Oportunidades y desafíos para la recuperación y reciclaje del descarte textil
Agustina Vilariño[2] y Sebastián Carenzo[3]
El presente capítulo focaliza en los residuos textiles. Las secciones que siguen abordarán: (10.1) las características de los materiales, las problemáticas ambientales asociadas y el estado de situación actual, incluyendo normativa, así como diversas políticas y acciones vinculadas a la corriente; (10.2) las experiencias, oportunidades y obstáculos vinculados a la separación en origen y recolección diferenciada; (10.3) las experiencias, obstáculos y oportunidades para la valorización; y (10.4) las recomendaciones para avanzar hacia una economía circular inclusiva y sortear los obstáculos examinados.
10.1. Materiales, características y estado de situación
La corriente de residuos textiles incluye tanto a descartes posconsumo procedentes de vestimenta, calzado y otros productos elaborados con fibras naturales y/o sintéticas en desuso, como a los excedentes de las empresas manufactureras que utilizan tejido textil, hilos, o afines en su proceso productivo. Esto comprende en primer término a la industria de la confección textil, pero no solamente. Otras ramas también utilizan y descartan materiales textiles, tal como sucede con aquellos que se emplean para aislaciones y tapicería en terminales automotrices.
La mayoría de los procesos textiles comienzan con la obtención de una fibra con la que se hará un hilo, luego con este se realizará un tejido, con el cual se confeccionará finalmente una prenda u otro producto (repasador, etc.). En general, toda materia susceptible de ser hilada y tejida podría ser llamada “fibra textil”. Definimos como “fibra textil” a todo pelo, fibra, filamento, hebra, de origen natural o elaborada por el hombre que pueda ser hilada por el proceso denominado “hilatura”, en forma manual o mecánica.
Desde la Revolución Industrial, el sistema de producción textil estuvo organizado en función del uso de fibras naturales, principalmente del algodón. Este material fue históricamente el más utilizado para la fabricación de indumentaria. Sin embargo, en las últimas décadas, viene perdiendo protagonismo, cediendo su lugar ante fibras realizadas a partir de plásticos, como el poliéster, e incluso las fibras de base proteica. Conocer las diferencias entre estos materiales es importante porque supone distintos procesos técnicos para su eventual reciclaje y, en particular, porque resulta muy frecuente la fabricación de prendas basadas en la combinación de estos distintos tipos de fibra, lo cual dificulta enormemente su potencial recuperación. De hecho, el grueso de las experiencias de reciclaje textil trabaja básicamente con fibras naturales. Veamos ahora algunas de sus principales características y diferencias:
- Fibras de base celulósica: comprenden a aquellas obtenidas de plantas naturales, constituyendo un procedimiento técnico de antiguo linaje en la historia humana. Este material puede derivar directamente de un cultivo, como el algodón, o resultar extraído mediante el tratamiento químico de la celulosa proveniente de la madera. En cualquier caso, su utilización representa casi un tercio de todas las fibras usadas en el mundo para producir indumentaria (Ellen MacArthur Foundation, 2017), lo cual resulta de importancia si tenemos en cuenta que se trata de un material biodegradable.
- Fibras de base sintética: son fibras elaboradas desde procedimientos químicos desarrollados por el humano, que abarcan desde la síntesis de la materia prima que se utiliza (hidrocarburos) hasta la fabricación de la hebra o filamento. En la actualidad representan aproximadamente dos tercios de la materia prima mundial utilizada para la confección de prendas. Involucran una diversidad de materiales, entre los cuales el más común es el poliéster (55 %), seguido por el nylon (5 %) y el acrílico (2 %) (Ellen MacArthur Foundation, 2017).
- Fibras de base proteínica: son producidas a partir de fuentes de origen animal, como la lana y la seda. Representan menos del 2 % de todas las fibras utilizadas en el mundo (Ellen MacArthur Foundation, 2017), y la gran mayoría está representado por la lana. Este tipo de material evidencia un marcado reemplazo por otros que utilizan fibras de base sintética, que puede ser elaborado a menor precio y mayor escala.
Como cualquier materia prima, la producción e industrialización de fibras textiles presenta, en líneas generales, una serie de ventajas y desventajas, en términos técnicos, económicos y ambientales, según los materiales con los que se elaboren (estas se sintetizan en el cuadro 1).
Cuadro 1. Ventajas y desventajas de los distintos tipos de fibras textiles
Ventajas | Desventajas | |
Base | – Amplia versatilidad de usos gracias a sus fibras livianas, pero de alta resistencia mecánica, alta capacidad de absorción y propiedades antialérgicas. – Pueden ser fácilmente recicladas de forma mecánica. – Fibras como el lino secan rápido, son durables y se suavizan con los lavados. También pueden crecer con pocas cantidades de agua y fertilizantes, y hacerlo en tierras inadecuadas para la producción de alimentos. | – Su producción a escala involucra la utilización de pesticidas y fertilizantes, así como el empleo de sustancias químicas peligrosas en su manufactura. – Para lograr telas más lisas, se las suele mezclar con fibras sintéticas que dificultan su reciclado. – Su producción es costosa, por los cuidados que requieren tanto su cultivo, como su manufactura. |
Base | – No requieren de tierra cultivable. – Utilizan poca agua en su producción y procesamiento. – Versátiles: pueden ser utilizadas en diferentes tipos de prendas. – Se secan rápidamente después de lavarse. | – Utilizan gran cantidad de materias primas no renovables (hidrocarburos) cuya producción genera gases de efecto invernadero. – Requieren de mucha energía en su proceso productivo. – Durante el lavado desprenden microfibras que contaminan ambientes acuáticos. – No son biodegradables, por lo tanto, se mantienen en el ambiente por mucho tiempo. |
Base | – Cálidas pero respirables. – Son durables y se tiñen con facilidad. – Muy buenas propiedades absorbentes. | – Su producción es costosa, sobre todo la seda, que tiene un proceso de producción muy laborioso y específico. – La lana requiere de mucho espacio terrestre para ser producida, y las ovejas generan un potente gas (metano) de efecto invernadero. – Antes de ser usada, la lana debe ser tratada con químicos que tienen impactos negativos sobre el ambiente. |
Fuente: elaboración propia con base en Ellen MacArthur Foundation (2017).
