Osvaldo Barsky [1]
Este libro es una adaptación de la tesis doctoral en política y gestión de la educación superior, defendida el 1 de abril del 2022, en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) por Hernán Bressi. Está centrada en la creación de la Universidad Obrera Nacional en el año 1948, mediante la ley n.º 13.229, que sería puesta en marcha en el año 1953.
La riqueza de la investigación de Bressi le ha permitido, con material de primera mano, estudiar los distintos factores que confluyeron en esta creación institucional, en un contexto nacional de fuertes conflictos alrededor de los procesos universitarios, producto de los álgidos enfrentamientos políticos entre las nacientes políticas educativas peronistas como parte de su proyecto de país, y los encarnados por sectores importantes de los profesores y estudiantes de las universidades nacionales tradicionales, alineados con partidos políticos de oposición.
El autor nos dice que, en el ideario colectivo de un importante sector del peronismo y del movimiento obrero, influenciados por el ethos y la propaganda oficial del peronismo clásico, hay voces que proclaman como ejemplo y estandarte de universidad del trabajo técnico a la Universidad Obrera Nacional (U.O.N.). Por eso, en este libro, se aborda la reconstrucción del proceso histórico naciente de las políticas educativas peronista y su impacto en el proyecto de país que los peronistas llamaban de la “nueva Argentina”.
Confluyen aquí, según el autor, diversos procesos que tener en cuenta. Por un lado, como antecedente de la creación de la Universidad Obrera Nacional, destaca el proyecto pensado por la Iglesia católica en 1919 en los documentos relacionados a la actuación social de la Iglesia, en ocasión del lanzamiento de la Colecta Pro Paz Social, organizada por el Episcopado Argentino a partir de la institución de la Unión Popular Católica Argentina. Allí, mediante la universidad obrera y el instituto técnico femenino, se planteaba combatir tanto la incompetencia profesional del trabajador, cuanto los riesgos que para la mujer constituía su inferioridad como operaria.
Por ello se analiza la importancia del nacionalismo católico que había tenido creciente relevancia en la sociedad argentina durante las primeras décadas del siglo XX, con peso en el gobierno de Uriburu de 1930, para adquirir alta influencia en los sectores militares que instrumentan el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, presencia que permitiría obtener de las autoridades golpistas el decreto n.º 18.411/43. En sus fundamentaciones, se reivindica la nación católica en la historia constitucional del país, que, según esta visión, es clara desde las constituciones previas a la de 1853, en el preámbulo de esta, en el carácter obligatoriamente católico del presidente y el vicepresidente, en el juramento de ambos sobre los Santos Evangelios, y en las obligaciones del Congreso de promover la conversión de los indios al catolicismo. Por ello, decretaba que, en todas las escuelas de enseñanza primaria, luego de la primaria, secundaria y especial, la enseñanza de la religión católica sería impartida como materia ordinaria de los respectivos planes de estudio. Que los docentes serían designados por el gobierno, que los nombramientos debían recaer en personas autorizadas por la autoridad eclesiástica, y que los programas serían aprobados por el gobierno de acuerdo con ella. El decreto alcanzaba tanto a los colegios dependientes de las universidades nacionales como a las escuelas dependientes del Consejo Nacional de Educación. También se creaba la Dirección General de Instrucción Religiosa y la Inspección General de Instrucción Religiosa.
Según Bressi,
el nuevo gobierno iniciado el 4 de junio de 1943 veía la necesidad de pensar la patria a partir de las jerarquías naturales sociales y políticas dadas por la experiencia histórica verdadera del país sobre la Iglesia de Cristo, y de un sistema de educación superior bajo un enclave cristocéntrico, patriótico, tradicionalista y jerárquico. Dentro de este esquema cosmovisional, la cuestión de la enseñanza religiosa era central para el establecimiento de la Argentina católica. De acuerdo a los distintos documentos oficiales del G.O.U. y los diferentes discursos de Perón sobre educación superior y de otros miembros importantes de los gobiernos militares o peronistas, los objetivos para edificar un nuevo sistema de educación superior alternativo al reformista debían ser concebidos bajo una programación de educación superior flexible y activa, que reestableciera la universidad a la metafísica y rehabilitara la inteligencia del ser, para evitar aún más el conflicto ya existente con la universidad reformista y el movimiento estudiantil en general[2].
