En este capítulo abordamos los procesos de conformación de las cooperativas de software y servicios informáticos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), ubicando los mismos en las distintas matrices de surgimiento presentes en el cooperativismo de trabajo en Argentina. Para ello describimos las distintas modalidades de conformación, los fundamentos del carácter asociativo, y los procesos de obtención de las matrículas como hito en la formalización y consolidación de las cooperativas.[1] Antes de abordar el contexto en el que surgen estas organizaciones, es importante repasar las formas predominantes en que se conforman las cooperativas de trabajo en Argentina.[2] Como señalan Rebón y Kasparian (2015), el cooperativismo de trabajo fue un sector minoritario en el cooperativismo argentino hasta la década de 1990, cuando comienza una expansión que continúa –con distintos niveles de intensidad– hasta la actualidad. Según este planteo, hasta el año 2001 predominan dos tipos de cooperativas: las cooperativas tradicionales que desde fines de la década de 1920 se desarrollan siguiendo el ideario cooperativista; y aquellas que emergen a partir de los procesos de flexibilización laboral y de privatización de empresas públicas en la década de 1990. Estas últimas, en algunos casos, utilizaron la forma legal cooperativa como modalidad de contratación encubierta, dando lugar a distintos tipos de fraude laboral. A partir del año 2001 comienzan a desarrollarse en forma progresiva y simultánea dos procesos que reconfiguraron el cooperativismo de trabajo e intensificaron la heterogeneidad del sector. En primer lugar, la recuperación de empresas, que engloba un conjunto de procesos en los cuales trabajadores y trabajadoras de empresas en crisis asumen el control de la producción a fin de conservar la fuente laboral. Para ello adoptan la forma jurídica de cooperativa de trabajo, acompañada por una reconversión organizativa de la empresa hacia el trabajo asociado y autogestivo. Esto configura, al menos en su origen, una solución adaptativa antes que una preferencia ideológica (Rebón y Kasparian, 2018). Con el transcurso de los años hubo un creciente acercamiento de las empresas recuperadas al movimiento cooperativo, reflejado en la puesta en práctica de los principios cooperativos y en la participación en distintos espacios y en entidades cooperativas de segundo y tercer grado. Sin embargo, el criterio predominante que orienta la producción sigue profundamente vinculado a la preservación de las fuentes de trabajo.
El segundo proceso, que se desarrolló entre 2003 y 2018, es la implementación de políticas sociales que promueven la creación de cooperativas, con el objetivo de generar oportunidades de trabajo para la inclusión social de sectores en condiciones de vulnerabilidad. Entre estas políticas se destaca el Programa Argentina Trabaja, creado en 2009. El surgimiento de este cooperativismo de trabajo promovido por el Estado modificó la configuración del sector, llegando a representar a fines de la década de 2010 las tres cuartas partes de las cooperativas de trabajo activas (Rebón y Kasparian, 2015). Este tipo de cooperativas se concentró en actividades como la construcción de viviendas, infraestructura social y mantenimiento de espacios públicos (Vuotto, 2011). La inducción estatal es un aspecto fundamental en su desarrollo, ya que sus integrantes perciben individualmente un subsidio aportado por el Estado Nacional. Sin embargo, su conformación fue variando debido a las demandas de distintos actores involucrados, como las organizaciones sociales y de desocupados, que lograron ciertos acuerdos en cuanto a la posibilidad de formar y gestionar sus propias cooperativas (Kasparian, 2017). De esta manera, la conformación de las cooperativas implementada inicialmente a través de operativos estatales con participación de gobiernos municipales incorporó luego –entre tensiones y disputas– las demandas de participación de distintas organizaciones de trabajadores desocupados. Muchas de estas organizaciones encontraron en estos programas la oportunidad de fortalecer emprendimientos productivos propios a través de la creación de cooperativas, demandando a su vez al Estado mayores niveles de autonomía.
Este proceso tuvo un quiebre a partir del cambio de gestión de gobierno producido en diciembre de 2015, cuando se eliminó la figura de la cooperativa como organizadora de las tareas realizadas en el marco de estos programas (Hopp, 2018). En 2018 se clausuraron las principales líneas de fomento de cooperativas de trabajo (Argentina Trabaja y Ellas Hacen), siendo reemplazadas por el Programa Hacemos Futuro que, si bien mantuvo el mismo valor monetario, priorizó estrategias de intervención que enfatizaron el carácter individual y eliminaron definitivamente la figura cooperativa como forma de organización e inclusión. Un nuevo cambio de gobierno, en 2019, recuperó este rol del cooperativismo y de la Economía Social en la promoción del desarrollo económico y la inclusión social. Sin embargo, estos programas no se restablecieron.
Los dos procesos mencionados –la recuperación de empresas por sus trabajadores y las políticas públicas que promueven la creación de cooperativas– transformaron al cooperativismo argentino en cuanto a su composición, erigiendo a las cooperativas de trabajo como la forma dominante. A su vez, se produjo una ampliación de las formas socio-productivas que asume el cooperativismo de trabajo.
Las cooperativas de software y servicios informáticos son contemporáneas a estos procesos. Las primeras dos cooperativas fueron creadas en el año 2002 en Rosario (Provincia de Santa Fe) y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero su mayor expansión se produjo en la década siguiente. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, de 11 cooperativas de software y servicios informáticos existentes al momento del relevamiento, 10 se conformaron en la década de 2010, coincidiendo con un período en el que la valoración social positiva de las cooperativas acompañó su crecimiento a nivel nacional (Rebón y Kasparian, 2015).
A excepción de la cooperativa más grande del país, que cuenta con alrededor de 120 integrantes, el resto de las organizaciones tiene entre 6 y 30 miembros. Este segmento –el de micro y pequeñas empresas– es también el mayoritario en el sector de SSI en Argentina, sumando el 76% del total de empresas, según el relevamiento de López y Ramos (2018).
A continuación desarrollamos los modos en los que las cooperativas se originan, los fundamentos del carácter asociativo, y por último, el proceso de obtención de la matrícula nacional otorgada por el INAES.
