Martes 12 de Julio de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, junio 11.
Era de noche y sin embargo llovía.
Así decía Urraco, un escritor de cuando yo era joven.
Ustedes no lo conocen, creo.
Nuestro don Bartolo[1] tenía su libro, no recuerdo el nombre, Espinas de una flor, me parece, a la cabecera de la cama, como incomparable colección de adefesios literarios; y digo libro poque así se llama la reunión de muchas hojas de papel… sea cual sea su contenido.
Este Urraco, si no me traiciona la memoria, vio la primera luz del sol en el Rosario.
Su vida fue accidentada.
Las bellas letras no le fueron propicias; se fue a Chile.
Hizo allí de médico. ¿Cuál fue su fin? Lo ignoro. Deseo que haya sido feliz y que viva; si vive ha de estar ya machucho.
Era de noche, repito, y sin embargo leía yo, en el estudio sobre Juana de Arco de monsieur Gabriel Hanotaux[2], el tan distinguido historiador, académico y ex ministro, estas palabras…, “doux bon et humain”…[3]
Se refiere al pueblo francés, su pueblo.
La lluvia batía cadenciosamente mis persianas, mecido por su caída monótona, isócrona, me dormí… y soñé, no sé cuántos minutos, la conciencia del tiempo que dura un sueño es un fenómeno curioso; un instante suele parecernos una hora, muchas horas.
Soñé sobre esas tres palabras francesas: “dulce, bueno, humano”, y soñando me preguntaba: si esas virtudes eran solamente francesas o si lo mismo no podía decirse de otros pueblos, de raza “impresionable, movible, que todo conmueve”, según las mismas expresiones de monsieur Hanotaux.
Dejé de soñar, me dormí profunda y tranquilamente, y cuando al día siguiente miré por decirlo así en el kaleidoscopio de mis fantasías nocturnas, solo descubrí algo parecido a una cifra que dijera no sé, puede ser, quizá.
Llegó el momento que en la vida moderna con tanta impaciencia esperamos el de ver qué dicen los diarios, y revisándolos, me hallé con lo que a poco andar se verá.
Debo advertir que la víspera habían circulado dos noticias más o menos fundadas: la del fin del mundo, coleado por el cometa, y el fin de monsieur Falliéres[4], actual presidente de esta república, por excesos gastronómicos o como los de Félix Faure[5], que tanto vale lo uno como lo otro si ha llegado la hora de reventar.
Abro la primera hoja que me cae a la mano, recibo varias para comparar, busco nerviosamente, leo, el diario es formal. Le Soleil, órgano monarquista.
“Supongamos que se hubiera confirmado el ruido que corrió ayer (la muerte de Falliéres). La tal noticia habría sido acogida con un gesto de indiferencia hasta de sus mismos partidarios… todos los franceses le odian, le menosprecian, sobre todo aquellos cuyas creencias ha perseguido… ¡Que muera! ¿Dónde tendrá lugar el duelo? ¡A mí qué se me da, me río de la cosa! ¿Y ustedes?”
Ahora bien, y no ya soñando dormido sino despierto, pregunto: ¿y qué noticias me dan ustedes de lo dulce, de lo bueno, de lo humano de la referencia?
Pero admitiendo que así sea, yo me digo (y ustedes conmigo, ¿no es así?) cuál será la causa de lo que llamaremos un desequilibrio moral tan evidente no siendo una abstracción sino un hecho tangible, comprobado por la estadística, que los crímenes y delitos más abominables crecen y crecen todos los años en este país. Es como una marea periódica amenazante a la que nadie sabe a derechas qué dique seguro ha de oponérsele.
Y el problema se complica en otro sentido.
El número de los matrimonios disminuye anualmente. Y nadie ha dicho todavía demostrándolo como en Inglaterra según lo hace notar Buckle[6] en su obra monumental Historia de la civilizacion en Inglaterra, que el número de los casamientos contraídos anualmente allí lo determina no el temperamento y los deseos de los individuos, sino entre otros hechos generales, cito lo esencial, la relación fija y definida entre esos casamientos y el precio del trago.
Ya antes de Buckle, en su libro Progress of the Nations, Porter había dicho que era curioso observar la relación que existe entre el precio de los alimentos y el número de los casamientos…
Bueno, pues, que sea como M. Hanotaux* dice, que si sigo puedo resultar cargante. Pero antes de concluir, y no obstante que yo también los creo a ustedes mis paisanos “dulces, buenos y humanos”, un consejo.
No se cansen de sembrar trigo; siémbrenlo hasta en las crestas de las montañas más encumbradas.
Los casamientos aumentarán y los crímenes y delitos disminuirán con las buenas cosechas.
Y perdónenme ustedes lo trivial de la introducción tratándose de asunto tan grave.
