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EL DIARIO

Lunes 10 de Octubre de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Boulogne, septiembre 11.

    

Mr. Balfour* ha provocado, sin querer, una curiosa discusión sobre la decadencia de la oratoria parlamentaria en Inglaterra.

Habiéndose puesto de pie para corregir algo suyo que los reportes habían traducido incorrectamente el “speaker” o sea el presidente de los comunes, lisa y llanamente observó que los oradores serían mejor reportados si no olvidaran con frecuencia lo que manda el reglamento, es decir, que deben dirigirse a él, al “speaker”. Estando como está la galería de los reporters, exactamente arriba de la silla presidencial, agregó, si los oradores no le dieran a él muchas veces la espalda, es claro que los resporters oirían mejor.

Dijo más el “speaker”, recordó que por lo menos Mr. Asquith* y sir Edward Grey[1] entre no pocos liberales presentes, sabían que el método de Mr. Gladstone* era otro, sobre todo cuando se trataba de un asunto importante.

Y alguien en el curso de la discusión periodística ha escrito: Si los miembros de ambas cámaras quisieran tomar a lord Lansdowne[2] como modelo de claridad, concisión y articulación audible, no habría quejas de que sus discursos eran mal reportados, mistificando a veces seriamente el país y al congreso. Pero es que pasa lo contrario, los oradores son en extremo afluentes, ampulosos, largueros y con frecuencia oscuros. No les pedimos que sean como Disraeli[3], como Bright[4]. Sencillamente les pedimos menos abundancia y esto: que cuando hagan un discurso se dirijan al speaker y a la cámara o a alguno de sus miembros solo en los casos de una rectificación brevísima, aunque siempre es preferible dirigirse al speaker; se cumple así el reglamento y los reporters y taquígrafos oyen mucho mejor.


El correo de Suiza ha llegado a tal grado de corrección en su mecanismo que raya en la perfección, pudiendo servir de modelo a los países que pasan por más adelantados en todo cuanto se refiere a los diversos servicios públicos.

Un detalle sumario no carecerá de interés para el lector argentino, y será de enseñanza a la vez para los que manejan los resortes administrativos.

El correo suizo es una especie de Maitre Jacques, como diría Moliere. No contento con englobar los telégrafos y los teléfonos, poco a poco o alternativamente se hace banquero, despachante de mercaderías, empresario de carruajes: tiene en efecto el servicio de los cheques postales de los “oó encomiendas postales, hasta cien kilos y de las diligencias públicas. Y todo ese mecanismo funciona sin el mínimo entorpecimiento, de un modo remarcable sin que un servicio estorbe al otro.

¿La causa?

Es que esta administración está animada de un espíritu esencialmente comercial. Se esfuerza en satisfacer su clientela y en mejorar incesantemente sus servicios; desde luego bajando los precios, tiene Suiza hace tiempo la carta postal de un “sueldo”, o sea, 5 céntimos, dentro del radio local de diez kilómetros. En este mismo momento se trata de utilizar la carta de a un sueldo para todo el territorio. Por diez céntimos puede uno enviar cinco kilogramos de impresos o de papeles de negocios. Las tarifas de los mandatos son también muy reducidas.

Después de los precios, de la comodidad y de la puntualidad no hay que hablar; todas las comunas suizas tienen su oficina de correos, de telégrafos, de teléfonos.

Diría que Suiza es un inmenso correo.

En los centros un poco importantes las entradas fiscales son múltiples; los grandes hoteles tienen todos una oficina de correos con telégrafo y teléfono.

Todos los mandatos postales son pagaderos a domicilio por “factores”, especiales; los cheques postales permiten hacer operaciones de banco en las ciudades más minúsculas; la circulación total del servicio de cheques, dice el informe a que me estoy refiriendo, ha alcanzado a dos millares largos en 1909. Las oficinas son muy aseadas y espaciosas; se procura sobre todo amplificar las operaciones o formalidades; se expiden bultos, “colis”, baúles franqueados con sellos postales, conteniendo valores declarados considerables, hasta veinte mil francos, y no hay ejemplo de pérdidas.

