Vamos a reconstruir ahora algunos perfiles del electorado típico de la UCR. Si bien puede encontrarse cierta unidad sistemática en la identificación radical que atribuye atributos contrapuestos a la UCR y al PJ, y a votantes radicales y peronistas, promoviendo evaluaciones y prácticas sobre el mundo social y político, la pertenencia ligada a cierta posición de clase y a la trayectoria individual y familiar imprime características particulares a los adherentes y votantes radicales. En este sentido, los condicionamientos propios ligados a una posición y la experiencia vivida da lugar a diferentes perfiles políticos del electorado radical. La construcción de estos perfiles debe ser entendida como una construcción ideal-típica en sentido weberiano, en la medida en que se seleccionaron ciertas particularidades de los casos en busca de la coherencia de cada tipo de perfil. De ningún modo deben entenderse los tipos ideales de votantes radicales como un promedio o muestra. La construcción es arbitraria y busca ordenar a partir de una serie de rasgos la diversidad del electorado de la UCR.
Si anteriormente se destacó el carácter performativo del discurso partidario, en la medida en que tendía a estructurar un conjunto de visiones y divisiones sobre el espacio político a través de la imposición de categorías de pensamiento político, en este capítulo se observarán los límites que imponen la posición y la trayectoria social. La performatividad del discurso partidario está limitada por condiciones de realización externas a ese discurso y mediada por el trabajo de interpretación que realizan los propios electores de los discursos partidarios. Así, por ejemplo, un discurso de izquierda dentro del partido tiene más afinidades con los electores más educados y ligados a una actividad profesional que con los electores con menores capitales educativos y vinculados al comercio. Pero, a su vez, estos condicionamientos están sujetos a modificaciones y cambios en función de la tradición política familiar y la propia trayectoria individual.
La construcción de tipos ideales de votantes radicales también nos permitirá caracterizar de manera más consistente los cambios que han tenido lugar en los modos de pensar de los distintos electores y la relación de dichos cambios con las transformaciones estructurales analizadas al inicio. Así, en la media en que opera seleccionando un conjunto limitado de elementos de lo real, la metodología de los tipos ideales permite una comprensión más acabada de los cambios sociales amplios.
5.1 Los profesionales. Antiperonismo y cultura
Los profesionales radicales se caracterizan por tener una apreciación de la historia política y de los partidos ligada directamente a la posesión de un capital educativo. En general, los profesionales radicales tienden a pensar a la UCR como el partido de la igualdad, los derechos políticos y la intervención estatal. Según estos votantes, los dirigentes radicales se caracterizaron por luchar por la democracia y los derechos cívicos. Se relata, en este sentido, la “gesta de Yrigoyen” y la formación de la UCR a principios del siglo XX como un “gran movimiento popular tendiente a abolir la oligarquía y fundar la democracia”. Por el contrario, el gobierno de Perón es caracterizado como un régimen autoritario y limitador de las libertades públicas. En este sentido, muchos de los entrevistados mencionaron las persecuciones sufridas por sus padres o abuelos durante el peronismo. Por otro lado, se recuerda la oposición “alpargatas sí, libros no”, y el primer peronismo es simbolizado como “un movimiento bárbaro en contra de la cultura y la educación”. Además, estos votantes tienden a reconocer y destacar los atributos culturales de los dirigentes radicales.
“[..] Si hablamos del peronismo, creo que es un partido de masas de gente que sigue a un líder carismático en general, Menem, ahora Kirchner, pero el radicalismo es un partido más de pensamiento, son tipos que han sido pensantes, pero ahora se han venido abajo porque no hay quién los conduzca como hizo en su momento Frondizi, o pudo haber sido el famoso Yrigoyen, pero creo que los radicales son distintos, el partido radical no es populista, no busca la masificación, como el partido peronista, para mi gusto personal, pero creo que hay una diferencia grandísima entre una corriente y la otra, una es populista totalmente y la otra es, más vale, sujeta a estereotipos o a condiciones o a conceptos que se han formado a lo largo de los años en el partido” (Claudia, 54 años, maestra).
“[…] el peronismo es un partido que está muy arraigado en el sentir de la gente, sobre todo, ahora voy a ser un poco peyorativa, pero creo que el peronismo es un partido de gente no pensante que se deja llevar y que, lo que en un momento enarboló Perón como sus banderas ha dejado de existir, porque no me hables ahora de libertad económica, libertad social, económicamente justo, bla bla bla, en este momento no existe más, sólo existe el que tiene capacidad de gobernar”.
