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EL DIARIO

Jueves 27 de Enero de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, enero 8.

    

Escribo con anticipación para no estar atareado el día de la salida del correo, de modo que es casi seguro que este párrafo y la noticia del resultado de las elecciones renovando la Cámara de los Comunes llegarán al mismo tiempo.

Es curioso, léanlo:

La Inglaterra no es un país de misterio como el Tibet. Pero, como toda tierra de usos y costumbres y sin constitución escrita, está llena de anomalias.

Leía el otro día en El Imparcial[1] de Madrid un excelente artículo en el que “fray Candil”, pseudónimo, dice entre otras cosas dándole una felpa a Maurice Barrés*, felpa más o menos merecida:

“Yo no sé si Barrés conoce el castellano. Me figuro que no, a juzgar por lo mal que escribe ciertas palabras españolas. Escribe “antigüedas” por antigüedades… Sin conocer el idioma del país que se pretende juzgar no se va a ninguna parte. El único medio de penetrar alma adentro de un pueblo y de una raza es su lengua. Los disparates que se escriben en Francia a menudo respecto de España no obedecen a otra cosa”.

De acuerdo con fray Candil, y tanto más cuanto que saber inglés en mi tierra no es la regla, aunque de ingleses no carezcamos, he aquí algo que se relaciona con las elecciones.

Es una concepción del sufragio que no entra en nuestras cabezas latinas sino cuando se trata de hacer votar a los muertos o de duplicarse, triplicarse, cuadruplicarse burlando la ley y la vigilancia de las mesas receptoras del sufragio.

Entre los “bills” que la cámara de los lores ha rechazado en estos últimos tiempos, hay dos llamados “Plural Vote bill” y el “London Election bill”. Si todavía existen en el Reino Unido unas ciertas categorías de ciudadanos que pagan impuestos pero que no gozan de la franquicia electoral, hay otras que pueden votar en muchos lugares diversos, que disponen de varios votos.

Si un hombre posee, por ejemplo, propiedades repartidas en circunscripciones electorales diferentes, ese hombre tiene el derecho de votar en cada una de esas circunscripciones, y como las elecciones en Inglaterra no tienen lugar el mismo día, puede ejercer su derecho, y lo ejerce efectivamente.

Hay, sin embargo, un límite. Un mismo elector no puede ejercer su derecho en más de “once” circunscripciones diferentes, aunque posea treinta dominios. ¡Solamente once! A estas anomalías hay que agregar que las elecciones duran cerca de dos semanas. El resultado del primer día es, empero, tan importante, que vulgarmente hablando ya permite verle las patas a la sota.

¿De qué se quejan?

El otro bill proponía que las elecciones en Londres tuvieran lugar (Londres, en un mundo tan pequeño con tanta población como algunos países de este lado y ese lado), de manera que no pudiera suceder algo que se considera abusivo. ¡Qué ganas de refunfuñar!

El caso es este: un caballero está al frente de una firma establecida en la City, pues tiene derecho de votar en ese barrio y en el de su domicilio personal.

Los que en Inglaterra poseen varios domicilios, son generalmente unionistas. La City, según se vio cuando la elección de Mr. Balfour[2], que había sido derrotado en otra parte, es fundamentalmente unionista, es decir, conservadora sin mezcla, no como los liberales de nuevo cuño, o sea, los radicales con tendencias socialistas, enemigos del sistema bicamarista, de los lores naturalmente, exactamente como aquí en Francia donde los socialistas no gustan del senado, prefiriendo lo que huela a convención dictatorial.


¡Al fin!

Al fin parece que la representación proporcional ganará la batalla y con ella el escrutinio de lista, o sea que la elección por distritos, barrios, habrá vivido.

¿Su principio? ¿Su funcionamiento? ¿Sus ventajas?

Monsieur Charles Benoit, miembro del Instituto de Francia, diputado de París, presidente de la comisión del sufragio universal y del grupo parlamentario de la reforma parlamentaria, acaba de exponer todo ello en un informe tan luminoso que hasta los ciegos tienen que ver la utilidad política y social de la proyectada reforma.

