La revista De Pie y el obispado de Miguel Hesayne (1983-1989)
Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia
Resumen
La llegada de Miguel Hesayne a la diócesis de Viedma en 1975 estuvo marcada por la renovación eclesial posconciliar en lo referido tanto a la pastoral popular, como también a la participación de sacerdotes y laicos desde un fuerte compromiso social. Una de las iniciativas que explicitó en forma más clara estas ideas fue la revista De Pie, la cual se enmarcaba en un proyecto comunicacional que debía convertirse, en palabras del propio Hesayne, en un “canal de comunicación y participación con lenguaje llano y directo”.
En este capítulo nos proponemos presentar la iniciativa gráfica a luz del proyecto pastoral de Hesayne, dando cuenta del contexto en el que surgió la publicación, de las trayectorias de sus principales referentes, de sus características, organización y línea editorial, y de algunas posibles interpretaciones de los motivos de su cierre más allá de los explicitados en el número final. En función de dicho objetivo, realizaremos un abordaje cualitativo de fuentes escritas, principalmente la revista De Pie, la cual cruzaremos con fuentes orales, a través de entrevistas realizadas a miembros del staff de la publicación.
Palabras claves
Prensa católica, Río Negro, Miguel Hesayne.
Abstract
The arrival of Miguel Hesayne to the diocese of Viedma in 1975 was marked by the post-conciliar ecclesial renewal both in terms of popular ministry as well as the participation of priests and laity from a strong social commitment. One of the initiatives that made these ideas clearer was the magazine De Pie, which was part of a communication project that had to become, in Hesayne’s own words, a “channel of communication and participation with plain and direct language”.
In this chapter we intend to present the graphic initiative in light of Hesayne’s pastoral project, giving an account of the context in which the publication arises, of the trajectories of the main referents of him, of its characteristics, organization and editorial line, and of some possible interpretations of the reasons for its closure beyond those explained in the final number. Based on this goal, we will carry out a qualitative approach to written sources, mainly De Pie magazine, which we will cross with oral sources, through interviews with members of the publication’s staff.
Keywords
Catholic press, Río Negro, Miguel Hesayne.
Introducción
La llegada de Miguel Hesayne a la diócesis de Viedma en 1975 estuvo marcada por la renovación eclesial posconciliar[1]. El comienzo de su proyecto pastoral estuvo atravesado por una época de la Iglesia católica argentina marcada por la profundización de las
tensiones existentes entre los sectores renovadores, los partidarios de reformas en la Iglesia y los sectores tradicionalistas, anclados todavía en un horizonte tomista que concebía a la Iglesia como una “sociedad perfecta” que no debía contaminarse con los males del mundo moderno (Obregon, 2007: 5).
En este contexto, Hesayne, en la diócesis de Viedma (1975-1995), y De Nevares, en Neuquén (1961-1991), se identificaron abiertamente con la renovación conciliar, en lo referido tanto a la pastoral popular como también a la participación de sacerdotes y laicos desde un fuerte compromiso social. Ambos obispos patagónicos influidos por esta renovación plantearon la necesidad de plasmar en el territorio la “opción por los pobres”[2] y asumieron un compromiso público con la defensa de los derechos humanos durante los años del terrorismo de Estado (1976-1983).
El proyecto pastoral de Hesayne, siguiendo la periodización de Barelli (2019), fue desplegándose a lo largo de un obispado que transitó por tres etapas: la primera, correspondiente a los años 1975-1979 y definida como de concientización e identificación con el pueblo rionegrino; la segunda, que transcurrió entre 1980 y 1984, marcada por el Sínodo[3] Pastoral Diocesano; y la tercera etapa, durante los últimos años de su obispado desde 1984 hasta 1993, fue descripta como la “puesta en marcha” de esa nueva Iglesia rionegrina postsinodal, en el marco de un país que comenzaba a transitar la recuperación democrática. Entre las principales iniciativas impulsadas en esta última etapa, se encuentra la revista De Pie[4], la cual se enmarcaba en un proyecto comunicacional popular que debía convertirse, en palabras del propio Hesayne, en un “canal de comunicación y participación con lenguaje llano y directo”[5]. La elección misma del nombre, el cual se aclaraba en el primer número que estaba inspirado en el profeta Isaías, “Pónganse de pie, levanten sus cabezas, la liberación está próxima”[6], ya permitía vislumbrar tanto un mensaje de esperanza, como también un proyecto pastoral y posicionamiento político particular.
En este capítulo nos proponemos presentar la revista De Pie a la luz del proyecto pastoral de Miguel Hesayne, dando cuenta del contexto en el que surgió la publicación, de las trayectorias de sus principales referentes, de sus características, organización y línea editorial, y de algunas posibles interpretaciones de los motivos de su cierre más allá de los explicitados en el número final. En función de dicho objetivo, realizaremos un abordaje cualitativo de fuentes escritas, principalmente la revista De Pie, la cual cruzaremos con fuentes orales, a través de entrevistas realizadas a miembros del staff de la publicación.