¿Entonces, la gente busca alguien que los conduzca solamente?
Alguien que los conduzca, sí, sin ir más lejos, hay que ver la actuación del peronismo en el Congreso, votan incluso las leyes sin leerlas, las votan sin saber de qué tratan.
¿Y en el radicalismo las leen?
En el radicalismo debe haber más que las leen que en el peronismo (Beatriz, 75 años, diseñadora, 2005).
Las relaciones entre igualdad, intervención estatal y educación mencionadas anteriormente son comunes en este grupo. Sin duda, para esta fracción de las clases medias, el progreso social está ligado a la educación pública. La UCR es para estos votantes el partido que sintetiza esas ideas. El valor acordado a la educación y a la cultura otorga reconocimiento a los dirigentes radicales. La inteligencia y la capacidad de Frondizi y la oratoria de Alfonsín son comúnmente destacas como virtudes. En sentido inverso, los peronistas aparecen como mal formados para ejercer la política, sin la capacidad intelectual de los políticos radicales. Menem y los dirigentes sindicales posiblemente sean los más descalificados como ignorantes, incultos e incompetentes.
“Siempre los radicales tuvieron mejor discurso. Hablaban mejor, se expresaban bien. Te convencían, te seducían. Me gustaba Terragno y Caputo también. Esos tipos eran buenos, tenían ideas, proyectos. Creo que eso siempre caracterizó a los políticos radicales. Ahora los políticos en general son más ignorantes y ninguno piensa muy bien. Pero bueno, yo creo que eso tiene que ver, digamos, con el partido, con la historia del partido. La importancia de formarse, de tener ideas, de hablar y de hablar bien. Un Frondizi, un Alfonsín. Creo que en eso se destacó el partido. Digamos que los peronistas siempre fueron un poco más brutos…” (Gabriela, 53 años, medica, 2006).
“Hay un problema relacionado con la política y los partidos que nunca se dice muy en serio, pero creo que es importante, yo creo que hay que discutir el tema de la formación intelectual de nuestros gobernantes, de nuestros políticos, porque parte de los problemas, me parece, de los problemas de la Argentina, hay que verlos como un problema de la formación de aquéllos que gobiernan. Y esto es fundamental porque en su mejor momento la Argentina tenía también sus mejores políticos, con De la Torre, con Yrigoyen, con Frondizi y Balbín, con esos políticos había desarrollo, había universidades, había un Estado, el radicalismo hizo también la reforma universitaria. Yo creo que lo que le faltó al peronismo es un conjunto de políticos buenos, formados y que pensaran un país desarrollado. A ver, si un país se desarrolla y mejora la vida de las personas es porque alguien pensó en hacer eso, ¿qué pudo pensar Ermiño Iglesias? Nada” (José, 65 años, profesor, 2003).
En el imaginario de los profesionales radicales, la UCR aparece como el partido que se opuso a los grandes intereses económicos y corporativos. El régimen, la oligarquía o el poder de los grandes empresarios surgen como los grandes antagonistas del partido centenario. El “golpe de mercado” a Alfonsín y el desplazamiento de Illia son, sin duda, los ejemplos históricos más nombrados a la hora de dar cuenta de esta lucha. En este sentido, los militares son entendidos como el brazo armado de los grandes grupos económicos que históricamente desplazaron a la UCR del gobierno. En este sentido, algunos profesionales radicales asocian a la UCR con un movimiento de izquierda.
“Al radicalismo lo cagaron siempre, si vos te fijas los militares lo derrocaron a Yrigoyen para restablecer el poder de la oligarquía que los radicales habían enfrentado con un movimiento popular basado en la participación. Después, esa historia se repite con Frondizi e Illia, ellos querían desarrollar el país y respetar los derechos, pero los militares, apoyados por los grandes empresarios, volvieron a derrocar al radicalismo, aunque ahora con el apoyo de los peronistas. Los peronistas que habían tenido siempre una raigambre popular cercana al radicalismo siempre se comportaron apoyando los derrocamientos y siendo más antipopulares y antidemocráticos de lo que dicen ser. El ejemplo más cercano es Alfonsín, vos tenés el pacto sindical-militar y la salida del gobierno anticipada por culpa de los peronistas que no dejaban gobernar y los terminaron aplaudiendo los militares y los empresarios hijos de puta. Realmente el peronismo es una contradicción en sí misma” (Julio, 59 años, ingeniero, 2003).
