Graciela Castro
Acercarnos a conocer qué piensan, sienten, los ilusiona, los enoja, los apasiona en el campo de la vida política a jóvenes que residen en la provincia de San Luis podía tornarse una tarea más de las que se realizan en las prácticas investigativas, buscando siempre el rigor científico, o sumarle a todo ello la posibilidad de conocer retazos de vida juveniles con visos de emotividad y de proyectos que superan los intereses personales.
Para quienes integramos el equipo de investigación “Involucramientos sociales juveniles en la contemporaneidad: construcción de identidades políticas y sindicales en la provincia de San Luis” (PICT-UNSL 2015-2918), quizá por entender la tarea investigativa como un aspecto sustancial y creativo de nuestras prácticas académicas, siempre hemos afrontado la misma no solo a partir de considerar los criterios científicos necesarios, sino también con la actitud de respeto y asombro frente a las situaciones y sujetos a quienes recurrimos, como fuentes fundamentales en las tareas de campo.
Cuando proyectamos el plan de esta investigación, el enfoque metodológico era central, pues buscábamos escuchar las voces de los jóvenes, acercarnos a sus prácticas y a sus vivencias. De este modo procurábamos contar con más elementos que nos permitieran conocer qué motiva sus involucramientos en la vida política, qué significado le otorgan a esa práctica, cuáles son sus expectativas y sus proyectos en dicha área de la vida en sociedad. Entonces no hubo dudas que el enfoque apropiado era el cualitativo preferentemente, aunque en alguna instancia del proyecto tuviésemos que efectuar una triangulación metodológica porque el problema de investigación así lo requiriese. “Los métodos biográficos, los relatos de vida, las entrevistas en profundidad delinean un territorio bien reconocible, una cartografía de la trayectoria –individual– siempre en búsqueda de sus acentos colectivos” (Arfuch, 2007: 17).
Si bien en una primera etapa acudimos, como herramienta de recolección de información, a encuestas y focus groups, fue en un momento posterior que nos abocamos a la realización de entrevistas en profundidad con jóvenes –mujeres y varones– que militaran en algún partido político o agrupación estudiantil.
De las entrevistas que llevamos realizadas hasta la fecha procuraremos realizar un análisis a partir de las variables que tuvieron presencia en las mismas. Entre ellas mencionamos: a) contexto en el cual se realizó la entrevista; b) ámbitos personales de inserción y características demográficas; c) historias familiares; d) tareas que desempeñan en el partido o agrupación; e) significado de la militancia en sus vidas y f) actitudes de otros ante sus militancias (familiares, estudiantiles, laborales y partidarias).
A) Contexto en el cual se realizó la entrevista
Tener en cuenta el espacio y sus características e imágenes puede resultar un aspecto intrascendente para algunos. Nosotros –desde el proyecto– entendimos que vale su atención pues en muchos casos permite acercarse a la identidad social del sujeto y la construcción de símbolos y significados que enmarcan sus interacciones sociales. En cuanto a las entrevistas que realizamos en esta etapa del proyecto, algunas las efectuamos en nuestro lugar de trabajo en la universidad mientras que otras las llevamos a cabo en espacios propuestos por los propios jóvenes. En este último caso fue: estudio de su profesión, local partidario o en espacios públicos. Siempre aguardamos que fuesen los propios jóvenes quienes propusieran, en primera instancia, dónde realizar las entrevistas. Solamente en dos casos recurrimos a enviarles por email el cuestionario, pues residen en una ciudad distinta a la nuestra. Todas fueron individuales y solo en una de ellas, y como la realizamos en un camping, por momentos se acercaba la pareja de la entrevistada, aunque en ningún momento participó en la conversación ni mostró gesto alguno de desaprobación o interés en opinar. Otra entrevista se llevó a cabo en el local partidario –sugerido por la propia joven– e implicó para nosotros una particular experiencia que relatamos a continuación.
Mientras aguardábamos la llegada de la joven, fuimos atendidos por una persona adulta que, con posterioridad, supimos que se trataba de un legislador provincial e, inferimos por comentarios de la joven entrevistada, se trataba de la persona con mayor relevancia política en ese local partidario. En los pocos minutos que aguardamos, el adulto mostró una actitud de escudriñar con insistencia y casi como si fuese un interrogatorio desde un lugar de autoridad, cuál era nuestra tarea, qué investigábamos, en qué lugar lo hacíamos y con qué finalidad. Tras nuestro interés en saber quién era él, nos enteramos acerca de su función en el partido y su actual cargo político. A los pocos minutos llegó la joven y pasamos a otra habitación para la entrevista, no sin antes el adulto –con gesto displicente– nos señalara que no entendía lo que hacíamos. Esta circunstancia, carente tal vez de relevancia para la tarea investigativa, nos pareció interesante describirla pues fue la única ocasión en que sentimos que habíamos sido tratados con visos de sospecha hacia nuestra tarea y hasta con cierta actitud de desdén y soberbia. Pero el desafío de acercarnos a particularidades de la vida cotidiana de los jóvenes que gentilmente accedían a compartir sus vivencias era de mayor relevancia.