El capítulo se inscribe en la línea de trabajo que, desde el marco de la prolífica producción historiográfica referida a la prensa católica, ha comenzado a avanzar sobre la historia reciente en general y a la década del ochenta en particular. En este sentido, la producción de Mariano Fabris sobre revistas como Criterio (Fabris, 2015, 2019, 2020), Esquiú (Fabris, 2012, 2015, 2020) y Cabildo ( Fabris, 2019) constituye un aporte fundamental al avanzar sobre el análisis de sus agendas y de las diversas posiciones asumidas públicamente sobre temáticas centrales durante la transición democrática, como el pasado dictatorial, la defensa de los derechos humanos o las sanciones de la ley de divorcio. En el caso de la Patagonia, los trabajos de Felipe Navarro Nicoletti y María Andrea Nicoletti (2020, 2021, 2022) son una referencia ineludible a la hora de abordar los proyectos comunicacionales de los obispados de Río Negro y Neuquén en los que se inscribieron las revistas De Pie y Comunidad, respectivamente, pero sin abordarlas como su objeto de estudio. Recuperar la prensa católica para el estudio de la historia reciente en la regional constituye quizá uno de los principales aportes que intenta hacer el capítulo.
Miguel Hesayne, un obispo renovador en la diócesis de Viedma (1975-1993)
En 1975 el papa Pablo vi (1963-1978) designó a Miguel Hesayne[7] (1975-1995) como obispo de Viedma. Esta diócesis tenía un origen reciente ya que hasta 1961 había conformado, junto a las provincias de Neuquén y Río Negro, la Diócesis de Viedma[8]. Tras dicha separación, el papa Juan xxiii designó a los salesianos Jaime de Nevares y José Borgatti como obispos de Neuquén y Viedma respectivamente. Luego del fallecimiento de este último y del reemplazo de Monseñor Alemán, Hesayne se convirtió en el tercer obispo diocesano de Viedma.
La llegada de Hesayne estuvo enmarcada en los nuevos aires de renovación[9] eclesial del Concilio Vaticano ii. Su proyecto pastoral atravesó una época de la Iglesia católica argentina donde el énfasis estaba
puesto en la renovación ideológica que significó para el catolicismo el aggiornamento social cristiano de gran peso en Latinoamérica […] en la que fue posible la convivencia del tradicionalismo en lo referido a la moral social, sexual y familiar, con orientaciones progresistas en cuanto a propuestas económicas reformistas y a la valoración positiva de la democracia (Fabris, 2011: 22).
En este contexto, tanto el obispo rionegrino como el de Neuquén se comprometieron con ese episcopado “renovador”, implementando en sus diócesis la nueva mirada conciliar en lo referido a la pastoral popular, así como también a la participación de sacerdotes y laicos desde un compromiso social. Muchos años después, Hesayne[10] recordaría la importancia decisiva que el Concilio había tenido en su vida sacerdotal:
Antes del Concilio […] yo era un administrador de sacramentos de problemas económicos, del sustento del edificio. […]. Y el Concilio me devolvió el sentido, no solamente de la voz de un teólogo, sino que la Iglesia viva, me decía que era el Pueblo de Dios. Este concepto de Pueblo a mí me llenó el corazón y me ubicó en la Iglesia como sacerdote: el sacerdote es el servidor del pueblo de Dios no es el señor cura […]. Yo pienso… [uno no sabe], no sé si hubiera seguido siendo sacerdote si no me hubiera encontrado con el Concilio (testimonio de Hesayne en el libro Diálogos en Azul, 2016: 22).
Tanto Hesayne como De Nevares plantearon públicamente la necesidad de plasmar la “opción por los pobres” en el territorio, formando parte del clero influido por la teología de la liberación[11]. En esos años, tanto quienes adherían a esta línea, como otros que pertenecían al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM)[12] establecieron contactos frecuentes con obispos o grupos de trabajo eclesiástico de zonas rurales para realizar misiones con campesinos, obreros e indígenas (Leone, 2019). Sin embargo, como bien señala Martín Obregón, las “experiencias de este tipo fueron excepcionales dentro de la Iglesia argentina y comenzaron a ser objeto de una fuerte persecución a partir de 1974” (Obregón, 2007: 8).
El golpe de Estado de 1976 marcó un claro contraste entre la jerarquía católica a nivel nacional y los obispos norpatagónicos, los cuales se constituyeron en una referencia local de la oposición al gobierno de facto[13]. Hesayne y De Nevares mantuvieron una actitud crítica frente a la dictadura, tanto por la virulencia de la represión desplegada, como por el plan económico a la que esta era funcional. Junto con Jorge Novak, obispo de Quilmes, conformaron un pequeño grupo que denunció públicamente la represión ilegal como terrorismo de Estado y acompañó los reclamos de justicia en los últimos años del régimen (Bonin, 2015: 232). Esto otorgó una gran visibilidad y reconocimiento nacional a las figuras de Hesayne y De Nevares, los cuales participaron activamente en organizaciones de derechos humanos[14], favoreciendo con su posicionamiento y accionar la conformación de delegaciones en sus respectivas diócesis (Azconegui, 2014). En reconocimiento a este compromiso, en 1983 el obispo De Nevares fue convocado para conformar la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Nicoletti 2012, Navarro Nicoletti y Nicoletti, 2021), mientras que Miguel Hesayne fue invitado a integrar la Comisión de Derechos Humanos de la Provincia de Río Negro, creada al año siguiente[15], para la cual envió en su representación al presbítero Vicente Pellegrini (Mereb, 2017).
