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Introducción

Anna-Lena Diesselmann, Andreas Hetzer,
José Fernando Sánchez Salcedo y Bernt Schnettler

La imagen tiene un potencial innovador para el análisis de la realidad que todavía no se ha indagado de manera suficiente, razón por la cual esta publicación es una invitación a acercarse desde diferentes maneras al estudio de las imágenes. En los últimos años, se ha presentado un notable incremento de estudios sobre la imagen fija o en movimiento en sociología que ha dado pie, entre los más entusiastas, a proclamar el surgimiento de una nueva especialidad, la sociología visual. En términos generales, este nuevo campo busca delimitar un objeto de estudio, las imágenes, a partir de dos estrategias metodológicas: el análisis de las imágenes en sus distintas formas y la utilización de las tecnologías productoras de imágenes como un instrumento para recoger información y generar datos. La premisa que subyace al estudio de las imágenes es que a través de su análisis podemos obtener otras formas de conocimiento sobre la vida social. Lo nuevo en los dos casos es que la imagen tiene un fin en sí misma y no solo se reduce, como tradicionalmente se ha hecho, a la ilustración del conocimiento.

Aunque no es posible datar con precisión desde cuándo se empieza a hacer referencia a una sociología de la imagen o visual, Jon Wagner (2002) propone como punto de partida de la disciplina, al menos en su versión inglesa, la publicación de Images of Information (1979), que comprende una decena de contribuciones que versan sobre el uso de la fotografía en ciencias sociales. Siete años después, Douglas Harper creará la revista Visual Sociology Review, con una larga tradición editorial en el campo de la sociología visual. En 1999, la revista modifica su nombre a Visual Sociology. En Francia, autores como Pierre-Marie Chauvin y Fabien Reix (2015) ubican el uso del término sociología visual o de lo visual en 2007, a partir del trabajo de Fabio La Rocca titulado “Introduction à la sociologie visuelle” publicado ese año en la revista Société, n.° 95.

Este interés por las imágenes cobra particular sentido en las sociedades contemporáneas, donde hay una producción y circulación permanente de todo tipo de imágenes gracias a desarrollos tecnológicos como la invención de la fotografía y el cine, posteriormente la televisión y el video, hasta alcanzar su máxima expresión con las nuevas tecnologías digitales a través de las cuales no solo se ha mejorado la experiencia visual (por lo menos en lo que a la calidad de la imagen se refiere), sino reducido los costos de producción, al punto que la imagen se ha convertido en una presencia constante en nuestra cotidianidad.

Sin embargo, las relaciones entre las imágenes, la sociología y otras disciplinas que conforman las ciencias sociales no son nuevas. De hecho, la fotografía nace en la misma época en que Augusto Comte da a la sociología su nombre y Louis Daguerre hace público un método para fijar una imagen en una placa de metal. Ambos, como lo señala Howard Becker (1974), comparten un mismo propósito: quieren explorar la sociedad.

Un primer momento de contacto entre la sociología y la fotografía “se sitúa en la tradición documental de fotografía social de Lewis Hine y Jacob Riis en el periodismo” (La Rocca, 2007, p. 36). También se publicaron algunas fotografías en revistas, como la American Journal of Sociology (AJS), fundada en 1895. De hecho, Clarice Stasz (1979) revisó artículos publicados entre 1896 y 1916 en dicha revista y encontró 31 en los cuales las fotografías eran utilizadas como elementos de prueba o ilustración empírica con el propósito de evidenciar las condiciones de vida de comunidades pobres (Chauvin y Reix, 2015, p. 20).

No obstante, a pesar de los vínculos que tempranamente unieron a la fotografía y a la sociología, la búsqueda del estatus científico de la disciplina académica va a orientar el trabajo sociológico hacia los métodos cuantitativos, dejando de lado el enfoque cualitativo al que se adscribía el estudio de las imágenes, así como cierta concepción subjetivista y descriptiva que se le atribuía al uso fotográfico de la disciplina en la investigación científica.

No sucederá lo mismo con otras disciplinas, como la antropología, que desde su inicio hizo de las imágenes fotográficas y, posteriormente, del cine[1], un importante instrumento de prueba y de recolección de información. Margaret Mead, junto con Gregory Bateson (1942), utilizó el cine para registrar conductas y ampliar su observación sobre la comunidad de Bali. Afirman que las personas no solo se comunican hablando y escuchando, sino que también emplean todos sus sentidos de manera organizada para observar y expresar sus ideas a través de dibujos, vestimenta, arquitectura y por medio del uso habitual de imágenes visuales. Esta forma de comunicación involucra una interacción multisensorial que va más allá del lenguaje verbal, integrando diversos canales sensoriales para transmitir mensajes de manera más completa y efectiva (Winkin, 1981).

