Martes 17 de Mayo de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
De un estudio sobre los “trusts”, cuyo gran enemigo es Mr. Gifford-Pinchot[1], el hombre más popular quizá por eso en este momento de los Estados Unidos, extracto los renglones que siguen.
Los recursos del gran país son colosales en todo orden de riquezas.
Imagináos que anualmente extraen más carbón, más cobre, más hierro, más plomo de la tierra que ningún otro país, y de ahí asegurada ya su industria.
Su producción de oro solo se queda atrás comparada con la del África del Sud.
La del carbón es enormísima. Y como si esto no bastara todavía ha querido la naturaleza favorecerlos profusamente con una fuente preciosa de energía: la hulla blanca.
He aquí unas pocas cifras que representan lo que cada año sacan de sus riquezas naturales, exceptuando la agricultura:
Metales y minerales, $ 2.250.00.000; piedras granito, mármol, arcilla, etc., etc., 750.000.000; hulla blanca, ríos, etc., etc., 5.000.000.000; bosques, 3.750.000.000; petróleo, 150.000.000; pesquería, 315.000.000; aves, pieles, minerales diversos, 500.000.000; total, 18.715.000.000.
Estos recursos podrían parecer infinitos. Pero, es sabido que los Estados Unidos son el país del “derroche desenfrenado” y por eso tan caro.
No lo imiten ustedes, paisanos y amigos en esta parte.
Allí nada resiste a la espantosa devastación de sus grandes explotadores.
Si el movimiento ascendente de la población continúa, ¡¡antes del fin del siglo se habrá triplicado!!!
Una reflexión, hay que pensar en el porvenir y que prever en parte siquiera lo que en sus misterios nos reserva.
No pondré puntos sobre las íes. Que los adivinen los países de la América latina que tienen más desierto, digamos, que población.
Continúa el estudio: Entre esas riquezas naturales hay una que podemos llamar efímera: son los bosques.
En la actualidad los Estados Unidos consumen anualmente tres veces tanta madera como lo que la vegetación puede producir.
Hay en esto que intervenir pronto porque la devastación y la ruina están próximas con las terribles consecuencias de los “desmontes”.
¿Recuerdan ustedes lo que en una de mis anteriores les decía sobre este particular, hablando de las recientes inundaciones de París, debidas en gran parte a los “desmontes”, por convertir los que fueron bosques en campos de agricultura?
Sí han de recordarlo.
Pues bien, agreguen a sus notas este otro antecedente.
Un hombre vio en Estados Unidos el peligro y resolvió consagrar toda su vida a conjurarlo.
Me refiero a Mr. Pinchot.
Hace de ello cuarenta años.
Busquen ustedes sus escritos, lean y emprendan la campaña.
La ciencia de la “florestería”, que estaba en pañales cuando Mr. Pinchot salía de la Universidad de Yale en 1880, ha hecho desde entonces aca en Estados Unidos, progresos enormes. Cortaban madera, y era todo lo que sabían, poco más o menos como entre nosotros.
Mr. Yale, haciendo obra patriótica, estuvo en Francia, en Alemania, en Suiza, en Austria, estudiando y de regreso a la tierra le nombraron jefe de una importantísima sección del ministerio de agricultura.
Siendo diputado, un colega le acusó de “paralizar el progreso de la industria nacional so pretexto de salvar los bosques”.
Púsose de pie el acusado para contestar, alzó de un lado la carpeta de la mesa que tenía delante, tomó después una botella y echó agua encima; naturalmente el agua corrió en el acto abajo. Tomando luego un papel secante lo fijó sobre la mesa y volvió a echar agua; el papel secante la absorbió y no corrió abajo.
“He ahí, dijo Mr. Pinchot, la lluvia sobre la montaña desmontada y sobre una falda cubierta de bosque”.
La batalla estaba ganada desde ese momento, y ¡a qué seguir! Si la semilla es buena y la tierra propicia, los frutos serán óptimos.
Un ejemplo que conviene seguir hallarán ustedes, me refiero principalmente a los legisladores, leyendo esto:
El proyecto de ley preparado por el gobierno de Suecia, proyecto al que aludía el rey en su reciente discurso al abrir el parlamento, contiene entre otras disposiciones:
Que ningún contrato colectivo podrá durar más de cinco años.
Que durante la vigencia del contrato, el que emplea y el empleado no podrán recurrir a medidas tales como el “lock out” y la huelga, ya para reivindicaciones personales, ya para otras de carácter solidario.
Que el que emplea tiene el derecho de repartir el trabajo y dirigirlo; pero dejándole al obrero toda libertad en lo concerniente a las elecciones legislativas o comerciales, es decir, que el empleado votará por quien quiera en ambos casos.
El proyecto contiene además una enumeración de las “penas” que se les aplicarán a los organizadores de huelgas que comprometan el trabajo, o sea, la prosperidad nacional.
Hablar mal escribiendo del país extranjero en que se vive tiene muchos inconvenientes, aunque se diga la verdad, por aquello de que “toutes les verités ne sont pas bonnes a dire”.