Aquellas que realizamos en nuestro lugar de trabajo en la universidad procuramos que fuese un espacio amigable mientras compartíamos un café o mate, de acuerdo a la elección de los jóvenes. En todos los casos lo primero y fundamental fue explicarles el sentido de la entrevista, el marco institucional de la investigación; asimismo explicitamos que solo nos interesaban sus vivencias vinculadas con el tema del involucramiento político y social como así también el cuidado y recaudo ético de todo lo que conversáramos. A continuación les comentamos que a fin de poder registrar con mayor detenimiento la entrevista resultaba apropiado grabarla y tras su consentimiento iniciábamos la entrevista. La duración de estas estuvo condicionada por la personalidad de los jóvenes en cuanto a su locuacidad, pero en términos generales se extendieron entre 60 y 90 minutos.
Hacemos propio el señalamiento de María Cecilia de Souza Minayo (2009) cuando, refiriéndose a la entrevista afirma que “no es simplemente un trabajo de colecta de datos, sino siempre una relación en la cual las informaciones dadas por los sujetos pueden ser profundamente afectadas por la naturaleza de ese encuentro” (p. 176). De allí que con cada entrevistado tratamos de ser muy cuidadosos con la definición de la situación. La premisa básica era que cada uno de ellos pudiera sentirse lo suficientemente cómodo, tranquilo en sus expresiones, de modo que ruidos o barreras probables de asomarse en la situación, no constituyeran obstáculos para establecer diálogos fluidos. De modo muy grato para los investigadores que realizamos esta actividad, al finalizar cada entrevista los jóvenes expresaron haberse sentido muy cómodos y hasta ofrecieron posibles contactos con otros congéneres para la actividad. Es indudable que la variable de personalidad de cada joven fue un aspecto que otorgó sus particularidades a los testimonios. Por tal motivo algunas entrevistas se extendieron más allá de la hora que, en promedio, habíamos previsto. Ello estuvo atravesado por relatar historias personales –sin que desde nuestra parte se hubiese requerido– pero que finalmente permitió enriquecer la información que obtuvimos.
B) Ámbitos personales de inserción y características demográficas
Las entrevistas nos permitieron acercarnos a aspectos de lo que en términos teóricos corresponde al modo en que los jóvenes han ido construyendo su vida cotidiana, entendiendo por tal la esfera donde el sujeto construye su identidad social y la subjetividad (Castro, 1999). En este sentido resulta sumamente pertinente la propuesta teórica de Agnes Héller, quien en su texto Historia y vida cotidiana. Una aportación a la sociología socialista (1985) describe la estructura de dicha categoría. Acordamos con Héller al entender que la vida cotidiana constituye el centro de la historia y en este sentido es que –desde nuestra perspectiva de análisis– nos atrevemos a considerarla un sistema abierto, al modo que Prigogine (1996) explicaba el funcionamiento de tales sistemas en los estudios de la termodinámica. Este acercamiento a la categoría es lo que nos permite comprender la esfera de la vida cotidiana superando lo doméstico y complejizando y enriqueciendo, al mismo tiempo, ese espacio donde el sujeto construirá sus vínculos interpersonales y sus involucramientos sociales a partir del interjuego de variables que provienen del exterior del propio sujeto junto a los elementos que provienen de su constitución yoica personal. Con ese mismo análisis entendimos como una característica central de la vida cotidiana la heterogeneidad en su constitución objetivada en los ámbitos de inserción de los sujetos. Las narraciones de los jóvenes nos fueron permitiendo conocer tales ámbitos; ello implica las diversas funciones que desarrollan en sus espacios cotidianos, que incluyen a la familia, lo laboral, educativo y político fundamentalmente. De las doce entrevistas realizadas hasta septiembre de 2017, ocho fueron realizadas con mujeres y cuatro con varones. De todos ellos, cuatro viven con sus padres en la actualidad, el resto lo hace solo o con sus parejas en la mayoría de los casos. Tres de ellos tienen hijos pequeños, quienes –en dos casos– los acompañan en algunas de las actividades de militancia (marchas, actos, visitas al barrio, entre otras). Con relación a la formación, dos de ellas cuentan con universitario completo; el resto se halla cursando la universidad o un estudio terciario y otros abandonaron la universidad. El rango de edad fue entre 19 y 30 años, una sola entrevistada en cada caso de los límites cronológicos mencionados. La mayoría, entre 25 y 28 años.
