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EL DIARIO

Miércoles 25 de Mayo de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 30 de 1910.

    

Vayan ustedes poniendo la barba en remojo, no todos, los que ya saben y los que estudian por saber y para saber.

Pronto recibirán una serie de preguntas sobre interesantes tópicos.

El interrogante será el Instituto de los documentos del Progreso, o sea, revistas y conferencias internacionales.

Figuran en el comité directivo hombres muy distinguidos, como Paul Deschanel*, Anatole France[1], Jean Richepin* y otros por Francia.

Por Bélgica, Emile Vandervelde.

Por Italia, Lino Ferriari.

Por España, Nicolás Salmerón y García.

Por el Brasil, el Dr. Jaquaribe, antiguo diputado.

Por Alemania, el Dr. Lamprechi, profesor de la Universidad de Leipzing y otros.

Por Austria, Engelbert Pernstorfer, vicepresidente del Reichsrat.

Por Hungría, Vambery, profesor en la Universidad de Budapest.

Por Suiza, el Dr. Forel Yvorne y otros.

Por Inglaterra, R. Macdonal y otros.

Por Escandinavia, el Dr. Castberg, ministro de Justicia de Cristianía.

En fin, la Turquía, las Indias, la China, el Japón, Australia, Nueva Zelandia y el Canadá, todos están también representados por una “élite” intelectual.

El objeto del Instituto es, en dos palabras, “acercar a los pueblos”.

La lista de los que serán interrogados es de algunos miles.

Las respuestas serán publicadas poco a poco por la Revista.

En cuanto a “enquete”, he aquí sobre lo que versarán las interrogaciones:

¿La violencia o sea las guerras, los armamentos militares, las huelgas, los duelos, etc., etc. le parecen a usted el mejor modo de zanjar las diferencias económicas, políticas y personales?

En caso afirmativo ¿cuáles son las ventajas que compensarían las pérdidas materiales y otras, resultantes de esas luchas, según la opinión de usted?

En caso negativo, ¿qué medidas legales propone usted para reemplazar esos actos de violencia?

Las contestaciones serán reunidas en La Moral de la Naturaleza.

Por último, una monografia consagrada a la nacionalización de los monopolios en los diversos países.

Para hacer punto redondo a esta información diré: La Revista se propone organizar conferencias mundiales en un volumen, o más, publicado en francés y en alemán.

La Revista publicará además en francés y en alemán las tres monografías siguientes:

“El proletariado moderno”, “Estudio de psicologia social” y “El constitucionalismo en la industria australiana”.


Un poco exajeradas son las líneas que siguen. Pero, lo confieso, las he leido con el mismo gusto con que ustedes las leerán:

“La República Argentina celebrará el 25 de Mayo el centenario de su nacimiento como Estado independiente y grandes preparativos se hacen para honrar el acontecimiento”.

Dice el “Manchester Guardian”:

La Argentina puede con justicia jactarse de ser el país de la América del Sur más importante.

Aunque secundaria respecto del Brasil en area, su progreso y su riqueza son mucho mayores, y aunque haya adelantado con pasos agigantados, particularmente durante los últimos 30 años, los que mejor la conocen están convencidos de que solamente pisa el umbral de su grandeza.”


Editado en Barcelona, lo que vale decir impreso con nitida corrección, son allí habilísimos, y empastado con sencillez elegante recibí hace ya días un hermoso volumen de 600 páginas.

Siendo estas líneas meramente una noticia bibliográfica, tengo que reducirme a decir a ustedes: lean este libro, cuyo contenido puede no agradar en todas sus partes; pero que, sea de ello lo que fuera, yo califico así: un trabajo de largo aliento y de preparación metódica con irradiaciones luminosas instructivas en un estilo, neto, claro, asaz puro.

Coincidimos respecto de algunas apreciaciones, me es agradable hacerlo constar; seré pues un tanto prolijo.

Pero como la malicia de ciertos lectores de criterio oblicuo suele descubrir insinseridad donde no hay ni puede haber sino candor, siento aquí la necesidad de recordar antes que se lean las transcripciones que seguirán un dicho de Nietzsche que acabo de leer:

“Perfectamente”, dijo aquel hombre, “es un ser que ha sido hecho para sobrepasarse” Fontenelle[2] lo había dicho antes que yo; pero yo lo había pensado antes de leerlo.

