Luego de haber abordado el complejo proceso de conformación de una institución que agrupó a todas las asociaciones italianas de la Argentina, nos proponemos desarrollar la división de la comunidad italiana como consecuencia del régimen fascista en Italia. A lo largo de este capítulo, investigaremos la etapa inicial de FEDITALIA, cuyo principal propósito era ampliar su base de legitimidad nucleando a la mayor cantidad de asociaciones de Argentina. Esto nos brindará la posibilidad de analizar la trayectoria de los principales líderes que condujeron esta federación, así como el rol que desempeñaron en el grupo.
A continuación, estudiaremos la profunda escisión que se produjo en la comunidad italiana con el ascenso del fascismo en la península. Aquí será importante determinar el rol que desempañaban los líderes que condujeron los destinos de FEDITALIA durante este período, los vínculos que estos dirigentes establecieron con autoridades italianas y las disputas que se manifestaron en el interior del grupo. Esto permitirá comprender aspectos particulares que han caracterizado a los grupos dirigentes de la comunidad a lo largo de estos años.
Según analizaremos en los sucesivos apartados, el fascismo atravesó a muchas de las principales asociaciones italianas de Buenos Aires y a los dirigentes que las condujeron. El régimen aprovechó la relación preexistente de las autoridades oficiales con los líderes del grupo y la utilizó en función de sus propios intereses. Por tal motivo determinaremos, a partir del estudio sobre el ejercicio del liderazgo en la comunidad italiana migrante, el impacto que tuvieron las políticas implementadas por el gobierno italiano para los ciudadanos italianos residentes en el extranjero en el asociacionismo de Argentina.
Es necesario mencionar que la mayoría de los inmigrantes italianos en Argentina solo podían informarse de forma indirecta de los acontecimientos desarrollados en Italia durante los años del fascismo. Su apoyo o participación en el asociacionismo de base conducido por líderes fascistas no implicaba necesariamente una adscripción partidaria al fascismo. Por tal motivo, Cimatti propone utilizar la categoría “fascismo italoargentino”, ya que permite comprender la reelaboración que se produjo en Argentina del fascismo.[1] Esta perspectiva resulta de suma utilidad para analizar determinadas circunstancias de la comunidad italiana de la Argentina.
Como iremos detallando a lo largo de este capítulo, el caso de los líderes italianos que apoyaron el régimen fascista en la Argentina era distinto al del resto del grupo, ya que mantuvieron vínculos con funcionarios en la península, y llegaron incluso a lograr entrevistas personales en sus visitas al país de origen. Esto les permitía tener un conocimiento más detallado de los acontecimientos políticos y sociales de Italia. Por tal motivo, optamos por mantener la expresión “fascismo italiano en la Argentina” al referirnos a los dirigentes que apoyaban al régimen, ya que, por sus contactos y relaciones personales con funcionarios de gobierno y representantes diplomáticos, tenían un mayor conocimiento de las políticas abordadas por el Partido Nacional Fascista.
Finalmente, analizaremos la reacción de los grupos dirigentes antifascistas, sus vínculos con otros líderes y empresarios, así como las formas de oposición que implementaron frente a los funcionarios del régimen y las autoridades diplomáticas. Para esto estudiaremos las instituciones y los periódicos conducidos por estos líderes. No debemos perder de vista que el asociacionismo italiano en la Argentina había logrado reorganizarse tomando como punto de partida la “apoliticidad”. Por tal motivo, analizaremos hasta qué punto las actividades desarrolladas por estas instituciones estaban enmarcadas por los posicionamientos políticos de los dirigentes que las conducían.
3.1. Los primeros años de FEDITALIA
En el capítulo anterior, mencionamos que en 1912 se conformó la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires, que logró una significativa cantidad de entidades adherentes. También destacamos allí que, en su acta de constitución, quedó reflejada una disputa en torno a la decisión de proclamar el xx Settembre como celebración oficial de la nueva entidad. Esto provocó la oposición de los delegados de la Asociación Popular Católica Italiana y su posterior expulsión de la Federación, promovida esta por Tito Luciani,[2] nombrado por la asamblea, luego de esta decisión, como presidente provisorio.[3]
El médico Alessandro Tedeschi, reconocido como el primer presidente de la Federación elegido por votación del Consejo Federal, según lo establecía el estatuto, ejerció su cargo entre los años 1912 y 1916. Como señalamos anteriormente, ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, Tedeschi decidió retornar a Italia e incorporarse al ejército. Debido a esto, la presidencia recayó en Enrico Figari (1916-1918).[4] A este le sucedió Attilio Massone (1918-1920), un empresario y periodista ligado a la Sociedad Italiana Bomberos Voluntarios de La Boca, a la Assoziacione Italiana di Mutualitá ed Istruzione, a la Sociedad Italiana La Patriótica de Florencio Varela, a la Cámara de Comercio Italiana en Argentina y al periódico La Patria degli Italiani. Massone lideró el proceso de incorporación de las asociaciones italianas del resto del país en 1918. Su temprano fallecimiento dejó vacante la presidencia, que recayó en Arsenio Guidi Buffarini (1920-1923). De todas formas, podemos considerar a Figari y Massone como los principales dirigentes de la etapa fundacional de la Federación y como quienes marcaron su rumbo inicial.[5]
Imagen 2. Firma del documento para la conformación de la Federación General de Asociaciones Italianas de la Argentina

La Patria degli Italiani, año xxvi, n.º 270, Buenos Aires, 30 de septiembre de 1918, p. 3.
A pesar de que en 1923 la Federación contaba con casi trescientas asociaciones federadas, otras instituciones con fines más específicos, como la Assoziacione Italiana di Mutualitá ed Istruzione, que reunía a las instituciones mutuales más importantes de Buenos Aires, tenían un peso mayor en la comunidad.[6] Durante esta etapa el rol de la Federación se limitó a la organización de actos y festejos públicos.
El contexto de crisis económica en que se encontraban varias de las asociaciones de carácter mutual, la disminución de los flujos migratorios durante la Primera Guerra Mundial y la dificultad para cubrir una extensión territorial tan importante pueden ser considerados como algunos de los motivos para entender el lento crecimiento de la Federación durante sus inicios y el rol que esta desempeñó en el asociacionismo. Debemos tener en cuenta que, por aquellos años, la institución no agrupaba a la mayoría de las entidades italianas del país.
Es posible pensar que las asociaciones del interior no contaban a priori con un aliciente para federarse, ya que muchas no tenían vínculos recurrentes con los líderes de Buenos Aires y podían funcionar de forma autónoma sin inconvenientes. En cambio, en las ciudades importantes, se encontraban las principales entidades, y era allí donde podían ocurrir conflictos de superposición o de falta de infraestructura, entre otros, que requirieran la intervención de una federación que los resolviera.[7]
Más allá de las diferencias políticas e ideológicas que perduraran en el seno de la comunidad, consideramos que la clave del éxito de la Federación consistió en mantenerse como promotora de la “italianidad” en un contexto de auge nacionalista. Durante estos años se materializaron varias actividades y eventos de la comunidad italiana en la Argentina en los cuales esta institución desempeñó un papel destacado. Entre los más importantes, mencionamos la inauguración del monumento a Colón en Buenos Aires en el año 1921, la organización de la celebración por el aniversario del xx Settembre o los festejos por la visita a la Argentina del príncipe Umberto de Saboya en 1924.[8]
3.2. Las autoridades diplomáticas italianas y su relación con la comunidad emigrada en la Argentina en las primeras décadas del siglo xx
Como analizamos previamente, las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina desempeñaron un rol preponderante en la organización de la comunidad y en el desarrollo de diversos emprendimientos, a partir de las alianzas establecidas con los grupos dirigentes del asociacionismo. Intentaremos demostrar que esta fue una característica que se sostuvo –con sus particularidades– durante todo el período que abarca nuestro estudio, lo que es sumamente interesante teniendo en cuenta los diversos regímenes que atravesaron al país europeo. Es preciso mencionar que, en el período transcurrido entre 1856 y 1924, previo a la creación de la Embajada de Italia en la Argentina, los encargados de negocios, enviados extraordinarios y ministros se desempeñaban como representantes de la Corona italiana.
Solo para recuperar los casos antes mencionados, volveremos a destacar el rol de Marcello Cerruti, encargado de negocios entre 1856 y 1861, actor determinante en la conformación de la Sociedad Italiana de Beneficencia del Hospital Italiano y de la asociación Nazionale Italiana. Por su parte, Negrotto di Cambiaso, encargado de negocios en 1912, participó de la asamblea constitutiva de la Federación de Sociedades Italianas de Buenos Aires. Mientras que Vittore Cobianchi, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario durante 1912 y 1921, fue muy importante en la conformación del Comitato Italiano di Guerra di Buenos Aires en 1915.
Más allá de estos emprendimientos específicos, hacia principios del siglo xx, las autoridades diplomáticas del país europeo contribuían a la inserción laboral de los emigrados, a resolver el tema del alojamiento y al financiamiento para el traslado en el interior del país a través del Patronato Italiano de Buenos Aires, cuyas sedes en Paraná, Córdoba y Rosario desempeñaban funciones similares. Este organismo, junto con los consulados italianos de diversas ciudades fueron muy importantes para los inmigrantes, ya que establecieron vínculos con aquellos que no participaban activamente del asociacionismo.[9]
La relación de los dirigentes italianos de la Argentina con las autoridades italianas también se puso de manifiesto en los congresos de los italianos en el extranjero organizados por el Istituto Coloniale Italiano en 1908 y 1911. En la primera edición, participaron tres delegados de la Argentina sobre un total de cuarenta y tres representantes de distintas comunidades de italianos emigrados.[10] Entre ellos se destaca Amedeo Serafini, periodista de La Patria degli Italiani.[11]
En la segunda edición del congreso, hubo una participación mucho más importante a nivel general. En la Argentina se conformaron comités para las delegaciones de italianos de Buenos Aires, Rosario, Rufino, Monte Grande, La Plata, Lomas de Zamora y San Francisco, lo que sumó un total de setenta y dos representantes. Del comité de Buenos Aires, podemos destacar al ministro Vicenzo Macchi di Cellere como presidente honorario; al periodista Basilio Cittadini, quien desempeñó el cargo de presidente ejecutivo; y a Antonio Tarnassi, Vittorio Valdani, Alessandro Tedeschi, Onorio Stoppani, Giuseppe Devoto, Lorenzo Pellerano, Tito Luciani y Enrico Figari como consejeros, todos ellos dirigentes relevantes con fuertes vínculos con su país de origen, tal como fue señalado anteriormente.[12] Esto nos permite comprobar que muchos de los dirigentes más relevantes mantenían vínculos políticos con funcionarios de la península.