1.1. Conformación de los colectivos de trabajo
Los procesos de transformación del sector cooperativo condujeron a repensar las categorías y tipologías relacionadas a distintos modelos cooperativos. Para Vuotto (2011), pueden distinguirse tres modelos, según el desempeño empresarial y asociativo: las cooperativas integradas, basadas en la necesidad de trabajo y en ideas y valores, pueden relacionarse a las experiencias del cooperativismo tradicional; las cooperativas reivindicativas están basadas en la recuperación de fuentes de trabajo; y por último, las cooperativas inducidas por el Estado, basadas en la necesidad de trabajo de sectores excluidos del mercado laboral. Por otro lado, Hudson (2016) se centra en las distintas formas de cooperativas bajo algún tipo de apoyo estatal, distinguiendo las no-estatales (empresas recuperadas), las sintéticas (surgidas exclusivamente a través de planes estatales, siendo en su mayoría proveedoras del Estado), y las anfibias que combinan elementos de las anteriores.
Como señala Kasparian (2017), ambas tipologías consideran los modos en que se originan las experiencias como una cuestión clave para caracterizarlas. Los modelos mencionados hacen referencia a las matrices de surgimiento de las cooperativas, distinguiéndolas según el motivo que impulsa su creación y el rol del Estado. Para abordar esta cuestión, elegimos apoyarnos en una clasificación de las cooperativas de trabajo según su matriz de surgimiento (Camilletti, et al., 2005) que distingue además el rol de organizaciones no estatales. Consideramos que esta clasificación nos permite ubicar a las empresas estudiadas en el contexto del cooperativismo de trabajo argentino, distinguiendo cuatro matrices principales de surgimiento: en primer lugar encontramos las cooperativas nacidas por impulso autónomo de sus socias y socios, que forman parte de una búsqueda de una nueva forma de relación social y productiva. En segundo lugar, hay cooperativas creadas o impulsadas por una organización externa no cooperativa, con el objetivo de brindar apoyo y formación para una gradual transferencia hacia la autogestión. Ejemplos de este tipo son la incubación de cooperativas a través de universidades y organizaciones no gubernamentales. En tercer lugar están las cooperativas nacidas de la recuperación de empresas en crisis; y por último, aquellas promovidas por la acción estatal a través de políticas públicas.
A partir del relevamiento podemos afirmar que las cooperativas de software y servicios informáticos en el Área Metropolitana de Buenos Aires surgen en su gran mayoría a partir de procesos autónomos. De las diez organizaciones relevadas, nueve responden a la búsqueda de una forma distinta de relación social y productiva, mientras que la restante es producto de un proceso de incubación en el marco de un programa universitario. No encontramos ningún caso de empresa recuperada, en un sector que presenta altas tasas de nacimiento y de mortalidad de empresas, pero también la tasa de creación de empleo registrado más dinámica del sector privado con salarios por encima del promedio (Rabosto y Zukerfeld, 2019). Tampoco hay cooperativas promovidas por políticas públicas, las cuales suelen concentrarse en otras ramas de actividad, como la construcción y el mantenimiento de espacios públicos.
La conformación por impulso autónomo no necesariamente implica la formación espontánea de nuevas cooperativas nacidas sin experiencia previa. Encontramos una diversidad de formas de conformación de acuerdo al nivel de corte o ruptura con experiencias anteriores. Las ocupaciones de las y los fundadores, la existencia previa de un colectivo o de una parte del mismo, así como el desarrollo en simultáneo de la cooperativa con otras ocupaciones, son algunas de las cuestiones que describimos a continuación.
Al momento de conformarse las distintas organizaciones relevadas, sus integrantes contaban con trayectorias laborales diversas, desempeñándose principalmente como freelancers,[3] y en menor medida en relación de dependencia, en docencia universitaria, en otras cooperativas y en pymes familiares. Estos ámbitos laborales están estrechamente relacionados con los vínculos previos entre los y las integrantes de las cooperativas. En todos los casos se conocieron trabajando en relación de dependencia, estudiando en la misma universidad, o compartiendo en algunas ocasiones trabajo tipo freelance. Los colectivos se completan habitualmente con familiares y amistades de estos primeros grupos: “Éramos siete que nos habíamos juntado de distintos lugares, yo había traído un compañero de la tecnicatura, mi amigo había traído a su amigo, que había traído a su hermano, que había traído a un amigo, que también teníamos otro contacto en común” (L., asociado de la cooperativa 2, diciembre de 2019).
En la mayoría de estos casos no hay un corte abrupto entre la experiencia laboral previa y la conformación de la cooperativa, ya que sus integrantes comenzaron a trabajar para la cooperativa en simultáneo con sus trabajos anteriores. Esta situación responde principalmente a que, al momento de comenzar, la cooperativa no contaba con ingresos suficientes para garantizar un retiro mínimo para sus integrantes.
Así fuimos empezando a juntar clientes, a sumar facturas, a cobrarlas de vez en cuando, y de a poco fuimos migrando de pasar de ser empleados en relación de dependencia o independientes que laburaban y metían horas en la cooperativa, a ser trabajadores de la cooperativa que estábamos dedicados a full en esto (L., asociado de la cooperativa 2, diciembre de 2019).
Esta situación en algunas ocasiones les dificultaba conseguir el mínimo de seis integrantes que exigía la ley en Argentina para inscribirse formalmente como cooperativa de trabajo.[4] En los grupos originarios había potenciales integrantes para cubrir esa cantidad, pero muchas veces no podían incorporarse plenamente por motivos económicos. Hubo un proceso previo de construcción que permitió su posterior incorporación con un ingreso mínimo garantizado.
Era como “bueno, voy a dejar mi trabajo o lo hago part-time; o dejo mi trabajo y no tengo un sueldo fijo asegurado, no tengo algo como seguro en el tiempo”. Por eso por ahí arrancamos primero tres, los que estábamos más… no quiero decir convencidos, pero sí estábamos en una situación en la cual podíamos apostar más. Y después cuando ya hubo un piso garantizado y ya se veía que esto seguía creciendo y que mes a mes estábamos un poquito mejor, seguimos sumando (A., asociado de la cooperativa 7, septiembre de 2019).
Por otro lado, hay casos en los que el núcleo fundador ya existía como colectivo de trabajo en otra organización, ya sea cooperativa o no. Aquellas que tienen origen en otras cooperativas presentan dos modalidades diferentes: algunas surgieron de la fusión de varias cooperativas que decidieron conformar una sola organización a partir de afinidades y proyectos en común; y otras fueron formadas por integrantes de una cooperativa que decidieron separarse y formar una empresa aparte, por diferencias en cuanto a la toma de decisiones y al perfil de organización que buscaban. También se relevó una cooperativa formada por un equipo de trabajo que se independizó de la empresa en la que se desempeñaba en relación de dependencia. Este colectivo, luego de varios meses realizando trabajos para terceros, decidió fundar una cooperativa.
