Lucrecia Petit, Inés García y Selva Sena
Introducción
En este artículo nos proponemos reflexionar sobre nuestra práctica como docentes de la Facultad de Psicología, habiéndonos formado en ese mismo ámbito. Nosotras nos conocimos en el marco del Profesorado de Educación media y Superior de la Facultad de Psicología de la UBA. Desde entonces, incluimos en nuestras prácticas docentes la reflexión permanente de las mismas. Nuestro posicionamiento ético además se vincula estrechamente con la categoría de lo sentipensante que nos propone el sociólogo colombiano Fals Borda (Moncayo, 2009) quien toma el término de las poblaciones indígenas ribereñas. Desde esta posición de “hicotea” pasamos nuestras reflexiones por el corazón así como nuestros sentires por la cabeza, a su vez, nos caracterizamos por ser aguantadoras. Además, proponemos un modo de educar y transmitir desde grupos con lazos horizontales, armando “comunidades de aprendizaje” como estrategia a implementar en cualquiera de los niveles educativos.
En la cultura del Caribe colombiano, y más específicamente de la cultura ribereña del río Grande de La Magdalena que rinde sus aguas al mar Atlántico, el hombre-hicotea que sabe ser aguantador para enfrentar los reveses de la vida y poder superarlos, que en la adversidad se encierra para volver luego a la existencia con la misma energía de antes, es también el hombre sentipensante que combina la razón y el amor, el cuerpo y el corazón, para deshacerse de todas las (mal) formaciones que descuartizan esa armonía y poder decir la verdad (Moncayo, 2009:10).
En este texto queremos compartir nuestras trayectorias, nuestros posicionamientos, nuestros desafíos para la enseñanza, formación y práctica de les profesores de psicología. El compartir tomará forma de conversatorio como modalidad elegida para dialogar y sentipensar durante las jornadas, corriéndonos del formato clásico de leer o contar ideas o conceptos como mera transmisión repetitiva sino que nos interesa plantear temas y preguntas para ir generando nuevas ideas y hacer un “texto diálogo”. Entonces, esta ponencia pretende plantear estos primeros nudos para seguir abriendo entrelazando sin dar por cerrada la cuestión, tomando como objetivo reflexionar sobre la comunidad de aprendizaje como estrategia de trabajo para la enseñanza de la Psicología
¿Qué nos unió en el profesorado?
En principio, nuestra formación fue y sigue siendo sobre la base del Paradigma de Comunidad de Aprendizaje. Para Rosa María Torres, una Comunidad de Aprendizaje, “es una comunidad humana organizada que construye y se involucra en un proyecto educativo y cultural propio, para educarse a sí misma, a sus niños, jóvenes y adultos, en el marco de un esfuerzo endógeno, cooperativo y solidario, basado en un diagnóstico no solo de sus carencias sino, de sus fortalezas para superar tales debilidades” (Torres, 1999). En ese marco es que fuimos formadas con la convicción de que es necesario una educación para todas y todos en un marco de igualdad y equidad para quienes constituyan esa comunidad. Es decir que apostamos a una “educación comunitaria”, a una escuela donde lo que más importa sea la riqueza que cada une trae consigo a partir de sus experiencias de vida, de su historia, sus vivencias y aprendizajes previos y, a partir de allí, construir los nuevos conocimientos. Pero cuando hablamos de conocimientos no nos referimos solo a los conocimientos teórico-conceptuales sino, a conocernos también a nosotres. Porque sentimos y pensamos que si, además de conectar nuestras mentes conectamos nuestros cuerpos y nuestros corazones, el aprendizaje se hace más fácil, más amigable.
¿Qué proponemos en nuestros espacios psicoeducativos o de formación?
Tal vez la mayor particularidad de nuestras propuestas sea algo del orden de “lo metodológico”. En principio, tal vez sea mejor evitar responder desde la cita de lo que los autores dicen que hay que hacer, porque se correría el riesgo que esto quede en primer plano y que -nuevamente- no se trabaje efectivamente desde lo metodológico. Para ir adentrándonos en lo que queremos expresar, podríamos citar que en nuestras clases les estudiantes hacen cosas, sienten cosas y se relacionan entre sí. Podríamos justificar y fundamentar este posicionamiento pero no quisiéramos que se confunda. No hacemos lo que hacemos por seguir lo que “alguien dice” sino que lo situamos dentro de un marco epistemológico donde les otres son sumamente significativos, donde el saber es construido y reconstruido colectivamente, donde las relaciones se generan horizontalmente y donde sólo desde allí se puede generar algo transformador, para les estudiantes y para la comunidad donde habitamos.
