5. El proceso de selección de los informantes
Partiendo de la idea de Rosana Guber (2004) que asegura que dar cuenta de una cultura no es explicarla, sino más bien comprenderla, me di a la tarea de arrancar con el trabajo de campo, teniendo como marco el anterior desarrollo teórico y metodológico descrito.
La selección de los informantes se inició de manera indirecta en noviembre de 2013, durante la elaboración del anteproyecto de este trabajo, como una manera de evaluar la posibilidad de generar contactos y entrevistas más adelante. De esta manera, el primer acercamiento con un migrante senegalés fue con el actual presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA), con quien pude adelantar algunas entrevistas y tuve algunas charlas informales durante algunos eventos.
Durante el curso del 2014, también asistí a los eventos formales realizados por asociaciones africanas o afro de la Argentina, como una manera de conocer más sobre la realidad y el funcionamiento de las mismas y también para conocer a los líderes de los migrantes africanos y senegaleses establecidos en el país.
Fue así como estuve en la convocatoria a una marcha contra el racismo, ante un presunto caso de discriminación a una mujer senegalesa en el sector comercial conocido como “Once”, en el barrio Balvanera, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que convocó a un gran número de africanos y senegaleses que se dedican a la venta de bijouterie, carteras y billeteras en el espacio público. Y a celebraciones más formales como los 20 años de Casa África, una organización que se concentra en ayudar a los migrantes africanos arribados al país, que se celebró en el Congreso de la Nación.
El trabajo de campo más intensivo y que respondía al marco metodológico anteriormente descrito, se inició en noviembre de 2014 y se prolongó al mes de diciembre y algunas semanas de enero. Incluso realicé visitas periódicas y asistí a eventos propios hasta julio de 2015. Durante este tiempo visité las principales calles del sector comercial conocido como “Once”.
Esta observación en principio, sin ser participante, me permitió identificar los lugares de mayor afluencia de migrantes senegaleses y detectar posibles sujetos de investigación. Precisamente esa “visibilidad extrema que afrontan estos migrantes”, según Orlando Gabriel Morales (2010), y su inserción económica como vendedores en la vía pública de carteras y bijouterie, me ayudarían a desarrollar un trabajo de campo con mayor acompañamiento.
Tras haber detectado algunas avenidas como las de mayor afluencia de migrantes senegaleses: Corrientes, Pueyrredón y Rivadavia (en un rango aproximado de 30 cuadras), como vías clave para generar mis primeros acercamientos, elaboré un primer cuestionario. Un cuestionario que se realizó a través de los conceptos ordenadores de la investigación: transnacionalismo, redes migratorias, capital social…
Conceptos ordenadores que respondían a la técnica de investigación implementada: la historia de vida. Según Saltalamacchia (1992:158), la muestra “debe ser construida tomando en cuenta los conceptos ordenadores establecidos en la estructura original del objeto de investigación”. Así, siguiendo al autor, se podría asegurar la representatividad de la muestra.
Los acercamientos iniciales se dieron en tres puntos geográficos diferentes: En las calles Pueyrredón y Sarmiento, Pueyrredón y Corrientes y Corrientes y Larrea. Otro de los grupos contactados se realizó vía Facebook: Inicialmente el acercamiento con el grupo Karambenor y sus integrantes se hizo a través de esta red social, pero luego las entrevistas fueron realizadas en sus hogares (Avellaneda, provincia de Buenos Aires) y en sus locales de trabajo en el microcentro porteño y sobre la avenida Rivadavia (en el sector de Once).
Las entrevistas iniciales, enfocadas en recoger datos sobre el proceso migratorio (partida, viaje, llegada y adaptación), fueron el punto de partida de los primeros contactos. Sin embargo, con el fin de complementar la información y la comprensión del mismo se requirió la visita periódica de los informantes.
A medida que se sumaban más encuentros con los informantes inciales, mi posición como estudiante-investigadora, que logró los primeros acercamientos con un cuestionario, luego se tornó en una observadora participante que prescindió de su cuaderno de apuntes, en presencia de los migrantes. De esta manera, se pudieron realizar entrevistas no dirigidas y que tuvieron como componentes los procedimientos enumerados por Guber (2004:212):
El primero, la atención flotante del investigador, en la cual era el informante quien introducía los temas desde su propia perspectiva y en este caso el investigador escuchaba e intentaba revelar los nudos problemáticos de su realidad social. Y como segundo y tercero: la asociación libre del informante y la categorización diferida del investigador, lo que me llevó a la implementación de preguntas abiertas, que me permitían guiar un poco el discurso del informante.
El desarrollo de ese método, me permitía que el informante tuviera reflexiones acerca de su llegada a la Argentina, más allá de contar solo sobre los datos de su llegada:
“Me vine con ilusiones de otro tipo de trabajo. Cuando estás allá nadie te dice que las cosas son así: qué debes vender en la calle y todo lo que eso implica. En ese momento, no me gustaba y me encerraba a llorar, pero ahora soy consciente que lo hago por mi familia, por mí y uno termina acostumbrándose a la nueva vida que empezaste”, contó uno de los migrantes entrevistados.
De esos informantes iniciales, terminé contactando a las personas más cercanas, que regularmente son paisanos de Senegal que trabajan con ellos, sobre la misma vereda o en lugares muy cercanos. De hecho empecé a detectar cómo estaban conformadas sus redes y el apoyo mutuo entre senegaleses, aún más cuando alguien ajeno a su cultura y su país se acerca a hablarles:
En todos los casos, al establecerse los primeros contactos y al intercambiar las primeras frases, inmediatamente se acercaba otro senegalés a hablarle y se quedaba presente durante la visita. Sin embargo, luego de varios encuentros solo pasaban a saludar y el encuentro podría realizarse de manera más personalizada.
Fue así como de estos puntos geográficos donde arranqué la investigación no tuve la necesidad de dirigirme a otros, pues el senegalés que se contactó por primera vez me presentó a algún amigo, conocido o miembro de su familia y de esta manera continué sumando sujetos de investigación en las primeras indagaciones.
Al sumar encuentros también pude mejorar la confianza con algunos migrantes que al principio apenas pronunciaban algunas palabras en español. El intercambio fue más fluido cuando me decidía a preguntar cómo se decían algunas palabras o frases en Wolof, una de las lenguas que se hablan en Senegal y que domina la mayoría de migrantes que arriban a Buenos Aires.
“Nanga Def” (¿Cómo estás?) o “Salamalekum” (Una forma de decir hola y de bendecir al otro al saludar entre musulmanes, la religión más común entre los migrantes) eran palabras con las que arrancaba una conversación cuando crecía la confianza con los informantes. “Mangui Fi” (Estoy bien), me respondían y lograban derribarse los primeros “muros” que se imponen cuando no se conoce al interlocutor.
Es claro también que su trabajo en la calle me permitía acompañarlos durante sus jornadas laborales e incluso pasar a acompañarlos, sin haberlo hablado previamente. Al inicio intentaba llamarlos para concretar la hora de encuentro, pero luego vi que era más fácil y más fluido el diálogo si llegaba de manera informal a saludarlos y a preguntarles cómo estaban.
El trabajo de campo se compuso no solo de observación, sino incluso participación, como complementos para la obtención y comprensión de los datos. Siguiendo a Guber (2004), en este caso la observación participante se compuso de una “observación sistemática y controlada” de lo que pude ver como investigadora y de la participación de las actividades cotidianas de los senegaleses (Guber, 2004: 172).
En la mayoría de casos, los diálogos eran interrumpidos repetidamente por clientes que se acercaban a preguntar por los precios y por otros paisanos senegaleses que pasaban a saludar. Es así como investigadora también me sumé a la realidad que estaba observando: durante las conversaciones les ayudaba con las bolsas para empacar la mercancía, le decía los precios a los clientes e, incluso, algunas veces terminaba a cargo del puesto de venta en la calle.
En otros escenarios, comí junto a ellos de la manera tradicional que describiré más adelante, participé en una de las reuniones mensuales de un grupo de mujeres de la región de Casamance, del sur de Senegal, y me sumé a los preparativos culinarios de una de las celebraciones más emblemáticas de los migrantes senegaleses musulmanes en Buenos Aires, el Magal Touba (Conmemoración del exilio del profeta Cheikh Ahmadou Bamba, que se celebra todos los años en la ciudad sagrada de Touba en Senegal y que los migrantes senegaleses en Argentina reviven en ciudades como Buenos Aires, La Plata y Córdoba).
De esta manera, empecé a consolidar el universo que estaba investigando y a delimitarlo a partir de la información que iba obteniendo y del trabajo de reflexividad que se adelantaba tanto por parte del investigador, como de los migrantes. Como cité en el capítulo anterior, se realizó una “muestra evaluada”, se detectaron “los casos desviantes” y en palabras de Honigmann (1982: 80-81; citado en Guber, 2004: 123) se intentaron buscar migrantes a través de la vinculación a subgrupos, sin esperar el ofrecimiento de los informantes.
Las redes que hacen parte de este trabajo pretenden mostrar puntualmente algunas de las redes de migración senegalesa que hay en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sin querer generalizar, sino más bien dar cuenta de realidades y de situaciones migratorias precisas, que permitan ser el punto de partida de investigaciones más adelante. Como citamos inicialmente “ese individuo será representativo de varias de esas “almas” o del “alma” que surja de singulares puntos de cruce entre distintos ámbitos de determinación. Pero no lo será de toda la sociedad”, (Saltalamacchia, 1992:160).
A su vez durante el desarrollo de esta investigación describiré las redes a través de casos específicos de migrantes respondiendo a dos razones: son casos que me permitieron comparar las diferencias o similitudes entre redes y porque respondieron a casos en que los entrevistados permitieron un mayor acercamiento, comprensión y profundización de los conceptos anteriormente descritos.
6. Las redes construidas
El concepto de red migratoria descrito en el primer capítulo de esta investigación y en contraste con el trabajo de campo realizado, me permitió dar cuenta de tres redes de migrantes senegaleses en Buenos Aires. Redes que fueron construidas a partir de las definiciones anteriormente trabajadas y que se centraron principalmente en quienes migraron a Argentina.
De esta manera, las redes están compuestas por vínculos de comunidad, parentesco, pertenencia étnica y amistad. Sus miembros son de Senegal, pero también de otros países, algunos con experiencia migratoria y otros sin ninguna experiencia de este tipo, de acuerdo a García Abad (2001). No todos son familiares o amigos, pueden tener en algunos casos apenas vínculos por ser del mismo lugar de nacimiento. Al final, lo importante de estas redes es que quienes hacen parte han sido claves en el hecho migratorio de los senegaleses migrantes de Buenos Aires de esta investigación.
Como indicó Granovetter (1973; citado en Bobes, 2012), las redes sociales están compuestas por vínculos débiles y fuertes mediante los cuales se crean oportunidades de integración o se genera cohesión. La identificación de estos vínculos permitió la construcción de la red y además entender el rol de los mismos en las decisiones y comportamientos durante el trayecto migratorio y su inserción.
Como indicó Ramella (1995), debemos ser autocríticos para pasar de un uso débil hacia un “uso fuerte” del concepto de la noción de red:
“A veces se nos ha puntualizado que en no pocos casos nuestro recurso a la red parece limitarse más a una evocación genérica de la presencia de los vínculos sociales entre los emigrados, antes que a su rol. También se nos ha señalado que el acento que, a menudo, ponemos sobre el rol de los vínculos familiares y parentales, nos ha llevado a reificar la parentela olvidando que la misma es una construcción social” (Ramella, 1995: 10).
En concordancia con el “uso fuerte” del concepto de red para el establecimiento de estas redes, también se identificaron variables que resultan claves en la conformación de las mismas y en el papel que juegan dentro del proyecto migratorio. Estas variables se refieren al territorio de origen, a la vinculación parental, la pertenencia religiosa y étnica. Es así como pudimos demostrar la heterogeneidad de migrantes senegaleses que arriban a la Argentina y no caer en presentarlos como “un grupo indiferenciado, monolítico y homogéneo: iguales entre sí”. Estas variables nos permitieron dar cuenta de su diversidad en los vínculos que establecen al llegar, en sus comportamientos y estrategias (Ramella, 1995:12).
Las redes fueron nombradas en esta investigación como: Casamance (22 miembros), Mekhe (25) y Baye Fall (17) y están compuestas en su totalidad por 64 personas. Las dos primeras son nombres de regiones en Senegal: Casamance, sur de Senegal, límite con Guinea Bissau y la segunda Mekhe, una población cercana a Dakar, la capital del país. La tercera red, recibió el nombre debido a una razón religiosa: los Baye Fall son un subgrupo de la cofradía mouride, perteneciente al islamismo.
7. La red Casamance
Gráfico 3. De verde, la región de Casamance compuesta por las provincias de Ziguinchor, Kolda y Sédhiou, sur de Senegal
Tomado de: http://bit.ly/2wcQhdG (Última visita 12/04/2015).
Teniendo en cuenta la complejidad de las relaciones sociales, esta red intenta mostrar un segmento de las mismas de un grupo de migrantes senegaleses en Buenos Aires. La red está compuesta por 22 personas, 13 de estas migrantes que están en Argentina. Sin embargo, de la misma también hacen parte personas de Guinea Bissau, Argentina o familiares que siguen en Senegal, algunos sin experiencia migratoria (véase Gráfico 5, en el cual podrá ver la representación gráfica de la red).
De hecho, cuantitativamente por su origen: 14 personas nacieron en Senegal, 2 en Guinea Bissau y 6 en Argentina. Es una red que comparte, en su mayoría, vínculos parentales: 4 parejas de esposos, 2 parejas de hermanas y entre las mismas se relacionan por ser primas, primos, hijos o por vínculos de amistad. Por edades, es una red a la que pertenecen personas con edades entre 1 año y 50 años y que migraron a Argentina desde 1994.
La red la denominamos Casamance, debido a que la mayoría de quienes hacen parte de la misma tienen sus orígenes en esta región del sur de Senegal. A Casamance la componen las provincias de Kolda, Sédhiou y Ziguinchor y debe su nombre a un río que atraviesa ambas localidades a lo largo de 300 kilómetros.
Es una región que limita con Guinea Bissau y que tiene una fuerte presencia de etnia diola, que representa el 10 por ciento de la población en Senegal (siendo en el país la mayoría la etnia wolof). Es también una región que ha permanecido en conflicto debido a movimientos independentistas a través del Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance (MFDC).
Awá S. (Los nombres de las personas entrevistadas en este trabajo fueron cambiados con el fin de proteger la identidad de los mismos), migrante senegalesa, nacida en Dakar, pero con familia proveniente de Casamance, aseguró que ese conflicto le ha generado grandes costos a la región y que por eso frente a otras provincias de Senegal, es una de las de mayor atraso.
