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4 ¿Qué tipos de mecanismo hay?

En este capítulo se analizarán algunas clasificaciones o tipologías de mecanismos, es decir, se intentará mostrar qué tipos de mecanismo hay. Ciertas clasificaciones tienen como dominio los mecanismos en general, particularmente aquéllas propuestas por la filosofía de la ciencia. En cambio, las propuestas por las distintas disciplinas científicas tienen como dominio cierto ámbito, como por ejemplo los mecanismos sociales. Claramente, cuanto más general sea el dominio de la clasificación, mayor será la contribución o el aporte de la taxonomía al desarrollo y consolidación del neomecanicismo.

Con respecto a las clasificaciones propuestas, las más desarrolladas son las de los mecanismos propios de alguna disciplina, y son, por ello, difícilmente generalizables. Al decir esto, no se están invalidando esas clasificaciones, sino solamente señalando que una tipología general debe dejar de lado ciertas peculiaridades. Las tipologías más generales (como las que se desarrollan en los parágrafos 5 y 6 de este capítulo y que son propuestas por los autores de una manera tan general que apenas si aportan uno o dos ejemplos) proponen categorías que podrán agregarse luego como subclases de la clasificación que se propone aquí, en el §1.

Que existan distintas clasificaciones, y ninguna de ellas haya generado consenso se debe, en parte, a que todavía no se ha unificado como movimiento esto que aquí se ha denominado neomecanicismo. No se ha unificado y, por ende, no se ha pensado en una clasificación que sea, a la vez que fructífera, lo suficientemente general como para incluir todos los mecanismos sin importar la disciplina que los estudie. Por eso se propone, en primer lugar, una clasificación general, que no sea aplicable solo a mecanismos en ciencias sociales o en ciencias naturales. En esta primera clasificación radica el aporte principal de este capítulo. Las demás clasificaciones que se desarrollan son tomadas de neomecanicistas de distintas disciplinas, y en algunos casos se muestra que tales clasificaciones no son generalizables a todos los ámbitos.

Con el problema de las clases de mecanismo va aparejado otro: el de los ámbitos donde pueden hallarse los mecanismos. Si, por ejemplo, ciertos fenómenos son estocásticos, solo podrán postularse (modelarse, buscarse, investigarse o usarse para explicar) mecanismos estocásticos asociados a tales fenómenos. Pero si, por ejemplo, los mecanismos causales no se clasifican en estocásticos y deterministas por definición, sino que solo hay deterministas, entonces quienes estudien fenómenos estocásticos no tendrán ningún interés en los mecanismos. Por eso es importante encontrar alguna clasificación que permita abarcar todas las disciplinas y aporte, a la vez, sistematización.

1. Clasificación de mecanismos

Una clasificación de los mecanismos puede considerar las unidades, los sistemas[1], los niveles de organización, los modos de operación o los estados finales y, además, valerse de distintos criterios. Aquí se propone una clasificación nueva, lo suficientemente amplia como para incluir los mecanismos de las distintas disciplinas, y tal que permite incorporar distintos elementos, como los intereses de la investigación o el carácter de las regularidades en las resultantes de relación.

Como se dijo en la introducción, una cualidad importante de los mecanismos es su condición de artificial (diseñados por los seres humanos) o no artificial. Entre ambos tipos de mecanismo existe una diferencia crucial: la relación de los planos ontológico y analítico: en los artificiales, primero (simplificando un poco las cosas) es el modelo analítico y luego el mecanismo; en los no artificiales, quien investiga debe identificar el mecanismo y para ello estudia el sistema concreto, empírico, y trata de hallar en él los elementos que irán completando el modelo analítico. Es decir, en los artificiales, primero es el modelo y luego el mecanismo; en los no artificiales, primero, el mecanismo y luego el modelo. En los no artificiales se centra (sin tener por eso la exclusividad) el interés científico por el conocimiento, la teorización y la explicación. En los mecanismos artificiales, el interés principal (no el único) será el control y la intervención.

Ahora bien, dentro de los mecanismos artificiales pueden distinguirse dos clases (la tabla 1 muestra la clasificación completa). Por un lado, los artefactos, esto es, dispositivos y máquinas. Tal es el caso del mecanismo de apertura de la tapa del reloj de bolsillo comentado en la Introducción. Por otra parte, se encuentran los mecanismos artificiales de control social[2], es decir, los diseñados por seres humanos para ser implementados en sociedades, grupos o instituciones, como los mecanismos de recaudación o de promoción.

Dentro de los mecanismos no artificiales, se distinguen dos clases, los físicoquímicos y los biológicos. Los físicoquímicos son aquellos cuyas unidades no tienen vida propia, como los mecanismos neuronales o los de la fotosíntesis, y en un nivel inferior, los físicos y químicos fundamentales. Pueden ser microscópicos o ser partes de seres vivos. También pertenecen a esta categoría los mecanismos macroscópicos propios de la geología, la climatología o la astronomía. El dato crucial es que sus unidades no son seres vivos (aunque pueden ubicarse en ellos o ser sus partes). Los biológicos son aquellos que esencialmente incluyen seres vivos entre sus unidades (pudiendo contener, además, unidades de otro tipo). Esta clase se divide, a su vez, en dos subtipos: los conductuales y los no conductuales. Los primeros contienen unidades que son individuos que obran a voluntad y, como tales, no actúan siempre del mismo modo. No necesariamente todas las unidades obran voluntariamente, pero ha de haber algunas con resultantes de relación dependientes de la voluntad. Integran esta categoría los mecanismos de selección natural, los sociales (en sentido amplio: que operan sobre sociedades animales, como manadas, o humanas, como instituciones), y los que operan a nivel individual (como los psicológicos). Por ejemplo, el mecanismo de formación de creencias presentado en el capítulo 2, §1. Un grupo destacado de mecanismos conductuales son los que no contienen animales, es decir, los mecanismos cuyos individuos son humanos (muchas veces llamados “mecanismos sociales”). Los mecanismos biológicos no conductuales, si bien contienen seres vivos como unidades, no contienen unidades que obren voluntariamente (aunque pueden localizarse en individuos que obran espontáneamente). Por ejemplo, los mecanismos de fermentación que involucran bacterias, los de dispersión de semillas, que hacen que ciertos vegetales proliferen hasta convertirse en maleza o plaga, o los mecanismos de ulceración bacterianos, como el caso de la Helicobacter pylori comentado en el capítulo 2, §7 (las bacterias son seres vivos que no obran voluntariamente, aunque pueden estar dentro de un ser humano).

