Se presentan a continuación investigaciones actuales sobre el tema de investigación: la identidad de género, disforia de género, afirmación de género, educación, vulnerabilidad (que contempla aspectos nodales tales como estudios, familia, trabajo, migración) y acceso a la salud.
Estudios sobre identidad de género
La familia es la primera institución de socialización de los infantes y es uno de los actores fundamentales en la formación de las construcciones sociales de género en niños y niñas (Villafaña Cruz y González Escalona, 2022). Las prácticas comunicativas que forman parte de sus dinámicas cotidianas son portadoras y reproducen esas construcciones, que pueden tener matices diferenciadores según los contextos. Para las autoras el principal aporte de su investigación es la mirada que analiza holísticamente las construcciones sociales de género asociadas a las prácticas comunicativas de un grupo de familias, tomando en cuenta su contexto de desarrollo. Mediante el análisis de las prácticas comunicativas que intervienen en la construcción social del género en familias de estudiantes de escuela primaria, se concluyó que estas prácticas comunicativas familiares resultaron legitimadoras y reproductoras de construcciones de género sexistas y patriarcales (Villafaña Cruz y González Escalona, 2022).
Sosa e Imhoff (2023) realizaron estudios a partir de una revisión teórica en torno a la dimensión de la socialización política vinculada al género en la niñez. Se concluye que los procesos de socialización de género se inician en la infancia, dando a los niños y niñas diferentes orientaciones y condicionando su acceso a distintas oportunidades, incluidas las políticas. El género como categoría relacional hace visibles relaciones sociales, donde la dominación asociada al género masculino se convierte en expresión de desigualdad social. Niños y niñas son ubicados en diferentes posiciones, mientras que cualquier disidencia sexual es resistida y negada en la infancia (Sosa e Imhoff, ,2023). De esta forma, la transexualidad no tiene lugar.
Seguel Arriagada y Jiménez Pérez (2024) en su investigación sobre configuraciones de significado sobre identidad sexual encontraron que los sujetos construyen discursos activos centrados en el desarrollo de su autoconcepto de género. Los roles y las funciones que asumen les exigen responder a las expectativas de la comunidad. En conclusión, la identidad sexual es manifestada como un autoconcepto de género (Seguel Arriagada y Jiménez Pérez, 2024).
Con el objetivo de analizar los mecanismos discursivos que mantienen representaciones de género asociadas a roles y estereotipos sexistas, así como aquellos mecanismos que construyen significados alternativos o de resistencia en los textos literarios sugeridos por el Ministerio de Educación para el nivel primario, Martínez Palma et al (2024) encontraron que en las obras literarias analizadas coexisten mecanismos discursivos que construyen representaciones intermodales (verbales y visuales) basadas en estereotipos y roles de género binarios, sostenidos en un modelo sociocultural tradicional; con otros que tienden a denunciar y subvertir el orden de género impuesto socialmente, los cuales deslegitiman el binarismo y legitiman la participación ciudadana y la construcción de nuevas identidades.
Por su parte Sánchez Argandoña (2024) analiza las implicaciones psicosociales en la imagen corporal de las mujeres y las normas de género que afectan a la feminidad. Los resultados revelan una insatisfacción con relación a la imagen corporal, en comparación con los ideales estéticos y la mirada masculina. La forma en que se utiliza el cuerpo para comunicar y cómo esta comunicación es juzgada y valorada, ya sea de forma positiva o negativa por los demás, indica una necesidad de aprobación social y económica, Además, se observa que las nociones estéticas del “cuerpo ideal” y la internalización de los estándares de belleza se reflejan en el uso que las mujeres participantes hacen de sus cuerpos y en sus concepciones sobre ellos (Sánchez Argandoña, 2024).
La imagen corporal y los mencionados estándares no escapan a la transexualidad. Con tal motivo Arévalo et al (2024) abordaron una investigación cualitativa, situando las principales problemáticas y desafíos que son experimentados en los procesos de transición de género vividos y analizados por un estudiante. A partir del proceso de hormonización, se generó otra apariencia- presencia, con efectos sociales radicales en el modo de vivir, disminuyendo la disforia, reafirmación de la identidad, armonizando las propias expectativas e imaginario. Los autores concluyen que la construcción de género es un proceso, que convoca a una redefinición existencial desde lo estructural-orgánico a lo simbólico-cultural como un continuo, no como una fragmentación o superposición de partes autónomas y escindidas (Arévalo et al., 2024).