La crisis del régimen dictatorial y el retorno democrático también estuvieron marcados por la renovación del pensamiento episcopal expresado por la denominada “teología de la cultura” o “teología del pueblo”, con Lucio Gera[16], Gerardo Farrel[17], Rafael Tello[18] y Alberto Methol Ferré[19] como referentes. Si bien esta línea, siguiendo a Fabris (2011), no logró el apoyo entusiasta de todos los miembros de la CEA[20], sí reforzó los consensos entre ellos al integrar y sintetizar diferentes líneas de pensamiento. Esta perspectiva, según Fabris, fue identificada por algunos autores como una reacción frente a la teología de la liberación que “pretendió incorporar la renovación conciliar depurada de los aires radicalizados presentes desde finales de los sesenta”, mientras que, para otros, significó una vertiente dentro de la teología de la liberación que se diferenció por construir una concepción distinta del sujeto “pueblo”, donde lo relevante era el compromiso de la Iglesia con el pueblo a través de un rescate de la religiosidad popular. Es decir, en tanto que la teología de la liberación partía de la definición del pueblo determinada por la oposición con los grupos dominantes, la teología del pueblo lo hacía desde una perspectiva histórico-cultural que suponía considerarlo como “sujeto” de una historia y una cultura comunes (Fabris, 2011: 45). Sería en el marco de estas discusiones y revisiones del Concilio Vaticano ii en que el obispo Hesayne llevaría a cabo su proyecto pastoral en la provincia de Río Negro.
El proyecto pastoral de Hesayne en Río Negro
El proyecto pastoral de Hesayne, como ya hemos señalado, se enmarcó en un contexto de renovación eclesial, entendiendo que la Iglesia debía constituirse en “servidora de la humanidad”. En palabras del propio obispo, si bien la Iglesia “viene de lo alto, surge desde abajo, por eso no puede construirse sin historia y se construye a través de la historia” (Hesayne, Dieuzeide y Moia, 2016). Desde esta perspectiva, la Iglesia se piensa como mancomunada con su pueblo, independiente del poder político y abiertamente identificada con los pobres, la defensa de la justicia social y los derechos humanos (Nicoletti, 2012: 194-195).
En su primera carta pastoral publicada en 1975, Hesayne afirmaba que la Iglesia debe ser
orante, misionera, atenta y sensible al momento histórico que le toca vivir y en el que actúa […] una Iglesia pobre con la pobreza evangélica de la disponibilidad de servir al situado en necesidad física o principalmente espiritual en cumplimiento de su razón última el servicio de la salvación[21].
Este posicionamiento que enfatizaba el compromiso político y social adquirió mayor anclaje territorial luego de emprender, en ese mismo año, su recorrido por toda la geografía rionegrina. Esto le permitió dimensionar tanto las enormes diferencias sociales como las históricas fracturas regionales que moldearon dicha provincia. Esta experiencia se plasma en las primeras definiciones de su proyecto pastoral, cuando sostiene la necesidad de “hacer la comunión entre los diversos rionegrinos, construir una Iglesia Comunional desde cada parroquia territorial”[22].
En este marco, recorrer y conocer cada rincón de la provincia se volvió un objetivo prioritario, construyendo símbolos y generando acciones que contribuyeran, según sus palabras, a crear un “encadenado”, que “uniera efectivamente a los feligreses de cada parroquia entre sí y con las demás diócesis”[23]. De esta forma, buscaba construir una Iglesia que “se transforme más y más en una comunidad participativa […] [en un] lugar de comunión fraterna y servicial, enamorada del Dios Vivo”[24] (Barelli y Azcoitia, 2021).
En función de estos objetivos, se fue delineando esa nueva Iglesia rionegrina proyectada por Hesayne, la cual atravesó por tres etapas (Barelli, 2019). La primera (1975-1979) estuvo marcada por las diferentes misiones, recorridos y encuentros del obispo con religiosos y religiosas dentro de la provincia, teniendo como eje vertebrador la construcción de una imagen mariana que pudiera identificarse con el pueblo rionegrino. En palabras del obispo, la “Virgen Misionera” constituyó un “gesto generador de conciencia de la Iglesia particular rionegrina cuyo objetivo global fue la evangelización de la provincia”[25] (Nicoletti y Barelli, 2019; Barelli, 2019). La iconografía de esta Virgen creada en 1978, la cual se constituyó en la patrona de Río Negro, remitía a una campesina pobre con rasgos mapuches, cuyo rostro buscaba expresar el sufrimiento de los sectores populares patagónicos (Barelli, 2021).
La segunda etapa (1980-1984) se relaciona con el proyecto del Sínodo[26] Pastoral Diocesano, el cual se anunció en 1980 y comenzó a desarrollarse entre los años 1983 y 1984, y cuyos resultados se publicaron en 1985. Se afirmaba allí que el sínodo constituía una propuesta de carácter normativo que expresaba “los criterios pastorales, fundamentales e insustituibles para planes” que se habían de proyectar “a nivel parroquial diocesano”, y “para la actividad del agente de pastoral” que actuara, de una u otra forma, en la Iglesia rionegrina[27]. Consideramos que este fue un momento “bisagra”, no solo porque contribuyó a generar una sistematización de las problemáticas y necesidades de los diferentes territorios que componen la provincia, sino también porque sentó las bases de una propuesta en la que las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs)[28] constituirán el eje de la transformación que impulsaba la Iglesia. “De los pobres a todos” fue una de las frases que mejor condensó el espíritu que guiaba la etapa sinodal. En este sentido, en la Exhortación Pastoral, que constituye la publicación de los resultados del Sínodo, se afirmaba:
La primera instancia en nuestra acción evangelizadora es reconocer la pobreza–miseria concreta en Río Negro: el hambre y falta de vivienda de muchas familias; la desocupación y marginación de muchos trabajadores; la opresión en que subsisten los aborígenes, primero dueños de esta tierra patagónica; los peones de chacras y campos desprotegidos socialmente; los trabajadores golondrinas; los migrantes, especialmente chilenos; los pobladores de barrios periféricos, centros suburbanos y zonas rurales[29].
