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Introducción

La creciente producción en el campo de la historiografía rural ha puesto al descubierto que el debate sobre el bienestar rural argentino es una agenda abierta y aún pendiente para la investigación histórica. Como ha sido demostrado, en la segunda posguerra el bienestar asumió un lugar preeminente dentro de la agenda pública, en tanto que la mayor oferta tecnológica, nuevas técnicas productivas y el accionar estatal bajo el influjo de las ideas de modernización y desarrollo impulsaron cambios en las formas de trabajo y en las condiciones de vida. Desde fines de los setenta –y aún más en los años 90– no solo comenzaron los síntomas de desmantelamiento de la política social, sino que además, bajo la influencia de la globalización y del neoliberalismo, se alteró el lugar de la actividad agropecuaria dentro de la economía nacional y empezó a diseminarse la idea de nueva ruralidad asociada al desarrollo rural/territorial/local. En el cambio de siglo, la innovación tecnológica (cultivos transgénicos, informática, etc.), la retracción del Estado del mercado financiero y la proliferación de capitales extranjeros profundizaron las diferencias sociales y afectaron la cotidianeidad de los individuos, las familias y las organizaciones sociales agrarias.

En este marco, nuestra propuesta promueve aproximaciones de larga duración, en base a la presunción de que para pensar las modificaciones en la calidad de vida es necesaria una observación diacrónica y atenta a las asimetrías regionales, las relaciones de género y las heterogeneidades sociales. Partimos de un concepto multidimensional de bienestar que trasciende los indicadores de crecimiento económico y los datos exclusivamente cuantificables. En esta línea, planteamos una conceptualización que comprende tanto las dimensiones materiales como las sociopolíticas y culturales en contextos históricos y regionales particulares. La diversidad de territorios, sujetos y condicionantes materiales y simbólicos constituye una premisa para indagar los desajustes sociales y las respuestas que estos motorizaron a lo largo del tiempo. El desafío consiste entonces en alentar una reflexión sobre los diagnósticos y propuestas en torno a la cuestión social rural, comprendida como una interacción entre el impacto efectivo de las políticas sociales, la influencia de la acción colectiva en pos del bienestar y el correlato social del devenir del capitalismo agrario argentino.[1]

Los capítulos que integran esta obra colectiva adoptan un abordaje diacrónico de las condiciones de vida. Con un anclaje regional, cada autor/a se focaliza en una dimensión del bienestar (educación, salud, vivienda, asistencia social, trabajo, nutrición, servicios públicos y comunicaciones, sociabilidad), aunque indefectiblemente enmarca su objeto puntual de estudio dentro de un escenario más amplio. Dos interrogantes han inspirado los aportes que aquí se presentan. Por un lado, en qué medida nuevos abordajes teórico-metodológicos renuevan los estudios sobre la cuestión social rural –subestimada por las miradas urbano-céntricas– durante la segunda mitad del siglo xx e inicios del xxi. Por otro, cuáles fueron las transformaciones en las condiciones de vida rural durante ese lapso y de qué modo estas se relacionan con los cambios en las estructuras productivas, las modalidades de intervención estatal y la acción colectiva.

Así, los once trabajos de este libro abordan un conjunto de dimensiones particulares del bienestar rural, o analizan su contracara, la pobreza. En el primero de ellos, nos concentramos en las visiones históricas del bienestar rural (y sus conceptos afines) que habrían orientado la producción de conocimiento y la elaboración de políticas públicas en la Argentina durante la segunda mitad del siglo xx, identificando usos y variantes a través del tiempo. En particular, examinamos las ideas de tres organismos internacionales –CEPAL, FAO e IICA– que por entonces ganaron protagonismo y ascendencia en el país.

En su capítulo, Talía Gutiérrez reflexiona sobre las tareas desempeñadas por la escuela rural y los/as maestros/as, más allá de su rol estrictamente pedagógico dentro del aula. Fundamentalmente a partir de la visión de estos últimos, la autora demuestra el papel que han jugado en la promoción social de la familia y la comunidad. Desde otro eje temático, María José Ortiz Bergia argumenta que los riesgos para la salud y las prácticas destinadas a preservarla y repararla constituyen productos históricos que han variado en tiempo y espacio. Para explicar tal heterogeneidad, se centra en las transformaciones operadas en las condiciones sanitarias de los pobladores rurales cordobeses entre 1960 y 2010. Desde una óptica cuantitativa, Juan Manuel Cerdá se dedica a un elemento constitutivo de las condiciones materiales de vida que no cuenta con estudios sistemáticos: la vivienda rural. Su análisis de largo plazo –situado en la provincia de Mendoza– interrelaciona regímenes de tenencia, materiales y servicios básicos y características habitacionales, lo cual permite vislumbrar las desigualdades sociales asociadas.