Puche (2021) en su investigación explora las experiencias y perspectivas de personas jóvenes que se identifican como trans (transexuales, transgénero) y de sus familias en relación con la sexualidad, la afectividad y la educación. Sus vivencias están marcadas por la escasez de referentes y están sometidas a distintas formas de violencia y discriminación que nacen del sistema sexo/género. El papel de la educación sexual en las trayectorias escolares de los y las jóvenes trans aparece descrito como deficitario debido al carácter puntual de estas acciones formativas (cuando se dan) y a su escaso énfasis en la diversidad. Puche (2021) concluye su trabajo afirmando la necesidad de una educación sexual formalizada que resulte inclusiva para todas las personas, en un marco coeducativo y de cultura de paz.
Estudios sobre disforia o incongruencia de género
Según Errasti (2024) occidente está contemplando un incremento muy notable de problemas de disforia de género y transexualidad/transgenerismo, con perfiles demográficos de edad y sexo bien definidos. Considera que el abordaje farmacoquirúrgico que se utilizó en forma habitual para fenómenos de la transexualidad en el pasado no es el más adecuado en la actualidad. Esto se debe a que la gran mayoría de los nuevos casos de disforia que se atienden en las unidades de identidad de género son un fenómeno de naturaleza psicológica, fruto de la influencia social y favorecido por múltiples factores, entre los que destacan una sociedad individualista, subjetivista e irracionalista; una filosofía posmoderna que niega los conceptos de verdad, realidad y ciencia; la apertura de los centros educativos a tales planteamientos; los medios de comunicación; las redes sociales; el uso demagógico de estas personas en las disputas políticas; y un importante nicho de mercado, no sólo médico.
Ramírez (2024) concluye en su trabajo que debido a que el género es una construcción social y no está determinado por la naturaleza biológica de los seres humanos y que nuestra realidad está socialmente construida (por lo que se puede reformular y deconstruir), el género no es “real” (natural), sino que lo hemos hecho parte de nuestra realidad. Al aceptarla, la hemos normalizado y naturalizado sin darnos cuenta (Guzmán et al., 2010; Vale Nieves, 2019). Ramírez (2024) demuestra que la realidad consensuada moldea las percepciones de sexo y género, y que son los discursos dominantes en una sociedad heteropatriarcal los que moldean nuestra realidad y, por consiguiente, las concepciones de género y sexo. En este mismo enfoque de pensamiento, el diagnóstico de disforia de género en el DSM-5 TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición, 2022) refleja y reproduce un discurso socialmente construido. El discurso dominante crea la categoría psicopatológica de disforia de género. Propone alternativas para deconstruir la simbolización del sexo y género, flexibilizar la imagen corporal y eliminar el diagnóstico de disforia de género de versiones posteriores del DSM (Ramírez, 2024).
Rodríguez et al (2021) realizaron una investigación sobre las características contextuales de la aparición de la disforia de género en menores trans. El rango de edad estuvo comprendido entre los 6 y los 17 años. El 75% de los menores trans ubicaron el inicio de la disforia de género en la infancia y el 25% en la adolescencia. La reacción de los progenitores fue de sospecha en un 55,6% de los casos y de sorpresa en un 36,5%. El 55,6% presentaron malestar psicológico importante previamente a acudir a la unidad. El apoyo familiar estuvo presente en el 57,1%. El papel de las redes sociales e Internet fue relevante para el 39,7% de la muestra. Tenían pertenencia o contacto con grupos de pares o asociaciones LGTBIQ (Lesbianas, Gays, Transgénero, Bisexuales, Intersexual, Queer) el 44,4% de los menores. Se analizaron los resultados en función del género sentido. Los autores concluyen que los menores trans nacen, se desarrollan y construyen su identidad en un contexto determinado que está en interacción (Rodríguez et al., 2021)
Por otra parte, Campo Arias y Reyes Rojas (2024) plantean en su trabajo que los colectivos militantes consideran que sobre la incongruencia o disforia de género se han impuesto juicios que se corresponden más con argumentos jurídicos que intentan regular el comportamiento sexual en la vida privada de los ciudadanos (Campo Arias y Reyes Rojas, 2024). Agregan que esta perspectiva desconoce la diversidad de la sexualidad humana desde la perspectiva cultural, y que la visión de trastorno se corresponde con una visión normativista de la enfermedad, que vincula la identidad con un distanciamiento de lo que es socialmente deseable. Consideran que la persistencia de la medicalización para la disforia o incongruencia de género ratifica la existencia de un sesgo normativista en la clasificación de los llamados trastornos mentales. El sesgo normativo menoscaba la validez de esta categoría diagnóstica, puesto que lleva a la condición de trastorno mental lo que solo es indeseable o desaprobado en lo social (Campo Arias y Reyes Rojas, 2024). Exponen que tanto la psiquiatría como la psicología, han sido instrumentos de dominación o control político y se han transformado en la forma más efectiva para disciplinar la pluralidad del comportamiento humano.
