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2 La eugenesia

¡Hay que multiplicar a los que saben!

En esto comienza y acaba todo.

(Nicolai, La eugenesia como

gloriosa culminación de la medicina)

La Humanidad sabía ya en la antigüedad y por experiencia práctica que podía mejorar sus especies domésticas de animales y plantas mediante la selección de individuos y cruza: la reproducción de ciertos individuos y evitar la de otros, podía contribuir a la mejora de la población. Este tipo de prácticas sobre la propia descendencia humana también tiene antecedentes, como por ejemplo la costumbre espartana en la antigua Grecia de arrojar a los niños declarados anormales por el Consejo de Ancianos, a un lugar profundo junto al monte Taigeto o a las aguas del Eurotas, probablemente sea el caso más conocido. Pero no es el único. Pitágoras aconsejaba no procrear en estado de embriaguez y Plutarco agregaba que los hijos procreados en ese estado eran propensos a las alucinaciones mentales. Esquilo recomienda, en su obra Las Euménides, que las vírgenes más bellas se unan con los jóvenes más vigorosos para prolongar la vida. Platón, en República, sostenía que para los matrimonios debía considerarse la utilidad colectiva antes que el placer de los contrayentes. Se cuenta que Lutero, cuando el príncipe de Anhalt presentándole un niño deficiente de 12 años, le pidió su consejo, le respondió que si él fuera el señor del país lo arrojaría a las aguas turbulentas del río. También hay referencias a esas prácticas en el imperio Inca.

Suelen citarse antecedentes como estos al hablar de eugenesia, sin embargo la eugenesia moderna posee dos requisitos de los que carecían esas prácticas antiguas: el fundamento científico de sus premisas básicas y la implementación de políticas y programas de gobierno dirigidos al mejoramiento de ciertos grupos humanos a través de promover la reproducción diferencial. Ambos elementos confluyen en el programa eugenésico hacia fines del siglo XIX y se concreta, generalizadamente, en las primeras décadas del siglo XX.

Habitualmente se suele adjudicar la paternidad de la eugenesia a Sir Francis Galton (1822-1911), quien introduce este término derivado del vocablo griego que designa a los individuos “bien nacidos, de noble origen y de buena raza”. Definió a la eugenesia como la ciencia que trata de todas las influencias que mejoran las cualidades innatas, o materia prima, de una raza y aquellas que la pueden desarrollar hasta alcanzar la máxima superioridad. Pero no sólo se trataba de un conocimiento teórico, sino que debía encararse: “el estudio de los factores sometidos al contralor social que pueden aumentar y disminuir las condiciones sociales, sea físicas o espirituales, de las generaciones futuras.[1]

Para Galton era fundamental la herencia de los rasgos mentales y se había propuesto demostrar científicamente que los padres transmi­ten la inteligencia, del mismo modo y con las mismas limitaciones se transmite que la “forma y las características físicas de todo el mundo orgánico[2].” En suma: que las personas eminentes generalmente eran hijos y a su vez padres de personas eminentes.

Para obtener sus datos utilizaba el método biográfico y de la historia familiar con el propósito de mostrar, por un lado, que el comportamiento considerado socialmente valioso depende causalmente de una aptitud concreta, la inteligencia y, por otro lado, que dicha aptitud es hereditaria y no puede ser modificada por el ambiente. Muchas de las comprobaciones de Galton y otros acerca de las diferencias en el nivel de inteligencia y su relación con la ubicación social no hacían más que reflejar prejuicios ampliamente extendidos:

“El nivel intelec­tual promedio de la raza negra está alrededor de dos grados por debajo del nuestro […] Si la agude­za de las mujeres fuera superior a la de los hombres, los empresarios, por propio interés, las emplearían siempre antes que a los varones, pero como ocurre lo contrario, resulta probable que la suposición opuesta sea la verdadera”[3]

La eugenesia clásica

La propuesta de Galton, en suma, consiste en favorecer la reproducción de determinados individuos o grupos humanos considerados mejores e inhibir la reproducción de otros grupos o individuos considerados inferiores o indeseables, con el objetivo de mejorar la raza/ la especie/ el grupo y pueden resumirse sus postulados básicos de la siguiente manera:

1. las diferencias entre los individuos están determinadas hereditariamente y sólo en una pequeña medida dependen del medio;

2. la selección natural (mecanismo fundamental por el cual, según la teoría darwiniana, se produce la evolución de las especies) produce la eliminación de los inferiores, débiles e incapaces, es decir los menos aptos

3. las condiciones modernas (medicina, planes de asistencia, las condiciones “cómodas” de la vida moderna, etc.) tienden a impedir la influen­cia selectiva de la muerte de los menos aptos;

a partir de (3) se ha iniciado un deterioro, una degeneración en la especie humana que continuará 4. a menos que se proceda a implementar una selección artificial (en lugar de la selección natural ineficaz) que pueda contrarrestarla.

Antes de proseguir es necesario realizar algunos comentarios sobre los cuatro puntos precedentes.

Con respecto al primero, queda claro que el movimiento eugenista es fuertemente hereditarista-determinista, lo cual explica por un lado por qué todas sus propuestas (que se verán luego) están dirigidas a intervenir, controlar y dirigir la reproducción humana y, por otro lado, por qué no ponen el acento en las condiciones de vida, en las oportunidades de los individuos, en suma, en los aspectos sociales de la desigualdad. Para ellos no tendría sentido alguno malgastar dineros públicos en políticas de contención social[4]. La apuesta hereditarista se sostiene a despecho de que en la época de Galton no hay conocimiento fiable sobre las leyes y mecanismos de la herencia[5] incluso luego, en las etapas de consolidación del movimiento eugenista en las primeras décadas del siglo XX, las discusiones muestran que ese desconocimiento perdura independientemente de la consolidación de la genética moderna.

Con respecto al segundo punto, es necesario aclarar que se trata de una utilización, cuando menos, sesgada de la teoría darwiniana de la evolución por tres motivos: primero por la aplicación de conceptos como selección natural a cuestiones sociales; segundo por considerar que los cambios evolutivos puedan tener lugar en el lapso de pocas generaciones; tercero y principalmente, porque la idea que los eugenistas tienen acerca de la evolución se emparenta más con la ideología del progreso propia de los evolucionismos sociales (véase el Capítulo 1 en este volumen). Como quiera que sea esto no fue impedimento para que se transformara en pensamiento hegemónico.