Estudiar la vida cotidiana desde una perspectiva psicosocial –enfoque que venimos proponiendo y profundizando desde hace varios años en el proceso de investigación– nos ha permitido agregar otras lecturas a la teoría helleriana que parte de un enfoque filosófico. En este sentido, proponemos que la inserción y adscripción a los diversos ámbitos de la cotidianidad, en los cuales todos los sujetos nos vinculamos en algún momento de nuestra vida, nos permite ir construyendo las distintas identidades sociales que expresamos en las relaciones sociales. Cada uno de aquellos ámbitos puede ir mostrando y reclamando su jerarquía, esto es, su predominio y preocupación, cuya extensión temporal dependerá de la importancia que cada sujeto considere necesario para su propio desarrollo. En las entrevistas con los jóvenes pudimos conocer el espacio que cada ámbito había ido ocupando en su transcurrir evolutivo. A la par de las esperables diferencias personales, advertimos en algunos la relevancia que había tenido la familia en ciertos momentos para ellos, dejándoles fuertes marcas en la conformación de sus personalidades que les favorecieron contar con rasgos muy marcados de asertividad en sus elecciones posteriores y también incorporar actitudes de solidaridad e interés por la participación social. En tres casos observamos que la jerarquía la centralizaban en otros ámbitos más próximos a sus relaciones sociales, tales como amigos y también la familia, diferenciándose del otro grupo por no estar estos últimos vinculados con prácticas políticas. Tal situación se advirtió en los casos de jóvenes militantes del PRO y otro cercano a grupos libertarios, tal la denominación que el propio joven expresó.
Otro eje teórico que hemos propuesto en nuestro enfoque acerca de la vida cotidiana se relaciona con la subjetividad. Sabemos que este concepto puede tener diversas comprensiones teóricas a partir de la perspectiva de análisis que se adopte. En el proceso de análisis que hemos desarrollado en la investigación, partimos de considerar dicha categoría en un proyecto social-histórico; tiene que ver con los modos en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo, en términos foucaultianos. En el mismo sentido acordamos con la propuesta de Guattari y Rolnik (2006) cuando afirman que la subjetividad es producida por los agenciamientos de enunciación y por consiguiente no está centrada en la individualidad, sino que está relacionada con máquinas de expresión que pueden ser de naturaleza extraindividual como infrapersonal. Estos modos de análisis teóricos son los que nos permiten entender a la subjetividad superando el sujeto las ligazones contextuales y –parafraseando a los últimos autores mencionados– tener en cuenta los agenciamientos de enunciación. Asimismo, consideramos pertinente tener en cuenta el aporte teórico de Fernando González Rey (2008) quien afirma que “la subjetividad social se instala en los sistemas de relaciones sociales y se actualiza en los patrones y sentidos subjetivos […] que están configurados en torno a relaciones de poder, códigos y valores dominantes en ese sistema social” (2008: 235). Estas miradas teóricas nos ayudan a analizar los testimonios de los jóvenes con sus tensiones y disputas cotidianas.
C) Historias familiares
Con excepción de cuatro casos (dos jóvenes militantes del PRO, una de Cambiemos y otro que se autoidentifica con grupos “libertarios”), en los demás testimonios hallamos un fuerte condicionante familiar que –ya sea por provenir de padres con militancia política o social– habían dejado sus marcas en los involucramientos juveniles actuales. Tales huellas fueron advertidas en los relatos de jóvenes militantes del partido justicialista, aquellos identificados con algunos de los grupos vinculados al kirchnerismo, izquierda y el radicalismo en cuanto a su concepción tradicional antes de la alianza con PRO. Una primera interpretación sobre el tema nos permite inferir que en los casos mencionados –en última instancia– nos hallamos en presencia de partidos y movimientos en los cuales el papel de la política como espacio de construcción de ciudadanía es indudable y los partidos políticos, la mediación apropiada para el involucramiento. En los testimonios rescatamos aquellos que relataron historias de su familia relacionada con la defensa de los derechos humanos, activa participación familiar en la vida política de su partido y en momentos de crisis social en el país como sucedió en 2001. Junto a ello se refirieron a otras vivencias familiares que habían favorecido la participación juvenil, tales como la militancia en grupos religiosos por parte de los padres, aunque con posterioridad la joven no continuara en esas tareas. También hubo dos casos en los cuales, si bien no había antecedentes familiares de militancia activa, el tema político no había estado ausente en las conversaciones de la familia, lo que les había permitido comprender la importancia de la política en la vida ciudadana. Retomando, entonces, la referencia teórica de Fernando González Rey, podemos afirmar que “la persona es un sistema complejo en los múltiples sistemas sociales en que actúa” (2008: 235) y por ello nos atrevemos a señalar que los comportamientos juveniles acerca del involucramiento político y social no constituyen una mera reproducción de aprendizajes vicarios, sino una actitud favorable hacia el objeto como resultado de elementos cognitivos que fueron incorporando a través de sus vidas, en particular desde la influencia familiar, y que ello permite establecer una ligazón emocional positiva dando como resultado sus involucramientos.
En cuanto al otro grupo de jóvenes en los cuales la presencia familiar no ha sido de importancia, observamos algunas diferencias entre sus historias. En los jóvenes militantes del PRO, el acercamiento al partido es muy reciente en el tiempo, en ambos casos la motivación para la participación se vincula con la idea de colaborar socialmente y fueron amigos o conocidos quienes los invitaron al partido. Una situación similar, aunque no en su totalidad, observamos en otro testimonio que si bien se acercó al partido radical hace una década –en la actualidad plenamente identificada con Cambiemos tal como se concibe dicha alianza electoral–, también lo hizo con el mismo fin que los jóvenes anteriores, esto es, soslayando la referencia a actividades políticas. Finalmente, en el último caso relacionado con grupos libertarios, si bien la familia no fue determinante, en su testimonio expresó que se había acercado a grupos de voluntarios –al comienzo de sus estudios universitarios hace un par de años– por sentirse identificado con las tareas sociales que desarrollaban sin que ellos estuviesen integrados a algún partido político en particular, sino a grupos barriales, merenderos y grupos queer.
