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3 Acerca de la desigualdad social

La dimensión Orientaciones políticoideológicas está conformada por tres subdimensiones, de las cuales en este capítulo se presenta la que expone las representaciones sociales de las posiciones contradictorias de clase en torno a la desigualdad social.

La perspectiva desde la que se aborda la investigación sostiene que el capitalismo genera y se sostiene sobre la desigualdad, por lo que ésta es parte intrínseca de la sociedad actual. Así, las representaciones sobre la desigualdad se encuentran vinculadas con la concepción acerca del mundo que nos rodea y al cual significamos de alguna manera.

La posición ocupada en la estructura de clases habilita ciertas experiencias que llevan a sentir la desigualdad de maneras diversas, así como también en dicha posición, y en base a las interacciones sociales y comunicaciones que se establecen, se es interpelado por ideas que construyen distintas maneras de interpretar la desigualdad del mundo. Algunas representaciones pueden ser más sensibles a informaciones mediáticas al tiempo que se relacionan más estrechamente con nuestras vivencias personales y experiencias con el entorno, como es el caso de las representaciones que formamos sobre la desigualdad social (CEPAL, 2010).

En este trabajo, se entienden las representaciones sociales sobre la desigualdad como la manera de interpretar y pensar la realidad cotidiana y como actividad mental orientada a fijar un posicionamiento frente a distintas situaciones. Éstas pueden ser adoptadas por las personas para justificar el statu quo en nuestra sociedad (Jost y Hunyady, 2005). Acerca de esto, Jost, Federico y Napier (2009) definen a la justificación del sistema como la motivación para defender, reforzar y justificar dicho statu quo y como la tendencia a ver los acuerdos sociales actuales como justos, legítimos y deseables.

En cuanto a la justificación de la desigualdad, esto permite la regulación de la angustia, indignación, culpa y frustración (Jost y Hunyady, 2005). El impacto de esta aceptación individual sobre lo colectivo se halla en que: “debido a que la indignación moral inspira esfuerzos para remediar la injusticia y participar en el cambio social, la disminución de la indignación moral provocada por un sistema de justificación contribuye, en última instancia, a una retirada del apoyo al cambio social” (Jost y Hunyady, 2005: 263). A partir de casos en los que se hallaron críticas en lugar de justificaciones, se sostiene que las representaciones halladas en los entrevistados permiten no solo justificar, sino también criticar la desigualdad propia de la sociedad capitalista en la que vivimos.

Por la centralidad del tema, ha sido abordado durante las entrevistas y, como se comprende que la desigualdad social abarca diferentes dimensiones, se preguntaba a los entrevistados de modo amplio si creían que había desigualdad y qué tipo de desigualdad creían que existía o a qué se debía, con el fin de conocer sus representaciones en relación a ella y a qué les remitía hablar de desigualdad social. Las respuestas encontradas referían predominantemente a la dimensión económica de la desigualdad, por lo que es necesario abordar y contextualizar el tema desde una mirada que contemple aspectos de la economía.

Con ese fin se debe mencionar que América latina es una de las regiones más desiguales del mundo, lo que se evidencia a través de los indicadores más utilizados para su medición, como aquellos que miden los ingresos de la población y su distribución. A través de estudios recientes, se puede pensar la desigualdad en la región latinoamericana ligada al contexto político y económico. En este sentido, desde inicios de este siglo, luego de una década de auge neoliberal conducido por gobiernos favorables a ese modelo, comienza en América latina un período de gobiernos progresistas –no en todos los países, pero sí hay una tendencia a esta orientación en la región– en los que la pobreza y la desigualdad comienzan a ser problemáticas discursivamente abordadas.

Es en este contexto que pueden observarse indicadores que dan cuenta de esta etapa, como en Benza y Kessler (2021), donde se plantea que durante la primera década del nuevo siglo la región logra un crecimiento económico[1] favorecido por los precios internacionales de los commodities. Asimismo, la crisis neoliberal de fines de los ‘90 acaba con un modelo basado en políticas de apertura y flexibilización, por lo que resulta inevitable la implementación de nuevos lineamientos económicos. En ese marco asumen gobiernos de centro izquierda y/o progresistas, lo que facilitó el redireccionamiento de las políticas económicas y la aplicación en varios países de políticas macroeconómicas orientadas al desarrollo interno.

Con esos gobiernos se apelaba discursivamente a la disminución de la desigualdad social, lo que políticamente se tradujo en políticas sociales, como son los programas y asignaciones sociales a los hogares pobres, pensiones no contributivas e incremento de los salarios mínimos. Éstas pueden explicar, entre otros factores, una reducción de la desigualdad[2].

Sin embargo, esta reducción puede ser vista desde distintas perspectivas. Por un lado, al focalizar en los individuos y/u hogares, se observa efectivamente dicha disminución. Esto se debe a que la mejora fue consecuencia de un reparto más equitativo de los ingresos entre los trabajadores. Pero, en el caso particular de Argentina, en Chávez Molina y Plá (2018), donde se aborda la desigual distribución de ingresos y el desigual acceso a los bienes y servicios, tomando como base a los hogares del país[3], los autores encuentran diferencias considerables entre todos los grupos ocupacionales a nivel nacional.

Por otro lado, al centrarse en los grupos de los extremos de una pirámide poblacional, se halla que, en la totalidad de las regiones argentinas, el grupo que se encuentra en la parte más baja, no llega al 10% de los ingresos del grupo de la cúspide[4]. A esto debe sumarse que, a través de la distribución funcional del ingreso, en la que el foco se pone en la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo, se evidencia que en muchos de los países latinoamericanos no hubo mejoras de la participación asalariada en el ingreso total (Benza y Kessler, 2021).

La descripción precedente acerca de la desigualdad social permite conocer parte del contexto en el que se despliega la experiencia de los entrevistados y que ellos indican como el tipo de desigualdad predominante. Sobre el tema, un estudio anterior halló que las percepciones de alta inequidad distributiva coinciden con la desigualdad objetiva de América Latina (CEPAL, 2010). En base a este reconocimiento de las asimetrías distributivas, el estudio mencionado plantea que no estaría funcionando el enmascaramiento de la desigualdad y que ella podría haberse transformado en un parámetro de la vida social –idea relacionada con la aceptación pragmática de la sociedad de Mann (1970, citado en Cepal, 2010), en la que se consideran las asimetrías sociales como normales e inevitables, y que una sociedad justa sería inviable para la mayoría de la población–. Particularmente en el caso nacional, en base a comparaciones internacionales, Jorrat (2014) comprueba que la idea de pertenecer a un país elitista y con alta desigualdad de ingresos es muy relevante en la población argentina.

3.1. Representaciones sobre la estructura social desigual

Tal como fue mencionado al final del apartado anterior, los entrevistados de posiciones medias del AMBA consideran que existe desigualdad social, lo cual pudo rastrearse al hablar de la estructura de clases o de los más ricos y más pobres de la sociedad. Además, teniendo en cuenta la desigualdad objetiva mencionada anteriormente, resulta de especial interés conocer cómo la desigualdad económica es percibida por quienes se encuentran en posiciones intermedias de la estructura de clases, en las que no se imponen las condiciones extremas de riqueza y pobreza. Así es como, en principio y siguiendo la línea de lo expuesto en el capítulo anterior, se encuentra que la desigualdad surge a través de la descripción misma de la estructura de clases. Sobre esto, Clara expresa:

Para mí hay un pequeño porcentaje que son los que se llevan toda la torta. Después hay una clase media que es una clase media alta. Después está la clase laburadora, que es el que se defiende con el salario y hasta ahí. Después está la clase baja, que no llega, que yo creo que en estos años esta clase laburadora que te digo, muchos terminó siendo esta clase baja que no llega con el salario. Y después están las personas que directamente son, viste los que no tienen casa, los que los encontras en la calle, los que tienen que asistir a los comedores, los que tienen… bueno, todo esto que vemos a diario (20:19).

De esto se desprende la vinculación entre las clases sociales y la ocupación (al hablar de laburo), pero sobre todo la asociación de la desigualdad con los salarios/ingresos (clase baja que no llega con los salarios) y con el acceso a bienes y servicios (los que no tienen casa y deben asistir a comedores). Lo que hace este tipo de descripción es concebir un gradiente de matices dentro de clases que conforman la estructura, tal como fue presentado en el capítulo anterior. Asimismo, se destaca la comprensión de una fuerte brecha entre los que se encuentran en la cúspide y los más desfavorecidos, que son presentados como aquellos que se llevan toda la torta y aquellos que se encuentran en la calle sin poder proveerse lo básico, respectivamente. Al hacer referencia a estos últimos, la entrevistada permite observar que esta situación es la que vemos a diario.

Las percepciones de Verónica son similares y también se destaca la representación de que la clase alta son pocos. Así lo expresa:

no sé en porcentajes, pero hay un 1% muy rico, muy muy rico, las familias patricias, las que tienen campos, las que son dueñas de grandes empresas familiares, histórica. Esas siempre van a ser ricas. Después está la clase empresarial, que no sé si son ricos ricos, pero bueno, sí. Los profesionales, clase media, media alta. Clase media. Y bueno, después clase media baja. Clase baja, bueno, los que… la pobreza y los que están en la indigencia. (…) (13:34).

En los fragmentos se observa que los entrevistados distinguen a un pequeño porcentaje perteneciente a la clase alta o los más ricos y ubican en el otro extremo a la indigencia. Por lo recurrente de este elemento de polarización social en las representaciones sociales de los entrevistados sobre la estructura de clases argentina, se profundiza en ellos.