Por otra parte, “todos” los empleados, manejen o no valores, tienen que dar fianza al comenzar sus funciones. Formar una asociación profesional en la que todos son parte y que da las finanzas: tiene personería civil y colabora, digamos así con la administración, señalando los empleos de toda categoría que no merezcan confianza. Dicha asociación es la que acuerda pensión a sus miembros. El estado en Suiza, como Vds. saben, supongo, no concede pensión alguna de retiro.

Agregaré, en conclusión, que el público en Suiza ayuda mucho a la administración. En la escuela primaria (nota bene) se les enseña a los niños a redactar y a dirigir lacónicamente un telegrama, un mandato, se les explica por qué es menester colocar la estampilla arriba y a la derecha del sobre “enveloppe”, a fin de facilitar el “timbraje”. Y todo esto se les pregunta en los exámenes.

De modo, pues, que vuelvo a decir lo que ya la vez pasada insinué: nuestro gobierno no haría mal en mandar algunos empleados formales a estudiar sobre el terreno cómo funciona y responde a las exigencias sociales y comerciales el correo de Suiza.


La señora Smith de Nueva York, después de haber ocultado su identidad cinco años, vistiéndose de hombre, en virtud de una apuesta, ha declarado que no comprende cómo puede decirse que el hombre es del sexo más fuerte; que es vano y egoísta y que durante cinco años solo ha conocido tres hombres fuertes y generosos.

No me siento inclinado generalmente a defender a mi sexo contra el otro. En este caso, pues, me reduciré a observar que el sabio bíblico no pensaba como la señora Smith; he hallado un hombre entre mil, una mujer no la he hallado entre todas, escribía él y su experiencia debía ser alguna estando, como estaba, sin ofender la moral de entonces, rodeado de setecientas “compañeras”.


Cosas de Inglaterra donde no todas son flores.

El 9 de agosto un litigante se quejaba en la County Court de que, habiendo entablado una demanda ante la High Court (la Alta Corte de Justicia) por 200 libras, había tenido que pagar 1500 libras de gastos. Si usted tiene que cobrar 150 libras o 200, le contestó el juez Enden, todo procurador que se respeta le dirá que si usted gana, al fin de cuentas su bolsillo no dejará de ser defraudado. La culpa no es del procurador sino del sistema tan censurable de nuestros procedimientos añejos, complicados.

Conozco un caso, me decía con este motivo una persona de mi relación, en el que para cobrar la suma de 1500 libras ¡¡tuve que gastar 2500!! Y hace unos pocos años que yo mismo, habiendo cometido de zoncera de demandar a un tipo que me debía 75 libras, tuve que darme por bien servido gastando unas 165 libras, y como nada le es más fácil a un deudor de Inglaterra que ocultar lo que posee, el resultado fue que no cobré ni siquiera un penique de mis 75 libras.

De aquí que solo los muy ricos tiene en Inglaterra posibilidad de pleitear con éxito, y que estos mismos prefieran un mal arreglo a correr el riesgo de quedarse como vulgarmente se dice sin la torta y sin el pan.

En fin, los pleitos en este país de acción febril andan como la tortuga a punto que su lentitud es inverosímil, sobre todo si en ello andan individuos de mala fe.

Se trata de poner algún remedio a la cosa. Veremos.


Admiremos juntos las previsiones del Creador del Universo ¿no les parece?

La Providencia, dice la Sociedad Real de Agricultura Inglesa en su última publicación, la Providencia ha hecho muy bien las cosas.

En enero la cosecha tiene lugar en la Argentina y en Chile.

En febrero, en las Indias.

En marzo, en las Indias todavía y en el Alto Egipto.

En abril, en México, en Cuba, en el Bajo Egipto, en Siria, en Persia, en Asia Menor.

