Ante la aparición de una propuesta como la del neomecanicismo, y ante las promesas de éxito, fructificación o aplicabilidad, han aparecido voces contrarias, acaso más cautas. En este capítulo se expondrán detalladamente algunas de las objeciones que se han hecho a ciertas pretensiones y propuestas neomecanicistas, y se responderá a ellas.
Las objeciones están dirigidas, en su mayoría, a los intentos neomecanicistas en ciencias sociales. Esto no debería llamar la atención si se tiene en cuenta que es en ese ámbito donde se encuentra –como se dijo– la mayor diversidad de definiciones y caracterizaciones de mecanismo (y la mayor “tarea por hacer”). En otras palabras, es donde mayor desacuerdo hay sobre el problema señalado como fundamental: qué son los mecanismos. Además, es en ciencias sociales donde no hay teorías paradigmáticas (al menos en el sentido de teorías o metodologías “que generen consenso”: piénsese en la larga disputa sobre metodología cuantitativa versus metodología cualitativa[1]).
En sí, no son críticas a lo que aquí se ha llamado neomecanicismo, sino más bien críticas a la propuesta neomecanicista dentro de ciertas disciplinas[2]. En todo caso, debe tenerse en cuenta que: en primer lugar, las objeciones son salvables (es posible dar respuesta a cada una de ellas), y en segundo lugar, si alguna de las críticas resultara insalvable (si las respuestas no resultaran satisfactorias) no sería una crítica al neomecanicismo en tanto movimiento dentro de la ciencia y la filosofía de la ciencia; sería solamente una crítica a la pretensión de llevar la propuesta a cierto tipo de disciplinas o a ciertas ramas de algunas disciplinas específicas.
1. Crítica de Reiss: enfoque exclusivo en la explicación
Según Reiss (2007), los científicos sociales neomecanicistas (a los cuales engloba bajo la sigla NMP: new mechanist perspective) están exclusivamente interesados por la función explicativa de la ciencia, dejando de lado los demás intereses de las ciencias sociales. Enfocarse en un único interés podría justificarse por distintos motivos que Reiss analiza, y concluye que ninguno de esos motivos se da en el caso del neomecanicismo. Entonces, investigar mecanismos es –sostiene– una estrategia metodológica de aplicabilidad limitada. Concluye abogando por una mayor pluralidad metodológica (admitiendo que, tal vez, esa pluralidad se esté dando).
Reiss comienza señalando que los científicos sociales tienen cuatro objetivos principales: toma de datos (medición de fenómenos sociales complejos), predicción (de los valores futuros de variables de interés), explicación (mejorar la comprensión de los fenómenos de interés) y control (análisis de los probables efectos de las intervenciones). Es común, señala, que los científicos se esfuercen por alcanzar alguno de estos objetivos y dejen de lado los demás. Los científicos de la NMP, por ejemplo, se abocan exclusivamente a la construcción de modelos explicativos. La tercera de estas funciones no está debidamente caracterizada por Reiss: limitar la relación entre la investigación científica y la explicación es dejar de lado la tarea de teorizar, que es mucho más que buscar explicaciones. Teorizar involucra otros aspectos como, por ejemplo, la búsqueda de taxonomías y la evaluación de las hipótesis explicativas (y de los modelos): hay requisitos que las explicaciones deben cumplir, y uno de ellos es el requisito epistémico de que el explanans esté debidamente corroborado[3]. El argumento de Reiss se basa en que la NMP se preocupa exclusivamente por explicar (debe concederse que el tema de la explicación mecanicista es, sin dudas, el que más atención ha recibido en la literatura neomecanicista). Incluso concediéndole este punto, deberá admitirse que la crítica se basa en una caracterización de la explicación que resulta deficiente para capturar el verdadero objetivo: la teorización. Y es en este sentido que puede citarse a Hedström y Swedberg (1998b, p. 25): “essence of the mechanisms approach is to be found in a special style of theorizing” (énfasis en el original).
Retomando el argumento de Reiss, hay cuatro motivos por los cuales la tarea científica puede abocarse a un objetivo y dejar de lado los demás:
M1. Quien investiga cree que entre los objetivos de la ciencia hay una jerarquía y se concentra en lo que cree es el objetivo más importante o último.
M2. Quien investiga supone que algunos de los objetivos son inalcanzables y, consecuentemente, se enfoca solamente en aquellos que cree alcanzables.
M3. Quien investiga no persigue un objetivo porque lo considera trivial.
M4. Quien investiga piensa que un determinado objetivo sirve a los demás, y dirige su atención únicamente a ese objetivo porque considera que los demás se darán una vez que ese se haya obtenido.
Reiss se propone mostrar que ninguna de estas cuatro razones es válida en el caso de la NMP. Para ello, caracteriza la NMP como un movimiento en ciencias sociales y filosofía de las ciencias sociales que enfatiza la importancia de los mecanismos causales, y que suscribe a las siguientes tesis (Reiss, 2007, pp. 165–166):
T1. La explicación teórica es el objetivo único o final de la ciencia social.
T2. Los explananda de interés son fenómenos empíricos, fenómenos que pertenecen a la capa empírica. [El mundo está estructurado en capas: por un lado, se tienen eventos de nivel superior (macro, agregado o inmediatamente mesurable) y, por otro lado, se tienen estructuras y procesos de nivel inferior (micro, individual o teórico) que son los que dan lugar a los eventos o fenómenos de nivel superior. Los eventos sociales son “tokens” y los tipos de interés, “fenómenos” (sigue en esto a Hacking, 1983). El nivel superior es la “capa empírica”, y el nivel inferior la “capa subyacente”.]