Por parte de las autoridades diplomáticas argentinas en Italia, destacamos las gestiones de repatriación de hijos e hijas de inmigrantes italianos mayores de edad nacidos en Argentina y que, habiendo arribado a Italia, fueron considerados ciudadanos italianos e integrados al ejército durante el estallido de la Primera Guerra Mundial. En el desarrollo de nuestra investigación, hemos hallado la solicitud de Nicola Bianchi para que se realizaran las gestiones correspondientes a fin de que su hijo Amadeo, quien se encontraba estudiando en Italia, pudiera retornar al país para hacerse cargo de la empresa familiar.[13]
Las relaciones que mantenían los dirigentes del asociacionismo con las autoridades diplomáticas italianas, así como con los representantes que realizaban visitas oficiales a la Argentina, eran determinantes, ya que los lazos directos de estos líderes con los funcionarios que residían en Italia eran más complejos de sostener debido a las distancias y a las limitaciones propias de la comunicación. Superando las dificultades de la época, la información entre uno y otro lado del océano por parte de las autoridades migratorias cumplía el propósito, entre otros, de regular la migración. Un ejemplo de esto lo constituye el hecho de que la Comisaría General de Emigración del Reino de Italia aconsejaba a los migrantes temporales migrar o no a la Argentina en función de la perspectiva que hubiera sobre la temporada agrícola venidera.[14]
De todas formas, las visitas de representantes políticos y autoridades italianas a la Argentina constituían para los líderes locales una oportunidad de establecer lazos personales con ellos. En noviembre de 1920, arribó a la Argentina el expresidente del Consejo de Ministros del Reino de Italia y expresidente de la Cámara de Diputados del Reino de Italia, Vittorio Emanuele Orlando. Recibido como huésped de honor, su presencia en el país reunió tanto a los principales dirigentes del asociacionismo italiano como a autoridades gubernamentales argentinas. Orlando se entrevistó con Attilio Massone y Lorenzo Pellerano, presidentes de FEDITALIA y del Círculo Italiano, respectivamente. También presenció una conferencia brindada por Emilio Zuccarini en la Dante Alighieri. La Federación organizó un banquete en su honor. El dirigente Tommaso Ambrosetti felicitó al presidente de FEDITALIA por haber invitado a Orlando al país y lo instó a que lo llevara a conocer el monumento a Garibaldi, sito en plaza Italia.[15]
3.3. Los líderes fascistas al frente de FEDITALIA y el surgimiento de una nueva federación
El ascenso del fascismo a principios de la década de 1920 provocó una nueva división en la comunidad italiana de la Argentina y en sus diversos espacios de representación. Bajo la segunda presidencia de Arsenio Guidi Buffarini (1925-1943), se promovieron, a través de FEDITALIA, distintos homenajes a Mussolini en calidad de líder del gobierno italiano. Aunque no se trataba de un grupo homogéneo, con el paso del tiempo, los fascistas lograron conducir diversas asociaciones y espacios de representación de la comunidad bajo el ala de la Federación.
Ni siquiera el escándalo que provocó en 1925 el robo de la caja fuerte de la Federación, que contenía parte del dinero recaudado de la rifa de beneficencia para las escuelas italianas, logró menguar el poder que los fascistas estaban consolidando. Para el periódico antifascista, L’Italia del Popolo, este delito constituyó un hecho sumamente grave y le dio tratamiento en su portada durante varios días, ya que ponía de manifiesto la desorganización y los desmanejos que ocurrían en la institución.[16] Las críticas al presidente Adone Vendemiati, por parte del periódico, fueron muy severas, acusándolo de su incapacidad para desempeñar el cargo, de responder directamente a los lineamientos del fascismo italiano y de manchar la memoria del recientemente fallecido Tito Luciani.[17] Es probable que, a partir de este hecho, la presidencia de la Federación volviera a ser desempeñada por Guidi Buffarini, para que su liderazgo en el grupo no se viera debilitado.[18]
Guidi Buffarini fue uno de los principales referentes del régimen fascista en la Argentina. Era el tío de quien se convertiría en el ministro del Interior de la República de Saló, Guido Buffarini Guidi. A través de esta relación, el presidente de FEDITALIA mantuvo estrechos vínculos con importantes figuras del fascismo, incluso con el propio Mussolini. A pesar de carecer de lazos más profundos con representantes del gobierno de José Félix Uriburu –quien se erigiera como impulsor de esta corriente ideológica en el país–, Guidi Buffarini fue un activo agente propagandístico del fascismo italiano.[19] Su participación en el asociacionismo italiano fue previa al surgimiento del fascismo y se desempeñó como presidente del comité bonaerense de la Asociación Dante Alighieri, además de formar parte del Comitato Italiano di Guerra di Buenos Aires durante la Primera Guerra Mundial, como mencionamos anteriormente. También le disputó el liderazgo de la comunidad a Attilio Massone, su antecesor en la presidencia de FEDITALIA.[20]
Aunque rivalizaba con Guidi Buffarini respecto a la representación de la comunidad italiana en la Argentina, otro principal referente fue Vittorio Valdani, destacado miembro del fascismo en el país.[21] Valdani era un empresario industrial que supo mantener estrechos vínculos con los distintos gobiernos argentinos, sin importar su carácter político, desde la década de 1920. También actuó como financista de la prensa fascista y fue miembro fundador del periódico Il Mattino d’Italia, la publicación más importante del régimen en el extranjero,[22] destacándose como representante oficial del Estado italiano.[23]
Valdani lideró los Fasci di Italiani all’Estero en Argentina y promulgó la instalación de colonos italianos en el interior del país. El principal objetivo de los Fasci era establecer vínculos entre el sector industrial, el financiero y la tecnología italiana, pero terminarían reducidos a espacios de propaganda y divulgación del régimen.[24] A fines de la década de 1920, con el cambio de política exterior en Italia y el surgimiento de líderes políticos argentinos que reivindicaban el fascismo, Valdani se alejó de la conducción de los Fasci y se abocó a la actividad empresarial sin dejar de lado su activa participación en el fascismo local y mantuvo su vínculo con el gobierno italiano.[25]
El férreo control de la Federación por parte del fascismo, a pesar de que Guidi Buffarini había declarado en 1925 que la Federación mantenía su carácter de apoliticidad,[26] provocó que muchas instituciones se alejaran. Algunas de ellas, como la Unione Alessandrina di Beneficienza o la Associazione tra Piemontesi, alegaron motivos económicos y se excusaron de no poder seguir abonando la cuota de afiliación. Otras, en cambio, manifestaron abiertamente su alejamiento por razones políticas, como la Associazione Italiana di Mutualitá ed Istruzione (AIMI) en 1927, Colonia Italia y los Bomberos Voluntarios de la Boca en Buenos Aires.[27] Al ritmo de esta sangría, fueron surgiendo otras asociaciones creadas por grupos antifascistas, como Liber Piemont en 1929 o la Nuova Dante en 1934, fundada en oposición a la Dante Alighieri de Buenos Aires, que estaba conducida por fascistas.
Esta fuerte escisión motivó que, el 20 de septiembre de 1938, un grupo de asociaciones antifascistas conformara la Federación de Sociedades Democráticas de la República Argentina. Al momento del acto inaugural, la nueva federación estaba compuesta por las asociaciones que formaban la AIMI, sumadas a la Unione Italiana di Mutuo Soccorso Istruzione, Unione Operai italiani de Villa Devoto, Gioiosa Jonica al Plata, Alleanza Sarda di Mutuo Soccorso de Avellaneda, Unione Italiana, Nuova Dante, Venezia Giulia, Liber Piemont, Figli d’Italia, Centro Liberalo Italiano de Bahia Blanca, Associazione Toscana di Mutuo Soccorso de Avellaneda, Unione Marchigiana, Unione Alessandrina y Famiglia Italiana Edmondo De Amicis. Además, la nueva federación había recibido el respaldo de otras instituciones italianas como Cuochi Camerieri ed Affini y Ateneo Liberale Prometeo y de la Junta Central de la Vanguardia Juvenil Socialista.[28] El apoyo de esta última agrupación no era sorpresivo, ya que Alfredo Palacios se encontraba entre los oradores principales de aquel acto. Como parte de su alocución, Palacios refirió a un recuerdo lejano de su niñez: la celebración anual del xx Settembre en su Tucumán natal, tradición que se había perdido desde el ascenso del fascismo.[29] Luego realizó una profunda crítica a la política internacional de las potencias capitalistas de Occidente que derivó en el auge fascista a nivel internacional. Finalmente, Palacios aludió a la opresión que sufría la clase obrera italiana bajo el régimen de Mussolini.[30]
De hecho, el periódico La Vanguardia había convocado al acto inaugural de la nueva federación realizado en el salón de la Unione e Benevolenza y a la celebración que la Vanguardia Juvenil Socialista realizara en la plaza Italia para presentar una ofrenda floral al monumento a Garibaldi.[31] El periódico socialista señalaba en su editorial que Mussolini había anulado la celebración de esta importante fecha debido a su alianza estratégica con el Vaticano, traicionando a la “conciencia liberal del mundo” y “desterrando de los fastos históricos de la patria italiana la celebración del xx Settembre.”[32]
Surgía así una estructura paralela en el asociacionismo italiano de la Argentina con un fuerte posicionamiento político. La Federación de Sociedades Democráticas de la República Argentina contaba con algunos líderes que participaban activamente de la asociación Italia Libera. Surgida en 1940, esta institución buscaba frenar el avance del régimen fascista en el país y denunciar las atrocidades cometidas por el gobierno italiano. Tuvo una destacada inserción en los sectores medios y medios altos de la comunidad emigrada y contó con distintos dirigentes ligados a la centroizquierda italiana que tenían afinidad con el partido socialista argentino.[33] Sus vínculos con importantes fuorusciti[34] en diversos países le dio una escala de análisis global de la lucha antifascista.[35] También mantuvo lazos con la asociación antifascista Acción Argentina.[36]
Ante el surgimiento de la Federación de Sociedades Democráticas, FEDITALIA decidió emitir un fuerte comunicado dirigido a los presidentes de las distintas asociaciones italianas:
Esta Federación General de Sociedades Italianas República Argentina, nacida para la difusión de un ideal de patriotismo y fraternidad italoargentina, puede hoy, veintiséis años después de su fundación, ser considerada como un altar interno en el que se reúnen todos para un rito común de los que aman a los italianos y a los argentinos.