Otra de las organizaciones fue conformada por la fusión de dos pequeñas empresas familiares, cuyos integrantes decidieron unirse bajo el formato cooperativo. Si bien lo consideramos un caso de formación por impulso autónomo, resulta conveniente complementar esta definición con la de Vanek (1985), que distingue como modalidad de nacimiento la reorganización amigable, en la cual empresas con buen funcionamiento deciden reorganizarse como cooperativa con el consenso de todas las partes, incluso con la iniciativa de quienes ostentan la propiedad de la empresa. En este caso, al ser empresas familiares de pequeñas dimensiones (microempresas), la distinción entre la propiedad y la fuerza de trabajo no es tan significativa.
Éramos todos laburantes poniendo trabajo y capital de trabajo, capital humano y algunos equipos, algo de mercadería; pero como que todos veníamos a aportar lo que teníamos y tratar de tirar un negocio para adelante entre todos. Teníamos clientes que eran cooperativas de la zona, y empezamos a analizar el modelo, de ahí surgió la forma societaria de cooperativa (R., asociado de la cooperativa 1, junio de 2020).
Finalmente, una de las cooperativas relevadas es producto de un proceso de incubación en la Universidad Nacional de Quilmes. El Programa Universitario de Incubación Social (PUIS) promueve el fortalecimiento de la Economía Social y Solidaria y la Economía Popular a través de la promoción de dinámicas organizativas autogestivas y la construcción de circuitos económicos de mayor valor agregado (UNQ, 2013). El proyecto estaba integrado por voluntarios y voluntarias que formaron una cooperativa de trabajo. Sus integrantes pertenecen en su totalidad a la comunidad educativa de dicha universidad, ya sea como estudiantes, graduadas/os, o docentes.
1.2. Fundamentos del carácter asociativo
La segunda variable de los procesos de conformación hace referencia a los fundamentos del carácter asociativo de las experiencias. Esto implica preguntarnos acerca de las necesidades a las cuales responde la conformación del colectivo y la razón por la cual eligen conformarse como cooperativa de trabajo.
Las cooperativas relevadas nacieron mayoritariamente por impulso autónomo de sus integrantes, pero esto no implica que la elección del formato legal se haya dado al inicio de la conformación del colectivo. Identificamos distintas formas de acceso al conocimiento acerca de la existencia y las características del cooperativismo de trabajo como un formato de empresa posible para la producción de software. En primer lugar, algunas cooperativas tenían conocimientos previos acerca del cooperativismo, entre las que se encuentra una de las primeras organizaciones, fundada en el año 2007. En este caso existía una intención de formar una cooperativa de trabajo, motivo por el cual el grupo fundador comenzó a investigar en profundidad las características de esta forma de empresa y los requisitos a cumplir para constituirla formalmente. Otras dos entidades que adoptaron el cooperativismo desde sus orígenes provienen de otras cooperativas, ya sea por fusión –dos cooperativas que deciden conformar una única empresa– o por desprendimiento, cuando un grupo de asociadas y asociados decide separarse y conformar una nueva cooperativa. Si nos remontamos a las cooperativas que les dieron origen, en ambos casos conocieron el formato cooperativo como una opción para la producción de software a través de esta cooperativa nacida en 2007.
Esta segunda forma –el conocimiento a través de otras cooperativas ya existentes o de la federación– se encuentra presente en más de la mitad de las cooperativas relevadas. Estos contactos se produjeron a través de tres medios principales: los vínculos personales (vínculos familiares o de amistad con integrantes de alguna cooperativa), la participación en eventos y capacitaciones organizados por FACTTIC y, en menor medida, en espacios relacionados al movimiento de software libre. Estas acciones fueron fundamentales no sólo para difundir el cooperativismo como una alternativa posible para la producción de software, sino también para el apoyo y asesoramiento a las pre-cooperativas en sus comienzos.
El motivo más mencionado en las entrevistas para encarar un proyecto colectivo a nivel laboral es la falta de autonomía, en un ambiente de trabajo donde predominan relaciones unilaterales o heterónomas. Este tipo de relaciones supone una jerarquía entre las personas en la que un grupo obliga y otro obedece, mientras que las relaciones cooperativas implican una diferenciación entre obediencia y obligación: las partes se obligan mutuamente en un marco de relaciones de igualación. Si bien estos tipos de relaciones no se presentan en forma pura, sino que cada caso particular combina ambas; podemos decir que en la etapa de conformación se evidencia un rechazo a las relaciones heterónomas en el marco laboral.
Tuvimos un primer acercamiento a una empresa tradicional, y no nos gustó. No nos gustó esto de replicar el modelo, porque cuando estábamos abajo nos daba bronca que el que estaba arriba decida en qué proyectos íbamos a trabajar nosotros (…) el que decidía en qué se iba a trabajar o cómo se iba a perfilar, tanto la tecnología como el contenido, día a día, no era el que lo terminaba haciendo. Entonces eso nos hacía ruido (N., asociado de la cooperativa 6, octubre de 2019).
La decisión de conformar un colectivo de trabajo responde en mayor medida a esta disconformidad con las condiciones de trabajo y a la necesidad de encarar una forma diferente de desarrollarse en el mercado del software. Como vimos anteriormente, las trayectorias laborales previas incluyen principalmente trabajo freelance y puestos en relación de dependencia. En ambos formatos predominan relaciones heterónomas, en las que existe una jerarquía entre empleador/a y empleado/a, o bien entre cliente/a-proveedor/a individual.
El trabajo freelance en el sector del SSI puede significar un incremento en los ingresos de trabajadores y trabajadoras y un mayor nivel de libertad en cuanto a la organización del tiempo y del lugar de trabajo. Sin embargo, también puede generar dificultades en la articulación de la vida laboral y la vida familiar debido a la intensificación y prolongación de la jornada de trabajo durante fechas de cierre y entregas, ya que el espacio de trabajo es la propia casa (Adamini 2020). En este sentido, la modalidad freelance puede asemejarse a una relación de dependencia encubierta en aquellos casos en los que se trabaja a tiempo completo para una sola empresa; o bien a un trabajo independiente, cuando se participa de distintos proyectos y organizaciones. Sin embargo, en ambos casos el poder de decisión acerca de las especificaciones del proyecto es limitado. Otras de las desventajas del trabajo freelance que surgen en las entrevistas son la falta de protección ante atrasos en los pagos, el no cumplimiento de las condiciones pactadas o la finalización de proyectos sin aviso previo. Estos cambios y decisiones unilaterales pueden generar un alto nivel de vulnerabilidad.