El uso sociológico de las imágenes tendrá que esperar a que surjan importantes procesos y transformaciones dentro de la disciplina y al interior de las mismas sociedades occidentales, como el invento de la radio y la televisión y la correspondiente emergencia de los estudios sobre los medios de comunicación, la publicidad y la propaganda, así como el redescubrimiento de las técnicas cualitativas de recolección de información. Sin embargo, sociólogos y analistas sociales, como Walter Benjamin (2004), Howard Becker (1974), Pierre Bourdieu (1979) y Thomas Luckmann (2008), abordarán el estudio de las imágenes a partir de la primera mitad del siglo XX.

Es importante mencionar que los diferentes matices que caracterizan el surgimiento de la sociología visual estarán fuertemente influenciados, a su vez, por desarrollos conceptuales y metodológicos provenientes de disciplinas como la lingüística, la semiótica, la historia del arte, los estudios culturales[2] y la etnografía. Los primeros enriquecerán el análisis de las imágenes, mientras que la etnografía, a través de la observación participante y el documental etnográfico, contribuirá a la utilización del video y la fotografía como herramientas para la recolección de información. Al respecto, Howard Becker, uno de los padres fundadores de la sociología visual en los Estados Unidos, afirma que “para afianzarse como un campo sociológico autónomo, la sociología visual debe apoyarse en otros territorios disciplinares académicos como la antropología, pero también en campos no académicos como la fotografía y el cine documental” (Chauvin y Reix, 2015, p. 23).

Las múltiples influencias y cruces disciplinares junto con los avances tecnológicos, ya mencionados, permitirán el surgimiento de modelos analíticos como los propuestos por Becker para el análisis de la fotografía, por Pierre Bourdieu para el estudio de la fotografía familiar y el campo televisivo y por Thomas Luckmann (2008) con sus trabajos sobre los géneros comunicativos. En lo que respecta al uso tecnológico de las imágenes para recoger información, han surgido nuevas propuestas metodológicas, como el videoanálisis y los análisis de testimonios visuales.

En lo que respecta al videoanálisis, son pioneros los trabajos de Charles Goodwin (1981) y Christian Heath (1986), quien

publicó su videoanálisis de las interacciones entre médicos y pacientes, investigación que resultó crucial para la fundación de una nueva área de investigación, enfocándose en la interacción dentro de entornos de trabajo de alta tecnología mediante el empleo del análisis de video; a la cual usualmente se la conoce como estudios del lugar de trabajo (Schnettler y Raab, 2012, p. 86).

La metodología de los testimonios visuales, por su parte, fue desarrollada por Alejandro Baer (2005) a partir de una serie de entrevistas realizadas en el marco del proyecto Survivors of the Shoah Visual History Foundation, que fue creado por el cineasta Steven Spielberg en 1994 con el objetivo de recoger en video testimonios de supervivientes del Holocausto.

Desde el punto de vista conceptual, además del constructivismo estructuralista bourdieano y del construccionismo social desarrollado por Peter Berger y Thomas Luckmann, la sociología visual se nutre de importantes tradiciones, como el interaccionismo simbólico (Blumer, 1982), la teoría de los marcos (Goffman, 2006), la sociología del conocimiento (Mannheim, 1964) y la construcción comunicativa de la realidad (Knoblauch, 2019).

A diferencia de las sociedades europeas y la norteamericana, donde se ha llevado a cabo, en las últimas décadas, un importante desarrollo de la sociología visual, en América Latina, y de forma más específica en Colombia, los análisis visuales en sociología son bastante escasos. La mayoría de los trabajos que abordan lo visual como objeto de estudio siguen la tradición de la investigación sobre medios de comunicación, el análisis del discurso, los estudios culturales y, en los últimos años, han emergido nuevos campos de estudio influenciados por la historia del arte que combinan el análisis iconográfico y la museografía. Un dato esclarecedor sobre la escasa difusión de estos estudios es la presencia por primera vez de una mesa sobre la sociología visual en el XII Congreso Nacional de Sociología, realizado en 2020.

