó o por lo que yo voté a los radicales es, como te digo, el republicanismo, digamos, la defensa de las instituciones, los derechos, las personas. A mí me parece que es algo que siempre tuvo el partido, es decir, esto de reivindicar la democracia y el orden democrático. Pero también la ética de la cosa pública, el comportamiento ético de los políticos. Yo creo que un Alfonsín, un Illia, un Yrigoyen son ejemplos de conducta y que todos los políticos deberían seguir. […] Ese republicanismo es necesario para mejorar la vida y el desarrollo de país, la Argentina es un quilombo digamos, un caos, y me parece que los radicales, que la UCR trató siempre de combatir la corrupción y el desorden” (Leandro, 48 años, ingeniero, 2009).
La defensa de la ley y la democracia es uno de los elementos característicos del sistema de valores de los electores radicales. Estas ideas pueden estar presentes en votantes de otros partidos, pero lo que caracteriza a los electores radicales es, sin duda, la asociación de las mismas con la UCR y la creencia de que es el partido de la defensa de la ley y la democracia. En ese sentido, se valoriza la lucha del partido por imponer el orden y el cumplimiento de la Constitución, particularmente frente al peronismo y los militares.
“Yo creo que si algo caracterizó a los gobiernos radicales, a todos, digamos, es la libertad. En los gobiernos radicales siempre había más libertad que en los gobiernos peronistas o militares. Los radicales cumplían la ley, digamos, y gobernaban con la libertad. Hicieron cosas malas, por supuesto, pero se llevaban más por las leyes, por la libertad que uno tenía, se llevaban por todo eso, digamos. En el peronismo no había leyes, hacían lo que querían. Así como Menem vendió todo para llevarse la plata, Perón vendía el trigo y los cereales, y nos dejaba sin nada y él se llenaba de plata” (Julia, 78 años, jubilada, 2007).
“Los militares y los partidos siempre tuvieron una relación conflictiva. Es difícil pensar eso, la relación. Creo que sin duda los militares siempre destruyeron los partidos porque si hay elecciones no hay militares. Pero creo que el radicalismo luchó siempre con la ley y la Constitución frente a los militares, aunque el peronismo fue más contradictorio, ¿no?, desde el apoyo al peronismo o la transa como en el pacto militar-sindical, hasta la lucha de la guerrilla. En eso el PJ es, como se dice: “una bolsa de gatos”, y creo que la UCR fue más ordenado, más de seguir las leyes” (Carlos, 65, empleado municipal, 2005).
En la visión de los votantes radicales, la intención de los gobiernos de la UCR fue “ordenar un país caótico” y “sin respeto por las instituciones”. La lucha contra los “peronistas”, “la dictadura”, “los empresarios sin moral” es, desde el punto de vista radical, una lucha del orden frente al caos. Entre estas luchas, se reivindica particularmente a Illia y Alfonsín. A ambos dirigentes se les reconoce, como principales atributos, las virtudes cívicas, el respeto a la ley y la conducta ética en la administración del gobierno.
“Si pienso una diferencia rápida entre radicales y peronistas, lo primero es que ningún radical se hizo rico haciendo política, un Illia, un Alfonsín, pero además hay muchos ejemplos. Creo que es la conducta ética, la responsabilidad de la administración, de la cosa pública. En eso los radicales son diferentes. Los peronistas no tienen tanto respeto por las instituciones, no es que sólo se pueden robar algo, además hacen desmanejos, hacen lo que quieren y no importa que esté mal o qué dice la ley. Es el poder por el poder. El radicalismo no es así” (Diego, 58, comerciante, 2005).
Además de la custodia de la ley y del orden democrático, otro de los componentes centrales del ethos radical es la defensa de las instituciones y su desarrollo. Sin bien la “defensa de las instituciones” parece una máxima abstracta e indeterminada, los electores se refieren a la misma reiteradamente, por lo general vinculándola con la defensa de alguna burocracia pública. En este sentido, aparece una reivindicación de la intervención estatal, particularmente ligada a la educación pública y al desarrollo social. Por el contrario, el peronismo aparece asociado a la decadencia institucional.