Provenientes del nacionalismo católico, los interventores-rectores de las universidades nacionales entre 1943 y 1945 desarrollaron planes de normalización institucional de la universidad reformista para eliminar el gobierno tripartito, reformaron los estatutos de las seis universidades nacionales y prohibieron y clausuraron los centros y las federaciones estudiantiles, como la Federación Universitaria Argentina. Dados los cambios producidos en el gobierno militar por el resultado de la Segunda Guerra Mundial, estas políticas fueron eliminadas. Pero el triunfo electoral de 1946 determinaría nuevas intervenciones a las universidades, pero ya para facilitar políticas con el sello propio del peronismo, a través de la Ley Universitaria n.º 13.031 de 1947.
La sanción de esta Ley Universitaria fue la primera desde la Ley Avellaneda. Eliminaba el principio de autonomía universitaria, y la designación de profesores y rectores pasaba a ser potestad del Poder Ejecutivo de la nación, de una terna de candidatos elevada por la universidad, previo concurso de méritos, aptitudes técnicas, títulos antecedentes y trabajos. Según Bressi, el corpus jurídico que dio cuerpo a los fundamentos dogmáticos del sistema de educación superior peronista se vio fuertemente influenciado por el nacionalismo católico e inspirado indirectamente, pero no exclusivamente, en el modelo universitario del cardenal Newman.
Las acciones del nuevo gobierno tendieron a continuar esta línea de apoyo a la acción de la Iglesia. Cuando los nuevos legisladores trataron el decreto que había establecido la enseñanza religiosa con la finalidad de confirmarlo o derogarlo, se produjo una larga batalla parlamentaria, y una movilización masiva de los miembros de la Acción Católica, que presionaban en los debates. Cuando a su término ella fue ratificada, los miembros de la jerarquía eclesiástica concurrieron a la Casa de Gobierno para agradecer al gobierno. También favorecieron a la Iglesia el incremento de los salarios de personal eclesiástico tradicionalmente pagados por el Estado, una duplicación del número de cargos pagos y múltiples subsidios para peregrinaciones al extranjero y obras edilicias. Estas medidas se complementaron con las que limitaban la acción de los otros cultos, especialmente los protestantes, a través del recientemente creado Registro Nacional de Cultos.
Pero, ya afianzado el nuevo gobierno, comenzaría un creciente proceso de diferenciación con la Iglesia por el control ideológico y político del proceso en curso. Un punto visible de este fue el contenido de la nueva Constitución de 1949. En agosto de 1948, el Congreso dictó la ley n.º 13.233 para reformar la Constitución. La Iglesia confiaba en que se incorporarían al texto legal los temas de la enseñanza religiosa, la abolición del patronato, la indisolubilidad del matrimonio y la declaración del catolicismo como religión oficial.
Se pensaba que, al ser el principal redactor el Dr. Arturo Sampay, constitucionalista ligado a los grupos católicos, ello se facilitaría. Sampay, de origen radical, se vinculó a FORJA y desde allí se integró al movimiento peronista. Fue un gran impulsor del constitucionalismo social[3]. Estrechamente vinculado con el gobernador de Buenos Aires, Domingo Mercante, el desplazamiento de este último en 1952 provocó el exilio de Sampay, que escapó disfrazado de sacerdote a Bolivia y luego a Uruguay.
Pero esta alianza inicial con la Iglesia católica, que permitiría garantizar el triunfo en las elecciones de 1946[4], empezaría a resquebrajarse, y en la Constitución de 1949 no se incorporaron las aspiraciones planteadas por la Iglesia. Sí, en cambio, se incluyeron en el preámbulo las “tres banderas” justicialistas. En 1951-1952, la doctrina del movimiento fue declarada Doctrina Nacional. A medida que se afianzaba en el poder, Perón dejaba de presentarse como continuador de tradiciones preexistentes y aparecía como la única entidad política capaz de romper con tales tradiciones. Dentro de ese marco amplio, comenzó a desarrollarse un nuevo discurso religioso oficial, el “cristianismo peronista”.
A partir de la construcción de poder que Perón desarrolló implacablemente desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, además de diversas medidas que beneficiaban materialmente a los obreros, su acción se concentró tempranamente en la capacitación[5].
