Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

2 La articulación del asociacionismo italiano hacia fines del siglo XIX y principios del XX

El objetivo de este capítulo consiste en analizar el proceso de articulación entre las distintas asociaciones de la comunidad italiana de Argentina hacia mediados del siglo xix y principios del xx. Es decir, el período que antecedió al surgimiento de la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires en 1912 hasta la incorporación de las asociaciones italianas del resto del país a dicha institución. Antes de comenzar, debemos señalar que entendemos la articulación como la interacción entre las asociaciones que los inmigrantes italianos fueron conformando dentro de una misma estructura. La multiplicidad de instituciones y su superposición, las crisis financieras recurrentes, los grandes emprendimientos y los conflictos que surgieron entre los líderes de estas asociaciones son factores que demandaron la creación de un ámbito de confluencia donde resolver estas problemáticas.

Esto nos permitirá comprender que la unificación del asociacionismo italiano en la Argentina fue un proceso que requirió varias décadas ya que, debido a los enfrentamientos ideológicos que había entre los grupos dirigentes, fue necesario establecer ciertas pautas de funcionamiento para que las asociaciones conducidas por grupos dirigentes contrapuestos pudieran trabajar de forma conjunta en diversos emprendimientos.

Los dirigentes del asociacionismo italiano de la Argentina acordaron que la “italianidad” sería el aspecto identitario central del grupo, relegando otros más complejos como las diferencias ideológicas. La celebración del xx Settembre –conocida como “la pascua de los italianos”, que convocaba a la gran mayoría de la comunidad y requería de una organización conjunta entre grupos que rivalizaban– fue uno de los principales acontecimientos alrededor de los cuales las afinidades identitarias se fueron fortaleciendo.[1] Asimismo, las celebraciones de eventos y congresos que pretendían reunir a la mayor parte del grupo se focalizaron en las similitudes colectivas. A lo largo de este capítulo, analizaremos algunos de estos sucesos que permitieron a los líderes de la comunidad italiana de la Argentina ir construyendo una estrategia de conducción para lograr la unidad.

Esta unificación se dio en un contexto determinado: con el auge del nacionalismo a nivel internacional y el estallido de la Gran Guerra, las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina, junto con los líderes del grupo, comenzaron a recaudar fondos y a brindar apoyo a las familias de los combatientes italianos que residían en el país. Como consecuencia de este rebrote nacionalista y del trabajo conjunto de los italianos en la Argentina, surgió FEDITALIA.

2.1. La conformación de las primeras asociaciones italianas en la Argentina

En comparación con otros países de destino de estos inmigrantes, el importante desarrollo del asociacionismo italiano en la Argentina tuvo una menor tendencia a la fragmentación. Esto se debió, en gran medida, al rol desempeñado por los militantes republicanos que habían emigrado y a su tradición “mazziniana” para la conformación de las primeras asociaciones mutuales. Esto permitió que estas asociaciones contaran con una elevada masa societaria y una considerable riqueza.[2]

Si bien la necesidad de conformar una entidad que agrupara a todas las instituciones era más que evidente para los propios líderes de la comunidad, su concreción demandó un trabajo de más de veinticinco años, entre 1891 y 1918. Durante este proceso estuvieron en juego las disputas en el interior del grupo, más precisamente entre sus dirigentes. La comunidad italiana de Buenos Aires tenía una dirigencia sumamente comprometida con el asociacionismo, y la dirección de emprendimientos y actividades propias de los inmigrantes era condición necesaria para la construcción de prestigio de una elite que tenía fuertes vínculos con la clase política local. Estos inmigrantes habían logrado cierto “éxito económico” o bien eran reconocidos profesionales, lo que les permitía conducir diversos espacios de representación y desarrollar un liderazgo de proyección.[3]

Nos referimos a un proceso que estuvo atravesado por algunos intentos fallidos de consenso, como el caso del primer congreso de las asociaciones italianas de la Argentina en 1891 –que abordaremos más adelante de forma particular—. La clave del éxito para alcanzar unos años más tarde este objetivo fue el fuerte nacionalismo italiano de los emigrados en la Argentina acrecentado por la guerra de Libia de 1911 y 1912 –entre Italia y el Imperio otomano–[4] y por la Primera Guerra Mundial.[5] Para esto, analizaremos brevemente el surgimiento de aquellas primeras asociaciones italianas en Buenos Aires y los primeros emprendimientos comunitarios que permitieron ir desarrollando cierta forma de representación colectiva en el interior del grupo.

La unidad de los italianos fue un proceso lento que se dio a través de la creación y selección de elementos culturales comunes que terminaron definiendo la “italianidad”. Mostraremos cómo el enfrentamiento ideológico fue el principal motivo que impidió el agrupamiento de todas las asociaciones bajo una misma institución. Debemos tener en cuenta que el surgimiento de estas entidades precedió, en muchos casos, a la unificación del Reino de Italia. Mientras se desarrollaba este proceso, hubo fuertes enfrentamientos, entre republicanos y monárquicos y entre católicos y anticlericales, que provocaron el exilio de muchos italianos y trasladaron estos debates a las comunidades emigradas.

Hacia fines del siglo xix, en un contexto de exaltación y exacerbación del nacionalismo a nivel internacional –en el caso de la Argentina, contemporáneo de la entrada de una importante cantidad de inmigrantes–, la construcción de una identidad nacional atravesó a la dirigencia política argentina. En este sentido, la intervención del espacio público a través de la implementación de diversos dispositivos culturales tuvo como propósito la consolidación del patriotismo y la memoria colectiva. De igual manera, es posible pensar los festejos y emplazamientos de monumentos realizados por la comunidad italiana de Buenos Aires como una respuesta directa a las elites locales para reafirmar la “italianidad” del grupo.[6]

El 14 de septiembre de 1853, se constituyó la Sociedad Italiana de Beneficencia en una reunión en la que participaron Marcello Cerruti, encargado de negocios de S. M. el Rey de Cerdeña; y el conde Giovanni Albini, en nombre del rey Vittorio Emanuele ii de Cerdeña, entre otros. El objetivo principal de esta nueva sociedad era la construcción, el equipamiento y la puesta en marcha de un hospital para toda la comunidad italiana, a pesar de que esta empresa corría con la representación del gobierno sardo. La celeridad con la que comenzó este proyecto contrastó con la parálisis total de la obra en 1857. Entre los diversos motivos expuestos, se enunciaba una disminución de las contribuciones de distintos actores de la comunidad debido al enfrentamiento entre republicanos y monárquicos.[7]

Así las cosas, en 1858 surgió la asociación Unione e Benevolenza de Buenos Aires. Siguiendo la tradición “mazziniana”, esta asociación fue llevada adelante principalmente por los republicanos. Con una fuerte composición de sectores medios, mayormente artesanos, pero también comerciantes, profesionales y empleados, la conformación de esta institución puede también ser interpretada como una nueva iniciativa ante el fracaso de las elites de la comunidad con aspiraciones más concretas.[8] Detenido el desarrollo del hospital a causa de los enfrentamientos políticos, la asociación pretendió, bajo el reconocimiento de un espacio propio de pertenencia, contribuir a la solución de los problemas que demandaba el grupo. Si bien es cierto que estuvo la posibilidad de que esta asociación se hiciera cargo del proyecto del hospital de la comunidad, la realidad es que por aquellos años contaba con un capital social reducido.[9]

La radicalización ideológica de los dirigentes tornó imposible la convivencia en la Unione e Benevolenza. Con la conformación del Reino de Italia en 1861, un grupo de socios propuso la inclusión del escudo de la Casa Real de Saboya en la bandera italiana de la institución. El rechazo de la mayoría de los socios militantes del republicanismo fue contundente. Ante esto, veinticuatro socios renunciaron a la asociación y, por recomendación del encargado de negocios, Marcello Cerruti, conformaron la asociación Nazionale Italiana ese mismo año.[10] A pesar de las diferencias políticas, ambas asociaciones compartieron su anticlericalismo, lo que las distanciaba de las instituciones eclesiásticas de la comunidad que, con el correr de los años, llegarían a tener un fuerte dinamismo.

En 1862 se formó una nueva comisión edilicia para concluir con la obra del hospital. Si bien las nuevas contribuciones reactivaron el emprendimiento, el hospital no estuvo en pleno funcionamiento hasta 1872, diecinueve años después de que se creara la Sociedad Italiana de Beneficencia, a pesar de que, durante los últimos años, había sido utilizado de forma parcial por el ejército brasilero durante la guerra del Paraguay y por el gobierno de Buenos Aires durante la epidemia de fiebre amarilla.[11]

De esta manera, la institucionalización de los inmigrantes italianos de Buenos Aires, a través de la proliferación de diversas asociaciones, fue la base de la organización del grupo que se percibía a sí mismo como una colonia. La conducción de estos espacios atrajo desde el principio a renombrados inmigrantes que se fueron posicionando como líderes y representantes naturales de la comunidad italiana. Mientras que los monárquicos tomaron el control del hospital, los republicanos, muchos de los cuales eran exiliados políticos, se hicieron fuertes en el desarrollo y la proliferación de asociaciones mutuales que estaban conducidas en su gran mayoría por sectores medios y profesionales y contaban con una fuerte representación de la clase trabajadora inmigrante.[12]