Otra de las razones por la que esta red fue bautizada como Casamance es que es el sentimiento de pertenencia por esta región y su cultura son lo que une a este grupo de migrantes que funciona como una familia extendida a kilómetros de su hogar.
Es de resaltar que la mayoría de quienes hacen parte de la red pertenecen a la etnia diola: “Una población que se dedica al cultivo de arroz y la cosecha del vino de palma y que además tienen un conocimiento perfecto de la fauna y la flora y la agricultura tradicional” (Ba, 2011). Los diola generalmente están en la zona de Casamance.
De la red de Casamance también hacen parte miembros de la etnia Mandinga, que manejan la lengua mande:
“En la región oeste de África habita entre otras la etnia Mandinga, que tuvo una época de esplendor hacia el año 760 A.C. cuando se fundó el imperio de Mali que se extendió a lo largo de todo el oeste del territorio africano, abarcando lo que hoy se conoce como Mali, Guinea, Burkina Faso, Costa de Marfil, Sierra Leona, Liberia, Gambia y Senegal. Además de Malinké también existen otros términos para denominar a esta etnia, se utiliza mandinga o mandinka” (Lenke, 2015).
De esta manera, de la red Casamance hacen parte diolas, mandingas y flum. De esta última hacen parte los originarios de Guinea Bissau. “Somos como los diola, pero en Guinea Bissau porque compartimos muchas costumbres. Hay variaciones en la lengua, en el dialecto”, explicó Ángela.
Junto a la variación étnica de la red, también se da la variación de lengua: diola, mande y flum y como idiomas oficiales de los países en Senegal se habla francés y en Guinea Bissau portugués. Sin embargo para comunicarse el grupo usa la lengua étnica mayoritaria de Senegal, el wolof.
“Los diola siempre aprenden wolof para poderse mover en Senegal, porque la mayoría de gente habla esa lengua”, aseguraron los diola de la red de Casamance. También han optado por el wolof, debido a que algunos aunque tengan sus orígenes en el sur, nacieron y crecieron en Dakar.
Las migraciones internas de los miembros de esta red han generado que la mayoría en vez de hablar diola, hable wolof. “Con mis hermanos a veces olvidamos hablar en diola, pero a mi papá por ejemplo no podíamos mirarlo a los ojos y hablarle wolof, debíamos hablarle diola”, contó Awá.
Los dos miembros de Guinea Bissau que hacen parte de la red tuvieron migración previa al sur de Senegal y por esta razón manejan la lengua diola y comparten muchas de las costumbres típicas de esta zona como la comida. Su lengua étnica, propia de Guinea Bissau, resulta incomprensible para los demás miembros de la red.
Los lugares específicos de origen también varían dentro de la red: la mayoría de diola, que además comparten un número importante de vínculos parentales son de Mandegane, mientras que los de la etnia Mandinga son de Bignona.
Frente a su filiación religiosa: la mayoría de la red es musulmana y los dos miembros de Guinea Bissau son católicos. De los musulmanes, todos menos uno son de la cofradía Tidjane y el miembro que no hace parte, es de la cofradía Niassen (En el portal ‘Wolof para mujeres que aman Senegal’ se indica que los Niassene son una rama del Tidjane y que su sede está ubicada en Medina Baye, en Kaolack: “Fue creada por El Hadji Ibrahima Niasse y fue establecida a mitad del Siglo XX. Aún permanece bajo el liderazgo de los descendientes de sus fundadores”. Disponible en línea: https://wolofmujeressenegal.wordpress.com/tidiane/).
Debido a la variedad en origen, etnia y filiación religiosa, la red gira en torno a la pertenencia a Casamance. Son personas que comparten el vínculo con la tierra. Casamance es una de las zonas más ricas naturalmente y se diferencia del resto de Senegal por la comida que se prepara y por la variedad de frutas y verduras.
De esta manera, la identidad se vincula al territorio: “Somos una región muy unida y conectada. De esta manera sabemos cuándo alguien sale de viaje y viene para Argentina. Estamos pendientes de su llegada y de lo que pueda necesitar”, aseguró Awá.
Isa M., por su parte, agregó que la gente de Casamance es diferente a la de Dakar: “Es como lo que pasa acá en Argentina entre los porteños (habitantes de la Capital Federal) y la gente de las provincias. Los que son de ciudad son menos unidos, menos solidarios. En Casamance, como en las provincias, somos más unidos, más familiares”.
Como aseguró Pedone (2002) las redes migratorias “vinculan de manera dinámica las poblaciones de la sociedad de origen y la de llegada y trascienden a los actores individuales”. Esta red, como se indica en el capítulo anterior de este trabajo, también responde al concepto de que la red migratoria permite superar la dicotomía entre el lugar de partida y de llegada y permite reflexionar también sobre la red de lugares que involucran el proceso migratorio de los miembros.
En este caso, la red Casamance está compuesta por personas que viven actualmente en Senegal, Argentina, Guinea Bissau e incluso países europeos como España. De esta red también hacen parte los hijos de los migrantes más antiguos que arribaron a la Argentina y que aunque son argentinos, conservan ese estrecho vínculo con Senegal en el día a día gracias a sus padres, aunque nunca hayan pisado tierras africanas. Los hijos son parte de la transmisión de información, bienes y capital simbólico que se transmite a través de la red y que trasciende las fronteras.
“A mis hijos les repito constantemente que ellos también son senegaleses y que nunca deben olvidarlo, así hayan nacido acá y también sean argentinos”, aclaró Awá.
Casamance es también una red excepcional en Buenos Aires porque está compuesta en su mayoría por mujeres: en su totalidad son 12 mujeres, frente a 10 hombres. Recordemos que las investigaciones que han caracterizado la migración senegalesa aseguran que se trata de una migración generalmente masculina, de hombres entre los 20 y 30 años de edad: el hijo varón que emigra es visto como el “salvador” por parte de la familia, pues la migración se concibe como “una estrategia familiar para acumular recursos que incorporen cambios en las condiciones de reproducción de los hogares en los países de origen” (Zubrzycki, 2010; Citado en Texidó, 2011:3).
Las mujeres en Senegal no suelen emigrar tanto como los hombres. Ellas esperan casarse y, por eso, quienes emigran lo hacen porque sus esposos decidieron continuar su vida en otro país. Ese es precisamente el caso de esta red. La mayoría de mujeres, con excepción de 2 o 3 fueron traídas por sus esposos, luego de que ellos hubieran podido establecerse en Argentina (Situación que desarrollaremos más adelante).
El académico senegalés Papa Demba Fall indicó que tradicionalmente las mujeres han migrado dentro de Senegal, de zonas rurales a centros urbanos en tiempos específicos del año, especialmente las mujeres de las etnias diola y serrer. Sin embargo, su migración internacional ha estado restringida por el peso de la tradición y la influencia del Islam y porque en algunos países existen leyes que restringen la reagrupación familiar.
A pesar de este panorama, Demba Fall resaltó el papel vital de la mujer en la migración internacional en Senegal y destacó que la migración de mujeres solteras en busca de una mejor situación económica y social resulta una realidad observable en todo el país (Demba Fall, 2010).
7.1. Lazos fuertes, lazos débiles
A través de la identificación de vínculos, esta investigación logró la construcción de esta red y como indicamos anteriormente, los mismos pueden ser clasificados de dos maneras como débiles y fuertes, según Granovetter:
La fuerza del lazo depende de la combinación de la cantidad de tiempo, intensidad emocional, intimidad y servicios recíprocos. “Mientras mayor sea la frecuencia de la interacción entre dos personas, mayores probabilidades hay de que se generen fuertes sentimientos de amistad de uno a otro” (Granovetter, 1973:1362; citado en Pardo, 2012).
Sin duda en la red de Casamance, los vínculos fuertes se dan entre los migrantes de Argentina que son diola y que comparten en su mayoría vínculos parentales. Sin embargo, no por el solo hecho de ser familia, las conexiones son fuertes.
Éstas se dan en un inicio por la filiación parental en el país de origen y luego se estrechan en el país de destino, con el compartir diario y el acompañamiento durante el proceso de inserción.
Debemos aclarar que de los 13 migrantes que viajaron a Argentina y que hacen parte de la red, 9 viven en una misma casa. La mayoría comparte lazos por ser familiares, tienen un mismo apellido, mientras que otros como los miembros de Guinea Bissau se sumaron a la “familia extendida” al llegar.
Siguiendo la diferenciación que hace Pedone sobre cadena y red migratoria: podríamos asegurar que la red de Casamance surge como una cadena que facilita información entre familiares para potenciales migrantes, pero que luego se extiende a ser una red con una estructura mayor con carácter transnacional y donde los vínculos parentales no son los únicos.
Se convierte en una “red de arribo” como la describió Ramella y Míguez: “una construcción de una nueva trama de relaciones vinculada con la inserción de inmigrantes en la sociedad de llegada, no basada necesariamente a solidaridades migratorias en torno a las relaciones familiares o de parentesco” (Ramella, 1995 y Míguez, 1995; citado en Pedone, 2010).
Alex, Ángela, Joubi e Isa son miembros que se suman a la red ya en destino y aunque no hacen parte de la misma familia, los vínculos son fuertes por el contacto diario y las ayudas mutuas. “Angela vino a nuestra casa porque mi marido y el de ella vivieron juntos cuando llegaron por primera vez a Argentina. Él trabaja como marinero y la dejaba sola, por muchos meses, así que le dije que vinieran y ahora están en nuestra casa, hacen parte de nuestra familia”, contó Awá.
En destino, los migrantes recrean el concepto de familia extendida que existe en África donde distintos parientes, más allá de la familia nuclear, viven en una misma casa:
“En el contexto africano hay una enorme vitalidad de los lazos entre individuos en contraste con la inoperancia de sus estados, la casa africana, su economía su orden y su modo de organizar y gestionar recursos, saberes y prácticas sociales en un juego de relaciones entre hombres y mujeres y entre generaciones, es el seguro de vida, tanto individual como colectiva, de la inmensa mayoría. La casa simboliza el nosotros en relación a los otros, la casa nos habla de identidad, de identificación y de pertenencia” (Moreno, 2009).
De hecho, la figura de la madre juega un papel importante porque es quien se hace cargo de los miembros que la componen, de las decisiones al interior del hogar y de las tareas domésticas.
En Casamance, este papel lo asumió Awá que sin duda ocupa un papel central en esta red migratoria. Sus miembros reconocen que en la casa se realizan cenas con invitados debido a su iniciativa. Si ella no está, las reuniones no se hacen. Awá asume el papel de madre en destino para muchos, porque además es la mujer que cuenta con más años de haber migrado, lo que hace que se convierta como en una guía para los nuevos migrantes, especialmente para las mujeres.
De hecho, previo a responder algunas preguntas para esta investigación, las mujeres buscaban un consentimiento por parte de Awá, antes de acceder a conversar y está claro que haber llegado al grupo, a través de ella permitió que los demás miembros del grupo sintieran confianza de la presencia de la investigadora y de su posterior integración durante algunos eventos.
Awá puede denominarse como un “nodo central” de la red, por la cantidad de conexiones que cuenta dentro de la red y además porque su influencia es validada por los demás miembros del grupo. “Los nodos centrales se convierten en comunicadores de costumbres, hábitos y normas que van dando forma al grupo social. Así, los actores no se comportan o deciden como átomos fuera del contexto social donde se encuentran, tampoco se adhieren como esclavos… sus acciones están fijadas por sistemas concretos de relaciones sociales” (Pardo, 2012).
De esta manera se dio la inserción a la red por parte de Angela, cuando Awá decidió que podía venir a vivir a casa junto a su esposo. El encuentro y el apoyo diario (“servicios recíprocos”) permitieron que estos vínculos aunque no tienen filiación parental, sean estrechos y tengan fuerza. Aún más cuando se dan entre mujeres: porque permite delegar tareas como el cuidado de los hijos o de la casa, cuando viven bajo un mismo techo.
Con otras integrantes de la red como Joubi e Isa, que no viven en la misma casa y no tienen hijos en destino, la relación se mantiene a través de vínculos de amistad. Con Awá el vínculo es más fuerte por ser uno de los nodos centrales de la red y porque a través de acciones, Awá refuerza su papel de “madre” a distancia.
Para mantener los lazos, Awá explicó que las invita un domingo al mes a comer a su casa y se llaman al menos una vez por semana para saber si las cosas andan bien. Además las acompaña en el seguimiento a un caso de discriminación que sufrieron y que denunciaron en el Instituto Nacional de Discriminación (INADI). La solidaridad se extiende, pero los lazos son aún más fuertes con los miembros con los que se convive a diario y con los que se intercambian favores con más frecuencia.
Joubi e Isa, por su parte, mantienen una relación estrecha con sus parientes en Senegal: con Faku, la hija de Isa, y Faku, la madre de ambas quien quedó a cargo de la más pequeña. Lazos que se mantienen a través de conversaciones por Internet y redes sociales.
Dentro de esta familia extendida también se reproducen costumbres en las que el hombre al casarse trae a su esposa a vivir a la casa de la madre. En este caso se dio con Modou, sobrino de Rob, quien se casó con Fama y ahora ambos viven en casa de Awá.
En esta red, los lazos parecen más débiles con los miembros que se quedaron en origen. De hecho, porque gran parte de la familia se ha reagrupado en destino y, además, porque el contacto diario, las ayudas y el hecho de compartir una experiencia migratoria fortalece la unión.
Sin embargo, los pioneros de la red: Rob y Awá mantienen un contacto continuo con el origen, con los miembros de la familia que aún están allá y se preocupan por llevar adelante iniciativas en pro de su región (tema que trabajaremos más adelante).
Los vínculos fuertes, como indicó Grieco (citado en Ramella, 1995), “transmiten información sobre el trabajo a los potenciales migrantes, garantizando su incorporación a la localidad de arribo”.
Lo que vemos en la red Casamance es que la mayoría de hombres se han insertado en trabajos de dependencia, diferente a la forma en que se insertan la mayoría de varones migrantes de Senegal en Argentina. “Los hombres diola son más de trabajar en empresas, mientras que los wolof son más de vender de manera independiente”, aclararon miembros de la red y es de esta manera como la mayoría trabajan en restaurantes, gracias a las recomendaciones de otros miembros que llegaron primero.
Y sin duda, los encuentros, la comida, los bailes y las charlas alrededor de la región de Casamance y de sus costumbres, ayudan a fortalecer los lazos entre todos los miembros y recrea la solidaridad de la que tanto se enorgullecen los oriundos del sur de Senegal. Información que circula en la red y de la que también hacen parte los hijos nacidos en Argentina, como una forma de transmitirles su “africanidad”
7.2. Las etapas migratorias: Los motivos y la vida en Senegal
Rob era uno de los Modou-Modou[1] más famosos y respetables de Mandengane. No solo vivía en Argentina, sino previo a esto todos sabían que había estado en Arabia Saudita y había desarrollado labores religiosas en lugares sagrados. De esta manera, su experiencia migratoria le daba un importante prestigio dentro de su pueblo.