“Un país donde no importa la cultura termina como nosotros. El peronismo tiene, realmente, insisto, que llevar sobre sus espaldas la decadencia cultural argentina. Son los grandes detractores de la educación argentina y de la salud también. Hablemos del Hospital de Clínicas, del Hospital de Odontología, que tenían vínculos con la Universidad. Son una vergüenza, son rateríos humanos. Donde antes venían extranjeros a aprender cómo se hacían las cosas y se quedaban con la boca abierta de cómo funcionaban. El gobierno peronista no tiene perdón de Dios con lo que ha hecho con la salud. Y ni hablar con lo que hicieron con la justicia. Hicieron un país anárquico, donde no se respeta ninguna ley. Hay un desmedro de los valores desde hace más de 50 años. Y en esto el gobierno peronista es culpable. Y lo de ahora peor. Cada vez hacen más grande la brecha entre los ricos y los pobres, entre los cultos y los ignorantes, entre los sanos y los enfermos. Lo peor que le puede pasar a un argentino es ser un niño o un anciano, porque está totalmente indefenso. Y en épocas radicales, en épocas de Illia, en épocas de Frondizi no fue así, y la historia no me deja mentir. Los hospitales fue cuando mejor estuvieron. Las universidades fue cuando mejor estuvieron. La educación pública fue cuando más se cuidó y fue aplaudida por todo el mundo. Fueron las mejores épocas” (Carlos, 60 años, abogado, 2007).
Ligado al desarrollo social y a la intervención estatal, los votantes radicales reconocen como principio fundamental del partido la búsqueda de la igualdad social. Estos valores de desarrollo social, igualdad e intervención se sintetizan, generalmente, en la defensa de la educación pública. En este sentido, la educación es reivindicada como un deber de Estado y un mecanismo igualatorio. “[A diferencia del peronismo] el radicalismo siempre se preocupó por la educación”, “la educación es la única manera de acabar con la pobreza y desarrollar la Argentina” son ideas bastante comunes en el electorado radical. Unida al aspecto educativo y al rol del Estado, la noción de igualad que manifiestan los votantes radicales está íntimamente relacionada con el progreso social, producto de la educación. En general, se reconoce la educación pública como un motor de ascenso y progreso, que tiende hacer la sociedad más igualitaria. En este sentido, el rol del Estado no está ligado de manera directa a la distribución de los ingresos, sino a la generación de condiciones para ascender en la escala social.
A modo de cierre, y en relación con las ideas y principios manifestados por los electores, se pueden retomar los principales valores que la UCR tendió a reivindicar. Según Torre, la libertad política, la equidad social, la ética pública construyeron la plataforma de valores sobre la que se levantó la casa radical. Dentro de ella convivieron distintas sensibilidades, algunas más moderadas, otras más reformistas, pero unas y otras tributarias de ese núcleo duro de valores originales (Torre, 2004:5). Sin duda, el electorado fiel de la UCR fue portador de este conjunto de principios y tendió, como veremos, a decodificar parte de las coyunturas políticas a través de los mismos.
4.3 El gobierno de Perón: dictadura y decadencia del país
El antiperonismo ha sido, desde mediados de la década del cuarenta, un componente central de la identificación radical. Gran parte de las virtudes cívicas del radicalismo y sus dirigentes reconocidas por los votantes adquieren sentido en oposición a las características negativas del peronismo. El peronismo aparece, en este sentido, como una “oposición simbólica” que estructura y organiza la propia identificación radical y funciona como alteridad.[2] Ahora bien, los adherentes radicales manifiestan y reproducen dicha oposición mediante actos de reconocimiento, y, por lo tanto, este reconocimiento implica que los discursos peronistas, sus emblemas partidarios y sus posibles apoyos electorales resultan significativos para ellos. En los actos de reconocimiento, de desciframiento del mundo político, los votantes ponen en juego esquemas de percepción y evaluación históricamente estructurados en su experiencia social y política, pero que continuamente están sujetos a cambios y adaptaciones.
La figura de Perón está generalmente ligada al autoritarismo, la corrupción y la decadencia del país. En primer lugar, los votantes radicales clasifican a Perón como un dictador. Comúnmente se menciona la disminución de las “libertades públicas”, “el cierre de diarios” y “la persecución de los opositores” durante el peronismo. En segundo lugar, atribuyen al vínculo de los trabajadores y Perón un carácter demagógico y autoritario. Para muchos radicales, Perón “engañó” a los trabajadores, brindándoles mejores condiciones de trabajo, pero perjudicándolos a largo plazo. La relación de Perón con los trabajadores es entendida como la de un líder autoritario y una “masa sin conciencia”, que obedeció ciegamente los mandatos del líder. Por otro lado, el gobierno de Perón está directamente asociado a la corrupción. En general, los radicales se representan la Argentina anterior a Perón como un país rico y desarrollado, que fue empobrecido y saqueado por Perón y los peronistas. En este sentido, hay una visión histórica compartida, que supone que la decadencia argentina empezó con Perón. Para ellos, el país “perdió el rumbo” y comenzó lentamente a decaer en términos económicos, institucionales y sociales a partir del primer gobierno peronista.
