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3 Identidad e institución en el CCNV

El Centro Cristiano Nueva Vida (CCNV) es una comunidad que nace en el seno de la Unión de las Asambleas de Dios, una denominación que se origina a inicios del siglo XX en Estados Unidos como resultado de una diversificación de los pentecostalismos originados durante la primera década del movimiento en dicho país. En Argentina, el primer misionero de esta iglesia llegó por 1920, aunque recién en la década de los 50 dicha denominación cobra más fuerza y visibilización dentro del territorio. Esta iglesia seguía los elementos doctrinales básicos del pentecostalismo, aunque su expresión argentina se caracterizó desde sus inicios por no tener una impronta étnica sino más bien abierta a toda la sociedad en general (Saracco, 2014: 18-32).

El CCNV se funda en 1982 en Parque Patricios, un barrio dentro de Capital Federal que no respondía, al menos por aquel entonces, a la típica “geografía pentecostal” de la época, ya que durante ese período dichas expresiones evangélicas crecían mayormente en sectores populares, antes que en barrios de clase media. La iglesia comienza a asentarse a través del trabajo del pastor principal Guillermo Prein, quien se insertó en este barrio luego de pastorear otra comunidad de la misma denominación en la zona de Isla Maciel donde, como veremos más adelante, tuvo su primera experiencia pastoral, con grandes desafíos a nivel del trabajo comunitario.

Como casi todo proyecto eclesial pentecostal en esa época, Prein comenzó con un pequeño grupo barrial, que fue experimentando un crecimiento exponencial. Inicialmente, se realizaron reuniones caseras, las cuales fueron posteriormente acompañadas de “campañas evangelísticas”, las cuales permitieron un paulatino ingreso de membresía. Cabe mencionar que, dentro de las entrevistas realizadas, este mito de origen (Eliade, 1981) está muy presente dentro del imaginario del liderazgo y la membresía en general; es decir, el recuerdo de un comienzo muy “casero”, en el ámbito de un hogar familiar, que rápidamente logró crecer y extenderse al barrio. Este acontecimiento se halla muy presente como relato histórico fundacional de las prácticas de la iglesia, especialmente en lo que refiere al actual programa de espigas (reuniones caseras). Y tal como veremos más adelante, dicho elemento tiene un trasfondo no solamente histórico sino también teológico, al recordar los comienzos de las primeras comunidades cristianas (Hechos de los Apóstoles 2:44-47) y su configuración en pequeños grupos, retrotrayendo con ello la pureza de los orígenes.

Actualmente, el CCNV abarca un grupo de más de 30.000 personas. Cuenta además con un cuerpo de 390 pastores y 10 templos en distintas zonas de Buenos Aires (Laferrere, Parque Patricios, Microcentro, Virrey del Pino, Olivos, Ezeisa, Monte Grande, Berazategui, Florencio Varela, Castelar y Lanús). También ha mantenido un trabajo misionero en otras provincias y países. Posee cuatro “iglesias hijas” (comunidades que nacieron por el trabajo directo de personas miembro del CCNV en Mendoza, Usuahia, Marsella y Uruguay) y cinco “iglesias hermanas” (comunidades ya establecidas en Rafaela, La Rioja, Córdoba, Rawson y Misiones que, posteriormente, se unieron a la comunidad del CCNV).

Aquí vale subrayar un elemento llamativo con respecto a cómo se entiende la iglesia a sí misma a partir de esta pluralidad de puntos de reunión que la compone. En una de las entrevistas con Aníbal, uno de los principales pastores del CCNV, manifesté mi intención de centrar la investigación “en la iglesia madre” —aludiendo al lunfardo evangélico que refiere a los templos principales u originarios de iglesias que poseen varios centros de reunión—, es decir, en la comunidad que está situada en Parque Patricios. Inmediatamente, Aníbal me interrumpe y dice: “no, no es la iglesia madre. La iglesia es todo el CCNV y todas las comunidades que la componen. Parque Patricios es solo un lugar más de reunión, así como Avellaneda, Mendoza o el que sea”.

Esta afirmación de Aníbal se puede ver plasmada también en el imaginario de la membresía en general y de todos los entrevistados en este trabajo. Existe una construcción discursiva en torno a la constitución heterárquica y federal al referir a la “iglesia”, donde no se precisa un lugar de culto en particular sino la estructura completa del CCNV, lo cual demuestra una constitución comunitaria no centralizada sino a partir de una interacción entre una clasificación instituida de grados (pastor principal, co-pastores, ancianos, etc.) conjuntamente a una institucionalidad capilar de lo eclesial en tanto significante identitario. Dicha narrativa hace que la noción de “iglesia” no se restrinja a un lugar de encuentro sino a un conjunto de comunidades y contextos en interacción, articulados a partir de varios elementos identitarios y procesos institucionales transversales, a saber, visitas de los distintos miembros del cuerpo pastoral, participación conjunta en proyectos de incidencia, uso de materiales o programas de formación en común, entre otros. Más aún, como profundizaremos más adelante, existen “ministerios” —como No Matarás— que son desarrollados a nivel nacional, y que de alguna manera dan cuenta de la articulación de todos los lugares de reunión del CCNV en distintos puntos geográficos.

Esto hace que “la iglesia” en tanto significante se defina a partir de la relación entre una diversidad de comunidades y espacios, y no necesariamente a un punto único, el cual puede llegar a representar, por ejemplo, al centro de operaciones del liderazgo principal del CCNV. Pero también cabe reconocer que más allá de ello, la iglesia de Parque Patricios, además de representar el centro fundante de reuniones, posee las oficinas administrativas de la iglesia —incluyendo la del pastor principal—, así como también es el lugar donde se desarrollan las principales actividades de los diversos ministerios y proyectos que desarrollan. Por esta razón, dicha comunidad particular posee un lugar especial dentro del imaginario identitario y estructuración institucional del CCNV.

Esto nos lleva a destacar el hecho de que dicha iglesia, precisamente, no se autodenomine como tal sino como Centro Cristiano. En una entrevista con Guillermo Prein, le pregunté directamente por qué utilizan esta nomenclatura, a lo cual respondió:

Cuando nace el Centro Cristiano Nueva Vida en mi corazón estaba la visión de tener una comunidad con muchísimas actividades, que abarcaran todo. Desde lo recreativo, educativo, comunitario, social. Bueno, un poco lo que hoy es el CCNV… Quizás en mi visión primaria no era tan extenso como es hoy… Pero en aquel tiempo todo se llamaba templo o iglesia… y tenían por lo general cuatro reuniones por semana: culto de oración, culto de enseñanza bíblica, culto de jóvenes los sábados y culto congregacional los domingos. Y el pastor visitaba a los miembros. Esa era la actividad que hacía la iglesia… La visión nuestra, o la visión mía, era completamente diferente. Yo quería un centro de actividades cristianas que contuviera un lugar para actividades culticas. No pensaba en que el pastor visitara a los miembros de la iglesia. Era usual en aquel entonces que tenías que visitar al menos una vez al año a la casa de cada hermano… Eso no era lo que yo pensaba que debía hacer, sino el contacto debía ser permanente, constante, junto a todos los hermanos. Tratar de nuclearlos, y que la iglesia estuviera abierta a la comunidad, y que todas esas actividades que se hicieran no tuvieran que ver solamente con los miembros de la iglesia sino con todo el pueblo… En definitiva, la visión que yo tenía era la de una iglesia, que en aquel momento estaba distorsionada por lo que se consideraba iglesia. Entonces, el Centro Cristiano es una iglesia. Hoy quizás tendríamos que decirle “Iglesia Nueva Vida” pero nació como Centro Cristiano Nueva Vida y todo el mundo [lo conoce así]… Y es más: en el registro de culto se llama Iglesia Centro Cristiano Nueva Vida [risas] Es algo muy extraño, pero bueno… así somos: un poquito raros… eso somos nosotros.

Esta explicación certifica que el CCNV pretende responder a una conceptualización heterodoxa de lo que se entiende como “iglesia”, desde una mirada volcada al trabajo comunitario y con una estructura más dinámica, en comparación con otras denominaciones evangélicas. No se pretende romper con la categorización de “iglesia” como concepto teológico elemental cristiano. Sin embargo, el uso de “Centro Cristiano” acentúa más la particularidad identitaria que pretende visibilizar, la cual dista de asemejarse al típico templo cristiano donde solo se desarrollan instancias litúrgicas.

Este elemento también marca una diferencia con la visión tradicional evangélica, donde se suele hacer la diferencia entre “iglesia madre” y “anexos” (o sea, obras de misión en otros espacios geográficos, que en una primera instancia dependen de la iglesia que las funda o las acoge en su estructura) Pensando esta dinámica en términos socio-antropológicos, podemos encontrar —como veremos— que la comprensión de “lo eclesial” se definirá más como un proceso de articulación entre grupos, personas y espacios, antes que a partir de una estructura jerárquica y delimitada. Podríamos intuir, tal vez, que ésta es la razón por la cual en reiteradas ocasiones surge el término “movimiento” para describir el funcionamiento del CCNV.

