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11 Aislamiento e inclusión, invertir la experiencia[1]

Debates sobre servicios públicos y comunicaciones en Chubut

Juan Manuel Diez Tetamanti

Un rincón del Chubut

El sudoeste de la provincia del Chubut es un espacio amplio y con muy baja densidad de población. Las distancias son inexorablemente extensas, tanto para hacer compras de algún producto que no se dispone en la zona como para acceder a atención sanitaria de mediana complejidad. Así, el transporte y las comunicaciones se constituyen como elementos recurrentes en el desafío de vincularse con otros “mundos”. La ciudad, lo urbano, se erigen como fuentes de provisión e intercambio, desde donde además de adquirir bienes y servicios, se planifica directa o indirectamente parte de la dinámica de funcionamiento de servicios públicos. Así, se produce un espacio geográfico que se vincula no solo con las prácticas y nociones locales, sino con las ideas y producciones gestadas extralocalmente.

En este capítulo se trabaja con el foco puesto en tres localidades de menos de 250 habitantes, situadas en el “rincón” sudoeste de Chubut: Lago Blanco, Aldea Beleiro y Ricardo Rojas. Se analizan las estrategias y dispositivos que se despliegan en diferentes escenarios de aislamientos e integraciones territoriales, en función al transporte y comunicaciones. En este sentido, se profundizará en las dinámicas socioterritoriales producidas localmente, en un contexto regional. En paralelo, se exploran los cambios respecto del transporte, las comunicaciones, las existencias y las prácticas locales, en el marco de las movilidades, las distancias y las necesidades locales. Se aborda un enfoque de investigación apoyado en la pesquisa cartográfica, afianzado en un extenso trabajo de campo, donde la lógica de los diferentes métodos aplicados se sostiene sobre la noción de “saber con el otro” y no “sobre el otro”. Esto nos permitirá repensar conceptos naturalizados, como aislamiento e inclusión, para abordarlos en diálogo horizontal con la población que vive en cuerpo cotidiano la experiencia local.

Las descripciones aquí vertidas, los datos, los análisis y las preguntas tienen siempre una particularidad: están producidos desde una subjetividad urbana, cultivada en las tres ciudades que habité a lo largo de mi vida, y permeadas por un cúmulo de textos, fuentes, y, por supuesto, lo ideológico.

Sobre el área de estudio

El sudoeste del Chubut es una denominación difusa de enmarcar. El marco, en términos derridarianos es siempre variable, porque no hay un límite exacto para el significado de ese enunciado. Cien kilómetros allá de la meseta central se abre un espacio al que los geógrafos denominan antecordillerano y cordillerano (Bondel, Vázquez y Ñancufil, 2018). Un área inmensa, que asombra a cualquier viajante externo y obnubila a sus habitantes. Un área de más de 15.000 kilómetros cuadrados, o lo que sería casi el 80% de la superficie de Tucumán, albergan a un poco más de 5.500 habitantes, con una densidad de 0,3 hab./km² (menor que la de la provincia de Santa Cruz). La ganadería ovina extensiva ha configurado la organización espacial de esta área, así como de gran parte del área central y sur de la Patagonia argentina. Para Vázquez (2017), la funcionalidad asociada a la estructura rural ganadera fue el origen de parajes, pueblos y ciudades, que alcanza más de 1/5 de la superficie nacional y es un rasgo característico de la organización espacial patagónica. Esta organización espacial también está compuesta por la fuerte presencia de agrupaciones y regimientos militares, como el de Río Mayo y la población empleada en la prestación de servicios públicos, que, en algunos casos, en conjunto con la población jubilada o pensionada, compone una importante porción de la población local.

Mapa 1. Área de estudio: Ricardo Rojas, Lago Blanco y Aldea Beleiro. Cartografía: Leonardo Schuler

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Mapa 2. Distribución de la población en el área de Patagonia Central. Cartografía: Leonardo Schuler

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Para este artículo, resultan relevantes las subjetividades y singularidades territoriales que componen a estas localidades. Justamente se avanza sobre la base de que la subjetividad y la singularidad de la experiencia vivida producen localidad y territorio. Por ello el límite jugará siempre entre los criterios euclidianos y de producción social del espacio. Así, Río Mayo, la localidad más importante en cercanías (con 3.000 habitantes), Alto Río Senguer (con 1.800 habitantes) y las ciudades de Sarmiento (con 11.500 habitantes), Comodoro Rivadavia (con 200.000 habitantes) y Coyahique, en Chile (con 60.000 habitantes), entre otras, estarán involucradas en el análisis. En el Mapa 2 puede observarse una esquematización de la distribución de la población. Allí se evidencia que el peso demográfico está fuertemente concentrado tanto en el área costera del Atlántico como en el Pacífico, por lo que el área que se trabaja en este artículo es una de las menos pobladas de la región.

