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5 La eugenesia en la Argentina

1.聽聽 La eugenesia. Origen, postulados y tecnolog铆as

As铆 como solo se puede explicar la relaci贸n entre evoluci贸n biol贸gica y evoluci贸n social apelando a la complejidad de la cuesti贸n, tambi茅n la explicaci贸n de la vinculaci贸n de Darwin con la eugenesia es refractaria a cualquier simplificaci贸n. La eugenesia, propuesta inicialmente por un primo de Darwin llamado Francis Galton (1869, 1883) en los 鈥60 del siglo XIX, pero el movimiento eugen茅sico (en delante ME)[1] alcanz贸 su periodo de mayor esplendor y alcance casi universal entre 1910 y 1940 aproximadamente, cuando se convirti贸 en un extendido y complejo programa interdisciplinario en el cual estuvieron comprometidos importantes sectores de la comunidad cient铆fica internacional (biolog铆a, sociolog铆a, medicina, tecnolog铆as educativas, demograf铆a, psiquiatr铆a, ciencias jur铆dicas, criminolog铆a y otras) cuyo objetivo – el mejoramiento/progreso de la raza o la especie- deber铆a llevarse adelante mediante una selecci贸n artificial 鈥搎ue suplantara o ayudara a la selecci贸n natural- a trav茅s de pol铆ticas p煤blicas destinadas a promover la reproducci贸n de determinados individuos o grupos humanos considerados mejores y la inhibici贸n de la reproducci贸n de otros grupos o individuos considerados inferiores o indeseables[2]. El ME fue, en su implementaci贸n pr谩ctica, un caso paradigm谩tico de la biopol铆tica en sus dos sentidos principales: como una concepci贸n del Estado, la sociedad y la pol铆tica en t茅rminos, conceptos y teor铆as biol贸gicas, y tambi茅n como el modo en que el Estado organiza y administra la vida social de los individuos mediante la organizaci贸n y administraci贸n de la vida biol贸gica[3].

La literatura eugen茅sica suele distinguir entre eugenesias negativa y positiva. La primera refiere al intento de eliminar o disminuir la frecuencia de alelos que se juzgan perjudiciales o delet茅reos para el ser humano o al menos para alguna poblaci贸n particular. La eugenesia positiva, por su lado, estar谩 definida por la implementaci贸n de pr谩cticas y pol铆ticas que tienen como objetivo incidir evolutivamente y se asienta sobre la promoci贸n de la reproducci贸n de ciertos individuos, portadores de caracteres reconocidos como deseables, bajo la intenci贸n de generar as铆 un fen贸meno de reproducci贸n diferencial.

Puede sintetizarse el planteo eugen茅sico seg煤n cuatro postulados b谩sicos. El primero es que las diferencias (y por ende las jerarqu铆as) entre los individuos est谩n determinadas hereditariamente y s贸lo en una muy peque帽a medida dependen del medio. La eugenesia se enmarca en una concpeci贸n marcadamente hereditarista y determinista, seg煤n la cual la ubicaci贸n de los individuos en la estructura social, as铆 como la mayor parte de sus conductas importantes socialmente, estar铆an determinadas biol贸gicamente, de modo tal que lo que ocurre en la sociedad no ser铆a m谩s que el reflejo de lo que ocurre en lo biol贸gico y, sobre todo habilita la tarea que se proponen de trabajar artificialmente sobre la descendencia (v茅ase Gould, 1996). Galton hab铆a pretendido demostrar cient铆ficamente (a trav茅s de la estad铆stica y m茅todos psicol贸gicos ideados por 茅l) algo que en la Inglaterra victoriana todos daban por sentado: que los hombres eminentes generalmente eran hijos de hombres eminentes y que los incapaces en general eran hijos de incapaces. Para Galton, las 鈥渉abilidades naturales鈥 del hombre se transmitir铆an hereditariamente, del mismo modo y con las mismas limitaciones que la forma y las caracter铆sticas f铆sicas de todo el mundo org谩nico.

Pueden distinguirse claramente tres momentos en la historia de la eugenesia sin contar con los casos hist贸ricos m谩s o menos conocidos de la antig眉edad. Un primer periodo preparatorio, de desarrollo conceptual y de creciente consenso cient铆fico/m茅dico, pol铆tico e ideol贸gico que va desde las primeras formulaciones de Galton hasta los primeros a帽os del siglo XX. Un segundo periodo, que podr铆a denominarse 鈥淓ugenesia Cl谩sica鈥 que comienza en 1911, a帽o en que se funda en Londres la primera Sociedad Eugen茅sica cuyo primer presidente fue uno de los hijos de Darwin 鈥揕eonard- y que en 1912 organiz贸 el primer Congreso Eug茅nico Internacional y termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del periodo de apogeo en el cual pr谩cticamente todos los pa铆ses occidentales formaron instituciones eugen茅sicas que, a su vez constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones, que realizaron reuniones cient铆ficas en todo el mundo y adquirieron cierta capacidad de influencia en la implementaci贸n de pol铆ticas p煤blicas. Todas las publicaciones biol贸gicas y m茅dicas especializadas recog铆an propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia. Luego de la Segunda Guerra Mundial[4] el ME se fue debilitando, en buena medida como resultado de las atrocidades cometidas por el nazismo, y fue derivando en propuestas m谩s restringidas a cuestiones m茅dico/sanitarias (sobre todo profilaxis del embarazo y cuidados del beb茅 y del ni帽o peque帽o, condiciones higi茅nicas de la vivienda, etc.).

Las leyes de la herencia son desconocidas para la 茅poca de Darwin quien lo expresa repetidamente en El Origen[5]. Por ello resulta natural, para un esp铆ritu tan prudente y tan acostumbrado a fundamentar sus dichos en pruebas firmes, que su opini贸n sea algo difusa. No obstante, en su Autobiograf铆a, apunta al pasar, en ocasi贸n de describir el car谩cter de sus parientes, que se inclinaba por pensar, al igual que Galton, que la 鈥渆ducaci贸n y el medio s贸lo producen ligeros efectos en la mente, y que la mayor parte de nuestras facultades son innatas鈥.

En El Origen del Hombre, de 1871, Darwin se expresa tambi茅n a favor de una suerte de eugenesia general:

鈥淓l hombre estudia con la m谩s escrupulosa atenci贸n el car谩cter y la genealog铆a de sus caballos, de sus perros, de sus otros animales dom茅sticos, antes de permitirles acoplarse; pero cuando se trata de su propio matrimonio, toma esta precauci贸n muy raramente, tal vez nunca. (鈥) La selecci贸n sexual le permitir铆a, sin embargo, hacer algo favorable, no s贸lo para la constituci贸n f铆sica de sus hijos, sino tambi茅n para sus cualidades intelectuales y morales. Los dos sexos no deber铆an unirse en matrimonio cuando se encontrasen en un estado de inferioridad f铆sica o espiritual demasiado pronunciado; pero expresar semejantes esperanzas importa expresar una utop铆a, pues estas esperanzas no se realizaran siquiera en parte, mientras las leyes de la herencia no sean completamente conocidas. (鈥) Todos los que no puedan evitar una abyecta pobreza a sus hijos deber铆an abstenerse del matrimonio porque la pobreza es no tan solo un gran mal, sino que tiende a aumentarse, conduciendo a la indi颅ferencia en el matrimonio. Por otra parte, como ha obser颅vado Galton, si las personas prudentes evitan el matrimo颅nio, mientras que las negligentes se casan, los individuos inferiores de la sociedad tienden a suplantar a los individuos superiores. El hombre, como cualquier otro animal, ha lle颅gado, sin duda alguna, a su condici贸n elevada actual me颅diante 鈥榣a lucha por la existencia鈥, consiguiente a su r谩pida multiplicaci贸n: y si ha de avanzar a煤n m谩s, puede temerse que deber谩 seguir sujeto a una lucha rigurosa. De otra ma颅nera caer铆a en la indolencia, y los mejor dotados no al颅canzar铆an mayores triunfos en la lucha por la existencia que los m谩s desprovistos. De aqu铆 que nuestra proporci贸n o incremento, aunque nos conduce a muchos y positivos males, no debe disminuirse en alto grado por ninguna clase de medios. Deb铆a haber una amplia competencia para to颅dos los hombres, y los m谩s capaces no deb铆an hallar trabas en las leyes ni en las costumbres para alcanzar mayor 茅xito y criar el mayor n煤mero de descendientes鈥. (Darwin, 1871 [1994, p谩g. 521])

Sin embargo, tambi茅n relativiza en parte el papel de la herencia biol贸gica, para acentuar otros aspectos derivados de las condiciones de vida:

鈥淎 pesar de lo importante que ha sido y a煤n es la lucha por la existencia hay, sin embargo, en cuanto se refiere a la parte m谩s eleva颅da de la naturaleza humana otros agentes a煤n m谩s impor颅tantes. As铆, pues, las facultades morales se perfeccionan mu颅cho m谩s, bien directa o indirectamente, mediante los efec颅tos del h谩bito, de las facultades razonadoras, la instrucci贸n, la religi贸n, etc茅tera, que mediante la selecci贸n natural; por m谩s que puedan atribuirse con seguridad a este 煤ltimo agente los instintos sociales que suministran las bases para el desarrollo del sentido moral鈥. (Darwin, 1871 [1994, p谩g. 521])

El ME excede ampliamente la 茅poca, teor铆a y convicciones de Darwin y 茅ste a su vez no hace m谩s que repetir (sobre todo en su Diario, pero tambi茅n despu茅s) un prejuicio propio de su 茅poca como la creencia en la desigualdad racial. En todo caso, como se帽ala S. Gould, 鈥淒arwin construy贸 una l贸gica distinta para explicar una certidumbre compartida por todos鈥 y en ese sentido resulta m谩s importante para la comprensi贸n de la historia analizar por qu茅 razones, desatinos tan potentes y perniciosos se instalaron durante tanto tiempo como una certeza indiscutida a partir de la cual se ha generado tanto sufrimiento. En suma cu谩les son las razones por las cuales la diversidad lleg贸 (y aun en la actualidad ocurre) a justificar la desigualdad.

El segundo postulado eugen茅sico indica que el progreso de las sociedades depende de la selecci贸n natural, principal mecanismo de la evoluci贸n de las especies seg煤n la teor铆a darwiniana. Este segundo postulado conlleva una extrapolaci贸n sesgada de la teor铆a darwiniana de la evoluci贸n por tres motivos: la aplicaci贸n de la misma a cuestiones sociales; considerar que los cambios evolutivos puedan tener lugar en el lapso de pocas generaciones y principalmente por la utilizaci贸n algo indiscriminada e ideol贸gica de la noci贸n de 鈥減rogreso鈥 que la teor铆a darwiniana hab铆a conseguido expulsar del mundo natural, como ya se ha explicado.

El tercer postulado afirma que las condiciones modernas de vida (la medicina, los planes de asistencia y las 鈥渃omodidades鈥, etc.) tienden a impedir la influen颅cia selectiva de la muerte de los menos aptos, lo cual estar铆a provocando la degeneraci贸n de la especie humana, degeneraci贸n y decadencia que podr铆an observarse, sobre todo en las ciudades, en el aumento de la delincuencia, el alcoholismo, la locura y enfermedades como la s铆filis y la tuberculosis. Los eugenistas brindaban una descripci贸n desoladora y pesimista de la sociedad. La situaci贸n de las ciudades de fines del XIX, tanto europeas como americanas, en las cuales oleadas inmigratorias abarrotaban los suburbios m谩s humildes sin sistema sanitario ni m茅dico, con el alcoholismo, la s铆filis y la tuberculosos haciendo estragos, daban apoyatura a esas consideraciones. Sin embargo la eugenesia se presenta como una pr谩ctica que vendr铆a a resolver y cambiar la situaci贸n, lo cual conlleva una visi贸n optimista de la ciencia y la tecnolog铆a. En ocasiones se ha puesto el acento en el aspecto pesimista (de decadencia y degeneraci贸n)[6] y en otras en el marcado optimismo cientificista del ME, pero se ha perdido de vista que esos conceptos son dos caras de una misma moneda, que su fuerza pr谩ctica sobreviene precisamente de que operan conjuntamente. En efecto, el reclamo del ME por implementar pol铆ticas de control y administraci贸n de los cuerpos se fundamenta en la exposici贸n de los rasgos de degeneraci贸n y decadencia, un discurso bastante corriente hacia fines del siglo XIX y sobre todo despu茅s de la Primera Guerra Mundial, el momento pesimista exacerbado y expuesto como un problema m茅dico/biol贸gico. Pero este primer momento no es presentado como un estadio definitivo e irresoluble sino como un momento que puede 鈥搚 debe- ser superado a trav茅s de las posibilidades que la ciencia y la tecnolog铆a ofrecen, en el contexto de una fuerte naturalizaci贸n de la vida social y una transferencia de poder al especialista m茅dico: el momento optimista, m谩s exacerbado a煤n. La intervenci贸n eug茅nica es la que vendr铆a a resolver el pasaje de la decadencia al progreso. Decadencia/ pesimismo/degeneraci贸n por un lado y progreso/optimismo/normalidad no son polos conceptuales que se aplican en la evaluaci贸n diagn贸stica del estado de una sociedad en un momento dado en forma alternativa, sino m谩s bien, los opuestos de una dial茅ctica que se resuelve en una apuesta pol铆tico tecnocr谩tica.

Finalmente, el cuarto postulado, propone una selecci贸n artificial que suplante a la selecci贸n natural que no estar铆a funcionando, implementando pol铆ticas p煤blicas asociadas a la reproducci贸n. Es en este punto donde se nota palmariamente la imbricaci贸n de ciencia, tecnolog铆a y pol铆tica que se da en el ME al proponer esta bater铆a de tecnolog铆as sociales y m茅dicas: la exigencia del certificado m茅dico prenupcial; el control diferencial de la concepci贸n; la esterilizaci贸n; el aborto eugen茅sico; el control y/o restricci贸n de la inmigraci贸n de determinados grupos humanos, la fichas biotipol贸gicas y la educaci贸n sexual. Huelga decir que el n煤mero, alcance y rigor en la aplicaci贸n de estas medidas ha sido variable entre los distintos pa铆ses y 茅pocas y, en algunos casos los reclamos de los eugenistas no se han implementado de manera efectiva.