Fueron relevantes los aportes de un alto funcionario del Departamento Nacional del Trabajo, el jurista catalán José Figuerola (1897-1970), en la construcción del primer modelo social peronista. Designado en la Secretaría de Asuntos Técnicos por el presidente Perón, redactaría el primer anteproyecto gubernamental de reforma constitucional, finalmente desechado. Señala Bressi que, dentro del Primer Plan Quinquenal (1947-1951), forma parte integrante de él un capítulo entero sobre la cuestión universitaria por ser un tema de interés estratégico para el nuevo gobierno por considerarla una herramienta clave para la formación de mano de obra altamente calificada que diera fundamento a la Argentina industrial. Su objetivo en materia universitaria era nacionalizar la universidad e incorporarla por medio de un paquete de medidas estructurales integrales a la Argentina industrial al posicionar a la industria liviana, pesada y científico-técnica al servicio del fortalecimiento espiritual y material de la nación.
Durante la gestión peronista (1946-1955), el circuito de formación técnico oficial alternativo al reformista giraba en torno a los cursos de perfeccionamiento de formación técnica nacional y las escuelas de fábrica. Estos comprendían tanto el nivel primario (cursos de preaprendizaje, misiones monotécnicas), como el medio (incluye las escuelas-fábricas y escuelas industriales de la nación) y, posteriormente, se extendieron hasta el universitario con el surgimiento de la Universidad Obrera Nacional. Para 1948, las viejas escuelas de fábricas quedaron bajo la órbita del gobierno por medio de la Comisión Nacional de Orientación y Aprendizaje Profesional.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y fortalecerse en el país el desarrollo industrial público y privado, la formación de recursos humanos calificados alcanzó alta preeminencia[6]. Dentro de ello, se inscribió el proceso de creación de la Universidad Obrera Nacional. El ingeniero Pascual Pezzano, profesor de Tecnología Mecánica de la Escuela Industrial Otto Krause, visitó en Europa distintos politécnicos y elaboró un proyecto de creación de un Instituto Técnico Superior para los egresados de la escuela que quisieran continuar con estudios en su especialidad. En esos años Ingeniería se estudiaba en la Facultad de Ciencias Exactas, y los egresados de escuelas técnicas debían rendir 17 materias de equivalencias en los colegios nacionales. Pezzano proponía crear un curso de nivel universitario de 5 años de duración con horario vespertino para que los técnicos pudiesen alcanzar el diploma de ingeniero sin dejar de trabajar.
Bressi indica que, desde el primer día de su gobierno en 1946, Perón confeccionó un modelo de crecimiento económico sustentado en la expansión industrial, en el mercado interno y en la redistribución de ingresos, con un Estado presente y activo en alcanzar la capacitación humana y profesional del desarrollo humano integral del estudiante-obrero. Las aplicaciones de estos principios, más las políticas públicas educativas de gratuidad y el ingreso irrestricto, fueron centrales en la confección, organización y gestión de la Universidad Obrera Nacional como ejemplo de política educativa de formación técnica peronista. Como consecuencias de estas políticas, el sistema de educación superior argentino sufrió durante el período 1946-1955 una creciente aceleración de la matrícula universitaria que se prolongaría hasta finales de la década de los cincuenta, que afectaría cualitativamente a la infraestructura universitaria con el ingreso de nuevos actores sociales, que hasta ese momento no habían tenido acceso al sistema de educación superior. Otros autores, como Graciela Giménez, reducen la importancia de estas políticas en el crecimiento de las matrículas, señalando que fueron producto sobre todo del gran crecimiento de los egresados de las escuelas secundarias, como consecuencia de los cambios sociales producidos en el período analizado.
El autor señala que la Universidad Obrera Nacional se creó en el año 1948, con la ley n.º 13.229. El 3 de mayo de 1948, se dio a conocer públicamente el proyecto de creación de la Universidad Obrera Nacional. Su objetivo era ofrecer a los integrantes de los sectores obreros industriales una opción efectiva para la realización de estudios universitarios, para que la industria nacional fuera “dirigida por técnicos argentinos y realizada por obreros argentinos” y que los trabajadores lograsen “escalar posiciones que les fueron ordinariamente negadas” (Honorable Cámara de Senadores, Diario de Sesiones de Mayo de 1948). Entre los objetivos figuran los siguientes:
- Proporcionar a la industria técnicos competentes y especializados y facilitar a los obreros el acceso a superiores condiciones de vida y de trabajo y la capacitación necesaria para el desempeño de actividades de mayor responsabilidad en el orden técnico.