T3. El objetivo último de la ciencia social es alcanzado si, y solo si, el fenómeno social S (en la capa empírica) es explicado en términos de los mecanismos causales (en la capa subyacente) responsables de S.
Nótese la petición de principio en la que se incurre, dado que T1 es el punto de partida del artículo: se pretende mostrar que los autores de la NMP se basan exclusivamente en la explicación (dejando de lado los demás intereses de la ciencia sociales) y este interés único no está justificado; y al caracterizar la NMP se la caracteriza, en primer término, como la propuesta que adhiere a T1. En todo caso, poner los mecanismos causales en un rol central de la práctica científica no significa que la tarea única de la ciencia sea la explicación[4]. Luego, si se define a la NMP como adherente de T1, la crítica no podrá generalizarse a todo el neomecanicismo (ni siquiera dentro de las ciencias sociales): solo a quienes adhieran a esta tesis. Y es discutible que esta tesis sea compartida en general en ciencias sociales: Reiss (2007, p. 165) cita solamente tres trabajos para mostrar la adhesión “característica” a esta tesis: Brante (2001)[5], Lawson (1997) y Hedström y Swedberg (1998b)[6]. Los dos primeros trabajos son mencionados por el propio Reiss (en el párrafo inmediatamente anterior al que contiene las citas) como pertenecientes al movimiento de realismo crítico, en sociología el primero, y en economía el segundo. Es decir, no los incluye específicamente ni entre las contribuciones a la filosofía de las ciencias sociales (aquí refiere a trabajos de Elster y Little) ni entre los varios accounts of social mechanisms en economía y sociología (aquí ubica, entre otros, el trabajo de Hedström y Swedberg).
Con respecto a T2, la diferenciación en capas (que se corresponde con la diferenciación de los niveles de organización que se mencionó en el capítulo 3 al caracterizar los mecanismos) es claramente aceptada entre los autores del neomecanicismo (más allá incluso de las ciencias sociales). Ahora bien, no necesariamente las capas de nivel inferior son “teóricas”. Algunos autores, como se vio en el capítulo 3, §3, adhieren a la idea según la cual los mecanismos son “teóricos” o no observables, particularmente quienes caracterizan los mecanismos como constructos analíticos o entidades epistémicas. Pero no todos aceptan esto: en algunos mecanismos el nivel inferior es claramente observable (piénsese en los mecanismos geológicos). Además, el nivel inferior puede involucrar elementos empíricos y teóricos (mejor dicho, observables y no observables): las unidades pueden ser los individuos y las propiedades relevantes al mecanismo pueden ser los deseos de esos individuos. Es decir: T2 (al igual que T1) es una tesis compartida solo por un grupo: no caracteriza al neomecanicismo tal y como se lo considera aquí.
Con respecto a T3, esta tesis resulta controversial. No es compartida, por ejemplo, por autores que, como Bunge, sostienen que los mecanismos requieren leyes. Incluso autores como Glennan sostienen que, salvo las leyes fundamentales de la física, todo es explicable mediante mecanismos (especialmente las leyes), esto equivale a decir que hay algunas leyes fundamentales que subyacen a algunos mecanismos (por lo tanto, hay fenómenos que no se pueden explicar mediante mecanismos). Luego, para estos autores, T3 tiene una afirmación que es correcta: la explicación del fenómeno S debe apelar al mecanismo de la capa subyacente (no necesariamente teórica); pero tiene, además, una afirmación incorrecta: que el objetivo último de la ciencia es alcanzado únicamente si se brinda el mecanismo causal (es necesario alcanzar la teoría, que tiene un grado de generalidad superior y que permite unir ese mecanismo causal con otros). Quienes adhieran a T1 (dentro del neomecanicismo) coincidirán en que “el objetivo último de la ciencia social es alcanzado solo si el fenómeno social S (en la capa empírica) es explicado en términos de los mecanismos causales (en la capa subyacente) responsables por S”, pero no necesariamente en la versión bicondicional que plantea T3: si el fenómeno es explicado en términos de mecanismos causales sin una teoría que enmarque las regularidades que rigen las relaciones/interacciones de las unidades, no se alcanzará el objetivo último de la ciencia. T3 resulta demasiado restrictiva como para caracterizar (al menos como aquí se lo propone) al neomecanicismo.
Con respecto a las tesis que definen a la NMP, cabe decir entonces que no logran caracterizar al neomecanicismo, sino que, en todo caso, caracterizan a un grupo de neomecanicistas dentro de las ciencias sociales. Por ende, las críticas, aunque fueran insalvables, no afectarían más que a ese grupo.
La argumentación de Reiss continúa retomando los cuatro objetivos de las ciencias sociales, para mostrar que la NMP (que, según su caracterización, pone en la explicación el objetivo final o único de la actividad científica) no puede sostener válidamente esta exclusividad y el consecuente soslayo de los demás objetivos de la ciencia. De acuerdo con M1, estaría justificada esta exclusiva atención a la explicación si la descripción, la predicción y el control no fueran importantes. De acuerdo con M2, estaría justificada si la predicción y el control fueran inalcanzables. De acuerdo con M3, estaría justificada si la descripción, la predicción y el control fueran metodológicamente triviales.
