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Introducción

En las últimas décadas el sector de software y servicios informáticos (SSI) ha tenido un desarrollo importante en Argentina, especialmente a partir de la devaluación producida en el año 2002 y el subsiguiente abaratamiento de los costos laborales en comparación con otros países. En los años subsiguientes el sector experimentó una primera ola de exportaciones, con altas tasas de crecimiento de las ventas y del empleo (Rabosto y Zukerfeld, 2019). Esta evolución se produjo en un contexto de pronunciado crecimiento del mercado internacional.

También en 2002 fue creada la primera cooperativa orientada a la producción de software y servicios informáticos en el país. En un contexto de crisis generalizada, se produjo una revitalización del cooperativismo de trabajo, marcada por la expansión de los procesos de recuperación de empresas y por políticas públicas de promoción del trabajo asociativo (Rebón y Kasparian, 2015). Sin embargo, no fue hasta la década siguiente que este formato se difundió como una opción para la producción de software. De las casi 30 cooperativas existentes en el país al momento del relevamiento realizado para esta trabajo, 18 fueron creadas entre los años 2010 y 2015.

En ese período, más precisamente en el año 2012, se conformó la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento (FACTTIC) con 9 cooperativas del sector. Su objetivo principal es el fortalecimiento del intercambio entre sus miembros y la difusión de una forma de entender el trabajo y las tecnologías con base en el cooperativismo y el software libre (FACTTIC, s/f). Si bien el nombre de la federación hace referencia a la tecnología, la innovación y el conocimiento en sentido amplio, la mayoría de las cooperativas que la componen tienen como actividad principal la producción de software y servicios informáticos, a excepción de dos que se dedican a la comunicación y a la gestión y transferencia tecnológica respectivamente. Entre los productos y servicios que brindan se incluyen el desarrollo de software, customización, soporte técnico, capacitación, entrenamiento, consultoría, administración de sistemas, hosting (Zanotti, 2017a).

La expansión del sector de SSI encuentra su principal obstáculo en la escasez de fuerza de trabajo calificada, en un mercado laboral que registró un crecimiento del 300% en la creación de empleo registrado entre 2002 y 2017 (Rabosto y Zukerfeld, 2019). En este contexto de fuerte aumento de la demanda y de crecimiento más lento de la oferta (López y Ramos, 2018), el surgimiento de estas cooperativas puede resultar paradójico. El cooperativismo de trabajo busca desde sus inicios responder a una necesidad de trabajo de las y los asociados[1], lo cual en las últimas décadas se traduce principalmente en iniciativas que buscan la continuidad laboral mediante la recuperación de empresas, o bien la generación de empleo a través de cooperativas creadas por iniciativa estatal. Entonces, nos interrogamos acerca de la motivación de estos colectivos para conformarse como cooperativas de trabajo, cuando existen alternativas de empleo en el sector privado con salarios superiores al promedio de la economía, u honorarios favorecidos por el tipo de cambio en el caso de trabajos freelance para el exterior. Si bien durante los últimos años han surgido varias cooperativas de trabajo conformadas por profesionales de distintas disciplinas, como geógrafos/as, ingenieros/as, economistas, arquitectos/as o diseñadores/as (Bauni y Fajn, 2023); el sector de SSI resulta especialmente llamativo dado que las condiciones de trabajo y especialmente las remuneraciones se ven favorecidas por el mercado en comparación con otros sectores. Además de las condiciones laborales, el sector de SSI presenta características particulares que lo sitúan como un caso prototípico del capitalismo informacional (Castells 1997). Entre las mismas podemos mencionar los procesos productivos apoyados en redes organizacionales, estructuras con mayores niveles de horizontalidad y flexibilidad, y los proyectos articulados. De estas singularidades del sector surge el segundo interrogante, acerca de las formas en que se organizan las cooperativas, teniendo en cuenta la influencia que ejercen tanto el cooperativismo como estas características del sector de SSI. Por último, el contexto del capitalismo informacional y un mercado local e internacional en expansión, nos llevan a preguntarnos además por cómo se sostienen estas cooperativas, tanto en el aspecto económico como en el asociativo.

El objetivo general de este trabajo es, entonces, analizar los procesos de formación, modos de organización del trabajo e inserción en el mercado de cooperativas de trabajo que se dedican al desarrollo de software y la provisión de servicios informáticos en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

En esta línea, planteamos cuatro objetivos específicos. El primero se propone caracterizar los procesos de conformación de las cooperativas, incluyendo los motivos por los cuales se decide impulsar esta figura jurídica específica. El segundo objetivo es describir los principales mecanismos de toma de decisiones, mientras que el tercero apunta a indagar las formas de organización del trabajo. Por último, el cuarto objetivo es analizar las formas de inserción de estas cooperativas en el mercado del software y su impacto en las dinámicas internas de dichas organizaciones.

I. Antecedentes: capitalismo informacional, sector de software y servicios informáticos y cooperativismo de trabajo

En este apartado describimos el contexto general en el que se desarrolla nuestro problema de investigación, ubicando el mismo dentro del conjunto de teorías sobre la etapa actual del capitalismo. El desarrollo del sector de software y servicios informáticos (SSI) está estrechamente vinculado a las transformaciones recientes en el modo de producción capitalista, cuyos efectos ubican el conocimiento y el cambio tecnológico en el centro de los procesos de valorización del capital. La centralidad que asume en la actualidad el software se vincula al desarrollo de las tecnologías digitales y a la informacionalización de las actividades productivas. La creciente complejidad de los procesos de producción engendró nuevas contradicciones y nuevos debates teóricos.

