“…en el gran caldero de la prostitución se funden una diversidad de imaginarios sociales, de ‘representaciones’ que se proyectan, desde la ‘normalidad’, sobre un universo de funcionamientos que le escapan” (Néstor Perlongher)
La prostitución puede pensarse como una institución paradójica, que construye fetichismo desde la marginalidad. Llamada “vida alegre” pero también “mala vida”, entre una supuesta trasgresión y una sanción moral se configura un espacio de exclusión marcado por la estigmatización y la subalternidad. ¿Cómo se hace posible habitar, o transitar, esa vida?, esta fue la pregunta que me lanzó a investigar las experiencias de las mujeres que protagonizan este libro. Conocer las vidas de las mujeres que se dedican a la prostitución nos puede enseñar mucho sobre las formas en que nuestra sociedad organiza no solo las sexualidades y el dinero, sino también el uso del tiempo y los espacios, los significados del cuerpo y sus zonas, los vínculos comerciales y socio-afectivos. Aquí, a partir de un recorrido por estas dimensiones de las experiencias de vender sexo, busco comprender las identificaciones ambivalentes ligadas a la prostitución.
El núcleo central de esta tesis son las fronteras que –aunque inestables, permeables y siempre por rehacer– estructuran las experiencias de las mujeres en la prostitución. Estas fronteras atraviesan las experiencias en diferentes dimensiones. En la tesis el recorrido está organizado desde los niveles más amplios y abstractos (entradas, carreras, reglas y modalidades del mercado del sexo), pasando por niveles intermedios (relaciones familiares y con otras mujeres que venden sexo) hasta los más micro (parejas y clientes, negociación de intimidades y dineros). Luego, busco comprender cómo estas experiencias se articulan en concepciones de la actividad, valoraciones e identificaciones.
La cuestión de la prostitución ha sido intensamente debatida tanto en el ámbito académico como en los activismos. Sin embargo, el estado actual del debate ha conducido a concepciones dicotómicas y polarizadas que tienden a condenar la actividad como un todo, o a celebrar sus supuestas trasgresiones o libertades. En este contexto me pareció fructífero reconstruir las posiciones de las propias involucradas desde los relatos de sus experiencias para comprender cómo estas se insertan en los entramados más amplios de relaciones sociales.
Sin olvidar el marco de las asimetrías estructurales, la tesis apunta a examinar en un nivel micro-sociológico los relatos de mujeres que se dedican a la prostitución. Los sentidos que las mujeres entrevistadas dan a la prostitución en sus experiencias son comprendidos en relación a los marcos sociales que estigmatizan la actividad y la situación de subalternidad de estas mujeres. Sin embargo, una posición subalterna no implica eliminar la agencia, ni perder de vista las violencias que constituyen dicha posición. En este sentido, analizo las distintas tácticas y los recursos que las entrevistadas movilizan en sus enfrentamientos y relaciones cotidianas. Para ello partí de considerar las posiciones de clase, género y origen nacional/etnia/raza, pero sin imponer sentidos fijos a las prácticas y atendiendo a las diversas formas en que las entrevistadas significan y/o resignifican su papel en la prostitución.
Mantener los interrogantes abiertos, sin obturar sentidos, supuso enfocar la cuestión de la identidad en términos de identificaciones, multiplicidades, reconocer tanto constricciones como capacidad de acción y, a la vez, partir de una mirada de las sexualidades como construcciones sociales. Desde allí, la perspectiva microsociológica, enriquecida con teorías de mayor alcance, así como el objetivo de interpretar la diversidad de experiencias de las entrevistadas, me llevaron a buscar definiciones amplias que permitan comprender los diferentes sentidos atribuidos a la práctica por las propias mujeres. Por ello me referiré a la prostitución como “sexo comercial”, cuya conceptualización discutiré más adelante. Asimismo, he abordado distintos escenarios de prostitución como forma de comprender mejor las experiencias de las mujeres involucradas. El trabajo de campo incluyó tres ciudades con características diversas –Buenos Aires, Rosario y San Juan– así como distintas modalidades de prostitución. Me interesa interpretar tanto las construcciones compartidas como la variabilidad de las visiones y los significados que producen y reproducen las protagonistas en el plano de sus interacciones cotidianas.
