Sábado 23 de Julio de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, julio 2
Dice Chamfort “les anecdotes c’est l’esprit des vieillardes”, lo que en nuestra lengua puede traducirse para salir del paso así: las anécdotas son la gracia o el donaire de los viejos.
Ese “esprit” es un escollo, lo mismo que “detente”, en el sentido moral, que “entrainement”, “dupe”, etc.
Todas las lenguas tienen estas peculiaridades. El “humour” inglés, por ejemplo, y esta otra palabra “thrift”; “saudades”, voz telepática, casi perfumada del portugués; y el español la frase “el juego se agravia”, cuando se quiere significar que se abusa de la suerte, es decir, cuando no se tiene conducta.
Para expresar bien el concepto en francés y en otros idiomas hay que hacer una perífrasis respectivamente.
Será lo que ustedes digan, yo afirmo que las anécdotas, que los cuentos, que los refranes tienen entre otras ventajas para el que los almacena en su memoria, esta: nos permiten en sociedad opinar oblicuamente, por cuenta ajena, valiéndonos de la fórmula usual “como ha dicho Mengano o Zutano”, lo cual hasta cierto punto atenúa la responsabilidad del opinante o relator dejándole al auditorio que mida la intensidad del juicio que se haya emitido o insinuado.
Suprimir de la conversación (y esta lo es) la parte noticiosa o anecdótica es, me parece, hacerla un poco pesada.
Como quien toma aliento después de haber agrupado y comentado algunas cifras, ahí va eso. Lo pongo con el mismo título con que la he leído, o sea: “Verdad en Londres, error en Nueva York.”
Por haber querido imponerles a los “yankees” la costumbre “chic” de vestirse para comer en “full dress”, frac negro y “robe de soirée” so pena de no ser admitido en su restaurante babilónico el “Café de l’Opera” en Nueva York, hete aquí que su director Mr. Pruger, acaba de hacer “krac”, quebrando.
El Café de la Opera acababa apenas de abrir sus puertas en diciembre próximo pasado al son de las flautas de toda la prensa.
Inútil, el otro día los setecientos “garcons” que hacían el servicio del establecimiento lo hallaron cerrado.
El negocio representaba ya un déficit de dos millones y medio de francos.
Es lástima, Mr. Pruger es un hombre emprendedor y simpático.
Pero al yankee no le cuadra que le impongan modas, condiciones; quiere, pagando, comer a sus anchas y no andar cambiando de “toilette” a lo Frégoli[1].
Prescindiendo de la elegancia del frac y de la pechera blanca que naturalmente reclama otras pecheras más o menos turgentes y adornadas, yo sostengo que no ha de tardar en circular un libro cuyo título resumirá los inconvenientes de la estrictez del protocolo social, diciendo: de los peligros que corre la salud, sobre todo en invierno, por cambiar varias veces al día de traje; y pase cuando hay que comer en “ville” sin riesgo mayor de las corrientes de aire de los “restaurantes”, efecto del constante abrir y cerrar puertas y de la circulación tempestuosa de los mozos a pesar de los biombos.
El artículo 24 de la Constitución dice:
“El congreso promoverá la reforma de la actual legislación en todos sus ramos y el establecimiento del juicio por jurados”.
Debemos, pues, “esperar” que no hemos de tardar mucho en ver establecido ese juicio por otra parte cuya utilidad no se discute en los pueblos libres.
Hace ya cerca de sesenta años que la “promesa” está escrita. No es tiempo para meditar lo que ha faltado. Luego la hora de que se realice ha de estar próxima y, como en estos casos, lo prometido es deuda sagrada, tengo confianza en que las ilusiones no tardarán en ser realidades.
He aquí uno:
Los dos individuos acusados de haber hecho fuego sobre Mr. Lepine, el prefecto de policía, y sobre dos vigilantes cuando la manifestación Ferrer[2], han sido “absueltos”, y la cosa se explica fácilmente, me decía ayer un amigo, agregando:
Yo he formado parte varias veces del jurado del Sena, así he podido darme cuenta del modo como se juzga a los acusados.
Para que los jurados condenen, se requieren dos condiciones.