- Dotar al obrero de los conocimientos fundamentales indispensables para abordar ulteriormente el estudio de disciplinas científicas técnicas superiores que integrarán el plan de enseñanza de la Universidad Obrera Nacional.
Entre sus finalidades estaban estas:
- La formación integral de profesionales de origen obrero destinados a satisfacer las necesidades de la industria nacional.
- Proveer la enseñanza técnica de un cuerpo docente integrado por elementos formados en la experiencia del taller íntimamente compenetrada de los problemas que afectaban al trabajo industrial.
- Actuar como órgano asesor en la redacción de los planes y programas de estudio de los institutos inferiores.
- Asesorar en la organización, la dirección y el fomento de la industria, con especial consideración de los intereses nacionales.
Sus características principales fueron la enseñanza regionalizada, lo que iba en contra de la centralización y homogeneización del sistema educativo argentino, una orientación didáctica orientada hacia la formación integral de profesionales de origen obrero (el ingeniero de fábrica), los horarios de clases vespertinos para facilitar esto, las clases de tipo seminario y de asistencia obligatoria, y trabajar en industrias o especialidades que se enseñaran en la universidad y una revalorización de los saberes políticos de la clase obrera, expresado en el “saber hacer” en contraposición al “saber decir” de los doctores e ingenieros formados en la universidad tradicional y en el hecho de que un obrero podía ejercer un cargo directivo dentro de la universidad.
En su clase magistral del 17 de marzo de 1953, al inaugurar la Universidad Obrera Nacional, el Gral. Perón retomó su doctrina acerca de la cultura, la ciencia, la instrucción industrial y la virtud ciudadana. En su discurso, manifestó las ilusiones que venía madurando desde los tiempos de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Marcado por las críticas que en el ambiente profesional y universitario había desatado la creación de una universidad que tenía solo una disciplina y que además sesgaba por una clase social la composición del alumnado, expresó en dicha inauguración su resentimiento a ellas[7].
Bressi contrasta el currículum de los programas de ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (entonces rebautizada Eva Perón), con los de la Universidad Obrera Nacional y encuentra similitudes en las obligaciones académicas que componen el campo profesional específico de las materias físico-técnicas de las ingenierías tales como Álgebra, Física, Química, Geometría Analítica y Matemática. Los contrastes centrales son sobre la influencia epistemológica de las denominadas “materias humanistas” y el modelo de ingeniería predominante en la confección del currículum. En los planes de estudio de Ingeniería en Construcción de la Universidad Nacional Eva Perón, alcanzamos a advertir obligaciones académicas humanísticas, como Epistemología de la Ingeniería, impartida bajo un ethos laico, filantrópico, naturalista y técnico de la disciplina contrario al ethos católico y la doctrina nacional peronista, que daban los sustentos epistemológicos a las materias humanísticas tales como Legislación del Trabajo o Sindicalismo Justicialista y legislación obrera en el proceso de formación de los Ingenieros de Fábrica de la Universidad Obrera Nacional. Concluye que, en la universidad tradicional, prevalecía un modelo de formación de perfil más científico que ejecutivo orientado a crear profesionales de la tecnología, fueran obreros o no. En cambio, en la Universidad Obrera Nacional, el modelo de formación predominante del ingeniero de fábrica estaba encauzado hacia el saber-hacer del estudiante-obrero integrado con aportes relevantes de humanidades tales como historia sindical, sociología, legislación, particularmente legislación laboral y economía. Por lo tanto, su perfil era más ejecutivo que científico.
La Universidad Obrera Nacional aspiraba a preparar técnicos y, a la vez, formaría los ciudadanos de la industria para el proyecto de país que anhelaba Perón. Pero Bressi explica que, en la práctica, no asistieron demasiados obreros a sus aulas. Esto se debió, por un lado, a la alta exigencia teórica académica impartida en esta casa de estudios, que la hacía incompatible con el trabajo en la fábrica del perfil de los aspirantes a su ingreso, y, por el otro, que el perfil social de sus alumnos era similar al de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.