Como aludimos, esta iglesia comenzó en 1982 con un grupo pequeño de familias. Pero hacia 1987 ya contaba con una membrecía de 1600 personas y un sistema inicial de “espigas”, es decir, grupos de reunión caseras de oración y estudio bíblico, sistema que será determinante en la estructuración futura de la comunidad. La década de los ‘90 representó un salto en el proceso de crecimiento para el CCNV, en línea con la irrupción de las mega-iglesias más importantes del país. Es así como esta comunidad se transformó, poco a poco, en una referencia dentro del pentecostalismo a nivel nacional y latinoamericano.

Hemos evidenciado a través de varias entrevistas, que la crisis socio-económica del 2001 en Argentina conllevó un cambio drástico en la dinámica eclesial del CCNV, así como sucedió en una mayoría de iglesias evangélicas del país. Las graves consecuencias sociales de este acontecimiento afectaron la vida de todos sus miembros, por lo cual las iglesias evangélicas no pudieron hacer oído sordo, más allá —o a pesar— de su teología apolítica o dualista, es decir, del tradicional posicionamiento que dividía esferas de compromiso entre “lo espiritual” y “lo político”.

La totalidad del liderazgo y membresía consultados en esta investigación reconocen la coyuntura histórica del 2001 como un momento bisagra del CCNV, donde se acreditó un importante cambio a nivel institucional como también filosófico y teológico. Es en este tiempo que el CCNV alcanza una gran visibilidad en el espacio público, a través de la creación de una serie de ministerios y proyectos que cambiarán el perfil de esta comunidad hacia una visión más vinculada con las problemáticas sociales.

En este sentido, el CCNV emprenderá por entonces un conjunto de ministerios comunes a la idiosincrasia evangélica, tales como proyectos de pastoral para diversos grupos etarios —especialmente con niños y jóvenes— y un comprometido esfuerzo de evangelización. El área de Acción Comunitaria será una de las más importantes, la cual se compone de diversas instancias de intervención: grupos de contención para enfermos de VIH, acompañamiento de personas con problemas de adicción a las drogas, reparto de comida (todas las noches salen brigadas desde la comunidad de Parque Patricios que llevan viandas a personas en situación de calle), hogares de contención para niños y niñas, entre otros.

Es importante resaltar que el trabajo comunitario del CCNV se contempla desde el área de evangelización. Los entrevistados, en su mayoría, no hacen una distinción entre lo evangelístico (es decir, la predicación del mensaje del Evangelio para alcanzar conversos que formen parte de la membresía) y el resto de las áreas de incidencia de la iglesia. Esto refleja una resignificación teológica llamativa, ya que dicha actividad —al menos en corrientes evangélicas más tradicionales— se la suele comprender como una tarea ligada al proselitismo, centrada en “convertir” personas y así sumar miembros a la estructura. En el caso del CCNV, esta visión no se deja de lado, pero se amplía a partir de cierta sensibilidad social, donde “lo evangelístico” no solo se define en términos de conversión individual sino también desde la transformación contextual (tanto individual como comunitaria), y donde el ingreso de nuevos integrantes a la iglesia no necesariamente se busca de manera intencional sino como resultado natural de las actividades que se desarrollan.

Todo esto nos lleva a destacar que el CCNV fue realizando, a lo largo de su historia, un transitar particular, asumiendo su identidad pentecostal, pero transformando poco a poco, en la medida de su establecimiento institucional y el desarrollo de sus ministerios dentro del barrio y la ciudad, algunos de los elementos más característicos de su marco denominacional, lo cual se fue reflejando en un conjunto de propuestas innovadoras tanto a nivel de sus prácticas como sus discursos.

Siguiendo los estudios académicos tradicionales sobre las mutaciones del pentecostalismo contemporáneo, podríamos situar estos cambios dentro del paso desde una cosmovisión pentecostal tradicional hacia una cosmovisión neo-pentecostal, nomenclatura que representa algunas variantes con respecto al primero, puesto de manifiesto en una estructura institucional más flexible y a su vez masiva (aquí las conocidas mega-iglesias), un refuerzo en la teología demonológica y la “guerra espiritual” (lucha con fuerzas demoníacas que no solo incluyen individuos sino en zonas geográficas y hasta la influencia de disputas sociopolíticas), y una mayor presencia en el espacio público, lo cual se contrapone al apoliticismo que caracterizó el discurso y las prácticas de las primeras comunidades pentecostales (Martínez, 2012).

Estos fenómenos expresan el tránsito, tal como propone Hilario Wynarczyk (2009: 28-30), de un dualismo negativo a uno positivo, donde el compromiso social del CCNV se fue evidenciando como marca identitaria al cambiar de una estructura de comunidad evangelística (es decir, centrada en el crecimiento numérico a través de campañas de evangelización) a una comunidad de incidencia (donde lo evangelístico no se deja de lado aunque se inscribe dentro de prácticas más centradas en el servicio comunitario e incidencia pública/política).

Pero aquí nos adentramos a una de las primeras divergencias analíticas en el camino de la investigación, que surge de nuestro trabajo de campo, en lo que respecta a la auto-comprensión de la comunidad. Ninguna comunidad pentecostal —incluida el CCNV— utiliza la categoría “neopentecostal” como nominación propia. Dicho concepto será, más bien, aplicado “externamente”, sea desde la academia como desde otros grupos religiosos, para categorizar estos grupos a partir de un conjunto de fronteras demarcatorias con el pentecostalismo tradicional. En nuestra investigación, concretamente, nos hemos enfrentado con un cuestionamiento a la aplicación de esta categoría. En una entrevista con Guillermo Prein, frente a una apelación donde vinculé a la iglesia con el neopentcostalismo, el pastor me interrumpe y me dice enfáticamente que ellos no se consideran tales. En sus palabras:

El CCNV precisamente no es una iglesia neopentecostal. No responde a ninguna de las pautas que hoy se responde a una iglesia neopentecostal. Las iglesias pentecostales siempre fueron grandes… y chicas, y medianas, y de todos los tamaños. Pero vos tenés grandes movimientos o grandes iglesias que luego dieron lugar al nacimiento de movimientos, que es un poco la historia del CCNV… Nosotros nos definimos como “pentecostales de huesos colorados”. No sé si leíste el libro Invierno [cuya autoría es del mismo Prein, y donde propone la categoría recién mencionada]… en una parte yo hablo de ese “pentecostalismo antiguo”, de ese “pentecostalismo de barrio” donde la gente podía no ser partícipe de la iglesia pero si tenían un problema podía acudir de forma urgente, porque sabían que ahí primero había gente solidaria, que podía dar una mano, y segundo, Dios hacía milagros y respondía a las oraciones… Nosotros tenemos una concepción diferente. No te olvides que el pentecostalismo en Argentina era originalmente peronista… Por eso tenemos acercamiento con iglesia como el metodismo, con iglesias de lo que se denomina la corriente histórica protestante. De todos, obviamente, nuestro acercamiento es con el metodismo porque la corriente wesleyana es mas cercana a la nuestra. Entre los menonitas y luteranos, obviamente voy a estar más cerca con los menonitas… Bueno, sí con lo neopentecostal —porque me pega en el hígado— soy muy contrario.

Más adelante, Prein describirá de la siguiente manera el neopentecostalismo:

No estoy del todo de acuerdo con la lectura actual que se hace del neopentecostalismo… es más que nada un armado de poder, donde se trata de buscar vínculos donde se trata de ver con la repercusión política y su correlato en el poder. Y creo que no es positivo, claro… El neopentecostalismo hoy de lo está mirando como estructuras piramidales, inclusive los ministerios parecen medievales porque son parte de la herencia, que pasa a los hijos [de los pastores]… El neopentecostalismo se está transformando en algo muy definido, es decir, las políticas de prosperidad, un mensaje bastante definido en cuanto a la poca interrelación de cooperación y solidaridad, más enfocado en el individualismo. Tiene una serie de cuestiones que son, a mi juicio, muy negativas.

Esto nos muestra que más allá del uso que podamos hacer del término neopentecostalismo como una categoría académica que envuelve un conjunto de transformaciones en el seno del pentecostalismo de los ’90, tal como hemos afirmado anteriormente, encontramos que el CCNV se concibe a sí mismo pentecostal a secas, marcando distancia con lo “neopentecostal” como un conjunto de comunidades, mayormente comprendidas como mega-iglesias, que poseen una teología —calificada según muchos de los entrevistados para este trabajo— como conservadora, con una ideología política “neoliberal” y, como acentúan las palabras de Prein, con una visión jerárquica del poder.

Por esta razón, en este trabajo optamos por llamar al CCNV como iglesia pentecostal, no solo por sus filiaciones denominacionales históricas sino porque queremos ser más fieles al modo en que la misma comunidad se autodenomina, y así identificar sus procesos de reapropiación. Reconocemos que es posible, desde una perspectiva académica y socio-antropológica, aplicar al CCNV los atributos ligados al neopentecostalismo como categoría. Sin embargo, creemos valioso para nuestra investigación el uso sui generis de la nomenclatura pentecostal como un significante polivalente y flotante, lo cual nos permitirá ratificar la maleabilidad y reapropiación de nominaciones identitarias, elementos teológicos y prácticas institucionales, con su respectivo impacto sociopolítico.