El Certificado M茅dico Prenupcial (CMP) fue adoptado, poco a poco, pr谩cticamente por todos los pa铆ses de Europa y Am茅rica. En algunos (por ejemplo Inglaterra) fue optativo, pero en la mayor铆a de ellos fue obligatorio (en la Argentina data de 1936) y la problem谩tica del control de la descendencia a trav茅s de este mecanismo, se instal贸 generalizadamente y con mucha fuerza. La exigencia del CMP, que era vinculante, estaba basada en la consideraci贸n de la caracter铆stica 鈥渁ntieugen茅sica鈥 de la mayor铆a de los matrimonios, de modo tal que era razonable que la sociedad se preocupase por 鈥(…) rodearlo con las mayores garant铆as biol贸gicas, evitando, hasta donde sea posible hacerlo, que pueda servir de instrumento para la degeneraci贸n de la raza (鈥)鈥

En 1919, el Dr. Alberto Stucchi, un abanderado del CMP reclam贸 que se impidiera la uni贸n de alcoh贸licos, tuberculosos o sifil铆ticos, y sal铆a al cruce de las objeciones que desde algunos sectores se le hac铆a. Sosten铆a que la reducci贸n de nacimientos que ocasionar铆a la prohibici贸n de ciertos matrimonios lejos de causar un perjuicio a la econom铆a, aumentar铆a la potencialidad del pa铆s medida por la calidad de sus habitantes y, adem谩s, la eliminaci贸n de taras y enfermedades cong茅nitas har铆a que a mediano plazo hubiera 鈥渦n super谩vit de vidas a pesar de la disminuci贸n del n煤mero de matrimonios鈥; contra las objeciones de tipo moral (seg煤n las cuales las restricciones al matrimonio representar铆an un paso hacia el amor libre, es decir las uniones informales o concubinatos) argumenta que, despu茅s de todo, las uniones libres han existido siempre; con respecto a las objeciones religiosas en el sentido de que el matrimonio ser铆a un contrato natural creado por Dios, o sea un sacramento, Stucchi apela a la voz autorizada de S. Tom谩s de Aquino quien dice que el objetivo de Dios al crear el matrimonio fue la perpetuaci贸n de la especie humana, los intereses de la sociedad civil y los intereses de la Iglesia; con respecto a las objeciones jur铆dicas, que se帽alan que tal prohibici贸n constituir铆a un atentado contra el derecho individual, afirma:

鈥(…) todo sentimentalismo y respeto por la personalidad humana, es un hecho que casi ha pasado a la historia. En efecto, hoy s贸lo se acepta como principio incontrovertible, que el inter茅s general debe primar siempre sobre el inter茅s individual.鈥 (Stucchi, 1919, p. 375)

La presi贸n para legislar sobre este tema proven铆a desde m煤ltiples sectores y niveles. En el Congreso de Reforma Sexual celebrado en Copenhague en 1928 se vot贸 el siguiente acuerdo: 鈥淨ue los padres sanos engendren hijos sanos y los padres incapaces de traer una prole sana, se abstengan voluntariamente de procrear鈥. Similares recomendaciones surgen del VII Congreso Pan Americano del Ni帽o.

El Control de la Natalidad o, mejor como gustaban denominarlo, el control cient铆fico de la concepci贸n, que no estaba dirigido a un control estad铆stico de la tasa de aumento de la poblaci贸n o natalidad, sino m谩s bien a un control diferencial de la concepci贸n, porque pretend铆a impedir o reducir la reproducci贸n de determinados grupos o individuos. Se promov铆a la implementaci贸n de mecanismos anticonceptivos, bastante poco precarios e inefectivos en las primeras d茅cadas del siglo XX, pero fundamentalmente la pr茅dica estaba dirigida a generalizar la educaci贸n sexual, entendida siempre como educaci贸n para la reproducci贸n saludable. En los pa铆ses latinoamericanos en general y en la Argentina en particular las indicaciones anticonceptivas chocaban contra la posici贸n de algunos sectores religiosos. La discusi贸n de la dial茅ctica cantidad/calidad de poblaci贸n atraviesa todo el discurso eugen茅sico y sus pr谩cticas[7]. Muchos eugenistas justifican y lamentan la ausencia de medidas que tiendan hacia un futuro con menos y mejores seres humanos por razones sociales y pol铆ticas:

鈥淣i los empresarios ni los trabajadores se preocupan, por eso, en los factores eugen茅sicos. Lo que les interesa, por el contrario, es aumentar, en cualquier forma y a todo trance, el volumen num茅rico de la familia. La producci贸n econ贸mica tiene, pues, desde este punto de vista, un car谩cter antieugen茅sico. (…) El Estado coadyuva, por otras razones, el incremento de la poblaci贸n, en actitud que no es tan desinteresada ni tan moral como pudiera suponerse. El Estado necesita soldados para su ej茅rcito y ej茅rcitos para la eventualidad de una guerra.鈥 (Mac Lean y Esten贸s, 1952, p. 51)

El mismo argumento por el cual el nazismo reclamaba la depuraci贸n de la raza para la guerra, aqu铆 es utilizado en sentido inverso, y se critica el car谩cter profundamente antieugen茅sico de la guerra ya que ella se lleva los hombres fuertes, j贸venes y sanos, es decir, los mejores hombres. El conocido m茅dico y eugenista espa帽ol Gregorio Mara帽贸n (1887-1960) se帽ala en este mismo sentido:

鈥淗ay que pensar con repugnancia en aquellas patri贸ticas medidas que las naciones europeas, Francia, Alemania e Inglaterra, tomaron a principios del siglo para fomentar la natalidad. Si tuvieron alguna eficacia los esfuerzos de las pobres madres, s贸lo sirvieron para aumentar los blancos ante las filas de los ca帽ones cuya fabricaci贸n fomentaban los jefes de Estado con igual empe帽o al de los nacimientos.鈥 (Mara帽贸n, 1940)

La propuesta de esterilizaci贸n (e incluso de castraci贸n) de los criminales era moneda corriente en todo el mundo hacia principios del siglo XX aunque se discut铆a sobre el alcance que deber铆a conced茅rsele a la misma. Un argumento que se esgrim铆a contra las formas cruentas de restringir la reproducci贸n, es decir contra el aborto eugen茅sico y la castraci贸n, aunque curiosamente no contra la anticoncepci贸n, sosten铆a que se corr铆a el riesgo de eliminar o impedir el nacimiento de un genio y se ponian ejemplos famosos como 鈥淟eopardi enfermizo y raqu铆tico, Voltaire siempre enfermo, Helmontz (sic) hidroc茅falo, Paganini tambi茅n afecto de la misma dolencia, etc. La lista podr铆a ser interminable鈥 (Sirlin, 1926, p. 230). El contraargumento eugenista era que, si bien estad铆sticamente esto era posible, la probabilidad era tan baja que no valia la pena someter a la sociedad al riesgo de tener que mantener tarados y deficientes.

鈥淪e ha discutido mucho si estas pr谩cticas de la esterilizaci贸n eugen茅sica no evitar谩n el nacimiento de los hombres geniales, ya que es conocida la frecuencia del tipo genial entre familias taradas. La objeci贸n no tiene peso, pues el tipo de degenerados a los que el Estado somete a la esterilizaci贸n corresponde a familias de deficientes mentales y psicosis degenerativas progresivas, en las que es raro que se d茅 un genio. Estudiados los padres de quinientos dos ni帽os superdotados de las escuelas de California, s贸lo cuatro ten铆an alg煤n padre que hab铆a sufrido enfermedad mental; pero todos eran de inteligencia de nivel normal o superior. El genio puede proceder de un padre loco, pero en general no procede de padres deficientes mentalmente (imb茅ciles o idiotas).鈥 (Lafora, 1931, p. 362)

La medida, en este sentido, que se ha llevado a cabo m谩s recurrentemente, principalmente en los EE.UU. y Alemania, ha sido la esterilizaci贸n de los criminales, bajo la influencia sobre todo de la escuela italiana de antropolog铆a criminal, aceptando que el factor hereditario, 鈥渆s tal vez el m谩s importante de todos en la etiolog铆a del crimen, tanto en la criminalidad de h谩bito como en la de ocasi贸n鈥 (Maxwell en Le Crime et la Societ茅, citado en Luisi, 1916, p. 442). En la Argentina hubo muchos reclamos por una legislaci贸n que propiciara la esterilizaci贸n, aunque no se haya llegado a ponerla en pr谩ctica en forma sistem谩tica.

鈥(…) la medida m谩s segura ser铆a la esterilizaci贸n. Si bien no podemos asegurar la herencia de los n煤cleos patol贸gicos para justificar la misma, basta que las probabilidades sean altas.鈥 (Di Fonzo, 1942, p. 41)

Aunque es cierto que a煤n no se hab铆a desatado el horror de la Segunda Guerra Mundial, los elogios de las pol铆ticas eugen茅sicas alemanas 鈥攜 tambi茅n norteamericanas鈥 eran moneda corriente hacia los primeros a帽os de la d茅cada del ’30, por la convicci贸n generalizada de que se trataba del camino correcto hacia el progreso. En La Semana M茅dica, se public贸 en 1935 un art铆culo (Stocker, 1935, p. 438) sobre los 鈥渂eneficios y la sabidur铆a鈥 de la ley nazi sobre esterilizaci贸n, que hab铆a llevado adelante un hombre 鈥渃on la suma del poder pol铆tico y bien inspirado鈥, ante la certeza de que en Alemania las familias con alguna tara ten铆an entre 3 y 4 hijos mientras las familias 鈥渋ntachables鈥 produc铆an s贸lo 1 o 2 y que el 15% de los ni帽os eran 鈥渄茅biles de esp铆ritu鈥. Stocker apoya sus dichos en citas de Mi Lucha de A. Hitler y reclama que la acci贸n alemana sea imitada en la Argentina aprovechando que varios m茅dicos tambi茅n ocupan bancas en el Congreso Nacional y podr铆an impulsar la legislaci贸n correspondiente.

El aborto eugen茅sico, la esterilizaci贸n, y el control de la natalidad 鈥搇a intervenci贸n sobre los cuerpos en suma- se han encontrado en muchos pa铆ses, sobre todo latinoamericanos mayoritariamente cat贸licos, con barreras muy fuertes que se originaban en el choque de estas medidas con las pautas religiosas corrientes. De este modo la Iglesia, a pesar de que generalmente en la Argentina se ha encontrado ligada a los sectores m谩s conservadores y reaccionarios de la sociedad, oper贸 en estos casos como l铆mite a algunos de los excesos que las pol铆ticas eugen茅sicas pod铆an generar. Sin embargo su oposici贸n no estaba dirigida a la eugenesia en general y, de hecho, la Iglesia ejerci贸 una fuerte coerci贸n confesional para lograr matrimonios aptos[8].

Otra de las propuestas t铆picas de los eugenistas es el aborto eugen茅sico, diferente del aborto terap茅utico (indicado por el m茅dico para los casos en que peligra gravemente la vida o la salud de la madre) en que aqu茅l se impone para 鈥減roteger el cuerpo o la salud social鈥. Queda claro que los eugenistas, lejos de solicitar la despenalizaci贸n del aborto voluntario sobre la base de la autonom铆a de la madre, acto que consideran casi un谩nimemente como un delito y una pr谩ctica inmoral, lo que buscan es establecer dispositivos m茅dico/legales que, sobre la base de la primac铆a de los intereses de la sociedad, contribuyan a preservar a 茅sta de individuos indeseables. M谩s que liberalizar, lo que proponen es tipificar y controlar seg煤n criterios precisos de inclusi贸n y exclusi贸n. Algunos incluyen como causales, adem谩s de las 鈥渇undadas presunciones de que el ni帽o por nacer tenga taras f铆sicas o mentales, herencia patol贸gica de locura, epilepsia o cretinismo鈥, las que derivan de la situaci贸n socioecon贸mica de los padres. La cuesti贸n del aborto eugen茅sico es el tema menos tratado en la literatura especializada en la Argentina, probablemente por la gran oposici贸n que causaba, pero adem谩s por cuestiones t茅cnicas, ya que ser铆a bastante dif铆cil hacer el control y seguimiento y aunque pudiera hacerse no tendr铆a demasiada incidencia efectiva. En todo caso, se consideraba que era infinitamente m谩s f谩cil y menos costoso econ贸mica y moralmente ejercer los otros tipos de controles preventivos.

Otra pr谩ctica muy extendida relacionada con la eugenesia ha sido la tendiente a controlar o restringir la inmigraci贸n de determinados grupos humanos. Si bien, las restricciones a la inmigraci贸n se han implementado en forma diferenciada en los distintos pa铆ses receptores de poblaci贸n (los pa铆ses americanos, Australia, algunos pa铆ses africanos y la Europa balc谩nica), puede decirse que en todos ellos la pol铆tica inmigratoria ha seguido un patr贸n similar que incluye dos momentos. El primero, con algunas variaciones, se extendi贸 durante la primera mitad del siglo XIX y en algunos pa铆ses como la Argentina y EE.UU. bastante m谩s, y es el periodo en el que se desarrollan pol铆ticas para favorecer la inmigraci贸n por distintos medios de promoci贸n. En un segundo momento se comienza a limitarla, no tanto por cantidad, sino por la calidad y los eugenistas comienzan a abogar por establecer prohibiciones de ingreso para determinados grupos, razas o individuos[9], bajo la consigna de la defensa social que surge de la tensi贸n entre la conciencia de la necesidad de seguir recibiendo inmigraci贸n, fiel a la consigna alberdiana de gobernar es poblar, y la necesidad de clasificar y seleccionar a los que vienen con el objetivo supremo de 鈥渇ormar una raza sana, fuerte y capaz fisiol贸gica y ps铆quicamente, raza propia y netamente argentina鈥. Por ello los eugenistas advierten sobre el riesgo de admitir el ingreso de ciertas razas, criminales convictos y ex convictos, enanos, sordomudos, inv谩lidos, enfermos ven茅reos, idiotas o imb茅ciles, alcoh贸licos, etc. No obstante, el objeto de las restricciones generaba diferencias. Algunos, como por ejemplo Stach (1916) se帽alaban la inconveniencia de los inmigrantes espa帽oles y tambi茅n de los italianos, que aunque fueran mejores que los espa帽oles, tampoco eran muy recomendables; pero los que se consideraban realmente indeseables eran los llamados rusos y los turcos:

鈥淣o se trata aqu铆 sobre los rusos propiamente dicho, 茅stos casi no emigran de su pa铆s. Los que emigran son los jud铆os rusos, que en Rusia est谩n despreciados por el resto de la poblaci贸n, entre los que se encuentran much铆simos elementos peligrosos, 谩cratas, caftens, prostitutas capaces de acciones criminales (…) la actuaci贸n jud铆a resulta, por lo regular, de mucho perjuicio para todas las naciones entre quienes 茅stos viven. (…) Pero, adem谩s de las razones religiosas, econ贸micas y morales que ya ser铆an bastante suficientes para que no se fomente sino rechace de plano la inmigraci贸n jud铆a, media tambi茅n la raz贸n fisiol贸gica, pues no hay otra raza de las que viven en Europa que fuera tan degenerada como lo es la jud铆a. Y el d铆a de hoy en los manicomios y asilos para idiotas en la Capital tenemos un crecido numero de ni帽os degenerados e idiotas de origen jud铆o (…) Otra inmigraci贸n que tambi茅n poco conviene es la turca, sirias y otras similares.鈥 (Stach 1916, p. 386).