Se estima que la industria de la moda es responsable del 10 % de las emisiones mundiales de contaminantes ambientales, lo que la posiciona como una de las industrias que más impacto generan a nivel global, superando a la contaminación asociada al transporte aéreo y marítimo en conjunto (Ellen MacArthur Foundation, 2017). Deben considerarse también sus impactos en términos de uso y contaminación de recursos naturales clave como agua y suelos. Un informe de la Agencia Europea de Ambiente (2019) indica que el uso intensivo de químicos para la coloración y terminación de telas y prendas hace que esta industria sea responsable por el 20 % de la contaminación mundial de agua potable y la liberación del 35 % de microplásticos al ambiente derivados del lavado de fibras sintéticas. Por otra parte, el tiempo en que los residuos textiles tardan en descomponerse o degradarse involucra una marcada variabilidad. Así, fibras naturales como el algodón se degradan en un par de años, mientras que las fibras sintéticas pueden llegar a tardar varios siglos en hacerlo.
En esto incide el creciente predominio del modelo negocio denominado “moda rápida” (fast fashion), que nos ha llevado a comprar 400 veces más ropa que hace 20 años atrás considerando el consumo mundial per cápita. Se estima que más de la mitad de la moda rápida producida en un año es descartada antes de los doce meses de uso. Pero, además, el requisito de atender a la velocidad del consumo y diversidad de la oferta hace que en promedio un tercio de las prendas que se fabrican en el mundo no se comercialicen, y, por ende, se descarten en vertederos o en incineración, como resultado de una mala o nula gestión del descarte textil (Gwilt y Rissanen, 2012).
En el campo del reciclaje a nivel global, la corriente de textiles comenzó a incorporarse en la agenda pública en forma relativamente reciente, en buena medida por efecto de campañas sobre la economía circular como la que lanzó la ONG Ellen MacArthur Foundation denominada “Hacia una nueva economía de los textiles”, en 2017. Esta iniciativa alertó, por ejemplo, sobre el hecho de que se utiliza menos del 1 % de material reciclado para la producción de nuevas prendas de indumentaria y otros productos textiles, representando más de USD 100 mil millones en costo de materiales cada año que podrían aprovecharse para dinamizar procesos de economía circular (Ellen MacArthur Foundation, 2017).
En el hemisferio norte, comenzaron a desarrollarse algunas iniciativas orientadas a la minimización, recuperación y valorización del descarte textil, que implementan normativas y políticas basadas en el principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Por ejemplo, la Directiva Europea (EU) 2018/851 obliga a los Estados miembros a comenzar la recogida selectiva de residuos textiles antes del 1 de enero de 2025. A partir de esta fecha, además de realizarse una recolección diferenciada, se establecerán objetivos específicos de reutilización y reciclaje textil. Esto, se prevé, supondrá un impacto para toda la cadena de valor, ya que será necesario que las empresas comiencen a diseñar sus productos para contener material reciclado, pero también para facilitar su posterior reciclaje. Además, toda esta información deberá estar claramente indicada en una etiqueta adjunta al producto textil en cuestión (La Nación, 2019). Siguiendo esta línea, en Francia se ha desarrollado un sistema de gestión llamado Refashion[4] (recuadro 1). También España se encamina en la misma dirección a través de la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados. En esta, se establece un régimen REP específico para el sector textil, indicando expresamente que quedará prohibida la disposición final directa de excedentes textiles no vendidos (El País, 2023).
Recuadro 1. El caso del sistema de normativa de gestión Refashion, Francia
En Francia, en la misma línea de lo que indica la Directiva Europea (EU) 2018/851, las empresas del rubro textil están obligadas por ley a pagar una contribución que administra Refashion para financiar plantas de recuperación en función de las toneladas de ropa que clasifiquen. La tarifa básica que abonan las marcas se define por el peso del producto, independientemente de los materiales o de su calidad. Pero Refashion está ampliando el tipo de aportación para premiar la reducción de materiales en la fabricación o el índice de reciclabilidad. En este sistema de modulación, cuantos más criterios ambientales cumplan las empresas, menos pagarán. Desde su implantación, Francia ha duplicado la proporción de textiles usados recogidos para su reutilización y reciclaje, lo que supone también evitar que hayan llegado a los centros de disposición final. También se recompensa a aquellos municipios que trabajen en la comunicación pública sobre la temática de separación y recolección de descartes textiles.
En Argentina, la incorporación de los residuos textiles en la agenda pública es aún incipiente. Si bien, como veremos más adelante, existen algunas iniciativas muy sugerentes, resulta una corriente donde el desarrollo de la recolección diferenciada, la clasificación y transformación no puede compararse con el que evidencian otras corrientes como plásticos, papel y cartón. Tampoco hay información rigurosa que permita caracterizar la magnitud de esta corriente, en tanto no se levantan registros sistemáticos sobre descartes textiles, pero además porque existe amplio espectro de prácticas informales e ilegales de descarte en microbasurales y basurales clandestinos. La información disponible indica que aproximadamente el 5 % de los residuos sólidos urbanos (RSU) totales que se generan anualmente en el país corresponden a descartes textiles.[5] En tal sentido, se estima que consumimos un promedio de entre 7 y 10 kg de ropa por año/persona y que aproximadamente la misma cantidad se genera como residuo textil posconsumo (Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, 2023). En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según el estudio de calidad de los RSU, elaborado por la Facultad de Ingeniería de la UBA y la CEAMSE, el componente de materiales textiles representa el 4,65 % del total de los residuos (Giorgi y Rosso, 2015), coincidiendo con el valor correspondiente a nivel nacional.