Es claro que todo el documento, de varias columnas, no cabe dentro de mis lindes.

He aquí, pues, el encabezamiento muy original con que monsieur Benoit entra en materia:

“De cien franceses que han ido a votar (esto es abogando por la representación proporcional) el primer domingo de Mayo como hemos votado hasta aquí “soit au scrutin uninominal soit au scrutin de liste pur et simple”, en una palabra: “majoritaire”, o sea, la mitad más uno.

¿Qué son a la vuelta los que forman la mayoría?

Todo.

¿Y los que se hallan en la mitad menos uno?

Nada.

¿Qué deben ser unos y otros?

Porque la mayoría no es la unidad ni la minoria la nada (le neant).

Mayoría y minoría deben pues ser en pequeño respecto del cuerpo elegido lo que son en grande en el cuerpo electoral.

Hoy día, con un sistema que le da todo a la mitad más uno, nada a la mitad menos uno, sobre cientos de electores proclamados empero iguales, ¿cuántos hacen 51 por la más extraña de las aritméticas?

51 hacen 100.

¿Y cuántos hacen 49?

49 hacen 0.

Con la representación proporcional mediante una sana aritmética 51 volverán a ser 51 y 49 igualmente 49.

Es inútil ir a buscar más lejos.

Y he ahí todo el misterio de la representación proporcional.

El informe sigue “demostrando”, y yo aquí concluyo por lo ya dicho. Muchas veces tendré que repetirlo cuando platiquemos; siento, como diria Jourbert[3], no poseer la facultad de poner todo un libro en una página, toda una página en una frase y esa frase en una palabra. Y lo siento tanto más cuanto que mi propósito desde que he emprendido esta forma de “causerie” es puramente indicativa.


Buenos Aires, según el último censo que tengo a la vista, el del incansable Alberto B. Martínez[4], de octubre 1909, cuenta ya 1.222.654 habitantes.

Y París en 1906 contaba 2.763.393 según el Almanaque de Gotha; de modo que si el Almanaque de Hachette para 1910 dice bien anotándole a la Villa Lumiére (no siempre) 2.722.788, su población ha disminuido algo, unos 40.605 habitantes.

¿Tendrán razón los números?

¡En las testamentarias y otras liquidaciones los contadores patentados les hacen decir tantas cosas inesperadas!

Pero vamos a lo que se llama la limpieza de París, “pas toujours propre”, y a la de Buenos Aires.

¿Cuánto cuesta esta que sin disputa es más prolija que la otra?

No sé.

La de París, para que Vds. Comparen, costará en 1910 según el último presupuesto 1.177.000 francos, destinados únicamente a la limpieza de las calles y veredas.

El barrido y el riego costarán 1.511.500 francos, en fin, los gastos de utensilios diversos y conservación del material existente 500.000. En todo 6.189.000 francos.

Las sumas son gruesas. Pero París no es una ciudad aseada. Cuando uno llega de Berlín, de Colonia, de Francfort, la primera impresión al salir de la estación es de “asco”.

No exagero. Y cuando llueve mucho, como el otro día, los grandes bulevares parecen arroyos pantanosos, como nuestros famosos terceros de otro tiempo.

En cuanto al polvo en verano ya lo he dicho otra vez, me parece, ¡uf! por la Avenida del Bois, “rendez vous” de la elegancia, como entre nubes de tierra hay frecuentemente que cruzarla. ¡Riegan tan mal!


No es el caso de decir “cuando veas afeitar al vecino pon la barba en remojo”. Están Vds. muy lejos de Francia, materialmente al menos.

Pero sí es oportuno, recordando que gobernar es prever, que el Congreso Argentino haría bien en meditar sobre lo que está pasando en esta tierra de Francia, donde por no haber tomado precauciones legislativas cualquier noche de estas los sindicados de la electricidad pueden dejarnos envueltos en una obscuridad caótica.

Ninguna industria escapa ya en Francia a las locuras del sindicalismo.

No hay un solo jefe o patrón de la empresa que sea, que no este expuesto a hallarse arruinado de la noche a la mañana por la C. G. T.

¿Se acordarán Vds. de lo que sobre esta sociedad escribí el verano pasado desde Boulogne?