“Yo vengo de familia radical, mis padres fueron radicales, aunque mi padre no votó porque era italiano, pero mi madre sí, y bueno, él le decía que vote a los radicales porque Perón era fascista, y era así, era una dictadura, perseguían a los opositores, cerraban los diarios, ponían presa a la gente. […] y además se robaron todo, el peronismo fue siempre corrupto, pero con Perón empezó a decaer el país porque se robaron todas las riquezas y nadie trabajaba” (Mauro, 61 años, fabricante, 2006).
“Sí, mi padre siempre votó a los radicales. Cuando llega el momento de Frondizi, votó a Frondizi y también a Illia hasta Balbín. Él decía que con el fascismo no se llegaba a ninguna parte, por eso votaba a los radicales. […] Sí, yo también soy anti-Perón. No sólo por mis padres, también por mi propia cultura. Yo soy antiperonista del modelo de Perón porque obviamente responde al fascismo de Mussolini y responde al fascismo de Hitler. Soy antiperonista de los modelos actuales porque ya no son peronistas ni fascistas, son simplemente facinerosos. Y soy antiperonista de Menem en adelante porque realmente mienten a la gente y la corrupción está arraigada en el justicialismo… a mí no me convencen” (María, 52 años, profesora 2003).
“Mi padre me contaba, y yo lo sé porque lo viví, de cómo aparecían lo muertos con Perón. Ahí se mató mucha gente. No como los militares que mataron miles y miles, esos hijos de puta. Pero con Perón también había muertos. Se decía, y mi padre decía también, que eran comunistas u opositores a Perón. Había, cerca de mi casa, un corralón donde los chicos jugaban a la pelota y todas las semanas aparecía un cuerpo muerto. Los chicos gritaban: “¡eeeh, un muerto!”, y todos iban a verlo. Era gente que mataba el peronismo. Yo no digo que haya sido Evita, pero era gente de Perón. Ésa fue la parte mala del peronismo, ellos también mataron gente” (José, 50 años, comerciante, 2003).
Los votantes radicales tildan a los gobiernos peronistas posteriores a Perón de corruptos, desordenados e irresponsables, en particular con el manejo de las instituciones. La idea de que los peronistas “hacen cualquier cosa” hace referencia a su discrecionalidad en el manejo del poder. En este sentido, para los simpatizantes radicales los dirigentes peronistas carecen de ética y de virtudes cívicas. De forma similar son clasificados los sindicalistas. Por otro lado, se responsabiliza a los dirigentes peronistas y sindicalistas por el fracaso de los gobiernos radicales, en particular el de Alfonsín.
“Yo creo que el radicalismo siempre quiso hacer las cosas bien. Administrar bien y gobernar bien. Dentro de la ley, cómo te puedo decir. Creo que el radicalismo luchó contra la corrupción, por ordenar este país, entendés. Los peronistas siempre hicieron cualquier cosa, los militares también. El radicalismo siempre vino como a ordenar lo que dejaban los otros. También así le fue, ¿no? Si no la arruinaban los militares, te voltean los peronistas como le pasó a Alfonsín con los sindicalistas. […] Aparte, el radicalismo se integró de personas mucho más cultas y eso estaba bien. Vos necesitás gente pensante para gobernar, para hacer leyes… no puede venir cualquiera a hacer cualquier cosa. Los peronchos siempre fueron un desastre, siempre. Ahora se quejan de Menem, ¿vos lo escuchaste a Luder alguna vez?” (Ricardo, 58 años, comerciante, 2009).
En el imaginario radical, los peronistas llevan al desorden administrativo, incluso a la caída de los gobiernos radicales. La idea central que manifiestan los afiliados radicales en relación a los dirigentes justicialistas es su falta de respeto por las normas y por la legalidad en el ejercicio del gobierno. En este sentido, el radicalismo es entendido como “garante del orden” y “fuerza ética” en contraposición al “caos peronista”.