Prosigo:

Leo en la página 37 de los Estatutos Sociales:

“Es indispensable decir algo sobre la doctrina Monroe[3], a fin de terminar una vez por todas, y desde nuestro punto de vista, con esta pesadilla.

“La llamada doctrina de Monroe no es doctrina ni es de Monroe. No es precisamente una doctrina en el sentido exacto. Dados sus antecedentes, se encuentra que es en realidad la expresión de las ideas de Jefferson formuladas oficialmente el 2 de diciembre de 1823 por el presidente Monroe en el mensaje de apertura del congreso norteamericano para hacer conocer a las naciones interesadas la regla de conducta que los Estados Unidos seguirían en todo lo referente a la independencia, constitución y soberanía de los Estados menores de la América española. Dicha “doctrina” es propiamente la “política” de Monroe”.

Yo, en la página 78 de mi librito En Vísperas[4], hablo así:

“Doctrina” es el conjunto de opiniones adoptadas por una escuela o los dogmas profesados en una religión. ¿Es éste el caso en los Estados Unidos? ¿Piensan todos los americanos del Norte como su actual presidente Roosevelt*, atacado del delirium de la expansión templada por la famosa doctrina que a estar a sus declaraciones tanto como el acta de la independencia lo conmueve? Que así no piensan se puede ver claramente en el voluminoso libro The Foundation of American Foreign Policy[5] por Albert Bushnell Hart, profesor de Historia en la Universidad de Harvard, libro con la marca no rara en los Estados Unidos de valor cívico para decir la verdad como se la siente. Entre la declaración de Monroe (política a seguir) y lo que después se ha visto, excursiones de contrabando en el terreno de los principios, hay un mundo. El presidente Polk (1845-1849)[6] ya habla del deber de anexar territorios para evitar que se los anexe la Europa. Blain[7] declara después (1881) que los Estados Unidos son el único guardián del tránsito por el istmo americano y el árbitro (es un protectorado) de las disputas entre los Poderes latino-norteamericanos. La tercera es el despacho “explosivo” de Olney[8] (1885), a saber que los Estados Unidos son el Soberano en América. El historiador norteamericano observa con razón que semejantes principios de política internacional no son la “Doctrina Monroe”. Dice más ,que esa doctrina “no es ya aplicable” teniendo ahora tan diversas y vastas posesiones en otro hemisferio, empezando por Hawai, Samoa Guam, etc., etcétera y concluyendo por Filipinas, todo lo cual los acerca de las colonias francesas, inglesas, holandesas y los hace vecinos de China, del Japón, de Nueva Zelandia, de Australia; es decir, todo lo cual le obliga a mezclarse en lo que la Doctrina Monroe prohíbe, en las cosas europeas. ¿O las colonias no son prolongaciones del territorio de las naciones europeas que las poseen?”.

Mas el lector, paciente o impaciente, estará murmurando: ¡y qué hombre tan lleno de circunloquios!, a ver ¿qué título tiene el ponderado libro y cómo se llama el autor, es argentino, qué es?

A ello voy, y fecho habré concluido.

Se llama el libro Estudios sociales[footnote] Montero, Belisario J. Estudios sociales. Bruselas: P. Weissenbruch, 1904.[/footnote] y el autor Belisario J. Montero[9], nuestro actual cónsul general en Italia, sobre cuyo “primitivos” ha escrito muy lindas páginas.


