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2 El horizonte de la filosofía hermenéutica

El paradigma hermenéutico, en líneas generales, se remonta a sus comienzos modernos en los trabajos de traducción de clásicos e interpretación de textos. En efecto, la filosofía hermenéutica de Hans-Georg Gadamer (1900-2002) vendría a ser su consumación pero también su superación. Considero preciso describir sintéticamente los puntos fundamentales de los problemas de conocimiento de que se ocupa la hermenéutica, en general, y la filosofía hermenéutica gadameriana, en particular. A tal fin, realizaré un esquema descriptivo según la lectura que el mismo Gadamer proporciona acerca de la hermenéutica.

En primer lugar, la palabra hermenéutica, como toda palabra de origen griego y adoptada en nuestro lenguaje científico- abarca diversos análisis de reflexión y en ellos, se compone de distintas acepciones y usos específicos. Pero, por lo mismo, es necesario ver de qué trata, como tal, esa palabra. De comienzo, una “definición”:

la hermenéutica es un arte del anuncio, la traducción, la explicación y la interpretación, e incluye obviamente el arte de la comprensión (…) la comprensión del sentido auténtico de lo manifestado (…) la labor de la ‘hermenéutica’ es siempre esa transferencia desde un mundo a otro[1]. Esta definición deriva de la palabra en su etimología en la cultura griega. De allí sabemos que la hermenéutica es una “praxis artificial[2].

En la mitología, Hermes era el dios mensajero, el médium entre dioses y hombres. Por otra parte, está la figura profana del hermeneus, quien debía traducir lo manifestado de modo extraño a un lenguaje inteligible para todos. De ahí la relación antigua entre hermenéutica y mántica, como el arte de transmitir la palabra y voluntad divinas, yuxtapuesta al arte de adivinación del futuro mediante signos. Luego, desde Aristóteles, las técnicas hermenéuticas se distinguen en hermeneia y hermeneus, esto es, explicación docta, traductor, comentador.

Con todo, en su paso desde la interpretación oracular al trabajo explicativo o de traducción de textos, la hermenéutica va de ser una tecné a un ars: el arte de comprender un discurso extraño. Así, posteriormente, con el sello del trabajo hermenéutico como arte de interpretación de un discurso extraño, tuvieron sus comienzos dos géneros del arte hermenéutico: el jurídico y el teológico. Hasta que en la modernidad se entiende, y nace como tal, la hermenéutica como saber de interpretación en la tradición científica moderna y su concepto de método y verdad.

Veamos ahora qué modos de saberes hermenéuticos anteceden, en tanto saberes de interpretación de textos, a la hermenéutica como filosofía moderna. Estos saberes interpretativos son las hermenéuticas teológica y jurídica, y sus posteriores desarrollos en la interpretación como modo filosófico de comprender textos y la filosofía misma.

1. Hermenéutica teológica

Como tal, la hermenéutica teológica es la correcta exposición de las Sagradas Escrituras. Tal desarrollo de un arte interpretativo de los textos sagrados tuvo distintos momentos históricos de transformación interna: para Agustín, interpretar consistía en la elevación del espíritu desde el sentido literal moral al sentido espiritual. A su vez, esta tradición recurría a la interpretación por sentido alegórico, por hiponoia, recurso de uso sofístico para dar sentidos explicativos a palabras originarias (mitos, epopeyas).

Un momento fundamental en la hermenéutica teológica es la ruptura de Lutero con el método alegórico eclesial a favor del tratamiento de textos con métodos de lectura plural de la Biblia. Así apareció un elemento normativo fundamental en la hermenéutica: una nueva conciencia metodológica para buscar la correcta interpretación de los textos que contienen lo decisivo o necesario de recuperar.

Con Lutero y su ruptura con la tradición eclesial de interpretación de la Biblia, aparece

un deseo de búsqueda de una nueva comprensión, rompiendo o transformando una tradición establecida mediante el descubrimiento de sus orígenes olvidados (…) La hermenéutica intenta alcanzar una nueva comprensión volviendo a las fuentes originales (para) poner de relieve lo ejemplar, ya se trate del anuncio de un mensaje divino, de la interpretación de un oráculo o de la ley preceptiva[3].