Es necesario formarse en competencias culturales en el tratamiento de poblaciones diversas. De lo contrario la profesión se limita a una visión muy limitada, que niega la variedad natural y las posibilidades de diversidad de género, como construcciones que fluyen en el tiempo, están en cambio continuo y reúnen elementos biológicos y culturales (Campo Arias y Reyes Rojas, 2024).
Estudios sobre terapia de afirmación de género
La identidad de género es la percepción intrínseca de una persona de ser hombre, mujer o alguna alternativa de género (Adauy et al., 2018). Las personas transgénero perciben estar en un cuerpo equivocado, ya que se sienten del sexo opuesto al biológico. Adauy et al (2018) encontraron que esta incongruencia entre identidad de género y el fenotipo físico del sexo asignado se denomina disforia de género y genera gran angustia, ansiedad y malestar persistente. Se estima que el 0,4%- 1.3% de la población mundial experimentan distintos grados de Disforia de Género. Plantean los autores que no todas las personas con disforia de género tienen las mismas necesidades, por lo que la evaluación del objetivo personal para lograr bienestar es muy importante. Todas las intervenciones médicas conllevan riesgos, por lo que, la comprensión de éstos últimos, la adherencia y el manejo por profesionales capacitados los minimiza (Adauy et al., 2018).
Con el objetivo de comparar las condiciones de salud de una muestra de personas trans que tienen asistencia médica con las que tienen otro tipo de apoyo en su proceso de afirmación de género, Cañaveral Orozco (2021) encontró en su investigación que existen implicaciones tanto terapéuticas como de justicia social. Sus hallazgos muestran a los profesionales de salud la importancia de la evaluación y la exploración de las experiencias de discriminación de los consultantes trans en un contexto sociocultural patriarcal y transfóbico, con una visión marcadamente binaria del sistema sexo-género y su impacto global en la salud de estas personas (Cañaveral Orozco, 2021).
Lara (2022) plantea que, en los últimos años, el cuidado afirmativo de género para menores con disforia de género (infancias trans) se ha presentado como el modelo idóneo para tratar esta condición, minimizando la creciente evidencia de numerosos riesgos en la salud a largo plazo, como la pérdida de capacidades reproductivas y sexuales debido a la medicalización con bloqueadores de pubertad y terapia hormonal. La discusión sobre las implicaciones éticas de modificar de manera permanente e irreversible el cuerpo de un menor está cargada de fuertes emociones que impiden un acercamiento crítico al tema. Lara (2022) explica que es necesario explicitar los riesgos del tratamiento en menores y reconocer las emociones de la persona trans, que juegan un papel central en la discusión. Para el autor existe un drástico incremento en el número de jóvenes en clínicas de género, y esto debe acompañarse de un acercamiento crítico al fenómeno. Concluye que el abordaje debe tener una perspectiva holística que no solo considere la autoidentificación, y de esta forma se pueda evitar la medicalización innecesaria a temprana edad (Lara, 2022).
Se puede decir que es necesaria la intervención de un equipo multidisciplinario para abordar la terapia de afirmación de género, en especial en niños y adolescentes.