“El mal que tuvo la Argentina siempre y que no se lo pudo corregir, el agujero negro, siempre fue el sindicalismo. Alfonsín hizo todo lo posible por sacarlos, pero no se pudo. Esos tipos están incrustados ahí y no se los puede tocar. Y los tipos te desestabilizan los gobiernos, joden a los trabajadores y se afanan la plata. Ésos tienen verdadero poder, hay en algún momento que corregir esto”. (Carlose, 61 años, comerciante)
“Tenemos que tener un sindicalismo serio, no puede ser que sigamos con esta mafia. Aparte a los trabajadores les va a ir mejor si estos tipos se van. ¿Vos te crees que a los tipos les importan? ¿Qué les importan los trabajadores? Ellos quieren la plata del gremio y que los tipos los voten, pero nada más. Si tienen que transar, transan”. (Ricardo 58 años, comerciante)
“Algún día los argentinos nos vamos a dar cuenta de que no podemos seguir haciéndonos los piolas, ¿viste? Acá todos nos creemos los más vivos, los más inteligentes, no nos importa nada. Y no es así, eso se tiene que acabar. Hay que respetar, hay que cumplir la ley, hay que ser más serios y terminar con el desorden. Pero a los peronistas nunca les importó cómo se hacen las cosas y así estamos” (José, 66 años, exempleado municipal, 2009).
Sin duda, gran parte de los valores positivamente asociados a la UCR y negativamente atribuidos al peronismo tuvieron su origen y desarrollo en los primeros años de gestión peronista. Como fue detallado por García Sebastiani (2005), el “grupo de los 44” diputados radicales realizó un importante trabajo de representación en oposición al peronismo. Dicho trabajo implicó, en el sentido de Bourdieu, la formación de un conjunto de esquemas de percepción y evaluación de los votantes. Las clases medias movilizadas en oposición a la “herejía peronista” fueron, sin dudas, las más receptivas a la interpelación radical. La efervescencia social del período contribuyó a que la UCR politizase el naciente antiperonismo de las clases medias, otorgando cierta coherencia a dicha oposición. Ese grupo de radicales, desde Frondizi hasta Sammartino, impuso un conjunto de significados que perduraron en la cultura radical al menos por dos generaciones.
4.4 Los votantes peronistas: minoridad política y falta de educación
Los radicales explican el voto peronista por una falta de preparación para votar, en particular ligada a la falta de educación. Comúnmente se destaca una especie de “minoridad política” de los electores peronistas: “no están preparados para votar”, “no saben votar”, “votan porque les pagan”. La minoridad política está ligada a la creencia de los adherentes radicales de que los votantes peronistas no están suficientemente preparados para votar por falta de discernimiento, capacidad, educación, etc.
Por otro lado, el voto peronista es explicado también por una tradición que tuvo su origen en Perón y en la relación que éste estableció con los sectores populares. Según los radicales, Perón se ganó el voto de los trabajadores mediante el engaño. En este sentido, se afirma que Perón no se interesó por “educar” a sus votantes para que pudieran ejercer sus derechos políticos, sino que “los compró con la política social”. En el imaginario radical, el movimiento popular y sindical se desvió por culpa de Perón y los gobiernos peronistas.
“El peronismo impidió que haya socialismo en este país como hubo en todos los países desarrollados. Por eso nosotros tuvimos una historia política tan particular. Si los trabajadores hubieran apoyado a un movimiento socialista, no sólo habría mejores reformas a su favor, sino un partido que realmente los represente. Porque, en realidad, al peronismo nunca le importó mucho la cuestión obrera. Perón nunca se preocupó mucho por educar y mejorar a la clase trabajadora. Les dio mejoras, por supuesto, pero los hizo peronistas y lo siguieron. Y como el peronismo es de derecha, después los cagaron a todos […]. Hoy pasa lo mismo, digamos. El peronismo se aprovecha de la ignorancia y la pobreza, les dan algo para las elecciones y listo, y ganan. Por eso el radicalismo siempre tuvo la intención de educar, para que la gente sepa cómo son las cosas y para que cada uno pueda expresarse con libertad” (Liliana, 44 años, abogada, 2006).
En consonancia con lo anterior, algunos electores radicales interpretan la relación de Perón con los trabajadores como una relación paternalista:
“Creo algo fundamental, importante para entender el peronismo, es el tema del voto de los trabajadores a Perón, creo que ahí hay un aspecto central del peronismo. Sin duda, el reconocimiento de los derechos fue importante y se dio en todo el mundo y era necesario que se dé en Argentina, y de hecho muchos partidos, entre ellos los primeros radicales, habían bregado por la cuestión trabajadora, digamos. Pero en nuestro santo país, esto se dio como una cosa paternalista, ¿no?, como el jefe o el poderoso les da algo a los de abajo y se crea, como decirlo, una cosa religiosa, ‘San Perón’, digamos. Yo creo que eso es autoritario, se hizo para tener controlados a los trabajadores, a los votantes, y eso fue un problema porque eso genera que la gente después deje de pensar, no importa que se haga, es San Perón y como es San Perón, hay que votar al peronismo” (Eduardo, Contador, 60 años, 2006).
