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6 La “evolución” en el periodismo científico

La figura de Darwin, el evolucionismo y sobre todo algunas de sus derivaciones suelen estar muy presentes en la comunicación pública de la ciencia. El campo es muy extenso, pero en este capítulo tomaremos el tratamiento que se le da en el periodismo científico de los grandes medios gráficos (en adelante “PC”).

El periodismo científico construye pero, principalmente refuerza ciertas imágenes y representaciones sobre la ciencia y la tecnología. En muchas ocasiones se trata, sin más, de un sistema de mitologías (y en algunos casos sus correspondientes contramitologías) que circulan en la cultura. Es muy probable que el PC, a fin de cuentas hijo del éxito en cuanto a la cantidad de lectores y por ser una actividad relativamente reciente, no haga más que montarse en esos dispositivos ideológicos provenientes de la cultura misma y de la enseñanza institucionalizada y los refuerce más o menos adecuadamente. Para el lector desprevenido de PC, el artículo del periódico es, en cierto modo, autónomo y único acceso posible a la cuestión tratada, porque no recurre a las fuentes originales ni, en general, posee elementos para desarrollar análisis críticos específicos sobre el mismo. Por ello el análisis, al menos en lo que aquí interesa, no está dirigido tanto a auditar errores de información científica, o a detectar malos artículos periodísticos a partir de algún trabajo científico serio; o buenos artículos periodísticos basados en trabajos científicos irrelevantes; ni siquiera evaluar buenos artículos periodísticos derivados de buenos trabajos científicos. Se tratará, en cambio, de mostrar y analizar qué cosa lee el que lee.

En el caso particular que nos ocupa, se intenta demostrar que los (aparentemente) pequeños errores, la estructura de las notas y los deslices o licencias discursivas son, al menos, funcionales (es difícil probar que hay presiones y mucho más conspiraciones), con la posición de la iglesia católica en muchos casos, con la ortodoxia cristiana más general en otros.

La relación entre el cristianismo y la ciencia no ha sido muy conflictiva a lo largo de los siglos, sobre todo merced al proceso de secularización de la modernidad que separó, para tranquilidad de todos, lo sagrado de lo profano, la salvacion del alma de la descripción del mundo. Sin embargo ostenta algunos casos emblemáticos como por ejemplo Galileo[1] y Darwin. El primero ha sido retirado del Index de la Inquisicion hace poco, luego de más de 400 años; el caso Darwin es más complejo porque la iglesia no acepta la evolución de las especies, al menos en los términos en que la teoría de la evolución biológica sostiene, de modo tal que la (tardía) corrección política que se expresaba en el caso Galileo, se reemplaza, para el caso del naturalista inglés, por una agresiva distorsión ideológica y política, solapada a veces, más abierta en otras ocasiones. Buena parte del PC, como decía más arriba, abona esta distorsión, consistentemente con la capacidad de lobby de los grupos religiosos[2]. Veamos.

En un artículo de 2005[3], Clarín incluye una infografía[4] en la cual hay dos cosas para señalar. En primer lugar un error importante al afirmar que las primeras especies en nuestro planeta “aparecen en el Cámbrico”[5] y, en segundo lugar y lo más grueso: “La teoría de Darwin afirma que las especies no permanecen inmutables desde la creación…”. Si bien es posible argumentar que, en alguna medida la evolución es compatible con un dios creador al inicio del sistema, como ya se ha discutido, el cristianismo es mucho más que eso doctrinariamente y ese desliz discursivo no puede permitirse en este contexto.

En 2009, a propósito de los 200 años del nacimiento de Darwin, ya desde el título, Clarín[6] instala cierta distorsión acerca del estatus y actualidad de la teoria de la evolucion: “A doscientos años de su nacimiento Darwin sigue generando polémica”. Aunque es cierto que existe esa polémica ya explicada con la denominada “Teoria del diseño inteligente”, el artículo no solo no deja en claro el carácter ideológico/político de la misma (lo que ameritaría, por ejemplo, que sea tratada en un pequeño recuadro o apartado), sino que el peso de la nota se encuentra en el reconocimiento de ese debate.