En Argentina no existen normativas que diferencien los textiles de otros residuos sólidos urbanos, abriendo a la posibilidad de atender a las especificidades de su reciclaje. No obstante, algunas iniciativas comienzan a orientarse en esta dirección, como por ejemplo el Proyecto de Ordenanza presentado en el Concejo Deliberante de La Plata a inicios de 2022 (recuadro 2), que busca establecer un régimen especial para los residuos sólidos de origen textil (Diario 0221 Online, 2022).
Recuadro 2. El Proyecto de Ordenanza de La Plata para residuos de origen textil
El Proyecto de Ordenanza presentado en La Plata (Yanina Lamberti, Frente de Todos) propone abrir un registro de generadores que, por las características de su actividad, generen residuos sólidos textiles industriales y/o comerciales. En paralelo, establece la creación de un registro de operadores de residuos sólidos textiles y recuperadores textiles urbanos, donde podrán inscribirse recuperadores urbanos; organizaciones sociales; instituciones científico-académicas públicas o privadas en todos sus niveles; y emprendimientos de empresas que declaren un interés legítimo por el reciclado, recuperación o reutilización de residuos sólidos textiles generados en La Plata, garantizando la trazabilidad del residuo textil. El registro creado deberá incluir, especifica el texto, al menos, la identificación de la persona física o jurídica responsable frente a la autoridad de aplicación y una declaración del procedimiento y capacidad de operación propuesto.
Los datos precedentes evidencian la urgencia y la importancia de reorientar el marcado sentido lineal que organiza el modelo vigente de fabricación, consumo y descarte de indumentaria. Grandes cantidades de recursos no renovables son extraídos del ambiente para producir prendas que serán utilizadas por cortos períodos de tiempo, para luego ser finalmente descartadas y/o incineradas en basurales y vertederos. Este sistema lineal desaprovecha oportunidades económicas, al tiempo que aumenta la presión sobre recursos finitos, contaminando y degradando el ambiente.
Para contrarrestar esta tendencia y avanzar hacia una economía circular de los residuos textiles, se perfilan claramente dos lineamientos a futuro. Por una parte, destacar el rol del diseño –tanto de productos finales como de procesos productivos– para optimizar el aprovechamiento de los insumos textiles, y, por ende, minimizar la generación de residuos. Esto es particularmente relevante, por ejemplo, en relación con los procedimientos de “tizada” y “corte”, es decir, cuando se imprime sobre la tela el contorno a recortar. Así, un mejor diseño permitirá utilizar mayor superficie, reduciendo la cantidad de entrecortes de poco tamaño que finalmente se descartan. En forma complementaria, en relación con la gestión de los residuos, resulta clave promover una mayor participación de las organizaciones de recuperadores tanto en las acciones de recuperación, clasificación y tratamiento de los residuos de esta corriente.
10.2. Separación en origen y recolección diferenciada: experiencias, obstáculos y oportunidades
En el hemisferio norte, destacan iniciativas de recolección diferenciada de descartes textiles, básicamente ligadas a indumentaria usada, que empiezan a replicarse también en nuestro continente (recuadro 3). En principio, se identifica un circuito histórico vinculado a organizaciones de caridad que reciben y clasifican prendas en sectores residenciales de países industrializados (imagen 1), para luego direccionarlos a circuitos de donación en países de bajos y muy bajos ingresos (Ambroisine, 2014). Más recientemente, y en estrecha vinculación con la incorporación en la agenda pública de una perspectiva de economía circular, cobraron fuerza sistemas de logística reversa vinculados a grandes marcas de indumentaria tales como H&M, Zara o Patagonia. Estos esquemas apelan al involucramiento de los consumidores en la devolución de las prendas que van a descartar en los mismos locales comerciales de las firmas involucradas. Esta modalidad para la recuperación de los productos que se colocaron previamente en el mercado comienza a afirmarse como parte de las estrategias de sustentabilidad corporativa en esta industria tanto en países europeos como también en China y los EE. UU. (Juanga-Labayen et al., 2022).
Imagen 1. Contenedores de recepción de textiles de la organización Usagain, California, 2022

Fuente: elaboración propia.
Recuadro 3. Libera tu Ropa: una respuesta sostenible a la gestión de residuos textiles en Chile
Chile cuenta con una escasa regulación para la importación de ropa usada americana y europea, lo que ha conducido a una alta rotación de prendas y, en consecuencia, a grandes cantidades de textiles en desuso sin una gestión adecuada. Según el Ministerio de Medio Ambiente de Chile, alrededor del 7 % de los residuos sólidos urbanos producidos por cada habitante corresponden a textiles, alcanzando unas 572.118,9 t anuales de residuos textiles en 2018.
Ese mismo año se puso en marcha el emprendimiento Libera tu Ropa, con la premisa de abordar la problemática ambiental vinculada a la gestión de excedentes de ropa en desuso en ese país. Inicialmente concebido como una tienda de venta de prendas de segunda mano bajo el sistema de consignación, enfrentaron desafíos logísticos debido a la falta de espacio y, posteriormente, optaron por cambiar su modelo de negocio hacia la recepción de donaciones de indumentaria y calzado. La necesidad de mantener una rotación rápida de la ropa para evitar la acumulación en la bodega motivó la colaboración con instituciones y organizaciones locales. Otro reto relevante fue la gestión de las prendas en mal estado, para lo cual desarrollaron un sistema de reciclaje que les ha llevado años perfeccionar. Actualmente Libera tu Ropa recibe prendas en cualquier estado, promoviendo un enfoque inclusivo y sostenible en la gestión de textiles. Una vez que las donaciones de ropa son recibidas, se inicia un proceso de selección y clasificación. Las prendas en buen estado se destinan para donación a través de alianzas con organizaciones gubernamentales, juntas de vecinos y fundaciones. Otra parte de la ropa se comercializa en el propio depósito o tienda de la organización, utilizando un sistema de venta por peso a precios muy accesibles. Por último, las prendas en mal estado se reciclan para convertirlas en trapos de limpieza, los cuales se ponen a la venta, generando así un ingreso adicional.