La Compañía General del Trabajo, dije, entre otras cosas, es una amenaza permanente.

Los hechos lo están demostrando.

En otros tiempos, las huelgas se producían después que los patrones y los trabajadores renunciaban a entenderse.

Los trabajadores se negaban a trabajar con una franqueza y una lealtad que han desaparecido del todo hoy día.

Lo que se emplea es el sistema de la agresion o del chantage.

Se espera una época en la que el patrón cuente con todas las abnegaciones, con todas las buenas voluntades y en el intertanto le ponen el cuchillo en el pescuezo, diciéndole: la bolsa o la vida.

En el teatro la cosa se ha hecho moneda corriente.

Ayer mismo lo que ha pasado en la Ópera es irritante y cómico.

Así tenemos que cuando no son los electricistas, son los maquinistas que dirigen la tramoya, y si unos y otros no están de humor agresivo, aparecen los “bailarines”, y el público, expuesto a unos chascos mayúsculos, ya no se anima, frecuentemente, a ir a pasar su noche en la Gran Ópera.

Conozco algunas casas que, con motivo de lo dicho más arriba, están, de miedo de quedarse en tinieblas, la ley no los ampara, reemplazando la electricidad y el gas con lámparas de petróleo y bugías.


¡Qué difícil es saber algo bien!

Tanto, que hasta lo que aprendemos de memoria solemos decirlo mal.

Doscientos cincuenta millones de francos de fortuna, es lo que deja Leopoldo*, rey de los belgas, casado en secreto y no morganáticamente[5], como algunos dicen o creen.

Conviene distinguir.

El casamiento secreto regulariza una situación ante la iglesia.

Era el caso de Leopoldo con la baronesa de Vaughan[6], hecha por él, que la sacó así de su estado plebeyo.

El otro casamiento, el que se practica en Alemania, en Austria, en Rusia y también en Inglaterra y en España, es un compromiso, digamos, con la política.

Por ejemplo, la reina Cristina de España se casó morganáticamente con Muñóz, creado duque de Rianzares.

Así también en 1900 el príncipe heredero de la corona de Austria Hungría, o sea el archiduque Francisco Ferdinando d’Este, se casó con la condesa Chotek, de muy buena casa, persona cumplida en todos sentidos y cuyo enlace mereció la aprobación del actual emperador.

Pero ninguno de estos casamientos da derecho a la prole a subir al trono.

Varios grandes duques rusos se han casado morganáticamente. Entre ellos, el gran duque Miguel, que murió días pasados en la costa Azul. Estaba casado con la condesa Torby.

Y el emperador Alejandro II también fue casado así con la princesa Dolgoroukoff, creada para ella y sus hijos princesa Youriewski.

El gran duque Pablo, que habita en París, está casado con la condesa Hohenfelsen, que la mejor sociedad acoje con gran consideración, lo cual no es ni será el caso de la baronesa Vaughan.

Dijo bien el inmortal autor de la “Comedie Humaine”, cuando escribió en la “Peau de Chagrin”, obra maestra del estudio filosófico, que París será siempre la más adorable de todas las patrias, la patria de la alegría, de la libertad del espíritu, de las lindas mujeres, de los malos sujetos, del buen vino, y donde el baston del poder no ser hará nunca sentir demasiado.

Pero le faltó agregar: si París es el centro más vasto de gente que se divierte hasta el delirio, también es un foco donde se reza con fervor intenso.

¡Fenómeno admirable! Merece un estudio, la penetración salomónica de otro Balzac.

No hay, en efecto, en París barrio, parroquia, “manzana” diciendo como ahí en el Río de la Plata (la topografia de los edificios no es rectilínea), no hay grupo humano que no tenga su sociedad de beneficencia, presidida por distinguidos caballeros y damas de copete.

Las señoras y señoritas reparten con su propia mano caldo a los pobres en los dispensarios con un frío glacial, y en las iglesias durante el Sacrificio de la misa hacen la “quete”, es decir, piden limosna a los fieles, vibrando bajo la bóveda sagrada estas palabras: “para los pobres de la parroquia”.