Sin dudas, es un tema complejo la manera en que históricamente se fueron estructurando estas visiones e interpretaciones sobre los trabajadores y el peronismo en las clases medias, y en particular en los electores radicales. La generación de radicales que asume la conducción del partido luego del triunfo del primer peronismo nucleada por Frondizi y Balbín tuvo posiciones diversas sobre el movimiento obrero y algunas de ellas pudieron contribuir en momento de efervescencia política a modelar las interpretaciones de los electores. Pero en el radicalismo moderno, que comienza en 1983 con el triunfo de Alfonsín, es sin duda más difícil encontrar en el discurso de los dirigentes tomas de posición contrarias al vínculo entre la clase trabajadora y el peronismo. Posiblemente, parte de estas interpretaciones de los votantes puedan comprenderse no tanto en función de la representación partidaria, sino a partir de la propia posición de clase, que lleva organizar distintas formas de distinción y oposición frente a lo popular, en particular, frente a la conducta política.
4.5 El funcionamiento de los esquemas interpretativos de los votantes
En este último apartado se busca analizar y describir el funcionamiento de los esquemas interpretativos de los votantes radicales mediante la puesta en acto de una discusión política con adherentes peronistas. La discusión entre ambas tradiciones partidarias tiene la virtud de revelar las creencias, clasificaciones y actitudes que los adherentes ponen en juego en la controversia política partidaria, y la manera en que son utilizados los esquemas ordenadores a través de los cuales los adherentes “piensan” la política.
Para caracterizar el funcionamiento de los esquemas interpretativos radicales, se han seleccionado varios diálogos escritos en un blog de información y discusión política. La disputa entre los usuarios giraba en torno a los posibles resultados electorales del 28 de junio de 2009, publicados en una encuesta. La primera cuestión que debe destacarse es la proximidad del acto electoral. Efectivamente, el debate se inicia el 19 de mayo de 2009 y concluye el 24 de septiembre, tres meses después del escrutinio. A lo largo de esos meses, distintos blogueros fueron participando en la discusión, dando origen a un extenso documento de cerca de 250 páginas. El segundo elemento que merece destacarse es el interés político manifestado y el alto grado de identificación partidaria de todos los participantes (aunque hacia diferentes partidos). Sólo circunstancialmente intervenían personas que menospreciaban la preocupación política; la gran mayoría se mostró interesada en los asuntos partidarios. Para comprender mejor la naturaleza de la discusión del blog y el fervor de los participantes, es necesario tener en cuenta la proximidad de las elecciones. Como pusieron en evidencia los trabajos de Lazarsfeld, la situación electoral en sí misma y la creciente cantidad de bienes políticos en circulación (discursos, plataformas, intervenciones, etc.) tienen la virtud de reforzar y activar las adhesiones y disposiciones de los electores, en particular de aquéllos más identificados con los partidos. Esto produce un efecto de activación y refuerzo en los electores más comprometidos e interesados en los asuntos políticos. En este contexto, los bienes políticos van a parar a los más politizados, en detrimento de los menos interesados, en quienes casi no repercute el “efecto de activación”. El tercer elemento importante es la propia situación de interacción a distancia que genera el blog. En esta situación, los participantes no se relacionan cara a cara y, generalmente, desconocen las características (individuales y sociales) de los demás integrantes. Esto produce un efecto inmediato en la escritura: las ideas y las posturas deben explicitarse al máximo para que resulten comprensibles a los otros, lo que sin duda provoca diálogos espinosos. Por otro lado, la relación a distancia posibilita que lo que se quiere decir sea dicho sin las contenciones, cuidados o la moderación que supondría hacerlo cara a cara. Esto permitirá observar el rol que juegan las antipatías y repulsiones, pero también las cargas afectivas que guardan los posicionamientos políticos. En este sentido, las tomas de posición política, lejos de ser producto de una evaluación fría y racional, están cargadas de sentimientos políticos.
