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La crisis venezolana y la paradoja epistemológica de los medios digitales

Nelson Camilo Forero Medina

Resumen

El artículo afirma que el efecto principal de la transformación producida por los medios digitales en comparación con los medios de producción y distribución en masa es desnudar las falencias del sistema de conocimiento humano con su paradojicidad inmanente. En otras palabras, no existe certeza alguna para afirmar la existencia de un evento más allá de lo que se percibe directamente por el sujeto. A través del caso de la crisis actual de Venezuela, se señala la manera en que las paradojas toman forma. Esto se debe a la reducción de la desigualdad en la producción y distribución entre el productor y receptor inherente a los medios de masa. Las paradojas se reflejan, primero, en la imposibilidad de construir una línea común de tiempo. Es decir, no existe garantía epistemológica para afirmar un presente común. Existen solo presentes fragmentados para un individuo o un pequeño grupo de personas. No existen los presentes comunes y experimentados al mismo tiempo de los medios de masa. Además, a través de los medios digitales se presentan paradojas espaciales. Cercanía ya es un concepto difuso del cual no se puede aseverar validez absoluta. Estas paradojas han permitido la relativización de la crisis y sus consecuencias sobre la población venezolana. El texto, asimismo, señala las posibles consecuencias para los sujetos y las reacciones que pueden tomar estos frente a las paradojas que se les presentan.

Abstract

The article claims that the main effect of the transformation produced by digital media in comparison with mass media is to reveal the immanent paradox of human knowledge. In other words, there is no certainty to affirm the existence of an event beyond what is directly perceived by the subject. The text also describes the way how the paradoxes are shaped considering the case of the current crisis in Venezuela. This is due to the reduction of the inequality between producer and receiver inherent in the mass media. Firstly, the paradoxes arise in the impossibility of constructing a common timeline. In other words, there is no epistemological guarantee for affirming a common present. There are only fragmented presents for an individual or a small group of people. It exists no such thing as a common present experienced at the same time produced by the mass media. Likewise, digital media produce spatial paradoxes. Proximity is a diffuse concept of which no absolute validity can be asserted. Someone could be nearer, though it is physically far away. These paradoxes have allowed the relativization of the crisis and its consequences on the Venezuelan population. The text also points out the possible consequences for the subjects, and the reactions that they can take facing the paradoxes that are presented to them.

Introducción

El presente texto pretende señalar las transformaciones producidas por el cambio medial desde los medios de producción y distribución en masa hacia los medios digitales. Dicho cambio ha reducido la desigualdad de producción y distribución inherente entre productor y receptor de los medios de masa. A través del análisis del caso venezolano, se señala que los medios digitales producen una paradoja sobre la existencia de los fenómenos, de las líneas temporales y de las relaciones espaciales, esto trae como efecto la paradojización de la crisis actual venezolana: es decir, la imposibilidad de afirmar la existencia de la crisis con toda certeza epistemológica. El texto tiene cinco secciones. La primera señala los medios como condición de posibilidad para la experiencia humana. En la segunda sección se aborda el contexto medial específico de Venezuela durante el gobierno del socialismo del siglo XXI caracterizado por la censura. En la tercera se describe cómo los medios digitales permiten sobrepasar el cerco de censura del régimen. En la cuarta se muestra y afirma la paradoja del conocimiento como efecto esencial de los medios digitales en las sociedades humanas, especialmente en el caso venezolano. Para tal efecto, en esta sección se muestran casos que dan cuenta de ello. Finalmente, se enuncian los efectos de dichas paradojas sobre los sujetos y sus posibles reacciones.

Los medios como condición de posibilidad para la experiencia humana

Desde la oralidad y sus distintas maneras de darse hasta el internet, los medios han jugado un rol preponderante en las sociedades humanas. Son ellos los que permiten la comunicación y le dan forma. Siguiendo al sociólogo alemán Niklas Luhmann (2017), estamos obligados a aceptar que el mundo es comunicación y esta comunicación es siempre mediada. Así, si los medios son aquello que la permite y le da forma, los medios de comunicación son condición de posibilidad para cualquier experiencia humana porque dicha experiencia es irremediablemente comunicativa. Como lo afirmará el filósofo Hans-Georg Gadamer (1990) con la inauguración de la hermenéutica filosófica, “nosotros sabemos aquello que un acto lingüístico produce para llevar a cabo una experiencia. Es como si su fulminante inmediatez […] se hiciera mediada y fija a la vez” (p. 457). Con ello señala el filósofo, desde la oralidad o la escrituralidad, cómo los medios convierten lo inmediato del mundo en una mediación fija y mucho más estable. Esta mediación es siempre histórica en dos sentidos. Primero, la aparición de un nuevo medio transforma la manera en que la mediación opera. El filósofo Georg Christoph Tholen (2002) muestra la relación intrínseca que existe entre un cambio medial debido a la introducción de un nuevo medio y un cambio de época. A estos cambios los llama cesuras de los medios. Dentro de las cesuras más importantes se podría nombrar el paso de la oralidad a la escrituralidad. Este ejemplo nos lleva al segundo aspecto de la historicidad de las mediaciones.

La introducción de un medio no implica que todas sus funciones se desplieguen desde el principio, sino que las funciones de los medios se van desplegando en el tiempo debido a nuevos avances tecnológicos o nuevos modos de producción y distribución de los medios que no habían sido usados antes por los sujetos. La serialidad tan establecida en la televisión, por ejemplo, no siempre fue uno de los aspectos más relevantes de este medio. En un principio, los horarios de transmisión, nos explica Renato Ortiz y su grupo de investigadores (1988) en la historia de la telenovela en Brasil, no poseían ninguna repetitividad establecida, sino que dependían del buen entender de los dueños de la cadena televisiva. En el caso brasileño, fue el canal TV Excelsior el que estableció una parrilla fija, y de este modo creó la disciplinarización tan característica de los medios de producción y distribución en masa en la audiencia. Así, al analizar los cambios o cesuras producidos por la introducción de un medio, estas transformaciones no se deben señalar en general, sino que corresponden a contextos específicos tanto de introducción como de despliegue de las funciones de un medio determinado en una sociedad específica.