Página 12[7] se expresa en la misma línea al comentar la celebración de la Conferencia Internacional “Biological Evolution Facts and Theories” organizada por la Pontificia Universidad Gregoriana y la Universidad Notre Dame en los EEUU. El artículo trata sobre las posibilidades de conciliar evolución y cristianismo que, finalmente, es la estrategia más o menos generalizada de la Iglesia Católica. En esa línea, el autor no resiste la tentación de jugar desde el título con la palabra “evolución”. Sin embargo allí, equívocamente, asimila “evolución” con “progreso” al sugerir que la Iglesia católica avanzaría hacia el reconocimiento de la teoría biológica. Parece suponer también que la diferencia entre ciencia y religión es sólo cuestión de cierta inercia de ésta última que la hace ser más lenta y refractaria a los cambios pero que con el tiempo podrían llegar a conciliarse. De hecho en la nota aparecen antecedentes como la declaración del Papa Juan Pablo II de 1996 en el sentido de que la evoluciósn “era más que una hipótesis” y que tenía “ciertos argumentos significativos a su favor”. Y reforzando esta epistemología progresista ingenua sostiene que el episodio objeto de la nota se produce “quince años después del primer paso dado por Juan Pablo II”. Es necesario aclarar que, en verdad, el Papa Juan Pablo II, solo abonó la estrategia de la conciliación, pero ese reconocimiento acerca de que “la teoría de la evolución es algo más que una hipótesis” es falaz, porque sostiene que hay varias teorías de la evolucion, pero aquellas “que consideran que el espíritu emerge de fuerzas de la materia viva o como un simple epifenómeno son incompatibles con la verdad sobre el hombre”. Un poco más adelante:

“El Magisterio de la Iglesia está directamente interesado en la cuestión de la evolución -subrayó-, porque ésta concierne al concepto del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Pío XII subrayó este punto esencial: si se busca el origen del cuerpo humano en una materia viva y preexistente, el alma espiritual es creada directamente por Dios.”

Como quiera que sea, el artículo que analizamos, cita palabras del cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del presidente del Pontificio Consejo de Cultura, monseñor Gianfranco Ravassi, quienes en el habitual tono cínico/conciliatorio abogan por un acercamiento entre ciencia y fe. Ravassi agrega en un tono provocador, que “hasta ahora, no hubo confrontación verdadera entre ciencia y religión”. De hecho el encabezamiento de la nota es “Para el Vaticano, se puede creer en Dios y en Darwin al mismo tiempo”, lo cual haría lugar al debate que veníamos mencionando. El autor pasa por alto lo que en verdad es el objetivo de estas reuniones y congresos en línea con la estrategia de los grupos religiosos, al citar palabras de Ravassi quien “abogó porque en el futuro inmediato el problema del diálogo entre ciencia y fe se afronte incluso en el plano didáctico, con lo que los adolescentes de las escuelas podrían saber qué es la teología”. Huelga señalar que, efectivamente, no hay nada objetable en saber qué es la teología, como no hay nada objetable en saber cualquier otra materia, salvo cuando el objetivo es adoctrinar dogmáticamente y en oposición a los grandes logros de la razón humana.

Esta contribución de los medios a la instalación de un debate inexistente en términos teóricos no se restringe solo a los artículos de los periódicos. La “Enciclopedia Esencial de la Historia del Mundo” publicada por Clarín en forma de fascículos, dedica parte de su número 24 a Darwin. El articulo lleva como título “El origen de las especies” pero la gráfica y la estética acompañan este descentramiento ideológico del tema, pues se inicia con una enorme reproducción (media página) de la creación de Adán de Miguel Ángel, que se encuentra en el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano y, poco más abajo, el subtítulo “Ciencia contra religión” es del mismo tamaño que el título inicial. Pero, además, aparecen expresiones como estas:

“La teoría de Darwin ha tenido gran influencia y una amplia difusión, pero el debate sobre el origen de la vida en la Tierra continua”. Ya se ha señalado que la teoría de Darwin no es una teoría del origen de la vida pero aquí la cuestión es presentada subrepticiamente como una suerte de deficit. Por otro lado no se indica que hay buenas teorías y cierto consenso científico acerca del origen de lo viviente (…) La ciencia continuó sus esfuerzos para explicar el universo, mientras que el tema del creacionismo es aún hoy motivo de debate”. Efectivamente, y como ya se ha señalado, hay un debate acerca del “diseño inteligente”, pero no se trata de un debate científico. (…) Mucha gente aún duda de que formas de vida tan complejas como los seres humanos puedan haber sido creadas enteramente por un proceso natural y prefiere la teoría alternativa del diseño inteligente. Aquí se sostiene que hay una “teoría alternativa” lo cual, como ya se ha explicado, no es cierto.