Con respecto a los puntos tercero y cuarto, es necesario remarcar que el discurso eugenista se basa en la denuncia de la degeneración o decadencia de la especie/raza/nación (según autores y momentos), en un contexto en el cual el progreso es la idea determinante que debe regir los desarrollos de las sociedades y culturas. Huelga decir que este diagnóstico, aunque claramente ideológico, resulta plausible si se tienen en cuenta algunos elementos de la situación del momento: el aumento de la miseria y la pobreza en Europa que expulsa a millones de personas en condiciones paupérrimas; el hacinamiento en ciudades que reciben miles de inmigrantes internos por los procesos mismos del capitalismo industrial y millones externos (sobre todo países americanos en el periodo entre guerras pero también antes y después) sin dispositivos sanitarios y habitacionales adecuados; el aumento de la delincuencia en las ciudades, junto con la incidencia creciente del alcoholismo y enfermedades asociadas a la pobreza como la tuberculosis y la sífilis que hacían estragos entre la población pobre y de inmigrantes y eran considerados los tres venenos raciales; las repetidas revueltas en Europa en la segunda mitad del siglo XIX producto de los reclamos que una incipiente agremiación de trabajadores propiciaba y luego, sobre todo, la Revolución Rusa de 1917 ponían en alerta a las elites gobernantes. Pero el movimiento eugenista también propone la solución a partir de la ciencia y la tecnología. En ocasiones se ha puesto el acento en el aspecto pesimista (de decadencia y degeneración[6]) y en otras en el marcado optimismo cientificista del movimiento eugenésico, pero se ha perdido de vista que esos conceptos son dos caras de una misma moneda, que su fuerza práctica sobreviene precisamente de que operan conjuntamente. En efecto, el reclamo por implementar políticas de control y administración de los cuerpos y, sobre todo de la reproducción, se fundamenta en la exposición de los rasgos de degeneración y decadencia, un discurso bastante corriente hacia fines del siglo XIX y sobre todo después de la Primera Guerra Mundial: el momento pesimista exacerbado y expuesto como un problema médico/biológico. Sin embargo, este primer momento no es presentado como un estadio definitivo e irresoluble sino como un momento que puede –y debe- ser superado a través de las posibilidades que la ciencia y la tecnología ofrecen, en el contexto de una fuerte naturalización de la vida social y una transferencia de poder al especialista médico: el momento optimista, más exacerbado aún. La intervención eugénica es la que vendría a resolver el pasaje de la decadencia al progreso. Decadencia/ pesimismo/enfermedad por un lado y progreso/ optimismo/normalidad no son polos conceptuales que se aplican en la evaluación diagnóstica del estado de una sociedad en un momento dado en forma alternativa, sino más bien, los opuestos de una dialéctica que se resuelve en una apuesta político tecnocrática: la aplicación de tecnologías sociales y biomédicas aplicadas a la selección artificial de los nacimientos.

Algunos eugenistas se reconocen neomalthusianos, es decir seguidores de R. Malthus (véase Capítulo 1 en este mismo volumen) porque según su principio – la cantidad de población, si no se la limita, se incrementa según una razón geométrica, mientras que el alimento disponible para la misma sólo lo hace aritméticamente- es inevitable que rápidamente se produzcan conflictos derivados de la lucha por apropiarse de alimento que no alcanza para todos. Es claro que Malthus no describía una situación real sino que llamaba la atención sobre lo que ocurriría a menos que se tomaran medidas, por lo cual proponía eliminar la protección social y establecer frenos positivos y preventivos a la reproducción excesiva sobre todo de los pobres, a quienes en un futuro no cercano no habría manera de alimentar. Por eso algunos eugenistas llegaron a considerar que no sólo la reproducción de los considerados inferiores, sino incluso la reproducción normal de los seres humanos podría llegar a ser inmoral, si contribuyera a la reproducción en cantidad y calidad indebida para el porvenir de la especie o raza[7].

Cabe consignar que Galton consigue formular y concretar un conjunto de creencias y aspiraciones ampliamente extendidas hacia fines del siglo XIX y la eugenesia cobró rápidamente gran predicamento llegando a constituir, definitivamente, el fundamento científico para medidas de política sanitaria, y reforzando aún más creencias y prejuicios habituales. Gozó de tal autoridad científica e influencia política que culminó con su institucionalización, a través de la fundación de importantes sociedades científicas en todo el mundo Occidental, como se detallará más abajo, destinadas a contrarrestar el “peligro de la descontrolada fertilidad de los débiles mentales y la mezcla racial derivada de la inmigración, que se temía poblaran al Nuevo Mundo con imbéciles que finalmente suplantarían a los de mente dotada”[8]. Así expresaba esto mismo H. Spencer, filósofo muy influyente en el siglo XIX:

“La pobreza del incapaz, las penalidades que caen sobre el imprudente, el hambre de los perezosos o aquellos seres débiles que el fuerte empuja a un lado son consecuencias de una benevolencia grande y de largas miras. Debemos calificar de espurios a aquellos filántropos que, por impedir la miseria de hoy, desencadenan una miseria mayor sobre las generaciones futuras, y en esta categoría hemos de incluir a todos los defensores de la ley de los pobres. A los amigos de los pobres les repele la ruda necesidad que, cuando se le permite actuar, es un acicate tan potente para el perezoso, un freno tan fuerte para el desordenado. Ciegos ante el hecho de que, continuamente a sus miembros enfermizos, imbéciles, lentos, vacilantes, pérfidos, estos hombres irreflexivos abogan por una interferencia que no sólo interrumpe el proceso purificador, sino que incluso aumenta la depravación […] eliminar al enfermizo, al deforme y al menos veloz o potente […] así se impide toda degeneración de la raza por la multiplicación de sus representantes menos valiosos. Se asegura también el mantenimiento de una constitución completamente adaptada a las condiciones del entorno y por consiguiente productora de un grado máximo de felicidad.”[9]

Así se expresaba –por poner solo un ejemplo más de la repercusión que tuvo la eugenesia entre los más importantes científicos- el premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1913, Ch. Richet (1850-1935) en La sélection humaine. Nótese el modo en que se vislumbran tempranamente posiciones políticas que sobrevendrían poco después y su interpretación sesgada de la teoría darwiniana de la evolución como “supervivencia de los más fuertes”:

“En la vida salvaje la selección es la consecuencia necesaria de la lucha que se entabla entre los seres. Vivir es un combate perpetuo, y en esta lucha, los fuertes son siempre vencedores; los débiles son aplastados. La naturaleza implacable no se preocupa de los inválidos y condena a los impotentes; el individuo no es nada; la especie lo es todo. Es necesario, para el vigor de la especie, que todo lo imperfecto sea destruido. La naturaleza viva es así; ni cruel, ni suave, ni justa, ni inicua. Dulzura, piedad, justicia, son ideas humanas y palabras humanas. La naturaleza no conoce ni la generosidad ni el odio. Sigue su camino interesada solamente en producir seres vivos, y en producirlos enérgicos, vigorosos y potentes. Pero la sociedad ha introducido en las relaciones humanas un elemento nuevo: El respeto de cada personalidad humana. La noción de derecho ha reemplazado la de fuerza. La sociedad ha querido que todos los seres humanos tuvieran el mismo derecho a la vida, sea cual fuere su pequeñez y su debilidad. Así, pues, por el estado social se encuentra viciada la gran ley de la selección, que consiste esencialmente en la sobrevivencia de los fuertes. Pero la civilización ha hecho más aun, pues si ha pervertido la selección natural ha pervertido aun más la selección sexual. El matrimonio se ha convertido en función social en lugar de ser función natural, apta a la conservación de una raza fuerte.”[10]