Estudios sobre educación formal
Poblete Melis et al (2021) realizaron una investigación motivados por la contradicción existente entre el aumento de la preocupación pública por la inclusión de personas de sexualidades disidentes en las escuelas, junto con el hecho de la persistencia de las prácticas de bullying y de violencia en las escuelas, tanto entre pares como desde profesores/as y directivos/as. El mundo educativo se enmarca en una matriz binaria, heteronormativa y patriarcal que tiene una eficacia simbólica y directa en el tratamiento que se da a niños/as LGTB (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero) en su cotidianidad, y que afecta, especialmente en los últimos años, a la niñez trans. Los hallazgos de la investigación cualitativa evidencian las vivencias de rechazo, acoso y violencia que experimentan niños/as trans en las escuelas, como también las consecuencias negativas en las trayectorias de vida de éstos/as y en sus procesos de subjetivación e identificación. Encontraron también que dentro de las escuelas se exponen diferentes formas de control, disciplinamiento y normalización de los cuerpos trans (Poblete Melis et al., 2021).
Ante la escasez de investigaciones que relacionen el clima escolar con las tasas de éxito de alumnado trans, Sánchez Sáinz et al (2023) plantearon analizar las trayectorias que siguen dichos estudiantes en la educación obligatoria e identificar factores que puedan contribuir a paliar las elevadas tasas de abandono observadas en este colectivo. A tales efectos realizaron una investigación cualitativa en una institución de enseñanza secundaria. Los resultados evidencian factores educativos favorables, especialmente profesores concretos que sirvieron de referente y apoyo. Encontraron también que es necesario percibir los espacios escolares como seguros. A modo de conclusión Sánchez Sáinz et al (2023) consideran la importancia de que los centros formativos asuman la responsabilidad de construir ámbitos respetuosos con las diversidades, especialmente en el caso del alumnado trans.
Es decir que hay profundas diferencias entre instituciones educativas.
El sistema educativo es un agente socializador importante. En muchas ocasiones, es señalado como solución de los problemas que padece la sociedad. Sin embargo, al mismo tiempo, es donde más discriminación sufren las personas trans, aun sabiendo las implicaciones que esto conlleva hacia su salud mental (Etxebarria Perez de Nanclares et al., 2023). Por esta razón, y con la intención de alejarse de la perspectiva clínica de la realidad trans, los autores realizaron una investigación centrada en una revisión sistemática de la literatura de los últimos cinco últimos años para conocer qué tipo de estudios se realizan con menores trans y cómo están vinculados al sistema educativo. Las búsquedas se han realizado utilizando las bases de datos Proquest, Scopus y Web ofScience y se han seleccionado 39 artículos. Los resultados indican que, para superar el mal clima escolar que perciben las personas trans, son necesarias leyes, políticas educativas y reglamentos escolares que recojan expresamente esta realidad. La falta de formación del profesorado es evidente, aunque su actitud ante el alumnado trans puede marcar la diferencia. En consecuencia, se debe dotar al profesorado de herramientas para responder a las distintas realidades trans que se encuentran en las aulas (Etxebarria Perez de Nanclares et al., 2023).
Stewart et al (2021) se propusieron exponer en términos teóricos las consecuencias de la presencia de alumnos trans en las escuelas. Se busca comprender el impacto de una decisión tan radical como la de modificar la identidad de género. Se parte del concepto de infancia de Ariès (1960), de tecnología escolar de Narodowski (1994) y de performatividad del género de Butler (1990). Se argumenta que la escuela conforma y es conformada por el concepto moderno de infancia a la vez que tiene un rol protagónico en la construcción de género de sus estudiantes. Los autores concluyeron que el alumnado trans se presenta como disruptivo para la tecnología escolar dado que su sola presencia atenta contra el concepto de infancia heterónoma y vulnerable y contra el concepto biologicista e inmutable de género que la escolarización había integrado a su devenir histórico.