Claramente no se da ninguna de estas “justificaciones” y quienes abogan por el neomecanicismo (incluso dentro de las ciencias sociales) coinciden en esto: Hedström (1998) explícitamente sostiene que una de las ventajas de investigar los mecanismos es que, una vez identificados los que operan en un sistema (incluidas las condiciones detonantes), es posible predecir, con una exactitud considerable, los resultados esperables (al menos, en ciertos mecanismos). Es decir: la predicción es importante, alcanzable y no trivial (si algunos autores la señalan explícitamente como una ventaja de los modelos mecanicistas, no puede, de hecho, ser considerada trivial). Bunge (2004b) señala la importancia, posibilidad y no trivialidad de la intervención: sostiene que el conocimiento de los mecanismos es necesario para el control. Tampoco la toma de datos es considerada trivial o carente de importancia: la modelación de mecanismos y la evaluación de la adecuación de los modelos a los fenómenos que se pretenden modelar recurre constantemente a datos (Gambetta, 1998; Sørensen, 1998). Que en los propios textos de neomecanicistas se encuentren referencias a la importancia de los datos, las predicciones y la intervención prueba que no todos los autores adhieren a T1 (aunque resalten la importancia de la explicación y la teorización) y que, definitivamente, no valen M1, M2 y M3.
Finalmente, de acuerdo con M4, estaría justificado centrarse en la explicación si la explicación mecanicista alcanzara, por sí sola, los demás objetivos de la ciencia. Sin embargo, Reiss convierte M4 en lo siguiente: estaría justificado centrarse exclusivamente en la explicación si:
M4a) Los modelos mecanicistas fueran los mejores modelos para la toma de datos.
M4b) Los modelos mecanicistas fueran los mejores modelos de predicción.
M4c) Los modelos mecanicistas fueran los mejores modelos para la intervención.
Claramente, esta afirmación es mucho más fuerte que la original M4. Que modelar exitosamente mecanismos permita tomar datos y predecir, y sirva para la intervención es una cosa; que sean los mejores modelos para esas tareas es otra. Nótese que esta restricción es tan fuerte que no deja nada: no hay una manera (conocida) de hacer ciencia que sea la mejor para tomar datos, explicar, predecir e intervenir. Si la hubiera, sería paradigmática, es decir, sería adoptada unánimemente por todos los integrantes de la comunidad científica.
Puede concederse, para seguir el análisis, que los modelos mecanicistas no son los mejores. Ello no significa que no permitan mediciones, predicciones e intervenciones y, lo que es más importante, no significa que no sean fructíferos a otros fines de la investigación científica. Específicamente contra lo que sostiene Reiss, McAdam, Tarrow y Tilly (2008) desarrollan cuatro maneras de medir mecanismos sociales de contención. Es decir, hay toma de datos asociada a mecanismos. El problema de los modelos de predicción no es tratado por Reiss: simplemente señala que la simetría explicación/predicción “ha pasado de moda” y que, por lo tanto, no es necesario argumentar que los modelos mecanicistas no siempre son los mejores modelos de predicción. Con respecto al problema del control y la intervención, critica al neomecanicismo sobre la base de la caracterización de intervención de Woodward (2003)[7]. Sostiene que en las intervenciones y manipulaciones en ciencias sociales, los requisitos que menciona Woodward no se cumplen. Ahora bien, la propuesta de Woodward es demasiado restrictiva: está tratando de caracterizar mecanismos en biología y en física (lo sostiene explícitamente en Woodward, 2002). De hecho, ejemplifica con mecanismos que son parte de sistemas biológicos como el sistema respiratorio o sistemas físicos como un objeto en reposo sobre un plano inclinado y concibe los mecanismos como sistemas complejos. Estos sistemas complejos, a diferencia de los sistemas sociales, están caracterizados por ser invariantes bajo intervenciones, y porque es posible cambiar la conducta de una parte del sistema independientemente de la conducta de las demás. El punto es que Reiss, para criticar al neomecanicismo en ciencias sociales, toma un autor que explícitamente acota el campo de su trabajo a sistemas no sociales. Reiss basa esta crítica a la NMP sobre lo expuesto por un autor que no adhiere explícitamente a T2 ni a T3 y tampoco adhiere implícitamente a T1: los capítulos 2 y 3 de Woodward (2003) están dedicados a la manipulación y la intervención (es decir, uno de los objetivos de la ciencia que no es explicar).
Resumiendo entonces las críticas a las objeciones de Reiss, puede decirse que:
1) De los cuatro objetivos que, según Reiss, persiguen las ciencias sociales, el de “explicar teóricamente” está mal caracterizado y, sobre la base de esta caracterización inadecuada es que define las tesis que supuestamente comparten los autores de la NMP.
2) La caracterización que hace de la NMP no abarca más que a algunos pocos autores de lo que aquí se ha llamado neomecanicismo, por lo cual, sería una crítica a un pequeño grupo.
3) Incluso si pretendiera extenderse la crítica a todo el neomecanicismo, las críticas serían infundadas o, lisa y llanamente, falsas.
Finalmente, Brante (2008) contesta a Reiss que nadie afirma que las descripciones exactas carezcan de importancia. Y que no solo los políticos buscan descripciones adecuadas. Con respecto a las predicciones, la opinión general es que usualmente, aunque no siempre, son muy difíciles. Y lo mismo para el control o la intervención. Muchos de los ejemplos que aporta Reiss involucran aquello que quienes diseñan las políticas suponen que es necesario o requerido. Y los políticos no necesitan explicaciones, sino descripciones, predicciones y capacidad de control, es decir, herramientas. Brante señala que Reiss usualmente apela a este tipo de justificación externa de los objetivos no explicativos: la ciencia está legitimada instrumentalmente por su utilidad a los intereses externos del poder. La defensa de Brante es que, cuando él afirma que el objetivo último de la ciencia es la explicación, se está refiriendo a la investigación básica, gobernada internamente. Y la considera justamente autónoma.