Como quiera que sea, había una gama de matices entre los eugenistas, muchos de ellos más prudentes y cuidadosos que Richet[11]  o de prosa menos inflamada que Spencer, y los hubo profundamente reaccionarios o conservadores, pero también progresistas. Esta heterogeneidad se explica por el hecho de que la eugenesia no constituyó una teoría científica estrictamente hablando en ninguno de los sentidos que este concepto adoptó en las disputas epistemológicas, sino que fue un fenómeno mucho más amplio. Constituyó verdaderamente un clima de ideas dominante que se fue conformando con el correr del siglo XX por una serie de manifestaciones científicas dirigidas a relacionar condiciones biológicas con posiciones sociales, clima de ideas que, además, estuvo dado no sólo por consideraciones teóricas generales sobre la evolución y progreso de la especie humana o de apuestas más o menos optimistas o pesimistas sobre el futuro, sino que, una vez instalado como pensamiento hegemónico adquiere como componente estratégico fundamental el reclamo por la implementación de políticas públicas y/o tecnologías tanto biológicas como sociales que tuvieran incidencia evolutiva, es decir que estuvieran orientadas a modificar la composición media de una población con el objetivo de mejorarla. Y este es el carácter distintivo de la eugenesia, más allá del escaso resultado de aunque las diversas medidas concretas.REVISADO HASTA AQUI

Eugenesia negativa y eugenesia positiva

Se suele distinguir entre eugenesias negativa y positiva. La primera refiere al intento de eliminar o disminuir la frecuencia de alelos que se juzgan perjudiciales o deletéreos para el ser humano o al menos para alguna población particular. La eugenesia positiva, por su lado, estará definida por la implementación de prácticas y políticas que tienen como objetivo incidir evolutivamente y se asienta sobre la promoción de la reproducción de ciertos individuos, portadores de caracteres reconocidos como deseables, bajo la intención de generar así un fenómeno de reproducción diferencial. Esta distinción cobrará importancia en las disputas más actuales acerca de los límites éticos al mejoramiento genético, en las cuales se ve con beneplácito la eliminación de enfermedades pero se cuestionan los intentos de eugenesia positiva, como se verá más adelante. Huelga señalar que los calificativos “negativa” y “positiva” no poseen aquí ninguna carga valorativa: el carácter negativo alude a que se pretende eliminar enfermedades y el carácter positivo apunta a generar las condiciones de interferencia y modificación efectiva del desarrollo evolutivo.

La distinción entre eugenesias negativa y positiva constituye una diferenciación aproximativa que merecería, para cada caso particular un debate profundo. El caso conocido de la iniciativa del gobierno de Chipre con respecto a la talasemia, una anemia hereditaria que es muy frecuente en la población de esa isla del Mediterráneo, resulta interesante. El gobierno adoptó un programa de detección sistemática de la enfermedad en las mujeres embarazadas a las cuales se les permitía abortar, más allá de la oposición manifestada por los sectores más conservadores de la sociedad. El programa fue un éxito y la enfermedad disminuyó considerablemente, aunque el gen continuara presente en los portadores heterozigotos. La población de Chipre era consciente del problema y las medidas fueron aceptadas como algo necesario, benéfico y esperado y no como una coerción externa. Sin embargo puede objetarse que el análisis genético era obligatorio y esto condicionaba a los padres fuertemente. Puede pensarse también un caso hipotético en el cual una fuerte incidencia de la publicidad generase condiciones de animosidad hacia ciertos sectores o grupos de la población. No sin cierta ironía se expresaba el 28 de marzo de 1943 en el Deutsche Allgemeine Zeitung el profesor E. Fischer, rector de la Universidad de Berlín y director del Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Biología de la Herencia y Eugenesia:

“Es una suerte especial y singular el hecho de que una investigación, teórica en sí, coincida con una época en que la opinión general la acoge con reconocimiento, e incluso sus resultados prácticos son celebrados inmediatamente como fundamento de disposiciones oficiales.”[12]

Como quiera que sea, algunas medidas eugenésicas, no han pasado de constituir eugenesia negativa en el sentido de proveer de cuidados y seguimientos a las embarazadas e instrucción sexual a la población y muchas veces, en la práctica no ha habido diferenciación clara de ambos tipos de eugenesia funcionando como aspectos y tecnologías diferentes dentro de un planteo único y general.

La eugenesia en el mundo

La historia de la eugenesia es relativamente larga. Hay un primer momento preparatorio, de desarrollo conceptual y de creciente consenso científico, médico, político e ideológico que va desde las primeras formulaciones de Galton (1869, 1883) hasta los primeros años del siglo XX. Un segundo periodo, que denominamos “eugenesia clásica”, cuyo inicio puede situarse en 1907, año en que se funda en Londres la primera sociedad eugenésica (denominada inicialmente Eugenics Educational Society y desde 1926 Eugenics Society), que en 1912 organizó el primer Congreso Eugénico Internacional. En este periodo de apogeo que termina alrededor de la Segunda Guerra Mundial prácticamente todos los países occidentales formaron instituciones eugenésicas que, a su vez, constituyeron asociaciones internacionales de largas y profusas ramificaciones y que realizaron una enorme cantidad de reuniones científicas en todo el mundo. Todas las publicaciones biológicas y médicas especializadas recogían propuestas, textos, estudios y referencias a los progresos en la materia. Luego de la Segunda Guerra Mundial[13] el movimiento eugenésico fue abandonando algunas de sus tesis y principios más fuertes y se fue debilitando, en buena medida como resultado de las atrocidades cometidas por el nazismo, y fue derivando en propuestas más restringidas a cuestiones médico/sanitarias (sobre todo profilaxis del embarazo y cuidados del bebé y del niño pequeño, condiciones higiénicas de la vivienda, etc.). En los últimos años aparece un fenómeno que algunos, como Habermas[14], denominan “eugenesia liberal” a partir del creciente desarrollo de tecnologías asociadas a la reproducción humana, sobre todo el diagnóstico preimplantatorio[15] (DPI) porque despierta las más grandes fantasías relacionadas con concebir un hijo a medida, es decir “programado”. A ello se agrega en los últimos años la tecnología CRISPR, temas que se verán en los próximos capítulos.

