Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

7 Los grupos dirigentes y la cultura oficial italiana luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial

Como hemos mencionado en capítulos anteriores, desde el surgimiento de la República de Italia, se reconocieron nuevos derechos para los ciudadanos residentes en el extranjero. Durante ese proceso, los líderes de la comunidad italiana de la Argentina canalizaron muchas demandas del grupo a los funcionarios de su país de origen y lograron la sanción de leyes que se tradujeron en beneficios concretos.

A lo largo de este capítulo, intentaremos demostrar que, durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, la promoción de diversos emprendimientos culturales por parte de Italia respondía a una política concreta en la búsqueda de fortalecer la actividad turística y el “consumo étnico”, pero también a reclamos de los propios inmigrantes italianos en la Argentina. Para cumplir con este propósito, analizaremos el rol de los dirigentes del asociacionismo en la divulgación de la cultura oficial italiana en la Argentina. Consideramos que la promoción de la “italianidad” en el grupo adquirió particularidades sumamente relevantes luego de la posguerra de la Segunda Guerra, ya que el Estado italiano estableció políticas concretas tendientes a fortalecer la identidad cultural en los emigrados. Por tal motivo, comenzaremos analizando de qué manera expresaban los líderes su identidad nacional y cómo ponían de manifiesto su “italianidad”.

Luego nos centraremos, a partir del estudio de distintas publicaciones, en el modo en que los periódicos italianos de la Argentina difundían la cultura italiana. Debemos señalar que los periódicos italianos en el extranjero constituyeron un canal de diálogo entre Italia y los emigrados. La gran mayoría de la información que aparecía en estas publicaciones sobre su país de origen provenía de las agencias de noticias constituidas para esos fines. A su vez, estas publicaciones se posicionaron como sostenedoras del idioma y de la cultura italiana en el extranjero.

Posteriormente, estudiaremos algunos de los reclamos y pedidos de los líderes de la comunidad italiana de la Argentina a las autoridades de su país de origen, orientados al financiamiento de instituciones y emprendimientos culturales. Esto nos permitirá comprender cuáles fueron los aspectos que los dirigentes creían necesario respaldar. Del mismo modo, pondrá en evidencia cuáles eran aquellas entidades que el grupo consideraba importante sostener para el fortalecimiento de sus identidades colectivas.

Además, hemos investigado el desarrollo de algunos eventos organizados por el gobierno de Italia en la Argentina. Entendemos que la promoción de actos culturales y festejos, algunos de los cuales tuvieron una importante convocatoria, constituyeron una forma de intervención con el fin de promover la identidad italiana. Consideramos que la creación y el sostenimiento de diversas instituciones con fines culturales fortalecieron la identidad cultural italiana en la Argentina.

Finalmente, analizaremos la imagen colectiva que los líderes del asociacionismo comenzaron a difundir acerca de sí mismos. Observamos que, a partir de la década de 1960, hubo un importante cambio en la percepción de los inmigrantes italianos de la Argentina por parte de la sociedad receptora. La revalorización de estos inmigrantes en la constitución de la identidad nacional marcó un giro respecto a la visión peyorativa que se tenía de ellos a principios del siglo xx. En este nuevo contexto, la promoción de la cultura italiana en la Argentina tuvo una fuerte aceptación en la sociedad local, al tiempo que favoreció que hijos y nietos de inmigrantes italianos reconocieran este aspecto de su identidad.

El desarrollo de estos temas nos permitirá comprender de qué modo el fortalecimiento de los lazos de los inmigrantes con su país de origen fue determinante para el sostenimiento del asociacionismo italiano en la Argentina y cómo el reconocimiento de los derechos culturales, sociales y políticos de los italianos residentes en el extranjero logró mantener la unidad del grupo, al tiempo que contribuyó al funcionamiento de la vida asociativa hacia el último tercio del siglo xx.

7.1. La “italianidad” y los líderes de la comunidad italiana de Buenos Aires a partir de 1960

Desde la caída del régimen fascista, en la comunidad italiana de la Argentina se produjo un proceso de redefinición de lo que representaba la “italianidad”.[1] Recordemos que el acuerdo alcanzado entre fascistas y antifascistas para reposicionar a FEDITALIA estaba determinado por la apoliticidad que la Federación debía sostener. Las gestiones de Vicenzo Taddei, Franco Garofalo y Mario Anfossi mantuvieron esta característica, por lo que durante sus mandatos no hubo grandes cuestionamientos ni resistencias.

En este sentido, es posible afirmar que ambos grupos dirigenciales –fascistas y antifascistas– continuaron manteniendo sus posicionamientos políticos bajo el presupuesto de que debían evitarse los enfrentamientos en los espacios de encuentro. A lo largo de este apartado, intentaremos demostrar que, si bien los sectores fascistas de la comunidad italiana en la Argentina se habían alejado de los cargos dirigenciales más relevantes, continuaron manifestando su ideología públicamente, mientras que los líderes antifascistas actuaron como los representantes de todo el grupo.

Consideramos necesario realizar un análisis detallado de algunos de los periódicos italianos fascistas de Buenos Aires de este período. Comenzaremos mencionando a Giornale d’Italia, que había vuelto a publicarse en 1931 con una línea fascista independiente y que, a pesar de que nunca pudo recuperar el lugar preponderante de sus primeras décadas, continuó con su publicación hasta 1982.[2]

Entre los periódicos italianos de este período, quizás el caso más llamativo sea el de Italia d’Oltremare. Comenzó en 1925 siendo una revista de publicación mensual abiertamente fascista llamada Terra d’Oltremare, para cambiar su nombre –a Italia d’Oltremare– con la llegada de Davide Fossa a su dirección, luego de la Segunda Guerra Mundial.[3] A pesar de la caída del régimen, Italia d’Oltremare continuó haciendo propaganda fascista en la Argentina, y Fossa rivalizó abiertamente a través de distintas columnas con Ettore Rossi respecto al rumbo que debía tener la conducción de los espacios de representación de la comunidad italiana de la Argentina.[4]

Finalmente, debemos mencionar al periódico Risorgimento. Esta publicación fue creada en 1946 por Francesco di Giglio, miembro del Movimiento Social Italiano (MSI), partido político en el que participaron muchos fascistas luego de la caída del régimen. Como ya hemos mencionado, Risorgimento logró posicionarse como uno de los principales impulsores de las ideas fascistas en la Argentina luego de la Segunda Guerra Mundial y fue uno de los periódicos que mayor ayuda económica recibió por parte del gobierno peronista.[5]

Esta breve descripción de los periódicos fascistas durante los años de posguerra permite comprender el éxito del Corriere degli Italiani, el único de los grandes periódicos plenamente integrado con la línea política oficial del gobierno italiano y que materializaba el proyecto de “pacificación” que los dirigentes locales querían llevar a cabo en la comunidad italiana de la Argentina. La figura de su director, Ettore Rossi, cobró aún más notoriedad en el grupo por sus logros durante este periodo que por su rol en los años previos, en los cuales había participado activamente en la lucha antifascista en la Argentina –como ya hemos señalado–.

La lectura sistemática de Giornale d’Italia, Italia d’Oltremare y Risorgimento, de las publicaciones correspondientes al período posterior a la posguerra de la Segunda Guerra, nos permitió identificar algunas de las principales instituciones en las que transcurría la vida asociativa de los fascistas a través de distintos encuentros, poniendo de manifiesto vínculos políticos. También nos ha permitido comprender la manera en que se redefinieron las identidades colectivas de este sector dirigencial. En las páginas de estos periódicos, quedaron reflejadas muchas ideas de los líderes fascistas durante las décadas de 1950 y 1960. Son estos los temas los que nos proponemos desarrollar en los siguientes párrafos.

Comenzaremos haciendo referencia al elenco de las principales asociaciones partidarias que nucleaban a los fascistas: la sección xxiii Marzo de la agrupación Repubblica Sociale Italiana, que llevaba la fecha en la que Mussolini creó los Fasci di Combattimento en 1919; la xxviii Ottobre, día de la Marcha sobre Roma; y, al menos por un tiempo, la Reduci di Guerra, que era la asociación de los excombatientes.[6]

Estas instituciones organizaban celebraciones de fechas importantes para el grupo y participaban en ellas. Por ejemplo, el aniversario del nacimiento de Mussolini, el 29 de julio de 1883; la creación de los Fasci di Combattimento, el 28 de marzo de 1919; la conmemoración de la Marcha sobre Roma, el 28 de octubre de 1922; la celebración anual de la liberación de Mussolini, ocurrida el 12 de septiembre de 1943; entre otras.[7] Las crónicas periodísticas de todos estos encuentros nos permiten hablar de una profunda ritualidad centrada en la vida de Mussolini y su trayectoria política, tendiente a mantener vivo al fascismo incluso veinte años después de la caída del régimen.

Algunos de los principales dirigentes de este movimiento fascista fueron Vittorio Mussolini, hijo de Benito, quien se radicó por unos años en la Argentina y tuvo una intensa participación en este ámbito; los exdirigentes de FEDITALIA Giuseppe Grillo, Luigi Gianturco y Luigi Giusti; Manilo Bendoni, presidente general de la asociación Repubblica Sociale Italiana; Luigi Provenzale, delegado en Argentina del MSI; Francesco Paolo Giordano, presidente y fundador de la Reduci di Guerra; y Giuseppe Pappa, de la agrupación xxviii Ottobre. A esta lista podemos agregarle a aquellos que estuvieron vinculados al peronismo a través de la Asociación Argentina Amigos de Italia, como Eduardo Olivero; y a quienes lo hicieron a través de la sección italiana del MPE, como Vitale Vitali y Giovanni Massa. Tanto Olivero como Vitali y Massa solían participar en distintas celebraciones fascistas. Por otra parte, debemos mencionar a los más destacados miembros del periódico Italia d’Oltremare, como Heros Giusti y Davide Fossa. También siguió siendo un líder bastante importante durante este período Vittorio Valdani,[8] e incluso no era extraño que, en algunas de esas celebraciones, participase el empresario Agostino Rocca.[9]

Para identificar los vínculos políticos de estos dirigentes, hemos realizado un análisis del periódico Italia d’Oltremare durante toda la década de 1960 y principios de 1970. En primer lugar, debemos mencionar que en esta publicación aparece una marcada presencia de los posicionamientos del MSI refiriendo a lo que ocurría en la península.[10] Esto no es extraño, ya que el director del periódico, Davide Fossa, que compartía distintos ámbitos con representantes de este partido en la Argentina, era un activo militante de esta fuerza política e incluso llegó a ser orador en diferentes congresos del MSI en Italia.[11]

Una observación interesante durante el transcurso de esta investigación surgió a partir de la identificación de las publicidades que recibió Italia d’Oltremare, ya que hemos notado entre sus páginas una marcada presencia de la empresa estatal Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (SEGBA) entre los años 1958 y 1968. En muchas de sus publicaciones, la imagen de la compañía llegó a ocupar una página entera. Las publicidades de esta firma también eran frecuentes en Corriere degli Italiani, aunque en menor medida y relevancia. Es posible pensar que, además de la contribución de las empresas italianas en el país a estos periódicos por medio de publicidad, el Estado argentino también decidiera brindarles una ayuda económica de manera indirecta sin importar el posicionamiento político ni la orientación ideológica de las publicaciones.