Con este quiebre teológico -de clave hermenéutica- inaugurado por la nueva tradición protestante, aparece junto a la motivación objetiva de interpretación objetiva de textos, una motivación que Gadamer llama “motivación formal”. Con la nueva conciencia metodológica de la ciencia moderna, la hermenéutica se usa como teoría general de la interpretación de los lenguajes simbólicos. Por ello se consideraba la hermenéutica como lógica. Este interés lógico-filosófico de fundamentar la hermenéutica tuvo sus exponentes en Chladenius, Maier, Flacius, Melanchton.

De la misma manera, la hermenéutica y sus principios metodológicos en los comienzos de la modernidad, tenía un apoyo innegable en la retórica, aunque no por ello la hermenéutica teológica se alejaba de los principios dogmáticos dejando fuera de discusión, lógicamente, el tratamiento filosófico de los problemas del arte de la interpretación.

2. Hermenéutica jurídica

En la tradición de Occidente, la hermenéutica tuvo aplicación concreta y efectiva en el campo del Derecho, y muy especialmente en la constitución del Derecho Romano. La relación clave entre texto, interpretación y jurisprudencia, tiene entre sus principales exponentes el Corpus iuris romano.

De la misma manera, en la tradición del Humanismo (y su lectura en las ciencias del espíritu, del Romanticismo) la hermenéutica jurídica tuvo una extensa tematización y aplicación, incluso tomando como ejercicio de lectura de lo universal a lo particular buscando redefinir el significado objetivo y universal de la ley desde casos particulares con objeto de deliberación y ulterior relación explicativa entre situación, juez y ley, paradigma de la problematización intrínseca al acto mismo de la interpretación.

3. El giro filosófico del idealismo

En un contexto de fenomenología del idealismo ilustrado, en el circulo representado por Schlegel, Hegel y Fichte, aparece el giro filosófico de la hermenéutica en la modernidad. Es obra de Friedrich Schleiermacher inaugurar la hermenéutica como teoría universal de la comprensión y de la interpretación desvinculada de todos los momentos dogmáticos y ocasionales. De comienzo, su preocupación fue hacer un giro bíblico, buscar el carácter científico de la hermenéutica teologica, pero tras este giro, aparecía un motivo filosófico: tal era la fe (romántica) “en la conversación como fuente de verdad propia, no dogmática y no sustituible por ninguna dogmática”[4].

El punto de partida metodológico de Schleiermacher fue la convicción en lo inefable de la comprensión mediante la experiencia intersubjetiva, como “capacidad para la amistad, para el diálogo, para la relación epistolar, para la comunicación en general”[5], rasgos de vitalidad romántica que confluían en la búsqueda de la comprensión y la superación del malentendido.

Desde Schleiermacher, dice Gadamer, la hermenéutica se comprende como aplicación específica de la interpretación viva de la literatura y de los textos sagrados. Con Schleiermacher, aparece el arte filosófico de la comprensión como el instrumento de un sistema científico aplicado a la interpretación de carácter discursivo del texto. De este modo, la hermenéutica se convierte en el fundamento de las ciencias históricas. Tras él aparecen los trabajos hermenéuticos de J. G. Droyssen, del conde de Yorck, de W. Dilthey, cuyo aporte fundamental a la hermenéutica fue no sólo la acuñación de “ciencias del espíritu” a los saberes de comprensión de la vida humana, sino más aún, la puesta en relación de los conceptos de vivencia y conciencia, bajo los términos de la experiencia.

4. Segundo giro hermenéutico: Nietzsche y Kierkegaard

Con Heidegger, la hermenéutica haría un giro ontológico radical en la comprensión de la tarea filosófica como experiencia hermenéutica. Pero este giro fue precedido de dos rupturas con el idealismo ilustrado. Ellos fueron los de S. Kierkegaard y F. Nietzsche. Kierkegaard, por un lado, propuso una crítica al idealismo desde el pensamiento por la experiencia padeciente del individuo, pero especialmente por el abordaje del yo padeciente pero desde otro punto de vista, el tú, el otro yo. Línea que luego seguirán Jaspers, Buber, Löwith.

Por su parte, Nietzsche es quien proporciona los elementos para un posterior giro ontológico de la hermenéutica, y esto porque en su obra Nietzsche dejó sentados estas afirmaciones: primero, no hay hechos, sino interpretaciones: segundo, la interpretación es un cambio de sentido de la verdad; tercero, la interpretación es una forma de la voluntad de poder.