Muchos profesionales radicales manifiestan un marcado interés por informarse y conocer la historia política. Esta disposición se realiza a través de la lectura de periódicos y del consumo de programas políticos televisivos, pero también mediante la lectura de libros periodísticos y de historia nacional. Félix Luna y José Luís Romero son, entre otros, algunos de los autores consultados y comentados. El conocimiento de las fechas históricas, de los nombres y de la vida de ministros y presidentes dota a estos adherentes radicales de una importante coherencia discursiva a la hora de exponer sus razonamientos y opiniones. Es necesario destacar esta actividad formativa de los profesionales radicales, ya que, sin duda, es una característica propia de esta categoría.
En resumen, el tipo social de votante radical profesional de la Capital Federal tiende a atribuir al partido una tradición de izquierda, en la medida en que se opuso a grandes intereses corporativos. Por otro lado, reivindica los valores de progreso e intervención estatal, y parte de su antiperonismo responde a la supuesta pérdida de libertades y al atraso cultural generado por Perón. En cuanto a sus características sociales, la actividad laboral de los votantes radicales está vinculada con las profesiones tradicionales de despacho (abogado, médico, contador). Los electores radicales muestran, a su vez, un particular interés por la política y la historia política, y utilizan parte de su tiempo en formarse e informarse sobre estos temas.
5.2 Pequeños comerciantes y trabajadores. La ética radical
Los pequeños comerciantes e industriales, que tienen menos capital educativo y muestran menos interés por la cultura y sus valores, tienden a representarse el radicalismo como el partido del orden y la defensa de la ley. En este sentido, el peronismo aparece mucho más ligado al caos administrativo, a la corrupción y a la falta de ética.
Los radicales de este grupo recuerdan en forma recurrente los saqueos a los comercios en el primer peronismo. Varios comerciantes, en particular los que heredaron el comercio familiar, afirmaban que sus padres habían sido obligados a dar mercaderías a los peronistas para distribuir a los pobres. Por otro lado, también recuerdan a quienes fueron presos durante el gobierno de Perón por “no enlutarse con la muerte de Eva” o “no colgar una foto de Perón en el comercio”.
Los pequeños comerciantes e industriales radicales destacan, mucho menos que los profesionales, la intervención estatal, la búsqueda de igualdad y de los derechos políticos como principios del partido. Más alejados del discurso progresista de la UCR, los empresarios radicales reivindican la necesidad de cumplir la ley, mantener el orden y actuar seria y responsablemente como los atributos principales de los dirigentes radicales.
“Yo creo que lo más destacable del radicalismo, por lo que he vivido (y fue bastante), es actuar dentro de la ley. De respetar la ley. Creo que hicieron muchas cosas, algunas malas, algunas buenas, pero siempre actuaron dentro de la ley y eso es importante. Siempre fueron correctos, nunca se salían de las leyes. Creo que un ejemplo fue Alfonsín. Bueno, y también Balbín, él fue, como siempre, muy correcto y respetuoso de las leyes, era un político ejemplar. Como le dijo a Perón ‘despido un gran adversario’. Otro era Illia, él era, como radical, lo más puro que había y lo bajaron los militares. Él era un tipo serio, que actuaba pensando cada cosa, y lo llamaron la Tortuga” (Carlos, 77 años, comerciante, 2004).
En este sector también se puede encontrar una afinidad entre la condición socioprofesional y las posiciones políticas de sus miembros. El valor acordado a la ética del trabajo, al esfuerzo individual por prosperar y a la conducta honrada lleva, sin duda, a privilegiar el orden, la ley, y a oponerse a la corrupción y a las conductas fáciles que buscan progresar sin esfuerzo. En este sentido, los votantes peronistas son catalogados como aquéllos que no quieren progresar, que “prefieren que les den cosas y no trabajar”, que “no se preocupan por mejorar su condición”.