Las contribuciones de Verónica Trpin y Ariel Osatinsky también señalan al trabajo como un elemento insoslayable del análisis del bienestar. En el primer caso, se abordan las desigualdades en mercados laborales segregados y la movilidad territorial, particularmente, en el cultivo de tomate en el Valle Medio del río Negro. En el segundo caso, se explora el impacto que tuvieron las mutaciones económicas de la agroindustria azucarera en los trabajadores y cañeros –en especial los pequeños productores– vinculados a la actividad en Tucumán. En el mismo sentido, y con una mirada etnográfica, Carolina Diez y Delia Ramírez indagan las transformaciones en las lógicas de reproducción social de las familias colonas misioneras frente al avance del agronegocio forestal y las consecuencias para su bienestar.

Por su parte, Santiago Conti y Suzette Sánchez incursionan en otro componente menos investigado del bienestar rural: la vida comunitaria. Con el foco puesto en la estepa de Río Negro, los autores examinan las formas de socialización promovidas por el cooperativismo en un proceso histórico cambiante y complejo, entre la década de 1970 y comienzos del siglo xxi. En la misma línea, Cristina Biaggi y Cecilia Canevari recuperan el protagonismo de una organización de mujeres en Jumial Grande (Santiago del Estero) entre 1989 y 2015. Desde la perspectiva de la economía feminista, destacan la importancia del trabajo reproductivo, no solamente en sus aspectos objetivos, sino también en lo que respecta a la satisfacción de necesidades emocionales y de cuidado.

En su capítulo, Fernando Longhi, Laura Cordero y Pablo Paolasso revelan las interacciones de la ruralidad, la persistencia de la pobreza y los problemas nutricionales en el noroeste argentino. A partir del cuestionamiento a los indicadores tradicionales de medición de pobreza, los autores se inclinan por el abordaje de la morbimortalidad por desnutrición infantil. Y, con fuentes secundarias y datos antropométricos, identifican la persistencia de serios problemas nutricionales en la infancia entre 1937 y la actualidad. Otro de los enfoques innovadores es el que presenta Juan Manuel Diez Tetamanti, en su caso para colocar en el debate sobre el bienestar la problemática del aislamiento y la inclusión. A partir de la pesquisa cartográfica, estudia las dinámicas socioterritoriales en Chubut respecto del transporte y las comunicaciones, en el marco de las movilidades, las distancias y las necesidades locales.

En definitiva, en esta obra conjunta apuntamos al enriquecimiento de temas y la búsqueda de reconstrucciones históricas del bienestar en clave rural, para brindar una imagen densa, compleja y precisa de su objeto de estudio. Desde cada abordaje particular, los/as autores/as invitan a ampliar problemas, perspectivas, métodos y técnicas de investigación a fin de comprender las dinámicas subjetivas y objetivas que estructuran las condiciones de vida. La idea que subyace (y aflora) en estos textos es que no corresponde esencializar el concepto de bienestar rural, sino que sus características (materiales e inmateriales) deben ser determinadas a partir de investigaciones específicas ancladas en un recorte témporo-espacial.

Es sabido que los conceptos expresan significados socialmente construidos. Como símbolos orientan las prácticas y circulan en el lenguaje cotidiano donde pueden operarse modificaciones. En este proceso, y especialmente desde el sentido común, se utilizan como sinónimos o equivalentes términos que a nivel teórico no lo son. De manera ilustrativa, y tal como hemos planteado, cuando se hace referencia a la búsqueda de bienestar se está sugiriendo un anhelo por una mejor calidad de vida de los sujetos, siempre está enlazada a su comunidad y al entorno construido. En cambio, hablar de equidad o igualdad –frente a la realidad concreta de la pobreza– supone un viraje hacia la individuación en desmedro de los lazos fraterno-comunitarios y hacia la consecución de un umbral mínimo en menoscabo de un imaginario solidario; para lo cual resulta imperioso elaborar mediciones y comparaciones. En otras palabras, la utilización de uno u otro término en la formulación de políticas públicas conducirá a reflexiones –y acciones– disímiles.