La inmigraci贸n recomendada era la inglesa, francesa, alemana y austriaca del norte, as铆 como tambi茅n la dinamarquesa, sueca, noruega y suiza. La propuesta apuntaba a endurecer las condiciones de ingreso, seg煤n la ley de inmigraci贸n, de:

鈥(…) las razas inferiores de color, chinos, japoneses, hind煤es, persas, sirios, negros, inadaptables por sus costumbres, creencias y manera de vida para aclimatarse entre nosotros. Tambi茅n (…) los penados, los delincuentes de todas clases, las mujeres de vida licenciosa, los mendigos, los sectarios, los pol铆ticos (SIC), los 谩cratas, los atacados de enfermedades infecciosas, los alienados, los individuos consignados como peligrosos para el orden p煤blico.鈥 (Stach, 1916, p. 381)

Poco a poco se convierte en un t贸pico de las primeras d茅cadas del siglo XX la cuesti贸n de la inmigraci贸n indeseable. Una encuesta que lleva adelante el Museo Social Argentino en el a帽o 1918, en las postrimer铆as de la Primera Guerra Mundial, entre conspicuos representantes de las ciencias, la pol铆tica y la jurisprudencia argentina, preguntaba: 驴Se establecer谩n las anteriores corrientes migratorias hacia la Rep煤blica Argentina?; 驴Qu茅 factores pueden favorecer la emigraci贸n en los pa铆ses actualmente en guerra?, 驴Qu茅 factores pueden impedirla o limitarla?; 驴Cu谩l es la inmigraci贸n que m谩s nos conviene y qu茅 medidas deben adoptarse para atraerla y retenerla en el pa铆s?; 驴Cu谩l es la inmigraci贸n 鈥渘o deseable鈥 y c贸mo podr铆a impedirse? (resaltado m铆o); 驴Cu谩l es el n煤mero m谩ximo de inmigrantes que el pa铆s puede recibir y retener cada a帽o convenientemente?; 驴Qu茅 reformas juzga Ud. necesarias en la ley de inmigraci贸n? Los resultados de la encuesta se publicaron precedidos por una art铆culo del Dr. Emilio Frers quien, fiel a la consigna de la necesidad de atraer inmigraci贸n hacia estas playas, se expresa de manera amplia y generosa recordando los dichos de la Constituci贸n Nacional: la libertad de entrar al pa铆s se refiere a todos los extranjeros que vengan a dedicarse al trabajo y est茅n en aptitud de hacerlo; incluso se muestra contrario a tratar de impedir la entrada de terroristas y agitadores profesionales en el convencimiento de que tales medidas son ineficaces; y contrario tambi茅n a todos los prejuicios de raza para constituir un tipo nacional propio o cuando menos americano, mediante la desintegraci贸n de los viejos tipos europeos y la fusi贸n de todas las tituladas razas, pone especial acento en que, 鈥渄e los prejuicios de raza, el que con m谩s empe帽o y vigor se mantiene en la Rep煤blica Argentina es el de la raza latina鈥. No obstante, en los resultados de la encuesta el panorama es diferente. Hay una convicci贸n bastante generalizada de que resulta deseable propiciar la inmigraci贸n de personas que tengan habilidades para trabajar en el campo y que se arbitren las medidas para que efectivamente se dirijan a vivir al campo. El Dr. Horacio B茅ccar Varela se帽ala, incluso, que los inmigrantes rusos deben ser rechazados salvo que sean campesinos, en lo posible, iletrados. Parece haber conciencia de que las ciudades se encuentran saturadas de obreros con oficios a lo que se agrega una idea bastante corriente respecto a la decadencia que ocasiona la vida en las ciudades grandes. Los encuestados prefieren en general a los que provienen de los pa铆ses anglosajones, Francia, pa铆ses escandinavos, Alemania, Austria, Suiza, B茅lgica y algunos agregan Italia y Espa帽a. Con respecto a la inmigraci贸n no deseable, las respuestas son m谩s dispares. Mientras algunos como Estanislao Zeballos se帽alan simplemente como no deseable a los que no tengan habilidades agr铆colas o como Augusto Bunge a los jornaleros sin calificaci贸n, otros son mucho m谩s expl铆citos. Es sorprendente la coincidencia generalizada en rechazar a la inmigraci贸n de raza amarilla 鈥攃hinos y japoneses鈥 a los negros y rusos, a los que algunos agregan a los hind煤es y gitanos. Tambi茅n resulta casi un谩nime la consideraci贸n de indeseable de los agitadores pol铆ticos, 谩cratas (es decir anarquistas), maximalistas (o bolcheviques) y enfermos como los sifil铆ticos y tuberculosos. El c贸nsul Eduardo Colombres consideraba deseable a toda inmigraci贸n europea salvo a los gitanos. Muchos se帽alan como una categor铆a indeseable a los atorrantes.Este vocablo de uso com煤n en el lunfardo aparece en diversas publicaciones para designar a esta clase especial de individuos. Hay muchas versiones sobre su origen. Gobello (1963) deriva el nombre de aquellos vagabundos que dorm铆an en los ca帽os que se hab铆an importado y que estaban en elPuerto de Buenos Aires destinados a derivar las aguas del r铆o de la Plata y que ten铆an la inscripci贸n del fabricante: 鈥淎. Torrent鈥. J. Ingenieros tambi茅n se refiere a los atorrantes (1919), pero diciendo que 鈥渘o eran mendigos ni delincuentes鈥 y que hab铆an desaparecido hacia 1900 por la acci贸n del 鈥淪ervicio policial de observaci贸n de alienados鈥 fundado por el profesor Francisco de Veyga.

En el caso argentino, adem谩s de las medidas est谩ndar explicadas hasta aqu铆, hay que agregar la propuesta de implementar las 鈥渇ichas biotiopol贸gicas鈥 y la educaci贸n sexual en las escuelas, como veremos.

2.聽聽 La eugenesia argentina. Consideraciones generales

En el marco de la constituci贸n y organizaci贸n del Estado argentino[10], al tiempo que se iniciaban procesos de desarrollo, fueron apareciendo hacia la segunda mitad del siglo XIX problemas nuevos de medicina social o higiene p煤blica que dieron lugar a disciplinas y pr谩cticas nuevas y a una creciente intervenci贸n del Estado, esto 煤ltimo una constante de toda la literatura eugenista y clima de 茅poca. Era natural considerar que el Estado fuera el encargado de regular, entre otras cosas, el proceso de reproducci贸n humana teniendo potestad para limitar la de aquellos considerados no aptos, ya sea a trav茅s de la educaci贸n, enfatizando la importancia que tiene 鈥渓a condici贸n f铆sica y mental de los padres en el momento de la concepci贸n鈥 para la constituci贸n biol贸gica de los hijos, sea a trav茅s de mecanismos m谩s directos como las propuestas eugen茅sicas ya mencionadas.

En 1852 se hab铆a creado el Consejo de Higiene P煤blica que pas贸 luego a denominarse Departamento Nacional de Higiene; en 1883 se forma la Asistencia P煤blica de Buenos Aires; hacia la d茅cada del ’80 la Comisi贸n de Obras de Salubridad (luego Obras Sanitarias de la Naci贸n) contribuy贸 a mejorar las condiciones de higiene de la ciudad. Las epidemias de fiebre amarilla de 1871 y de c贸lera de 1867 y 1886 mostraban la cara dram谩tica de la carencia y marcaban la necesidad creciente de atender las cuestiones de higiene y salubridad. Hacia los primeros a帽os del siglo XX las condiciones sanitarias hab铆an mejorado notablemente seg煤n los informes oficiales (Cf. Zimmermann, 1994). Hacia 1914 hab铆a en Buenos Aires once hospitales municipales y varios pertenecientes a las comunidades de inmigrantes, la enorme red de la Sociedad Nacional de Beneficencia y el Ej茅rcito de Salvaci贸n que otorgaban refugio a quienes no ten铆an vivienda. Entonces, higiene p煤blica, pol铆tica sanitaria, defensa social y eugenesia conforman un complejo de ideas bien articulado bajo una creciente regulaci贸n estatal y centralizaci贸n administrativa de las pol铆ticas. Se puede leer en los Anales del Departamento Nacional de Higiene, Vol. II de 1892 en el apartado 鈥淗igiene administrativa. Deberes y derechos de las autoridades sanitarias鈥:

鈥(…) la higiene no admite el principio de que un individuo sea due帽o de disponer de su persona o propiedades hasta el punto de causar con ellos perjuicios a la salud p煤blica, ni que los poderes locales procedan en materia sanitaria con independencia del poder central鈥 (Citado en Zimmermann, 1995, p. 118).

Una serie de instituciones han constituido antecedentes de las propiamente eugen茅sicas: en 1921, el Dr. Alfredo Verano crea la Liga Argentina de Profilaxis Social; la Sociedad Luz (que funcion贸 desde 1899 a 1930), la Sociedad de Psiquiatr铆a y Medicina Legal (fundada en 1922), la Sociedad Argentina de Profilaxis Sanitaria y Racial (fundada en 1907 por Emilio Coni), la Liga Patri贸tica Argentina (de 1919 a 1928), la Sociedad Argentina de Nipiolog铆a (fundada en 1922), la Sociedad de Puericultura de Buenos Aires, la Liga Argentina contra la Tuberculosis, la Liga Argentina de Higiene Mental (fundada en 1929), por citar a las m谩s importantes.

Luego de un fallido intento de fundar una asociaci贸n eugen茅sica en 1918 por parte del Dr. V铆ctor Delfino, el periodo de apogeo del movimiento estuvo marcado por la existencia de la Asociaci贸n Argentina de Biotipolog铆a, Eugenesia y Medicina Social (en adelante, AABEMS) fundada en 1932, cuya existencia se mantiene hasta 1943 y que public贸 m谩s de 100 n煤meros de sus Anales de la Asociaci贸n Argentina de Biotipolog铆a, Eugenesia y Medicina Social (en adelante Anales). Una ampl铆sima variedad de temas se inclu铆an en esta publicaci贸n que durante a帽os fue quincenal: 鈥淢edicina constitucional, endocrinolog铆a, biotipolog铆a, eugenesia, medicina social, diet茅tica y alimentaci贸n, higiene, ingenier铆a sanitaria, psicolog铆a, educaci贸n pedag贸gica, educaci贸n f铆sica, criminolog铆a, doctrina y legislaci贸n social鈥. Integraban el directorio de la Asociaci贸n prestigiosos psiquiatras como Gonzalo Bosch (1885-1951), Osvaldo Loudet (1889-1983) y Juan Obarrio (1873-1956), educadores de distinta filiaci贸n ideol贸gica como V铆ctor Mercante (1870-1934), Ernesto Nelson (1873-1959), Rosario Vera Pe帽aloza (1873-1950) y Julio Picarel (1883-1949); su primer presidente fue Mariano Castex (1886-1968). En 1935 la AABEMS, cuya sede original estaba en la calle Alsina 1027, fund贸 el Instituto de Biotipolog铆a, que funcionaba en Corrientes y Uruguay y luego, por el ensanche de la Avenida Corrientes en 1936, se traslad贸 a Suipacha 1211, a un local cedido por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires; en el mismo local comenz贸 a funcionar la 鈥淓scuela Polit茅cnica de Biotipolog铆a, Eugenesia y Medicina Social鈥.

Luego de la II Guerra, en 1945, y hasta bien entrada la d茅cada del 鈥70 fue la Sociedad Argentina de Eugenesia Integral, fundada por prol铆fico jurista Carlos Bernaldo de Quir贸s, 鈥渓a encargada de difundir las pretendidas 鈥榖ases cient铆ficas鈥 que avalar铆an la exclusi贸n鈥 (Miranda, 2003). Quir贸s, que denominaba a su especialidad (y la filosof铆a que la sustenta) 鈥渉umanismo eugen茅sico integral鈥 (Bernaldo de Quir贸s, 1972) organiz贸 en 1957 la Facultad de Eugenesia Integral y Humanismo en la Universidad del Museo Social Argentino cuyos egresados constitu铆an una suerte de consejero matrimonial m茅dico/psicol贸gico. Otorgaba t铆tulos de Auxiliar t茅cnico (2 a帽os) Consejero Humanista Social (3 a帽os) y de Licenciado en Eugenesia Integral y Humanismo (4 a帽os). La eugenesia positiva de Bernaldo de Quir贸s tiene un signo algo distinto a la eugenesia cl谩sica. Se trata de una mezcla, algo extempor谩nea, de romanticismo reaccionario cristiano con un ideario positivista b谩sico y rampl贸n, pero al mismo tiempo con un desconocimiento bastante sorprendente de la biolog铆a de su 茅poca, expresados seg煤n una propensi贸n a construir una jerga de neologismos tan superflua como pintoresca. No aparecen referencias a la raza y se trata m谩s bien de una eugenesia en la cual el papel del educador es conducir y modelar las condiciones naturales de los individuos en contra de lo que llama 鈥渓a degradaci贸n cosista del hombre鈥 (Bernaldo de Quir贸s, 1957) reconociendo que el hombre es un ser 鈥渂iosocial鈥.聽聽

Bernaldo de Quir贸s hab铆a sido abogado de la AABEMS y un entusiasta promotor de la eugenesia en la Argentina. Adem谩s de dictar, como docente, el curso de Eugenesia Jur铆dica y Social en la Escuela de Biotipolog铆a de Buenos Aires, dict贸 en la Facultad de Derecho de La Plata la c谩tedra de Derecho Eugen茅sico Argentino hasta la llegada del General Juan D. Per贸n al poder en 1946. Hacia 1939 hab铆a abandonado su cargo en la AABEMS, sobre todo por diferencias suscitadas con su director Arturo Rossi (1880-1942), principalmente sobre el modo de implementar el programa eugen茅sico. Funda entonces la Sociedad Argentina de Eugenesia. Seg煤n G贸mez Di Vincenzo (2013) Quir贸s 鈥渧e铆a como un abuso y una irrupci贸n sobre la libertad del individuo a la implementaci贸n de tecnolog铆as asociadas a la eugenesia negativa, no acordaba con la impronta biologicista y hegem贸nica de la biotipolog铆a propia de los a帽os treinta, ni aceptaba una determinaci贸n fuerte de lo constitucional por sobre lo aptitudinal y el orden moral. Tampoco acordaba con Rossi (director de la AABEMS) sobre el tipo m谩s representativo de la argentinidad y consideraba necesario 鈥渞escatar al criollo y al indio鈥 (Quir贸s, 1942, 1970)[11]. Quir贸s define su eugenismo integral como la ciencia que:

鈥(鈥) ense帽a a conocer y preservar la ra铆z de la vida (herencia), los desarrollos f铆sicos, mentales y espirituales en el proceso vital, evolutivo del hombre y la mujer y el cultivo org谩nico (humanista) de sus facultades innatas, considerando la pareja c贸smica como c茅lula moral, sexual y social鈥. (Quir贸s, 1957, p. 13)

Como dec铆amos m谩s arriba se trata de un enfoque eugen茅sico centrado en lo individual porque

鈥(鈥) rechaza la aplicaci贸n de todo m茅todo negativo, toda medida coercitiva para reducir la capacidad reproductiva de los disg茅nicos y antisociales, como la esterilizaci贸n, el aborto, la reclusi贸n, o las restricciones matrimoniales, porque pueden obtenerse mejores resultados por los procedimientos positivos de prevenci贸n, terap茅utica y profilaxis integral; niega, asimismo, toda filiaci贸n eug茅nica a los m茅todos eutan谩sicos, y se opone a cualquier clase de choque con los sentimientos de libertad, de religi贸n, o que perjudique a la Naci贸n, a la Paz y a la Humanidad鈥 (G贸mez Di Vincenzo, 2013, p. 132).