Estos debates generaron un conjunto de términos que reflejan la diversidad de enfoques que buscan conceptualizar estos cambios, entre los que podemos mencionar los de sociedad de la información, weightless economy, net-economy, nueva economía, knowledge-based economy, capitalismo inmaterial (Moulier Boutang, 2004). De esta variedad de enfoques elegimos repasar los conceptos de capitalismo informacional (Castells 1997) y de capitalismo cognitivo (Míguez, 2013), los cuales presentan tres características importantes para nuestro trabajo: enfatizan el carácter capitalista de la sociedad que emerge de las transformaciones mencionadas, afirman que éstas implican un cambio de etapa en el capitalismo (a diferencia de otras corrientes que plantean que sólo cambian los sectores dominantes o hegemónicos); y tienen una perspectiva amplia que busca evitar determinismos tecnológicos.

En su caracterización del capitalismo informacional, Castells (1997) afirma que la revolución tecnológica que se originó y difundió en el último cuarto del siglo XX fue una herramienta esencial para la reestructuración global del capitalismo producida en dicho período. Esta revolución tecnológica –centrada en las tecnologías de la información– reconfiguró las relaciones entre economía, Estado y sociedad, acentuando la interdependencia entre las economías regionales. El nuevo sistema capitalista global está caracterizado por la desregulación de los mercados, el desmantelamiento del Estado de bienestar, la descentralización de las empresas y la flexibilización de las relaciones laborales. El informacionalismo, en tanto, emerge como la nueva base material de la producción y de la organización social. Este enfoque propone mantener la distancia analítica entre los modos de producción y los modos de desarrollo, reconociendo a su vez su interrelación empírica.

El modo de producción es definido por el principio básico de la apropiación del excedente, el cual se caracteriza en el capitalismo por la separación entre productores y medios de producción, el trabajo convertido en mercancía, y la apropiación privada del excedente por parte de los propietarios de los medios de producción. El modo de desarrollo, en tanto, involucra la magnitud de dicho excedente, determinada por los grados de productividad y las relaciones técnicas de producción. El modo de desarrollo informacional tiene como fuentes principales de productividad y poder a la generación, procesamiento y control de información y conocimientos. Si bien todos los modos de desarrollo implican procesos de producción basados en determinados grados de conocimiento e información, la particularidad del modo informacional es la centralidad de la acción del conocimiento sobre sí mismo como fuente de productividad.

Podemos definir al capitalismo informacional, entonces, como la confluencia entre un modo de producción capitalista y un modo de desarrollo informacional. Las nuevas tecnologías desarrollan una capacidad de penetrar en casi todos los ámbitos de la vida, con una lógica de interconexión sistémica y de convergencia e integración entre distintos campos. A nivel organizacional, se genera una capacidad de reconfiguración permanente, sin una dirección unívoca ni secuencias definidas; y una flexibilidad cuyos efectos pueden ser tanto liberadores como opresivos.

Estos procesos no son consecuencia de una dinámica inherente al cambio tecnológico, sino de la interacción entre agentes sociales que crean, implementan y regulan los procesos sociales y tecnológicos. En sintonía con este planteo, quienes conceptualizan esta etapa como capitalismo cognitivo afirman que las razones sociales e históricas anteceden a las tecnológicas. La movilización de conocimiento incorporado por el trabajo vivo, en tanto actividad concreta humana, adquiere preponderancia sobre el conocimiento incorporado al capital fijo, es decir, los medios de producción que no se consumen totalmente en el proceso productivo, como las maquinarias (Míguez, 2013).[2] El concepto de capitalismo cognitivo pone el énfasis en “el desarrollo de una economía basada en la difusión del saber y en la que la producción de conocimiento pasa a ser la principal apuesta de la valorización del capital” (Vercellone, 2004, p. 78). Al igual que en el capitalismo informacional de Castells, el capitalismo cognitivo resalta que la clave del crecimiento y de la competitividad se encuentra en las actividades de alta intensidad de conocimiento, como la investigación, la enseñanza, el software y los servicios informáticos, el diseño, la comunicación. La apropiación privada y el control de ese conocimiento, cuestiones estratégicas para la valorización del capital en esta etapa, impulsan la extensión de los derechos de propiedad intelectual a todos los sectores productivos. Volviendo al concepto de capitalismo informacional, retomamos la conceptualización de Zukerfeld (2020), que distingue dos fases de esta etapa: una fase de redes y una fase de plataformas. La fase de redes se desarrolla entre la década de 1970 y la década de 2000, y se caracteriza por la masificación de las tecnologías digitales e Internet, y un modelo de ganancias basado en la expansión de la propiedad intelectual. En este período se producen transformaciones culturales, políticas y filosóficas que giran alrededor de las propiedades principales de las redes: la flexibilidad y la ausencia de un nodo central. Estas transformaciones impactan en las características organizacionales dominantes, que pueden agruparse en tres ejes interdependientes. En primer lugar, las redes organizacionales que dan forma a los procesos productivos asumen, a nivel interno, la forma de empresas-red con estructuras flexibles conformadas por grupos de islas y proyectos articulados. A su vez, estas empresas-red se extienden hacia el exterior a través de la externalización de las actividades que exceden su núcleo de negocios (Castells, 1997). En segundo lugar, la tendencia hacia la flexibilización de la organización de la producción, que incluye la desregulación de los mercados, la relocalización de los procesos productivos, la precarización de las relaciones laborales y la cada vez mayor permeabilidad de los límites entre el tiempo de ocio y el de trabajo. Por último, la tendencia hacia la polarización de la fuerza de trabajo entre trabajadores informacionales de alta calificación y trabajadores precarizados en servicios de baja calificación. Además de las formas organizativas, en la fase de redes se evidencia una transformación de la relación individuo-sociedad y una liberalización y mercantilización del deseo. Las identidades dominantes en el capitalismo industrial, relacionadas al trabajo y la clase, comparten lugar con otras formas de identidad, como el género o la etnia. La fase de plataformas comienza a mediados de la década de 2000 y continúa en la actualidad. Combina los rasgos de la fase anterior con la presencia generalizada de las plataformas digitales administradas por algoritmos. Esta etapa, a diferencia de la fase de red, presenta como modelos de ganancias dominantes a aquellos que se basan en la apertura y la provisión de bienes informacionales como servicios. En cuanto a las tendencias organizacionales, la empresa-red mantiene su vigencia, aunque gana protagonismo la gestión del proceso productivo a través de algoritmos (Srnicek, 2018).