Finalmente, la tercera etapa (1984-1993) fue la de “puesta en marcha” de esa nueva Iglesia rionegrina postsinodal. Sus comienzos coincidieron con el retorno de la institucionalidad democrática en la Argentina. El triunfo del radicalismo en las elecciones del 30 de octubre de 1983 marcó el inicio de una transición que asumió entre sus principales objetivos el desmantelamiento del autoritarismo militar, permitiendo el enjuiciamiento de los responsables del terrorismo de Estado, y la generación de condiciones que permitieran el goce pleno de los derechos civiles. Este retorno a la vida democrática, tras siete años de una cruenta dictadura, generó un profundo proceso de repolitización de la sociedad argentina, no solo impulsado por la reinstalación de demandas postergadas, sino también por las promesas que la propia idea de democracia despertaba (Lesgart, 2003). En este contexto, la nueva Iglesia rionegrina desplegó una gran variedad de acciones colectivas, como la “Misión Popular Mariana” y los diferentes encuentros de jóvenes, tendientes a “revitalizar las decisiones sinodales y los pasos ulteriores dados”, como también el proyecto de recuperación de la lengua indígena (1989-1990).
De este conjunto de iniciativas lanzadas en los ochenta, sin lugar a dudas, la revista De Pie, junto a la campaña “una oveja para mi hermano”[30] y el proyecto de Promotores Sociales[31], se cuenta entre las que alcanzaron mayor impacto en la región (Barelli y Azcoitia, 2021). Al igual que la revista Comunidad (1980-1990) del obispo Jaime de Nevares, De Pie se constituyó en una herramienta fundamental para abordar temáticas o perspectivas invisibilizadas por los medios hegemónicos, tanto a nivel provincial como nacional (Navarro Nicoletti y Nicoletti, 2020). Sin pretensión de equidistancia, de la cual se vale la prensa “independiente” para aparentar objetividad, De Pie no se limitó a describir las penurias e injusticias por las que atravesaban los sectores vulnerabilizados de la sociedad, sino que se propuso evidenciar sus causas profundas, inscribiendo esas situaciones en el marco de históricas relaciones de sometimiento y explotación.
La revista De Pie
Las trayectorias y el proyecto comunicacional
La revista De Pie se enmarcó en un proyecto comunicacional alternativo y popular que tuvo a Néstor Busso como uno de sus principales impulsores. Su relación con el obispo de Viedma comenzó a fines de los años sesenta en el marco de su militancia en la Juventud de Estudiantes Católicos y la Juventud de Universitarios Católicos[32] y su participación en el Consejo Nacional Pastoral, siendo Hesayne delegado regional de Azul. Este vínculo se mantuvo durante los años en que Busso trabajó en la revista Servicio de Documentación de Información Popular Latinoamericana (SEDIPLA), la cual se publicó en la ciudad de La Plata entre 1973 y 1976. Esta revista sobre la Iglesia en América Latina acabó constituyéndose, en palabras de Busso, “un poco” en “voceros del Movimiento de los Sacerdotes por el Tercer Mundo”[33]. SEDIPLA alcanzó gran difusión entre los sectores de la Iglesia de la opción por los pobres, lo que favoreció la comunicación con obispos como De Nevares, Angelelli, Zazpe, Devoto y Hesayne.
Tras el golpe de Estado de 1976, Néstor Busso fue secuestrado, y, luego de su liberación, se exilió en Brasil junto a su familia. Desde allí mantuvo una permanente correspondencia con Hesayne, quien le ofreció trabajar en la comunicación del Obispado una vez que retornó al país a principios de 1983 junto a su compañera Olga Castro. En este sentido, contó Busso que De Nevares se lamentaba de que “el turco” le hubiera “ganado de mano”, evidenciando tanto la cercanía que existía entre los obispos, como la afinidad de sus proyectos.
Otro pilar de la revista fue el sacerdote Juan Ángel Dieuzeide, quien, en marzo de 1982, decidió regresar al clero diocesano en Viedma por ser Hesayne “uno de los pocos obispos argentinos que había levantado su voz profética contra la dictadura cívico-militar”[34]. Dieuzeide había sido profesor de Teología en la ciudad de Mercedes y pertenecía al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. El 24 de marzo de 1976, fue detenido por la dictadura y, tras pasar cuatro meses en prisión, ingresó a la vida monástica hasta su llegada a la Diócesis de Viedma. Juan Ángel comenzó con el microprograma El Evangelio y las noticias, que se emitía todos los días por LU 15, la única radio AM de Viedma. Esta tarea la asumió a pedido de la Secretaría de Comunicaciones, por ese entonces a cargo de su amigo Néstor Busso.
Entre los colaboradores de Hesayne, se encontraba también Jorge Kelly, laico que se desempeñó como secretario canciller del obispado y que era amigo de Juan Ángel Dieuzeide. En palabras de este, mientras fue seminarista palotino, Kelly se salvó de morir en la llamada “masacre de San Patricio”[35], perpetrada por la dictadura el 4 de julio de 1976, porque esa noche se había quedado a dormir en el departamento de los sobrinos de Dieuzeide[36]. Junto a Kelly, había llegado Alicia Lantaño, su esposa, quien asumió un destacado rol en el proyecto educativo del obispado[37].