“El peronismo es, cómo te digo, es la cosa fácil, actúa como con la cosa fácil, regalada, se manejan dando cosas pero no ayudan a la gente y no quieren. Acá vienen algunos y me dicen: ‘vamos a hacer algo por el barrio’ o por lo que sea y siempre me quieren sacar algo del negocio. Y no se puede, digamos, está mal. Yo no voy a pedirles nada y no quiero que me molesten. Y la gente así los vota, porque los tipos están para dar y como la gente necesita, pero lo que en verdad se necesita es trabajo. Mi padre era conservador, radical, en realidad, y siempre decía que él quería progresar trabajando y que los peronistas querían progresar sin trabajar. A mí esa frase me quedó siempre y creo que sigue siendo verdad, por eso siempre voté a los radicales, aunque ahora tengo mis dudas porque el radicalismo como que no tiene una persona, un líder digamos y está como sin rumbo” (María, 50 años, comerciante, 2003).
“Para mí, el político peronista, cómo te digo, el dirigente peronista es el que tiene una trayectoria más sindical a lo mejor. No tan puramente política. Y la trayectoria sindical yo la asocio siempre con el patoterismo, con el llevarse por delante a la gente, con imponer cosas, aunque no tengan la razón. Históricamente fueron unos chorros y nadie los pudo sacar. Alfonsín quiso, pero no pudo. En algún momento, los argentinos vamos a entender que con esa gente no se puede. Que hay que hacer la cosas bien, poner gente seria” (Juan, 45 años, comerciante, 2008).
En términos generales, la identidad radical de los comerciantes e industriales está, sin duda, atravesada por su condición de empleadores. Si la identificación de los profesionales con la UCR está permeada por su condición educativa y los valores asociados a la misma, el habitus radical de los comerciantes y empresarios está constituido y sostenido en parte por su propia condición laboral, que promueve la oposición con los trabajadores y el movimiento sindical.
Pero tal vez es en los trabajadores poco calificados de clases medias donde pueden encontrarte las posiciones más recalcitrantes frente al peronismo.
“Un día antes de que yo entrara al Banco Provincia, el 2 de mayo de 1950, Perón y Eva Perón habían hecho un acto, eso hizo que el 3 de mayo, cuando yo entré al Banco, los delegados y jefes estuvieran todos enfervorizados por lo del día anterior. Allí vi el ambiente peronista que había. Los delegados y los empleados de jerarquía estaban todos elegidos por el gobierno peronista. Me acuerdo que, a pocos años de haber entrado a trabajar al banco, pasó lo de la muerte de Eva Perón. Para ese momento decidieron que los empleados del banco en casa central desfilaran con la cinta negra en el brazo y el escudo del partido peronista en la solapa. Lo que yo hice fue cambiar el escudo del partido peronista por el escudo del banco. Ya ves cómo eran las cosas en el gobierno de Perón: la gente comía, pero era autoritario, como Mussolini o Hitler, tanto se parecía que así también le fue. Imaginate que todos hablábamos con miedo en el banco porque había soplones que si decías que eras contrario a Perón, iban con el chisme a los superiores, que eran todos peronistas, y te echaban del trabajo. En las casas o los departamentos estaban los porteros o los vecinos que hacían de soplones. Así toda la gente andaba cuidándose de qué decía. Esto fue así hasta que vino la Revolución Libertadora. Eso fue un alivio. Pero cómo se logró eso fue terrible… en el momento del bombardeo a Plaza de Mayo, yo estaba trabajando en la casa central del Banco Provincia. Por esto te digo que fue una masacre, no sé cuántos mataron ese día. Eso fue una maniobra militar, no fue algo político, no se resolvió como corresponde, fue una masacre. Pero igual, el ambiente peronista no se podía aguantar, tenías a un jefe que poco antes de eso había sido ordenanza, y que porque tenía llegada al partido peronista había podido convertirse en jefe. Éste que era un bruto, que había sido ordenanza y servía café en la sucursal 14, y que no sabía ni leer ni llenar correctamente un papel, había llegado, gracias al ambiente de alcahuetería y acomodo político, a ser jefe en casa central. Este bruto había pasado de vestir gorrito y musculosa a vestir un traje caro, con las uñas lustrosas… ¡Cada uno ha habido!” (Martín, jubilado bancario, 70 años, 2005).
La entrevista anterior refleja el punto de vista de un parte del electorado de radical sobre la historia política y los partidos, que sin duda aparece como quijotesca. Es el caso de un empleado bancario, hijo de clases medias en ascenso, que se incorpora al mundo laboral y a la participación política a comienzos de la década del cincuenta. Portador de un antiperonismo extremo, su esquema político responde más al viejo balbinismo que a la modernización alfonsinista. Contiene, además, un claro componente antipopular, un habitus de clase media capitalina que interpretó como ilegítimo el ascenso de sectores populares durante el peronismo. Es en los votantes radicales de esta generación donde puede apreciarse con mayor claridad el componente “clasista” del voto radical. La “herejía del peronismo” estuvo dada por el reconocimiento material y simbólico de las clases populares, que fue en gran medida repudiado por las clases medias, y politizado por el radicalismo.