El rechazo al tipo de relaciones laborales dominante en el SSI está directamente relacionado a la valoración de una de las dimensiones de la asociatividad: la autogestión (Maldovan y Dzembrowski, 2009), que refiere al carácter autónomo y democrático de la forma de organización del trabajo y de la toma de decisiones, producto de una construcción colectiva. La decisión de organizarse formalmente como cooperativa de trabajo buscó desde los inicios ganar poder de decisión en cuanto a qué tipo de proyectos priorizar, qué perfil comercial adoptar y qué tecnologías utilizar. Si bien en los comienzos estas decisiones estuvieron en varios casos limitadas por cuestiones económicas, la elección de la forma legal está fuertemente influida por la búsqueda de mayor autonomía con respecto a otras organizaciones con capacidad de imponer condiciones. En este sentido, es preferible “estar en una cooperativa, donde yo soy partícipe, soy uno más, tengo poder, tengo participación” (S., asociado de la cooperativa 5, noviembre de 2019).
La cooperativa de trabajo, sin embargo, no fue la única opción al momento de elegir una forma legal para constituirse como empresa. En varios casos se consideraron previamente otras formas societarias que luego fueron descartadas, ya que implicaban una mayor autonomía para el grupo originario, pero al momento de crecer e incorporar otras personas derivarían en un modelo de empresa con predominio de relaciones heterónomas.
No nos dejaba cómodos el hecho de decir “bueno, nada, te pago un sueldo y vos hacé lo que yo te digo”. Porque a nosotros nos incomodaba estar de ese lado, del lado del empleador. Entonces lo único que íbamos a hacer, teniendo una S.A., una S.R.L. o una sociedad de capitales, era cambiar el lado del mostrador (L., asociado de la cooperativa 2, diciembre de 2019).
Como señalan Segura, Yansen y Zukerfeld (2012), las microempresas que integran el SSI presentan un esquema organizativo en el que el vínculo entre las y los dueños de la empresa suele tener un origen afectivo (amistades, familiares, compañeros/as de trabajo), con una distinción muy marcada entre socios/as y empleados/as. Estos esquemas de “tres o cuatro socios que contratan un empleado o dos” suelen ubicar a estos últimos en tareas auxiliares o de menor jerarquía (p. 135). En contraposición, el cooperativismo promueve una serie de valores como la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad, compatibles con el modelo de organización buscado por los integrantes fundadores en todos los casos.
Que todos sean socios, que todos formen parte, que se pueda definir el rumbo de la empresa; porque eventualmente el día de mañana vamos a crecer, vamos a ser más y el que venga o la que venga, queremos que tenga la posibilidad de decidir, no que nos pase como nos pasaba a nosotros en nuestros laburos en relación de dependencia, que poca injerencia podíamos tener (L., asociado de la cooperativa 2, diciembre de 2019).
Otro de los valores expresados como parte de la búsqueda que culmina en la constitución de varias de las cooperativas de software es la horizontalidad. Una organización horizontal posee una estructura jerárquica aplanada, donde los procesos de gestión y decisión están distribuidos, y las personas tienen mayor autonomía y responsabilidad en sus tareas.[5] Si la autogestión hace referencia al carácter autónomo de la forma de organización del trabajo y de la toma de decisiones colectivas; la horizontalidad es una forma específica que puede asumir esa organización. La forma cooperativa favorece la autogestión en tanto construcción colectiva, a través de mecanismos que incluyen el voto directo en asamblea (una persona un voto, más allá de las tareas o responsabilidades, o del capital aportado), y la delegación por parte de la asamblea de determinadas decisiones al Consejo de Administración o a equipos y comisiones conformadas para tareas específicas. Estos mecanismos pueden potenciar una forma de organización horizontal, y así se plantea en las entrevistas al cooperativismo como “un instrumento legal posible para armar empresas horizontales” (J., asociado de la cooperativa 10, octubre de 2019).
Esta forma de organización permite distintos niveles de horizontalidad según las características de cada empresa, como el tamaño o la actividad que desarrollan. De hecho, la Ley de Cooperativas Nº20.337 establece ciertos requisitos en cuanto a estructura, como elegir presidente, tesorero, síndico; cuestiones que para algunas de las cooperativas de software resultan un tanto rígidas, al punto de que las cumplen por mera formalidad. Ser una organización horizontal es, en varios casos, un objetivo que excede a la forma legal cooperativa.
Más allá de ser una cooperativa o no, elegimos ser completamente horizontales, autogestionados, etcétera, etcétera. Nos juntamos mucho con otras organizaciones horizontales que a veces no eligen ser cooperativas como figura legal, pero compartimos esa data, nos sentamos a charlar de eso (M., asociado de la cooperativa5, noviembre de 2019).
Por otro lado, la autogestión, en tanto construcción colectiva, incluye entre sus variables los criterios de distribución del excedente económico obtenido en la actividad productiva. La horizontalidad también aparece ligada a la cuestión distributiva. En una industria con un nivel de ocupación y un promedio salarial superiores a la media del sector privado registrado (Rabosto y Zukerfeld, 2019), hay al menos dos cuestiones relacionadas a los ingresos que son percibidas como injustas. Por un lado, la ausencia de un reparto equitativo del ingreso; y por otro, la falta de transparencia y de información acerca de la porción de lo producido que se apropian las empresas.
Sin embargo, una mayor horizontalidad a nivel organizacional no necesariamente implica una distribución más justa de los ingresos. Las empresas (no cooperativas) que se organizan con esquemas horizontales pueden ser observadas como un ejemplo en cuanto a la organización del trabajo, ya que proponen un esquema que favorece la autonomía laboral; pero esta horizontalidad no deriva en una búsqueda de mayores niveles de equidad o justicia distributiva.
Hay varias empresas líderes de sistemas que tienen organizaciones así horizontales o que tratan de repartir el proceso de decisión (…) Tienden a esos esquemas para beneficio propio, no por un tema de “yo creo en la igualdad” (…) porque son empresas que lucran y los explotan a los pibes (S., asociado de la cooperativa 5, noviembre de 2019).