Ojeda Marchioni et al (2024) en su estudio sobre las experiencias de personas trans en educación superior, identificando las barreras a las que se vieron enfrentadas como estudiantes, encontraron que los participantes identifican a sus familias como la principal red apoyo en sus procesos de transición, siendo el ingreso a la educación superior la instancia en donde pudieron sentirse con mayor libertad de expresar su identidad de género. Por otro lado, predominan experiencias negativas de exclusión y discriminación en la educación escolar. A nivel de educación superior, se destaca la aceptación de pares, quienes facilitaron los procesos de adaptación social de personas trans. Sin embargo, se destaca la discriminación recibida por parte de docentes y personal administrativo producto de la falta de formación en temáticas de género y diversidad. Las personas trans participantes de este estudio señalan que las instituciones de educación deben capacitar al personal en temáticas de género, pero desde una mirada no binaria (Ojeda Marchioni et al., 2024). Se concluye que, las personas trans desconocen la existencia de políticas de inclusión por parte de las instituciones de nivel superior, por otro lado, tampoco señalan la necesidad de estrategias formales como una forma de evitar estigmatizaciones.
Guavita (2024) realizó una investigación con el objetivo de generar una aproximación teórica de las paradojas que surgen desde la Educación Física frente a la diversidad de géneros. Es un derecho y un área escolar obligatoria. Como disciplina académica sustenta muchos de sus contenidos en las ciencias y los adecua en razón a la edad y el sexo de los estudiantes. No obstante, la penetración de las ideas transgeneristas en la escuela repercuten en una confrontación entre la cientificidad y la ideología, ocasionando el surgimiento de paradojas porque el género se aleja del sentido común y la evidencia observable, se basa en la autopercepción y los sentimientos, y se erige como base de la identidad. Los resultados indican que es una disciplina académica interdisciplinaria, que no puede desligarse del conocimiento científico, esto sitúa al profesorado en una dicotomía entre el sentido común y la realidad observable frente a la autoimagen y las ideas transgeneristas camufladas como nuevos derechos (Guavita, 2024). Se descubrieron siete paradojas. Una de ellas se denominó: Paradoja del Sentido común. La evidencia observable vs. identidad de género (autoimagen) (Guavita, 2024). La identidad basada en la autopercepción no se hace realidad hasta que todos, la sociedad y por ende el profesorado, la reconozcan como real y verdadera, por eso necesita del Estado y de las leyes para obligar a los demás a aceptar todas las identidades sentidas como algo normal. La identidad sentida es la expresión sustituta de la autoimagen. La realidad no está en el cuerpo sino en la mente. Manifestar una identidad es hablar de uno mismo, implica que nadie puede poner en duda lo que se dice, de lo contrario supone un ataque a su esencia. La identidad de género hace creer a la persona que debe afirmar la identidad sentida ajustando su cuerpo, ya sea en la forma de hablar, vestirse, comportarse y de ser necesario intervenir con fármacos y cirugías. A diferencia de la identidad sexual que emana de una relación con la biología del cuerpo y las características que le son propias según el sexo. Esto último, es puesto en duda por la ideología, así como, las verdades sociales producto de las ciencias y de la historia de la humanidad. Las relaciones entre hombres y mujeres son reorganizadas, al punto que se elimina dicho binarismo y se establecen nuevas relaciones en torno a la diversidad de orientaciones sexuales. Son decisiones basadas en los sentimientos y no en la verdad de la racionalidad. Al “reemplazar sexo por género se rompe la inescindible unidad del ser humano, dejando su psique desestructurada y al individuo sumido en un profundo caos emocional” (Campillo Vélez, 2013, p. 29). Surge una nueva ortodoxia: la identidad transgénero (Guavita, 2024).
Vera (2024) en su investigación en escuelas y centros de educación formal, encuentra que sobre una muestra de cuatrocientas cincuenta y dos mujeres trans: 7 de cada 10 (71,3%) mencionaron haber sido discriminadas principalmente por sus compañeros de clase, 4 de cada 10 participantes han sido discriminadas por directivos (40,7%) y docentes (40,2%), por parte del personal no docente (37,6%), y otros profesionales como psicólogos y psicopedagogos (22,7%).
Estudios sobre acceso a la salud
Según Arce Leonel et al (2022) la atención en salud para las mujeres trans es deficiente, poco humanizada y transafirmativa. Afirman que, para mejorarlo, se requiere la creación de rutas basadas en la evidencia, construidas de manera colaborativa con las comunidades trans, los sectores de la salud, educativos y gubernamentales.
Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS) las barreras en el acceso a salud es otra de las problemáticas que hasta el día de hoy sigue distante de resolverse en pos de una atención integral y accesible. Las personas trans encuentran dificultades para acceder a una atención de salud integral que reconozca su identidad de género y contemple su corporalidad y sexualidad (OPS, 2018). A causa de ello muchas concurren al sistema de salud solo ante emergencias médicas. Consecuentemente, cuando la mujer trans llega a una consulta médica lo hace con su salud muy deteriorada (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, CIPPEC, 2020). En este sentido, Spada (2023) sostiene que todos los estudios consultados mencionan situaciones de discriminación y violencia sufridas por esta población en instituciones públicas, incluidos los establecimientos de salud. Como consecuencia, un alto porcentaje de personas dejan de concurrir al lugar de atención.
Peralta et al (2022) realizó un estudio cualitativo, mediante la realización de entrevistas semiestructuradas a 17 jóvenes trans y no binaries residentes en la provincia de Córdoba, de edades entre los 16 y 35 años. Los resultados subrayan la saliencia del trato de los profesionales del sistema de salud en la configuración de aspectos facilitadores y obstaculizadores del acceso a la salud. A su vez, se confirma la escasa formación en perspectiva de género y la falta de conocimiento de la Ley de Identidad de Género de los profesionales, así como la ausencia de redes sociales y afectivas de contención y apoyo, como otros aspectos que también obstaculizan el acceso a la salud (Peralta et al., 2022).
Hoyos Fernández et al., (2023) realizo revisión bibliográfica de artículos científicos publicados durante el último quinquenio respecto a la atención en salud a personas trans. Los resultados muestran las barreras que influyen en los procesos de atención y los desafíos para mejorarla. Sobresale la formación deficiente e insuficiente en los profesionales sobre identidades trans y los enfoques diferenciales y afirmativos del género, y la necesidad de fortalecer los abordajes integrales entre las comunidades académicas, de la salud y la generación de políticas públicas transformativas. Se confirma, además, que debe continuar el perfeccionamiento en la atención sanitaria luego de las políticas de intervención sancionadas (Hoyos Fernández et al., 2023).
Por otra parte, la investigación realizada por Vissicchio et al (2023) tuvo como objetivo describir las principales barreras en la accesibilidad a los consultorios inclusivos (CI) y analizar las necesidades específicas de la población trans que se atiende en la Provincia de Buenos Aires.
Entre los resultados se identificaron barreras organizacionales y simbólicas, sobre todo en los CI que funcionan en hospitales. Entre las simbólicas, se evidencia la persistencia de prácticas patologizantes en materia de salud mental. En conclusión, los CI brindan una respuesta satisfactoria, pero transitoria. Es necesario transversalizar la perspectiva de género a todas las intervenciones en salud (Vissicchio et al., 2023).
Para finalizar, Fernández (2023) expone en su trabajo que el hecho de que un sector de la población tenga una expectativa de vida promedio de 35/40 años (frente a los 77 años promedio del resto), se relaciona con significaciones e imaginarios sociales, leyes y políticas públicas del Estado que establecen desiguales condiciones de posibilidad. Desigualdades que afectan directamente a la totalidad de los procesos que atraviesan la vida de la población travesti/trans (entre ellos el proceso de salud/enfermedad), que han vulnerado el derecho a un envejecimiento digno, entre otros derechos, y la posibilidad de llegar a ser personas longevas (derecho a la vejez). La corta expectativa de vida y la vejez prematura son el arrastre de cómo y a partir de qué elementos materiales y simbólicos se estructura la realidad social de dicha población. Reproducir la cisheteronormatividad tanto en las diferentes instituciones de la sociedad como en el ámbito de la sociedad civil, conlleva comportamientos transexcluyentes y, en consecuencia, daños concretos que afectan no sólo los procesos de salud/enfermedad de las personas travestis/trans sino su desarrollo vital todo. El concepto de ‘opresión de género’ se recupera para hablar del género como principal factor de exclusión de la población travesti/trans (derivada de un sistema cis-sexista), aunque en íntima relación con otros estructuradores de inequidad, desigualdad y violencias contra el colectivo, como: clase, etnia, edad, etc. (Fernández, 2023).