5.3 El antiperonismo conservador y progresista
Se puede establecer una nueva tipología para caracterizar al conjunto de votantes de la UCR, cuya principal característica es el antiperonismo. Estos votantes no manifiestan, en el sentido de Campbell, una identificación política fuerte con el partido radical, no se definen a sí mismos como radicales, y no reconocen los valores y principios asociados típicamente a la UCR, pero comparten con los adherentes radicales una marcada aversión hacia el peronismo. En este sentido, interrogados sobre sus preferencias partidarias, muchos de ellos afirmaron ser simplemente “antiperonistas” y negaban toda pertenencia partidaria. Los votantes antiperonistas manifestaban un tipo de apoyo más ocasional la UCR, particularmente en las elecciones presidenciales. Más que caracterizar a estos votantes por un conjunto de ideas más o menos consistente, conviene mostrar algunas de sus trayectorias electorales.
En primer lugar, se puede postular la existencia de un tipo ideal de votante antiperonista, más cercano a una tradición socialdemócrata, que reivindica la intervención estatal y la búsqueda de la igualdad social entre las distintas clases sociales. Este votante comparte con la tradición radical una visión autoritaria y demagógica del peronismo. Si bien estos votantes reconocen los avances en legislación social logrados por el peronismo, advierten que muchas de las reformas habían sido planteadas por los socialistas y radicales a principios de siglo, y que el gobierno de Perón las utilizó de forma personalista y demagógica. En términos de trayectoria electoral, estos votantes apoyaron al Partido Socialista o al Partido Intransigente, entre otros, y, posteriormente, aportaron un gran caudal de votos al Frente Grande.
¿Cómo eran esos momentos, cómo viviste el retorno a la democracia?
Era increíble, la esperanza, la gente, el entusiasmo. Mirá, yo vi a Alfonsín asumir y decir el Preámbulo en la televisión. Estaba arrodillada en casa, sola, y lloré. No te imaginás lo que era que él haya ganado, el tema del Preámbulo, lo que significaba para nosotros. Era increíble, yo lloraba. Eso no me volvió a pasar.
¿Te identificaste con el radicalismo?
No sé si “estuve identificada con el radicalismo”, nunca voté en esa época a los peronistas. Eran unos impresentables y muchos lo siguen siendo, y obviamente nunca voté a Menem. A partir del 85, empecé a votar por el PI y luego a partidos chicos, mucho después voté al Frente Grande.
¿Cómo es eso?
Mirá, siempre me pareció una boludez lo de votar al mal menor. Esa estupidez de que no vale la pena votar partidos chicos que aunque tengan razón no ganan. Creo que hay que votar con conciencia, es decir, los que uno cree que son los mejores.
¿A quién votaste en los ochenta, después del 83, en las legislativas?
Como te dije, en el 83 voté a Alfonsín y un par de años después me acerqué al PI. Tenía un montón de compañeros de trabajo que estaban en el PI. Pero al final se disolvió. No sé quién dijo en su momento, creo que algunos de los “dirigentes”, que había que votar al peronismo, al final, todos mis compañeros iban a votar al peronismo en el 89. ¡Qué bronca, qué calentura, no lo podía creer! Por qué yo tenía que votar al PJ, ¿quién me consultó?, nadie, ¿entendés? Desde ahí voté a quien yo quería. No dejo que decidan más por mí.
¿Cómo es eso de que no querés que decidan más por vos?
Mirá, yo ya no me banco que hablen por mí, que decidan por mí. Cuando los políticos dicen: “la gente quiere…” me da una rabia. “¿Qué sabes vos, hijo de puta?”. Mirá, me da una bronca… ¿Quién sos vos para decir que yo tal cosa o yo tal otra? Si yo quería al PI y no votar al PJ, ¿por qué tenía que votar a los peronistas? Porque el partido decidió a poyar al PJ, ahora ellos deciden como si fuéramos unos estúpidos, “ahora hay que votar por esto”. Yo no voté al PJ y no me volví a acercar a ningún partido (Alicia, 48 años profesora).