3.1.1. La clase de “los que se llevan toda la torta”

En principio, acerca de las representaciones sobre la clase alta, es importante tener en cuenta como punto de partida lo expresado anteriormente, la idea de que son pocos o, en palabras de Clara, un pequeño porcentaje que son los que se llevan toda la torta. Esta oración se repite en otros términos por otros entrevistados también. Al hablar de los sectores que consideran de clase alta, se habla de ellos con lejanía y desconocimiento de cómo llevan adelante sus negocios. En este sentido, Julia plantea:

Y después sí, clase alta, una clase alta, y después creo que hay una clase más alta que la alta [risas], que ya son los que están con todo el tema financiero que qué sé yo cómo hacen para vivir siempre haciendo plata, invirtiendo, y sin hacer nada [risas], sin trabajar, o que heredaron empresas, millones, y qué sé yo, bueno, ahí están las cuentas en otros países, son los más vivos, digamos [risas], eso creo que ya supera las clases altas, las más altas (4:37).

Así, la entrevistada da cuenta del misterio que rodea el modo en que la clase alta hace plata, lo que es acompañado por la acotación de que lo hacen sin trabajar. Esto se presenta como un conocimiento vedado, inaccesible, lo que da cuenta de la lejanía con esta clase.

Por otro lado, la expresión de la entrevistada acerca de una clase alta y una más alta que la alta reconfirma la gradación de segmentos dentro de las clases referida anteriormente. También permite señalar que las representaciones acerca de los segmentos más altos se pueden pensar en asociación al indicador de distribución de ingresos frecuentemente utilizado para medir la desigualdad, calculado en base a la distribución de la población en deciles, obteniendo los ingresos que quedan abarcados por cada decil. Acerca de esto, se puede observar la influencia de este tipo de indicador en las representaciones de los entrevistados en casos como uno observado anteriormente, en el que un entrevistado se ubicaba en el decil más alto de ingresos. En el fragmento anterior, Julia profundiza esta mirada y distingue a una clase alta y una más alta que la alta, lo que coincide con aquellos que critican que el nivel de ingresos considerados del decil más alto sea tan bajo, ya que implica que ese lugar considerado más alto sea compartido por quienes tienen ingresos muy diferentes entre sí. De hecho, Benza y Heredia (2019) ponen de relieve el planteo teórico de diferenciar el segmento del 10% o 5% más alto, de las 200 familias correspondientes al 1%. En este sentido, se hallan diferencias que no se deben soslayar, que radican en que los ingresos de los primeros pueden provenir de los salarios que reciben, mientras que los del último provienen de la explotación capitalista con las consecuentes ganancias de las grandes empresas de las que son dueñas.

Asimismo, del fragmento se quiere destacar la idea de que los pertenecientes a la clase alta tienen el dinero en cuentas en otros países, lo que también es sostenido por Tamara, quien cree que “hay clase que tiene mucha plata, mucha, y más allá de que haya crisis en el país, las inversiones las tienen en otro lado y por ahí no tienen las mismas ganancias, pero van a seguir teniendo guita” (15:24), y por Guillermo, quien dice que la clase alta “son todos los que […] se han llevado tantos millones de dólares afuera” (17:30).

Al igual que en el fragmento, donde se nombra la herencia de empresas y millones, Ariel parece mostrar que ser de clase alta no se consigue, sino que se nace así y, además, lo vincula con actitudes de dicha clase:

Y bueno, la clase alta, la mayor cantidad de… casi toda la clase alta nacieron ya así, nacieron clase alta, entonces… y creo que eso le genera vivir en una nube de pedo, digamos, entonces, ¿cómo los veo?, yo los veo muy malas personas, a ver, los veo muy malas personas porque viven… pero por cómo vivieron ellos eh, no se dan cuenta que viven en un mundo… ellos nunca tuvieron una necesidad de nada. Yo tampoco la tuve, pero creo que tengo los pies más sobre la tierra y la veo más de cerca la necesidad de la gente. En cambio, ellos no, ellos viven en una nube de pedos y son… tienen menos sensibilidad con lo que les pasa a la gente. Así es la clase alta, igual son muy pocos, por suerte. Pero bueno… (10:40).

Así es como para el entrevistado la existencia de la clase alta queda asociada a lo malo, en tanto los considera malas personas –lo que paradójicamente hace que agradezca que sean pocos–. Es decir, los más ricos no tienen noción de las necesidades de otros porque no las tuvieron ellos mismos; lo que los hace ver como malas personas. A diferencia de ellos, él sí las percibe, a pesar de no haber pasado tampoco por necesidades insatisfechas. Así, se observa no solo lo que concibe que existe en el mundo, sino, además, lo que está bien y lo que está mal. En este caso, se refiere a los más ricos, de manera que queda expuesta la representación negativa y el rechazo que siente por ellos.

Por último, tal como anteriormente fue mencionado el desconocimiento acerca de cómo hace dinero la clase alta, tampoco se entiende el destino que se le da. En relación a esto, Fabiana manifiesta:

a mí el tema de los que están arriba con… que acaparan y que tienen miles y miles de millones, y que vos decís “¿para qué queres tanto si no lo vas a poder gastar?”, ¿me entendés?, que acumulan, esa ambición, esa… “si igual no la vas a poder gastar ni vos, ni tus hijos, ni tus nietos, ¿para qué queres tanto?”, eso no me gusta (6:54).

Una idea similar expresa Matías cuando dice:

La clase alta… me parece que clase alta es la que no tiene, o sea, tiene ingresos que… muy superiores a los que necesita para vivir o para gastar o para… yo pienso en eso, gana mucho más dinero del que gasta (11:27).

En este fragmento, el entrevistado plantea que aquellos que tienen mayores ingresos cuentan con mucho más de lo que necesitan para gastar, en línea con lo mencionado por la entrevistada en el fragmento anterior.

3.1.2. Los excluidos “que sobreviven”

En el extremo opuesto de la riqueza, los entrevistados encuentran la pobreza. Lo nombran como los excluidos y/o los que tienen trabajos precarios. Específicamente hacen referencia a aquellos que buscan entre la basura algo para llevar (en sus palabras, revuelven la basura), los que juntan cartones o los que cuidan autos en la calle por cuenta propia y de modo informal. Sobre ellos, Julia dice:

está la clase más baja de todas, que sería esta clase que estábamos hablando, los excluidos totalmente de acceder a lo que te decía, a la salud, a la alimentación, a la educación, es el que sobrevive como puede, digamos, revuelve la basura, que encuentra algo, come. Y aparte también eso, bueno, por lo que he visto, es como que ya no esperan ni vivir al otro día, es como que, bueno, “sobrevivo hoy” y tampoco es que le importa vivir, morir, no sé, es como una cosa ya… esa es la clase excluida, creo (4:33).

Así, Julia entiende que hay personas que no acceden a satisfacer sus necesidades básicas. Se encuentra la idea de sobrevivir, tal como también lo observa Andrés, quien considera a la clase baja del siguiente modo:

los que están por debajo del límite de pobreza, los que mes a mes no sé cómo hacen para conseguir sus alimentos y eso, y que ya no pueden mandar a sus hijos a la escuela pública, o los mandan a la escuela, pero fuera de la escuela lo tienen que ayudar justamente a ver cómo hacen para subsistir día a día (18:26).

Los entrevistados reconocen a estos sectores como excluidos del sistema y como aquellos que buscan subsistir/sobrevivir día a día, lo que también queda explicitado en palabras de Walter, quien dice: “[…] Después tenemos clases bajas, clases ultra bajas y gente que no sé cómo carajo está viviendo porque la verdad tiene una habilidad terrible para sobrevivir porque no… están completamente fuera de todo tipo de sistema” (19:25).

Estas representaciones se basan en lo que los entrevistados observan en su vida cotidiana, no por cercanía, sino por lo que ven en la calle, tal como lo expresa Fabiana, quien al preguntarle si cree que en Argentina hay distintas clases sociales, responde:

Sí, obvio, yo estoy en el Paseo Alcorta, ¿no?, y vivo por acá cerca. Y hay gente como la que te dije, la que vi anoche. Yo venía manejando el auto, hablaba con mi mamá, digo “mamá, no es solo ahora que esta pobre gente está revolviendo la basura”, y una mujer con el carro que vos decís llega a su casa demolida, porque el esfuerzo debe ser enorme para el cuerpo, ¿pero a dónde llega?, ¿a qué hogar llega?, ¿me entendés?, ¿en qué condiciones?, o sea, con frío, con calor, con humedad, seguro que no es un lugar agradable al que llega, después de haberse matado todo el día juntando cartones (6:51).

De este modo se observa que los entrevistados construyen representaciones en torno a los sectores excluidos, tratan de imaginar el modo en el que viven. La mirada sobre los excluidos se basa en la experiencia a través de lo que ven y de la forma en la que observan lo cotidiano desde su determinada posición. Es decir, en la experiencia de Fabiana se puede observar una lejanía con los sectores excluidos al imaginar cómo es la vida de una mujer que junta cartones en la calle. Así es como ella percibe las desigualdades que nos atraviesan a partir de su propia experiencia, la cual le permite percibir determinadas situaciones que le resultan desconocidas, por lo que intenta pensar el modo en que viven otros.

Este mismo imaginar cómo es demuestra la diferencia en las experiencias vividas en lo cotidiano, lo que se corresponde con las diferentes posiciones estructurales que ocupan. Su experiencia se encuentra ligada a su posición en la estructura de clases y es a partir de esa experiencia que emerge su manera de interpretar el mundo que la rodea.