En conclusión, Libera tu Ropa se erige como una voz novedosa en la concientización respecto al consumo desmedido en un país con un alto consumo de textiles. Su enfoque sostenible y su capacidad de adaptación muestran la importancia de la acción comunitaria y la búsqueda de soluciones creativas en la lucha contra el descarte de textiles y la promoción de la economía circular en Chile.
En Argentina, la separación en origen y la recolección diferenciada de descartes textiles resultan prácticas aún incipientes, sobre todo en comparación con otras corrientes de residuos como los envases y embalajes plásticos o el papel y el cartón, que se encuentran mucho más desarrolladas. Si bien no hay datos sistemáticos sobre este sector a nivel nacional, un estudio de la Agencia Córdoba Ambiental indicó que para la ciudad de Córdoba un 7 % de los residuos sólidos son textiles, y que el 85 % terminan dispuestos en rellenos sanitarios o basurales (Cherubini, 2021). Pero, además, en línea con tendencias evidenciadas en el resto del continente, es posible diferenciar dos circuitos: uno vinculado a los residuos de industrias manufactureras y talleres de confección, y otro vinculado al descarte doméstico. El primero involucra residuos conformados por piezas pequeñas (recortes) pero muy homogéneos (tanto en composición como volumen), por lo cual se vincula más fácilmente con circuitos de reciclaje. El segundo, en contraste, comprende básicamente descartes de prendas enteras confeccionadas con fibras de distinto tipo, por lo cual resulta más habitual su relación con circuitos de reutilización (Greenpeace, 2021).
No obstante, desde el ámbito público, comienzan a desarrollarse iniciativas orientadas al reciclaje de esta corriente de residuos, a partir de iniciativas que promueven la separación en origen y la recolección diferenciada específica de residuos textiles. Algunos municipios recolectan, como Avellaneda, que lo hace de manera gratuita en fábricas y talleres, o bien otros que reciben materiales en centros, como el de la Municipalidad de Córdoba (recuadro 4) o los ecopuntos textiles ubicados en distintos espacios de la ciudad de Posadas.
Recuadro 4. Iniciativas públicas para fomentar la separación en origen y la recolección diferenciada: las experiencias de las municipalidades de Avellaneda y Córdoba
El Municipio de Avellaneda, a través del Programa Avellaneda Recicla, ofrece un servicio gratuito de recolección diferenciada para talleres y fábricas de confección localizadas en este territorio metropolitano, cuyos descartes textiles de producción puedan ser reutilizados en otros proyectos (La Ciudad. El Diario de Avellaneda, 2023) y lo derivan para su recupero a Integrando Textiles. Esta última es una iniciativa conjunta entre el gobierno local y la diseñadora Luma Baez, que redistribuye los descartes a aquellos interesados en ponerlos en valor, también brindando capacitaciones en procesos de suprarreciclaje, es decir, focalizados en el diseño y fabricación de productos textiles a partir de insumos recuperados, pero con alto valor agregado[6].
Por otra parte, la Municipalidad de la ciudad de Córdoba inauguró en noviembre de 2022 el Centro Verde Telas. El centro está administrado por el Ente Córdoba Obras y Servicios (COYS) y emplea a trabajadores de cooperativas de la ciudad, quienes reciben, clasifican y acondicionan las telas para su reutilización. En el primer mes de funcionamiento, el centro acopió 10.043 kg de residuos textiles aportados por vecinos, otros centros verdes y las empresas Soldar, Marea, IFK, Natural, Haybon y Dadone. Posteriormente, en el marco de esta iniciativa de economía circular, estos materiales son derivados a asociaciones civiles y cooperativas de trabajo que los utilizan como insumo para la confección de nuevos productos[7].
Si bien resultan acciones puntuales que no logran incidencia a escala, este tipo de iniciativas permiten trazar orientaciones para su posterior replicación, evidenciando que el establecimiento de esquemas de separación en origen y recolección diferenciada de textiles constituye el paso fundamental e insustituible para alcanzar un correcto proceso de reciclaje. En particular, aquellas que articulan gobiernos locales con cooperativas de recuperadores guardan un enorme potencial para planificar procesos de recuperación diferenciada de residuos textiles a gran escala. En este sentido, debemos señalar que se verifica un muy escaso involucramiento de este sector de recuperadores en iniciativas de reciclaje textil. Esta situación obedece a la virtual ausencia de un mercado que demande el descarte textil posconsumo, motivo por el cual los recuperadores no cuentan con incentivos económicos para incorporar la recuperación de esta corriente en forma sistemática, de allí que, por el momento, puedan involucrarse en iniciativas donde el sostenimiento económico del esfuerzo de recolección es asumido por un organismo público, como son los casos de Avellaneda o Córdoba. Esto permite entonces cerrar el apartado con una reflexión necesaria respecto de la importancia de desarrollar esquemas de recolección diferenciada para esta corriente que permitan aprovechar el enorme potencial del sector de recuperadores urbanos para capturar descartes domésticos posconsumo en función del alcance territorial que caracteriza su práctica cotidiana.
10.3. Qué pasa luego de la recolección diferenciada: experiencias, obstáculos y oportunidades para la valorización
Tal como se mencionó previamente, uno de los principales obstáculos para la valorización de los descartes textiles comienza desde el mismo diseño de telas y prendas, en tanto resulta muy frecuente el uso integrado de fibras de origen vegetal y sintéticas que no pueden reciclarse en un único proceso. Actualmente, la modalidad de reciclaje de fibras más extendida es el desfibrado mecánico, que consta del progresivo desgarro de un trozo de textil, hasta convertirse en una masa de fibras cortas (denominado “vellón”) que luego sirve de materia prima para la realización de nuevos productos (sean hilados o no), que a su vez presentan un rango de calidades muy amplio.