En las últimas décadas se vienen desarrollando distintos campos de indagación sobre la evolución del SSI. En el marco del análisis de una serie de cadenas productivas de la industria argentina compilado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), Castillo y Rivas (2013) realizan un análisis integral del sector. Incluyen el perfil ocupacional, la organización de la industria por tipos de servicios y por tamaño de empresa, el contexto internacional y regional, y las políticas públicas implementadas. En un análisis más reciente, López y Ramos (2018) abordan, además de las políticas públicas, el mercado laboral y la inserción de la Argentina en el mercado internacional. Este último trabajo retoma, entre otras, la investigación de Barletta, Pereira y Yoguel (2014) que resalta el rol protagónico de los programas públicos de apoyo al sector a partir del año 2000; y el informe del Ministerio de Hacienda sobre las cadenas de valor de la industria del software (Gajst y Frugoni, 2016). Una fuente de datos citada recurrentemente en estos trabajos es el Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos (OPSSI)[3], cuyos reportes e informes presentan las conclusiones de encuestas de coyuntura elaboradas periódicamente sobre la situación y evolución del sector en cuanto a empleo, ventas por actividad y por clientes, ingresos desde el exterior, financiamiento, costos. En cuanto al mercado de trabajo, Rabosto y Zukerfeld (2019; 2017) ponen el foco en el empleo, poniendo el debate la idea –señalada por actores empresariales y académicos– de que la escasez de fuerza de trabajo calificada constituye el principal obstáculo para una mayor expansión del sector. Los autores plantean las limitaciones de este postulado, buscando la explicación de esta escasez en el bajo impacto de los títulos universitarios en los salarios, menores incrementos salariales en comparación con otros sectores (a pesar de ofrecer salarios superiores al promedio del sector privado), y un bajo nivel de afiliación sindical. En tanto, Berti (2016) indaga las formas de organización del trabajo en la producción de software y sus impactos en el poder de negociación de los trabajadores, poniendo en cuestión el funcionamiento de las cadenas globales de valor y los procesos de tercerización de la producción. Por su parte, Dughera, Yansen, y Zukerfeld (2012) se proponen profundizar en el conocimiento del sector en su diversidad, reconociendo la existencia de una acumulación de conocimiento acerca de la producción en grandes empresas; mientras que otras formas han sido menos estudiadas, como las microempresas y la producción no mercantil. En dicho trabajo estudian los procesos productivos de software desde diferentes aristas, como las calificaciones requeridas, las técnicas utilizadas en su producción, las características de los espacios de trabajo, los diferentes aspectos de la educación de la fuerza de trabajo y la actividad sindical. También abordan la evolución de la segregación de género en la producción de software, considerando diferentes factores que definen un acercamiento diferencial de las mujeres a la tecnología, desde la infancia y las distintas etapas educativas hasta la inserción laboral. En un estudio más reciente, Yansen (2020) retoma este análisis mediante la revisión de la literatura relacionada a cada una de estas etapas. Reconociendo la necesidad de estudiar los distintos ámbitos en los que se desarrolla la producción de software, abordamos las cooperativas de trabajo de SSI como una variante cuyo estudio desde las ciencias sociales requiere profundización.

