En unos de los tantos encuentros que compartimos, esta vez en el sur de Argentina, nos propusimos analizar juntas los diez años transcurridos desde la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657. Debíamos encontrar herramientas que nos permitiesen pensar dicho proceso; de ahí una cartografía posible que abra nuevos interrogantes y nuevos diálogos.
El análisis, situado desde una perspectiva histórica, social y cultural, incluye nuestra propia subjetividad en la construcción de sentido. Se trata de una historia narrada a través de nuestra propia memoria, desde los recuerdos vividos, las narrativas, los actos y los gestos, pero también de relatos que representan discontinuidades, rupturas y olvidos. Como dice Elizabeth Jelin (2002), se trata de vivencias personales directas, con todas las mediaciones y mecanismos de los lazos sociales, de lo manifiesto y lo latente o invisible, de lo consciente y lo inconsciente; de saberes, creencias, patrones de comportamiento, sentimientos y emociones, que son transmitidos y recibidos en la interacción social, en los procesos de socialización de las prácticas culturales de un grupo. Entendemos que el pasado que se rememora es activado en un presente y en función de expectativas de un futuro.
Somos dos compañeras de ruta: una trabajadora social y una psicóloga, que al interrogarnos acerca de nuestras disciplinas y prácticas, intentamos recuperar los posicionamientos ético-políticos de una generación que nos antecedió. En diálogo con ellos, nos propusimos tejer una mirada interdisciplinaria sobre la Ley Nacional de Salud Mental, como instrumento que tiene efectos en el campo de la salud mental, transformando la vida social, cultural e institucional. Emiliano Galende y Vicente Galli no sólo nos acompañaron como interlocutores; sus aportes se incluyen al comienzo y al final del libro.
Este texto implicó la resignificación de nuestras propias producciones como investigadoras inscriptas en la universidad pública, cuestión que nos permitió ahondar los recorridos y afianzar nuestro compromiso con la salud mental y los derechos humanos. No hemos realizado ninguna de las investigaciones en soledad, estas siempre se constituyeron en producciones colectivas, interdisciplinarias e intergeneracionales, y sus diálogos estimularon y enriquecieron los debates aquí trazados.
Esta cartografía posible, como herramienta teórico-práctica (Brizuela, 2016), nos permitió la identificación de nuevos componentes, la creación de nuevas relaciones y la intervención en diversos conflictos de poder en torno a la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, así como el planteo de nuevas preguntas acerca del presente y la incertidumbre del futuro. Trazos de sedimentación y de fisuras que construyen mapas desmontables, conectables, alterables, modificables, con múltiples entradas y salidas y con sus líneas de fuga (Deleuze y Guattari, 2002). Trazos cartográficos que no pueden dejar de interrogarnos acerca de la violencia sobre los cuerpos y las subjetividades, la desintegración social, la pérdida de lazos sociales propia del modelo asilar (pero que lo trascienden). Formas de desmantelamiento presentes en muchas de las prácticas cotidianas en el campo de la salud mental, que intentamos poner aquí en escena, con el objeto no sólo de cuestionarlas profundamente, sino también de transformarlas hacia la libertad. Como nos enseñó nuestra querida Silvia Bleichmar, la libertad es impensable sin representación de futuro, aun cuando ella misma pueda devenir proyecto, pero este no puede proyectarse sobre el vacío representacional u operativo, sino sobre sus reales posibilidades de ejercicio (Bleichmar, 2009).
En dicho contexto, narramos este libro desde una perspectiva particularmente situada, que pone el énfasis en tres coordenadas: la apuesta por la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental; la legislación, las políticas públicas y las transformaciones urgentes; y por último, los nuevos actores sociales vinculados a los derechos humanos, valorando particularmente las voces de las usuarias y los usuarios de servicios de salud mental.
En las coordenadas cartográficas iniciales ubicamos el proceso que, con posterioridad al advenimiento de la democracia en Argentina, consolidó actores y organismos vinculados a los derechos humanos, que fueron instituyendo, dentro de sus reclamos y luchas históricas, la problemática de las personas internadas en los grandes hospicios. Hacemos referencia a actores que, antes de comenzar el desarrollo del proyecto de ley, ya habían instalado frondosos debates acerca de nuevas producciones de sentido y prácticas en el campo de la salud mental, en el marco de los derechos humanos.