A través de los relatos de dos entrevistados se puede ahondar en las experiencias vividas por ellos, con el fin de comprender el vínculo que existe entre sus posiciones objetivas y sus representaciones mediante sus experiencias que, en estos dos casos, son divergentes. En principio, el primero de ellos, al hablar de la clase baja expresa una autocrítica acerca del comportamiento que a veces tiene hacia las personas pertenecientes a la misma, el cual se basa en prejuicios, tal como él mismo expresa en la siguiente reflexión compartida en la entrevista:

para las generaciones que no tienen ni la formación ni la cultura del trabajo, el ejemplo que ven es muy bravo. Y nosotros, yo creo que a veces juzgamos prejuiciosamente a muchos chicos de clase baja, los miramos mal, pero también es cierto que por ahí no han tenido la posibilidad de poder conocer otra cosa que no fuera eso, ¿no?, ese es su hábitat, su modo de vida, es lo que conocieron, entonces para ellos es normal (5:26).

Así, lo que destaca es la falta de cultura del trabajo –en sus términos– de los chicos de clase baja, a quienes a veces se juzga de manera prejuiciosa. Su relato permite registrar una actitud que personas de posiciones medias pueden tener hacia los sectores más pobres de la sociedad, la cual se basa en el desconocimiento. Esto incluso le permitió hacer una autocrítica de la que surge el concepto de oportunidad para pensar la desigualdad entre, por ejemplo, su propia experiencia y la de los chicos de los sectores más pobres que no han tenido la posibilidad de poder conocer otra cosa que no fuera eso.

Estas palabras son coherentes con lo relatado por otra entrevistada, profesional asalariada –psicóloga– que trabajó en territorio. Allí ella se vinculaba con movimientos sociales, lo que le permite tener una mirada diferente a la mencionada anteriormente; hay un conocimiento de las experiencias vividas por las personas que se organizan en los barrios populares, con quienes interactuaba debido a su empleo. Su empleo lo ejercía con mucho compromiso, de modo tal que muchas de las personas con las que trabajaba en el barrio la consideraban una militante porque, siguiendo sus palabras, para ellos militar es lo que para ella es trabajar; la diferencia es que a ella le pagan un salario por eso y no a las personas con las que interactuaba en los barrios y hacían un trabajo parecido, pero sin haber estudiado o sin recursos (1:61). Esta experiencia vivida se debía a su trabajo realizado en territorio, el cual le permitía la interacción con personas de barrios populares organizadas políticamente. Esto mismo es lo que hace que sus representaciones sobre estos sectores sean diferentes a las mencionadas anteriormente.

A lo largo de la entrevista, los relatos de esta entrevistada tomaron forma a través de ejemplificaciones en base a experiencias de vida de personas que conoció allí, lo que da cuenta de un conocimiento y, por ende, de representaciones menos fundamentadas en prejuicios. En el siguiente fragmento, ella cuenta la experiencia de un chico que trabajaba cuidando autos en la calle, en el cual puede observarse cómo las miradas prejuiciosas son percibidas por las personas de sectores vulnerables:

él quería progresar, […] pero él te decía, por ejemplo, que él iba al shopping, te lo decía en chiste, pero era cierto; y todos los que lo veían levantaban las manos, digamos, por más que el tipo estuviese bien vestido, bien arreglado, había algo en el aspecto de él, como si fuese una cosa de un mapa social y la gente lo veía y eso a él lo retornaba a una forma condenatoria. Entonces, tenía como… te lo digo así como más llano, tenía como muchos problemas de autoestima, problemas para creer en sí mismo (1:35).

De esta forma, la entrevistada manifiesta cómo son vividas las desigualdades en la sociedad a través de un relato que expone la actitud de los que ven dentro de un shopping a una persona con trabajo precario, que cuida autos en la calle. Ella es consciente de lo que sufren las personas víctimas de los prejuicios, lo cual les trae problemas vinculados con el autoestima. Estos fragmentos permiten ver la problemática del prejuicio hacia los sectores populares. Los entrevistados, personas que ocupan posiciones contradictorias de clase, nos permiten observar a través de sus experiencias y representaciones, dos aspectos del mismo prejuicio hacia los sectores más vulnerables. El primer caso da cuenta de una actitud respecto a los sectores marginados basada en el desconocimiento. Y, por otro lado, a través de la experiencia vivida por el trabajo de la entrevistada –citada como segundo caso–, se puede registrar cómo esta actitud repercute negativamente e impacta sobre las personas marginadas. Cabe remarcar que el entrevistado –primer caso– reconoce dicha actitud como negativa e indeseable al tiempo que hace una autocrítica sobre la misma.

Breve cierre: Representaciones sobre la estructura social desigual

La desigualdad observada por los entrevistados de posiciones medias emerge de la misma estructura de clases, lo que ya podía observarse en el capítulo anterior. Tal como se planteó, hay una representación acerca de una segmentación entre las clases y gradación de matices entre ellas, lo que implica la desigualdad mencionada. En el marco de dicha segmentación surge de manera recurrente en palabras de los entrevistados, la polarización entre los extremos de riqueza y pobreza. Incluso se nombra la existencia de personas que se encuentran por arriba de la clase alta y por debajo de la baja.

En cuanto a la clase alta, se hace una distinción entre la clase alta y la más alta que la alta o el 1% muy rico, muy muy rico. Esto coincide con las críticas que se realizan al parámetro correspondiente a la medición de la desigualdad social a través de los ingresos de cada uno de los deciles en que se divide la población, ya que el decil más rico reúne población con ingresos muy disímiles.

De esta crítica es que emerge el concepto del 1% más rico, lo que remarca que existe un pequeño porcentaje que obtiene grandes ganancias. Acerca de esto, Benza y Heredia (2019) plantean que aquellos que se ubican en ese 1% detentan patrimonios singulares y su posición depende de las ganancias de grandes empresas, a diferencia del resto. Asimismo, dan cuenta de que este concepto se ha popularizado tanto en análisis académicos como en ciertos reclamos distributivos.

Más allá de esta importante distinción, en las entrevistas se suele hablar de los más ricos y de los más pobres en términos generales. De este modo, los entrevistados nombran estos segmentos extremos y los caracterizan. Antes de destacar cómo estos son interpretados, se debe remarcar que las posiciones medias manifiestan que desconocen aspectos esenciales de sus existencias.

Figura 10: Representaciones sobre los más ricos y los más pobres

Fuente: elaboración propia.

Se observa que las representaciones sobre los sectores considerados más pobres y más ricos muestran un desconocimiento acerca de la realidad que viven o acerca de cómo hacen para vivir, lo cual dicen explícitamente. Esto da cuenta de la lejanía objetiva con estas posiciones.

Por otro lado, a través de lo que ven los entrevistados sobre las clases consideradas por ellos alta y baja, se puede observar el contraste que existe entre ellas. Así, teniendo presente lo planteado sobre la minoría que acumula la mayor parte de la riqueza, emerge de las citas la lejanía percibida por los entrevistados con estos sectores, en tanto no saben cómo obtienen dinero ni en qué lo destinan. En este marco se emite cierta sospecha al destacar que no trabajan. Además, son representados como ajenos al contexto económico, ya que las crisis no los afectan; lo cual se debe a que tienen sus inversiones en otro lado y se llevan la plata afuera.

Este comportamiento es el que sustenta la representación de que son diferentes al resto de sociedad. Plantean que los más ricos tienen una cantidad desmedida de dinero, muy superior a la que necesitan para vivir ellos, sus hijos y nietos; lo cual da una idea de exceso injustificado. Esta representación es constituida también por elementos de carácter moral en tanto los entrevistados expresan su disgusto ante esta acumulación de riqueza –por ser desmedida– y destacan de aquellos que la poseen, su desconexión con la realidad, su ambición y el ser malas personas.

Por el otro lado, se encuentran los más pobres, quienes son asociados a la supervivencia y la subsistencia. Los entrevistados plantean su desconocimiento acerca de cómo pueden vivir y, en este sentido, consideran que poseen una habilidad extraordinaria para sobrevivir, debido a que están excluidos de todo tipo de sistema. Asimismo, se pudo rastrear la existencia de una actitud prejuiciosa hacia los sectores populares y emerge el tema de las oportunidades en vinculación con la desigualdad, en lo que se podrá profundizar en la próxima sección.

En base a lo referido por los entrevistados respecto a los excesos de unos y las carencias de otros, se puede observar que sigue en pie el mecanismo de intolerancia a la exclusión y de rechazo a desigualdades extremas resaltado por Grimson (2015). Sin embargo, el autor, al analizar las percepciones de personas que en su mayoría se consideran a sí mismas de clase media, plantea que, ante una eventual redistribución, esperan que tienda a atenuar la exclusión y diferencias salariales al interior de los sectores medios, sin afectar de manera drástica la brecha entre éstos y los segmentos más altos. A diferencia de ello, de las entrevistas realizadas en la presente investigación, emerge el rechazo a las desigualdades extremas dentro del que las representaciones negativas sobre los más ricos son muy importantes.

3.2. Justificaciones y críticas a la desigualdad social

El tema de la desigualdad social es central al pensar la sociedad capitalista, y lejos de ser solo un tema de opinión, lo que se piensa acerca de la desigualdad se vincula con una orientación más general que da cuenta del posicionamiento del individuo frente a la realidad social, a partir de la cual se justifica o se critica el sistema en el que vivimos. En este sentido, se debe mencionar el debate clásico en relación al tema entre las perspectivas liberales, por un lado, y las crítica y marxista, por el otro. Mientras la perspectiva liberal sostiene que el desarrollo del capitalismo traerá aparejada una tendencia creciente hacia la igualdad social; las perspectivas marxista y crítica no ven que el capitalismo derive en algún momento en la disminución de la desigualdad, sino todo lo contrario, se sostiene que el desarrollo del capitalismo llevará a una polarización social y aumento de la brecha entre la burguesía y proletariado.