Pesquisa cartográfica y nuestros instrumentos para analizar territorios

El desafío está puesto en poner en práctica el enfoque de Pesquisa Cartográfica en el trabajo de campo. Este parte de un ejercicio activo de exploración sobre los mundos, para ver las microsensibilidades y cómo en ellas se producen mundos de territorios yuxtapuestos. Serán finalmente esos mundos múltiples los que se estarán poniendo en juego, y no aquel tradicionalmente representado por datos y resultados en los cuales la vida no parece adecuarse (Passos y Kastrup y Tedesco, 2014). Desde esta mirada, se colocan en debate las nociones de aislamiento, inclusión y acceso a servicios públicos y comunicaciones. La relevancia está en las miradas locales sobre esas nociones, puestas en diálogo con nosotros como investigadores, como pivote para resignificar la problemática desde el intercambio de experiencias de sujetos que habitan en el área rural y urbana.

El trabajo de campo realizado es rizomático, en términos deleuzianos. Se parte de la idea de que la construcción del conocimiento se produce con el “otro”, considerando la palabra y la experiencia como aporte fundamental para el saber. Esto nos permite tejer vínculos con la población local para explorar formas de entender y experimentar los territorios y ponerlas en diálogo con las del investigador como extranjero.

En el seno de uno de los proyectos de Voluntariado Universitario[2], desde 2012 se implementaron diversas técnicas y herramientas de abordaje del territorio, abriendo la posibilidad de incorporar nuevos modos de dialogar con los múltiples códigos-territorios.[3] A partir de esto, se comenzaron a deconstruir los conceptos naturalizados, como aislamiento, lejanía, exclusión, integración, buscando generar nuevas formas de saberes desde la horizontalidad. Desde el método de pesquisa cartográfica, las entrevistas representan una de las instancias principales para generar el intercambio y la posibilidad de comunicación entre sujetos múltiples, acompañando el proceso, generando el diálogo en un mismo plano de información y propiciando el acceso a la experiencia vivida. Como plantean Tedesco, Sade y Calima (2013), pensamos a la entrevista como “experiencia compartida de decir que, en su performatividad, crea mundo, siempre”.

Entre las herramientas que se ponen en práctica en terreno se destacan los sociocartogramas como método en actual obraje, inspirados en técnicas de entrevistas cartográficas: “Zonage” (Bonin, Clarot y Bouet, 2001; Tounsi, Gammoudi y Clouet, 2008; Caron y Cheylan, 2005), el “Jeu de territoire” (Lardon, Angeon Trognon y Le Blanc, 2010), “Cartografía Social” (Diez Tetamanti 2018; Montoya Arango, 2007), “Deriva” (Careri, 2014) y “Cartográfico” (Passos, Kastrup y Tedesco, 2014). Esencialmente, desde el sociocartograma, se pone en diálogo el problema de entrevista a partir de la cartografía-dibujo producida en conjunto entre entrevistado(s) y entrevistador(es), lo cual genera nuevos sentidos espaciales e intercambio de información en una instancia de exploración y profundización de la investigación social.

También se aborda la producción de dioramas, gráficos que permiten reconocer la movilidad de una persona o grupos en el espacio y tiempo. Puede estar diagramado para un día, una semana, un mes o un año. Se trata de una construcción diseñada en conjunto entre entrevistado(s) y entrevistador(es), en la cual se sintetizan en dos ejes cartesianos variables témporo-espaciales en las que se plasman los trayectos, tensiones y productores de desplazamientos (Souto, 2011). También se recurrió a la cartografía comunitaria, que es aquella producida por los habitantes del lugar con el propósito de diagramar, representar, poner en texto, sobre formatos cartográficos de todo tipo, dibujos del lugar. Generalmente estas cartografías ubican al “lugar” como central, y son de interesante utilidad para pensar un mundo desde lo local, donde la proyección y la escala parte de lo vivido en el cuerpo y experiencia, antes de organizarlo en el proceso de calcomanía cartográfica tradicional (Imágenes 1 y 2).

