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Contextuar y reflexionar las políticas públicas desde el INTA

Aproximaciones, aportes de la historia y los estudios sociotécnicos

Silvana López

Nos encontramos en un momento en que es evidente que el capitalismo se halla en una crisis estructural. Sus promesas de progreso y felicidad para todos no solo no se han cumplido, sino que hemos descubierto que son irrealizables.

 

Fontana, 1982, p. 9

1. Introducción

Los diferentes escenarios que se plantean desde la historia a modo de contexto le imprimen a la operación historiográfica –de la producción escrita acerca de temas históricos– un tiempo y un espacio (De Certeau, 2006). Así, las políticas públicas del sector agropecuario en Argentina emergieron al finalizar el siglo xix, junto con la creación de la estructura institucional –el Ministerio de Agricultura y las primeras universidades– que sustentaría de conocimiento al sector en el siglo xx (López, 2016). Pero, si se avanza en el tiempo, las políticas de ciencia y tecnología se institucionalizaron en el país durante la década de 1950. Algunos cientistas sociales –como Oszlak, 1977; Myers, 1992; Hurtado de Mendoza, 2010 y 2014; Hurtado de Mendoza y Drewes, 2003; Losada, 2005; Gárgano, 2013; Feld, 2015 y 2020, y Albornoz, 2015, entre otros– sostienen que fue el inicio de una nueva etapa que le dio forma al complejo científico-tecnológico argentino, donde se ubica la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). En efecto, el rol de las políticas de Estado que se orientaron hacia el desarrollo y el crecimiento económico necesitaron de la articulación de la infraestructura científico-tecnológica[1] y la estructura productiva de la sociedad (Abeledo y Del Bello, 2016). El tránsito del tiempo y los diferentes escenarios que sortearon las instituciones de ciencia y tecnología en la Argentina merecen un análisis particular, aunque para los fines de este artículo estará centrado en el INTA. Al respecto, los procesos históricos que involucran instituciones de ciencia y tecnología se enmarcan en los estudios de la historia de ciencia, la cual refiere a las concepciones de la actividad científica y la producción de conocimiento a lo largo del tiempo (Hurtado de Mendoza y Drewes, 2003). Estas actividades implican relaciones entre las comunidades científicas, las instituciones de ciencia y tecnología, y la cultura en sentido amplio, en un contexto socioeconómico determinado (Hurtado de Mendoza, 2010; Feld, 2020), que operará como elemento de cambio a través de políticas de Estado. Así, al relacionar las transformaciones sucedidas en los ciclos económicos con el desarrollo científico resulta posible aproximarse a las acciones que el Estado proyecta a través de sus instituciones científicas y las necesidades de las diferentes esferas de la sociedad, en vista de vincular la ciencia y la tecnología al entramado social (Oszlak, 1977). Por lo tanto, el cambio es la categoría central para entender el proceso de la historia y explicar el comportamiento temporal de la institución; la atribución que se le da a la realidad social es el tiempo (Koselleck, 1993).

En esta línea surgen algunos interrogantes que guiarán las reflexiones siguientes: ¿cómo se articulan las políticas públicas con la institución?, y ¿cuáles son las que tienen intervención directa? Se entiende que las reflexiones que resulten en torno a la elaboración de diferentes respuestas pueden vincularse a la trayectoria institucional. El conocimiento de esta aporta información crítica para la elaboración de políticas sectoriales situadas[2]. Situarse en el análisis desde una institución como es el INTA implica pensar en diferentes escenarios y variables territorio-político-institucionales que construyeron su propio tiempo y espacio. Contextuar y reflexionar estas coordenadas se constituye en el objetivo de este trabajo, dado que cada unidad que conforma el INTA –centros de investigación, estaciones experimentales agropecuarias, agencias de extensión rural, campos demostrativo-experimentales, oficinas técnicas e institutos para la agricultura familiar– tiene su propia historia, por lo que se requiere situar, contextuar y construir socialmente el espacio y el tiempo (Harvey, 1994). Entonces, ¿cómo contribuyen los aportes de la historia a la construcción del contexto?, ¿cómo se relacionan las políticas públicas de los diferentes niveles de toma de decisión con el INTA?, y ¿qué actores están involucrados en la construcción del contexto?

El abordaje de este trabajo debe considerar que, al tratarse de una institución de ciencia y tecnología orientada al sistema agropecuario, agroalimentario y agroindustrial (SAAA)[3] de producción como es el INTA, se requiere del análisis interdisciplinario. En tal sentido, a los elementos que brinda la historia se suman los que vienen de los estudios sociales de ciencia, la tecnología y la innovación, con el fin de aproximarse a la reflexión de las políticas públicas vinculadas históricamente con la institución.

En virtud de esto, el artículo se organiza en tres partes. En la primera presenta algunos elementos teóricos que brinda la historia a través de sus diferentes enfoques para analizar políticas públicas desde el INTA. En la segunda considera algunas reflexiones en el marco de los análisis sociotécnicos[4]. Y en la última destaca las reflexiones finales.