Como ya se dijo la eugenesia se extendió por el mundo (Europa y América, pero también Rusia, la India y otros países) y también se ha señalado que es un error circunscribirla a la Alemania nazi, aunque es cierto que allí las dimensiones de brutalidad y horror que siguieron a las medidas eugenésicas iniciales han sido descomunales. De hecho los eugenistas nunca han propuesto el exterminio de los que consideraban “inferiores”, cosa que sí ocurrió en la Alemania nazi. En 1920 se comienza a discutir la eliminación deliberada de pacientes considerados indignos de vivir con la publicación de Die Freigabe der Vernichtung lebensunwerten Lebens (El alivio y la destrucción de las vidas carentes de valor, en español) de Karl Binding y Alfred Hoche (un jurista y un psiquiatra respectivamente)

“Casi cuatro años antes de que Hitler escribiera Mein Kampf, Binding y Hoche estaban defendiendo el asesinato de la gente ‘sin valor’ bajo la protección del estado. Tanto aquellos que están del ‘todo muertos mentalmente’ como los que ‘representan un cuerpo extraño a la sociedad humana’ pasan a engrosar la lista de las personas ‘que no pueden ser recuperadas y cuya muerte es urgentemente necesaria’. […] Binding, profesor de jurisprudencia de la Universidad de Leipzig, anticipaba que, aunque se cometieran errores de juicio, diagnóstico y ejecución, las consecuencias serían irrelevantes comparadas con los beneficios sociales que eventualmente se obtendrían: ‘la humanidad pierde a tantos de sus miembros por error que uno más o menos no significa realmente gran diferencia.”[16]

Nótese que el concepto de vida indigna de ser vivida o carente de valor (lebensunwertes Leben en el original) enlaza los conceptos de eutanasia y eugenesia. Sin embargo, la eutanasia sobre la cual se discute en la actualidad está dirigida a aliviar las penurias de los enfermos terminales en condiciones muy específicas y controladas jurídicamente, aplicable a casos individuales, en lo posible con la voluntad expresa del interesado o, si ello no es posible, de allegados. Se piense lo que se pensare de ella, tiene poca relación con la propuesta de Binding y Hoche. El giro perverso que surge de considerar que el Estado o algún grupo está en condiciones de establecer cuáles son las lebensunwertes Leben pretendió justificar el horroroso genocidio posterior, historia conocida por otra parte y sobre la cual no me extenderé.

En los EE.UU. por ejemplo la eugenesia también adquiere un desarrollo importante. Ya desde 1875 se había comenzado a poner trabas a la inmigra­ción, aunque en aquel entonces sólo alcanzaban a extran­jeros “inde­seables” entre los que se encontraban prostitutas y ex convictos. Con el transcurso de los años fueron añadiéndose gradualmente otros grupos: en 1882 “lunáticos e idiotas”; en 1903 “epilépticos e insa­nos”; en 1907 “imbéciles y débiles mentales”. En la medida en que las restricciones iban en aumento se fueron creando procedimientos para examinar y detectar con precisión a estos grupos. En los Reports of United States Inmigration Service Commission se recomendaba a los funcionarios encargados de realizar la inspección de los recién desembarcados observar todo:

“La forma en la que el extranjero se pone en la fila, su conversación, su modo de vestir, cualquier detalle peculiar, un hecho inhabi­tual que le concierna: de todo ello se toma buena nota. El buen conocimiento de las carac­terísticas raciales en lo físi­co, la indumentaria y los hábitos es de gran importancia en este proceso de criba primario. Se hace todo lo posible para detectar cualquier signo o síntoma de enfermedad o deficiencia mental. Cualquier indicación, por trivial que sea, de mentali­dad anormal, es causa suficiente para someter al inmigrante a un examen exhaustivo.

Los signos y síntomas siguientes podrían sugerir, en una línea de inspección, que el inmigrante padece una psicosis maníaca o activa: detalles chocantes en la indumentaria, garrulería, agudezas verbales, escrupulosidad excesiva con el detalle en las contestacio­nes, exhibición de astucia, vivezas, excitación, impaciencia de palabra o de obra, desvergüenza, indisciplina, veleidad, nerviosis­mo, inquietud, egoísmo, talante risueño, expresiones faciales de regocijo, carcajeo, erotismo, conducta tumultuosa, entrometimiento, hiperactivi­dad.

Las psicosis de carácter depresivo podrían venir indica­das por: lentitud en el habla, voz baja, articulación temblo­na, apariencia facial triste, ojos lacrimosos, perplejidad, dificultad para pensar, retraso en contestar a las preguntas, retardo psicomotor.

Los siguientes signos pueden indicar alcoholismo, sífilis y demencias orgánicas: torpeza, aprensión, desaseo, ebriedad, ebriedad aparente, confusión, desorientación, estupor, estupi­dez, rostro inexpresivo, temblores, temblor y contracciones de los músculos faciales, calma excesiva, aire jovial, sonrisa suficiente, memoria defectuosa, equivocaciones sobre la propia edad y otros signos físicos.

Diversas clases de demencia, deficiencia mental o epilep­sia pueden venir indicadas por: estigmas degenerativos, cica­trices faciales, erupciones en forma de acné, estupidez, confusión, falta de atención, expresión facial ansiosa, inca­pacidad de sumar números sencillos, desaseo general, carencia de memoria, verborrea, neolo­gismos, charla autoconcentrada o incoherente, acciones impulsivas o estereotipadas, paciencia escasa, actitud suspicaz, falta de res­puesta a las preguntas, maneras torpes, uñas mordidas y otras excentricidades.” [17]

 

En una palabra, cualquier actitud o síntoma era un indicador de deficiencia mental y el funcionario designado para detectarlos no dudaba porque su experiencia lo capacitaba para “establecer la raza del extranjero con un simple vistazo”. Se consideraba asimismo que casi todas las razas reaccionaban de una “forma característica durante la inspección de línea”, lo que autorizaba a permitir o impedir la entra­da a los inmigrantes extranjeros únicamente sobre la base de su concordancia o discordancia con los estereotipos raciales imperan­tes. En ese sentido sostenía el mismo informe de 1911 que:

 

“[…] si un inglés reacciona ante las preguntas a la manera de un irlandés, podría sospecharse que está falto de equili­brio mental […] Si un italiano contesta a las preguntas como lo haría un finlandés ruso, es muy probable que sufra una psicosis depresiva.” [18]

Las pruebas o tests de Cociente Intelectual que se hacían a los inmigrantes permitieron clasificarlos según los países de origen, observándose que el promedio de muchas nacionalidades resultó deficien­te.

País de nacimiento

Cantidad de personas

Tasa de inteligencia promedio

Inglaterra

411

14,87

Escocia

146

14,34

Holanda

140

14,32

Alemania

308

13,88

Dinamarca

325

13,69

Canadá

972

13,66

Suecia

691

13,30

Noruega

611

12,98

Bélgica

129

12,79

Irlanda

658

12,32

Austria

301

12,27

Turquía

423

12,02

Grecia

572

11,90

Rusia

2340

11,34

Italia

4009

11,01

Polonia

382

10,74

En 1923, el Consejo Nacional de Investigación estableció, dentro de su División de Antropolo­gía y Psicología, un Comité dedicado a los Problemas Científi­cos de las Migraciones Humanas. El primer beneficiado con fondos para investigación otorgados por el Comité fue C. Brigham (1890-1943), en aquel momento profesor ayudante de psicología de la Universidad de Princeton. En su libro Estudio sobre la Inteligencia Americana, Brigham anali­zaba nuevamente el informe sobre los tests al ejército realizado unos años antes. Entre tantas cifras los tests mostraban que los inmigrantes que tenían más residencia en los EE.UU. obtenían mejores resultados, lo que en apariencia estaría indicando que la in­fluencia cultural era decisiva para el resultado. Sin embargo la conclusión de Brigham fue que se había producido “un deterioro general en la clase de inmigrantes […] llegados a este país en cada período sucesivo de cinco años desde 1902”. La solución que proponía, para esa situación de deterioro racial debería ser:

“Los pasos que hayan de darse para preservar o incremen­tar incluso, nuestra capacidad intelectual deben venir natural­mente impuestos por la ciencia y no por la práctica política. La inmigra­ción debería ser no sólo restrictiva sino altamente selectiva, y la revisión de las leyes de inmigración y natura­lización sólo suponen un pequeño respiro en nuestras actuales dificultades. Los pasos realmente importantes son aquellos destinados a impedir la propaga­ción continuada de linajes defectuosos en la población actual. Si en este momento inte­rrumpiéramos totalmente la inmigración, el descenso de la inteligencia norteamericana sería aún inevitable. Este es el problema al que debemos encararnos, y el modo en que lo haga­mos determinará el curso futuro de nuestra vida nacional.”[19]

Finalmente, se aprueba la Ley de inmigración Johnson-Lodge de 1924 que establecía cuotas de inmigran­tes que no debía sobrepasar el dos por ciento de los residentes de cada nacionalidad en EE.UU. Esta ley se propo­nía estimular el proceso de purificación racial y librar al país de lo que Yerkes había denominado “amenaza del deterioro racial”. Menos de una década después, cuando estos “indesea­bles” eslavos, alpinos, mediterráneos y semitas se convirtieron en los principales blancos de las persecuciones del Tercer Reich, gran número de ellos intentó escapar al encarce­lamiento o al exterminio huyendo a los EE.UU., que les negó la entrada aduciendo que sus cuotas nacionales habían sido cu­bier­tas.

La cuestión de la inmigración fue un tema central en la Argentina del último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX. Como ya mencionamos, Alberdi se había ocupado del tema en las Bases y escritos posteriores aclaratorios de su máxima “gobernar es poblar”. En 1930, el médico psiquiatra argentino Gonzalo Bosch iba a escribir en el contexto de la defensa de los ideales eugénicos: “Alberdi decía: ‘gobernar es poblar’, concepto muy propio de su época; nosotros, hoy diríamos ‘Gobernar es seleccionar’” (Bosch, 1930). Bosch atribuía falsamente a Alberdi la creencia acerca de que la mera afluencia de población devendría en el progreso nacional. La propuesta alberdiana no era muy distinta de la de los eugenistas posteriores, aunque carecía del afectado mandato cientificista y tecnocrático que luego adquirió. En las Bases había señalado, inequívocamente, una serie de tópicos que formaban parte del imaginario de buena parte de las élites argentinas y latinoamericanas y que luego se irían acentuando con el correr de las décadas:

Todo en la civilización de nuestro suelo es europeo, la América misma es un descubrimiento europeo. […] En América todo lo que no es europeo es bárbaro […] la Europa nos traerá su espíritu nuevo, sus hábitos de industria, sus prácticas de civilización, en las inmigraciones que nos envíe […] Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción; en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente […]”[20]

Hacia 1910, el movimiento eugenésico en los EE.UU. comenzó a consagrarse de forma organizada, a racionalizar y documentar las medidas que había ayudado a promover y se creó la Oficina de Informes Eugenésicos, reuniendo científicos de diversos campos para estudiar, informar y recomendar medidas de carácter público en asuntos concernientes a su común obje­tivo. Allí se forma un subcomité “que estudiará y detallará el mejor medio práctico para eliminar el plasma germinal defec­tuoso de la población americana”. Los EE.UU. se convirtieron en la primera nación de la época moderna donde se promulgaron y aplicaron leyes en las que se promovía la esterili­zación eugenésica en nombre de la pureza de la raza. En Indiana en 1907, dada la importante inmigración negra y el incremento de la pobreza en las ciudades en crecimiento, se aprobó una ley que restringía la inmigración y promovía la esterilización de los inadaptados sociales. La ley promulgada el 9 de mayo de 1907 decía en sus considerandos:

“Considerando que la herencia desempeña un papel muy importante en la transmisión de la criminalidad, el Congreso del Estado de Indiana ha decidido que, a partir de la promulgación de la presente ley, serían obligatoriamente agregados a los establecimientos del Estado encargados de la custodia de criminales incorregibles, de imbéciles, de alienados, dos cirujanos de habilidad reconocida, cuya misión sería examinar, conjuntamente con el médico jefe, el estado mental y físico de los asilados […] los cirujanos estarán autorizados para hacerlos infecundos por aquella operación que estimaren como la más segura y la más efectiva.”

En 1915 ya doce estados de los EEUU habían legislado en este sentido. Algunas leyes de esterilización como la de Virginia tuvieron vigencia desde 1924 hasta 1972 y permitió la realización de 7500 operaciones en hombres y mujeres blancos y en niños con problemas de disciplina, sobre la base de una supuesta debilidad mental, conducta antisocial o imbecilidad. Luisi[21] refiere que Hatch, director del asilo de alienados de Nueva York, alentado por los resultados favorables recomendaba la esterilización de los criminales reconocidos, de los alcohólicos, epilépticos, pervertidos sexuales y morales y sujetos atacados de locura recurrente. Según señala una nota aparecida en La Semana Médica de 1918 existían en EE.UU. — “el país que más había realizado en el progreso de la nueva ciencia”— cincuenta sociedades pro-eugenia, siendo la más activa e importante la Eugenics record office, dirigida por el Dr. Ch. B. Davenport (1866-1944).

A la muerte de Galton, como ya se adelantó, en Gran Bretaña se fundó The Eugenics Education Society, formada por médicos y maestros que contaba además con delegados representantes en varias ciudades de Inglaterra y Nueva Zelandia. Publicó la revista Eugenics Review y realizó en 1912 el primer Congreso Eugénico Internacional llevado a cabo en la Universidad de Londres. En ese primer congreso hubo cuatro secciones que abarcaban las diversas incumbencias de la nueva ciencia: Biología y Eugenia (donde básicamente se discutían cuestiones relativas a la herencia); Eugenia práctica, dedicada a la discusión de tecnologías sociales y médicas varias; Sociología y Eugenia, donde se discutió un trabajo sobre la inferioridad antropológica de las clases pobres, la tasa de fecundidad según clase social y profesión y sobre eugenia y militarismo; y Medicina Eugénica, donde hubo muchos trabajos sobre la locura y el alcoholismo. Uno de los hijos de Charles Darwin, Leonard (1850-1943), presidió desde 1911 hasta 1928 la British Eugenics Society, sociedad que aún hoy funciona.