Además, el fundamento de la perspectiva liberal, con el que justifica la desigualdad social, es que la misma se debe a las desigualdades correspondientes al orden natural. Es decir, la estructura social debe ser el resultado de este orden natural sustentado en las diferencias de habilidades y talentos de los individuos; y la garantía para que los individuos ocupen las posiciones que les corresponden es que el acceso a éstas se debe dar por la competencia libre. Por esto, la tarea política que desde esta perspectiva se plantea es la creación de los marcos institucionales que garanticen la libre competencia y redistribución adecuada según las diferencias naturales e individuales.

Por el contrario, las perspectivas crítica y marxista rechazan el individualismo sostenido por el pensamiento liberal. Desde esta perspectiva, el origen de la desigualdad es la propiedad privada, por lo que la única manera de superar la desigualdad es suprimiéndola. En este sentido, la tarea política prioritaria es la construcción de un nuevo orden económico, político y social sustentado en la propiedad colectiva de los medios de producción y en la distribución socializada de la riqueza social (Mora Salas, 2005).

Estos fundamentos están por detrás del peso que la perspectiva liberal le otorga a la libertad y que las perspectivas crítica y marxista le otorgan a la igualdad. Sin embargo, esta oposición entre ambas es replanteada por los desarrollos teóricos de una tercera vertiente. Lo que se comienza a plantear no es la preservación o abolición de las desigualdades, sino la idea de generar mayor equidad social para la conformación de una sociedad más justa. Esta perspectiva surge de manera nítida entre los entrevistados, pero para comprender mejor los relatos sobre el tema, a continuación, se presentan dos dimensiones del concepto de igualdad –igualdad de oportunidades e igualdad de condiciones–.

La igualdad de oportunidades se corresponde con la mirada liberal y apela a garantizar a todos los individuos el acceso a las estructuras de oportunidades, fundamentalmente la educación, lo que les permitiría a todos desarrollar plenamente sus capacidades. Ahora bien, el criterio para acceder a estas instituciones debe estar condicionado por el talento individual y el esfuerzo personal. El principio de competencia es el que permitiría legitimar las desigualdades porque se considera que éstas se deben al talento, logros y capacidades. En otras palabras, las desigualdades son justas en tanto todos tuvieron la misma oportunidad y la tomaron los más adecuados, preparados y los que más se esforzaron.

Sin embargo, la tercera perspectiva nombrada –es decir, la posterior a la liberal y a las crítica y marxista– permite sostener que la igualdad de oportunidades no es suficiente para alcanzar una distribución justa si las condiciones son distintas y benefician a algunos mientras perjudican a otros. Esta perspectiva se centra en la igualdad de condiciones, que consiste en nivelar las condiciones de vida de las personas para que el contexto no se convierta en un impedimento para acceder a la estructura de oportunidades. De esta forma, se considera que todas las personas deben tener garantizado el acceso a prestaciones, servicios e instituciones que les permitan estar en las mismas condiciones que los demás para competir de manera justa.

Esta perspectiva puede relacionarse con el contexto histórico en el que surge, en el cual las sociedades nórdicas buscaban un modelo alternativo que complemente una sociedad basada en una economía de mercado y un sistema socio-político orientado hacia procesos redistributivos con el fin de promover mayor igualdad social. Así, la oposición entre los principios de igualdad y libertad era presentada como superada a través de esta integración, la cual buscaba demostrar que, en la práctica, la contraposición entre igualdad y libertad representa una falsa dicotomía (Mora Salas, 2005).

Estas perspectivas permiten comprender las representaciones sobre la desigualdad que tienen los entrevistados, lo cual no pretende demostrar que determinada idea signifique que la persona que la manifiesta esté de acuerdo con todos los elementos que componen la perspectiva –por ejemplo, no se pretende sostener que un entrevistado que cree en la existencia de igualdad de oportunidades tenga que estar de acuerdo sin objeción con el libre mercado en detrimento de hasta la más mínima intervención estatal–, pero sí se puede observar que las representaciones manifestadas se corresponden con determinada perspectiva.

En este sentido, en lo siguiente se presentan las representaciones sociales de los entrevistados de posiciones contradictorias de clase en torno a la igualdad de oportunidades; luego, a la desigualdad de condiciones, dentro de lo que se le da un espacio importante a la educación en vinculación a la desigualdad.

3.2.1. Igualdad de oportunidades

El tema de la desigualdad social tuvo un lugar relevante en las entrevistas, como pudo ser observado en la sección anterior. Además de la desigualdad social como emergente, se realizaba la pregunta específica: ¿vos crees que hay desigualdad en Argentina? A partir de esta pregunta, surgen representaciones de los entrevistados que pueden comprenderse enmarcadas en la centralidad que algunos le dan a la existencia de igualdad de oportunidades y otros, de modo marcadamente diferenciado a éste, la centralidad que le dan a la existencia de desigualdad de condiciones.

En este apartado se presentan las representaciones de los entrevistados que consideran que hay desigualdad social y que la responsabilidad recae en los individuos. En este sentido, Héctor, al hacerle una pregunta sobre redistribución del ingreso, dice:

Si no este 10% que yo te digo que tiene todo, que tiene todo resuelto, podría vivir con una décima parte de lo que tiene, seguramente, y le sobraría; y hay otros sectores que no lo tienen. Pero eso también está dado por la capacitación y por la búsqueda de oportunidades que sale propiamente del individuo, ¿no?, de poder generar y esforzarse por hacerlo. Lo que pasa que, obviamente, hay toda una parte que no quiere ceder esa porción, ¿no? (5:35).

Del fragmento emergen dos cuestiones. Por un lado, en coherencia con lo planteado en la sección anterior, se puede observar la representación de que hay un pequeño porcentaje de personas que tiene riqueza en exceso y no quiere ceder parte de ella. Por el otro, la importancia que tiene la capacitación y la responsabilización del individuo en tanto es quién debe buscar oportunidades, generar y esforzarse para hacerlo.

En el mismo sentido, Miguel, quien proviene de la clase baja –en sus términos– y tuvo una trayectoria de movilidad social ascendente, expresa sus ideas en base a su propia experiencia. En un fragmento anterior el entrevistado destacaba que él había tomado la oportunidad y que nadie le regaló nada, que él trabajó y estudió; y, en cambio,

cuando vamos hacia abajo, […] se va mucho hacia ese facilismo […] en vez de, qué sé yo, de salir a vender chocolates por la calle, ir a la escuela, o sea, todas esas cosas veo que hacia abajo no está el esfuerzo (7:23).

De esto se destaca la importancia del esfuerzo y, a través del ejemplo que brinda, la voluntad de generar –siguiendo el término utilizado por el entrevistado anteriormente citado–. Esto podría ligarse con la idea de que cuando se quiere, se puede; es decir, se puede vincular con la voluntad, entendida como motivación (querer hacerlo) y esfuerzo para hacer determinada actividad (es decir, esforzarse para lograrlo).

Así es como Miguel adjudica la responsabilidad de las condiciones en las que viven las personas a ellas mismas, en tanto la voluntad de ir a vender chocolates permitiría que una persona pueda trabajar sin necesitar de nadie más que de sí mismo. De este modo, se podría llegar a la conclusión de que si alguien no trabaja es porque no quiere.

Estas representaciones se centran en la importancia de la búsqueda de oportunidades, de esforzarse y de generar –generar un trabajo propio–, lo cual puede asociarse a la palabra rebusque, surgida del relato de Tamara, quien al preguntarle acerca de la desigualdad que ve en Argentina, expresa:

No sé, porque desigualdad… las oportunidades están para todos, creo que hay que saber aprovecharlas, nada más. Pero sí, desigualdad puede ser económica, hay mucho tipo de desigualdad, pero algunas son consecuencias de algo, ¿me entendés? Ya te digo, si hay oportunidades para todos, pero uno elige agarrarlas o no agarrarlas, no podés decir que te estás cagando de hambre cuando podés ir a limpiar o lo que fuera y podés, aunque sea, mantener a tus hijos. Creo que hay laburo, para los que quieren laburar, siempre de alguna manera te la rebuscas. Entonces, en algunos casos es provocada por la situación, y otros casos por lo personal. Porque si bien a veces una situación no la buscas, que cierre una empresa no la buscas, pero bueno, salir de esa situación en la que estás es tu responsabilidad. Por eso, y ahí se crean las desigualdades (15:22).

De esta manera, Tamara sostiene que para los que quieren trabajar, trabajo hay porque siempre se la pueden rebuscar. Este término tiene una connotación que lo diferencia de la búsqueda de oportunidades –como fue planteado en una de las citas anteriores–. La diferencia es que rebusque resalta la idea de hacer cualquier tipo de trabajo asociado a condiciones de precariedad. Así, en este tipo de trabajo, siempre hay oportunidad para encontrar o generarse algún trabajo, como limpiar o, como mencionó Miguel, salir a vender chocolates.

De esta manera, el individuo queda responsabilizado de las condiciones en las que vive, ya que, si bien hay situaciones que no se buscan, el salir de éstas sí dependen de él. En esto es donde la entrevistada considera que se crean las desigualdades; entonces, salir o no salir de las situaciones no elegidas sería el origen de las desigualdades. Como fue mencionado, la salida sería trabajar porque existe la idea de que siempre está esa opción, aunque sea de manera precaria.

Así, las palabras de Tamara pueden asociarse al término voluntad en dos sentidos: en tanto libre albedrío (elegir qué se quiere hacer) porque se elige tomar o no tomar las oportunidades que se encuentran presentes para todos, generar o no generar determinado trabajo; y en tanto motivación y esfuerzo para trabajar, más allá del tipo de trabajo que sea[5]. Aquí es donde ella encuentra el origen de las desigualdades.