De todas formas, el enfrentamiento entre monárquicos y republicanos había comenzado a encausarse cuando los “mazzinianos” fueron expulsados de la Unione e Benevolenza en 1864, pasando esta asociación a ser dirigida por un grupo republicano menos radicalizado. La anexión de Roma al Reino de Italia en 1870 motivó el apaciguamiento de los monárquicos que se apoyaban en la figura del rey y que también destacaban el rol de Garibaldi en el proceso de unificación, lo que sin dudas los acercaba a los republicanos más moderados. Por el contrario, la inclusión de aquellas asociaciones donde los “mazzinianos” tenían mayor peso demandó un proceso más lento que comenzó con el debilitamiento de estos líderes a partir de la muerte de Giuseppe Mazzini en 1872.[13]

Debemos considerar que, con la consolidación de la monarquía en Italia, los dirigentes argentinos liberales comenzaron a establecer lazos formales con los funcionarios y diplomáticos italianos, alejándose de los líderes “mazzinianos”.[14] Al mismo tiempo, los republicanos moderados que habían llegado a la conducción de la Unione e Benevolenza en 1864 empezaron a construir la idea de que la única forma de que el asociacionismo italiano pudiera mantenerse en el tiempo sería a través de la apoliticidad.[15] Esto fue retomado incluso por los propios historiadores y cronistas de la comunidad, quienes señalaron esta construcción impuesta por los dirigentes como una característica natural del grupo.[16]

La gran mayoría de los miembros del grupo Devoto –liderado por Antonio Devoto y sus hermanos, Bartolomé, Tommaso y Gaetano– estuvo vinculada al asociacionismo a través de diversidades entidades tales como el Círculo Italiano, la Sociedad Italiana de Beneficencia y el Hospital Italiano, y a diversos emprendimientos llevados adelante por la comunidad a través de la conformación de distintos comités. Algunos de los principales miembros de este grupo fueron Tommaso Ambrosetti, Onorio Stoppani y Giovanni Massone, entre otros.[17]

Por su parte, el Círculo Italiano (1873) estaba compuesto principalmente por miembros de la elite económica y política italiana. Los primeros socios efectivos del Círculo participaron en el Hospital Italiano. Es el caso de sus dos primeros presidentes: el Dr. Carlo Gallarani (1873-1874) y el Dr. Paolo Marnego (1874-1875), quien además ejerció la presidencia de la Sociedad Italiana de Beneficencia del Hospital durante 1872 y 1875. Podemos agregar en esta lista a otros dos presidentes del Círculo: el Dr. Mario Froncini (1878), que presidió la Sociedad Italiana de Beneficencia entre 1881 y 1882; y el Dr. Alessandro Ferrari (1888), quien estuvo al frente de esta misma institución en 1887.[18]

La reconstrucción de este proceso de surgimiento de las primeras instituciones de beneficencia nos permite evidenciar cómo las asociaciones mutuales constituyeron un espacio para el desarrollo de diversas prácticas políticas. Los enfrentamientos entre republicanos y monárquicos fueron el aliciente para la conformación de estos espacios donde se dirimieron las luchas ideológicas. Rápidamente, en la cúpula de estas instituciones, se fueron posicionando inmigrantes italianos que habían conseguido crecimiento económico y que tenían aspiraciones de conformar una elite dirigente. Reduci delle Patrie Battaglie (1869), Unione Operai Italiana (1874), Colonia Italiana (1877), Italia (1878), Giuseppe Garibaldi (1890), Club Ciclístico Italiano (1898) –posteriormente rebautizado como Club Italiano–, y Dante Alighieri (1896) fueron algunas de las más importantes instituciones que se consolidaron rápidamente en Buenos Aires.

No debemos limitar a Buenos Aires el surgimiento de estas asociaciones, ya que, en varias ciudades del interior del país, se dio un proceso similar, aunque con sus particularidades. Acompañando el desarrollo de infraestructura emprendida por el Estado nacional, los inmigrantes italianos fueron una de las principales fuentes de mano de obra y, en muchos casos, terminaron asentándose en distintos puntos del interior. Por tal motivo, en diversas ciudades de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, la instalación de comunidades italianas ocurrió a la par del avance del ferrocarril.[19] Incluso el surgimiento sostenido de asociaciones italianas de carácter mutual hacia fines del siglo xix y principios del xx también ocurrió en otros países, como Brasil y EE. UU., con importante presencia de inmigrantes italianos.[20]

2.2. Las celebraciones y los emprendimientos comunes más allá de las tensiones subyacentes

El desarrollo del apartado anterior nos lleva a afirmar que la tendencia a la organización de la comunidad italiana de la Argentina a través de asociaciones de diversa índole fue una característica determinante del grupo. Al mismo tiempo que tenía lugar un fuerte enfrentamiento ideológico en las asociaciones italianas, los grupos dirigentes fueron tejiendo alianzas con miembros de la elite local. En este contexto, las demostraciones públicas de la comunidad para conmemorar determinados aniversarios tuvieron un gran impulso y fueron una práctica recurrente, aun cuando se había impuesto la apoliticidad del grupo.[21]

El momento de mayor exposición pública de los inmigrantes italianos era la celebración anual del xx Settembre que conmemora el ingreso de las fuerzas del ejército del Reino de Italia a Roma en 1870, que logró la unificación de la península.[22] Esta fecha, que sin dudas puede ser pensada como un punto de encuentro entre monárquicos y republicanos, marginaba a los católicos, aunque las crónicas de aquel primer festejo dan cuenta del impacto que tuvo en la mayoría de los italianos de la Argentina.

Por aquellos años, la ausencia de telégrafos entre Europa y Sudamérica hacía que la información tardara entre veinticuatro y veintiocho días en barco. Por ello, la noticia de la entrada de las fuerzas realistas a Roma llegó a Buenos Aires el 26 de octubre. Posterior al estruendo de bombas y diversas manifestaciones espontáneas de la comunidad, algunos periódicos de la época, como La Prensa, El Nacional y La Tribuna, entre otros, publicaron por la tarde un boletín especial que anunciaba la unificación. Rápidamente, los principales líderes del grupo resolvieron conformar un comité especial para la organización de un festejo presidido por el conde Della Croce –representante del rey– y compuesto por dirigentes de las principales asociaciones y periódicos “étnicos”. La celebración tuvo lugar a fines de noviembre en el café Il Povero Diabolo. Predominaron las banderas tricolores, entre diversos símbolos de representatividad nacional.[23]

La imposibilidad para alcanzar la unidad de todo el asociacionismo italiano de la Argentina en un único espacio no impidió la realización de otros emprendimientos y conmemoraciones que, de cierta forma, reivindicaban diversas representaciones colectivas en el grupo. Un ejemplo que refleja el desarrollo de proyectos comunes para gran parte de la comunidad fue la construcción del monumento a Giuseppe Mazzini en 1878, situado en la actual plaza Roma de la Ciudad de Buenos Aires. Su construcción generó algunos debates, como describiremos a continuación.

El monumento tuvo varios detractores en el gobierno municipal de la ciudad y en algunos periódicos locales. Muchos nacionalistas cuestionaban fuertemente la realización de tamaño homenaje a un héroe extranjero. Esto provocó una escalada de apoyos por parte de la comunidad italiana, que, gracias a un decreto del presidente Nicolás Avellaneda, logró la inauguración del monumento a Mazzini en Argentina antes que en Italia. Como era de esperar, los representantes diplomáticos del Reino de Italia no concurrieron al acto inaugural.[24]

La Comisión Popular para el Monumento de Giuseppe Mazzini estaba compuesta por varias personalidades que detentaban cargos en espacios donde los “mazzinianos” no eran tan fuertes. El presidente de la Comisión fue Marino Froncini, presidente del Círculo Italiano en 1878 y quien posteriormente sería presidente del Hospital Italiano entre 1881 y 1886. También estaban, entre otros, Antonio Tarnassi, quien presidió las mismas instituciones que Froncini en diversos períodos; Basilio Cittadini, fundador del periódico La Patria degli Italiani y presidente de la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires, y Gaetano Pezzi, quien fuera secretario de la Unione e Benevolenza y que, al igual que su hermano Filippo, había sido desplazado de esta por su radicalización republicana.[25]

Como parte de los festejos por la inauguración del monumento, se realizó un concierto en el Teatro Colón y participaron representantes de diversas asociaciones italianas del país, e incluso de Montevideo. Además, contó con la presencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Casares, y del ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, José María Gutiérrez. En el acto inaugural, Froncini destacó, intentando resaltar los rasgos unificadores de la figura de Mazzini: “… para nosotros los italianos, Mazzini fue, sin distinción de partidos políticos, el ardiente apóstol de dos generaciones, a cuyo esfuerzo debemos la independencia y la unidad de la patria [traducción del autor]”.[26]

Otro caso similar se dio con el monumento a Garibaldi. El proyecto para la realización de la obra tuvo su origen entre algunos miembros del Círculo Italiano cuando se conoció la noticia de su fallecimiento en 1882.[27] Sin embargo, la realización de este homenaje atravesó diversas discusiones en el gobierno local respecto a la figura de Garibaldi, lo cual retrasó su emplazamiento.[28]

Hacia fines de la década de 1890, ocurrió un importante conflicto entre la Argentina y Chile por la definición de la frontera cordillerana. En este contexto de exacerbación del nacionalismo, no solo en Argentina, sino a nivel internacional, los inmigrantes italianos se involucraron para mostrar su apoyo al país de acogida. De esta manera, el Comité del Monumento a Giuseppe Garibaldi, conformado en 1897, aprovechó la colocación de la piedra inaugural el 20 de septiembre del año siguiente para respaldar a la Argentina. A partir de este acto, el lugar del emplazamiento pasaría a llevar el nombre de plaza Italia.[29]