En concreto, nuestras propuestas hacen cosas distintas de lo que se esperaría en un ámbito educativo: las personas sienten, pasan el contenido por el cuerpo, vivencian desde su historia personal, lo vivencian con el grupo-clase o la comunidad de aprendizaje en la que se estén formando, y cuando la institución lo permite, realizan acciones en la comunidad.
O sea, cualquiera sea el tema, contenido o materia, vamos a proponer que cada persona pueda ir a su historia familiar y su trayectoria personal; que pueda vincularse con el grupo y sentir y pensar con otres; y que pueda planificar y realizar acciones hacia el afuera del aula, en su comunidad o en su grupo social.
Desde esta propuesta, la clave está en lo metodológico, en la didáctica, en el “cómo”. Pero muchas veces les docentes confunden lo metodológico con realizar solamente en actividades que abordan los textos, autores o conceptos, sin lograr conectar con las emociones y las vivencias reales, personales. En nuestros espacios formativos partimos de una ubicación circular en el aula, un espacio donde todes nos vemos en el mismo nivel (ni atrás, ni adelante). Se forma un círculo en el aula. La propuesta es poder compartir y comentar que se puede rescatar sobre la cursada sobre todo a nivel de la experiencia. Y experiencia es lo que nos pasa, dijo Larrosa alguna vez.
En estos encuentros proponemos estrategias de trabajo de interacción y narrativas donde se pueda construir un nuevo relato desde la comunidad de aprendizaje. Hacemos trabajos en pequeños grupos donde se afianzan los lazos y cada persona aporta a la construcción del nuevo conocimiento.
A su vez, proponemos actividades de caldeamientos corporales y dinámicas grupales vivenciales que conectan a las personas con sus sentires y su cuerpo. Invitación a moverse, acercase. Los bancos se corren, las sillas se apilan, las personas dejamos la posición cotidiana del estar sentadas, caminamos, nos dejamos afectar por la música, por las imágenes, por las consignas propuestas. Les docentes que coordinamos la actividad nos implicamos, nos involucramos, y nos sumamos a dejarnos afectar.
La función docente es desde el rol de la coordinación grupal, respetando las matrices culturales de los grupos y generando espacios de intercambio y crecimiento colectivo. Apostando a una participación más significativa de les estudiantes en su proceso de formación, considerándoles sujetos de aprendizaje más que de enseñanza (Santoyo, 1981).
Al principio quienes participan en la formación se sienten incómodos/as ya que, en general, esperan un docente más tradicional y poder pasar desapercibides tomando apuntes. Aparecen algunas resistencias ya que es más fácil continuar con lo instituido del sistema educativo en donde el contenido teórico es lo más valorado y el rol clásico del estudiante es estar quieto escuchando “al que sabe”.
En la medida en que se construye la comunidad de aprendizaje (que muchas veces apoyamos con un aula virtual) se van apropiando de sus aprendizajes y de esta forma de aprender que permite emerger la propia subjetividad. Un sujeto productor y producido con una apropiación instrumental de la realidad.
Entendemos a la Comunidad de Aprendizaje, como esa comunidad abierta a los saberes, a diversas personas y colectivos, a experiencias nuevas, a distintas miradas. “Desde nuestra labor, pretendemos abordar un recurso que sostenga estos múltiples atravesamientos; por eso proponemos a la Comunidad de Aprendizaje, entendida como un espacio en el cual todes les actores son protagonistas, que promueve el lazo social, la participación y la pertenencia como una construcción compartida de los saberes y las responsabilidades; como dispositivo para la formación de sujetos adultos. Dispositivo entendido como la posibilidad que permite el crear, el producir, el provocar condiciones necesarias para una práctica liberadora y contextualista en educación” (Brusoni, et al. 2009).