En primer lugar, la “certeza absoluta” de que el acusado es culpable; si existe sobre ello la menor duda, el acusado la aprovecha. Y es siempre con un sentimiento de descargo de conciencia que el jurado baja de la sala de sus deliberaciones para informar que su veredicto es absolviendo o mitigando. En segundo lugar, el jurado quiere saber, cuando su convicción está hecha, cuál será la pena pronunciada. Frecuentemente sus respuestas pueden llevar aparejadas condenas exageradas. En este caso el jurado prefiere contestar “no” a ver aplicada una pena injusta.
El remedio, concluyó mi amigo, para esta falta de precisión en la balanza de la justicia es acordarle al jurado el derecho de indicar (él) la pena que desearía ver aplicada. Es una reforma que la opinión reclama hace ya años. Pero como se trata de una cosa urgente y útil, los que de ello debieran ocuparse se molestan.
El momento histórico que atravesamos es por excelencia el de los números, léase estadística, y ¡ah! del que no lleva cuenta y razón de los fenómenos que ella se encarga de apuntar.
Luego paciencia, lector mío, si mi facundia intelectual no me ayuda para consignar en forma más amena los datos que van a leerse.
Continúa disminuyendo en Francia la natalidad.
La cifra de los nacimientos en 1909 es la más baja que hasta la fecha se haya hecho constar.
El cuadro que sigue muestra con qué rapidez desciende la natalidad francesa.
El término medio anual de los nacimientos fue:
En 1873-77, 953.000; en 1878-82, 933.000; en 1883-87, 923.000; en 1888-92, 865.000; en 1893-97, 858.000; en 1898-1900, 840.000.
El descenso se acentúa después así:
En 1904, 818.000; en 1905, 807.000; en 1906, 807.000; en 1907, 774.000; en 1908, 792.000; en 1909, 770.000.
Una pequeña compensación puede sin embargo anotarse; la mortalidad ha sido particularmente débil, el año pasado, a pesar de la disminución de la natalidad el excedente de los nacimientos sobre las defunciones es de 13.500.
La población en Francia por consiguiente ha aumentado en 13.500 unidades en tanto que en Alemania el aumento es de cerca de un millón (905.000) en Austria de 560.000, en Inglaterra de 404.000 y en Italia de 374.000.
Las cifras anotadas tienen para nosotros los argentinos, que es el santo para el que yo pido ante todo por aquello de que la caridad bien entendida empieza por casa, una importancia considerable; son una perspectiva de que no nos faltará inmigración alemana, austríaca, italiana.
Lo que es inmigración francesa, no debemos contar con ella.
Aparte de que el francés no es inclinado a tentar fortuna en tierras lejanas, como se ve, su capital humano, digamos, no crece casi.
Crece el otro, con ese sí podemos contar, el que proviene del ahorro, siendo esta en medio de los placeres de propios y extraños la tierra clásica de la economía.
Curioso, el francés que hace su agosto en el extranjero vive soñando con la idea de venir a gozarlo en su tierra, a la inversa de lo que pasa con los americanos del sur, principalmente, cuyo sueño dorado es venir a París a hacerse desplumar. Y no digo que el caso sea de no perdonarlo. No. los que tienen un poco de cacumen, se corrigen y salen ganando, cuando ya la reserva está agotada, una cosa muy buena para el individuo y para los pueblos: que hay que defender el dinero adquirido o heredado. ¡Cuesta tanto ganarlo! Solo los que padecen de lo que llamaremos de la debilidad de “hidalgarse”, solo esos vuelven a los patrios lares lo mismo que salieron, aunque peores.
Cuando iba a concluir esta nota, me entregan la Revue Politique et Parlamentaire*. Me detengo, abro al azar y leo lo que sigue, que relacionándose con lo del principio, vale la pena de ser leído.
El estudio de lo que extracto es sobre las “ilusiones de la demografía”.