Del mismo modo que Tamara afirma que las oportunidades están para todos, Octavio dice:

creo que las oportunidades están, de todo lo que puede haber un poquito de diferencia es, digamos, en cuanto a la creencia, a las herramientas que se les dan a unos con respecto a otros que están más preparados, creo que la sociedad cada vez exige más habilidades que las comunes y aquel que las pudo recibir en la etapa más temprana, logra tener una ventaja competitiva contra el resto, es decir, por ejemplo, yo tengo que buscar una posición y cubrirla, bueno, digamos, aquel que tenga una preparación y conozca otro idioma, y tenga el inglés y tenga computación, y que tenga habilidades, digamos, de interacción y que haya sido expuesto a distintos ambientes, tiene más una capacidad competitiva con aquel que se crió en un solo lugar y que no tuvo acceso a todo eso durante etapas tempranas de desarrollo. En eso sí hay una desigualdad, pero bueno, depende de la familia cómo viene y cómo preponderaba la familia, digamos, ese desarrollo a sus hijos (2:16).

Así, Octavio cree que hay oportunidades para todos, pero, a diferencia de Tamara, entiende que no son tomadas según elección personal de cada individuo como un acto de voluntad, sino que las diferencias radican en la educación, lo cual no asocia a la propia voluntad de cada uno, pero sí a la formación educativa que la familia del individuo le brindó. Así, la responsabilidad recae en el individuo en cuanto a las capacidades y habilidades que pudo formar. Lo importante del testimonio es que no desconoce que estas capacidades se ligan con la formación educativa que depende de otros, de lo que es importante remarcar dos cuestiones. Por un lado, los otros no son el sistema educativo, mucho menos el sistema económico y social; sino la familia del individuo, que le brindó el desarrollo del que obtiene capacidades y habilidades individuales, a partir de las cuales será adecuado para determinados puestos laborales.

Por el otro, el entrevistado no cree que las diferencias son naturales, sino que son consecuencias de la educación. Tal como ya ha sido citado, Octavio decía:

[…] Somos todos personas, todos tenemos oportunidades. Algunos están más preparados y han podido evolucionar más y yo creo que es la preparación, en realidad no hay ninguna diferencia ni genética ni nada, ¿no?, es un poquito la historia y la educación que uno ha recibido, que lo preparó para ir avanzando (2:41).

Con estas palabras afirma que las diferencias no son genéticas, naturales, sino que es la preparación, entendida como la educación formal, lo que permite al individuo avanzar. Es decir, no se entiende que la desigualdad se base en capacidades y habilidades naturales, sino que las mismas están mediadas por la educación. Asimismo, se destaca la idea de que los individuos pueden avanzar ligándola a la palabra evolución y que, si bien dice que no hay diferencia genética, es interesante notar esta aclaración que hizo.

Por último, se quiere subrayar del fragmento previo (2:16) que, al ocupar una posición gerencial, esa experiencia permea el relato de Octavio. En dicho fragmento él menciona que debe buscar una posición y cubrirla. Así, no es que sólo entiende que las diferencias comienzan con la educación, sino que él, además, utiliza estas diferencias en función de su puesto gerencial, al cual reconoce como cercano a una posición empresaria (2:46). Es en estas funciones en las que él prefiere para contratar a aquellas personas que presenten ventajas competitivas; es decir, aquellas que tengan mayor preparación, conozcan otro idioma, computación y, además, que tengan habilidades de interacción y que desde chicos hayan sido expuestos a distintos ambientes, a diferencia de aquellos que fueron criados en un único lugar y que no tuvieron acceso a ello durante etapas tempranas de desarrollo.

3.2.2. Desigualdad de condiciones

A diferencia de la perspectiva presentada anteriormente en la que se sostiene la existencia de igualdad de oportunidades, de las entrevistas emerge otra perspectiva para pensar la desigualdad social, basada en la desigualdad de condiciones en la que vivimos. Estas miradas se encuentran sustentadas por los derechos fundamentales del ser humano (Organización de las Naciones Unidas, 1948). Así, las representaciones sobre la desigualdad existente se centran en el acceso a servicios como salud y educación, y el derecho a la alimentación. Asimismo, los relatos son atravesados por la importancia otorgada a la educación, la cual es considerada fundamental para los entrevistados, lo que puede ser relacionado con sus posiciones de clase, lo que podrá ser detallado en la presente sección.

En principio, resalta la oposición a la perspectiva basada en la igualdad de oportunidades, lo que hacen explícito al ir contra una de las ideas observadas anteriormente: la voluntad en tanto esfuerzo-motivación y libre albedrio; y contra uno de sus recursos terminológicos más conocidos y frecuentemente utilizado: el mérito[6]. En cuanto a lo primero, Laura al hablar de determinado gobierno[7], expresa:

es un estilo que te lleva a ser una persona individual, esto me hace acordar a la venta directa “vos y sólo vos pueden definir tu futuro”, no es así, vos y sólo vos no definís tu futuro, hay un entorno que te rodea que te facilita o te dificulta las cosas, yo puedo hacer, puedo hacer, puedo hacer, pero no siempre llego. No es uno, el individuo. Creo que es la cultura de lo individual. Y a mí me gusta más la cultura de lo social, donde todos empujan para un mismo lado y todos hacen que las cosas funcionen para todos, no el individualismo (9:16).

De este modo, Laura plantea sus ideas en relación a la desigualdad social por oposición a la perspectiva que responsabiliza al individuo de las condiciones en que vive o el individualismo, en sus términos. Asimismo, deja claro que no es la voluntad –libre albedrío– la que define el futuro de las personas, en tanto que hay un entorno que condiciona y lo que se haga no depende de la elección del individuo, lo que ilustra con el ejemplo de la propaganda de venta directa: vos y sólo vos podés definir tu futuro.

También está en contra de la idea del poder de la voluntad en tanto motivación y esfuerzo al plantear que con hacer no siempre se consigue llegar, lo que significa un planteo contrario a la representación acerca de que, si se quiere, se puede. Asimismo, manifiesta sus preferencias por lo colectivo por sobre el individualismo y, en su planteo, le quita peso a la responsabilidad del individuo para incorporar el contexto en el que éste se desempeña.

Con esta perspectiva también, Daniela, quien al preguntarle acerca de cuál es la desigualdad en Argentina dice que es de oportunidades, de acceso, lo que le parece injusto (8:13), haciendo referencia a esto agrega:

yo, cuando hablábamos de eso con mis hijos, es como que en un punto la forma más clara que encontré de representarlo es a través de la suerte, tuvieron otra suerte, o sea, ‘sí, y ustedes tuvieron mucha suerte y hay gente que tiene menos suerte’, y es así, porque no lo puedo explicar de otra manera. O sea, porque yo… no partimos de… esto cuando se habla de la meritocracia y demás, no partimos de igualdad de condiciones, yo también pude estudiar, o sea, a mí mis viejos me bancaron, o sea, yo tenía una casa, volvía, me daban de comer, tenía donde bañarme, nada, eso; y no vengo de una casa acomodada ni nada parecido eh, una clase baja arañando para sostenerse, nada más (8:69).

En base a este fragmento se pueden destacar dos cuestiones. En principio, tal como en el planteo de Laura, se halla la idea explícita en contra de una de las ideas asociadas a la perspectiva basada en la igualdad de oportunidades, la de la centralidad del mérito, o meritocracia, en sus palabras. Daniela entiende que cuando se destaca la meritocracia –que en general es utilizado para justificar la desigualdad social–, no se está tomando en cuenta las condiciones desiguales en las que vivimos.

Por otro lado, sustenta sus representaciones en su experiencia, ya que ella pudo acceder a la universidad, lo que, siguiendo el sentido de sus palabras, podría considerarse una de las afortunadas por poder estudiar, a diferencia de quienes no pudieron hacerlo, gracias a la suerte de haber vivido con sus padres, a pesar de que su clase de origen es baja, en sus términos. Para ella fue muy importante el uso de lo público (8:15), ya que haber estudiado en la universidad pública fue clave en su trayectoria para alcanzar la posición de clase que actualmente ocupa.

El paso por la educación pública también es resaltado en el relato de Laura, quien, como Daniela, tuvo una experiencia de cambio de posición a través de una trayectoria ascendente en su carrera laboral. La importancia de la educación en su trayectoria, sumada a su experiencia laboral actual, que tiene lugar en el ámbito de la salud privada, es lo que le permite tener un conocimiento en base a su propia experiencia sobre dos de los aspectos más relevantes para los entrevistados al pensar la desigualdad social: el acceso a la salud y a la educación. Ella expresa:

creo que hay desigualdad social porque no todos tienen acceso a la misma educación, a la misma salud, y a los mismos alimentos en este momento. Si te lo planteo desde donde yo trabajo, desde la salud, no puede ser que para que vos tengas una buena salud, la salud tenga que ser privada. […] Yo creo mucho en la salud pública y en la educación pública. La educación pública, yo me crié en educación pública, hice primaria, secundaria y universidad en educación pública. Entonces, creo que es muy buena y hacia eso tenemos que ir. Lo privado tiene que existir, pero lo público es lo más importante para que haya una igualdad y todos tengan el mismo acceso a… yo soy de un hogar humilde, mi papá era obrero y mi mamá tenía escuela primaria nada más, y pude llegar a la universidad, trabajando, pero bueno, no importa, pude llegar (9:11).