En la actualidad el concepto de bienestar se revitaliza para recobrar la integralidad de antaño y mediar entre el crecimiento económico y la mejoría en la vida de las personas. La propuesta radica en pensar un tipo de bienestar sostenible y equitativo que posibilite comparaciones a distintas escalas (CEPAL-OCDE-CAF, 2016 y 2019). En esta línea, y a modo de desafío, planteamos el imperativo de estudiar el pasado con el fin de reflexionar sobre el presente y desplegar múltiples interrogantes y respuestas para el mundo rural argentino y latinoamericano. En un contexto en que las ruralidades han acentuado su perfil dinámico y móvil, ¿cómo influyen las subjetividades en las representaciones sobre el bienestar? ¿Cómo se han reconfigurado los modos de vida y cómo estos han influido en el arraigo o el desarraigo rural? ¿Quiénes y en base a qué criterios determinan en la actualidad los parámetros del bienestar rural? ¿Cómo equilibrar en las evaluaciones y soluciones las subjetividades de los habitantes rurales y los atributos que los expertos juzgan valiosos para aquellos?

Sin lugar a dudas, el estudio del bienestar en el agro argentino requiere una mirada más humanizada, que trascienda el sentido productivista, cuantificador y tecnologizante que históricamente ha primado en las políticas públicas. La ponderación de los sistemas agroalimentarios para la satisfacción de las necesidades humanas exige nuevos modelos de interpretar la realidad. Es necesario entonces asumir una visión integral, situada e interrelacional (local-global) que incorpore las lecciones y los legados de la historia. De este modo, se comprenderá mejor el presente y se revertirá el incremento de las desigualdades, reconstruyendo solidaridades y ciudadanía social (Dubet, 2019; Pérez Sáinz, 2014).


Los artículos que aquí se presentan son el resultado de las exposiciones y debates generados en abril de 2019 en el workshop –organizado por el Centro de Estudios de la Argentina Rural, radicado en la Universidad Nacional de Quilmes (CEAR-UNQ)– que da el título a nuestro libro. En este encuentro leímos, analizamos e intercambiamos ideas en base a los resúmenes extensos que constituían un avance de las propuestas de cada uno de los autores. Con este debate constructivo pudimos llevar a cabo una obra auténticamente colectiva que reafirma la importancia estratégica de las investigaciones de las Ciencias Sociales para comprender y explicar el pasado y el presente del agro nacional.

La edición de este libro fue posible gracias al apoyo económico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), cuyo subsidio hizo posible materializar la reunión científica y publicar ahora sus conclusiones. Por último, pero no por eso menos importante, quienes coordinamos y compilamos sus resultados queremos agradecer especialmente a todos los que participaron del proyecto, cuyo compromiso y excelente predisposición merecen ser indicados.

Bibliografía

Aparicio, Susana; Gehlen, Ivaldo; Romero, Juan y Vitelli, Rossana (coords.) (2019), Desarrollo rural y cuestión agraria, Buenos Aires: Teseo.

CEPAL-OCDE-CAF (2016), Perspectivas económicas de América Latina 2017. Juventud, competencias y emprendimiento. Disponible en: https://bit.ly/2PGlWQu.

CEPAL-OCDE-CAF (2019), Perspectivas económicas de América Latina. Desarrollo en transición. Disponible en: https://bit.ly/38wbfZq.

D’Amico, María Victoria (2016), “La definición de la desigualdad en las agendas recientes de los organismos internacionales para América Latina”, Rev. colomb. soc., N.º 39, pp. 221-240.

Dubet, François (2019), ¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario), Buenos Aires: Siglo xxi Editores.

Paolasso, Pablo; Longhi, Fernando y Velázquez, Guillermo (coords.) (2019), Desigualdades y fragmentación territorial en la Argentina durante la primera década del siglo xxi, Buenos Aires: Imago Mundi.

Pérez Sáinz, Juan Pablo (2014), “Las transformaciones de la ciudadanía social en América Latina”, en Groisman, Fernando y Burchardt, Hans Jürgen (coords.), Desprotegidos y desiguales ¿Hacia una nueva fisonomía social?, Buenos Aires: Prometeo Libros.

Piovani, Juan Ignacio y Salvia, Agustín (coords.) (2018), La Argentina en el siglo xxi. Cómo somos, vivimos y convivimos en una sociedad desigual: Encuesta Nacional sobre la estructura social, Buenos Aires: Siglo xxi Editores.


  1. Algunas reflexiones actuales sobre la temática rural se encuentran en Aparicio, Gehlen, Romero y Vitelli, 2019; Paolasso, Longhi y Velázquez, 2019. Un texto muy sugerente para repensar las variables que conforman las condiciones de vida –aunque no se aboca a la población rural– es el de Piovani y Salvia, 2018.


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