Así como se envejece de la misma forma en que se sobrevive (Fernández, 2023). Si se pretende modificar la condición de sobrevivientes como única experiencia de vida posible para la población travesti/trans, se requiere una deconstrucción / reconstrucción, no sólo en los diferentes niveles estatales, sino también en todos los ámbitos de la sociedad, que contemple los saberes, deseos y necesidades de dicha comunidad (Fernández, 2023).
Estudios sobre aspectos relacionados a la vulnerabilidad
La vulnerabilidad social está compuesta por dos elementos, por un lado “la inseguridad e indefensión que experimentan las comunidades, familias e individuos en sus condiciones de vida a consecuencia del impacto provocado por algún tipo de evento económico social de carácter traumático.” (Pizarro, 2001, p. 12). Y el segundo elemento es “el manejo de recursos y las estrategias que utilizan las comunidades, familias y personas para enfrentar los efectos de ese evento.” (Pizarro, 2001, p. 12).
Lo expuesto hasta el momento pone en evidencia que las personas trans son más vulnerables que el resto de la población.
Se considerará dentro del concepto de vulnerabilidad el tema de la migración de las personas trans hacia ciudades más grandes que le permiten anonimato, la expulsión de sus familias de origen, la salida del sistema formal de estudios, la posibilidad de trabajo.
Investigaciones sobre condiciones sociodemográficos, aspectos identitarios, accesibilidad y situación de discriminación sobre la población Travesti, Transexual y Transgénero (TTT) de Bahía Blanca enuncian que el acceso a la educación, salud y vivienda de esta población está disminuido o anulado en base a las respuestas otorgadas por los protagonistas de la investigación. Los derechos de las personas TTT son vulnerados de muchas maneras a lo largo de su trayectoria de vida debido a su identidad de género (Vallejos 2021; Millaqueo et al., 2022; Darouiche et al., 2023). Así como también indica Giammona y Sosa (2024), las personas trans son quienes se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad social; con vivencias de patologización, criminalización, exclusión sistemática de diversos ámbitos de socialización, es decir todos sus derechos vulnerados.
Millaqueo et al (2022) indica que el proceso de migraciones internas en el país es notorio. Más de la mitad de las personas trans proviene principalmente de Salta. Al Noreste argentino le corresponde una décima parte de las personas encuestadas y al Sur de nuestro país, un 25%. Se suman a los motivos habituales por los que las personas deciden migrar, aspectos relacionados con la identidad autopercibida y la posibilidad de ejercerla libremente lejos de familias y contextos donde frecuentemente se sienten discriminadas. Del mismo modo, Ripossio Pérez (2022) mediante un enfoque cualitativo y un muestreo teórico de 44 casos, halló que las entrevistadas experimentan diferentes hostilidades hacia sus identidades de género, por lo que deben abandonar sus entornos y alejarse de las familias antes de concretar la migración al AMBA.
Mercado Mondragón y Veeniza Bollo Sánchez (2023) concluyen en su investigación que es necesario reconocer que parte de los motivos que tiene la población transexual para migrar es la búsqueda y libertad de poder “vivir sus vidas” respetando sus orientaciones sexuales y de género. Esto parece ser difícil en sus lugares de origen, más cuando se trata de ciudades o pueblos con poca población.
Millaqueo et al (2022) sostiene que para los 16 años todas las personas encuestadas sabían que su género no era el asignado al nacer, no obstante, para los 23 años, el 80% de las personas han expresado su identidad de género. Esto significa que la autopercepción de género es muy anterior a su expresión pública, con una distancia promedio de casi 13 años entre ambas. También señaló que a los 18 años el 58% de las personas encuestadas habían expresado su identidad y a esa misma edad el 74% había abandonado su hogar familiar. Por el contrario, no ocurre lo mismo en las personas que expresan su identidad con más anticipación: casi un tercio de las personas encuestadas (31%) se fueron de sus hogares habiendo expresado su identidad a los 14 años o antes. Es decir, la expresión temprana de la identidad termina derivando en la salida temprana del hogar en todos los casos encuestados, mientras que en la adolescencia (15 a 18 años) la salida del hogar se da incluso sin haber expresado su identidad (Ministerio de Salud de la Nación, 2020; Millaqueo et al., 2022 y Ripossio Pérez, 2023).