Lo que no resultó indiferente para la mamá de Awá, quien de inmediato conversó con los padres de Rob con el fin de evaluar la posibilidad de que su hija pudiera casarse con Rob. Tras el sí de los padres, los padres de Awá le recomendaron a ella que tomara a Rob como esposo. “Al final, era mi decisión, pero los padres te aconsejan y uno sabe que lo hacen por el bien de uno”, dijo Awá.
Ella no lo conocía y se tomó un año para saber quién era. Rob no estaba en Mandengane, pero su familia sí y fue a través de ellos y de la gente del pueblo que Awá se hizo una idea de quién era él.
Awá y Rob tenían muchos familiares en común pues el matrimonio entre primos o primos lejanos es usual en Senegal. De hecho, los padres procuran que sus hijos se casen con familiares cercanos, lo que en este caso intentaban hacer los padres de Awá.
Un año después, Awá se decidió y Rob informado preparó el viaje para recibirla en Argentina. “No lo conocía, pero sabía que era la mejor decisión. Mi mamá estaba feliz. Además era el momento de hacer mi vida, luego de cuidar durante muchos años a mis hermanos”, contó. Así, Awá aterrizó y por primera vez en suelo argentino conoció a su esposo.
La experiencia migratoria previa de Rob y su condición como refugiado le permitieron traerla sin ningún inconveniente.
La cadena migratoria se activó cuando los padres planearon todo para que Awá pudiera viajar y luego a esta se sumaron otros familiares de los pioneros de esta red. Por parte de Rob, sus sobrinos Modou, Land y Moussa; mientras que por parte de Awá, su hermana Tara y su prima Nabi.
Estos miembros hicieron parte, en un principio, de la cadena migratoria por ser potenciales migrantes que recibían ayuda de los más cercanos en origen para su viaje. Luego se sumaron a la red de arribo, en la que se extendieron los vínculos a través de las fronteras con familiares en destino.
Estos migrantes tenían garantizado un lugar dónde vivir, conocimiento de cómo regularizar su situación migratoria y su inserción laboral, gracias a la experiencia migratoria de los pioneros.
Los vínculos familiares y la transnacionalización de prácticas como la familia extendida, les facilitaron la inserción a un origen completamente distinto. Incluso en el idioma resultaba menos complicada la llegada, pues aprendían junto a los suyos.
A esta red de arribo se sumaron Alex y Ángela, quienes a través de un vínculo débil, un conocido en origen que no hacía parte de la cadena migratoria, establecieron un contacto en destino (Rob) y se sumaron a esta red al llegar.
Igual ocurrió con Isa y Joubi, quienes llegaron sin ningún contacto y luego se insertaron a la red Casamance, por su vinculación territorial.
¿Pero qué llevó a los miembros de esta red a migrar? Los hombres de la red se movieron por una curiosidad como ellos mismos llaman, sobre lo que está “al otro lado del mar” y a una moda que hay entre la juventud de migrar unido a un deseo de emancipación y falta de oportunidades, según Demba Fall (2010). En los hombres también resulta prestigioso salir y buscarse la vida, un valor agregado para cuando llegue el momento de casarse.
Las mujeres, por su parte, muestran dos razones: la primera está relacionada a que ellas están sujetas a las decisiones de sus esposos, quienes son los que garantizan su viaje e inserción. Sin embargo, Awá aseguró que la mujer no es obligada, sino que accede, también porque tiene curiosidad por saber “qué ocurre al otro lado”, como muchos de sus familiares lo han hecho.
En otros casos, la mujer en un rol más autónomo, como lo dijimos anteriormente, se empodera y toma la decisión de migrar como lo hizo Isa, quien viajó con un vínculo débil dentro de una cadena migratoria que en este caso fue un vecino del que obtuvo algo de información y finalmente se insertó a una red al llegar con lazos más fuertes.
Isa dejó a su hija, la peluquería en la que trabajaba y un ex esposo con el que tuvo un matrimonio de cuatro años, para buscar un mejor destino. A estas mujeres, en Senegal se les llama las Fatou-Fatou (La mujer que migra).
“Venimos acá por curiosidad, por esperanza. Uno piensa: allá voy a estar mejor y vemos a occidente como el paraíso, cuando venís es otra cosa”, confirmó Awá.
“En medio de todo venir acá fue mi decisión. En donde yo vivo hay familias con gente en partes de Europa y ellos tienen lindo coche, linda casa. Es gente de mi edad con mucha plata y me dije ¿Por qué no salir de viaje?”, explicó Joubi, quien viajó sin un pacto para casarse o para reunirse con un esposo, de hecho es soltera y repitió el mismo patrón que su hermana: viajó por su cuenta.
En cuanto a la formación académica de los miembros de la red, solo Awá adelantaba estudios universitarios antes de venir. Estudiaba derecho y lo dejó al tener que dedicarse a atender a sus hermanos cuando su madre murió. Los otros miembros tampoco terminaron sus estudios secundarios ante la premura de trabajar para contribuir en hogares con numerosos hermanos.
De ahí que la migración, que ya habían emprendido otros familiares o vecinos, se convirtiera en una vía para mejorar la vida de la familia, frente a un día a día en Senegal en trabajos informales que no permitían el mantenimiento de la familia ni la emancipación.
Argentina como destino tuvo que ver para la mayoría de miembros de la red con una decisión basada en la experiencia migratoria de familiares que habían viajado a Europa y que planteaban las dificultades de seguir viajando a estos destinos. Frente a esto, otros familiares, amigos o vecinos habían buscado otras alternativas como Argentina.
De esta manera, dentro de la cadena migratoria se valoraba la experiencia de los otros y ante los beneficios que planteaba viajar a Argentina, como tener un contacto familiar al llegar, una casa y acompañamiento durante la inserción, se elegía dentro de las opciones este destino.
En otros casos aunque no existiera un familiar en destino, se tenía la certeza de hallar un contacto que permitiría parte de la inserción. Este último fue el caso de Isa, quien viajó tras conocer la experiencia de un vecino y de Alex quien contactó a Rob a través de un conocido.
De esta manera, Casamance para algunos miembros de la red, especialmente para quienes comparten vínculos parentales, en un principio se trató de una cadena migratoria compuesta por familiares en origen donde circulaba la información para los potenciales migrantes, sin embargo luego al extenderse más allá de las fronteras se convertía en una “red de arribo” con familiares de destino, que brindaban facilidades.
De esta “red de arribo” además de vínculos parentales también hay una confluencia de vínculos entre personas que se conocieron en destino y con las que se afianzaron lazos por compartir una región de origen: Casamance. Migrantes que partieron perteneciendo a otras cadenas migratorias, pero que se insertaron a la red en destino.
La cercanía, el intercambio, el contacto y el apoyo, además de la pertenencia a una misma región, fortalecieron a diario los vínculos de la red Casamance
7.3. El viaje y su trayectoria
- Trayecto Senegal- Argentina
- Trayecto Guinea Bissau- Brasil- Argentina
- Trayecto Senegal-Marruecos-Senegal- Brasil- Argentina
En esta red detectamos tres trayectorias y recorridos diferentes para llegar al país. La primera se relaciona con los primeros migrantes que salieron entre 1994 y 1998: partieron de Senegal o Guinea Bissau, pidiendo una visa directamente en Senegal y realizando las escalas de avión que se acostumbran hacer en países como España.
Rob G. fue el primero en hacerlo y luego le siguió Alex C. De ahí vinieron sus esposas quienes migraron de diferente manera: Awá lo hizo en el 2001, siguiendo las indicaciones de su esposo: “En Senegal pedí la visa para Argentina con una carta de invitación que me había enviado mi esposo. En esa época había embajada, así que resultó más fácil”, detalló Awá.
La esposa de Alex C. viajó en el 2008, pero no pudo viajar de la misma manera y solicitó en Guinea Bissau, la visa para Brasil. Viajó en avión hasta Brasil y luego entró por tierra a Argentina. Para su entrada a este último país traía una carta de invitación de su esposo, quien ya había regularizado su situación.
Tanto Rob como Alex enviaron una carta de invitación a sus esposas, pues al momento de llegar solicitaron la categoría de refugiados y les fue concedida. “Pedir el refugio fue una manera de regularizar la situación. Veníamos de Casamance, una región atravesada por un conflicto, pero no fue por ese motivo por el que nos fuimos de Casamance, sino por la falta de oportunidades”, afirmaron y agregaron que la única vez que se sintieron afectados por el conflicto fue cuando una de las mujeres de la red recibió una bala perdida en una de sus piernas, situación que fue mucho antes del hecho migratorio.
El tercer patrón migratorio se establece desde el 2008: Isa Sama quien viaja sin muchos contactos, más que con la referencia de su vecino, viaja a Marruecos para pedir la visa para Brasil y luego logra viajar desde Senegal a Sao Paulo (Brasil), donde se queda algunos días y luego entra por tierra a Argentina. El mismo procedimiento lo repite su hermana Joubi Sama, en el 2014.
Más allá del cambio en las relaciones diplomáticas entre Senegal y Argentina -lo que le permitió en su momento a algunos pedir una visa y viajar desde Senegal-, lo que determina también el cambio en el patrón migratorio es el acceso a cierta información, que suministran migrantes con experiencia previa.
Las esposas de los primeros migrantes entraron respaldadas por cartas de invitación de migrantes que habían regularizado su situación, las otras migrantes (Isa y Joubi) viajaban apenas con la información de un trayecto, pero no con la seguridad de poder entrar sin problemas al destino.
Como indicamos anteriormente, los migrantes que compartían vínculos parentales e incluso tenían en común ser de una misma población (Mandengane), realizaron un viaje similar por el acceso a la información que les facilitó la red migratoria. De hecho, la información era la experiencia previa de contactos en destino que transmitían su conocimiento a los familiares en origen. De esta manera, la cadena migratoria se articulaba para preparar a los migrantes.
En esta etapa migratoria, algunos miembros de la red aún no hacían parte. Es el caso de Isa y Joubi quienes viajaron a través de una cadena con vínculos más débiles y luego se sumaron a la red Casamance en la etapa de adaptación
7.4. La llegada y la adaptación: “Acá tenés que aguantar”
“Cuando llegás te invaden todas las preguntas. Estás confundida”, así describen la mayoría de migrantes de la red Casamance, la primera impresión al establecerse en el lugar de destino. “No había muchos de los míos y eso lo hacía aún más difícil”, agrega Isa M., quien arribó en el 2009.
La mayoría de migrantes de la red al llegar no conocían el idioma y por esta razón contar con un contacto de Senegal que hablara diola o wolof en el destino, les garantizaría tener un proceso de adaptación más fácil.
De hecho, de esta red solo tres personas llegaron sin contar con un vínculo parental en destino, pero con la certidumbre de encontrar o desplegar sus vínculos con otros senegaleses o africanos que habían tenido experiencias migratorias previas: desplegando una red por territorio.
Así le ocurrió a Isa M., quien no conocía más que la historia de su vecino: “Cuando llegué viví en un hotel familiar, luego en San Telmo. Busqué a mis paisanos y ellos me enseñaron dónde vivir y dónde vender. Nosotros nos ayudamos porque somos del mismo país, es algo que se da en Senegal naturalmente”.
Isa hizo los primeros contactos con otros senegaleses en Liniers (barrio de Buenos Aires). Ahí recibió ayuda sobre qué vender, dónde vender y hasta palabras en español para poder moverse tranquila los primeros días. Se insertó en una red por pertenencia a un mismo territorio con vínculos no tan fuertes, pero a través de los cuales encontró solidaridad. Luego con el tiempo, conoció a Tara y se insertó en la red de Casamance, donde los vínculos resultaron más cercanos por una pertenencia a una región más específica.
Quien viaja, aseguró Awá, tiene claro que encontrará a alguien de su país y que recibirá la ayuda del mismo: “Cuando salen de allá no les importa lo que van a encontrar. Vos me decís, pero si no saben el idioma… y bueno ¡eso no importa! lo único que necesita es un contacto de otro senegalés que le dicen cómo son las cosas y le enseña todo, dónde está la plata. Hay mucha solidaridad entre nosotros: somos del mismo país y te doy una mano. El senegalés es de ayudar, hasta el punto de prestarte dinero sin conocerte”.
Este también fue el caso de Rob G., el primer eslabón de esta cadena y quien además, aseguran otros migrantes, es uno de los primeros senegaleses que arribaron a Buenos Aires. Fue quien tuvo que probar dónde era mejor vivir y aunque se desempeñara como pintor de autos en Senegal, trabajó en lo que fuera saliendo, dependiendo de las circunstancias.
Sin embargo, la mayoría de migrantes de esta red contaban con familiares en destino que tenían preparado el lugar de vivienda y a su vez la alternativa para empezar a trabajar. Hacen parte de un proyecto migratorio familiar que se inicia como cadena en origen y trasciende a destino, a través de la red.
“Mi esposo me recibió en el aeropuerto de Ezeiza (en Buenos Aires). Fue un momento lindo y emocionante, pero a la vez muy difícil”, afirmó Awá.
“Mi esposo fue por mí a Guinea Bissau. De ahí salimos juntos e hicimos el viaje. Él vivía con su primo y la esposa de él y ahí estuvimos el primer año. Cuando llegué todo me parecía raro, era totalmente diferente a mi vida en África. Mi esposo me sentó y me dijo: “Cuando viajas a otro país, tenés que aguantar”, cuenta Ángela.
La experiencia migratoria de sus esposos, les permitió a estas mujeres tener seguro un lugar para vivir y un sustento económico. De hecho, a las mujeres las traen sus esposos para empezar a formar un hogar. Las mujeres de Casamance llegan y al poco tiempo quedan embarazadas, cumpliendo así su papel como madres.
La estabilidad económica resulta clave para los hombres, pues las mujeres no llegan a trabajar los primeros años de inserción, sino a tener sus hijos. De esta manera es el hombre quien debe correr con los gastos del viaje y vivienda de su esposa. Es el responsable del trayecto migratorio de ella y de sus primeros años en destino.
Alex C., por ejemplo, llegó en 1998 y su esposa emigró a Argentina en el 2008. “Mi esposo era marinero en Guinea Bissau y llegó con la esperanza de llegar a trabajar en lo mismo, pero no resultó fácil, así que empezó a vender mercancía en Once y después de varios años, logró vincularse como marinero”, cuenta Ángela.
A medida que los hijos crecen, las mujeres intercalan trabajos como la elaboración de trenzas o la venta de bijouterie en locales de microcentro, Once o Constitución, en Capital Federal. En el caso de Casamance, la mayoría de esta red reside en una enorme casa en Avellaneda (provincia de Buenos Aires), lo que permite que una de las mujeres se quede a cargo de los hijos: las otras empiezan a salir a trabajar.