Laura plantea la importancia que tiene lo público y presenta como meta hacia la que tiene que ir la sociedad tanto el mejoramiento de salud como el sostenimiento de la educación públicas. Acerca de esta última, tanto a ella como a Daniela, la universidad pública les permitió un cambio en sus posiciones dentro de la estructura y ambas reconocen el hecho de pasar por la universidad pública como relevante, en tanto al rememorar su paso por la misma, remarcan que provenían de clase trabajadora. En este sentido, Daniela visibiliza la importancia que tuvo la universidad pública en su trayectoria al decir “[…] yo tenía muy en claro que no podía estudiar una carrera en universidad privada […]” (8:20), lo cual indica que, si la universidad no hubiera sido pública, no hubiera podido tener estudios y título universitario, a partir del que alcanzó su posición actual en la estructura de clases.

Entonces, de estos relatos emergen las representaciones acerca de la desigualdad de condiciones existente, formadas a partir de sus experiencias concretas y de la importancia que tuvo la educación pública en sus trayectorias. Hay una representación muy fuerte en los entrevistados acerca de la justicia que conllevaría una educación pública, de calidad y que sea la misma para toda la población. Sobre esto, Julia dice:

me gustaría una sociedad más igualitaria porque hoy en día no sé, por ejemplo, con la educación, es una brecha abismal, el que puede pagar una escuela privada y el que no la puede pagar y va a una escuela pública que quizás van muchos chicos con muchos problemas sociales, que por ahí la maestra en vez de ocuparse, o sea, realmente de la educación, de enseñar a leer y escribir y matemáticas, tiene que estar cobijando al nene que viene golpeado, el que no comió, y bueno, yo por ejemplo, vi que creo que en… no sé si en Suecia, Suecia o Finlandia, uno de esos países […] como que es todo público y de buena calidad, y es la misma educación para todos, […] creo que sería así, como no tener que estar… que por tener plata tenes más derechos (4:25).

Julia brinda elementos para reflexionar acerca de la existencia de diferencias entre la educación pública y privada, lo cual fundamenta exponiendo lo que considera la raíz del problema: la escuela cumple una función que excede la propia de la institución escolar, llenando vacíos en el cuidado de los niños. Entonces, en principio, se puede leer que ese cuidado quitaría tiempo para llevar adelante la clase correspondiente al currículo escolar. Pero, también es importante remarcar que Julia trae a la entrevista una problemática social de gravedad (se debe cobijar al nene golpeado, al que no comió). Finaliza su planteo dando a entender que su ideal, en cuanto a educación, es Finlandia, donde es pública, de calidad e igual para todos. Y, asimismo, expresa que el dinero no debe ser lo que permita acceder a más derechos. En este caso, ella entiende que el dinero garantiza el derecho a la educación, por lo que no tener dinero sería lo que lo vulnera.

Esta misma representación sobre lo público surge de modo sintético por otro entrevistado, cuya trayectoria no tuvo la característica de movilidad social ascendente de las entrevistadas citadas, pero que, sin embargo, comparte la idea, expresada en las siguientes palabras:

yo me siento bien con que haya una universidad pública, ¿viste?, porque cualquiera… y en esto de si uno nace con menos oportunidades, pero se esfuerza, pueda acceder a ser un abogado o a ser lo que sea, médico, lo que quiera, a mí eso me gusta, me gusta que la sociedad tenga eso, ¿no? (11:18).

A través de este último fragmento se observa que surge de esta representación sobre la existencia de desigualdad de oportunidades debido a las condiciones diferentes en que se vive, un elemento propio de la perspectiva analizada anteriormente: la voluntad, en tanto esfuerzo y motivación, y libre albedrío; y el mérito. Estos elementos permiten pensar en la similitud que presenta con aquellas personas que consideran que la desigualdad debe adjudicarse a la responsabilidad del individuo.

En este caso, se parte de condiciones desiguales y, mediante el acceso a la universidad garantizado, el individuo podría elegir libremente lo que quiera ser y el peso recaería en él en tanto lo que haga dependería de su motivación y de su esfuerzo individual, que le permitiría obtener un título universitario, el cual podría ser considerado como el premio y reconocimiento a dicho esfuerzo individual. Del mismo modo, a partir de un estudio realizado, Sautu (2001) comprende que las personas de clase media del AMBA entrevistadas a fines de los ‘90, concebían que la igualdad hubiera existido si hubieran cambiado las políticas con el fin de garantizar alimentación y educación a los niños, para que al momento de competir por un puesto de trabajo, no empiecen con desventaja. Estas reflexiones, que surgen a partir del fragmento del entrevistado, no se pudieron observar de manera clara en las citas anteriormente presentadas, pero es importante hacerlo notar para pensar si esta posible vinculación se encuentra de algún modo oculta en los demás relatos propios de esta perspectiva focalizada en la existencia de desigualdad de condiciones.

Por otro lado, en relación a la centralidad que le otorgan las personas que ocupan posiciones contradictorias de clase a la educación pública, se halla, tal como en párrafos anteriores, que en la escuela pública existen ciertas problemáticas. Mientras que anteriormente se observaba que la escuela pública debía dedicar parte del tiempo destinado a la enseñanza, al cuidado de los estudiantes debido a los problemas sociales que los atraviesan –como la violencia, el hambre, entre otros–; en la siguiente cita, otra entrevistada considera que la educación pública no es de calidad, aunque sin dar los motivos mencionados por la anterior. En este caso, aparece que la educación pública no es de calidad sin complejizar el tema. Según esta entrevistada, la enseñanza en escuelas públicas tiene impacto en el futuro, el cual pasa a ser incierto, lo que es comprendido como injusto. En sus palabras, queda expresado:

Y hay millones de chicos en Argentina que nacen en un contexto que no tienen posibilidades, no pueden ir al colegio o, si van al colegio, van a un colegio público que no les da la educación de calidad que corresponde y que ya están desde muy chiquitos destinados a un futuro sumamente incierto y eso es súper injusto. Entonces, ¿cómo es?, ¿depende del lugar a dónde yo nazco, del seno familiar que me contiene yo voy a poder progresar en la vida o no? Eso es desigualdad. […] (6:35).

El fragmento muestra también una representación que indica que la igualdad de oportunidades depende del lugar de nacimiento. Acerca de esto, los entrevistados que entienden que la desigualdad social radica en las oportunidades desiguales que tienen unos y otros, suelen considerar que éstas se deben al lugar/contexto de nacimiento.

Es así como la entrevistada se pregunta si el lugar de nacimiento y contexto familiar determina que las personas puedan progresar o no progresar en sus vidas, lo que da cuenta de su perspectiva que abarca cierta temporalidad. Es decir, su inquietud es si el inicio de la trayectoria de una persona condicionará su futuro debido a que el lugar condiciona la educación y ésta el futuro. Finaliza el fragmento con un aspecto normativo que indica cómo debería ser la sociedad para la entrevistada: “[…] Si yo nací en una casa humilde, yo tengo que tener la posibilidad de brindarle a mis hijos una educación de calidad. Después estará en él si él quiere estudiar” (6:35).

En la misma dirección, otra entrevistada sostiene que hay una desigualdad de base originada por el lugar/contexto de nacimiento. Es decir, se representa la desigualdad como una desigualdad de base que proyecta el camino a seguir. Ella dice:

Primero que nada, que todos no nacimos en el mismo… con las mismas oportunidades, y eso es ya es como de base, o sea, el no tener acceso a educación, alimentación, hasta te diría amor familiar, igual obviamente que nos criamos diferente y las desigualdades crecen, y a medida que vas creciendo, cuando la base ya es distinta, se recontra multiplica. […] O sea, no tenemos las mismas… no todos nacemos con las mismas oportunidades, lo que te dije al principio, y esas oportunidades hacen las desigualdades de la sociedad (16:14).

Es así como el nacimiento en distintos lugares/contextos marcan diferentes trayectos mediante las diferentes oportunidades de acceso a educación, alimentación, contención familiar. Esto conlleva que, a medida que ese camino proyectado/marcado por el origen se recorre, las desigualdades entre diferentes trayectorias aumentan.

La desigualdad de base significa que no todos nacemos con las mismas oportunidades –lo que, según la entrevistada, genera las desigualdades de la sociedad–. De este modo, el individuo queda desresponsabilizado de las condiciones en las que vive, las cuales no son elegidas ni debidas a ninguna acción que pueda serle adjudicada.

Del fragmento también se extrae que, al hablar de la trayectoria a futuro que tienen las personas en base a sus orígenes, lugar/contexto de nacimiento, los entrevistados toman en consideración como elemento importante a la familia, en tanto contiene y/o ayuda. En este sentido, otro entrevistado explica la vinculación entre la desigualdad y el contexto de nacimiento, utilizando como ejemplo su propia historia:

Sí, hay desigualdad, sí hay desigualdad. Yo, no sé, si pienso, si vos decís “¿por qué?”, no sé, pienso […] en el acceso a las cosas, a la salud, a la comida, a la educación. […] uno que está en un contexto por ahí más favorable… […] tenes más oportunidades que si naces en un contexto por ahí más desfavorable, ¿no? O sea, no sé, desde ahí veo la desigualdad. O sea, yo tuve oportunidades, y bueno, nací en un contexto de clase media, que me pudieron ayudar también a hacer los estudios y todo lo demás; pero si uno nace en un contexto más desfavorable es más difícil, o sea, es desigual. Desde ese punto de vista, desarrollarse a uno le va a costar mucho más que a otro, o sea, desde ese lado me parece que es un poco desigual (11:14).

El entrevistado comprende que el contexto de clase media es lo que permitió que su familia lo ayudara, por ejemplo, en sus estudios. Esto es considerado por él favorable, a diferencia de otros contextos, lo que implica que para algunos desarrollarse sea más difícil que para otros.