En mayo, en la América del Norte, en China, en el Japón, en las regiones del Sur de la América del Sur.

En junio, en las orillas del Mediterráneo, en el Sud de Francia, en el Centro y el Este de los Estados Unidos de América.

En julio, en Francia, en Austria-Hungría, en el Sud de Rusia, en el Norte de los Estados Unidos de América, en Ontario y en la region de Quebec.

En agosto, en Inglaterra, en Bélgica, en los Países Bajos, en Alemania, en el Este de Canadá y en ciertas regiones de Francia.

En septiembre, en Escocia, en Suecia, en Noruega, en Rusia.

(Nada dice de octubre) ni de Italia, ni de España.

En noviembre en el Perú y en Sud de Africa.

En Diciembre en Birmania y en la Australia del Sur.

Si hay algún error en el detalle, me lavo las manos he traducido al pie de la letra.


Siempre que, como ahora, me pongo a borronear papel para ustedes se me figura que estoy rodeado de caras amables o amigas que me dicen: bueno, ahora, después de tanto párrafo serio, a ver un cuento, una anécdota.

Pues ahí va una y que la intención me valga si ya la conocen:

El barón Eckhardt, antiguo embajador de Alemania en Rusia, está publicando sus Recuerdos. Cuenta que un día en que Bismarck* estaba de muy buen humor (se discutía sobre la gloria de los grandes hombres), habló así:

—¡La gloria! yo sé lo que es eso.

Un día, paseando por el Sacksenwald (un bosque) perdí el camino, caminé, caminé, deshecho de fatiga, llegué a una cabaña. En la única pieza de que se componía, una mujer mecía una criatura en su cunita.

— ¿Puede Vd. darme —le dije después de saludarla— un poco de leche?

—Sí, señor, pero mientras voy a la vaquería, ¿me hará Vd. el favor de arrullar mi nene?

Puse manos a la obra.

La mujer volvió y mientras yo bebía mi gran vaso de leche, me dijo:

—Vd. es sin duda el guarda campestre en jefe.

—No, le contesté, soy el propietario de este bosque, soy Bismarck.

—Bismarck —repitió la buena mujer con indiferencia.

—Sí, pues, Bismarck.

—No lo conozco…

Y Bismarck concluyó su anécdota, refiere el baron Eckhardt, con esta reflexión: “He ahí la popularidad, la fama, la gloria, pura vanidad…”.


Me ha parecido que el medio más seguro de protegerme contra el olvido que mis trabajos de historia particularmente no merecen, era escoger en la totalidad de mis obras, algunos extractos que pudieran revelar su existencia a los que en el porvenir los ignoran, que pudieran asimismo hacerles saber con qué espíritu fueron escritas y quizá también inspirarles el deseo de leer de dónde dimanan mis citas.

Así se expresa Ernesto Daudet[5] con demasiada modestia en sus Pages Choisies[6] que recomiendo a ustedes. Son instructivas, amenas, sobre todo las que se refieren al asesinato de Pablo, a la muerte de Mercau, al asesinato del mariscal Brune como reminiscencias y en otro orden sus “nouvelles” y paisajes.


De todas las cámaras representativas del mundo, la cámara de los comunes inglesa es la única cuyos miembros no reciben salario alguno.

Es menester ser rico para aspirar y conseguir un asiento en Westminster.

Solamente los nacionalistas irlandeses y los diputados del partido del trabajo no tienen fortuna.

Los gastos de la elección y el salario de los primeros se costean mediante suscripciones irlandesas.

El mismo concurso les presta a los trabajadores candidatos los Trade Unionista. Eso se llama solidaridad.

La situación adquirida en el parlamento por el grupo del trabajo en las últimas legislaturas ha inspirado a los conservadores los más serios temores; a punto de buscar cómo suprimir la representación de ese partido.

Al efecto, la cámara de los Lores ha dictado el año último una medida que ha pasado en silencio (como casi siempre las medidas de última hora).