En el origen de las cooperativas hay una disconformidad con la distribución de los ingresos. Ya sea bajo la forma salarial o mediante el pago de honorarios (en el caso del trabajo freelance), se evidencia un rechazo a la falta de información transparente sobre la composición del salario o la tarifa, en ambos casos definida por la empresa empleadora con criterios desconocidos para las y los trabajadores. Por otro lado, la cuestión distributiva excede lo meramente cuantitativo, ya que no siempre los ingresos son superiores a un salario o a los honorarios freelance por tareas similares. Hay una convicción de no adoptar el mismo formato de empresa ya que eso implicaría expropiar a otros/as trabajadores/as una porción del producto de su trabajo: “Nos hacía ruido el hecho de cobrar menos de lo que realmente salían las cosas (…) Entonces cuando nos tocó estar del otro lado, era una decisión más de si queríamos replicar ese modelo o no.” (N., asociado de la cooperativa 6, octubre de 2019).
El cooperativismo de trabajo cuenta con mecanismos institucionales para abordar estas demandas de forma colectiva, favoreciendo la transparencia. En este formato, los trabajadores son dueños de los medios de producción y controlan el proceso productivo, lo que les permite apropiarse colectivamente del excedente económico. La forma en la que se distribuyen los retiros –es decir, los anticipos de excedentes que retribuyen el trabajo aportado a la cooperativa– se establece mediante mecanismos definidos por la propia organización, los cuales están abiertos a discusión y a modificaciones que se ponen a consideración de la asamblea.
Otro factor decisivo al momento de decidir organizar la empresa como una cooperativa fue la afinidad entre el cooperativismo –como forma organizativa y política– y la filosofía del software libre. Esto también involucra cuestiones relacionadas a la horizontalidad y a la justicia distributiva, que se manifiestan a través de la cooperación entre pares y de la circulación del conocimiento, respectivamente. Como señala Vannini (2010), entre ambas corrientes –el cooperativismo y el movimiento de software libre– existen conceptos comunes como las ideas de compartir el conocimiento y construir colectivamente. Construyen, con las particularidades de cada caso, lazos sociales diferentes a los de las empresas capitalistas, favoreciendo el aprovechamiento del conocimiento producido socialmente. Entre sus puntos en común se destacan, por un lado, el impulso a una idea del trabajo entendido como un espacio creador y creativo, y un modelo productivo que se basa en la reciprocidad antes que en el intercambio mercantil. Por otro lado, una forma de producción descentralizada y horizontal mediante la cual quienes desarrollan liberan y comparten sus producciones para que sean evaluadas y regeneradas por pares. Por último, la centralidad de la cooperación y el “compartir” como principios productivos, no solo con respecto a la liberación de los desarrollos, sino también en cuanto a la generación de documentación acerca de la resolución de distintas situaciones problemáticas (Deux Marzi y Vannini, 2016).
Al momento de indagar acerca de los motivos por los cuales decidieron conformarse como cooperativas de trabajo, varios entrevistados y entrevistadas resaltaron esta compatibilidad, vinculando el modelo del software libre con la cuestión cooperativa y la horizontalidad.
La figura que más se parecía a los valores que nosotros veníamos trayendo de la comunidad de software libre, de todo eso, era la figura de cooperativa de trabajo (T., asociado de la cooperativa 3, noviembre de 2019).
Tenía que ser algo que cumpliera con los valores de lo que ellos estaban laburando, era toda gente interesada en lo que es el software libre y su comunidad, entonces siempre que se trata de software libre el 99% de los casos es esto, la cuestión cooperativa, la horizontalidad (…) Y qué mejor que conformarse como una cooperativa con todas las de la ley (C., asociada de la cooperativa 4, junio de 2020).
Sin embargo, esta relación que señala la entrevistada no siempre es lineal o automática, ya que en el movimiento de software libre hay espacios en los que esta afinidad no está presente. El desarrollo de software libre se basa en la conformación de comunidades que desarrollan tareas de programación, escritura de código, testeo, corrección de errores; y en muchos casos promueven el trabajo colaborativo y la socialización de los conocimientos. Estos grupos organizan además iniciativas de mayor alcance, con una gran diversidad de motivaciones y proyectos, conformando un movimiento social en tanto forma de acción política y fuente de cambio social (Zanotti, 2017b).
La producción colaborativa entre pares característica del software libre se da entre colaboradores que tienen un estatus idéntico, sin mayores jerarquías, con una tendencia hacia la horizontalización (Zukerfeld, 2012). En las entrevistas distinguimos dos tipos de espacios en la comunidad de software libre. Por un lado, espacios “empresariales” en los que participan empresas reconocidas cuyo interés se centra en apropiarse del valor de la comunidad, ahorrándose el pago de licencias y beneficiándose de una comunidad que agrega valor a los desarrollos de forma desinteresada. Estos espacios constan de encuentros, usualmente denominados meetups, donde participantes con distintos perfiles –tanto individuales como corporativos– intercambian conocimiento y brindan capacitaciones sobre las distintas tecnologías libres que utilizan. Por otro lado están los espacios “sociales”, entre los que podemos mencionar grupos de usuarios, clubes y asociaciones civiles con un abordaje orientado a compartir y a difundir los valores del software libre. En estos espacios es donde se desarrollan los valores compartidos con el cooperativismo. Sin embargo, esto no necesariamente se traduce en un interés por formas alternativas de organizar la producción.
Vos tenés un montón de gente súper copada, súper capaz, que recontra milita el software libre y que le agrega un montón de valor (…) Pero que no se pueden salir del formato, o de ser empleado, o de ser freelance. Como que compartir el código pueden, pero no pueden sentarse a discutir sobre lo que realmente nos modifica, lo que más nos modifica la realidad, que es la parte económica (T., asociado de la cooperativa 3, noviembre de 2019).