En la misma línea, entre la enorme cantidad de artículos periodísticos publicados durante 2009[8], no son una minoría los que ponen el acento en el problema de evolución vs. religión aunque casi nunca se destaca el carácter político e ideológico de la cuestión.

No es raro que esto suceda si se analiza una encuesta realizada por el British Council en varios países (Argentina, China, Egipto, India, México, Rusia, Sudáfrica, España, Gran Bretaña, y EEUU), anunciada en Londres, en la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos, acerca de la teoría de la evolución de Darwin. Los resultados, bastante previsibles, confirman (con variaciones entre los países) que la figura de Darwin y alguna referencia a su teoría forman parte del bagaje común de información científica de gran parte de la población; que la mayoría manifiesta algún grado de comprensión de la teoría, aunque cabe dudar sobre el nivel real de esa comprensión porque un alto porcentaje manifestó estar de acuerdo en la posibilidad de compatibilizar evolución y creación. Sorprendentemente, el Dr. Fern Elsdon-Baker, director del programa “Darwin now”, que hizo la encuesta sostiene que “es evidente que hay un espacio para el diálogo sobre estas complejas áreas del debate” como si el problema fuera debatible en términos de negociación democrática para llegar a consensos. Es notorio también que, en ningún caso, se considere un elemento central en la explicación darwiniana del origen de las especies como es la renuncia a todo expediente sobrenatural sobre el origen de las especies. La encuesta muestra, una vez más, no tanto por las respuestas sino por las preguntas mismas, que la teoría de la evolución se ve sometida a debates no enfrentados por ninguna otra teoría científica. Es la única teoría científica que es cuestionada desde sectores no científicos y sobre la cual se atreven a opinar los no especialistas. Es la única teoría científica que se llegó a debatir en los tribunales e incluso en la Suprema Corte de los EEUU. Y, sobre todo, es la única teoría científica sobre la cual, en pleno siglo XXI, se ejerce algún nivel permanente de censura o de autocensura en la enseñanza.

Otra variante muy común en el PC es la introducción subrepticia, subliminal o no tanto, de expresiones que remiten irremediablemente a la necesidad de un diseñador inteligente, tales como el uso del “para qué”. Si los rasgos o caracteristicas están “para algo” ello implica una racionalidad que ha pensado y diseñado esa utilidad. Veamos algunos ejemplos. Un artículo de Clarín[9] señala:

“Si la conducta reproductiva humana es complicada se debe en parte a que está pensada para [¿quién pensó esto?] servir a dos objetivos en conflicto (…) Nos hemos adaptado para escoger ciertos tipos de parejas y a cumplir los deseos del sexo opuesto. (…) La ilustración más conocida de la influencia invisible del perfume es la forma en que los ciclos menstruales de las mujeres que viven en comunidad tienden a sincronizarse. En un estado de vida salvaje, es una excelente idea [¿idea de quién?]). A una tribu no le conviene que una mujer que está ovulando monopolice la atención reproductiva de demasiados varones. (…) es porque nuestro sistema está cableado para que nos cueste volver atrás una vez excitados” (los resaltados son míos)

En otra nota de Clarín[10] aparece nuevamente el recurrente error. En este caso, incluso en un investigador principal del CONICET, quien debería estar advertido de esto, señala: “Esta enzima ha evolucionado para reconocer a casi todos los antibióticos, hasta los de última generación”. Expresiones como “nos hemos adaptado para” no hacen más que reforzar la errónea idea de finalidad en la evolución. Nada en la evolución es “para algo”. Mucho más fuerte son las expresiones “está pensada para” o “es una excelente idea”. La evolución no se rige por el pensamiento ni las ideas de nadie.

Es muy curioso el párrafo que sigue, en el cual no solo se sugiere la presencia de un diseñador, de lo contrario el hombre primitivo debería haber sabido mucho sobre profilaxis del embarazo, sino que también se da por sentada una suerte de versión economicista liberal de oferta y demanda en la vida biológica.