Con respecto a las experiencias asociativas y autogestionadas, cabe destacar una serie de investigaciones que se desarrollan sobre todo a partir de la crisis de 2001, y avanzan sobre experiencias autogestionadas producto de procesos de recuperación de empresas (Fajn, 2004; Kasparian y Rebón, 2020; Rebón, 2004 y 2007; Salgado, 2010), y cooperativas de recicladores urbanos (Fajn, 2002; Maldovan Bonelli, 2014). Estas experiencias fueron abordadas procurando ver las especificidades de su surgimiento, ya que la crisis económica y las particularidades de cada actividad configuraban experiencias distintas a las de las cooperativas tradicionales, ligadas a una visión compartida sustentada en los valores y principios del cooperativismo. En el abordaje de estas temáticas se destacan los aportes del Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas (OSERA) del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires; espacio del cual participo como miembro desde el año 2013. Entre estos aportes podemos destacar la edición de la Revista OSERA, el desarrollo de proyectos de investigación y extensión universitaria, entre los cuales se destaca el proyecto “Talleres para el fortalecimiento de la autogestión en cooperativas de trabajo”, financiado por el Programa de Educación en Cooperativismo y Economía Social en la Universidad, de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación. Este proyecto dio origen al libro “Saberes Recuperados” (2016), que sistematiza saberes de las cooperativas en base a los talleres y entrevistas realizados con trabajadores y trabajadoras. Compartí dicho trabajo con Bruno Colombari, Candela Hernández, Cecilia Calloway, Gabriel Fajn, Mariela Molina y Natalia Bauni, coordinados por Julián Rebón, Santiago Iorio, Denise Kasparian y Rodrigo Salgado.

Más recientemente se desarrollaron nuevos tipos de cooperativas con rasgos distintivos, cuyas características resumen Bauni y Fajn (2023). Además de las cooperativas de software y servicios informáticos, mencionan a las cooperativas de profesionales liberales y a las cooperativas sociales ligadas al cuidado, a la salud y al trabajo en contextos de encierro. Las dimensiones que abordamos para nuestro análisis (detalladas en el marco teórico) tienen antecedentes directos en los trabajos mencionados sobre cooperativismo, autogestión y empresas recuperadas. Buscamos indagar cómo se expresa el carácter asociativo y autogestivo en un sector específico, de desarrollo relativamente reciente, del cual encontramos pocos antecedentes. En el marco de su tesis doctoral sobre el campo de producción de software libre en la provincia de Córdoba, Zanotti (2017b) dedica un apartado a una serie de experiencias de software y cultura libre, entre las cuales incluye a Gcoop, una de las primeras cooperativas de trabajo especializadas en software libre de Argentina. Describe brevemente sus orígenes y algunas de sus formas de organización, resaltando la afinidad entre el cooperativismo y el movimiento de software libre. En otros artículos (2016; 2017a; 2017c), retoma estas cuestiones, explorando las trayectorias de algunas cooperativas y realizando un acercamiento a las condiciones laborales, el perfil de las cooperativas en cuanto a innovación tecnológica, su relación con el mercado, y sus estrategias colectivas (institucionales, laborales, culturales y educativas). En este sentido, sus aportes sobre las cooperativas de software son un antecedente directo de nuestro tema, en tanto que plantean un primer acercamiento a cuestiones que se profundizan en este trabajo. Nos proponemos abordar las cooperativas de SSI a partir de cinco dimensiones que se desarrollan en el marco teórico. En primer lugar abordamos los procesos de conformación de las cooperativas. Luego retomamos las tres dimensiones del concepto de “asociatividad para el trabajo”: autogestión, cooperación, y solidaridad recíproca (Maldovan y Dzembrowski, 2009), las cuales nos permiten describir las formas de organización de las cooperativas. Por último, concebimos la sostenibilidad de las empresas en relación a distintas fuentes de recursos, desde el intercambio mercantil hasta los aportes estatales y los recursos basados en la reciprocidad.

A partir de nuestro problema de investigación, planteamos dos hipótesis. La primera sostiene que los procesos de conformación de cooperativas de SSI asumen características diferentes a las de los procesos dominantes en el cooperativismo de trabajo argentino en las últimas décadas, y responden a distintas motivaciones y fundamentos. La segunda plantea que el tamaño de las cooperativas influye en las formas de organización del trabajo; siendo que a mayor tamaño, mayor complejidad organizacional e institucional. El año de creación también influye en esta relación, ya que las cooperativas de mayor tamaño –que superan los 20 integrantes– a su vez son las más antiguas.

II. Marco teórico

II.1 Tecnologías digitales, trabajo informacional y software

Como vimos, el capitalismo informacional pone en el centro de los procesos productivos a las tecnologías digitales e Internet. Consideramos tecnologías digitales a aquellas que “procesan, transmiten, almacenan o generan información digital” (Zukerfeld, 2007, p. 5). La información digital es definida como toda forma de conocimiento instrumental (es decir, un medio para la futura consecución de un fin determinado) codificada binariamente mediante señales eléctricas de encendido y apagado. Una de sus características más relevantes, la replicabilidad, permite a la información digital ser reproducida en forma idéntica con un costo cercano a cero. Esto es posible ya que, a diferencia de la información analógica, las unidades que la componen –los bits– son idénticas entre sí, ya sea que conformen un archivo de audio, imagen, texto o software.

Los bienes informacionales, en tanto, son aquellos que están compuestos total o parcialmente de información digital. Sus ciclos productivos se caracterizan por costos fijos altos para producir la primera unidad –ya que requiere la creación y codificación de conocimientos nuevos– y costos marginales bajos o casi nulos para las siguientes unidades. Podemos distinguir tres tipos de bienes informacionales (BI): primarios, secundarios y terciarios (Zukerfeld, 2007). Los BI primarios se distinguen por estar compuestos exclusivamente de información digital. Los BI secundarios procesan, transmiten o almacenan información digital, e incluyen tecnologías digitales como chips, computadoras, dispositivos de almacenamiento y de transmisión. Por último, los BI terciarios solamente comparten con los anteriores el carácter decisivo de la información digital en sus procesos productivos de origen. Incluyen los productos resultantes de la aplicación de biotecnologías, como información genética codificada o desarrollos de la industria farmacéutica.