Los medios son condición de posibilidad para la aparición de nuevos fenómenos epistemológicos, sociales, políticos, económicos, etc. No obstante, no se puede afirmar que sean condición suficiente para la aparición de estos nuevos fenómenos. En otras palabras, no se puede aseverar que el populismo de mediados del siglo XX en Latinoamérica haya sido producido exclusivamente por la masificación de la radio dentro de la población. Empero, sin la radio el populismo no habría sido posible en los lugares donde apareció (Guerra, 2009; Varela, 2006). Esto es importante señalarlo para evitar caer en dos generalizaciones falsas: que la introducción de un medio afecta de la misma manera a todas las sociedades y la suposición de que los medios producen todos los problemas por sí mismos. Los medios permiten la experiencia humana, pero los sujetos también tienen agencia en la interpretación de dichas experiencias.[1] De esta manera, el análisis del rol de los medios en la sociedad tendrá dos niveles. Un nivel estructural propio del medio, y otro que será la interacción de las lógicas de operabilidad del medio con la sociedad donde opera.

La introducción del internet implicó una transformación en los modos de producción y distribución en comparación con los medios de producción y distribución en masa. Si bien la discusión sobre la definición de medios de masa es extensa (Adorno y Horkheimer, 2006; Laclau, 2005; Ortega y Gasset, 2014), se pueden entender como los medios que permiten una experiencia epistemológica común dentro de determinada sociedad. Es decir, desarrollan un producto que va a ser consumido al mismo tiempo y de la misma manera por todos los sujetos con una experiencia más o menos parecida. Esta experiencia común podía existir debido a la manera en que los medios de masa distribuían la información. El programa, ya fuera un noticiero o una telenovela, era presentado a la misma hora para todos los sujetos. Ellos no podían sobrepasar esos tiempos. La información se distribuía en un tiempo específico, el cual era establecido por pocos sujetos, que eran los dueños o gerentes de las cadenas de radio, televisión o grupos de prensa escrita. Existía una alta desigualdad inherente a la producción y distribución de la información en la época de los medios de masa.

Los productores y distribuidores de todo tipo de contenido eran pocos. Esto permitió el origen de la teoría maniquea, como fue el caso de la teoría crítica (Adorno y Horkheimer, 2006), sobre el control de los medios por ciertas élites que volvían moldeables a las masas. Esto, en principio, no es falso, porque ciertas élites controlaban aquello que se producía y se distribuía, pero, sin embargo, no implica que los medios tengan como función que cierto grupo detente el poder. La televisión va más allá de la “caja tonta”, la televisión permite la aparición de nuevas experiencias. Las élites no manejaban los medios, estos son en principio inmanejables porque nos preceden, sino que ellas sabían cómo utilizar las funciones de los medios para mantener o conseguir el poder. Asimismo, se puede afirmar que, si bien los medios no buscan que un grupo determinado ostente el poder, los medios de producción y distribución en masa sí poseían una desigualdad intrínseca entre el productor o distribuidor respecto de la audiencia, independientemente de quiénes fueran dichos distribuidores o productores. Esto se debía a la capacidad técnica misma de los medios. Los elementos técnicos como torres repetidoras, satélites, cámaras, etc., eran muy costosos y eso hacía que producir y distribuir contenidos fuera una tarea difícil.

El internet y las nuevas tecnologías digitales, por el contrario, disminuyen esa desigualdad inherente de los medios de masa y permiten que exista una multiplicidad de actores que son productores, distribuidores y consumidores. Las tecnologías digitales (celulares, computadores, cámaras de video) han permitido que cualquier persona con uno de estos dispositivos se vuelva productor de contenido. Solo necesita prender su teléfono celular y puede comenzar a grabar lo que esté ocurriendo a su alrededor. Más aún, no necesita que nada esté ocurriendo porque a través de las mismas herramientas digitales puede crear contenido ficticio. La tecnología digital permitió la aparición de un número inmenso de productores. No obstante, la sola producción de información o contenidos no implica que la desigualdad se haya reducido, sino que es necesaria la transformación. Aquí recae la transformación radical del internet en las sociedades actuales, a saber, la distribución indiscriminada de información y contenidos a través de la web. Ya no son necesarias grandes inversiones, como redes repetidoras, largos cableados o satélites poderosos, para transmitir la información. El internet ha abaratado este proceso a tal punto que una persona con acceso a la web[2] puede subir contenido continuamente a la red. Acá no solo se está hablando de una cantidad gigantesca de información que se distribuye, sino también de la velocidad asombrosa con la que se produce. El internet implica una aceleración de distribución tal, que termina fragmentando el tiempo y las sociedades. Sobre esto volveremos más adelante.

El análisis, como se dijo anteriormente, tiene dos niveles. El primer nivel, a saber, la lógica de la operabilidad del medio que ya fue abordada en los párrafos anteriores. En la era del internet y las tecnologías digitales la desigualdad inherente de los medios de producción y distribución en masa fue drásticamente reducida creando una cantidad enorme de productores y distribuidores. El segundo nivel tiene que ver con la interacción entre el medio y la sociedad donde es introducido. Para ello es necesario hacer un resumido paisaje medial previo a dicha introducción.