Si analizamos la conformación de ese comité, observaremos nuevamente entre sus integrantes una fuerte presencia de los principales dirigentes del asociacionismo. La presidencia recayó en Tommaso Ambrosetti, quien fuera presidente del Círculo Italiano y de la Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires, además de formar parte del Hospital Italiano; mientras que la secretaría fue para Giovanni Rolleri, presidente de la Unione e Benevolenza en 1908. Asimismo, contó con la participación de otros dirigentes como Giuseppe Gatti, presidente de la Unione Operai Italiani; Davide Spinetto, ligado al Banco de Italia y Río de la Plata y a la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires; y Francesco Janello, director del Banco de Italia y Río de la Plata de Buenos Aires durante 1915 y 1932, entre otros destacados dirigentes.[30]

Tommaso Ambrosetti resaltó públicamente la unidad de la comunidad italiana de la Argentina en torno a la figura de Garibaldi y la buena recepción que dio este país a los inmigrantes italianos:

Apenas llegó aquí la feroz noticia de su muerte, los italianos en Argentina, unidos en un solo grupo, animados por un solo sentimiento de profunda gratitud hacia quienes lo habían sacrificado todo por la independencia y unidad de su patria, decretaron solemnemente sus honores fúnebres y se propusieron crear un monumento que perpetuara su memoria en esta tierra hospitalaria que él había bañado con sus propias batallas por la libertad de los pueblos y por el triunfo de la justicia, monumento que desde el primer momento se propusieron ofrecer como un regalo a esta ciudad, como solemne afirmación de su afecto por el país anfitrión y como prenda de la indisoluble fraternidad ítalo-argentina [traducción del autor].[31]

De similares características fue la composición de la Comisión Pro-Monumento a Cristóbal Colón, pensado como un obsequio de la comunidad italiana a la Argentina en conmemoración del centenario de la Revolución de Mayo en 1910, aunque inaugurado recién en 1921 debido al estallido de la Primera Guerra Mundial. Se conformó una primera comisión para la organización del monumento, y, luego de la suspensión por el conflicto bélico, surgió una segunda, en 1919, con nuevos integrantes.[32] Además de Ambrosetti, Spinetto y Janello –y del propio Antonio Devoto, quien, junto con varios miembros de su grupo más cercano, también había formado parte del Comité del Monumento a Garibaldi–, observamos que comenzaron a aparecer en estos espacios de representatividad dirigentes como Vittorio Valdani, importante empresario de la comunidad italiana de la Argentina, en quien recayó la presidencia de la segunda comisión; y Arsenio Buffarini Guidi, que posteriormente sería presidente de la Federación General de Asociaciones Italianas entre 1920 y 1923 y entre 1925 y 1945.[33] Ambos se posicionarían como dos de las figuras más importantes del fascismo italiano en la Argentina a partir de la década de 1920.

La conformación de nuevas asociaciones de carácter mutual durante este período, así como las celebraciones de cada 20 de septiembre con importantes actos y movilizaciones, y la organización de comités para el emplazamiento de monumentos muestran una comunidad italiana dinámica apoyada en un sólido grupo de dirigentes. Atravesados por la “italianidad”, estos líderes abogaron por la unidad colectiva más allá de las diferencias ideológicas. Las divisiones internas siguieron presentes y fueron la principal causa que impidió el reagrupamiento de todas las asociaciones bajo un programa común. Estos desentendimientos entre dirigentes se dirimieron siempre en el interior del grupo, evitando que trascendieran a la sociedad receptora, al igual que se escondían los conflictos entre clase y “etnia” que tenían lugar en estas instituciones.[34] En todo caso, resulta necesario resaltar que la articulación formal de las asociaciones italianas de la Argentina fue un proceso caracterizado por avances y retrocesos.

Hacia fines del siglo xix, los principales enfrentamientos en la comunidad italiana de la Argentina eran entre “mazzinianos” y monárquicos y entre estos con las asociaciones de carácter religioso. Debemos recordar que la celebración anual del xx Settembre excluía a estas últimas, ya que marcaba la división entre el Reino de Italia y la Iglesia católica. La comunidad reflejaba aquellos conflictos ideológicos de su propio país de origen, con la particularidad de que en la Argentina los emigrantes “mazzinianos” tenían una importante representatividad. Sin embargo, comenzaron a aparecer algunos puntos de acercamiento entre los republicanos moderados y los monárquicos.

2.3. El Congreso Pedagógico y las exposiciones artísticas

En este contexto de fuerte presencia pública, el deseo de alcanzar una estructuración de la comunidad italiana a partir de las diversas instituciones conformadas por los propios inmigrantes era una posibilidad latente. La primera señal fue la celebración del Congreso Pedagógico Italiano realizado en Buenos Aires en 1881. La organización de un evento de estas características encontró interés en la comunidad debido a que muchas de las asociaciones mutuales contaban con instituciones educativas propias. Entre los principales dirigentes que estuvieron al frente de este evento, podemos mencionar a Attilio Boraschi, Carlo Francesco Scotti y Tommaso Ambrosetti, entre otros.[35] La situación en que estas escuelas funcionaban, las condiciones materiales de desarrollo y su rápido esparcimiento fueron algunas de las cuestiones que motivaron la realización del congreso. El principal problema era la falta de cohesión entre las diversas instituciones. Para resolverlo se decidió unificar los programas didácticos y conformar un consejo superior educativo que reuniera a todas las escuelas.[36]

La realización del congreso no le pasó desapercibida a la sociedad local, que tuvo posiciones contrapuestas de las que dieron cuenta los principales periódicos. Por un lado, La Nación destacó positivamente el congreso valorando la decisión de que en estas escuelas se comenzara a enseñar de forma obligatoria el idioma español junto con historia y geografía argentina: “… de modo que los niños, hijos de italianos, serán verdaderos argentinos en su educación como en su nacimiento, aunque haya quienes crean o afecten creer lo contrario”.[37]

Por su parte, El Nacional fue muy crítico de que la comunidad italiana organizara un congreso pedagógico para coordinar el funcionamiento de sus instituciones educativas. En primer lugar, se detenía en cuestionar por qué los italianos decidían pagar dos veces por la educación: abonando la cuota de estas escuelas y a través del pago de impuestos que se destinaban al financiamiento del sistema educativo público, lo que constituía una crítica a la educación impartida por instituciones privadas. En segundo lugar, mencionaba que “se ha discutido si los hijos de italianos debían ser educados ‘italianamente’, si debían serlo como argentinos, o si se debía adoptar un término medio”. Si bien el periódico valoraba que el congreso se haya decantado por la última opción, más adelante señalaba lo siguiente: “Confesamos ingenuamente que no comprendemos lo que significa educar italianamente a un niño”.[38]

La discusión se sostuvo durante varios días en la prensa, demostrando el impacto que tuvo en la sociedad argentina este congreso.[39] A tal punto escaló la discusión, que fue un evento educativo muy criticado por el propio Sarmiento ya que, si bien había sido impulsor de la inmigración, abogaba por su integración a la sociedad local. Al respecto, cuestionaba que las asociaciones mutuales contaran con escuelas propias y también se preguntaba qué representaba “educar italianamente a un niño”.[40]

Otra muestra de que los grupos enfrentados de la comunidad italiana de la Argentina podían constituir espacios de confluencia comunitaria se materializó en las dos ediciones de la Esposizione Industriale, Artística e Operaia Italiana, realizadas en 1881 y 1886 por la asociación Unione Operai Italiani. Respecto de la primera edición, debemos señalar que hasta ese momento nunca una comunidad italiana en el extranjero había organizado un acto de semejante magnitud, según informara Samuel Navarro, comisario general de Inmigración.[41]

Si analizamos la composición de los comités ejecutivo y de honor de la edición de 1881, observamos que era bastante heterogénea en cuanto al posicionamiento ideológico de los dirigentes, ya que hemos identificado tanto monárquicos como republicanos entre sus miembros. La gran mayoría de los integrantes de estos comités estaban ligados principalmente a cuatro instituciones: Unione Operai Italiani, Unione e Benevolenza, el Hospital Italiano y el Banco de Italia y Río de la Plata. Además, había representantes de los periódicos más importantes: La Patria, L’Amico del Popolo e Il Maldicente.[42]

El comité de honor de la edición de 1881 estaba compuesto por el ministro de Italia Saverio Fava como presidente, mientras que Francesco Rossi y Giuseppe Maraini eran los vicepresidentes. Muchos de los dirigentes que ya hemos mencionado se desempeñaron como consejeros: Annibale Blosi, Gerolamo Canale, Tommaso Ambrosetti, Giacomo Rolleri, Basilio Cittadini, Gaetano Pezzi, Antonio Tarnassi y Antonio Devoto, entre otros. El comité ejecutivo estuvo presidido por Giuseppe Cascarini, quien, como socio de la Unione Operai Italiani, había tenido la idea de realizar este evento. La vicepresidencia estuvo a cargo de Pietro Rossi, y Giuseppe Ottonello ofició como tesorero.[43] La gran mayoría de los miembros de estos comités eran exitosos empresarios o destacados artistas, además de activos participantes en el asociacionismo.

