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EL DIARIO

Miércoles 13 de Julio de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, junio 17.

    

La admirable prosperidad de los Estados Unidos, el vigor y la salud de la organización nacional no impiden que el porvenir no tenga allí sus problemas. ¿El mecanismo constitucional adaptado a las condiciones en que se ha formado no será falseado por las nuevas condiciones en que se encuentra una potencia que se ha hecho “mundial” obligada así a acrecentar sus fuerzas y a concentrarlas?

¿La sociedad hasta ahí toda entera entregada a su labor bajo la égida protectora de la igualdad de las probabilidades va a verse expuesta a los desgarramientos de las luchas de clases o a buscar en la reglamentación un remedio a la desigualdad creciente?

No son mías esas palabras. Pero bien podrían serlo, desde que se refieren a los Estados Unidos del Norte de América, con cuyo desarrollo y prosperidad material rivalizamos ya en él la parte austral del Nuevo Mundo, habiendo copiado mucho bueno suyo y no poco malo, como ser el despilfarro de la tierra pública, si bien en menor escala escandalosa que lo que ha pasado con el territorio de Alaska. Hay que ver lo que se han hecho esos 368.000.000 de acres comprados a Rusia en ocho millones de dólares. Bien administrados, habrían bastado para redimir toda la deuda pública nacional…

Es el autor de ellas monsieur Fermín Roz[1] y están en su libro L’energie americaine (o sea la Evolution des Etats Unis, que es el subtítulo[2]).

Son unas 350 páginas de buena lectura interesante. Empiezan, como siempre que de este país se trata, por lo que llamaremos su génesis étnico, es decir, los elementos de su población; pasa revista desde ese momento hasta la hora presente, informa sobre la psicología americana, sobre la sociedad que ella ha creado, sobre su evolución económica, o sean sus fases agrícolas e industriales, sobre el “ideal” nacional, la Religión, sobre la evolución intelectual, o sea el pensamiento y el arte, sobre la evolución política, estudiándola desde los orígenes del Estado y concluye comparando el Norte con el Sud.

Y como no hay sermón sin San Agustín, monsieur Roz le hace coro a lo que monsieur Gustave Le Bon ha escrito sobre las leyes psicológicas de la evolución de los pueblos; repite en forma interrogativa una frase que hace tiempo “me carga”: ¿en qué consiste la superioridad de los anglosajones respecto de lo que se ha dado en llamar la raza latina?, refiriéndose a los pueblos sudamericanos de origen español.

No voy a disertar largamente como podría hacerlo. Mi propósito se concreta a llamar la atención de ustedes sobre tan conexo asunto con nuestro crédito argentino principalmente.

Esa voz corriente digamos es una preocupación.

Herbert Spencer* dice: “We all decry prejudice yet are all prejudiced” o lo que tanto vale: todos censuramos las preocupaciones y sin embargo todos padecemos de ellas; yo mismo ¿no estaré ahora escribiendo estas líneas bajo la influencia de una preocupación? Quizá.

He leído ayer en El Imparcial de Madrid la noticia referente a Ferri ante el rey Víctor Manuel, que el elocuente orador entre otras cosas que fueron muy aplaudidas, como el recuerdo de la frase de Sáenz Peña en Washington “la América para la humanidad”, dijo, resumiendo su discurso, que la República Argentina por su prodigioso crecimiento está colocada en primera línea entre las naciones más prósperas y de más brillante porvenir…

Finalmente, agrega El Imparcial, “Ferri terminó su hermoso discurso con un elocuente saludo a América cantando un himno a las artes y a las ciencias” y prediciendo “que el ideal del hombre del porvenir habrá de realizarse con la armoniosa fusión de la sabiduría latina y la energía americana”.

He llegado a donde quería. Subrayo, pues, las palabras “sabiduría latina y energía americana”, y pregunto ¿en qué es el americano del norte más enérgico que el americano del sur de origen español?

Niego que la que se llama raza anglo-sajona sea más enérgica que la que para no disputar llamaremos “raza latina”. Cuando me hablan del “rough-rider” me digo: estancieros y jinetes los tenemos legendarios como el Brasil tiene sus “fazenderos”.

¿Son, por ventura, esos hombres inferiores a lo que Roosevelt* personifica y a los “cow-boys” tan ponderados?

¿Nuestras largas guerras civiles por constituirnos, no son un argumento perentorio?

¿A qué insistir en lo tantas veces dicho: que todo, todo los favoreció a los americanos del norte para hacerse nación libre? Emancipados, la misma proximidad a Europa fue para ellos una enorme ventaja en todos sentidos, sobre todo para atraer inmigración. En dos palabras el español fue conquistador y el inglés colonizador.

Hablo de esto en mi libro Rozas. Todo el secreto del éxito rápido del uno y de la tardanza del otro está ahí.

Los ingleses que emigraban al Nuevo Mundo lo hacían con sus lares y penates, con su “estatuto” hasta con el juicio por jurados.

Los españoles y portugueses lo que llevaban era en una mano la cruz y en otra la espada.