Autoritarismo en Venezuela: el Estado se apodera de las cadenas de información y las censura

En al año 1992 se produce un infructuoso golpe de Estado comandado por varios tenientes coroneles del ejército venezolano, entre ellos, habría uno que lograría mayor protagonismo: Hugo Rafael Chávez Frías. Este golpe se produce en un contexto de desgaste de los dos partidos tradicionales, el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI o Partido Socialcristiano) y Acción Democrática (AD), el cual se había materializado con el famoso Caracazo en el año 1989 (Martínez Meucci, 2008). El Caracazo fue un levantamiento popular debido a la posible implementación de unas medidas “neoliberales” entre las cuales se encontraban el aumento gradual de la gasolina durante tres años, la eliminación de la tasa de cambio preferencial y el sometimiento a un programa de supervisión bajo el Fondo Monetario Internacional (Honorio Martínez, 2008). En este ambiente hostil frente a las instituciones y partidos tradicionales, el golpe gozó de cierta legitimidad, más aún después de su debacle. Frente a la derrota, Chávez (2015) afirmó: “… por ahora, nuestros objetivos no han sido cumplidos […] asumo la responsabilidad”. Como señala el académico Martínez Meucci: “En un país en el que nadie parecía asumir la responsabilidad de nada, ver a un enjuto oficial asumiendo la responsabilidad de su golpe fracasado cautivó la imaginación de muchos” (2008, p. 6). Este imaginario le permitiría años después, luego de su liberación por indulto en el año 1994 por el entonces presidente Rafael Caldera, llegar al poder ya no a través de las armas, sino por medio de las urnas.

En el año 1999 Chávez llega al poder con un apoyo del 56,5% de los electores. Respaldado por diferentes grupos reformistas, la gran promesa de Hugo Chávez fue crear un nuevo acuerdo con la ciudadanía en el cual los viejos vicios y la dependencia del petróleo iban a ser superados (Ramos, 2002). Este nuevo acuerdo se iba a materializar con la construcción de una nueva Constitución nacional que fue aprobada mediante un referéndum el 15 de diciembre de 1999. Poco a poco, el autoritarismo de Hugo Chávez se deja ver y muchos de los que lo apoyaron se van haciendo a un lado.

Para muchos, el punto de quiebre entre el Hugo Chávez reformista, pero apegado a la Constitución, hacia ese autoritario se da después del golpe de Estado en contra de su gobierno en el año 2002. El 10 de diciembre de 2001 Fedecámaras, la asociación que agrupa a pequeños y grandes comerciantes e industriales de Venezuela, desarrolló un paro de 24 horas que fue señalado como un fracaso por parte del gobierno, mientras la oposición lo celebró como un éxito (Martínez Meucci, 2008). Sumado a esto, Chávez despide días después a varios gerentes de PDVSA, lo cual produce un llamado de protesta y movilización a las calles. La protesta se vuelve numerosa. Los manifestantes deciden cambiar de rumbo y deciden dirigirse al Palacio de Miraflores (sede del gobierno) acompañados por la policía de la ciudad de Caracas, la cual era gobernada en aquel momento por la oposición (ibid.). Las protestas fueron ampliamente cubiertas por los medios, situación que Chávez intenta evitar haciendo uso de cadenas presidenciales (López, 2010). Estas cadenas son alocuciones presidenciales de transmisión obligatoria por parte de los medios. Las cadenas privadas de televisión decidieron transmitir de manera simultánea la cadena presidencial y los hechos de las protestas.[3] Esto iba en contra de lo establecido por la ley, pero además mostraba el descontento de una parte de la población con el gobierno de Chávez y reveló los rasgos autoritarios de este último. Luego de sobrevivir al golpe de Estado del 11 de abril de 2002, el gobierno reconoce el rol vital de los medios, y como todo gobierno autoritario decide comenzar una campaña de censura que se cristaliza con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (RESORTE) aprobada el 7 de diciembre de 2004.

El objetivo de dicha ley según como fue decretada por la Asamblea Nacional (2004) es el siguiente:

[…] establecer, en la difusión y recepción de mensajes, la responsabilidad social de los prestadores de los servicios de radio y televisión, proveedores de medios electrónicos, los anunciantes, los productores y productoras nacionales independientes y los usuarios y usuarias, para fomentar el equilibrio democrático entre sus deberes, derechos e intereses a los fines de promover la justicia social y de contribuir con la formación de la ciudadanía, la democracia, la paz, los derechos humanos, la cultura, la educación, la salud y el desarrollo social y económico de la Nación, de conformidad con las normas y principios constitucionales de la legislación […] (Artículo 1, Asamblea Nacional, 2004)

La ley, como se subrayó dentro del texto, tiene como principal objetivo establecer una responsabilidad social para los actores que interactúan con los medios. Esta responsabilidad social se define a través de los principios constitucionales que deberían permitir la libre expresión y en ningún momento se establece la defensa del socialismo del siglo XXI como un principio constitucional. No obstante, la ley se utilizó en un sentido opuesto y se convirtió en una mordaza en contra de las cadenas televisivas, de radio o de prensa escrita que contradecían al gobierno (Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela, 2014), amparado en ciertos artículos de la Ley RESORTE, como en el artículo 2, en el cual se afirma que “En todo caso en la interpretación y aplicación de la presente ley, se atenderá preferentemente a su carácter de orden público”. Es decir, toda contradicción al gobierno sería juzgada como una incitación en contra del orden público. Esto llevó a una censura por parte del gobierno y autocensura por parte de las cadenas televisivas, de radio y periódicos que limitó profundamente la libertad de expresión. Se generó, además, una voz dominante de un Estado comunicador, el gobierno autoritario de Hugo Chávez, que acallaba otras voces.