2. La contribución de la historia para la construcción del contexto de las políticas públicas desde el INTA

Cuando se piensa en la elaboración de un contexto histórico determinado, se describen hechos y acontecimientos que –vinculados– construyen el sentido de aquel en el marco del fenómeno que se esté estudiando. Se definen el recorte temporal y el espacio.

Un contexto histórico-político centrará la observación y el análisis en el sistema político, como también en las tensiones que genera el poder. A la vez, el contexto histórico-económico profundizará la mirada en el sistema económico, la distribución de la riqueza, la red de actores que conforma el sistema y demás aspectos.

Al situarnos desde el INTA, su trayectoria contiene la huella de que la ciencia es la llave que abre paso al desarrollo, que con el correr del tiempo adquirió diferentes matices. Es por esto que resulta muy importante ubicar en el tiempo y el espacio aquel tramo de la trayectoria que se requiere analizar y –con eso– considerar la relación ciencia-tecnología-desarrollo.

En los 65 años de trayectoria del INTA, esta relación fue cambiando. Esto se debió a las diferentes tendencias de la ciencia y la tecnología orientadas al sector agropecuario en el escenario nacional e internacional, lo que demanda tener parámetros de comparación de los contextos de la región latinoamericana y de otros muy diferentes, como los países desarrollados. Sin duda se trata de un análisis muy arduo, aunque facilitará enfocar el modo en el que se expresan en el INTA. En esta línea se retoman las contribuciones de la investigadora brasileña Lea Velho (2011), que resultan muy pertinentes en este tramo del artículo. Ella realiza un recorrido histórico de las políticas de ciencia, tecnología e innovación (PCTI) y en su análisis argumenta que –desde el inicio del proceso de institucionalización de las PCTI, de mediados del siglo xx a nuestros días– las bases conceptuales, la estructura organizativa, los instrumentos de financiación y las formas de evaluación de estos son comunes a los países que diseñaron e implementaron políticas explícitas con el fin de estimular la producción y utilización del conocimiento científico y tecnológico. La autora sostiene que la evolución histórica de las PCTI está vinculada con la concepción de la ciencia y el modo en el que se entiende la relación ciencia-tecnología-innovación y sociedad en cada período histórico, lo que le permitió periodizar estas relaciones. Para eso establece cuatro paradigmas en el tiempo: al primero lo ubica en las décadas de 1945 a 1960, con “la ciencia como motor del progreso”; el segundo abarca las décadas de 1960 a 1970, con “la ciencia como solución y causa de problemas”; el tercero considera las décadas de 1980 y 1990, con “la ciencia como fuente de oportunidad estratégica”, y el cuarto cubre lo que llevamos transcurrido del siglo xxi, con “la ciencia para el bien de la sociedad”. Estas caracterizaciones ayudan a situar las narrativas, sus marcos conceptuales, el enfoque de las políticas que se diseñan y el modelo institucional del período que se analiza. En tal sentido, la autora señala que –dado el rol estratégico productivo que los estados le asignan a la ciencia– favoreció la formulación de PCTI orientando la investigación a objetivos definidos, la formulación de políticas científicas nacionales centradas en modelos normativos-institucionales específicos de los países centrales.

Regresando al contexto del INTA, la diversidad espacial en la que se encuentran instaladas sus unidades demanda la definición del espacio de intervención institucional, pero también del enfoque de la historia que permitirá la construcción de la temporalidad. En esta línea, desde otro abordaje se incorporan elementos de la historia y la geografía a fin de brindar aportes que vienen de la perspectiva de la historia regional. Esto implica considerar la dimensión social del espacio y el tiempo dentro de una visión relacional (Harvey, 1994; Carbonari, 1998, 2009; Bandieri, 2017). La región no se explica por tipologías, sino por procesos que se gestan históricamente y se vinculan a la expansión del capitalismo que reordena los espacios. De esta manera, el espacio regional no es fijo, sino un espacio social formado por elementos heterogéneos en continua interacción (Santos, 1986). Por eso se acuerda con Rickly-Boyd (2013) en cuanto a entender al espacio en permanente reconfiguración desde las prácticas discursivas, los cuerpos, los objetos, los afectos, los preceptos y las tecnologías que median e inestabilizan la valoración espacial, por lo que el espacio resulta en testimonio del pasado que actúa sobre el presente y condiciona el futuro (Carbonari, 2009). Del mismo modo, la comprensión del devenir histórico regional permite construir escenarios alternativos o posibles en un horizonte temporal, que facilite la identificación y el análisis sistemático de tendencias, cambios y señales débiles de temas emergentes en el que es posible la detección de continuidades y rupturas (Marí Castelló Tárrega, 2018).

En efecto, la historia regional no es solo una historia económico-política en clave regional, sino una historia que se puede historiografiar solo incorporando al ambiente como agente activo. Por eso deben considerarse aquí las escalas y los diferentes niveles en los que las políticas públicas se esgrimen, lo que requiere situar a esa unidad del INTA que se desea estudiar para ajustar el contexto.