Respecto a las identidades principales de estos dirigentes fascistas de posguerra, podemos afirmar que en ellos la acción política se mezclaba con un poco de nostalgia, misticismo religioso y reivindicación de su trayectoria. En los aniversarios y las conmemoraciones, se hablaba de los presentes como “fieles”. Incluso llegó a cobrar fuerza la idea de crear una “Ordine dei fedeli Mussolini”, impulsada por el propio Vittorio Mussolini en 1960.[12] Un año más tarde, Davide Fossa continuaba apoyando este proyecto, cuyo objetivo principal sería la difusión de las ideas “mussolinianas”, y mencionaba que la orden debía estar abierta a todos aquellos que apoyaran el orden jerárquico, la justicia, la familia, la patria y los diez mandamientos.[13]

Respecto a la conducción de los espacios más tradicionales de la comunidad italiana de la Argentina, hemos observado que, en las páginas de Italia d’Oltremare, solía manifestarse un posicionamiento crítico moderado. La sección “Vitta della collettività” pasó a denominarse “Vita, morte e miracoli della collettività”, lo que puede ser entendido como una forma de expresar un desacuerdo con la conducción dirigencial. En este espacio, que generalmente aparecía en las páginas centrales del periódico, solían destacarse las noticias más trascendentes de las asociaciones italianas combinadas con la información de las entidades que los dirigentes fascistas conducían. Los cuestionamientos más importantes solían manifestarse cuando no se le otorgaba a este grupo dirigente la valoración con la que se percibía.[14]

Imagen 6. Misa celebrada en Buenos Aires en honor a Mussolini

Foto en blanco y negro de un grupo de personas de pie  Descripción generada automáticamente

Fuente: Italia d’Oltremare, Año xli, n.º 1.065-1.208, Buenos Aires, 17-30 de abril de 1966, p. 3.

Luego de esta descripción del sector fascista, mencionaremos algunos aspectos de la dirigencia italiana de Buenos Aires que conducía los espacios más tradicionales. El análisis de su órgano de difusión más importante, Corriere degli Italiani, evidencia un apoyo a los distintos gobiernos de la DC –no habiendo cuestionamientos ni reclamos de trascendencia, salvo en las demandas concretas–. En esta publicación también es posible analizar cómo se fue reconstruyendo la identidad cultural del grupo.[15] A través de su lectura, observamos que la principal celebración promovida por los dirigentes de este sector era el aniversario de la República de Italia en conmemoración del referéndum popular del 2 de junio de 1946.[16] Eventualmente, fueron recordadas otras fechas, como la unificación italiana o el xx Settembre, pero estas dejaron de tener la centralidad que habían tenido en el pasado. Es posible pensar que, en vistas a la alianza entre los sectores democráticos de centro y centro-derecha con la Iglesia católica, se haya tornado más complejo reivindicar estos aniversarios. Por tal motivo, entendemos que el aniversario de la República era la fiesta ideal para consolidar la nueva “italianidad” en consonancia con la política de “pacificación” dispuesta por el gobierno italiano.

En lo que respecta a la actividad de FEDITALIA, la institución buscó evitar el conflicto con los fascistas y abogó por construir una identidad superadora del pasado reciente. Hacia fines de la década de 1950, organizó un evento al que denominó como la “cena de la amistad”, orientada a reunir distintas personalidades y dirigentes de todo el arco político que no participaban asiduamente en el día a día de la Federación. Durante estos encuentros se presentaban algunos lineamientos y proyectos venideros en un ámbito de confluencia entre los sectores dirigenciales enfrentados.[17]

Eran tiempos en los cuales las demandas de los emigrados al gobierno italiano comenzaban a posicionarse entre sus principales intereses. Los dirigentes de la Federación supieron comprenderlo y encausaron estas reivindicaciones actuando como nexo entre la comunidad y los funcionarios del gobierno italiano. Es posible pensar que en ese contexto las diferencias tendieran a quedar de lado y que cobraran mayor relevancia aquellos aspectos comunes del grupo.[18]

Del análisis de los capítulos anteriores, se desprende que tanto los comités de bienvenida a los presidentes italianos Gronchi y Saragat, como los consejos directivos de la propia FEDITALIA estaban compuestos por líderes de ambos sectores –fascistas y antifascistas–. Esto nos permite afirmar que las diferencias seguían vigentes, pero que había espacios propicios en los que podían expresarse y ámbitos articuladores donde se buscaba fortalecer aquello que acercaba posiciones.

Al respecto, es interesante recuperar las palabras dedicadas por Davide Fossa, director de Italia de Oltremare, ante el fallecimiento de Ettore Rossi, fundador del Corriere degli Italiani. En este artículo expresó que, a pesar de los más de diez años de discusiones y debates públicos fundados en cuestiones políticas, en los escasos encuentros personales mantenidos siempre había primado un cordial diálogo, algo que los “ultras de los dos bandos no comprendían”. Reconocía en Rossi una conducta intachable y coherente con sus ideas políticas, a pesar de que eran irreconciliables con las suyas. También sostuvo que el periodismo perdió “un combatiente de calidad superior”; y la comunidad, “uno de sus servidores más fieles”.[19]

Algo similar ocurrió en 1964 ante el fallecimiento de Vittorio Valdani, ferviente promotor del fascismo hasta su muerte. Vittorio Fabrizi, presidente de FEDITALIA, pronunció unas profundas palabras en la reunión de consejo directivo, destacando que Valdani merecía el título de “Patriarca de la Colectividad”; y promovió la organización de un acto homenaje en la Dante Alighieri de Buenos Aires.[20] Recordemos que desde 1944 esta institución estaba conducida por Dionisio Petriella, reconocido antifascista.

Estos dos acontecimientos nos permiten comprender el grado de tolerancia entre los sectores dirigenciales durante la década de 1960, a pesar de que reivindicaban una identidad nacional con matices diferentes. Si bien ambos grupos tenían posicionamientos contrapuestos, al menos había respeto entre sus principales referentes. Esto permitió construir un consenso que se asentó sobre determinados aspectos, entre los que podemos destacar la conducción de los principales espacios del asociacionismo por parte del sector antifascista; la no utilización de estos espacios para hacer propaganda política; la no exclusión de los fascistas de estos ámbitos; y la construcción de una nueva “italianidad”. Esta identidad colectiva reivindicaba la historia y la cultura italianas, omitía las discusiones acerca del pasado reciente y aceptaba la democracia de la nueva República. Un aspecto que quizás merezca un ulterior desarrollo es el rechazo de los dos grupos dirigentes hacia el comunismo en contexto de la Guerra Fría.[21]

Por último, nos interesa destacar una de las decisiones que tomó la dirigencia de FEDITALIA ante la muerte de Valdani, presidente honorario de la institución: a las pocas semanas, la Federación decidió entregarle el título al empresario Agostino Rocca, en quien recayó el cargo de “Capo Morale della Collettività”.[22]

Es posible pensar que el “éxito económico” y su constante participación en el asociacionismo, sumados al financiamiento de diversos emprendimientos, hayan proyectado a Rocca como el principal referente de la comunidad italiana de la Argentina. Consideramos que los fascistas aceptaron gustosos la exaltación de este dirigente, mientras que los antifascistas no se detuvieron en cuestionar su posicionamiento ideológico debido a una cuestión pragmática. Rocca parecía adscribir por aquellos años a un fascismo nostálgico, ya que aceptaba la transformación republicana que atravesaba Italia. Siendo un antiguo funcionario del régimen fascista, esto lo convertía en un exponente de la “pacificación”. Desde su rol de empresario, podía aportar al grupo sus lazos personales, tanto en Italia como en la Argentina, constituyendo un importante capital social para la comunidad.[23]

7.2. La cultura oficial de Italia en los periódicos italianos de Argentina

Desde mediados de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, el proceso de reconstrucción en Italia estuvo atravesado por los esfuerzos por superar las divisiones internas, apelando al fortalecimiento de una identidad común denominada “italianidad”. En un comienzo esta identidad se fortaleció a partir del predominio del centralismo estatal que postergó la autonomía que debían tener las distintas regiones del país.[24] Realizada esta salvedad, y para abordar en profundidad este tema, comenzaremos describiendo el modo en que funcionaron los periódicos italianos en el exterior.

A partir de la posguerra de la Segunda Guerra, los periódicos italianos en el extranjero estuvieron reunidos en la Federazione della Stampa Italiana all’Estero (FSIE), organización que había surgido en Roma por iniciativa del senador Giuseppe Caron (DC) en 1958. Su principal objetivo era contribuir al sostenimiento de la prensa italiana que había emergido fuera de la península. Sin embargo, la Federación mantuvo un estilo de conducción desconectado de la realidad de la comunidad emigrada. La presidencia de la institución estuvo siempre bajo la órbita de la Democracia Cristiana, y las publicaciones de este órgano tuvieron una marcada línea política. Prueba de esto era la sobrerrepresentación de los periódicos católicos italianos. El malestar generado por el manejo de la FSIE condujo a su refundación en 1971. Durante la celebración del Congresso Mondiale della Stampa Italiana all’Estero, fue rebautizada como Federazione Mondiale della Stampa Italiana all’Estero (FMSIE) y pasó a ser dirigida por Umberto Ortolani.[25]

Desde la segunda mitad del siglo xx, el asociacionismo se estableció como uno de los principales canales de comunicación entre la comunidad emigrada y el gobierno italiano. Dentro de esta estructura, las escuelas italianas radicadas fuera del país y los periódicos eran considerados como sostenedores de la cultura italiana en el extranjero.[26] Sin embargo, estas publicaciones sufrieron una profunda crisis económica para mediados de la década de 1970.[27]

En 1974 Corriere degli Italiani anunció a sus lectores que estaba atravesando problemas financieros y comenzó a organizar campañas extraordinarias de suscripción y donaciones, al tiempo que instó a las empresas italianas en el país a apoyar el sostenimiento de esta publicación.[28] En respuesta, L’Eco D’Italia intentó mostrar que la crisis de los periódicos italianos en el extranjero era general. En un artículo publicado en mayo de 1974, comentaba que en 1966 había ciento setenta y cuatro periódicos italianos presentes en veinticuatro países, los que producían una tirada de ciento cuarenta millones de copias anuales. Como muestra de la crisis, informaba que en 1970 el número de periódicos se había reducido a ciento veintiunos, con una tirada anual de cien millones de copias. Además, mencionaba que, si esta tendencia continuaba manteniéndose en países como Alemania, Suiza, Argentina, Canadá, Estado Unidos y Turquía, se iba a perder una parte importante de la cultura italiana.[29]

Aquí hay un aspecto interesante que señalar: el propietario del Corriere degli Italiani desde 1960 era el presidente de la Federazione Mondiale della Stampa Italiana all’Estero (FMSIE), Umberto Ortolani. Por tal motivo, este periódico omitía hablar de una crisis generalizada de la prensa italiana en el extranjero, ya que hacerlo era reconocer una situación que se extendía a la mayoría de las publicaciones. Sin embargo, una situación tan evidente de crisis en el Corriere degli Italiani no podía ser negada.[30]

En otro artículo, L’Eco D’Italia informaba a sus lectores la situación de la prensa italiana en la Argentina: Giornale d’Italia había pasado de ser diario a bisemanario; Voce d’Italia, de semanario a mensual; y Corriere degli Italiani, de diario a semanario –reduciendo sus páginas–. Muchos periódicos, incluso, no tenían fechas fijas de publicación, tal el caso de Italia del Popolo o Italia d’Oltremare. En Uruguay, L’Ora d’Italia se mantenía gracias al sostenimiento personal de Umberto Ortolani, pero había pasado de ser un semanario a publicarse cada quince días. L’Eco D’Italia explicaba a sus lectores el importante esfuerzo que hacía para sostener una publicación semanal, ya que, a pesar de que tenía su propia imprenta, no recibía apoyo de las grandes empresas italianas. Estaba convencido de que, pese a su corta trayectoria, el hecho de contar con imprenta propia le permitía resistir la crisis mejor que el resto de las publicaciones. Sin embargo, el periódico entendía que la ayuda que pudieran brindar las grandes empresas italianas en la región podía resultar en una solución transitoria a esta crisis general.[31]