Tomando en consideración los testimonios entre el primer y el segundo grupo, podríamos inferir que la diferencia fundamental entre ambos –aunque excluimos al joven autoidentificado como “grupo libertario”– residiría en el deseo que los moviliza. En el primero sería posible relacionarlo con un mayor involucramiento yoico y, por consiguiente, mayor acercamiento emocional, mientras en el segundo tal vínculo radica en los comportamientos sociales, colaborar –tal la expresión de sus propias narraciones– sin involucrarse emocionalmente.
De los relatos juveniles podemos inferir el modo en que la familia, como una de las instituciones dominantes de adscripción de las personas, puede desempeñar papeles de importancia en los comportamientos, actitudes y valores de los jóvenes. En este caso, en particular, postulamos hallarnos ante la presencia de aquella categoría que el investigador canadiense Albert Bandura (1965) refiere como aprendizaje social. Este investigador señalaba que, a diferencia de lo planteado por Skinner en sus estudios acerca del conductismo, en el aprendizaje social, además de los estímulos externos también influían determinantes internas y sociales. De allí a comprender este tipo de aprendizaje también como vicario, en tanto y en cuanto implica que el sujeto tiende a imitar las conductas que observa en el modelo de la situación que tiene frente a sí. Ahora bien, como así mismo lo afirmaba Bandura, las características que presenta el modelo es un aspecto a considerar por lo cual pueden favorecer el aprendizaje quienes cuentan con algunas características tales como: atractivo, capacidad, prestigio y agrado al observador (Cheren, García Rey, et al. 2015). Estos rasgos tienen su relevancia en las historias juveniles pues, entre aquellos en quienes la presencia familiar fue un factor importante en su actual militancia, registramos que los padres –más allá de vínculos conflictivos en la pareja y ajeno a los jóvenes, en ciertos casos– desde pequeños los llevaban a actividades relacionadas con la política o religiosas, casi como un juego de niños sin que los padres los obligaran a acompañarlos y disfrutaban esos momentos que ya de grandes recuerdan con mucho cariño. En igual sentido también mencionan que en sus hogares se reunían sus padres con compañeros de militancia o incluían en sus conversaciones familiares temas vinculados a la política y el compromiso social sin cargas negativas en sus discursos y a medida que ellos crecían recuerdan que sus propios padres estimulaban el involucramiento social con ellos.
D) Tareas que desempeñan en el partido o agrupación
De los entrevistados uno solo realiza tareas ejecutivas en la intendencia, desempeñándose como secretario de gobierno aunque sin función partidaria que, en este caso, se trata de un partido vecinal; dos ejercen como concejales, la tercera trabaja como secretaria de una concejal del Frente para la Victoria (FPV) y otra integra la comisión directiva de un gremio. Uno de los concejales a su vez es secretario general de su partido y jefe de la campaña 2017, la otra es delegada provincial de la juventud de su partido. Ambos integran la alianza Cambiemos, el primero por el PRO y la segunda por el radicalismo. La otra entrevistada del PRO solo se identifica como militante, entendiendo por ello, asistir al local partidario, en especial en tiempos electorales. Otro militante radical durante el año 2017 fue electo presidente de la Juventud. De las dos entrevistadas vinculadas al Partido Justicialista (PJ) una de ellas trabaja en la municipalidad y en cuanto a las tares en el partido menciona ser 1a. vocal del Consejo departamental del partido y también preside una agrupación de jóvenes que ella misma creó. La otra recientemente se integró a las tareas de la Secretaría de Juventud que fue creada durante el año 2017 a nivel provincial. Entrevistamos a una joven que se vincula con Nuevo Encuentro y solo manifiesta ser militante y a otra que ejerce la función gremial en un sector docente. De los dos jóvenes entrevistados restantes, una de ellas realiza sus actividades en una agrupación estudiantil que, si bien expresa que las relaciones hacia el interior de esta son de tipo horizontal, es reconocida por el resto de sus compañeros como la líder del grupo. El último joven refirió no estar vinculado por ahora con ningún partido en particular pero que le interesa relacionarse con grupos libertarios o queer como lo había realizado en Buenos Aires.
Este ítem nos permite acercarnos a otros abordajes teóricos. Uno de ellos corresponde a la política como actividad. Nos parece apropiado para el análisis partir de la noción de intersubjetividad; de allí la apelación a Schütz (1993) quien afirma: “Una vez supuesta la existencia del tú, ya hemos entrado en el dominio de la intersubjetividad. El individuo vivencia entonces el mundo como algo compartido por sus congéneres, es decir, como un mundo social” (1993: 169).