Para profundizar el análisis sobre dichos elementos, desarrollaremos en este capítulo algunos aspectos principales de la estructura general del CCNV, considerando las instancias más relevantes de su historia y constitución institucional. A través de la información suministrada y recopilada, pretendemos desarrollar cómo se concibe el CCNV como comunidad pentecostal, identificando a su vez un conjunto de caracterizaciones que la diferencia de otras expresiones pentecostales y evangélicas en general. En el caso particular de la presente investigación, hemos concentrado las observaciones en el templo en Parque Patricios.

Retomando alguno de los elementos del marco teórico, nos focalizaremos en analizar cómo se construye la identidad del CCNV y en qué medida sus elementos distintivos dinamizan procesos sociopolíticos en los cuales la iglesia se ve inmersa. Para ello, retomaremos tres categorizaciones, que nos servirán como ejes generales para este análisis: las dimensiones de diferenciación constitutivas (es decir, la heterogeneidad de elementos internos y externos que entran en juego en la composición de la identidad del grupo y las dinámicas que ello produce), los esquemas auto-referenciales de cosmovisión socio-política (de cómo la comunidad eclesial se ubica a sí misma, desde su particularidad religiosa, dentro de la arena pública) y las instancias de articulación institucional (a saber, las formas de vinculación con otros agentes sociales, y los discursos y prácticas particulares desde el espectro religioso que lo posibilitan).

1. Estructura y proyectos del CCNV

1.1. Dimensión y espacialidad cúltica en el CCNV

Así como todas las iglesias pentecostales, los momentos cúlticos y el uso del espacio litúrgico son centrales para el CCNV (Chiquete, 2006). Es allí donde se imprimen algunas de sus singularidades como comunidad pentecostal, a través de la priorización de instancias de encuentro comunitario en los cuales se comparten extensos momentos de cantos y oración, aunque en el caso del CCNV el momento de predicación —es decir, de exposición del texto bíblico— también ocupa un lugar central (donde las predicaciones suelen ser de una hora, a hora y media según el caso).

El CCNV Parque Patricios mantiene ocupados los siete días de la semana con actividades litúrgicas y encuentros comunitarios de distinto tipo. Los mismos responden a diversas necesidades y temáticas, a saber:

  • Reuniones de oración y milagros.
  • Devocionales (encuentros con breves estudios bíblicos, canciones y momentos de oración)
  • Grupos pastorales. Los mismos están divididos en dos tipos: ABC (grupos de formación para personas que recién entran a la iglesia, donde no se utilizan materiales de estudio; son más bien instancias para reunirse y dialogar entre los participantes —que no suelen ser más de tres o cuatro personas— a partir de las inquietudes y experiencias de quienes asisten) y las espigas (grupos compuestos de personas que ya tienen tiempo de asistencia en la iglesia y que en muchos casos están comprometidos con algún área de trabajo del CCNV; en dicho espacio se desarrolla un estudio bíblico más sistemático y se analizan temas coyunturales o relacionados con la vida de la iglesia).
  • Reuniones dominicales (son los cultos principales de la semana; debido a la cantidad de asistentes, se organizan dos encuentros por la mañana y uno por la tarde)

Esta agenda no difiere de las tradicionales actividades dentro de iglesias evangélicas, y más aún pentecostales. Lo llamativo de la dinámica cúltica del CCNV es la utilización del espacio en el templo. El edificio de Parque Patricios es un gran salón, sin muchas subdivisiones ni habitaciones. El vestíbulo de entrada está unido al salón principal de reuniones como también a una cafetería con mesas en un costado, junto a un patio generalmente utilizado por niños para jugar. Uno puede ver cómo durante el desarrollo de la reunión (sea las correspondientes durante la semana o la dominical) todos estos espacios son utilizados simultáneamente.

De esta forma, el templo representa un espacio abierto de constante circulación. La observación participativa tanto en las convocatorias semanales como dominicales da cuenta que inclusive durante el desarrollo de las reuniones formales, se ve una continua circulación de personas que van de un lugar a otro (es decir, del salón a la cafetería, del vestíbulo al recinto principal de reuniones). Esto hace que los momentos litúrgicos y cúlticos no respondan a la sacralidad típica de los templos o lugares de reunión presente en muchas comunidades evangélicas, las cuales se suelen atener a un respeto restricto a la participación de las reuniones, en un solemne silencio o siguiendo el ritual planteado, sin interrupciones. De alguna manera, podríamos decir que dicha flexibilización de lo litúrgico responde también a la cosmovisión pentecostal, la cual suele formular intencionalmente una dinámica litúrgica menos tradicional y ortodoxa, al menos comparando con otras comunidades evangélicas.

Como sugiere Daniel Chiquete, el hecho de que los pentecostales pongan más énfasis en la experiencia personal como locus de manifestación de las hierofanías –en lugar de espacios sacros en templos o la misma naturaleza—, los recintos cobran lo que denomina como una sacralidad temporal (Chiquete, 2011: 57) “La pentecostal es una arquitectura pragmática, que busca dar respuestas constructivas a una liturgia centrada en la emotividad y la experiencia carismática, pero que no tiene confianza en la dimensión óptica de la liturgia. Sus espacios no son mediadores de la experiencia religiosa, sino solo contenedores de ella, marcos espaciales de referencia” (Chiquete, 2011: 58) El recinto de Parque Patricios responde a esta funcionalidad y “pragmática”, lo cual vemos reflejado en los grandes salones, sin muchas paredes divisorias y carente casi de cualquier imagen, pintura o símbolo sobre los muros.

Más allá de este factor, sí podemos identificar una dinámica e intencionalidad estética particular en esta iglesia. Lo vemos, por ejemplo, en la importancia y cuidado en el diseño de sus estandartes, materiales de difusión y los carteles dentro del templo. Se puede ver no solo una homogeneidad en términos estéticos sino también temáticos. Podríamos sospechar que el trasfondo laboral en el campo del diseño gráfico y la imprenta de Guillermo Prein antes de asumir su cargo pastoral —tema que desarrollaremos con más detalle en el próximo capítulo—, ha inscrito en esta iglesia una impronta por la importancia del cuidado de la imagen institucional y el uso efectivo de instancias comunicacionales.

Más allá de que la arquitectura del lugar de reuniones en Parque Patricios prioriza más la funcionalidad que la complejidad estética, vemos, por otro lado, un cuidado gráfico en el uso de los carteles en el púlpito del salón, con slogans, mensajes y uso de imágenes.

Durante el período de observación para este trabajo, la iglesia utilizó dos lemas que fueron retomados de diversas maneras en los momentos de liturgia y exhibidos en los carteles principales de la parte central del escenario y el púlpito (lugares que, como dijimos, representan cierta sacralidad para las comunidades evangélicas). El primero suscribía “Iglesia revolucionaria” en un cartel de gran tamaño con un fuerte color rojo. El segundo decía “Gracia sobre Gracia. Iglesia Revolucionaria”, mostrado en un estandarte de tonos más suaves entre blanco y celeste. Como podemos ver, ambos letreros o estandartes utilizan un explícito lenguaje político.

Pasando al contenido y estructura de los momentos litúrgicos, las reuniones responden a un orden homogéneo —es decir, tienen una estructuración que suele respetarse en casi todos los encuentros—, lo que no significa que no haya espacio para cambios o la posibilidad de incluir otras prácticas o momentos. La sección más extensa es el de la música, con un tipo de dinámica carismática, que da lugar a la expresión corporal, la danza, oraciones en voz alta y, en algunos casos, de glosolalia. Siempre hay un tiempo de oración especial entre todo el grupo, dirigido por alguno de los pastores o por quien dirige la liturgia, donde se pide por milagros y también se realiza una “lucha espiritual”, es decir, una intercesión en contra de las fuerzas demoníacas que provocan diversos males a los miembros de la iglesia.

Vale aclarar que esta última no responde a una práctica de exorcismo en el sentido tradicional del término (aunque ello también tiene lugar en el CCNV, pero en otros ámbitos, no en las reuniones generales) Más bien, estos momentos de oración utilizan un lenguaje que inscribe las problemáticas cotidianas de la membresía en un contexto de encuentro de campos espirituales, por lo que la lucha contra las fuerzas demoníacas significa enfrentarse contra los “poderes” que presionan sobre la cotidianeidad de los creyentes, a saber, los “espíritus” de angustia, de culpa, de pobreza, el desánimo, entre otros.

El momento del mensaje bíblico tiene un lugar prioritario. Cubre casi el mismo tiempo que la música, al menos cuando lo hace el pastor principal, quien suele ofrecer sermones bastante extensos, comparando con el caso de otros pastores/as a cargo de la predicación dominical tras la ausencia de Prein. Las predicaciones suelen comenzar con un momento previo de testimonios, es decir, de relatos de experiencias de miembros de la iglesia u otras personas que han vivenciado alguna intervención divina en una situación de crisis. El suceso descrito generalmente se atribuye también a la mediación de los pastores o líderes de la comunidad, y su oración o consejo. Este recurso es muy utilizado por todos los pastores del CCNV, quienes en una mayoría de las predicaciones leen correos electrónicos o mensajes que reciben a través de sus redes sociales, de parte de personas que comparten sobre “milagros”, cambios en su situación emocional o laboral, entre otros acontecimientos que se interpretan como la acción de Dios en situaciones límite.