Casi todas las Asociaciones italianas esparcidas por el extenso territorio de la República acompañan la obra de la Federación con fe ferviente y afecto sincero y sienten un apego fraterno hecho de simpatía y amistad por nuestra institución.
La Federación, conviene recordarlo una vez más, señor presidente, manteniendo en alto el respetado nombre de Italia y viviendo el culto de sus glorias, tiende a consolidar cada vez más los lazos de fraternidad con la República que nos acoge y cuya fortuna está ligada al destino de nuestros niños argentinos.
Por lo tanto, sentimos el deber de informarle que La Federación General de Sociedades Italianas en la República Argentina, actualmente presidida por Arsenio G. Buffarini, no debe confundirse con ninguna otra federación o liga democrática nacida con la idealidad de la falsa democracia y que con ilusorias promesas tienda a alejar a las sociedades italianas del verdadero amor a la nueva Italia gobernada por el genio ilustrado que impulsa su acción hacia la conquista de la paz social y la verdadera justicia colectiva de nuestro pueblo.
En particular, advertimos a la honorable Comisión Directiva de su digna presidencia sobre la constitución de una federación de sociedades democráticas italianas, que bajo este adjetivo se esconde la antiitalianidad más feroz y el extremismo más avanzado.
En la certeza de que nuestra llamada será apreciada en su debido valor por usted y sus dignos colaboradores, le ofrecemos el certificado de nuestra más afectuosa estima [traducción del autor].[37]
La crítica a la nueva federación se centraba en considerarla como una institución contraria a la “italianidad”, marcando fuertemente su oposición a una entidad de carácter democrático y plural. También resultaba curioso que FEDITALIA se arrogara la representatividad de la gran mayoría de asociaciones italianas de la Argentina cuando, en rigor de verdad, no llegaba, para esa época, a las doscientas asociaciones afiliadas.[38] En una de sus asambleas, se expuso que el comunicado al que nos hemos referido más arriba había llegado a manos del secretario de la Embajada de Italia en Buenos Aires, el barón Octavio Serena di Lapigio, quien a su vez lo había aprobado y había solicitado copias para enviarlas a todos los representantes oficiales de Italia en el país.[39]
3.4. Los vínculos entre los grupos dirigentes fascistas y antifascistas del asociacionismo italiano
Como hemos desarrollado previamente, la conformación de FEDITALIA fue el resultado de un acuerdo entre los principales dirigentes del asociacionismo italiano en el que la “italianidad” se impuso como identidad común. Por tal motivo, nos proponemos estudiar algunas particularidades de los grupos dirigentes que condujeron esta entidad y las alianzas que mantuvieron con otros líderes de instituciones tradicionales de la comunidad italiana, como los de la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires, los de la Sociedad de Beneficencia del Hospital Italiano y los del Círculo Italiano durante esta primera mitad del siglo xx.
Si analizamos las características socioeconómicas de los primeros presidentes de la Federación, observamos que predominaron aquellos que se desempañaban como profesionales o empresarios y que tenían una destacada participación en el asociacionismo. El presidente de la primera asamblea en 1912, Tito Luciani, era un ingeniero civil con fuertes vínculos empresariales y activa intervención en la Dante Alighieri de Buenos Aires, la Cámara de Comerio Italiana y el Círculo Italiano.[40] De los tres primeros presidentes de FEDITALIA, podemos decir que Alessandro Tedeschi era médico y docente universitario y, al igual que Luciani, con participación en la Dante Alighieri y el Círculo Italiano; su sucesor, Enrico Figari, era comerciante y empresario farmacéutico; a quien le siguió Attilio Massone, destacado empresario farmacéutico y fundador de una importante firma, que en sus comienzos se desempeñó como periodista.[41]
Durante la vinculación de FEDITALIA con el fascismo entre 1926 y 1945, y con su posterior acercamiento al peronismo durante los años 1945 y 1955, las características de los líderes de la Federación cambiaron. Si analizamos a aquellos dirigentes más reconocidos de esta etapa, observamos que el principal requerimiento para acceder a los máximos puestos de la Federación fue la afinidad ideológica, primero con el fascismo italiano y luego con el gobierno peronista.[42]
A su vez, la posibilidad de establecer lazos con los dirigentes fascistas más importantes de la Federación durante esta etapa –Arsenio Guidi Buffarini y Vittorio Valdani– también fue determinante. En este sentido, podemos pensar en un estilo de conducción personalista, menos horizontal y con menor legitimación, a diferencia de lo que ocurrió antes y después de esta etapa en la Federación.
A continuación, nos proponemos analizar el perfil de los principales dirigentes de aquellas entidades donde el fascismo tenía una marcada influencia y que tuvieron afinidad con los líderes de FEDITALIA. En primer lugar, debemos mencionar a Dionisio Armari, quien se desempeñó como presidente de la Sociedad Italiana de Beneficencia del Hospital Italiano de Buenos Aires entre 1927 y 1946. Armari fue un destacado financista y empresario que llegó a ser miembro de los directorios del Banco de Italia y Río de la Plata, la Compañía General Fabril Financiera y la Compañía de Seguros La Inmobiliaria.[43]
En segundo lugar, señalaremos que, durante la mayor parte del régimen fascista en Italia y sus años posteriores, la presidencia del Círculo Italiano estuvo a cargo de Giuseppe Comin (1937-1953); que previamente la habían desempeñado otros dirigentes durante períodos no superiores a los dos años y que antes había sido ejercida por el empresario Vittorio Valdani (1925-1929).[44] Con respecto a esta institución, recordaremos que el Círculo Italiano era uno de los ámbitos más tradicionales de la comunidad italiana de la Argentina. Desde la década de 1930, se impuso la tradicional cena del lunes en su salón comedor, la que convocaba a los principales socios y líderes italianos. A lo largo de su historia, este evento se ha caracterizado por reunir a grupos antagónicos de la comunidad, como republicanos y monárquicos, católicos y anticlericales, fascistas y antifascistas. Luego de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes del Círculo se encargaron de consolidar un ámbito propicio para que pudieran convivir quienes habían apoyado y quienes se habían opuesto al régimen.[45]
En tercer y último lugar, mencionaremos a Adriano Masi, designado en 1936 como inspector de los Fasci para la Argentina, quien se desempeñó al frente de la Dante Alighieri de Buenos Aires, otra de las entidades que estuvo conducida por líderes que adscriban al fascismo. Antes de Masi, la Dante había estado presidida por el ya mencionado Arsenio Guidi Buffarini y por Guido Spinelli, quien también fue presidente del Círculo Italiano, la Asociación de Excombatientes y el Patronato Italiano.[46]
Como mencionamos anteriormente, el análisis de los periódicos pone en evidencia que los líderes fascistas en la Argentina no constituían un grupo homogéneo. Por una parte, había un sector que estaba representado por Vittorio Valdani, propietario de Il Mattino d’Italia, principal órgano de prensa del régimen en la Argentina. Para esta época se desempeñó como director de este periódico Dionisio Armari, quien fue presidente del Hospital Italiano de Buenos Aires durante gran parte del tiempo en que estuvo vigente el régimen fascista.[47]
Por otra parte, se encontraba el grupo ligado a Arsenio Guidi Buffarini, máximo dirigente de la Federación durante este período, quien, además de representar a varias editoriales en la Argentina, apoyó en sus comienzos al periódico referido.[48] Este sector era más cercano a otras publicaciones fascistas y contaba, a su vez, con la publicación de la revista institucional de FEDITALIA.[49]