A continuación, vinculamos a los organismos internacionales –particularmente la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su oficina regional, la Organización Panamericana de la Salud (OPS)–, que mediante documentos y recomendaciones, instaron a los países miembros a generar legislaciones específicas para la protección, promoción y mejora de los derechos humanos de las personas con sufrimiento psíquico.
Finalizamos estas coordenadas analizando el tenso escenario que instituyó la necesidad de una norma en el campo de la salud mental y los derechos humanos en la Argentina. Es desde esta perspectiva que incorporamos el análisis que narra el proceso de discusión previo a la sanción y promulgación de la Ley Nacional de Salud Mental, contextualizando los debates de los actores en torno a ella y el nuevo tipo de correlación de fuerzas que involucró a la norma como un acontecimiento.
Las coordenadas cartográficas pendientes se encuentran enlazadas a las políticas públicas. Para su análisis, además de aprehender los momentos de su institucionalización, procuramos comprender cómo esos elementos se articulan en un proceso social que coloca en disputa al conjunto de los actores en el campo de la salud mental. Es así como introducimos el problema de la institucionalización de una política pública enmarcada en los principios de la Ley Nacional de Salud Mental, y los debates de diferentes proyectos políticos que se tensionan en el accionar cotidiano y emergen como una permanente dialéctica entre lo instituido y lo instituyente. Para aproximarnos a este desafío, avanzamos en una lectura de las políticas gubernamentales desarrolladas por el Ministerio de Salud de la Nación durante estos diez años, profundizando en los avatares, avances, retrocesos y oportunidades que se fueron consolidando.
A continuación –parafraseando a Eduardo Galeano– planteamos “las venas abiertas del campo de la salud mental”, con el abordaje de aquellas instancias aún productoras de lo que, en 1986, Basaglia denominó “violencia institucional”. Aquí nos interesó ahondar en la raíz profunda de las violaciones a los derechos humanos, en instituciones de encierro en la Argentina, al cumplirse diez años de sanción de la Ley Nacional de Salud Mental, y la tensión permanente de estas prácticas con su cumplimiento.
El análisis prosigue con los movimientos pendulares en las trayectorias de prácticas alternativas y sustitutivas al manicomio. Los vaivenes políticos vividos a partir de la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental posibilitaron, en algunos casos, el fortalecimiento de estas experiencias. En períodos de gobiernos neoliberales –tanto a nivel nacional como de distintas jurisdicciones–, el sostenimiento de estas experiencias quedó a la deriva y su continuidad puede vincularse al impulso de las trabajadoras y los trabajadores del campo de la salud mental, de las usuarias, los usuarios y los familiares. A pesar de todo ello, muchas de estas experiencias fueron castigadas, desfinanciadas y algunas finalmente desarticuladas.
En la última coordenada de esta cartografía incorporamos a los actores sociales previstos por la Ley Nacional de Salud Mental como garantes de derecho. Describimos la Unidad de Letrados del Artículo 22 de la Ley 26.657; la Unidad de Letrados de Personas Menores de Edad, Art. 22 de la Ley 26.657; el Órgano de Revisión; la Comisión Nacional Interministerial en Políticas de Salud Mental y Adicciones, y el Consejo Consultivo Honorario de Salud Mental y Adicciones. Sus acciones implicaron profundas modificaciones en el campo de la salud mental, no sólo formales sino también ideológicas y culturales.
El cierre lo dan las voces de las usuarias y usuarios de servicios de salud mental y sus familiares, quienes se levantan en defensa de los derechos humanos de las personas con sufrimiento psíquico. Sus experiencias y sus luchas antimanicomiales propician la necesidad central de resignificar las prácticas. Dado que la historia cobra sentidos distintos según quién la narra y el contexto en el que se desarrolla, el lema “nada de nosotrxs sin nosotrxs” fue forjando conciencia e instrumentos colectivos que avanzan hacia la consolidación de derechos.
Esperamos que esta cartografía estimule y enriquezca debates, discusiones, reflexiones activas y cuestionamientos constructivos, los cuales permitan avanzar en un trabajo analítico sobre los procesos de implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, convocando a transformar la realidad de las políticas y las prácticas en el marco del reconocimiento del otro y de la construcción de lazos sociales.