Tabla 1. Tipos de mecanismo

Esta clasificación que se ha propuesto es general, ya que abarca mecanismos de todas las disciplinas. Por supuesto, no puede hacerse una clasificación de este tipo sin dejar lugar a críticas, y esto es necesariamente así porque las unidades (es decir, el nivel de organización al que se “recorta” el continuo de la realidad) son determinadas por la investigación. Es decir, siempre está abierta la posibilidad de que cierta investigación se centre en un mecanismo cuyo lugar en la clasificación queda sin determinar. Por ejemplo, el corazón de un ser humano que fue provisto con un marcapasos artificial. Además, los mecanismos sociales artificiales conviven con los mecanismos sociales no artificiales y pueden dar lugar a zonas de división difusas. Puede concederse, sin embargo, que la mayoría de los mecanismos (al menos, los que de hecho son investigados por la ciencia) encontrarán lugar en alguna de estas clases (y no en dos).

Deben destacarse dos cosas respecto de esta clasificación. La primera es que señala algo que usualmente es omitido[3]: los mecanismos sociales artificiales. Usualmente se insiste en la investigación basada en mecanismos sociales y en el uso que puede hacerse de ellos para el control social, y en esta clasificación se muestra claramente que deben distinguirse los mecanismos sociales artificiales de los no artificiales. El estudio de estos últimos es esencial para el diseño de los primeros. Pero no deben confundirse.

El segundo aspecto de esta clasificación que merece resaltarse es que puede conciliarse con una interesante distinción respecto de las regularidades, para resaltar un último aspecto sobre los tipos de mecanismo. Little (1993) distingue entre las leyes que describen fenómenos y las leyes que gobiernan fenómenos (toma la distinción de Cartwright, 1983)[4]. Según Little, una ley gobernante es la descripción de una regularidad que genera una conducta sobre alguna clase o cosa. Una ley fenoménica describe una regularidad de conducta que emerge de las propiedades causales reales de la cosa, pero que no constriñe por sí misma la conducta de la cosa. La idea que subyace a la distinción es que las leyes de la física y la química (deterministas o estocásticas) describen regularidades que rigen sobre los fenómenos. Las regularidades de la sociedad (deterministas o estocásticas) surgen de los fenómenos, es decir, de la conducta de los individuos. Tomando esta distinción como punto de partida, puede mostrarse un aspecto importante respecto de las regularidades; aspecto que puede ser encontrado también en los mecanismos y puede contemplarse en la clasificación que aquí se propuso.

Retomando los conceptos clasificatorios que se emplearon para distinguir los mecanismos no artificiales y revisando la clasificación propuesta por Little, se pueden distinguir tres tipos de regularidades: las biológicas conductuales, las biológicas no conductuales y las físicoquímicas (los nombres son lo de menos, esta clasificación puede verse como una clasificación más fina de la que propone Little, y, para hacer más evidente la relación entre regularidades y mecanismos, se emplean los mismos nombres que en la clasificación de mecanismos). Las leyes conductuales surgen de la conducta de individuos con voluntad (no necesariamente humanos); son, en términos de Little, fenoménicas. Las regularidades biológicas rigen los fenómenos propios de los seres vivos sin voluntad; son gobernantes. Las regularidades físicoquímicas son las que rigen los sistemas y componentes inanimados (sean o no parte de seres vivos); son gobernantes. Claramente, esta distinción no debe confundirse con las disciplinas sociales, biológicas y físicas (aunque muchas de estas regularidades aparezcan en algunas y no en otras): finalmente, los seres humanos estamos compuestos de células y estamos sometidos a la gravedad (al menos en la tierra).

Esta distinción en tres tipos de regularidad permite incorporar un nuevo elemento: la temporalidad o atemporalidad de las regularidades. Las regularidades de la física y la química (ya sean estocásticas o deterministas), como la Ley de acción y reacción o la Ley de Avogadro, no parecen afectadas por la conducta de los individuos o el paso del tiempo: parecen que siempre han valido y siempre valdrán. Son inalterables y atemporales, no están sometidas al devenir. Las leyes biológicas, como las llamadas “Leyes de Mendel”, describen regularidades que pueden estar sometidas a las condiciones y al paso del tiempo: habrá ciertas condiciones donde no se cumplirán (como en los casos de meiosis no-disyuntiva y deriva meiótica), y es discutible si esas condiciones no terminarán, con el tiempo, convirtiéndose en la regularidad. Son regularidades que no gobiernan los fenómenos como las físicas, sino que emergen de los fenómenos; pero no emergen de la conducta de individuos, sino que emergen de los procesos (como la selección natural) que se dan en la naturaleza e involucran la vida. Las regularidades conductuales emergen de la conducta de los individuos (conducta no necesariamente racional o planeada) y están sometidas no solo al paso del tiempo y a las condiciones, sino también (en algunos casos) al obrar voluntario. La tabla 2 muestra esta clasificación de las regularidades.

Tabla 2. Clasificación de regularidades

La clasificación de las regularidades que aquí se propone extendiendo el análisis de Little (1993), tiene su correlato en la clasificación de mecanismos propuesta antes. Pero debe recordarse lo que se dijo en el capítulo 3, § 4.4: las resultantes de relación no necesariamente son regulares. Por eso, solamente podrán clasificarse, atendiendo a esos criterios, aquellos mecanismos con resultantes de relación regulares. A pesar de esta imperfección, la clasificación resulta igualmente útil. Los artefactos y los mecanismos físicoquímicos contienen unidades cuyas resultantes de relación responden a regularidades físicoquímicas. Debido a esta característica, resulta relevante en ellos la disposición espacial de las unidades y, en general, permiten predicciones, al menos en la medida en que se conozcan las regularidades que gobiernan las unidades. Los artefactos son diseñados, justamente, porque se conoce de antemano cómo serán las relaciones y cuál será la resultante (aunque en muchos casos el correcto funcionamiento del mecanismo se logre con el método de ensayo y error). Se diseñan con el objetivo de que específicamente hagan algo. Estos mecanismos tienen una estructura porque las unidades son piezas y están espacialmente dispuestas de cierta forma y con ciertas relaciones. Y como las relaciones son conocidas de antemano, esos mecanismos permiten predicciones porque justamente fueron diseñados para producir determinados efectos. No todos los mecanismos diseñados por el hombre son deterministas: un determinado tipo de ruleta electrónica posee un mecanismo que hace girar el plato y (otro que) suelta la bolilla, pero el estado final del sistema (en qué número quedará la bolilla) no es predecible (aunque es predecible que el plato dejará de girar).