Luego de la celebración de la Conferenza Nazionale del Emigrazione de 1975, el gobierno italiano estableció un fondo de ayuda a los periódicos italianos en el extranjero que sería canalizado a través de la FMSIE. Este importante reconocimiento se obtuvo luego de que los voceros de esta entidad se expresaran en la conferencia y de que se llevara a cabo el II Congresso Mondiale della Stampa Italiana all’Estero. El debate sobre los criterios de asignación de estos recursos y la necesidad de acelerar los tiempos de su implementación impulsó una mayor organización de los periódicos italianos en la Argentina. A pesar de estos respaldos circunstanciales, hubo que esperar algunos años más para que el Estado instaurara una ayuda regular que garantizara el funcionamiento de los periódicos italianos en el extranjero.[32] En 1981 se sancionó en Italia la Ley n.º 416 para el sostenimiento de las publicaciones italianas en el exterior, con lo que se formalizó así la contribución económica.[33] Como consecuencia de esto, hubo un aumento considerable de nuevos periódicos, como hemos mencionado en el quinto capítulo al describir las publicaciones creadas entre los años 1975 y 1993 por Gaetano Cario, propietario de L’Eco D’Italia. Estos periódicos estaban orientados a públicos más acotados, como los de las comunidades regionales de distintas ciudades de la Argentina integradas por inmigrantes calabreses, sardos, campanos y abruzos.[34]

En cuanto al desarrollo de su contenido, los periódicos italianos en el extranjero se valieron del servicio de agencias de noticias, las que se constituyeron en la principal fuente de información en lo referente a la actualidad italiana y del resto del mundo. En el caso de L’Eco D’Italia, esta información provenía de la Agenzia Nazionale Stampa Associata (ANSA), Agenzia Internazionale Stampa all’Estero (AISE) e INFORM.[35]

La información cultural que se reproducía en las páginas del L’Eco D’Italia, tanto artículos como fotografías, provenía de estas fuentes. Por tal motivo, la mayoría de los artículos no aparecían firmados, ya que se trataba de reproducciones de la información desarrollada por las agencias de noticias. Esta sección funcionaba como un difusor de la cultura italiana oficial, privilegiando el cine, el teatro, la literatura, la ópera y la música clásica. El propósito era dar a conocer los principales acontecimientos que se desarrollaban en Italia y su repercusión en el resto del mundo.[36]

Sin embargo, estos no fueron los únicos aspectos de la cultura oficial con los que L’Eco D’Italia contribuyó a la construcción y el fortalecimiento de la “italianidad”. Por un lado, tuvieron una importancia destacada aquellas empresas con fuerte presencia en el extranjero, siendo presentadas como representantes de Italia en el mundo. Así, era habitual ver artículos sobre los últimos modelos de las automotrices italianas como Ferrari, Lamborghini, Maserati, Alfa Romeo o Fiat, entre otras. En ellas se destacaba el progreso y los avances de esta industria, al tiempo que se las mostraba como “casos de éxito” y del valor de lo que representaba Italia para el mundo.[37]

Por otra parte, las fotos de distintos lugares de la península contribuyeron a revalorizar el patrimonio cultural, al tiempo que promocionaban el turismo, actividad comercial en auge durante este período.[38] Incluso en la misma página donde se publicaban estos artículos, aparecía publicidad de agencias de viaje que operaban en la Argentina. Después de la segunda mitad de la década de 1970, Tribuna Italiana difundió la iniciativa gubernamental del turismo de retorno e incluso se lamentaba por su mala implementación.[39] Para el caso de muchos de los inmigrantes italianos de la Argentina, la posibilidad de regresar a su país de origen dependía de haber alcanzado una situación económica estable, algo que no siempre ocurría.

Durante los primeros años de Tribuna Italiana, la sección de cultura incluía una nota en español que describía algunos atractivos turísticos de Italia.[40] Si bien no se sostuvo en el tiempo, puede ser entendida como un intento de acercamiento a los hijos de inmigrantes al brindarles información sobre determinados lugares, a fin de evitar así un posible obstáculo idiomático. No es casualidad que las fotos incorporadas a los artículos fueran provistas por Ente Nazionale Italiano per il Turismo (ENIT).[41]

Desde la segunda mitad del siglo xx, los periódicos italianos de la Argentina reflejaron la importante presencia del ENIT, que cuenta con oficinas propias en el país desde 1934. A través de la realización de diversos eventos y de la publicidad, el ente buscaba promocionar el turismo a Italia. Por ejemplo, con motivo de la realización del mundial de fútbol de 1978 y aprovechando la presencia de medios internacionales, el ENIT organizó una exposición que contó con la visita del director general, Claudio Bonvecchio.[42] Esto no fue algo nuevo, ya que había organizado diversas actividades desde la década de 1950.[43] El ENIT continuó promocionando el turismo a Italia en la Argentina durante varios años, incluso asociado con empresas privadas.[44] Hacia fines de la década de 1990, el ENIT seguía siendo importante para la comunidad. En 1997, ante la sospecha de cierre de la oficina de esta agencia en Buenos Aires, hubo un fuerte rechazo por parte de los dirigentes debido al importante rol que, a su entender, había desempeñado durante tantos años.[45]

Resulta sumamente interesante destacar que, a partir de la década de 1980, podemos observar en las páginas de L’Eco D’Italia una fuerte promoción de la consolidación de la Comunidad Europea. Durante los primeros años de la recuperación democrática, se percibe una destacada valoración hacia el Movimiento Federalista Europeo.[46] En estos artículos se indicaba a los lectores cómo debía confeccionarse la bandera europea; se presentaba esta unión entre países como la vía “natural” para la consolidación; también se le dedicó un informe especial al trigésimo aniversario de la conformación de este bloque.[47]

A partir de esto, es posible pensar el proceso de reconstrucción identitaria de los inmigrantes italianos de la Argentina luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Hasta la década de 1970, los esfuerzos estuvieron centrados en consolidar la unión nacional y en superar las divisiones internas a partir de una identidad común, es decir, la “italianidad” –como ya hemos señalado–.[48]

Superada esta etapa, en Italia se brindó mayor autonomía a las distintas regiones, las que se centraron en valorizar aquellos aspectos culturales distintivos, como el dialecto, las celebraciones locales o el vínculo con las comunidades en el extranjero.[49] En paralelo, a partir de la década de 1980, se observa en las páginas de L’Eco D’Italia una mayor valoración hacia Europa abogando por un vínculo social, económico y político con los países del continente.

Por otra parte, debemos resaltar el proceso de construcción de identidades colectivas de los propios inmigrantes italianos en la Argentina. Luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, y a diferencia de lo que ocurrió a principios de siglo xx, la inmigración italiana fue considerada positivamente por su aporte a la construcción de la sociedad argentina, al igual que ocurría con el resto de los inmigrantes europeos. Esto contrastaba con la percepción peyorativa que se tenía, e incluso aún se tiene, sobre la inmigración proveniente de países limítrofes y de otros países de Latinoamérica.[50]

7.3. Los dirigentes del asociacionismo y la promoción de la cultura italiana

A partir de la década de 1960, cobraron mayor visibilidad los reclamos vinculados a ciertos derechos culturales y el pedido de soluciones concretas a determinados problemas de los emigrados por parte de los dirigentes de la comunidad italiana a las autoridades de su país de origen. En este apartado nos proponemos analizar la cultura italiana en la Argentina durante la segunda mitad del siglo xx y las demandas que los líderes del asociacionismo realizaron en este contexto, teniendo en cuenta que el caso de los periódicos italianos de la Argentina ya ha sido abordado en el apartado anterior. Algunos de estos reclamos pueden parecer menos relevantes que otros o incluso reducidos a un sector minoritario de la comunidad italiana de la Argentina. Es importante mencionar que presentaremos las principales demandas de la dirigencia a las autoridades y los representantes oficiales de Italia, por lo que entendemos que estas peticiones pueden estar atravesadas por los particulares intereses de los líderes. De todas formas, el objetivo principal de este apartado será determinar qué proyecto de liderazgo se intentó construir a partir de aquellos reclamos.

En primer lugar, mencionaremos al Istituto Italiano di Cultura (IIC) de Buenos Aires, considerado como la institución más importante para la promoción cultural del Estado italiano en la Argentina. Surgió en 1937 bajo la denominación de Centro di Studi Italiani di Buenos Aires, cerró temporalmente sus puertas a causa de la Segunda Guerra Mundial,[51] volvió a abrirlas a principios de la década de 1950 y continúa en funcionamiento en la actualidad.[52] El principal activo cultural de este instituto es la biblioteca Benedetto Croce, la más grande de todas las de los IIC del mundo hacia mediados de la década de 1990.[53] Esto explicaría la continua participación del instituto en distintas ediciones de la Feria del Libro de Buenos Aires con un stand destinado a la promoción de la cultura italiana.[54]

Desde el surgimiento del IIC Córdoba, en 1986, esta institución ha dividido el territorio nacional en dos secciones: la sede cordobesa, con injerencia en el norte del país; y la oficina porteña en el resto de las provincias. En la actualidad, sus funciones están establecidas por la Ley n.º 401/90 e incluyen la promoción de iniciativas, eventos culturales y exposiciones, el establecimiento de vínculos con el mundo de la cultura, y el apoyo a iniciativas para el desarrollo cultural de las comunidades italianas en el extranjero, entre otras.[55]

Un rasgo en común de estos institutos italianos es que dependen del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con instituciones de similares características de los países de Europa Occidental, como la Alianza Francesa, el Goethe Institut y el British Council, que no están ligados a alguna autoridad ministerial, lo que les da la posibilidad de tener mayor autonomía. Los empleados de los institutos italianos de cultura están incluidos, desde la sanción de la Ley n.º 401/90, en la carrera del Ministerio de Asuntos Exteriores. Es posible pensar que esto se deba, en parte, a la propia historia de estas instituciones, ya que, habiendo nacido bajo el régimen fascista en 1926, adecuaron su funcionamiento propagandístico a los parámetros de la República de Italia. A pesar de contar con la decisión política de fomentar y dirigir la promoción cultural en el extranjero, los institutos italianos de cultura tuvieron siempre magros presupuestos en comparación con los de entidades similares de otros países europeos.[56]

En la Argentina, el IIC estableció acuerdos culturales con diversas instituciones locales y organismos de gobierno. También recibió a una importante cantidad de intelectuales, artistas y personalidades destacadas de Italia que visitaron el país y brindaron diversas conferencias. A su vez, en la sede del instituto, se han llevado a cabo exposiciones y muestras de pintores italianos al tiempo que se han organizado giras teatrales de compañías italianas en instituciones locales.[57]

Durante la década de 1960, los líderes italianos de Buenos Aires reclamaban una mayor consideración por parte del gobierno peninsular hacia las políticas de promoción cultural en su país de destino. Señalaban que el Istituto Italiano di Cultura debía trabajar de forma coordinada con el asociacionismo y contar con una mayor asignación presupuestaria.[58] Si bien las actividades del IIC eran promocionadas en los periódicos italianos de Buenos Aires con alguna regularidad, lo cierto es que este organismo dependía directamente del gobierno italiano y los líderes locales casi no tenían injerencia en él.