Los medios digitales vencen el cerco de la Ley RESORTE

La censura creada a través de la interpretación de la Ley RESORTE fue pensada para los medios de producción y distribución en masa. Si bien la regulación incluye los medios electrónicos, la aplicabilidad y el deber de supuesta “responsabilidad social”, esta se dirigía a los grandes emporios de la información en Venezuela. La lógica de los medios de producción y distribución en masa tiene como rasgo la desigualdad entre productor y consumidor; sin embargo, este no es el único de sus rasgos en comparación con los medios digitales. Los medios de producción en masa, debido a dicha desigualdad, producen pocos dueños de cadenas de televisión, radio o prensa escrita a los cuales se les puede adjudicar responsabilidad. De allí que los medios de producción y distribución en masa respondan a una lógica de veracidad. En otras palabras, la legitimidad de las cadenas de información descansa en el principio de informar de la manera más veraz e imparcial posible, aunque esto nunca sucede por completo.

Debido a que la información de los grandes consorcios se debe confirmar antes de su publicación, se les puede imputar responsabilidad social, ética o legal por parte de la sociedad y los gobiernos. Los grandes consorcios no solo venden información, sino información veraz que es respaldada por el nombre del consorcio. Aquí, no obstante, no se debe confundir información veraz con información verdadera en su sentido epistemológicamente estricto. Es decir, la información que distribuyen los consorcios a través de los medios de producción y distribución en masa se supone como confirmada por distintas fuentes. Esto hace creer al público que es cierta, real, y por ello “verdadera”. Eso no implica de ninguna manera que no sea posible para los consorcios distribuir información falsa. Empero, si una empresa distribuye información falsa, la existencia misma del periódico, noticiero o programa radial se pone en cuestión porque puede perder su legitimidad. Es poco probable que las personas consuman noticias de un periódico que miente. Sobre los diversos medios de un consorcio se puede decir “el periódico X miente” o “el noticiero Y dice la verdad”, algo que en el mundo digital no es necesario. Se puede distribuir información falsa y es difícil rastrear muchas veces al creador de la noticia. Por lo tanto, no es tan fácil para el público saber quién distribuye, según el principio de veracidad, noticias falsas o “verdaderas”.

El gobierno de Chávez y luego el de Maduro persiguen a los grandes consorcios de información, porque ellos se hacen responsables de la información publicada. Es un consorcio que firma y afirma lo dicho en el noticiero, en el periódico o en el programa de radio. Los autores pueden ser responsabilizados. Por el contrario, en los medios digitales, los usuarios pueden ser anónimos y fugaces. Encontrar un usuario que no quiere ser descubierto es una tarea difícil si este está preparado para ocultarse. A pesar de la anonimidad del usuario, le es posible distribuir información que queda lejos del cerco impuesto por la Ley RESORTE.

Ahora bien, no es solo en la anonimidad donde radica la imposibilidad de la Ley RESORTE de censurar todo contenido en contra del régimen, sino en el gran número de usuarios que, a su vez, distribuyen un número gigantesco de información que no puede ser revisada segundo a segundo. Todos los usuarios pueden distribuir información y eso hace que, frente a la crisis económica, social, política, alimentaria, de seguridad y de salud que se vive en el país caribeño, al gobierno le sea imposible detener ese flujo enorme de información. Eso no quiere decir que el régimen de Maduro no siga persiguiendo periodistas actualmente, pero ellos son perseguidos porque deciden mostrar sus rostros y funcionar con la lógica periodística que existía en los medios de producción y distribución en masa.

Frente a la imposibilidad de censurar los contenidos que lo perjudican, el gobierno de Venezuela decide apelar a una vieja consigna que es usada desde el siglo XIX, a saber, la prensa mentirosa. En este caso la “prensa mentirosa”, como se le llamó por parte del oficialismo en Venezuela,[4] es producida desde el imperialismo estadounidense y sus “lacayos”, que quieren distribuir falsa información para debilitar la transformación del socialismo del siglo XXI. Entonces, surge el debate acerca de si la crisis existe o no y quién la produce. Aquí, debido a la existencia de los medios digitales surge la paradoja sobre el conocimiento del mundo.

Los medios digitales producen la paradoja sobre la existencia de la crisis venezolana

Con la llegada de los medios digitales, el contexto medial venezolano cambia. El cerco de censura impuesto por el gobierno de Chávez se filtra y las críticas comienzan a surgir. Según cifras del 6 de noviembre de 2020, el número de migrantes venezolanos en el mundo se acerca a los 5,5 millones (Plataforma para la Coordinación de Refugiados y Migrantes de Venezuela, 2020), lo que posiciona el fenómeno de la movilidad humana venezolana en el segundo lugar a nivel global, después del éxodo sirio. La inflación en Venezuela cerró en 2019 en 9585%, según el mismo gobierno, lo cual hace la vida de cualquier venezolano o venezolana insoportable (Portafolio, 2020). Este número, aunque ya de por sí grave, tal vez no pueda describir la fuerte crisis alimentaria que ha producido la inflación en la sociedad venezolana. El Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA) la describe de una manera más tangible. Una familia venezolana necesita para sobrevivir 116 salarios mínimos al mes, tomando como referencia el salario mínimo y los precios desde el 1 de enero hasta el 30 de abril de 2020 (CENDA, 2020). Esto se debe a que la inflación crece con una aceleración asombrosa que hace necesario revisar los números constantemente. El acceso a servicios públicos, como agua o electricidad, también es difícil (El País, 2020). Asimismo, hay escasez de gasolina en un país petrolero (Olmo, 2020).[5] En este contexto, la crisis se hace innegable. No obstante, los intereses del régimen por seguir controlando la sociedad hacen que se niegue la crisis en algunos aspectos. Además, la compleja situación venezolana está enmarcada en intereses internacionales tanto de compañías que se benefician de la explotación como de gobiernos que desean aprovechar la situación para expandir sus negocios o zonas de influencia, como China o Rusia (García Agustín, 2016; Rouvinski, 2019). Además de los intereses políticos también existen intereses ideológicos de actores internacionales.