Por esa misma 茅poca el m茅dico y fisi贸logo G. F. Nicolai[12] (1974 – 1964), nacido en Berl铆n pero de extensa actuaci贸n en Chile y en la Argentina (en las universidades de C贸rdoba y del Litoral) publicaba en Argentina su obra La eugenesia como gloriosa culminaci贸n de la medicina (Nicolai, 1957), un intento de fundamentaci贸n ideol贸gico y filos贸fico de la eugenesia, por momentos candoroso e ingenuo, por momentos brutal y burdo, siempre de un cientificismo aristocr谩tico y militante, y algo extempor谩neo. All铆, Nicolai, defiende la eugenesia advirtiendo que:

鈥淒esgraciadamente el solo hecho de que Hitler se haya mezclado en la eugenesia la ha desacreditado en vastos sectores de la poblaci贸n mundial. Aunque habr谩 quienes, en este no querer seguir a un Hitler, vean un signo de moralidad popular, en realidad el negarse a hacer algo 煤til porque un malvado ha hecho algo semejante, es s贸lo un signo de una inteligencia defectuosa (…)鈥 (Nicolai, 1957, p. 130)

La versi贸n local de la eugenesia, como no pod铆a ser de otro modo, se desarroll贸 adoptando algunas particularidades derivadas del contexto social, cultural, poblacional y econ贸mico y de las caracter铆sticas espec铆ficas de la comunidad cient铆fica que recogi贸 e introdujo estas ideas. Probablemente por la convicci贸n de los eugenistas argentinos de que el factor ambiental influ铆a en la constituci贸n ontogen茅tica (a diferencia de otros eugenistas que eran principalmente hereditaristas), el reclamo por la implementaci贸n de una educaci贸n que modificara el pron贸stico de los menos favorecidos. Esta intervenci贸n sobre la educaci贸n ha generado dos l铆neas de acci贸n. En primer lugar el reclamo por la inclusi贸n de la educaci贸n sexual, tanto en el sistema formal como a trav茅s de campa帽as dirigidas a la poblaci贸n en general y a las embarazadas en particular. En segundo lugar el control y tipificaci贸n de los alumnos a trav茅s de las llamadas 鈥渇ichas eug茅nicas鈥 o, en general 鈥渇ichas biotipol贸gicas鈥. Las fichas escolares eran moneda corriente desde principios de siglo, cuando Jos茅 Mar铆a Ramos Mej铆a era Presidente de Consejo Nacional de Educaci贸n, y combinaban desde preguntas por datos antropom茅tricos, conductuales, psicol贸gicos y 鈥渕orales (v茅ase Vezzetti, 1988 y Puiggr贸s, 1990), pero las fichas biotipol贸gicas que propon铆a la AABEMS eran complej铆simas e interminables y solo llegaron a implementarse a modo de experiencias piloto.

La composici贸n ideol贸gica de los eugenistas argentinos era sumamente heterog茅nea: hab铆a fascistas y filonazis, pero tambi茅n socialistas, anarquistas, liberales y conservadores (V茅ase Plotkin, 1996)[13]. Esta diversidad ideol贸gico-profesional se comprende cabalmente si se considera que lo que prevalece como agenda b谩sica es la preocupaci贸n por el perfeccionamiento de la raza/sociedad/grupos pero en medio de crecientes y reales problemas sanitarios (ausencia o insuficiente sistema de salud, de agua potable y cloacas; los llamados venenos raciales, el alcoholismo, la tuberculosis y la s铆filis), y problemas sociales generalizados como eran el hacinamiento en las ciudades (agravado en los pa铆ses receptores de masas de inmigrantes), la higiene en la industria o la vivienda obrera. Estos elementos apoyaban el diagn贸stico decadentista que mencion谩bamos m谩s arriba. No es de extra帽ar entonces que muchos socialistas hayan estado cercanos a la eugenesia en las primeras d茅cadas del siglo, por ejemplo a trav茅s de sus luchas por disminuir el alcoholismo en la clase obrera y mejorar sus condiciones de vida. Por otra parte, en la medida en que el fen贸meno de la eugenesia, adem谩s de formar parte del clima cultural general de la 茅poca, involucra un entramado de ideas cient铆ficas, prejuicios e intereses pol铆ticos y econ贸micos de enorme complejidad y extensi贸n, dif铆cilmente podr铆a esperarse un movimiento homog茅neo y lineal.

En la d茅cada del ’20 y primeros a帽os de la siguiente se encuentran en la literatura eugen茅sica abundantes referencias elogiosas del fascismo italiano y del nacional socialismo alem谩n por los progresos en pro del mejoramiento eugen茅sico de la raza. En los Anales, incluso varios a帽os despu茅s del inicio de la Segunda Guerra Mundial pueden leerse art铆culos en esta l铆nea. Como quiera que sea, comprender el fen贸meno de la eugenesia en la Argentina implica analizar la gran diferencia entre sus partidarios que, bajo un lenguaje aparentemente un铆voco, revelan posiciones muy dis铆miles que van desde las meras preocupaciones sanitarias bajo los preceptos de la solidaridad y el sentido humanista, hasta las m谩s groseras formas de sectarismo, racismo y totalitarismo. Si bien en general no se han implementado en la Argentina medidas cruentas como la esterilizaci贸n forzada o la castraci贸n, y la tendencia se dirigi贸 a impedir la reproducci贸n de los seres 鈥渆nfermos, inmorales y d茅biles de esp铆ritu鈥 y a incentivar la reproducci贸n de los progenitores sanos, morales e inteligentes, hubo intentos de diversa intensidad por llevarlas a la pr谩ctica y la labor de difusi贸n y acad茅mica en favor de la eugenesia fue de gran importancia y amplitud.

El argumento a favor de la eugenesia como obligaci贸n del Estado se funda en que el valor m谩ximo a preservar es la sociedad por sobre los individuos. El concepto de defensa social, imbricado con la consideraci贸n del orden p煤blico como valor esencial, resulta clave para comprender la legitimidad de la demanda por diversas acciones que el Estado deb铆a llevar adelante. La sociedad como cuerpo deb铆a defenderse de estos distintos tipos de flagelos y amenazas en todos los 谩mbitos: 鈥渓a defensa higi茅nica, la defensa industrial, comercial y econ贸mica; la defensa 茅tica, pol铆tica y jur铆dica鈥 (Stach, 1916). Preservar el orden p煤blico y la defensa social resultan aspectos primordiales que se expresan en los ideales de pureza de la raza, en medidas sanitarias espec铆ficas as铆 como tambi茅n en considerar nuevas fuentes de legitimaci贸n de las penas criminales 鈥攐rientadas no s贸lo a la responsabilidad del individuo criminal, sino a la defensa de la sociedad鈥, restricciones a la inmigraci贸n considerada indeseable, pasando por la eliminaci贸n o reclusi贸n de los locos, criminales y enfermos e incluso la formulaci贸n de una 茅tica sexual.

鈥淟a suprema ley que es la salud del pueblo, se antepone a todas las conveniencias particulares, y en nombre de aquella, debe el legislador apoyar toda su autoridad para darles v铆as de sanci贸n, sin reparar en las consideraciones de los teorizantes de una pretendida libertad, que fragua sigilosamente muchas cadenas.鈥 (Farr茅, 1919, p. 94)

Dentro de este clima general el m茅dico posee la palabra que a su vez interpela y reclama la intervenci贸n del Estado. El m茅dico se asume en este contexto ya no s贸lo como un t茅cnico que desarrolla su labor espec铆fica de curar a los individuos, sino como factor esencial de civilizaci贸n y progreso, sobredimensionando su injerencia en la pol铆tica, sin contar con que much铆simos m茅dicos han tenido importantes cargos en el Estado. Este proceso de medicalizaci贸n re煤ne dos aspectos diversos y complementarios: la extensi贸n casi ilimitada, pero siempre difusa, de los 谩mbitos de incumbencia de la medicina y los m茅dicos a trav茅s de considerar como categor铆as de an谩lisis b谩sico lo normal y lo patol贸gico[14]; acompa帽ada por la efectiva injerencia del Estado a trav茅s de Instituciones y pol铆ticas diversas. As铆, pod铆an ser consideradas como patolog铆as la locura, el alcoholismo, la tuberculosis, la s铆filis y otras ven茅reas, pero tambi茅n diversas inclinaciones y pr谩cticas sexuales, la criminalidad, la agitaci贸n social, la prostituci贸n. Esos m茅dicos que ya no s贸lo curan enfermos sino al organismo social y extienden su campo de acci贸n hacia esferas nuevas, ahora interpelan al Estado y le reclaman acciones tanto preventivas como de control y represi贸n, conforme a los diagn贸sticos que ellos mismos, en tanto especialistas, elaboran. All铆 convergen entonces las condiciones hereditarias con las ambientales y el Estado es el que debe proporcionar las condiciones m铆nimas de salubridad del medio. El objetivo era a corto y mediano plazo de asistencia, control y represi贸n de los factores que degeneraban la raza y a largo plazo la conformaci贸n de una conciencia eug茅nica. Hay una relaci贸n directa con el higienismo, verdadera asociaci贸n entre los ideales m茅dicos, la ciencia, los resortes del Estado y la pureza de la raza en relaci贸n con la afirmaci贸n de la nacionalidad. La figura del m茅dico se autoinstala como garante del bien general a partir del control de los individuos, actividad brutalmente legitimada por la repetici贸n de epidemias hacia las 煤ltimas d茅cadas del siglo XIX y las deficientes condiciones sanitarias de las grandes ciudades.

La medicalizaci贸n de la sociedad implica una serie de mecanismos diversos que se fueron implementando paulatinamente, en general sobre la base de la 鈥減olic铆a m茅dica del Estado鈥 alemana. El alcance de la medicalizaci贸n quiz谩 pueda comprenderse a trav茅s de las cr铆ticas de algunas escasas voces discordantes, como la del m茅dico L. Sirlin

(…) 鈥渓as conquistas de la higiene social estimularon a los m茅dicos a ensanchar los dominios de su ciencia, creando una nueva rama: la medicina social, cuyo campo de acci贸n al principio restringido se ha ensanchado m谩s y m谩s debido al injerto de las doctrinas eug茅nicas. (…) La medicina social, como decimos hija modesta al principio de la higiene, se ha ido extendiendo cada vez m谩s, llegando hoy a tratar de los m谩s variados asuntos, invasi贸n que tiende a formar una modalidad de la sociolog铆a, que bien podemos denominarla sociolog铆a m茅dica, que pretende encarar todos los problemas de la vida social colectiva bajo el criterio m茅dico. (鈥) Llevado a la pr谩ctica, todo el sistema con la organizaci贸n met贸dica de la 鈥榩olic铆a cient铆fica m茅dica鈥 que propusiera el siglo pasado Johan Peter Frank, estos tribunales m茅dicos, verdadera inquisici贸n cient铆fica, se convertir铆an en un torniquete para los humanos; tanto cuidado para defender la raza, en vez de traer la felicidad a los hombres, el celo de sus defensores se convertir铆a en su pesadilla o martirio. (…) todo lo ven bajo el prisma de la patolog铆a, s贸lo ven enfermos (…).鈥 (Sirlin, 1926, p. 228)

3.聽聽 Las jerarqu铆as humanas: lo superior/inferior en el marco racista

Queda claro que la eugenesia asume que hay jerarqu铆as humanas, valiosos y disvaliosos, superiores e inferiores, lo cual inmediatamente nos remite a consideraciones racistas. Sin embargo, la situaci贸n es m谩s compleja y, m谩s bien, habr铆a que ubicar la discusi贸n racista en un marco m谩s amplio de lo superior y lo inferior. Veamos algunas consideraciones generales sobre el racismo.

El racismo en tanto manifestaci贸n de desconfianza, temor y hasta odio al extranjero o diferente es tan antigua como la Humanidad. Pero el siglo XIX inaugura un abordaje nuevo, consistente en tratar de establecer y justificar cient铆ficamente las diferencias y jerarqu铆as entre las razas, lo que Todorov llam贸 鈥渞acialismo鈥 (v茅ase nota N潞 3 del Cap铆tulo 3).

Habitualmente se se帽ala al conde Joseph Arthur, conde de Gobineau (1816-1882) como el iniciador del racismo moderno, a partir de su Essai sur l’in茅galit茅 des races humaines (1853-55) –Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas-, en el que expone una historia universal basada en las caracter铆sticas de las razas humanas: la negroide, la amarilla y la blanca, exaltando las virtudes de esta 煤ltima como mejor exponente de los valores humanos (energ铆a, inteligencia, amor a la vida, capacidad creadora y especulativa). No obstante, seg煤n 茅l, la mezcla de razas perjudica a la humanidad, ya que, si bien es cierto que las razas inferiores se benefician de su mestizaje con las razas superiores, 茅stas pierden en el cruzamiento m谩s de lo que aqu茅llas ganan, de manera que el balance es negativo. En este sentido Gobineau, como buen franc茅s, considera a los alemanes inferiores a los franceses por la gran mezcla biol贸gica de aqu茅llos. Para Gobineau, pensador imbuido de una mentalidad rom谩ntica, aristocratizante y colonialista, la historia es el fruto de la hegemon铆a de las razas superiores, y considera que debe mantenerse la pureza de la sangre a toda costa para evitar la degeneraci贸n de la humanidad.

El racismo era un punto de vista enormemente extendido que ha marcado en las 煤ltimas d茅cadas del siglo XIX y primeras del XX casi todos los 谩mbitos acad茅micos, cient铆ficos y pol铆ticos. En un texto de gran influencia hacia fines del siglo XIX (Les lois psychologiques de l’evolution des peuples, publicado en 1894), G. Le Bon (1841-1931) expon铆a las razones por las cuales era imposible que un pueblo inferior adoptara una civilizaci贸n superior, de modo tal que la 鈥渋nevitable anarqu铆a de las rep煤blicas hispanoamericanas鈥 era explicada por su propia composici贸n racial. El m茅dico argentino L. Ayarragaray (1861-1944) sosten铆a en la misma l铆nea que las deficiencias pol铆ticas de la Argentina eran debidas a la constituci贸n hereditaria, y deb铆an ser tratadas como un problema de psicolog铆a biol贸gica. La composici贸n racial del pa铆s, sosten铆a, dificultaba la adopci贸n de las instituciones pol铆ticas de los pa铆ses m谩s avanzados de Occidente, dadas las propensiones degenerativas de la poblaci贸n, siendo la inmigraci贸n europea la 煤nica esperanza de mejora. De hecho la necesidad de atraer la poblaci贸n europea, sobre todo la anglosajona, era la especificaci贸n de la propuesta alberdiana, 鈥済obernar es poblar鈥.