Pero si el que habla es el mismo hijo del país la cosa cambia de aspecto y el descrédito que a su tierra le ocasione la reproducción de sus dichos o de sus escritos corre de su cuenta.
Después de este preámbulo o exordio puedo, me parece, escribir parodiando al otro: bello país el de Francia… pero en París la corrupción y el crimen marcan cada día más y más todo género de atentados al pudor, a la propiedad, a la vida, no solo en las calles mal alumbradas, lo repito, sino en los mismos grandes boulevares radiantes de luz y donde la gente, abigarrada que va y viene, agitada, febrilmente, no falta a ninguna hora.
No soy yo quien habla. Leed. Es un francés que no tiene pelos en la lengua, molesto a veces si se quiere, veraz empero.
Habla Henri Rochefort[2], que no siendo jóven las ha visto de todos los colores:
«Je crois que la France a la spécialité des crimes incompréhensibles : Epierre assassinant ses cinq enfants sans cause apparente des mères de famille se jetant a l´éau avec les leurs et aussi es méfaits comme la lacération de huit toiles envoyées au Grand Palais pour figurer au Salon prochain[3]».
Traduzcan ustedes y sigan leyendo.
Rochefort* continúa: “On dirait qu’un vent d’insanité souffle sur notre societé maudite[4]…”.
“Sociedad maldita”… yo no habría dicho tanto. Vaya, pues, de su cuenta tamaña fulminación.
Y ya que en el capítulo prostitución y crímenes estamos, he aquí lo que el mismo Rochefort* escribe en su artículo “Le genie du mal”:
La materia da que pensar, y mi opinión personal es que hemos de acabar por ver que los diarios de países de libertad de imprenta efectiva suprimen el detalle del crimen espontáneamente o a ello obligados por la ley.
Rochefort* escribe:
«Jamais on n´a eu a enregistrer autant de viols de fillettes et d´assassinats d´enfants que depuis le crime de Soleilland…[5] ».
Y escrito esto con algunas reflexiones, que pido a ustedes permiso para no reproducir, agrega: “Diríase que la publicidad necesariamente dada a las monstruosidades de ese género “excita” a los malhechores a cometer otras parecidas o iguales en las que no pensaban…”
La psicología experimental científica hace tantos y tantos progresos resolviendo problemas complicadísimos que no ha mucho parecían insolubles, que quizá no estamos lejos del momento en que ella nos diga: si la publicidad de lo que el genio del mal sugiere periódicamente, viene esto como la ignición de los volcanes, debe o no debe ser suprimida en absoluto.
L’Oisseau bleu, de Maeterlinck[6], está tan en boga en Londres, que en las tiendas fashionables[7] no se ven sino pajarillos azules, de metal, de porcelana, o pintados, o engarzados en cuadritos de miniatura.
Un grupo de ladies de la alta sociedad ha querido fundar el club llamado “Pájaro azul”, que se propone nada menos que la busca de la felicidad.
Aquí, ya he oído hablar de eso en algunos círculos sociales franceses, y hay un grupo de argentinas elegantes que anda en eso.
Llevaremos a Buenos Aires, me decía una de ellas ayer, todo el plan de nuestro propósito y hemos de arribar a fundar allí algo que les dé envidia a los del Jockey Club.
En Londres la primera idea salió de la cabeza de una mujer interesantísima, poetisa rica en espíritu y en dinero: Diana Delanny, soltera, y pasando de la idea a la acción, ha regalado a la sociedad un magnífico apartamento, situado en uno de los barrios más elegantes de Londres.
Está alhajado con lujo, frescos de lo más artísticos adornan sus paredes y su divisa es en francés “Cherchons le bonheur”.
No se admiten hombres porque los juzgan incapaces o indignos del “Oiseau bleu”.
Pero, la mujer argentina es más bondadosa que el hombre; se harán excepciones…
Rostand* o Chantecler, como ustedes gusten, ha tenido en Inglaterra una prensa bastante buena.
Pero la crítica no le perdona ciertas licencias, como por ejemplo, este verso, por lo mismo que está en una de las buenas cosas del poema dramático.
Me refiero al “himno al Sol”.
Canta el gallo y resuena esto: “Tu prends un arbre obscur et tu l’apothéoses[8]!”
El tal y tú lo “apoteoseas” le suena ronco al oído inglés cuyo idioma es algo silbado.
¿Lo recuerdan ustedes?
Carlos V, que era políglota, decía: “El inglés es la lengua de los pájaros”.
Las admirables verdades que Mr. Bryan[9] se ha esforzado en demostrarles a ustedes en su conferencia en el Prince Hall, pueden reducirse a esta síntesis:
Sin fe, sin pasión, sin amor, no se hace nada bueno, nada útil, nada grande en el mundo.