Esa construcción colectiva donde todas las personas, instituciones, organizaciones la construyen y la desarrollan tomando la responsabilidad de la enseñanza y el aprendizaje colectivo incluyendo la diversidad generacional, de experiencias, de saberes, de territorios.
Desde la definición de Rosa María Torres (2004), la comunidad de aprendizaje:
- Es una propuesta educativa comunitaria y solidaria, cuyo ámbito de concreción es la sociedad local. Parte de la necesidad de concentrar esfuerzos en áreas o territorios delimitados, en torno a comunidades determinadas, tanto a nivel rural como urbano.
- Parte de la premisa de que toda comunidad humana posee recursos, agentes, instituciones y redes de aprendizaje operando, que es preciso identificar, valorar, desarrollar y articular a fin de construir un proyecto educativo y cultural que parta de las propias necesidades y posibilidades.
- Adopta una visión amplia de lo educativo, abarcando diversos ámbitos de aprendizaje: la familia, el sistema escolar, la comunidad, la naturaleza, la calle, los medios de comunicación, la iglesia, el lugar de trabajo, el club, la biblioteca, la casa comunal, la cancha deportiva, el huerto, el patio escolar, el cine, el teatro, el museo, la granja, el zoológico, el circo, etc. De este modo, articula educación escolar y educación extra-escolar, educación formal, no-formal e informal, permitiendo superar estas distinciones que, de hecho, han rigidizado conceptos y han delimitado artificialmente ámbitos, impidiendo una visión más holística y sistémica de lo educativo, y más atenta al aprendizaje.
¿Qué nos unió en nuestra experiencia docente?
Desde el objetivo de este texto nos proponemos compartir una experiencia que reconocemos como muy movilizadora en nuestra identidad docente.
En el año 2010 fuimos parte de una propuesta educativa impulsada por la Universidad Nacional de Quilmes, dirigida a cooperativistas e impulsada en clave de “comunidad de aprendizaje” y desde la “educación popular”: el DOSESS.
El DOSESS es un Diploma de Extensión Universitaria de “Operador Socioeducativo en Economía social y Solidaria que fuera creado por la Universidad Nacional de Quilmes conjuntamente con los Ministerios de Educación y el de Desarrollo Social de la Nación en el año 2010/2011 y una segunda emisión en el año 2012/2013. El Plan de Estudio consta de 5 Materias: Economía Social y solidaria, Trabajo y Sociedad, Grupos y Organización de Equipos de Trabajo, TICs, Educación Social y Comunidad de Aprendizaje e incluye 180 horas de Prácticas Profesionalizantes.
En el DOSESS el perfil de les estudiantes era otro del habitual estudiante universitario, se trataba de hombres y mujeres que formaban parte de las Cooperativas de Trabajo del Programa “Argentina Trabaja y Aprende” y que por diferentes razones, reflejo de la historia sociobiográfica en los sectores populares, no habían podido concluir sus estudios secundarios; muchos y muchas de ellos y ellas, ni siquiera, sus estudios primarios. Entonces, nos encontrábamos en un aula con personas que venían desde diferentes lugares, con diferentes historias, diferentes edades, diferentes experiencias de vida, pero algo tenían en común: de alguna u otra manera habían sido excluidos del “sistema formal educativo” y también del “mercado laboral”.
Ningún aprendizaje hubiera sido posible si primero no poníamos en práctica estrategias que apuntaran a crear un vínculo entre todos y todas, a poner en valor el bagaje de conocimientos que cada une traía a partir de sus experiencias de vida personal, sus vivencias, sus historias de vida. Teníamos que dar lugar, primero a la palabra de nuestres estudiantes, teníamos que conocerles y aprender de elles. Sólo así podía ser posible la construcción de conocimiento nuevo, de un saber hacer a partir de lo cada une traía consigo, porque como dice Paulo Freire: “la escuela ya no es la única que educa”. Se trata de poner el acento en el aprendizaje y no en la educación.
La diversidad del aula hizo que tuviéramos que pensar en estrategias pedagógicas que integrara la diferencia generacional, de jóvenes y adultos, de hombres y mujeres a partir del respeto y cuidado de cada une. Generar espacio de reflexión y discusión con una función transformadora y enriquecedora de nuestras prácticas en comunidad.