Otro periódico italiano de Buenos Aires, aunque de menor importancia, pero ligado al régimen, fue Giornale d’Italia, dirigido por Gino Rigamonti. Esta publicación estuvo financiada durante un tiempo por Valdani, cuyos esfuerzos finalmente se concentraron en fundar y sostener al Mattino d’Italia. Tras el alejamiento de Valdani del Giornale d’Italia, fue el empresario Gaetano Perrone quien financió esta publicación.[50] El ingeniero Perrone presidió las empresas Carlo Erba Argentina, Italia-América y la Aseguradora Argentina. Asimismo, mostró un particular interés por la educación y las expresiones artísticas italianas.[51]
Es preciso recordar que, a comienzos de la década de 1920, La Patria degli Italiani decidió no apoyar ni oponerse de forma manifiesta al régimen fascista. Sin embargo, y a pesar de que sus dueños se resistieron a vender el periódico a Vittorio Valdani, con el paso del tiempo esta publicación mostró un apoyo moderado al fascismo. Su falta de posicionamiento político explícito y su acercamiento al fascismo, cuando Il Mattino d’Italia y el Giornale d’Italia ya eran las principales publicaciones de ese signo, provocaron una baja considerable entre sus lectores, lo que derivó en su cierre.[52]
Por su parte, el antifascismo italiano en Argentina contaba con un importante sector que militaba en el comunismo. En 1925 se conformó la Alleanza Antifascista Italiana, entidad que promovía la conformación de un frente común entre todos los sectores antifascistas, impulsada por el Grupo Comunista Italiano del Partido Comunista Argentino (PCA). Este grupo editó, entre 1925 y 1927, el periódico Ordine Nuovo.[53]
La imposibilidad de seguir sosteniendo la organización por “agrupaciones idiomáticas” derivó en la fractura del PCA. Así surgió el Partido Comunista de la Región Argentina, que aceptaba la división por lenguas. Del lado de los italianos, cobraría relevancia el dirigente Giuseppe Tuntar, que, a partir de 1928, logró la publicación de dos periódicos: L’Antifascista e Il Lavoratore.[54]
Hacia finales de la década de 1920, el antifascismo italiano de Argentina estaba imposibilitado de conformar una estructura homogénea. En 1928 los comunistas llevaron a cabo el Congresso Alleanza Antifascista Italiana, que contó con el respaldo de Folco Testena; mientras que los liberales organizaron, en 1929, la Concentrazione di Azione Antifascista, financiada por Torcuato Di Tella.[55]
A partir de 1935, el PCA cambió su caracterización de los gobiernos locales como “nacional fascismo” y, dejando de lado su postura contrarrevolucionaria, se inclinó por una línea reformista que impulsaba la conformación de un “frente popular”.[56] En este contexto surgió la publicación antifascista de la comunidad italiana de Argentina Unione, fundado en 1936 bajo la dirección de Giuseppe Tuntar. Al respecto sabemos muy poco sobre este periódico. Brevemente, podemos mencionar que, en la portada de Unione, Tuntar se presentaba como exdiputado del Parlamento Italiano. La redacción del periódico se encontraba en la calle Callao 683, local en el que funcionaba la sede de la Federación Anarco Comunista Argentina, posteriormente renombrada como Federación Libertaria Argentina. Surgida en 1935, en esta federación se editaron diversos periódicos antifascistas, entre los que se destaca Acción Libertaria.[57]
En este análisis también debemos mencionar a los dirigentes que formaron parte de Italia Libera, una de aquellas entidades que reunía a los principales referentes del antifascismo, como mencionamos anteriormente. Al principio, esta institución no era un espacio homogéneo en cuanto a sus ideas políticas, ya que concentraba personalidades de distintos ámbitos. A grandes rasgos, podemos mencionar dos grupos bien diferenciados: uno que congregaba a aquellos liderados por Giuseppe Parpagloni, quien se mostraba a favor de incorporar a los sectores de izquierda a la organización; mientras que el otro nucleaba a quienes apoyaban a Mario Mariani, que rechazaba esta apertura.[58] Sería esta última postura la que terminaría imponiéndose en la Conferenza Panamericana de Italia Libera realizada en Montevideo en 1942.[59] Ante esta situación, se constituyó la Unione Italiana Garibaldi, que nucleaba a los sectores de izquierda alejados de Italia Libera y que en 1943 sería reemplazada por la Azione Italiana Garibaldi (AIG).[60]
Una semana después de esta conferencia, el comité de Italia Libera de Rosario comenzó a publicar Foglio Italiano. Con una tirada quincenal, las noticias tendían a presentar el ocaso del fascismo italiano y las consecuencias económicas, sociales y políticas del régimen. Aunque también debemos destacar que aparecían con frecuencia artículos de opinión de líderes locales y las actividades desarrolladas por el comité en la ciudad santafesina. Asimismo, hubo denuncias hacia el fascismo italiano en el país[61] y se publicaron listas negras de comercios de Rosario.[62]
Esta descripción general del antifascismo italiano en Argentina, tendiente a la fragmentación, nos permite entender la diversidad de periódicos. Cada una de las publicaciones servía como medios de divulgación de las ideas de los grupos dirigentes representados. La corta duración de estas publicaciones podría ser entendida como una incapacidad de los líderes para interpelar a un sector lo suficientemente importante del grupo que permitiera el desarrollo de sus proyectos dirigenciales.
Entre los dirigentes ligados a Italia Libera, mencionaremos a Dioniso Petriella, destacado miembro de la asociación Nuova Dante –entidad que buscaba hacer frente a la tradicional Dante Alighieri de Buenos Aires—. Ettore Rossi, por su parte, desempeñó un papel importante en Italia Libera, ya que, además de ser un reconocido periodista de la comunidad italiana en Argentina, tenía también una gran influencia en aquellas asociaciones en las que los fascistas carecían de relevancia.[63] Recordemos que Rossi fundaría, en el año 1949, el periódico Corriere degli Italiani, que con el tiempo se convertiría en la publicación más importante de la comunidad durante la posguerra.
Entre otros dirigentes relevantes del grupo antifascista en la Argentina, podemos mencionar a Alberto Pecorini, presidente de la Nuova Dante y primer presidente de la asociación Italia Libera;[64] Leonardo Alterisio; Renato Ugolini; Giuseppe Coppola, presidente de la AIMI; Cesare Civita, fundador del grupo editorial Abril;[65] Sigfrido Ciccotti, miembro del Partido Socialista Argentino; Gino Germani, a cargo del sector juvenil de Italia Libera junto a Carlos Mansone; Nicola Cilla, director del periódico institucional; y Torcuato Di Tella, importante empresario industrial que financió muchos de los emprendimientos de esta institución.[66]
Es preciso señalar que algunos de los miembros de Italia Libera terminarían consolidándose como los líderes naturales del proceso de renovación dirigencial de la comunidad italiana en la Argentina que tuvo lugar recién a mediados de la década de 1950. Por otra parte, debemos volver a mencionar que, entre 1926 y 1955, FEDITALIA fue perdiendo cada vez más influencia en la comunidad, convirtiéndose por momentos en una estructura vacía. Muchas asociaciones se fueron alejando, y los primeros intentos por lograr su retorno, luego de 1945, fracasaron. La pérdida de poder de los fascistas fue progresiva ante la imposibilidad de lograr que la Federación se convirtiera en una institución que nucleara a toda la comunidad. Esto quedará en evidencia cuando analicemos el boicot al primer Congreso General Extraordinario de FEDITALIA de 1951.
3.5. El régimen fascista y los líderes de la comunidad italiana de Buenos Aires
Con el ascenso de Mussolini, se produjo de forma paulatina la “fascistización” de todos los organismos oficiales de Italia en el país.[67] El conde Giuseppe Colli di Felizzano, enviado especial y ministro plenipotenciario, tuvo que dejar su cargo en 1923 a causa de su condición de antifascista. En su lugar asumió en 1924 Luigi Aldrovandi Marescotti, quien se convertiría en el primer embajador de Italia en la Argentina.[68] Esta tendencia se trasladó a varias asociaciones italianas: bastará con volver a mencionar que, desde que Buffarini Guidi asumiera por primera vez la presidencia de la Federación General de Asociaciones Italianas, en 1920, este cargo fue desempeñado por dirigentes fascistas hasta 1955.