Dice así monsieur A. de Foville[3]: “Otra observación hacia la que es menester llamar la atención, tiene su importancia, hasta de los hombres que calificamos de competentes”. Se traduce de esta manera:
“Cuando un pueblo rebelde a las leyes de la naturaleza deja o hace que su natalidad decrezca a punto que los que nacen son menos de los que mueren (es el caso “nuestro”, dice el autor), no solamente resulta afectado el número de los vivos, sino que al mismo tiempo resulta una perturbación en el equilibrio de las edades, y es así como la creciente esterilidad de los matrimonios (“menages”) franceses lleva aparejada la consecuencia de envejecer notablemente la nación considerada en su conjunto”.
Luego, paisanos queridos, nada de imitar en esto a los franceses siguiendo los malos consejos de Malthus…
Si la juventud, como ya lo tengo dicho, es la esperanza, procuren ustedes que la nación no envejezca.
A los productos del suelo feraz agréguenles anualmente una cosecha grande de recién nacidos, sanos y lindos como para hacer de ellos buenos diputados, senadores, concejales, gobernadores y, desde luego presidentes sesudos que gobiernen para todos.
Un buen ejemplo, no, dos ejemplos ingleses, el uno de tolerancia, el otro de conducta política para los partidos que no hallan para gobernar más colaboradores competentes, útiles que los incompetentes y los inútiles de su campanario.
Lo primero se refiere a un historiador que acaba de morir en Toronto, uno de los más ilustres filósofos e historiadores de Inglaterra, Mr. Goldwin Smith[4].
Fue profesor de historia moderna en Oxford y desde 1871 residía en el Canadá, donde predicaba la doctrina de la “anexión” de dicho país a los Estados Unidos, anexión que consideraba como segura en un porvenir más o menos remoto.
Fue también profesor de Eduardo VII*, que a pesar de su propaganda separatista, le conservó siempre la amistad de que era digno por su saber y su sinceridad; lo mismo que el pueblo inglés no cesó de tributar homenaje a su saber y estima a su carácter.
El segundo ejemplo se refiere al nombramiento del nuevo virrey de las Indias.
Hablo de sir Charles Harding, antiguo embajador en San Petersburgo, un “conservador”.
El gobierno “liberal” en mayoría parlamentaria actualmente no ha visto en él ni el color ni sus antecedentes históricos aristocráticos, ha visto solamente sus talentos, sus conocimientos enciclopédicos, su gran potencia de trabajo, es un infatigable, su vida pública y privada, y le ha dicho: por más conservador que seas anda a las Indias a servir noblemente a tu patria, como lo hicieron tus antepasados en la paz y en la guerra.
Su abuelo sirvió con brillo en las guerras peninsulares y en la batalla de Signy perdió una mano.
Una observación más para que se vea cómo es que los ingleses entienden el gobierno de partido.
Sir Charles ha estado ayer en el ministerio de relaciones exteriores “liberal”, a pesar de su ‘conservantismo’, entendiendo sus adversarios en ideas, y él, que una cosa es lo interno y otro lo externo, o que sin renunciar a sus vistas sobre lo de casa, la familia, bien puede un hombre dotado de penetración servir eficazmente a su país, a los suyos y a los que no lo son por disidencias en la manera de encarar el constante problema político social.
- Referencia a Leopoldo Frégoli (1867-1936), famoso actor cómico italiano de principios de siglo XX. (VIAF: 35216263).↵
- Francisco Ferrer Guardia (Alella, 1859-Barcelona, 1909) fue un pedagogo anarquista y librepensador español, condenado a muerte por un consejo de guerra que lo acusó de haber sido uno de los instigadores de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909. Su condena a muerte y su posterior ejecución levantaron una oleada de protestas por toda Europa y por América, y también en España, que acabaron provocando la caída del gobierno de Maura. (VIAF: 9855615).↵
- Alfred de Foville (París, 1842-París, 1913) fue un economista y estadístico francés, fundador del Instituto Francés de Estadística.↵
- Goldwin Smith (1823–1910) fue un historiador y periodista británico, profesor en la Universidad de Cornell y en Toronto. Autor de una prolífica obra, entre ellas: The United States: An Outline of Political History (1894), My Memory of Gladstone (1905), Irish History and the Irish Question (1906) y Labour and Capital (1906).↵