En segundo lugar, es posible identificar un antiperonismo vinculado a la derecha, pero que la UCR en ocasiones pudo captar.[1]
A diferencia de la trayectoria electoral anterior, el votante antiperonista conservador tendió a fluctuar entre el voto a la UCeDé y Menem, el partido de Béliz o Cavallo y, posteriormente, a RECREAR de López Murphy. Al igual que en el caso anterior, el apoyo a la UCR lo brindaba principalmente en las elecciones presidenciales, donde era poco probable que un partido pequeño accediera a la presidencia, mientras que en las elecciones legislativas apoyaba a partidos menores. En términos ideológicos, el antiperonismo conservador es cercano a los postulados de no intervención y regulación estatal, y tiende a ver con antipatía a los partidos tradicionales mayoritarios. En este sentido, comúnmente manifestaba una importante desconfianza hacia los partidos de masas y sus votantes. El antiperonismo de estos votantes presenta un matiz antipopular, manifestando cierto desprecio por los sectores trabajadores y las clases bajas.
¿Por qué cree usted que mucha gente descree de la política y del gobierno?
Hoy se cree que la política es sucia pero yo, por lo que recuerdo, también en el viejo conservadurismo y el viejo radicalismo había corrupción, no como ahora, pero no creas, había… claro que las cosas empeoraron cuando vino Perón: les dio cosas a la gente para que lo votaran, trajo a los vagos que tocan el bombo… Claro que había trabajo, no como ahora que hay hambre, miseria y robos por todas partes, no se puede estar tranquilo… no, algunas cosas no son iguales, parece que las cosas en eso empeoraron.
¿Qué partido votaste desde 1983?
En el 83 obviamente voté a Alfonsín. Después vino el quibombo. Me acuerdo del año 89, cómo aumentaban los precios de las cosas. No había sueldo que alcanzara. Ibas a comprar algo a la mañana y los supermercados por ahí cerraban para remarcar los precios de los productos. Ya no se podía aguantar más. A los pocos meses hubo elecciones y voté a la UCeDé. El Estado estaba lleno de vivos, los tenías ahí adentro viviendo de todos nosotros. Con Menem hubo más estabilidad, eso me tranquilizó, es más, lo voté en el 95. Pero las cosas no fueron buenas con él porque creo que la corrupción empeoró y la gente empezó a dejar de creer en el gobierno. Pero yo no creo que haya sido tan diferente que en otros tiempos. La diferencia está en los hombres. Ya no se ven hombres como Ricardo Balbín. Ese sí que era un gran político. Tenía un porte de estadista, conocía de política, de economía. El gesto que más me emocionó fue cuando, en el momento del funeral de Perón, le dijo que despedía a un amigo, éste era un hombre que sabía unir a la patria. (Roberto, 70 años, exempleado bancario, 2005).
El votante antiperonista muestra, en términos generales, un sistema interpretativo menos sistemático que el simpatizante radical. Como se mencionó antes, los antiperonistas no manifiestan una identificación partidaria importante con la UCR, y es, básicamente, su oposición al peronismo lo que orienta su acción política electoral. En este sentido, los principios asociados a la UCR, tales como la defensa de la ley, la Constitución y la igualdad social y política, son menos consistentes, salvo en aquéllos que tienen una formación cultural importante, como son los provenientes de familias con tradición socialista, en donde se valoraba el conocimiento de la política y la historia.
La falta de consistencia de sus esquemas interpretativos y la falta de sistematicidad en sus ideas los situaron muchas veces a distancia de las coyunturas electorales y de las luchas discursivas de los principales partidos. Como tempranamente lo advirtió Lazarsfeld, los votantes más independientes de los partidos tienden a interesarse menos por las elecciones y las discusiones políticas coyunturales, y por esa razón los discursos y la propaganda partidaria casi no refuerzan sus ideas políticas. La distancia con la UCR y su aversión al peronismo llevaron a algunos de estos votantes a elegir pequeños partidos más o menos desconocidos, cuyas propuestas (e incluso candidatos) en muchos casos ignoraban, y, en consecuencia, al malentendido político, como en el caso de votantes con tradiciones progresistas que dieron su voto a partidos de derecha, o votantes de tradición de izquierda que apoyaron a Angeloz para oponerse a Menem.