Como veremos más adelante, el testimonio tiene una función central tanto en la dinámica de la iglesia como en la construcción de discursos teológicos. Por una parte, la atención de los pastores a experiencias cotidianas de personas provenientes de distintos contextos crea una atmosfera de confianza y empatía, como también de identificación y acercamiento entre la congregación y el liderazgo. A través del testimonio se reduce la distancia afectiva entre la membresía y la jerarquía.

Por otro lado, las narraciones personales le dan una impronta de cotidianeidad al mismo discurso teológico de las predicaciones: es decir, actúa tanto como locus de verificabilidad como también de epicentro de la misma construcción de sentidos religiosos/teológicos. En otras palabras, las personas de la misma congregación y sus experiencias cotidianas son ubicados como epicentros de la acción divina y la construcción de narrativas teológicas.

Un elemento más a resaltar con respecto a las espacialidades litúrgicas es la resignificación de lugares emblemáticos a nivel socio-cultural y político. Por ejemplo, el CCNV adquirió dos lugares de gran relevancia simbólica dentro de la idiosincrasia social del país: el Auditorio Kraft, un pequeño teatro en el microcentro de Capital Federal —en plena calle Florida— que entre los 60 y 70 representó un espacio artístico histórico para el inicio del “rock nacional”, y que reunió en su momento a los principales referentes en el género. Actualmente, se congrega en dicho local una comunidad de creyentes, con varias actividades semanales y dominicales.

El otro establecimiento es El Tipográfico – Espacio cultural, un recinto que perteneció a la Sociedad Tipográfica Bonaerense a mediados del siglo XIX y que fue —tal como narran sus coordinadores dentro del CCNV— la promotora de la primera medida de fuerza obrera durante la presidencia de Justo José de Urquiza. Este lugar se utiliza mayormente para realizar conciertos, actividades de recreación y capacitación para la comunidad, o para eventos culturales (obras de teatro, proyección de películas, etc.)

Ambos sitios fueron recuperados no solo con el objetivo de ser usados como instancias de reunión eclesial sino con el explícito propósito de resignificar su uso original, ahora desde una mirada religiosa. Por ello, estos lugares no solo se emplean como instancias litúrgicas sino también para la realización de conciertos, actividades culturales, paneles, presentaciones de libros, entre otros eventos. Nuevamente, esta dinámica encarna una dimensión central de la propuesta eclesiológica y teológica del CCNV, a saber, la vinculación de instancias litúrgicas como espacios de resignificación socio-cultural.

1.2. Liderazgo

La estructura de liderazgo del CCNV es sumamente amplia y compleja. Guillermo Prein es el pastor principal, pero trabaja junto a diversos grupos con distintas funciones jerárquicas e instancias de decisión. El grupo principal es el Consistorio, el cual está compuesto por los pastores y co-pastores (28 personas en total) Luego se ubica el Presbiterio, representado por los Ancianos, los Ancianos Mayores y el Consistorio. Este cuerpo abarca a poco más de 500 personas. La instancia más amplia es el Sínodo, el cual se reúne excepcionalmente para tratar cuestiones más generales concernientes a la dinámica comunitaria y proyección anual o quinquenal de la iglesia. Este último se compone de los Líderes, más el Presbiterio y el Consistorio. Se desconoce el número total específico, pero según lo indagado son más de tres mil personas.

El CCNV opta por no llamarse “mega-iglesia”, ya que pretende diferenciarse intencionalmente de la propuesta de muchos de estos modelos. De todas formas, su organización interna y liderazgo no se distingue en gran medida de ellas, aunque sí podríamos decir —por ejemplo, comparando con la iglesia Rey de Reyes (Algranti, 2010)— que posee algunas fronteras y dinámicas más flexibles en varios aspectos.

El sistema de espigas —que estudiaremos más adelante—, el cual se asemeja al conocido sistema celular, permite que las personas ingresen a un espacio de circulación de liderazgo muy dinámico, al ir asumiendo responsabilidades de manera progresiva, comenzando con la colaboración en proyectos eclesiales para luego pasar a ser coordinadores de ABC (grupos de inclusión de nuevos participantes), y de allí dirigir espigas, participar en la liturgia, dirigir reuniones, entre otras posibles tareas.

En otros términos, el CCNV cuenta con una estructura que permite la participación y el involucramiento gradual de la congregación. Más aún, como analizaremos en otro capítulo, persiste un fuerte discurso que impele a los participantes a formar parte de la estructura de la iglesia y sus distintos proyectos. De todas formas, puede notarse —a partir de la opinión de algunos entrevistados sobre la estructura del CCNV— que la figura del Consorcio mantiene una homogeneidad y articulación interna bastante orgánica, y por ello muchas veces inaccesible.

1.3. Proyectos de incidencia

El CCNV cuenta con un conjunto de proyectos de amplio alcance dentro de la misma iglesia como en la comunidad circundante, con una proyección de incidencia sociopolítica. El campo de dicho trabajo es variable: se proyecta tanto a nivel del barrio como de las ciudades en su conjunto, y en algunos casos llega a instancias de decisión política tanto a nivel municipal y provincial como nacional.

1.3.1. Centro de Estudios Nueva Vida

El Centro de Estudios Nueva Vida es un establecimiento de educación superior que se encuentra en el barrio de Caballito y depende del CCNV. Su director es un profesor universitario y médico profesional que integra el cuerpo pastoral. En la actualidad cuenta con más de 500 estudiantes y un amplio claustro de profesores, no necesariamente miembros de la iglesia. Otorga titulaciones oficiales en carreras terciarias dentro de una variedad de disciplinas, entre las cuales podemos mencionar trabajo con la niñez, teología práctica, enfermería, administración de empresas, música, salud mental, computación, idiomas, entre otras.

A pesar de ser un organismo independiente, dentro del CCNV es considerado como un ministerio eclesial. La institución posee, además, convenios de trabajo, práctica y titulación con el Ministerio de Trabajo, Ministerio de Salud y Ministerio de Educación de la Nación, así como con la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

1.3.2. Liberando Argentina con Trabajo y Educación (LATE)

LATE es un grupo compuesto por personas tanto del CCNV (provenientes de diversas zonas de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires) como vecinos del barrio donde se encuentran las instalaciones de Parque Patricios, aunque no tengan filiación eclesial. LATE se encarga especialmente de temas vinculados a la política y la incidencia pública. En su propuesta filosófica afirma: “Fundamos la nueva identidad de la nacionalidad argentina”.

Dicho espacio se presenta a sí mismo como plural y ecuménico, compuesto de personas tanto de la comunidad como fuera de ella (inclusive de personas que no necesariamente son cristianas o profesan alguna fe). Lo que nuclea al grupo es la búsqueda de una militancia comprometida. Se compone de creyentes evangélicos y católicos, como de representantes de diversas agrupaciones partidarias (por ejemplo, Proyecto Sur, Propuesta Republicana, Partido de Trabajadores Socialistas, Peronismo y Frente para la Victoria, especialmente sectores que trabajan en Capital Federal y Gran Buenos Aires).

Este ministerio tiene como objetivo construir un espacio de diálogo sobre las problemáticas coyunturales del país, así como también crear instancias de incidencia pública. LATE ha estado presente en foros de debate político con organismos de sociedad civil en la Ciudad de Buenos Aires, en encuentros de agrupaciones políticas de distintos frentes y ha colaborado en la coordinación de una de las mesas de seguridad barriales del Ministerio de Seguridad de la Nación.

Entre 2010 y 2013 LATE contaba con una dinámica más activa como grupo independiente, organizando charlas y reuniones de debate. A partir de 2014 su actividad comenzó a restringirse más bien a una espiga que reúne todas las personas vinculadas a este ministerio, mientras las actividades de incidencia se comenzaron a articular con el movimiento No Matarás.

1.3.3. Movimiento “No matarás”

El lema principal de este ministerio es el siguiente: “Violencia es todo atentado a la vida en cualquiera de sus formas. Se manifiesta en todo aquello que dañe la dignidad de las personas y la integridad de la creación”. Su proyecto se basa en una definición de violencia que abarca diversos ámbitos: los daños ecológicos, la explotación económica, la desigualdad social, la violencia de género, entre otros. Desde esta perspectiva, dicho espacio promueve proyectos comunitarios de incidencia como también espacios de sensibilización y reflexión. Posee además grupos de investigación y diálogo sobre cada una de las áreas mencionadas.

Como “referentes” del proyecto, cuentan el conocido economista Bernardo Kliksberg, la ex candidata a presidenta de Brasil Marina Silva —también pentecostal y amiga cercana del pastor Guillermo Prein—, y el ex obispo metodista Aldo Etchegoyen, figura en la defensa de los derechos humanos en Argentina.

Durante el 2016 y 2017, el movimiento se ha focalizado en hacer presencia en diversas instancias de incidencia pública. Han participado como grupo en marchas relacionadas con reclamos docentes, aumento de tarifas, despidos masivos, entre otros. También han puesto stands durante la Marcha por la Memoria o la movilización “Ni Una Menos”, entre otras.