El periódico La Patria Italiana publicó una edición especial al comienzo de la primera exposición, el 20 de marzo, y continuó realizando la cobertura del evento hasta mediados de mayo. Entre los principales oradores de la ceremonia inaugural, estuvo el presidente de la Argentina Julio Roca, quien señaló que los italianos no debían ser considerados extranjeros en el país, por lo que la muestra debía ser entendida como una verdadera exposición argentina o, en todo caso, italoargentina.[44] El periódico La Nación mencionó la masiva concurrencia que tuvo la fiesta inaugural, resaltando que “los residentes italianos” podían y debían “hacer de ella un motivo de legítimo orgullo”.[45]

Para la segunda edición de 1886, el comité ejecutivo estuvo compuesto por Giovanni Mondelli como presidente; Leopoldo Rocchi, vicepresidente; Fortunato Cichero, tesorero; en tanto que Giuseppe Cascarini, Francesco Molteni, Tommaso Ambrosetti, Vincenzo Cubelli, Luigi Zoccola y Carlo Francesco Scotti, entre otros, cumplieron la función de consejeros. Si bien se observa una mayor presencia de artistas e ingenieros en su composición, se repite la pertenencia institucional de la mayoría de los miembros del comité de la primera edición.[46]

También en esta exposición estuvo presente el presidente Roca, en cuyo discurso inaugural señaló el progreso del país en el transcurso de los cinco años que habían pasado entre la primera y la segunda muestra, al tiempo que resaltó que estos logros habían sido posibles gracias a la contribución de los italianos.[47] Aunque contó con la participación de las más altas autoridades de Argentina y de los diplomáticos de Italia, esta segunda muestra tuvo una cobertura periodística mucho menor que la primera en los diarios italianos.

Más allá de las particularidades antes señaladas para cada uno de los acontecimientos analizados en este apartado, debemos volver a mencionar que el desarrollo de este tipo de eventos impulsados por la comunidad italiana no estuvo exento de críticas y resistencias por parte de la sociedad receptora. Sin entrar en el análisis acerca de las causas que generaron rechazo a la irrupción pública de las comunidades inmigrantes, en particular de la italiana, consideramos que este tipo de reacciones pone de manifiesto la fuerte presencia que tenía el grupo en la escena pública.

2.4. El Primo Congresso delle Società Italiane de 1891

En 1891 surgió la propuesta de celebrar el xx Settembre de ese año con un gran festejo que abarcara a todas las asociaciones italianas de la Argentina. El objetivo final era lograr la mentada formalización de una estructura que cobijara a todas las asociaciones italianas del país. Si bien esto no pudo lograrse, ya desde la organización del evento se alcanzaron algunos importantes propósitos que, sin dudas, sentaron las bases de las dos décadas siguientes.[48]

El 5 de agosto de 1891, se creó el Comité Permanente de Presidentes bajo propuesta de la asociación Reduci delle Patrie Battaglie, compuesta por cuarenta y cuatro presidentes de asociaciones italianas de Buenos Aires. En aquella reunión, realizada en la sede de la Unione Operai Italiani, se eligió la Junta Directiva de ese comité conformada por Luigi Zoccola como presidente; Attilio Boraschi, vicepresidente; mientras que Andrea Seitun fue elegido tesorero; Domenico Fosca, secretario, y Carlo Corbelline, subsecretario.[49]

Tres días más tarde, se llevó a cabo una segunda reunión del Comité Permanente de Presidentes, en la que se decidió aunar esfuerzos para la realización de un congreso que reuniera a todas las asociaciones italianas del país para el 20 de septiembre. El 18 de agosto, se cursaron invitaciones a cientos de instituciones de todo el país, llamándolas a participar en el evento. Los temas que desarrollar serían la ayuda mutua, la cooperación, la educación italiana y “todo lo que directa o indirectamente” pudiese “interesar a la comunidad italiana en el Plata, a excepción de temas políticos y religiosos”.[50]

Estaba claro que, en el frágil contexto de estabilidad que se había alcanzado entre algunos sectores monárquicos y republicanos de la comunidad, la excepción de referirse a temas políticos era la base sobre la que decidieron avanzar los líderes del grupo. Sin embargo, la elección de la fecha implicaba, de hecho, una declaración de exclusión de los católicos. La celebración del congreso durante la semana del 20 de septiembre no puede ser interpretada de otra manera, ya que la conmemoración de la incorporación de Roma al Reino de Italia había dado origen a un largo conflicto con la Iglesia hasta la firma de los Pactos de Letrán en 1929.[51]

Otro tema importante en cuanto a la representación de las comunidades en el congreso fue el criterio que se estableció para determinar la cantidad de delegados. Aquí se manifestó una fuerte prevalencia de las asociaciones de Buenos Aires en detrimento de las del interior del país. Se estableció que los delegados de las asociaciones de las provincias debían ser cuatro, incluyendo al presidente de cada entidad o a un representante, sin importar la cantidad de socios. En cambio, las instituciones de la capital del país que contaran con hasta quinientos socios podían inscribir seis delegados, incluyendo al presidente o representante legal, con la posibilidad de sumar un delegado por cada cien socios para aquellas asociaciones que superaran esa base.[52]

Analizando la nómina de las instituciones que participaron en el congreso, observamos que el total de asociaciones alcanzó el número de ciento dieciocho representadas por casi setecientos delegados de diez provincias, además de la Ciudad de Buenos Aires.[53] En la tabla n.º 1, se detalla el desglose de asociaciones y delegados por provincia.

Tabla n.º 1. Participación de asociaciones y delegados por provincia

Provincia

AsociacionesDelegados

Buenos Aires

55139

Ciudad de Buenos Aires

43517

Córdoba

22

Corrientes

33

Entre Ríos

411

Jujuy

11

La Rioja

13

Salta

12

San Juan

14

San Luis

12

Santa Fe

610

Total

118694

Fuente: elaboración propia a partir de la información brindada por Primo Congresso delle Società Italiane. Atti e documenti. Buenos Aires: Tipografia Industriale di Alessandro Itter, 1891.

Si bien se logró una base de representatividad de la mayoría de las provincias –recordemos que muchas de las actuales eran en aquella época territorios federales en proceso de conformación debido a la reciente expansión del Estado argentino–, hemos observado que en varios casos algunas asociaciones del interior elegían como delegado a un miembro de una institución de Buenos Aires.

Continuando con el análisis de las fuentes, podemos estimar, en función de lo dictaminado por el reglamento del congreso para la determinación de la cantidad de delegados, el número de socios que han demostrado tener las asociaciones. Según se observa en la tabla n.º 2, donde priorizamos el registro de aquellas asociaciones que presentaron más de veinte delegados, hubo en el congreso una fuerte presencia de las asociaciones más relevantes de la época. Valga la aclaración, todas ellas eran de la Ciudad de Buenos Aires. Un dato llamativo, además de la ausencia de asociaciones de carácter religioso, es la no concurrencia del Círculo Italiano. Si bien varios de sus miembros participaron por estar vinculados a otros espacios, resulta interesante la falta de delegados propios de esta entidad. Otra cuestión que también debe ser mencionada es la ausencia de asociaciones compuestas por mujeres, que, por lo general, tenían un dinamismo muy importante y estaban abocadas principalmente a las acciones de beneficencia.

Tabla n.º 2. Número de socios estimados de las asociaciones que presentaron más de veinte delegados

Asociación

N.º de delegadosN.º de socios estimados

Nazionale Italiana

474.600

Unione e Benevolenza

403.900

Unione Operai Italiani

393.800

Italia

373.600

Colonia Italiana

363.500

Nuova Italia

302.900

Italia Unita

272.600

Giuseppe Garibaldi

222.100

Fuente: elaboración propia en función del criterio fijado para la designación de representantes (6 delegados hasta 500 socios y un delegado extra por cada 100 socios más) a partir de la información brindada por Primo Congresso delle Società Italiane. Atti e documenti. Buenos Aires: Tipografia Industriale di Alessandro Itter, 1891.

Respecto al tratamiento que tuvo el congreso en la prensa italiana, debemos mencionar que el propio Attilio Boraschi –que, como mencionamos, oficiaba de vicepresidente de la Junta Directiva del congreso– publicó un artículo de opinión en el cual lamentaba la poca repercusión que el evento generaba en los periódicos de la comunidad. La Patria Italiana emitió una dura respuesta en la cual, si bien elogiaba la idea de un congreso que reuniera a todas las asociaciones italianas de la Argentina, cuestionaba fuertemente su organización. El punto más contundente de esa crítica refiere a lo que el periódico estimaba como falta de voluntad para convocar a un congreso deliberativo que tomara las decisiones necesarias, entre las que destacaba la conformación de una gran entidad que agrupara a todas las instituciones italianas.[54]

De todas formas, La Patria Italiana cubrió el desarrollo del evento durante varios días, ponderando su importancia y reiterando algunas críticas. De la crónica de la celebración del xx Settembre, se desprende que, además de la entonación de los himnos nacionales, sonó la marcha a Garibaldi demostrando que su figura se había consolidado como representación del acercamiento entre monárquicos y republicanos. Por otra parte, en su discurso ceremonial, Antonio Tarnassi –destacado dirigente del Hospital Italiano y el Círculo Italiano– remarcó que, si bien se reconocían cristianos, condenaban la intromisión de la Iglesia católica en los asuntos internos de Italia.[55] Esto ponía de manifiesto las fuertes tensiones que aún pervivían entre laicos y clericales.