Hasta enero de 2015, Ángela se encargaba de cocinar y cuidar los niños, pero luego empezó de a poco a insertarse de manera independiente al mundo laboral. Le comentó a su esposo que quería trabajar y él viajó a Brasil, le compró mercancías (bijouterie) y ella misma sale todos los fines de semana a parque Lezama a venderlas. Lo hace los fines de semana, para turnarse el cuidado de los niños con las otras mujeres.
Para los migrantes senegaleses, la venta callejera es la forma más accesible de insertarse laboralmente, debido a la dificultad de conseguir documentos para regularizar su situación rápidamente (y con esto de validar por ejemplo sus estudios o conseguir un trabajo formal) y ante la premura de conseguir un ingreso para vivir y de enviar remesas a Senegal, ya que la mayoría de dinero que traen se invierte en el trayecto migratorio. Es una salida también frente a la dificultad de no manejar el idioma apenas se llega al destino.
La venta callejera es también una tradición para la sociedad migrante senegalesa, pues es de esta manera como también sobreviven en una primera etapa los viajeros que han emigrado a países como España, Italia y Francia: de ahí que sean conocidos como los “Top manta”.
Retomando el caso de Casamance, otros integrantes de la red que vienen a trabajar en la venta de bijouterie en la calle o locales, reciben un pequeño “entrenamiento” los primeros días. Joubi M. fue recibida por su hermana Isa y fue ella misma quién le enseñó dónde comprar mercancía. “Estuvo conmigo las primeras semanas en mi local y luego salió a vender a la calle, a hacerse lo suyo”, narra Isa.
De hecho, con algunas palabras aprendidas como el saludo y los precios, Joubi salió a vender sobre la avenida Rivadavia, muy cerca de donde trabaja su hermana. Como parte del proceso de adaptación, Isa inscribió a su hermana en clases de castellano. En esta red muchos aprendieron castellano en organizaciones como la Comisión Católica Argentina de Migraciones.
El día a día de Joubi lo organiza Isa: Joubi llega en la mañana a sacar la mercancía del local de su hermana, vende sobre la vereda a lo largo del día y a las 6 de la tarde debe estar en el instituto para aprender español. En una ocasión, esta investigadora pudo estar presente en una conversación en la que daba cuenta de la relación que existía entre hermanas:
- A mi hermana no le gusta el chico con el que estoy saliendo.
- ¿Por qué no le gusta?
- Dice que no trabaja y no hace nada, que no me puede dar lo que quiero.
- ¿Y qué le dijiste?
- Qué le voy a decir si ella insiste en que salga con el policía que está en la esquina. “Miralo ese tiene auto, tiene plata, te va a cambiar la vida”.
Aunque Joubi asegura haber tomado la iniciativa de venir, es claro que la pertenencia a esta red transnacional la condiciona a ocupar un cierto espacio y a garantizar mejores medios económicos para la familia.
Joubi tiene garantizada una vivienda al llegar, e incluso tiene solucionada su inserción laboral y el tema del idioma. Sin embargo, la relación con su hermana parece denotar un poder por parte de la hermana mayor, que le recuerda a Joubi porqué está acá: “mejorar la vida económica propia, pero especialmente de los que están allá”.
Por esta razón, Joubi e Isa envían parte del dinero ganado a Senegal para su familia, a través de remesas. De hecho, Joubi debe entregarle las ganancias diarias a su hermana y es ella quien se encarga de enviar las remesas y de solventar los gastos de vivienda y comida. En los otros casos, el envío de dinero se ha reducido. Los migrantes que ya cuentan en destino con sus hijos o parejas, no envían dinero mensual, sino ocasionalmente para la otra parte de la familia, como los padres, que aún siguen allá.
Al parecer, el proyecto migratorio de esta red demostraba que al llegar, los migrantes varones enviaban remesas como apoyo económico para sus esposas, pero luego cuando ellas ya estaban en destino, se suspendía el envío de las mismas. De hecho, las mujeres que fueron traídas por sus esposos solo envían dinero a Senegal como una ayuda ocasional o cuando hay fechas especiales.
El envío de remesas, de hecho, puede leerse como una práctica transnacional. Como afirmamos en el Capítulo I, porque permite entender la realidad simultánea del migrante que se mueven en el país de destino, pero que conserva lazos con su país de origen y de alguna forma está entre ambas realidades. Concepto que desarrollaremos más adelante.
Es importante aclarar que en esta red la inserción de las mujeres se da de manera similar porque ellas vienen a formar una familia en destino y luego de que crecen los hijos se insertan económicamente de manera independiente. Sin embargo, como dijimos anteriormente, los hombres se insertan en trabajos de dependencia especialmente en el rubro de los restaurantes.
Aquí la pertenencia étnica y territorial, marca la manera en la que los migrantes de la red Casamance se insertan: las mujeres son más independientes y prefieren los trabajos donde puedan ser autónomas: la venta de bijouterie; mientras que los hombres se insertan en labores de dependencia, como suele ser típico de los hombres y mujeres diola de la región de Casamance (origen).
Los vínculos dentro de esta “red de arribo”, les permitieron insertarse en roles según la tradición de su lugar de origen. En síntesis, quienes hicieron parte de la cadena que estaba articulada con la red de Casamance, tuvieron la facilidad de tener garantizado el acceso a vivienda y trabajo. La experiencia migratoria previa de los primeros eslabones de la red, “preparó el campo” para quienes venían detrás.
La parentalidad y la pertenencia por territorio marcaron la fuerza de los vínculos que permitieron transmitir información en la cadena y luego en la red a la llegada. Por esto, no solo quienes compartían vínculos por parentesco se vieron beneficiados por la “red de arribo”, sino otros miembros con los que se compartía una pertenencia por territorio.
En este último caso, los miembros que se sumaron a la red de arribo, luego de la llegada no tuvieron acceso a informaciones de vivienda o trabajo, pero sí hacen parte del intercambio, el acompañamiento y algunas ayudas mutuas de la vida en destino.
La red acumula una serie de recursos, que luego les permitieron a los otros una inserción menos compleja. De hecho, podríamos hablar de un “capital social”, entendiendo este último como lo describimos en el capítulo I de este texto: como “la habilidad para adquirir recursos gracias a la pertenencia a redes o a grandes estructuras sociales” (Portes y Landolt, 2004). Concepto que trabajaremos con mayor despliegue unos capítulos más adelante.
8. La red de Mekhe
Gráfico 4. Detalle de ubicación de la población de Mekhe
Tomado de Google Maps.
Mekhe, a 130 kilómetros de Dakar, es una ciudad senegalesa de 15.291 habitantes; ubicada entre las provincias de Thiès y St. Louis, en el noroeste de este país y es también el nombre que le atribuyo a la segunda red construida en este trabajo.
Un nombre que asignamos debido a que 10 de las 25 personas que componen la red son originarias de Mekhe y además porque es a partir de estos integrantes que se conforma este circuito de intercambio de información y experiencias.
De estos 10 integrantes, 4 están hoy radicados en Argentina con los vínculos más fuertes. Se trata de dos hombres, entre los que se cuenta al pionero, y dos mujeres. A partir de estos 4 migrantes, se originan lazos más débiles con otros 4 migrantes, que se suman a la red Mekhe, al llegar, como una “red de arribo”.
Es importante resaltar que la red de Mekhe es en gran medida una red parental. Su “corazón” está compuesto por 4 miembros migrantes que comparten entre sí lazos de parentalidad, que les ha permitido desplegar solidaridades y un intercambio de favores.
Mekhe es una forma de nombrar la red, teniendo en cuenta que son originarios de este lugar, sin embargo más allá de la pertenencia territorial, los vínculos están marcados por la parentalidad: dos relaciones tío-sobrina, cuñados y otra relación de primos lejanos. De esta manera, estos 4 migrantes que viajaron a Argentina también comparten entre sí vínculos con otros familiares que se quedaron en origen: es el caso de Massa (pionero de la red) que es esposo de Binta (vive en Mekhe) y quien además es la hermana de Nibu (en Argentina).
Es así como podemos reflexionar en torno de la fuerza de los lazos entre origen y destino, a pesar de la distancia. Como sostiene Grieco: “La fuerza del vínculo no se puede basar en la frecuencia del contacto físico, porque como es evidente en el caso de la cadena migratoria, parientes que viven en áreas geográficas distantes y que los contactos son raros y esporádicos, constituyen todavía, un vínculo fuerte útil para facilitar la movilidad ocupacional”, (Citado en Pedone, 2002:10).
De hecho, el vínculo de hermanos entre Binta (en origen) y Nibu (hoy en destino) fue clave para la preparación del viaje de Nibu y su inserción laboral en destino.
Los otros migrantes que hacen parte de la red están unidos por vínculos más débiles, pero que en este caso se suman a la red porque han hecho parte del intercambio de capital social de la misma.
Los 8 migrantes en total de la red, radicados en Argentina, comparten entre sí una pertenencia étnica: son wolof, la etnia mayoritaria en Senegal, lo que hace que compartan tradiciones culinarias, hablen una lengua en común y compartan gustos musicales: Mekhe es una red en la que sus miembros suelen salir los sábados a bailar salsa, música afro y ritmos propios del origen.
Sin embargo, una de las mayores coincidencias de esta red tiene que ver con la filiación religiosa: todos son musulmanes y pertenecen a la cofradía Tidjane (a excepción de uno que es mouride). Según el Portal Web “Wolof para mujeres que aman Senegal”, esta es una de las cofradías con mayor número de seguidores: “Su fundador es Cheikh Ahmed Tidjani (Argelia S. XVIII) y su representante más importante fue Alajdi Malik Sy. Su capital religiosa es Tivaouane” (2012).
El hecho de ser tidjane hace que los miembros de la red, especialmente los migrantes en Argentina, se reúnan en torno de las celebraciones propias de esta cofradía. Es más, el pionero de la red es quien organiza los eventos tidjane que se han desarrollado en Capital Federal, una ciudad en la que la mayoría de senegaleses musulmanes son mouride.
Sin embargo, no podemos asegurar que la red esté marcada por una filiación étnica o religiosa, aunque todos los miembros compartan las mismas. Como afirmamos anteriormente es más bien una red parental, que se origina en los vínculos que comparten 4 migrantes en Argentina y a partir de los cuales se despliegan los demás lazos.
Una red parental que comparte un proyecto migratorio similar, que marca el pionero: Massa llegó en el 2001 y como los demás migrantes se vinculó en la venta de bijouterie en la calle, en el sector de Once. Luego, tras años de asentamiento logró alquilar algunos locales, variar su mercancía y vender en otras proporciones. Con esta dinámica, Massa ha establecido un estilo de vida en el cual trabaja 9 meses en Argentina y viaja a descansar 3 meses en Mekhe y Dakar todos los años.
De hecho, aunque su esposa Binta está en Senegal no piensa en la reagrupación familiar y mantiene su relación y sus hijos a la distancia y a través de las visitas anuales reafirma su papel como proveedor del hogar. En destino, como lo permite el Islamismo, se ha propuesto conseguir otra esposa.
De esta manera, la experiencia de Massa ha facilitado que tres miembros más de la familia hayan emigrado al destino y él ha brindado las ayudas necesarias para su inserción económica. Los familiares llegan a trabajar como empleados en los locales de Massa y él tiene la posibilidad de instalar nuevos puestos, mientras él se dedica solo a administrarlos.
A largo plazo, estos emigrantes -con los vínculos más fuertes-, también aspiran a imitar este proyecto migratorio del pionero y de a poco van buscando su independencia para lograr este objetivo.
La fuerza de los vínculos en este caso se da por la parentalidad: lazos familiares que se dan en origen a través de una cadena migratoria y que luego se despliegan en una red que trasciende las fronteras.
No obstante, la fuerza también radica en que estos migrantes más allá de compartir un vínculo familiar, comparten un proyecto migratorio con el que pretenden mejorar la vida de los suyos y emanciparse. Y es a través de este proyecto que se refuerzan los lazos con el apoyo diario.
Nibu, Jane y Dieck, familiares de Massa (el pionero), comparten las siguientes similitudes: son jóvenes, ninguno está casado o tiene algún pacto para casarse y ven la posibilidad de migrar como una oportunidad para mejorar sus ingresos, independizarse, ayudar a su familia y posicionarse en destino y origen:
En destino (ante la comunidad migrante), consolidar una imagen de éxito al tener locales de venta y poder viajar cada año a Senegal y, en origen con la comunidad local al posicionarse como migrante exitoso que además de ser proveedor, viaja y reafirma su posición de liderazgo a nivel familiar.
Es así como para los demás miembros de la red el estilo de vida de Massa es un ejemplo para cubrir a cabalidad con sus propósitos, teniendo en cuenta como aseguraron ellos mismos que las posibilidades de empleo en Mekhe son casi nulas.
Es válido resaltar, como hicimos en la red anterior, la presencia de dos mujeres migrantes quienes viajaron sin un pacto de casamiento o por temas de reagrupamiento familiar. Se trata de Dieck, divorciada, quien viajó como una forma de sostener económicamente a su hijo Abu, que está en Senegal y Jane, quien viajó para enviar dinero a su familia y como una forma de lograr su independencia.
Un proyecto migratorio que incluso permeó a algunos miembros con los que se compartían lazos más débiles como es el caso de Fallou, quien recibió el apoyo de Massa al llegar y quien tiene como prioridad además del envío de dinero, ahorrarlo para comprarse algún local en destino, contratar algún empleado y poder ir de vacaciones a Senegal.
Lo anterior demuestra que los vínculos fuertes no son netamente parentales. De hecho, también se afianzan cuando los migrantes hacen parte de los proyectos migratorios de otros. En este caso nos referimos a Bouba quien comparte un fuerte vínculo con Massa, un lazo que se creó en el intercambio de favores mutuos:
Massa le dio la oportunidad a Bouba de trabajar como empleado en uno de sus puestos de la calle, sin ser familiar. De esta manera, Bouba pudo sobrevivir en Buenos Aires, un lugar al que llegó con apenas 2 pesos. El beneficio, al final era mutuo. Massa tenía garantizada la venta en otro de sus puestos, lo que incrementaba sus ventas y Bouba una oportunidad para trabajar en un país en el que con dificultad conseguiría un trabajo.
Incluso hoy el vínculo es tan fuerte, que aunque Bouba tiene su propia mercancía, trabaja junto al puesto de Massa y aún vela por las carteras del pionero de la red.
8.1. Las etapas migratorias: los motivos y la vida en Senegal
Entre los 20 años y antes de los 30, los hombres suelen emigrar en Senegal como parte del nuevo papel de líder y de proveedor que asumen cuando el padre varón empieza a envejecer. Otra razón para emigrar, como indicamos anteriormente, tiene que ver con las ansias de emancipación: “un hombre debe salir a buscar su propio futuro y ayudar a su familia. El sueño es salir, buscar su propio camino. Esto es una costumbre”, explicó Bal.