Básicamente, el propio tratamiento hace que las fibras se acorten, lo cual deteriora directamente la calidad y resistencia de los productos obtenidos a partir de ellas. Así, productos más ordinarios como trapos y rejillas pueden fabricarse empleando fibras recicladas en su totalidad. Pero otros, como las telas para indumentaria, que requieren mayor durabilidad u homogeneidad en el grosor del hilado, tienden a incorporar fibras vírgenes, más largas y por ende de mayor resistencia. Esto significa la combinación, casi inevitable, de material virgen y material reciclado para llegar a confeccionar este tipo de prendas. Por el momento, esta variante es la que domina a nivel de las iniciativas de valorización de textiles en general desarrolladas globalmente (Schumacher y Forster, 2022).
Por otra parte, las iniciativas más desarrolladas no solo emplean recortes de algodón virgen de gran calidad, sino que además se focalizan exclusivamente en la reutilización de fibras de base vegetal (recuadro 5), lo cual deja afuera a los textiles elaborados con fibras sintéticas de amplio uso en la actualidad. En efecto, separar los diferentes tipos de fibra en una prenda es un proceso engorroso y, si bien hay avances tecnológicos para llevar a cabo esta actividad, por ahora no resultan lo suficientemente rentables o aptos para ser incorporados a gran escala. No obstante, algunas iniciativas en países industrializados vienen desarrollando innovaciones para ampliar el tratamiento de estas fibras sintéticas. Tal es el caso del proyecto conjunto entre la corporación H&M y el Instituto de Investigación de Textiles y Confecciones de Hong Kong (IITCHK), quienes por cuatro años investigaron la forma de lograr la separación de las fibras de algodón de las de poliéster, alcanzando resultados muy alentadores[8]. El método para hacerlo consta de un proceso en el cual solo se utiliza calor y agua (hidrotérmico), y menos de un 5 % de químicos biodegradables, para separar estos dos materiales. El poliéster recuperado puede ser reutilizado directamente sin perder su calidad. Este método de reciclaje de fibra a fibra no produce contaminación secundaria al ambiente, asegurando así la prolongación de la vida del material reciclado. Sin embargo, por el momento se trata de iniciativas experimentales que involucran tecnología de alto costo, lo cual las vuelve directamente inviables para la mayoría de las firmas que componen el sector en nuestra región, con una fuerte participación de pymes que ya deben enfrentar obstáculos económicos como la competencia de productos importados o el costo elevado de las materias primas.
Recuadro 5. El caso de The New Denim Project, Guatemala, de recuperación de textiles
Un ejemplo paradigmático impulsado en Centro América es The New Denim Project, una empresa textil fundada en Guatemala en 1956. La tercera generación a cargo de la fábrica puso el foco en la recuperación de textiles desde una perspectiva de economía circular, con el objetivo de generar un circuito cerrado de fabricación y recuperación que diera como resultado textiles hechos con materiales reciclados, que pudiera reutilizar los subproductos derivados del proceso y minimizar la huella ecológica de la fabricación[9]. La empresa ofrece una amplia variedad de textiles, tales como muselinas, denim y algodones, y también telas para decoración y para el hogar. Su proceso comienza con la recolección de descartes de producción de fábricas cercanas, estos retazos se procesan para crear hilados con un contenido parcial de material recuperado, y luego se utilizan para la realización de esta amplia gama de textiles. El proceso no utiliza químicos ni tinturas, y el uso de agua y energía fue reducido al mínimo. Tampoco utilizan materiales sintéticos, en tanto tienen el compromiso de ofrecer textiles 100 % naturales y compostables. Además, la pelusa de algodón generada en el proceso es donada a productores de café de la zona, que la utilizan en sus compost para cultivar el grano (Vogue México, 2021). Así, tanto los residuos generados por la empresa como los productos cuando entren en fase posconsumo podrán reutilizarse como materias primas en nuevos circuitos productivos, dentro y fuera del rubro textil.
En Argentina, el circuito vinculado a los descartes industriales no solo concentra el grueso de las iniciativas de reciclaje a escala existentes en el país, sino que además incluye algunas muy innovadoras en línea con las tendencias de reciclaje de textiles a nivel mundial (recuadro 6). De acuerdo a la caracterización realizada por un industrial del sector de confección de indumentaria, este circuito se estructura del siguiente modo: en principio, integra a fábricas y talleres de confección que generan descartes de textiles, que a su vez abastecen a intermediarios y revendedores que luego comercializan este material a otros fabricantes, principalmente del rubro de artículos de limpieza. En este sentido, remarcó que involucra básicamente residuos textiles de fibras vegetales que, aprovechando su capacidad para la absorción de líquidos, son utilizados para fabricar productos tales como trapos de piso, rejillas y estopa. Sin embargo, sus fabricantes prefieren ocultar el origen de su materia prima puesto que asumen que sus consumidores pueden interpretarlo como un indicador de baja calidad del producto.