En Las conquistas de la higiene social, publicado en 1910, Augusto Bunge, rescata las im谩genes provistas por la literatura de H. G. Wells (1866-1946):

鈥(…) en las capas sociales superiores, el corrillo c铆nico y desde帽oso de una peque帽a minor铆a de d茅spotas; y abajo, en los pisos inferiores (…), el hormiguero de una humanidad inferior irremediablemente proletarizada (…). Hombres bestializados, de peque帽os cr谩neos y salientes quijadas, de bocas casi simiescas y enormes pu帽os prontos a golpear, sin m谩s ideas que la fuerza y habilidad f铆sicas, ni otra aspiraci贸n que satisfacer los instintos primordiales鈥 (Citado en Zimmermann, 1995, p. 112)

Las consideraciones racistas se encontraban tambi茅n a la base de la formaci贸n de cient铆ficos. En una 鈥淐onferencia que responde a la segunda bolilla del programa, dada a los alumnos de 4掳 a帽o de medicina鈥 鈥攁parecida en La Semana M茅dica鈥 el Dr. Enrique Revilla (1902) se帽ala constantemente la diferencia entre las razas inferiores 鈥攍a africana鈥 y las razas superiores 鈥攍a blanca o cauc谩sica鈥 expresada en rasgos morfol贸gicos como el 谩ngulo facial y 鈥渦na fuerza de expansi贸n indefinida con un poder de cosmopolitismo tradicional, a la inversa de las inferiores, como los negros y los polinesios鈥; y son los negros justamente, la raza 鈥渕谩s rebelde a la civilizaci贸n y tan refractaria a las costumbres suaves como a los sentimientos de humanidad; es en su seno donde a煤n se encuentran tribus de antrop贸fagos鈥.

Jos茅 Ingenieros (1877-1925), tambi茅n expresa un racismo feroz y burdo. Transcribo aqu铆 dos pasajes, el primero extra铆do de un trabajo en el cual recoge las impresiones de un viaje y el segundo, de un art铆culo en el que analiza 鈥渆n qu茅 consiste la formaci贸n de una raza argentina entendida como una variedad nueva de las razas europeas blancas inmigradas al territorio argentino鈥 y en el cual retoma varias veces la extendida distinci贸n entre civilizaci贸n y barbarie:

鈥淓l espect谩culo ya harto vulgar, de la turba de negros zambull茅ndose en el mar transpa颅rente para atrapar una moneda, es indigno de ser descripto. El m谩s elemental orgullo de la especie queda mortificado al presenciar por vez primera ese ejemplo de lasitud moral ofre颅cido por las razas inferiores. Todos los inge颅nuos lirismos de la fraternidad universal se estrellan contra estas dolorosas realidades. Juzgando severamente, es fuerza confesar que la esclavitud 鈥攃omo funci贸n protectiva y como organizaci贸n del trabajo鈥 debi贸 mantenerse en beneficio de estos desgraciados, de la misma manera que el derecho civil establece la tutela para todos los incapaces y con la misma generosidad con que asila en colonias a los alienados y protege a los animales. Su esclavitud ser铆a la sanci贸n pol铆tica y legal de una realidad puramente biol贸gica (…). Cuanto se haga en pro de las razas inferiores es anticient铆fico; a lo sumo se les podr铆a proteger para que se extingan agradablemente, facilitando la adaptaci贸n provisional de los que, por excepci贸n, puedan hacerlo (…) ser铆a absurdo tender a su conservaci贸n indefinida, as铆 como favore颅cer la cruza de negros y blancos. La propia experiencia de los argentinos est谩 revelando cu谩n nefasta ha sido la influen颅cia del mulataje en la argamasa de nuestra poblaci贸n, actuando como levadura de nuestras m谩s funestas fermentaciones de multi颅tudes, seg煤n nos ense帽an desde Sarmiento, Mitre y L贸pez, hasta Ramos Mej铆a, Bunge y Ayarragaray (…). El soci贸logo que observa las razas humanas con el cerebro y no con el coraz贸n, est谩 obligado por lo menos, a pensar lo mismo que el criador en materia de razas equinas o lanares. 驴O por ventura, la raza humana nos interesa menos que ellas?鈥 (Ingenieros, 1908 [1951, p.324])

鈥淗ay un hecho admitido: las razas blancas han mostrado en los 煤ltimos 20 o 30 siglos una superioridad para la organizaci贸n social del trabajo y la cultura, cuyas manifestaciones generales llamamos civilizaci贸n, y cuyos n煤cleos concretos conocemos por naciones civilizadas. (…) Hay ya elementos inequ铆vocos de juicio para apreciar este advenimiento de una raza blanca argentina 鈥攔谩pidamente acentuada en los 煤ltimos 10 a帽os y destinado a producir m谩s sensibles resultados sociales en los 20 pr贸ximos鈥 y que pronto nos permitir谩 borrar el estigma de inferioridad con que han marcado siempre los europeos a los sudamericanos (…). Esa es [se refiere al ej茅rcito] la m谩s hermosa expresi贸n de la nacionalidad argentina: en vez de ind铆genas y gauchos mercenarios, son ciudadanos blancos los que custodian la dignidad de la Naci贸n. Este deber, que los nuevos argentinos cumplimos con m谩s conciencia que los intr茅pidos montoneros implica un derecho consagrado por la ley vigente, que unifica el padr贸n militar y el padr贸n electoral (…) Nacionalidad argentina implica pues, sociol贸gicamente, raza argentina (…) Est谩 en formaci贸n: no se han extinguido todav铆a los 煤ltimos restos de las razas ind铆genas y de la mestizaci贸n colonial.鈥 (Ingenieros, 1915, p. 468 y ss.)

Como quiera que sea hay que marcar algunas particularidades acerca del racismo y su relaci贸n con la eugenesia. La primera cuesti贸n, ya se帽alada m谩s arriba pero repit谩mosla, es que el discurso racista no s贸lo establece una estructura est谩tica de las jerarqu铆as raciales sino que esas jerarqu铆as se inscriben en la historia natural del hombre en cuanto especie biol贸gica pero que tambi茅n habr铆a producido una historia cultural diferenciada del proceso civilizador que explica por qu茅 algunas sociedades habr铆an realizado esa marcha hacia adelante m谩s r谩pidamente y mejor que otras. Como dec铆amos tambi茅n, esta segunda cuesti贸n probablemente sea m谩s importante que la primera y exprese con toda claridad la dial茅ctica decadencia/progreso en la cual hace hincapi茅 el ME y que tambi茅n se inscribe en clave de la met谩fora evolucionista que ti帽贸 todo el siglo XIX. Incluso la discusi贸n entre monogenistas (v茅ase nota N掳 1 del Cap铆tulo 4) y poligenistas son dos caras de la misma moneda, pues ninguno ten铆a dificultad en aceptar la inferioridad /superioridad: unos por sus repetidos y marcados retrocesos en el tiempo, otros por la marca de origen.

En segundo lugar, la dial茅ctica superior/inferior incluye otras escalas de menor alcance. Por ello a la forma t铆pica, anat贸mico/morfol贸gica, de distinguir entre razas (marcando la superioridad de la raza blanca y la inferioridad de negros, indios y orientales) se agregan otras formas complementarias y aun contradictorias: a veces se inclu铆an factores biol贸gicos, geogr谩ficos, clim谩ticos, hist贸ricos y culturales, de clases o grupos sociales, a veces se confund铆a raza con nacionalidad o con poblaci贸n. Inferiores eran gitanos, rusos jud铆os, hind煤es, delincuentes, prostitutas, alcoh贸licos, deficientes mentales, epil茅pticos, locos, sifil铆ticos, tuberculosos, agitadores pol铆ticos, 谩cratas (anarquistas) o maximalistas (bolcheviques).

En tercer lugar, el discurso racista del siglo XIX asume una relaci贸n causal entre dos conceptos categorialmente diversos y, principalmente, inconmensurables: diversidad y desigualdad. El argumento ha sido, b谩sicamente, que la desigualdad social obedece a que los hombres son diversos en alg煤n aspecto esencial y b谩sico. En el pensamiento cl谩sico, la desigualdad social era solo el correlato de una diversidad que deb铆a buscarse en la misma naturaleza humana (filos贸fica o racionalmente detectada). Pero la Modernidad trae consigo, a trav茅s del contractualismo primero al que se agregan otras vertientes del pensamiento pol铆tico despu茅s, la igualdad por naturaleza y los derechos individuales. En ese contexto, sancionada filos贸ficamente (y, en ocasiones incluso pol铆ticamente) la igualdad formal, el discurso sobre la desigualdad se desplaza a la 贸rbita de las ciencias biom茅dicas. Comenzar谩n entonces a explicarse las desigualdades sociales como correlato de la diversidad biol贸gica. El racismo del siglo XIX, devenido racialismo, se suma a ese estilo de pensamiento denominado gen茅ricamente 鈥渄eterminismo biol贸gico鈥, definido por S. J. Gould como la creencia en que:

鈥渢anto las normas de conducta compartidas, como las diferencias sociales y econ贸micas que existen entre los grupos- b谩sicamente diferencias de raza, clase y de sexo- derivan de ciertas distinciones heredadas, innatas, y que, en este sentido, la sociedad constituye un fiel reflejo de la biolog铆a.鈥 (Gould, 1996 [2003, p. 42]).

Ello explica que en en los 煤ltimos doscientos a帽os abundaran las formas de justificar la desigualdad social y pol铆tica sobre la base de la diversidad biol贸gica (real o supuesta): desde los racistas m谩s b谩sicos pasando por los viejos crane贸metras y fren贸logos, antrop贸logos criminalistas, eugenistas y biotip贸logos, hasta llegar en las 煤ltimas d茅cadas a buena parte de la sociobiolog铆a humana.

Cuarto, deben considerarse las pol铆ticas de control de la inmigraci贸n de muchos pa铆ses y c贸mo los discursos racistas y eugenistas se articulaban en funci贸n de esas pol铆ticas. Como ya se ha se帽alado el proceso migratorio del siglo XIX/XX vivi贸 dos momentos bien diferenciados: uno de recepci贸n masiva e indiscriminada y un segundo en el cual se intent贸 limitarla por la calidad y los eugenistas comienzan a abogar por establecer prohibiciones de entrada para determinados grupos, razas o individuos. La cita del psiquiatra argentino Gonzalo Bosch, ya mencionada, ilustra esta cuesti贸n: 鈥淎lberdi dec铆a: 鈥榞obernar es poblar鈥, concepto muy propio de su 茅poca; nosotros, hoy dir铆amos 鈥楪obernar es seleccionar鈥欌 (Bosch, 1930, p谩g. 5). Adem谩s de los argumentos puramente econ贸micos y pr谩cticos, una constante fue la identificaci贸n inmigrante/delincuente (sobre la correlaci贸n m谩s b谩sica: raza- crimen) lo que inclu铆a la criminalizaci贸n de las incipientes luchas obreras. En este contexto, hay una divisi贸n clara entre el discurso eugenista de algunos pa铆ses expulsores de poblaci贸n, que rescatan y promueven la recuperaci贸n de la 鈥減ureza de la raza original鈥 (esto es claro en la eugenesia alemana, italiana y espa帽ola) para reeditar un pasado m铆tico glorioso y, por otro lado, el discurso en los pa铆ses receptores de inmigrantes.

En los pa铆ses receptores de inmigrantes que ten铆an una proporci贸n importante de poblaci贸n descendiente de poblaci贸n nativa preconquista europea (como Per煤, M茅xico o Bolivia), coexist铆an dos argumentos en conflicto: el discurso que abogaba por definir una poblaci贸n ex贸tica que deb铆a suplantar a la nativa, y el otro que, al igual que en los pa铆ses expulsores de poblaci贸n, pretend铆a la recuperaci贸n de ese pasado glorioso perdido. T. Hartmann (1927, p. 365-374), por ejemplo, rescata los valores de la raza boliviana[15] augurando un futuro sumamente promisorio sobre la base de los valores que la caracterizan, heredados de la m谩s pura tradici贸n ind铆gena. Por su parte, y en un sentido opuesto, E. Rabasa refiri茅ndose a la realidad mexicana, sosten铆a:

鈥淟as nociones de ciencia que se ense帽an en la escuela, son in煤tiles para el indio que continua aislado en su medio ambiente; primero porque no las entiende, y luego porque no tienen aplicaci贸n a su labor, ni uso en sus relaciones diarias.鈥 (Rabasa, 1921, p. 326)

As铆, por ejemplo en M茅xico[16] tambi茅n se discutieron los programas de esterilizaci贸n, educaci贸n sexual y sanitaria en pos de lograr una raza mexicana de mejor calidad, siendo corriente la idea, en las primeras d茅cadas del siglo XX, seg煤n la cual las clases media y alta controlaban su reproducci贸n a trav茅s de los programas de control natal vigentes, pero la clase menos deseable o baja no lo hac铆a; y esto, constitu铆a, desde el punto de vista de los eugenistas, la causa de la degeneraci贸n de la raza mexicana.

Por otro lado, en los pa铆ses que hab铆an exterminado o minimizado a los pueblos originarios, prevalec铆a la idea de determinar cu谩l ser铆a la mejor mezcla de razas ex贸ticas para conformar la raza local. La imagen de la Argentina como un crisol de razas refleja esto. Sin embargo, aunque hab铆a consenso sobre la idea de generar una raza de calidad, la composici贸n 茅tnica sumamente heterog茅nea (inmigrantes de diverso origen, criollos y algunas pocas poblaciones ind铆genas) y la vigencia de un proyecto hegem贸nico sobre la necesidad de construir una nacionalidad argentina, fueron dando caracter铆sticas propias y diferenciales al ME con relaci贸n al problema de la raza. Obviamente el argumento de las razas puras chocaba contra la heterogeneidad de or铆genes de la poblaci贸n argentina y la disputa se establec铆a con los que sosten铆an el argumento acerca de la superioridad o calidad racial que se obtendr铆a de una buena mezcla:

鈥淓l continente sudamericano ser谩 el gran crisol donde se fundir谩n en un porvenir pr贸ximo todas las razas, todas las nacionalidades, dando como producto definitivo el tipo perfecto, en la medida de lo relativo a qu茅 podemos aspirar鈥 (Revilla, 1902, p. 342)

La consigna sobre la depuraci贸n y mejoramiento de la raza era un tema que exced铆a el marco pol铆tico y acad茅mico, constituyendo parte del clima de ideas dominante. Todos tomaban partido acerca de la cuesti贸n:

鈥淗a llegado a hablarse por los pesimistas de una quiebra de la raza. 隆No tanto! Nos salvaremos gracias al fuerte aparejo 鈥攙alga la expresi贸n鈥 que trajimos al mundo en la sangre espa帽ola y en la ind铆gena. (…) Nos nace una especie de patriotismo biol贸gico, si se acepta la expresi贸n, un concepto m谩s objetivo que abstracto de raza鈥 (Gabriela Mistral, 1931, p. 211)

Aunque hab铆a discusiones acerca de la necesidad de definir claramente la noci贸n de 鈥渞aza鈥, como advierte en respuesta a Ingenieros, S. Debenedetti (1915, p. 417) quien diferencia claramente entre un concepto 茅tnico y la nacionalidad que es un concepto sociol贸gico, el marco de jerarqu铆as raciales no se inmuta: 鈥渆s cierto, como hecho admitido, la superioridad de la raza blanca鈥[17].