Al igual que el obispo Novak en Quilmes y De Nevares en Neuquén, el compromiso social de Hesayne y su posición pública frente al terrorismo de Estado lo convirtieron en una suerte de polo de atracción de las fuerzas transformadoras que la dictadura se propuso eliminar. En este sentido, afirma Busso que el grupo que se fue conformando en torno al obispo rionegrino estaba integrado por “jóvenes laicos” con “trayectoria en la militancia social”[38].
Desde la Secretaría de Comunicación del obispado, Néstor Busso era responsable de la comunicación interna de la diócesis rionegrina, de los estrechos vínculos con los obispados de Neuquén y Quilmes, así como de transmitir a nivel nacional el mensaje de Hesayne, quien se había constituido en una referencia ineludible en torno a la violación de los derechos humanos. En ese sentido, Juan Ángel recuerda que
los jueves, por ejemplo, el obispo grababa el mensaje para el domingo, que el viernes llegaba a radios y canales de Río Negro, embargado hasta el domingo, y a agencias de comunicación nacionales, embargado hasta el lunes: el lunes se conocía el mensaje en muchos lugares del país y del exterior[39].
La organización de talleres de formación en comunicación fue una de las primeras actividades desarrolladas por Busso desde su secretaría. En una primera etapa, estos encuentros se centraron en la lectura crítica de los medios, y pasaron luego a la producción de contenidos para una comunicación popular en gráfica, radio y audiovisual. Estos talleres contaron también con la activa participación de Olga Castro, miembro del Consejo editorial de la revista De Pie, y Carlos Espinosa, periodista rionegrino con reconocida militancia gremial y política que por ese entonces colaboraba con la revista. Felipe Navarro Nicoletti destaca “la perspectiva crítica e innovadora que poseían tanto Hesayne como Busso en relación a generar espacios de participación dinámicos e inclusivos en los que la comunicación fuera una herramienta de canalización de demandas, necesidades, información y vínculos” (Navarro Nicoletti, 2021: 15). El obispado identificaba claramente la importancia de la comunicación en la construcción de comunidad.
La línea editorial y su funcionamiento
En palabras de Busso, De Pie nació con la idea de poner en papel “el pensamiento, lo que nosotros decíamos de la Iglesia rionegrina, era del obispo Hesayne y de los que estábamos como colaboradores de él”. A lo largo de sus 29 números, que solían tener una periodicidad bimestral, la revista abordó diversas problemáticas, entre las que se destacaron la violación de los derechos humanos, el rol de los medios de comunicación en una sociedad democrática, las dificultades de la población en el acceso a la vivienda y la tierra, la explotación de las comunidades indígenas, la violencia contra la mujer, las penurias económicas que atravesaban los trabajadores, las disputas sindicales, el proceso de concentración de la riqueza y el endeudamiento externo generado por la dictadura. La mayoría de sus tapas visibilizaban alguna injusticia que laceraba la provincia a través de la cámara de Nilo Silverstone[40], autor de icónicas fotos del Cordobazo y Agustín Tosco. La perspectiva desde la cual se abordaban estos temas quedaba explicitada desde la elección misma del nombre de la revista, el cual, como hemos señalado, se referenciaba en la frase del profeta Isaías que rezaba: “Pónganse de pie, levanten sus cabezas, la liberación está próxima”. El primer número explicitaba sobre ese mensaje “de esperanza”: “…es al mismo tiempo un programa para nuestra provincia, nuestro país y América Latina”. Así, establecía el escenario sobre el que debía desplegarse esta misión liberadora a la que la revista se proponía contribuir. El destinatario de sus intervenciones, el sujeto al que interpelaba en ese llamado a ponerse de pie y levantar la cabeza, se definía al afirmar que el objetivo de la publicación era “recoger la vida de Río Negro, especialmente de aquellos a quienes” se les había “quitado la posibilidad de expresión”[41], la revista aspiraba a constituirse en la voz de los sin voz.
Si bien Néstor Busso y Miguel Hesayne eran las referencias más claras en cuanto a la definición de la línea editorial de De Pie, Juan Ángel sostiene que esta ya se encontraba definida “en la línea pastoral que había ido madurando Hesayne desde que se hizo cargo de la Diócesis, en 1975. No se trataba solo de un proyecto comunicacional, sino de un Proyecto Pastoral”[42]. Tanto Dieuzeide como Busso habían formado parte del equipo coordinador de las Asambleas Sinodales y ambos estuvieron a cargo de la redacción definitiva de la Exhortación Postsinodal “Para anunciar a Jesucristo”, la cual se elaboró sobre la base de una primera versión escrita por Hesayne. En palabras de Juan Ángel:
Después de revisarla, [Hesayne] la presentó en la Pascua de 1985, destacando que tenía dos ejes: “Desde los pobres a todos” […] y “Formando comunidades integradas en parroquias” […] y un hilo conductor: “Comunión y participación” […]. Relato todo esto para hacer ver que la línea de la revista De Pie no podía ser otra que la que el obispo Miguel Esteban intentaba imprimir a la diócesis[43].