Finalmente, en el proceso de elección de la forma legal para las empresas emergieron dudas acerca del formato cooperativo, especialmente entre aquellas que tuvieron como primera propuesta la de formar una empresa “tradicional” (una Sociedad Anónima o una Sociedad de Responsabilidad Limitada). Las principales dudas hacen referencia a la supuesta asociación de las cooperativas a las empresas recuperadas y al fraude laboral. Como vimos, la conformación de cooperativas de trabajo como modalidad de contratación encubierta y la recuperación de empresas fueron dos procesos que modificaron el mapa del cooperativismo en las décadas de 1990 y 2000, respectivamente. En su estudio sobre la valoración social de las cooperativas en el área metropolitana de Buenos Aires, Rebón y Kasparian (2015) indagan acerca de las creencias, percepciones y representaciones presentes en la población con respecto a las cooperativas. De dicho trabajo se desprende la hipótesis de que las cooperativas de trabajo son reconocidas y valoradas principalmente desde la cultura del trabajo; y criticadas cuando se perciben como una forma de asistencialismo. Esta valoración, afirman, se apoya en la identificación de las cooperativas como forma de defender puestos de trabajo vulnerados o bien de generar trabajo para personas excluidas del mercado laboral. Considerar a las cooperativas solamente como una herramienta para la defensa de la fuente de trabajo puede generar tensiones en el campo simbólico y obstaculizar la posibilidad de desarrollar nuevas formas productivas.
En algunas cooperativas de software, estas tensiones emergieron en el momento de definir una forma legal para su empresa. La preocupación principal consistía en la posibilidad de perder oportunidades de trabajo por la desconfianza que podía generar ser una cooperativa de trabajo en el sector del software y los servicios informáticos.
Yo me acuerdo haber discutido eso por una cuestión de cómo nos iban a ver, si el ser cooperativa nos iba a afectar, a jugar en contra en los proyectos que nosotros queríamos alcanzar (…) ¿Nos van a venir a pedir estos proyectos, o nos van a discriminar por ser cooperativa? (M., asociado de la cooperativa 5, noviembre de 2019).
Podemos asociar esta preocupación a la incertidumbre acerca de la reacción del sector ante un modelo de empresa que hasta el momento tenía escasa presencia en la industria, pero también a la percepción de los mismos entrevistados, cuya valoración de las cooperativas de trabajo estaba estrechamente relacionada en ese momento a la defensa de fuentes de trabajo y a la recuperación de empresas.
Fue una discusión un poco (…) desde la inocencia. Como decíamos al principio, está esta cosa de que la cooperativa está muy asociada a la empresa recuperada o la idea de salvataje de algo, y no de “che, esto coincide con mi filosofía de trabajo” (M., asociado de la cooperativa 5, noviembre de 2019).
Sin embargo, estas preocupaciones se disiparon a medida que los grupos pre-cooperativos se interiorizaban acerca de las características del formato cooperativo, especialmente a través del contacto con las experiencias de otras cooperativas ya establecidas y de la federación. Además de compartir sus conocimientos, las cooperativas más experimentadas y FACTTIC difunden información acerca del cooperativismo tecnológico y del cooperativismo en general a través de distintos medios, entre los que podemos mencionar eventos y reuniones abiertas, redes sociales, blogs, páginas web, e incluso la producción de material audiovisual. En el proceso de consolidación y crecimiento de las cooperativas del sector se profundizó el acercamiento al movimiento cooperativo. Por un lado, mediante la participación en entidades de segundo y tercer grado relacionadas al cooperativismo de trabajo, como la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), la Federación de Cooperativas Autogestionadas de Buenos Aires (FEDECABA) y la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT). Por otro lado, a través de la búsqueda de oportunidades laborales orientadas al sector cooperativo, ya sea priorizando a otras cooperativas como proveedoras o clientas, o participando en proyectos en conjunto.[6] En síntesis, si bien la valoración positiva de las cooperativas de trabajo suele apoyarse en la defensa de las fuentes de trabajo y en su carácter de alternativa al desempleo, en las cooperativas del sector de software y servicios informáticos la valoración se centra el potencial de la figura cooperativa para crear empresas con mayores niveles de autonomía y horizontalidad. Las personas que las conforman –a diferencia de las tendencias dominantes en las últimas décadas– tienen acceso a posibilidades de empleo bien remunerado en el mercado. Sin embargo, están disconformes con ciertas condiciones laborales que no coinciden con sus valores y sus formas de concebir el trabajo de desarrollo de software.
1.3. Obtención de la matrícula y formalización de las cooperativas
Una vez tomada la decisión de adoptar el formato de cooperativa de trabajo, y en paralelo a los primeros trabajos como empresa, empieza el proceso para obtener la personería jurídica. Este proceso es importante para los colectivos de trabajo ya que permite facturar los trabajos como cooperativa. Para ello, existe una serie de requisitos definidos por la autoridad de aplicación, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) a través de la Resolución 2362/19, actualizada recientemente por la Resolución 1000/2021.[7] Estos requisitos incluyen la confección y presentación de distintos documentos, entre los que se destacan el acta constitutiva, el estatuto, y el acta n°1 del consejo de administración. En este último documento se definen las autoridades de la cooperativa: Presidente/a, Secretario/a, Tesorero/a, Vocales. Las cooperativas mantienen estos roles en su operatoria diaria, aunque a veces realizan cambios y adaptan la estructura de cargos al perfil de la organización y a sus necesidades. Esta primera división de roles es descrita en las entrevistas a veces como demasiado rígida, otras veces como necesaria.
Los requisitos incluían, al momento del relevamiento, la asistencia a una capacitación obligatoria durante el primer año de otorgada la matrícula.[8] Dicho curso podía ser dictado por el INAES, por órganos locales, universidades, centros de estudios, o entidades de segundo o tercer grado autorizadas. Entre los contenidos abordados en la capacitación se encuentran los principios y valores cooperativos, el marco normativo, las instancias formales de organización, conducción y control; y aspectos institucionales como la integración cooperativa, la relación con la comunidad, el rol del Estado y las funciones del INAES.[9] Esta capacitación es considerada como una instancia importante de formación, necesaria para que asociadas y asociados tengan una noción básica de lo que implica ser parte de una cooperativa de trabajo. A partir del otorgamiento de la personería jurídica y la matrícula, las cooperativas deben tramitar la Clave Única de Identificación Tributaria (CUIT) ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), la cual las habilita para facturar a nombre de la empresa. Con respecto a esto, el tiempo que demora el trámite de la matrícula obliga a las pre-cooperativas a buscar alternativas para facturar por los trabajos que realizan durante el tiempo en el que no tienen autorización legal para funcionar como empresa. El trámite, desde su inicio hasta que la cooperativa está habilitada y en condiciones de facturar, puede durar entre 8 meses y 1 año.[10] Esta demora era considerada una traba, no sólo para el desarrollo de las cooperativas en sus primeros meses, sino también para la formación de nuevas cooperativas.