2. Crítica de Norkus: los mecanismos no son hacedores de milagros
Otra postura escéptica sobre la investigación orientada hacia los mecanismos en ciencias sociales es la de Norkus (2005), quien sostiene que las diferencias entre las definiciones y caracterizaciones de mecanismo reproducen las oposiciones teóricas y metodológicas tradicionales. La preocupación es que el neomecanicismo degenere, de una (fructífera) teorización sobre mecanismos, en una (infructífera) palabrería sobre ellos. La idea de los mecanismos como miracle makers (MacDonald, 2003) aparece, según Norkus, por la diversidad (ya no de caracterizaciones, sino) de expectativas metateóricas que quienes investigan dirigen hacia los mecanismos. Respecto de estas expectativas, el artículo señala cuatro, y la conclusión es que para cumplirlas, los mecanismos deben ser cosas distintas, tan distintas que resultarían incompatibles.
El artículo de Norkus, a diferencia del de Reiss, no intenta caracterizar ningún movimiento o nueva perspectiva. Simplemente señala el interés que se ha mostrado recientemente en ciencia y filosofía por la investigación en mecanismos, y en particular en ciencias sociales; es decir, no intenta caracterizar ningún enfoque o perspectiva. Sostiene que está emergiendo una “industria del mecanismo” preocupada por las cuestiones metateóricas o “preguntas de segundo orden” sobre el concepto de mecanismo: los jóvenes investigadores que se suben a la ola mecanicista (Rule, 1997). Agrega que es preocupante que, entre tanto interés surja también tanta divergencia sobre este concepto, y refiere a Mahoney (2003). Esta divergencia –sostiene– refleja un problema metateórico: en ciencias sociales existen algunos (viejos) problemas que –se ha propuesto– serán solucionados si el interés científico se vuelca a los mecanismos. Norkus menciona cuatro de estas expectativas.
E1. Servir como una alternativa a la teoría científica de la conducta individual.
Para justificar que este es un objetivo metateórico de lo que aquí se ha llamado neomecanicismo, Norkus hace referencia a algunos trabajos de Elster, en los cuales centra, casi exclusivamente, la justificación. La postura de Elster respecto de los mecanismos ha cambiado desde su aparición como filósofo del marxismo analítico (Mayer, 1994; Roemer, 1986), aunque siempre insistió en la necesidad de buscar los mecanismos. El propio Elster (1998) señala que en un primer momento propuso la búsqueda de mecanismos como una estrategia reduccionista (Elster, 1983): en ciencias sociales, este reduccionismo estaría ligado íntimamente al individualismo metodológico (la idea de que todos los fenómenos sociales pueden ser explicados en términos de la conducta de los individuos). Mecanismo era antónimo de caja negra. Pero esta concepción se modificó: en Elster (1998) mecanismo es antónimo de ley científica. Norkus sostiene que Elster propone “una teoría alternativa”, pero parece confundir los mecanismos como estrategia con los mecanismos como teoría. La búsqueda de mecanismos es en Elster (1998) una estrategia con fines explicativos: los mecanismos no se oponen a las leyes, son lo mejor que hay cuando la búsqueda de leyes falla.
E2. Proveer soluciones a problemas de inferencia causal en las ciencias sociales cuantitativas.
Concretamente, esta expectativa se relaciona con algo que ya ha sido mencionado: el abrir “cajas negras”. El abrir las cajas negras tiene aparejado una ventaja insoslayable: distinguir las correlaciones causales de las espurias. Un ejemplo sencillo de correlación espuria es el de la relación entre altura e inteligencia. Si se toman alumnos de colegios primarios y se mide la inteligencia (con algún test estandarizado) y la altura de los alumnos, el resultado mostrará que, en promedio, a mayor altura mayor inteligencia. Esta correlación es claramente espuria: los alumnos de cursos más elevados obtendrán mejores resultados en los test de inteligencia y, por ser mayores, tendrán en promedio mayor altura. Esta correlación se muestra espuria cuando los mismos test se realizan a nivel secundario o universitario, cuando la diferencia de edad y de curso no se relaciona directamente con la altura. En situaciones reales, las relaciones causales en las correlaciones estadísticas son más difíciles de establecer (o, lo que es lo mismo, las relaciones causalmente espurias son más difíciles de determinar). El hallazgo de mecanismos que conecten las variables relacionadas despeja la duda sobre el tipo de relación (aunque no encontrar mecanismos no necesariamente garantiza que la relación sea espuria).
Esta segunda expectativa es compartida, junto con la primera, explícitamente por Elster (1998), lo cual prueba que, a menos que Elster muestre en ese artículo claras contradicciones (y no es este el caso), las expectativas E1 y E2 no son excluyentes –como sostiene Norkus. Esto debilita un poco la pretensión de Norkus: si las expectativas no son mutuamente excluyentes, los mecanismos no necesitan ser “hacedores de milagros”.
E3. Proveer soluciones a problemas en el contexto cualitativo de investigación.
Esta expectativa está ligada al problema de la investigación cualitativa: una investigación basada en el estudio de casos. La investigación cualitativa, grosso modo, privilegia la calidad y profundidad de los datos por sobre la cantidad. El problema que aparece (llamado el problema del “small N”, en oposición al problema cuantitativo, llamado “large N”) en la investigación cualitativa es que sobre un número acotado de casos los investigadores tienen muy poca variación o diversidad en su evidencia como para eliminar algunas de las hipótesis postuladas como causas. Este problema concreto sería salvado por los modelos mecanicistas completos, es decir, aquellos cuyas unidades, propiedades, condiciones iniciales y demás elementos estuvieran identificados completamente. Claramente, el problema se traslada a la posibilidad de determinar todas las condiciones con el grado de exactitud necesario. En este punto, los estudios sobre mecanismos sociales de mayor alcance (que presentan mejores condiciones de estudio) pueden ayudar: los mecanismos bien identificados en los estudios cuantitativos no son meras correlaciones entre variables. Ellas no son trasladables a los estudios sobre sistemas acotados; los primeros, sí.