1.3.4. Rock&Vida

Este ministerio se focaliza en la concientización de jóvenes sobre temas de VIH-SIDA, educación sexual y compromiso social, a través de la organización de recitales y actividades culturales. Ha contado con el apoyo de la Dirección General de Cultos, la Dirección General de Logística, Dirección General de Ordenamiento del Espacio Público, ONUSIDA y la Dirección de SIDA y ETS del Ministerio de Salud de la Nación. También fue declarado de Interés Público por la Cámara de Diputados de la Nación.

Este proyecto se desarrolla no solo en Buenos Aires sino también en diversas provincias del país. Se focaliza en la elaboración de material audiovisual y publicaciones de sensibilización en los temas eje de su propuesta. Es conocido por sus campañas anuales a través de conciertos públicos con importantes figuras de la música nacional (en Capital Federal, los recitales se realizan en la Plaza Congreso) Mucho de sus materiales y videos promocionales cuentan con la participación de reconocidos actores, personajes del arte e intelectuales.

1.3.5. Medios de comunicación

El CCNV cuenta con gran presencia en medios de comunicación. La más significativa es en las redes sociales, especialmente Facebook y Twitter. Tanto en el trabajo de la comunidad como en los diálogos y entrevistas, se enfatiza sobre la importancia de la visibilización a través de estos medios, compartiendo eventos y noticias, escritos y reflexiones.

Otro campo fuerte de trabajo son las radios. El CCNV posee cinco: una en Capital Federal, dos en Gran Buenos Aires, y otras en Ushuaia, San Luis y Mendoza. Aunque dichas radios responden a tipos de programación más bien religiosa, tienen como objetivo crear espacios de debate público, a través de entrevistas a profesionales y políticos, instancias de formación, sensibilización y capacitación.

1.3.6. Otros proyectos

A estos ministerios hay que incluir toda una serie de proyectos, que en muchos casos sirven como instancias donde confluyen todas estas áreas de trabajo. Uno de los más importantes es el llamado Casa Centro. Dicho establecimiento corresponde al mencionado Auditorio Kraft, ubicado en la peatonal Florida en Capital Federal, el cual fue rebautizado como Auditorio Buenos Aires. El mismo fue adquirido por el CCNV en 2007 y tiene funciones muy diversas, centradas especialmente en el desarrollo de actividades culturales, especialmente con grupos de teatro alternativo. Allí se realizan conciertos, encuentros organizados por los ministerios y actividades de interés social.

Existen otros emprendimientos comunitarios, como la distribución de viandas de comida por la noche a personas en situación de calle. Esto se realiza todos los días a través de “brigadas” que salen por el barrio. Dicho trabajo, según definen los propios pastores consultados, no tiene por objetivo realizar un proyecto masivo sino algo más concentrado en individuos o pequeños grupos, para tener posibilidad de entablar vínculos con las personas. Esto ha derivado en la inclusión de personas en la propia iglesia como también en procesos de atención más especializada, como por ejemplo en proyectos de alfabetización. Esta es una de las razones por la que el CCNV es parte del Programa Nacional de Alfabetización.

1.4. Espigas

El CCNV utiliza el sistema de espigas como un programa complementario a las liturgias semanales en los lugares centrales de culto. Este consiste en la formación de pequeños grupos que se reúnen cada semana en casas de familia o en alguno de los templos del CCNV. La cantidad de espigas oscila entre 800 y 900 según la etapa del año.

Existen dos tipos de grupo. Por un lado, los ABC, que representan espacios de encuentro de no más de cinco a seis personas, cuyo objetivo es atender a quienes recién ingresan a la iglesia, para introducirlos a la dinámica de la comunidad, como también conocerlos y ofrecer un espacio de contención y oración. Por otro, encontramos las espigas propiamente dichas, las cuales son dirigidas por algunos de los líderes ya reconocidos por la comunidad, donde se realiza un estudio bíblico de mayor sistematización y en consonancia con los ejes centrales de formación propuestos por el CCNV cada año.

Este modelo de trabajo ha tenido diversos nombres a lo largo de los últimos veinte años dentro del campo evangélico latinoamericano, aunque inició bajo la denominación de iglesia celular, programa que pretende estructurar la comunidad eclesial en pequeños grupos bajo un liderazgo extendido, con el objetivo de alcanzar un crecimiento exponencial y un mayor alcance a las personas. En América Latina, el modelo más conocido es el G12, desarrollado por el pastor Cesar Castellanos en Bogotá, cuyo funcionamiento implica reduplicar grupos de doce en doce (remitiendo al número simbólico de las tribus de Israel dentro del texto bíblico), incrementando así la estructura de la iglesia a través de un proceso de subdivisión constante al alcanzar la cantidad de 12 participantes por cada célula (Castellanos, 2003; Mota, 2004).

Cabe aclarar que el programa de espigas no reemplaza las estructuras institucionales de liderazgo o los espacios tradicionales de encuentro —semanal y dominical—, sino que sirven como instancias de encuentro cercano con miembros de la comunidad y de llegada directa a un sector más amplio a través de la conformación de grupos pequeños y, principalmente, como herramienta de evangelización, es decir, como instancia para atraer nuevos miembros a la iglesia.

Este modelo fue estudiado en otros casos dentro de Argentina, como en los trabajos de Joaquín Algranti sobre la iglesia Rey de Reyes (Algranti, 2005, 2007, 2008, 2010). Algranti llega a la conclusión de que las células son espacios básicos de socialización y construcción identitaria, a través de la facilitación de dinámicas participativas entre los asistentes, el tejido de redes vinculadas a discursos y experiencias cotidianas, y un más efectivo abordaje de temas coyunturales, relacionados con el contexto de los participantes. Este modelo de iglesia, por un lado, actúa como respuesta frente a la ineficacia de las estructuras eclesiológicas tradicionales dentro del campo evangélico, y por otro, como una propuesta de resignificación de los vínculos dentro de la comunidad eclesial, cuyo objetivo es lograr varios propósitos: mayor llegada a la membresía y a personas nuevas, mejor empatía con la cotidianeidad de los participantes, crecimiento exponencial de las iglesias, entre otros.

En esta dirección, consideramos importante resaltar la importancia que adquiere este programa no solo en términos institucionales sino también teológicos, ya que dicha comprensión profundiza algunos modos de aprehensión de esta práctica dentro de la vida eclesial. Más concretamente, existe un elemento central afín a la eficacia de este modelo, representado en el poder simbólico de la narrativa mítica sobre las primeras comunidades cristianas. Desde su fundación, las propuestas de iglesia celular se asumen como revitalizadoras de la experiencia de las primeras comunidades cristianas descritas en Hechos de los Apóstoles 2.43-47 y 4.32-35. En estos pasajes, se presenta a las iglesias como grupos con relaciones igualitarias donde compartían bienes y alimentos, y seguían conjuntamente los rituales dados por los apóstoles, por lo que cada día se sumaban más seguidores.

Esta narrativa maestra ha sido históricamente evocada en diversos momentos del cristianismo, como una forma de reinstalar la pureza del origen (Eliade, 1981: 13ss) y cuestionar las circunstancias vigentes, para desde allí construir prácticas y experiencias alternativas. Así lo hicieron los monasterios a partir del siglo V como modelos alternativos de vida en medio del Imperio romano, Lutero al denunciar la estructura vaticana y abogar por una nueva forma de cristianismo, los movimientos anabautistas al quebrar con las estructuras de la Reforma Magisterial a partir de la centralización en comunidades locales, entre otros.

A partir de esta perspectiva, podemos afirmar que la eficacia de las espigas o modelos celulares reside, además de su representación como espacios más dinámicos de socialización, en su evocación a una tradición dentro del cristianismo —y con ello, a un universo simbólico con mucha fuerza de aglutinación— que apela al regreso de las formas primarias y puras —o la fuerza mágica de los orígenes cercanos a la naturaleza, como analiza Michael Taussig (2012)—, al cuestionamiento de las estructuras sociales y religiosas hegemónicas, a la superioridad moral de estos grupos y la alusión a una “simplicidad” que se contrapone a lo que ha sido “contaminado” por el paso del tiempo o las mutaciones internas y externas. En otros términos, hay un valor estrictamente teológico inscripto en este modelo eclesiológico que se suma como instancia de resignificación de narrativas, dogmas y prácticas cotidianas dentro de los procesos institucionales de la comunidad.

2. Procesos de diferenciación identitaria: tensiones y resignificaciones con el campo evangélico argentino

En este apartado nos concentraremos más específicamente en las dimensiones de diferenciación constitutivas y los esquemas auto-referenciales de la cosmovisión sociopolítica del CCNV. Para comenzar, debemos referirnos a la aludida discusión sobre la definición del campo evangélico en Argentina, y con él, de las dinámicas específicas del pentecostalismo.

Una de las categorizaciones más utilizadas desde la sociología de la religión argentina es la distinción propuesta por Hilario Wynarczyk (2009: 42-53) entre el polo histórico liberacionista y el polo conservador bíblico. El primero remite a las comunidades europeas que se asentaron entre 1825 y 1850, donde se ubican las iglesias metodistas, valdenses, luteranas, reformadas, entre otras dentro de la vertiente histórica. Estas iglesias se caracterizan por su vinculación con la teología liberal desarrollada a fines de siglo XIX, y más recientemente —a partir de la década del 60— con movimientos de derechos humanos, la teología de la liberación, y agrupaciones con un explícito discurso en torno al compromiso social.