Entre las obras de beneficencia Parísienses hay una llamada la “bouchée de pain”, el bocado de pan, que todos los años reparte cuatrocientas mil raciones suculentas de sopa, de pan, de café.

El presidente de la República, acompañado de otros personajes civiles y militares, presidió el otro día el reparto, leyendo un discurso muy bien hecho, y el conspicuo abogado Henri Robert hizo una conferencia elocuentísima, incitando a los Parísienses a perseverar en su obra generosa.


Tanto que gritan los liberales contra los unionistas en Inglaterra y he aquí los lores hechos por unas y otros. El que más hizo en menos tiempo proporcionalmente fue Gladstone[7]. El dato está en un reciente documento oficial.

Conservadores durante 24 años de poder:

Disraeli… 40

Salisbury… 89

Balfour*… 24

Total… 153

Liberales durante 19 años de poder:

Gladstone*… 79

Rosebery[8]… 9

Campbell-Bannerman[9]… 21

Asquith[10]… 13

Total… 122


En Inglaterra la política electoral y la religión son inseparables. El furor de unos y otros es como para temer que se vayan a las manos. No hay cuidado. Sin solo las palabras, las furibundas, nosotros somos un poco más inclinados a las vías de hecho. Los ingleses se contentan con poner en sus pendones invitando al pueblo a sufragar: “no voteis por los unionistas, será votar por el diablo”.

Asimismo lo predican en el púlpito los no conformistas. Y la iglesia de Inglaterra no les va en zaga, si bien con más moderación en los epítetos. Diríanse ecos de la calma cortés de Mr. Balfour* y de los espasmos tan acres de Mr. Lloyd George[11].