Asimismo, se quiere remarcar que, hablar de desigualdad le remite a un desigual acceso a las cosas, a la salud, a la comida, a la educación, en sus palabras. Sobre esto, lo que indican los entrevistados tiene que ver con las necesidades que todo ser humano debe satisfacer para vivir y desarrollarse (alimentación, salud, contención familiar/afecto, educación). Nombrar estas necesidades en el marco de la conversación acerca de la desigualdad, quiere decir que hay personas que no pueden satisfacerlas. Es decir, hay personas que no tienen alimentación adecuada, acceso a la salud, contención/amor familiar, desde el inicio de sus vidas en sus lugares/contextos de nacimiento; lo que traerá aparejadas consecuencias en sus desarrollos. Esto queda clarificado en las palabras de Julia:

No, ya… bueno, desde la alimentación porque ya desde ahí creo que un bebé nació y si no está bien alimentado, pobrecito, va a tener desnutrición, ya no va a poder crecer, no se va a poder desarrollar como otro que está bien alimentado, ¿no? Y bueno, creo que es la alimentación, la salud también porque hay chicos que mueren por enfermedades que son curables o evitables y, sin embargo, no tienen acceso a esa salud. Bueno, creo que eso, salud, alimentación y, bueno, y la educación también, porque la educación creo que es lo que da herramientas para poder desarrollarse como ser humano. Si en vez de ir a la escuela, tiene que estar revolviendo basura o salir a trabajar, a vender, no sé, estampitas, qué sé yo, obviamente que su parte de educación no va a poder… o sea, va a quedar limitado y en desigualdad con otros chicos que, en vez de trabajar, estudian (4:29).

Las palabras de la entrevistada permiten ver, a través de su mirada, la desigualdad existente en la sociedad en la que vivimos y muestran las consecuencias de las desigualdades. La desigualdad en el acceso a la alimentación perjudica el sano desarrollo físico de aquellos que no incorporan los nutrientes necesarios en las etapas iniciales de la vida. En línea con esto, el desigual acceso al sistema de salud llega a tener consecuencias fatales en aquellos que no tienen la posibilidad de llevar adelante los tratamientos adecuados ante enfermedades curables. En cuanto a la consecuencia de la desigualdad educativa, afecta negativamente a aquellos que no están integrados de igual manera que otros al sistema educativo. Así, trabajar en la infancia tiene como consecuencia quedar en desigualdad frente a otros que, en vez de trabajar, estudian. En este sentido, teniendo en cuenta que, siguiendo a la entrevistada, la educación brinda herramientas para el desarrollo humano, la consecuencia será el desigual desarrollo humano.

El desigual acceso a la alimentación, salud y educación se encuentra en línea con lo establecido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos[8]. Así es como el derecho a la alimentación y salud son establecidos en el artículo 25, “[…] Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios […]” (Organización de las Naciones Unidas, 1948).

Asimismo, al hablar de desigualdad social, tal como se destacó, se entiende a la educación como lo que permite el desarrollo del ser humano –a diferencia de la educación entendida como herramienta, que emerge de los entrevistados al hablar de identidad de clase media–. Así, se observa que la representación acerca de la educación también se encuentra en línea con dicha Declaración que, en su artículo 26, establece que “[…] La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana […]” (Organización de las Naciones Unidas, 1948).

De este modo queda vinculada la educación con el desarrollo de las personas. Debe remarcarse que de las entrevistas emerge que el desarrollo no refiere solo al desarrollo de la personalidad, carrera, otros; sino que, siguiendo las palabras de Julia, la desigualdad impacta sobre la necesidad biológica de alimentarse y crecer adecuadamente, de manera saludable, en etapas de la vida en que la alimentación es fundamental para el normal desarrollo físico de los seres humanos.

Entonces, el distinto desarrollo y la insatisfacción de las necesidades mencionadas se deben a condiciones desfavorables propias de los lugares/contextos de nacimiento (desigualdad de base); y, desde el momento inicial de la vida, algunos pueden crecer y desarrollarse adecuadamente, y otros no.

De lo analizado hasta aquí se puede extraer que la desigualdad de oportunidades debido a la desigualdad de condiciones, genera desventajas en las trayectorias. Es decir, la diferencia con la sección anterior –que daba cuenta de las representaciones que justifican la desigualdad en base a la voluntad que cada uno tiene en un escenario donde todos tenemos las mismas oportunidades– radicaría en una idea en disputa: si hay igualdad de oportunidades o no hay –unos dicen que todos tenemos las mismas oportunidades, mientras que otros dicen que no, ya que no todos tenemos el mismo acceso a las oportunidades debido a la desigualdad de condiciones–.

Breve cierre: Justificaciones y críticas a la desigualdad social

De las entrevistas emergen dos tipos de relatos que justifican y/o critican la desigualdad social. El primero se despliega tomando como punto de partida la existencia de igualdad de oportunidades y el segundo, la existencia de desigualdad de condiciones, lo que influye en la posibilidad de tomar dichas oportunidades, lo que significaría que estas últimas no existen para todos por igual. En el siguiente cuadro se presentan los elementos hallados que permiten una demarcación entre ambos.

Figura 11: Comparación entre igualdad de oportunidades y desigualdad de condiciones

Fuente: elaboración propia.

En principio, se destaca que cada uno de estos tipos de relato permiten sostener un tipo de posicionamiento respecto a las personas. En tanto el relato que parte de la existencia de igualdad de oportunidades responsabiliza al individuo de las condiciones en que vive; el relato que toma como punto de partida la desigualdad de condiciones, lo desresponsabiliza.

En el primero, esto significa que, en el marco de oportunidades que todos tenemos por igual, las toman aquellos que quieren hacerlo, mediante la motivación y el esfuerzo. Desde esta perspectiva, existe trabajo para todos y el que quiere trabajar, puede hacerlo. Así, el que no trabaja es porque no quiere hacerlo. Incluso, una alternativa considerada por los entrevistados para aquellos que están dispuestos a esforzarse, es generar trabajos propios, autónomos y en condiciones de precariedad.

El segundo tipo de relato, que introduce la importancia del contexto que enmarca la existencia, surge expresamente en contra de los elementos mencionados anteriormente, centrales para los relatos con eje en la igualdad de oportunidades. Así es que lo que se menciona para abrir el tema es la negación categórica de que las condiciones en que viven las personas dependen de su voluntad –motivación, esfuerzo y libre albedrío–. Asimismo, este tipo de relato manifiesta oposición a uno de sus recursos terminológicos más utilizados, el mérito.

Así, los entrevistados con esta perspectiva se ubican en contraste a los argumentos presentados por la anterior y se puede hallar su fundamento en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En este sentido, el desigual acceso a los servicios de salud, educación y alimentación adecuados son planteados como muestra de la desigualdad existente.

Dentro de este tipo de relato, emerge la desigualdad de base; esto es, la representación de los entrevistados acerca de la desigualdad que comienza desde el inicio de las vidas debido al lugar/contexto de nacimiento. Esta desigualdad influye sobre las trayectorias de las personas y una de las maneras en que se ejemplifica esto es: el lugar de nacimiento condiciona el tipo de educación recibida y ésta el futuro, lo cual resulta injusto.

Asimismo, se destaca que esta desigualdad de base influye sobre el desarrollo, que no se limita al desarrollo de la personalidad, carrera, entre otros. Acerca de esto, se hizo referencia explícita al desarrollo físico. Esto es, se nombró el caso de los niños que, por desnutrición, no pueden tener un crecimiento adecuado, lo cual, a edad temprana, puede tener consecuencias irreparables.

Como última cuestión a destacar dentro de los relatos que ponen de relieve la desigualdad de condiciones en la que vivimos, se encuentra la importancia que los entrevistados de posiciones medias asalariadas le otorgan a la educación pública. De hecho, en general, es la universidad pública la que les permitió acceder a las posiciones que actualmente ocupan, lo cual implica una experiencia de movilidad social ascendente en varios casos.

En base a sus representaciones favorables a la existencia de la universidad pública, se pudo rastrear un elemento que remite a la perspectiva que sostiene la existencia de oportunidades iguales para todos. Acerca de esto, de las palabras de un entrevistado se extrae la importancia adjudicada a la voluntad al manifestar que, mediante el acceso a la universidad, si uno nace con menos oportunidades, pero se esfuerza, puede alcanzar la profesión que quiera. Así, también se interpreta que el mérito tiene lugar en su razonamiento en tanto el título puede considerarse el premio al esfuerzo realizado. En base a esto, es insoslayable el enlace que parece surgir entre ambas perspectivas mediante la noción de voluntad, que abarca, por un lado, a la motivación y al esfuerzo y, por el otro, al libre albedrío; y la noción de mérito.

Cierre capítulo: Acerca de la desigualdad social

Hablar acerca de la desigualdad social con los entrevistados permitió el acceso a una subdimensión de las orientaciones político-ideológicas. La desigualdad social es parte intrínseca del sistema capitalista, en el que vivimos; por lo tanto, hablar de desigualdad es hablar del entorno que nos rodea y que enmarca el desarrollo de nuestras actividades.

En este sentido, desde la perspectiva de la distribución de los ingresos, en Argentina el grupo que ocupa la parte más baja de una pirámide de ingresos, no llega al 10% de los ingresos de la cúspide (Chávez Molina y Plá, 2018). Y, al abarcar la región latinoamericana, se observa que, si bien la desigualdad mejoró a partir de inicios de siglo, coincidente con una tendencia a gobiernos progresistas en la región, esto se debe solo a una distribución más pareja entre los trabajadores. Asimismo, al observar la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo, se comprueba que en muchos de los países latinoamericanos no mejoró la participación de los asalariados en la misma (Benza y Kessler, 2021).