Así las cosas, no se puede afirmar que haya en el país, por lo menos no todavía, una subespecialidad o un campo sociológico que aborde el estudio de la imagen. De hecho, los trabajos investigativos que se realizan en el marco de la disciplina se presentan en otros campos disciplinares, como la antropología, la historia y el análisis del discurso.

El volumen que se presenta a continuación busca aportar a la difusión de la sociología visual en el país a partir de trabajos empíricos y reflexiones metodológicas producto de varios años de cooperación entre las Universidades del Valle (Colombia) y Bayreuth (Alemania), gracias al apoyo de instituciones como la Vicerrectoría de Investigaciones (VRI) de Univalle, el Ministerio de Educación de Alemania y la Convocatoria de Intercambio DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) y el Ministerio de Ciencias en Colombia[3].

Los materiales compilados en este libro[4] están centrados en tres grandes tópicos: el conflicto, la paz y las culturas subalternas; además, abordan temas relacionados con los estudios sobre el trabajo y la religiosidad popular. La primera parte se enfoca en los fundamentos metodológicos de la sociología visual (capítulos 1 al 4), mientras que la segunda contiene estudios de casos específicos en el contexto colombiano (capítulos 5 al 9).

En el primer capítulo, titulado “Sociología del conocimiento visual de la fotografía. Investigación sociológica entre imagen individual, contexto y entorno social”, el sociólogo alemán Jürgen Raab propone un modelo analítico para abordar el estudio de la fotografía desde la sociología del conocimiento. Para ello, analiza primero los aportes de autores como Pierre Bourdieu y Roland Barthes, Erwin Panofsky y Max Imdahl, identificando sus principales contribuciones para una sociología del conocimiento visual, para luego, en un segundo lugar, recuperar el concepto de marcos de Erving Goffman y utilizar los niveles de enmarcamiento para introducir aspectos analíticos de los referentes conceptuales previamente revisados. Finalmente, la propuesta será puesta a prueba a partir del análisis de un caso.

En el segundo capítulo, la socióloga Roswitha Breckner, en su trabajo titulado “Percepción de la imagen – Interpretación de la imagen. Análisis de segmentos como método para acceder al sentido de la imagen”, parte de la siguiente pregunta: ¿cómo se puede pasar de una percepción visual de la imagen a una interpretación de la imagen articulada a través del lenguaje hablado? Esta pregunta, según la autora, supone dos cosas: primero, que hay procesos de percepción ligados a la producción y contemplación de imágenes y, segundo, que hablar de las imágenes cambia la forma de percibirlas. Para resolver esta pregunta, Breckner propone un enfoque centrado en el análisis simbólico e interpretativo de imágenes fijas, mediante la metodología del estudio de segmentos visuales a través de un ejemplo.

En el tercer capítulo, Michel R. Müller aborda en su texto, “Agrupaciones de imágenes icónicas: significado, estructura y análisis”, el modo en que pueden ser analizadas grandes cantidades de imágenes producto del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, no desde sus componentes individuales, sino a partir de las interacciones que se forjan cuando se integran en conjuntos y colecciones. Una particularidad del modo en que se integran este tipo de imágenes es a partir de su compilación multilateral en una estructura de red que genera efectos y cualidades específicas. En este sentido, uno de los principales aportes del texto es el desarrollo de una propuesta para el análisis de clusters de imágenes, compuesta por los siguientes pasos: 1) capturar las imágenes y convertirlas en datos; 2) identificar, una vez que se tiene el corpus de imágenes, los tipos de imágenes que conforman el cluster a través de la comparación de imágenes y la creación de categorías; 3) reconstruir las interacciones o acentuaciones temáticas basándose en similitudes significativas o fuertes contrastes; 4) finalmente, terminar el análisis con una reflexión de los resultados obtenidos con base en la pregunta de investigación formulada. Las etapas propuestas van a estar acompañadas en el texto a partir de ejemplos con propósitos ilustrativos.

Los primeros tres textos son traducciones de artículos publicados originalmente en alemán e inglés. Decidimos escoger estas tres investigaciones emblemáticas provenientes de Alemania para, por un lado, traer a colación la riqueza de la tradición y debate de la sociología visual, y, por otro lado, incentivar el intercambio de metodologías y teorías entre el público alemán y el hispanohablante.