¡Qué quieren ustedes!
Es una de mis debilidades querer que mediante la anécdota no desaparezca la memoria de ciertos tipos.
La historia no los necesita mayormente, convenido, la crónica sí, siendo indicantes de ciertos hechos.
Ustedes repiten con frecuencia “ni son todos los que están ni están todos los que son”.
¿Quién se lo dijo a Rivadavia en una visita a los locos de lo que entonces se llamaba “Hospital de hombres”, ahí cerca de San Telmo?
¿Quién?
El personaje es interesante por más de un concepto, y el día menos pensado alguien lo sacará del olvido histórico que no poco suyo se relaciona con la historia de algunas de nuestras más gloriosas páginas.
Me refiero a los parisienses.
Los unos dicen, no habiéndolo visto, ya sabíamos que no había tal cometa Halley. Dicen más todavía, si el tal Halley no ha existido, es un “canard” inglés, una bola.
Y los que se consideran chasqueados, pasado el susto, le echan la culpa al gobierno, inventor de la broma para distraer la atención pública de su derrota electoral, derrota puramente en el deseo de sus opositores.
Es tan raro que un gobierno que se respeta, como dice cierto personaje, se deje vencer en los comicios.
¿De qué le sirven entonces sus nubes de empleados?
Finalmente, es en vano que la ciencia progrese, que tengamos los carruajes eléctricos, la fotografía instantánea, el telégrafo, con y sin hilos, el teléfono, el fonógrafo, y tantas otras maravillas científicas. ¡Nada! La superstición persiste.
Es negocio convenido que un día u otro debemos espichar, y sin embargo, la gente se fastidia, se enoja, vocifera porque la cola destructora no ha rozado siquiera nuestro planeta.
¡Y cuánta tinta se ha consumido! ¡Y qué no se ha dicho! durante quince días y más. Todavía se habla del cometa. Gente que apenas conoce al que pasa le ha detenido, no como La Fontaine para preguntar “avez vous lu Baruch”, sino: “Y dígame V. señor, ¿qué le parece?, ¿será cierto lo del cometa?, lo veremos, ¿habrá peligro?, ¿estará tan lejos como dicen?, ¿su cola podrá barrernos sin mayor daño?, francamente, ¿qué piensa Vd? ¡Mi mujer está tan atemorizada!”.
Vamos, ha sido cosa de no vivir, ponderativamente hablando.
Pero está de Dios, he de repetirlo hasta el fastidio, que toda molestia humana ha de tener su compensación. Cuestión de examinar despacio.
Por ejemplo, el anunciado cometa ha venido a renovar un mundo de cosas científicas, exactas o no, de que ya nadie se acordaba. Y picando así la curiosidad, nos hemos puesto a inquirir y hemos arribado a esta conclusión: nadie puede decir “esto es reciente” porque todo se repite.
Monsieur Poincaré[7], en su hermoso libro La Science et l’Hypothese[8], tiene la lealtad de reconocer (y cuidado que habla un archi-matemático) que en la mayor parte de los casos las explicaciones que dan los sabios nada tienen de definitivo. Lo que tomamos por una verdad demostrada es pura y simplemente la explicación más cómoda de hechos que permanecerán siempre impenetrables…
Los institutores primarios les cuentan a los niños, que así se esfuerzan en ilustrar, que Galileo descubrió que no era el sol el que giraba alrededor de la Tierra sino la Tierra la que giraba alrededor del sol. Y que la iglesia, furiosa, lo persiguió a Galileo tanto que le hundió en un infecto calabozo, lo cual está probado que no fue así siendo una novela, para el uso de los niños.
Galileo vivía en un palacio cuando fue llamado ante la Inquisición, y no está demostrado absolutamente para Monsieur Poincaré que la tierra gire ni tampoco que “no gire” (!!).
Decir que la Tierra gira, escribe él ¿tendría esto un sentido? Si no hay espacio absoluto ¿se puede girar sin girar con relación a alguna cosa?, y por otra parte, ¿cómo podríamos admitir la conclusión de Newton y creer en el espacio absoluto?
Para mejor inteligencia y claridad, para que no haya equivocación, reproduzco el texto francés:
(texto en francés)
Un sabio inglés, por su lado, Mr. Russell Wallace[9], ha sostenido que la Tierra es el centro del mundo y que es por eso que el Cristo apareció sobre la tierra.
De astronomía solo sé lo poco que las estrellas me enseñaron sirviéndome de guías cuando, siendo jefe de las fronteras Sud y Sud-este de Córdoba, hacía mis correrías por la Pampa misteriosa, desierta, solitaria entonces; poblada, llena de ganados ahora, sembrada enriquecida. ¡Qué cambio!
¿Con qué opinión me quedo entonces?