La noción de bienes informacionales es vital para definir con mayor precisión el tipo de actividad laboral que predomina en la producción de software: el trabajo informacional (Zukerfeld, 2008). Se trata del conjunto de tareas productivas cuyo medio de trabajo principal es un bien informacional secundario (por ejemplo, una computadora), y el producto obtenido un bien informacional primario (textos, programas de computadora, audio, imágenes digitales). La producción de software ocupa un lugar central en el trabajo informacional, ya que genera los medios de producción que utilizan los demás trabajadores informacionales (Dughera, Yansen y Zukerfeld, 2012, p. 18). El capitalismo informacional, con las características que mencionamos previamente, no podría desarrollarse sin software. Tanto las tecnologías digitales como Internet, pilares de esta etapa del capitalismo, dependen de software para funcionar en todos sus niveles.

El sector de software y servicios informáticos (SSI) involucra, en primer lugar, al software propiamente dicho, en tanto conjunto de instrucciones cuya ejecución permite realizar una o varias tareas en un artefacto digital. Se trata de un bien informacional primario y comparte ciertas propiedades con cualquier tipo de bien, como su capacidad de objetivarse como información digital y de circular independientemente del momento de su producción. Los servicios informáticos, en cambio, se consumen necesariamente en el instante de su prestación, incluyendo actividades como el testeo, implementación y mantenimiento de software, el soporte técnico y la capacitación. Como afirman Gajst y Frugoni (2016), la delimitación entre la producción de bienes y la provisión de servicios suele ser difusa, y muchas de las empresas del sector ofrecen una combinación de ambas.

En cuanto a sus características particulares, el software configura un bien no rival (Asiain, Rodríguez, y Vannini, 2016), que no se consume ni se desgasta por su uso, y puede ser utilizado por varios usuarios en forma simultánea. Compartir este tipo de bien no implica una división del mismo sino una multiplicación, cuyo costo marginal es nulo o casi nulo. Sin embargo, el desarrollo de barreras tecnológicas y legales (materializadas en licencias y derechos de propiedad intelectual) ha logrado limitar esta característica del software, dificultando su intercambio. Como señala Zanotti (2017a), hay dos modelos que caracterizan la producción de software: el modelo propietario (regulado por derechos de propiedad) y el modelo libre, basado en la libertad para copiar, distribuir y modificar el software, cuyo código fuente y documentación se mantienen en el dominio público. El software libre enfatiza el carácter de bien común del software, basando su desarrollo en la formación de comunidades, el trabajo colaborativo y la socialización del conocimiento.

Las características particulares de su producción ubican al sector de software y servicios informáticos como un caso paradigmático de la reconfiguración de los procesos productivos producida en el capitalismo informacional. En este contexto nos preguntamos por el surgimiento de cooperativas de trabajo en un sector dinámico y con amplitud de oportunidades de trabajo disponibles. También nos preguntamos si las características del sector y el devenir del capitalismo informacional influyen en las formas en que estas cooperativas se organizan internamente y organizan la producción. Entre estas características destacamos los procesos productivos apoyados en redes organizacionales, las estructuras flexibles y los proyectos articulados (Zukerfeld, 2020).

II.2 Asociatividad para el trabajo: autogestión, cooperación y solidaridad

Para avanzar hacia los objetivos propuestos, consideramos una serie de dimensiones principales que nos permiten abordar aspectos específicos de nuestro problema de investigación. La primera dimensión refiere a los procesos de conformación de las experiencias asociativas. Luego, retomamos las tres dimensiones del concepto de asociatividad para el trabajo que desarrollan Dzembrowski y Maldovan Bonelli (2010): autogestión, cooperación y solidaridad recíproca. Estas dimensiones abarcan la organización interna de las cooperativas, la organización de la producción y las relaciones solidarias con otras entidades. La quinta y última dimensión, la sostenibilidad, nos permite abordar la inserción de las cooperativas en el mercado y sus tensiones con los valores cooperativos. A continuación describimos cada una de estas dimensiones y las variables que las componen, identificando las teorías y conceptos que les dan sustento y nos permiten encarar el trabajo de campo.

Para abordar los procesos de conformación definimos tres variables: el origen de las cooperativas, los fundamentos del carácter asociativo y el proceso de obtención de la matrícula. La primera variable hace referencia a los modos en los que se originan las experiencias asociativas. Consideramos el origen como una variable clave para caracterizarlas, en sintonía con los trabajos de Kasparian (2017), Hudson (2016), Vuotto (2011) y Camilletti, et al. (2005). A partir de dichos trabajos podemos identificar distintos modelos de cooperativas según su origen: las que surgen de la necesidad de trabajo y de una afinidad con los valores del cooperativismo, las nacidas a partir de procesos de recuperación de empresas en crisis, las creadas a partir de la iniciativa estatal y aquellas nacidas por el impulso de organizaciones externas como universidades y organizaciones no gubernamentales. El origen de las cooperativas es importante para encarar la segunda variable, los fundamentos del carácter asociativo, o sea, los motivos por los cuales se escoge el formato cooperativo entre otras opciones. Esto incluye en primer lugar los motivos por los cuales se decide encarar un proyecto colectivo, y luego los motivos por los cuales se escoge el formato específico de cooperativa de trabajo.