Goldberg, quien ha analizado la migración senegalesa en Barcelona, aseguró que “el emigrado se percibe en origen como un exitoso, un referente social: hacerse hombre, tener dinero, mujer e hijos” (Goldberg, 2004; citado en Zubryzcki y Agnelli, 2009).
Estas razones son, en su mayoría, las que comparten los emigrantes de la red de Mekhe: tanto varones jóvenes, como mujeres jóvenes; quienes tenían trabajos en ventas, carpintería, kioskos y algunos afrontaban el desempleo.
En el caso de las mujeres se comparte el deseo de independencia, de ayudar en la casa y de asumir ese papel de proveedora, como una forma de empoderamiento que vienen experimentando las mujeres en Senegal.
Al tiempo, sin embargo los integrantes de la red de Mekhe (en especial los que luego migran a la Argentina), eran testigos en origen de las distintas realidades de sus hermanos que habían emigrado a países europeos años atrás, especialmente Francia e Italia.
De esta manera la decisión de emigrar de los miembros de la red de Mekhe se ve influenciada por una cadena migratoria de familiares en origen y se extiende como red en otros destinos, que ayudan no solo a tomar la decisión de viajar, sino que incluso terminan financiando gran parte del viaje a la Argentina y la escogencia de este destino por encima de los países europeos donde habían otros de sus familiares.
Este fue el caso en específico de Nibu quien no dudó en afirmar que venir a Buenos Aires fue una decisión tomada en conjunto: “Lo hablamos con mi mamá y mi hermano Ndathie (en Italia), como una manera de venir a trabajar y enviar plata. Aquí también estaba Massa, el esposo de mi hermana Binta, así que iba a ser aún más fácil”.
La red de Mekhe surge para Nibu, Dieck y Jane primero como una cadena migratoria en la que se favorecen del apoyo de los familiares en origen y que luego se extiende como una red cuando intervienen familiares en Europa que patrocinan el viaje y ayudan en la toma de la decisión.
La red también se articula con la presencia del pionero en Argentina, quien también es un familiar con quien se comparte un vínculo, y de esta manera como indicamos en el primer capítulo se supera la dicotomía entre el lugar de partida y de llegada y nos permite reflexionar sobre la red de lugares que puedan genera las personas al emigrar.
Reflexionando de esta manera, la familia tiene como prioridad que el hijo que está en edad de convertirse en proveedor, debe emigrar para mejorar la vida de todos. El conocimiento de sus familiares en Europa hace que este nuevo emigrante no viaje a este continente ante las dificultades que ellos conocen de primera mano y ante la experiencia de otro familiar en Argentina, se usa ese “terreno” abonado por Massa para optar por este nuevo destino.
A Massa, el pionero de la red, lo llevó a salir de Senegal la intención de mejorar la vida de su familia. Al igual que los otros miembros tenía el rol de proveedor, pero en este caso para su esposa y sus dos hijos que había dejado en origen. De los miembros de la red que emigraron a Argentina es el único que adelantaba estudios universitarios en literatura francesa.
Kime, Bouba, Fallou y Bal se sumaron a la red de Mekhe al llegar, lo que convirtió a esta red en una “red de arribo” a la que accedieron por diversos motivos: Fallou y Bouba recibieron ayuda al llegar por parte del pionero, Kime se unió por la pertenencia a la cofradía tidjane y Bal porque es uno de los vendedores más antiguos de la esquina de Corrientes y Larrea y además comparte con Massa su proyección como empresarios: ambos tienen locales de venta.
El intercambio diario fortalece los vínculos: de hecho Kime, Nibu y Fallou comparten un departamento con el cual pueden dividir gastos y cenan todas las noches juntos. Para Kime tiene que ver porque son tidjane: “Busco siempre gente de mi cofradía que conserva las buenas costumbres, que saluda, que es respetuosa. Los mouride pueden dejar de rezar, nosotros no. Siempre lo hacemos y eso nos permite estar en paz”.
Bal, por su parte, mantiene los vínculos con la red a través del contacto diario que implica trabajar en la calle. Es el único miembro de la red con experiencia migratoria previa pues vivió tres años en Europa y usa ese capital que acumuló de saberes para ayudar a los chicos que recién emigran por primera vez.
Bal y Massa son los migrantes con mayor experiencia no solo de la red, sino de los vendedores de ese sector de Once. De hecho, su prestigio lo validan los más chicos quienes quieren imitar muchos de sus proyectos.
8.2. El viaje y su trayectoria
Foto 2. Llegada de un migrante senegalés a Buenos Aires, desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza
Autora: Lina Sánchez Alvarado.
- Trayecto Senegal – Brasil – Argentina (avión-colectivo)
- Trayecto Senegal – Marruecos – Senegal – Argentina (avión)
- Trayecto Senegal – Ecuador – Perú – Bolivia – Argentina (avión-colectivo)
- Trayecto Senegal – Argentina (en barco)
Massa S., el primer eslabón de la cadena viajó en avión y colectivo, teniendo como lugar de tránsito Brasil. Precisamente para poder entrar a Suramérica pidió la visa de Brasil en Senegal y luego de pasar unos días en Brasil (antes de que se venciera el permiso de entrada), viajó por tierra a Argentina.
Esta experiencia trayectoria sirvió para el itinerario de futuros migrantes de la red. Nibu y Jane programaron sus viajes, de manera muy similar a la de su familiar, por recomendación precisamente de él. Así narró Nibu su viaje:
“Viajé en principio en colectivo hacia Marruecos para solicitar la visa. Ahí estuve unos días y volví a Senegal para arrancar el viaje más largo. Tuve un viaje de un total de 20 horas, primero fue de Senegal a Sudáfrica, unas 12 horas. Ahí pasé la noche y luego salí para acá. Hice el viaje de esa manera porque resultaba más económico. Fue Massa quien me dijo cómo hacerlo y dónde parar”, dijo Nibu, quien modificó la parte final del trayecto al conocer que en Marruecos podía obtener la visa para Argentina y entrar sin dificultades.
Los otros de la red, como Fallou tuvieron un recorrido diferente que involucró una experiencia de más días e incluyó otros países. De hecho es un nuevo patrón migratorio detectado en otras investigaciones: Fallou viajó en avión hasta Ecuador y luego entró por tierra a Argentina, pasando por Perú, Bolivia y el norte argentino.
Aunque Nibu y Fallou viajaron solo con un año de diferencia, lo disímil de su recorrido puede atribuirse al acceso de información que tuvo cada uno en el momento de viajar. Nibu tenía la experiencia migratoria previa de un familiar, mientras que Fallou apenas tenía algunos datos que le había dado un amigo. Al llegar, como muchos, los contactos eran escasos.
La fuerza de los vínculos es lo que marca la diferencia en el acceso de información sobre el trayecto migratorio para llegar a destino. Es por esto que para migrantes como Nibu, Dieck y Jane, la experiencia de Massa se convirtió en un capital importante al que accedieron gracias a la cadena y red migratoria, marcada por vínculos fuertes.
También el apoyo financiero de la familia en origen y de los hermanos en Europa permitió que el viaje se hiciera en avión y fuera aún más cómodo al pasar por un puesto migratorio sin complicaciones: “Si tenés más plata viajas todo el trayecto en avión. Sino, hacés el recorrido desde Ecuador en colectivo que resulta mucho más económico, pero es más riesgoso”, comentó Nibu.
Este fue el caso de Fallou, que aunque contó con el apoyo de sus hermanos en Europa, no contaba con un vínculo fuerte en Argentina, sino con el contacto de un amigo que había viajado de Senegal a Ecuador en avión y luego en colectivo desde este país, sin registrarse por los puestos migratorios de estos países:
“Pasé por Perú, Bolivia y el norte de Argentina. Estuve 5 días en Perú, pero no comí nada porque no me pasaba. Solo pude descansar al llegar, cuando por fin pude llamar a mi mamá y avisarle que había llegado bien”, expresó Fallou.
El caso de Bouba fue completamente diferente. Bouba tenía como destino Estados Unidos y sin ningún contacto en este país, pagó para ser llevado en barco hasta un puerto en Miami. Viajó de Mbacke, de donde es originario, a Dakar y ahí abordó un barco durante varios días.
“No sé cuánto tiempo pasó, fueron días donde todo estaba oscuro y donde nos alimentábamos con una especie de cereal”, contó Bouba, quien pagó 10.000 dólares por el viaje. En el mismo barco escuchó a otros dos senegaleses.
En su relato aseguró que fue abandonado en una playa que no era como las fotos que había visto de Miami. “Todo se veía más pobre y la gente hablaba un idioma que no entendía. Me tomó días comprender dónde estaba parado. Me habían engañado”, agregó Bouba, quien desembarcó en Mar del Plata, ciudad costera de Argentina.
Pero su viaje no terminó ahí. Bouba fue rechazado por las autoridades argentinas y enviado a la frontera con Bolivia, luego al intentar volver a entrar perdió el último dinero que traía y tuvo que llamar a su familia para que le enviaran dinero. Finalmente, bajo la figura de peticionante de refugio pudo llegar a Buenos Aires con apenas dos pesos, donde se insertó primero en una red de connacionales y luego en la red de Mekhe.
Bouba contaba apenas con una cadena migratoria que era su familia, sin embargo esta cadena no tenía una experiencia migratoria ni estaba inserta en ninguna red ni en el destino deseado (Estados Unidos) ni en el destino final (Argentina). De hecho Bouba es el primero de su familia en salir de Senegal y la ausencia de estas redes transnacionales hicieron aún más precario su trayecto.
8.3. La llegada y la adaptación: “-¿Y el castellano? -¡Ja! La calle le enseña”
Massa y Bal se mueven con habilidad por la avenida Corrientes, en el sector de Once. A ambos los conocen a lo largo de este corredor, justo en las calles donde cualquier transeúnte resulta sumergido en una marea de gente. Ambos son los más antiguos de la red Mekhe y conocen a la mayoría de senegaleses y vendedores de ese sector.
Los dos están al tanto de los chicos nuevos, de los que llevan un tiempo y ellos mismos también están pendientes de sus puestos de lentes o carteras. Massa es tal vez el de mayor habilidad de la zona para vender carteras o eso dicen sus paisanos.
- Agarralo, miralo sin compromiso. Es de muy buena calidad, con cierres y terminados únicos. Tapa delantera y además de varios colores- le dice a una transeúnte desprevenida que se queda mirando el tumulto de carteras sobre la vereda.
- ¿Y cuánto sale?
- 150 pesos. ¡Llevatelo que es el último que me queda! Esos los traje hoy y se vendieron todos.
- Bueno, gracias. Voy a mirar- la mujer deja el bolso en el suelo.
- Probatelo, decime ¿cuánto tenés?- le dice Massa con convicción. En el fondo sabe que no puede dejar perder ese cliente. Al final, la mujer accede y se lleva el bolso.
“Massa tiene habilidad para vender, sabe cómo hablarle a los clientes. Él sabe de esto”, indicó Nibu y agregó que quien quiera sobrevivir vendiendo en la calle, debería pasar unas semanas aprendiendo de Massa. Y fue precisamente él quien le enseñó a Nibu recién llegó en el 2011. “Hola qué tal ¿todo bien?”, repite aún con timidez Nibu y luego intenta llegarle al cliente con: “probatelo sin compromiso”, pero no lo dice muy seguro y los clientes no alcanzan a escucharlo.
Los primeros días de Nibu en Argentina resultaron más “llevaderos” gracias a la compañía de Massa. “Cuando llegué al aeropuerto de Ezeiza fue un senegalés por mí. Se acercó y me preguntó si conocía a Massa, le dije que sí y me llevó con él hasta microcentro donde vivía”, contó Nibu.
Los primeros meses la comida y la vivienda fueron suministrados por Massa. Luego pasó unas semanas en uno de los locales de él, aprendiendo las palabras básicas y después, con mercancía propia, salió a la vereda a vender. Nibu está ahora justo al frente de Massa y junto a Massa está ahora Jane, quien llegó hace poco y está en sus días de entrenamiento.
“Hola, qué tal” y “200 pesos”, “100 pesos”, es lo único que ha aprendido Jane estas semanas.
- ¿Y el castellano? ¿Está tomando clases?
- ¡Ja! La calle le enseña, como nos tocó a todos.
Dieck, Jane y Nibu tenían preparada su red de arribo desde antes de partir. De hecho, la misma está firmemente unida a la cadena migratoria que preparó su viaje. Y fueron precisamente vínculos parentales fuertes los que permitieron que accedieran a vivienda y trabajo, de acuerdo a la experiencia de Massa.
Estos vínculos fuertes se dan en mayor medida entre Massa y sus hermanas en Senegal, por las cuales recibe a sus sobrinas Dieck y Jane. El vínculo con Nibu es su hermana Binta, quien está casada con Massa. Estos lazos, a través de las fronteras, ayudaron a desplazar solidaridades entre origen y destino.
Es de esta manera, como la red les permitió a Nibu, Dieck y Jane partir de Senegal, teniendo certeza a dónde iban a llegar, certeza además de poder contar con una vivienda, comida y trabajo.
Massa los recibió a los tres, les enseñó a vender y luego cada uno adquirió mercancía para trabajar por su cuenta. A cambio Massa recibía apoyo para los distintos locales que tiene: actualmente tiene dos locales en Entre Ríos y uno en San Justo, donde su única hermana en Argentina trabaja.
“Siempre busco personas de confianza para que trabajen conmigo”, explicó y que mejor que sea su propia familia. De hecho, en Corrientes y Larrea siempre hay un paño extendido con sus carteras que atiende su sobrina Jane, Fallou y Bouba.
De esta manera Massa puede viajar a comprar mercancía, incluso fuera del país, y estar pendiente de los diferentes locales que administra.
Los vínculos parentales entre Dieck, Jane, Nibu y Massa se afianzan en el periodo de llegada, porque ellos como nuevos migrantes confían en Massa y su experiencia, y él aprovecha esa confianza también para hacer andar su negocio.
Es innegable que pertenecer a la red de Mekhe, a través de vínculos fuertes, permitió que Dieck, Jane y Nibu tuvieran de primera mano conocimiento sobre qué vender, cuándo, en qué lugares y además dónde guardar la mercancía. Sin la experiencia de Massa, conocer estos detalles les habría llevado más tiempo.
Los lazos entre estos migrantes y el pionero también se fortalecen con el intercambio de favores diario: los recién llegados reciben ayuda de Massa, algunos un espacio privilegiado en una de las esquinas más transitadas de Once (punto que desarrollaremos más adelante) y Massa tiene garantizada la venta de sus productos sobre esta vereda.
A escasos metros de Jane, trabaja Fallou quien dijo que acá lo primordial es llegar a trabajar y enviar dinero antes que cualquier otra cosa: “Mi familia es importante, si tengo plata, hay plata para todos”. A diferencia de Nibu y Jane, a Fallou lo recibió un amigo, que le enseñó lo básico de castellano para vender y luego él siguió solo.