Recuadro 6. El caso de Le Utthe, provincia de Buenos Aires, de reconversión para la utilización de los propios desechos en la producción
La empresa Le Utthe, fundada en Bragado (provincia de Buenos Aires) en 1982, cuenta actualmente con más de 50 locales en todo el país, constituyendo un referente para el mercado local. Posee una planta industrial de 10.000 m2 donde trabajan 400 empleados, con el equipamiento necesario para desarrollar todos los procesos de la prenda, desde la fabricación de la tela hasta la confección de indumentaria terminada, incluyendo talleres de corte y moldería, bordado, estampería y lavandería[10]. Desde 2020, en su planta central, convierte los desechos textiles de su propia producción en una nueva fibra de algodón reciclada. La nueva planta cuenta con 4.600 m2 para llevar a cabo este proceso, incorporando maquinaria importada con tecnología de última generación, que les permitió disminuir el consumo de agua y energía, así como reducir el uso de recursos naturales vírgenes y disminuir la producción de residuos en el proceso[11]. A diferencia del caso anterior (recuadro 4), en Le Utthe la fibra recuperada de origen vegetal se mezcla con fibras vírgenes y sintéticas. En sus locales, estas prendas de algodón recuperado pueden encontrarse bajo el nombre “LUT R3”. Gorros, medias y sweaters son un ejemplo de los ítems disponibles en esta línea.
Por otra parte, en Argentina, el circuito del posconsumo doméstico de indumentaria y demás textiles para el hogar aporta el volumen mayoritario de descartes direccionados a sitios de disposición final como rellenos sanitarios y carece de sistemas de recuperación y reciclaje sistemáticos y a escala. Aquí es preciso destacar que la reutilización de prendas descartadas en circuitos de segunda mano es, antes que su reciclado, la principal modalidad de extensión del ciclo de vida de la indumentaria a nivel del posconsumo. De este modo, las prendas que unos desechan son aprovechadas por otras personas a través de distintos circuitos de donación y/o remercantilización (Wilkis y Carenzo, 2008; Busso, 2011), llegando incluso a extenderse entre países limítrofes (Bergesio y González, 2021). De este modo, en forma previa al descarte definitivo y pasaje a la condición de residuo, la indumentaria textil suele ser reutilizada entre dos y tres veces.
Otra cuestión clave que explica el muy bajo porcentaje de recuperación y reciclaje de textiles posconsumo fue aportada por un industrial del rubro entrevistado quien remarcó que la propia composición de los descartes es un impedimento, en tanto su fabricación incorpora frecuentemente fibras naturales (como algodón, lana o seda), mixturadas con otras sintéticas (poliamidas y poliéster), así como también una gran cantidad de remaches, cierres e incrustaciones de materiales plásticos y/o metálicos. Esto presenta un problema porque los procesos de reciclaje textil existentes en el país operan básicamente con fibra de algodón, por lo cual se abastecen exclusivamente de recortes industriales que pueden garantizar la homogeneidad y limpieza del residuo a utilizar como insumo (Miranda, 2018). No obstante, más allá de las limitaciones señaladas, algunas iniciativas han comenzado a encarar prácticas específicamente orientadas al reciclaje de indumentaria textil. Este es el caso de la planta de recuperación textil de la Fundación Futuro Verde (recuadro 7).
Recuadro 7. Una planta piloto de recuperación textil en Misiones
La Fundación Futuro Verde inauguró en Posadas (provincia de Misiones) en abril de 2022 (Misiones Online, 2022) una planta de recuperación de textiles. Comandada por la diseñadora Erica Vega (de la marca Imix), esta iniciativa de triple impacto busca la inserción laboral de mujeres en situación de vulnerabilidad o privadas de su libertad, en un formato laboral innovador, que acompaña a la transición ecológica. También transforma residuos en nuevos productos, alargando la vida útil del material y generando un ahorro significativo de agua y emisiones de CO2, generadoras de cambio climático. La planta se abastece de los materiales depositados por el público en Ecopuntos textiles ubicados en distintos espacios de la ciudad de Posadas, que son sometidos a un proceso de acondicionamiento, customización (personalización) y rediseño para elaborar nuevos productos, como por ejemplo bolsos, mochilas y gorros a partir de pantalones de jean descartados[12].
Estas iniciativas evidencian transformaciones que, de forma aún incipiente, está encarando la industria textil y de recupero de sus materiales en el país.
Desde espacios socioproductivos comunitarios, también se desarrollan iniciativas basadas en la innovación y el diseño social. Tal es el caso de la Cooperativa Reciclando Sueños (La Matanza), que desarrolla prototipos experimentales para el reciclado de descartes textiles, que no solo están motivados en la obtención de un producto rentable a partir de materiales recuperados que la cooperativa no puede comercializar actualmente, sino que además busca atender a una problemática socioambiental muy grave como son los basurales clandestinos (recuadro 8).
Recuadro 8. La fabricación de tejas con textiles y plásticos “sin mercado”, Cooperativa Reciclando Sueños de La Matanza
El basural de Las Achiras se localiza en una zona lindera al Mercado Central de Buenos Aires y a unos escasos 3 km del lugar donde opera la cooperativa Reciclando Sueños, en el municipio de La Matanza. Se trata de un basural conformado en un 90 % por descartes de retazos y sobrantes provenientes de decenas de talleres de confección localizados en las inmediaciones. Estos descartes son generalmente quemados como forma de reducir su volumen, lo cual genera humos particulados que afectan la salud y el ambiente de los habitantes de los barrios cercanos (imagen 2).
Imagen 2. Búsqueda de muestras de descartes textiles en el basural de Las Achiras, 2022

Fuente: elaboración propia.
Esto motivó a Marcelo Loto, presidente de la cooperativa, y principal responsable de los procesos de innovación y desarrollo tecnológico que allí se desarrollan, a comenzar a diseñar procesos y productos capaces de utilizar estos descartes. Hacia mediados de 2022, se iniciaron las primeras experimentaciones para identificar prestaciones y comportamientos de estos materiales que en su amplia mayoría (95 %) correspondían a retazos conformados por telas de fibras sintéticas (poliéster, poliamidas y otras) o mixturadas con un pequeño porcentaje de fibras naturales, razón por la cual eran directamente descartados. Para ello, la cooperativa reacondicionó una vieja máquina trituradora de textiles que les permitió homogeneizar el descarte (imagen 3).
