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Agradecimientos

Este libro se basa en la investigación realizada para mi tesis de Doctorado en Historia y es el resultado de siete años de trabajo durante los cuales he recibido el apoyo y la colaboración de muchas personas e instituciones con las que estaré eternamente agradecida y paso a nombrar a continuación.

A Alcira Daroqui y Susana Murillo, profesoras de la carrera de Sociología de la UBA, por su orientación y colaboración para que emprendiera este camino.

A la Universidad de San Andrés, que facilitó la realización de mi doctorado y posibilitó la publicación de este libro a partir del “Concurso Colección Teseo-Universidad de San Andrés”. A la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y al CONICET, que me otorgaron dos becas fundamentales para el desarrollo de esta investigación.

A los archivistas y bibliotecarios de las instituciones que me facilitaron materiales e información: el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional, la Dirección General Centro de Documentación y Archivo Legislativo, el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, la Biblioteca Dr. Juan Bialet Massé del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, la Biblioteca del Congreso de la Nación, la Biblioteca Von Max von Buch de la Universidad de San Andrés.

A Lila Caimari, mi directora de tesis, en quien no solo encontré una gran maestra y consejera, sino también una maravillosa persona. Por su enorme generosidad y su compromiso en la lectura de los sucesivos borradores de este trabajo, de principio a fin. A Eduardo Zimmermann, José Zanca, Paula Bruno, Roy Hora y Sergio Serulnikov por la confianza depositada en mí, por sus atinados consejos, por compartir sus conocimientos y sus ideas.

A mis colegas y amigos del grupo “Crimen y Sociedad” porque todos estos años me ofrecieron un espacio de contención, reflexión y aprendizaje: Alejandra Rico, Ana Cecchi, Claudia Freidenraij, Diego Galeano, Fernando Casullo, Julieta Di Corleto, Mariana Nazar, Mariano Petrecca, Melisa Fernández Marrón, Mercedes García Ferrari, Pedro Berardi, Teresita Rodríguez, Viviana Barry. Por sus invaluables aportes a este trabajo. Por esa pasión por la investigación que desborda y contagia. Especialmente a Cristiana Schettini, por su estimulante interés en el tema de estudio y su grata compañía para pensarlo mejor.

A mis profesores y compañeros del Posgrado en Historia. A esos destacables espacios que han sido los Talleres de Tesis, por ayudarme a resolver aquellos “problemas” que más de una vez me quitaron el sueño. A los miembros del Núcleo de Historia social y cultural del mundo del trabajo del IDAES, porque resultó ser un ámbito de intercambio muy sustancioso para mí.

A quienes en diferentes momentos del desarrollo de este trabajo realizaron observaciones, críticas y sugerencias y me facilitaron datos que contribuyeron a su florecimiento. A Isabella Cosse, Valeria Pita, Mirta Lobato, Juan Suriano, Carla Villalta, Graciela Queirolo, Mateo García Haymes, Laura Carusso, Luciana Anapios, Lilia Vázquez Lorda, Francis Korn, Juan Quintián, Juan Pablo Fasano. Particularmente a Silvana Palermo, por sus agudas lecturas y sus comentarios siempre entusiastas. Porque tuve la oportunidad de compartir con ella instancias que jalonaron el desarrollo de esta investigación. También a Ania Tizziani, Debora Gorban, Elizabeth Hutchinson, Francisca Pereyra, Inés Pérez, Lorena Poblete y Santiago Canevaro, con quienes he tenido el gusto de compartir la temática de estudio. A Juan Buonome por los artículos de La Vanguardia. A María Marta Aversa por los datos de las colocaciones laborales de las Defensorías de Menores. A Lucrecia Teixidó por su colaboración para que este libro sea mejor. A Virginia Giannoni por su auxilio en la edición de gráficos e imágenes.

A Mariana Schmidt, Carolina Dursi, Natalia Cosacov, Laura Tolisano, Alejandra Zárate y la muchachada neuquina, Andrés Lazzarini, Marga Olivera, Luisa Zeinsteger y Carlos de Bernardis, por la enorme capacidad que han tenido estos años para escucharme, ayudarme y alentarme en esta empresa.

A mi tío Héctor Marchese, por sus renovados esfuerzos por facilitar mi trabajo. Por sus inagotables búsquedas bibliográficas y sus impecables traducciones que facilitaron mi acceso a obras en francés. Por las reiteradas lecturas de borradores y sus correcciones. Este libro indudablemente tiene su impronta. A mis padres y a mis queridos hermanos, por esa fuerza que los caracteriza, que me inspira y me moviliza. A  Eduardo Martínez, por su paciente compañía en todo este proceso. Porque junto a él aprendo a valorar las pequeñas cosas y a atemperar mis ansiedades. A Paulo y Galo, mis tesoros más preciados, porque hacen que mi vida sea sencillamente feliz.



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