Lunes 4 de Abril de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, marzo 5 de 1909.
[…][1]
la “vehedor general que a la sazón era de las guardas” de Castilla… etcétera.”
No me intrigan los arcaísmos esos, no, lo que me intriga es lo de Pirú con i.
Confieso mi ignorancia. No tengo ni sombra de sospecha respecto de dónde viene la cosa. Los pocos libros de consulta que poseo no me sacan de dudas. Pero todos ellos concuerdan en que a la región que sabemos, por ésta o aquélla razón más o menos plausible, se le llamó “Perú”.
¡No estar aquí a tiro de ballesta el tan sabedor americanista Ricardo Palma*! En un verbo me sacaría del paso.
Tengo un recurso: la Biblioteca Nacional de Francia; pero lo dejo para cuando haga menos frío, para nunca quizá, como decía el otro, o para algún investigador que no pueda más con sus ardores arqueológicos.
Y como esto se va haciendo largo y puede faltarme trecho y no me gusta poner “continuará”, me apresuro a entrar en la segunda y tercera parte del citado volumen, o sea, S. Bolívar es decir, Simón Bolívar; de otro modo Memorias sobre la vida del libertador Simón Bolívar por el general Tomás Mosquera[2], cuarto presidente constitucional de la Nueva Granada. Nueva York, imprenta de S. W. Benedict, calle de Spruce número 16, 1853.
Sobre este particular, hoy por hoy lo dicho basta. Otro día hemos de hablar un poco largo del gran hombre.
Vamos a lo más interesante en cierto sentido para un argentino. Esta tercera parte debió pertenecer al señor Juan M. Espora, ahijado de Rosas y padre, creo, del autor entre otras producciones de interés de los Episodios Nacionales[3].
Debió pertenecer, repito, y en razón lo fundo, siendo que en la carátula se lee estampado con sello de goma: “Juan M. Espora”.
La carátula tiene un título largo: ¡Viva la Federación! Rasgos de la vida pública de S. E. D. Juan Manuel de Rosas (Rozas), ilustre Restaurador de las leyes, héroe del desierto, defensor heroico de la independencia americana, gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires. (Lo acompaña un grabado, busto de perfil con uniforme de brigadier, bastante bueno, según mis recuerdos juveniles).
Dice además la carátula “trasmitidos a la posteridad por decreto de la H. sala de R. R. de la provincia de Buenos Aires. Imprenta del Estado, 1842”.
Cosas en extremo curiosas, sobre todo ahora, se contienen en esta tercera parte.
Voy a mandarle todo a mi amigo Adolfo P. Carranza[4], el fundador e infatigable director del Museo Histórico, para que lo explore y descubra. Es un eximio cateador, cuyos ojos no se cansan todavía de andar en estas averiguaciones.
Pero a manera de anticipo respecto de lo que él descubra, reproduciré una página para que se vea cómo se ven los altos relieves de un monumento lo que “hemos sido y lo que somos”.
Dice el documento “verbatin” como sigue:
“Los ciudadanos de la capital y pueblos de campaña, deseando solemnizar el día aniversario del natalicio de Nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes, convirtiendo este día en fiesta nacional, elevaron varias peticiones a la H. Sala sobre este objeto, a saber: Parroquias de la ciudad. Número de los suscriptos: Catedral al Norte 418, Catedral al Sud 112, S. Miguel 289, San Nicalás 176, Concepción 729 (era el barrio de los abastecedores), Monserrat 220, Piedad 346, Socorro 125, San Telmo 298, Pilar 148, Balvanera 171. Total: 3032.
Pueblos de la campaña. Número de los suscriptos: San José de Flores 212, Morón 205, Matanza 121, Quilme 595, Villa de Luján 146, Guardia de Luján 119, Pilar 34, Exaltación de la Cruz 31, San Antonio de Areco 87, Fortín de Areco 165, San Andrés de Giles 203, Guardia de Ranchos 54, Lobos 583, San Miguel del Monte 259, Navarro 126, Baradero 87, San Pedro 132, San Nicolás 126, Arrecifes 207, Salto 68, Rojas 126, Fuerte Federación 73, Dolores 394, Ajó 208, Tordillo 129, Pila 138, Vecino 107, Las Flores 75, Tuyú 349, Mar Chiquita 211, La Lobería 199, Tapalqué 208. Total: 5777”.
Resúmen general: 11 peticiones de la ciudad con 3032; 32 de la campaña con 5777. Total 8809.
La comisión de Peticiones de la H. Junta de Representantes informó favorablemente, y Rosas “declinó” el honor de que el 30 de Marzo fuera declarado fiesta nacional, llamándole “mes de Rosas”.
Los que quieran detalles más prolijos sobre la fraseología peculiar de la época pueden ocurrir al Archivo de la Provincia.
En ese mes de marzo de 1841 hay otras cosas singulares.
Mi propósito hoy día, ya lo dije, es hacer ver lo que hemos sido y lo que somos materialmente.
El resumen general que acaba de verse arroja un total de 8809 ciudadanos peticionarios.