Imagen 3. Triturado de descartes textiles de base sintética, 2022

Fuente: elaboración propia.
Luego, utilizando la prensa caliente, desde la cooperativa se exploró la mezcla de estos materiales con triturados de plásticos que tampoco tenían mercado, con la idea de hacer unas placas, en donde el triturado aportara densidad, y los textiles, trama, generando un placa delgada y liviana, pero de gran resistencia mecánica, tal como puede verse en el prototipo experimental de una teja colonial en la imagen 3. Con este material de base, luego diseñaron una matriz para fabricar tejas para techos con distintos modelos.
Imagen 4. Sistematización de la experimentación para una teja “colonial”, 2023

Fuente: elaboración propia.
Después de varios ensayos, finalmente, arribaron a un modelo de teja acanalada que facilita su colocación, pudiendo entonces pasar a la etapa actual del desarrollo, dedicada a analizar su comportamiento frente a agentes naturales como el sol, viento y lluvia. Para esto, se montó un techado demostrativo en la cooperativa (imagen 4).
Imagen 5. Montado de techo para testeo en la cooperativa, 2023

Fuente: elaboración propia.
De este modo, mediante la mezcla de las fibras textiles con plásticos difíciles de recuperar, la cooperativa puede generar productos circulares enmarcados en un proyecto con alto impacto social y ambiental. Al momento, esta experiencia se encuentra en fase de prototipo, testeando el comportamiento del material frente a la acción de agentes climáticos, la acción del fuego y otras pruebas, antes de pasar a una etapa de producción e implementación para mejoramiento de viviendas en un barrio popular cercano a la cooperativa. No obstante, decidimos incluir su referencia porque nos permite destacar el potencial innovador existente en el sector de recuperadores urbanos con relación al reciclaje inclusivo (en este caso de descartes textiles). De allí que cabe resaltar una vez más la importancia de generar condiciones para un involucramiento más activo del sector en la recuperación diferenciada y el procesamiento de esta corriente en un marco de economía circular inclusiva.
Asimismo, existen otras experiencias abordadas dentro de espacios de investigación y universidades. Por ejemplo, a partir de la utilización de descartes textiles industriales, la arquitecta Marta Yajnes, vinculada a centros de investigación sobre materiales en la Universidad de Buenos Aires[13] y la Universidad Nacional de San Martín[14], desarrolló una placa aislante térmica y acústica llamada “Texacem”. Se trata de una iniciativa original y de carácter distintivo, ya que reinserta productivamente residuos de la industria textil en la industria de la construcción con economía circular, que tuvo una mención en el Concurso Nacional de Innovaciones (INNOVAR) categoría “Investigación Aplicada”, y ya cuenta con registro en el Instituto Nacional de Patentes Industriales y está próximo a pasar a fase productiva.
Estos últimos ejemplos resultan muy sugerentes y nos recuerdan que el ámbito de la innovación social guarda un gran potencial para desarrollar soluciones a la problemática socioambiental de los descartes textiles. No obstante, tanto estas, como aquellas iniciativas impulsadas desde el ámbito privado enfrentan dos obstáculos significativos a la hora de impulsar soluciones de mayor escala y amplitud. En primer término, el reciclado de textiles involucra maquinaria costosa, fabricada en el extranjero y generalmente diseñada para tratar grandes volúmenes de textiles recuperados. En tal sentido, por una parte, la importación de estas máquinas involucra ciertas barreras al acceso dadas por la depreciación de nuestra moneda y algunas medidas proteccionistas que obstaculizan el ingreso de bienes al país. Asimismo, existen otras cuestiones de orden práctico, como el espacio disponible en las plantas existentes puede operar como una limitante derivada. Una línea de producción de desfibrado de retazos puede ocupar unos 400 m2, y esto es solo para lograr un vellón de fibras cortas. Una hilandería superaría este espacio en una vez y media, como mínimo. Y para lograr una prenda terminada, se requeriría triplicar dicha superficie.
En segundo lugar, pero en estrecha relación, debemos señalar que la capacidad para asegurar el volumen óptimo para el suministro de textiles recuperados también se configura como una potencial limitación para incorporar las tecnologías existentes. Tomando el caso de una fábrica líder en el rubro, dedicada a la blanquería y ropa de cama en nuestro país, esta genera un promedio de 20 t de descartes textiles por mes. Sin embargo, el óptimo productivo para una línea de recuperación de fibras triplica ese valor. Es decir, para lograr una operación rentable de la maquinaria disponible, deberían garantizarse unos 4.000 kg diarios de descartes como input del proceso. Esto es cuatro veces más de lo que genera la fábrica en la actualidad.
10.4. Recomendaciones
Como señalamos a lo largo del capítulo, la corriente de residuos vinculada a los descartes textiles ha permanecido relativamente invisibilizada hasta años recientes. Sin embargo, al tomar conciencia de su envergadura y de la amplitud de sus impactos a nivel ambiental, queda claro que es prioritario tomar medidas de forma urgente. Siguiendo una estrategia de economía circular, es preciso reorganizar los patrones de consumo de moda y principalmente rediseñar los productos de manera de evitar el descarte, y en última instancia, facilitar su reúso y/o reciclaje. Para ello, se requiere movilizar la innovación tanto en términos de mercado como de inteligencia social para identificar nuevos procesos, productos y formas de organización que permitan recuperar y reciclar residuos textiles, no solo en mayor escala, sino también en mayor diversidad (especialmente en relación con las fibras de base sintética y con el material heterogéneo que implican los descartes posconsumo de indumentaria). A este respecto, una particularidad de esta corriente a nivel global es que por el momento se evidencia un mayor involucramiento del sector corporativo, representado por grandes marcas de indumentaria (preocupadas por atender un cambio de tendencia en las demandas de sus consumidores en el Norte Global), antes que desde gobiernos y/o la sociedad civil. En este sentido, en nuestro contexto, donde aún las iniciativas son muy incipientes, piloto o a pequeña escala, destaca la articulación entre agencias de gobierno, emprendedores privados, universidades y organizaciones socioproductivas del territorio. El fortalecimiento de esta línea donde se evidencian dinámicas de innovación puede dar lugar a una estrategia exitosa y escalable, sobre todo atendiendo al potencial del sector de recuperadores urbanos para desarrollar una recolección diferenciada, que focalice en los tipos y calidades de los textiles a recuperar, así como también que garantice una distribución territorial amplia y abarcativa.