Por último, es necesario aclarar un aspecto frente a la utilización de estos datos. Como se menciona antes, los mismos aparecen en el 2009 y, por lo tanto, son relativamente recientes, lo que invalida cualquier imputación histórica que implique que en el pasado tuvo que darse de la misma manera el contenido los discursos. Sin embargo, no nos centraremos en los argumentos políticos de los votantes, que sin duda son importantes, sino particularmente en el modo de organización de los esquemas interpretativos en un marco de interacción y nos preguntaremos idealmente cómo funcionan para comprender su transformación.
Nati: Espero que de una vez dejen de gobernar los peronistas.
Mónica: Los radicales nunca terminaron un gobierno, se fueron como ratas.
Fede: ¡Porque siempre estuvieron los mafiosos de los peronchos atrás organizando golpes sociales! Ese comentario es típico de una peronista que no sabe nada y de los que se excusan en lo único que pueden decir, ya que el radicalismo podría decir que, aunque el peronismo terminó los mandatos: ¡siempre se robaron todo, siempre tienen a los pobres subordinados y nunca gobiernan para ellos, como demagógicamente se llenan la boca! ¡El peronismo es el mal de Argentina! ¡Crea pobreza, roba, trafica, es mafioso y deshonesto!
Marcelo: Ahora que se murió Alfonsín parecería que los radicales son lo mejor del mundo… FELICES PASCUAS, HIPERINFLACION, PACTO DE OLIVOS, RENUNCIAS… ¿De qué estamos hablando? ¡Por favor!!!
Nati: Claro, porque alpargatas sí libros no lo dijo un radical, ¿no? Argentina en su deplorable papel pro-eje en la Guerra, dejando entrar a los nazis y rompiendo relaciones a 2 semanas de que los aliados ganen, un asco. El que dijo: “por uno de nosotros, caerán 5 de ellos” fue un radical también, ¿no? ¿El que vendió las empresas del país fue un radical? ¿El que dio aguinaldo y vacaciones pagas, renunciando a nuestros derechos políticos fue un radical? Y el aguinaldo y las vacaciones pagas ya estaban en todo el mundo, Convención Internacional del Trabajo, 1948, el voto femenino, ¡leé quién fue Alicia Moreau de Justo! Mussolini y su amigo Perón… jajaja, de los últimos 20 años, 18 bajo el peronismo, ¿los radicales tienen la culpa de todo? ¿Quién indultó a los militares?
Los sistemas interpretativos radicales y, sin duda, los provenientes de las demás tradiciones cumplen la función de “ordenar la historia”, de dar un sentido, aunque diverso, al pasado. Si, tal como advertimos al inicio, el imaginario radical está constituido primeramente por clasificaciones que ordenan la realidad política, los sistemas interpretativos son entonces portadores de una visión histórica sobre los gobiernos radicales, los peronistas o militares, y tienen como referencias algunas épocas de supuesto progreso, libertad, dictadura o decadencia. Es decir una referencia histórica. Por otro lado, los esquemas actúan más o menos mecánicamente con un doble registro, tanto político partidario como social. Características político-partidarias y rasgos sociales (positivos y negativos) están constantemente entrelazados en los discursos de los electores.
Ahora bien, este sistema de referencia histórica está constituido por un conjunto de creencias más o menos dadas por sentado y sostenidas independientemente de cualquier tipo de comprobación sistemática. Son, en realidad, ideas y visiones sobre la historia política que, como sostenía Bourdieu, cobran sentido legitimador y ordenador en tanto son creídas, y no guardan relación con la “verdad” o “falsedad” de sus constataciones.
Nicolás: Los Radicales jamás podrán gobernar porque son pobres de espíritu y les falta carisma. Jamás gobernaron para la clase trabajadora… Fijate lo que hicieron con la flexibilización laboral… Dejó argentinos muertos el 20 de diciembre, mientras de la Rúa daba ascenso a los militares en casa de gobierno… Nefasto e intolerable…
Nati: Si lo que te importa es el carisma, votá a Piñón Fijo, por favor, argumentos infantiles, votá con propiedad, no lo hacés sólo por vos. […] De la Rúa gobernó 2 años y lo aplastaron, lo condenan como si hubiera estado 20 años, ¡miren su patrimonio al llegar y al irse!! No robó, cometió errores como todos, pero los peronistas gobiernan hace 19 años, así que no busquemos excusas, sabemos cómo se llaman los que arruinaron el país […]. El peronismo cultivó siempre la ignorancia, hace creer que habrá una redistribución de la riqueza, frase muy gastada y que nunca hicieron, que destinen presupuesto a la educación, que saquen las villas, no que le regalen cosas, que no usen a esa gente para hacer bulto en los actos, que les preguntás para qué están ¡y te dicen que les dio $ 50 un puntero peronista!!! Es muy bajo, ¿por qué no vienen a la facultad a ofrecer plata para ir a los actos? ¡Porque los sacamos a patadas!!! ¿Por qué no tenemos todos derecho a ir a la universidad? ¡Porque no les conviene!!!! Porque desde el momento en que tenés acceso a informarte y dejás de opinar por lo que viviste sólo vos o lo que te contaron, podés decir que el peronismo es nefasto.