En toda Europa proliferaron las instituciones eugenésicas en la segunda década del siglo XX: el Comité Eugenésico de La Haya, transformado ocho años más tarde en la Sociedad de Eugenesia; la Sociedad Italiana de Genética y Eugenesia; la Sociedad Eugénica de Francia; el Instituto Internacional de Antropología de París tenía una Sección de Eugenesia; la Federación de Sociedades Rumanas de Eugenesia; la Sociedad Catalana de Eugenesia. En 1934 se realizó en Zurich un Congreso Internacional de Eugenesia. En Noruega el Winderen Laboratorium; el Instituto Eugénico de Upsala, anexo a la Universidad en Suecia, la Sociedad Eugénica Rusa, y hasta, según refiere La Semana Médica[22] en la India se fundó la Sociedad Eugénica Hindú.

También América Latina se hizo eco de los ideales y propuestas eugenésicas. En 1917, impulsada por R. F. Kehl (1889-1956), se fundó la Sociedad Eugénica de San Pablo, la primera en Brasil y en Latinoamérica; en 1929, Brasil tuvo su Primer Congreso Eugénico. El caso de la Argentina, uno de los países líderes en la eugenesia sudamericana, lo desarrollaremos en el próximo capítulo. En 1931 se funda en México la Sociedad Mexicana de Eugenesia. En Cuba, Eusebio Hernández y Domingo Ramos (creador del concepto de “homicultura”) desarrolló la difusión y práctica de la eugenesia. En Cuba funcionó la sede de la Oficina Panamericana de Eugenesia y Homicultura y, según refiere Álvarez Peláez[23] se organizaron concursos de “bebés y otras manifestaciones externas de una especie de eugenesia positiva prácticamente inútil y más bien propagandística”. Ramos redactó un “Proyecto de Código de Evantropía (Eugenesia y Homicultura)” que presentó en la Primera Conferencia Panamericana de Eugenesia y Homicultura en 1924. En Perú se desarrolló en 1939 la Primera Jornada Peruana de Eugenesia. Todas estas instituciones, por su parte, estaban afiliadas a la Federación Internacional Latina de Sociedades de Eugenesia, con sede en París y bajo cuyos auspicios se realizó en agosto de 1937, el primer Congreso Latino de Eugenesia. En América se realizaron tres Conferencias de Eugenesia y Hominicultura, la última de las cuales se celebró en Bogotá en 1938. Todas estas asociaciones resultan la consolidación, en algunos casos, de décadas de esfuerzos en pos de los ideales eugenésicos. Dejaremos el caso argentino para el próximo capítulo.

Para 1930, la provincia canadiense de Alberta (para los alcohólicos incorregibles), Dinamarca en 1929 y Finlandia en 1935 habían aprobado leyes de esterilización siguiendo la experiencia estadounidense[24]. En Suecia, se aprobó en 1934 una ley, propuesta por los socialdemócratas, que obligaba a esterilizar a las personas incapacitadas de educar a sus hijos. En 1941 la ley de esterilización incluyó a los “asociales” e “indeseables”: desde madres de varios hijos hasta jóvenes con problemas de conducta, internados en correccionales.

Las tecnologías biomédicas y sociales asociadas a la eugenesia

Hay una batería de prácticas y tecnologías biomédicas y sociales típicas asociadas a la eugenesia: el certificado médico prenupcial, control diferencial de la natalidad, esterilización de determinados grupos (débiles mentales y/o criminales por ejemplo), aborto eugenésico, restricciones o control de la inmigración. De cualquier modo, el número, alcance y rigor en la aplicación de estas medidas ha sido variable entre los distintos países y épocas y, en algunos casos los reclamos de los eugenistas no se han implementado de manera efectiva.

Certificado médico prenupcial

Una de las prácticas más extendidas y abarcativas surgida de la prédica eugenésica es el certificado médico prenupcial (CMP), adoptado poco a poco, prácticamente por todos los países de Europa y América, entre 1910 y 1935. En la mayoría de ellos era obligatorio aunque en otros se prefirió una política de difusión y propaganda como en Gran Bretaña donde la Sociedad Eugenésica de Londres se opuso a que fuera obligatorio; algo similar ocurrió en Italia y también en Holanda, donde el Comité Eugenésico de La Haya sostenía consultorios y policlínicas prenupciales además de realizar labores de difusión. La exigencia del CMP estaba basada en la consideración de la característica “antieugenésica” de la mayoría de los matrimonios, de modo tal que era razonable que la sociedad se preocupase por:

“[…] rodearlo con las mayores garantías biológicas, evitando, hasta donde sea posible hacerlo, que pueda servir de instrumento para la degeneración de la raza (…) Debe negárseles inexorablemente el derecho al matrimonio a quienes tengan taras físicas o mentales, transmisibles por herencia, porque la procreación es el objetivo fundamental del matrimonio y es un crimen engendrar o concebir hijos tarados” […] El porcentaje alarmante de tarados congénitos —alienados, retrasados mentales, sifilíticos, tuberculosos, alcohólicos, invertidos sexuales (sic), etc.— constituye una responsabilidad social. La sociedad, en defensa del patrimonio étnico, debe evitar la reproducción de esos infelices. Una de las formas de hacerlo es el control científico de la concepción […] La anticoncepción tiene extraordinaria importancia económica y étnica.”[25]

Control diferencial de la natalidad

Otra de las banderas de la eugenesia era el control de la natalidad o mejor dicho el control científico y diferencial de la concepción, ya que no estaba dirigido meramente a mantener en ciertos niveles la tasa de natalidad en forma genérica como fue el caso de países como China hasta no hace mucho, sino a impedir o reducir la reproducción de determinados grupos. Se promovía la implementación de mecanismos anticonceptivos, inexistentes o poco desarrollados en las primeras décadas del siglo XX, pero fundamentalmente la prédica estaba dirigida a generalizar la educación sexual, entendida siempre como educación para la reproducción saludable.

Aborto eugenésico

La literatura eugenésica tipifica la interrupción del embarazo según varias categorías. Mac Lean y Estenós[26] señala que hay tres tipos de abortos: el terapéutico, indicado por el médico para los casos en que peligra gravemente la vida o la salud de la madre; el aborto sentimental si lo realizan víctimas de “un atentado contra el pudor y se justifica en nombre del honor familiar y del decoro social”; y finalmente el aborto eugenésico que se impone para “proteger el cuerpo o la salud social”. Fue una propuesta muy común, aunque su implementación efectiva fue más limitada. Debe señalarse que los eugenistas no defendían la posibilidad de que el aborto fuera una prerrogativa o decisión individual y voluntaria de la madre, y, en este sentido, mucho menos abogaban por su despenalización. Por el contrario, se apuntaba a lograr su reglamentarización efectiva ya que, sostenían, recurren al aborto clandestino “casi exclusivamente, los elementos de nuestra población capaces de dar mejor descendencia”. La reglamentación requerida propugnaba:

“[…] una legislación previsora, severa y realista, que ampare los abortos dentro de ciertas condiciones exigidas por la salud social, que persiga y castigue las prácticas abortivas meramente voluntarias que no tengan justificación, que impida el grave peligro del clandestinaje y evite en nombre del imperativo social, el nacimiento de seres enfermos, idiotas o degenerados, condenados a vivir en un estado de obligada miseria y a incrementar la indeseable clientela de los manicomios, asilos, hospitales y cárceles.”[27]

La curiosa figura presente en el anterior código penal argentino según la cual no era punible un aborto practicado en una mujer deficiente mental violada iba en línea con las intenciones de los eugenistas. Efectivamente, no se trataba de defender los derechos de la mujer violada o evitarle el recuerdo permanente de tener un hijo no deseado producto de una situación traumática extrema, sino de evitar que la sociedad en su conjunto tuviera que hacerse cargo de un individuo presumiblemente deficiente. Por ello esta figura no alcanzaba a las mujeres violadas no deficientes.