En segundo lugar, y como hemos señalado anteriormente, el Estado italiano financiaba a las instituciones educativas de la comunidad. En este sentido, las escuelas italianas fueron alterando su función social. Al comienzo, fueron las sociedades mutuales del siglo xix las que crearon sus propias escuelas para acoger a los hijos de los italianos ante el déficit del sistema educativo argentino. Estas instituciones mantenían los lazos con el país de origen al tiempo que promovían y difundían la lengua y la cultura italianas.[59]

Sin embargo, esta situación fue cambiando progresivamente gracias a la extensión de la propuesta educativa a toda la población por parte del Estado argentino. También influyó la visión crítica que se fue desarrollando respecto a estas instituciones sobre la integración de los inmigrantes en la sociedad receptora.[60] Durante el período fascista, muchas de estas instituciones estuvieron controladas por la Direzione Generale degli Italiani all’Estero e Scuole.[61] A pesar del cierre de la mayoría de estas escuelas italianas en la Argentina, a mediados del siglo xx, fueron surgiendo otras, abiertas a toda la población, orientadas principalmente a los sectores medios.[62]

A comienzos de la década de 1990, había cuatro escuelas bilingües reconocidas por el Consulado General de Buenos Aires: Cristoforo Colombo (1952), Centro Culturale Italiano di Olivos (1961), Alessandro Mazzoni di Villa Adelina (1962) y Edmondo de Amicis (1965). Además, en la misma circunscripción consular, había treinta y cinco asociaciones culturales que recibían financiamiento para la enseñanza de la lengua italiana bajo el amparo de la Ley 153/71. Estas instituciones se sumaban a las doce de la Circunscripción Consular de La Plata, veintitrés de la de Córdoba, seis de la de Mendoza, diez de la de Bahía Blanca y trece de la de Rosario.[63]

En tercer lugar, debemos destacar la importante función que ha llevado a cabo la Dante Alighieri, tanto en Buenos Aires como en distintas ciudades del país. Estas entidades formaron parte de los espacios más tradicionales del asociacionismo italiano, acrecentando su importancia en la comunidad italiana de la Argentina mediante la difusión y enseñanza de la lengua italiana en el país. Entre las más antiguas, debemos mencionar la de Rosario, creada en 1889; la de Buenos Aires, nacida en 1896; y la de La Plata, conformada dos años después. Todas estas instituciones dependen de la Società Dante Alighieri di Roma.[64] Para agruparlas, en 1972 se creó la Federazione della Associazioni Dante Alighieri in Argentina (FEDERDANTE) –afiliada a FEDITALIA–, que llegó a contar, a principios de la década de 1990, con ciento veintidós comités en todo el país.[65]

El elevado número de comités de la Dante Alighieri en la Argentina hacia fines del siglo pasado fue consecuencia de un sostenido reclamo por parte de los dirigentes del asociacionismo. La necesidad de llevar la Dante Alighieri a distintas ciudades de la Argentina se venía manifestando desde la década de 1960 en materia cultural, ya que, si bien los líderes destacaban la función de las asociaciones en la divulgación del idioma italiano, consideraban que esta era insuficiente. Al mismo tiempo, demandaban al gobierno italiano que emprendiera acciones para que en la Argentina se enseñara la lengua en las escuelas secundarias locales, se favoreciera el intercambio de docentes universitarios, se financiara a las escuelas italianas existentes en el país, se fomentara la creación de otras nuevas y se organizara a todas las asociaciones italianas del país que enseñaban el idioma e incentivaban el estudio de la lengua a través de becas.[66]

Para nuclear a todas estas instituciones educativas italianas en la Argentina, se creó en 1991 el Comité de Asistencia a las Escuelas Italianas (COASCIT). Su función consistía en coordinar a todas las instituciones destinadas a la difusión del idioma y la cultura italiana en el país. El Comité tenía que presentar anualmente su balance de gestión ante el Consulado General de Italia y recibía financiamiento del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia para emprender distintas iniciativas en función de la cantidad de estudiantes y cursos vigentes.[67] Solo para tener como referencia, en 2003 la enseñanza del idioma y la cultura italiana en Buenos Aires nucleaba a casi veintiocho mil estudiantes, más de dos mil doscientos eran alumnos de escuelas, y casi veintiséis mil, cursantes de idioma.[68]

Para contextualizar estos reclamos y no pensarlos como una demanda exclusiva de los líderes de la comunidad italiana de Argentina, diremos que, durante el desarrollo de la Conferenza Nazionale dell’Emigrazione de 1975, se manifestaron algunas propuestas sobre estos temas. Luego del debate de la comisión Sedi e Meccanismi di Tutela dei Lavoratori Emigranti, presidida por Franco Malfatti, ministro de Educación, y supervisada por Aldo Bonaccini, secretario de la CGIL, se hicieron diversas propuestas respecto a la política educativa de Italia para los italianos residentes en el extranjero.[69] En este encuentro se pidió asumir la tarea de recuperar la cultura italiana en el extranjero, ligada a una necesaria actualización respecto a la formación de adultos. También se llamó a salvaguardar el patrimonio italiano en el exterior y a garantizar la formación de los docentes de idioma italiano fuera de la península.[70]

En lo que respecta a la promoción de eventos culturales, hay que tener presente que, para la segunda mitad del siglo xx, el Estado italiano contaba con la propiedad del Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en el edificio donado por el conde Felice Lora. Allí también se encontraba el Consulado General de Buenos Aires, entre los años 1940 y 2007, además de la Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires y FEDITALIA, entre varios organismos y asociaciones de la comunidad italiana. El edificio lleva el nombre de Palazzo Italia.[71]

En 1970 se conformó la Fundación Coliseum, que tenía como propósito la administración del teatro. Si bien se estableció que en este edificio se desarrollaran eventos culturales, también albergó actos de diversa índole, como la recepción de presidentes italianos o el apoyo a la causa Malvinas –mencionados en capítulos anteriores–.

La conformación de fundaciones italianas en la Argentina con fines culturales se ha extendido durante el último cuarto del siglo xx y, además de la mencionada Fundación Coliseum, existían la Fundación Agostino Rocca, dependiente de la empresa Techint; la Fundación Giovanni Agnelli, de carácter internacional y auspiciada por la empresa FIAT; la Fundación Vittorio Valdani, bajo la órbita de la Sociedad de Beneficencia del Hospital Italiano; la Fundación Pietro Rizzuto; la Fundación Carlo Della Penna; y la Fundación Augusto Palanza; todas destinadas a promover la cultura italiana en la Argentina.[72]

La presencia del Estado italiano a través del Teatro Coliseo de Buenos Aires lo posicionaba como un actor central en materia de promoción cultural. Por su envergadura e importancia, los líderes no dejaron de realizar algunos cuestionamientos a su gestión. Por ejemplo, en “El libro blanco”, se consigna que el proyecto del Teatro Coliseo estuvo mal encaminado desde el comienzo, haciendo énfasis en la baja asignación de fondos para las obras afrontadas. Luego se señalaba que el objetivo impuesto a la institución era la recaudación de fondos para la realización de obras benéficas, algo que partía del supuesto de que el teatro iba a tener recaudaciones por encima de los gastos de administración –cosa que no ocurría–. Respecto a la gestión, se indicaba como una falla el hecho de que se hubiera tercerizado la administración del teatro y excluido a las asociaciones italianas de la Argentina de intervenir en el rumbo artístico. En este sentido, se mencionaba como una falencia que el idioma principal de las obras fuera el italiano, ya que eso limitaba la concurrencia por parte de la sociedad receptora. Se proponía que tuviera un mayor peso la oferta musical –entendiendo que trascendía la barrera del idioma–, que el teatro se constituyera también como un espacio para los artistas italianos de la Argentina y que la entrada tuviera un precio que posibilitase la concurrencia de la mayoría de la comunidad.[73]

En concreto, se buscaba una adecuación de la oferta cultural a la realidad de los inmigrantes y, al mismo tiempo, que el teatro operara como un divulgador de la cultura italiana en la sociedad receptora. En este sentido, la promoción de eventos culturales por parte de Italia en la Argentina adoptó paulatinamente este perfil, cobrando trascendencia, al tiempo que ayudaba a construir una nueva imagen de Italia en la sociedad argentina. Consideramos que los dirigentes entendían que Italia debía tener una fuerte presencia en la escena cultural, ya que una de las principales preocupaciones de los líderes de la comunidad italiana de la Argentina era mejorar la representación que tenía el grupo en el imaginario de la sociedad receptora.

En lo que respecta a los medios audiovisuales, debemos mencionar que, para mediados de la década de 1960, los líderes de la comunidad italiana de la Argentina consideraban que Italia había perdido protagonismo frente a otros países europeos. La televisión argentina, hacia la década de 1960, había dejado de transmitir el segmento informativo de posguerra, Incom Week, destinado a revertir la imagen internacional de Italia. Ese espacio de difusión de la cultura italiana en los hogares argentinos estuvo vacante hasta la llegada del canal estatal Radiotelevisione Italiana (RAI) en la década de 1990.[74] Sin embargo, hubo algunas iniciativas televisivas previas como la “Semana de la TV italiana en Buenos Aires” y la “Semana de la TV argentina en Roma”, coordinadas por los gobiernos de ambos países en 1985.[75]

Algunas de las principales iniciativas de los dirigentes italianos en los medios de comunicación fueron las transmisiones radiales, que cobraron una importancia creciente a partir de la década de 1960. A pesar de que nunca se cumplió el objetivo de constituir una radio propia que tuviera una programación dedicada a difundir la cultura italiana, se creó la asociación Stampa Italiana Radio e Televisione (SIRTA), que reunía a las propuestas radiofónicas italianas más trascedentes de la Argentina en el último cuarto del siglo xx. Por lo general, los programas tenían un carácter informativo y de entretenimiento en los que se brindaba información general de la comunidad, se promocionaban actividades culturales y recreativas y se difundía el idioma y la música italianos.[76] Según el relevamiento realizado por el gobierno italiano, en 1969 había veintidós programas de radio en la Argentina,[77] e incluso en 1979 seguían transmitiéndose dieciséis de ellos.[78]

Otro aspecto interesante es la realización de actividades culturales promovidas por Italia en el país, las que tuvieron una importante convocatoria en la sociedad argentina. Esto puede explicarse por la percepción generalizada de que la inmigración europea se había transformado en un aspecto identitario positivo para el imaginario de la sociedad argentina, tema que abordaremos en el siguiente apartado. Fue el caso de Italiana ‘86, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Turismo y el de Asuntos Exteriores de Italia y por los gobiernos de varias regiones italianas, con el propósito de convocar a la Argentina a distintas personalidades de la cultura y la ciencia del país europeo. Para L’Eco D’Italia, este evento resultó sumamente importante, lo que se refleja en la amplia cobertura que le dedicó a lo largo de varias publicaciones durante los meses de septiembre y octubre de 1986. El programa incluyó a representantes italianos de la música, el teatro y el cine y ofreció una variedad de muestras y conferencias que tuvieron lugar en las ciudades de Buenos Aires, Avellaneda, Mar del Plata, Córdoba y Rosario.[79]

El acto de apertura de Italiana ‘86 fue el 18 de septiembre en el hotel Plaza y contó con la presencia de representantes del gobierno italiano que habían viajado especialmente para promocionar el evento, autoridades locales, representantes de la comunidad italiana en la Argentina, y artistas de ambos países. L’Eco D’Italia señalaba que hacía tiempo que Italia no hacía las cosas “en grande” y destacaba que se había convocado a influyentes figuras de la cultura argentina que “marcan opinión”.[80]

En ocasión de este evento, el presidente italiano, Francesco Cossiga, manifestó:

… Italia pretende abordar el profundo vínculo que lo une a todos aquellos que han vivido en tierras lejanas para ser testigos de los valores humanos de la civilización italiana. Estas expresiones artísticas son el símbolo de una cultura que se nutre de la libertad y constituyen una especie de homenaje que la patria dedica a sus hijos que, en la tierra donde fue devuelta la libertad, aportan su contribución constructiva al progreso de un gran país… [traducción del autor].[81]

Estas palabras ponían en evidencia el propósito de Italiana ‘86: posicionar a la cultura italiana en la Argentina. Incluso es posible pensar que estaba operando una lógica que concebía a la cultura como un producto de consumo. Italia, como referente cultural y como destino turístico, resultaba sumamente atractiva para una sociedad con una importante comunidad italiana y con una fuerte presencia de sus costumbres. Si prestamos atención a algunos de los títulos de las conferencias realizadas durante el evento, es posible ver un claro propósito de consolidar a Italia en la sociedad argentina bajo esta perspectiva: “La Italia de los años 80”, “Italia–Argentina: dos sistemas en comparación”, “Italia Contemporánea”, “Europa Mediterránea y el Cono Sur”, “El rol de clase media”, “Los 40 años de la República de Italia” y “Estado y sociedad”.