Así, en el horizonte del nihilismo, la hermenéutica es otro modo de comprensión de la verdad, y otro modo de ser de la verdad, ya no como principio sino como interpretación.

5. Tercer giro filosófico de la hermenéutica: Husserl y Heidegger

Los desarrollos hermenéuticos como ciencias del espíritu siguieron curso en tanto proseguían los desarrollos de las ciencias exactas y naturales, por un lado, y se incrementaba notablemente el campo de saberes acerca del hombre, tras la irrupción de Kierkegaard y Nietzsche. De tal modo que, frente a la fenomenología de Husserl, y su preocupación por la conciencia en tiempos de crisis de las ciencias, M. Heidegger propuso una “hermenéutica de la facticidad”, interpretando la existencia misma como comprensión, interpretación y autoproyección de las posibilidades de sí mismo.

Este giro ontológico de la hermenéutica daba a la filosofía otro modo de relación con el conocimiento del hombre en el mundo, y con la comprensión de la experiencia humana del existir. Entonces, comprender no es ya otro modo del comportamiento humano sino “el movimiento básico de la experiencia misma”[6], no otro modo de ser que se pueda disciplinar metodológica y científica al uso de la ciencia moderna.

Ahora bien, preguntemos ahora ¿qué acontecimiento de discontinuidad emerge en el hilo de tensión que, desde Schleiermacher y hasta el giro ontológico de Heidegger tras el comienzo del perspectivismo nietzscheano, inaugura otro modo de la hermenéutica? El acontecimiento de comprensión de la verdad como aletheia. Dice Gadamer que “el acontecimiento de la verdad, que conforma el ámbito del desocultar y el ocultar, dio un nuevo carácter ontológico a la desocultación, incluida la de las ciencias. Así se pudieron formular una serie de nuevas preguntas a la hermenéutica tradicional.”[7]

6. La filosofía hermenéutica de Gadamer

La emergencia de ese acontecimiento de la verdad como aletheia es la plataforma de base desde la que Gadamer edificará su nuevo modo de comprender la hermenéutica. Y si su pensamiento lleva el nombre de filosofía hermenéutica, esto responde precisamente a que, desde la ruptura ontológica de Heidegger, Gadamer buscará maneras de responder a las inquietudes que tal ruptura epistemológica planteaba pero dejaba sin responder. Tales inquietudes eran, básicamente, las siguientes: ¿es la interpretación de un texto una reproducción objetiva del mismo, de su original?, ¿el concepto de objetividad de las ciencias alcanza para comprender la experiencia del arte?, ¿cómo comprender el sentido y los hechos históricos? Y ¿cómo comprender el sentido kerigmático de los textos sagrados?

A estas preguntas, Gadamer intentó dar respuesta y fundamento en su tratado Verdad y Método. En esta obra, Gadamer construye el edificio conceptual de la filosofía hermenéutica a partir de la interpretación no sólo del ser en el mundo como posibilidad de comprensión sino, más aún, de la comprensión de su ser en el mundo a través del lenguaje, y de la comprensión de las experiencias del arte, la experiencia filosófica y la experiencia histórica.

Así, la estructura básica del comprender se realiza por el lenguaje y por obra de la experiencia. Por un lado, la experiencia del arte, entendida como aplicatio, intellectio, y explicatio y más aún, como obra del juego formativo a modo de “transformación en construcción”. Y a su vez, las experiencias filosófica e histórica como posibilidades de la “conciencia efectual” y la comprensión del mundo por los ojos del lenguaje. Pero tal comprensión de la hermenéutica no se reduce a una generalidad formal entendida como lógica, como tampoco consta de fundamentos teóricos específicos para problematizar la comunicación.

La filosofía hermenéutica de Gadamer es una teoría de la comprensión con carácter de generalidad y universalidad, y de la comprensión entendida como proceso de lenguaje y de experiencia del mundo por camino del lenguaje. En esa línea, el diálogo adquiere protagonismo principal: “el modo efectivo del lenguaje es el diálogo”[8]. Diálogo que no es enunciado de valor lógico, sino que hace sentido en una dialéctica singular y originaria de pregunta-respuesta.