En tal contexto desigual llevamos adelante nuestras experiencias asociadas a la posición estructural que ocupamos. En el caso de los entrevistados, las posiciones que ocupan tienen la particularidad de no corresponderse con las propias de los extremos de la riqueza y la pobreza. Por lo tanto, se pudo extraer cómo son vividas y representadas las desigualdades por estas posiciones intermedias.

A través de las representaciones sobre la desigualdad, se puede pensar el posicionamiento del individuo frente a la sociedad, en tanto, las representaciones sociales son la manera de interpretar y pensar la realidad cotidiana y la actividad mental desplegada por individuos y grupos con el fin de fijar su posición en relación a situaciones, entre otros (Jodelet, 1986).

Además, particularmente el tema de la desigualdad social es el indicado para develar dicho posicionamiento, ya que, junto a la aceptación o rechazo del cambio social, lo que se piense de la desigualdad –se acepte o se rechace– conduce a la justificación del status quo o a su crítica (Jost, Federico, Napier; 2009). Como ejemplo de esto, los relatos que expresan menor tolerancia a las desigualdades habilitan el cuestionamiento hacia la actual distribución de recursos e ingresos.

A través de las palabras de los entrevistados, se pudo conocer cómo perciben la desigualdad social y qué reflexiones hacen sobre ella. En principio, la desigualdad social es un emergente al hablar de clases sociales y, desde la descripción misma de la estructura de clases desarrollada en el capítulo anterior, emergió la desigualdad entre las clases consideradas por ellos alta, media, baja y sus segmentos. Además de esto, los entrevistados distinguen claramente un contraste entre los más ricos y los más pobres y lo que manifiestan es el desconocimiento acerca de cómo hacen para sobrevivir, vivir, reproducir sus condiciones de vida.

En este sentido, de los que viven en condiciones de extrema pobreza expresan desconocimiento debido a la lejanía con estas posiciones y destacan el rasgo de sobrevivencia. Es decir, plantean entre exclamaciones que no saben cómo hacen para vivir y consideran que tienen una capacidad extraordinaria para sobrevivir en condiciones de exclusión del sistema.

Pero también expresan desconocimiento acerca de aquellos que ocupan las posiciones más privilegiadas, los considerados más ricos, los más ricos que los ricos, los del 1% con mayor riqueza. Al igual que hacia los más pobres, al hablar de los más ricos, los entrevistados muestran asombro intercalado en expresiones de desconocimiento. Ejemplo de esto son sus planteos referidos a cómo hacen el dinero sin trabajar, en qué lo usan, dónde lo tienen. Asimismo, se suma un sentimiento de reprobación y desagrado hacia ellos al resaltar sus rasgos de acumulación y ambición, además de considerar a los pertenecientes a dicha clase, malas personas.

Lo que observan en estas posiciones privilegiadas es lo que genera un contraste con las características observadas en los más pobres, lo cual lleva a notar la existencia de rechazo por parte de estas posiciones medias a las desigualdades extremas, lo que coincide con Grimson (2015) sobre la población del AMBA, en la que encuentra intolerancia a la exclusión y dicho rechazo a las desigualdades de ingresos extremas[9].

Ante el reconocimiento de la desigualdad, en los entrevistados se encuentran dos maneras de justificarlo y/o criticarlo. Por un lado, una manera de justificar la desigualdad fue hallada en la responsabilización de los individuos. Esta representación parte de la concepción de que hay oportunidades y trabajo para todos y que, mientras algunos buscan las oportunidades, toman y/o generan trabajos y se esfuerzan; otros eligen no hacerlo.

Así, la voluntad emerge como clave en esta perspectiva, entendida como motivación y esfuerzo, y libre albedrío; ya que se elige tomar o no tomar trabajos para salir de la situación en que se encuentran aquellos más postergados. Es decir, salir de la situación o no salir se elige y, para conseguirlo, hay que querer hacerlo y esforzarse. Ligado a este último se halla el mérito.

Por el otro lado, se encuentra otra perspectiva, la cual parte de los Derechos Humanos, que focaliza en los derechos a la salud, alimentación y educación, que garanticen el pleno desarrollo de las personas. Esta perspectiva se presenta en oposición explícita a la anterior. Se toman algunos conceptos defendidos por ella –meritocracia, voluntad en tanto motivación y esfuerzo, y en tanto libre elección/albedrío– y se desmienten. Lo que resalta es la desigualdad de condiciones que existe, la cual condiciona el desarrollo de las personas –muchas veces se nombra el lugar/contexto en el que se nace–. Asimismo, emerge la centralidad de la educación pública, lo que se sustenta en la propia experiencia de algunos entrevistados, aquellos que presentan una trayectoria de movilidad de clase ascendente.

Asimismo, emergió de los relatos un elemento propio de la perspectiva anterior: la educación como garante de la posibilidad de ascenso social. En base a un comentario de un entrevistado –que indicaba que, si uno no nace con oportunidades, pero se esfuerza, puede ser abogado o lo que quiera–, se puede preguntar por el vínculo entre esta perspectiva basada en la existencia de desigualdad de condiciones y la anterior, basada en la existencia de igualdad de oportunidades.

En este sentido, retomando lo planteado al inicio, en esta perspectiva, la cual no busca la preservación o abolición de las desigualdades, sino que propone la idea de generar mayor equidad social; se encuentran ideas que

refuerzan la idea de equiparación de las condiciones sociales y económicas que afectan al desempeño individual, el desarrollo de talentos e incluso la capacidad de competencia de los individuos por factores que no son atribuibles a sus dotaciones personales, sino más bien a factores contextuales (Mora Salas, 2005: 24).

Esto último es central ya que el punto de llegada, a lo que se aspira como ideal, es una sociedad en la que se compita sin ventajas ni desventajas propias del contexto. Así, el principio de la igualdad de condiciones complementa el principio de la igualdad de oportunidades; es decir, el foco está puesto en un igualamiento en el punto de partida, pero sin cuestionar la desigualdad entre las posiciones a ocupar. Entonces, desde esta perspectiva, se busca mayor igualación en las condiciones para competir, pero una vez en competencia el mejor puesto lo conseguirá el que más talentos y/o méritos tenga. De esta forma, de un modo u otro, la responsabilidad recaería en el individuo sin cuestionar el sistema capitalista en sí mismo, lo que es coherente con esta perspectiva que no ve en éste el origen de las desigualdades.


  1. Sobre esto, los autores (Benza y Kessler, 2021) plantean que el crecimiento económico latinoamericano tiene lugar entre los años 2002 y 2014, con la excepción del año 2009, debido a la crisis financiera internacional; y, además, aclaran que luego del 2008, estas economías se expandieron a un ritmo menor.
  2. En este sentido, durante esta etapa el coeficiente de Gini para un promedio de los países latinoamericanos se redujo de 0,547 en 2002 a 0,491 en 2014. Esta mejora en la distribución del ingreso no se sostuvo luego de los primeros años de la década, de modo que mientras el índice de Gini para el promedio de la región entre los años 2002 y 2008 se reducía a un ritmo anual del 1,5%, entre el 2008 y el 2014 lo hacía en un 0,7% y entre el 2014 y el 2016 sólo en un 0,4% (Benza y Kessler, 2021).
  3. El estudio se desarrolla a partir de los datos obtenidos de la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social (ENES), realizada en el marco del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (Pisac). El trabajo es centrado en los años 2013 y 2015. En principio, los autores clasifican las clases según las estructuras ocupacional y productiva. Es decir, en base a la ocupación del entrevistado y el sector productivo en el cual se encuentre inserto –de alta y media, o de baja productividad. Estos factores se vinculan con la diferencia en la calidad y productividad de los puestos laborales–. Así, obtienen 9 clases sociales que, desde la perspectiva teórica propia de la presente investigación, son grupos ocupacionales y no clases. El grupo I –compuesto por propietarios de establecimientos de más de 10 empleados, directivos, entre otros– se encuentra en la cúspide de una pirámide y el grupo IX en la parte más baja –lo que corresponde a menor calidad del empleo–. Para conocer en detalle la clasificación en estos grupos ocupacionales utilizada por los autores, ver Chávez Molina y Plá (2018: 94).
  4. Teniendo en cuenta la zona que enmarca la presente investigación, se halla que el AMBA es la región con ingresos más elevados en relación al resto de las regiones. Sin embargo, a pesar de tener ingresos mayores, el resto de las regiones obtienen niveles más altos en el acceso a bienes y servicios, lo que da cuenta de que el costo de vida es más elevado en el AMBA.
  5. Siguiendo el sentido de las palabras de la entrevistada, los trabajos en condiciones de precariedad pueden ser entendidos como una oportunidad más, sin dar cuenta de la desigualdad que presentan en relación a otros tipos de trabajo.
  6. Este término, al ser tan utilizado e inmediatamente adjudicado a la perspectiva basada en la igualdad de oportunidades, no permite observar que quizás el mérito recorra también otros relatos que no sean propios de dicha perspectiva. En este sentido, se debe especificar el término. “Mérito” se refiere la acción o conducta que hace a una persona digna de premio o alabanza; o al derecho al reconocimiento, alabanza, entre otros, debido a las acciones o cualidades de una persona; o valor o importancia de una persona o de una cosa. (Real Academia Española, extraído desde https://dle.rae.es/m%C3%A9rito en 2023).
  7. La entrevistada hace referencia al gobierno de la alianza Cambiemos.
  8. En la Declaración Universal de Derechos Humanos se establece:
    “Artículo 25
    1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
    2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
    Artículo 26
    1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
    2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
    3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.” (Organización de las Naciones Unidas, 1948).
  9. El autor habla del rechazo a las desigualdades de ingresos extremas y aclara que esto no significa tener una concepción igualitarista.