Esterilización forzada

En la conciencia de que el CMP y el control científico de la concepción no resolvían el problema en su totalidad y sólo podían estar dirigidos a ciertos sectores de la población que tuvieran instrucción y plena conciencia de los valores eugenésicos, se propusieron medidas más drásticas, como la esterilización forzada de ciertos individuos o grupos como los débiles mentales o los criminales. Se trató de una práctica bastante extendida en algunos países aunque con diversa intensidad e incluso no siempre en aquellos países en que fue legislado se ha llevado a la práctica de manera sistemática. Se trató de una práctica corriente en los EE.UU. donde las esterilizaciones fueron decenas de miles[28] (Cf. Chorover, 1979 y Gould, 1996) y, por su parte, la ley nazi “preventiva de enfermedades hereditarias”, promulgada el 14 de julio de 1933, estipulaba varias causas para aplicar la esterilización: debilidad mental, epilepsia, ceguera o sordera hereditaria, demencia precoz, esquizofrenia, el mal de San Vito o afección convulsiva, formación defectuosa exagerada del cuerpo y alcoholismo crónico.

“Algunos países han afrontado con valentía en beneficio de la pureza y de la selección étnicas, el problema de la esterilización de los tarados mentales y de quienes son víctimas de una dolencia transmisible por las corrientes hereditarias, (como alienados, retrasados mentales, sifilíticos, tuberculosos, alcohólicos, invertidos sexuales, etc.). Veintisiete estados de la Unión Norteamericana tienen en vigencia leyes protectoras del valioso patrimonio étnico y en uno de ellos —California— en los últimos treinta años, se han producido más de doce mil casos de esterilización, batiendo así un récord entre las comunidades del hemisferio occidental. Alemania implantó también una severísima legislación eugenésica, que en su primer año de vigencia esterilizó a más de treinta y cinco mil personas, poniendo, de esta suerte, un enérgico freno a la degeneración racial. En 1934 fueron esterilizadas 56.244 personas.”[29]

La propuesta de esterilización (e incluso de castración) de los criminales era moneda corriente en todo el mundo hacia principios del siglo XX aunque se discutía sobre el alcance de la misma. Mientras algunos eran sumamente prudentes en cuanto a la realización efectiva de la medida otros extendían su alcance hacia distintos grupos.

Un argumento que se esgrimía contra las formas cruentas de restringir la reproducción, es decir contra el aborto eugenésico y la castración, sostenía que se corría el riesgo de eliminar o impedir el nacimiento de un genio[30]. Habitualmente este argumento era reforzado por el reconocimiento del desconocimiento exhaustivo de las leyes de la herencia: no era correcto tomar decisiones irreversibles en un ámbito que se conocía poco. El argumento acerca del potencial nacimiento del genio puede ser enunciado en palabras de Sirlin:

“Eliminar a los anormales y los enclenques proponen, ¿cuándo eliminarlos? En la primera infancia por supuesto, y de cumplirse esta medida, la humanidad se hubiera privado de multitud de hombres que han enriquecido el saber humano y han dilatado la visión de las cosas. Entre ellos podemos citar a Leopardi enfermizo y raquítico, Voltaire siempre enfermo, Helmontz (sic) hidrocéfalo, Paganini también afecto de la misma dolencia, etc. La lista podría ser interminable. […] Que son excepciones anormales ser argüirá: convenido. ¿pero será el caso entrar en una nueva polémica? Hay muchos hechos incongruentes. ¿Han sido por ejemplo los grandes hombres, —muchos de ellos anormales, tarados— como Lutero, Mahoma, Napoleón, etc., que han hecho la historia o han sido ellos simplemente la mano ejecutora de los designios impenetrables de la multitud? ¡La fatalidad simplemente dirigió sus pasos!”[31]

Los contraargumentos de los eugenistas son de dos tipos. Por un lado se considera que las probabilidades son muy escasas y no vale la pena el sacrificio a que la sociedad se ve sometida y por otro se esgrimen argumentos estadísticos -de dudosa fiabilidad- sobre la bajísima probabilidad de que nazcan individuos geniales de padres deficientes. Cuanto más se restringe el espectro de individuos a esterilizar a grupos más deficientes este argumento adquiere mayor peso.

La medida en este sentido que se ha llevado a cabo más recurrentemente, principalmente en los EE.UU. y Alemania, ha sido la esterilización de los criminales, bajo la influencia sobre todo de la escuela italiana de antropología criminal y algunas líneas derivadas, aceptando que el factor hereditario, “es tal vez el más importante de todos en la etiología del crimen, tanto en la criminalidad de hábito como en la de ocasión” (Maxwell en Le Crime et la Societé, citado en Luisi, 1916, p. 442). Se había obtenido, hacia las primeras décadas del siglo XX, una gran cantidad de estadísticas tendientes a mostrar el carácter hereditario de la delincuencia, y en la Argentina hubo una abundante cantidad de literatura reclamando una legislación que propiciara la esterilización, aunque no se haya llegado a ponerla en práctica en forma sistemática.

Los elogios de las políticas eugenésicas alemanas —y también norteamericanas— eran moneda corriente hacia los primeros años de la década del ’30, por la convicción generalizada de que se trataba del camino correcto hacia el progreso, aunque es cierto que aún no se había desatado el horror de la Segunda Guerra Mundial. La Asamblea realizada en Zurich en julio de 1934 de la Federación Internacional de las Organizaciones Eugénicas resolvió a propuesta del delegado alemán Dr. Alfred Ploetz:

“[…] llamar la atención de las Altas legislaturas de las naciones civilizadas sobre las inquietudes de que están perturbados muchos pueblos, temiendo la explosión de la guerra —una guerra que diezmaría a los varones de buena constitución en las naciones en lucha y sería nefasta por esta razón para los estragos en las filas del buen material humano, no puede hacerse sino muy lentamente y con dificultades casi insuperables. Los asistentes a las conferencias reunidas con ocasión de la Onceava Asamblea a de la Federación Internacional de las Organizaciones Eugénicas de Zurich, que representan a tantas naciones diferentes, declaran que a despecho de las grandes divergencias de ideas en política y en filosofía social, se encuentran de acuerdo en su convicción inconmovible de la necesidad de las investigaciones y de la práctica eugénica para la persistencia de la civilización humana. Los conferenciantes hacen un llamado a los gobiernos del mundo para que estudien los problemas, así como los resultados ya adquiridos de la genética, la política de la población y la eugenética, a fin de efectuar las aplicaciones de estos principios en la vida de sus pueblos, como lo han hecho ya según sus diferentes necesidades varios países de Europa y América.”