Finalmente, puede decirse que las expectativas E2 y E3 no son mutuamente excluyentes: la investigación en mecanismos puede resultar beneficiosa para ambos enfoques (Kittel, 2006). King, Keohane y Verba (1994) sostienen que la lógica de la buena investigación cuantitativa y la de la buena investigación cualitativa no difieren, con lo cual los mecanismos podrían resultar fructíferos para ambos enfoques.
E4. Servir como una alternativa a las narrativas.
Esta expectativa, siguiendo a Norkus, refiere exclusivamente a los trabajos de un grupo de historiadores sociales liderado por Charles Tilly (McAdam, Tarrow, y Tilly, 2001; Tilly 1997, 1998, 2001a, 2001b, 2002a, 2002b). La propuesta de este grupo es que la explicación de fenómenos de la historia social debe ir más allá de la mera narrativa y recurrir a mecanismos (concretamente, a los mecanismos relacionales). La investigación está entonces dirigida a la identificación de “procesos robustos” o concatenaciones o secuencias regulares de mecanismos.
Dadas estas cuatro expectativas sobre los mecanismos sociales, la conclusión de Norkus es que los mecanismos pueden hacer E1 solo en tanto regularidades legaliformes insuficientemente especificados (under-specified); hacer E2 como procesos generativos robustos representados por modelos; y hacer E3 como procesos generativos frágiles (relatos). Pero entonces, los mecanismos deben ser concebidos de diferentes formas, no todas compatibles. En particular, los mecanismos desarrollados por Tilly no pueden hacer E4 porque son apenas esquemas de mecanismos.
En primer lugar, puede respondérsele a Norkus que, aunque los mecanismos no sirvieran para satisfacer ninguna de estas expectativas, podrían igualmente cumplir otros roles importantes en la investigación en ciencias sociales como los señalados en el capítulo 5 sobre el análisis causal o la interdisciplinariedad.
En segundo lugar, suponer que porque un mecanismo es robusto no puede haber mecanismos débiles, es perder de vista que la diferencia robusto/débil puede ser una diferencia de clase de mecanismo (como se discutió en el capítulo 4). Es decir, no todos los tipos de mecanismo tienen por qué cumplir con todas las expectativas propuestas por Norkus. Bien podría ocurrir que determinado tipo de mecanismo solucione algunos problemas en el contexto cuantitativo y no en el contexto cualitativo, mientras que otro tipo de mecanismo sea útil en el sentido contrario.
En tercer lugar, lo que Elster toma como mecanismo puede no servir para cumplir la expectativa E4, pero la de Elster no es la única caracterización de mecanismo. Caracterizaciones de otro tipo (como las de Gambetta, 1998; Schelling, 1998; Tilly, 2001b; o la propuesta aquí en el capítulo 3, §3) conciben los mecanismos de manera tal que pueden cumplir con la expectativa E4. Además, las preocupaciones de Elster y Tilly que Norkus pone como compartidas, tienen una diferencia de nivel: los sistemas que investiga Elster están en un nivel tal que requieren que los mecanismos lleguen al nivel psicológico para explicar; los sistemas que investiga Tilly no requieren llegar a un nivel tan bajo como el del individuo: puede mantenerse a nivel del grupo de individuos. Claramente, Tilly y Elster tienen distintas cosas en mente cuando definen mecanismo. El propio Norkus reconoce, sin desarrollar las consecuencias de esta afirmación, que los mecanismos propuestos por Elster pueden ser vistos como una clase de mecanismo (los cognitivos) de la clasificación propuesta por Tilly (2001b, 2004). Es decir, no hay contradicción, sobre todo si tiene presente que la propuesta de Tilly es que, en historia social (no en las ciencias sociales en general), los mecanismos que brindan las (mejores) explicaciones son los mecanismos relacionales.
La crítica a la concepción mecanicista de Tilly se basa en su parecido con trabajos sobre mecanismos en ciencias naturales[8], particularmente con los trabajos sobre esquemas de mecanismo de Bechtel y Richardson (1993), Craver (2001; 2002; 2003), Craver y Darden (2001), Darden (2002), Darden y Craver (2002), Glennan (1996; 2002), Machamer, Darden y Craver (2000), Tabery (2004), Thagard (1999), Woodward (2002). Es decir, la crítica a los mecanismos propuestos por Tilly como alternativa a las narrativas en historia social se basa en trabajos ajenos (ya no a la historia social, sino) a las ciencias sociales. Y la crítica a Tilly es que sus esquemas (los esquemas que acompañan los modelos mecanicistas) no se acomodan a las exigencias de estos autores. La crítica es entonces totalmente injustificada, sobre todo si se quiere criticar una supuesta expectativa que se tiene en ciencias sociales. Quienes han trabajado en las ventajas de la explicación mecanicista suelen señalar las ventajas que presentan los modelos (en el sentido de los esquemas o gráficos). Pero los modelos no son los mecanismos: son auxiliares de las descripciones de los mecanismos, acompañan las explicaciones mecanicistas. Claramente, el grado de generalidad que tienen en mente los neurólogos difiere del que tienen en mente los historiadores: los sistemas para los neurólogos están claramente delimitados y abundan; para los historiadores, no.
Por otra parte, criticar los esquemas que acompañan a los modelos que propone Tilly no afecta la pretensión de reemplazar las narrativas por explicaciones mecanicistas. Como sostiene Elster (1998), los mecanismos permiten explicar porque son más generales que los fenómenos que subsumen. Para quien esté preocupado por dar explicaciones en historia social apelando a mecanismos, será fructífero investigar e identificar mecanismos robustos. En otros ámbitos, los mecanismos no necesitarán tanta robustez.