El segundo polo se vincula con las iglesias que llegaron entre 1880 y 1925 a través de los movimientos misioneros y avivamientistas en Estados Unidos. Aquí pueden encontrarse las comunidades bautistas, hermanos libres, nazarenos, pentecostales, entre otros. Dichos grupos se encuentran en un espectro más conservador, tanto a nivel político como teológico.

Si consideramos esta distinción, el CCNV debería ser ubicado en el polo conservador bíblico, debido tanto a su pertenencia denominacional como a la presencia de diversos discursos teológicos ligados a ese sector. Sin embargo, nuestro estudio arroja que, más allá de algunas caracterizaciones en común entre este polo con dicha iglesia, el CCNV presenta un conjunto de discursos y prácticas que exceden dichas caracterizaciones, hacia narrativas, posiciones y prácticas sociopolíticas cercanas a una visión política más progresista.

De aquí afirmamos que esta distinción entre dos polos debe ser matizada, al menos en el sentido de no comprenderlos como dos sectores suturados, homogéneos y contrapuestos, sino más bien como dos “extremos” que representan fronteras de un campo sumamente heterogéneo y hasta ambivalente. En este sentido, la identidad del CCNV se ubica en algún lugar entre-medio (Bahbah, 1994), ya que podríamos identificar en su constitución la presencia de elementos pertenecientes a ambos polos.

Desde una perspectiva antropológica, la “excepcionalidad” del CCNV se puede explicar desde el lugar de la práctica y experiencia religiosa como un locus en el cual se entrecruzan e hibridizan un conjunto de elementos eclesiológicos, dogmáticos y fenomenológicos dentro de incontables posibles procesos sociales dentro de la cotidianeidad tanto de los creyentes como de las comunidades en sí, proceso por el cual —en términos epistemológicos— nos permitiría adentrarnos más efectivamente al estudio de instancias excepcionales, que van por fuera de ciertas demarcaciones sociológicas englobantes. Esto responde a las “inconsistencias” analíticas que conlleva el actor-red (Latour, 2008), categoría que desafía los marcos socio-antropológicos tradicionales.

2.1. Categorizaciones del campo evangélico argentino

A modo de respuesta metodológica a dicho planteo, y con el intento de encontrar una perspectiva propia para este trabajo, evocaremos como punto de partida tres expresiones teológicas (o más específicamente, eclesiológicas) que se podrían entrecruzar con los elementos analíticos descritos, para dar cuenta de otros matices sobre las expresiones religiosas evangélicas en Argentina.[1]

Nos referimos específicamente a las ideas de congregacionalismo tradicional, congregacionalismo crítico y ecumenismo histórico. Valga aclarar que esta clasificación parte de enunciaciones teológicas, pero tomadas no como puntos de partida propiamente dogmáticos sino desde una mirada socio-antropológica; es decir, como instancias discursivas que tratan de posicionamientos identitarios asumidos por los mismos actores en cuestión. De aquí que la distinción pretende poner sobre la mesa un conjunto de procesos teológicos de identificación, que producen construcciones identitarias y desplazamientos particulares dentro de la matriz evangélica como marco institucional y comunitario, y desde allí muestra otros posibles matices dentro de los polos mencionados.

El congregacionalismo representa una concepción eclesiológica ligada a los movimientos anabautistas del siglo XVI. Como ya hemos visto, estos grupos profundizaron algunos de los postulados de la reforma luterana dando mayor énfasis a la independencia de las comunidades locales, y cuestionando con ello todo tipo de estructura centralizada, la sacramentalización de rituales litúrgicos y la unión con cualquier tipo de autoridad política, elementos que implicaron la radicalización de una crítica hacia las reformas luteranas iniciales. El congregacionalismo, entonces, define al espectro de iglesias cristianas que no poseen una estructuración institucional jerárquica y episcopal, dando énfasis a la autonomía de las comunidades (congregaciones) locales, sea en su organización institucional, lectura de la Biblia y construcción de doctrinas.

Sin llegar a un reduccionismo histórico —ya que no es posible encontrar un único referente institucional para este movimiento a nivel mundial— podemos decir que las actuales Iglesias Bautistas, Hermanos Libres, Alianza Cristiana y Misionera e incluso el amplio espectro de las iglesias Pentecostales[2], entre muchos otros, pertenecen a esta vertiente (Campos, 2002: 11-30).

Por otra parte, en el modelo del ecumenismo histórico encontramos como mayor referente al Consejo Mundial de Iglesias (CMI), cuyo origen remite a 1937, aunque con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial su constitución definitiva se pospuso hacia 1948. En términos generales, el CMI nuclea iglesias de una amplia gama de tradiciones, aunque en su mayoría engloba las llamadas iglesias históricas. Podríamos definir la particularidad del CMI no tanto a partir de las tradiciones eclesiales que lo sustentan sino al hecho de ser el organismo cristiano con mayor trayectoria en temáticas vinculadas a relaciones internacionales, geopolítica, diálogo interreligioso, contacto con organismos multilaterales y Estados nacionales, abordando todo tipo de temáticas políticas, culturales, económicas y ambientales. La expresión latinoamericana más representativa del CMI es el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), cuyos miembros son mayormente de vertiente histórica, aunque también encontramos comunidades congregacionalistas que se identifican con su visión teológica.

La distinción entre congregacionalismo tradicional y crítico se gesta con el surgimiento de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) en 1970. Dicho grupo nace de la iniciativa de un conjunto de teólogos y académicos vinculados al trabajo con estudiantes universitarios evangélicos pertenecientes a núcleos nacionales de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE) en Argentina, Ecuador, Perú y distintos países de América Central. La FTL emerge como reacción al fundamentalismo presente en las iglesias evangélicas del continente, fenómeno atribuido a la hegemonía de una teología implantada por las misiones norteamericanas de mediados de siglo XX (a estos últimos nos referimos con la nominación de congregacionalismo tradicional). Pero también vale indicar que la aparición de la FTL surge también como respuesta crítica a lo que consideraban el otro extremo: las perspectivas liberacionistas, ecuménicas y liberales en general, que en este caso definimos como ecumenismo histórico (Escobar, 1987; Padilla, 1989).

Estas distinciones nos permiten complejizar algunas de las tensiones que existen entre instituciones eclesiales y discursos religiosos, los cuales distan de ser solo excepciones aisladas. Estas nomenclaturas, además, posibilitan complejizar la demarcación entre dos únicos sectores, ya que muchas de las comunidades dentro del polo histórico liberacionista presentan discursos y prácticas tradicionales (inclusive adhiriendo en la actualidad a expresiones evangélicas, más específicamente de corte carismático), así como dentro de las tradiciones ligadas al polo bíblico conservador encontramos comunidades, federaciones, seminarios y sujetos que toman posicionamientos más críticos, sea desde la propuesta de la FTL como también de la misma teología de la liberación y otras corrientes ecuménicas, aunque sin llegar a agendas tan abiertas en términos de derechos humanos, políticas inclusivas y visiones sobre sexualidad.

En este sentido, el CCNV en particular representa una comunidad que podríamos ubicar dentro del congregacionalismo crítico, ya que imprime una eclesiología que prioriza la autonomía de lo local —lo que la une a una gran mayoría de expresiones evangélicas, especialmente pentecostales— pero desde un marco teológico heterodoxo y crítico, el cual se ve reflejado en los temas y perspectivas teológicas que usan en sus estudios bíblicos, o su lugar dentro de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), agrupación más vinculada al ecumenismo histórico, el CLAI y otros movimientos ecuménicos.

2.2. El CCNV y el campo religioso argentino

Regresando a la idea de dimensiones de diferenciación, afirmábamos que toda identidad también se define por una diferencia constitutiva, que responde tanto a la pluralidad de elementos que la compone como también a la presencia de una exterioridad (un “tercer espacio”, Bhabha, 1994: 39-60; Burity, 2009) que disputa sus fronteras y, al mismo tiempo, proyecta su especificidad al (re)accionar frente a Otro. Más específicamente, las identidades se establecen en la comprensión de sí mismas como diferencia frente al conjunto de agentes que las rodean. En el caso del CCNV podemos encontrar varios elementos y agentes que forman parte de esta diferencialidad constitutiva, que responden tanto al campo de lo religioso en general como lo evangélico y pentecostal en particular.

Una de las principales diferenciaciones que se presentan en la institucionalidad del CCNV es la establecida con otros grupos religiosos, especialmente con sectores de la iglesia católica y evangélica, con los cuales el Centro asume una postura crítica en varios sentidos. En estos últimos años, diversos miembros —especialmente parte del liderazgo— ha encabezado una serie de fuertes cuestionamientos hacia la iglesia católica. Un ejemplo fue la campaña contra el proyecto de ley sobre libertad religiosa presentado por la entonces “diputada evangélica” Cynthia Hotton (el cual se intentó debatir nuevamente en 2017 con algunas modificaciones, pero tampoco logró apoyo). Un grupo de abogados y pastores pertenecientes al CCNV analizaron en detalle la propuesta, y elaboraron un documento donde llegaron a la conclusión de que éste no plantea un cambio con respecto a la ganancia de derechos por parte del sector religioso —como lo refleja, por ejemplo, pasar del paradigma de la libertad al de igualdad religiosa— y que no ofrecía una alternativa frente al estatus jurídico autárquico de la iglesia católica, estándar que se usa como medida del proyecto para el resto de las religiones, especialmente evangélica (Prein, 2010) Esta disputa cobró un alcance mediático, a través de la difusión por parte de la misma iglesia y de diversos medios de comunicación del documento elaborado por el equipo de trabajo, como también en instancias de debate público y conferencias de prensa.