Seis años después se llevó a cabo Italiana ‘92, y la mirada estuvo puesta en el aniversario de los quinientos años del descubrimiento de América por parte de Europa. El evento abarcó diversas actividades culturales en distintas ciudades del país. Estuvo coordinado por la Embajada de Italia en Buenos Aires, los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Turismo de Italia, diversos consulados italianos en el país, los gobiernos regionales de Emilia Romaña, Véneto, Piamonte, Campania, Cerdeña, Marcas y Liguria, y las sedes de Buenos Aires y Córdoba del Istituto Italiano di Cultura. Además, contó con la colaboración de algunos de los principales dirigentes del asociacionismo de Buenos Aires, como Antonio Macri, vicepresidente del Hospital Italiano; Agostino Rocca (h), vicepresidente de la Fundación Coliseum; Luigi Pallaro, presidente de la Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires; Mario Fizzera, presidente del COMITES de Buenos Aires, entre otros. Hubo un despliegue de actividades culturales tales como teatro, música clásica, ballet, música moderna, cine y artes figurativas. Del acto inaugural realizado en el Teatro Coliseo, participó el presidente de la nación Carlos Menem.[82]

7.4. Algunos cambios en la construcción del imaginario colectivo de los líderes

Como hemos desarrollado en los capítulos precedentes, la inmigración italiana en la Argentina estuvo compuesta por varios ciclos, en cada uno de los cuales los flujos migratorios han presentado características propias. En el período denominado de “inmigración masiva”, hacia fines del siglo xix y principios del xx, arribó al país una importante cantidad de italianos que influyó en distintos ámbitos de la vida social de la Argentina moderna; al punto que diversos aspectos de la cultura italiana, si bien fusionados con rasgos de la cultura local y de otros grupos migratorios, perviven en la actualidad.[83]

Sin embargo, a pesar de que se creía que estos inmigrantes iban a ser agentes dinamizadores de la economía argentina, hacia principios del siglo xx, se manifestó en la sociedad de acogida una marcada discriminación hacia ellos.[84] Se construyeron estereotipos peyorativos en el imaginario colectivo respecto de los inmigrantes italianos, especialmente hacia quienes provenían del sur de la península.[85] Durante el periodo de entreguerras, los flujos migratorios a la Argentina se interrumpieron y se produjo una disminución natural del grupo, lo que se tradujo en una retracción del asociacionismo. Sin embargo, a partir de la década de 1930, la expansión de la Italia imperial comenzó a tener amplio consenso en diversos sectores políticos de la Argentina. Si bien la comunidad italiana del país austral había perdido el dinamismo que tuviera hacia fines del siglo xix y principios del xx, la figura del inmigrante italiano había comenzado a adquirir cierta estima social.[86]

De este modo, los estereotipos de principios del siglo pasado fueron decayendo hacia la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. Bastará con volver a mencionar los dos acuerdos migratorios firmados entre Italia y la Argentina durante el gobierno peronista.[87] En esta transformación se conjugaron diversos elementos que permitieron ir reconstruyendo la visión que la sociedad tenía sobre su propia imagen, en la que la inmigración europea del pasado constituía un elemento diferenciador del resto de los países de la región y “formaba parte de los mitos fundacionales de la nación argentina”.[88]

Con el impulso que recibió en la Argentina la industria orientada al consumo interno, consecuencia de la depreciación de los productos primarios a nivel internacional, a partir de la década de 1930 la actividad industrial se transformó en uno de los principales agentes dinamizadores de la actividad económica y de la sociedad. Las empresas de capitales italianos que operaban en el país y los empresarios que las conducían tuvieron una importante representación luego de la segunda mitad del siglo xx.[89] Muchos de estos dirigentes desempeñaron un importante rol en el asociacionismo y actuaron como los principales representantes de los inmigrantes italianos, como hemos señalado en los capítulos anteriores.

Los líderes de este período intervinieron decididamente para cambiar la percepción que la sociedad argentina tenía sobre la inmigración italiana. En las visitas de los presidentes Gronchi y Saragat, se legitimó fuertemente el aporte de los italianos a la industria argentina, destacando a aquellos líderes que habían tenido “éxito económico”, se ponderó positivamente a las principales firmas italianas y se destacaron las relaciones comerciales entre Italia y la Argentina.[90]

Dionisio Petriella, el principal referente cultural de la dirigencia italiana en la Argentina durante este período, editó a través de la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires una gran cantidad de obras tendientes a reforzar esta imagen y a destacar el aporte de los inmigrantes italianos en la cultura argentina. De entre toda esta gran producción, podemos mencionar su colección “Grandes ítalo-argentinos”, destinada a realizar breves biografías de algunos de los italianos más destacados en diversas áreas de conocimiento residentes en el país;[91] el libro Los italianos en la cultura argentina, que completaba el diccionario biográfico editado con Sosa Miatello; o su obra Problemi culturali degli italo-argentini, entre muchos otros.[92]

En este punto tomaremos como fuente el censo de instituciones italianas de Buenos Aires realizado por el Consulado General de Italia en 2003. Si bien la mayoría de las asociaciones surgidas entre 1970 y 2003 eran de carácter regional, las instituciones culturales le seguían en orden de importancia.[93] La explicación más probable de este fenómeno puede estar dada no solo por el sostenimiento que brindaba el gobierno italiano a estas instituciones, sino también por la demanda y participación de la sociedad receptora en las actividades emprendidas.

Los periódicos de los italianos también contribuyeron a la construcción de este imaginario, destacando el aporte de los industriales y de empresas de capitales peninsulares. No debemos olvidar que muchas de estas firmas eran, en definitiva, las que financiaban estas publicaciones. La importancia que tenía la cultura italiana en la sociedad local y la voluntad de referenciar este aspecto identitario hicieron que muchos productos de consumo masivo de origen peninsular fueran reconocidos en la Argentina. Estas empresas, que fueron sostenedoras de la prensa italiana en el país, tuvieron una importante presencia en los medios de comunicación.[94]

Como hemos detallado en el segundo apartado de este capítulo, junto con la imagen de progreso asociada al capital italiano, los periódicos comunitarios también dieron amplia difusión a la cultura italiana. Esto nos permite reflexionar acerca de cómo ha cambiado la forma de representación acerca de la comunidad inmigrante a través de las expresiones culturales locales. Si, como indica David Viñas, el grotesco a principios del siglo xx expresaba lo que el proceso inmigratorio no formulaba, un sufrimiento sin voz,[95] para fines de siglo pasado los periódicos italianos contribuyeron a la construcción de identidades colectivas a través de la reproducción de la cultura oficial italiana.

Los actores sociales de ese momento evidenciaron una profunda transformación debido a que ya no era posible ver a los italianos como a principio del siglo anterior. Consideramos que, a partir de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, estos inmigrantes se pensaron a sí mismos como ciudadanos italianos residentes en el extranjero. Esto se debió a que no se exteriorizaba la voz del italiano como la de un actor social que había emigrado debido a la crisis socioeconómica, sino que se mostraba al inmigrante de clase media representante de la cultura italiana oficial. En el caso de los italianos de la Argentina –relativamente bien integrados a la sociedad–, podemos entender que se desplazaron en la cultura como sujetos en tránsito con una subjetividad fracturada y múltiple que los llevaba a incorporar aspectos de la cultura del país de origen y del país de destino.[96]

Incluso es posible pensar las políticas de promoción de la cultura oficial italiana en la Argentina bajo la categorización que realiza Fernanda Bravo Herrera al estudiar las producciones literarias italianas referentes a la emigración. Según la autora, la perspectiva colonizadora surgida en la década de 1920 construyó la identidad colectiva de los emigrantes desde la valorización de la diversidad sosteniéndose en la idea de que “la superioridad era un principio identitario basado en la conciencia de la unidad y de la potencia, sobre todo cultural, de Italia”.[97] Casi sesenta años después, esta imagen de superioridad autopercibida también fue acompañada de una idealización de la cultura italiana, y sobre todo europea, por parte de la sociedad argentina.

Todo esto nos lleva a suponer que la ayuda a los periódicos italianos en el extranjero, el apoyo a las escuelas e instituciones italianas o la organización de eventos culturales emprendidos por el Estado italiano tuvieron el propósito de contribuir al sostenimiento de la cultura oficial. Esta cuestión estratégica para el Estado italiano trajo aparejada la posibilidad de consolidar las distintas expresiones artísticas como importantes artefactos de consumo. De este modo, el interés por la cultura italiana se combinaba con otras actividades económicas como el turismo. Es posible pensar que estas políticas contribuyeron a que la sociedad argentina revalorizara la inmigración italiana y el aporte de la cultura peninsular en la construcción de la identidad nacional.

7.5. Consideraciones finales

A lo largo de este capítulo, hemos desarrollado ideas acerca de cómo se ha redefinido la “italianidad” en la comunidad italiana de la Argentina a partir de la segunda mitad del siglo xx. Los líderes del grupo se acomodaron rápidamente a esta nueva concepción del término, ya que permitía que tanto fascistas como antifascistas conservaran sus puestos de liderazgo e hicieran una interpretación propia de esta identidad en determinados aspectos. A su vez, la búsqueda de la “pacificación” en el interior de la comunidad negaba la realización de una purga o reflexión acerca del pasado reciente. Esto permitió que el fascismo continuara vigente en cierto sector de la comunidad, aunque con una decreciente exposición pública.

Sin embargo, esta situación postergó debates y acuerdos en el asociacionismo italiano en la Argentina. Si bien se mantuvieron canales de diálogo formales entre los sectores dirigenciales enfrentados, es posible pensar que esto contribuyera a que el grupo no haya tenido un posicionamiento definido respecto a las libertades democráticas y los derechos políticos, algo que se evidenciaría durante la última dictadura militar argentina.

La “italianidad” se redefinió como una categoría de tolerancia política sedimentada en los aspectos culturales hegemónicos e invisibilizando el pasado reciente de Italia. Como hemos mencionado al final del capítulo anterior, la apoliticidad en el asociacionismo italiano de la Argentina es un aspecto que se remonta a fines del siglo xix y que se extendió durante gran parte de la segunda mitad del siglo xx, pero que fue complicado de sostener en cuanto se tornó más concreta la posibilidad de que los ciudadanos italianos en el extranjero pudieran votar.

Estaba claro que, si los dirigentes del asociacionismo iban a ser los mejores posicionados para representar a los emigrados en el Parlamento –como desarrollaremos en el próximo capítulo–, los partidos políticos conformados para participar en las elecciones debían tener una plataforma política definida que contuviera a los líderes y atrajera a las bases.

Hemos analizado cómo, durante las décadas de 1950 y 1960, los fascistas continuaron manifestando su pertenencia ideológica de forma pública, a través de la celebración de diversos aniversarios, la conformación de asociaciones exclusivamente fascistas y la divulgación de estas ideas en sus periódicos. Quienes habían participado en el antifascismo desempañaron los cargos más importantes en los espacios de representación de toda la comunidad italiana de Buenos Aires, aceptando mirar hacia adelante y buscando como objetivo principal la reunificación del asociacionismo. Este proyecto de liderazgo también se sostuvo a través de la construcción de una identidad cultural homogénea que actuaba como aglutinador del grupo.