En la Argentina, el régimen fascista había conformado las delegaciones de la Opera Nazionale Dopolavoro, Opera Nazionale Balilla, la Gioventù Italiana del Littorio, la Associazione Lavoratori Fascisti all’Estero y la Gioventù Italiana creadas a imagen de las que habían surgido en la península.[69] Por otra parte, si bien el fascismo no había penetrado en la totalidad del asociacionismo, algunas de las más importantes instituciones dependían directa o indirectamente del gobierno italiano y, por lo tanto, fueron rápidamente controladas por este. Tales son los casos del Patronato, la asociación Dante Alighieri de Buenos Aires y algunas escuelas italianas –aquellas conformadas por los Fasci o bien las de anterior creación nucleadas en la asociación Pro Schola–,[70] que fueron espacios dirigidos por líderes fascistas con fuertes vínculos con los organismos oficiales italianos en el país.[71]
El gobierno italiano había enviado agentes especiales a la Argentina, Brasil y Chile con el objetivo de iniciar una intensa propaganda a favor del fascismo.[72] Estos delegados actuaban con independencia de la representación diplomática y recibían instrucciones directas del propio Mussolini. Incluso algunos de ellos podían tener mayor influencia en el gobierno italiano que los embajadores. Estas designaciones sorprendieron al embajador argentino en Chile, Manuel Malbrán, quien solicitó una entrevista con un miembro del cuerpo diplomático italiano en el país trasandino en la que le manifestó que era
tan importante la obra que pensaba realizar el fascismo, y tan importantes las consecuencias que se derivarían de su buena propaganda entre los residentes italianos de América, que bien valía la pena no tomar en cuenta los pequeños errores que se pudieran cometer.[73]
La valoración del régimen fascista acerca de los italianos en el extranjero tenía dos propósitos bien definidos: buscaba satisfacer las aspiraciones imperialistas de Mussolini en las zonas cercanas a Italia –con lo que Argentina en particular y Sudamérica en general no estaban entre sus prioridades–[74] y destinar todos los instrumentos del Estado italiano a la difusión y el sostenimiento de la “italianidad”. Debemos prestar especial atención a este detalle porque, si bien la promoción de la identidad nacional en un país de reciente conformación y con marcadas diferencias regionales fue una constante desde la constitución del Reino de Italia, a partir de 1922, los organismos estatales concebían a la “italianidad” como sinónimo de fascismo. Lo que se pretendía con esta política era generar apoyo pleno al régimen.[75]
Este esquema no tuvo, en la práctica, una respuesta lineal y tendió a caracterizarse por un desarrollo ambivalente y muchas veces contradictorio.[76] En países como la Argentina, el fascismo no había logrado penetrar de la misma forma que en Italia. Los dirigentes locales que lo apoyaban, además de intentar la “fascistización” del asociacionismo, replicaron muchas de las instituciones que el régimen había creado en la península. Incluso en la Argentina, estaba presente el Partido Nacional Fascista (PNF), cuya sección de Buenos Aires fue inaugurada días antes de la marcha sobre Roma en 1922.[77] El desarrollo de estas instituciones no estuvo limitado a la capital del país, ya que se fueron instalando en diversas ciudades donde había representación consular, como Mendoza, Córdoba, Rosario, Santa Fe y Bahía Blanca;[78] su proliferación, más allá de los diversos liderazgos, se debió a la subordinación de estas instituciones a las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina. Además, se establecía en el reglamento de los Fasci que tenían que acatar las leyes del país de residencia para evitar conflictos y brindar asistencia a los italianos.[79]
El propio Mussolini impartió una serie de recomendaciones a los representantes de las agrupaciones fascistas en el exterior. Entre otras, respetar las leyes del país de acogida, no intervenir en política interna, no provocar desórdenes, ayudar a los emigrados italianos y respetar a los representantes oficiales italianos. El objetivo era lograr la “valorización del elemento italiano en el extranjero”, entendiendo que, de esta manera, “la simpatía que ya rodea a nuestro movimiento político aumentará”.[80]
Sin embargo, la presencia de estas instituciones y dirigentes del régimen en la Argentina derivó en una escalada de violencia en su contra. Al menos desde 1925, las reuniones de los representantes del fascismo en el país requerían de protección por parte del gobierno argentino.[81] Luego del atentado al Consulado General de Italia en Buenos Aires ocurrido en mayo de 1928, que provocó treinta y cinco heridos y la muerte de nueve personas,[82] las autoridades italianas demandaron un refuerzo de la vigilancia en las distintas sedes del cuerpo diplomático de Italia en las ciudades de Santa Fe, Rosario, San Juan, Mendoza, Córdoba –se menciona que aquí hubo un “atentado dinamitero”–, La Plata y Bahía Blanca, donde se habían registrado diversos actos de vandalismo y daños.[83] También hemos comprobado la existencia de denuncias, durante 1938, por parte de las autoridades diplomáticas italianas en Buenos Aires, motivadas por el robo de banderas italianas a la sede Antonio Locatelli del Dopolavoro y por las amenazas contra la escuela Príncipe Umberto, perteneciente al Fascio local.[84]
Al frente de estas instituciones, de las cuales la Opera Nazionale Dopolavoro era la más destacada, estaban muchos de los dirigentes del asociacionismo que apoyaban al régimen.[85] Vittorio Valdani fue presidente de los Fasci en Argentina entre 1925 y 1928, mientras era también el presidente del Círculo Italiano; la Dopolavoro estuvo presidida, además de por el propio Valdani, por el comerciante e industrial Antonio Demarchi, quien participaba activamente de la promoción deportiva, y por el ya mencionado Adriano Masi, presidente de la asociación Dante Alighieri de Buenos Aires, designado como inspector de los Fasci, entre otros.[86]
El hecho de que algunas de las más importantes asociaciones creadas por los inmigrantes italianos de Buenos Aires estuvieran dirigidas por fascistas permitía que los lazos con funcionarios y representantes oficiales de Italia fueran más fluidos. Esto, sumado a la importante cantidad de italianos residentes en el país, dio lugar a que la Argentina llamara la atención de algunos funcionarios del régimen.[87]
En 1924, el príncipe Umberto di Savoia, quien posteriormente se convertiría en el último rey de Italia, arribó a la Argentina constituyendo la visita más importante de un alto representante italiano al país hasta el momento.[88] El heredero a la Corona fue recibido por el presidente Alvear y, para confirmar los vínculos existentes entre ambos países, se crearon en Buenos Aires y Roma el Istituto Argentino di Cultura Italica y el Instituto Italiano de Cultura Argentina, respectivamente, además de elevarse las misiones diplomáticas al rango de embajadas.[89]
El representante de la realeza italiana permaneció en la Ciudad de Buenos Aires desde el 6 de agosto hasta el 11 del mismo mes y en su honor se produjeron diversos reconocimientos, desfiles, conferencias y recepciones con la presencia de las máximas autoridades del país, entre otras. Las crónicas periodísticas destacaron la impresionante respuesta a las convocatorias por parte de la comunidad italiana durante esos actos.[90] Un acontecimiento que debemos señalar fue el hecho de que, en uno de esos desfiles, se hizo presente un grupo uniformado con camisas negras.[91]
La presencia del príncipe Umberto no limitó su estadía a la Ciudad de Buenos Aires, sino que emprendió un largo itinerario en tren que lo llevó a las ciudades de Rosario, Córdoba, Tucumán y Mendoza, entre otros puntos del país. Desde Mendoza partió hacia Chile y luego regresó a la capital argentina para retornar en barco a Italia.[92] En conmemoración de esta visita del príncipe Umberto al país, la comunidad italiana de la Argentina convocó a una colecta que reuniera fondos para la donación, a la Ciudad de Buenos Aires, de la Antena Monumental, también conocida como Mástil de los Italianos. La inauguración se concretó tres años más tarde, en 1927, y contó con la presencia del presidente Alvear; el ministro de Relaciones Exteriores, Ángel Gallardo; el embajador italiano Alberto Martin Franklin; el cónsul general Luigi Vidau; y los dirigentes fascistas Arsenio Guidi Buffarini y Vittorio Valdani.[93] En un festejo colmado de símbolos patrios de Italia y la Argentina, al que asistieron seiscientos estudiantes de las escuelas italianas, quedaba demostrada la orientación política de los espacios institucionales reconocidos por las autoridades, aun cuando estos seguían arrogándose la apoliticidad.[94]
Imagen 3. El presidente de FEDITALIA, Arsenio Guidi Buffarini, y el presidente de la nación Marcelo Torcuato de Alvear descubren la Antena Monumental

Fuente: Guidi Buffarini, Arsenio (1931). Arsenio Guidi Buffarini e la sua opera. Buenos Aires: SAGB, p. 518.
La réplica de las instituciones fascistas en la Argentina y la cooptación de varias asociaciones tradicionales de los italianos en el país y de los dirigentes que las conducían se combinaron con una baja penetración del fascismo en el asociacionismo en general.[95] Esto lo podemos comprobar si analizamos el censo de los italianos en el extranjero de 1927. En este relevamiento se establecieron tres categorías diferentes para las asociaciones de Buenos Aires, según su pertenencia institucional. Las que estaban asociadas a la Assoziacione Italiana di Mutualitá ed Istruzione (AIMI) eran quince entidades y tenían en total siete mil quinientos socios; las que estaban con la Federación General de Asociaciones Italianas eran veintiocho y contaban con veinticinco mil socios; y las instituciones libres que no estaban federadas eran treinta y una y tenían siete mil quinientos socios.[96]
Debemos tener en cuenta que la AIMI había renunciado a la Federación ese mismo año a causa de su posicionamiento político y que, si bien no podemos asegurar que todas las asociaciones libres eran estrictamente antifascistas, lo cierto es que la gran mayoría de las instituciones no federadas estaban más alejadas de la circulación discursiva del régimen que las federadas. Esto nos lleva a suponer que, al menos en Buenos Aires, mientras que los líderes fascistas tenían una fuerte injerencia en veintiocho asociaciones, estaban muy relegados en cuarenta y seis. Un análisis sobre la cantidad de asociados de cada agrupamiento es un poco más complejo porque, según el censo, los dirigentes fascistas contaban con una mayor cantidad de asociados. Lo que nos hace dudar de su veracidad es que el censo expresa que la AIMI tenía la misma cantidad de socios que las instituciones libres: siete mil quinientos. Esto es aún más llamativo si tenemos en cuenta que muchas de las asociaciones que históricamente tenían una mayor cantidad de asociados estaban alejadas de la Federación. En la siguiente tabla, se detallan las asociaciones relevadas en el censo.
Tabla n.º 3. Asociaciones italianas de Buenos Aires de 1927
| Pertenencia institucional | Asociaciones | Cantidad de socios |
| Assoziacione Italiana di Mutualitá ed Istruzione | Unione e Benevolenza; Unione Operai Italiani; Italia; xx Settembre; Giuseppe Garibaldi; Unione Barlettana; Cavour; Camillo Benso Conte di Cavour; Veneta di M. S.; Volturno; Fratellanza Militare; Trionfo Ligure; La Patriottica; Le Italiane al Plata; Petruccelli della Gattina | 7.500 |
| Federación General de Asociaciones Italianas | Circolo Italiano Roma; Primo Circolo Italiano Mandolinistico; Lago di Como; Unione Alessandria; Tiro a Segno; Cuochi e Camerieri; La Floresta; Ligure; Margherita Ligure; Nuova xx Settembre; Operai Italiani di Villa Devoto; Pompieri Volontari della Boca; Reduci Patrie Battaglie; Reduci Guerra Europea; Italiana Maschile e Femminile di Belgrano; Umberto I; Patria e Lavoro; Patronato e Rimpatrio; Torquato Tasso; Unione Gregoriana; Figli d’Italia; Italia Unita; Colonia Italiana; Mutualità ed Istruzione; Pro Schola; Dante Alighieri; Pro Asili d’infanzia. | 25.000 |
| Asociaciones libres | Circolo Italiano; Club Italiano; Giuseppe Verdi; Amilcare Ponchielli; Club Canottieri Italiani; Ex Garibaldini; Federico Campanella; Gioiosa Jonica al Plata; Giovane Italia; I Sette Colli; Latium; La Previdenza; La Trinacria; Liguria; Nuova Italia; Progenie d’Italia; Unione della Boca; Unione Italiana del Caballito; Unione Italiana; Unione Meridionale; Vogherese di Beneficenza; Ospedale Italiano; Il Risorgimento; Archimede; Eppur si muove; Centro Culturale; Istituto Argentino di Cultura Italiana; Lega Navale; Centro Repubblicano; Democrata Italiana; Camera Italiana di Commercio. | 7.500 |
Fuente: elaboración propia a partir de la información brindada por Censimento degli Italiani all’Estero alla metà dell’anno 1927, Ministero Degli Affari Esteri, Roma: Provveditorato generale dello Stato, Libreria, 1928, pp. 387-388.