A Bal lo recibió otro chico que no conocía: “Cuando llegué un tipo me prestó plata, me consiguió un lugar para vivir por tres meses sin pagar, comíamos juntos… Recién cuando uno llega, los otros senegaleses te reciben en sus casas. Se hace comida y no se cobra. Todos lo hacemos”, contó.
Bal, Bouba y Fallou se insertaron en una red por pertenencia nacional: fueron recibidos por otro senegalés que les permitió vivir por un tiempo en su casa y recibieron dinero para arrancar a trabajar. En el caso de Bouba, logró vender ropa tradicional de Senegal que había traído y así compró sus primeros lentes para la venta, lo que resultó un fracaso porque empezaba el invierno y nadie le compraba.
La etapa de adaptación que le permitió a Nibu o a Jane trabajar y aprender algo de español los primeros días no fue tan cómoda para Bal, Bouba y Fallou. Sin embargo los tres se insertaron a la red de Mekhe en un segundo momento.
Las razones por las que Bal, Bouba, Fallou y Kime se insertan a esta “red de arribo” se mueven entre la pertenencia a la cofradía tidjane y a que comparten un proyecto migratorio en común, que suma al del pionero. Bal, al igual que Massa, tiene también locales y a su vez mantienen puestos sobre las veredas de Once. Son vistos como líderes en la zona.
Massa es como el “nodo central” de la red y a partir de él también se unen Bouba, Fallou y Kime. Massa promueve varias reuniones y encuentros tidjane y también ha ayudado a diferentes senegaleses que llegan por primera vez y necesitan alguna plata para empezar a trabajar.
Es a través de Massa, que Nibu conoce a Kime y a Fallou y es por esta razón y además porque tienen similar filiación religiosa que los tres alquilaron un departamento juntos. Además los tres, por ser más jóvenes y migrantes más recientes, comparten un fuerte vínculo con sus madres a través de las fronteras, que lo mantienen vivo a través del envío de dinero y las llamadas.
Durante la etapa de adaptación los tres aprendieron a cocinar, asumiendo el rol que está asignado socialmente a las mujeres: “Cuando llegué acá todo era nuevo. Yo aprendí a cocinar, porque en África las chicas cocinan. Acá llega uno sin nada y quienes te dan posada, terminan enseñándote a cocinar”, confesó Fallou.
En el caso de Massa, quien vive con su sobrina Jane y su hermana, el rol de la cocina lo siguen ocupando las mujeres.
¿Cómo se vive la lógica de la red en el trabajo diario?
Todos los integrantes de la red de Mekhe, menos Kime, trabajan cerca sobre una de las esquinas más concurridas de Once. Trabajan en una vereda Massa, Jane, Bouba y Fallou y del otro lado Bal, Dieck y Nibu.
El lugar se lo ganaron primero los migrantes más antiguos. “Hace mucho tiempo llegué a esta vereda. En ese momento no había nadie. Por eso la gente sabe que yo llegué primero y que estoy acá, se le dice a la gente y la gente se va. Aquí hay códigos de respeto”, explicó Massa.
El pionero de esta red, aunque tiene locales en otros puntos, no ha dejado de vender en la calle por ser uno de los puntos donde mayor venta tiene. Es así, como con una visión estratégica Massa ha puesto a sus familiares y amigos junto a él en la venta sobre la vereda como una manera de controlar lo que se ofrece en este espacio de la avenida Corrientes.
Fallou, Bouba, Massa y Jane ofrecen diferentes productos también como una manera de no hacerse competencia y atraer la atención de quien pase. Lo mismo ocurre al otro lado de la vereda con Bal, Nibu y Dieck: lo que hace que los productos varíen entre lentes, carteras, zapatos para bebé, perfumes y bijouterie.
Sin embargo, los lazos de confianza con este nodo central (el pionero), que dependen de un intercambio de solidaridades anterior o de si existe un vínculo de parentalidad, determinan quien ocupa los lugares en la concurrida calle Corrientes. Lo que explicaría porque Kime trabaja en el barrio de Flores y aunque le ha pedido a Nibu trabajar junto a él, no ha podido establecerse aún en Once.
9. La red Baye Fall
Un total de 17 personas hacen parte de la red Baye Fall: de los cuales 8 migraron y viven actualmente en Argentina, 5 nunca han tenido experiencia migratoria y viven en Senegal, 2 nacieron en Argentina y otros 2 son oriundos de Senegal, pero migraron a países europeos (Véase Gráfico 3).
El primero de los integrantes de la red que migró a Buenos Aires, lo hizo en el 2006. Luego, los demás miembros lo hicieron los años siguientes en un periodo que abarcó del 2006 al 2014. Esta red, específicamente el grupo que migró a la Argentina, está compuesto en su gran mayoría por hombres entre los 22 y 30 años, a excepción del pionero que tiene 42 años.
La red baye fall se trata de una “red de arribo” de la cual sus miembros empezaron a sumarse al llegar al destino, provenientes de distintas cadenas migratorias en origen. A diferencia de las dos anteriores redes, esta es una red por pertenencia religiosa y es precisamente por la que fue nombrada de esta manera: gran parte de sus miembros se reconocen como Baye Fall, un grupo del mouridismo.
“El mouridismo es una de las tantas cofradías islámicas presentes en Senegal, aunque la mouride es la única propiamente senegalesa; se estructuró alrededor de la ciudad santa de Touba originando una diáspora ligada a dicha ciudad a partir de la emigración de sus discípulos al extranjero en vinculación a un proyecto común que construye y reafirma la identificación con la cofradía y con un Islam eminentemente senegalés desde cualquier parte del mundo. Hoy la cofradía es de vital importancia en el mantenimiento de una identidad transnacional, proveyendo a los migrantes puntos de referencia espirituales e ideológicos” (Zubrzycki, 2011).
Los Baye Fall son un grupo dentro de la cofradía mouride que sigue a Ibrahima Fall, un discípulo de Amadú Bamba, fundador del mouridismo. Es un grupo con influencias del Islám y del rastafarismo: “Ibrahima Fall era un seguidor de Amadú Bamba. Fue más lejos que el primero en su sacralización del trabajo y se consagró a trabajos manuales, en concreto artesanales, como forma de adoración. Pronto a éstos se sumó la música, sin la que los africanos no saben vivir. Así se desarrolló un subgrupo de los muridas, los baye fall (bay fal), dedicados a labores artesanales o artísticas, incluida la música”, (Portal Web Mashaallah, 2008).
Los integrantes de esta red comparten códigos culturales, costumbres y un estrecho vínculo por su pertenencia religiosa: es usual verlos usando remeras con los colores de Senegal o con motivos alusivos a África, verlos escuchando reggae y llevar su cabello con rastas. De hecho, como aseguró Bob S., uno de los integrantes de la red, “entre Baye Fall nos reconocemos por la forma de saludarnos: “Yasalam”, de hablar. Inmediatamente sabemos que es uno de nosotros”, expresó.
Los orígenes de quienes hacen parte de la red Baye Fall varían entre la región de Diourbel y la ciudad de Dakar. En su mayoría son Wolof y uno de ellos se reconoce como mitad Bámbara y mitad Serrer.
Los migrantes de la red, a excepción de una mujer, son varones que pueden enmarcarse en el perfil de los migrantes jóvenes que vienen para independizarse y así asumir su rol como proveedor de su familia a la distancia y para viajar por el mundo.
“¿Qué es migrar? Es aprender de la vida y de sus realidades”, escribió en su celular Azul, quien como los otros miembros de la red espera seguir viajando y trabajando en otros países antes de regresar a Senegal.
Es una red con un gran número de vínculos de amistad y en menor medida de parentalidad y la fuerza de los lazos está marcada por el compromiso con su filiación religiosa y por el apoyo mutuo en el desarrollo del proyecto migratorio.
De hecho, es una red que como la de Mekhe trabaja sobre una misma vereda brindándose apoyos mutuos: trabajan en parejas, comparten las ganancias y luego las dividen en partes iguales para enviar dinero a casa. En la filiación religiosa suelen sumarse a todas las celebraciones propias del mouridismo desde su papel como baye fall (la sacralización del trabajo): ayudando en la cocina y en la preparación del evento y, particularmente, se reúnen como baye fall todos los domingos.
Dentro de esta red podemos enumerar una reagrupación familiar, por parte del pionero. Los demás comparten vínculos fuertes con sus madres a través de la distancia, compromiso que reafirman con llamadas, mensajes diarios y remesas mensuales.
9.1. Los motivos y la vida en Senegal
Un ‘djaro’, un anillo con un pergamino que tiene impresa una frase en árabe, es el regalo que las mamás le hacen a sus hijos cuando salen al exterior. El ‘djaro’ los cuida y los protege según la tradición y es la pieza que tienen en común los migrantes de la red Baye Fall.
Una red de hombres jóvenes que salen de Senegal en una demostración de “valentía” y de su paso a la adultez. Los miembros de la red Baye Fall se dedicaban a las ventas y al comercio en Senegal y ninguno adelantaba estudios en el momento de migrar. Otros, como Azul intentaba a toda costa salir del desempleo.
Es de esta manera como se activan los vínculos de solidaridad en la cadena migratoria y al igual que en la red de Mekhe, los padres aportan parte del dinero para que sus hijos lleguen a destino. Es un dinero que se invierte teniendo en cuenta que ese hijo empezará a aportar al hogar a través de remesas.
Los miembros de la red Baye Fall cuentan con experiencia migratoria previa: Bob y Azul habían vivido y trabajado en otros países africanos y Madu y Max vivieron una temporada en Brasil.
Como dijimos anteriormente, los miembros de esta red parten de diferentes cadenas migratorias. Los únicos que pertenecen a la misma son Moustafa, Yede y Pablo, quienes comparten vínculos de parentalidad.
Moustafa parte primero como pionero de la red, quien luego se reagrupa con su esposa en destino dos años después. Pablo, primo de Moustafa, logró no solo el apoyo de su cadena migratoria en origen, sino que los vínculos se desplegaron a través de una red transnacional que le permitió conectarse con el pionero al llegar.
Azul, Rat y Max, cada uno de una cadena migratoria en origen diferente, recibieron parte del financiamiento de su viaje de sus familias. Sin embargo, al no tener un contacto en Argentina, no contaban en su momento con una red de arribo al llegar y esto originó que tuvieran que pagar por la información sobre cómo viajar y acudir a redes nacionales para su inserción.
No obstante, Azul y Max luego reciben a Bob y a Madu lo que empieza a activar la red Baye Fall, que finalmente se estructura en el día a día que se vive a través de la inserción laboral de los miembros de esta red.
De hecho, no resultaba una preocupación la inserción. Varios de estos miembros tenían a su favor dos elementos: habían trabajado en otros lugares lejos de su origen y como baye fall no veían como una barrera llegar a insertarse laboralmente en cualquier ámbito, teniendo en cuenta que el trabajo es una forma de consagrarse a Dios.
En resumen, los integrantes de la red coinciden en asegurar que vinieron para buscar “su propio destino”:
“Vine a conocer el mundo”, dijo Madu.
“Nosotros (los Baye Fall) somos de trabajar, salimos de nuestro país a otro buscando algo mejor, una mejor vida. Podemos ir a cualquier lugar, siempre buscando trabajar y mejorar”, explicó Pablo.
“Yo soy un tipo al que le gusta viajar, conocer cómo vive la gente y entenderlo. Por eso estoy acá”, confirmó Bob, que espera contar con ahorros y los documentos para seguir probando suerte por otros países de Suramérica.
¿Por qué Argentina?
Azul comparaba a Argentina con el paraíso: “me lo imaginaba como América, como Estados Unidos, que era un país muy grande. Así lo describían todos en Senegal”. Y es que viajar a Argentina como una opción para enviar dinero fue un rumor que escuchó Rat, Max, Bob y Azul.
Tal vez algún conocido les comentó, pero ninguno de los cuatro conoció a alguien que hubiera viajado. La única información que tenían a mano era el costo del viaje y eso se mezclaba con una especie de incertidumbre: pagaban, pero dependía en gran parte de ellos llegar al destino.
Otra fue la realidad de Pablo, quien contaba con la red de arribo y que además tenía la experiencia migratoria de su primo Fallou que había vivido varios años en Europa. Según Pablo, era conveniente venir a la Argentina, ante la dificultad de conseguir documentos para viajar a países del viejo continente.
A Pablo también lo motivaba la vida que había logrado su primo Fallou en Senegal, luego de años de emigración en Europa: hoy era el dueño de su propio local y tenía una vida de bastantes comodidades para él y su familia
9.2. El viaje y su trayectoria
- Trayecto Senegal-Brasil-Argentina
- Trayecto Senegal-Ecuador-Perú-Bolivia-Argentina
La transmisión de información acerca de cómo viajar varía en dos patrones en esta red, dependiendo del acceso a la misma. Pablo, por ejemplo, replicó el viaje que hizo Moustafa (el primer eslabón de la cadena), su primo y pudo viajar sin muchos contratiempos.
“Solicité la visa para Brasil en Senegal y viajé en avión hasta ahí. En Brasil pasé tres días. Compré ropa y mercancía para vender y luego emprendí el viaje en colectivo para Argentina. Mi primo me dio consejos muy útiles. Fue un viaje que me tomó unas tres semanas”, contó Pablo.
Los hermanos Max y Madu hicieron un recorrido similar, solicitando la visa para Brasil y luego entrando por tierra para Argentina. Sin embargo, pasaron entre tres meses y un año en Brasil “probando suerte”, luego siguieron su trayectoria.
Aunque hasta Brasil viajaron con la tranquilidad de tener documentos, al cruzar a la Argentina los migrantes aprovechan la porosidad de la frontera y pasan caminando, evitando los puestos migratorios:
“Es una suerte si entrás o no y yo la tuve. Hay un poco de quilombo, pero no tanto como en otras fronteras. Muchos oficiales saben que somos buenos y eso nos ayuda”, aseguró Max, quien entró por la ciudad de Barracao (Brasil).
En general, quienes vienen de Brasil saben cómo cruzar la frontera, gracias a que vienen referidos por alguno que ya está en destino como Pablo o porque se ven beneficiados por redes de otros senegaleses que hay en Brasil y que se transmiten unos a otros cómo poder entrar sin complicaciones.
El caso de Azul es muy diferente. Sin ningún contacto y luego de un intento de migrar fallido a Portugal en barco, a través de Mauritania, escuchó sobre Argentina. “Un amigo que había venido acá, me contactó con un conocido en Dakar que prometió traerme a Argentina. Uno no conoce y por eso resulta pagando para que lo ayuden a entrar”, comentó Azul.