Tiene este hombre acentos de apóstol que me recuerdan a sir William Thompson[10] (lord Kelvin después), hablando del gran misterio de la vida, según su biógrafo:
“Una noche, cuando su hermana Mrs. King, leía en las obras de Darwin, el pasaje en que este manifiesta su incredulidad sobre la revelación divina y la evidencia de sus designios, él declaró que tales ideas eran completamente “anticientíficas”, sosteniendo con vehemencia, que nuestro poder de discutir y considerar el ateismo y el materialismo era suficiente para desaprobarlos.
La evolución, decía, no explica en lo más mínimo el gran misterio de la naturaleza y de la creación. Si todas las cosas tenían su origen en un solo germen, entonces ese germen contenía en sí todas las maravillas de la creación, físicas, intelectuales y espirituales, para ser desarrolladas después. ¡Era imposible que átomos de materia muerta pudieran reunirse como para producir vida!
“Las ideas de Lord Kelvin sobre religión le pusieron varias veces en conflicto con la opinión agnóstica; pero jamás parece haber titubeado en sus creencias sobre un poder creador y una Providencia predominante”.
Es la misma tesis cristiana de Mr. Bryan.
Pero admirando su verbosidad científica, su fuego de creyente, hay algo suyo con lo que no estoy de acuerdo. Quizá no lo entiendo bien. Es probable. Es esto que supongo traducido con exactitud:
“Pero un pueblo puede vivir infeliz bajo el mejor gobierno y feliz bajo el peor”.
Porque, si así fuera, la consecuencia lógica sería: pues es de desear que en vez de buenos sean malos los gobiernos que tengamos.
En nuestra América de origen español, o latino como ahora se dice, ¿qué nos enseña la experiencia?
Me parece que otra cosa, y el ideal es precisamente vivir en la libertad y el amor a nuestros semejantes, bajo el régimen mejor.
Espero y confío en Dios que los que gobiernan mal no discurrirán así.
- Gifford Pinchot (1865-1946) fue un político, ingeniero agrónomo y botánico estadounidense, primer Jefe del Servicio Forestal de Estados Unidos (1905–1910) y gobernador de Pensilvania (1923–1927, 1931–1935), por los republicanos progresistas. Pinchot es conocido por reformar la dirección y desarrollo de los bosques en los Estados Unidos y por defender la conservación de las reservas de su nación por medio de su uso planeado y la renovación constante. Pinchot acuñó el término “conservación ética” de los recursos naturales. (VIAF: 27869180). ↵
- Victor Henri Rochefort, Marqués de Rochefort-Luçay (París, 1830 – París, 1913) fue un periodista, político y autor teatral francés. Entre sus obras, cabe mencionar: Les Petits Mystères de l’Hôtel des Ventes (1862), volumen que reúne sus críticas de arte, Les Dépravés (Geneva, 1882), Les Naufrageurs (1876), L’Évadé (1883), Napoléon dernier (1884), Les Aventures de ma vie (1896). (VIAF: 68935107). ↵
- “Creo que Francia tiene la especialidad de los crímenes incomprensibles: Epierre asesinando a sus cinco hijos sin causa aparente, madres arrojándose al agua con los suyos y también fechorías como la laceración de ocho cuadros enviados al Grand Palais para presentarse en el Salón la próxima vez”.↵
- “Parece que un viento de locura sopla sobre nuestra sociedad maldita”. ↵
- “Nunca hemos tenido que registrar tantas violaciones de niñas y asesinatos de niños como desde el crimen de Soleilland”. Albert Soleilland (Paris, 1881-Prisión de Ile Royale, 1920) fue un carpintero famoso por haber violado y asesinado a una niña de doce años, haber sido condenado a pena de muerte y luego, refutada esta condena, a prisión perpetua. Se trató de un caso de gran resonancia en Francia por la discusión popular que desató en torno de la pena de muerte. (Más información en VIAF: 45357604).↵
- Maurice Maeterlinck (Gante, 1862-Niza, 1949) fue un dramaturgo y ensayista belga de lengua francesa, principal exponente del teatro simbolista. En 1908, se estrena su obra El pájaro azul (L’Oiseau bleu) en el Teatro de Arte de Moscú. Esta es la obra a la que se refiere aquí Mansilla, luego representada con gran éxito en todo el mundo. En 1911 Maeterlinck fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. (VIAF: 2473791). ↵
- “De moda”, anglicismo a partir de “fashionable”. ↵
- “¡Se toma un árbol oscuro y se lo coloca en una apoteosis!”. ↵
- Charles William de la Poer Beresford, Primer Baron Beresford, (1846–1919), Lord Charles Beresford entre 1859 y 1916, fue un militar británico de prosapia real y miembro del Parlamento. (VIAF: 15709462).↵
- William Thomson, devenido lord Kelvin, (Reino Unido, 1824-Largs, 1907) fue un físico y matemático británico destacado por sus trabajos en termodinámica y electricidad. Es especialmente conocido por haber desarrollado la escala de temperatura Kelvin. Recibió el título de barón Kelvin en honor a los logros alcanzados a lo largo de su carrera. (VIAF: 29592835).↵