La revolución bolivariana dirigida por Chávez fue uno de los grandes referentes del progresismo a comienzos del siglo XXI. No solo por la creación de un nuevo socialismo latinoamericano, sino por la capacidad económica que tuvo Venezuela gracias a la bonanza petrolera. Se estima que Venezuela entre 1999 y 2014 recibió US$ 960.589 millones por cuenta de la renta petrolera (Bermúdez, 2016), lo cual le daba un inmenso margen de operabilidad al gobierno para llevar a cabo el proyecto del socialismo del siglo XXI (Petit Primera, 2019). Como se mostró anteriormente, a partir de las cifras actuales, la revolución bolivariana fue un rotundo fracaso. No obstante, si los números, la debacle y el sufrimiento son claros, ¿por qué existen personas que la defienden? La primera razón es la incapacidad de algunos sujetos que se inscriben en los movimientos de izquierda de aceptar el estrepitoso fracaso de la revolución bolivariana. El fracaso del chavismo, que contaba con circunstancias muy favorables (recursos, cierta libertad de maniobra), tiende a poner en duda la viabilidad de proyectos revolucionarios en la actualidad. Para muchos, acaba por desacreditar tendencias de izquierda en sentido amplio. De una manera general, sin embargo, hay que mantener una perspectiva diferenciada que distingue entre tendencias autoritarias y proyectos de izquierda, que no se pueden tomar como una sola cosa sin atender a las especificidades y los contextos locales y nacionales. La hipótesis aquí defendida es que, entre otros, los medios digitales y su rol en la producción y distribución de la información ejercen una función importante en este contexto.

Afirmaba Luhmann, en sus estudios sobre los medios de masa, que “aquello que sabemos sobre nuestra sociedad, aquello sobre el mundo en el cual nosotros vivimos, lo sabemos a través de los medios de masa” (2017, p. 9). Esta afirmación sigue siendo válida para los medios digitales. Todo lo que conocemos del mundo que no sea el que experimentamos fenomenológicamente lo sabemos a través de los medios. Es decir, no podemos afirmar como “realmente”[6] sucediendo aquello que sucede lejos del sujeto. Por eso, el grado de cercanía a la crisis implicará una manera distinta de recibir la información, aunque no implique ninguna garantía de que la información se recibirá de una manera “verídica” o “real”.

En febrero del año 2019, Arantxa Tirado crea y distribuye un video a través de Twitter –donde afirma ser politóloga–. En él se planteaba el problema del desabastecimiento en Venezuela. En el video se observa a la mujer frente a un McDonald’s en un centro comercial de la ciudad de Caracas expresando de manera irónica que “aquí podemos ver a la dictadura comunista de Nicolás Maduro, un McDonald’s […] acá tenemos un montón de venezolanos oprimidos por Maduro consumiendo productos” (Tirado, 2019). Con el video se buscaba señalar que el desabastecimiento en Venezuela era falso y que no existía ningún gobierno autoritario, porque se permitía la venta de productos “imperialistas”. En el video, se puede observar a Tirado y personas detrás de ella comprando en el McDonald’s, lo cual sería prueba de que la crisis en Venezuela es una guerra sucia de desinformación por parte de los imperialistas y capitalistas.

Otro video, de un youtuber llamado Gabriel Herrera, muestra la versión contraria. En el video, grabado también en el mes de febrero de 2019, se ve al joven yendo a un supermercado en busca de productos, donde se evidencia claramente el desabastecimiento y la crisis actual venezolana. Ahora, si bien los videos corresponden a Venezuela, ¿existe o no la crisis? Acá surgen las paradojas de tiempo y espacio. El concepto de paradoja tiene una larga data, pero como afirma Luhmann la paradoja se confinó “a la filosofía que se ocupa del esoterismo, finura lingüística, metáforas rápidas, pragmática trascendental o temas por el estilo” (2003, p. 25). Con ello quiere señalar el sociólogo alemán el rol secundario que se le ha dado a la paradoja como error del aparato de conocimiento y no como un hecho inherente del conocer. El filósofo estadounidense W. V. Quine (1966) define la paradoja como un ser juzgable de verdadero o falso, es decir, como verificable o falsable. En otras palabras, las paradojas no existirían en realidad, sino que serían malos usos de la razón. No obstante, siguiendo a Luhmann, la paradoja se presenta en la imposibilidad de decidir entre aquello que es falso o verdadero. Esto no surge de un uso inadecuado de la razón, sino que surge por la naturaleza misma del conocer. No existe certeza alguna de que el mundo afuera del sujeto exista, pero tampoco se puede afirmar lo contrario. La existencia misma del mundo es paradójica. No obstante, se crean narrativas que olvidan la paradoja, para permitir que la vida continúe. Es una decisión puramente existencial del sujeto; este afirma el mundo, aunque no tenga la certeza de la existencia del mundo afuera, para poder continuar su existencia de manera apacible.