Los mecanismos físicoquímicos, como por ejemplo, los presentes en la geología (tal el caso de la formación de deltas de un río), se dan usualmente en la naturaleza, generalmente con unidades cuyas propiedades principales suelen ser la contigüidad o cercanía espacial, y cuyas relaciones principalmente son la transferencia de energía o de materia. Estos mecanismos permitirán algún tipo de predicción, que dependerá del carácter estocástico o determinista de las regularidades. Si un río se abre paso hacia el mar y el terreno se aplana en la costa del mar, y el río arrastra sedimentos, se puede predecir que se formará un delta (aunque no pueda predecirse dónde se formará la primera islita). Resumiendo: los mecanismos cuyas relaciones están gobernadas por regularidades físicoquímicas son parte de sistemas donde las propiedades espaciotemporales son relevantes. En muchos casos permitirán predicciones en el nivel micro y en el nivel macro: es decir, cambios a nivel de las unidades y cambio a nivel de los sistemas. Este tipo de mecanismo es el que tiene en mente y define Woodward (2002, 2004). Son mecanismos que, debido al tipo de regularidad que gobierna las relaciones entre unidades, soportan contrafácticos, son modulares e invariantes bajo intervenciones. Los mecanismos físicoquímicos presentes en los seres vivos son los que estudian, entre otros, Abrahamsen, Bechtel, Darden, Glennan y Thagard. Estos mecanismos también poseen unidades cuyas relaciones espaciales suelen ser relevantes. Una de sus características es que la pertenencia a los sistemas resulta especialmente relevante porque en los sistemas cumplen una función. Las funciones pueden ser tratadas, estudiadas y explicadas en el sentido que propone Craver (2001) siguiendo el análisis funcional de Cummins (1975). Además, los sistemas que contienen este tipo de mecanismo son usualmente los sistemas con las propiedades emergentes que caracteriza Wimsatt (1997). En estos mecanismos, el cambio de nivel suele implicar un cambio de teoría o de disciplina: pasar del nivel del órgano (el corazón) al nivel de la célula implica el cambio de teoría. Además de la importancia de la organización espacial y de la posibilidad de predicción, los mecanismos artificiales y físicoquímicos poseen una tercera cualidad, debido a que las resultantes están regidas por regularidades atemporales: dado que no cambiarán, tampoco se espera que cambien los mecanismos. Es decir, los mecanismos que operan en determinados sistemas se espera que en el futuro sigan operando en sistemas similares.

Los mecanismos conductuales y los de control social contienen, entre otros tipos, unidades regidas por regularidades biológicas conductuales. Estos mecanismos son, probablemente, los más difíciles de investigar, dado que las unidades pueden tomarse a distintos niveles (ecosistema, manadas, individuos, sociedades, instituciones o grupos) y la posición espacial suele no ser una propiedad relevante: la estructura social (de una sociedad humana o de una manada) no es esencialmente espacial (puede serlo en ciertos aspectos, pero no lo es necesariamente). En estos mecanismos el descenso de nivel llevará al individuo; y la acción individual, de ser necesario, será explicada por un mecanismo de distinta clase: psicológico o neurológico. Es decir, no es raro que el descenso de nivel implique un cambio de teoría (y, en muchos casos, un cambio en el tipo de regularidad). Las regularidades en las resultantes de relación de estos mecanismos no solamente están sometidas al devenir y pueden cambiar con el paso del tiempo, sino que, en muchos casos, la acción colectiva puede llevar al cambio mismo de las resultantes. Un estado puede, por ejemplo, incentivar a sus habitantes a formar familias numerosas y lograr que con el tiempo, la resultante esperable de un matrimonio cambie (por ejemplo, de un promedio de un descendiente a dos o más). De este tipo de mecanismos, cuyas resultantes de relación se deben a regularidades fenoménicas y claramente temporales, no puede esperarse que sigan presentes en los sistemas, porque los sistemas cambian y con ellos las unidades y las regularidades. Para quienes proponen que la ciencia debe buscar regularidades, es un verdadero desafío que las regularidades conductuales sean esencialmente cambiantes (es un problema realmente serio, por ejemplo, para la teorización, ya que cuando las regularidades cambien, la teoría contendrá leyes que no se verificarán en la sociedad, es decir, falsas). Pero no es un problema para quienes abordan la tarea científica de la identificación de los mecanismos, dado su carácter local: cuando una sociedad cambia, pueden aparecer mecanismos nuevos, en ese caso, los mecanismos que ya se tenían identificados pueden reaparecer luego o localizarse en otras sociedades. Sin duda, los mecanismos conductuales son los más complejos de identificar (y los de control social los más difíciles de diseñar). Esto se debe, en parte, a problemas metodológicos: los límites éticos de la experimentación, por ejemplo; y en parte, a que el descenso de nivel de organización termina en el interior de los individuos, con lo cual los elementos en esos niveles son inobservables (al menos, los psicológicos). Debido a que en muchos casos las resultantes de relación en los mecanismos conductuales ni siquiera presentan regularidades (pueden ser actos espontáneos), la predicción en este tipo de mecanismos es, muchas veces, imposible. En algunos casos (como en mecanismos en que no intervengan humanos) ciertas predicciones tendrán bastante exactitud (por ejemplo, podrán predecirse migraciones), pero la posibilidad y el nivel de predicción en los mecanismos conductuales dista mucho de la de los mecanismos físicoquímicos y artefactos.

Los mecanismos no conductuales se encuentran regidos por regularidades biológicas no conductuales que están sujetas al paso del tiempo (aunque no al obrar voluntario, porque no contienen unidades dotadas de voluntad). Estos mecanismos, al igual que los físicoquímicos, permiten predicciones, aunque la exactitud de las predicciones sea, probablemente, menor. Como en el caso de la infección bacteriana, las predicciones serán probabilísticas, y generalmente podrán hacerse para el nivel macro (por ejemplo, predecir una infección sin poder predecir qué ocurrirá con cada bacteria). Dado que las unidades no obran voluntariamente, la identificación de este tipo de mecanismo es metodológicamente menos problemática que la identificación de los mecanismos conductuales. Las regularidades no conductuales, como se dijo, son gobernantes aunque temporales, con lo cual las resultantes de relación podrán cambiar (por ejemplo, la probabilidad de los resultados) con el tiempo. Al igual que ocurre en los mecanismos conductuales, esto es un problema salvable para la investigación neomecanicista.

Se ha propuesto, entonces, una clasificación de los mecanismos que es general, es decir, que abarca mecanismos de todas las disciplinas. En esta clasificación, el primer criterio clasificatorio es la relación mecanismo/modelo, y el segundo, es la presencia de unidades con ciertas características. Cada clase de mecanismo presenta, si se limita a la presencia de algún tipo de regularidad en las resultantes de relación, características como la organización espacial, la posibilidad de predecir, o la permanencia de los mecanismos en los sistemas que integran. Una clasificación tan general seguramente no resulte atractiva para la investigación científica (aunque sí para la filosofía de la ciencia), ya que a quien investiga un determinado sistema le interesa, más bien, qué tipos de mecanismo puede hallar en ese sistema. De todas maneras, la clasificación propuesta muestra ciertas características que pueden encontrarse en algunos tipos de mecanismo. Para la investigación científica, resultará útil una clasificación más fina. A continuación se presentarán justamente otras clasificaciones, propuestas o discutidas por neomecanicistas, que pueden complementar la que se propuso aquí y resultar más atractivas para la ciencia.