El Primo Congresso delle Società Italiane tuvo lugar entre el 21 y el 26 de septiembre. Las reuniones se llevaron a cabo en las sedes de las asociaciones Unione e Benevolenza, Unione Operari Italiani, Italia y Colonia Italiana. Los principales temas abordados fueron los desacuerdos en las asociaciones y la mejor manera de resolverlos; las medidas que tomar para que las asociaciones de socorros mutuos pudieran enfrentar las dificultades financieras creadas por la situación imperante en el país; la multiplicidad de asociaciones en la misma localidad y de asociaciones regionales; la relación entre las sociedades de ayuda mutua que residían en la misma localidad, especialmente en lo referente a las subvenciones, el servicio médico farmacéutico y las escuelas; entre muchos otros.[56]

Cada tema contó con un informe elaborado por un expositor previamente designado por el Comité Permanente de Presidentes. Los expositores designados fueron Annibale Blosi, ligado al Círculo Italiano y al Hospital Italiano; Vicenzo Cerutti y Carlo Francesco Scotti, del periódico L’Operaio Italiano; Luigi Albasio, abogado especialista en extradiciones; Alberto Porchietti, miembro de la Unione e Benevolenza y docente del Colegio Internacional; Alberto Massimino, de la asociación Unione Operai Italiani; Torquato Sacchi; Ausonio Franzoni, miembro de la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires, el Hospital Italiano y Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires; Attilio Boraschi, ligado al Círculo Italiano y al Hospital Italiano; e Ignazio Martignetti, miembro de la Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires.[57]

En las actas del congreso, se detallan conclusiones a las que arribaron los participantes sobre los diversos temas. Nos interesa resaltar, en primer lugar, la recomendación a todas las asociaciones de adquirir la personería jurídica a fin de lograr una mejor organización interna y de administrar de forma correcta su capital. Por otra parte, el contexto de crisis económica en el que se desarrolló el evento quedó evidenciado en las intervenciones de los participantes y en la sugerencia de que se fueran actualizando de forma periódica el padrón y la cuota de los socios para tratar de compensar las sostenidas pérdidas.[58]

El congreso abordó, además, el tema de los conflictos que pudieran ocurrir entre dos o más asociaciones y el de la multiplicidad de instituciones en un mismo lugar. Sobre esta cuestión recomendaba que la mejor forma de arribar a una solución sería aceptando la mediación de otras asociaciones italianas. De todas maneras, esto era presentado como una respuesta paliativa, ya que el problema de fondo debería ser resuelto con la constitución de una federación que agrupara a todas las instituciones. Hasta que esto pudiera ser alcanzado, se proponían agrupamientos intermedios, como en el caso de las asociaciones que contaran con escuelas propias para las que se mencionaba la posibilidad de formar parte de un espacio común que marcara una conducción pedagógica. Asimismo, se recomendaba: “… todas las entidades que tienen iguales principios e iguales propósitos pueden unirse bajo una única dirección suprema, dejando intacta la autonomía de las asociaciones individuales”.[59]

2.5. El estallido de la Gran Guerra y la reorganización del asociacionismo italiano

Luego de muchos años de discusión, finalmente, el 29 de mayo de 1912, se conformó la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires, siendo el primer presidente elegido Alessandro Tedeschi.[60] Se logró de esta manera un primer consenso para que las asociaciones italianas de esta ciudad y sus alrededores comenzaran a trabajar de forma orgánica. Sin embargo, debemos mencionar que las asociaciones de carácter religioso quedaron excluidas de la Federación. En el acta de constitución, quedó reflejada una disputa en torno a la proclamación del xx Settembre como celebración oficial de la nueva entidad, lo que provocó la oposición de los delegados de la Asociación Popular Católica Italiana y su posterior expulsión de la asamblea.[61]

La reunión tuvo lugar en la sede de la asociación Colonia Italiana, donde se aprobó el reglamento y se eligió a las autoridades gracias al voto de setenta y cinco delegados. Por otra parte, también estuvo presente el Real Encargado de Negocios Marchese Negrotto di Cambiaso, quien intervino para mencionar que ya existía un comité nacional en Roma bajo el patrocinio del Comisionado de Emigración, establecido para recolectar fondos destinados a ayudar a los italianos expulsados de Turquía.[62]

Imagen 1. Consejo Federal de la Federación General de Asociaciones Italianas de Buenos Aires

Foto en blanco y negro de un grupo de personas en un periódico  Descripción generada automáticamente

Fuente: Caras y Caretas, año vii, n.º 990, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1917, p. 49.

La conformación de la Federación tuvo lugar en un contexto particular, ya que Italia estaba invadiendo al Imperio otomano en la guerra de Libia. Como resultado de este enfrentamiento, la elite de la comunidad italiana en Buenos Aires acompañó la guerra a la distancia, aprovechando el fuerte apoyo que despertaba en los emigrados. El periódico La Patria degli Italiani realizó una importante cobertura de la guerra, al tiempo que polemizaba con aquellos periódicos argentinos que caracterizaban el comportamiento de Italia como una avanzada colonialista. Por su parte, en muchas asociaciones se llevaron a cabo festejos, colectas de fondos y muestras de apoyo al país de origen.[63]

Sin embargo, la integración de las asociaciones italianas de todo el país en una sola federación debió esperar seis años más y fue consecuencia directa del auge nacionalista que atravesó la comunidad italiana ante el advenimiento de la Gran Guerra. En este contexto, consideramos que las acciones de beneficencia emprendidas por el grupo, la organización de una estructura capaz de incluir a la gran mayoría de las comunidades italianas de la Argentina y la centralización para establecer canales de comunicación con su país de origen fueron determinantes para la concreción de un proceso de articulación atravesado por los enfrentamientos entre los distintos grupos dirigentes.

La entrada de Italia a la Primera Guerra Mundial implicó que muchos inmigrantes italianos retornaran a su país de origen con el fin de enlistarse en el ejército para participar en el frente de batalla. Entre ellos se encontraban importantes líderes como el presidente de la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires, Alessandro Tedeschi, mientras que otros hicieron uso de su posición de liderazgo y emprendieron fuertes campañas de ayuda, financiamiento y propaganda. El periódico La Patria degli Italiani realizó una importante cobertura de la guerra, y, al comienzo del enfrentamiento, la sección especial dedicada a este tema se titulaba “L’Ultima Guerra d’Italia”.

A partir de una convocatoria realizada por la Federación de las Asociaciones Italianas de Buenos Aires, el 27 de mayo de 1915, se constituyó el Comitato Italiano di Guerra di Buenos Aires en el antiguo Teatro Victoria a instancias del ministro plenipotenciario y enviado extraordinario Vittore Cobianchi. El principal objetivo de Cobianchi era lograr la unidad del asociacionismo italiano de la Argentina. El comité estaba compuesto por el cónsul general, Davide de Gaetani, y los principales dirigentes del asociacionismo: Antonio Devoto, Francesco Janello, Lorenzo Pellerano, Bartolomeo Gianocchio, Giovanni Buschiazzo, Giovanni Pelleschi, Tommaso Ambrosetti y Giuseppe Devoto. En la primera reunión, realizada el 30 de mayo, se designaron los cargos ejecutivos, mientras que los representantes oficiales se repartirían los puestos honoríficos. Así, Antonio Devoto fue nombrado presidente; Ambrosetti, vicepresidente primero; Pellerano, vicepresidente segundo, y se decidió incorporar al experimentado Giovanni Rolleri como secretario, quien –además de ser presidente de Unione e Benevolenza– también había sido secretario del Comité del Monumento a Giuseppe Garibaldi.[64]

La Patria degli Italiani destacó que el evento de masiva convocatoria había sido una irrefutable prueba de que la unión de todos los inmigrantes italianos que no había podido conseguir la Argentina la había logrado Italia al incursionar en la guerra despertando un fuerte patriotismo en toda la comunidad. Incluso mencionó que la jornada no se vio opacada cuando cinco o seis emisarios de la legación austriaca se acercaron al lugar para provocar a los presentes.[65]

En los encuentros posteriores, se fue desarrollando una estructura más compleja para ampliar la participación y articular el funcionamiento del comité, que se extendió a todo el territorio de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. Como consecuencia de esto, se conformó un comité ejecutivo que fue convocando a distintos dirigentes de la comunidad. Finalmente, se constituyó una oficina de presidencia en la que estaban agrupados los cargos ejecutivos más importantes. De todas formas, la conformación del comité estuvo abierta a nuevas incorporaciones y cambios en los cargos directivos. Al respecto debemos mencionar el ingreso de Tito Luciani y Enrico Figari en representación de la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires, el 26 de junio de 1916, y la asunción del nuevo presidente, Giuseppe Devoto, tras el fallecimiento de su hermano Antonio el 30 de julio de ese año.[66]

Entendemos que el propósito de reunir a miembros de casi todos los espacios de la comunidad italiana, como, por ejemplo, asociaciones, entidades bancarias, periódicos, empresarios, excombatientes, entre otros, era lograr un comité que pudiera arrogarse la representatividad incuestionable de todo el grupo.