Dicha medida se denomina la “decisión de Osborne” y declara ilegal el que un Trade Union[7] recoja suscripciones populares con el fin de ocupar un puesto parlamentario. Era un golpe para el Labour Party (partido del trabajo).

Pero falta el rabo por desollar, la decisión de los Lores no es inatacable.

De lo que acabo de consignar una campaña para que los diputados ingleses sean pagados…

No me opongo, ni ustedes tampoco, me parece. Entre nosotros, y en muchas otras partes, nadie trabaja “pour le Rot de Prusse[8]”.

Perfectamente, pero es bueno tener presente que si el Estado remunera servicios, es con la condicion implícita y explícita de que haya número, de que el diputado no brille por la ausencia reiterada… cargándole todo el peso de la romana al colega que nunca falta, sino por fuerza mayor.

¿Recuerdan ustedes mis comentarios superficiales sobre alguno de los discursos que Mr. Roosevelt* pronunció cuando anduvo por estos lados?

Con ese motivo, y como en otras ocasiones, franca y sencillamente hice constar mis inquietudes respecto a la política imperialista de algunos hombres de Estado yankees.

Poco tiempo ha pasado y Mr. Roosevelt me da razón ya.

Su último discurso electoral, quiere volver a ocupar la silla de la presidencia, es una declaración de “guerra al mundo entero”.

No se anda con vueltas el hombre. ¡Qué! Sin preámbulos ni exordios, derecho viejo les dice a sus conciudadanos; el canal de Panamá es nuestro, solo de nosotros, debemos fortificarlo del lado del Atlántico y del Pacífico, con un letrero colosal que no deje duda, verbigracia: por aquí no pasa nadie sin mi permiso.

Y de ahí concluye que no hacerlo sería renunciar a la doctrina Monroe, la eterna centinela y renunciar asimismo al dominio de esos mares, cuyas aguas bañan al este y al oeste las vastas costas marítimas de la Unión.

Mr. Roosevelt no ha improvisado, es un hombre que no se deja arrastrar por la retórica, no lo embriaga su palabra; con que así, “urbi et orbe”, ya está notificado todo el que haya leído.

El discurso que llamaremos de Omaha no da lugar a interpretaciones, es claro como el agua. Cosas veredes…


  1. Charles Grey, II conde de Grey (1764–1845) fue un diplomático y político británico, Primer Ministro por el partido whig (liberal). (VIAF: 25397201).
  2. Henry Thomas Petty-Fitzmaurice, cuarto marqués de Lansdowne (1816-1866), conocido como Lord Henry Petty-FitzMaurice hasta 1836 y como conde de Shelburne entre 1836 y 1863, fue un político británico.
  3. Benjamin Disraeli KG, FRS, PC (Londres, 1804-Londres, 1881), conocido también como conde de Beaconsfield o lord Beaconsfield, fue un político, escritor y aristócrata británico, que ejerció dos veces como primer ministro del Reino Unido, fue líder de la Muy Leal Oposición de Su Majestad y tres veces ministro de Hacienda del Reino Unido. (VIAF: 49233448).
  4. Creemos que se refiere a John Bright (Rochdale, 1811–Londres, 1889), quakero, político británico radical y liberal. (VIAF: 69003330).
  5. Ernest Daudet (Nimes, 1837-Dalles, 1921) fue un escritor y periodista francés, hermano mayor de Alphonse Daudet. Además de escritor, se incorporó al Senado como secretario-editor. Publicó una treintena de novelas y colaboró en numerosos periódicos, a menudo con seudónimo. La Académie française le otorgó el premio Calmann-Lévy en 1892 por todas sus obras históricas y literarias. (VIAF: 29563836).
  6. Daudet, Ernest. Pages choisies. Paris: R. Roger-E. Chernoviz, 1910.
  7. Gremio.
  8. “Por la podredumbre de Prusia”


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