De esta manera, el lenguaje para Gadamer es más que una forma simbólica, es el modo de la experiencia del mundo. Por ello, la hermenéutica es leída aquí como de singular importancia para la formación: porque comprender el ser del hombre en el mundo como lenguaje y, por él, el acontecimiento formativo del diálogo y la experiencia de la alteridad (sea del arte, de la historia, del tú) es la posibilidad de pensarnos, de hacer una experiencia de conciencia. El mundo, dice Gadamer, es experiencial, su conocimiento se nos da por la experiencia.

Desde este giro de Gadamer, la hermenéutica asumió otro papel en las ciencias sociales. Sin embargo, su postulado principal (el acuerdo) no ha alcanzado aún desarrollos en el campo de la crítica y la aplicación de algunos saberes a espacios determinados de la vida social y cultural. Y esto quizás porque el acuerdo siempre tiene, hermenéuticamente, algo vinculante, y ese algo excede los ámbitos de la crítica y de la retórica. Ese algo es el acontecer de la palabra, en el encuentro entre las verdades propias sometidas a examen y transformación en el diálogo. Sin ello, el acuerdo no llega a ser un acto comprensivo[9], acto que nace de la reflexión filosófica al margen del dominio tecno-científico de la naturaleza y la sociedad. Sobre el acuerdo y la experiencia del diálogo como experiencia de comprensión, volveremos más adelante.

Una precisión es necesaria sobre la tarea de la filosofía hermenéutica gadameriana. En un texto de 1969, Gadamer hace una lectura culturalmente situada de su propuesta filosófica y señala algunas tareas y características de la misma. En primer lugar, la filosofía hermenéutica se ocupa de la conexión entre lenguaje e interpretación, para comprender la experiencia del diálogo vivo (aunque éste sea un texto escrito) y esto desde el supuesto del acuerdo. En segundo lugar, la filosofía hermenéutica es una “filosofía práctica”: es un arte cuya praxis no siempre responde a las normas lógicas del método científico. En tercer lugar, la filosofía hermenéutica es una ontología contrapuesta a un concepto óntico del dominio práctico-técnico del mundo y, como tal, describe la estructura ontológica del ser como “hermenéutica de la facticidad”. En cuarto lugar, la filosofía hermenéutica intenta comprender el fenómeno lingüístico (por ejemplo, un diálogo, un poema) en y desde su propia realidad vital. En quinto lugar, la filosofía hermenéutica comprende tanto la poética como la retórica como dos artes del lenguaje. Pero, superado el prejuicio ilustrado del arte poético como discurso menor o de ornatos, la filosofía hermenéutica busca en la poesía la esencia del lenguaje. Así, es tarea de la filosofía hermenéutica intentar explicar las figuras extrañas de la comprensibilidad de la obra poética.

De esta última tarea señalada, Gadamer deduce una conclusión que es la piedra angular de su filosofía: la comprensión de nuestra experiencia humana se nos da a pensar en la experiencia del arte. Esos modos de comprensibilidad extraños al discurso retórico y científico, son los modos que la experiencia del arte brinda a la comprensión desde el margen de la racionalidad científica. La experiencia del arte habilita otros modos de verdad que limitan la pretensión de validez objetiva de la ciencia. La experiencia del arte que hay, por ejemplo, en un discurso poético, no está aún incorporada a nuestra comprensión humana.

Por tanto, la filosofía hermenéutica puede abordar legítimamente esta autocomprensión en sus condiciones formales y buscar en ella un registro de conocimiento. Tal experiencia de autocomprensión humana se produce al interior del círculo hermenéutico: comprendemos en el través de nuestros prejuicios, de nuestra tradición, de la historia y de lo vivido; por ello, tareas hermenéuticas -como la lectura del diálogo poético-filosófico-, son una experiencia de un movimiento de horizontes fusionados.


  1. Gadamer, H, Verdad y Método 2, Salamanca, Sígueme, 2004, p. 95, el resaltado es mío.
  2. Ibid.
  3. Ob. cit. p. 98.
  4. Ob. cit. p. 100.
  5. Ibid.
  6. Ob. cit. p. 105.
  7. Idem. p. 106.
  8. Ob. cit. p. 112.
  9. Ob. cit. p. 118.


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