En los periódicos estudiados para el abordaje de nuestra investigación, observamos que la cultura ocupaba un espacio muy importante. El funcionamiento de estas publicaciones, sostenido a través de la información brindada por las agencias de noticias, hacía de ellas una importante base para la circulación de las diversas expresiones culturales sobre las que la República de Italia quería construir su identidad. A esto se sumaba el rol desempeñado por el Ente Nazionale Italiano per il Turismo (ENIT), que proveyó de contenido para estos periódicos. Las fotografías y los textos que aparecían en estas publicaciones hacían alusión a diversas ciudades y manifestaciones culturales que contribuían a la construcción de esa imagen que se pretendía promover. En paralelo, el ENIT ayudó a desarrollar el turismo de retorno orientado a los sectores medios de los italianos residentes en la Argentina.

Tanto el ENIT como el Istituto Italiano di Cultura llevaron adelante diversas actividades orientadas a promover la cultura italiana. No solo el turismo se vio beneficiado, sino también la industria del cine, el teatro y otras expresiones artísticas italianas que encontraron en la Argentina un público apropiado. Pese a las críticas de los líderes, a partir de la década de 1960, el Teatro Coliseo fue el ámbito por excelencia del arte italiano en el país.

Entendemos que estos fueron los principales canales a través de los cuales Italia intervino en la construcción de una identidad cultural. Los dirigentes, como responsables de los periódicos y de las asociaciones que conducían, fueron indispensables para que la “italianidad” pudiera llegar a distintos sectores. Los líderes impulsaron y apoyaron diversos emprendimientos culturales que fueron muy importantes no solo para la circulación de diversas expresiones artísticas, sino para la construcción de la identidad comunitaria. Entendemos que los reclamos de apoyo a la promoción de la cultura italiana en la Argentina, que paulatinamente se fueron concretando, reflejan el rol importante que tuvieron los dirigentes en este proceso.

Los líderes del asociacionismo lograron unificar orgánicamente a las diversas instituciones desde FEDITALIA, espacio de conducción legitimado por el gobierno y los representantes diplomáticos italianos. La “italianidad” sirvió para agrupar a la comunidad italiana residente en el país y consolidar la posición dirigencial de sus líderes. Los dirigentes actuaron para reconstruir la imagen colectiva que de los inmigrantes italianos tenía la sociedad receptora. Estos cambios en el imaginario colectivo ponderaron el ascenso social y su desempeño en la economía, resaltando por sobre el resto la actividad industrial. Los grandes empresarios italoargentinos fueron importantes como figuras modélicas del grupo, además de que muchos se habían desempeñado como dirigentes en el asociacionismo.

Estos líderes apelaron a su propia trayectoria para la construcción de una imagen, aunque esta no representaba a la mayoría del grupo de inmigrantes. Como desarrollaremos en el siguiente capítulo, uno de los principales reclamos de los inmigrantes italianos en la Argentina luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial era la asignación de una pensión que permitiera sostener económicamente a muchos inmigrantes. Esto ponía en evidencia que los casos de “éxito” no ocultaban la situación en la que se encontraba la mayoría del grupo.

La imagen estereotipada acerca de los italianos, arraigada a principios del siglo xx, fue suplantada por una nueva que tomó exageradamente algunos casos puntuales de empresarios y el ascenso social a sectores medios de muchos inmigrantes para construir una imagen generalizada de progreso y modernidad. A esto puede haber contribuido también la rápida recuperación económica de Italia luego de la posguerra de la Segunda Guerra, aunque tuvo diversos aspectos críticos.

De todas formas, la transformación socioeconómica de la Italia que los inmigrantes de la posguerra de la Segunda Guerra habían dejado produjo también un cambio a una visión positiva de los propios italianos hacia su país de origen.[98] A medida que Italia se integraba en la comunidad europea y su economía se estabilizaba, comenzó a ser percibida como un país con una mejor calidad de vida, contribuyendo esto a una revalorización de la cultura italiana en el exterior.

Podríamos considerar que esta imagen de Italia extendida a la sociedad argentina se sostuvo, por lo menos, hasta la década de 1990, cuando comenzó la crisis de representación política como producto de los casos de corrupción conocida como mani pulite. Entender de qué modo los líderes de los italianos en la Argentina aprovecharon esta situación para la construcción de sus propios proyectos políticos durante los años previos a la sanción del voto para los ciudadanos residentes en el extranjero será una de las cuestiones que atravesarán el siguiente capítulo.


