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EL DIARIO

Miércoles 27 de Abril de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, marzo 26.

    

Una explosión de patriotismo conmovió el suelo de América del norte al sur.

Y el mismo grito de: ¡Libertad! ¡Libertad! resonó del mediodía al Septentrión conmoviendo hasta las tumbas del inca, ha cantado el bardo inmortal.

Y dos nombres entre tantos otros que han pasado con brillo a la historia encarnaron gloriosamente la idea libérrima de la emancipación colonial.

Sin escribirlos los nombra uno.

San Martín y Bolívar viven en la memoria y eternamente vivirán de todos los que tenemos una patria americana conquistada por la espada de tan insignes paladines.

No se entendieron, sin embargo, queriendo lo mismo.

¡Eran tan distintos! Hay un misterio: la entrevista de Guayaquil.

Ya vendrá el Plutarca que escriba el paralelo.

Ninguno de ellos resultará disminuido. Y se verá que, victoriosos, padecieron de las mismas inquietudes perturbadoras y de las mismas amargas tristezas y desencantos.

Murió el uno en suelo extranjero. Su estatua ecuestre está en Boulogne.

El otro habría corrido la misma suerte si al embarcarse no hubiera dicho el destino: vuelve al polvo americano de que naciste.

A San Martín se le conoce bastate al sur del Ecuador y a Bolívar al norte.

Hasta en esto las dos eminencias se diferencian.

San Martín fue ante todo un soldado.

Bolívar fue una entidad más compleja.

En los libros de historia argentina que conozco no lo veo suficientemente estudiado.

Hay aquí un vacío.

Reclama que el ingenio de nuestros escritores se dedique a colmarlo.

Varias veces, leyendo los excelentes Apuntes de Historia Americana[1] por C. Navarro Lamarca, catedrático de la materia en el Colegio Nacional de la capital, me he dicho: lástima que tan bien cortada pluma no haya entrado más al fondo habiendo sido Bolívar un literato de vastísima erudición, algo en cierto sentido como nuestro Bartolomé Mitre.

Acabo de descubrir lo que para muchos no será una novedad, lo es para mí, un documento digamos que lo comprueba, y estas plumadas tienen por único objeto divulgarlos en los momentos que preludian la gran fiesta del centenario de nuestra emancipación.

Me refiero a la carta que va a leerse.

Los sucesos inmensos que se verificaron en el sur de Colombia y en el Perú y Bolivia en los años que transcurrieron hasta 1825, ocuparon completamente toda la atención de Bolivar: mas, en el primer momento de reposo, pensó en su sobrino, hijo de su hermano Juan Vicente, a quien amaba con ternura, y escribió enviando desde la Magdalena, cerca de Lima, las instrucciones para el maestro a quien Alderson hubiera confiado la educación de su sobrino Fernando, en los Estados de la Unión Americana.

Dicen así:

La educación de los niños debe ser siempre adecuada a su edad, inclinaciones, genio y temperamento. Teniendo ahora mi sobrino más de doce años, debiera aplicársele a aprender los idiomas modernos sin descuidar el suyo. Los idiomas muertos deben estudiarse después de poseer los vivos. La geografía y cosmografía deben ser de los primeros conocimientos que haya de adquirir un joven. La historia, a semejanza de los idiomas, debe principiarse a aprender por la contemporánea, para ir remontando por grados hasta llegar a los tiempos obscuros de la fábula. Jamás es demasiado temprano para el conocimiento de las ciencias exactas, porque ellas nos enseñan el análisis en todo, pasando de lo conocido a lo desconocido, y por ese medio aprendemos a pensar y a raciocinar con lógica. Mas debe tenerse presente la capacidad del alumno para el cálculo, pues no todos son igualmente aptos para las matemáticas. Generalmente todos pueden aprender la geometría y comprenderla, pero no sucede lo mismo con el álgebra y el cálculo integral y diferencial. La memoria demasiado pronta siempre es una facultad brillante, pero redunda en detrimento de la comprensión; así es que el niño que demuestra demasiada facilidad para retener sus lecciones de memoria deberá enseñársele aquellas cosas que lo obliguen a meditar, como resolver problemas y poner ecuaciones; viceversa, a los lentos de retentiva, deberá enseñárseles de memoria y a recitar las composiciones escogidas de los grandes poetas; tanto la memoria como el cálculo están sujetos a fortalecerse por el ejercicio. La memoria debe ejercitarse cuanto sea posible pero jamás fatigarla hasta debilitarla. La estadística es un estudio necesario en los tiempos que atravesamos y deseo que la aprenda mi sobrino. Con preferencia se le instruirá en la mecánica y ciencias del ingeniero civil, pero no contra su voluntad si no tiene inclinación a esos estudios. La música no es preciso que la aprenda sino en el caso que tenga pasión por ese arte, pero sí debe poseer, aunque sean rudimentos, del dibujo lineal, de la astronomía, química y botánica profundizando más o menos en esas ciencias según su inclinacion o gusto por algunas de ellas. La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales es tan esencial como la instrucción; por eso ha de tenerse especial cuidado en que aprenda en las Cartas de lord Chesterfield a su hijo. Los principios y modales de un caballero. La moral en máximas religiosas y en la práctica conservadora de la salud y de la vida es una enseñanza que ningún maestro puede descuidar. El derecho romano como base de la legislación universal debe estudiarlo. Siendo muy difícil precisar dónde termina el arte y principia la ciencia. Si su inclinación lo decide a aprender algun arte u oficio, yo lo celebraría, pues abundan entre nosotros médicos y abogados, pero nos faltan buenos mecánicos y agricultores que son los que el país necesita para adelantar en prosperidad y bienestar. El baile, que es la poesía del movimiento y que da gracia y soltura a la persona a la vez que es un ejercicio higiénico en climas templados, deberá practicarlo si es de su gusto. Sobre todo recomiendo a usted inspirarle el gusto por la sociedad culta, donde el bello sexo ejerce su benéfico influjo; y ese respeto a los hombres de edad, saber y posición social que hace a la juventud encantadora asociándola a las esperanzas del porvenir.