Finalmente, incluso si se aceptara punto por punto todo lo que sostiene Norkus, queda abierta la posibilidad de que los mecanismos terminen cumpliendo todas las expectativas que menciona: debe primero aunarse la investigación (y los objetivos metateóricos) para después determinar qué problemas quedan y qué se resuelve. Cabe en este punto un comentario similar a la respuesta a Reiss: si hubiese una teoría o metodología que salvase todos los problemas y satisficiera todas las expectativas de quienes investigan en ciencias sociales, esa teoría o metodología generaría consenso, sería paradigmática y estaría instaurada. Claramente, este no es el caso. Por lo tanto, incluso si se aprueban todas las críticas de Norkus, queda por ver si se dispone en ciencias sociales de alguna estrategia mejor. De no ser así, la tarea científica centrada en mecanismos (el incipiente y todavía no consolidado neomecanicismo) estaría justificada más allá de que sus frutos todavía estén por verse. Norkus no demuestra que la investigación orientada a los mecanismos sea inútil.
3. La crítica de Gerring: la práctica científica en ciencias sociales
Gerring (2010) sostiene que hay razones para mostrarse escéptico respecto de este “encaprichamiento pasajero” con los mecanismos causales. Sigue sosteniendo y se apoya en la dificultad señalada en Gerring (2008) respecto de la caracterización de mecanismo en ciencias sociales: es decir, aunque Gerring reconoce la preocupación por dirigir la investigación hacia los mecanismos causales, sus críticas no se dirigen al neomecanicismo, sino solo a un grupo de neomecanicistas que trabaja en ciencias sociales.
Gerring sostiene que, a pesar de las discrepancias, hay intereses comunes entre quienes investigan: lo que comparten es el interés por especificar y testear el camino causal que conecta un factor causal y un resultado de interés, y la creencia de que este interés llevará a mejores teorías (más falsables y, acaso, más generalizables)[9]. El artículo discute las implicaciones de esta metodología. Según Gerring, no se trata de una polémica contra los mecanismos. Es una polémica contra la interpretación dogmática de la misión que aquí se ha llamado neomecanicista. Los mecanismos correctamente entendidos (no “dogmáticamente”) son un elemento secundario del análisis causal. Nótese que si la propuesta de Gerring se limita a lo dicho, la crítica al neomecanicismo es leve: Gerring no disiente con el objetivo general de especificar mecanismos causales. De todas maneras, parece que Gerring va más allá de esta mera confrontación con el dogmatismo, y es necesario analizar sus críticas y dar respuesta a sus objeciones.
Gerring sostiene que hay cuatro razones para dudar de este movimiento, cuatro dificultades que serían insalvables para el neomecanicismo (siempre dentro de las ciencias sociales).
1. El concepto de explicación mecanicista es fundamentalmente ambigua. Para distintos investigadores significa diferentes cosas.
Esta crítica va contra las caracterizaciones de mecanismo más que contra la ambigüedad del concepto de explicación mecanicista. Esta crítica a la pluralidad aparentemente incongruente de caracterizaciones ya ha sido discutida en el capítulo 3. No necesariamente se trataría de una objeción insalvable: como se dijo, podría tratarse de una clasificación. Además, la explicación mecanicista emplea un modelo mecanicista, y los modelos pueden tener distinto grado de generalidad, con lo cual ciertas explicaciones requerirán ciertos modelos, y otras explicaciones, otros. Por lo tanto, la ambigüedad respecto del concepto de explicación mecanicista que señala Gerring no es tal.
2. Los objetivos mínimos de los neomecanicistas –especificar mecanismos causales y abogar por un razonamiento causal detallado– no difieren de los objetivos de las prácticas tradicionales en ciencias sociales y así, difícilmente califican como un enfoque distinto (o distintivo) del análisis causal.
Así enunciada en el resumen y en la conclusión, la afirmación 2 no es la que Gerring analiza, de hecho, en el texto. En el análisis que hace en el cuerpo del trabajo se centra en que el tratamiento causal de los fenómenos no necesariamente debe recurrir a los mecanismos o a lo propuesto por el neomecanicismo. En todo caso, no demuestra (ni siquiera lo intenta) que las prácticas tradicionales en ciencias sociales utilizan los mecanismos causales para guiar la investigación y los modelos mecanicistas para explicar (esto justificaría la afirmación 2: mostraría que no hay nada de novedoso en la propuesta neomecanicista). Con respecto a que los mecanismos no son necesarios para el análisis causal, no es eso lo que afirma el neomecanicismo, que se limita a afirmar que los mecanismos permiten un buen análisis causal (y no se dice que sea el único análisis causal ya que, como se dijo en el final del capítulo 5, §4, el análisis mecanicista puede resultar complementario de otros enfoques). Si bien se han mostrado en el capítulo 2, §9, algunos ejemplos de explicaciones de fenómenos sociales de autores clásicos, como Tocqueville o Marx y Engels, para dar una idea de explicaciones que proponen implícitamente mecanismos, y si bien se dijo que una estrategia común del neomecanicismo es mostrar que implícita o explícitamente se han empleado las explicaciones mecanicistas (en distintas disciplinas), debe aclararse que no ha sido la práctica común, el procedimiento o la metodología estándar. Lo que resulta claramente novedoso es el análisis explícito y sistemático de los mecanismos y de su rol en la investigación científica, la explicación y la comprensión de fenómenos. Van den Berg (1998) desarrolla con algún detalle las propuestas de cuatro de los mayores teóricos en sociología: Jeffrey Alexander, Pierre Bourdieu, Anthony Giddens y Jürgen Habermas, para mostrar que ninguno de estos investigadores ha contribuido a las tareas que Hedström y Swedberg (1998b) proponen como propias del movimiento hacia los mecanismos, entre otras: la identificación de mecanismos causales y la inclusión de modelos mecanicistas en las explicaciones. Hedström y Swedberg (1996, 1998b) mencionan que Max Weber apenas si utiliza el término mecanismo (Mechanismus), y, con alguna excepción, lo emplea aproximadamente como sinónimo de máquina, no obstante lo cual pueden encontrarse mecanismos –en el sentido neomecanicista– en sus obras, particularmente en las tardías; también señalan que pueden encontrase mecanismos en la obra de Émile Durkheim, aunque no los trata a la manera neomecanicista, sino desde un análisis funcional. En otras palabras: es correcto (hasta cierto punto) afirmar que (sin proponérselo explícitamente) se han buscado explicaciones que muestren los mecanismos causantes de los fenómenos; pero por otra parte, ese interés jamás había sido explícito y compartido por los investigadores de las ciencias sociales, y difícilmente pueda decirse –como afirma Gerring– que el enfoque neomecanicista no difiere en nada de otras propuestas.