Otros ejemplos son las discusiones en torno a la reforma del Código Civil en el 2012, las cuales llevaron a Prein a publicar una serie de escritos reprobando el lugar preferencial del catolicismo y la necesidad de una reforma para igualar los derechos de participación y reconocimiento (Prein, 2012). Prein participó en estos debates junto a un grupo de pastores —uno de los cuales es abogado, con experiencia en los debates sobre libertad religiosa—, más específicamente en las sesiones de consulta en la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación sobre el anteproyecto de Reforma del Código Civil y Comercial (4 de septiembre de 2012).

También lo vemos en la participación de Alexis Kalczynski, abogado y miembro del equipo pastoral del CCNV, en el debate sobre educación religiosa en Salta que se dio lugar en la Corte Suprema a mediados de 2017, hecho que suscitó una gran controversia pública. Kalczynski también es, en la actualidad, un referente público y mediático de uno de los movimientos más importantes —conformado posteriormente al debate sobre despenalización y legalización del aborto en 2018- que pregona por una real división del Estado con la Iglesia.

Prein, además, ha denunciado públicamente, a través de predicaciones dominicales en su comunidad, la connivencia entre el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad y la Iglesia Católica, especialmente en lo ateniente a los beneficios y privilegios presupuestarios que esta última recibía por parte de la gobernación.

Dentro del discurso general del CCNV se encuentra muy presente, tanto por parte del liderazgo como de los miembros en general, una intensa controversia con la iglesia evangélica en general. En este sentido, cabe destacar que el CCNV mantiene fuertes tensiones con los sectores evangélicos tradicionales, especialmente con la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) En varias conversaciones surgieron comentarios críticos sobre esta federación, la cual es vista —según la expresión utilizada por algunos pastores de la comunidad con quienes mantuve una entrevista grupal al respecto—, como una representación “conservadora” y “neoliberal”, tanto teológica como políticamente. Por ejemplo, uno de los puntos principales de conflicto con ACIERA fue el apoyo que el CCNV otorgó a la promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010, lo cual le costó críticas por parte del sector de iglesias vinculado con esta federación.

Esta diferenciación con un sector mayoritario de la iglesia evangélica nacional se revela en el discurso del CCNV, según pudimos indagar en varias entrevistas, a partir de la distancia con ciertos elementos ligados, por ejemplo, a la falta de incidencia pública (o al menos, al tipo de acción política que estas iglesias proponen, la cual —arguyen en el CCNV— se acerca demasiado a la legitimación de fuerzas políticas liberales y tradicionales de la sociedad argentina), a su discurso apolítico, a la cosmovisión conservadora (social y eclesiológica), entre otros elementos que representan el espectro eclesial conservador que aglutina ACIERA.

Vale aclarar que, a pesar de estos procesos de diferenciación, el CCNV forma parte de las tres federaciones evangélicas más importantes del país: ACIERA, FAIE (cuyo vicepresidente durante el período de esta investigación es el propio Guillermo Prein) y la Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal (FECEP).

Un último acontecimiento que refleja este proceso de diferenciación es el conflicto del CCNV con su propia denominación de origen: la Unión de las Asambleas de Dios. Según se pudo corroborar en varios testimonios y entrevistas, el Centro mantiene un conflicto con la denominación hace muchos años. A inicios del 2000 hubo una asamblea del Sínodo, que ya por entonces planteó la posibilidad de que el CCNV se desafilie de dicha denominación, a razón de los grandes desacuerdos en términos doctrinales como también institucionales. Por entonces, se decidió no quebrar el vínculo por expreso pedido del pastor principal quien, a pesar de estar de acuerdo con las razones, solicitó esperar un tiempo más.

El conflicto se agudizó nuevamente a fines del 2017 y principios del 2018, cuando las autoridades de la denominación proponen un cambio en la llamada Acta de filiación, una especie de estamento doctrinal e institucional. En el mismo se establecen una serie de estipulaciones referidas a “compromisos institucionales”, “compromisos éticos” y “compromisos doctrinales”. El conflicto se profundiza a razón del contenido de un apéndice titulado “Documento sobre divorcio y segundas nupcias”, donde la denominación plantea el divorcio como un pecado y las segundas nupcias como algo aceptable en circunstancias sumamente excepcionales.

La divulgación de estos documentos y su posterior aprobación por parte de la asamblea denominacional, llevó al CCNV a lanzar un comunicado en mayo de 2018 titulado “Análisis sobre los cambios en requisitos y compromisos de las iglesias y ministros para alcanzar o mantener membresía UAD”. En dicha misiva se esbozan tres críticas, vinculadas con los campos mencionados: lo institucional, lo legal y lo doctrinal. Adjunto a dicha carta, se envían tres documentos: uno sobre los asuntos de reorganización eclesial (firmada por algunos pastores del CCNV), otro sobre el marco legal de dicha organización y de la aplicación de algunos de los aspectos doctrinales que violan derechos fundamentales (escrita y firmada por un abogado, también pastor de la iglesia), y por último, un estudio teológico y bíblico elaborado por otro de los pastores sobre el tema del divorcio y las segundas nupcias.

El “espíritu” de esta carta se resume en uno de los tres elementos mencionados en el cuerpo de la misma:

Advertimos con preocupación en forma general una clara tendencia a la episcopalización de la Unión de las Asambleas de Dios, en medio de la cual las Iglesias y los ministros pierden la fundacional autonomía.
Nuestra fraternidad que es una asociación de Iglesias y no una Iglesia única con parroquias distribuidas en la geografía de nuestro país.

Este proceso de diferenciación del CCNV con respecto a diversos campos, temas y agentes sirve al establecimiento de una identidad que nace de la demarcación (discursiva, simbólica e institucional) frente a parámetros distintivos de un cuerpo mayoritario del campo evangélico (aunque afirmando aún dicha identificación), planteando la necesidad de mayor influencia en el campo social, la importancia de promover la militancia política, el desafío de crear una estructura eclesial inclusiva, entre otros elementos (Contins, 2008).

Este replanteamiento institucional y teológico conllevó también la construcción de redes con otros espacios eclesiales, más aun teniendo en cuenta la resistencia del CCNV con instancias como ACIERA, “Argentina, oramos por vos” o “Pastores por la ciudad”, grupos que son definidos como “conservadores” por el CCNV, al menos por el grupo de pastores y líderes entrevistado. Como respuesta, el CCNV, junto a otras iglesias afines, promovió la creación de Pastores por la gente, un grupo de diálogo sobre diversos temas teológicos, bíblicos, pastorales y coyunturas sociopolíticas. Este proyecto agrupa a pastores de diversas denominaciones, como también teólogos, cientistas sociales y un grupo de jóvenes universitarios.

En la presentación de dicho espacio se puede identificar la intencionalidad de usar un lenguaje político explícito: “Foro de Pastoras y Pastores reunidos para crecer en conocimiento e inteligencia, amando a las personas por sobre las instituciones. Reunión de compañeros que trabajan por las personas, el rebaño y la comunidad, procurando dar respuesta a las necesidades del pueblo”.

Una de las áreas de trabajo de esta agrupación es desarrollar lo que denominan como “teología del sur”. La misma es descrita de la siguiente manera (Prein, 2012):

  • Encarnación de la Iglesia en la sociedad.
  • Evangelización y conversión.
  • Justicia como voluntad de Dios que debe cumplirse en la tierra como en los cielos.
  • Piedad personal y social.
  • Integridad de la creación. Nuestra relación con nuestro planeta y con la comunidad.
  • Ministerio, Sacerdocio universal de la Iglesia y de las hijas e hijos de Dios.
  • La responsabilidad pastoral del pueblo de Dios hacia sus comunidades.
  • La función profética en nuestra realidad histórica y cotidiana.

En resumen, el espacio de Pastores por la gente pretende congregar académicos, analistas, estudiantes y pastores con una visión heterodoxa dentro del campo evangélico —especialmente en lo referido a perspectivas pastorales, teológicas y eclesiológicas— con el objetivo de ofrecer un espacio alternativo frente a otras redes pastorales en el país. Sin embargo, este grupo no aborda temas de mayor sensibilidad dentro del campo evangélico, como lo son aquellos relacionados con agendas valóricas, políticas inclusivas o sexualidad. Durante 2015 y 2016 este proyecto contó con una presencia importante a través de la publicación de breves artículos de reflexión en su portal virtual, con una frecuenta semanal, en redes y boletines digitales. Pero en 2017 y 2018 el equipo no logró articular una dinámica de trabajo sistemática.