Nuestra metodología pedagógica fue el aula-taller, el trabajo en pequeños grupos que permite el trabajo colectivo, colaborativo y participativo. Pensamos cada taller como un encuentro y reencuentro con otres y por eso era tan importante el momento de llegada para el que preparábamos dinámicas de saludo y bienvenida con alegría y entusiasmo que diera lugar al trabajo compartido a partir del intercambio de experiencias, saberes y vivencias. Al decir de Santoyo, “Para que el grupo produzca intelectualmente y avance hacia el logro de sus objetivos, es conveniente que exista un clima que propicie el aprendizaje; un ambiente de libertad para pensar, expresarse, intercambiar experiencias, hacer proposiciones, señalar coincidencias, ejercer el análisis y la crítica” (Santoyo, 1981). El desarrollo del taller en el que abordaríamos los contenidos conceptuales, también se trabajaba a partir de los saberes que traían les estudiantes y proponíamos dinámicas que propiciaran la problematización de eso que traían, que generara el debate y discusión a partir de las diferentes posturas con el objetivo de construir colectivamente los nuevos saberes. Las técnicas empleadas podían ser la presentación de alguna proyección audiovisual, artículos de revistas, diarios, publicidades, imágenes, análisis de canciones, producción de algún collage, representaciones dramáticas, rolle playing, historietas y/o pensar dinámicas que ellas y ellos, luego llevarían a cabo en sus organizaciones a las que pertenecían, en sus familias o comunidades barriales. Luego vendría la puesta en común para socializar lo elaboración grupal y enriquecerse con lo trabajado en los otros grupos. El momento de cierre también era importante porque siempre dejábamos disponibles unos minutos en nuestra planificación para hacer una evaluación de nuestro taller, que cada une pudiera decir cómo se sintió, que aprendizaje se llevaba y para un saludo afectuoso que dejara abierto el camino de continuidad de construcción colectiva.
Las Prácticas Profesionalizantes, consistían en la planificación de diferentes intervenciones que harían en el Territorio, en sus comunidades, organizaciones, etc. Y les docentes acompañábamos dichas Prácticas, tanto en las planificaciones como en la práctica misma. Esta experiencia fue por demás enriquecedora para nosotres, ya que nos permitía introducirnos en sus espacios de inserción territorial donde nos recibían con los brazos abiertos, con el mayor de los afectos y ofreciéndonos lo mejor que tenían donde nos hicieron sentir, realmente parte de su comunidad.
Al cabo de un año real de trabajo era muy impactante ver y sentir la transformación subjetiva que acompañaba todo ese proceso de construcción colectiva porque además se logró que en paralelo puedan terminar la escuela primaria o los estudios secundarios; otres, se inscribieron en estudios de nivel superior y algunes otres, se convirtieron en docentes tutores acompañando otras cohortes de Operadores Socioeducativos en Economía social y solidaria.
El equipo docente, con distintas formaciones disciplinares y prácticas sociales, fuimos poniendo, en la propuesta de trabajo, espacial énfasis en lo metodológico y en la educación popular. Mucho se trabajó en el armado de los equipos docentes con la particularidad de incorporar desde el arranque dos tipos de docentes: docentes tutores que acompañarían todo el proceso de formación del grupo; y docentes curriculares, que acompañarían la etapa específica donde se trabajaran contenidos específicos de cada materia. Y, fundamentalmente, en los grupos de clase trabajando fuertemente en la construcción de una comunidad de aprendizaje, vinculada potentemente con el territorio pero afianzando la construcción colectiva y las experiencias conjuntas mostrando en concreto que sumando las diferentes miradas (de historias, barrios, movimientos sociales, etc.) todas las personas crecen y se consolidan prácticas de fortalecimiento organizacional y mayor ejercicio de derechos.
A partir de esta experiencia podemos compartir reflexiones sobre dos cuestiones: 1) sobre la formación: cómo formamos a nuestres estudiantes; cuánto de la formación de nuestres estudiantes en los profesorados tienen esta impronta sentipensante; si es posible incluir esta perspectiva de manera transversal en el formato de enseñanza de los profesorados y que no quede reducida a las materias didácticas o a las prácticas; 2) sobre el rol docente: cómo la formación marca las posibilidades para ejercer un rol docente transformador; en qué medida ejercer ese rol fue posible por ser parte del ámbito de la psicología; cómo las experiencias pedagógicas que han sido significativas en nuestras trayectorias laborales nos afirman en un camino docente.