En el mundo social, compartido con otros, los jóvenes de nuestra investigación realizan sus actividades políticas y esto los lleva a superar la esfera privada de sus ideas. Es entonces cuando colocan en acción sus ideas en la esfera pública. Ambas son posiciones del ejercicio de la intersubjetividad, tal lo expresado por Enrique Dussel, de quien también tomamos el modo de comprender lo público en los siguientes términos: “… lo público […] es el modo que permite la función de ‘actor’, cuyos ‘papeles’ o acciones se ‘representan’ ante la mirada de todos los otros actores” (2012: 27).
Las tareas que desempeñan los jóvenes entrevistados les permiten objetivar en la esfera pública sus ideas y convicciones políticas.
E) Significado de la militancia en sus vidas
En cada historia fue posible advertir que con leves diferencias en cuanto a la jerarquía que le atribuyen en su vida cotidiana, el involucramiento político ocupa uno de los ámbitos que más destacan.
El eje que analizamos en este apartado nos permite retomar un concepto que ya, en el anterior, habíamos mencionado como una respuesta recurrente entre los/as jóvenes entrevistados/as: la militancia. Tal expresión la escuchamos en casi todos los jóvenes que entrevistamos más allá del partido o agrupación con que se identificaban. Así, aquellos que se reconocían en agrupaciones de izquierda, del peronismo, radicalismo y también del PRO recurrieron al mismo concepto para describir sus actividades en el partido o agrupación. La similitud en la recurrencia al concepto nos motivó a detenernos a reflexionar acerca del significado en las prácticas juveniles. ¿Todos le otorgarían el mismo significado a la militancia? Para ello partimos por definirla. Julio César de la Vega, en su Consultor Político (tomo 3), la define en los siguientes términos: “Se refiere al que participa activamente difundiendo ideas, principios, doctrinas y convicciones en general, de un partido político, una organización social o un credo político”; y más adelante agrega:
Constituye una elección por parte de quien la ejerce, que surge del análisis de una realidad seguido por una concientización y la decisión emergente en ella, que determina en el militante la necesidad de transformar, de modificar, un estado de cosas vigente. (1989: 213)
De la descripción precedente nos detenemos en dos puntos que los sintetizamos en los siguientes: participación activa en la difusión de convicciones y la necesidad de transformar, modificar, un estado de cosas vigentes. Si regresamos a las expresiones de los jóvenes entrevistados hallamos testimonios como los siguientes:
La política es algo que me apasiona […] cuando uno la toma como una forma de vida, te consume… el tiempo, te consume la vida, te lleva todo. Al que le gusta la política… te entregás ahí y prácticamente estás todo el tiempo con eso, por más que tenemos actividades por supuesto, de trabajo, te consume mucho y al que le quitás tiempo es a la familia. (D., radical).
Para mí es una forma de vida; a mí me cambió totalmente la manera de pensar, los valores fundamentalmente, como agrupación me parece que tenemos valores totalmente distintos a los del sistema que dice que tenés que ser individualista, que te lleva a eso, y yo creo que me cambió totalmente la manera de ser también, y la manera de todo, de organizarme, de todo. (A., agrupación estudiantil kirchnerista).
Al radicalismo lo llevo a todos lados a donde voy. Sin embargo, sé separar las cosas. En mis ratos libres, milito fervientemente. (T., radical en Cambiemos).
La política es la herramienta en la cual puedo ayudar a todos, los conocidos y no conocidos, mis vecinos, la sociedad en general. (J., PRO).
A mí me gusta porque yo sé lo que se puede llegar a dar desde los municipios, sé las cosas que se pueden hacer, sé hasta dónde uno puede ayudarlo, porque a mi casa van a cualquier hora, golpean, y vos tenés que estar. (E., MoviPro).
Es parte de mi esencia, de chiquitita, de ir a los barrios, de acompañarla a mi mamá, ver esa imagen de mi mamá repartiendo zapatos, ropa, viendo la necesidad de la gente, ya para mí es algo natural, y algo que me apasiona. (A., justicialismo provincial).
Para mí la actividad gremial es generar proyectos o alternativas para ser un motor de cambio y no solamente de rechazo, de denuncia, de lo urgente. (A., dirigente gremial).