“No es una justificación de por qué no se generan tantas cooperativas, pero es una explicación, una de las explicaciones posibles. Una es que mucha gente no sabe que es posible, pero los que saben que es posible y quieren, hay muchas trabas en el camino de hacerlo” (P., asociado de la cooperativa 8 y referente de FACTTIC, julio de 2019).
En este contexto, la imposibilidad de facturar a nombre de la empresa es una de las dificultades más mencionadas por las cooperativas relevadas al referirse a la duración del trámite. Detectamos tres formas de abordar esta problemática en los primeros meses de trabajo: la primera es la formación de sociedades con menores requisitos y plazos, como Sociedades Anónimas (S.A.), Sociedades Anónimas Unipersonales (S.A.U.) y Sociedades de Responsabilidad Limitada (S.R.L.), que se inscriben en pocos días a partir de su presentación. De esta manera, pueden operar como empresa mientras tramitan la personería jurídica de la cooperativa de trabajo.
La segunda forma consiste en solicitar a una de las personas que integran el grupo pre-cooperativo que facture los trabajos del colectivo a través de su inscripción como monotributista. Aunque la organización ya se presente como una empresa, las facturas se emiten a nombre de una persona. Esta opción es posible en el caso de trabajos pequeños, en los que el cliente no requiere determinado tipo de factura ni valora especialmente trabajar con una empresa constituida formalmente. Sin embargo, se vuelve insostenible cuando aumentan los ingresos, ya que una sola persona registra los mismos y el dinero se reparte con el resto, lo cual puede generar problemas legales e impositivos. En la tercera modalidad, cada integrante factura por su cuenta, como si fuera freelance. Esta opción es viable en tanto el colectivo se encuentre en una etapa en la que los trabajos son fácilmente atribuibles a cada integrante. En otras palabras, facturan como monotributistas los trabajos que venían desarrollando como freelance y que luego pasaron a ser trabajos de la cooperativa.
Para algunas organizaciones, estas soluciones temporarias funcionan relativamente bien, razón por la cual postergan el inicio de los trámites. En otros casos puede ocurrir que ante dificultades en el proceso de solicitud de la matrícula –ya sea porque el trámite queda trabado o porque no se llega a presentar nunca– estas empresas nunca lleguen a ser formalmente cooperativas.
Capaz había gente que dice “mientras tanto hago una S.R.L. porque tengo que empezar ahora”, y quedan con eso porque nunca sale la cooperativa. Hay casos de que nunca llegan a presentarla formalmente, hay casos de que empiezan a trabajar como freelancer y factura cada uno y al final alguno se va… Bueno, todo lo que se te ocurra porque tampoco el entorno es el mejor para decir “sí, vas a hacer una cooperativa, vas a tardar ocho meses” (P., asociado de la cooperativa 8 y referente de FACTTIC, julio de 2019).
Es por esto que –además de ser importante para conseguir trabajos o proyectos que no se pueden abordar como freelancer– la obtención de la matrícula es un requisito para formar parte de FACTTIC.
No por la burocracia sino porque formalizar sirve y porque el mundo de la tecnología está lleno de empresas que dicen ser cooperativas pero después no lo son (…) Entonces es un requisito fundamental (…) Después se puede pasar a ser formalmente parte de la federación (P., asociado de la cooperativa 8 y referente de FACTTIC, julio de 2019).
La importancia de la matrícula y las dificultades que implica el proceso de obtenerla se ven reflejados en el acompañamiento que brindan las cooperativas con más experiencia y la federación a las pre-cooperativas que se están iniciando. Este acompañamiento incluye información acerca de los trámites, ayuda para redactar las primeras actas y confeccionar la documentación a presentar. En un caso este acompañamiento se manifestó incluso con la cesión de una matrícula a una pre-cooperativa que se había acercado a la federación. Esto fue posible por la fusión de dos cooperativas que por afinidades y proyectos comunes decidieron conformar una sola organización. Una de ellas estaba radicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la otra en la Provincia de Buenos Aires. Decidieron formar la nueva cooperativa en la capital, utilizando la matrícula gestionada en ese distrito, pero en lugar de dar de baja la otra cooperativa, le ofrecieron a una empresa en formación asociarse a dicha organización y así aprovechar la otra matrícula,
En vez de que hagan todos los trámites que a nosotros nos tardaron dos años (…) Bueno, se asociaron todos a Crear, nosotros renunciamos y hoy existen con esa matrícula … fue como para potenciar esa formación (T., asociado de la cooperativa 3, noviembre de 2019).
Esta operación, aunque excepcional, muestra el alcance del apoyo de FACTTIC a las nuevas cooperativas, incluso antes de que cuenten con personería jurídica y estén en condiciones de formar parte de la federación.
1.4. Conclusiones del capítulo 1
En este capítulo describimos los procesos de conformación de las cooperativas de software de FACTTIC en el AMBA identificando tres variables. En primer lugar, describimos los orígenes de los colectivos de trabajo. En esta instancia podemos afirmar que los colectivos que dan origen a estas empresas surgen por el impulso autónomo de sus integrantes, en una búsqueda de nuevas formas productivas. Solo una de las empresas surge de un proceso de incubación en el marco de un programa universitario. En cuanto al nivel de corte o ruptura con experiencias anteriores, observamos que es frecuente la existencia previa de un colectivo, formado a partir de equipos de trabajo, grupos de estudio, trabajos freelance compartidos, e incluso como parte de otras cooperativas. Estos grupos suelen completarse a partir de vínculos personales (familiares y amistades). En la mayoría de los casos hay integrantes que combinaron el trabajo en la cooperativa con otros empleos, ya que en los inicios no se generaban los ingresos necesarios para garantizar un retiro suficiente.
En segundo lugar, indagamos acerca de los fundamentos del carácter asociativo de las experiencias. Las razones que influyen en la decisión de encarar un proyecto colectivo están relacionadas a la disconformidad con las condiciones laborales del sector, la falta de autonomía y la necesidad de producir software de una forma diferente. En este contexto, el formato de cooperativa de trabajo provee mecanismos institucionales para favorecer la autonomía en la producción y en la toma de decisiones. La posibilidad de incrementar el poder de decisión con respecto al tipo de proyectos que se priorizan, las tecnologías que se utilizan y el perfil comercial de la organización se combinan con la afinidad entre el cooperativismo y el modelo del software libre. Una de las cuestiones que emerge de esta afinidad es la búsqueda de mayor horizontalidad en la distribución de los procesos productivos y de gestión, mayores niveles de autonomía y responsabilidad en las tareas, retribuciones más equitativas, y una estructura organizacional menos jerárquica. Además, se valora especialmente el énfasis en la cooperación entre pares y la circulación del conocimiento propio del movimiento de software libre.