Por eso es que los anglo-sajones no tienen epopeya, un cantor como don Alonso de Ercilla[3], una Araucana, un Camoens[4], unas Luelades relatando las glorias portuguesas, este y aquel las hazañas de aquellos españoles esforzados “que a la cerviz de Arauco no domada pusieran duro yugo por la espada”.

Para concluir, los más grandes navegantes de aquellos tiempos no fueron anglo-sajones sino españoles y portugueses.

Magallanes, Balboa, Vasco da Gama, basten estos; ¿qué fueron?, ¿no fue anglo-sajón el soldado audaz que quemó sus naves en el golfo de Méjico?, ¿y Colón?, ¿y Américo Vespucio?

Con que así, lean ustedes el libro de la referencia, tiene mucho en que espigar. Pero si M. Roz y otros quieren comparar, vayan a Chile, al Brasil, a mi tierra la Argentina, y por quien soy que en Arauco, que en Matto Grosso y en las Pampas y en la Cordillera no son hombres “enérgicos” los que echarán de menos. Los famosos “mamelucos” brasileños son materia épica que espera el bardo que cante sus correrías increíbles.

¡Energía! ¡No es energía lo que nos ha faltado en nuestra América! Es que el problema estaba en el sud planteado menos ventajosamente que en el norte. Y baste.

Los que se ocupan de esas cosas de América, ahora sobre todo que la Argentina está a la moda por sus extraordinarios progresos, tienen que curarse de ciertas preocupaciones, efecto de nociones históricas incompletas algunas de ellas, verbigracia la que se refiere a la tan cacareada doctrina Monroe*, cuyo autor por orden de precedencia es el célebre ministro inglés Canning. Fue él, en efecto, en nombre de la Gran Bretaña, el primero que reconoció la independencia de la patria Argentina, a despecho de Austria, Prusia y Rusia, diciéndole después al gobierno francés y a otros, en 1823, que si España no podía dominar sus colonias, ella, Inglaterra, no permitiría que otros poderes europeos se adueñaran de tan pingüe patrimonio. En memoria de ese gran ministro hay una calle en Buenos Aires.

El inglés es clarovidente, su anteojo es de larga vista, esa política hizo que él fuera también el primero en prestarnos dinero y así ha seguido, teniendo hoy día bien colocado en la Argentina un capital fantástico, nada menos que doce mil quinientos millones de francos, 500 millones de esterlinas “for he is a jolly good fellow[5]”…

Y así se comprende, yo lo comprendo al menos, la respuesta del que dijo: “Si yo no fuera inglés, me gustaría serlo”.


Los suizos están alarmados; comparados con nosotros los argentinos se ahogan en un dedal de agua.

La cuestión es esta: los ciudadanos disminuyen, el extranjero aumenta.

Monsieur Virgile Rossel[6], estudiando el problema, dice: si así seguimos no tardará en llegar el momento en que el extranjero desborde el elemento helvético.

En 1888 eran los extranjeros el ocho por ciento de la población, ahora son ya el doce por ciento.

Es una proporción que no existe en ningún otro estado de Europa.

Hay que preocuparse por este grave asunto, prosigue monsieur Rossel, y lo estudia profundamente. Es difícil, complicado. La Suiza es un país lleno de atracciones. Como entre nosotros los argentinos, el extranjero no se inclina a nacionalizarse. ¿Cómo inducirlo? He ahí lo que uno se pregunta. La naturalización forzosa, para ser legalmente decretada, exigiría una reforma de la constitución. Rodeada como está la Suiza de diversos estados, provocaría represalias. El caso es, pues, mucho más arduo que en nuestra tierra argentina, donde ponderativamente hablando falta el ciudadano, teniendo como tenemos un cincuenta por ciento de extranjeros. ¿Son falsas las estadísticas a que me he referido en mi libro Un país sin ciudadanos?


Perseguid y aumentaréis el número de los perseguidos, fortificando sus creencias, su fe.

Es la enseñanza de la historia, y lo estamos viendo en Francia.

Puede leerse, en efecto, en el informe anual de la “Obra de las capillas de socorro”, que desde la “separación” de la Iglesia a la fecha se han creado veintiuna (21) parroquias en la diócesis de París.

M. Lamy*, miembro de la Academia Francesa, en una conferencia que ha dado los otros días sobre la situación creada a los católicos por la separación, ha hecho constar: “Con las reservas respecto a la manera como esa separación se ha efectuado y respecto también de la doctrina ortodoxa de las relaciones entre la Iglesia y el Estado haré notar que la Iglesia ha recobrado la libertad de su jerarquía, de su palabra y de sus templos. Podrá así desenvolverse en el derecho común mediante el ejercicio regular de las leyes sobre las asociaciones. Y si no goza del derecho de propiedad tarde o temprano, es seguro, habrá que reconocérselo”.

No deben según él los católicos, perder su tiempo en lamentaciones estériles, sino sacar partido con coraje, como lo están haciendo, de la nueva situación en que los sucesos los han colocado.


Me apercibo de que estas notas se hacen largas. Con que así, al párrafo anterior sobre lo espiritual, agreguémosle otro sobre lo temporal y concluyamos por hoy.