  1. Como hemos analizado en el tercer capítulo, durante el fascismo la promoción de la “italianidad” estuvo asociada directamente al apoyo del régimen establecido por el Partido Nacional Fascista.
  2. Bertagna, Federica (2009). La stampa…, cit.
  3. Davide Fossa participó desde muy joven en el Partido Nacional Fascista. Se enlistó como voluntario en la guerra de Etiopía y luego fue nombrado inspector de trabajo para África Oriental. Durante el surgimiento de la República de Saló, fue designado para la administración de la provincia de Piacenza y Módena. Con la caída del régimen, se exilió en la Argentina. Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.
  4. Ibid.
  5. Bertagna, Federica (2009). La stampa…, cit., pp. 72-77.
  6. La cobertura de las actividades emprendidas por la asociación de excombatientes en Italia d’Oltremare permite dar cuenta de esta afirmación. Además, debemos destacar la importancia que los fascistas radicados en la Argentina tenían en estas instituciones; ya que el propio Davide Fossa, director del periódico y dirigente de la Reduci di Guerra, llegó a participar de la Confederación de Excombatientes Italianos de América Latina (CONCOMITALIA). Ver “CONCOMITALIA”, Italia de Oltremare, año xlvi, n.º 1.168/1.169, Buenos Aires, 15 de marzo de 1971, p. 4. De todas formas, CONCOMITALIA reunió a diversos dirigentes del asociacionismo italiano de la Argentina como Vittorio Fabrizi, Girolamo Vecchiarelli y Agostino Rocca, e incluso a los exministros de Comunicaciones del régimen fascista que residían en la Argentina, Giuseppe Peverelli y Giovanni Host-Venturi, entre otros. Ver “I combattenti di tutto il mondo saranno convocati per il 1974”, Italia de Oltremare, año xlvi, n.º 1.159, Buenos Aires, 18-31 de marzo de 1971, p. 2.
  7. “Commemorazione dei fasci alla ‘23 marzo’”, Giornale d’Italia, año il, n.º 9.573, 25 de marzo de 1955, p. 2; “Cena di cameratismo alla xviii di ottobre nell’annuale della Marcia su Roma”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 887-29, Buenos Aires, 28 de octubre de 1959, p. 4; “I natali del Duce ricordati dal MSI”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 904-946, Buenos Aires, 30 de julio de 1960, p. 4; “Cena alla xxviii di ottobre”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 910-952, Buenos Aires, 15 de noviembre de 1960, p. 5; “Gli ottant’anni di Mussolini”, Italia de Oltremare, año xliv, n.º 980-1.123, Buenos Aires, 1-15 de agosto de 1963, p. 7.
  8. “Il rancio cameratesco per celebrare l’anniversario della liberazione del Duce”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 885-827, Buenos Aires, 19 de septiembre de 1959, p. 4.
  9. “La celebrazione dell’Annuale della nascita del duce”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 928-971, Buenos Aires, 12-19 de agosto de 1961, p. 3.
  10. “Il MSI ha una insostituibile missione in difesa dello stato e della nazione”, Italia de Oltremare, año xxxv, n.º 902-944, Buenos Aires, 25 de junio de 1960, p. 6; “La direzione del MSI si rivolge alla nazione impegno di lotta nella piena unità del movimento”, Italia de Oltremare, año xxxix, n.º 988/989, Buenos Aires, 16-30 de noviembre de 1963, p. 2; “Il xx annuale della fondazione del MSI celebrato in tutta Italia”, Italia de Oltremare, año xlii, n.º 1.089-1.232, Buenos Aires, 4-25 de febrero de 1967, p. 3; “Il MSI dice: dopo Praga s’impone una nuova politica”, Italia de Oltremare, año xlii, n.º 1.131-1.274, Buenos Aires, 21-28 de septiembre de 1968, p. 1; “Il MSI ha compiuto 25 anni”, Italia de Oltremare, año xlviii, n.º 1.182-1.323, Buenos Aires, 1 de febrero de 1972, p. 1.
  11. “L’On. Fossa ha parlato al congresso del MSI, Italia de Oltremare, año xxxviii, n.º 981-1.124, Buenos Aires, 16-31 de agosto de 1963, p. 1; “Il nostro direttore ha parlato al congresso del MSI”, Italia de Oltremare, año xl, n.º 1.036/1.037, Buenos Aires, 16-30 de junio de 1965, p. 1.
  12. Bertagna, Federica (2021). “A la búsqueda del fascismo transnacional luego de la Segunda Guerra Mundial: La emigración de fascistas italianos a la Argentina, 1945-1955”. Anuario IEHS, vol. 36, n.º 2, pp. 163-179.
  13. “Per una ordine dei fedeli a Mussolini”, Italia de Oltremare, año xxxvi, n.º 929-72, Buenos Aires, 26 de agosto de 1961, p. 3.
  14. “Il Nuovo consiglio FEDITALIA. Il Dr Vittorio Fabbrizi presidente”, Italia d’Oltremare, año xxxvii, n.º 950, Buenos Aires, 30 de junio de 1962, pp. 5-6; “Considerazioni sul Congresso di FEDITALIA”, Italia d’Oltremare, año xlviii, n.º 1.197, Buenos Aires, 15-31 de agosto de 1973, p. 7; “FEDITALIA rappresenta veramente la collettività italiana?”, Italia d’Oltremare, año xlviii, n.º 1.198, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1973, p. 4.
  15. “Il mese dei Congressi”, Corrire degli Italiani, año I, n.º 6, Buenos Aires, 13-19 de junio de 1949, p. 1; “Sono piene d’ottimismo i democristiani di Milano”, Corrire degli Italiani, año iii, n.º 104, Buenos Aires, 25 de mayo de 1951, p. 1. “I democristiani italiani biasimano la DC cilena”, Corrire degli Italiani, año xxv, n.º 2.995, Buenos Aires, 17 de septiembre de 1973, p. 1.
  16. “Quattro anni di Repubblica”, Corrire degli Italiani, año ii, n.º 53, Buenos Aires, 29 de mayo de 1950, p. 1; “Due giugno”, Corrire degli Italiani, año xi, n.º 1.714, Buenos Aires, 1 de junio de 1961, p. 1; “Il 2 di giugno in Italia e nella collettività”, Corrire degli Italiani, año xviii, n.º 2.255, Buenos Aires, 6 de junio de 1966, p. 1; “L’anniversario della Repubblica”, Corrire degli Italiani, año, n.º, Buenos Aires, 24 de junio de 1971, p. 5.
  17. “La cena dell’amicizia di FEDITALIA”, Italia de Oltremare, año xxxiv, n.º 877-819, Buenos Aires, 23 de mayo de 1959, p. 6.
  18. Desde la década de 1950, comenzó a aparecer en los periódicos italianos de la Argentina el tema del voto para los italianos residentes en el extranjero, que analizaremos en el siguiente capítulo.
  19. “È morto Rossi”, Italia de Oltremare, año xxxix, n.º 902-944, Buenos Aires, 25 de junio de 1960, p. 4.
  20. Acta n.º 270. Reunión ordinaria del Consejo Directivo, Buenos Aires, 20 de agosto de 1964, Archivo FEDITALIA, Libro de Actas.
  21. A través de la lectura de los periódicos de ambos sectores dirigenciales, es posible encontrar de forma recurrente durante este período la expresión “pericolo comunista”. Ver “La visita dell’On. Scelba a Washington fissata per la seconda metà di febbraio”, Giornale d’Italia, año xlviii, n.º 9.480, Buenos Aires, 3 de diciembre de 1954, p. 1; “Eisenhower conferma nel suo messaggio la persistenza del pericolo comunista”, Giornale d’Italia, año xilv, n.º 9.508, Buenos Aires, 7 de enero de 1955, p. 1; “Il pericolo comunista”, Corriere degli Italiani, año xvii, n.º 2.175, Buenos Aires, 6 de septiembre de 1965, p. 1.
  22. “Agostino Rocca presidente onorario di FEDITALIA”, Italia de Oltremare, año xxxix, n.º 1.014-1.157, Buenos Aires, 1 de octubre de 1964, p. 4.
  23. Bourdieu, Pierre (2001). Cit.
  24. El carácter federal del Estado italiano nunca llegó a implementarse plenamente en el siglo xx, según lo establecía la Constitución republicana sancionada en 1947. Ver García Jurado, Roberto (1999). “La segunda república italiana”. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, n.º 176, pp. 151-180.
  25. Bertagna, Federica (2006). “Note sulla federazione mondiale della stampa italiana all’estero dai prodomi al congresso costituente (1956-1971)”, Archivo Storico dell’Emigrazione Italiana, n.º 1. Disponible en www.asei.eu/it/2006/11/note-sulla-federazione-mondiale-della-stampa-italiana-allestero-dai-prodromi-al-congresso-costituen, consultado el 7 de febrero de 2022.
  26. Torricelli, Valentina (2017). Somos… cit.
  27. En el informe “El libro blanco”, se hacía mención de una disminución de circulación de la prensa italiana en el extranjero que, para el caso de los periódicos de la Argentina, se combinaba con la crisis económica del país. Ver FEDITALIA. Gli italiani…, cit., pp. 48-49. De cualquier forma, esta situación no cobró relevancia en estas publicaciones hasta principios de la década de 1970.
  28. “Il rovescio della medaglia”, Corriere degli Italiani, año xxvi, n.º 3038, Buenos Aires, 28 de febrero de 1974, p. 1; “E se il Corriere non uscisse più?”, Corriere degli Italiani, año xxvi, n.º 3.044, Buenos Aires, 21 de marzo de 1974, p. 1; “Il Corriere se salverà”, Corriere degli Italiani, año xxvi, n.º 3.048, Buenos Aires, 4 de abril de 1974, p. 4.
  29. Ottorino Burelli, “Una voce che muore”, L’Eco D’Italia, año v, n.º 206, Buenos Aires, 2 de mayo de 1974, p. 1.
  30. “E se il Corriere non uscisse più?”, Corriere degli Italiani, año xxvi, n.º 3.042, Buenos Aires, 14 de marzo de 1974, pp. 1 y 6.
  31. “Tiende a desaparecer la prensa italiana en América Latina”, L’Eco D’Italia, año v, n.º 204, Buenos Aires, 18 de abril de 1974, p. 3.
  32. La FMSIE lanzó una recopilación de artículos de distintos periódicos italianos en el extranjero que reclamaban al gobierno italiano la implementación de la ayuda a estas publicaciones. La necesidad de establecer criterios diferentes a los que regulaba la prensa italiana en la península y un presupuesto acorde fueron las principales preocupaciones manifestadas. Ver 1000 milioni ai giornali di lingua italiana all’estero. Note e comenti sulla stampa, Roma: FMSIE, 1976.
  33. Es importante destacar que la asignación de estos fondos de ayuda, conocidos como contributi, se transformó en un elemento vital del sostenimiento de estas publicaciones. La aprobación o el rechazo de estos, a partir del informe que elaboraban anualmente los representantes de la comunidad italiana de cada país con el propósito de determinar si los periódicos cumplían con lo que declaraban al gobierno italiano, ponían en juego una serie de estrategias de alianzas y enfrentamientos entre los distintos líderes de la comunidad y con funcionarios italianos. Entrevista personal realizada por Ángel Leonardo Maggio a Hernán Cristaldo, secretario de FEDITALIA (2012-2018). Esta se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires el 6 de noviembre de 2017.
  34. Maggio, Ángel (2017a). “Identidades…”, cit.
  35. Ibid.
  36. “Ressegna del cinema”, L’Eco D’Italia, año iii, n.º 125, Buenos Aires, 27 de julio de 1972, p. 3; “Rossanna Schiaffino un’attrice per tutte le stagioni”, L’Eco D’Italia, año iv, n.º 184, Buenos Aires, 1 de noviembre de 1973, p. 3; “Nel mondo dello spettacolo”; L’Eco D’Italia, año v, n.º 226, Buenos Aires, 20 de septiembre de 1974, p. 17.
  37. “Dalla Miura al vino”, L’Eco D’Italia, año xxv, n.º 859, Buenos Aires, 19 de abril de 1987, p. 13; “Nuovo Ferrari F40”, L’Eco D’Italia, año xxv, n.º 881, Buenos Aires, 20 de agosto de 1987, p. 10; “Tecnologia d’avanguardia”, L’Eco D’Italia, año xxvi, n.º 901, Buenos Aires, 7 de enero de 1988, p. 4.
  38. Los funcionarios del Plan Marshall promovieron, en Italia y otros países de Europa, el modelo turístico norteamericano orientado al consumo masivo. Ver Battilani, Patrizia (2019). “Gli anni in cui tutto cambiò: il turismo italiano fra il 1936 e il 1957”. En Mónica Moreno Seco (Coord.). Del siglo xix al xxi. Tendencias y debates (pp. 1243-1255). Actas del XIV Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Universidad de Alicante, 20-22 de septiembre de 2018, Biblioteca Virtual Manuel de Cervantes, Alicante. Disponible en < rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/96227/1/XIV-Congreso-Asociacion-Historia-Contemporanea_00-1243-1255.pdf, consultado el 21 de abril de 2022, pp. 1.253-1.255.
  39. “Iniziative promozionali e turismo di ritorno”, Tribuna Italiana, año i, n.º 18, Buenos Aires, 14 de septiembre de 1977, p. 11; “Il turismo di retorno”, Tribuna Italiana, año iv, n.º 158, Buenos Aires, 8 de julio de 1980, p. 12; “Turismo di ritorno:… quando e fatti” Tribuna Italiana, año v, n.º 196, Buenos Aires, 14 de abril de 1981, pp. 1-8; “Turismo di ritorno: si, con tanti ‘ma’…”, Tribuna Italiana, año v, n.º 217, Buenos Aires, 16 de septiembre de 1981, p. 1.
  40. “Recuerdos de Sorrento”, Tribuna Italiana, año i, n.º 24, Buenos Aires, 26 de octubre de 1977, p. 7; “Apuntes sobre Sicilia”; Tribuna Italiana, año ii, n.º 42, Buenos Aires, 8 de marzo de 1978, p. 8; “Fantasmas medievales transitan las playas de Calabria”, Tribuna Italiana, año ii, n.º 46, Buenos Aires, 5 de abril de 1978, p. 8; “Vida napolitana”, Tribuna Italiana, año ii, n.º 49, Buenos Aires, 26 de abril de 1978, p. 9; “Como: sus monumentos y sus lagos”; Tribuna Italiana, año ii, n.º 52, Buenos Aires, 17 de mayo de 1978, p. 9.
  41. Creado en 1919, su objetivo era la promoción del turismo en el extranjero. Actualmente sigue manteniendo la sigla ENIT, pero se la denomina Agenzia Nacionale del Turismo. Ver Battilani, Patrizia (2019). Cit., p. 1.244.
  42. “Le Manifestazione organizzate dall’ENIT in coincidenza con il mondiale di calcio”, Tribuna Italiana, año ii, n.º 57, Buenos Aires, 21 de junio de 1978, p. 11.
  43. “Nella sede del ENIT”, Giornale d’Italia, año xlviii, n.º 9.493, Buenos Aires, 18 de diciembre de 1954, p. 2; “L’ENIT ha concesso il suo alto patrocinio al concorso della ‘Bella italiana en Argentina’”, Italia d’Oltremare, año xxxiv, n.º 866, Buenos Aires, 28 de noviembre de 1958, p. 7; “Successo a Mar del Plata della mostra dell’ENIT”, Corriere degli Italiani, año xxii, n.º 2.645, Buenos Aires, 16 de marzo de 1970, p. 4.
  44. “Fantasia d’Italia a Buenos Aires”, Tribuna Italiana, año v, n.º 81, Buenos Aires, 30 de junio de 1981, p. 4.
  45. “Anche el ENIT scompare dell’America Latina”, Tribuna Italiana, año xxi, n.º 734, Buenos Aires, 29 de enero de 1997, p. 6; “Dobbiamo protestare tutti per impedire la chiasura dell’ENIT di Buenos Aires”, Tribuna Italiana, año xxi, n.º 736, Buenos Aires, 26 de febrero de 1997, p. 6.