En la época de los medios de producción y distribución en masa era más fácil crear un discurso coherente que creara la ilusión de la no existencia de paradoja. Esto se debía a la desigualdad que se presentaba en estos medios entre productor y receptor. Entre pocos productores y distribuidores era fácil crear un puñado de narrativas que, si bien se oponían, como la oposición entre capitalismo y socialismo, guardaban cierta coherencia. Estas narrativas eran distribuidas a todos los usuarios que tuvieran acceso a las mismas cadenas televisivas o radiales al mismo tiempo, lo que creaba una idea de un presente común. Los medios digitales, como se señaló anteriormente, reducen esa desigualdad y aparece una multitud gigantesca de narraciones que hacen que la paradoja siempre existente, pero poco visible, se vuelva cotidiana. En otras palabras, los medios digitales derrumban nuestro edificio del conocimiento y nos muestran su fragilidad. Nos señalan que existe una imposibilidad para decidir sobre lo que sucede, y que vivimos a tientas en el mundo teniendo muy pocas certezas de lo que nos rodea. Los dos videos mencionados anteriormente son ejemplo de eso. Ahora, podría afirmarse que esto ya sucedía con los medios de masas donde dos cadenas televisivas o radiales afirmaban al mismo tiempo la existencia y no existencia de un fenómeno. Sin embargo, la paradoja no surge de la afirmación misma de la existencia o no de la crisis, sino de la recepción del fenómeno. Si bien dos versiones distintas de un fenómeno que se distribuían al mismo tiempo ya eran posibles en la época de los medios de masa, la lógica de la confirmación de la fuente hacía creer al sujeto que la información transmitida por los medios de masa era más o menos fidedigna. Lo que sucede con los medios digitales es la toma de conciencia latente de que la información puede ser falsa. Toda información puede ser falseable. Todo Tweet, video de YouTube, etc., puede ser potencialmente falso. La posibilidad de falsedad en la consciencia del sujeto es lo que hace evidente la paradoja. Nuevamente, no es que la paradoja surja con los medios digitales, pero ellos la hacen tan evidente que señalan su existencia de manera inherente. No obstante, no todos los receptores son iguales.

En el caso, es necesario distinguir entre tres tipos de receptores de información: personas que se encuentran en Venezuela, personas que no se encuentran en el país y personas con poco o ningún conocimiento sobre lo que sucede en Venezuela.

Para la mayoría de los venezolanos viviendo en Venezuela la crisis es real. La deben vivir todos los días, porque no consiguen alimentos, medicinas o gasolina. Empero, saben que ambos escenarios, el McDonald’s y el supermercado vacío, son posibles, porque existe una gran mayoría que debe luchar por su subsistencia día a día, mientras que hay una pequeñísima parte de la población que por alguna razón puede pagar los alimentos que desee. Para los venezolanos viviendo en el exterior es más difícil saberlo. Ellos conocen la crisis a través de sus familias y, tal vez, por la experiencia que tuvieron antes de dejar el país. La paradoja se presenta para aquel que no es familiar con lo que sucede en Venezuela. A esta persona le es imposible determinar si existe o no la crisis.

El 30 de abril de 2019, a tempranas horas de la mañana, Juan Guaidó emitió una declaración desde la base militar La Carlota. El vivo fue transmitido en distintas plataformas virtuales, como Twitter, YouTube, Facebook, etc. Fue una toma cerrada en la que solo se veían  él y algunos militares. En el video se llama al levantamiento popular para la liberación de Venezuela del régimen de Maduro, pero en la imagen no se puede observar el número de unidades disponibles. Tampoco se puede distinguir de manera clara si se encontraba ya dentro de la base o se ubicaba afuera. Es decir, si ya tenían control sobre ella. Esto creó incertidumbre sobre lo que estaba sucediendo. Ni siquiera el gobierno sabía qué hacer. Las primeras declaraciones que el autócrata Maduro ofrece se dan muchas horas después. Aquí se retrata la paradoja de la realidad a través de los medios digitales. Nadie podía afirmar qué estaba sucediendo realmente. Ni los venezolanos dentro de Venezuela, ni los que estaban afuera. Más aún, los primeros que se enteraron de lo sucedido fueron muchos venezolanos en el extranjero gracias al uso y acceso a los medios digitales, lo cual señala la paradoja del espacio. Estar más cerca del evento que está ocurriendo no quiere decir que se pueda informar antes. En ese sentido, cercanía espacial no implica cercanía al evento. Así, es difícil determinar qué significa cercanía. Ahora bien, surge además una paradoja temporal, ¿qué estaba ocurriendo en el presente en La Carlota? Solo aquellos que estaban allí y un pequeño grupo informado lo podrían saber. Comenzaron a surgir varias transmisiones y en ellas se mostraban distintas versiones. Los venezolanos y venezolanas no podían afirmar cuál era su presente, aunque lo estuvieran observando.

A diferencia de lo que sucedía con los medios de producción y distribución en masa, los medios digitales ya no presentan un mensaje claro. El filósofo Marshall McLuhan afirma que el medio es el mensaje. Esto es “el cambio de escala, de ritmo o de patrón que se introduce en los asuntos humanos” (McLuhan, 1996, p. 20). El mensaje con los medios digitales es un cambio en el significado de aparecer frente a la pantalla en comparación con los medios de masa. La aparición en televisión o en la radio en una revuelta o en un golpe de estado implicaba el dominio frente al rival. Los sujetos percibían la toma de los medios por parte del grupo insurgente o golpista como una debilidad del gobierno actual y, por ello, salir a apoyar a dicho grupo era una decisión segura. Ahora, con los medios digitales, el salir en las pantallas acompañado de militares, como puede ser en el caso de Guaidó,[7] no implica certeza alguna. La aparición en los medios digitales la puede hacer cualquier sujeto. El valor que se les da a dichas apariciones dista mucho de aquel que se les daba en los medios de masa, y esto tiene una fuerte implicación social y política. Frente a la aparición de Guaidó con los militares, ¿por qué salir a protestar y arriesgar la vida, si no es algo seguro? ¿Es cierto que ellos puedan desafiar el gobierno de Maduro? La paradoja del conocimiento es el mensaje de los medios digitales.