3. El análisis sociotécnico y la construcción del contexto

La elaboración del contexto puede enriquecerse notablemente con la contribución de los estudios sociotécnicos. La propuesta de incluirlos se debe a la relación ciencia-tecnología-desarrollo que resulta en el hilo conductor de variadas políticas públicas que median con la sociedad a través del INTA. Esto, porque al situarse en tiempo y espacio –desde mediados del siglo xx hasta los inicios del siglo xxi– se observan grandes cambios institucionales, regionales y territoriales en la Argentina, donde la idea de desarrollo no radica en la pluralidad o contradicción de sus definiciones, sino en los usos políticos que se hicieron sobre esta idea (Roig, 2011: 81). En este sentido, las estrategias que tomó el Estado argentino fueron las de incorporar conocimiento –científico y tecnológico– a actividades regionales mediante el planeamiento del desarrollo aplicado a las regiones económicas que conforman el territorio nacional. Problematizar esta idea significa que desarrollarse implica un horizonte de cambio tecnológico en el cual la relación tecnología-desarrollo se coconstruye. Así, las políticas son parte constitutiva de las dimensiones tecnológicas, y las tecnologías condicionan a las políticas con referencia a su alcance, escala, contenido y viabilidad (Thomas, 2012). Asimismo, situarse en esta perspectiva significa considerar a la tecnología como socialmente construida, lo que lleva a evitar los determinismos tanto sociales como tecnológicos; esto es, la tecnología forma parte de un tejido sin costuras de la sociedad, la política y la economía (Hugues, 1987). Desde esta mirada se logran hacer aportes útiles para pensar el diseño y la implementación de políticas públicas –científicas y tecnológicas– en las que el INTA se constituye como un actor clave en su formulación y ejecución, dirigidas al desarrollo rural de los territorios (Uranga et al., 2017: 10).

4. Reflexiones finales

Se presentaron en este artículo algunos elementos que brinda la historia desde sus diferentes ópticas, con el fin de contextuar las políticas públicas situadas desde el INTA. La diversidad de escenarios que hay en los niveles nacional, provincial, regional y local donde se ubican las unidades del INTA requieren de un análisis particular que permita dar cuenta de su propio tiempo y espacio. En virtud de esto, se espera que lo desarrollado en el trabajo se constituya en una contribución al análisis de políticas públicas desde el INTA y, asimismo, invite a la reflexión y generación de conocimiento situado para la formulación de políticas públicas.

Bibliografía

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Carbonari, M. R.: El espacio en la historia: de la historia regional a la microhistoria, Programa de Doctorado de la Universidad Católica de Río Grande do Sul, Porto Alegre, Brasil, inédito, 1998.

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Fuentes institucionales consultadas

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Política de Vinculación Tecnológica del INTA: varios autores, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2010.


  1. Los institutos públicos de investigación “orientados a una misión”, conocidos como Institutos Tecnológicos Públicos (ITP), se constituyen en actores importantes en los Sistemas Nacionales de Innovación porque desempeñan actividades orientadas a misiones específicas y propósitos públicos para desarrollar conocimientos sobre problemas de relevancia social y económica (Abeledo y Del Bello, 2016).
  2. El concepto de conocimiento situado fue desarrollado por Donna Haraway (1999) desde la postura de la epistemología crítica feminista del punto de vista feminista, el cual propone analizar los objetos de estudio evidenciando con eso el lugar desde donde se parte, ya que –independientemente del tipo de método empleado– ningún conocimiento estará desligado de su contexto ni de la subjetividad de quien lo emite. Por esto se retoma aquí la idea de conocimiento situado, dado que se entiende que introduce a la reflexión metodológica desde la propia conciencia y los compromisos, apelando a que el debate en torno a los discursos hegemónicos no debe arrastrar la pretensión de nuevas hegemonías y también debe promover el pensamiento crítico para revisar las propias consideraciones, evaluando capacidades explicativas y reconociendo los límites actuales en las posibilidades de comparar procesos “situados” en Argentina, América Latina y el Caribe, así como en otras regiones subalternadas.
  3. Esta conceptualización se extiende al entramado empresarial que sustenta la producción agropecuaria y forestal, y también a la producción de agroalimentos y la agroindustria. Involucra una dilatada y heterogénea cantidad de actores, redes, marcos normativos y regulatorios, relaciones funcionales e interrelaciones complejas tanto de la producción primaria –con la inclusión de la provisión de insumos y servicios– como de los agentes involucrados en las diversas fases de elaboración e industrialización, distribución y consumo (INTA, 2004: 6).
  4. El enfoque sociotécnico considera a las tecnologías como construcciones sociales y a las sociedades como construcciones tecnológicas. Desde aquí se reconoce que todos los grupos sociales son relevantes para la construcción de las tecnologías, y que las relaciones que se establecen durante su desarrollo y empleo no son puramente sociales o tecnológicas, sino sociotécnicas, por lo que las dinámicas de innovación y cambio tecnológico son entendidas como procesos de coconstrucción sociotécnicos (Law, 1992; Bijker, 1995, y Thomas, 2008).


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