Con respecto a su plan estratégico de formación técnica peronista, indica que fracasó porque la Universidad Obrera Nacional no fue una institución fundada en la participación y el consenso de los distintos actores de la vida académica, quienes no cumplieron con su misión e ideario institucional de organización del pensamiento científico para pensar y dar soluciones prácticas reales a la comunidad. Si, a este escenario de tensiones, le agregamos la ausencia de planes de desarrollo institucional, la ausencia de una política institucional a largo plazo de extensión y transferencia, la falta de reconocimiento institucional a las actividades de extensión en relación con las actividades de docencia e investigación, la falta de diagnóstico institucional, la carencia de una organización programática para la ejecución presupuestaria y la fuerte descentralización entre las distintas unidades académicas, que produjeron una fragmentación institucional debido a la falta de mecanismos de coordinación horizontal que colaboraran con la cimentación del proyecto y la identidad institucionales, nos encontramos con los grandes desafíos que el gobierno académico de la Universidad Obrera Nacional no pudo solucionar.
Superados los planteos de eliminar la universidad de un sector del radicalismo, el triunfo de Arturo Frondizi con el apoyo del peronismo permitiría mantener la universidad transformada bajo otro proyecto nacional. El libro nos muestra cómo la Universidad Obrera Nacional se reconvirtió en la Universidad Tecnológica Nacional por medio de la ley n.º 14.885, el 14 de octubre de 1959, y comenzó a funcionar dentro de un régimen jurídico de autonomía y autarquía. Este cambio de nombre marcó una modificación institucional que le aseguraba al frondizismo la continuidad institucional de esta casa de estudios, de modo que se separaba de la manifestación clasista obrera del estudiante-obrero y de cultura popular fomentada durante el peronismo. Se eliminaba la condición de obrero o la pertenencia a las organizaciones de carácter clasista o sindical para sumir cargos de conducción como el rectorado. A partir del momento en que el sujeto pedagógico pasó de ser el estudiante-obrero al estudiante-técnico, y la cultura técnica, el centro de la vida académica, la raíz católica de la Universidad Obrera Nacional quedó desdibujada como fuente doctrinal. Su estructura de gobierno se fundó en el cogobierno reformista entre estudiantes, graduados y profesores, manteniéndose el carácter especializado de técnico en un área de conocimiento específico. Podemos agregar nosotros que se inició acá un proceso de confluencia política entre sectores del radicalismo y del peronismo que permitiría mantener su hegemonía sobre la dirección de las universidades nacionales estatales, que en esencia se mantiene hasta la actualidad.
Bressi agrega que en 1959 desapareció definitivamente la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, que dio origen al Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET), creado como organismo autárquico dependiente del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación mediante la ley n.º 15.240, modificada por medio de la ley n.º 19.206 del 2 de setiembre de 1971. Por un lado, este nuevo corpus jurídico-educacional desvinculó a la Universidad Tecnológica Nacional del movimiento obrero y de los sindicatos, para unirlo al empresariado argentino, de manera que desvirtuaba así el proyecto fundacional, y, por otro, el sistema de aprendizaje industrial medio y superior se orientó más a la profesionalización técnica al distanciarse de las fábricas, por presión del empresariado industrial. De esta forma, la Universidad Tecnológica Nacional nació y se configuró en torno a las necesidades estratégicas del proyecto de país desarrollista. Su perfil profesional institucional se fundamentó en un currículum con fuerte contenido de ciencias básicas que eran de interés estratégico para el desarrollismo; con un costo por egresado relativamente bajo, comparado con los de las universidades clásicas.
El libro tiene detallados aportes sobre la riqueza del proyecto institucional de la Universidad Obrera Nacional y sobre las dificultades de conciliar en la conducción de esta a funcionarios de origen sindical bajo el control político e institucional de la Comisión Nacional de Orientación y Aprendizaje Profesional, un instrumento central del Poder Ejecutivo. En síntesis, un aporte relevante para comprender la evolución de una institución clave para la formación de recursos humanos en un área estratégica para el desarrollo nacional y para visualizar la complejidad de este proyecto en las cambiantes condiciones políticas del país.