“Las costumbres culturales que advierten contra el sexo en la primera cita probablemente hayan surgido de razones prácticas como evitar el embarazo o las enfermedades de transmisión sexual, pero también tienen razones tácticas. Un hombre o mujer que ofrece voluntariamente sus servicios para hacer bebés con demasiada libertad puede no estar ofreciendo genes muy valiosos”

En la misma línea, aunque en una versión bastante ridícula, Clarín[11] recoge un trabajo del “doctor William Hamilton, un teórico evolucionista de la Universidad de Oxford” que asegura haber averiguado “para qué sirven los machos de todas las especies”. El trabajo parece ser del estilo adaptacionista sociobiológico más o menos corriente. Digo parece ser porque el tono irónico y burlón en que está escrita la nota no deja muy claro lo sustancial. Pues bien, los machos de todas las especies sirven “para combatir los parásitos” (SIC).

Como se ve, las expresiones teleológico/religiosas son más comunes de lo que se supone. En un artículo de Clarín[12] ya citado se puede leer: “La programación genética de los seres humanos es tan delicada (…)”. En todo caso no es ni más ni menos delicada que la de cualquier animal o planta, pero esta expresión remite, inmediatamente a un programador.

Solo un ejemplo más en esta línea. Según un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, “algunos genes humanos evolucionaron para proteger a ancianos de la demencia” [13]. Y no es una licencia del periodista, pues Ajit Varki, director del estudio que llevó a cabo “un equipo de la Escuela de Medicina de San Diego, en la Universidad de California, y del Centro Salk para investigación y la formación en antropogenia sostuvo que: “Esos genes posiblemente evolucionaron para preservar a abuelas sabias y otros ancianos, así como para retrasar o prevenir la aparición de individuos dependientes que pudieran desviar recursos y esfuerzos dedicados a los jóvenes”, Expresiones a mitad de camino entre el supuesto de un dios programador y los genes como una suerte de homúnculo que piensa situaciones y estrategias por anticipado.

En 2011 Clarín[14] publica un trabajo con un título que recuerda inequívocamente a las cruzadas medievales: “Batallas por la verdad científica”. La metáfora bélica asociada a la verdad. Allí se reitera el catálogo de argumentos estándar del DI acerca de la complejidad y señala que en EEUU hay un debate entre darwinismo y DI en medios como “USA Today, Newsweek, New York Times, Time”. Lo que no explicita es que en ningún caso se trata de publicaciones científicas donde tal debate no existe. Finalmente se sostiene que en un país científica y tecnológicamente desarrollado como los EEUU, se dan discusiones de avanzada que los países subdesarrollados como el nuestro tardarían cierto tiempo en adoptar o incluso serían incapaces de hacerlo. A este respecto cabe señalar que EEUU cuenta con una enorme cantidad de grupos fundamentalistas con gran poder y peso político y las encuestas que se han hecho sobre percepción pública de la ciencia muestran la enorme cantidad de gente que cree en EEUU en el relato literal de la Biblia.

En esta línea, de la avanzada religiosa sobre el campo de la opinión pública, vale la pena comentar un artículo que no es periodístico, pero que resulta relevante porque ha sido escrito por el, en ese entonces, Procurador General de la Ciudad de Buenos Aires[15]. El artículo reúne una colección increíblemente completa de falacias y errores conceptuales, metodológicos y epistemológicos para un escrito tan breve. De hecho ni siquiera valdría la pena tomarlo en consideración si no hubiera sido escrito por un funcionario de muy alto rango de la justicia. Básicamente intenta mostrar que habría una refutación fatal para la teoría de la evolución a partir del reclamo de algunos grupos por otorgar derechos a algunos animales en tanto personas no humanas y alegar contra la despenalización del aborto. Abona la idea de la evolucion biológica con progreso; confunde naturaleza con derecho dado que la ciencia no puede decir nada acerca del concepto de “persona”; y sostiene sin ningún pudor que “el orden natural se arraiga en el orden sobrenatural, como un principio elemental de la ciencia y de los saberes en general, que trasciende los tiempos”.