Estructura de la tesis
La tesis se divide en siete capítulos, cada uno de ellos subdividido en secciones y apartados. En el primer capítulo incluyo el marco teórico y los conceptos más globales que estructuraron el análisis y las principales investigaciones sobre la problemática en Argentina. Además, analizo y critico las posiciones enfrentadas en el debate feminista actual sobre la prostitución, para luego plantear la concepción de “sexo comercial” que sostengo en la tesis. Finalmente, contextualizo a la prostitución en un marco histórico y legal en Argentina. Esto permite tener un panorama para comprender las experiencias de las mujeres entrevistadas tomando en cuenta tanto la legislación vigente y las diferencias entre las tres ciudades incluidas, como algunos de los sentidos que permanecen y/o se transforman en sus concepciones.
En el segundo capítulo describo el abordaje metodológico. Caracterizo la estrategia y las técnicas utilizadas, describo las condiciones de entrada al campo y la configuración de la muestra de entrevistas. La descripción de las herramientas metodológicas y del trabajo de campo realizado implica también delinear la posición epistemológica que articula la tesis y problematizar mi propia posición como investigador. Como preludio del análisis, luego de este capítulo describo brevemente los principales escenarios (las modalidades de sexo comercial incluidas) y algunas de las entrevistadas que expresan posiciones y experiencias diferentes del sexo comercial, cuyos casos retomaré al cerrar el séptimo y último capítulo.
Las carreras en el mercado sexual son el foco del tercer capítulo. Aquí analizo los relatos de las entrevistadas sobre los comienzos en el comercio sexual, donde se pone de relieve una articulación compleja entre economías monetarias y morales. Describo las modalidades de entrada y los valores que se ponen en juego en las motivaciones relatadas, así como los desafíos que supone lograr retirarse “a tiempo”. Para ello resulta clave comprender, desde las miradas de las entrevistadas, el funcionamiento de este mercado, cómo valoriza y devalúa capitales, y cómo lograr retirarse. Así busco comprender cómo se incorporan (o no) las reglas complejas del mercado sexual como mercado ilegítimo y en los márgenes de la legalidad.
En el capítulo cuarto analizo los mundos de relaciones que entablan estas mujeres centrándome en dos universos: los vínculos con sus pares y con sus familias. En primer lugar, describo las relaciones conflictivas, de competencia, de solidaridad, de aislamiento y de aglutinamiento que traban estas mujeres entre ellas. En estos lazos juegan papeles importantes las fuerzas policiales y la presencia o ausencia de las organizaciones que nuclean a las mujeres que se dedican al sexo comercial (en adelante las “organizaciones”). Entre estos dos mundos –dentro y fuera del “ambiente”– se busca instaurar una segregación y mi análisis alude a la dinámica micropolítica del secreto y su funcionamiento en diversos contextos. La indagación sobre los vínculos familiares muestra algunas de las permeabilidades y negociaciones económico-simbólicas entre estos mundos. A la vez, los relatos sobre las familias sitúan a las mujeres entrevistadas en clave de género y permiten vislumbrar el papel descollante de su rol como madres.
A lo largo del quinto capítulo describo las formas en que las mujeres intentan manejar los encuentros con los clientes. Desde los momentos previos de seducción y negociación-indagación, y en el desarrollo del encuentro, se ponen en marcha tácticas y límites simbólico-corporales con el doble objetivo de obtener la mayor cantidad de dinero y al mismo tiempo eludir las violencias físicas y/o simbólicas. A estos fines responde también el trabajo sobre los aspectos emocionales de las mujeres, donde podemos leer significados y valores morales. En todas estas prácticas, que van delimitando el espacio, el tiempo y el cuerpo que performa sexo comercial, se va materializando la frontera, más o menos porosa, que busca deslindar la prostitución del resto de la vida cotidiana e íntima.