- Director del Centro de Altos Estudios en Educación (CAEE) de la Universidad Abierta Interamericana.↵
- En un acto organizado por las Vanguardias Obreras Católicas el 28 de junio de 1943, Perón señaló: “Señores, celebro tomar contacto nuevamente con la Federación de Obreros Católicos y, especialmente, con los Vanguardistas Obreros Católicos. Siempre ha sido y es para mí un placer extraordinario acercarme a los hombres que trabajan, pulsar sus necesidades y la grandeza de las almas sencillas, máxime cuando ellos obedecen a esa doctrina en que hemos desarrollado y ampliado nuestra alma los católicos. En mi doble carácter de católico y de soldado, aprecio este presente que colma todo mi orgullo de secretario de Trabajo y Previsión y de soldado. Agradezco especialmente a los obreros católicos. La República Argentina es producto de esa colonización y de esa conquista hispánica que trajo hermanadas a nuestra tierra en una sola voluntad, la cruz y la espada. Y en los momentos actuales parece que vuelve a formarse esa extraordinaria conjunción de fuerzas espirituales y de poder que representan estos –los dos más ilustres– instrumentos de la humanidad: el Evangelio y las armas”.↵
- El constitucionalismo social es un movimiento universalista para que se defienda y promueva la incorporación a las constituciones de los derechos sociales que tuvo su inicio con la sanción de la Constitución de México de 1917, a partir de la Revolución mexicana.↵
- El 15 de noviembre de 1945, la Iglesia dio una carta pastoral “sobre los deberes de los cristianos en el momento actual”, que fue leída en todos los templos católicos. Sin mencionar en forma expresa a partido político o persona alguna, se indicaba que los católicos tenían el deber de no votar por quienes incluían en sus programas propuestas contrarias a la Iglesia, tales como la separación de la Iglesia y el Estado, el divorcio, la supresión de la fórmula religiosa en el juramento o la secularización escolar, por lo que era evidente que les quedaba excluida la posibilidad de votar por la Unión Democrática, a la que adherían partidos de reconocida raigambre laicista, en tanto nada se oponía a que lo hicieran por la fórmula Perón-Quijano. Esta última, en las elecciones del 24 de febrero de 1946, obtuvo la mayoría de los votos.↵
- Así, durante el acto inaugural de los cursos de perfeccionamiento para obreros adultos el 24 de julio de 1944, planteaba: “La inauguración de más de 60 cursos de perfeccionamiento para obreros adultos representa para la Dirección de Aprendizaje de Menores el primer jalón de esta obra, que ha de capacitar en el futuro a la industria argentina. Cuando nos demos realmente cuenta de las posibilidades de la industria en nuestro país, frente al triste ejemplo del obrero improvisado en la industria actual, impuesto por las necesidades creadas por la situación bélica, debemos pensar en el futuro de la misma, ya que puede plantearnos problemas extraordinariamente serios como para que la descuidemos. En las actuales circunstancias, la industria del país puede defenderse racionalmente con cualquier recurso, en cuanto a la mano de obra atañe. Pero, en los días venideros, solo podrá competir con las demás industrias del mundo con una mano de obra suficientemente capacitada. De otra manera, la solución que se dé a los problemas que plantee la industria será solamente parcial, e impondrá una protección a la industria que será totalmente contraria a los intereses de esa industria misma”. En esta reunión se constituyó la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional.↵
- Esta estrategia industrialista encontraría un gran apoyo en el “Grupo de Alejandro Bunge”, que planteaba políticas educativas de formación técnica orientadas al desarrollo de las industrias naturales que contemplaran las necesidades de consumo interno, y cuyos excedentes por dotación de recursos locales, cuando fueran competitivos, serían orientados al mercado externo.↵
- “Por eso, compañeros, si yo hubiera de fijar el rumbo en la ejecución de las tareas docentes en esta casa, solamente daría una directiva de muy pocas palabras, tenemos que formar, primero, hombres buenos y del pueblo. En segundo lugar, formar trabajadores, sobre todas las demás cosas. Y, en tercer lugar, formar hombres patriotas, que sueñen con una Nueva Argentina en manos del pueblo como instrumento del pueblo para labrar la grandeza de la Patria y la felicidad de ese mismo pueblo. Si formáramos un nuevo grupo de intelectualoides ignorantes de los que tenemos tantos, que simulan saber para aprovechar de los que saben menos, no habríamos hecho un gran progreso sobre lo que tenemos. Lo que necesitamos son hombres leales y sinceros, que sientan el trabajo, que se sientan orgullosos de la dignidad que el trabajo arrima a los hombres, y que, por sobre todas las cosas, sean capaces de hacer, aunque no sean capaces de decirlo”.↵