En el cuarto capítulo, titulado “El análisis de datos de video: las diferencias entre los videos de plataforma y los videos de campo”, Bernt Schnettler lleva a cabo una discusión acerca de dos de los materiales más utilizados en videoanálisis: los videos que se producen como resultado del trabajo de campo y los que se recuperan de las plataformas digitales. Ambos tipos de materiales son recreados a partir de dos ejemplos que ilustran muy bien los límites y las posibilidades de este tipo de productos para el análisis audiovisual.

La segunda parte del libro recopila diferentes análisis visuales en el contexto colombiano. En el quinto capítulo del texto, titulado “El régimen visual de la violencia. Colombia, 1920-1960”, la socióloga Eugenia Mora, a partir del recurso metodológico de la ecología de la imagen, logra demostrar cómo las imágenes sobre la violencia que fueron difundidas en el libro La Violencia en Colombia: estudio de un proceso social, de Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña y Germán Guzmán (1962), y en otros textos y periódicos durante la década de los sesenta y setenta del siglo XX, se inscriben en un régimen visual que tiene sus antecedentes en la crónica roja, la caricatura y otro tipo de imágenes que circulaban en la sociedad colombiana, como la fotografía post mortem, desde finales del siglo XIX. La adscripción de estas imágenes a través de formas particulares de ver y percibir la violencia muestra que hay una suerte de continuidad entre este tipo de imágenes y las que luego fueron producidas y reproducidas durante el periodo de la violencia en la sociedad colombiana.

En el sexto capítulo, José Fernando Sánchez, en su texto titulado “La imagen bajo sospecha: disputas y controversias sobre la pintura de murales en Cali durante el paro nacional de 2021”, realiza un análisis de las disputas que generó el borrado de murales durante el paro nacional de 2021. Para la realización de dicho trabajo, se reconstruyeron –utilizando los modelos de cité propuestos por Boltanski– las controversias entre las personas que estuvieron a favor y en contra del borrado o el mantenimiento de las imágenes y se llevó a cabo, en un segundo momento, una clasificación de algunos de los murales pintados dentro de los géneros comunicativos propuestos por Thomas Luckmann.

En el séptimo capítulo, titulado “Cartografías visuales de un territorio afrodescendiente: la otrificación del distrito de Aguablanca en Cali a través de imágenes”, Andreas Hetzer hace un análisis del modo en que son retratadas las comunidades afro a partir de un corpus compuesto por archivos de prensa, álbumes familiares de habitantes de Aguablanca y el archivo privado del fotógrafo francés François Dolmetsch. En total se seleccionaron 1.450 imágenes, que abarcan un periodo que va entre 1965 y 2000. El material seleccionado fue analizado a partir de la metodología del historiador de arte alemán Aby Warburg. De dicho análisis surgieron 10 paneles que recogen las principales características de las imágenes analizadas: 1. territorio desconectado, 2. subdesarrollo y miseria humana, 3. desastres y víctimas, 4. asistencialismo, 5. progreso, desarrollismo y modernización, 6. empoderamiento y participación política, 7. lucha por la propia vivienda, 8. masculinidades y desesperanza, 9. las múltiples facetas de la mujer, 10. promoción humana y esperanza. El estudio demuestra cómo las cartografías visuales ofrecen una cierta narrativa visual de otrificación de afrodescendientes en Aguablanca, que oscila entre el subdesarrollo, la miseria y los desastres naturales, por un lado, y la necesidad del asistencialismo para impulsar el progreso, la educación y la modernidad como promesas de salvación, por otro lado. Hetzer llega a la conclusión de que este tipo de otrificación del oriente de Cali corresponde a la invención del tercer mundo dentro de la ciudad o, mejor dicho, el África de Cali.

En el octavo capítulo, titulado “Pinturas, fotografías y exvotos: elementos visuales y socialización en el culto a las ánimas del purgatorio”, Luis Bastidas analiza los elementos visuales del culto a las ánimas del Purgatorio en Colombia y la función que dichas imágenes cumplen en la socialización y reproducción de estas creencias entre los feligreses. Primero, examina el papel de la pintura en la evangelización y la divulgación de la creencia en el purgatorio en la época colonial en América, reseñando el papel de la pintura en Nueva España. Luego, analiza dos casos específicos: el de la experiencia vivida de algunos feligreses con la fotografía de ánimas en Puerto Berrío, Colombia, y el rol que cumplen los exvotos para demostrar la vitalidad del culto a través de sus obras milagrosas en Cali y Bogotá.