¡Qué coincidencia! Acababa de leer en La Nación un artículo muy sensato sobre la carestía de la vida en Buenos Aires, donde el pan y la carne son más caros que en Londres y en París, a pesar de nuestros vastos trigales y de nuestros ganados innumerables. Me había quedado pensativo ante el hecho fenomenal cuando me traen Le Temps*. Lo abro, ojeo a ver sobre todo si hay algo sobre mi tierra, doy con esta noticia “La carestía de la vida en los Estados Unidos”, diciendo que el estado de Massachussetts ha nombrado una comisión para que informe sobre dicha carestía.

Ya lo ha hecho, y he aquí las conclusiones a que llega en su informe: primero la producción superabundante del oro en el precio de todas las cosas; segundo “el enorme despilfarro de la renta” a que se entregan los Estados Unidos con sus gastos improductivos para guerra y armamentos y para formas múltiples de los gastos fútiles por parte da la vez de los poderes públicos y de los “particulares”.

Es textual.

La comisión declara que no ha descubierto causas directas o activas de elevación de los precios ya en la ejecución de la nueva tarifa aduanera, ya en la existencia de los “trusts” o sindicatos obreros. Sin embargo, los trusts deben ser vigilados de cerca para que no hagan subir los artículos de primera necesidad.

Sigue… es muy largo.

Por último, concluye así: La tarifa debiera ser sustraída a toda influencia política y colocada exclusivamente sobre una base económica y comercial.

Este informe ha llamado mucho la atención. ¿Tendrá alguna influencia? Porque el gobierno de Massachussets se ha hecho una reputación de absoluta imparcialidad, por todas sus “enquetes” públicas y porque su departamento del trabajo ha sido estudiado como un modelo hasta por gobiernos extranjeros.

(Óiganlo vds).

Tela en que cortar le ofrece la materia al economista argentino. Yo haré una sola reflexión: cuando éramos pobres, cuando estábamos empapelados sin oro ni para remedio que garantizara la circulación, la vida era muy barata. ¿Por qué? todo el problema está ahí. Y sin embargo todos andan ahora más o menos apurados buscando más de lo que posee. ¡Imposible contentar al hombre!

Cuidado con confundir la t, con la s.

Acabo de leer en el Entre Ríos, diario del Paraná, esta noticia:

“El senado se reunió ayer bajo la presidencia de Pérez quien propone ponerse de pie en homenaje a la muerte del general Mansilla”.

“Así se hace”.

No diré como cierto periodista que queriendo rectificar una noticia por el estilo escribió: “Siento mucho que “no sea cierta” la muerte de X. X”.

Digo, siento mucho que haya muerto el senador Mantilla (con t), que es con quien me han confundido, porque el distinguido correntino era un hombre de bien, de notable talento; y también siento mucho, lo que he sabido después, que el benemérito senador Pérez ya no está entre los vivos, q.e.p.d.

Por lo demás, a Dios gracias, sigo gozando de la misma excelente salud que al lector le deseo en general, y en particular al amable señor Martín M. Domínguez, vecino del Paraná, que es quien se ha servido remitirme el impreso de la referencia, el Entre Ríos.


  1. Publicista francés de gran renombre en el marco de la Revue des Deux Mondes. (Extraido de: Merbilhaá, M. (2015). Emergencias de la mediación intelectual: La Revista de América (París, 1912-1914) y la red de escritores latinoamericanos en Europa a comienzos del siglo XX. Anales de Literatura Hispanoamericana, 44, 253-280. Disponible en línea en Memoria Académica).
  2. Roz, Firmin. L’energie americaine (Evolution des Etats Unis). París: Flammarion, 1910. 
  3. Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid, 1533-Madird, 1594) fue un conquistador español en Chile y el autor del célebre poema fundacional La Araucana. Debido a su origen noble, su infancia transcurrió en la corte de Carlos V, donde fue paje del príncipe Felipe. Junto a él, adquirió una sólida formación renacentista, la que incluyó el aprendizaje de latín, francés, italiano y alemán. Tras la muerte de Pedro de Valdivia, viajó a Chile junto al nuevo gobernador Don García Hurtado de Mendoza, arribando al puerto de Coquimbo, el 23 de abril de 1557. Poeta de la espada, conquistador conquistado, se le considera tanto historiador como poeta. (Extractado de la Biblioteca Nacional de Chile: https://www.memoriachilena.gob.cl/).
  4. Luís Vaz de Camões (Lisboa, c. 1524-ibid., 1580) ​ fue un escritor y poeta portugués, generalmente considerado como el mayor poeta en lengua portuguesa; también escribió algunos sonetos en castellano. Por su obra más conocida, la epopeya nacionalista Los lusiadas a la que se refiere aquí Mansilla, recibió una pequeña pensión del rey Sebastián I. (VIAF: 34454091).
  5. “Porque es un buen compañero”.
  6. Virgile Rossel fue un político suizo (Tramelan, 1858-Lausana, 1933). Fue abogado, historiador, poeta, novelista, juez, profesor y político. (VIAF: 59091005).


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