Si bien esta “línea” constituía una referencia ineludible para la revista, Dieuzeide también sostiene que la revista funcionaba en forma “autónoma” con respecto a la Diócesis, “ya que no era una publicación oficial, sino oficiosa”[44]. Asimismo, el equipo de trabajo que integraba la revista fue conformándose, según Busso, en acuerdo con el obispo Hesayne. El consejo editorial, integrado mayoritariamente por laicos, que expresaba también la diversidad territorial de la provincia, estaba conformado por “compañeros y compañeras” que coincidían “en la línea pastoral del obispo Hesayne”[45]. Dicho consejo se reunía cada seis meses para discutir sobre el rumbo de la revista. Esta estructura se completaba con un amplio grupo de colaboradores que “proponía contenidos y material”[46]. Todas las notas en De Pie se publicaban con firma, y los artículos en que no se explicitaba la autoría eran escritos por Néstor Busso o Juan Ángel Dieuzeide. En los últimos cuatro números de la revista, se implementó la figura del secretario de redacción, a cargo de Carlos Espinosa, que tuvo como objetivo colaborar con las tareas del director.
Según datos del propio obispado, De Pie llegó a tener una tirada de 5.000 ejemplares[47] que se vendía en forma unitaria o a través de suscripción anual, teniendo en este último caso un precio diferencial según se estuviera en Argentina, América Latina o “demás países”. Afirma Busso que estos suscriptores del exterior eran mayormente contactos que conservaba de su paso por SEDIPLA. A partir del segundo número, se habilitó también una “suscripción de apoyo” que equivalía a una vez y media el pago anual. En este punto cabe destacar que eran las parroquias los principales centros de distribución de las revistas, cuya circulación quedaba supeditada al acuerdo que tuviera cada párroco con la línea editorial de De Pie. En este sentido, afirma Busso que “había algunas parroquias especialmente donde la revista llegaba y quedaba archivada en un rincón o sectores más tradicionales o más conservadores que en algunas ciudades eran más fuertes que en otras”[48].
La despedida
La revista se publicó entre octubre de 1984 y junio de 1990, momento en el que dejó de editarse por cuestiones económicas, según se explicaba en su último número. En un pequeño recuadro debajo del sumario, podía leerse: “Por serias dificultades de origen fundamentalmente económicas, el Padre Obispo suspende temporalmente la edición ordinaria de la revista. En breve se dará informe a nuestros lectores acerca de cómo se retome la marcha de esta publicación”[49].
Si bien en esta explicación se establecía que la suspensión sería temporal, en la misma página se publicó otro recuadro con el título “Despedida”, donde Busso agradecía al “Padre Obispo” por la confianza y a los “amigos y colaboradores” por hacer posible la revista. En unas breves líneas que claramente ponían un punto final a De Pie, por lo menos en cuanto a su participación, el director de la revista afirmaba que había sido “una experiencia profesional y eclesial muy rica”[50].
Más allá de la lacónica explicación que atribuía las “dificultades” a cuestiones fundamentalmente de orden económico, otras interpretaciones sobre el cierre de De Pie encuentran sus causas en los cambios que se estaban produciendo en la Iglesia rionegrina a fines de la década del ochenta. Ante la iniciativa de Hesayne de dividir la diócesis de Viedma desde el Vaticano, le aconsejaron nombrar vicarios en las zonas de Alto Valle y la región andina. Según Juan Ángel Dieuzeide: “…eso tuvo como efecto una reclericalización de la diócesis: algunos curas criticaban la característica demasiado laical de la anterior Curia Diocesana. A mi juicio, las prioridades empezaron a ser otras”[51].
En el mismo sentido, Néstor Busso lee en estos cambios un fortalecimiento de la estructura clerical que “refuerza la idea de verticalidad”. El exdirector de De Pie vincula el final de la revista al avance de sectores de la Iglesia “que no veían con buenos ojos todo esto”. Agrega también: “Hesayne ya había tomado la decisión, que nosotros conocimos después, de renunciar a la diócesis […] fue un poco de cada cosa”[52]. Poco tiempo más tarde del cierre de la revista, Busso se desvinculó del obispado, al igual que la Fundación Alternativa Popular[53], la cual continuó bajo su dirección, pero como un proyecto independiente de la Iglesia.
En síntesis, la revista no pudo escapar a la suerte del proyecto episcopal en el que se enmarcaba. Nacida con el retorno democrático, al calor de una propuesta centrada en la construcción de comunidades eclesiales de base a través de la participación y organización del laicado, De Pie perdió su razón de ser en una Iglesia que comenzaba a virar hacia un mayor clericalismo. Es decir, lo que se puede observar a fines de los ochenta es que el proyecto de Iglesia que proponía el Sínodo basado en la conformación de las CEB con una presencia laical fuerte no pudo consolidarse. En palabras de Hesayne, consistía en desclericalizar la Iglesia y “darles responsabilidades a los laicos de igual a igual, desde sus tres dimensiones: de sacerdote, de profeta y de gobierno de la Iglesia” (Hesayne, Dieuzeide y Moia, 2016: 40). El motivo por el cual no se había logrado, según el propio Hesayne, había sido, justamente, resistencia clerical, “porque los curas no aceptaron las CEB” y la pervivencia de una matriz salesiana “en torno al colegio donde se vivía y se alimentada la vida cristiana”, lo que impidió la transformación parroquial (Hesayne, Dieuzeide y Moia, 2016: 41).