Si bien esto es un producto de los medios digitales, también es la condición específica de la sociedad venezolana. En el segundo apartado se describió la censura desarrollada por el gobierno. Esto creó un contexto de incertidumbre y la información empezó a fluir a través de los medios digitales. La desconfianza de los venezolanos en los medios de producción y distribución en masa es del 74%, mientras que con las plataformas digitales es del 64% (Valdez, 2017). En este contexto de desconfianza en el flujo de información se aumenta la capacidad de los medios digitales de crear paradojas de conocimiento. Estas paradojas no son solo juegos de lógica, sino que tienen implicaciones en los sujetos y sus sociedades.

Consecuencias de la paradoja para los sujetos

Frente a la paradoja el sujeto puede tener tres posibles reacciones. Primero, busca determinar el valor de verdad de esa coherencia con otras imágenes del presente y del pasado. En otras palabras, el sujeto trata de incluir ese evento o no en la línea de tiempo ya establecida y aceptada. Busca determinar un rango de conexiones pensables entre el fenómeno que se presenta a través de los medios y aquellos que han sido presentados antes o que son copresentados, y establece qué probabilidad existe de que el fenómeno esté realmente ocurriendo. Este ejercicio complejo es lo que muchos denominan “sujeto informado” (Campbell, 2015; Jenkins y Thorbum, 2003). Si bien este ejercicio sería el más apropiado, este no garantiza el estatus de verdad, porque le es imposible al sujeto corroborar todos los eventos serializados.

El segundo caso puede explicar muchos fenómenos políticos y sociales actuales. Los sujetos ante la paradoja del tiempo deciden ignorarla y siguen adelante, pero a diferencia de la manera del sujeto “bien informado”, estos se aferran a una imagen del pasado constituida durante los medios de producción y distribución en masa. Esto hace que el sujeto acepte de manera doctrinal los eventos que correspondan con esa línea de tiempo y niegue la existencia de los eventos que la contradigan. El sujeto que cree en los mensajes de Chávez y Maduro se aferra a la idea de explotación del imperialismo americano, mientras se entrega a la explotación descarnada del Arco Minero por el nuevo gigante económico, a saber, China (Valderrey Billar y Lemus Delgado, 2019).

Finalmente, el tercer caso es el del sujeto que se vuelve inactivo o reaccionario. En este caso, acepta la paradoja del tiempo, es decir la coexistencia de múltiples líneas de tiempo que se proclaman como ciertas y el hecho de que no existen herramientas epistemológicas para decidir entre ellas. Vive de una manera indecisa y el pasado tanto como el presente son difusos para estos sujetos. Ellos se aferran a su presente más próximo y comprobable.

Sin embargo, se puede preguntar: si se afirma en este texto que los medios digitales señalan lo paradójico del conocimiento más allá de lo fenomenológico, ¿por qué el mismo texto afirma la crisis de Venezuela con tanta vehemencia? El mundo digital ha destruido las narrativas estables y coherentes de los medios de producción y distribución en masa. Es necesario aceptar el carácter paradójico del conocimiento, no para llegar a la inacción, como en el último caso, sino para una reformulación más dinámica del conocimiento humano. La emigración de más de cinco millones de personas es un signo de que algo no está bien en Venezuela. Si bien se pueden ofrecer varias causas para la emigración, este es un hecho y es un número gigantesco. Entonces, ¿cuál es la paradoja?

La existencia de la paradoja se da desde el momento mismo en que conocemos, al no poder afirmar que el mundo que percibimos sea verdadero. Esto no es nuevo, se sabe desde la publicación de la Crítica de la razón pura de Immanuel Kant. Allí Kant (1917, p. 184) señala la imposibilidad de conocer las cosas en sí: solo podemos conocer los fenómenos. Es decir, la imposibilidad de afirmar algo como “verdadero” en un sentido absoluto. Aunque esto suceda, no por ello los sujetos dejan de vivir. Ellos y ellas desarrollan la paradoja. Luhmann (2003) en su texto La paradoja del decidir (Die Paradoxie des Entscheidens) señala que el cocimiento es esencialmente paradójico, pero la función de la investigación es desarrollar dicha paradoja. Es decir, el sujeto no se muestra inactivo frente al inherente rasgo paradójico del conocimiento, sino que desarrolla estrategias para eludir dicha paradoja. Reglas como la causalidad, la identidad, etc., no tienen consistencia epistemológica. En otras palabras, no poseen un estatus de verdad absoluta, sino solamente relativa, aunque con el tiempo se van tomando por parte de los sujetos como verdades ontológicas. La causalidad es cierta hoy, pero puede que mañana no lo sea. El filósofo David Hume ya lo había señalado con su ejemplo del sol. Todos los días sale el sol, pero es posible que mañana no salga (Hume, 2007). Esto se da gracias a la fuerza de la costumbre, fuerza que nos hace eludir y olvidar la paradoja. No obstante, pensar que el sol no saldrá mañana es totalmente posible y, así, afirmar que el sol saldrá todos los días nunca será una verdad absoluta. Esto, sin embargo, no hace que la generalización no sea útil para la agricultura o la astronomía. Esto es un desarrollo de la paradoja. La generalización de que el sol sale todas las mañanas no hace que la paradoja desaparezca. Ella sigue ahí, pero como la probabilidad de que el sol salga al próximo día es tan grande la generalización es útil para desarrollar otras actividades humanas. El error consiste en confundir la verdad relativa con la verdad absoluta. Un sistema de ideas, cualquiera que sea, es solo un desarrollo de la paradoja. La elude, pero no la sobrepasa. Los medios digitales nos recuerdan que la paradoja está ahí siempre acompañando al sujeto.

