Martes 10 de Mayo de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, abril 9 de 1910.
El tema no es novelesco. Lo siento. Todos los días quisiera tener algo romántico, o poético, que decir a ustedes, en prosa o en verso. En versos bien hechos desde luego, que nada hay tan feo, tan desagradable en materia literaria como los malos versos. Me hacen el efecto de un enfermo de tos convulsa. Pero en esto, como en tantas otras cosas, el deseo no basta. Con que paciencia y vamos a los casamientos entre menores en Inglaterra.
Otra llaga señalada días pasados por la prensa es el número de esos casamientos entre la clase obrera; y como en el pueblo muchos hacen caso omiso de la ceremonia del matrimonio, de ahí resulta que las cifras que siguen son muy inferiores a la realidad.
En el barrio de Lambeth, hay 200 parejas casadas de menos de 19 años de edad, 550 de 20 años y 6.500 de 21 años.
En el Islington hay 250 de 19 años de edad, 670 de 20 años y 3000 de 21 años.
En el de Stepney las parejas de 19 años de edad alcanzan al número de 400, las de 20 años llegan a 1000 y hay 10.000 matrimonios de 21 años.
Los departamentos de Lancashire, de Cheshire, de Yorkshire y los del centro de Inglaterra ofrecen una situación análoga.
Esos desgraciados se separan con la misma facilidad con que se casan, pero como los gastos de divorcio son inabordables para las gentes pobres, cada uno encuentra pronto un compañero y se va a aumentar el número de las uniones libres y transitorias. Es inútil decir que llenan las cárceles y los “workhouses” (asilos municipales). Sobre 850 personas menores encarceladas, más de 200 son casadas. Lo que son los hijos nacidos de estas uniones dejo a la imaginación del lector el hacer la triste pintura siendo en su mayor parte degenerados.
Esto es del Economist[1] inglés en el que el profesor Norton publica una estadística que invita a meditar.
Según lo que se llama los “Index Numbers”, el aumento del precio de venta al por mayor de todos los artículos de primera necesidad en los Estados Unidos ha subido de 1896 a 1910 en la proporción de 86 a 144, es decir, cerca de un 60 por ciento.
El sistema proteccionista a “ultranza” permítanme ustedes el galicismo, me gusta, lo usan buenos escritores en España, el sistema ese y el régimen de los “trusts” parecen ser las causas principales, si no únicas, de semejante estado de cosas, estado que amenaza tener las más graves consecuencias.
El estadista arriba mencionado estima que en el mes de agosto de 1911 el poder de compra de un dólar será exactamente igual que en 1896.
No diré que un fenómeno igual se observa entre nosotros. Pero que algo por el estilo pasa es indiscutible. El que ya sea hombre grande, como dicen en Córdoba y otras provincias, en vez de entrado en años, o viejo, lo cual me parece muy cortés, recordará con qué poco se comía tiempos atrás. Y sin mirar tan lejos ¿quién no recuerda que hace veinte años vivíamos con un 50 por ciento menos?
¿La causa? ¿Las causas?, mejor dicho, porque son varias.
¿A qué insistir sobre ese capítulo después de lo que he consignado en uno de mis párrafos anteriores?
Tenemos que revisar tarifas. Para encerrarlo todo en una palabra líquida, y caiga el que cayere, y no hay que perder tiempo; porque en estos negocios dejar pasar y pasar el tiempo cruzados de brazos es agravar el mal y dificultar las soluciones.
Al que diga que sin haber hecho estudios especiales a fondo de la constitución inglesa, no escriba como la muestra, y sobre el parlamentariasmo, de ella derivado hay que sacarle el sombrero como a doctísimo caballero.
No se me ocurre, por consiguiente, detenerme a explicar tan complicada cadena de precedentes, o mecanismo de gobierno. Sería realizar un imposible, lo que no es posible, dentro del corto espacio de que dispongo para agregar una razón más a la ya apuntada.
Me propongo sencillamente darle al lector en cuatro plumadas una noticia que resumela situación política de lo que se llamado la “mater parlamentorum”, latinizando el substantivo francés “parlament”, de donde trae su origen.
La lucha es entre los lores y los comunes, como si dijéramos entre nuestros diputados y nuestros senadores, con la diferencia que los lores ingleses no derivan de una elección popular de segundo grado. Los hace la sangre, la cuna y el rey.
El conflicto en vísperas de nuevas elecciones, conflicto que toma un giro alarmante, estriba en el esfuerzo, que bajo la influencia del ministro Mr. Lloyd George*, se viene haciendo por los que no pertenecen al partido unionista, o conservador, o sean los “tories” históricos, para crear un organismo mejor y más científico (dicen).
Mr. Lloyd George denuncia así a los capitalistas y a los grandes propietarios como el principal obstáculo de la prosperidad nacional.
Hablando las otras noches en un mitin, ha declarado que la supresión de ese obstáculo hará la felicidad universal.
Dará a los irlandeses el “home rule”, autonomía, y permitirá que los campesinos se hagan propietarios realizando mediante una expropiación metódica los sueños igualitarios del obrero.
Una reflexión: que semejantes argumentos sean invocados en esta querella política es un hecho gravísimo, un signo inequívoco de que una gran transformación se opera en la Inglaterra, uno de los raros países quizá, donde hasta hace poco no no existía el socialismo.