2. Relación entre niveles: Hedström y Swedberg (1996, 1998b)

Hedström y Swedberg (1996, 1998b) proponen una tipología de mecanismos sociales siguiendo el llamado modelo macro-micro-macro[5]. La acción social colectiva tiene, según este modelo, dos niveles de organización: el nivel micro (es decir, el nivel de los individuos) y el nivel macro (es decir, el nivel de la sociedad). Los niveles micro y macro tienen distintos tipos de transición, que dan origen a tres tipos de mecanismo: situacionales, formadores de acción y transformacionales (véase figura 13).

Figura 13

 

Los mecanismos situacionales cubren la transición macro-micro. Son mecanismos que permiten explicar la forma en que los individuos asimilan lo ocurrido a nivel de los macro-eventos. Por ello, en este tipo de mecanismo los actores son individuos “por separado” y los mecanismos son internos o psicológicos. El actor individual es expuesto a una situación social específica y esta situación lo afectará de una manera particular. Algunos ejemplos de este tipo de mecanismo son los mecanismos de formación de creencia (como los estudiados por la teoría de acción colectiva desarrollada por Granovetter, 1978; Granovetter y Soong, 1983), los mecanismos generadores de oportunidades (como los desarrollados por White, 1970), y los mecanismos de formación de preferencia (Boudon, 1988; Merton y Rossi, 1950).

Los mecanismos de formación de acción se ubican en el nivel micro. También en estos mecanismos el actor es el individuo “por separado” y el mecanismo es interno o psicológico. Este tipo de mecanismo muestra cómo una combinación de deseos, creencias y oportunidades de acción individual generan una acción específica. Algunos ejemplos de este tipo de mecanismo son los mecanismos de disonancia cognitiva (Festinger, 1957) y de discounting (Ainslie, 1992).

Los mecanismos transformacionales cubren la transición micro-macro. Aquí los actores no son individuos “por separado”: se trata de un número de individuos que interactúan unos con otros, y el mecanismo específico muestra cómo esas acciones individuales son transformadas en alguna clase de resultado colectivo, ya sea intencionado o no intencionado. Es decir, no son internos, sino externos. Los autores proponen como ejemplos de este tipo de mecanismo los modelos de mercado neoclásico y los juegos (como el que modela la llamada “tragedia de los comunes”[6]).

3. Mecanismos según los efectos: Hernes (1998)

Según Hernes (1998), los sociólogos son habitantes de dos mundos: el mundo real del cual son parte, y el mundo que ellos construyen para tratar de entender el mundo real. El proceder científico comienza en la observación: sobre la base de las observaciones se construyen posibles explicaciones, de las cuales se derivan consecuencias observacionales que permiten evaluar cuál es la mejor explicación (y descartar las demás). El papel fundamental de los mecanismos está, según Hernes, en el segundo paso: la construcción de explicaciones posibles. Por ello caracteriza los mecanismos como modelos o constructos analíticos, es decir, su caracterización es, según lo propuesto en el capítulo 3, §3, de índole analítica.

Los mecanismos sociales son, entonces, constructos analíticos que contienen dos conjuntos de elementos abstractos: los actores y la estructura. Es decir, se modelan “humanoides” y situaciones (o ambientes) en las cuales esos agentes se ven envueltos y obran. Modelar los agentes y las estructuras equivale a dotarlos con ciertas propiedades, es decir, suponer que tienen ciertas propiedades. A los actores se los supone con ciertas preferencias (es decir, se supone qué es lo que quieren), ciertos conocimientos (qué es lo que saben), ciertas capacidades y habilidades (qué es lo que hacen) y ciertos atributos relevantes (como sexo y/o edad y/o religión)[7]. La estructura en los modelos que propone Hernes es la conjunción de las oportunidades, las características de distribución –es decir, las características de la población– y los estados de los actores (como sus roles, sus posiciones o su número).

Entonces, “[a] social mechanism is a device for combining actors with a given set of characteristics (‘casting’) with a particular social structure (‘staging’) in order to infer what outcomes will result (‘plotting’)” (Hernes, 1998, p. 95).

Según esta concepción (limitada, como se dijo, a los mecanismos sociales y de índole analítica), los cambios producidos por los mecanismos pueden darse a nivel de los actores (los individuos) o a nivel de la estructura. Las posibilidades dan cuatro tipos de mecanismos, representados en la tabla 3, según los cambios se den a nivel micro o a nivel macro.

Los “efectos agregados” son efectos de mecanismos que no suponen el cambio en los actores ni en la estructura[8]. El ejemplo que da Hernes refiere al problema de las picaduras de abeja: las abejas parecen picar más a las mujeres, dado que la inmensa mayoría de las personas atendidas en hospitales y centros de salud por picaduras de abeja son mujeres. El mecanismo que genera esta conducta, según Hernes (en sentido estricto, uno de los mecanismos propuestos para explicar este fenómeno) es que las abejas pican por igual a hombres y mujeres, pero las mujeres tienen una propiedad que hace la diferencia: la de quejarse de las picaduras y hacerse ver por profesionales de la salud. Los hombres, en cambio, no se quejan tanto y no van al hospital por una picadura de abeja. En los términos que propone Hernes, los supuestos sobre los agentes (los atributos de los hombres –que no se quejan– y de las mujeres –que se quejan–) son los que explican el fenómeno, sin que la acción del mecanismo cambie ni la estructura (las mujeres no dejan de ir a buscar la miel) ni los actores (los hombres no comienzan a quejarse). Otro mecanismo que explicaría el fenómeno modelaría por igual la tendencia a quejarse, pero supondría que las mujeres trabajan más en lugares abiertos, con lo cual estarían más expuestas a las picaduras de abejas que los hombres, que trabajarían en lugares bajo techo. Este “mecanismo” tampoco causa cambios en los agentes ni en las estructuras.

Tabla 3. Clasificación de mecanismos por Hernes

 

Los “efectos estructurales” son producidos por mecanismos que no cambian los actores pero cambian la estructura, tal es el caso de algunos mecanismos de mercado en los que cambian las propiedades estructurales de la empresa sin cambiar los actores (como el entrenamiento).

Los “efectos actorales” son producidos por mecanismos que no cambian la estructura pero cambian los actores, por ejemplo, el cambio de empresas en el mercado: el mercado no cambia pero las empresas entran y salen del mercado.