El concepto de raza era ubicuo y serv铆a a todo tipo de justificaciones ideol贸gicas y la convicci贸n de que hab铆a una relaci贸n estrecha entre las condiciones biol贸gicas y el desarrollo de las naciones era generalizada, las met谩foras biol贸gicas a la orden del d铆a:

鈥(…) el poder econ贸mico y la estructura psicol贸gica de las naciones dependen de la fuerza y de la fisonom铆a moral de los individuos, como la fuerza y la fisonom铆a moral del individuo depende de la robustez psicofisiol贸gica de sus 贸rganos componentes.鈥 (Figueroa, 1906, p. 244)

Un t贸pico entre los eugenistas argentinos fue la discusi贸n acerca de la justificaci贸n de la superioridad de la raza latina, bandera difundida fuertemente desde la AABEMS. En 1934 los Anales reproducen un mensaje radiotelef贸nico que enviara el presidente Agust铆n P. Justo en ocasi贸n del 112掳 aniversario de la independencia del Brasil:

鈥淭odos los pueblos que integran la comunidad latinoamericana sienten correr por sus venas la misma sangre y alientan el mismo ideal. Nuestra condici贸n de la raza latina en Am茅rica nos hace soldados de la misma civilizaci贸n, amantes del derecho y cultores del trabajo y de la libertad. Somos de aquella misma recia estirpe romana cuya influencia se extendiera sobre Iberia, transmitiendo su dinamismo a Portugal y Espa帽a para que dominaran los mares, haciendo surgir de su seno y de sus confines estas tierras, donde el ideal cristiano, para bien de la humanidad, hab铆a de tener realizaci贸n definitiva y esplendorosa.鈥 (Anales, 1934. N掳 29, p. 3)

Se trata de una idea que fue ganando adeptos en los c铆rculos eugen茅sicos y uno de sus principales mentores fue el m茅dico italiano Nicola Pende[18] (1880-1970), referente y autoridad cient铆fica de la AABEMS, considerado el principal exponente de la biotipolog铆a. Pende, funcionario fascista y militante, explica a trav茅s de la consideraci贸n de diversos rasgos biotipol贸gicos que incluyen consideraciones antropom茅tricas y endocrinol贸gicas, la pureza y superioridad de la raza latina, como ya se ha se帽alado m谩s arriba. Sostiene:

鈥淓l problema de las razas en sus relaciones con las colectividades nacionales y con la biodin谩mica de las naciones modernas no es de competencia de los hombres pol铆ticos o de los soci贸logos, sino de los bi贸logos que cultivan con investigaciones positivas de biolog铆a de las razas humanas vivas, aquella nov铆sima rama de la ciencia de la cual el moderno hombre pol铆tico (como Benito Mussolini nos ense帽a) no quiere o no puede hacer a menos: la Biolog铆a pol铆tica. (…)

Y he aqu铆 como nosotros llegamos a la conclusi贸n de que de las cinco razas principales que viven en Europa, las tres razas brunas circum-mediterr谩neas, sea del lado de la robustez f铆sica como de la fecundidad, como del lado psicol贸gico, poseen una afinidad muy notable en comparaci贸n con las dos razas rubias; y sobre todo las primeras, poseen una garant铆a de vitalidad y longevidad, que nos explican por qu茅 en los siglos pasados ellas han podido siempre rechazar victoriosamente las invasiones de los rubios lejos de las costas del mediterr谩neo, toda vez que germanos y eslavos han tentado de acercarse al mar. (…) son precisamente estas tres razas brunas circum-mediterr谩neas aquellas en las cuales la latinidad ha podido florecer y prosperar, en las cuales la gran idea de Roma ha podido encontrar el buen humus biotipol贸gico fecundo; mientras jam谩s en la historia tal idea ha conseguido implantarse en el alma n贸rdica y eslava, el alma de las dos razas rubias, tan diversas, por razones biol贸gicas, de los descendientes de Roma. (…)

La historia entonces, y la Biotipolog铆a de las razas nos demuestran cu谩l ser谩 el verdadero destino de los pueblos circum-mediterr谩neos (…) Es tal civilizaci贸n mediterr谩nea reconstruida, fundada sobre la unidad espiritual mediterr谩nea reconstruida, que Roma y su Duce quieren hoy contraponer, para la paz del mundo, al tipo de civilizaci贸n de la m谩quina y del individualismo econ贸mico, civilizaci贸n de origen n贸rdico, que ha conducido al mundo a la carnicer铆a de la gran guerra y de la gran crisis material y espiritual moderna. Tal tipo de civilizaci贸n por razones biol贸gicas de raza como por razones hist贸ricas, no puede ser ulteriormente tolerado por todas aquellas naciones en cuya sangre vive y vivir谩 siempre el germen de la grandeza f铆sica y ps铆quica de Roma inmortal.鈥 (los resaltados se encuentran el original) (Pende, 1935, p. 2-4)

4.聽聽 Eugenesia y educaci贸n

Comprender la vinculaci贸n de la eugenesia argentina con la educaci贸n en general y con el sistema educativo formal en particular (principalmente a trav茅s de la implementaci贸n de fichas biotipol贸gicas y educaci贸n sexual) requiere una serie de consideraciones. En primer lugar ha quedado suficientemente claro que el planteo eugen茅sico es claramente hereditarista, de lo contrario no tendr铆a sentido alguno poner tanto 茅nfasis en el control de la reproducci贸n. Pero una lectura apresurada y algo extempor谩nea, podr铆a suponer que ante la opci贸n acerca del origen de las caracter铆sticas y conductas humanas, los eugenistas argentinos son demasiado heterodoxos y optar铆an por una versi贸n ambientalista. De hecho, N. L. Stepan sostiene, en un texto que ha tenido cierta influencia (1991) que la eugenesia en Am茅rica Latina se ha desarrollado bajo una marca fuertemente neolamarckiana y si bien es verdad que nunca se estableci贸 una distinci贸n tajante entre herencia biol贸gica y ambiente, lo cual favoreci贸 en t茅rminos de pol铆ticas sociales la implementaci贸n de una serie de reformas tendientes a controlar y mejorar ambos aspectos, lo cierto es que los eugenistas reconocen una filiaci贸n te贸rica mucho m谩s desprolija en sus escasos conocimientos de gen茅tica. No s贸lo no hay discusiones espec铆ficas al respecto, sino que lo que se nota en las fuentes es un desconocimiento por parte de buena parte de la comunidad m茅dica de los desarrollos de la gen茅tica de su 茅poca (V茅ase Stepan, 1991). A decir verdad, la propuesta inicial de Galton era perfectamente compatible con ideas acerca de la herencia que hoy sabemos err贸neas, como por ejemplo la mencionada herencia de los caracteres adquiridos. Este punto de vista que habitualmente se asocia, acertadamente, con Lamarck, era, no obstante, tambi茅n aceptado por Darwin en El Origen (Cap铆tulo 1): 鈥淓l cambio de costumbres produce un efecto hereditario, y en los animales el creciente uso y desuso de las partes tiene una influencia marcada鈥. Lamarck nunca propuso ning煤n mecanismo concreto de la supuesta herencia de estos caracteres mientras que Darwin imagin贸 la hip贸tesis de la pang茅nesis. De modo que, un poco a contramano de la historia de la biolog铆a no habr铆a sido Lamarck sino Darwin el que propuso algo as铆 como la herencia de los caracteres adquiridos en t茅rminos no especulativos. Lo cierto es que los eugenistas adoptaron versiones con un sesgo en el cual la influencia del ambiente ten铆a un valor considerable a煤n en un contexto en el cual los genetistas y bi贸logos ya hab铆an dejado de lado esa posibilidad. Pero no hay una recuperaci贸n de Lamarck y no hay discusiones, al menos entre los eugenistas argentinos, sobre cuestiones t茅cnicas referidas a la reproducci贸n o a la gen茅tica, incipiente por esos d铆as (d茅cada del 鈥30) en que tambi茅n se consolidaba la 鈥渢eor铆a sint茅tica de la evoluci贸n鈥. Los eugenistas mencionan los aportes de Lamarck sobre la acci贸n evolutiva del medio, pero tambi茅n se sienten deudores de la doctrina de Darwin sobre la selecci贸n natural, la de Weissman sobre el 鈥減lasma germinal鈥, la de Mendel sobre la 鈥渉ibridaci贸n鈥, la de Semon sobre el 鈥渕neme鈥 y la de Nussbaum sobre 鈥渓a identidad del protoplasma鈥 (Cf. Kehl, 1926, p. 480).

Si bien se identificaban en general las causas de la pobreza y la desigualdad econ贸mica con las variaciones hereditarias, para muchos higienistas y expertos en medicina social latinoamericana esta relaci贸n causal era, en determinadas circunstancias, reversible. Mientras la herencia era la v铆a de difusi贸n de la degeneraci贸n o regeneraci贸n, el medio era decisivo a la hora de producir cambios que luego se transmitir铆an por la herencia biol贸gica. De hecho, las condiciones de vida y el medio ambiente social pod铆an ser tambi茅n fuente de declinaci贸n en la constituci贸n biol贸gica y, en general los eugenistas argentinos consideran que ni la 鈥渄egeneraci贸n鈥 ni la buena descendencia respetan clases sociales, sino que pod铆an surgir en cualquier estrato. El Dr. Delfino[19] sostiene:

鈥淭odas estas medidas, tendientes aisladamente a producir algunos resultados, a pesar de no ser aun bien conocidas las leyes de la herencia morbosa no podr谩n, sin embargo, en nuestro sentir, suministrar los frutos esperados, porque todas las medidas y disposiciones emanadas de la eugenia, cuando act煤a en funci贸n de mejoramiento social, se resienten de atroces prejuicios sociales, cuales son los de considerar como elemento malo a la clase proletaria, porque es la clase pobre y deben ser para ella todos los rigores de los nuevos m茅todos. Y entonces, tal vez sin quererlo, plantea el problema de la miseria, el problema de la escasez, de la penuria y del hambre en que se desenvuelven las modernas sociedades. Y ello porque la eugenia ha tomado en cuenta el hombre individuo solamente y el factor herencia, desconociendo la influencia de otros important铆simos 鈥攁caso esenciales鈥 cuales son el ambiente f铆sico y el social.鈥 (Delfino, 1912, p. 1176)

Como dec铆amos m谩s arriba, uno de los elementos que vinculan eugenesia y educaci贸n es el reclamo por implementar la educaci贸n sexual[20]. Los eugenistas bregaban por lograr que a trav茅s de la toma de conciencia por obra de la informaci贸n 鈥攂谩sicamente sobre s铆filis, alcoholismo y tuberculosis鈥 se evitara la reproducci贸n o se procurara cuidar que no fuera disgen茅sica[21]. La educaci贸n sexual propuesta siempre est谩 referida a la reproducci贸n cuidada, la responsabilidad con respecto a la raza y a las enfermedades ven茅reas y el alcoholismo, vale decir con una inclinaci贸n fuertemente biologicista o m茅dica. El placer sexual, ausente de la propuesta, es considerado una suerte de residuo natural (y secundario) del objetivo natural que es la reproducci贸n. Se trata de regular la reproducci贸n, racionalizarla y someterla al control cient铆fico. De cualquier manera, la pelea por introducir la educaci贸n sexual ya desde los primeros a帽os de la escuela, incluso en el sentido particular y sesgado en que la entend铆a el eugenismo, ha sido muy dura y extendida.

En Buenos Aires, la Liga Argentina de Profilaxis Social obtuvo en 1924 la autorizaci贸n del Ministerio de Instrucci贸n P煤blica para dictar conferencias sobre la materia a los alumnos de los colegios de ense帽anza media y magisterio de todo el pa铆s con el fin de efectuar la educaci贸n de educadores utilizando para esa tarea dos pel铆culas cinematogr谩ficas tituladas 鈥淐贸mo comienza la vida鈥 y 鈥淢adres, educad a vuestras hijas鈥, empleadas con id茅nticos fines por el gobierno de los Estados Unidos de Am茅rica.

El instinto sexual era considerado por los eugenistas como el 煤nico que no se hab铆a podido someter a la tarea civilizatoria y all铆 radicar铆a, justamente, una de las causas de muchas acciones disgen茅sicas. Por ello consideraban importante la ilustraci贸n de la poblaci贸n sobre los riesgos de la concepci贸n en determinados estados o condiciones. En un trabajo publicado en La Semana M茅dica, el psiquiatra suizo Auguste Forel (1848-1931), una autoridad en la materia muy seguida en la 茅poca, sostiene que el deseo sexual no es ni moral ni inmoral, sino simplemente un instinto adaptado a la reproducci贸n y deduce una suerte de imperativo categ贸rico sexual que dice:

鈥淭煤 debes prestar atenci贸n a tu deseo sexual en sus manifestaciones en tu conciencia y principalmente en tus actos sexuales, no debes perjudicarte a ti mismo ni a otro ni, sobre todo, a la raza humana, sino que debes empe帽arte con energ铆a para aumentar el bienestar de cada uno y de todos.鈥 (Forel, 1912, p. 662)

En esta l铆nea, y echando mano a un argumento consecuencialista de dudosa evaluaci贸n sostiene que los deseos sexuales ser谩n positivos si, en orden de jerarqu铆a creciente, benefician a los individuos, a la sociedad y a la raza; y negativos si perjudican a algunos de ellos o a todos y 茅ticamente indiferentes si no producen ni perjuicio ni beneficio. Las 鈥減erversiones鈥 del instinto sexual como por ejemplo 鈥渆l sadismo (…), el masoquismo (…), sensibles invertidos sexuales (homosexualidad), fetiquismo (sic), exhibicionismo鈥 que no perjudicaran a nadie son 茅ticamente indiferentes y los que los poseen 鈥済eneralmente hablando no se multiplican鈥. Forel critica a la moral religiosa que muchas veces considera como grandes pecados y cr铆menes a acciones, como por ejemplo la masturbaci贸n, que no ser铆an m谩s que el resultado de 鈥渦n estado mental desequilibrado鈥:

鈥淟a costumbre del abuso de s铆 propio, en extremo variable en sus or铆genes, surge com煤nmente como un sustituto, pero es a menudo el resultado del mal ejemplo. Puede ser tambi茅n (aunque con menos frecuencia) hereditaria u originada por trastornos nerviosos, mientras que en otros casos, es producida por causas mec谩nicas (fimosis, gusanos, o ejercicios gimn谩sticos) (…) no es tan peligroso como com煤nmente se sostiene鈥 (Forel, 1912, p. 667)

Es interesante, y curiosa, la opini贸n de J. Ingenieros sobre la supuesta decadencia del instinto sexual que se manifiesta en el amor y la sexualidad, por obra de las costumbres que prevalecieron:

鈥(…) el matrimonio fue en su origen favorable a la selecci贸n sexual, asegurando la poligamia de los hombres superiores con las mejores mujeres y excluyendo de la lucha por la reproducci贸n a los individuos despreciados de ambos sexos. Pero el progresivo predominio de la fortuna y el rango sobre las aptitudes individuales, debido a la herencia transfiri贸 el privilegio polig谩mico a hombres inferiores y atenu贸 los beneficios selectivos de ese r茅gimen. La generalizaci贸n de la monogamia, primitivamente propia de los hombres inferiores, represent贸 una progresiva degeneraci贸n de la selecci贸n sexual, nivelando en parte la situaci贸n de los buenos y los malos reproductores (…) Las condiciones de vida familiar y social que caracterizan al matrimonio monog谩mico contractual son desfavorables al mejoramiento eug茅nico de la especie humana (…) La reconquista del derecho de amar para ambos sexos sin las restricciones de la domesticidad restablecer铆a la selecci贸n sexual y permitir铆a el advenimiento de alguna variedad humana eug茅nicamente superior, capaz de evolucionar hacia la constituci贸n de una nueva especie.鈥 (Ingenieros, 1924, p. 366)

Aunque los m茅dicos eugenistas son, en general, cat贸licos y creen a rajatabla que la funci贸n de la sexualidad es la reproducci贸n y aunque no faltan intentos de compatibilizar religi贸n y eugenesia, lo cierto es que los reclamos por la educaci贸n sexual chocaron siempre con la oposici贸n de la iglesia cat贸lica.