Imagen 1. Cartografía Comunitaria. Lago Blanco, el centro de un mundo

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Imagen 2. Cartografía comunitaria. Aldea Beleiro en el centro de un mundo

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Como síntesis de las entrevistas y los sociocartogramas, se incorporó la producción de coremas como una herramienta para simplificar los instrumentos anteriormente mencionados, traducirlos y producir esquemas propios de interpretación. Con los coremas se apunta a subrayar los dinamismos espaciales intrínsecos en el territorio, haciendo expresar al mapa más allá de lo que describe por sí mismo (Portugal, 1996). Es decir, son simplificaciones gráficas que permiten visualizaciones de las dinámicas espaciales. Esta herramienta facilita la producción de textos sobre las conexiones espaciales y sus vínculos en relación a problemáticas singulares. Para Portugal, el significado del corema es doble: por un lado, aparece como unidad elemental de construcción, a base de combinaciones, de un modelo de organización espacial, y por otro lado, y al mismo tiempo, supone la expresión gráfica de ese mismo objeto (Portugal, 1996). Es por ello que la utilización de coremas nos permite recurrir al uso de elementos simples de construcción tales como el punto, la línea, el área y la red, elaborándose entre ellos combinaciones simples (Imagen 3).

La producción de territorios sobre nociones cruzadas

Frontera y distancia. Patagonia y Sur. Conceptualmente estas nociones involucran una serie de producción de imágenes y conclusiones que tienen que ver con el aislamiento, la lejanía y la dificultad. Ninguno de los tres conceptos podría pensarse como universal. Siempre hay un vínculo estricto entre la experiencia y la producción de territorio. El territorio codifica las variables que involucran la producción de las dimensiones de los aislamientos, las lejanías y las dificultades.

Unos meses antes de producir este texto, se puso en práctica desde nuestro grupo de investigación “Geografía acción y territorio” una experiencia de intercambios temporales de lugar de trabajo, entre los investigadores y seis agentes de salud comunitaria de los puestos sanitarios del área de estudio, basados en el antecedente de la clínica La Borde de Deleuze y Guattari, en la cual los integrantes de la institución de salud trocaban sus roles para vivir en sus cuerpos, la experiencia “del otro” (Dosse, 2010: 44). Así, fueron muy interesantes los escritos que produjeron las agentes de salud de los puestos rurales en referencia a su estancia en los centros de salud urbanos, en Comodoro Rivadavia y las sensaciones ante la urbanidad de la ciudad.

… en Comodoro trabajan de un modo muy acelerado al ritmo de la ciudad su día a las 5 de la mañana tomando dos o tres colectivos para llegar al centro, las cosas están lejos porque demorás mucho para llegar de un lado al otro […] es todo muy rápido, la gente no te hace pasar a su casa o si te deja es un ratito y te despachan porque están apurados y es difícil tener una charla tranquila. (Agente de Salud Comunitaria. 40 años. Abril de 2018).

 

Después de estos días, me queda la sensación de que la gente de una ciudad piensa que un pueblo chico es “un pueblo pobre” con pocos avances; con poca sabiduría, y con mucha vulnerabilidad. Yo trato de entender porque tiene esos pensamientos, cuando en los pueblos rurales, como Lago Blanco no hay pobreza, no hay vulnerabilidad, no hay carencias. Lo único que tiene es que está lejos de hospitales, universidades, no hay señal de teléfono celular. Algo muy diferente que estoy viendo acá en la ciudad. Mucha gente vulnerable pobre, que nunca había visto en mi pueblo. (Agente de Salud Comunitaria. 32 años. Abril de 2018).[4]

Relatos en coexistencia que también evidencian las centralidades del “pueblo” y sus problemas. En el relato hay permanente comparación y différance (Derridá, 1998) entre lo cotidiano y lo nuevo. Así, la lectura que involucra las concepciones instaladas de lejanía, distancia y aislamiento están afianzadas en el proceso histórico de escritura urbana que compone el área de estudio. Está producida sobre la trayectoria que va desde la conquista del blanco-europeo por sobre las poblaciones originarias hasta la creación de los territorios nacionales (del Chubut, la Zona Militar de Comodoro Rivadavia) y la posterior provincialización.

En su relato, Alejandro Aguado (2006) señala el principio del siglo XX como un tiempo difícil, ya que instalarse en estas regiones resultaba muy arriesgado. Había que ingeniárselas para no pasar frío o hambre ante la inclemencia del invierno y hacerse de ropa, herramientas y utensilios para poder vivir.