También observamos que el Círculo Italiano aparece como una institución libre y que –como hemos mencionado anteriormente– contaba con muchos dirigentes y miembros fascistas; que el Club Italiano aparece como no federado, aunque sabemos que, al menos durante un determinado período, fue un espacio propicio para la divulgación del fascismo;[97] y que muchas instituciones de renombre no aparecen en el registro, o apenas son mencionadas, como las de beneficencia, compuestas exclusivamente por mujeres.
Consideramos que este relevamiento hecho por el propio gobierno italiano permite evidenciar que la mayoría de los líderes del asociacionismo no estaban incorporados plenamente a la estructura fascista.[98] Es preciso mencionar, entre las principales dificultades que enfrentaron estas entidades fascistas en la Argentina, la rivalidad que les presentaban las instituciones creadas con anterioridad por los propios inmigrantes, ya que había una superposición de propósitos y objetivos entre unas y otras.[99]
Resulta necesario mencionar que el alejamiento de FEDITALIA de las instituciones se constituyó en un tema sumamente relevante para la Federación. En 1930 el Consejo Directivo envió una circular a todos los presidentes de las asociaciones italianas de la Argentina para que se sumaran a la entidad. Entendía que, si bien había muchas de ellas que estaban federadas, “otras permanecen indiferentes, tal vez por apatía, pero ciertamente no por falta de buenos sentimientos que no pueden faltar entre los miembros de las asociaciones cuya constitución en sí misma los manifiesta claramente [traducción del autor]”.[100] A estas últimas les comunicaba las ventajas de incorporarse a FEDITALIA, entre las que podemos destacar la asesoría jurídica, el servicio de la oficina farmacéutica, el envío de delegados de la Federación a las asociaciones para brindar ayuda, entre otras. También expresaba:
La Federación, que goza de la simpatía, la confianza y el apoyo de las autoridades italianas, podrá ejercer sus buenos oficios con las mismas autoridades para la creación de agencias consulares en el interior, asesorando en la elección de sus titulares [traducción del autor].[101]
Esto pone en evidencia los vínculos establecidos entre los líderes de FEDITALIA y las autoridades diplomáticas italianas en la Argentina.
También debemos tener en cuenta que no todos los líderes que no apoyaban al fascismo estaban involucrados en la lucha antifascista en la Argentina; mucho menos las instituciones que ellos conducían. Recordemos que la declamada apoliticidad fue la base para la construcción del asociacionismo en el país, ya que, si se abría libremente la discusión política en estos ámbitos, podrían surgir otros cuestionamientos. En todo caso, lo que tuvo lugar fue una crítica a la visión totalitaria del fascismo y una reivindicación de la “italianidad” como pertenencia nacional. Es posible pensar que los ámbitos más apropiados para los antifascistas fueran instituciones como Italia Libera o Azione Italiana Garibaldi.
Otra perspectiva interesante sobre la que podemos reflexionar es acerca del declive que tuvo el asociacionismo italiano en la Argentina a partir de la década de 1930. Esto se debió a la abrupta disminución de los flujos migratorios, el envejecimiento de los inmigrantes y la plena integración de sus hijos a la sociedad local.[102] Aunque podríamos añadir que, mientras que los organismos oficiales italianos en la Argentina y muchas de las asociaciones tradicionales respondían al fascismo, la mayoría de las instituciones y un porcentaje mayoritario de las bases no apoyaban al régimen. El hecho de que cada acto o convocatoria estaba atravesado por la entonación del himno a Roma o por una declamación de fidelidad a Mussolini pudo haber incidido en una merma en la participación de aquellos que no se sentían identificados. Incluso, si los programas de las asociaciones antifascistas hubieran estado reducidos estrictamente a la discusión política, podría haberse dado la misma situación. Por último, debemos tener en cuenta que determinadas actividades y emprendimientos de la comunidad requerían del respaldo de las autoridades diplomáticas, por lo que muchas instituciones perdieron esa fuente de sostenimiento.[103]
3.6. Consideraciones finales
A lo largo de este capítulo, hemos analizado la división de la comunidad italiana de Argentina como consecuencia del ascenso del fascismo. Los vínculos entre los grupos dirigentes que estuvieron al frente de FEDITALIA y los organismos oficiales de Argentina e Italia fueron determinantes para que esta escisión se produjera. A partir de 1923, estas relaciones han sido muy fuertes, y es posible pensar en una intervención de hecho de la Federación. La corriente ideológica predominante de los líderes de estos años fue el fascismo, que recibió apoyo en primer lugar del régimen italiano y posteriormente del gobierno peronista, como analizaremos en el siguiente capítulo.
Por tal motivo, resulta sumamente interesante pensar en la importancia que tuvo esta institución para los distintos regímenes políticos en sus proyectos de cooptación de la comunidad italiana en la Argentina. Si bien continuaremos desarrollando este tema a lo largo de este libro, podríamos señalar aquí que este interés no fue exclusivo del fascismo ni del peronismo: posteriormente, la Italia republicana tomó al asociacionismo como el principal canal de relación con la comunidad emigrada.
Desde mediados del siglo XIX, las autoridades diplomáticas actuaron en la conformación de asociaciones italianas de carácter mutual y cultural. Al frente de estas instituciones, estuvieron alineados dirigentes que adscribían al régimen monárquico en un contexto donde la mayoría de la comunidad apoyaba las ideas republicanas. Ahí también intervinieron los representantes italianos para apoyar una dirigencia compuesta por líderes de diversas ideas políticas, pero que reconocieran al régimen italiano.
La conformación de FEDITALIA hacía presagiar el inicio de una nueva etapa, en la que los líderes del asociacionismo italiano de Argentina pudieran trabajar de forma conjunta. Para esto era fundamental continuar aumentando la cantidad de instituciones afiliadas con el propósito de abordar los intereses comunes del grupo. Una Federación de carácter nacional permitiría articular mejor con las autoridades de Italia y Argentina. Tal como había ocurrido en el período anterior, las diferencias políticas debían mantenerse al margen de los distintos proyectos comunitarios para evitar cualquier enfrentamiento.
Con el ascenso del fascismo y la “fascistización” del cuerpo diplomático, se produjo una nueva división en la comunidad. El proyecto del PNF de intervenir activamente en la vida del inmigrante italiano a través de las instituciones aquí creadas y de la cooptación de muchas de las preexistentes nunca tuvo respaldo pleno en la comunidad. A pesar de esto, se estableció una extendida red nacional de instituciones fascistas que posibilitó la difusión de esta ideología en muchas ciudades de la Argentina.
También hemos analizado el modo en que los líderes de FEDITALIA han llevado adelante estrategias, alianzas y lazos personales para ejercer su poder dentro de la comunidad italiana. En la primera etapa, hasta 1926, los líderes tenían cierta trayectoria en el asociacionismo o participación en la prensa comunitaria. Durante los años del fascismo, prevalecieron los vínculos personales y el apoyo al régimen por parte de los dirigentes. La conducción de FEDITALIA bajo el liderazgo de Guidi Buffarini, durante la mayor parte de los años del régimen, se explica por los fuertes vínculos establecidos con autoridades diplomáticas y funcionarios del gobierno italiano, así como por su capacidad para conformar un grupo de dirigentes del asociacionismo que respaldara su conducción. No obstante ello, y como desarrollaremos en el siguiente capítulo, su legado fue una federación sumamente reducida y con muy poca representatividad en el grupo.