Los “efectos dialécticos” son aquellos en los que tanto los agentes como la estructura cambian. Los actores alteran la estructura a la vez que esta los afecta a ellos (es decir, los actores reaccionan a las condiciones de su propio obrar). El ejemplo que da Hernes está tomado de la teoría marxista: los capitalistas buscan maximizar sus beneficios, pero como consecuencia de sus esfuerzos por hacerlo, parte de los capitalistas pasan a la clase proletaria, que crece.

Claramente, la clasificación que propone Hernes no serviría como clasificación fundamental para el neomecanicismo. En primer lugar, porque (según se propone aquí) los mecanismos deben causar cambio. No puede haber mecanismo que no cause cambio ni en la estructura ni en los actores. En segundo lugar, la clasificación, para poder generalizarse, requeriría el cambio de “actores” por otro término menos antropomórfico, como “unidades”. Finalmente, y como se señaló ya en el capítulo 3, §3, la clasificación de Hernes parte de una confusión: confunde el plano ontológico con el analítico.

4. Mecanismos estocásticos y deterministas

La clasificación en mecanismos deterministas y estocásticos es una de las más encontradas. A continuación, se comentan algunas propuestas de diferentes autores.

Bunge (1997) distingue entre mecanismos causales, estocásticos[9] y mixtos. Y Bunge (2004b) entre mecanismos causales y estocásticos (aunque, sostiene, rara vez se dan aisladamente, ya que lo usual es que se den mixtos: recuérdese además que para Bunge los mecanismos son procesos, y sostiene que sin ley no hay mecanismo). Los mecanismos causales responden a leyes causales, por ejemplo, la inducción electromagnética que generan los motores de acuerdo con las ecuaciones de Maxwell; la oscilación en las poblaciones de especies que compiten, según las ecuaciones de Lotka-Volterra; la cooperación entre personas o sistemas sociales, siguiendo determinados contratos y normas (no necesariamente explícitos), como el altruismo recíproco. Los mecanismos estocásticos son procesos aleatorios o estocásticos de nivel inferior, por ejemplo, caminar al azar, extracción al azar de bolillas de una tómbola, colisión atómica, mutación genética y elección a ciegas. Puede argüirse que estos procesos aleatorios tienen un componente causal, que emergen de procesos causales de diferente nivel. Así, sacudir, batir o mezclar –macroprocesos– resultan en mezclas aleatorias en el nivel micro. Bunge sostiene que los que parecen ser mecanismos caóticos son, en realidad, casos particulares de causalidad: aquella en la cual el resultado, como en el de una ruleta, depende críticamente de las condiciones iniciales.

Dentro de los mecanismos causales, distingue dos tipos (Bunge, 1997, pp. 419–420): los mecanismos de tipo I, los que involucran transferencia de energía; y los mecanismos de tipo II, que involucran una señal detonante. Los mecanismos de tipo I son, por ejemplo, los involucrados en el trabajo manual o el combate. Los mecanismos de tipo II son, por ejemplo, los involucrados al dar la orden de fuego o la orden de despedir a un empleado. En los mecanismos causales de tipo I, la cantidad de energía transferida es crítica. En los de tipo II, una pequeña cantidad de energía transferida puede desencadenar un proceso que involucre una gran cantidad de energía, es decir, el efecto puede ser desproporcionado respecto de la causa (como un grito en la montaña que genera una avalancha).

De manera parecida, Glennan (1992) sostiene que los mecanismos pueden ser estocásticos o deterministas en cuanto a su funcionamiento interno o en cuanto al resultado que producen y dar lugar a cuatro tipos de mecanismo: (a) mecanismos deterministas tanto en su operación como en su resultado; (b) mecanismos estocásticos tanto en su operación como en su resultado; (c) mecanismos que operan estocásticamente cuyos resultados son deterministas; (d) mecanismos cuya operación es determinista y cuyos resultados son estocásticos. Barros (2008) sigue esta clasificación y la amplía, pero dado que su interés se centra exclusivamente en las explicaciones que recurren a mecanismos (de hecho, utiliza en ocasiones el término mecanismo para referir a la explicación mecanicista), y dado que para el problema de la predicción lo relevante es el carácter estocástico o probabilístico del resultado, deja de lado la clasificación respecto de la operación y se limita a los resultados. Tomando, entonces, los resultados de los mecanismos, Barros los divide en tres clases: por un lado, los deterministas y por otro, dos clases de mecanismos estocásticos (aquellos cuyos resultados pueden expresarse en términos de probabilidad). Los mecanismos deterministas, según Barros, son aquellos que permiten predicciones con certeza (aunque el mecanismo pueda fallar), por ejemplo, el mecanismo de un reloj, que permite predecir la hora con certeza. Los mecanismos estocásticos se caracterizan por algún grado de aleatoriedad o probabilidad, tal es el caso de una máquina que arroja al aire monedas regulares. Hay, según Barros, dos clases de mecanismos estocásticos: los mecanismos cuya probabilidad es mayor al 50% y los mecanismos cuya probabilidad es menor o igual al 50%. Los tres tipos de mecanismo permiten explicaciones ex post facto. Pero solo los deterministas o los estocásticos del primer tipo permitirán predicciones (o explicaciones ex ante) con distinto grado de precisión. Como ejemplo del que no permite predicción (que denomina unbiased stochastic mechanisms), Barros sugiere el que libera los neurotransmisores e inicia la actividad eléctrica en las neuronas postsinápticas, descripto en Bogen (2005). Como ejemplo de mecanismo estocástico que permite predicción (biased stochastic mechanisms), Barros sugiere el de selección natural[10], tal como se presentó en el capítulo 2, §5. Como ejemplo de mecanismo determinista, propone el bombeo del corazón. Por motivos de espacio, no se discutirá aquí el problema de la predicción (o explicación ex ante en términos de Barros) cuando esta depende de enunciados probabilísticos. Baste con decir que, si una probabilidad baja permite explicar, permitirá también algún tipo de predicción (por ejemplo, predecir para un mecanismo un conjunto posible de estados finales). Es importante señalar el rol que cumple en la predicción el nivel de organización en que se centra el interés: debe aclararse de qué nivel se está prediciendo, ya que no todos tendrán igual grado de predictibilidad. Y no puede, luego, hablarse de predicción “a secas”, sino que siempre será “predicción en determinado nivel”.

Esta clasificación puede resultar, sin duda, útil. No parece, sin embargo, fundamental, pero podría servir para refinar otras clasificaciones.