Gus: No pienso votar a los K porque quiero la Argentina tilinga de los 90; me encantaba la capacidad de gestión de De la Rúa; los Patacones y Lecops que tan digna hacían nuestras economías. Que vuelva el club del trueque y la desocupación del 25%, y también la pobreza del 60% que con radicales y menemistas supimos conseguir. Pienso votar al principal partido de la oposición: “Clarín”.
Juan: Es que ése es el lema del “peronismo”: crear pobreza, desocupación e ignorancia ¡porque no les conviene que la gente piense, sino no ganan nunca más! ¡Y ésa es su política, por eso los presupuestos para Salud y Educación no alcanzan! ¡Nunca vi tanta impunidad ni tanta falta de respeto hacia nosotros!
Claudio: No, la pobreza la dejaron Alfonsín y De la Rúa, que fueron RADICALES, ¿o no te acordás?, los que se fueron como ratas.
Nati: ¿Quién se fue como rata? ¿Y la Triple A, y la UES? ¿Y quién denigraba al pueblo, tratándolo de grasitas, tirando pan dulce desde los trenes, quién fomentó la ignorancia? Obligaban a tener el carnet de afiliado para una limosna, ésa es la patria peronista, ¿quién quemó la Iglesia cuando ya no le convenía?, me parece que falta lectura, falta tanto, todo esto es fruto de lo que sembró Perón, nada digno de recordar, lamentablemente ahora queda la escoria, que sigue gobernando, que sigue anulando mentes, porque les conviene que no pensemos, a la patota le gusta la violencia, ya es hora de que se vayan, y si los radicales se fueron, es porque entendieron que debían irse, algo que éstos no quieren ver.
Los sistemas interpretativos de los adherentes promueven determinadas explicaciones y justificaciones de los fracasos o crisis de los gobiernos. En este sentido, son capaces de promover respuestas más o menos coherentes ante las imputaciones de los otros, más allá de los posibles desacuerdos con tal o cual medida de gobierno o posición del partido y, por lo tanto, son capaces de mantener la adhesión partidaria con cierta independencia del desempeño partidario. Además, las repuestas que pueden motorizar los sistemas interpretativos no son estáticas (como lo evidencia el caso de Nati), sino que se adaptan a los argumentos de los interlocutores, generando nuevas respuestas. La capacidad explicativa y la adaptabilidad de los sistemas interpretativos permiten comprender los mecanismos que promueven la lealtad partidaria, en tanto vínculo de compromiso e identificación más o menos perdurable con una tradición política.
Ahora bien, ¿cuáles son las condiciones de posibilidad para funcione y se mantenga la identificación? En primer lugar, que el conjunto de visiones y definiciones sobre el mundo de la política que promueven los sistemas interpretativos radicales se conserve más o menos estructurado. En segundo lugar, que parte de los referentes y sus características se mantengan relativamente constantes. En tercer lugar, que el partido pueda brindar explicaciones y relatos más o menos consistentes a sus adherentes. Por lo tanto, si los esquemas se desorganizan y/o el partido, en tanto promotor de relatos políticos, no mantiene una socialización política continua y coherente con los esquemas de sus potenciales electores, pueden producirse rupturas que promuevan la desvinculación política electoral.
Como se analizaremos en los capítulos siguientes, retomando también algunas consideraciones de la primera parte, la desvinculación de los electores radicales puede interpretarse a partir de la desorganización y desestructuración de los esquemas interpretativos que sostenían la identificación partidaria.