Con este desarrollo de la paradoja se permite que los sujetos sigan viviendo. En este sentido, la paradojicidad del conocimiento no puede hacer que se niegue la crisis en Venezuela, sino que obliga a desarrollar la paradoja y trata de observar qué sucede allí. ¿Cuál sería la ganancia entonces de afirmar la paradojicidad del conocimiento? ¿No se estaría abriendo la jaula, y al ver los horrores del mundo sin verdades absolutas, nos volvemos a meter a la jaula? La ganancia de aceptar de una vez por todas la paradojicidad del conocimiento es aceptar que ninguna teoría, ideología o enunciado es verdadero en términos absolutos. Esto obligaría a un constante desarrollo de las paradojas y a una ausencia de fe fija en alguna teoría o sujeto. Es aceptar que se va a tientas por el mundo, observando a una distancia muy corta. Obliga a un (re)planteamiento constante de todo lo que sucede en el mundo sin ataduras epistemológicas. De esta manera sería más fácil aceptar el fallo de ideologías como el socialismo del siglo XXI, lo cual permitiría solucionar de manera más rápida y eficiente la crisis actual. Los medios digitales nos fuerzan a repensar todas nuestras categorías. Mientras sigamos reacios a hacerlo, seguiremos legitimando sistemas opresores.

Conclusión

Los medios no son solo artefactos o herramientas que usamos para transmitir información, sino que son también la condición de posibilidad para nuevas experiencias humanas. Así, un cambio medial implica un cambio en la manera en que los sujetos experimentan el mundo. El cambio medial de los medios de producción y distribución en masa a los medios digitales produjo una reducción drástica de la desigualdad inherente entre productor-distribuidor y los receptores de productos mediales. Es decir, existe un mayor número de productores debido a las nuevas tecnologías digitales y un número gigantesco de contenido distribuido a través del internet. Esta transformación medial se observa desde las lógicas mismas de los medios, pero es necesario tomar en cuenta el contexto medial de la sociedad en la cual el nuevo medio se insertó. En este artículo se examinó cómo esa transformación medial se produjo en el contexto venezolano. Con el desarrollo de este examen, se observaron las paradojas que producen y señalan los medios digitales, que, si bien les son inherentes, se amplificaron en el contexto político y medial venezolano. Con esta amplificación se ha creado una imposibilidad de afirmar la crisis, lo cual trae profundas implicaciones en la sociedad venezolana que observa cómo se relativiza su dolor. Por ello, es necesario repensar la manera en que está construido nuestro conocimiento y las categorías que lo sostienen. Volver a las narrativas más estables de los medios de producción y distribución en masa en comparación con los medios digitales es imposible. Sin embargo, es necesario desarrollar un conocimiento más dinámico que pueda enfrentar la crisis que nos plantean los medios digitales para evitar caer en la inacción.

Referencias

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  1. Aquí cabe señalar la distinción entre serialidad sucesiva y reflexiva que he desarrollado en mi investigación de doctorado. En la primera el sujeto recibe la experiencia mediada por el medio, valga la redundancia, sin que él pueda interferir de manera alguna. Le es dada porque así se presenta. En la segunda serialización, ya existe una reflexión por parte del sujeto sobre la serialización sucesiva y ello modifica las serializaciones sucesivas futuras. Lamentablemente, por cuestión de espacio no me puedo detener a explicar con profundidad este punto.
  2. Resulta importante aclarar que el internet no es de ningún modo neutral. Es decir, existen proveedores de internet que son empresas privadas que se dedican al negocio de la telefonía y son los dueños de la infraestructura por la cual se transportan los datos. Si bien los intereses tanto económicos como políticos son importantes, para el tema del artículo no son especialmente relevantes. Para una discusión a mayor profundidad se puede revisar el texto “El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿el fin de la televisión y del cine?”, de Laura Siri (2016).
  3. Un ejemplo de esta transmisión simultánea puede ser encontrado en https://bit.ly/3fQnTI4 (visitado el 20/01/20).
  4. Esto se puede observar claramente en las distintas alocuciones públicas del oficialismo que han quedado grabadas y archivadas en distintas plataformas digitales. Entre otros se pueden encontrar los siguientes: https://bit.ly/3yAcSC2 (visitado el 21/01/21) o https://bit.ly/3jOm53l (visitado el 21/01/21).
  5. Se ha afirmado desde el gobierno que las causas de la escasez de gasolina y otros problemas económicos surgen a partir de las sanciones económicas de los Estados Unidos. Si bien es cierto que las sanciones tienen efectos negativos en la economía, las principales razones de las crisis provienen del mismo gobierno por la implementación de un sistema que acabó con el poder productivo del país. Lamentablemente, en este texto no me puedo extender en ese tema, además que ya ha sido analizado por otros autores. Para una discusión más a profundidad del tema véase Sutherland, 2019 y Palacios, 2019.
  6. Con “realmente” me refiero a un realmente fenomenológico. En otras palabras, aquello que se le presenta a la conciencia como que está sucediendo frente a mí, lo cual no implica de ninguna manera que sea el verdadero acontecer. No son las cosas en sí tal cual como son, sino como se me presentan. Ello no implica que el sentido del mundo surja simplemente de la conciencia, sino, como afirma Edmund Husserl (1976), que “el mundo mismo tiene todo su ser como sentido” (p. 120). Con ello señala el filósofo que el significado ya está dado por el mundo, pero este sentido nunca es uno acabado, sino que “existe una infinidad de maneras de rellenar [con sentido] conocimientos razonables” (p. 121). Sin embargo, lo que se le presenta al sujeto en los medios no es un suceder del aquí y ahora, sino de algo que ocurre más allá de su campo de experiencia directa.
  7. Si bien los medios digitales juegan un rol central, seguramente existen otros factores que podrían explicar por qué algunos venezolanos y venezolanas no salieron ese día a las protestas.


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