Otras investigaciones mantienen que la población transgénero no cuenta con redes de apoyo familiar, aspecto que resalta en las sociedades conservadoras (Mantilla Pozo y Pavon Ipiales, 2020). El manifestar una identidad transgénero se contrapone con las costumbres y valores de las familias convencionales, se trata de un escenario sorpresivo, que genera en las familias sentimientos de enojo, incomprensión, etc. y que presentan como desenlace la exclusión de la persona en cuestión en el seno del hogar (Mantilla Pozo y Pavon Ipiales, 2020).
Esto significa una ruptura en la red social de apoyo a edad temprana. La expulsión de la familia va asociada con la salida de la educación formal, la migración a ciudades más grandes, y a tener que ganarse la vida de alguna forma.
Millaqueo et al (2022) en su investigación encontró que un 11% de las personas entrevistadas alcanzó nivel terciario o universitario. Más de la mitad señaló haber asistido a la secundaria o polimodal, mientras que un tercio solo pudo asistir a la primaria o educación general básica (EGB). El 40% de las personas encuestadas no termino el nivel de estudios máximo al que pudo acceder. Esto denota que independientemente del acceso a la educación, hay una gran deserción que imposibilita terminar el ciclo de estudios. No obstante, el 80% indica que desearía continuar con sus estudios. Las razones por las cuales no se pudo dar continuidad a los estudios son variadas. Una de cada cuatro personas indicó que abandonó los estudios por la discriminación sufrida y en igual proporción por la falta de estímulo o iniciativa. Sin embargo, esta falta posiblemente surja de la combinación de los anteriores dos motivos: la discriminación sufrida y la falta de oportunidades, que paulatinamente van socavando la voluntad de continuar con los estudios (Millaqueo et al., 2022).
En este sentido, Prince Torres (2022) describe que existe pruebas consistentes en determinar que las personas trans son víctimas de manifestaciones fóbicas en contra de su integridad. Destaca que en los establecimientos educativos el bullying es constante sin que los docentes intervengan para detener estas prácticas discriminatorias.
En este sentido, la discriminación y el acoso en el ámbito escolar dificultan la concentración y el aprendizaje, lo que se traduce en un rendimiento académico deficitario. A demás los estudiantes trans suelen presentar un mayor ausentismo escolar debido al miedo y la ansiedad, lo cual interfiere directamente con su progreso académico. Con lo cual la exclusión educativa fomenta estereotipos y desigualdades limitando las oportunidades sociales y laborales (Vera, 2024).
Sin embargo, el motivo más señalado en la deserción escolar es la falta de dinero o trabajo: una de cada tres personas indicó que esta fue la razón principal para dejar los estudios. Las carencias sufridas en materia económica parecen ser un determinante central de las dificultades en completar los estudios (Millaqueo et al., 2022; Vera, 2024).
De la mano con lo anterior, en materia laboral Millaqueo et al (2024) comenta que la mitad de las personas encuestadas indicó no tener ni haber tenido trabajo en relación de dependencia. Un tercio tenía trabajo desde antes de expresar su identidad, y solo un 5% obtuvo su trabajo después de asumir su identidad. Del mismo modo, cerca del 80% de las travestis y mujeres trans de la Argentina nunca accedió a un trabajo formal, lo que supera en un 40% al promedio poblacional general. Asimismo, un 70% no tuvo entrevistas laborales luego de la asunción social de su identidad de género, mientras que un 54% manifestó que le fueron negados puestos de trabajo en relación con la misma (ATTTA, 2014; Fundación Huésped, 2014 y OIT, 2020). Esto indicaría que se trata de una población vulnerable en materia de ingresos, pobre o con altas posibilidades de caer en la pobreza. Esto se suma a la ocupación con bajos niveles de formalidad y cobertura. Por ejemplo, en caso de enfermarse y no poder trabajar, la falta de ingresos propios hace que velozmente caigan en la pobreza o incluso en la indigencia (Vallejos, 2021; Ripossio Pérez 2022 y 2023; Millaqueo et al., 2023; Perchivale, 2023).