   

Pueblo de la Magdalena, cerca de Lima, año de 1825. Bolivar.

El libertador acompañó estas instrucciones con cartas afectuosas para su sobrino, en cuyas cartas se hace notable el encargo estricto de observar los preceptos de la moral. ¡Qué bello es oír al vencedor en cien batallas, al indomable caudillo americano, hablar de la moral y recomendar con fervor la observancia de sus santos mandamientos en una época de crisis de revoluciones y reformas! La guerra había terminado, la administración iba a comenzar… La obligación moral, las leyes de la honradez, del honor y de la justicia, eran el pensamiento íntimo y constante de Bolívar. Como quien sabía que sin costumbres nada valen las leyes y que sin rectitud y sin justicia no hay sino miserias y ruina.

… Justitia elevat gentes

Miseros facit propulos peccatum[2].

Diríase el mismo Lord Chesterfield[3] ―de una de sus ediciones tomo lo anotado― escribiéndole a su hijo.


El problema de la educación no es de tal o cual país. Es universal, y cada generación se encuentra con él, planteado según las condiciones generales de la vida en sus constantes mutaciones.

No educa uno a sus hijos como quiere ni cuando es o cuando se cree “hombre de principios”. Y los que pretenden remontar ciertas corrientes, no arriban sino a formar hondos remansos, provocando accesos de rebelión, que nada bueno presagian.

Asistimos aquí, en Francia, a una verdadera batalla en ese sentido.

Los unos sostienen que el educador debe ser el Estado. Los otros, que la grave misión corresponde a tres poderes: la familia, el Estado, la iglesia.

El arzobispo de París, sosteniendo la tesis de los tres poderes, ha dicho los otros días en una pastoral cosas excelentes, entre ellas esto:

El Estado puede dar su concurso ya consagrado a la instrucción de la juventud una parte más o menos considerable de los dineros públicos, ya ofreciendo a las familias escuelas en las que los maestros que enseñan sean de su agrado… El monopolio de la educación que ella ha poseído mucho tiempo, como ha poseído el de la beneficencia, la iglesia no lo reclama ya en la hora presente. Se la calumnia cuando se le acusa de querer “confiscar toda la enseñanza en beneficio propio”, pero sí ella reclama el derecho de prestarle su concurso y de tener sus escuelas donde los niños puedan recibir con una instrucción humana y a la vez científica como la que se da en cualesquiera otra la formación religiosa que no hallan en otras partes. Monseñor Turinaz, obispo de Nancy, a su vez ha rayado en la grandilocuencia, protestando contra los proyectos que se traducen en esta fórmula “el niño no pertenece a sus padres, sino al Estado”.

Los espíritus imparciales no pueden dejar de aprobar sus declaraciones. Son entre otras “solo hay una solución, está en la libertad”. Y la libertad exigiría que el Estado renunciara a enseñar. Será quizá la solución del porvenir. Por lo menos la libertad esencial exige que los padres elijan los maestros de sus hijos y que el gobierno que percibe el impuesto de todos, retribuya a todos los maestros en proporción al número de sus discípulos”.