5. Mecanismos según la identificación de las condiciones detonantes

Elster (1998) estudia mecanismos que, sostiene, permiten explicar pero no predecir. En otras palabras, en ellos las condiciones detonantes no son conocidas (al menos, de momento). Todos estos mecanismos pertenecerían a lo que Hedström y Swedberg (1998b) llaman “internos” o “psicológicos”. Los de este tipo, sostiene Elster, generalmente se dan de a pares: puede darse un par de mecanismos que, partiendo de situaciones distintas generan el mismo resultado (la alegría por obtener un título lleva a los fanáticos a un festejo desenfrenado que termina con la destrucción del estadio; la rabia por la frustración de no obtener el título los lleva a destruir el estadio) o bien dos mecanismos que, partiendo de condiciones similares, generan resultados distintos (como los padres son bebedores, el hijo también lo es; o bien, como los padres son bebedores, el hijo es abstemio).

Elster clasifica los mecanismos en: de tipo A y de tipo B (B1 y B2). En los de tipo A los mecanismos son mutuamente excluyentes, y la indeterminación no permite predecir cuál se activará (si es que alguno se activa). En las ciencias naturales, un ejemplo es la conducta inducida por el miedo: el miedo puede detonar tres reacciones (Gray, 1991): pelea, huida o inacción total (freeze).

Los mecanismos de tipo B no son mutuamente excluyentes, pueden operar simultáneamente, con efectos opuestos. Incluso cuando puede predecirse que se activarán, no pueden predecirse los efectos. En los de tipo B1, los mecanismos se activan simultáneamente por la misma causa, y no puede predecirse cuál será el efecto. En los de tipo B2, no se activan ambos por la misma causa, sino que un mecanismo actúa como detonante del otro. Un ejemplo de mecanismo B1 puede verse en el hijo que repite la conducta de sus padres, o bien hace todo lo contrario. Un ejemplo de mecanismo de tipo B2 está dado por los sistemas de “procesos contrarios” (Solomon y Corbit, 1974): cuando finaliza una experiencia causante de dolor (o placer), en lugar de volver el sujeto al estado previo a la experiencia (el estado “normal”), se genera una experiencia de sentido contrario, es decir, de placer (o dolor). La secuencia placer-dolor puede ejemplificarse con la euforia y el retraimiento presentes en la adicción a las drogas. La secuencia dolor-placer es ilustrada por el alivio que siente una persona cuando se le informa que su temor de tener un enfermedad terminal es infundado.

La clasificación de Elster parece siempre pensada para los mecanismos sociales (o, mejor dicho, para lo que aquí se denominó “mecanismos conductuales”). Hay algo que puede criticársele: es una cuestión discutible si los mecanismos cuyas condiciones detonantes se desconocen son de utilidad. No lo parece. En todo caso, lo determinará la investigación. Queda por ver si esta clasificación se puede ampliar a otros tipos de mecanismo. En todo caso puede considerársela una clasificación útil para refinar otras clasificaciones.

6. Mecanismos observables y no observables

La discusión sobre la observabilidad e inobservabilidad de los mecanismos es usual en el neomecanicismo, particularmente en ciencias sociales (como se muestra en el capítulo 3). La disputa puede salvarse y las posturas reconciliarse si se acepta que la observabilidad de los mecanismos es dependiente del nivel de organización, como se dijo. Elster trata con mecanismos que son inobservables. Mayntz (2004) y Kittel (2006) señalan que muchos son observables. Por supuesto, aquellos que consideren (ver capítulo 3) los mecanismos como constructos analíticos o entidades epistémicas los considerarán no observables (al menos, si son consecuentes con su postura). Pero, como se dijo, estarán hablando de los modelos y de las teorías y explicaciones que hacen referencia a, o se sirven de, los mecanismos.

Si bien la observabilidad es una cuestión de grados o niveles, claramente el mecanismo presente en una trampa para ratones es observable; el mecanismo de disonancia moral es no observable. Y, en general, habrá en los mecanismos unidades y relaciones observables y no observables. Por ende, sería más adecuado o fructífero hablar de observabilidad total, observabilidad parcial e inobservabilidad.

En suma, la distinción observable/no observable es en muchos casos una cuestión de grado o nivel, y no central. La importancia de la discusión no radica en sí en la observabilidad, sino en las consecuencias de ella: el punto es cómo evaluar la adecuación de los modelos y las explicaciones si los mecanismos no son observables (esto se suma a la dificultad de contrastar cualquier hipótesis cuando las posibilidades de experimentación son limitadas, como en ciencias sociales o en biología evolutiva). En todo caso, no es una dificultad sui generis de los mecanismos o un problema que solo tiene el neomecanicismo.

Esta distinción entre mecanismos observables e inobservables es común en ciencias sociales, aunque no exclusiva. Cuando la investigación en biología, bioquímica, física y otras ciencias naturales desciende hasta cierto nivel, el mecanismo subyacente se torna inobservable. En este punto, la investigación puede sostener que se ha llegado “al fondo” y que las actividades, entidades y relaciones que subyacen son fundamentales, o bien postular un mecanismo subyacente que todavía no ha sido lo suficientemente explorado. La estrategia a seguir dependerá de los intereses y, fundamentalmente, del estado de la investigación y la teoría: lo que hoy es un mecanismo no observable, podrá ser mañana un mecanismo observable. En tanto no se tenga debidamente identificado el mecanismo, si se tienen reconocidos los estados inicial y final, se tendrá una caja negra (o una ley fundamental).

Por lo dicho, esta clasificación resulta problemática, y no parece fundamental. Puede utilizarse, en todo caso, para refinar alguna otra clasificación.

7. Etcétera

A continuación, se presentan algunas clasificaciones de mecanismos que abarcan específicamente un dominio determinado y no tienen, por ende, pretensión de generalidad. Se comentan brevemente estas clasificaciones como muestra de la relevancia que el tema ha tenido y tiene en la investigación y en la teorización[11]. Las primeras tres refieren a mecanismos sociales. La primera, los toma en general; la segunda refiere específicamente a ciertos mecanismos sociales; la tercera clasifica los mecanismos presentes en la historia social. La cuarta clasificación se limita a los mecanismos de especiación.

7.1. Mecanismos de control social y mecanismos sociales causales

Retomando la clasificación que se propone en Bunge (2004b), comentada en el §4 de este capítulo, Wight (2004) distingue (sin descartar la posibilidad de que existan otros tipos) entre mecanismos de control social y mecanismos sociales causales.

Un mecanismo de control es “a process or technique for achieving a desired end state or outcome” (Wight, 2004, p. 288). Cuando se habla de “mecanismos de control de armas”, o de “mecanismos para asegurar la recaudación efectiva de impuestos”, se está hablando de mecanismos de control social. Aunque pueden evolucionar y afectar los resultados de maneras desconocidas, en la mayoría de los casos los mecanismos de control social son diseñados conscientemente. Son, en general, inobservables pero no desconocidos: dada su “función” en términos de los resultados deseados, se sabe mucho sobre ellos. De hecho, en algunos casos son tan conocidos los mecanismos que facilitan la desobediencia de los individuos y, consecuentemente, el no cumplimiento del resultado deseado: por ejemplo, la evasión de impuestos es posible porque el mecanismo de recaudación es conocido.