¿Cuáles son los desafíos para este tiempo?
Fals Borda, en el fandango o rueda de cumbión de su vida (…) en muchas ocasiones como la hicotea hubo de internarse en la reflexión para renacer y reaparecer sentipensante en la acción decidida y enérgica (Moncayo, 2009:10).
En muchas de las evaluaciones finales de las cursadas, nuestres estudiantes indican que el proceso por la materia o el espacio de formación fue extremadamente distinto al de otras materias -hasta en los casos donde han cursado otra carrera, son muy pocas las experiencias previas similares a nuestra propuesta. Eso tan distinto es identificado desde algo muy básico pero profundamente humano como el saberse los nombres y haberles mirado a los ojos, hasta reconocerlos como procesos rotundamente transformadores para sus vidas. Por ejemplo, expresaron que era la primera vez que un tema les calaba tan hondo, que era imposible olvidárselo por lo que les había permitido sentir y pensar una canción y toda la propuesta a partir de incluir el ritmo y la musicalidad para hablar de “epistemología”. Y también algún estudiante dijo que notó que la propuesta de la materia era distinta cuando vio a su docente emocionarse y llorar mientras leía un fragmento disparador para desarrollar el tema de la “educabilidad y el fracaso escolar”.
¿Qué podemos proponer como desafío para ampliar la formación y el ejercicio de roles docentes sentipensantes?
- Mayor formación desde el sentipensar, desde el involucramiento, el vivenciar.
- Armar recurseros o cajas de herramientas donde se incluyan recursos audiovisuales (imágenes, canciones, poesías, artículos de revistas, etc.) que permitan la vivencia grupal y subjetiva atravesando la dimensión corporal y emocional.
- Proponer estos abordajes de manera más integral o transversal en la mayor cantidad de materias o desde un plano institucional para que no sean “cosas” aisladas de una materia donde hacen “cosas distintas”.
- Que reconozcamos a nuestres estudiantes como fuentes de experiencia y aprendizaje para ponerlas a circular y generar un espacio de reflexión colectiva.
- Que les docentes podamos experimentar y expresar genuinamente las emociones en el atravesamiento del proceso formativo con les estudiantes.
- Que en los profesorados de psicología, ésta no sea un contenido más, sino que la propuesta de enseñanza sea coherente con la disciplina en su dimensión subjetivo, social, comunitaria, educacional y de la salud integral.
- Que se consolide un sentido de pertenencia donde logremos pasar del yo individual a pensarnos en nosotres grupal.
- Que generemos un espacio cuyo objetivo sea la construcción del aprendizaje de manera grupal y que no seamos les docentes quienes “dictemos” los conocimientos como “la verdad absoluta”.
- Que tengamos presentes que docentes y estudiantes son personas que sentimos, vivimos y pensamos y que para que el aprendizaje sea significativo tenemos que conectarnos con esos sentires, vivires y pensares más allá del marco institucional, más allá del currículum, más allá de la asignatura… cada día es una posibilidad de que todes aprendamos algo de todes.
Bibliografía
Brusoni, J., Maccarone, A., Marciano, N., Sena, S. (2009). La Comunidad de Aprendizaje como Dispositivo Andragógico. Presentación en el Congreso De la Asociación Argentina de Salud Mental, Buenos Aires.
Cabanchik, P; Carceglia, D (s/f). Educación social y Comunidad de Aprendizaje. Universidad Nacional de Quilmes
Moncayo, V. (comp.), (2009). Fals Borda, Orlando, 1925-2008. Una sociología sentipensante para América Latina. Bogotá: Siglo del Hombre Editores y CLACSO.
Santoyo, R. (1981). Algunas reflexiones sobre la coordinación en los grupos de aprendizaje. En Perfiles Educativos, Nº 118, 1981.
Torres, R. M. (2004). Comunidad de aprendizaje. Repensando lo educativo desde el desarrollo local y desde el aprendizaje. Barcelona. Simposio Internacional sobre comunidades de aprendizaje.