Los inviernos, que solían ser rigurosos, imponían meses de un aislamiento total. Los mantos de nieve perduraban la mitad del año. En caso de enfermedad morían o se salvaban por sus propios medios, es decir que de esos trances se salía con resistencia física y buena suerte. (Aguado, 2006: 12).

En otra línea, Núñez propone un análisis territorializado del aislamiento, es decir, sobre lo singular, en cuanto a las dinámicas sociales, haciendo fuerza en las diferencias antes que en lo homogéneo y considerando interpretaciones propias de lo local.

… por comprender que el territorio es una expresión de una base cultural particular, donde en muchos casos, modelos que tienden a la globalización e integración, actúan sin considerar o tomar en cuenta que la interpretación puede ser también propia o, como dijimos, endógena […]en cierto modo, la disyuntiva entre lo aislado y lo integrado es similar a la vieja disputa entre lo atrasado y lo moderno, este último concepto como sinónimo de mejor y acorde a tendencias, paradójicamente globales. (Núñez, Arenas y otros 2010: 55).

Así, aislamiento, como frontera y sur (abajo) no dejan de ser producciones intelectuales que organizan uno de los múltiples territorios, codificaciones posibles y yuxtaposiciones coexistentes. En esta yuxtaposición de territorios se continuará navegando en el análisis, de modo que sea factible invertir la experiencia en un trueque dinámico de memoria, padecimiento y singularidad sobre el lugar.

Cuerpo y tiempo, desfasaje

Primero, Berardi hace un contrapunto entre espacio y tiempo ante las nociones de ciberespacio y cibertiempo. Mientras que el primero se presenta como de infinita expansión, el cibertiempo es en la práctica “una realidad vivida, ligada a un soporte orgánico –cuerpo y cerebro humanos–, cuyos tiempos de elaboración no pueden ser acelerados más allá de límites naturales relativamente rígidos” (Berardi, 2012: 10). Nos interesa, así, la relación entre el tiempo y el cuerpo, que implica esto en los traslados, y cómo la aceleración se presenta en dichos espacios rurales. Segundo, a partir de Santos y Silveira, se puede hacer hincapié en la idea de periodización-evento, para el análisis geográfico, en el sentido de la producción de diferentes momentos, donde los objetos del espacio toman diversas y mutantes funciones y significados, superponiendo, yuxtaponiendo, reemplazando y avanzando en diferentes dinámicas a partir de una idea central: las existencias (Santos y Silveira, 2000).

Hasta aquí, dos cuestiones: la relación de tiempo-cuerpo como realidad vivida que propone Berardi, y las periodizaciones que constituyen la relación entre los elementos que componen el espacio, el tiempo-evento como acontecimiento. Se arriba entonces a una idea central de Deleuze, cuando nos dice que los encuentros se producen con las cosas. Deleuze se pregunta qué acontece cuando nos encontramos con las cosas, qué se produce como acontecimiento y devenir. Así, los cambios antes de computar en el calendario, acontecen en el cuerpo y devenir, modificando prácticas y relaciones que codifican el territorio. Esto implica que, para la experiencia de tiempo local, en Aldea Beleiro, Lago Blanco o Ricardo Rojas, el evento de encuentro con un servicio o un objeto, como puede ser un ómnibus o un cajero automático, propone producciones de acontecimientos totalmente singulares, manifestados en las prácticas comunitarias locales. Desde aquí se piensan los pliegues de período, relatados –como se verá más adelante– durante las entrevistas: el antes y ahora.

Antes y ahora implican definitivamente el diferencial encuentro con las cosas de este mundo rural.

Antes y ahora

Uno de los elementos que distinguen al área de estudio es la concentración de eventos de “llegada” de los objetos (teléfono, correo, etc.), en términos de lo nuevo miltonsantiano, que se produce tardíamente (en relación a la región pampeana) y que además se yuxtapone con la llegada de las denominadas nuevas tecnologías. Este fenómeno es resaltado por Durston, Gaete y Pérez (2016), en referencia a la integración de nuevas tecnologías en la región de Aysén (Chile), que comparte límite con Argentina a la latitud de nuestra área de estudio. Allí los objetos tecnológicos como la electricidad, el teléfono fijo e internet se hicieron presentes en un breve periodo hacia finales del siglo XX y principios del XXI. Como puede verse en la figura 1, en los últimos veinte años del siglo XX se instalan el correo y el teléfono fijo, mientras que solamente diez años después llega internet en las instituciones y posteriormente las conexiones de wifi domiciliarias.