Diré lo que contestaba Fontenelle* a la pregunta ¿cómo ha hecho Vd. para tener tantos amigos y librarse de enemigos? Practicando esta máxima: “Todo es posible y todo el mundo tiene razón”.
Dice Lord Chesterfield*; el doctor Berkly, obispo de Cloyne (protestante desde luego), hombre muy ingenioso y respetable, para probar que la materia no existe y que todo lo que vemos es ideal… que en realidad no somos sino espíritu…”.
Con razón dijo Espronceda[10]: “Hay en el mundo gente para todo…”.
Y antes que él y que el doctor Berkly el admirable Calderón de la Barca en su celebérrima comedia La vida es sueño:
Hay cuestión sobre saber
Si lo que se ve y se goza
Es mentira o es verdad
Preguntando y contestando después lo que Vds. recordarán:
¿Qué es la vida? Un frenesí
¿Qué es la vida? Una ilusión…
Me detengo y no recomiendo la lectura del libro Quo libet ex quo__ o sea “El arte de hacer cualquier cosa fuera de la cosa misma”, prefiero hablar en conclusión de un animal simpático.
El perro de Eduardo VII[11] ha acompañado a su amo hasta la última morada, seguido de emperadores, de reyes, de príncipes, de ministros… con él no rezaba el protocolo. ¡Qué pompa sin igual la de estas honras fúnebres!
No lloraba por fuera el pobre animal. Pero entre tanto personaje, ¿tenía el rey un amigo más fiel, más adicto?
Iba taciturno. ¿Se daba cuenta de la aflicción del pueblo ante la pérdida de tan gran monarca?
Un aforismo que me parece confirmado por la esperiencia de lo que tengo observado, helo aquí:
“Al principio no nos contentamos con lo mucho y acabamos por contentarnos con lo poco”.
Reflexione el lector. Lo hallará exacto me parece.
He sido “adivino”.
Según los diarios ingleses que por este correo recibirán Vds., verán que los jefes de partido ingleses han tenido ya una conferencia para adoptar un “compromiso constitucional” que suprima la crisis parlamentaria referente a voto de los lores y otros negocios de importancia. Es la transacción a que hice referencia ponderando el espíritu práctico de los hombres públicos de Inglaterra.
- Referencia a Bartolomé Mitre*. ↵
- Albert Auguste Gabriel Hanotaux, conocido como Gabriel Hanotaux (1853-1944) fue un hombre de estado e historiador francés, diplomático y ministro de asuntos exteriores. ↵
- “Gentil, bueno y humano”…↵
- Clément Armand Fallières (1841–1931) político francés, presidente de Francia de 1906 a 1913. Perteneció al partido Alianza Democrática. ↵
- Al parecer, Félix Faure (presidente de Francia entre 1895 y 1899), murió repentinamente de una apoplejía en una coyuntura salpicada por la relación mantenida durante su mandato con Marguerite Steinheil. Las circunstancias de su muerte fueron aprovechadas por sus adversarios políticos para realizar juegos de palabras, como llamar a Marguerite la pompa fúnebre (en francés se trata de un juego de palabras que puede significar tanto “enterrador” como “mamada de funeral”). (VIAF: 22185151).↵
- Henry Thomas Buckle (Londres, 1821-Damasco, Siria, 1862) fue un historiador inglés, autor de la obra inacabada Historia de la Civilización en Inglaterra.↵
- Mansilla se refiere aquí a Poincaré, Henri (1854 -1912), matemático, autor de varias obras y primo de Raymond (político mencionado anteriormente en este libro). ↵
- Obra publicada en París en 1902 bajo el sello editor de Ernest Flammarion. Al parecer, se trató de un libro de influencia decisiva para el desarrollo de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. ↵
- Alfred Russel Wallace (Llanbadoc, Gales; 1823 -Broadstone, Inglaterra, 1913) fue un naturalista, explorador, geógrafo, antropólogo y biólogo británico, conocido por haber propuesto una teoría de evolución a través de la selección natural independiente de la de Charles Darwin que motivó a este a publicar su propia teoría. (VIAF: 19767134). ↵
- José de Espronceda y Delgado (Almendralejo, 1808-Madrid, 1842) fue un escritor español de la época del Romanticismo, considerado el poeta más representativo del primer Romanticismo en España. El verso que menciona aquí Mansilla pertenece a su tercer libro, El estudiante de Salamanca, de 1840. ↵
- Eduardo VII del Reino Unido (en inglés, Albert Edward of Saxe-Coburg and Gotha; Palacio de Buckingham, Londres; 1841-ibidem, 1910) fue rey del Reino Unido y los dominios de la Mancomunidad Británica y emperador de la India del 22 de enero de 1901 hasta su muerte el 6 de mayo de 1910. (VIAF: 265340794).↵