El otro nivel en el cual se relacionan claramente eugenesia y educaci贸n, es el constante reclamo de los eugenistas por el control y tipificaci贸n de los alumnos 鈥攜 toda la poblaci贸n en general鈥 a trav茅s de las llamadas 鈥渇ichas eug茅nicas鈥 o m谩s espec铆ficamente 鈥淔ichas biotipol贸gicas鈥[22]. La escuela, entonces, no solo era un 谩mbito de difusi贸n y concientizaci贸n, sino tambi茅n de intervenci贸n en la medida en que el m茅dico hiciera conocer al pedagogo 鈥(鈥) diversos tipos escolares y la manera de obtener un provecho mayor del educando no pudiendo ser la acci贸n cultural uniforme sino bajo ciertos principios que exigen la adecuada aplicaci贸n a cada caso particular鈥 (Lozano, 1933, p. 10). El enorme esfuerzo por imponer la ficha biotipol贸gica se funda en 鈥搚 a la vez explica- la gran influencia que el m茅dico italiano Nicola Pende tuvo sobre la AABEMS, considerado por sus disc铆pulos argentinos (sobre todo Arturo Rossi y Octavio L贸pez) como el fundador de la biotipolog铆a.

Uno de los principales objetivos de la AABEMS en el 谩rea de la Medicina Constitucional era determinar los biotipos 茅tnicos de la poblaci贸n argentina y obtener de este modo, un diagn贸stico que permita a trav茅s de la Medicina Social llevar a cabo un programa eugen茅sico nacional. En mayo de 1934 se crea, en el seno de la AABEMS, la Escuela Polit茅cnica de Biotipolog铆a, Eugenesia y Medicina Social, con el objetivo de formar a los maestros que actuar铆an como asistentes escolares en la confecci贸n y an谩lisis de las fichas biotipol贸gicas desde la perspectiva de la Medicina Constitucional. El Dr. Mariano Castex propone la elaboraci贸n de la ficha biotipol贸gica para el an谩lisis constitucional, a base de la psicot茅cnica, 鈥減ara impedir que la gran familia proletaria se invalide precozmente por la causa delet茅rea del trabajo鈥. Por su parte, en los Anales, el Dr. Arturo Rossi propone una Ficha[23]聽 Biotipol贸gica Ortogen茅tica Escolar, seg煤n se帽ala a pedido de colegas m茅dicos y de un modo especial de pedagogos, y que recababa informaci贸n sobre infinidad de aspectos considerados relevantes y pertinentes con el objetivo de:

鈥(…) implantar una m谩s racional y cient铆fica clasificaci贸n y graduaci贸n de los alumnos, base esencial de la nov铆sima pedagog铆a, y toda vez que la escuela extienda su acci贸n a la verdadera profilaxis individual de los educandos haciendo eugenesia y dando sus nuevas normas a la Medicina Social.鈥 (Rossi, 1936, p. 3)

Para establecer esta clasificaci贸n m谩s racional y cient铆fica de los alumnos, se ped铆a la respuesta sobre 隆298! cuestiones a las que se agregaban para el caso de los anormales ps铆quicos otras 60. Al comenzar la ficha se destaca el estudio de la herencia fisiol贸gica y patol贸gica del alumno, el relevamiento de los datos de consanguinidad y la evaluaci贸n de las influencias 鈥渂lastoft贸ricas y blastoft贸xicas que imprimen su sello en el genotipo y el paratipo鈥. En el apartado titulado 鈥渟omatoscop铆a鈥 se analiza el biotipo constitucional del ni帽o a trav茅s de las caracter铆sticas morfol贸gicas de algunas partes de su cuerpo. Otro de los espacios destacados en la ficha era el 鈥淗谩bitus morfol贸gico鈥 donde se consideraban distintas medidas del cuerpo: peso, altura, mediadas craneanas, forma y medidas de la cara, del cuello, t贸rax, abdomen, miembros superiores e inferiores y di谩metro biacromial. Se llevaba a cabo tambi茅n, un relevamiento de las caracter铆sticas raciales con las mediciones del cr谩neo, la forma de la nariz, se evaluaba el color de la piel, tipo y color del cabello. Se ten铆an en cuenta el desarrollo psico-f铆sico, las enfermedades de la infancia y las llamadas 鈥渃risis de la pubertad鈥 lugar en el que se consignaba las caracter铆sticas que adquir铆a el sujeto en el per铆odo dados los cambios propios del desarrollo. Un lugar destacado era ocupado por el estudio del ambiente dom茅stico del educando. En este espacio de la ficha, se evaluaba el grado cultural, moral y la higiene familiar. Por otro lado, se llevaba a cabo un examen cl铆nico y psicol贸gico del alumno que inclu铆a el estudio de la conducta, memoria, atenci贸n, formas de pensamiento. Sobre la atenci贸n, por ejemplo, se preguntaba si era espont谩nea o provocada, sensorial o emotiva, voluntaria, duraci贸n e intensidad y extensi贸n del campo de la conciencia. Tambi茅n, se indagaba sobre la formaci贸n de las ideas, su asociaci贸n, juicio, raciocinio y patrimonio ideativo. Sobre el pensamiento, si era realista, abstracto, l贸gico, fant谩stico, imaginativo, m铆stico o con el sentido cr铆tico. Se indagaba sobre los sentimientos est茅ticos, 茅ticos, ego铆stas, altruistas, afectividad, emotividad, curiosidad. Se estudiaba el car谩cter y se defin铆an los tipos: t茅trico, ap谩tico, hiperemotivo, estable, inestable, calidad moral relevante, etc. Por 煤ltimo, se clasificaba el temperamento y el tipo y grado de inteligencia.

La exagerada cantidad de preguntas de las fichas genera un problema t茅cnico pues su llenado era de gran dificultad a menos que se contara con una enorme cantidad de personal altamente entrenado. Pensar que muchas de las respuestas, para las que se requerir铆a un gran conocimiento de los ni帽os, pod铆an ser llenadas por profesionales ajenos por completo a ellos pone de manifiesto cuando menos una exagerada autoestima y omnipotencia de los que preparaban estos formularios. Pero, adem谩s pone de manifiesto la inclinaci贸n a no dejar nada fuera del control del especialista y a generar dispositivos de control y vigilancia exhaustivos bajo la atenta mirada del m茅dico y del inspector escolar y confer铆an un gran poder de discriminaci贸n:

鈥(…) la formaci贸n del patr贸n sanitario escolar incumbe a los profesores y a los inspectores m茅dico-escolares en estrecha colaboraci贸n. El m茅dico escolar, ha de vigilar el complejo de influjos que pesan sobre el alumno, evitando infracciones en la redentora higiene (…) el propio funcionario es el indicado para establecer la selecci贸n de individualidades escolares, con el fin de evitar que se mezclen en abigarrado conjunto los ni帽os sanos de cuerpo y de esp铆ritu, con aquellos que ostentan d茅ficit sensorial, intelectual o moral. Y despu茅s de haber conseguido trazar la l铆nea divisoria entre los anormales inteligentes y los deficientes o maleados en sentido moral se puede llegar todav铆a m谩s lejos en la precisi贸n de diagn贸sticos, puesto que la cantidad y calidad morbosa puede ser tanta y tan variada que exija muy especiales procederes de ense帽anza y disciplina.鈥 (Farr茅, 1919, p. 97)

Los requerimientos de las fichas biotipol贸gicas, exhaustivas, generalizadas a toda la poblaci贸n y funcionando como una suerte de documento de identidad que se va completando a lo largo de la vida incluso desde antes del nacimiento constitu铆an uno de los grandes anhelos de los eugenistas. En 1934, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Saavedra Lamas, propuso la creaci贸n de una Direcci贸n General de Biotipolog铆a y la realizaci贸n de fichas biotipol贸gicas para los estudiantes, los tuberculosos y los enfermos de c谩ncer. En un art铆culo aparecido en los Anales, el Lic. Francisco Carrasco (1937), expresando una opini贸n generalizada, sostiene que es necesario crear un Consejo M茅dico Nacional y un Sistema de Preventorios que pueda realizar una ficha de seguimiento y control desde el nacimiento del ni帽o que continuar铆a en el hogar, en la escuela, en los colegios y en la universidad, e incluso en la 鈥渇谩brica y en el almac茅n, en las oficinas y en general en todas las empresas que ocupan brazos鈥. El Primer Congreso sobre Poblaci贸n celebrado en 1940 retom贸 la idea y sugiri贸: 鈥渆stablecer la clasificaci贸n mental de los ni帽os durante la edad preescolar y escolar y que organicen un sistema de orientaci贸n y protecci贸n para los que hayan demostrado altas aptitudes aplicables a la industria, comercio, profesiones manuales e intelectual鈥 (Citado en Ramacciotti, 2003).

La fuerte creencia en que la educaci贸n, como instancia que permitir铆a adaptar a las masas a las condiciones de producci贸n existentes y darle cohesi贸n a una poblaci贸n cuya diversidad estaba dada por la fuerte inmigraci贸n europea propia de la 茅poca, se potenciaba en los miembros de la asociaci贸n, al entender que ten铆an en sus manos, gracias a los aportes de la Biotipolog铆a, una excelente herramienta para dar tratamiento a la diversidad, para evitar las amenazas que representaban para estos intelectuales y pol铆ticos conservadores y nacionalistas el avance del anarquismo y el comunismo.

El esfuerzo llevado a cabo por los miembros de la asociaci贸n rindi贸 inmediatamente sus frutos y en 1933 la Direcci贸n General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires implementa de manera experimental la ficha biotipol贸gica en la Provincia de Buenos Aires (una escuela de San Isidro y otra de La Plata. En 1935, la Municipalidad de la Capital Federal, confi贸 a la AABEMS, la confecci贸n de la ficha biotipol贸gica de los 3000 ni帽os que concurr铆an a la colonia de vacaciones de la Quinta Presidencial de Olivos. Tambi茅n en 1935 m谩s de cien ni帽os de la ciudad de Paran谩 viajaron a Buenos Aires para ser fichados.

La biotipolog铆a tambi茅n se consideraba una herramienta poderosa para ser usada en criminolog铆a. M谩s all谩 de las disputas sobre los rasgos at谩vicos que Lombroso ve铆a en la ra铆z del hombre criminal, se intenta realizar estudios de todo tipo de fen贸menos (morfol贸gicos, funcionales, humorales, volitivos, afectivos, intelectuales) insertos en el patrimonio hereditario, funcionando en un ambiente y en condiciones determinadas.

鈥淔谩cil es deducir entonces el valor de la pr谩ctica biotipol贸gica para establecer el diagn贸stico de la verdadera personalidad y en particular, del perfil psicol贸gico del delincuente; pues del conocimiento, en tal forma adquirido, de la personalidad f铆sica, intelectual y moral de cada individuo, es perfectamente posible justipreciar aprior铆sticamente acerca del destino que cada uno tiene reservado, en la profesi贸n, en las artes o los oficios, en las escuelas o universidades, en los cuarteles, en las oficinas, en las f谩bricas, en los talleres, en el campo y en las ciudades, en el seno de la propia familia o en las relaciones del individuo con la sociedad; en una palabra, y en general, en los m谩s diversos segmentos sociales, que preparan, protegen o defienden a los individuos en su vida futura.鈥 (Rossi, 1942, p. 7)

El mismo Dr. Rossi en septiembre de 1939 publica un art铆culo en los Anales, en el cual expone las bondades de la relaci贸n entre antropometr铆a y fotograf铆a. All铆 aparecen distintos tipos de aparatos para fotografiar a las personas tanto de cuerpo entero como sus cabezas, sobre fondos graduados para establecer sus medidas de manera precisa y cient铆fica, de modo tal que dichas fotograf铆as pudieran ser incluidas en las fichas biotipol贸gicas individuales o servir para el an谩lisis estad铆stico. En 1934 los Anales (N掳 18) publican un trabajo del m茅dico franc茅s Paul Desposses de la Universidad de Par铆s, con un sugestivo y significativo t铆tulo: 鈥淟a facultad de conocer a los hombres por su aspecto exterior: un arte que puede ser ciencia鈥.