Tal como se advierte en los testimonios anteriores, en algunos se puede inferir que establecen una relación muy atravesada por los sentimientos mientras en otros prevalece cierta actitud instrumental hacia el involucramiento político y la jerarquía que ocupa en sus vidas. Esta línea de análisis nos conduce a bucear en el tipo de relación que se establece con el objeto. Apelando a Giddens (1995) podríamos hablar de relaciones puras, entendiendo por tal “aquella en la que han desaparecido los criterios externos: la relación existe tan solo por las recompensas que puede proporcionar por ella misma” (1995: 15). En párrafos más adelante, el propio Giddens afirma que tales relaciones presuponen el “compromiso” con la relación en cuanto tal. Si volvemos a los relatos de los jóvenes podemos detenernos en expresiones tales como “me apasiona”; “es una forma de vida”; “es parte de mi esencia”; “me gusta porque se lo que se puede hacer”, mientras por otro lado hallamos “en mis ratos libres milito” o “es una herramienta”. Las primeras expresiones se hallan vinculadas con las emociones y en ese sentido las podemos definir como aquellas que Giddens denomina relaciones puras, desaparecen los criterios externos centralizándolas en la propia actividad y de allí el compromiso con la relación. En las expresiones señaladas en último término prevalece una actitud instrumental hacia el objeto: es un medio para obtener algo. Dado que quienes se manifestaron de la última forma integran la alianza Cambiemos conformada por PRO y el sector ubicado más a la derecha en el radicalismo, resulta pertinente apelar a la descripción que Gabriel Vommaro realiza en su libro La larga marcha de Cambiemos:
PRO se propuso, desde sus orígenes, como una fuerza que ingresó en la actividad política con el objeto de renovarla, y movilizó para ello valores del mundo de la empresa y de la sociedad civil del voluntariado y la expertise. (2017: 22)
En este sentido, la afirmación de Vommaro resulta apropiada para comprender las expresiones de aquellos jóvenes que participan tanto en PRO como en la alianza Cambiemos. Desde los orígenes del primero en cuanto a su construcción, mostraron discursivamente algunas particularidades: la denominación de “espacio” en lugar de “partido” y vincular con comportamientos negativos a la militancia política al identificarla con acciones de corrupción. De igual modo el constante recurso a mensajes que invocan al voluntarismo, la autoayuda, la apelación al individualismo como alternativa de solución a las dificultades, por ejemplo, recurriendo al emprendurismo y soslayando el papel del Estado como responsable de las políticas públicas.
Tal como señalamos en el eje relativo a las historias familiares, en aquellos jóvenes para quienes la familia había influido favorablemente en su involucramiento político y social, se identificaban con los partidos tradicionales (izquierda, justicialismo y radicalismo) mientras aquellos vinculados con actuales expresiones (PRO, Cambiemos), en los cuales el tema político no estaba presente en las historias y diálogos familiares, tienden a comprender el vínculo a través de acciones instrumentales y sin que esté atravesada por las emociones: “sé separar las cosas”, “milito en mis tiempos libres”.
F) Actitudes de otros ante sus militancias
Para la psicología social las actitudes tanto como la percepción social constituyen los dos temas clásicos de esa disciplina. A diferencia del uso banal y sin conocimiento científico que algunos medios o publicistas suelen aplicar a la categoría actitudes, esta es definida como:
… el conjunto organizado de pautas conductuales relativamente estables frente a los mismos o semejantes estímulos o situaciones por parte de un mismo individuo o grupo de individuos que tienden a responder regularmente, aunque con diferencias individuales, de acuerdo al sistema de valores aprendidos en una cultura. (Rodríguez Kauth, 1987: 16)
El mismo autor afirma –retomando expresiones de Rosenberg (1956) y Katz (1960)– que las actitudes tienen tres componentes: cognoscitivo, afectivo y reaccional o volitivo. Por consiguiente, el modo en que se constituye cada componente se reflejará finalmente en la manera de actuar –del sujeto– frente al objeto actitudinal. Estas afirmaciones teóricas devienen necesarias para tratar de comprender las actitudes que expresan los actores de las distintas instituciones dominantes –familia, educación, política, medios de comunicación, entre otras– con relación al involucramiento juvenil en la política.
En primer lugar detengámonos en la familia y sus actitudes hacia la actividad de los jóvenes:
A mi mamá le gusta, le gusta que me comprometa y que participe. (N., justicialismo).
Tenía una novia y me dejó en una campaña que hicimos [risas]. Estuve dos meses perdido, se enojó y bueno, decidimos terminar la relación y ella siempre me decía: “yo no quiero terminar como tu mamá, renegando de la política”. No me apoyó, hizo el esfuerzo pobre, pero no pudo, la superó. Mi papá me apoya al cien por ciento. Está chocho que yo participe y milite en el partido que él me introdujo. (D., radicalismo).
Mi mamá fue un poco más optimista digamos, porque como ella ya había militado, y por opción dejó de militar, porque es grande de edad y porque ya no tenía ganas. Con el tema de mis hermanos fue distinto; inclusive tengo una hermana que es macrista, entonces el diálogo se tornaba un poco más denso, porque chocábamos en lo que eran opiniones, pero mi mamá y un par de hermanas que tengo siempre fueron de acompañarme. Me acuerdo, para Malvinas que pintamos un mural con las Malvinas y mi mamá fue, se sentaron, llevaron el mate, dialogamos, compartimos ideas, para el 24 de marzo que también hicimos una plaza fueron junto con mi papá. (T., Nuevo Encuentro).
Yo vengo de la esencia de lo que es el peronismo. Mi abuelo era militante, mi mamá también; incluso mis padres se conocen en política. Con mi pareja nos une mucho la política, por ahí a lo mejor discutimos porque no pensamos igual en algunas cuestiones, a ver, él es como muy inocente en un aspecto, no se da cuenta a veces de las picardías políticas de los más viejos. Entonces discutimos “ya vas a ver qué es esto” y después me termina diciendo “tenías razón”. (A., justicialista).