Y en la peroración, monseñor Turinaz ha definido así el papel del episcopado: “Si hoy día se nos acuerda justicia y mañana libertad, seremos felices haciéndolo constar. Si se nos lo niega, diremos con los apóstoles, “mas vale obedecer a Dios que a los hombres. Y apelaremos al pueblo de Francia en el porvenir”.

Pero para comprender bien en el extranjero esta cuestión, donde todo el mundo no puede estudiarla apreciando su trascendencia, necesito hacerles leer a ustedes unos pocos aforismos, digamos, de los representantes del Estado algo más que laico, ateo.

Es de no creer lo que los ojos ven, lo que se lee.

Habla un inspector de la enseñanza primaria en Clermont (otros por ahí discurren).

Del punto de vista de la familia, por ejemplo, pide que se suprima la autoridad del padre para reemplazarla por la autoridad de la ciencia (pág. 124 y 129 del Nuevo curso de pedagogía).

El derecho del padre es calificado (pág. 125) de “tiranía paternal”.

¡Quiere que los “institutores” liberten a los niños de esa tiranía!

“La educación, añade, más es lo que destruye que lo que edifica. El niño no llega nuevo a la escuela. Ingresa a ella con todas las preocupaciones de sus padres… hay que arrancar de cuajo eso…”.

Del punto de vista de la moral, este señor Dufresne quiere que la cultura de los sentimientos comience por un “robusto egoismo”. Textual.

Vendrá un tiempo, prosigue, en que será libertado de todos los terrores terrestres ¡¡“inclusive el de la conciencia”!! Y ese tiempo ha llegado… y por ese tenor sigue, y duda uno del testimonio de sus propios sentidos al leer esto.

¿Han observado ustedes la conducta de los chanchos (sic) cuando les han servido su comida?

El más fuerte, hay siempre un “chocho” que es el más fuerte, tendría mucha gana de apartar del tacho a sus congéneres, pero el chacarero está ahí, ¡no lo deja urgar sino su ración! De vez en cuando el chancho echa una ojeada y en cuanto la puerta se cierra roncos gruñidos anuncian que la fuerza abusa. Abrid la puerta y todo cede…

Ese chancho, yo lo testifico, posee la ciencia del bien y del mal (página 109).

Me detengo ¿á qué seguir? Como vulgarmente se dice: para muestra basta un botón.

Pues bien, por haber denunciado estos abusos repugnantes, que se multiplican mucho más de lo que se cree, los obispos de Francia han sido llevados ante los tribunales y multados.

Con razón, exclamaba el otro día Feliciano Pascal: No es solamente de la primaria que la vieja cultura francesa se va… También está en peligro en nuestros establecimientos universitarios. Para probarlo, basta leer las “Observations des examinateurs” sobre el último concurso de la escuela normal superior y de las becas de licencia (bourses de licence)… los discípulos no saben como antes componer debidamente un deber… y esto y otras cosas son síntomas que llenan de inquietud a los que creen, y con razón que no hay, que no puede haber, cultura sólida sin moralidad.

Era lo que hace ya algún tiempo prevía monsieur Charles Maurras[4] en su libro tan substancial L’Avenir de l’intelligence[5].

Léanlo ustedes, los encargados de encaminar la juventud argentina por “la diritta via”.


  1. Navarro Lamarca, C. Apuntes de Historia Americana. Buenos Aires, Ángel Estrada, 1901.
  2. “…La justicia enaltece a las naciones. El pecado hace a la gente miserable”.
  3. Philip Dormer Stanhope, IV Conde de Chesterfield (1694 –1773) fue un estadista británico y hombre de letras, famoso por las Cartas a su hijo, que menciona aquí Mansilla, recopilación de la correspondencia que mantuvo con su hijo natural.
  4. Charles Maurras (Martigues, 1868-Tours, 1952) fue un político, poeta y escritor francés, principal referente e ideólogo de Action française (Acción Francesa), un movimiento político de cuño monárquico, antiparlamentario y contrarrevolucionario. El pensamiento de Maurras, a veces resumido en su noción de «nacionalismo integral», estaba impregnado de un intenso antisemitismo. Teórico político y de gran influencia intelectual en la Europa de principios del siglo xx, sus opiniones influyeron en varias ideologías de extrema derecha; también prefiguraron algunas de las ideas del fascismo. (VIAF: 14654).
  5. Obra publicada en París en 1905.


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