Ha pasado el tiempo, las propuestas eugen茅sicas han quedado en la historia y es dif铆cil dar alguna precisi贸n sobre qu茅 elementos perduran a煤n de aquellas propuestas de la d茅cada del 麓30 en lo m谩s profundo de nuestra cultura. Asimismo, es innegable que ha sido un cap铆tulo particularmente brutal y extendido de la biopol铆tica, es decir del intento de gesti贸n y administraci贸n pol铆tica de los cuerpos con relaci贸n a la reproducci贸n, uno de los ejemplos m谩s notorios de esa matriz de pensamiento que atraviesa los 煤ltimos dos siglos.聽聽

Vista en perspectiva, la eugenesia ha contribuido en cierta medida a algunas mejoras sanitarias, sobre todo referidas a la profilaxis del embarazo y a los cuidados de los primeros tiempos de vida del beb茅, pero, por suerte no ha cumplido sus objetivos expl铆citos de modificar la composici贸n promedio de la poblaci贸n eliminando a los que llamaban 鈥渋nferiores鈥. No se trat贸 solamente de la ineficacia de las tecnolog铆as propuestas; el planteo de la selecci贸n adolece de errores conceptuales graves[24]. Como quiera que sea, ha tenido cierto 茅xito pol铆tico e ideol贸gico en su momento, porque logr贸 consenso y contribuy贸 a estigmatizar a vastos sectores de la poblaci贸n y, por tanto a legitimar y sobre todo naturalizar contextos de discriminaci贸n, marginaci贸n y explotaci贸n justificando la desigualdad a trav茅s de la diversidad, tema que ya hemos expuesto m谩s arriba. Se trata de dos 谩mbitos de problemas que, si bien conceptualmente pueden solaparse en alguna medida dif铆cil de determinar, y de hecho la confusi贸n se ha dado hist贸ricamente, es necesario distinguir claramente. En 1952, la UNESCO se expidi贸 al respecto, se帽alando: 鈥渓a igualdad de oportunidades y la igualdad ante las leyes, al igual que los principios 茅ticos, no reposan en manera alguna sobre el supuesto de que los seres humanos est谩n de hecho igualmente dotados鈥. Para bien o para mal, la justicia social y la redistribuci贸n de la riqueza sigue siendo (y presumo as铆 seguir谩 siendo en los pr贸ximos siglos) un problema pol铆tico y no biol贸gico.

Como dec铆amos, es dif铆cil saber qu茅 parte de las actuales formas de discriminaci贸n de determinados grupos es una deriva del movimiento eugen茅sico. Pienso que, m谩s bien, se trata de una matriz ideol贸gica general y extendida que va adquiriendo m煤ltiples determinaciones a lo largo de la historia. S铆 es seguro que el movimiento eugen茅sico conjuga de manera in茅dita a la ciencia, la tecnolog铆a y la pol铆tica en un proyecto tecnocr谩tico y autoritario.

Por otro lado, no hay raz贸n para pensar que en la actualidad a partir de algunas terapias y manipulaciones sobre la descendencia (sobre todo el llamado 鈥渄iagn贸stico preimplantatorio鈥[25]) se estar铆a en las puertas de una nueva eugenesia (lo que algunos llaman eugenesia liberal), al menos no en los t茅rminos en que se plante贸 y funcion贸 el movimiento eugen茅sico en el siglo pasado. Pero las nuevas terapias g茅nicas se hallan legitimadas sobre la base de decisiones privadas, individuales o familiares, referidas a tratamientos terap茅uticos, que se realizan con la finalidad de influir sobre la transmisi贸n de caracter铆sticas gen茅ticas a la descendencia. En este sentido se est谩n refiriendo a mi juicio, a un fen贸meno cualitativa y esencialmente diferente de la eugenesia dado que se caracteriza por la privacidad, vale decir que se tratar铆a de una cuesti贸n privada de los individuos y de sus familias, como parte de su derecho a la reproducci贸n- m谩s all谩 de que se reclame la legislaci贸n e intervenci贸n del Estado; por la voluntariedad, es decir por ser una decisi贸n libre y voluntaria de las personas afectadas; y por la no discriminaci贸n, es decir no dirigidas a grupos de poblaci贸n espec铆ficos, que pudieran resultar discriminados en sus derechos, sobre todo si son aplicadas de modo coactivo. Esta caracterizaci贸n desnaturaliza el concepto de eugenesia tradicional, fundamentalmente porque 茅sta responde a pautas de selecci贸n de grupos definidos, se realiza a trav茅s de la implementaci贸n de pol铆ticas p煤blicas y no se trata de acciones individuales voluntarias sino que se ejercen de manera coactiva. El riesgo actual no es que el Estado avance sobre las libertades individuales en las formas grotescas que los cientificismos rom谩nticos y autoritarios de las primeras d茅cadas del siglo XX propusieron. Para ello ya se han dise帽ado y est谩n plenamente disponibles mecanismos mucho m谩s sutiles y eficientes a trav茅s de los medios de comunicaci贸n. En todo caso el mayor friesgo es que el Estado se ausente en legislar y dirimir en cuestiones biom茅dicas y deje en manos del mercado las decisiones fundamentales.

Por 煤ltimo, as铆 como los viejos deterministas biol贸gicos 鈥揻ren贸logos, crane贸metras, antrop贸logos criminales, eugenistas, etc.-, creyeron profundamente en una respuesta tecnol贸gica (tecnocr谩tica podr铆amos decir) a los m谩s importantes problemas de la humanidad, tambi茅n los nuevos deterministas, apoyados ahora en los inmensos 茅xitos tecnol贸gicos de la biolog铆a molecular (y las neurociencias) de conspicua y constante presencia medi谩tica, llevan a hacer pensar que no s贸lo habr谩 un respuesta tecnol贸gica para algunas enfermedades gen茅ticas graves, lo cual en alguna importante medida es cierto, sino tambi茅n, ahora en clave individualista, a la configuraci贸n misma de los seres humanos. Pero ese 鈥淢undo Feliz鈥 no existe.


  1. V茅ase: Palma (2005)
  2. Suelen cometerse tres errores acerca de la eugenesia. En primer lugar circunscribirla a la Alemani nazi, cuando en realidad fue un fen贸meno casi universal; en segundo lugar calificarla como pseudociencia cuando en verdad la comunidad cientifica en pleno trabaj贸 en ese programa; finalmente alertar sobre una supuesta reedici贸n de la eugenesia merced a los desarrollos tecnol贸gicos n la reproducci贸n humana que permitir铆an cuerta capacidad de elegir embriones. He desarrollado esto con detalle en Palma (2005).
  3. Agamben (2002, 2004), Esposito (1998, 2002, 2002a), Hardt, M. y Negri, A. (2000), Hottois, G. (1999), Latour, B. (1999), Achard, P. et al (1977), buena parte de la obra de M. Foucault (v茅ase sobre todo 2004 y 2004a).
  4. Miranda (2003), refiri茅ndose al caso argentino, afirma que existen dos etapas seg煤n el modo en que se manifestaba la esencia imperativa o autoritaria de la eugenesia: 鈥渄e coercitividad expl铆cita鈥 y 鈥渄e coercitividad disimulada.鈥 V茅ase tambi茅n Soutullo (1999)
  5. Darwin se puso de acuerdo con Galton para llevar adelante experimentos que confirmasen la teor铆a del primero acerca de la herencia, denominada 鈥減ang茅nesis鈥, finalmente desechada.
  6. Sobre la idea de 鈥渄ecadencia鈥 en la historiograf铆a, v茅ase Hermann (1997)
  7. El Primer Congreso de la Poblaci贸n organizado por el Museo Social Argentino en Buenos Aires en octubre de 1940 toma como una de las condiciones m谩s amenazantes el descenso de las tasas de crecimiento de la poblaci贸n, de natalidad y de inmigraci贸n (Cf. Ramacciotti, 2003).
  8. Miranda (2003) se帽ala el car谩cter profundamente ambiguo de la Enc铆clica Casti Connubii dictada en 1930 por el papa P铆o XI, ya que, mientras manifiesta oponerse a cualquier tipo de prohibici贸n matrimonial de tipo eugen茅sica, 鈥渃oncluye afirmando la conveniencia de 鈥榓sonsejar鈥 que no contraigan enlace quienes a quienes se conjeturara que s贸lo puden engendrar 鈥榟ijos defectuosos麓鈥.
  9. La ley de Residencia que habilitaba la expulsi贸n de los extranjeros que alteraran el 鈥渙rden p煤blico鈥 es de 1902; la ley de Defensa Social, de 1912; decretos de 1932 y 1936 tambi茅n contribuyeron a acentuar las restricciones (Cf. Novick, 1992).
  10. En las 煤ltimas d茅cadas han aparecido numerosos estudios sobre el movimiento eugen茅sico. V茅ase: 脕lvarez Pel谩ez (1985, 1988, 1999); Farral (1979); Garc铆a Gonz谩lez y 脕lvarez Pel谩ez (1999, 2007); Chorover (1979); Kevles (1995); Stepan (1991); Romeo Casabona (edit.) (1999); Glick, Th; Puig-Samper, M. y Ruiz, R. (edit) (2001); Palma (2005); Su谩rez y L贸pez Guazo (2005); ISEGOR脥A N潞 27 (2002); Miranda y Vallejo (2005, 2008, 2012); Bashford, A. y Levine, P. (edit.), (2010); Vallejo y Miranda (2008, 2010); Miranda y Gir贸n (2009).
  11. Para las disputas internas entre Rossi y Quiros en el seno de la AABEMS y que reflejaban posturas m谩s generales acerca de la eugenesia, vease G贸mez di Vincenzo, 2013
  12. Nicolai, que se form贸 con el grupo m谩s selecto de cient铆ficos (Ch Richet, I. Pavlov, E. Dubois, entre otros), a poco de estallar la Primera Guerra Mundial, redacta y luego firma junto con A. Einstein, O. B眉k y W. Forster el 鈥淢anifiesto a los europeos鈥, un escrito antib茅lico en respuesta al famoso 鈥淢anifiesto de los 93鈥, escrito por representantes de la cultura alemana para apoyar la guerra. Poco despu茅s de finalizada la contienda, Nicolai debe abandonar Alemania.
  13. Tambi茅n un espectro ideol贸gico bastante amplio encontraba lugar en sus p谩ginas. Un pol铆tico socialista como Alfredo Palacios, escribi贸 una peque帽a nota en el N掳 69 de 1936 en la cual se帽alaba: 鈥淓s reconfortante observar c贸mo legisladores de las m谩s diversas tendencias se han apresurado a ponerse de acuerdo para dictar un plan de defensa contra el azote de la mortalidad infantil cuyo 铆ndice es aterrador鈥. El ME no ha sido patrimonio exclusivo de la derecha pol铆tica. Se puede consultar al respecto el excelente libro de Paul (1998), sobre todo el cap铆tulo titulado 鈥淓ugenics and the Left鈥. Tambi茅n puede consultarse la biograf铆a de H. J. Muller escrita por E. Carlson (1981); Baker J. y Haldane J.B.S. (1946) y Farral, L. A., (1979).
  14. Para un an谩lisis de la historia de las categor铆as normal/patol贸gico v茅ase Canguilhem (1966).
  15. Sobre la eugenesia en Bolivia, v茅ase: Irurozqui (2001).
  16. Sobre la eugenesia en M茅xico, v茅ase: Su谩rez y L贸pez Guazo (2001).
  17. Solo unos pocos y en franca minor铆a, como por ejemplo Alicia Moreau de Justo, reclaman abandonar el uso del concepto de 鈥渞aza鈥, por ser s贸lo una r茅mora de la rigidez y car谩cter jer谩rquico de las castas (vease A. M. de Justo, 1909, p. 45)
  18. Nicola Pende (1880-1970), m茅dico e ide贸logo racista de fama mundial, uno de los m谩s importantes integrantes de la Escuela Italiana de Endocrinolog铆a y Patolog铆a constitucional. Impuls贸 Biotipolog铆a en Italia y luego en Argentina. Fue uno de los art铆fices de la fundaci贸n de la universidad Mussolini de Bari en la cual, ejerci贸 el rol de rector. M谩s tarde fund贸 en la Universidad de G茅nova el Instituto de Biotipol贸gico Ortogen茅tico. Sus vinculaciones con el r茅gimen fascista de Benito Mussolini lo llevaron a transformarse en uno de los principales responsables del tema racial del r茅gimen italiano. Fue uno de los redactores del manifiesto racista de los profesores universitarios italianos en 1938. En julio de ese a帽o en un art铆culo aparecido en 鈥淚l Corriere della Sera鈥 de Mil谩n, al referirse al aspecto colonial del problema, dec铆a entre otras cosas: 鈥…Son de f谩cil explicaci贸n los motivos de defensa que desde hoy se imponen con la adopci贸n de medidas tendientes a evitar mezcolanzas de nuestra sangre con la de los ind铆genas del Imperio. Pero no menos interesante es a mi modo de ver, otra defensa; aquella contra el peligro de que se eduque, con m茅todos excesivamente idealistas, de esa excesiva idealidad de que, por cierto, pecamos los italianos. Bondad y humanidad, pero que no sean debilidad; escuelas, hospitales, recreatorios, todo est谩 bien, pero 鈥渟it modus in rebus鈥 y sobre todo, no olvidarse de las seculares ense帽anzas de Roma, en su forma de colonizar a los b谩rbaros y de la experiencia de pueblos colonizadores m谩s viejos que nosotros鈥.
  19. V茅ase tambi茅n, por ejemplo: Boulenger (1916), Farr茅 (1919)
  20. De hecho no era solo una iniciativa argentina. La Eugenics Education Society (fundada en 1907 y que en 1926 pas贸 a llamarse Eugenic Society) de Londres, ten铆a, entre otros objetivos, 鈥渇omentar la educaci贸n eug茅nica en el hogar, la escuela y en todas partes鈥. En 1913 su presidente, el mayor Leonard Darwin, dec铆a en un discurso: 鈥淓l problema que debemos resolver, es la manera de difundir el concepto de responsabilidad ante la raza, lo cual s贸lo puede conseguirse inculcando el ideal eug茅nico mediante la educaci贸n, es decir, haciendo penetrar esta idea en los sistemas educacionales.鈥 (Citado en L贸pez, 1913, p. 317)
  21. V茅ase Miranda, 2011, tambi茅n Ledesma Prietto, 2014.
  22. Las fichas escolares eran moneda corriente desde principios de siglo, cuando Jos茅 Mar铆a Ramos Mej铆a era Presidente de Consejo Nacional de Educaci贸n, y combinaban desde preguntas por datos antropom茅tricos, conductuales, psicol贸gicos y 鈥渕orales. V茅ase Vezzetti (1988) y Puiggr贸s (1990)
  23. En los Anales (1934), los Dres. Rossi, Berutti y la Dra. Zurano tambi茅n hab铆an publicado una propuesta de ficha eug茅nica de evaluaci贸n de la fecundidad para ser usada en todos las diversas maternidades. En esas fichas dirigidas tanto al hombre como a la mujer se recababa informaci贸n exhaustiva sobre datos filiatorios entre los que se encontraba 鈥減a铆s de nacimiento鈥, 鈥渃lima鈥, 鈥渞aza鈥, 鈥渃olor鈥, y otros que pudieran dar cuenta de la 鈥渋nfluencia de los factores ambientales鈥 como situaci贸n y organizaci贸n familiar, vivienda, etc. Tambi茅n se preguntaba sobre antecedentes patol贸gicos, distintos tipos de valores antropom茅tricos y lo 鈥渃oncerniente al temperamento neuroend贸crino y al temperamento ps铆quico.
  24. V茅ase Maynard Smith (1982).
  25. El Diagn贸stico Preimplantatorio (cf. Testart, J. y Godin, Ch., 2001) consiste en un test gen茅tico realizado sobre embriones fecundados ante la sospecha de que sean portadores de anomal铆as graves. Como este an谩lisis se realiza antes de que el embri贸n sea transferido al 煤tero ofrece la posibilidad de seleccionar cu谩les de ellos ser谩n utilizados.


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