Estas medidas requieren de incentivos financieros para solventar gastos de logística, así como también las iniciativas de innovación que se evidencian en el sector de recuperadores, como de pequeños emprendedores e incluso empresas de mayor capital. En este sentido, las normativas y regulaciones que incorporen el principio REP se evidencian como las más adecuadas a las particularidades de nuestros contextos, en comparación a aquellas de logística reversa que se impulsan en el hemisferio norte. Así, las primeras pueden incorporar y financiar más claramente un esquema inclusivo que integre a los recuperadores urbanos en las labores de recolección diferenciada, en lugar de solo descansar en la acción individual de retorno de las prendas descartadas por parte de consumidores “conscientes”. De este modo, se atiende de forma más holística a la diversidad de actores socioproductivos presentes en nuestros contextos que pueden aportar para la recuperación exitosa de los materiales descartados.
En relación con la producción de conocimiento y promoción de la innovación, se necesita una base robusta de evidencia para guiar la transformación hacia una nueva economía textil. Esta permitirá crear transparencia sobre los impactos del sistema y ayudará a los actores involucrados a definir qué acciones se requieren tomar para cambiar el modelo actual. En particular, se requiere impulsar una agenda de investigación específica sobre esta corriente que contemple los siguientes aspectos:
- Análisis del comportamiento social a la hora de adquirir, usar, compartir y descartar indumentaria textil, así como también los principales sistemas de aprovisionamiento y modelos de negocio existentes, incluyendo:
- Caracterización de diferentes segmentos de mercado, el tipo de oferta existente y obstáculos presentes para la consolidación de nuevos modelos de negocio orientados hacia una nueva economía textil circular.
- Identificación de criterios que organizan la percepción y evaluación del origen, durabilidad y la calidad de la indumentaria por parte de distintos grupos sociales.
- Impactos socioambientales involucrados en la producción, uso y descarte de textiles desde la perspectiva del ciclo de vida, prestando especial atención a:
- consumo de recursos naturales renovables como agua y tierra;
- empleo de sustancias peligrosas (herbicidas, colorantes, fijadores, etc.); y
- liberación de microplásticos al ambiente.
- generación de puestos de trabajo y/u oportunidades de ingresos en esquemas de reutilización y reciclado.
En vinculación con la minimización en la generación de residuos textiles, se recomienda:
- En relación con las prácticas productivas en talleres e industrias, se puede promover el diseño de moldería que minimice los descartes de producción y/o los optimice para su reutilización posterior.
- En relación con los patrones de consumo, se puede promover el diseño de prendas que duren y se adapten a diferentes estilos, atendiendo a las diversidad de usos e identidades sociales (por ejemplo sin diferenciación por sexo).
En relación con la separación en origen y recolección diferenciada, se recomienda:
- En cada municipio identificar y mapear circuitos de generación y disposición inicial, recolección y/o descarte de residuos textiles.
- Identificar y fortalecer organizaciones de recuperadoras/es que integren esta corriente a sus labores de recolección diferenciada, o estén interesados en hacerlo, ya sea en vinculación con la recirculación de prendas en circuitos de segunda mano, como en relación con el reciclado de descartes textiles.
- Establecer programas de promoción ambiental focalizados en los descartes textiles posconsumo, trabajando en circuitos de reutilización/reúso (como ferias, donaciones, etc.) y en la identificación de prendas elaboradas con fibras naturales para direccionarlas a circuitos de reciclaje existentes (puntos verdes, plantas de separación, cooperativas de recuperadores, etc.). Para las prendas sintéticas aún no existen tecnologías con desarrollo suficiente que permitan tal reciclado.
En relación con la valorización, se sugiere:
- Promover iniciativas comunitarias para la gestión de residuos textiles, estableciendo criterios y protocolos de clasificación según las condiciones y composición de los descartes constituidos por prendas posconsumo, en función de tres destinos posibles (para procesar, para donar y para vender).
- Identificar oportunidades de circulación “en cascada” entre unidades productivas, es decir, que el descarte de una pueda ser utilizado como insumo por otra para la manufactura de indumentaria y/u otros bienes y productos.
- Dinamizar procesos de innovación en áreas aún poco rentables, como por ejemplo el reciclaje de fibras textiles de base poliéster, en cuyo caso los potenciales beneficios socioambientales de tales desarrollos justifican su impulso. Aquí es clave la identificación de procesos experimentales (tal como el desarrollado por la Cooperativa Reciclando Sueños), para luego dinamizar apoyos técnico-financieros que habiliten su escalado y replicación.
- Producir regulaciones que definan estándares ambientales en torno a la producción y utilización de textiles, tales como el empleo de químicos peligrosos como agrotóxicos y tinturas en su proceso o bien la liberación de microplásticos y otras formas de contaminación ambiental vinculadas a esta industria. También, podría promover la utilización de diseños y uso de materiales que faciliten el reciclado. Este tipo de normativas podría alentar de forma indirecta la implementación de prácticas de valorización del residuo vía reutilización y el reciclado.
Agradecimientos
Queremos agradecer especialmente a Marcelo Loto de la Cooperativa Reciclando Sueños y a Esteban Mantel de la firma Shabu-Shabu por compartir sus conocimientos y experiencias en torno a la recuperación y el reciclaje del descarte textil.
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