Además de la construcción y los sentidos que adquiere esa frontera, también analizo las complejidades que representa su sostenimiento y sus permeabilidades, tema central del capítulo seis. Allí me detengo sobre, por un lado, los dilemas que representan las relaciones de parejas para estas mujeres, donde se ponen de relieve las distintas concepciones sexuales y amorosas –influidas por el discurso romántico–, el papel de la monogamia, y las economías conyugales. Por el otro lado, abordo casos limítrofes en términos de la frontera que divide entre sexo comercial y vida personal. Los enamoramientos y los afectos en las relaciones con algunos clientes, así como los distintos valores –en bienes y dineros– que entran en esos vínculos, se plasman en intercambios económico-sexuales que se apartan de los estereotipos sobre la prostitución.
El séptimo capítulo tiene un carácter sintético. En primer lugar, dejando de lado las dicotomías del debate “trabajo vs. esclavitud”, busco delinear las formas en que las entrevistadas conciben el término nativo “trabajo” y cómo construyen sus miradas en relación a la venta de sexo. A partir de allí, retomando las experiencias relatadas en los capítulos anteriores, describo los procesos de identificaciones que surgen en torno a su posición como “prostitutas”. En este análisis se ponen en juego tanto las especificidades del sexo comercial como las diversidades y los aspectos comunes de las experiencias de las entrevistadas, todo el conjunto permite comprender las ambivalencias de sus identidades.
Aclaraciones preliminares
Para conceptualizar la problemática de la tesis me he valido sobre todo de la denominación “sexo comercial”. He usado el término “prostitución” generalmente para referirme a los discursos institucionales, legales o médicos, por ejemplo, o para denotar una mirada estereotipada o de sentido común. En las referencias directas a otros textos he intentado seguir las formas de denominación que emplean las y los autores. En ocasiones he utilizado “situación de prostitución” o “trabajo sexual” cuando abordo los posicionamientos de las organizaciones. Me he valido de las denominaciones “prostituta” y/o “puta” para referirme a las construcciones simbólicas sobre estas mujeres. Para referirme a las mujeres con las que he dialogado durante el trabajo de campo, he optado por no usar el término “prostituta” ni sus variantes, pues en general ellas no se autodenominaban de esta manera. Uso “mujeres que hacen sexo comercial” u otras variantes para no asumir previamente sus identificaciones. Aunque pueda ser una expresión extraña en español, he preferido usar la frase “hacer sexo comercial” (y no “tener sexo comercial”) como forma de dar cuenta de su carácter performativo, en el sentido de que está siempre por hacer. En otras ocasiones uso el verbo “trabajar” que era el término nativo compartido por todas las entrevistadas.
He utilizado las comillas para referirme a las expresiones de las entrevistadas y las cursivas para los términos de otros idiomas. Todas las citas de textos en lengua extranjera son traducciones propias a partir del original referenciado en la bibliografía.
El idioma español impone una estructura genérica muy marcada que no siempre permite expresarse como una/o desea y que, con el uso del masculino como universal, refleja las jerarquías de género que atraviesan nuestras sociedades. He intentado tanto como me fue posible solucionar este problema, pero, sin salirme de los cánones de escritura académica, el intento tiene sus limitaciones.
Al referirme a los “clientes” los menciono utilizando el masculino pues las entrevistadas señalaban que casi en su totalidad eran varones. Esto no implica negar la existencia de clientas mujeres, pero estas no jugaban ningún papel significativo. Cuando aparecían mujeres para consumir servicios casi siempre acompañaban a un varón. A su vez, uso esta denominación pues es el término nativo más frecuente.
He optado por usar la primera persona del singular[1] como una forma de posicionarme dentro de la escritura y las discusiones que plantea la tesis, sin que ello signifique desconocer el carácter colectivo de toda producción científica. Nada hay de exclusivamente individual en las ideas y reflexiones que aparecen en esta tesis, son diálogos, confrontaciones y/o aprendizajes donde necesariamente están presentes otras/os.
El anexo contiene un cuadro con las principales características de las entrevistadas. Este ha sido plastificado y ensamblado al anillado de estas páginas para que el o la lectora pueda acceder a él fácilmente (y adicionalmente utilizarlo como señalador).
- Ocasionalmente utilizo el plural como forma de interpelación al/a lector/a↵