A mi mamá no le gustaba mucho; le daba miedo, estaba en esa etapa donde todavía le daba miedo de muchas cosas que había visto de joven. Papá sí, nos preguntaba, hablaba con nosotras. (S., kirchnerismo).
En mi familia mi papá siempre fue un puntero de la política, él siempre estuvo metido. Mi pareja era políticamente cero, ella empezó a ver la política ahora, después que estuve yo, pero sí, ella se fue para el lado que me fui yo. (E., MoViPro).
Al principio no estuvieron demasiado de acuerdo tanto mi pareja como mi familia. (J., PRO).
En mi familia se hablaba muy poco de política, diría lo normal, o el tema que hiciera más ruido en los medios de comunicación. Es más, muchas veces preferían y prefieren votar a las personas, más que a partidos políticos. (T., Cambiemos).
Si retornamos a párrafos anteriores, en los que hacíamos referencia a los tres componentes de las actitudes, podríamos inferir algunos aspectos de la actitud de los familiares hacia el involucramiento juvenil. Para ello, recordemos algunas expresiones que señalamos en el ítem en que describimos la incidencia de las historias familiares. Allí indicamos que en los casos cuyos familiares –principalmente padres– habían tenido cierta actividad vinculada con la política en el pasado y en otros, sin haber militado, el tema no había estado ausente en las conversaciones familiares, no solo favorecía la participación juvenil, sino los propios padres la reforzaban. Ahora bien, es importante explicitar que dichos familiares no ignoraban las situaciones y hechos ocurridos en el pasado en Argentina, inclusive alguno de ellos con militancias muy activas, ya sea en la política o tareas sociales; sin embargo, estimulan la incorporación de sus hijos en la militancia hasta llevándolos a compartir sus actividades desde pequeños. En ese comportamiento parental se puede advertir de modo muy claro los elementos que integran los componentes actitudinales de las familias; los tres que ya mencionamos, con sus experiencias positivas y negativas, posibilitan que para los padres la política y la participación social no constituyan un objeto aversivo, sino como lo afirma Rodríguez Kauth: “se consideran objetos actitudinales aquellos objetos sociales que tengan relevancia cognoscitiva para los actores de un proceso social cualquiera y que de alguna manera comprometa parcial o totalmente al yo de los mismos” (1987: 21). Por lo tanto, es fácilmente comprensible que para esas familias, más allá de los momentos vividos por ellos, la militancia tuvo una significación muy importante en sus vidas.
En el recorrido teórico que propusimos acerca de la categoría vida cotidiana (Castro, 2000) planteábamos que en su construcción tienen relevancia las denominadas instituciones dominantes –la familia, la educación, la religión, la sociedad civil (la política, medios de comunicación, organizaciones sociales)–, por cuanto a través de ellas los sujetos van desarrollando sus identidades sociales en las cuales influyen las actitudes y representaciones que dichas instituciones aportan. En los párrafos precedentes nos detuvimos en la actitud de los familiares hacia el involucramiento social de los jóvenes. En la continuidad de este análisis nos detendremos ahora en otra de aquellas instituciones: la educación por ser –tras la familia– uno de los espacios en los que transcurrimos una parte sustancial de nuestras vidas. ¿Qué actitudes expresan sus actores institucionales hacia el involucramiento social de los jóvenes? Veamos algunos testimonios:
Lamentablemente hay docentes que directamente no te dejan entrar, o te dejan entrar 5 minutos y te cortan o incluso están los peores, los que te defenestran después que vos salís, porque ni siquiera discuten con vos en el aula de última. Que tampoco debería discutir, porque vos venís a presentar tus ideas y que cada uno piense lo que quiera, pero bueno…, no creo que haya desde las autoridades y desde los docentes tampoco, muy poco, algunos sí apoyan, pero muy poco el alentar la participación. (A., agrupación estudiantil k).
No creo que se estimule la participación juvenil en esta provincia. Se usa la juventud como una bandera y un slogan de decir: los jóvenes, los jóvenes, los integramos pero no les damos realmente participación. Antes de ayer estuve en un programa de radio y discutimos eso, yo no creo que se le dé realmente y seriamente la participación que creo que merecemos. Te dicen si los jóvenes integran la lista los jóvenes ocupan cargos pero para discutir las cuestiones de fondo y las cuestiones realmente importantes no. (D., radical).
En la escuela nunca hablamos de política, nunca se tocó el tema política, pero me tocó el año pasado la situación por el Parque La Pedrera, fueron a las escuelas, entonces como que ahora se toca la política; está bien, para sacarle un punto de conveniencia más que todo, pero es muy difícil llegar a los jóvenes; tengo una hermano de 20 años, como que no le prestan importancia, inclusive él trabaja pero como que los jóvenes están viviendo en una burbuja, lo que pasa a nivel nacional pasa de largo, tienen un trabajo; trabajan, están estudiando estudian y nada más. (T., Nuevo Encuentro).
Ahora estamos en un escenario donde en realidad hay una desmotivación de la juventud en participar, pero que está muy relacionada a la falta de conocimiento con respecto a los derechos que tienen. Yo creo que en este sentido condiciona la estructura del sistema a que la persona piense así, a que el joven piense así, y que se sienta como no parte de esa posibilidad de cambio. (A., dirigente gremial).