La identificación casi inexistente con el radicalismo situó a estos votantes en una posición más autónoma frente al partido y más crítica frente los resultados de sus gobiernos. En este sentido, por estar menos ligados a la tradición radical, posiblemente fueron los primeros en retirar su apoyo al partido tras la crisis alfonsinista, evidenciando los débiles lazos de lealtad que los unían al partido centenario. Debido a la poca relación que tenía con los partidos mayoritarios, el votante antiperonista sufrió un temprano desencanto con respecto a la política partidaria de la UCR.
5.4 El cambio estructural y la reproducción política y social de los tipos ideales de votantes radicales
Las transformaciones estructurales ligadas a los procesos de globalización y los cambios correlativos en los estilos de vida alteraron sin dudas la reproducción de los tipos sociales de votantes radicales, en la media en que las categorías sociales entre las que la UCR cosechaba sus apoyos tradicionales comenzaron a desvanecerse. En este sentido, una de las condiciones que pudieron contribuir indirectamente a la reducción de la base electoral del partido es el cambio social que afectó a sus votantes típicos, alterando el mantenimiento y la reproducción de la tradición partidaria.
En el caso de los comerciantes y pequeños productores, los cambios morfológicos implicaron una disminución extraordinaria de estas categorías, entre otras razones como consecuencia de la instalación de grandes supermercados y del aumento de las importaciones. Particularmente, se redujo notablemente el pequeño y mediano comercio barrial, cuya reproducción económica se basaba en el trabajo familiar. Junto con la economía familiar del comercio se desarticuló también parte de la tradición política familiar. Buena parte de los comerciantes adherentes de la UCR reconocían una tradición política que se remontaba a sus padres y abuelos. Esa tradición encontró menos posibilidades de reproducción a medida que el modelo familiar que la sustentaba entraba en crisis y las generaciones más jóvenes iban alcanzando mayores niveles de educación y diversificando sus consumos culturales. En el caso de los productores y pequeños empresarios, no sólo disminuyen las categorías más tradicionales, sino que surgen nuevos sectores vinculados a los bienes culturales, basados en los intercambios globales, que, al igual que el caso anterior, tienen estilos de vida más modernos y consumos culturales más diversificados.
Para comprender la declinación de este tipo social de empresario radical también es necesario tener en cuenta los cambios que se dieron en los referentes que mantenían más o menos estructurada la identificación política. La existencia de un adherente radical reaccionario, cuyo antiperonismo estaba sustentado en una animadversión hacia las clases obreras y a la representación sindical, comenzó a desestructurarse cuando la clase obrera organizada se debilitó, producto de la desocupación y del trabajo informal a lo largo de la década del noventa. Así, no sólo entró en crisis el modelo de subsistencia económica de los comerciantes y productores radicales tradicionales, sino también el del mundo social y político que actuaba como sustrato de su sistema de ideas. Por otro lado, la transformación del peronismo que supuso el menemismo tendió asimismo a debilitar la vieja oposición peronismo-antiperonismo como sostuvieron Yannuzzi (1995) y Novaro (1995). Efectivamente, la construcción política del discurso del menemismo supuso la expulsión del adversario y el conflicto, acorde a una escenificación sustentada en el liderazgo de Menem.
En el caso de los profesionales radicales, las transformaciones morfológicas vinculadas al desarrollo de nuevas profesiones ligadas a los servicios actuaron diversificando de forma extraordinaria el estrato social al que pertenecían. Comienza así el ocaso del profesional tradicional de despacho ligado a ciertas profesiones clásicas como las de médico o abogado, y aparecen nuevos intermediarios culturales, en buena parte, provenientes de universidades privadas. Sin dudas, estos profesionales de consumos más globalizados y actividades profesionales menos ligadas a la universidad pública presentan menor interés por la política partidaria y la historia nacional, y son menos propensos a defender consignas tradicionales de la UCR como la intervención estatal y la defensa de la educación pública.