Se conformaron cuarenta y nueve seccionales que abarcaron el territorio de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. En la capital argentina, fueron denominadas del 1 al 43, concordantes con la misma cantidad de reparticiones policiales de la ciudad, a las que se sumaron seis de las localidades aledañas más importantes: Avellaneda, Ciudadela, Lanús, Caseros y Santos Lugares, Villa Ballester y San Isidro. Cada una contaba con su respectivo presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y un número variable de consejeros que podríamos estimar entre diez y veinte miembros.[67]

También en estas reuniones, se acordó un reglamento en el que se estableció que, mientras durara la guerra y las circunstancias no requirieran lo contrario, el comité dedicaría

todas sus energías y destinará todas las sumas recaudadas para atender las necesidades de los llamados a las armas y en especial de sus familias, que la Patria encomienda al cuidado fraterno de sus otros hijos que no requieren el esfuerzo de sus brazos, pero cuya cooperación invoca en todo caso, porque desde la unanimidad y la concordia de las aspiraciones, anhelos y acciones, se puede afirmar y demostrar que la preparación civil no es menos que la militar, e igualmente útil y necesaria en esta hora, de aquí hasta la Patria, y que nuestros hermanos de hoy den un ejemplo brillante al mundo [traducción del autor].[68]

De esta manera, quedaba debidamente expresado que las aspiraciones individuales o fraccionales debían quedar de lado. A su vez, en este reglamento se consignaba la creación de las siguientes comisiones: Vigilancia, Protección y Trabajo; Finanzas; Distribución de Víveres y Vestimenta, y Asistencia Médica, Farmacéutica y Legal. También se establecía una estructura piramidal en la que cada asociación debía reportarse a la sección que le correspondía y que, a su turno, debía rendir cuenta de lo actuado al Comité Central. Se pretendía que la colonia constituyera “un inmenso comité patriótico unánime” que requiriera de la “cooperación espontánea y generosa” de todos aquellos que sentían “el orgullo de ser italianos”.[69]

Además del trabajo emprendido por las distintas comisiones tendientes a favorecer la inserción laboral, la distribución de víveres, vestimenta, remedios y asistencia médica, el Comitato Italiano di Guerra llevó a cabo otras iniciativas. Entre las más destacadas, debemos mencionar actividades de propaganda, entrega de cestas de alimento por el xx Settembre, colecta de cereales, la impresión de un boletín periódico y la rifa de beneficencia que logró vender cerca de veintiocho mil billetes. En total, todas las actividades emprendidas por este comité lograron recaudar más de siete millones de pesos.[70]

Si observamos detalladamente el balance presentado, identificaremos que la principal fuente de ingresos surgía de las actividades realizadas por el comité para recaudar fondos. A su vez, las iniciativas locales de cada seccional conformaron un ingreso significativo. Por el contrario, las suscripciones de las entidades bancarias (Banco Italia y Río de la Plata, Nuevo Banco Italiano, Banco Comercial Italiano, Banco Ítalo-Belga y Banco Francés e Italiano) y empresas de la comunidad no lograron equipararse con las anteriores.[71]

Mediante el análisis del destino que tuvieron esos fondos, comprobamos que el grueso de lo recaudado se giró para asistencia a los familiares de veteranos, según lo dictaba el propósito del comité. También las contribuciones realizadas a las campañas organizadas por el Reino de Italia aportaron un fuerte monto. Es necesario destacar el esfuerzo que se hizo para conformar un importante fondo de pensión. Merece ser resaltado que se otorgó también una ayuda económica a excombatientes que habían participado en las batallas durante la unificación italiana, nombrada en la fuente de referencia como “Guerra de la Independencia”, ya que muchos de ellos estaban en la Argentina en calidad de exiliados o emigrados.[72]

Para contextualizar el nivel de movilización que tuvo la guerra en la sociedad argentina, debemos tener en cuenta que este comité no fue la única institución italiana del país que recaudó fondos y se organizó con fines benéficos. También operaron en la capital la Delegación General de la Cruz Roja Italiana en Buenos Aires, el Comité Pro Mutilados, Comité por los Huérfanos de Guerra y las organizaciones de veteranos de guerra, entre otras. En La Plata podemos mencionar al Comité Italiano Pro-Patria y la Cruz Roja. Por su parte, el Comité de Guerra de la Provincia de Buenos Aires nucleó a cincuenta y nueve comités de guerra de distintas ciudades. También se constituyeron otros en la gran mayoría de las provincias y los territorios federales del país. Finalmente, hay que aclarar que muchas de estas asociaciones participaron de forma independiente en las campañas, es decir, por fuera de los comités de guerra, y estuvieron distribuidas por todo el territorio nacional, evidenciando distintas formas de organización y coordinación.[73]

El caso antes detallado refleja una participación generalizada, aunque no exclusiva, de la comunidad italiana, ya que también atravesó a la sociedad receptora y a otros grupos de inmigrantes. Es por esto por lo que, debido a la gran cantidad de instituciones intervinientes, se hizo necesario conformar un Comité de los Aliados que celebró un congreso de todos los comités y las asociaciones de las comunidades inmigrantes de los países aliados en la Argentina. Este congreso se llevó a cabo desde el 28 hasta el 30 de octubre de 1916 y contó con la presencia de cuarenta y tres comités de asistencia y cuarenta y siete sociedades de la Ciudad de Buenos Aires, cien comités y asociaciones de la provincia de Buenos Aires, veinticinco de Santa Fe, diez de Entre Ríos, cuatro de Mendoza, tres de La Pampa, dos de San Luis y uno de Salta, San Juan, Tucumán, Jujuy, Chaco y Río Negro.[74]

El resultado de esta articulación entre las asociaciones italianas de la Argentina y el establecimiento de canales formales de comunicación con autoridades diplomáticas, en un contexto de fuerte nacionalismo, confluyó en la tan mentada unión del grupo que analizaremos a continuación.

En paralelo al funcionamiento del Comitato Italiano di Guerra, hubo dos procesos de unidad que emprendieron las asociaciones italianas de la Argentina. El primero involucró a las asociaciones mutuales de Buenos Aires, las que acordaron esta nueva reestructuración debido a las crisis económicas que atravesaban. Se desarrolló en dos etapas: una tuvo lugar el 3 de enero de 1915, cuando seis instituciones se unieron en la Unione Italiana al Plata; y la otra, al cabo de un año, el 21 de febrero de 1916. Esta última, junto a la Unione e Benevolenza, Unione Operai Italiani, Giuseppe Garibaldi, Veneta di M. S., Camillo Benso Conte di Cavour, La Patiottica, Fratellanza Militare y La Italiana al Plata, conformó la Associazione Italiana di Mutualitá e Istruzione (AIMI).[75]

El segundo proceso tuvo lugar en 1918 y consistió en la incorporación de las asociaciones del interior del país a la Federación de las Sociedades Italianas de Buenos Aires. Reunidos en el Círculo Italiano de Buenos Aires, representantes de asociaciones italianas de distintas ciudades –Rosario, Córdoba, Santa Fe, entre otras– establecieron la elaboración de un nuevo estatuto. En total fueron ciento setenta instituciones italianas las que conformaron la nueva Federación General de Asociaciones Italianas, que posteriormente adoptaría la sigla FEDITALIA. En dicha reunión también se discutió si las sociedades federadas en otras instituciones podían ser admitidas en forma grupal o individualmente, si los delegados de las asociaciones alejadas de la capital podrían deliberar y si su resolución sería válida en caso de que se enviara por escrito al Consejo Federal.[76]

Al día siguiente, el 29 de septiembre, se llevó a cabo el acto formal donde los distintos delegados de las asociaciones procedieron a la firma de un documento. Aquí la crónica periodística solo detalla las ciento dieciocho asociaciones del interior del país que participaron en el evento: cincuenta y siete del interior de Buenos Aires, veintinueve de Santa Fe, doce de Córdoba, seis de Entre Ríos y el resto de La Pampa, Mendoza, Corrientes, Chubut, Tucumán y Chaco. Si tenemos en cuenta que la noticia del día anterior mencionaba que en total eran ciento setenta las asociaciones que conformaban la nueva federación, podemos afirmar que cincuenta y dos eran de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.[77]

Las palabras del presidente, Atilio Massone, se centraron en agradecer la amplia convocatoria a la nueva federación y en expresar su entusiasmo por el logro alcanzado. Luego, los distintos representantes de las asociaciones y delegados oficiales pronunciaron varios discursos que, en las postrimerías de la guerra, estuvieron cargados de un fuerte nacionalismo. Tito Luciani señaló que “el trabajo de retaguardia en Buenos Aires no palidecería en comparación con el trabajo realizado por los hermanos en Italia”. Por su parte, Giovanni Rolleri dijo que “dondequiera que residan en la República Argentina dos italianos, deben sentirse unidos y unánimes en el pensamiento de su patria, en el deseo de armonía, en la reverencia de los recuerdos de glorias comunes”.[78]

De todas formas, cabe destacar que una importante cantidad de asociaciones aún no formaba parte de la nueva institución. Según el Tercer Censo Nacional de 1914, existían en la Argentina cuatrocientas sesenta y tres asociaciones italianas de carácter mutual, sin contar aquellas con fines culturales, educativos y recreativos.[79] El proceso de federación de las distintas asociaciones del país fue una de las motivaciones personales de Massone, quien falleció dos años después de la asamblea realizada en el Círculo Italiano. Si bien la incorporación de nuevas asociaciones fue lenta, para 1923 la federación contaba con más de trescientas instituciones asociadas.[80]

De todas formas, y como iremos desarrollando en los sucesivos capítulos, la unidad de la comunidad italiana de la Argentina sufrió un importante retroceso durante el fascismo, ya que los dirigentes al frente de la Federación General de Asociaciones Italianas apoyaban abiertamente al régimen, provocando el alejamiento de muchas asociaciones que se le oponían. El proceso se completaría a partir de la década de 1950, justamente cuando los líderes fascistas –que todavía contaban con el apoyo del gobierno argentino– se alejaron de la conducción de la institución.

2.6. Consideraciones finales

A lo largo de este capítulo, hemos desarrollado, a partir de lo que ocurría en Buenos Aires, el extenso proceso de articulación que atravesó al asociacionismo italiano de Argentina desde mediados del siglo xix hasta principios del xx. Este período estuvo marcado por fuertes enfrentamientos ideológicos entre los grupos dirigentes. La constitución del Reino de Italia contribuyó a la superación de las divisiones internas, algo que no resultó sencillo. Aquí desempeñaron un papel importante los representantes oficiales del gobierno de Italia en la Argentina, quienes articularon diversas estrategias con los grupos dirigentes más afines a sus intereses para lograr esa unidad. Al principio de este capítulo, detallamos que, a pesar de sus diferencias, los monárquicos y los republicanos moderados pudieron construir una alianza a partir de una pretendida apoliticidad que ocultaba la historia reciente. Por eso, en un primer momento, tanto “mazzinianos” como católicos quedaron excluidos de estos espacios.