- Cimatti, Bruno (2023). Camisas negras…, cit., p. 287.↵
- Copia del acta de la primera asamblea de los delegados de las asociaciones para la conformación de la Federación de las Asociaciones Italianas de Buenos Aires, efectuada el día 29 de mayo de 1912. Archivo FEDITALIA.↵
- Tito Luciani fue un respetado dirigente del asociacionismo e, incluso treinta años después de su muerte, seguía siendo recordado como uno de los principales exponentes del grupo por la propia comunidad italiana. “A trent’anni dalla morte dell’Ingenero Tito Luciani”, Giornale d’Italia, año il, n.º 9.609, Buenos Aires, 9 de mayo de 1955, p. 3.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Ibid.↵
- Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 176-177.↵
- Como desarrollamos en el segundo capítulo, estos fueron algunos de los problemas señalados por los dirigentes durante el congreso de asociaciones italianas de 1891.↵
- Durante esta visita hubo un importante desfile realizado en Buenos Aires que contó con la presencia de las asociaciones italianas de todo el país. El príncipe también fue agasajado en el local de la Federación, que por aquellos años era conducida por Adone Vendemiati. Ver AHCA, División Política, Caja n.º 2.293, Exp. n.º 26, “Italia 1924”, 10/08/1924.↵
- Bollettino dell’Emigrazione (1909). Ministero degli Affari Esteri, año 9, n.º 9, Roma: Cooperativa Tipografica Manuzio, pp. 90-91.↵
- Atti del Primo Congresso degli Italiani all’Estero, vol. I (1908), Istituto Coloniale Italiano, Roma: Cooperativa Tipografica Manuzio, pp. 66-67.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Atti del Primo Congresso degli Italiani all’Estero, vol. I (1911), Istituto Coloniale Italiano, Roma: Società Editrice Romana, pp. 27-28.↵
- AHCA, División Diplomática y Consular, Caja n.º 1.266, Exp. n.º 119, “Amadeo Bianchi”, 12/01/1917.↵
- AHCA, División Diplomática y Consular, Caja n.º 1.486 bis, Exp. n.º 101, “Solicita autorización para enarbolar bandera italiana en ocasión del xx de septiembre”, 24/10/1914.↵
- AHCA, División VC ii, Caja n.º 296, Exp. n.º S/N, “Italia. Visita Sr. Orlando”, 12 y 13/11/1920.↵
- “Chi ha rubato quindicimila pezzi alle Scuole Italiane”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2717, Buenos Aires, 7 de mayo de 1925, p. 1; “Intorno al furto commesso alle Federazione a danno delle Scuole Italiane”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2718, Buenos Aires, 8 de mayo de 1925, p. 1; “Mentre la polizia indaga e le Società deliberano”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2719, Buenos Aires, 9 de mayo de 1925, p. 1; “Contro la congiura del silenzio intorno al furto della Federazione”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2720, Buenos Aires, 10 de mayo de 1925, p. 1; “Echi del furto alla Federazione”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2721, Buenos Aires, 11 de mayo de 1925, p. 1; “Acora sul furto della Federazione”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2722, Buenos Aires, 12 de mayo de 1925, p. 1.↵
- “Una gratuita ed intempestiva asserzione del solito Vendemiati”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2723, Buenos Aires, 13 de mayo de 1925, p. 3.↵
- “Le elezioni della federazione e la ‘Lista della Lavandaia’”, L’Italia del Popolo, año ix, n.º 2728, Buenos Aires, 18 de mayo de 1925, p. 3.↵
- Finchelstein, Federico (2010). Cit., p. 166.↵
- Smolensky, Eleonora (2013). Cit., p. 467.↵
- El enfrentamiento entre estos dos sectores dirigenciales fascistas, liderados por Buffarini Guidi y por Valdani, era de carácter público. Un ejemplo de esto puede verse en una nota de repudio a la Federación, publicada por Il Mattino d’Italia, donde se la acusaba de no difundir la noticia del reparto de material escolar por parte de la asociación Pro Schola, para obtener publicidad de las casas comerciales que proveían estos útiles. Ver “Noi e la federazione”, Il Mattino d’Italia, año viii, n.º 2.573, Buenos Aires, 26 de junio de 1937, p. 5.↵
- Bertagna, Federica (2009). “La stampa…”, cit.↵
- Scarzanella, Eugenia (2007). “Camicie Nere / Camisas negras”. En Eugenia Scarzanella (Comp.), Fascistas en América del Sur (pp. 9-20). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.↵
- Los Fasci di Italiani all’Estero lograron consolidarse en aquellas comunidades menos numerosas o de reciente formación en las que el fascismo podía desempeñar un papel más significativo. Por el contrario, en las comunidades más antiguas y mejor organizadas, la expansión de los Fasci se enfrentó a la resistencia de sus opositores. Ver Fotia, Laura (2015). Cit., pp. 289-290.↵
- Para un desarrollo más profundo de la vida de Vittorio Valdani, ver Scarzanella, Eugenia (2007). “El fascismo…”, cit.↵
- Esta declaración ha sido identificada previamente por Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 351. Esta se encuentra en Guidi Buffarini, Arsenio (1931). Arsenio Guidi Buffarini e la sua opera. Buenos Aires: SAGB.↵
- Ostuni, María Rosaria (1990). “L’archivio…”, cit., pp. 104-105.↵
- “Con la solenne commemorazione del ‘venti settembre’ la Federazione delle Società Democratiche Italiane dell’Argentina ha ricevuto un imponente ed entusiastico battesimo popolare”, L’Italia del Popolo, año xii, n.º 7.783, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1938, p. 3.↵
- Si bien esta celebración fue perdiendo vigencia en la comunidad italiana de la Argentina, a partir de la firma de los Pactos lateranenses entre la Italia fascista y la Iglesia católica, en Brasil continuó celebrándose el xx Settembre de forma espontánea en diversos lugares donde la presencia italiana estaba consolidada. Ver Franzina, Emilio (2005). “Memoria…”, cit., p. 468.↵
- “Il magistrale discorso dell’on. Mario Bravo”, L’Italia del Popolo, año xii, n.º 7.783, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1938, p. 3.↵
- “Recordarse hoy la fecha que señala la unidad e independencia de Italia y la caída del poder temporal papal”, La Vanguardia, año xlv, n.º 11.322, Buenos Aires, 20 de septiembre de 1938, p. 2.↵
- “xx de septiembre”, La Vanguardia, año xlv, n.º 11.322, Buenos Aires, 20 de septiembre de 1938, p. 8.↵
- A diferencia de lo que ocurrió con su par norteamericana, la Mazzini Society, que se abocó a influir en la elite norteamericana para acceder en forma generalizada a la sociedad receptora. Ver Huernos, Marcelo (2017). Op. Cit.↵
- Fuorusciti era la denominación que recibían los exiliados políticos que rechazaron el régimen fascista. Los principales países de exilio de los fuorusciti fueron Austria, Suiza, Países Bajos, Argentina; Estados Unidos, Brasil, Bélgica; Uruguay y Francia, siendo este último el principal país desde donde los antifascistas italianos en el extranjero llevaron adelante la lucha contra el régimen. Grillo, María Victoria (2002). “El antifascismo…”, cit., pp. 76-78.↵
- Fanesi, Pietro (1994). El exilio…, cit.↵
- Acción Argentina surgió en la Argentina ante la ocupación alemana de Francia para denunciar y rechazar el avance del fascismo en el país. Su alianza con asociaciones como Italia Libera le servía para demostrar que los regímenes totalitarios no representaban a la totalidad de los pueblos que gobernaban. Ver Bisso, Andrés (2005). Acción Argentina: un antifascismo nacional en tiempos de guerra mundial. Buenos Aires: Prometeo, pp. 107-108.↵
- Reunión ordinaria del Consejo Directivo, Buenos Aires, 14 de septiembre de 1938, Archivo FEDITALIA, Libro de Actas.↵
- El análisis cuantitativo de las asociaciones federadas y libres durante este período se realizará en los sucesivos apartados.↵
- Reunión ordinaria del Consejo Directivo, Buenos Aires, 19 de septiembre de 1938, Archivo FEDITALIA, Libro de Actas.↵
- Incluso resulta interesante mencionar que, además de su trayectoria en el asociacionismo, Alessandro Tedeschi incursionó en la masonería. Luego de su participación en la Primera Guerra Mundial, Tedeschi se mudó a Francia en 1930 y al año siguiente fue nombrado Gran Maestro del Gran Oriente de Italia en el exilio. Sergi, Pantaleone (2012a). Patria…, cit., pp. 194-195.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Capuzzi, Lucia (2006). Cit.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Cien Años…, cit.↵
- Smolensky, Eleonora (2013). Cit., pp. 570-571.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Ibid., p. 247.↵
- Bertagna, Federica (2009). La stampa…, cit., p. 207.↵
- Lamentablemente, la revista editada por FEDITALIA durante la primera mitad del siglo xx no se encuentra en el archivo institucional.↵
- Bertagna, Federica (2009). La stampa…, cit., p. 64.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit. Un ejemplo de su contribución a la difusión del arte italiano en el país se vio reflejado en la Esposizione del Lavoro Italiano in Argentina, organizada en 1955 por la Asociación Argentina Amigos de Italia en colaboración con el ENIT. Ver “Con la colaboración del ‘ENIT’ organismo oficial del Estado italiano para el turismo”. Giornale d’Italia, año il, n.º 9.708, Buenos Aires, 5 de septiembre de 1955, p. 5.↵
- Sergi, Pantaleone (2012a). Patria…, cit.↵
- Pasolini, Ricardo Oscar (2009). “Immigrazione italiana, comunismo e antifascismo negli anni tra le due guerre in Argentina: ‘Ordine Nuovo’, 1925-1927”. Archivio Storico dell’Emigrazione Italiane, n.º 13-14, pp. 149-165.↵
- Leiva, María Luján (1983). “Il movimiento…”, cit.↵
- Fanesi, Pietro (1994). El exilio… (vol. 2), cit.↵
- Camarero, Hernán (2023). “El primer antifascismo del partido comunista argentino, 1922-1935”. Anuario IEHS, Suplemento 2023, pp. 59-75.↵
- Bordagaray, María Eugenia (2013). “Luchas antifascistas y trayectorias generizadas en el movimiento libertario argentino (1936-1955)”. Cuadernos de H Ideas, vol. 7, n.º 7. Disponible en perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/cps/article/view/2064, consultado el 26 de noviembre de 2023.↵
- La disputa se dio a través de los periódicos de la comunidad y planteaba la responsabilidad de los partidos políticos italianos en el surgimiento del fascismo, aunque este argumento fue utilizado para excluir a los comunistas y a los anarquistas. Pero, en rigor de verdad, desde el primer número del periódico Italia Libera, Adolfo Panigazzi había caracterizado al grupo claramente como liberal. Ver Huernos, Marcelo (2017). Cit.↵
- Fanesi, Pietro (1994). El exilio… (vol. 2), cit., pp. 105-109.↵
