Desde mediados de los años 90, Pedro Lemebel publica varios libros de crónicas, entre los que destaca Loco afán (1996), un conjunto de notas que recorren los efectos del sida a través de cuerpos en decadencia, sujetos devastados y devaneos “maricuecos” en una Santiago de Chile que todavía responde al toque de queda instaurado por la dictadura pinochetista. La retórica alambicada convierte cada texto en conjura verbal, mediante el esplendor lingüístico, del desvanecimiento de las figuras travestis que se alinean entre las primeras víctimas de lo que inicialmente se llamó “la peste rosa” por la pregnancia del virus entre la comunidad homosexual. La identificación grandilocuente del travestismo sudamericano con las estrellas de Hollywood permite asociar el gesto lemebeliano con la serie inaugurada por Manuel Puig y postular una estetización fúnebre de la colonización que implica la extensión proliferante de la plaga en el extremo del continente.









