Me dijeron que escribir era una tarea solitaria. Desde mi experiencia, diría que es una tarea solidaria, porque se sustenta en el apoyo material, emocional e intelectual de todas las personas que, de una u otra manera, favorecen, apoyan y sostienen el trabajo.
Me contaron que escribir era un trabajo individual. Luego de transitarlo, puedo afirmar que es un proceso colectivo que se enriquece del tiempo, de los cuidados, de los diálogos, de las lecturas, de los comentarios y de los ánimos de muchos otros/as.
Para ellas y ellos mis agradecimientos:
A mis directores, Sebastián Touza y Carina Lion, por las lecturas, la atención, la
generosidad, la mirada crítica, el acompañamiento y la libertad.
A Fer, mi compañero, por el sostén siempre amoroso.
A Joselina, por creer que puedo y recordármelo siempre.
A mi familia, porque desde lejos acompañan mis sueños.
A mis amigues, por la sororidad con la que me escuchan y sostienen; por su amistad incondicional.
A lxs Ramírez, por el calor familiar.
A Fer Mas, por ayudarme a publicar y darme la confianza para hacerlo.
A Claudia Paparini, Lucy Morchio y Fer Ozollo, maestras en distintas etapas y procesos.
A Eva y Ofelia, por la compañía en las largas horas frente a la pantalla.
Al sistema público de investigación (CONICET).
Y a la universidad pública, por enseñarme que no existe ningún logro personal sin las luchas colectivas.
A todos/as/es, ¡gracias!