Figura 1. Línea de tiempo, existencias de objetos en las localidades de Aldea Beleiro, Ricardo Rojas y Lago Blanco

linea de tiempo (p.291)

Lo que acontece en esta área es taxativamente diferente a lo que sucede en los pueblos de la provincia de Buenos Aires, donde los elementos de comunicación y transporte, como el correo, el teléfono y el ferrocarril, aparecen en los primeros años del siglo xx, mientras que internet u otros servicios como el cajero automático en el banco conservan sincronía con las existencias en el sudoeste del Chubut. En este sentido, los sistemas de comunicación se acompañaron de cambios tecnológicos en los vehículos que facilitaron el transporte terrestre, pero conviviendo con una infraestructura antigua, como los caminos de ripio con poco mantenimiento. Así, al contrario de lo que sucede en algunas localidades de la región pampeana, donde hay un “antes” recordado como comunicado, abastecido, dinámico y de crecimiento (Sili, 2000; Diez Tetamanti, 2019), aquí la memoria siempre convoca un pasado más dificultoso.

Antes era muy difícil, para ir a Comodoro se podía tardar hasta tres días. Era todo de ripio y no había los vehículos con las comodidades de ahora. Por ejemplo, después de Río Mayo, tenías Las Pulgas y Los Manantiales, antes de Sarmiento. Muchas veces se hacía noche en algún boliche. (Jorge. 67 años. Lago Banco).

La mención de antes tiene que ver con la demora, el clima y la dificultad, pero, por sobre todo, con los vehículos. Hay un pliegue entre esfuerzo hostil y la facilidad que podría decirse que es tecnológico. En tal sentido, tal como menciona Gaignard (1989) en su tesis sobre la pampa argentina, lo que para esta se visualiza como una instancia de cambio en los años 60 y 70 –con la llegada del asfalto, los automotores de mayor autonomía, el teléfono y la electricidad continua–, en Aldea Beleiro, Lago Blanco y Ricardo Rojas y gran parte de la región se hará presente entre fines de 1990 y principios de los 2000. Incluso, en el camino entre Comodoro Rivadavia y Río Mayo persistió hasta 2011 el boliche Los Manantiales, con servicio de café y bar sin energía eléctrica.

Para graficar el contexto de los cambios de existencias de la región, se produjeron dos cartografías comparativas entre el antes, configurado como los años 1990, y la actualidad, a partir de las menciones en más de 30 entrevistas, dioramas y sociocartogramas realizados en el marco del proyecto de investigación mencionado. Se profundizó en las existencias, posibilidades y prácticas en la región, vinculadas a la accesibilidad a servicios, la comercialización de objetos y las relaciones sociales.

Mapa 3. Objetos, existencias y recurrencias hasta los años 90, en el sur del Chubut

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Mapa 4. Objetos, existencias y recurrencias en la actualidad, en el Sur del Chubut

mapa00 (p.293)

referencias3 (agregar a p. 293)

En las cartografías se observa un desplazamiento de las líneas de circulación –enmarcadas por las carreteras Nacional 26 y Nacional 40– junto con la desaparición de los “boliches” (Las Pulgas, Los Manantiales y Los Monos). En este sentido, también se evidencian cambios en los instrumentos tecnológicos, como el uso de la radio UHF, que funcionó hasta fines de los años 90 y que en algunos lugares del área rural dispersa aún es utilizada. Posteriormente, la aparición de la telefonía celular (en este momento en proceso de instalación en Ricardo Rojas) y las posibilidades de conexión wifi a partir de puntos públicos, como los municipios, las escuelas y los centros de salud. Asimismo, en función del escenario espacial de cambio, se produjo un “acercamiento” tanto en distancia como en tiempo de algunos objetos y servicios. Posteriormente a los años 90, se instalaron en Sarmiento y también en Río Mayo bancos, institutos terciarios o cine; servicios que antes estaban presentes casi en exclusivamente en Comodoro Rivadavia, distante a 350 kilómetros o incluso más, y a más de un día de viaje, dependiendo de la localidad.

En los últimos veinte años llegó el combustible a las tres localidades a partir de la iniciativa estatal provincial Petrominera, que es una empresa de fomento del Estado. A principios de los 2000, instaló estaciones de servicio en Aldea Beleiro y Lago Blanco, y en 2019 prevé la construcción de una más en Ricardo Rojas. Pero, al mismo tiempo, el Correo Argentino levantó el servicio en Ricardo Rojas y Lago Blanco, asumiendo cada una de las comunas rurales, el transporte postal.