Finalmente, en el noveno capítulo, titulado “Memoria visual del barrio Siloé en Cali. Historias desde la subalternidad”, de Anna Lena Diesselmann y Andreas Hetzer, se utiliza una estructura textual diferente en comparación con el resto de textos recopilados. Los autores presentan interrogaciones para resumir y debatir la sistematización de experiencias de la construcción de un archivo visual desde lo popular. Examinan el papel de la fotografía en el trabajo histórico y la investigación popular, centrándose en su capacidad como medio decolonial y herramienta de construcción de memorias. A través del archivo del Museo Popular de Siloé exploran cómo las imágenes pueden servir como documentos históricos y agentes de cambio social. La investigación se llevó a cabo durante varios años y revela cómo las fotografías no solo preservan recuerdos, sino que también desafían narrativas coloniales y promueven una comprensión más inclusiva de la historia desde la perspectiva de los habitantes de Siloé. De esta manera, presentan la hipótesis de que las fotografías propias del barrio popular tienen el potencial para que las y los subalternas/os sean vistos y escuchados. El artículo abarca algunas de las preguntas centrales que se plantean los científicos sociales alrededor del uso de la fotografía; asimismo, busca examinar su impacto en la construcción de identidades colectivas y los procesos de resistencia cultural.

Uno de los aspectos más importantes del libro es que recopila una diversidad de metodologías y teorías en torno al trabajo con imágenes y videos como fuentes etnográficas, documentales e históricas que amplían el corpus de análisis para una mejor comprensión de las sociedades contemporáneas. Como ya se mencionó supra, el debate sobre las herramientas para trabajar con imágenes y videos en las ciencias sociales apenas comienza en Colombia y en gran parte de la academia latinoamericana. Muchas veces, ello tiene que ver con una falta de traducción de textos fundamentales publicados en otros idiomas; otras veces, está relacionado con el poco interés de disciplinas como la sociología en el estudio de la imagen.

Este texto busca contribuir a la difusión de estudios que tienen como principal objeto el estudio de las imágenes. Uno de nuestros objetivos es, precisamente, incentivar el debate sobre el potencial de la sociología visual y motivar a investigadores sociales de diferentes áreas de conocimiento para que identifiquen la importancia de las representaciones visuales en temas tan diversos como la paz, la violencia, la memoria, la religión, la discriminación y la exclusión social, entre otros. Como es usual en el mundo académico, este texto no hubiera sido posible sin los apoyos que en su momento nos otorgaron las instituciones a las que pertenecemos: la Universidad de Bayreuth y la Universidad del Valle, específicamente el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Socioeconomía. Tenemos la esperanza de que los lectores compartan nuestra fascinación por el trabajo con materiales fotográficos y audiovisuales en sociedades cada vez más permeadas por la omnipresencia de las imágenes.

Bibliografía

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Bateson, G. y Mead, M. (1942). Balinese character: A photographic analysis. New York Academy of Sciences.

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Benjamin, W. (2004). Sobre la fotografía. Pre-textos.

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Chauvin, P. y Reix, F. (2015). Sociologies Visuelles: Histoire et pistes de recherche. L´Année Sociologique, 1(65), 15-41.

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Luckmann, T. (2008). Sobre la metodología de los géneros comunicativos (orales). En H. Knoblauch, J. Raab y B. Schnettler (eds.), Conocimiento y sociedad. Ensayos sobre acción, religión y comunicación (pp. 178-196). Editorial Trotta.

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Winkin, Y. (1981). La nouvelle communication. Le Seuil.


  1. El primer documental que se considera etnográfico es Nanook of the North (1922), de Robert Flaherty.
  2. Los estudios culturales desarrollarán un subcampo denominado estudios visuales. Uno de sus principales exponentes es Michael Baxandall (1972), con sus trabajos sobre el papel del ojo y la visión en las sociedades occidentales.
  3. Nuestro proyecto bilateral fue financiado por la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad del Valle, Cali, Colombia (Beca de Investigación VRI n.° 6194) y la Universidad de Bayreuth, Alemania. También contó con el apoyo del Ministerio Federal Alemán de Educación e Investigación (subvención BMBF n.° 01DIM19045) y el Servicio Alemán de Intercambio Académico DAAD/PROCOL (PPP 2020-2021).
  4. Agradecemos a Luis Bernardo Bastidas Meneses por la revisión de los textos y la corrección de estilo del libro.


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