Mecanismo causal, en general, “[…] refers to the operative or motive part, process, or factor in a concrete system that produces a result. In this sense, a causal mechanism can be regarded as the process, entity or state of affairs involved in, or responsible for, an action, reaction, or outcome of a natural or social phenomenon” (Wight 2004, p. 288. Nótese la similitud con la caracterización de Bunge, 2004b).

7.2. Mecanismos causantes de desigualdad por adscripción social

Barbara Reskin, socióloga dedicada al estudio de la desigualdad por adscripción (ascriptive inequality)[12] critica los intentos de explicar este tipo de desigualdad apelando a las motivaciones[13]. Exhorta a los académicos a dejar de lado los modelos que postulan motivos de la asignación desigual y a enfocarse en descubrir los mecanismos por los cuales las “características adscriptas” están relacionadas con “resultados de deseabilidad variable” (Reskin 2003, p. 7). Clasifica los mecanismos causantes de la desigualdad por adscripción en cuatro tipos, según el nivel en el que operen: los mecanismos que operan a nivel mental (intrapsychic)[14], los que operan a nivel interpersonal[15], a nivel de sociedad (societal)[16] y a nivel de las organizaciones (organizational)[17].

7.3. Mecanismos en procesos históricos

Un grupo de historiadores sociales liderados por Charles Tilly clasifica los mecanismos sociales que tienen lugar en procesos históricos en ambientales, cognitivos y relacionales (McAdam, Tarrow y Tilly, 2001; Tilly, 2001b, 2004; Tilly y Goodin, 2006).

Los mecanismos ambientales son influencias generadas externamente sobre condiciones que afectan la vida social: “desaparición”, “enriquecimiento”, “desintegración”, sugieren esta clase de relaciones de causa-efecto. Son interacciones entre sitios sociales y sus características físicas. Pueden operar directamente: el incremento o la reducción de los recursos afectan la capacidad de la gente para comprometerse en la lucha política (McCarthy y Zald, 1987).

Los mecanismos cognitivos operan mediante alteraciones de la percepción individual y colectiva, y son descriptos por palabras como reconocer, entender, reinterpretar y clasificar. La concientización de una población (por ejemplo, respecto del problema ecológico), si se mira con detalle, es un conjunto de mecanismos cognitivos trabajando simultáneamente, individuo por individuo. El compromiso es un mecanismo en el que personas, que individualmente preferirían no tomar los riesgos de la acción colectiva, se encuentran a sí mismos en una posición tal que no pueden retirarse sin dañar a otros cuya solidaridad valoran –incluso al punto de sufrir serias pérdidas.

Los mecanismos relacionales alteran las conexiones entre personas, grupos y redes interpersonales: se centran en conexiones entre sitios sociales. Palabras como alianza, ataque, subordinación y apaciguamiento dan una sensación de mecanismos relacionales. Por ejemplo, el mecanismo de mediación (brokerage) es caracterizado como la unión de dos o más espacios sociales (social sites) previamente desconectados, unión efectuada por una unidad que media sus relaciones con uno y otro(s) espacio(s) social(es). Aunque los analistas usualmente ven la mediación como un mecanismo que relaciona a grupos con individuos en espacios estables, Tilly señala que la mediación puede volverse un mecanismo relacional para la movilización durante períodos de acción política colectiva (contentious politics), en tanto permite que nuevos grupos terminen aunándose porque descubren intereses comunes producto de la interacción.

Los mecanismos ambientales, cognitivos y relacionales se combinan.

Esta clasificación es del nivel más general según los intereses de Tilly. Las palabras mencionadas como ejemplos en cada grupo son también generalidades. Los mecanismos serían, por ejemplo, los mostrados en el ejemplo 6 del capítulo 2 (como “Creación de garantías externas para los compromisos de gobierno”). Estos mecanismos, a su vez, se concretizan de diferentes maneras en cada caso particular.

Tilly (2001b) señala que Hedström y Swedberg (1998a) no solo privilegian los mecanismos cognitivos, sino que además conciben la explicación como un movimiento hacia un nivel de agregación inferior. Tilly critica esta interpretación ya que –sostiene– los mecanismos relacionales (como la mediación) y ambientales (como la reducción de los recursos) tienen fuertes efectos en los procesos políticos sin una conexión necesaria con los mecanismos cognitivos del nivel individual.

7.4. Mecanismos de especiación

Baker (2005) clasifica los tres mecanismos componentes que operan en los mecanismos de especiación[18]: los mecanismos de variación genética, que producen diversidad en las poblaciones; los mecanismos de divergencia de población, que producen nuevas variedades; y los mecanismos de aislamiento, que producen nuevas especies (véase tabla 4 tomada de Baker, 2005, p. 320). Usualmente, se clasifican los mecanismos de especiación geográficamente, sin tener en cuenta el flujo de genes. Y, sostiene Baker, el flujo de genes es la principal fuente de desacuerdo entre el enfoque adaptativo (que sostiene que los mecanismos de aislamiento operan en poblaciones que se reproducen libremente) y el enfoque de spandrel[19] (que sostiene que el flujo de genes impide o interfiere en la aparición de nuevas especies). Esta nueva taxonomía aporta claridad respecto del rol que juega la selección natural en la especiación, según cada uno de estos enfoques. Además, se adecúa a la investigación contemporánea en biología y, dado que clasifica atendiendo a las características de los mecanismos subyacentes, es construida merced a las herramientas que provee el neomecanicismo (Baker, 2005, p. 322).

Tabla 4. Selección natural y modos de especiación

Este capítulo se ha dedicado a la cuestión de los tipos de mecanismo. Principalmente se mostró que en distintos ámbitos (desde la ciencia y desde la filosofía de la ciencia) se está trabajando en el tema, es decir, que el tema genera interés. Algunas de estas clasificaciones comentadas se limitan a un tipo específico de mecanismo (como los mecanismos de especiación o los de desigualdad por adscripción), y surgen claramente del interés y la labor científica. Otras clasificaciones tienen mayor alcance, y toman como dominio todos los mecanismos de una determinada área (como los mecanismos sociales). Finalmente, algunas clasificaciones son generales y pretenden clasificar todos los mecanismos, de todos los tipos y pertenecientes a todas las áreas (estas clasificaciones surgen más del interés filosófico que científico). Una clasificación que responda a la pregunta que da título al capítulo debe ser general y, a la vez, fructífera (por atender distintos aspectos). Todas las clasificaciones propuestas por neomecanicistas resultan inadecuadas (por distintos motivos), por eso aquí se propuso una nueva clasificación (con la mención de algunos ejemplos), a la cual las demás podrán complementar. Esta nueva clasificación permite mostrar la relación entre distintos aspectos, como los intereses de la investigación, la posibilidad de predicción, los tipos de regularidades o las unidades destacadas. Mostrar los distintos tipos de mecanismo que pueden identificarse y sobre los cuales se trabaja permitirá despertar el interés de investigadores de distintas áreas por los mecanismos, sumar más neomecanicistas y consolidar el enfoque. Pero para ello resulta menester, además, mostrar la utilidad de la investigación centrada en mecanismos. A este tema estará dedicado el capítulo siguiente.