Por otro lado, en algunos colectivos surgieron preocupaciones al momento de conformarse como cooperativa de trabajo, ante la posibilidad de que este formato de empresa genere desconfianza en el sector al ser asociado con las empresas recuperadas o con el fraude laboral. El acceso a información acerca del cooperativismo y el contacto con otras cooperativas y con FACTTIC fueron los factores principales que ayudaron a despejar estas dudas.
En los últimos años, la valoración de las cooperativas en general está centrada en la defensa de las fuentes de trabajo y en su carácter de alternativa al desempleo. En el caso de las cooperativas de SSI, un sector productivo con oportunidades de empleo formal bien remunerado, la valoración se centra en el potencial de la forma cooperativa para formar empresas con mayores niveles de autonomía y horizontalidad. El cooperativismo ofrece alternativas para explorar estos aspectos. Esta valoración, además, está relacionada con la afinidad con el movimiento de software libre, lo cual representa una novedad en el cooperativismo de trabajo en Argentina, centrado en las últimas décadas en procesos relacionados a las empresas recuperadas y a la promoción estatal.
En último lugar, incluimos el proceso de obtención de la matrícula como una instancia importante para alcanzar un funcionamiento pleno como empresa cooperativa. La demora en concluir el trámite de la matrícula es una traba para el desarrollo de las cooperativas en sus inicios y para la formación de nuevas cooperativas. La falta de autorización legal para funcionar implica la imposibilidad de facturar a nombre de la empresa. En esta etapa es de resaltar el acompañamiento de FACTTIC a las pre-cooperativas con información y asistencia para la presentación de la documentación requerida. El problema de la duración del trámite fue abordado recientemente por el INAES, que introdujo el uso de herramientas informáticas para acelerar el proceso de constitución (Feser, 2022). La decisión de tramitar la matrícula a pesar de las demoras, y la utilización momentánea de otros formatos de empresa para poder trabajar evidencian la búsqueda de producir de una manera específica, cooperativa, horizontal, autónoma, con justicia distributiva, y afín al modelo de software libre.
En síntesis, podemos afirmar que las cooperativas de software y servicios informáticos relevadas en el AMBA se suman a la diversidad de formas socio-productivas que asume el cooperativismo de trabajo en el país, experimentando un crecimiento sostenido en los últimos años. A diferencia de las formas dominantes en las últimas décadas, nacen por el impulso autónomo de sus integrantes, en un sector productivo dinámico y con un marcado acercamiento al movimiento de software libre. En sus orígenes no observamos necesariamente una cercanía con el cooperativismo como movimiento, sino más bien una elección de esa figura porque brinda herramientas para desarrollar valores compartidos como la autogestión y la horizontalidad, o bien para formalizar y consolidar prácticas organizativas adoptadas previamente.
- Una versión preliminar de este capítulo fue publicada en la Revista Idelcoop (García, G., 2021).↵
- Las cooperativas de trabajo se distinguen por su objeto social específico, que consiste en satisfacer la necesidad concreta de brindar una ocupación o trabajo a sus integrantes. Para ello, las personas que las conforman organizan una unidad productiva que reúne los medios de producción necesarios y los combina con la propia fuerza de trabajo. A nivel organizacional, este formato combina tres formas de participación: en la propiedad colectiva de la empresa, en la toma democrática de decisiones y en la distribución de excedentes (Vuotto, 2012).↵
- El trabajo freelance es una práctica laboral recurrente en el sector de SSI. Se trata de una modalidad de trabajo individual, con distintos niveles de independencia o autonomía. Combina tres aspectos principales: el contexto internacional de creciente demanda de trabajadores informáticos, las facilidades materiales del trabajo informacional para producir en forma remota y la posibilidad de facturar los trabajos realizados a través del régimen de monotributo, aportando al régimen previsional (Adamini, 2020). También es denominado cuentapropismo informacional (Yansen y Zukerfeld, 2012).↵
- El mínimo de seis asociadas/os (Resolución Nº324/94 INAC) fue modificado por la Resolución Renovar 1000/2021 del INAES, que autoriza la constitución de Cooperativas de Trabajo con un mínimo de tres integrantes (Artículo 3°). Esta nueva resolución modifica además un conjunto de trámites para cooperativas y mutuales, en busca de agilizar y simplificar distintas gestiones, entre las que se encuentra el alta de la matrícula. También crea un registro de asociados y asociadas en línea, y establece una categorización de las cooperativas según las ventas totales anuales. Todas las cooperativas relevadas para este trabajo fueron creadas con anterioridad a su implementación.↵
- El cambio de una estructura de empresa piramidal característica del capitalismo industrial a una estructura más plana y flexible es un proceso que alcanza a una gran diversidad de sectores productivos, tanto en empresas pequeñas como en grandes (Dughera, Yansen y Zukerfeld, 2012). Un emergente de esta modalidad es la configuración de la empresa alrededor de proyectos, práctica muy extendida en la industria del software.↵
- Profundizamos acerca de estas cuestiones en el Capítulo 4.↵
- Todas las cooperativas relevadas para esta tesis tramitaron su matrícula con anterioridad a esta modificación en la normativa.↵
- La Resolución Renovar 1000/2021 del INAES (Artículo 5°) eliminó la obligatoriedad de dicho curso, que pasó a ser optativo.↵
- El programa del curso puede consultarse en: https://vpo3.inaes.gob.ar/files/resoluciones/INAES/RESFC–2019/2362/IF–2019–95720461–APN-DNRNCYM-INAES.pdf (última consulta: 02/08/2021). Más allá de este programa, el contenido de los cursos podía variar considerablemente según la entidad encargada de dictarlos.↵
- Esta duración aproximada del trámite surge de las entrevistas, y hace referencia a matrículas tramitadas entre 2015 y 2019. Es probable que esta duración se haya reducido a partir de la citada Resolución Renovar (1000/2021), que se propuso acelerar los procesos de constitución mediante el uso de herramientas informáticas (Feser, 2022).↵