En este sentido, es posible afirmar que, si bien los republicanos más radicalizados fueron los primeros impulsores del asociacionismo mutual en la Argentina, luego perdieron representatividad en estos espacios. Por otra parte, a pesar de que, durante el período analizado en este trabajo, las asociaciones católicas quedaron relegadas de la unidad del grupo, posteriormente fueron integrándose a la estructura de la comunidad italiana de la Argentina, y llegaron a fundar en 1963 la Federación de Asociaciones Católicas Italianas de la Argentina (FACIA) y a formar parte de FEDITALIA.

La organización de comités para el emplazamiento de monumentos y para la celebración de encuentros o festejos puso de manifiesto que, a pesar de las diferencias ideológicas, los líderes de la comunidad italiana de la Argentina podían actuar de forma conjunta respetando la premisa de sostenerse en la “italianidad” y ocultar lo máximo posible las diferencias. En este sentido, el Primo Congresso delle Società Italiane de 1891 resultó ser un evento determinante que mostró la potencialidad de los líderes de Buenos Aires.

De todas formas, si bien hubo acuerdos entre los grupos dirigentes para desarrollar diversos emprendimientos, la unidad del asociacionismo se logró en un contexto histórico determinado por el auge del nacionalismo a nivel internacional y por el estallido de la Gran Guerra. Este proceso fue conducido por las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina junto con los líderes del grupo a partir de la implementación de una estructura representativa en una importante extensión territorial del país y con un fuerte centro político en la Ciudad de Buenos Aires. Lo que pudimos observar es que la organización de numerosas acciones y eventos estuvo concentrada en un grupo de dirigentes que, más allá de sus diferencias, representaban a las instituciones más importantes.

Con la consolidación de un grupo dirigente, este se constituyó en interlocutor entre el gobierno italiano y la comunidad emigrada. Teniendo en cuenta su composición social, podemos inferir que los intereses de clase de estos líderes diferían de los de la masa trabajadora que había migrado. De todas formas, y a pesar de que atravesaron diversos períodos de crisis económicas, el rol mutual que desempeñaba la mayoría de estas instituciones no podía ser descuidado ya que constituía el interés principal de los asociados.

Es posible pensar que esta situación de fuertes enfrentamientos internos que atravesaban a la comunidad italiana de la Argentina y las dificultades que tuvieron sus líderes para aglutinar a todas sus instituciones en una única estructura hayan sido algunas de las premisas que determinaron que la mayor parte de los ingresos recaudados por el Comitato Italiano di Guerra se concentrara en la propia comunidad. El éxito de aquellos líderes radicó en la capacidad de organización y movilización del grupo, algo que había sido demostrado anteriormente en diversas ocasiones, aunque en menor escala. El mayor legado de este comité fue haber formado una estructura, vigente en la actualidad con importantes modificaciones, que agrupó a las asociaciones más importantes de los italianos en la Argentina, como es FEDITALIA. Muchos de los emprendimientos desarrollados por los inmigrantes italianos para establecer esta estructura –que aquí hemos analizado a partir de la organización de congresos, festejos y comités– llevan también la impronta del país receptor. Por aquellos años, el Estado argentino, en proceso de consolidación, contaba con una estructura política marcada por diversas prácticas que venían de arrastre de la etapa previa. Hasta la consolidación del sistema democrático en la Argentina, luego de la sanción de la denominada Ley Sáenz Peña de 1912, las alianzas y los enfrentamientos políticos jugaron un papel determinante para la constitución de una elite dirigencial, marginando a determinados sectores que debieron desarrollar sus propios medios de lucha con el fin de lograr el establecimiento de un marco legal que les permitiera alcanzar la participación política.

En este sentido, también podemos afirmar que la comunidad italiana de la Argentina del siglo xix estuvo atravesada por los enfrentamientos ideológicos que ocurrían en Italia, conforme se consolidaba la monarquía en aquel país. Estas disputas se pusieron de manifiesto en el país austral a través de la concreción de diversos emprendimientos asumidos por los líderes, como la conformación de las asociaciones de carácter mutual, la dirección de publicaciones periódicas, la construcción de monumentos y la celebración de aniversarios propios, entre otros, algunos de los cuales hemos abordado en este capítulo. No podemos dejar de mencionar que la consolidación de los Estados en ambos países fue determinante para que los inmigrantes italianos de la Argentina consiguieran establecer una organización interna acorde a su magnitud a partir de la articulación formal de sus espacios de participación.