Otros errores comunes, aunque con menos carga ideológica, refieren a la secuencia, tiempos y ritmos de la evolución. Clarín[16] anuncia que “el cerebro puede estar todavía evolucionando” lo cual sería toda una novedad porque “hasta ahora se creía que este órgano había detenido su desarrollo hace 50.000 años. Descubrieron que dos genes que determinan su tamaño siguieron modificándose”. A esto habría que señalar al menos tres cosas. Los seres vivientes (incluido el hombre) están sujetos a la evolución en forma permanente por lo cual pensar que la evolución se había detenido resulta, al menos, muy cuestionable, más allá de que alguna especie u órgano no presente cambios a lo largo de mucho tiempo; porque evolución no significa cambio permanente, ni mucho menos cambio rápido en términos de la temporalidad humana. En segundo lugar, nótese que identifican evolución del cerebro con crecimiento continuo de su tamaño, cosa que en algún momento del proceso de hominización parece haber ocurrido, pero no es razonable pensar que tal evolución pueda ser constante e interminable. En tercer lugar, revive la fantasía de la relación entre inteligencia y tamaño del cerebro. Es obvio que esa correlación funciona si se toman el cerebro humano y, por ejemplo el de una rata, pero en el siglo XIX la medicion del volumen cerebral abonó la discriminación de mujeres, razas y grupos[17].

Clarín[18] se pregunta en tono desafiante ¿se acelera la evolución humana?, a partir de un estudio de dudosa factura y credibilidad de “un equipo de científicos de cuatro universidades y una empresa de los EEUU”. No se entiende en qué consistió tal estudio, pero fue realizado en ¡296 personas! y sacaron como conclusión que se acelera la evolución humana. No faltan algunos equívocos como por ejemplo usar el concepto de “adaptación” aplicado a los individuos, cuando ese concepto debe aplicarse a las poblaciones o especies.

En el ya citado artículo de 2005[19], Clarín anuncia que los estudios que confirman la teoría de Darwin son el éxito científico del año. Es curioso, porque la teoría de la evolución ha sido confirmada en innumerables ocasiones antes de ahora. De hecho el mismo diario Clarín[20] unos cuantos años antes había anunciado que “los genes le dieron la razón a Darwin” a propósito de un estudio publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de los EEUU, según el cual los pinzones de las Galápagos descienden de una única especie ancestral. El artículo termina diciendo que los biólogos “confirmaron que, como Darwin supuso, la evolución es un proceso continuo y sin fin”. No se dice cómo se confirma semejante apreciación acerca de la historia completa de la vida en la Tierra a partir del dato precedente sobre los pinzones.

La Nación[21], en un artículo donde se comenta el hallazgo de un ecosistema aislado por noventa millones de años, indica que esa zona es comparable “con las islas Galápagos pues, al igual que en estas, sus criaturas se han mantenido al margen de la evolución que afectó al resto de seres”. Nuevamente el error de creer que hay especies que pueden mantenerse al margen de la evolución y pensar que la estabilidad de algunas especies (de hecho hay muchas que no han variado en muchísimo tiempo) es una señal de esa suspensión de la evolución. Las islas Galápagos no se han mantenido al margen de la evolución, sino que mantenían algunas condiciones particulares de aislamiento geográfico lo cual resulta un ambiente propicio para que la evolucion siga derroteros particulares, pero de ningún modo para suprimirla.

Quizá un caso extremo de errores groseros acerca de la evolución sea un artículo aparecido en la WEB[22]. Ya desde el título se dice que los “seres humanos siguen evolucionando” lo cual, como decíamos, es una trivialidad. Pero no solo eso, sino que han podido prever que “las mujeres serán más bajas y regordetas”. Uno se pregunta cómo habrán hecho, teniendo en cuenta que, justamente, uno de las características fundamentales de la teoría de la evolución por selección natural es la imposibilidad de predicciones relevantes. Pero lo más interesante es que estos “investigadores de la Universidad de Yale, en EEUU analizaron los efectos de la selección natural en dos generaciones de mujeres contemporáneas. Sí, dos generaciones! Un verdadero disparate.