  1. El Imparcial fue un diario español de ideología liberal editado en Madrid entre 1867 y 1933. Fundado por Eduardo Gasset y Artime, fue uno de los primeros diarios de empresa, en contraposición a los diarios de partido. […]. Hacia 1890 se había convertido en uno de los principales diarios españoles y, según afirmaba la propia publicación, «se vendía hasta en las más pequeñas aldeas» y «en los quioscos de los boulevares de París, en Marsella, Burdeos, Niza, Roma, Nápoles, Londres y Buenos Aires». A comienzos del siglo XX tenía una tirada de 130.000 ejemplares.
  2. Balfour, Arthur James (1848-1930) fue Primer ministro del Reino Unido entre 1902 y 1905, predecesor de Campbell-Bannerman y sucesor de su tío, Lord Salisbury. Perteneciente al ala conservadora de la Cámara de los Comunes, tuvo una postura no intervencionista en materia económica (el llamado laissez-faire). En 1902, año de su asunción, se coronó a Eduardo VII rey y finalizó la guerra en Sudáfrica. En los años siguientes, se redactó la nueva Acta de Educación a Londres y el Acta de Adquisición de Tierras de Irlanda por la cual el tesoro público británico se comprometía a facilitar capital a los arrendatarios para posibilitarles la compra de tierras. En materia internacional, durante la gestión de Balfour, en 1904, se conformó la Entente Cordiale (del francés: “entendimiento cordial”): un tratado de no agresión y de mutua regulación de la expansión colonialista entre el Reino Unido y Francia, y ratificado mediante una serie de acuerdos firmados posteriormente. También durante la gestión de Balfour tuvo lugar la guerra ruso-japonesa, en la que los británicos, aliados de Japón, estuvieron cerca de entrar en guerra contra la Rusia zarista. En las elecciones de enero de 1906, el partido de Balfour fue derrotado por los liberales, con Campbell-Bannerman a la cabeza. Este último sería el enemigo político principal del Balfour dado que, además de derrocarlo y sucederlo como Primer Ministro, votó en contra de su solicitud de formar parte de la Cámara de los Lores o Cámara alta. (El Reino Unido tenía un sistema legislativo bicameral, constituido por lo que sería el Senado –la Cámara Ata o de los Lores, House of Lords– y la Cámara de los representantes –o Cámara Baja o de los Comunes, House of Commons. Mientras que en la cámara de los comunes sus miembros eran elegidos democráticamente, en la Cámara de los lores solo votaban determinados miembros. Ambas cámaras sesionan en el Palacio de Westminster).
  3. Joseph Joubert (Montignac, Périgord, 1754-París, 1824) fue un moralista y ensayista francés recordado sobre todo por sus “Pensamientos” publicados póstumamente. (VIAF: 34458489).
  4. En su Página breve del 3 de noviembre de 1908, Mansilla resume muy elogiosamente el libro Les valeurs mobiliers de la Republique Argentine, de su amigo Alberto Martínez, argentino residente en París y autor de estudios sobre estadística.
  5. El casamiento morganático es aquel por el cual, dentro de las familias reales, los hijos del matrimonio no pueden heredar el trono.
  6. Mansilla se refiere aquí a la historia entre Leopoldo II de Bélgica y su segunda esposa, Caroline Lacroix. Se dice que Leopoldo tuvo muchas amantes. En 1899, con 65 años, se enamoró de una de sus amantes, Caroline, una prostituta francesa de 16 años. La nombró baronesa de Vaughan, y tuvo con ella dos hijos varones. Un año antes de su muerte, Leopoldo contrajo con Lacroix un matrimonio morganático, y le legó una fortuna y propiedades inmobiliarias en Bélgica y en Francia. (VIAF: 264072032).
  7. William Ewart Gladstone (Liverpool, 1809-Hawarden, 1898) fue un político liberal británico, miembro de la Cámara de los Comunes y primer ministro en cuatro oportunidades: de 1868 a 1874, de 1880 a 1885, en 1886 y de 1892 a 1894.
  8. Archibald Philip Primrose, quinto conde de Rosebery, (1847-1929) fue un político británico, perteneciente al Partido Liberal del Reino Unido, primer ministro durante el periodo 1894-1895, también conocido como Archibald Primrose (1847–1851) y como Lord Dalmeny (1851–1868). Rosebery fue un liberal imperialista, por lo que favoreció una fuerte defensa nacional y política imperialista en el extranjero, y reformas sociales en el interior, aun siendo un firme opositor al socialismo. (VIAF: 4938429).
  9. Henry Campbell-Bannerman (Glasgow, 1836–Londres, 1908) fue un estadista británico, líder del Partido Liberal, Primer Ministro desde diciembre de 1905 hasta abril de 1908, luego de Arthur Balfour. Firme defensor del libre cambio, la autonomía irlandesa y de la mejora de las condiciones sociales. Tras la derrota electoral de 1900, consiguió una victoria arrolladora en las elecciones de 1906, en donde los liberales obtendrían su última victoria por mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes. Durante su gobierno se introdujo legislación por la cual los sindicatos no se harían responsables de los daños producidos durante las huelgas, además de introducir comidas en los colegios para todos los niños, creó la primera pensión otorgada por el Estado a todos los mayores de 70 años y otorgó poder a las autoridades locales para adquirir tierras dedicadas a la agricultura de propietarios privados, asimismo, legisló medidas sobre desempleo, seguros de enfermedad y un sistema médico gratuito para asalariados. Terminó renunciando por problemas de salud, y fue sustituido por su canciller, H. H. Asquith. Algunos historiadores consideran que Campbell-Bannerman estableció las bases para el desarrollo de las «grandes reformas liberales» de principios del siglo XX, sin las cuales no hubiera surgido el Estado del Bienestar en el Reino Unido. En virtud de este importante legado de reformas sociales, se lo considera «el primer y único Primer Ministro radical británico», y el mejor líder dentro de los cuatro líderes que tuvo el Partido Liberal británico (Gladstone, Rosebery, Sir Henry Campbell-Bannerman y Asquith).
  10. Herbert Henry Asquith (1852-1928) fue Primer Ministro del Reino Unido por el Partido Liberal entre 1908 y 1916. Es considerado por algunos historiadores el líder de guerra más destacado de Inglaterra durante el S.XX.
  11. David Lloyd George (Manchester, 1863-Gales, 1945) fue un político británico, primer ministro entre 1916 y 1922, durante la última etapa de la Primera Guerra Mundial y los primeros años de la posguerra. (VIAF: 59148536).


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