  1. Leiva, María Luján (2012). “El xx de septiembre. La unidad italiana y la historia argentina”. En María Luján Leiva (Comp.), Fratelli d’Italia: pensamiento, arte y política. Buenos Aires: Desde la Gente.
  2. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 168-169.
  3. Núñez Seixas, Xosé (2006). Cit., pp. 21-22.
  4. Esto es algo que identificó Bertagna en su trabajo sobre el nacionalismo de los inmigrantes italianos de la Argentina ante el estallido de la guerra de Libia, y que nosotros pretendemos presentar de forma integral con los acontecimientos previos y posteriores con los que se vinculan, para comprender la complejidad del proceso. Ver Bertagna, Federica (2007b). “Muestras…”, cit., p. 451.
  5. A diferencia del debate entre “intervencionistas” y “antiintervencionistas” ocurrido en Italia, la incursión del país de origen en la Primera Guerra Mundial contribuyó a menguar las diferencias internas en la comunidad italiana de la Argentina y favoreció su unidad. Ver Franzina, Emilio (2000). “La guerra lontana: il primo conflitto mondiale e gli italiani d’Argentina”. Estudios Migratorios Latinoamericanos, vol. 15, n.º 44, pp. 57-84, p. 68. A su vez, podemos mencionar que esta contienda bélica tuvo un impacto similar en el asociacionismo italiano de Nueva York, ya que permitió la unidad de las instituciones que se encontraban aún más atomizadas que las de Buenos Aires: “Aunque los lazos locales, la política y las rivalidades personales condujeron a algunas divisiones, las grandes sociedades pudieron desarrollar un movimiento mutualista relativamente unido durante la Primera Guerra Mundial [traducción del autor]”. Baily, Samuel (1983). “The Adjustment of Italian Immigrants in Buenos Aires and New York, 1870-1914”. The American Historical Review, vol. 88, n.º 2, pp. 281-305, p. 293.
  6. Dosio, Patricia (2010). “El monumento a Garibaldi en Buenos Aires (1882-1904)”. Iberoamericana, n.º 40, pp. 64-65.
  7. La storia dell’Ospedale Italiano: Buenos Aires 14 de setiembre 1853 – 8 diciembre 1922, Buenos Aires, Compañía General de Fósforos, 1923.
  8. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 81-82.
  9. El capital social es la suma de los recursos relacionados por medio de una “red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimientos y recursos mutuos”. Ver Bourdieu, Pierre (2001). Poder, derecho y clases sociales. Bilbao: Desclée de Brouwer, pp. 148-149.
  10. Cibotti, Ema (1987). Cit., pp. 20-25.
  11. La storia…, cit., pp. 77-84.
  12. Devoto, Fernando (1989a). “Los orígenes…”, cit., pp. 174-175. Debemos recordar que los inmigrantes italianos en la Argentina tenían un mayor nivel de alfabetización que los emigrados a EE. UU., lo que, sumado a las condiciones propias del mercado laboral argentino, derivó en la conformación de un importante sector medio. Ver Klein, Herbert (1981). “La integración…”, cit.
  13. Devoto, Fernando (1989a). “Los orígenes…”, cit., pp. 184.
  14. Sábato, Hilda y Cibotti, Ema (1990). Cit., p. 24.
  15. De hecho, las prácticas políticas estaban prohibidas estatutariamente en las asociaciones “mazzinianas”. Ver Devoto, Fernando (1985). “Participación…”, cit., p. 161.
  16. Cibotti, Ema (1987). Cit., pp. 12-13.
  17. Barbero, María Inés (2009). “Estrategias…”, cit.
  18. Cien Años del Círculo Italiano de Buenos Aires. Buenos Aires: Frigerio, 1974.
  19. Bernasconi, Alicia (2018). “Las asociaciones italianas en Argentina entre pasado y presente”. AdVersus, vol. 15, n.º 34, junio, p. 45.
  20. En torno al gran entramado urbano que se estaba desarrollando en San Pablo, las asociaciones italianas de fines del siglo xix se caracterizaron por el patriotismo, el asistencialismo y la construcción de una imagen colectiva. Ver Bertagna, Federica y Tedesco, João Carlos (2015). “Fratelli d’Italia e del Brasile? Associazionismo, immigrazione e dinamiche dell’italianità nel sud del Brasile”. Studi Emigrazione, n.º 199, pp. 395-418. Para el caso de los Estados Unidos, el análisis de estas instituciones en ciudades como Cleveland, Nueva York o Chicago ha servido para analizar el rol que desempeñaron en la integración de los migrantes. Ver Baily, Samuel (1982). “Las sociedades…”, cit., pp. 486-487. Por otra parte, en comparación con las asociaciones italianas de Nueva York, el movimiento mutualista de Buenos Aires tenía mayor capacidad económica, fue mejor administrado y estuvo más unificado, lo que le permitió brindar servicios más amplios a una mayor cantidad de población italiana. La gran mayoría de estas instituciones italianas en Nueva York eran pequeñas y estaban restringidas a inmigrantes de la misma región. A pesar de que hubo algunas que tuvieron una concepción mucho más aperturista, nunca pudieron adquirir una importancia significativa como para conducir las riendas de todo el asociacionismo. Baily, Samuel (1983). “The Adjustment…”, cit., pp. 281-305.
  21. Es necesario recordar que, para enarbolar la bandera italiana en actos públicos, los líderes debían gestionar por medio del representante consular un permiso del gobierno argentino. Al respecto, hemos comprobado que, en las solicitudes encontradas durante nuestra investigación, el permiso era concedido con la recomendación de que también estuviera presente la bandera argentina. Ver Archivo Histórico de la Cancillería Argentina (en adelante: AHCA), División Diplomática y Consular, Caja n.º 475, Exp. n.º 21, “Solicita se conceda a los súbditos italianos residentes en la Capital y las provincias el permiso para enarbolar conjuntamente con la argentina la bandera italiana el 7 de junio para solemnizar el aniversario de la fiesta del Estatuto”, 01/05/1891; AHCA, División Diplomática y Consular, Caja n.º 475, Exp. n.º 31, “Pide se conceda a los italianos residentes en la Capital y las provincias enarbolar bandera italiana con motivo de la ocupación de Roma”, 11/09/1891; AHCA, División Diplomática y Consular, Caja n.º 1.486 bis, Exp. n.º 101, “Solicita autorización para enarbolar bandera italiana en ocasión del xx de septiembre”, 11/09/1914.
  22. Otra importante fecha que reunía a la comunidad italiana era la celebración del aniversario de la ciudad de Roma, el 21 de abril.
  23. Cittadini, Basilio. “El primer ‘xx de septiembre’ en Buenos Aires”. Caras y Caretas, año xix, n.º 990, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1917, p. 54.
  24. Smolensky, Eleonora (2013). Cit., pp. 256-257.
  25. Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Diccionario Biográfico Ítalo-Argentino. Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri.
  26. “Feste per Mazzini. L’Inaugurazione della statua”. La Patria, año ii, n.º 62, Buenos Aires, 19 de marzo de 1878, p. 1.
  27. “La collettività italiana della Argentina a Giuseppe Garibaldi”. La Patria degli Italiani, año xii, Número Extraordinario, Buenos Aires, 19 de junio de 1904, p. 1.
  28. Dosio, Patricia (2010). “El monumento…”, cit., pp. 74-75.
  29. Devoto, Fernando (1989a). “Los orígenes…”, cit., p. 305.
  30. “La collettività italiana della Argentina a Giuseppe Garibaldi”. La Patria degli Italiani, año xii, Número Extraordinario, Buenos Aires, 19 de junio de 1904, p. 1. La organización de un sector importante del empresariado italiano en torno a instituciones económicas también se observa en Uruguay, como la Cámara de Comercio Italiana de Uruguay (1883), primera cámara de comercio italiana en el exterior, y el Banco Italiano del Uruguay (1887). Ver Beretta Curi, Alcides (1982). “El aporte de la inmigración italiana en la formación del empresariado urbano en Uruguay: la constitución de la Camera di Commercio Italiana di Montevideo, 1883-1933”. Studi Emigrazione, n.º 65, pp. 890-910.
  31. “Discorso del Comm. Ambrosetti”, La Patria degli Italiani, año xii, n.º 167, Buenos Aires, 20 de junio de 1904, p. 4.
  32. “Note de cronaca retrospettiva”, La Patria degli Italiani, año xxix, Suplemento Colombino, Buenos Aires, 15 de junio de 1921, p. 3.
  33. “Alla vigilia dell’inaugurazione del monumento Colombo”, La Patria degli Italiani, año xxix, n.º 161, Buenos Aires, 14 de junio de 1921, p. 4.
  34. Gandolfo, Romolo (1992). “Las sociedades…”, cit., p. 323.
  35. “Congresso pedagogico”, La Patria, año v, n.º 6, Buenos Aires, 9 de enero de 1881, p. 2.
  36. “Il primo passo è dato”, La Patria, año v, n.º 7, Buenos Aires, 11 de enero de 1881, p. 1.
  37. “Congreso pedagógico italiano”, La Nación, año xii, n.º 3.107, Buenos Aires, 11 de enero de 1881, p. 1.
  38. “Las escuelas italianas”, El Nacional, año xxix, n.º 10.326, 13 de enero de 1881, p. 1.
  39. Para tener una mayor profundidad de los términos de esta discusión, ver los cuestionamientos y las respuestas del periódico italiano Il Maldicente de los días 16 y 23 de enero de 1881 y El Nacional del 13 al 19 de enero de 1881.
  40. Este pronunciamiento ha sido identificado previamente por Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 149. Ver Sarmiento, Domingo (1900). “Las escuelas italianas. Su inutilidad”, El Nacional, 13 de enero de 1881, reproducido en “Condición del extranjero en América”, en Obras, Buenos Aires: Mariano Moreno, t. xxxvi, pp. 53-57.
  41. Zuccarini, Emilio (1910). Il lavoro degli Italiani nella Repubblica Argentina dal 1516 al 1910. Buenos Aires: Compañía General de Fósforos, p. 402.
  42. “Comitato Onorario” y “Comitato Esecutivo”, La Patria, año vi, n.º 64, Buenos Aires, 20 de marzo de 1881, p. 3.
  43. Ibid.
  44. “Nell’Esposizione”, La Patria, año vi, n.º 65, Buenos Aires, 22 de marzo de 1881, p. 1.
  45. “Exposición italiana”, La Nación, año xii, n.º 3.164, Buenos Aires, 22 de enero de 1881, p. 1.
  46. “La mostra italiana”, La Patria Italiana, año x, n.º 27, Buenos Aires, 2 de febrero de 1886, p. 1.
  47. “Discorso del presidente della repubblica”, La Patria Italiana, año x, n.º 27, Buenos Aires, 2 de febrero de 1886, p. 1.
  48. Primo Congresso delle Società Italiane. Atti e documenti. Buenos Aires: Tipografia Industriale di Alessandro Itter, 1891, pp. 4-5.
  49. Ibid.
  50. Ibid.
  51. Un artículo del periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, consideraba que el ascenso del régimen fascista había logrado eliminar el carácter anticlerical que había tenido la celebración del xx Settembre y potenciar el proceso de exacerbación del nacionalismo iniciado en 1914, con el propósito de terminar con las divisiones internas. Este fue transcripto a Cancillería por el embajador de Argentina ante la Santa Sede, Manuel García Mansilla. Ver AHCA, División Política, Caja n.º 2197, Exp. n.º 11, “Conmemoración de fechas históricas”, 05/11/1923.
  52. Primo Congresso…, cit., pp. 7-9.
  53. Ibid., pp. 13-27.
  54. “Il congresso del xx Settembre”, La Patria Italiana, año xv, n.º 223, Buenos Aires, 18 de septiembre de 1891, p. 1.
  55. “Il 20 de settembre a Buenos Aires”, La Patria Italiana, año xv, n.º 226, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1891, p. 1.
  56. Primo Congresso, cit., pp. 29-32.
  57. Ibid.
  58. Ibid., pp. 54-56.
  59. Ibid.
  60. “Federación de las Asociaciones Italianas”. Caras y Caretas, año xix, n.º 990, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1917, p. 48.
  61. Acta de la primera asamblea de delegados de la Federación de Asociaciones Italianas, 29 de mayo de 1912.
  62. “Una seduta memorabile. Splendida manifestazione d’italianità”. La Patria degli Italiani, año xx, n.º 147, Buenos Aires, 30 de mayo de 1912, p. 8.
  63. Bertagna, Federica (2007b). “Muestras…”, cit.
  64. Arturo y Barbieri, Santino (Eds.) (1923). Gli italiani nel Sud America ed il loro contributo alla guerra 1915-1918. Buenos Aires: Secondo Betta & Figli, p. 21.
  65. “L’Imponente comizio al ‘Victoria’”. La Patria degli Italiani, año xxiii, n.º 145, Buenos Aires, 28 de mayo de 1915, p. 5.
  66. Arigoni, Arturo y Barbieri, Santino (Eds.) (1923). Cit., p. 22.
  67. Ibid.
  68. Arigoni, Arturo y Barbieri, Santino (Eds.) (1923). Cit., p. 26.
  69. Ibid., pp. 25-26.
  70. Ibid., pp. 38-43.
  71. Ibid., pp. 56-57.
  72. Ibid.
  73. Ibid., pp. 44-45.
  74. Ibid.
  75. Ibid., p. 260.
  76. “Federazione”. La Patria degli Italiani, año xxvi, n.º 269, Buenos Aires, 29 de septiembre de 1918, p. 3.
  77. “La Federazione generale”. La Patria degli Italiani, año xxvi, n.º 270, Buenos Aires, 30 de septiembre de 1918, pp. 3-4.
  78. “Federazione Generale”. La Patria degli Italiani, año xxvi, n.º 270, Buenos Aires, 30 de septiembre de 1918, pp. 3-4.
  79. Censo, C. N. (1916). Tercer Censo Nacional, 1914. Buenos Aires: Talleres Gráficos L. J. Rosso, Tomo X, p. 306.
  80. Arigoni, Arturo y Barbieri, Santino (Eds.) (1923). Cit., pp. 239-241.


Deja un comentario