Con respecto al tratamiento de la causalidad, el hecho de que la propuesta mecanicista no sea necesaria para un correcto análisis causal no invalida la tarea: que no sea necesaria no significa que sea inútil o equivocada. De hecho, Psillos (2004) propone una manera de “armonizar” los mecanismos con los contrafácticos, es decir propone unir dos de las propuestas que dan respuesta al problema de la causalidad, con lo cual no serían excluyentes la “causalidad mecanicista” con otros enfoques causales.
3. El objetivo más exigente de testear rigurosamente los mecanismos causales presentes en los argumentos causales es admirable pero poco realista.
Esta crítica se basa en los problemas metodológicos involucrados al testear los mecanismos causales y concluye que es mucho más sencillo evaluar las correlaciones entre variables que los mecanismos. En todo caso, debe distinguirse que los modelos mecanicistas son abstracciones, y, en cuanto tales, no son verdaderos ni falsos. Esto, claro está, no elimina el problema, sino que lo cambia de lugar: lo que debe evaluarse es si los modelos mecanicistas se adecúan a (es decir, describen correctamente) los mecanismos. En segundo lugar, las correlaciones estadísticas entre variables son más fáciles de observar y mensurar: esto no es nada nuevo, sino, por el contrario, el punto de partida del neomecanicismo en ciencias sociales. Las correlaciones por sí solas no explican nada. Observarlas seguirá llevando a más y mejores mediciones en las variables, pero no necesariamente a una mejor comprensión de los fenómenos.
4. La reformulación de las ciencias sociales sobre la búsqueda de fundamentos en el nivel micro (microfoundation) tiene consecuencias que no han sido suficientemente estudiadas.
Es decir, las dificultades de llevar la explicación a los mecanismos de nivel inferior radican en la práctica: decir cuán “micro” debe ser una explicación es una cuestión de grado. Ante esta objeción, la respuesta es: los niveles son dictados por intereses que promueven la investigación. Cuando una investigación llega al nivel en que, según sus propios intereses, se han identificado satisfactoriamente los mecanismos, otra investigación está comenzando, tal vez, buscando en niveles inferiores. No es necesaria una regresión causal infinita. No en la práctica.
Siguiendo con el argumento de Gerring, el punto es que apelar a mecanismos de nivel micro para explicar parece un regreso al debate del Siglo XVIII entre el “individualismo” metodológico (de Bentham, Hayek, Hobbes, Spencer) y el “holismo” metodológico (de Marx, Parsons, Weber)[10]. Y en la práctica, la fundamentación en el nivel micro –sostiene Gerring– parece no poder permitir la reconstrucción del nivel macro. Gerring no tiene en cuenta, una vez más, el carácter pragmático de la separación en capas o niveles. Y pierde de vista, además, las propuestas de Mayntz (2004) y Tilly (por ejemplo, 2004), quienes se mantienen en la búsqueda de mecanismos de nivel macro[11]. Finalmente, Gerring no tiene en cuenta que la recursión mecanicista no es reductiva en el sentido clásico: los mecanismos de cierto nivel no explican los fenómenos de todos los niveles superiores (por ejemplo, los mecanismos que operan a nivel cromosómico no pueden ser reducidos a mecanismos de nivel genético), con lo cual no la idea de buscar “mecanismos fundamentales” no resulta atractiva para quien investiga en niveles de organización superior. Cada investigación determina su propio nivel micro: no tiene sentido plantear aquí la disputa individualismo versus holismo.
En suma: los argumentos de Gerring son críticas al neomecanicismo en ciencias sociales y, de alguna manera, ya han sido respondidas: los mecanismos pueden tener un rol importante en la explicación y la investigación. El error es postular que hay dos opciones: o los mecanismos solucionan todos los problemas presentes en las ciencias o, caso contrario, deben ser abandonados. Esta crítica, de ser atendida, no solo anularía la propuesta neomecanicista, sino también todas las propuestas metodológicas presentes en las ciencias sociales, dado que todas presentan algún tipo de problema. Por otra parte, si el interés por los mecanismos crece, la interdisciplinariedad (que Gerring no menciona) puede resultar una ventaja considerable.
En este capítulo se han comentado algunas miradas escépticas sobre el neomecanicismo. Estos autores presentan objeciones contra el neomecanicismo en ciencias sociales, pero debe señalarse, una vez más, que el neomecanicismo no es un movimiento consolidado (no hay un manifiesto que explicite sus objetivos, métodos y límites)[12] y, por ende, las críticas analizadas están dirigidas contra un movimiento que cada crítico caracteriza a su modo. Por eso, una primera “defensa” del neomecanicismo consiste en señalar que esas caracterizaciones son incorrectas o, al menos, demasiado restrictivas: toman unos pocos trabajos y caracterizan el neomecanicismo según esas propuestas. Por eso, una de las respuestas a las objeciones ha consistido en cuestionar la caracterización del neomecanicismo. Se ha mostrado que las caracterizaciones son injustas o imprecisas y las objeciones deben ser tomadas como críticas a algunas pretensiones de algunos neomecanicistas y, por lo tanto, no afectan al neomecanicismo. Por ejemplo, los autores se restringen casi exclusivamente a las ciencias sociales, con lo cual su caracterización es, desde el inicio mismo, parcial.