5.5 Conclusión: perfiles políticos de los votantes de un partido atrapa-todo
Las relaciones establecidas entre las posiciones sociales y las afinidades políticas posibilitan destacar ciertos rasgos importantes del vínculo entre la UCR y sus bases de apoyo electoral. Una primera cuestión que cabe resaltar es el carácter flexible de la identificación radical. Lejos de suponer la adhesión a un programa político organizado o tomas de posición ideológicas más o menos sistemáticas, la identificación radical se basa en un conjunto de principios adaptable a las diversas posiciones sociales. Como sostuvo Torre (2004), la UCR es “un partido de valores”. Así, más que proponer la existencia de un votante radical “de derecha”, “de izquierda”, o “moralista”, resulta más pertinente hablar de la existencia de diferentes sensibilidades políticas en el seno del electorado radical. Posiblemente, el conjunto de valores abstractos con los cuales el partido tendió a identificarse históricamente favoreció la conformación de un tipo de identificación lábil, capaz de adecuarse a diferentes categorías sociales sin por eso generar grandes contradicciones.[2] Por otro lado, la historia vivida por los electores, la tradición familiar y las características sociales tendieron a conferir ciertas particularidades a la identificación radical y a constituirla como tal, limitando la pura performatividad discursiva. En este sentido, la filiación radical no sólo dependía de los discursos y proclamas partidarias, sino también de las condiciones sociales, familiares e individuales de los propios electores. La particular visión que los diferentes adherentes del radicalismo tienen de la historia política, de las luchas partidarias y de los “enemigos históricos” da cuenta de cierta autonomía de los electores radicales para organizar y estructurar su propia identificación con la UCR. Esto no supone la existencia un individuo “independiente” que construye su propia afiliación política racionalmente, sino un tipo de adhesión partidaria ajustada a las condiciones de vida de los votantes. En este sentido, podemos proponer un carácter dual de la identificación radical. Por un lado, la adhesión al partido está sustentada en el reconocimiento de principios propiamente políticos sostenidos por la organización partidaria: democracia, orden, intervención estatal, valores cívicos y republicanos. Por otro lado, esos principios son, en parte, reinterpretados y reformulados en base a las condiciones socioeconómicas, familiares e individuales de los propios adherentes, dando lugar a diferentes sensibilidades políticas.
Al transformarse las condiciones sociales que las sustentaban, las sensibilidades políticas de los adherentes encontraron menos condiciones para su reproducción. Los tipos sociales de votantes, que eran característicos del electorado radical, comenzaron un proceso de declinación cuyos inicios pueden situarse en los primeros años de la década del noventa. Un primer aspecto ligado a esta declinación está dado por la imposibilidad de reproducción social y económica de las categorías socioprofesionales características del electorado la UCR. Los procesos de globalización alteraron la morfología de las clases medias, afectando la existencia de una parte de los estratos que eran portadores de la identificación radical. Un segundo fenómeno correlativo es el hecho de que los nuevos sectores profesionales y pequeños empresarios ya no manifiestan un conjunto de ideas e intereses solidarios con la identificación partidaria. Posición de clase y valores políticos aparecen ahora mucho más alejados. Esto es particularmente observable en el caso de los comerciantes, cuya aversión a los trabajadores y sindicalistas encontraba en la UCR el vehículo para oponerse al peronismo en el campo político. No sólo este estrato se redujo notablemente, sino que los nuevos sectores del comercio y los intermediarios culturales ya no manifiestan esa lógica de oposición social en su desarrollo. Por último, además de la falta de reproducción social y de afinidades, la interconexión global y el desarrollo de nuevos servicios educativos debilitaron algunos referentes clásicos de la identificación radical, como la creencia en la necesidad de intervención estatal y la importancia otorgada a la universidad pública.
- Caracterizando estos votantes, Mora y Araujo afirmó que el triunfo del radicalismo en el ’83 supuso una alianza electoral de diferentes sectores, en la cual primó el apoyo de antiperonistas de derecha o conservadores. Sin duda, en 1989, Angeloz trató de movilizar esos apoyos al postularse como candidato del Partido Independiente, con la fórmula Angeloz-Guzmán. ↵
- La movilización electoral conjunta de las diversas categorías de clases medias es, en parte, una particularidad de la UCR, ya que las categorías pueden fragmentarse. Por ejemplo, Nonna Mayer (1983) analizó la división electoral de la clase media francesa a partir del voto de pequeños comerciantes y productores a la derecha y cuadros asalariados a la izquierda. En términos ideológicos, los patronos expresaban ideas más liberales, menos “colectivistas” y manifestaban posiciones anticomunistas. Sin duda, parte de las condiciones para esta movilización de todas las categorías, incluso las más pobres, se debe al discurso abierto de la UCR (moralizador, democrático, de progreso generalizado) y a la casi inexistente interpelación a una “representación de intereses” económicos, lo que hubiera supuesto una clarificación de los sectores que se proponía beneficiar.↵