  46. El Movimiento Federalista Europeo es una organización no gubernamental cuyo objetivo es promover una Europa “más federal y democrática”. Morelli, Umberto (2006), “La Constitución europea: El modelo federalista”, Boletín Mexicano de Derecho Comparado, vol. 39, n.º 117, pp. 723-753.
  47. “Aspro dialogo Argentina Italia”, L’Eco D’Italia, año xx, n.º 643, Buenos Aires, 16 de noviembre de 1982, p. 1; “Movimiento Federalista Europeo”, L’Eco D’Italia, año xxiv, n.º 822, Buenos Aires, 3 de julio de 1986, p. 7; “Trentennale della Comunità Europea”, L’Eco D’Italia, año xxv, n.º 860, Buenos Aires, 26 de marzo de 1987, p. 1.
  48. Judith Butler sostiene: “… para producir la nación que sirve de fundamento para el estado-nación, la nación debe purificarse de su heterogeneidad, excepto en los casos donde cierto pluralismo permite la reproducción de la homogeneidad sobre otra base”. Ver Butler, Judith y Spivak, Gayatri (2009). ¿Quién le canta al Estado-nación?: lenguaje, política, pertenencia. Buenos Aires: Paidós, p. 66. Aquí la heterogeneidad, en el sentido con el que lo utiliza la autora, no estaba dada por la presencia de extranjeros, sino por las marcadas diferencias regionales. Diferencias que aún persisten, pero que no atentan contra el sentimiento de pertenencia a una nación imaginada por la mayoría de los ciudadanos.
  49. Mazzuzi, Francesca (2016). Cit.
  50. “Por su parte, la discriminación respecto de los inmigrantes llegados desde otros países de América Latina ha sido explicada muchas veces a partir de una ideología europeizante, producto precisamente del efecto que la inmigración europea habría tenido en la cultura nacional”. Caggiano, Sergio (2005). Lo que no entra en el crisol: inmigración boliviana, comunicación intercultural y procesos identitarios. Buenos Aires: Prometeo, p. 48.
  51. Fue creado a parir de “la necesidad de asegurar un mayor control y coordinación de la actividad propagandístico-cultural en Argentina, degradando al Instituto Argentino de Cultura Itálica (IACI), cuyo carácter apolítico se había vuelto intolerable para la representación diplomática”. Ver Cimatti, Bruno y Fotia, Laura (2021). Un periódico…, cit., p. 61.
  52. Durante el desarrollo de esta investigación, hemos visitado la sede de Buenos Aires del IIC. El personal de la biblioteca nos ha manifestado que, durante el cierre del instituto, los libros fueron dados en custodia a particulares. Esto explicaría por qué los libros editados con anterioridad a la fecha de reapertura tienen todos la misma fecha de ingreso. También ayudaría a comprender cómo se ha conservado la importante cantidad de volúmenes del instituto y la magnitud del fondo documental fascista, compuesto por material enviado por el régimen para difundir su ideología en el país. Actualmente, este material está fuera de consulta para los usuarios.
  53. Para esa época, la biblioteca del IIC de Buenos Aires tenía 36.348 ejemplares, seguida por las de París (31.067), Atenas (30.000), Madrid (27.390) y San Pablo (25.873). Ver Ministero degli Affari Esteri, Direzione Generale delle Relazioni Culturali, La Promozione della Cultura Italiana all’Estero, 1996, Istituto Poligrafico e Zecca: Roma.
  54. “L’Istituto di Cultura tra buoni proposti ed esiguità di mezzi”, L’Eco D’Italia, año xx, n.º 610, Buenos Aires, 15 de abril de 1982, p. 7; “Cinquant’anni di vita culturale italiana alla Fiera del Libro”, Tribuna Italiana, año xi, n.º 417, Buenos Aires, 8 de abril de 1987, p. 5; “Biblioteca dell’Istituto Italiano di Cultura”, La Marangona, número único, 1989/1990, p. 130.
  55. La normativa que rige a estas instituciones se encuentra disponible en www.normattiva.it/uri-res/N2Ls?urn:nir:stato:legge:1990-12-22;401.
  56. Carrera, Alessandro (2002). “Gli strumenti istituzionali per la promozione della cultura italiana all’estero”. Storia della letteratura italiana, vol. xii: La letteratura italiana fuori d’Italia, pp. 1.073-1.109.
  57. “La cultura italiana en la Argentina”, Italia en Argentina. L’Italia in Argentina, Buenos Aires: Manrique Zago, pp. 75-79.
  58. FEDITALIA. Gli italiani…, cit., pp. 37-41.
  59. Torricelli, Valentina (2017). Somos lo que vamos siendo. Identidades italoargentinas en el Buenos Aires del siglo xxi. Madrid: Marcial Pons, pp. 124-125.
  60. Bertoni, Lilia Ana (2001). Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas: la construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo xix. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 200-203.
  61. Aliano, David (2012). Cit.
  62. Sin embargo, también atraen a descendientes de inmigrantes italianos en la Argentina que reivindican este aspecto de su identidad y a hijos de los italianos que trabajan temporalmente en la Argentina. Torricelli, Valentina (2017). Somos…, cit., pp. 126-127.
  63. Pensada principalmente para los hijos de los inmigrantes italianos temporales en Europa, la Ley 157 de 1971 tuvo un gran impacto en la Argentina, ya que le dio un nuevo impulso a la enseñanza del idioma italiano. “L’insegnamento della lingua italiana in Argentina”, La Marangona, número único, 1989/1990, pp. 135-139.
  64. Surgida en 1889 por un grupo de intelectuales e institucionalizada a través del Real Decreto n.º 347 de 1893, con el fin de “proteger y difundir la lengua y la cultura italianas en el mundo, reavivar los lazos espirituales de los compatriotas en el extranjero con la madre patria y fomentar el amor y el culto a la civilización italiana entre los extranjeros” [traducción del autor]. Disponible en “Società Dante Alighieri”, ladante.it/chi-siamo.html, consultado el 20 de marzo de 2022.
  65. “FEDERDANTE”, La Marangona, número único, 1989/1990, pp. 151-152.
  66. FEDITALIA. Gli italiani, cit., p. 35.
  67. Consolato Generale d’Italia Buenos Aires, La enseñanza de la lengua y cultura italiana en Buenos Aires. Buenos Aires: Latin Grafica, 2004, pp. 79-80.
  68. Ibid., p. 133.
  69. En su intervención en el debate de esta comisión, Girolamo Vecchiarelli, presidente de la Federación de las Asociaciones Católicas Italianas en Argentina, pidió la ampliación de fondos para la enseñanza del idioma y la cultura italiana en el extranjero, entre otros reclamos. Ver I Lavori delle Commissioni, L’Emigrazione italiana nelle prospettive degli anni ottanta: atti della Conferenza Nazionale dell’Emigrazione. Roma, 24 febbraio – 1 marzo 1975, Roma: Tipografia Rinascimento, 1975, pp. 125-127.
  70. Documentazione di Base e I Lavori delle Commissioni, L’Emigrazione italiana nelle prospettive degli anni Ottanta. Atti della Conferenza Nazionale dell’Emigrazione. Roma, 24 febbraio – 1 marzo 1975, Roma: Tipografia Rinascimento, 1975, pp. 266-267.
  71. Elaborado con información brindada por el Teatro Coliseo en su portal. Disponible en www.teatrocoliseo.org.ar/presentacion, consultado el 30 de abril de 2021.
  72. “Le Fondazioni”, La Marangona, número único, 1989/1990, p. 193.
  73. FEDITALIA. Gli italiani, cit., pp. 42-47.
  74. Respecto a los contenidos de la RAI, “dirigidos a los italianos en el exterior se concentraron históricamente en el entretenimiento –la música, el deporte y la publicidad– antes que en los géneros informativos. La información, en particular la política, ha sido con frecuencia subestimada”. Balsas, María Soledad (2016). “Medios de comunicación, migraciones y ciudadanía. Italianos e italoargentinos residentes en Buenos Aires en la escena televisiva (trans)nacional”. Rivista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, vol. 17, n.º 1, pp. 191-213.
  75. AHCA, División VC ii, Caja n.º 91, Etiqueta “Cables ARG ITA 1985”, Texto n.º 286, 30/04/1985.
  76. Cenci, Sandro (2001). “La radiofonía italiana”. En Manrique Zago (Dir.), Italia Argentina nel nuovo secolo (pp. 158-159). Buenos Aires: Manrique Zago Ediciones.
  77. Problemi del lavoro italiano all’estero. Relazione per il 1969, Ministero degli Affari Esteri, Direzione Generale dell’Emigrazione e degli Affari Sociali, Istituto Poligrafico e Zecca dello Stato, Roma, 1970.
  78. Aspetti e problemi dell’emigrazione italiana all’estero nel 1977, Ministero degli Affari Esteri, Direzione Generale dell’Emigrazione e degli Affari Sociali, Istituto Poligrafico e Zecca dello Stato, Roma, 1978.
  79. “Italiana ‘86”, L’Eco D’Italia, año xxiv, n.º 827, Buenos Aires, 7 de agosto de 1986, p. 1.
  80. “Italiana ‘86”, L’Eco D’Italia, año xxiv, n.º 834, Buenos Aires, 25 de septiembre de 1986, p. 15.
  81. “Messaggio di Cossiga per Italiana ’86”, L’Eco D’Italia, año xxiv, n.º 838, Buenos Aires, 23 de octubre de 1986, p. 1.
  82. “Italiana 92: ambasciata culturale per i 500 anni della scoperta”, Tribuna Italiana, año xvi, n.º 560, Buenos Aires, 30 de septiembre de 1992, p. 6.
  83. La contribución de la inmigración italiana en la Argentina a la cultura local es ampliamente reconocida. A nivel arquitectónico, podemos destacar la gran cantidad de edificios públicos y privados icónicos, como así también teatros y monumentos que han sido emplazados por italianos. Ver Brandariz, Gustavo (2009). “Luces y reflejos italianos en la construcción de Buenos Aires”. En AA. VV. Temas de patrimonio cultural n.º 25: Buenos Aires italiana (pp. 299-308). Buenos Aires: Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En el plano cinematográfico, la impronta de la inmigración italiana en la Argentina ha sido reflejada en una gran cantidad de producciones, pero, además, los italianos han contribuido activamente en esta disciplina. Muchos realizadores y artistas que han tenido éxito en esta trascendente actividad cultural de nuestro país han sido italianos. Ver Bernasconi, Alicia y Bertagna, Federica (2009). “Buenos Aires, los italianos y el cine”. En AA. VV. Temas de patrimonio cultural n.º 25: Buenos Aires italiana (pp. 149-136). Buenos Aires: Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En la literatura, las artes visuales o el teatro, la inmigración italiana de la Argentina también ha hecho un significativo aporte. Ver Bravo Herrera, Fernanda (2015). Huellas y recorridos de una utopía: la emigración italiana en la Argentina. Buenos Aires: Teseo; Zayas de Lima, Perla (2009). “Italianos en la Argentina. Los artistas italianos como co-creadores del teatro argentino”. En AA. VV. Temas de patrimonio cultural n.º 25: Buenos Aires italiana (pp. 129-159). Buenos Aires: Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Rodríguez Aguilar, María Inés y Ruffo, Miguel (2009). “Italianos en la cultura visual: el caso del Museo Histórico Nacional”. En AA. VV. Temas de patrimonio cultural n.º 25: Buenos Aires italiana (pp. 161-172). Buenos Aires: Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  84. Bertoni, Lilia Ana (2001). Cit.
  85. Armus, Diego (1985). Cit.; Devoto, Fernando (1992). “¿Inventando a los italianos? Imágenes de los primeros inmigrantes en Buenos Aires (1810-1880)”. Anuario del IEHS, n.º 7, pp. 121-136.
  86. Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 361.
  87. Es posible afirmar que, dentro del gobierno peronista, había una “predilección hacia los italianos como grupo migratorio deseable. Esto se debía a las nociones emergentes a principios de siglo, acerca de la compatibilidad de los grupos latinos y católicos con el supuesto ethos cultural y/o racial argentino. Idea que venía a reforzar al estereotipo consolidado, desde los años de la ‘pampa gringa’, del italiano como un inmigrante sustancialmente colono y agricultor”. Devoto, Fernando (2000). “Inmigrantes, refugiados y criminales en la ‘vía italiana’ hacia la Argentina en la segunda posguerra”. Ciclos, vol. 19, n.º 1, pp. 151-176, p. 156.
  88. Caggiano, Sergio (2005). Cit., p. 81.
  89. Bertagna, Federica (2016). “Empresas…”, cit.
  90. Mónaco, Enzo y Nardini, Camillo (Comps.) (1962). Cit.; Comitato per la accoglienza del presidente Saragat. Cit.
  91. Petriella, Dionisio (1979). Agustín Rocca… cit.; Pucciarelli, Eugenio y otros (1992). Rodolfo…, cit.; Gutierrez, Fermín (1980). Roberto F. Giusti. Su vida – Su obra. Buenos Aires: Asociación Dante Alighieri.
  92. Petriella, Dionisio (1972). Problemi culturali degli italo-argentini. Buenos Aires: Dante Alighieri; ídem (1979b). Los italianos en la historia de la cultura argentina. Buenos Aires: Dante Alighieri.
  93. Consolato Generale d’Italia Buenos Aires, Le Associazioni…, cit., pp. 247-255.
  94. “La ‘Galileo Argentina’ ha reso noto il suo bilancio”, L’Eco D’Italia, año i, n.º 2, Buenos Aires, 30 de enero de 1970, p. 3; “Ora anche in Argentina FIAT e Lancia raffinati gioielli del ‘design’ italiano”, Tribuna Italiana, año iii, n.º 115, Buenos Aires, 21 de marzo de 1979, p. 12; “Il ‘Día de la industria’ e la collettività italiana”, Tribuna Italiana, año iii, n.º 93, Buenos Aires, 29 de agosto de 1979, p. 1; “Società fra Italtel e Techint per tecnologia italiana nelle telecomunicazione in Argentina”, Tribuna Italiana, año xx, n.º 396, Buenos Aires, 25 de junio de 1986, p. 1.
  95. Viñas, David (1973). “Grotesco, inmigración y fracaso: Armando Discépolo”. En Literatura argentina y política ii. De Lugones a Walsh. Buenos Aires: Sudamericana.
  96. Panesi, Jorge (2009). “Los que se van, los que se quedan: apuntes para una crítica de la historia argentina”. Actas de las I Jornadas de Historia de la Crítica en Argentina. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires.
  97. Bravo Herrera, Fernanda (2015). Cit., p. 267.
  98. En el sexto capítulo, hemos analizado el interés de los líderes del asociacionismo y representantes políticos en cambiar la imagen del país que los inmigrantes italianos habían dejado durante las visitas de los presidentes italianos a la Argentina.


Deja un comentario