El transporte de larga distancia se constituye como un elemento de presencia discontinua en los últimos años. Al respecto, como puede verse en la figura 1 y en los mapas 3 y 4, en las tres localidades el transporte de larga distancia –que las comunicaba con Sarmiento y Comodoro Rivadavia– funcionó irregularmente hasta los primeros años de la última década. Los permanentes problemas con los subsidios y las empresas concesionarias no pudieron dar continuidad al único servicio público que enlazaba estas localidades con las ciudades de la región. Esto propició, por un lado, la producción de una serie de estrategias comunitarias, de las cuales se hablará en el siguiente punto, y, por otro, los reiterados pedidos de transporte por medio de los presidentes comunales de las localidades. Así, desde 2016, se presta un transporte regional entre las localidades y Río Mayo una vez a la semana y en horarios que no permiten la ida y el regreso en el día. Por esta razón, ante cualquier necesidad es siempre obligatorio quedarse uno o dos días en Río Mayo. En este sentido, es evidente que el diseño de los cronogramas no contempla las demandas locales ni pone en consideración las posibilidades de la población local en cuanto al transporte y la conectividad, dejando librado al albedrío de las empresas de transporte, las dinámicas de movilidad local.

Ir, venir, comunicarnos

La singularidad de las comunicaciones en el área de estudio consiste en el desarrollo de una serie de estrategias comunitarias, que constituyen, tal como mencionan Durston, Gaete y Pérez (2016) para el caso de Aysén, una buena parte de la arquitectura en la organización local social, la cual está atravesada por lazos sociales entre las localidades y en las localidades. Para esto, en la producción de los sociocartogramas se puede advertir un componente muy fuerte de la movilidad en la zona. Esto implica que una gran parte de la totalidad de las relaciones sociales se dan en “la zona” de los pueblos cercanos, sobre todo entre las localidades de Aldea Beleiro, Lago Blanco, Ricardo Rojas, El Chalía y Río Mayo. Y, en menor medida, Choyahique y Aysén, en Chile, y Sarmiento y Comodoro Rivadavia, al este. Los cronogramas diseñados por el Estado y las empresas concesionarias, en cuanto a comunicaciones, transporte, salud y educación, se articulan con dificultad con las prácticas locales. Por un lado, el transporte terrestre es de carácter irregular y poco práctico (en cuanto a horarios y días), con una dinámica regional (desde y hacia Río Mayo) que implica además incomodidad con los transbordos para continuar viaje hacia Sarmiento o Comodoro, porque los horarios no están vinculados entre los tramos. Ninguna de las tres localidades tiene a disposición un servicio diario de transporte. Por otro lado, en las tres localidades existen puestos sanitarios, que son, en efecto, salas sanitarias de escasa complejidad, por lo que el instrumento más importante que poseen ante una emergencia es siempre la ambulancia.

Las tres localidades cuentan actualmente con una ambulancia, aunque no siempre fue así. Por momentos, las ambulancias quedan fuera de servicio o bien son trasladadas a otra localidad. Además, cumplen funciones en las llamadas “rondas de visita” del área rural, que en algunas oportunidades duran una semana. En estos periodos, las localidades cuentan con la ambulancia que se disponga más cercana, o bien con vehículos municipales o de vecinos. Ante el caso de una emergencia menor, como un dolor de muela, una de las agentes sanitarias de Aldea Beleiro relata:

Por ejemplo si a alguien le duele una muela, le damos analgésico y se va manteniendo, ahí avisamos a ver si otro lo puede llevar o si va por sus propios medios, porque hay que cuidar las gomas de la ambulancia. Pero si no esperamos a que salga por otra cosa la ambulancia, para ir… o bien coordinamos con el puesto de Ricardo Rojas, pero si hay que ir en la ambulancia, alguna se tiene que quedar de guardia porque son más de 100 kilómetros a la redonda que quedan sin nada, si no… A mí me da bronca, porque hay que restringir las cosas, como el uso de la ambulancia o cuidar las gomas… Porque no sobra… Tampoco tenemos máscara de oxígeno para la ambulancia… A veces, cuando hay una urgencia no nos pueden venir a cruzar[5], o no hay médicos esperando a que llegue el paciente en Río Mayo o Sarmiento… (Jorgelina. 42 años. Puesto Sanitario AB).

Así, las derivaciones en salud reproducen también el mismo eje jerárquico de traslados de esta región: desde la localidad con puesto sanitario hacia Río Mayo, Sarmiento y Comodoro. Pero también acontece un fenómeno que quiebra esa lógica, tanto con ciudadanos chilenos que habitan en estas localidades, como con algunos argentinos que por elección o cercanía se atienden en el hospital de Coyahique, que está a 50 kilómetros de Aldea Beleiro y 90 kilómetros de Lago Blanco.