La tercera y última variable del proceso de conformación es la obtención de la matrícula habilitante otorgada por el INAES[4] (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social). Este proceso es necesario para constituirse formalmente como cooperativa de trabajo y así participar de las instancias institucionales del movimiento cooperativo. Indagamos, en este sentido, cuál es la importancia de este proceso para las cooperativas relevadas, las dificultades que encuentran en ese camino y el rol de FACTTIC en el acompañamiento de las cooperativas en formación.

Para avanzar en el estudio de las formas de organización, creemos conveniente retomar el concepto de asociatividad para el trabajo que desarrollan Dzembrowski y Maldovan Bonelli:

El concepto de asociatividad para el trabajo refiere específicamente a una capacidad que utilizan los actores sociales para ensayar la resolución de problemas de insatisfacción de necesidades individuales y colectivas por medio del trabajo con un principio distinto al de la economía de mercado, proponiendo la autonomía del colectivo de la relación capital/trabajo. (2010, p. 130)

La asociatividad, por lo tanto, remite a una multiplicidad de organizaciones fundadas en distintos tipos de arreglos colectivos relacionados a la posesión de los medios de producción, a los procesos de trabajo y a la gestión de las organizaciones. Esta concepción de la asociatividad pone el foco en cómo se produce el lazo social, sobre qué bases y bajo qué condiciones. Para avanzar en nuestro trabajo retomamos las tres dimensiones de este concepto, que nos permiten enfocar la mirada en distintos aspectos de las experiencias asociativas: la autogestión, la cooperación y la solidaridad recíproca (Maldovan Bonelli y Dzembrowski, 2009).

La autogestión hace referencia al carácter autónomo de la organización del trabajo y de la toma de decisiones, que a su vez son producto de una construcción colectiva. Se trata de una forma de gestión horizontal y democrática en la que el colectivo de trabajo define las formas de funcionamiento y división del trabajo; y las formas de apropiación y distribución de los recursos (Maldovan Bonelli, 2019). La concepción y la ejecución del trabajo no están escindidas, sino que son consensuadas por el colectivo laboral.

Para abordar esta dimensión identificamos tres variables. En primer lugar, los procesos decisorios, de los cuales observamos las instancias decisorias presentes en las cooperativas y sus pesos relativos; las formas de llegar a una decisión, las cuales pueden ser por mayoría o por consenso; y la participación en las instancias de decisión. La circulación de información es un aspecto fundamental para promover una participación activa e informada en los asuntos de la cooperativa.

En segundo lugar, los procesos de incorporación de asociadas/os, los cuales refieren a la serie de tareas ejecutadas con el fin de incorporar integrantes a las cooperativas. Incluimos esta variable como parte de la autogestión debido a su importancia para la consolidación de los colectivos, ya que la integración de nuevas y nuevos integrantes implica no sólo incorporarse a los procesos de trabajo, sino también a las dinámicas horizontales de participación características de una gestión democrática. Para analizar los modos en los que las cooperativas relevadas abordan esta cuestión nos basamos en los desarrollos de Salgado (2012) y Rebón, Iorio, Kasparian y Salgado (2016). En este sentido, describimos las herramientas de búsqueda de posibles ingresantes, los criterios de selección ponderados al momento de elegir entre los contactos disponibles, los tipos de vínculos contractuales establecidos entre las personas ingresantes y las cooperativas, y los mecanismos de integración implementados para apoyar el aprendizaje de las tareas a desarrollar y la incorporación activa a la vida institucional de las cooperativas.

En tercer lugar, la incorporación de integrantes puede impulsar distintos procesos de desigualación (Salgado, 2012), si se introdujeran diferencias de ingresos entre asociados/as actuales, y nuevos/as ingresantes, por ejemplo, mediante distintos tipos de vínculos contractuales o reconociendo aspectos como la antigüedad o el carácter de miembro fundador. Esto nos introduce a la última variable de la autogestión: la retribución del trabajo. Consideramos dos aspectos principales: los mecanismos de distribución, en referencia a las distintas formas de calcular los retiros, tanto diferenciadas como no diferenciadas; y los criterios de diferenciación presentes en aquellas modalidades diferenciadas (por ejemplo, antigüedad o categoría laboral).

La dimensión que denominamos cooperación remite al sentido amplio con que fue definida por Marx (2002), es decir, como la forma bajo la cual se desarrolla el trabajo de manera conjunta, de acuerdo a un plan, ya sea en un mismo proceso o en procesos distintos pero conectados. En el modo de producción capitalista la cooperación asume una condición despótica, derivada del control, dirección y apropiación de la fuerza de trabajo por parte del capitalista. Sin embargo, reconocemos que la cooperación toma en las experiencias asociativas formas cualitativamente diferentes a la empresa capitalista, siendo la cohesión grupal un aspecto central para el funcionamiento de la organización.