  1. Anatole François Thibault (París, 1844-La Béchellerie, 1924), (seudónimo: Anatole France) fue poeta, novelista y ensayista francés. Agudo librepensador. […]. Su primera novela importante, El crimen de Silvestre Bonnard (1881), lo desmarcó de la corriente naturalista. Las ficciones autobiográficas Les Désirs de Jean Servien (1882) y El libro de mi amigo (1885) revelaron un anticonformismo que se plasmó un poco más tarde también en Tais (1890), novela histórica sobre el deseo y claramente en contra del cristianismo represivo. […]. En 1896 ingresó en la Académie Française pero, a pesar de su consagración literaria, quedó aislado al tomar partido por Alfred Dreyfus. El caso Dreyfus apareció en los últimos volúmenes de su tetralogía Historia contemporánea, compuesta por El olmo del paseo (1897), El maniquí de mimbre (1897), El anillo de amatista (1898) y El señor Bergeret en París (1901). […]. La vida de Juana de Arco (1908) y los relatos Clio (1899), Los cuentos de Jacobo Dalevuelta (1908) y Las siete mujeres de Barba Azul (1909) son testimonio de su pasión por la historia. Los dioses tienen sed (1912) y La rebelión de los ángeles (1914), en la que el autor vuelve a expresar sus opiniones sobre la religión, son sus dos obras más importantes del último período. […].Fundamentalmente pacifista, al estallar la Primera Guerra Mundial publicó Sur la voie glorieuse (1915) y Ce que disent les morts (1916), textos de fuerte connotación patriótica. En 1921 recibió el premio Nobel de Literatura. (Extraído y adaptado de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Anatole France).
  2. Bernard le Bovier de Fontenelle (a veces también aparece referenciado como Bernard le Bouyer de Fontenelle), (Ruan, 1657-París, 1757) fue un escritor y filósofo francés. (VIAF: 99744686).
  3. La Doctrina Monroe, sintetizada en la frase «America for the Americans», fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823. Siguiendo la línea de política aislacionista iniciada por George Washington luego de que el país se independizase de Inglaterra, la Doctrina Monroe determinaba que los Estados Unidos tenía derecho a atacar a cualquier país europeo que interviniera en su territorio. Lejos aún los Estados Unidos de ser potencia mundial, esta doctrina implicaba un gesto de autonomía y afianzamiento de la recientemente adquirida soberanía nacional frente a al imperialismo europeo. Casi un siglo más tarde, en 1906, el presidente Theodore Roosevelt usaría la Doctrina Monroe para legitimar su propia política expansionista sobre el istmo de Panamá, territorio por aquel entonces de Colombia. La actitud imperialista de Roosevelt –cuyo gobierno fue, en muchos otros aspectos, progresista– despertó reacciones adversas en muchos dirigentes latinoamericanos, entre ellos Porfirio Díaz en México, que formuló la Doctrina Díaz, en defensa de la soberanía nacional de los países latinoamericanos, que debían cuidarse tanto del imperialismo europeo como del estadounidense. (Extractado de: Mignolo, Walter (2000). “La colonialidad a lo largo ya lo ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad”. La colonialidad del saber. Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Ed. Edgardo Lander. Buenos Aires: CLACSO, 2000. 55-85. En línea: https://bit.ly/3io2sxf).
  4. Libro editado en 1903 por los hermanos Garnier, en París. Se halla digitalizado en el portal de la Biblioteca Nacional.
  5. Bushnell Hart., Albert. The Foundations of American Foreign Policy: With a Working Bibliography. New York: Macmillan, 1901.
  6. James Knox Polk (Pineville, Carolina del Norte; 1795-Nashville, Tennessee; 1849) fue el undécimo presidente de los Estados Unidos (1845-1849). Ganó las elecciones de 1844 con la promesa de agregar el territorio de Texas. Cuando México rechazó la anexión de Texas a los Estados Unidos, dirigió una guerra e invasión contra él en la que le arrebató todo lo que ahora se conoce como Suroeste de Estados Unidos, prácticamente la mitad del territorio mexicano hasta entonces. (VIAF: 90717491).
  7. Creemos que se refiere a James Gillespie Blaine (West Brownsville, 1830 – Washington D.C., 1893), político estadounidense, miembro del Partido Republicano y Secretario de Estado en 1881. (VIAF: 15566890).
  8. Richard Olney (Oxford, 1835-Boston, 1917) fue un político y abogado estadounidense. Se desempeñó como fiscal general y Secretario de Estado de los Estados Unidos bajo el presidente Grover Cleveland. Como secretario de estado, elevó las misiones diplomáticas estadounidenses al estatus de embajada y formuló el «corolario Olney», por el cual Estados Unidos comenzó a intervenir en Centroamérica y el Caribe. (VIAF: 38504003).
  9. Belisario J. Montero: (1857-1929) fue autor también del libro Conversaciones sobre filosofía y arte. De mi diario, de 1922.


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