  1. Bunge (1997) distingue entre sistemas naturales, sociales, técnicos, conceptuales y semióticos. Estos sistemas, a su vez, tienen subsistemas. Por ejemplo, hay tres tipos de subsistemas sociales: políticos, económicos y culturales. El problema de esta clasificación es que, si se trasladara a los mecanismos, agregaría bien poco, ya que la definición de sistema que propone Bunge es demasiado amplia: un sistema es un objeto complejo cuyas partes o componentes se mantienen juntos por límites de alguna clase (Bunge, 2004b, p. 188).
  2. El nombre está tomado de Wight (2004).
  3. Una excepción es Wight (2004), que distingue entre “mecanismos de control social” y “mecanismos sociales causales” (véase §7 de este capítulo). De todas maneras, no propone estrictamente una clasificación, sino que solamente hace esta distinción siguiendo el trabajo de Bunge (2004b).
  4. Los términos regularidad y ley son empleados de distintas maneras en distintos trabajos. Little (1993) los emplea de manera un tanto descuidada, y a veces emplea un tercer término: generalización legaliforme (lawlike generalization). En muchos trabajos, regularidad es empleado para designar relaciones constantes entre fenómenos o hechos, y ley para designar un tipo especial de regularidad: la que acontece con necesidad (qué sea una ley de la naturaleza sigue siendo motivo de discusión: véase nota 11). Aquí se adoptará otra convención, también usual (y en términos de la cual se comentará la propuesta de Little): se empleará regularidad para referir a las relaciones constantes (estocásticas o no) entre fenómenos –dejando de lado el problema de la necesidad de esas relaciones– y ley para los enunciados que describen una regularidad. Una ley es, aquí, una entidad lingüística.
  5. Siguen el modelo de conceptualización de la acción social colectiva de Coleman (1986).
  6. Véase por ejemplo, Bowles (2006, capítulo 1).
  7. Estos supuestos, sostiene Hernes (1998, p. 94), no necesariamente implican individualismo metodológico o agentes con racionalidad perfecta.
  8. Los mecanismos hernesianos de “efectos agregados” (que no causan cambio alguno) merecen un comentario, ya que en el capítulo 3 (especialmente, en el §4.7) se propuso explícitamente que los mecanismos causan algún tipo de cambio. Lo que debe notarse es que, en realidad, Hernes no está clasificando mecanismos sino constructos analíticos para la explicación de fenómenos. Entonces, lo que denomina mecanismos sin cambios son, stricto sensu, explicaciones no mecanicistas (véase el ejemplo que se comenta a continuación).
  9. Cf. Glennan (1997).
  10. Skipper y Millstein (2005), en un análisis de las definiciones y caracterizaciones de mecanismo propuestas y su adecuación al mecanismo de selección natural, señalan que, de ser un mecanismo, la selección natural será un mecanismo estocástico. No obstante lo cual señalan que este tipo no ha sido tratado (al menos por la corriente en ciencias naturales liderada por Bogen, Glennan, Bechtel, Darden, etc.).
  11. Dado que no pertenecen al neomecanicismo, se omiten las diferentes clasificaciones de los mecanismos diseñados por el hombre que usualmente figuran en los manuales de teoría de máquinas o ingeniería, entre otras: mecanismos físicos y eléctricos; de transmisión de movimiento y de energía; de poleas, de barras, de engranajes y de levas. Por la misma razón se omiten las clasificaciones de los “mecanismos de contagio” usuales en medicina (según las cuales, el contagio puede ser, por ejemplo, por vía aérea, por contacto o por intercambio de flujos) y las diferentes clasificaciones de mecanismos de defensa en psicología (exitosos y no exitosos, o primitivos, constitucionales y evolucionados, por nombrar algunos).
  12. Desigualdad por adscripción refiere a la desigualdad de los grupos, definida esta por alguna característica adscriptiva como sexo, raza o edad (Reskin 2003, p. 2). Algunas características hereditarias como religión, etnia, clase social o lugar de residencia están más allá del control de las personas y suelen separarlas por estratos. La adscripción es utilizada por los sociólogos para explicar la estratificación, aunque claramente no es la única causa, dado que, por ejemplo, los logros personales pueden ser determinantes en la posición que ocupa un individuo.
  13. Reskin (2003, 2005) distingue entre dos explicaciones de la desigualdad por adscripción: la explicación why (en la cual, por ejemplo, se explica que los grupos dominantes utilizan su poder monopólico sobre los recursos para mantener sus privilegios) y la explicación how (en la cual, por ejemplo, para explicar el cambio en el nivel de desigualdad se describe el mecanismo que produce tal cambio).
  14. Como por ejemplo, el crear un estereotipo de las personas sobre la base de la pertenencia a un grupo. Hay evidencia experimental de la categorización automática que cada individuo hace de las personas en ingropus (considerados pares, a los que se atribuyen las características favorables) y outgroups (considerados desemejantes, a los que se asocian los rasgos menos favorables): se prefiere a las personas del primer grupo, y hay una predisposición a confiar en, y cooperar con, ese grupo (Brewer y Brown, 1998; Fiske, 1998).
  15. Como por ejemplo, el mecanismo postulado por Kanter (1977) quien atribuye la exclusión de la mujer en puestos gerenciales a las preferencias de los directivos por tomar gente similar.
  16. Como los mecanismos de regulación pública que afectan a los empleadores.
  17. Por ejemplo, las medidas que toman las organizaciones (como las empresas) a la hora de tomar empleados: los planes de salud o las licencias otorgadas pueden dar claras ventajas a ciertos grupos, como heterosexuales, solteros o varones.
  18. En el capítulo 2, §9 se mencionaron los mecanismos de especiación que desarrolla Baker.
  19. El término inglés spandrel pertenece originalmente a la arquitectura, y su traducción al castellano, dentro de la arquitectura, es enjuta. A falta de un término castellano que lo traduzca adecuadamente para su uso en biología, suele mantenerse el término en inglés para designar una característica fenotípica que no es adaptativamente relevante, es decir, que no es producto de la adaptación porque no representa una ventaja.