Para estudiar el tipo de cooperación presente en los procesos de trabajo, definimos dos variables. Por un lado, la diferenciación de funciones, dentro de las cuales nos concentramos en las tareas de apoyo y administración que las y los cooperativistas no planificaban ni ejecutaban en sus experiencias laborales previas, generalmente como asalariados/as o por cuenta propia. Entre estas actividades podemos citar la coordinación, la comercialización, la comunicación y la limpieza. Por otro lado, observamos la forma en que se organiza el trabajo específico de producción de software.

La asociatividad para el trabajo también implica solidaridad recíproca. Ésta contempla tres formas de relaciones solidarias: basadas en relaciones altruistas (materializada en asistencia o donaciones), relaciones entre iguales basadas en la reciprocidad y las redes grupales (solidaridad entre pares), y por último la relacionada al accionar del Estado en sus funciones de redistribución de bienes y servicios como autoridad legítima (solidaridad estatal).

La solidaridad recíproca nos permite reflexionar acerca de la sostenibilidad de las cooperativas, ya que los mecanismos de solidaridad pueden influir en las formas en las que las cooperativas se insertan en el mercado. El concepto que conecta estas dos dimensiones es el de intercooperación (Cano Ortega, 2015). En su vertiente política, refiere a la representación y defensa de los intereses de las cooperativas a través de la acción colectiva, y al fomento de los vínculos de solidaridad entre las mismas; lo cual podemos asociar a las redes grupales y a las relaciones basadas en la reciprocidad. La vertiente económica de la intercooperación, en tanto colaboración para la consecución de una finalidad empresarial, se relaciona directamente con las formas de acceso de las cooperativas al mercado del software.

Consideramos el concepto de sostenibilidad desde una visión multidimensional que incluye, además de la viabilidad económico-financiera a partir de la inserción en el mercado, la capacidad de las experiencias asociativas de reproducir la vida de sus miembros. Esto incluye distintas fuentes de recursos, como aportes económicos estatales o recursos basados en la reciprocidad. Entre los autores que comparten esta visión amplia de la sostenibilidad se encuentran Coraggio (2008), Kasparian y Rebón (2020) y Vázquez (2010, 2014). Si bien retomamos el concepto desde esta visión amplia, reconocemos la necesidad de competir en el mercado y las tensiones que esto puede generar con los valores solidarios, las formas autogestivas y los modos de cooperación. El trabajo para clientes de otros países es, creemos, una variable importante para abordar estas tensiones en el sector del software y los servicios informáticos, debido al crecimiento del mercado mundial y el potencial exportador del sector en Argentina.

III. Estrategia metodológica

La investigación posee un diseño metodológico cualitativo, de tipo exploratorio y descriptivo. Se recurrió principalmente a la técnica de la entrevista semi-estructurada a informantes clave de las cooperativas. La elección de la entrevista como instrumento responde a su pertinencia para estudios descriptivos y exploratorios, ya que como técnica flexible nos permite repreguntar y clarificar en un marco de interacción directo, y aprovechar la riqueza informativa de las palabras de las y los entrevistados (Sautu, R. et al., 2005).

La tesis se centra en cooperativas de trabajo formalmente constituidas que forman parte de FACTTIC por dos razones. Por un lado, por la importancia de la federación como referente de las cooperativas del sector; y por el otro, por la dificultad para identificar cooperativas que desarrollen la actividad y no estén federadas.[5] Para resolver esta dificultad, decidimos tomar como referencia a FACTTIC, ya que además de ser un caso paradigmático en el campo del cooperativismo de SSI, agrupa una cantidad significativa de estas cooperativas. La federación reúne más de 30 cooperativas en todo el país, y participa de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) a través de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar) y de la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT). Además, articula la red de cooperativas de trabajo del sector para su desarrollo local e internacional, impulsando proyectos que impactan en muchas cooperativas, generando vínculos con cooperativas de otros países, y participando de la IT Network de la ACI (FACTTIC, 2021).

En cuanto al recorte espacial, las cooperativas que componen nuestro universo de estudio corresponden al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA)[6], incluyendo organizaciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de las localidades bonaerenses de Bernal, Caseros, Quilmes y San Justo. La decisión de realizar un recorte espacial al AMBA se basa en su alta relevancia para la temática, ya que en esta región se concentran casi la mitad de las cooperativas de SSI pertenecientes a FACTTIC[7], mientras que el resto se reparten entre las provincias de Buenos Aires (Interior), Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Jujuy, Chaco, Misiones, Río Negro y Chubut. Esta distribución sigue un patrón similar al del sector de SSI en general, con más del 60% de las empresas ubicadas en el AMBA (López y Ramos, 2018). De esta manera, nos propusimos entrevistar al menos un/a integrante de cada una de las organizaciones federadas radicadas en el AMBA. Se realizaron 11 entrevistas a integrantes de 10 cooperativas, en un período comprendido entre Julio de 2019 y Junio de 2020. De un universo de 11 cooperativas identificadas se relevaron 10, no logrando respuesta de una de las empresas para coordinar una entrevista. A pesar de esto, consideramos haber logrado una cobertura suficiente de la diversidad de cooperativas de la región. Las entrevistas se realizaron en forma presencial en las oficinas de las organizaciones relevadas, a excepción de las últimas tres, que se realizaron en forma remota debido a las restricciones generadas por la pandemia de Covid–19.