Hay gente que se prefiere atender en Coyahique porque está más cerca y algunos tienen seguro de salud de Chile, pero también, aunque tengas que pagar, es más barato que ir hasta Comodoro, que tenés que hacer el viaje larguísimo y después además le sumás todo el lío del alquiler que tenés que pagar o lo que sea. En vez a Chile vas y volvés en el día… Si vas a Comodoro es porque tenés una red, si no es muy difícil… (Jorgelina. 42 años. Puesto Sanitario AB).

En las localidades también se experimenta un proceso de cambio desde 2002, que se vincula con la implementación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y la iniciativa Maternidades Seguras y Centradas en la Familia. Este programa implicó que los partos y parte de los tratamientos preventivos en embarazos deban realizarse en establecimientos sanitarios de máxima complejidad. Así, desde 2002, los partos dejaron de acontecer en estas localidades, tanto en el puesto sanitario como con las llamadas “matronas”, para realizarse en Comodoro Rivadavia. Sobre esta singularidad se profundiza más en Chanampa, Diez Tetamanti y otros (2015). Pero lo que resulta interesante para el análisis de la problemática de movilidad es que el proceso de movilidad, transporte y estadía en Comodoro Rivadavia no siempre puede ser asistido por el sistema sanitario o la comuna local, lo que implica que se ponga de algún modo en jaque el carácter de gratuidad de la salud pública en las pequeñas localidades.

Los servicios educativos han incorporado desde 2011 la denominada “unidad educativa multinivel”.[6] Esto implica la existencia de jardín de infantes y niveles primario y secundario, con docentes “itinerantes”. Ellos viajan principalmente desde Río Mayo con regularidad quincenal, para implementar la educación secundaria en las localidades, bajo la dirección de un director de nivel primario. Esta dinámica propicia un alto grado de circularidad entre los docentes que viven en Río Mayo con las localidades. La vinculación entre el sistema educativo y las actividades deportivas se complementa con la presencia de los Juegos Evita. A partir de estos juegos, muchos de los jóvenes residentes en las localidades realizaron su primer viaje fuera de la localidad. Uno de los referentes locales comentaba que:

Hace unos años, me sorprendí mucho, me emocionaba porque algunos chicos, cuando iban a participar con el deporte me contaron que creían que más allá de las montañas que se ven del pueblo no había más pueblos que este, entonces cuando iban se sorprendían porque veían lo que estaba en la televisión, pero ellos decían que no sabían que eso era real… (Roberto. 52 años. Secretario de Deportes, AB).

La importancia de las actividades que movilizan en el espacio y dan cuenta de la multiplicidad es tan importante como en el mundo urbano. De algún modo, la movilidad crea posibilidad y proyecta deseos ante lo nuevo descubierto. En ese sentido, el televisor, con acceso a sistemas satelitales, y la existencia reciente de wifi abrieron la puerta al ingreso tanto de las ideas como de las posibilidades y nuevas incertidumbres. Al respecto, una de las maestras comenta:

Desde afuera tienen la idea de que estamos aislados, que carecemos de información, pero ahora tenemos mucho acceso a la comunicación, sobre todo en Directv y en internet que hay en casi todas las casas. La vida con internet cambió mucho, con Mercado Libre, el home banking… resolvemos lo que antes no se podía. Hoy casi todo se paga por acá, o las facturas electrónicas… Antes se vencían y no servían más… para nosotros el internet es fabuloso. Todas las demoras fueron menos y además se reducen muchísimo los gastos. Para mí una cosa importante que nos falta es que tenemos que tener internet para mejorar y aprovechar pedagógicamente, pero nos dicen por ejemplo que, para hacer una teleconferencia, es complicado porque acá sí hay internet, pero las velocidades son diferentes a la ciudad o a veces el sistema es muy inestable… (Mariela. 43 años. LB).

Internet produjo nuevos espacios de encuentro y tránsito dentro de las localidades. En un primer momento había señal solamente en escuelas e instituciones públicas, posteriormente, con la llegada del wifi y a través de las computadoras del Programa Conectar Igualdad, durante las tardes se organizaban reuniones de “navegación” y “chateo” en torno a la cobertura de señal. En los últimos seis años, con el arribo de los teléfonos inteligentes y la difusión del wifi en las viviendas particulares, estos espacios de reunión desaparecieron. Este fenómeno fragmentó en parte la socialización lugarizada, para abrir en estas localidades el mundo del ciberespacio. Así, la existencia de señal de internet se configura como un aspecto que facilita y conecta con otros territorios, con los cuales mucho aún está por articularse y recodificarse.