Son las fuerzas ocultas de abajo que operan sordamente escapando a la observación de los que están arriba siempre satisfechos, contentos.
¿Cuál será el resultado electoral del conflicto?
De uno y otro lado se espera cantar victoria. Veremos. ¡Es un país tan raro la Inglaterra! Hasta su vocabulario político no dice lo que en otras partes. Por ejemplo, “disolver” el parlamento no es disolver sino los comunes, siendo los lores inamovibles.
Entre paréntesis, los que siguen a Mr. Lloyd George no hacen hincapié en la desaparicion, o modificación, de la cámara alta, de los lores. Lo que quieren es simplemente que los lores no tengan el derecho de vetar en absoluto sus proyectos de ley, que se limiten a una función platónica, que sean sin ser.
País de compromisos como es la Inglaterra, ya hallará el ingenio legislativo alguna solución, que suprimiendo el veto limite también, en parte, el poder de las mayorías casuales de los comunes.
Me pregunto, para terminar, ¿estaremos en vísperas de ver realizada toda la visión de Macaulay[2]? Él ha escrito, en una de sus páginas inmortales que “la civilización romana había sucumbido bajo los golpes de los bárbaros de afuera y que la civilización actual morirá bajo los de los bárbaros de adentro”, y esos bárbaros del interior son los socialistas y la imprevisión de los gobiernos atolondrados que, queriendo otra cosa, los empujan al asalto.
Todos ustedes, los que me conocen de cerca, me han de haber oído la anecdota de cierta campesina hacendada, que en un momento psicológico le decía a un mi amigo íntimo, ella era de Córdoba, “creo, pero desconfío”.
Pues lo mismo me pasa a mí; será atraso, “creo, pero desconfío”, siempre que leo lo que con los propósitos y proyectos de paz universal o conferencias de La Haya, se relaciona.
¿A qué volver sobre la célebre nota de Drago de fecha 29 de diciembre de 1902, nota que le honra, ligando su nombre a la historia diplomática, sean cuales sean las opiniones de lo llamaremos el juicio contradictorio?
La respuesta no se da verbalmente por algunas naciones, la respuesta categórica. La dan con hechos como el que paso a hacer constar. Y cada cual deducirá de ello lo que le cuadre, creyendo o desconfiando, según su temperamento.
Y así me expreso, porque Emile Faguet* dice bien en su último estudio sobre Fontenelle: “Ahora pasa algo increíble, los pensamientos se vuelven verdades. La ciencia lo demuestra. El jugo se hace serio…”.
Empleando otro giro verbal, la paz puede ser y la guerra también, cuestión de tiempo para salir de dudas.
A las palabras la Alemania les agrega, intertanto espera, un hecho. Este, que no se discute porque es la escuadra alemana que deja intempestivamente el puerto de Kiel para instalarse en Wilhelmshaven (¿amenazando a quien?), o sea, sobre la costa del mar del Norte, en una de las bases navales más fuertes del mundo. El puerto contiene tres diques magníficos, capaces de recibir barcos de 25.000 toneladas.
Wilhelmshaven está a solo diez horas de Sheermen, principal base naval de Inglaterra.
La prensa de Berlín y otra hace, abreviamos, comentarios del hecho por este estilo: hemos construido el canal del Emperador Guillermo para que nuestros barcos puedan pasar sin pérdida de tiempo del Báltico al mar del Norte, donde será la gran lucha, según todos nuestros estratégicos. Sigamos así hablando cordialmente, haciendo votos de “pax vobis”, hasta que llegue la hora decisiva, y sigamos tranquilos porque con el canal del Emperador Guillermo hemos reducido a un mínimum la posibilidad de una sorpresa, tanto más difícil cuanto que la consigna es vigilancia.
¿Sorpresa por parte de quién?
Tomando el mapa de esas regiones marítimas no hay que buscar mucho. Esas dos bases navales se miran como Buenos Aires y Montevideo.
Iba a decir a ustedes mentalmente hasta la vista, cuando me traen un diario. Leo. El substratum afirma mis desconfianzas.
La realidad prueba, en efecto, que es con el hierro y la sangre con lo que se hace la historia.
Esta declaración del general aleman Keim, hablando la semana pasada en Hamburgo, ha sido frenéticamente aplaudida por los delegados de la unión pangermánica.
Y ella expresa, no hay que equivocarse, el pensamiento de la nación alemana. Tan es así que el orador no tuvo dificultad, al contrario, en hacer adoptar con entusiasmo esta proposición final de su arenga “el año que viene es menester que el Reichstag tenga el coraje de proponer el aumento de todos nuestros armamentos”.
Pues si esto no es tronar aunque los relámpagos no se vean, todavía yo no sé lo que es el estampido del rayo lejano.
- The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, de corte liberal, fundada en 1843 para favorecer la libre exportación de granos. Con sede en Londres, aborda la actualidad de las relaciones internacionales y de la economía desde un marco global. (VIAF: 132236494). ↵
- Thomas Babington Macaulay (Leicestershire, 1800 – Londres, 1859) fue un poeta, historiador y político del partido liberal británico. Entre sus obras, cabe mencionar: History of England (1848) y Critical and Historical Essays. (VIAF: 56618365).↵