Tabla 1: Cooperativas entrevistadas por año de creación, cantidad de integrantes al momento del relevamiento, fecha y modalidad de la entrevista

Fuente: elaboración propia

Las entrevistas fueron registradas en formato de audio y posteriormente transcriptas a texto, manteniendo el anonimato tanto de las y los entrevistados como de las cooperativas a las que pertenecen. El análisis se realizó con la asistencia del software QCAmap (Qualitative Content Analysis), desarrollado por la Association for Supporting Qualitative Research (Klagenfurt, Austria), a través del cual se categorizaron y codificaron los datos relevados según las dimensiones de análisis descriptas en el apartado anterior.

Sumamos a la técnica de la entrevista la observación no participante en actividades presenciadas que no incluyeron participación activa, cuyo desarrollo resultó pertinente al objetivo de esta tesis. Estas actividades incluyen los espacios de la federación denominados show & tell, en los que una o varias cooperativas exponen una problemática y comparten las formas en las que la abordaron. Otro espacio observado fueron las asambleas del espacio intercooperativo de FACTTIC denominado Fondo Intercooperativo de Proyectos (que se menciona en este trabajo también como Flujo Intercooperativo de Trabajo). Esta participación se realizó de forma remota a través de la aplicación Zoom o bien por el canal de YouTube de FACTTIC, tanto de forma sincrónica como asincrónica.

Por último, recurrimos al análisis documental de notas periodísticas, documentos de FACTTIC, páginas web y entradas de blog de cooperativas, documentos e informes de organizaciones ligadas al cooperativismo y al sector de SSI, y normativa y legislación referente al cooperativismo.

IV. Plan de exposición

De acuerdo al objetivo propuesto, la tesis propone un recorrido que comienza en el capítulo 1, denominado Del nacimiento a la consolidación: modalidades de conformación de las cooperativas, ubicando los procesos de conformación de las cooperativas de SSI en el AMBA en las distintas matrices de surgimiento presentes en el cooperativismo de trabajo en Argentina. Describimos además los fundamentos del carácter asociativo y los procesos de obtención de las matrículas como hito en la formalización y consolidación de las empresas. En el capítulo 2, La autogestión como modelo organizacional, describimos los procesos decisorios y los acuerdos colectivos vigentes para la organización interna de las cooperativas, incluyendo los procesos de incorporación de asociadas y asociados, las formas de apropiación del excedente económico y sus criterios de distribución. En el capítulo 3, La cooperación y el desarrollo de la producción, abordamos las formas que asume la cooperación en las empresas relevadas, a partir de la organización y planificación de las tareas y de la diferenciación de funciones. El capítulo 4, Formas de inserción en el mercado del software: intercooperación, exportación y crecimiento, describe las formas de inserción de las cooperativas en el mercado y las tensiones que ésta genera con los valores y orientaciones democráticas, igualitarias y autogestivas. En este contexto nos referimos a la cuestión de la sostenibilidad y la importancia de la intercooperación y el trabajo para clientes del exterior. Abordamos, finalmente, la influencia del mercado en los debates acerca del propósito de la producción y del proyecto de empresa. Por último, las conclusiones retoman los principales hallazgos de cada capítulo, en relación a nuestra pregunta de investigación y a los objetivos propuestos.


  1. En esta tesis procuramos utilizar formas de escritura que eviten la discriminación sexista en el lenguaje. Para ello usamos, al referirnos a personas, nombres invariables en cuanto al género (“sus integrantes” en lugar de “sus asociados”), o bien expresiones neutras o despersonalizadas (“los cargos de presidencia, secretaría y vocalías” en lugar de “los cargos de presidente, secretario y vocal”). Finalmente, cuando estas alternativas no son viables, utilizamos formas dobles enteras (“asociadas y asociados” en lugar de “asociados”), o abreviadas (asociadas/os), según sea más apropiado para facilitar la lectura (Marçal, Kelso y Nogués, 2011).
  2. Este planteo, central para el capitalismo cognitivo, tiene su origen en la reinterpretación del “Fragmento sobre las máquinas” (Marx, 1972), especialmente en el concepto de general intellect, que pone el énfasis en la objetivación del conocimiento general en un sistema de máquinas (medios de producción). En el capitalismo cognitivo, la centralidad del general intellect se desplaza hacia el despliegue de las capacidades intelectuales y lingüísticas genéricas en el proceso productivo. La “cooperación entre cerebros” pasa a ser el principal capital fijo de los procesos productivos.
  3. El Observatorio Permanente de la Industria del Software y Servicios Informáticos de la República (OPSSI) es una iniciativa de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de la República Argentina (CESSI). http://www.cessi.org.ar/
  4. El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) es la autoridad de aplicación de las Leyes de Cooperativas (20.337) y Mutuales (20.321), teniendo a su cargo la reglamentación de los requisitos para la constitución, registro y la fiscalización de este tipo de entidades. Además se encarga de fomentar el desarrollo, la educación y la promoción de la acción cooperativa y mutual (https://www.argentina.gob.ar/inaes).
  5. Esta dificultad se extiende a la información brindada por el INAES, ya que la opción de búsqueda disponible en la web institucional no permite filtrar por actividades relacionadas a la tecnología en general, ni al software y los servicios informáticos en particular.
  6. El AMBA es la zona urbana común que conforman la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 40 municipios de la Provincia de Buenos Aires que conforman lo que se conoce como “Conurbano” o “Gran Buenos Aires”.
  7. Según el listado de cooperativas disponible en el sitio web de la federación.


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