Finalmente Azul viaja a España y luego a Ecuador, país que no solicita visa para entrar. Luego, emprendió un recorrido por tierra a través de Perú, Bolivia y el norte argentino.
“En Dakar te dicen Ché si querés viajar para allá te puedo llevar yo, pero vos tenés que pagarme. Esa persona que es de mi país y es el coordinador tiene conocidos en Ecuador, Perú y Bolivia a los que llama y están pendientes cuando uno llega a esos lugares. El tema es que cada vez que alguien te ayuda en un país te cobra. No es un negocio legal y es riesgoso, uno siente miedo”, describieron los miembros de la red Baye Fall.
Precisamente a la red le pagan para que los senegaleses pasen, pero muchas veces depende de ellos mismos llegar a destino: sin conocer el idioma los migrantes en Ecuador deben moverse dentro del país para dar con las personas que les ayudarán a cruzar las fronteras (generalmente son personas oriundas del país al que llegan).
La estadía, la alimentación y los transportes durante el trayecto dependen de ellos mismos y algunos por no conocer el idioma y por miedo a ser detectados, prefieren comer poco. Los que se animan se mueven sigilosos en los países a los que llegan, se comunican con señas y no se alejan muchas cuadras del hostel donde se están alojando. Así que adicional a lo que pagan en origen, deben llevar dinero para pagar colectivos, comida, alojamiento y para pagarle a cada persona que hace la conexión en los distintos países.
El viaje puede tomar entre 5 días y un mes e implica pasar por los puestos de frontera sin ser detectados.
“Tenemos nuestro pasaporte, pero no sabemos bien qué documentos nos piden en cada país, así que evitamos los puestos migratorios. Cada frontera se pasa de forma diferente: En Perú me pusieron debajo de un auto (algunas veces se hace en camiones), en otra tuve que esperar dos noches hasta que por fin logré cruzar y en la frontera Bolivia-Argentina pasé caminando porque eran unas cuatro cuadras”, contó Azul.
El trayecto migratorio de Azul fue replicado por Bob. “Supe cómo viajar porque mi mamá contactó al papá de Azul, a través de un amigo. Así que me junté con el papá de Azul y me contó cómo hacerlo. Incluso durante el viaje me quedé sin plata para pagarle a uno de los contactos y llamé de nuevo al papá de Azul y me ayudó”, comentó Bob.
Bob reconoce que al no tener papeles era un viaje peligroso y que debía hacerse rápido. “No sentí miedo, porque soy hombre y los hombres sabemos enfrentar estas cosas. Tenía que mantener mi cabeza tranquila y enfocarme en que no estaba haciendo nada malo”, aseguró.
En su trayecto Bob se cruzó con dos senegaleses más con los que finalmente pasó las fronteras de Bolivia y Argentina. Sin conocerlos, los tres juntaban plata para comer e incluso le prestaron a uno de ellos que no tenía para pagar el micro hasta Capital Federal.
Rat D. también viajó en el 2012, igual que Azul y Bob y dijo haber sentido miedo. “Uno viene como clandestino, como si fuera a hacer algo malo. No me gustó, por eso traté de hacerlo lo más rápido posible. De Ecuador a Argentina me gasté solo 5 días”, dijo Rat.
Durante los trayectos, los miembros de la red Baye Fall hicieron parte de redes por pertenencia nacional a través de las cuales pudieron obtener información sobre cómo cruzar fronteras u obtener solidaridades en el caso de Bob que se cruzó con otros dos paisanos con los que hizo parte del viaje. Redes a las que accedieron en los distintos lugares que implico el recorrido hasta el destino.
Otros hicieron parte de redes con relaciones de verticalidad: como indicamos en el primer capítulo son redes en las que unos poseen la información y los recursos sociales y estos la traducen en un valor económico que accede quien tiene para pagar. Este es el caso de quienes viajaron desde Ecuador hasta Argentina por tierra.
Otros como Pablo al tener una cadena conectada con una red de arribo, tuvieron un viaje más cómodo, seguro y la tranquilidad de tener información sobre el mismo de primera mano. Sin embargo, es importante destacar que el vínculo era un lazo de parentalidad fuerte que permitió establecer confianza para el migrante.
9.3. La llegada y la adaptación: El ‘aguante’ de los primeros días
Un día del 2012 quedó para siempre en la mente de Azul: La llegada de Bob a Buenos Aires. “Lo vi al otro lado de la vereda, sobre Pueyrredón: “Estaba pálido, sin ánimo. Se notaba que no había comido en días. Lo abracé, le di de comer, lo dejé que se bañara y que luego descansara del largo viaje”, contó Azul.
Era la primera vez que se veían en persona, luego de las recomendaciones de su padre, quien le había dicho que vendría un hijo de Fatu, una amiga en Dakar. Azul sabía que Bob vendría desde Ecuador por tierra como el mismo lo había hecho. “Es un viaje donde resulta difícil mantener la esperanza, por eso sabía que debía tomarse un buen descanso”, dijo Azul.
Bob descansó toda una noche en la estrecha habitación que han compartido durante dos años. Al siguiente día Bob ya estaba de pie en una de las esquinas más transitadas de Buenos Aires. Sobre Corrientes y Pueyrredón Bob se empezó a acostumbrar al castellano y al agresivo día a día de la venta en la calle.
El entrenamiento duró más bien poco. Bob no traía mucho dinero y sabía que debía invertirlo con urgencia en mercancía. Azul había llegado unos meses antes, pero conocía dónde comprar, qué comprar y además contaba con un espacio en uno de los sitios más concurridos de Once. Esa misma semana Bob empezó a vender, se quedó compartiendo habitación con Azul y el primer mes pudo enviar dinero a su casa en Senegal.
Sin embargo la realidad de Azul fue diferente. Su llegada fue menos amena. Azul llegó sin maletas ni remera y lo primero que pudo hacer fue buscar africanos para pedirles ayuda:
“Cuando me quedé sin un mango (dinero), empecé a preguntar por la gente africana y fue así como di con Plaza Miserere. Así llegamos muchos, sin nada. Aquí hay algunos paisanos que te prestan, te brindan una mano. A mí me ayudaron a conseguir dónde vivir y me prestaron 1000 pesos, que luego pude devolver en dos semanas. No me cobró absolutamente nada, lo hacen de corazón”, afirmó Azul.
A Madu lo recibió su hermano quien había llegado tres años antes. Sin embargo, la llegada resultó menos compleja pues Madu venía de haber estado una temporada en Brasil trabajando y en su cabeza tenía claro que quería seguir viajando y conociendo al menos cinco años más. Lo mismo piensa su hermano Max, pero tienen claro que durante esa época deben seguirle enviando dinero a su mamá y a su hermana en Diourbel.
Madu y Max se turnan un pequeño rincón de la esquina de Corrientes y Pueyrredón junto a Bob y Azul. Los cuatro se apoyan y se dan sustento a diario. Conversan, comparten y comen en grupo, en medio de la marea de gente que se pasea desde tempranas horas en esta concurrida calle.
Los cuatro migrantes de esta red tienen como prioridad enviar dinero, pero también son jóvenes y saben que están buscando “su propio destino”: los cuatro coinciden en que aún no quieren volver del todo a Senegal y que quieren seguir conociendo otros países.
En su día a día intentan moverse para vender más y por eso a veces no resulta suficiente que solo trabajen en Once. En la semana van dos días en la madrugada a un sector conocido como La Salada y los fines de semana se van hasta el barrio porteño de Puerto Madero, aprovechando la cantidad de personas que salen a pasear y a disfrutar de este lugar.
Además trabajan en equipos: Bob y Azul venden en conjunto sus productos y comparten la ganancia. Azul vende carteras y Bob lentes, luego todo se divide en dos. Lo mismo hacen Max y Madu.
A unos metros sobre Pueyrredón está Pablo, vendiendo lentes y remeras. Como los otros chicos de la red vive a media cuadra del lugar donde trabaja y envía dinero cada mes a su mamá. A Pablo lo recibió su primo Moustafa, lo que le garantizó vivienda, comida y trabajo inmediato.
“Mi primo tiene ahora un taxi, pero empezó vendiendo mercancía en Once. Yo no sabía muy bien que tenía que llegar a vender a la calle. Me pareció difícil y muy duro, pero era la única opción”, cuenta Pablo, quien aprendió de su primo lo esencial para salir sobre la avenida Pueyrredón a vender.
En el departamento de Moustafa no solo vive su esposa Yede, sino sus dos hijos quienes nacieron en Argentina. Estos últimos son los “profesores” de castellano de Pablo: “Vienen de la escuela y me cuentan lo que aprendieron. Además me corrigen si digo alguna palabra mal”, contó Pablo.
En este departamento, Moustafa alquila las habitaciones para otros senegaleses. Precisamente Pablo vive junto a Rat y otros dos muchachos, una alternativa para los que llegan por primera vez y buscan un primer lugar para vivir.
Gracias a esta red, Yede también ha podido hacer algo de dinero y a la vez seguir cumpliendo sus funciones como mamá y cuidadora de la casa. Desde muy temprano prepara comida típica de Senegal para los chicos que trabajan sobre la avenida Corrientes. Con un carrito y de la mano de su hijo recorre pacientemente cada puesto sobre la vereda repartiendo recipientes con comida. En la tarde, los recoge y cobra.
Rat, Pablo, Max, Azul, Bob y Madu trabajan todos sobre la misma vereda con algunos metros de distancia. Pablo y Azul aseguran que pudieron ubicar sus puestos en esquinas concurridas gracias a que fueron uno de los primeros en llegar y esto ha permitido que los demás puedan estar cerca de ellos.
Como en la red de Mekhe, los Baye Fall también trabajan y se cuidan en conjunto. Hablan durante todo el día, se acompañan y están pendientes del puesto de su paisano cuando alguno debe ausentarse del lugar de trabajo.
Bob asegura que para trabajar en Once hay que hacerlo con “sistema” y lo dice para definir las estrategias que con Azul idean para no perder el espacio en la vereda, para aumentar las ventas y para que la competencia no los perjudique.
Pablo también lo sabe y por eso junto a Bob aseguran que para no tener problemas se debe siempre hablar con los dueños del local que están en la vereda donde trabajan.
“La primera vez que vine a buscar un lugar fue hace dos años. No había nadie acá, no había nada prácticamente. Yo saludo a la chica del local, le pregunto si me puedo quedar aquí con mis cosas y ella me dice que vaya y hable con el dueño. Hablo con él y así logro quedarme”, explicó Pablo.
“Acá en Once hay mucha competencia. Uno tiene que trabajar con sistema. Estudiar lo que vende, porque hay mucha gente que puede vender lo mismo que vos. Por eso a veces resulta mejor variar los lugares de venta y buscar sitios donde no haya mucha gente vendiendo lo mismo”, añadió Bob.
De ese “sistema” o estrategia de trabajo también aseguran que hace parte conversar con los policías que a diario están en el lugar y hacerlos entender que no quieren sino poder trabajar. Al igual que adecuar la mercancía con relación al local que vas a tener al frente.
“Si el local vende remeras, vos no poder vender remeras. Tenés que vender carteras u otro objeto, eso es claro. Y obviamente no a todo el mundo le gusta y si es así te llaman de una vez a la policía y ya sabés que a ese lugar no podés volver”, dijo Azul.
La red Baye Fall es la más joven de las tres redes y es una red formada más por vínculos de amistad que familiares. De esta manera se nota como el acceso a los recursos resulta más precario.
La vivienda y el trabajo son recursos a los que se accede de una mejor manera a través de una experiencia migratoria más formada. Sin embargo, de esta red apenas dos miembros tuvieron un acceso más fácil: Yede y Pablo, gracias a sus vínculos familiares con Moustafa, el primer eslabón de la cadena.
Los demás accedieron a estos recursos gracias a la información que circula en las redes nacionales que establecen los senegaleses en Once y que responden a que cualquier senegalés que llegue a Once recibirá el apoyo de otro connacional. Sin embargo, el acceso a estos recursos no se dio de la misma manera como en el caso de Yede y Pablo: consiguen vivienda y comida temporal y deben invertir tiempo para ir definiendo su vivienda definitiva.
En el caso de Azul y Bob están acostumbrados a ir rotando de lugar de vivienda por distintas razones: les incrementan el precio y no tienen la facilidad de acceder a un contrato legal para alquilar un departamento lo que sí tienen migrantes que cuentan con los documentos y los requisitos.
Quienes contaban con la red de arribo desde origen, como en el caso de Pablo tienen una preocupación menos. Los demás de la red acceden a vivienda y trabajo, pero no cuentan con el capital social que tuvo Pablo y que originó su primo Moustafá.
El proyecto migratorio de esta red, como indiqué al principio, contempla no solo a Argentina como último destino, sino el paso por otros países. Son hombres jóvenes que salieron y que no tienen entre sus planes establecerse del todo en algún lugar y menos volver a Senegal para vivir, al menos temporalmente.
Algunos como Bob y Pablo ahorran para poder poner su propio negocio en Senegal y ven la vida en el extranjero como una forma para mejorar su vida al regreso. “Quiero poner un negocio de almacén donde la gente compre granos y alimentos que necesiten a diario para cocinar”, contó Bob.
De esta manera, los migrantes de la red plantean su día a día con el fin de ahorrar dinero, enviar a Senegal e ir buscando nuevos destinos. Es también vital mostrar que parte de este proyecto migratorio parece más sostenible entre dos: dos paisanos que se conocieron en Argentina y jamás se habían visto en Senegal o dos paisanos que tenían alguna referencia del otro en Senegal.
Es así como estos migrantes se mueven entre dos para acceder mejor a los recursos: Pablo y Rat, Max y Madu y Bob y Azul. Duermen en las mismas habitaciones e incluso compran mercancía entre ambos y luego reparten las ganancias entre dos.
En este caso, en palabras de Pedone podríamos decir que la red empieza a articularse horizontalmente, basándose en “reciprocidad, lealtad, solidaridad y cooperación establecidas por otros migrantes ya establecidos en la comunidad de llegada”, (Pedone, 2010).
“Yo vivo con Rat, es más que un familiar, es mi amigo, mi hermano… hay personas con las que tenés una relación más importante que con tus hermanos de sangre. Duermo con él, nos ayudamos entre nosotros, hablamos toda la verdad”, cuenta Pablo.
“Siempre intentamos vender lo más que podamos. Por eso a veces aprovechamos vender en el día en Once y en la madrugada en La Salada. Vamos juntos porque es peligroso y luego en el día, mientras uno duerme un poco, el otro descansa y luego nos intercambiamos”, relata Azul.
Los lazos fuertes de la red se generan entre dos paisanos que no necesariamente comparten vínculos de parentalidad o de amistad previos a la experiencia migratoria. Como indicamos unos capítulos arriba, siguiendo a Granovetter, los lazos dependen de la combinación de cantidad de tiempo, intensidad emocional, intimidad y servicios recíprocos.