3. Identidad eclesial, articulación social y lógica de la equivalencia

La dimensión política de un espacio eclesial se inscribe también en su capacidad de crear instancias de articulación con distintos actores sociales y organizaciones civiles, construyendo de esa manera un espacio de acción pública que integre la pluralidad de miembros de la comunidad y los proyectos que ésta desarrolla. En el caso del CCNV, podemos identificar dos ejemplos de este tipo de articulación entre diversos sujetos y organizaciones, lo cual responde, a su vez, a una lógica equivalencial entre las diversas demandas presentes dentro de la heterogeneidad de elementos que componen al propio CCNV, como también a la comunidad social más amplia con la que trabajan y representan (Laclau, 2005).

Durante una entrevista, Jorge —miembro histórico del cuerpo pastoral de la iglesia— relata cómo el CCNV llegó al Programa Nacional de Alfabetización del Ministerio de Educación Nacional. En las espigas, existe una práctica habitual que consiste en que cada participante entregue una nota con motivos de oración por necesidades particulares al finalizar cada encuentro. En una reunión de coordinación, los líderes de espigas identificaron dos dificultades en relación con esta práctica. Primero, que las personas pasaban mucho tiempo escribiendo sus notas, y segundo, que existía una gran dificultad para comprender algunos de los escritos debido a su ilegibilidad. De aquí llegaron a la conclusión de que muchas personas no saben escribir, o lo hacen con muchísima dificultad.

Esta situación llevó al liderazgo del CCNV a buscar alguna manera de palear tal dificultad a través de la ayuda del Estado. Fue así que la iglesia se contactó con el Ministerio de Educación Nacional, con el propósito de implementar una capacitación ofrecida por el Programa Nacional de Alfabetización. Lo que inicialmente comenzó como un grupo pequeño de miembros de la iglesia coordinado por alfabetizadores del Programa, llevó posteriormente a la formación de un cuerpo de alfabetizadores pertenecientes al propio CCNV, el cual ha ido aumentando con el tiempo a través de procesos de formación anual, llegando en la actualidad a la conformación de un equipo de más de 70 alfabetizadores. Este programa comenzó a desarrollarse en diversas comunidades dentro del CCNV, por lo que el trabajo en esta área ya forma parte de la estructura de intervención comunitaria de la iglesia en varias ciudades, con especial énfasis en la Provincia de Buenos Aires.

En el Día Internacional de la Alfabetización en el año 2012 se organizó un encuentro especial en el recinto del CCNV de Parque Patricios, en el cual asistieron estudiantes del Centro de Estudios Nueva Vida, participantes de espigas y miembros de la iglesia. Dicha reunión consistió en un momento de liturgia —siguiendo el mismo formato de un culto regular de la iglesia—, con una reflexión bíblica por parte de una de las pastoras, centrada en la sensibilización sobre la temática que convocaba al encuentro, a saber, la necesidad de atender a las demandas de aprendizaje y alfabetización. Hacia el final del momento litúrgico, se erigió una mesa sobre el mismo escenario del templo, donde se ubicaron el Director de Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación Nacional y la Directora del Programa Nacional de Alfabetización, quienes expusieron, frente a todos los presentes, sobre el trabajo del gobierno nacional en torno a las necesidades en el ámbito educativo nacional.

Este hecho nos permite ver el entrelazamiento existente entre elementos litúrgicos, discursos teológicos y el abordaje de demandas sociopolíticas, todo concentrado en una misma instancia de congregación comunitaria, del cual también formaron parte dirigentes políticos que no pertenecen a la iglesia. Además, el uso del mismo escenario principal del templo en Parque Patricios muestra la flexibilidad de la comunidad en la utilización de sus espacios litúrgicos y la deconstrucción del sentido de sacralidad que suele ir ligada a estos sitios.

Un ejemplo similar lo podemos encontrar en el contexto de la alianza con el Ministerio de Seguridad, la cual derivó de un acontecimiento puntual que involucró a uno de los miembros del cuerpo pastoral de la iglesia, quien atravesó por una situación de inseguridad cuando robaron su auto en un asalto a mano armada en el mismo barrio del CCNV. La ineficacia de la comisaría barrial para atender el caso (no solo por negligencia sino por carencia de recursos) derivó, horas más tarde del suceso, en una movilización de cientos de vecinos —convocada en gran medida por miembros del CCNV—, debido a que el afectado era una persona conocida del barrio, además de que la zona sufría de muchos casos similares por esos tiempos. Este hecho cobró inmediata repercusión mediática, al ser difundido por diversos medios de comunicación.

Pocos días después, el Ministerio de Seguridad convocó a parte del liderazgo del CCNV, encuentro que resultó en la organización de reuniones barriales (atendidas inicialmente por más de cien personas de la comunidad) para tratar temas ligados a la inseguridad. Ello derivó también en la conformación de una mesa de seguridad y en la reestructuración de la comisaría local.

Vemos con este ejemplo la influencia e impacto de las redes personales, barriales y políticas del CCNV —en especial de su liderazgo— para la articulación de proyectos de incidencia. Especialmente, podemos ver la relación que existe entre cotidianeidad y estructura de la institución eclesial, las experiencias particulares y el desarrollo de instancias de impacto comunitario. Esta dinámica refleja un tipo singular de acción sociopolítica muy común en iglesias evangélicas, y más particularmente en el CCNV.

Otro caso donde se pone en juego esta capacidad articuladora del CCNV es la Expo Desafío, un evento que se realiza varias veces al año en el recinto de Parque Patricios. Esta reunión comprende todo un día de exposición de micro emprendimientos desarrollados por personas de la iglesia y estudiantes del Centro de Estudios Nueva Vida, en diversos rubros: alimentos, vestimenta, artesanías, entre otros. La exposición se realiza en el salón principal del templo. Durante el encuentro, se puede ver una circulación constante de personas —en su mayoría del barrio, la iglesia y allegados a los emprendedores— que consumen los productos ofrecidos y hacen contacto con cada vendedor/a, desplegados en pequeñas mesas a lo largo de todo el salón, para coordinar futuras transacciones, tal cual el formato de una “feria barrial”. Aníbal, director del Centro de Estudios y parte del cuerpo de pastores del CCNV, afirma que “esta es una experiencia pedagógica” para los participantes.

Este emprendimiento derivó hacia el 2013 en la conformación de la Mutual de la Gente Nueva Vida, con el alquiler de un establecimiento cercano al recinto de Parque Patricios, que sirvió a que pequeños emprendedores puedan vender sus productos y también crear fondos de alimento, ropa y otros bienes no solo para la comunidad del CCNV sino también para ofrecer al barrio en general. Otra actividad importante de esta mutual es el asesoramiento jurídico a personas en situación de vulnerabilidad social y laboral.

Estas tres anécdotas nos permiten confirmar cómo las experiencias cotidianas de los miembros de la comunidad eclesial ponen de manifiesto un conjunto de demandas tanto sociales como económicas, a partir de las cuales se abre un espacio de articulación entre diversos actores, procesos institucionales y discursos político-religiosos, que alcanzan distintos campos de acción pública. En este caso, dicha articulación se construye desde una trama discursiva que combina narraciones testimoniales, perspectivas teológicas y elementos sociopolíticos —las cuales analizaremos con mayor profundidad en los próximos capítulos—, facilitado por las mismas dinámicas institucionales del CCNV.

Por todo esto, podemos concluir que la noción de identidad en esta iglesia se construye desde esta heterogeneidad de elementos articulados en una lógica equivalencial a partir de demandas particulares expuestas e identificadas por sus miembros y comunidad circundante, lo cual constituye un proceso de movimiento, circulación, dislocamiento y resignificación constante de discursos, perspectivas, prácticas, cosmovisiones y agenciamientos. En otros términos, lo identitario en el CCNV se manifiesta desde su pluralidad constitutiva en términos de circulación de prácticas y narrativas, haciendo de la comunidad un espacio facilitador de dinámicas y acciones sociales heterogéneas, pero a su vez articuladas en la atención de problemáticas específicas, donde las nociones y prácticas religiosas actúan como puntos nodales que facilitan estos procesos.

Ahora, la pregunta es: ¿cuáles son dichos puntos nodales (Laclau, 1996) a partir de los cuales se gesta esta articulación? ¿Qué es lo que habilita este contexto hermenéutico y práctico que da lugar a estos procesos tanto de diferenciación como de interconexión y construcción originarias por parte del CCNV? En los próximos capítulos analizaremos algunos factores que podríamos destacar al respecto, centrados particularmente en dos grandes campos: la figura carismática de Guillermo Prein como epicentro de sentido, y la resignificación de un conjunto de prácticas e imaginarios pertenecientes al campo de sentido pentecostal, cuya labilidad admite procesos de resignificación, y con ello de rearticulación entre distintos elementos institucionales y discursos políticos, muchos de ellos no comunes dentro del espectro mayoritario evangélico e inclusive pentecostal.


  1. Esta propuesta de categorización fue desarrollada con más detalle y de forma comparada con perspectivas católicas en Suarez, Panotto, Gatti, 2012.
  2. Vale aclarar que las iglesias pentecostales representan un complejo universo con respecto al mundo de las organizaciones y jerarquizaciones eclesiales. De todas formas, ellas surgen de una reacción hacia el conservadurismo congregacionalista, con las cuales aún hoy comparten posturas teológicas y eclesiológicas.


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