Reflexiones finales
El comienzo del obispado de Hesayne estuvo signado por la renovación ideológica generada por el Concilio Vaticano ii. Esta fue una experiencia constitutiva de su proyecto pastoral que tuvo como ejes el compromiso social, la defensa de los derechos humanos y la apelación constante a una feligresía que debía transformarse en comunidad cristiana. Sobre estas bases, entre 1975 y 1995 Hesayne desarrolló un proyecto pastoral tendiente a construir una “nueva Iglesia”, la cual se diseñó desde el Sínodo diocesano convocado en los albores de la democracia (1983-1984). Dicho proyecto se fue construyendo y desplegando a lo largo de tres etapas. La primera (1975-1979) estaba caracterizada por las misiones, las recorridas y los encuentros religiosos promovidos por el obispo con el objetivo de crear una advocación mariana que cristalizase valores y anhelos con los que se identificara el pueblo rionegrino (Barelli, 2019). La segunda (1980–1984) estaba estrechamente vinculada al Sínodo Pastoral Diocesano (1983-1984), identificado como un momento “bisagra” debido a que sentó las bases para la elaboración de un programa más integral y concreto sobre lo que pretendía fuera la Iglesia rionegrina. La seguía una tercera etapa (1984-1993) que consistió en la “puesta en marcha” de esa nueva Iglesia rionegrina postsinodal. En el marco de esta última, se desarrolló una de las iniciativas más importantes para la intervención en la arena política que fue el lanzamiento de la revista De Pie.
Dicha revista se enmarcó en un proyecto comunicacional popular que contó con la participación de jóvenes laicos y clérigos cuyas trayectorias estaban marcadas por la militancia social cristiana y la represión dictatorial. En este sentido, no resulta extraño que el compromiso social de Hesayne y su denuncia pública del terrorismo de Estado lo hayan transformado en una referencia, junto a Novak y De Nevares, para quienes buscaban reconstruir los espacios de transformación desgarrados por la dictadura.
En este marco, la revista se constituyó en instrumento tanto de denuncia como de acción política. La elección misma de su director denota la impronta que el obispado deseaba para esta publicación llamada a contribuir a “poner de pie” al pueblo para alcanzar la liberación. Pese a enmarcarse claramente en el proyecto pastoral de Hesayne, De Pie era una publicación autónoma del obispado en la que las decisiones editoriales quedaban supeditadas al director y a su consejo de redacción. Esto generó tensiones dentro de la Iglesia ya que no todos los sacerdotes compartían el contenido de la revista ni del proyecto pastoral del obispo.
Los cambios y las tensiones que se perfilaron en la Iglesia rionegrina a fines de los ochenta vinculados con la posible división de la diócesis de Viedma, el avance de lógicas jerárquicas clericales y la crisis económica que atravesaba la Argentina fueron perfilando el límite del proyecto pastoral de Hesayne y, en consecuencia, el final de la revista De Pie y del proyecto comunicacional liderado por Busso.
Bibliografía referida
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Fuentes escritas
Archivo del Obispado de Viedma
Caja de la Virgen Misionera (cartas, circulares, programas de radios, afiches, comunicados de prensa, documentos, etc.).
Caja de Hesayne (documentos varios, cartas, homilías, comunicados, etc.
Boletín Eclesial de la Diócesis de Viedma (1980-1985).
Archivo personal de Juan Ángel Dieuzeide
Documentos y actas del Sínodo.
Revista De Pie. Obispado de Viedma (1984-1989).
Exhortación Pastoral Postsinodal de la Diócesis de Viedma (Río Negro), “Para anunciar a Jesucristo”, 1985.
Hesayne, Dieuzeide y Moia. Diálogos en Azul (2016). Tres peregrinos un camino y el Concilio Vaticano ii. Actualidad PPC. Cono Sur. Buenos Aires.
Fuentes orales
Juan Ángel Dieuzeide, entrevista realizada por Azcoitia y Barelli, en Bariloche, tres encuentros, julio de 2019.
Juan Ángel Dieuzeide, entrevista realizada por Azcoitia y Barelli, diciembre de 2021.
Néstor Busso, entrevista realizada por Meet por Azcoitia y Barelli, septiembre de 2021.
Carlos Espinosa, entrevista realizada por Azcoitia y Barelli, enero de 2022.
- Por “renovación posconciliar” se entiende al conjunto de propuestas aprobadas por el Concilio Vaticano ii cuya puesta en práctica generó profundas diferencias entre los católicos. Estas propuestas, siguiendo a Fabris (2011), auspiciaron una adaptación de la organización y la pastoral de la Iglesia. “La idea de renovación postconciliar fue asumida en nuestro país de maneras muy diferentes. Hubo casos en que se intentó incorporar el aggiornamento en forma paulatina y en estricto respeto por la jerarquía. No faltaron quienes lo auspiciaron en un abierto desafío a las normas de la institución” (Fabris, 2011: 34).↵
- Frase que resume la idea central de la teología de la liberación, la cual afirma y define los documentos de Medellín de 1968. ↵
- Su definición y reglamentación está en el título iii, capítulo i, cánones 460-572 de la organización de las iglesias particulares. “El sínodo diocesano es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que prestan su ayuda al Obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana, a tenor de los cánones que siguen”. En bit.ly/3HGzAO5.↵
- El nombre completo de la revista era “Pónganse de pie, la liberación está cerca”, pero terminó popularizándose como De Pie.↵
- De Pie, Obispado de Viedma, n.°1, octubre de 1984, p. 4.↵
- De Pie, Obispado de Viedma, n.°1, octubre de 1984, p. 4.↵