En este caso, los migrantes operan de a dos y tienen en común los siguientes aspectos: comparten una casa, no tienen vínculos parentales en destino, comparten un proyecto migratorio, una pertenencia religiosa, se respaldan en el trabajo diario y además tienen un mismo sueño: viajar y retornar a Senegal así pasen “50 años”. En algunos casos como el de Bob y Azul, los familiares en destino también establecen vínculos que promueven ellos mismo desde el origen.
De hecho, la mamá de Bob suele hablar con Azul y el papá de Azul suele hablar con Bob. Ambos padres, aunque viven en localidades diferentes en Senegal también se mantienen en contacto. Estos vínculos transnacionales nacieron dentro de la red Baye Fall de arribo.
Podríamos inferir que la red se articula horizontalmente en el destino, debido a la hostilidad del viaje que enfrentaron la mayoría de miembros de esta red. Frente a esa experiencia pasada, donde la red se articulaba verticalmente y donde a pesar de pagar, viajaban en condiciones adversas, al llegar se extienden los lazos de solidaridad con los paisanos que vivieron experiencias similares. Las redes se articulan horizontalmente, como una manera de resistir a la articulación vertical y hostil del trayecto migratorio.
10. Las tres redes comparativamente
Estas tres redes descritas nos permiten vislumbrar la diversidad de vínculos que se tejen entre los 28 migrantes senegaleses en Argentina que hacen parte de las mismas y cómo estos lazos inciden en las diferentes etapas del proceso migratorio.
En su composición las redes fueron definidas de acuerdo al motivo que genera los vínculos entre los migrantes establecidos en destino, teniendo en cuenta variables como el territorio de origen, la vinculación parental y la pertenencia religiosa y étnica. Y atendiendo también a factores que permitan dar un “uso fuerte” del concepto de red, es decir vínculos que no necesariamente puedan estar determinados por las variables anteriores.
De esta manera, surgieron las redes de Casamance, Mekhe y Baye Fall. La primera una red por pertenencia territorial, la segunda una red parental y la tercera una red por filiación religiosa.
Las dos primeras redes comparten un mayor número de vínculos familiares, que conectan a estas redes con cadenas migratorias en origen. Lo que no ocurre con la Baye Fall, que es más una red de arribo que se formó en destino.
Sin embargo, a pesar del gran número de vínculos familiares de la red de Casamance, esta recibió el nombre de la región de Senegal a la que pertenecen la mayoría de miembros de la red. De esta manera, se daba cuenta de esos vínculos fuertes que no necesariamente eran parentales, sino que estaban marcados por una identidad de pertenencia a un territorio.
En el caso de Mekhe, los vínculos familiares son como el corazón de la red que está sujeto a un proyecto migratorio común que cada uno de los miembros intenta alcanzar, a través de los lazos de la red. A diferencia de la de Casamance, aunque la mayoría comparte su pertenencia a Mekhe, lo que realmente marca la fuerza de los lazos es el proyecto migratorio y especialmente a que muchos al llegar se suman y contribuyen con el objetivo migratorio del pionero.
Por su parte, la red Baye Fall tiene una clara conexión con la cofradía que lleva el mismo nombre y a partir de la cual sus miembros extienden solidaridades para lograr sus objetivos en destino y origen, teniendo como común denominador los hábitos, costumbres y creencias de su filiación religiosa.
En cuanto a la pertenencia étnica, algunas redes pueden dar cuenta de una heterogeneidad interna, especialmente en el caso de Casamance. Sin embargo, la mayoría de miembros de las redes suelen compartir una misma pertenencia étnica o agruparse con miembros de otras con las que existan similitudes.
De ahí que en la red de Casamance no haya miembros wolof y en la red de Mekhe, no haya miembros diola. No es una coincidencia, pues según los migrantes de estas redes existen diferencias entre estas etnias en origen: los wolof por ser la etnia mayoritaria, que está en Dakar (la capital) y los diola, que están en el sur, una región que se siente olvidada y apartada de otras regiones del país, especialmente de la capital.
Los miembros de Casamance comparan las diferencias entre wolof y diola con la relación que existen entre porteños (habitantes de la Capital Federal, de Buenos Aires) y los habitantes del interior (provincias de Argentina): “La gente de la ciudad o los porteños son menos unidos y más presumidos. La gente del interior como nosotros en Casamance somos más unidos, más solidarios”, explicó una de las integrantes de la red de Casamance.
En voz de un Mouride, “en Senegal todas las etnias se agrupan sin problema, pero los diola no. Los diola son de apartarse, de aislarse. No se integran y mucho menos con los wolof”, contó Bouba, de la red Mekhe.
De esta manera, estas diferencias que se dan origen, se trasladan al destino y eso se refleja en la manera en que se agrupan los migrantes al llegar.
En la pertenencia religiosa, los miembros de las redes suelen agruparse con otros migrantes con los que se comparte la misma filiación religiosa: en este caso Tidjane en Casamance y Mekhe y Mouride-Baye Fall, en la red Baye Fall. Sin embargo es en esta última donde cobra una mayor importancia la pertenencia a una cofradía, en las otras redes no resulta tan prioritario o en el caso de la red de Mekhe, revivir las costumbres tidjane es una manera de marcar su diferencia con la mayoría de migrantes mouride que hay en Buenos Aires.
Una de las grandes similitudes de las tres redes tiene que ver con los motivos por los que migraron y las razones por las que escogieron a Argentina como destino: En cuanto a lo primero, la mayoría de miembros tiene como razones de la migración los deseos de emancipación, la mejora de la vida de los suyos y la curiosidad por viajar y tener su propia vida.
Así, los varones jóvenes partieron como parte de un proyecto familiar en el que deben asumir el rol de proveedor para ayudar con los demás miembros de su familia y esto mezclado también a una necesidad de independencia.
Las redes también dan cuenta del rol tradicional de las mujeres en la migración senegalesa, en su papel de cuidadora y teniendo como razón de su viaje, la reagrupación familiar. Sin embargo, en las redes también se da cuenta de mujeres que desafían esta tradición y han viajado en un rol similar a la de los varones, como apoyo para sus familias e incluso hijos que quedan en origen.
Argentina como destino, para las tres redes, fue un país al que se eligió debido a la experiencia migratoria de otros familiares que habían viajado a países europeos y que reconocían la dificultad de conseguir documentos para emigrar. Los pioneros vinieron por primera vez, probaron suerte y “abonaron” el terreno para los que venían.
Los que no contaban con contacto en destino, se enteraron del mismo, a través de redes por pertenencia nacional, que motivaron la escogencia de este país suramericano.
10.1. Los proyectos migratorios
Cada red cuenta con un proyecto migratorio diferente que marca la fuerza de los vínculos que se construyen en destino. De hecho estos vínculos se establecen como una vía para la consecución de esos distintos objetivos por los que se construyen las redes.
El proyecto migratorio de la red de Casamance es la reagrupación familiar y el asentamiento en destino. El retorno se anhela, pero el arraigo cobra mayor importancia. No se olvida el origen y más bien se recrea a través de la conservación de costumbres en destino.
Uno de los vínculos más fuertes en esta red se da entre las mujeres quienes se confían el cuidado de los hijos y las labores del hogar. De esta manera, ellas pueden empezar a insertarse laboralmente y sumarse al rol de proveedoras. Estos lazos no necesariamente se reproducen entre parientes, sino que puede darse entre mujeres que en este caso comparten una situación migratoria similar, son de la misma región y comparten las mismas nociones del concepto de familia.
El proyecto migratorio de Mekhe plantea una existencia transnacional: sus miembros no esperan insertarse completamente en destino ni tampoco se habla de un retorno definitivo. Se plantean una vida entre origen y destino, en el que este último sea el lugar que les permita crecer económicamente y el origen para mantener los lazos con su familia y con su esencia.
Los integrantes apuntan a seguir trabajando con mercancías de manera independiente, pero a mayor escala. Comprar algunos locales, contratar paisanos y hacer crecer el negocio para de esta manera estar 9 meses en Argentina trabajando e irse 3 meses a Senegal todos los años.
Esta existencia transnacional también les permite ocupar una posición social tanto en destino como en origen, al ser un migrante “exitoso” que viaja con frecuencia, tiene locales y mantiene su familia a distancia. A diferencia de la red de Casamance, Mekhe es una red que no le apunta a la reagrupación familiar.
Los vínculos fuertes más allá de la parentalidad están marcados por la pertenencia al proyecto migratorio. El pionero como “nodo central” brinda ayudas para la inserción y el nuevo migrante se suma a través de los negocios de este pionero.
Es así como el nuevo migrante sabe que de a poco va a ir independizándose, pero que su éxito depende de aprender del pionero y de su cercanía al mismo. Los lazos se refuerzan en ese intercambio de favores y apoyos con ese pionero que ya logró ese proyecto migratorio que los demás desean imitar.
La red Baye Fall, por su parte, plantea un proyecto que se resume en viajar, ahorrar y retornar. Compuesta en su mayoría por varones, la red se plantea una estadía en destino temporal, que puede variar en distintos países y mientras tanto mantener una existencia transnacional con el origen a través del envío de remesas y del contacto telefónico y por Internet.
Los migrantes de esta red tampoco le apuntan a la reagrupación familiar, sino a mantener su rol como proveedor de la casa con el trabajo que desarrollen en diferentes países para de esta manera conocer distintos lugares y reafirmar su rol como migrante exitoso.
No obstante, a diferencia de la red de Mekhe, los Baye Fall ven el retorno como un hecho primordial. Con un ahorro importante de dinero que les permita crear su propio negocio en Senegal y a través del cual puedan regresar en otras condiciones económicas , formar una familia y reagruparse pero en origen.
Por su filiación religiosa, esta red también visualiza su retorno como una vía para limpiarse y sanarse. “Anhelamos todo el tiempo volver a Touba, estar con los nuestros, hablar de Bamba y estar con otros Baye Fall. Son maneras de limpiarse de tantas cosas que adquirimos fuera de este lugar sagrado”, contó Azul.
Ante la ausencia de vínculos de parentalidad en destino, los lazos fuertes de los Baye Fall están determinados por la pertenencia a una misma cofradía, a las ayudas mutuas especialmente en el momento de la llegada y en el día a día de la inserción.
Como indicamos anteriormente, ante la hostilidad del trayecto migratorio, los Baye Fall despliegan sus lazos de solidaridad y operan entre dos, recreando una red más horizontal, frente a la verticalidad del viaje para llegar a destino.
Aunque los proyectos migratorios de las tres redes difieren, podemos afirmar que en la razón por la que los vínculos son más fuertes, las redes tienen grandes similitudes:
La fuerza de los lazos la determinan proyectos migratorios similares, los apoyos mutuos para la consecución de los mismos y un despliegue de solidaridades como respuesta a una inserción que sería inhóspita si no recibieran la ayuda de sus connacionales.
Es importante aclarar que muchos de esos vínculos fuertes se consolidan en destino, como en el caso de la red Baye Fall que es una red de arribo. En las otras redes, los vínculos de parentalidad juegan un papel primordial en la etapa de preparación y del viaje migratorio, al estar conectados con las cadenas migratorias en origen.
De esta manera contar con vínculos fuertes en origen y destino marcan una diferencia en los viajes y los trayectos que se realizan, pues se cuenta con un capital social de información de primera mano que fue construido previamente por un amigo o familiar.
Lo anterior facilitó de esta manera los viajes y la inserción para varios miembros de las redes de Casamance y Mekhe, donde existen mayores vínculos de parentalidad y donde existían lazos en común en el origen.
Mientras los miembros de Casamance viajaban en avión y entraban a Argentina por un aeropuerto, los integrantes de la Baye Fall hicieron un viaje que tomó no solo horas, sino días y que implicó un trayecto en colectivo, evadiendo puestos migratorios y por el cual tuvieron que pagar no solo para viajar sino para acceder a la información sobre el viaje.
En la inserción ocurre algo similar, todos se procuran un trabajo al llegar a través de las redes a las que pueden acceder: unos acuden a las redes que forman los connacionales y otros a redes de arribo generalmente con vínculos parentales.
Los primeros, en este caso los Baye Fall, se alojan en pensiones o residencias, reciben un préstamo de otro connacional y aprende un par de palabras en español para arrancar a vender. Los segundos tienen una vivienda garantizada, generalmente departamentos que han alquilado sus familiares, reciben una etapa de entrenamiento para empezar a vender y algunos hasta toman clases de español para acoplarse al mundo que los recibe. Estos últimos casos se dan más en redes como la de Casamance y la de Mekhe.
La inserción es diferente para los miembros de estas últimas redes por la fuerza de los vínculos, vínculos que como indicamos se forman por un objetivo común en cuanto al proyecto migratorio.
Por eso no fue igual la inserción para una migrante de Casamance que venía a trabajar en común con su hermana, para reforzar el envío de dinero a casa, a un migrante de la red Baye Fall que es el primero en emigrar y que cuenta apenas con el vínculo de un conocido en destino.
En el primer caso, la inserción de la migrante de Casamance fue preparada por su hermana con quien comparten un proyecto migratorio común y en el segundo aunque existe un despliegue de solidaridades, la inserción depende del propio migrante que encontrará un mayor número de obstáculos al no contar con ese capital social.
No obstante, el migrante Baye Fall durante su adaptación coincide con otros migrantes con los que no solo comparten condiciones adversas en destino, sino objetivos comunes (enviar dinero a su familia, viajar, consolidar su imagen como migrante exitoso) y además comparten ideas sobre su forma de vivir a través de su filiación religiosa; producto de esto se generan vínculos fuertes que les permiten a los migrantes de esta red unir esfuerzos en pro de una inserción menos hostil.
Gráfico 8. Cuadro comparativo de las redes
RED |
CASAMANCE |
MEKHE |
BAYE FALL |
No. de integrantes |
22 |
23 |
17 |
No. de migrantes en Argentina |
13 |
7 |
8 |
Tipo de red |
Red por territorio (Red conectada a una cadena migratoria) |
Red parental (Red conectada a una cadena migratoria) |
Red por filiación religiosa (Red de arribo) |
Lugar de origen |
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Etnia |
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Wolof |
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Filiación religiosa |
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Proyecto migratorio |
La reagrupación familiar en destino como estrategia para mejorar la situación económica de sus miembros. El origen está presente, se anhela el retorno, pero el arraigo es una constante. |
Una existencia transnacional que permita trabajar en Argentina y viajar cada año (por 3 meses) a Senegal. |
Viajar, trabajar y ahorrar por varios años. Enviar remesas a la familia y ahorrar para volver a poner un negocio en Senegal. El retorno es primordial. |
Trayecto migratorio |
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Elaboración propia
- El Modou-modou significa el que viaja, el que migra. Es la manera en la que se les llama a los varones en Senegal que migran y que luego envian remesas para ayudar a su familia. ↵