- Ibid., p. 111.↵
- “Las actividades del fascismo perturban a la colectividad”, Foglio Italiano, año i, n.º 3, Rosario, 20 de octubre de 1942, p. 2.↵
- “Los fascistas en Rosario”, Foglio Italiano, año i, n.º 10, Rosario, 18 de noviembre de 1942, p. 3; “La ‘lista negra’ en Rosario”, Foglio Italiano, año i, n.º 10, Rosario, 31 de enero de 1943, p. 3; “‘La Hora Italiana’ y la lista negra”, Foglio Italiano, año i, n.º 15, Rosario, 15 de febrero de 1943, p. 3.↵
- Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 432.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit.↵
- Scarzanella, Eugenia (2016). Abril…, cit.↵
- Germani, Ana (2013). Gino Germani. Del antifascismo a la sociología. Buenos Aires: Taurus, pp. 67-78 y ver Leiva, María Luján (1983). “Il movimiento…”, cit.↵
- Si bien el régimen fascista restringió progresivamente la emigración, hubo un esfuerzo para controlar las comunidades italianas en el extranjero y transformarlas en instrumentos de la política exterior de Roma. Ver Bertonha, João (2001). “Emigrazione e politica estera: la ‘diplomazia sovversiva’ di Mussolini e la questione degli italiani all’estero, 1922-1945”. Altreitalie, vol. 23, n.º 2, pp. 39-61.↵
- Smolensky, Eleonora (2013). Cit., p. 538.↵
- Muchas de estas instituciones estaban vinculadas entre sí, por ejemplo, para aumentar la cantidad de niños que participaban de los Balilla, los miembros de los Fasci locales debían registrar a sus hijos. Ver Aliano, David (2012). Cit., p. 71.↵
- A partir de 1928, el régimen controló la asociación Pro Schola, que nucleaba a las más antiguas escuelas de las asociaciones italianas de Buenos Aires. En 1939 llegó a agrupar a más de mil seiscientos estudiantes. Ver Aliano, David (2012). Cit.↵
- Newton, Ronald (1995). “El fascismo y la colectividad ítalo-argentina, 1922–1945”. Ciclos, vol. 5, n.º 9, pp. 3-30.↵
- Rápidamente estos agentes advirtieron que, sin nuevos flujos migratorios, el mantenimiento de la italianidad entre los italianos residentes en el extranjero era en vano –debido a la rápida integración, especialmente de sus hijos– y que lo único que podía hacer el fascismo era aceptar esta realidad. Ver Bertonha, João (2001). “Emigrazione…”, cit., p. 42.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 2488, Exp. n.º 5, “Sobre designación de agentes para la realización de una campaña en favor del fascismo nombrado por el gobierno italiano”, 14/03/1926.↵
- Si bien los proyectos imperialistas de Mussolini estuvieron centrados en las zonas cercanas a la península itálica, es decir, Europa y África, existieron algunos emprendimientos aislados que podrían ser encuadrados bajo esta lógica, como el estudiado caso de la colonia agrícola en el valle de Río Negro. Ver Sergi, Pantaleone (2012b). “Un modelo…”, cit.↵
- “El fascismo introdujo una nueva perspectiva, que tuvo notables consecuencias prácticas también en la vida de los italianos en el exterior, en la medida en que puso como condición para una solución ‘nacional” del problema de la inmigración y de la italianidad, la identificación de la italianidad con el fascismo. Pero, como en otros ámbitos, también en este el fascismo operó combinando sus aspiraciones totalitarias con una práctica pragmática, que se hacía eco de las situaciones reales contingentes, sin perder de vista su objetivo final”. Gentile, Emilio (1986). Cit., p. 163.↵
- Si bien, hacia fines de la década de 1920 y comienzos de 1930, el fascismo había impuesto una política restrictiva respecto de la salida de los trabajadores de Italia, en sus comienzos Mussolini ponderaba la emigración como una forma de expansión del régimen en el extranjero, refiriéndose a la creación de un “imperio sin fronteras”. Aliano, David (2012). Cit., p. 28.↵
- Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 355.↵
- El Fascio Giulio Giordani de Bahía Blanca se conformó en 1926 y rápidamente tuvo vínculos con el cónsul local Giorgio Foresti. Ver Cimatti, Bruno (2016). “La sociabilidad…”, cit. También en esa ciudad, se conformaron otras instituciones fascistas como el Dopolavoro Ugo Quintavalle en 1929 y el Instituto Ítalo-Argentino de Cultura Umberto di Savoia en 1930. Ver Cimatti, Bruno (2020). “Crecer en…”, cit.↵
- Grillo, María Victoria (2006). “Creer…”, cit., pp. 234-235.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 2386, Exp. n.º 1, “Política Interna”, 4/12/1925.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 2386, Exp. n.º 22, “Reunión de súbditos italianos de tendencia fascista”, 20/12/1925.↵
- Un grupo anarquista conducido por Severino Di Giovanni colocó una bomba en la sede consular. Ver Scarzanella, Eugenia (2007). “El fascismo…”, cit., p. 194. Di Giovanni desempeñó una activa campaña contra el fascismo en la Argentina. En 1925 fue detenido en cercanías del Teatro Colón, junto a otros miembros del grupo L’Avvenire, por distribuir panfletos contrariaros a la monarquía y al fascismo durante la celebración por el vigésimo quinto aniversario del rey de Italia. Ver AHCA, División Política, Caja n.º 2386, Exp. n.º 10, Ministerio del Interior, n.º 11.689, “Publicaciones ofensivas para Italia”, junio de 1925.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 2979, Ministerio del Interior, n.º 014934-S, “Exp. originado denuncia atentados edificios consulados italianos”, junio de 1930.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 3981, Exp. n.º 7, “Reclamación sobre el retiro de bandera italiana en ocasión del aniversario patrio argentino”, 31/05/1938 y AHCA, División Política, Caja n.º 3981, Exp. n.º 14, “Denuncia amenazas terroristas contra la escuela elemental italiana ‘Príncipe Umberto’”, 30/07/1938.↵
- El Dopolavoro fue creado en 1925 y tenía como propósito “defender y valorar el descanso, utilizándolo para reconstruir y tutelar la energía física y mental del individuo, para educarlo moral y físicamente, siempre en interés supremo de la sociedad nacional”. Ver La obra nacional “Dopolavoro” (post-trabajo) en Italia, Roma: Società Editrice di Novissima, 1937, p. 10. Sus actividades se dividían en tres categorías: educación cultural, educación física y asistencia social. Hacia fines de 1935, contaba con más de tres millones de afiliados distribuidos en casi veinte mil agrupaciones, principalmente en Italia, pero también en el extranjero. Ibid., p. 19. En el momento de mayor expansión –hacia fines de la década de 1930–, en Centro y Sudamérica había sesenta y seis secciones del Dopolarovo. Ver Irene Guerrini, Marco (1995). “L’Opera Nazionale Dopolavoro in Sud America: 1926-1941”. Studi Emigrazione, n.º 115, pp. 518-537.↵
- Petriella, Dionisio y Sosa Miatello, Sara (1976). Cit. Lejos de la actitud confrontativa que tuvieron los Fasci all’Estero en sus comienzos, Valdini ordenó a sus miembros no recurrir a la violencia. Por otra parte, el nombramiento de Adriano Masi podría llegar a estar vinculado a la orientación que Piero Parini les imprimió a estas instituciones desde la Direzione Generale degli Italiani all’Estero e Scuole (DIES). Pierini creía que “avanzar en la misión cultural de Italia de promover su identidad nacional conduciría al reclutamiento de fascistas [traducción del autor]”. Ver Aliano, David (2012). Cit., p.46.↵
- Para un análisis más profundo de los vínculos establecidos entre el régimen fascista y la comunidad italiana de la Argentina, ver Aliano, David (2012). Cit. y Fotia, Laura (2015). La politica…, cit.↵
- En gratitud a la recepción organizada y a las buenas relaciones entre ambos países, el municipio de Roma resolvió nombrar una plaza con el nombre de “Buenos Aires”. AHCA, División Política, Caja n.º 2293, Exp. n.º 21, “Denominación de una plaza con el nombre de la capital argentina”, 6/08/1924.↵
- A pesar de que en Argentina comenzó unos años antes, a partir de 1927, Mussolini decidió “fascistizar” la vía diplomática, debido a la importante cantidad de ciudadanos italianos en el extranjero, por lo cual creó setenta nuevos consulados y nombró a ciento veinte cónsules fascistas entre 1928 y 1929. Grillo, María Victoria (2006). “Creer en Mussolini. La proyección exterior del fascismo italiano (Argentina, 1930-1939)”. Ayer, n.º 62, pp. 231-255.↵
- “La colectividad italiana tributó ayer un sincero homenaje al príncipe Humberto de Saboya”, La Prensa, año LV, n.º 19.905, Buenos Aires, 10 de agosto de 1920, p. 20; “preparada por la Federación de las Sociedades Italianas”, La Nación, año lv, n.º 19.002, Buenos Aires, 10 de agosto de 1920, p. 3.↵
- “Las camisas negras”, La Argentina, año xxiv, n.º 7.930, Buenos Aires, 10 de agosto de 1924, p. 1.↵
- AHCA, División Política, Caja n.º 2293, Exp. n.º 4, “Visita a la República por el príncipe heredero de Italia”, 22/07/1924.↵
- Bollettino dell’Emigrazione (1927). Ministero degli Affari Esteri, año 26, n.º 6, Roma: Direzione Amministrazione, pp. 836-837.↵
- Ibid.↵
- Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., p. 355.↵
- Censimento degli Italiani all’Estero alla metà dell’anno 1927, Ministero Degli Affari Esteri, Roma: Provveditorato generale dello Stato, Libreria, 1928, pp. 387-388.↵
- Cortese, Luis (2011). “El Fascismo en el Club Italiano. Buenos Aires (1922-1945)”. RiMe. Rivista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea (ISSN 2035-794X), n.º 6, pp. 413-446.↵
- Recordemos que, luego de su viaje a la Argentina en 1923, Giovanni Giurati, encargado de evaluar países de destino para la migración de italianos en Sudamérica, fue bastante pesimista respecto a las posibilidades de expansión del fascismo en Buenos Aires, a pesar de que aquí se encontraba el Fascio más importante de la región. Grillo, María Victoria (2006). “Creer…”, cit., p. 238.↵
- En 1931 el periódico Giornale d’Italia cuestionó la creación en la Argentina de instituciones fascistas homólogas a las italianas. Ver Cimatti, Bruno y Fotia, Laura (2021). Un periódico…, cit., p. 46.↵
- Guidi Buffarini, Arsenio (1931). Cit., pp. 672-673.↵
- Ibid.↵
- Devoto, Fernando (2006a). Historia de los…, cit., pp. 353-354.↵
- Este podría ser el caso de las instituciones educativas que muchas sociedades mutuales tenían. Durante el fascismo, solo la asociación Pro Schola, creada en 1911, que incluía a las escuelas de la Margherita di Savoia, Gabriele d’Annunzio, Príncipe Umberto y Modello, recibía financiamiento del gobierno italiano. Grillo, María Victoria (2006). “Creer…”, cit., pp. 252-253.↵