En los últimos años se hizo un mal uso de la juventud, se la ha usado y no se les ha dado lugar de realmente cambiar o laburar para su futuro; a partir de 2015 creo que desde las juventudes del gobierno nacional se está trabajando en otros paradigmas que tienen que ver más con el servicio y no con los sueldos ni el poder. (J., PRO).
Si tomamos en cuenta que la educación es una de las instituciones dominantes en la sociedad –tal como lo formulamos en párrafos anteriores–, es posible analizar las actitudes que expresan los actores vinculados a sus organizaciones instituidas –entre ellas, la universidad y los institutos– y sus discursos habituales. De los testimonios de los jóvenes observamos que algunos de aquellos miembros de tales organizaciones expresan desinterés y desdén hacia las prácticas políticas de los estudiantes y militantes; de igual modo hasta discrepando de mal modo en ciertos momentos con ellos cuando expresan sus ideas ante un grupo. La historia de las universidades nos ha permitido conocer que en determinados momentos de los tiempos políticos ellas han cobijado gérmenes de pensamientos y acciones críticas hacia el sistema. No es este el espacio para detenernos en esos estudios que cualquier lector interesado en la temática puede hallar en formato impreso o digital, pero vale la pena tener presente la estrecha vinculación entre los actores universitarios y los momentos sociales y políticos, en particular desde la segunda mitad del siglo XX hacia adelante. Crisis y dictaduras a las que sucedieron –en Latinoamérica en particular– democracias débiles, gobiernos que favorecieron el ingreso de organismos financieros internacionales quienes definían las políticas de cada Estado, y tras una década de gobiernos progresistas y de izquierda, nuevamente la más cruda expresión del neoliberalismo, adueñándose minuciosamente de ámbitos de la producción y el trabajo en desmedro de los intereses de la ciudadanía de a pie. En esta última etapa del neoliberalismo han contado como aliados privilegiados las corporaciones mediáticas y el uso perverso de las herramientas tecnológicas provistas a través de las redes sociales, sin que ello sea propio de tales herramientas, sino de la aplicación que de ellas realizan algunos actores políticos. La educación y su bien esencial que es el conocimiento no han sido ajenos al pensamiento colonizador.
En el terreno de la educación, el neoliberalismo globalizador derivó en un proyecto general en que no solo busca privatizar los servicios y los materiales didácticos, sino determinar cuantitativa y cualitativamente las necesidades y los objetivos del saber y el saber hacer. (González Casanova, 2007: 25)
En el proceso de construcción y transmisión del conocimiento, las organizaciones educativas y sus actores no solo han estado y están atravesadas por ideas teóricas de matriz neoliberal, sino por mensajes mediáticos que difunden informaciones y discursos que siguen el mismo sentido ideológico. Tales expresiones e ideas han encontrado en aquellas organizaciones educativas el espacio para la reproducción de conocimientos y prácticas que ubican el mercantilismo en esos “objetivos del saber”, como señala Pablo González Casanova, y tornan urgente que las universidades superen el sonambulismo intelectual, como afirma Lander, cuando describe:
Las actuales estructuras disciplinarias de las universidades latinoamericanas, con su parcelamiento burocrático de los saberes […] tienden a acentuar la naturalización y cientifización de la cosmovisión y la organización liberal/occidental del mundo, operando así como eficaces instrumentos de colonialismo intelectual. (2000: 23)
El discurso de algunos actores educativos también se advierte en la denigración y desdén que expresan hacia el involucramiento social y político juvenil. Quienes habitamos las aulas universitarias podemos comprobar con tremenda tristeza las maneras que aquel discurso mercantilista y que desacredita la participación deja sus secuelas en las prácticas de muchos jóvenes que se muestran apáticos frente a los conflictos del contexto social y manifiestan gestos y actitudes de desinterés frente a otros que expresan sus ideas o los invitan a las actividades de involucramiento que desde las agrupaciones y partidos realizan.
En síntesis –aunque aún en construcción el proceso de investigación–, de la información obtenida a través de los testimonios de los jóvenes queda evidenciada la impronta familiar en los recorridos de militancia. Ello no es óbice ni un condicionante para la continuidad en el mismo partido o bien en el mismo expresando sus disidencias o críticas hacia su funcionamiento. Por otro lado, también anotamos, en partidos o versiones actuales de algunos tradicionales, no colocar como centro de la acción a la política; tanto sus prácticas como sus discursos están atravesados por actitudes instrumentales hacia el involucramiento, en desmedro de la emoción que caracteriza a aquellos otros jóvenes que militan en los partidos tradicionales u orientados hacia la izquierda. Finalmente, el papel de las organizaciones educativas no debiera ser dejado de lado o carente de importancia, no solo por la mediación de matrices y teorías que reproducen el colonialismo mental, sino también por la prevalencia que en la contemporaneidad van ocupando las corporaciones comunicacionales y el uso que se realiza de las redes sociales amparadas en el anonimato de sus emisores.
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