Ya hemos desarrollado más arriba la cuestión del “eslabón perdido”, que aun sigue ejerciendo cierta fascinación. En mayo de 2009 una gran puesta en escena mediática fue cubierta por los suplementos científicos en todos lados. Clarín[23] juega en el título (“Un primate de 47 millones de años, cerca de la idea del “eslabón perdido”) con dos errores, uno por la equívoca expresión “eslabón perdido” y el otro porque señala que “ayudaría a explicar la teoría de Darwin”. De cualquier manera tanto en este artículo de Clarín como en una nota similar aparecida en La Nación en la misma oportunidad se reproducen testimonios, no en cuanto a lo significativo del hallazgo (un fósil casi completo y en buen estado de conservación) sino en cuanto a su ubicación en la línea del linaje de los primates y humanos. Quizá un recuadro aparecido en la cobertura que hace La Nación, tomado del The New York Times aclare el punto:

“NUEVA YORK ( The New York Times ).- La presentación del fósil de 47 millones de años de antigüedad es la primera escala en un lanzamiento mediático comercial orquestado por científicos y el History Channel. Incluye una película con los detalles de los dos años de estudio, que se mantuvieron en secreto, la presentación de un libro y acuerdos de exclusividad con el canal ABC News y un sitio en Internet. “Cualquier banda de rock hace lo mismo. Tenemos que empezar a pensar igual en la ciencia”, afirmó Jorn Hurum, el científico de la Universidad de Oslo que adquirió el fósil y reunió el equipo que lo estudió”.


Mucho se ha escrito sobre Darwin, seguramente sea el científico sobre quien más se ha escrito en los últimos ciento cincuenta años. Este libro solo pretendió ser un aporte sobre facetas biográficas del naturalista británico no tan exploradas y algunas derivaciones particularmente interesantes para los argentinos. Espero haber cumplido.


  1. Sobre el caso Galileo, véase Boido, 1996
  2. Los aspectos más conceptuales ya se han desarrollado en el Capítulo 1 a propósito del problema del “diseño inteligente”.
  3. Clarín (23/12/2005): “Los estudios que confirman la teoría de Darwin son el éxito científico del año.”
  4. Tomada de Enciclopedia Básica Visual, Editorial Océano.
  5. En el período Cámbrico, que duró unos 10 millones de años y ocurrió aproximadamente hace unos 550 millones de años, aparecieron prácticamente todos los phyla (las grandes ramas en que se clasifican organismos relacionados en el tiempo a lo largo de la evolución) de animales modernos, entre ellos los cordados (animales con una estructura dorsal llamada notocorda). Suele denominarse a este proceso “explo­sión del Cámbrico”. En el Precámbrico existieron infinidad de formas de vida, aunque desconocidas en el presente.
  6. Clarín (11-2-2009): “A doscientos años de su nacimiento Darwin sigue generando polémica.”
  7. Página 12 (4/3/2009): “Una evolución en la Iglesia.”
  8. En 2009 se cumplieron 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de la publicación de El Origen de las Especies. Véase una lista bastante completa en http://darwin-online.org.uk/press.html
  9. Clarín (16/3/2008): “Beso a beso.”
  10. Clarín (19/9/2010): “Alerta por una “superbacteria” muy resistente a los antibióticos”
  11. Clarín (10/1/1998) “Para qué sirven los machos de todas las especies.”
  12. Clarín (20/10/2001): “Aseguran que existe un gen del lenguaje.”
  13. La Nación (1/12/2015) “Algunos genes humanos evolucionaron para proteger a ancianos de la demencia”
  14. Clarín (23/02/11): “Batallas por la verdad científica.”
  15. La Nacion (25/8/205): “Darwin ha muerto”
  16. Clarín (9/10/2005): “Afirman que el cerebro puede estar todavía evolucionando.”
  17. Véase Gould, 1996.
  18. Clarín (13/12/2007): “¿Se acelera la evolución humana?”
  19. Clarín (23/12/2005): “Los estudios que confirman la teoría de Darwin son el éxito científico del año.”
  20. Clarín (3/8/99): “Los genes le dieron la razón a Darwin.”
  21. La Nación (15(/3/2008): “Especies vivas de hace 90 millones de años.”
  22. YAHOO (4/11/2009): “Los seres humanos siguen evolucionando: las mujeres serán más bajas y regordetas.”
  23. Clarín (20/05/2009): “Un primate de 47 millones de años, cerca de la idea del “eslabón perdido”.”


1 comentario

  1. domingo ferraiuolo 20/08/2017 12:49 am

    Hola Hector, nos conocemos de twitter( hace tiempo ya) Aparte de saludarte y desear que estés bien… me vino en mente preguntarte sobre la posibilidad de la injerencia genética en la evolución humana… un abrazo

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