4.6 Conclusión: los esquemas interpretativos radicales
El sistema de evaluación y percepción de los votantes radicales promueve un conjunto de visiones y divisiones sobre el mundo social y político. En primer lugar, la identificación con la UCR supone el reconocimiento de un conjunto de valores ligados al partido. Las virtudes cívicas, el respeto a la ley y la Constitución, la honradez en la administración de la cosa pública, la intervención estatal y el progreso social son los principios más reconocidos del partido. Estos principios están también relacionados directamente con los dirigentes, que son percibidos como responsables, honrados, preparados para ejercer el gobierno, etc. En este sentido, las evaluaciones sobre el partido son análogas a las de los dirigentes. Las evaluaciones se trasladan del partido a sus miembros y de sus miembros al partido.[3]
En el sistema de evaluación radical, los peronistas asumen los atributos opuestos, lo que da cuenta del carácter relacional del sistema de categorías radical. El peronismo está ligado a la corrupción, al autoritarismo, a la falta de respeto por las reglas y las instituciones, etc. Mientras que los dirigentes radicales son ponderados por su responsabilidad, honradez y preparación, a los peronistas se los describe como irresponsables, faltos de ética e incapaces para el gobierno. En este sentido, las categorías de clasificación y evaluación se oponen casi punto por punto: éticos-corruptos, responsables-irresponsables, autoritarios-demócratas, etc.
Pero este sistema de diferencias y distinciones no sólo funciona sobre el espacio político, promoviendo evaluaciones sobre los partidos y los dirigentes, sino también sobre el espacio social, estableciendo clasificaciones sobre los votantes. El voto peronista es explicado por la incapacidad y la falta de preparación de los electores. Dicha incapacidad se relaciona con la falta de educación de los votantes peronistas y con el aprovechamiento que hacen los dirigentes de la ignorancia y la pobreza. En oposición a los electores peronistas, los votantes radicales se sienten mucho más preparados para votar y elegir a sus representantes. La relación que establecen los adherentes radicales con su partido es, para ellos, un vínculo con las ideas, los valores y los principios, que no está basado en el intercambio material. Nuevamente, se puede encontrar un conjunto de categorías que establece diferencias entre los votantes radicales y peronistas: capacidad-incapacidad, educación-ignorancia, libertad de elección-voto cautivo, etc. En este caso, las evaluaciones sobre el voto peronista se contraponen a las virtudes reales o supuestas de los votantes radicales. Es, sin duda, en estas clasificaciones negativas sobre los votantes peronistas donde puede apreciarse con más claridad la relación entre las posiciones sociales y políticas, entre la clase y las afinidades partidarias. En las identificaciones políticas propias y en la identificación política de los otros se entrelazan atributos sociales.
Las relaciones establecidas entre los principios políticos de la UCR reconocidos por sus votantes y las características “negativamente privilegiadas” de los peronistas, y entre las virtudes de los votantes radicales y las supuestas particularidades de los votantes peronistas dan cuenta, a grandes rasgos, del esquema simbólico radical: un conjunto más o menos sistemático de representaciones del mundo social y político que funciona como guía para decodificar los agentes y las luchas (partidos, dirigentes, votantes) y como orientador de prácticas (voto, manifestación, movilización, etc.).
- Los términos “simpatizantes”, “afiliados” y “adherentes” suponen distintos grados de compromiso y adhesión al partido, que van desde del voto reiterado hasta la participación en actividades partidarias, tales como el voto en las internas o la participación en campañas. En la medida en que priorizamos el voto recurrente a la UCR, parte de la muestra está constituida por estas diferentes categorías. Es necesario aclarar que no encontramos diferencias sustanciales en las visiones y percepción de la UCR en función del grado de compromiso. Posiblemente, las diferencias se acentúen en el caso de los militantes y dirigentes locales. Sin embargo, en tanto indagamos las características del electorado, no tomamos en cuenta esos tipos de participación partidaria.↵
- La identificación política existe siempre de manera relacional y se constituye en y por la diferencia con un otro que funciona como alteridad. Aboy Carlés (2001) y Martín (1992) abordaron los principales aspectos de la constitución de las identidades políticas.↵
- La referencia a valores y principios abstractos no es una particularidad de la identificación radical y pueden encontrarse también en la “identidad peronista”. Ahora bien, como pusieron en evidencia James (1990) y Auyero (2001), las creencias peronistas reconocen, en parte, una vinculación entre el partido y la “clase trabajadora”, que hace referencia a los derechos conquistados en el ’45, y a las figuras de Perón y Eva Perón. Sin pretender una comparación exhaustiva, podemos afirmar que en el imaginario radical no existe una vinculación directa entre el partido y la defensa de los “intereses de clase media”, ni tampoco referencia a políticas específicas de un gobierno radical en particular, sino que el reconocimiento de los líderes se extiende a diferentes administraciones y períodos.↵