Espacialidades traducidas, dialogar para continuar

“Acá viene mucha gente, funcionarios y políticos, pero nadie escucha” fue una de las frases que más se destacaron a lo largo de los múltiples talleres, conversaciones y entrevistas. La experiencia de abordaje en terreno con las metodologías puestas en práctica nos puso en un lugar de intercambio y escucha permanentes. De alguna manera, la idea de aislamiento está vinculada a la traducción de las dinámicas que se producen para estos territorios en espacios de la organización de las políticas públicas. Por esto, se aborda la hipótesis de que la propia contextualización, como la problematización del lugar, están construidas a partir de una mirada ajena y urbano-céntrica, que no padece la experiencia local, pero sí interpreta, traduce lo observado; y opera sobre ese mundo producido, lo que a priori podría pensarse como una “espacialidad traducida”. En este sentido, y en línea con Núñez, el problema estaría en la interpretación del problema del aislamiento o la integración sobre la base de modelos globales y urbano-céntricos. Ante esta problemática es necesario producir diálogos horizontales para profundizar en el padecimiento local como configurador del territorio. De este modo, la codificación o arquitectura territorial podrá acompañar los procesos de las singularidades locales, de los sujetos y producciones de subjetividad local, de los cuerpos y sus diversos territorios.

Los dispositivos que pone en marcha el Estado, a partir de las políticas públicas, tienen más que ver con el fomento de la instalación de cosas (internet, estaciones de servicio o telefonía celular) que con el acompañamiento de un proceso que está en movimiento. En definitiva, a las localidades llega internet, pero se desafecta el correo postal; llega el combustible, pero en un mismo periodo desaparece el transporte de larga distancia. Lejos de fortalecer las dinámicas sociales en funcionamiento, se producen cambios irregulares e imprevisibles que someten a la población local a un proceso de innovación permanente. Sin certezas, sin continuidades, sin médicos o enfermeros permanentes, sin regularidad en la prestación de transporte público o con el abandono del mantenimiento de los servicios a la buena voluntad local se hace difícil producir escenarios prospectivos. Finalmente, gobierna el pequeño mercado local, mediado por los esfuerzos de la comunidad, para sostener un proyecto de desarrollo que está permanentemente componiendo sobre lo que acaba de descomponerse. Queda pendiente la tarea de aprender de las estrategias locales, las prácticas comunitarias y los esfuerzos forjados por las comunidades locales para avanzar sobre el rediseño de políticas públicas.

Bibliografía

Aguado, A. (2006). La colonización del oeste de la Patagonia central. Departamento Río Senguer, Chubut. 1890-1919. Chubut: Secretaría de Cultura de la provincia de Chubut.

Berradi, Franco “Bifo” (2010). La fábrica de la infelicidad. Madrid: Traficantes de Sueños.

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  1. El presente trabajo deriva del PICT – 4092 – 2016 “Estrategias y dispositivos comunitarios y estatales en procesos de desarrollo territorial de pequeñas localidades y zonas rurales dispersas del sudoeste de la provincia de Chubut”, radicado en el Grupo de Investigación Geografía Acción y Territorio del IGEOPAT-UNPSJB y del proyecto de investigación como investigador adjunto de CONICET “Estrategias y dispositivos comunitarios y estatales en procesos de desarrollo territorial de pequeñas localidades y zonas rurales dispersas del sudoeste de la provincia de Chubut”.
  2. Proyecto Voluntariado Universitario “Cartografía Social, dibujar para aprender nuestro territorio”. Ministerio de Educación de la Nación. SPU. 2012.
  3. El trabajo de campo que sustenta esta investigación ha sido elaborado colectivamente, con herramientas de base colectiva y con repetidas instancias puestas en diálogo de los resultados en proceso.
  4.  Extraído de: Diez Tetamanti, J.; Aguero, G. y Heredias, T. (2019). Mundos y experiencias compartidas en Salud Comunitaria.  Ed. Margen, p. 27.
  5. Llama “cruzar” a cuando una ambulancia equipada con mayor complejidad intercepta en el camino a otra de menor complejidad, para prestar asistencia y acompañamiento.
  6. Por Resolución 53/2011 del Ministerio de Educación del Chubut.


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