En La Semana Médica, se publicó en 1935 un artículo (Stocker, 1935, p. 438) sobre los “beneficios y la sabiduría” de la ley nazi sobre esterilización, que había llevado adelante un hombre “con la suma del poder político y bien inspirado”, ante la certeza de que en Alemania las familias con alguna tara tenían entre 3 y 4 hijos mientras las familias “intachables” producían sólo 1 o 2, y que el 15% de los niños eran “débiles de espíritu”. Stocker apoya sus dichos en citas de Mi Lucha de A. Hitler y reclama que la acción alemana sea imitada en la Argentina aprovechando que varios médicos también ocupan bancas en el Congreso Nacional y podrían impulsar la legislación correspondiente.

Restricciones y control de la inmigración

Otra práctica muy extendida relacionada con la eugenesia ha sido la tendiente a controlar, restringir o tener una fuerte injerencia sobre la inmigración de determinados grupos humanos. Si bien podía haber otros argumentos en defensa de estas medidas, eran fundamentales las consideraciones eugenésicas. Las restricciones a la inmigración se han implementado en forma diferenciada en los distintos países receptores de población (los países americanos, Australia, algunos países africanos y la Europa balcánica), puede decirse que en todos ellos la política inmigratoria ha seguido un patrón similar en el que hubo dos momentos. El primero, con algunas variaciones, se extendió durante la primera mitad del siglo XIX y en algunos países como la Argentina y EE.UU. bastante más, y es el periodo en el que se desarrollan políticas para favorecer la inmigración por distintos medios de promoción. En un segundo momento se comienza a limitarla, no tanto por cantidad, sino por la calidad y los eugenistas comienzan a abogar por establecer prohibiciones de entrada para determinados grupos, razas o individuos como por ejemplo los anarquistas o activistas políticos. Volveremos sobre este tema en el capítulo siguiente.


  1. Francis Galton, Hereditary genius, an inquiry into its laws and consequences, Nueva York, D. Appleton, 1869. En castellano (textos seleccionados): Herencia y eugenesia, Madrid, Alianza, 1988, pág. 45.
  2. Francis Galton, ob. cit., pág. 38
  3. Citado en Stephan Chorover, ob. cit., pág. 55.
  4. En algunos casos, como en la Argentina y otros países latinoamericanos, esto fue algo más matizado y algunos eugenistas reclamaban por mejorar las condiciones de vida como una forma de mejorar la descendencia. Volveremos luego sobre esto.
  5. Téngase en cuenta que los trabajos de Gregor Mendel sobre la herencia pasaron a ser conocidos por la comunidad científica recién con el cambio de siglo.
  6. Sobre la idea de decadencia en la historiografía, véase Hermann (1997).
  7. Véase: Auguste Forel, “Etica sexual”, La Semana Médica, Buenos Aires, Año XIX, N° 40, p. 666-668, 1912.
  8. Peter B Medawar, & Jean. S Medawar, Aristotle to Zoos. Philosophical Dictionary of Biology, Cambridge, Harvard University Press, 1983. En castellano: De Aristóteles a Zoológicos. Un diccionario filosófico de biología, México, FCE, 1988, pág. 202.
  9. Herbert Spencer, Social Statics, Nueva York, Appleton, 1888, pág. 353.
  10. Charles Richet, La sélection humaine, París, Alcan, 1919, pág. 54.
  11. De hecho había autores, aunque en franca minoría, que sostenían que no era lícito hablar de disparidad de razas y mucho menos que hubiera razas inferiores y superiores, como Jean Finot en Le préjugé des races de 1905.
  12. Benno Müller Hill, Tödliche Wissenschaft, Reinbeck bei Hamburg, Rowholt Taschenbauch Verlag GmbH, 1984. En castellano: Ciencia mortífera, Barcelona, Labor, 1985, pág. 29.
  13. Hay otras formas de periodizar los momentos de la eugenesia. Kevles (1995) llama “reformista” al tipo de eugenesia que surge, ya en la década del ’20, como resultado de los excesos (esterilizaciones, el racismo exacerbado de muchos de sus defensores), y que se afianza luego de la experiencia de la guerra. Marisa Miranda, aunque refiriéndose al caso argentino, acuña dos conceptos que caracterizan dos etapas según el modo en que se manifestaba la esencia imperativa o autoritaria de la eugenesia: “de coercitividad explícita” y “de coercitividad disimulada.” Véase también: Daniel Soutullo, “El concepto de eugenesia y su evolución”. En Romeo Casabona, 1999.
  14. Jurgen Habermas, Die Zukunft der menschlichen Natur. Auf dem Weh su einer liberalen Eugenik?; Francfort del Meno, Suhrkamp Verlag, 2001. En castellano: El futuro de la naturaleza humana.¿Hacia una eugenesia liberal?, Barcelona, Paidos, 2002.
  15. Volveremos sobre ello en al Capítulo 4.
  16. Citado en Chorover, ob. cit., pág 132.
  17. Citado en Stephan Chorover, ob. cit., pág. 86.
  18. Citado en Stephan Chorover, ob. cit., pág. 89.
  19. Citado en Stephan Chorover, ob. cit., pág. 101.
  20. Juan B Alberdi, Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, Besancon: Imprenta de José Jacquim (edición corregida de la original de 1852), 1858, secciones 14 y 15.
  21. Paulina Luisi, “Sobre eugenia”, Revista de filosofía, cultura, ciencias y educación, Buenos Aires, Vol. 4, N° 6, p. 435-451, 1916.
  22. Renato Kehl, “La eugénica y sus fines”. En La Semana Médica , Buenos Aires, p. 479-481, 1926, pág. 480.
  23. Armando García González & Raquel Álvarez Peláez, En busca de la raza perfecta. Eugenesia e higiene en Cuba (1998-1958), Madrid, CSIC, 1999.
  24. Véase: Gonzalo Lafora, “La esterilización eugenésica de los degenerados”, Boletín del Museo Social Argentino, Buenos Aires, Año XIX, p. 360-363, 1931.
  25. Roberto Mac Lean y Estenós, “La eugenesia en América”, Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional de México, México, 1952, pág. 26 y ss.
  26. Roberto Mac Lean y Estenós, ob. cit.
  27. Roberto Mac Lean y Estenós, ob. cit., pág. 68.
  28. El objetivo de impedir la reproducción de ciertos grupos de población considerados inferiores, provocó además otras prácticas asociadas en diversos países. La cantidad de lobotomías prefrontales de diferentes clases llevadas a cabo en los EE.UU. entre 1936 y 1955 se ha estimado entre cuarenta y cincuenta mil.
  29. Roberto Mac Lean y Estenós, ob. cit., pág. 73.
  30. En el Capítulo 4 veremos que el mismo argumento aparece en los que se oponen actualmente a las terapias génicas.
  31. Lázaro Sirlin, “A propósito de la sociología Médica”, Revista de filosofía, cultura, ciencias y educación, Buenos Aires, 1924, pág. 230.


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