Algunas de las críticas parecen omitir un aspecto insoslayable: el punto de partida de la propuesta neomecanicista es un conjunto de problemas para los cuales se propone una solución. Es decir, primero aparecieron los problemas en la “investigación estándar” y después se propuso una estrategia mecanicista para solucionarlos. Con esto, no se está tratando de reemplazar un programa incuestionable (ya sea la investigación puramente cualitativa o la puramente cuantitativa en ciencias sociales) por otro programa todavía no desarrollado. Se trata de una propuesta de trabajo que complemente programas bien desarrollados que presentan problemas que parecen (al menos, si el programa se pretende aplicar sin remisión) insolubles. Todas estas consideraciones indican que es demasiado temprano para evaluar si el neomecanicismo cumple con los éxitos prometidos. Y sostener que no cumplirá con todas sus pretensiones (esto también está por verse), no excluye que pueda cumplir con varias de ellas y resultar un programa fructífero. Luego, las críticas, aquellas que pretenden que se abandone completamente la propuesta neomecanicista, son precipitadas.
- Cf. Alvira Martín (1983).↵
- Esto puede deberse, en parte, a que la propia literatura neomecanicista no se presenta unificada, como se dijo en la introducción. Por ende, las críticas tampoco se presentan hacia el movimiento en ciencia (a secas), sino hacia la propuesta en distintas disciplinas o ámbitos.↵
- Cf. Hernes (1998) y Bunge (2004b). También Stinchcombe (1991) habla de la confirmación o corroboración independiente de los mecanismos. Además, Reiss pierde de vista que uno de los requisitos que debe cumplir un modelo mecanicista para explicar debidamente un fenómeno (como se dijo en el capítulo 5, §1.2), es la adecuación: debe evaluarse que las unidades, propiedades, etc. del modelo estén presentes en el mecanismo.↵
- Por ejemplo, Brante (2008) sugiere dos objetivos tradicionales de las ciencias sociales (aunque aclara que, tal vez, estén pasados de moda): crítica y emancipación. Ragin (2007, capítulo 4) sostiene que la investigación social tiene siete objetivos: 1) identificar patrones y relaciones generales; 2) comprobar y refinar las teorías; 3) hacer predicciones; 4) interpretar los fenómenos culturales o históricamente relevantes; 5) explorar la diversidad; 6) dar voz (es decir, mostrar las necesidades de los grupos minoritarios y poco representados); 7) hacer progresar la teoría. Weber, E. (2008) señala que una de las tareas de los científicos sociales es la discusión sobre los aspectos metodológicos, como por ejemplo, las que justamente se sostienen sobre el uso o la utilidad de los mecanismos.↵
- En su introducción, Reiss repite (cinco veces en tres páginas) que para la NMP el “único o final” (only or ultimate) objetivo científico es la explicación mediante la identificación de mecanismos causales. Thomas Brante, uno de los autores citados para mostrar esta tesis, aclara (Brante 2008, p. 271) que no ha escrito only (en efecto, en el artículo citado por Reiss solo utiliza el término ultimate), y que no sabe de nadie que haya afirmado tal cosa. Es Reiss –sostiene Brante– quien pone la palabra único, y el resto del artículo está basado en este “desliz” lingüístico.↵
- Cita, en realidad, la edición de 1999.↵
- En la caracterización de Woodward (2003, p. 85 y ss.), I es una intervención con respecto a X si, y solo si, cumple con los siguientes requisitos:
(I1) I causa (i. e., es causalmente relevante para) X. (I2) I actúa como disparador (switch) para todas las variables que causan X. (I3) Todo camino directo de I a Y pasa por X. (I4) I es estadísticamente independiente de cualquier variable Z que cause Y sin pasar por X. (I5) I no altera la relación entre Y y cualquiera de sus causas que no están en el camino directo de X a Y. Este último requisito no es utilizado por Woodward en el resto del libro, sino una versión debilitada del mismo; de todas maneras, Reiss critica esta versión más fuerte, a la cual denomina “Woodward-intervention”.↵ - Sin fundamentarlo más que en el parecido, Norkus (2005, p. 367) sostiene que lo que Tilly llama “procesos robustos” es lo que Machamer, Darden y Craver (2000) llaman “mecanismo”. Pero un proceso robusto en la propuesta del grupo de Tilly es una concatenación de mecanismos (McAdam, Tarrow y Tilly, 2001, p. 24). Es decir, “mecanismo” y “proceso robusto” son categorías distintas.↵
- Nótese cómo difiere esta caracterización de las de Reiss y Norkus.↵
- Un debate más actual en O’Neill (1973).↵
- En el capítulo 5, §2 se propuso que los juegos evolutivos permiten modelar mecanismos macro-macro.↵
- Hedström y Swedberg (1998b) caracterizan una (su) concepción del neomecanicismo como una determinada manera de teorizar, pero algunos de los trabajos de Hedström y Swedberg (1998a) discuten esos postulados o, al menos, no los comparten todos. Esto demuestra la falta de un programa neomecanicista explícito que genere consenso y que caracterice a quienes (desde la ciencia o la filosofía de la ciencia) adhieren a él.↵