Ahora bien, teniendo en cuenta el fervor de las pasiones de aquel entonces, no me parece temerario decir “la mayoría firmó”. Pero supongamos que solo firmara la mitad, tendríamos así que toda la provincia y su metrópoli, los criollos viriles (extranjeros había muy pocos), solo alcanzaban a unos 17.718, lo cual puede traducirse según las hipótesis estadísticas admitidas de esta manera: la provincia de Buenos Aires con su capital, en 1841 cuando mucho tenía 177.180 habitantes.
Decididamente hemos progresado algo y cambiado no poco obedeciendo a la ley que en la naturaleza todo cambia con el tiempo.
¿Han leído ustedes alguna vez cómo es elegido en Inglaterra el presidente de la Cámara de los Comunes?
Quizá no.
Por las dudas, voy a sumariarlo. Todo es raro en este país donde muchas cosas reales existen sin estar fisicamente representadas, por ejemplo, la guinea, moneda ideal si se quiere cuyo equivalente son veintiún chelines, uno más que la libra esterlina.
Cuando la Cámara de los Comunes se va a reunir, tiene que proceder a la “ceremonia” de elegir su speaker, su presidente.
Las cosas no pasan como en toda tierra de garbanzos más o menos constitucionales, muy al contrario.
Como mientras el speaker no está en la “Chair”, en la tribuna presidencial, nadie tiene el derecho de apelar a quien sea para hacer una proposición, el Clerk, secretario digamos de la Cámara de los Comunes, se pondrá de pie y, en medio del más profundo e imponente silencio, indicará alguna persona de autoridad reconocida.
Hecha esta designación, el Clerk of the House indicará una segunda que goce igualmente de reconocida influencia por su honradez y alta imparcialidad, como el otro, que no sea partidista.
Designado así el primer personaje, se llamará el “proposer” y el segundo el “seconder”.
La cámara llamara entonces unánimemente al antiguo speaker a la Chair, (tribuna o silla) del presidente. Este, vestido con traje de corte, frac a la francesa de terciopelo negro con botones de plata, calzón corto de terciopelo negro, medias de seda negra, zapatos con hebillas de plata y espadín con cabo de acero, adornada la cabeza con una peluca corta llamada bobwig, se pondrá de pie para darle las gracias a la Cámara por el honor que le hace. En seguida será conducido a la Chair por el “proposer” y el “seconder”. Se mantendrá entonces de pie en la plataforma y de ahí renovará sus agradecimientos. Luego se retirará para sacarse su peluquita y ponerse pelucón largo llamado “full-bottmedwig” y recibir el gran manto negro flotante de speaker.
El primer acto del speaker es pasar a la Cámara de los Lores y hacerle conocer su elección al lord canciller y en seguida solicitar la aprobación del rey. Obtenido esta proclama solemnemente todos los derechos de los comunes, entre otros el de tener en todo tiempo acceso cerca del rey y también que “todos los actos de los comunes puedan recibir la interpretacion más favorable”.
Todo esto remonta sin el menor cambio a los tiempos de Enrique VIII y, aunque en nada ofende la moral, no faltan moralistas de boca que ya griten: ¡Basta de antiguallas!
Al amable e inteligente joven de La Plata, que con fecha enero 22 me escribe, entre cosas lisonjeras:
“Hace mucho que para destruir la ignorancia o mala opinión que tienen en Europa de nosotros pienso traducir y circular allí obras americanas, muchas de las cuales podrán figurar dignamente en el Viejo Mundo; pero como temo fracasar (y con razón teme) necesitaría una opinión autorizada que me dijera si es o no bueno un proyecto así”.
Pues, amigazo, aquí tiene usted mi opinión: Venga a Europa, viendo si abrevia, y comparando se puede fallar con más acierto. Pero no se haga usted ilusiones sobre eso de traducir y editar aquí libros en español, americanos. Cuesta muy caro. Es casi un lujo hacerse traducir. Los mismos americanos del Norte allá por muerte de un obispo ven traducidas sus notabilísimas producciones.
Y con esto, señor V. T. S., mil gracias por sus letras, y que en el camino que recorre halle pocos abrojos, teniendo siempre presente lo que dice La Imitación: “No te prepares para mucho reposo sino para mucha paciencia”.
Entre dos que van apurados llevándole a un tercero dos noticias diferentes, una buena y otra mala, el último llega casi siempre primero.
¿Por qué?
Si el lector lo sabe con seguridad, mis congratulaciones.
- Este ejemplar de El Diario, albergado en la Biblioteca Nacional, se halla en muy mal estado. Por haber sido encuadernado junto con los ejemplares de mayo de 1910, fecha muy consultada por tratarse del Centenario, muchas de las páginas de este tomo (que incluye abril-mayo-junio 1910) resultan ilegibles por su nivel de deterioro. Los ejemplares de la Biblioteca del Congreso de la Nación no se hallan habilitados para la consulta. ↵
- Cipriano Mosquera, Tomás. Memoria sobre la vida del General Simón Bolívar: libertador de Colombia, Perú y Bolivia. Nueva York: Benedict, 1853. Disponible en la Biblioteca Nacional de Colombia. ↵
- Espora, Juan M. Episodios nacionales. Buenos Aires: Imprenta de Carlos Casavalle, 1888.↵
- Adolfo Pedro Carranza (Buenos Aires, 1857 – Buenos Aires, 1914) fue un historiador y abogado argentino, creador del Museo Histórico Nacional y director del mismo durante veinticinco años. (VIAF: 21845382). ↵