- Miguel Hesayne nació el 26 de diciembre de 1922 en la ciudad de Azul, Provincia de Buenos Aires, Argentina. A los veintiséis años, fue ordenado sacerdote y ejerció como profesor de Literatura y Latín en el seminario diocesano de Azul, luego de lo cual se convirtió en rector. Fue destinado como cura párroco en Tapalqué, 25 de mayo, Lamadrid y Las Flores en la Provincia de Buenos Aires, y después fue designado como capellán auxiliar no militar en el Regimiento de Azul y en la Base Naval Azopardo. En tiempos del Concilio Vaticano ii, cursó estudios de Teología Pastoral en la Universidad de Lille, en Francia, y de Eclesiología con el teólogo Yves Congar en París.↵
- La Diócesis de Viedma se creó en 1934 a instancias de una bula papal de Pío xi. Originalmente, su jurisdicción comprendía los Territorios Nacionales de Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz. La creación del Obispado de Comodoro Rivadavia en 1957 reconfiguró la jurisdicción de esta diócesis, la cual quedó limitada a las provincias de Neuquén y Río Negro (Nicoletti, 1999).↵
- Según Obregón, “el Concilio Vaticano ii representaba la consagración de lo que habían impulsado desde comienzos de la década de 1960: una renovación en el ámbito de los estudios teológicos, una mayor participación de los sacerdotes y los laicos en la vida interna de la Iglesia, una pastoral y liturgia más cercanas a la realidad social” (Obregón, 2007: 6).↵
- Para Hesayne lo más relevante del Concilio era el documento Gozo y esperanza, al que, según él, no se le dio tanta relevancia. Según Hesayne, ahí se respondía a la pregunta “Iglesia, ¿qué dices de ti misma? Sin no hubiera una Iglesia para el Mundo”. Así lo explicaban: “La razón de la Iglesia no está en sí misma, sino en que es servidora de la humanidad. La Iglesia viene de lo alto pero surge desde abajo; es un misterio pero encarnado. Por eso la Iglesia no puede construirse sin historia. Y se construye a través de la historia” (Hesayne, Dieuzeide y Moia, 2016: 29).↵
- La teología de la liberación “constituye un cuerpo de escritos que surgen en América Latina hacia 1970, en un periodo particular marcado por las situación de pobreza estructural del continente agudizada por las políticas desarrollistas, la irrupción del Tercer Mundo en la historia y la “toma de conciencia” de los pueblos latinoamericanos de su situación de dependencia, el nacimiento de los movimientos populares de liberación, la presencia activa de los cristianos en los procesos revolucionarios, el aggiornamento eclesial y el compromiso de la Iglesia Latinoamericana en la defensa de las mayorías populares” (Dominella, 2015: 72).↵
- Grupo de presbíteros que empezaron a estructurarse en 1968 a partir de la adhesión al Manifiesto de 18 obispos del Tercer Mundo. Según Dominella (2015), las diócesis fueron los lugares donde se articuló el movimiento “de la mano de nuevas experiencias de asociación y de reuniones colegiadas de sacerdotes” (Dominella, 2015: 50).↵
- Para profundizar sobre el rol de la Iglesia norpatagónica en el contexto de la última dictadura, ver Nicoletti y Mombello (2005), Zanatta (1998) y Azconegui (2012).↵
- Miguel Hesayne fue miembro del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), mientras que Jaime de Nevares integró la Asociación Permanente por los Derechos Humanos (APDH) (Azconegui, 2014).↵
- El 5 de marzo de 1984, el gobernador Álvarez Guerrero decretó la creación de la Comisión de Derechos Humanos de la Provincia de Río Negro (Decreto n.° 375. Poder Ejecutivo. Viedma, 5 de marzo 1984. Boletín Oficial). Este establecía: “[Debe estar integrada por] aquellas personas que más se han destacado en nuestro territorio demostrando su inclaudicable valentía y voluntad por defender el estado de derecho y la vida de los ciudadanos, repudiando la violencia y asumiendo una conducta activa frente a las graves violaciones legales de la represión ideológica e indiscriminada” (Mereb, 2017). ↵
- Presbítero de la Arquidiócesis de Buenos Aires y profesor emérito de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Colaboró con la redacción de varios documentos del Episcopado Argentino, sobre todo, “La Declaración de San Miguel” (1969), “Iglesia y Comunidad Nacional” (1981) y “Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización” (1990). ↵
- Sacerdote, teólogo y estudioso de la Doctrina Social de la Iglesia. Junto a Lucio Gera, asesoró a la Comisión Episcopal de Pastoral (COEPAL). En sus últimos años, fue obispo coadjutor de la Diócesis de Quilmes (1997-2000). ↵
- Rafael Tello (1917-2002), sacerdote, profesor de Teología. Estuvo cerca de varios sacerdotes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, integró la COEPAL, e influyó notablemente en la elaboración del documento vi sobre pastoral popular en el Documento de San Miguel. ↵
- Intelectual uruguayo que integró el departamento de laicos del CELAM desde 1969, fue nombrado miembro del equipo teológico pastoral de este en 1975 y participó como perito en Puebla (Fabris, 2011).↵
- Conferencia Episcopal Argentina.↵
- Primera carta pastoral de Hesayne 8/07/1977, Boletín Eclesiástico, enero-marzo de 1977, p. 23. Archivo del Obispado de Viedma.↵
- Hesayne, Historial de la Virgen Misionera, 1979, p. 1. Obispado de Viedma, Caja Virgen Misionera.↵
- Hesayne, Historial de la Virgen Misionera, 1979, p. 1 Obispado de Viedma, Caja Virgen Misionera. ↵
- Mensaje Pascual de 1978, Boletín Eclesial de abril-diciembre de 1978, p. 18. Archivo del Obispado de Viedma. ↵
- Hesayne, Historial de la Virgen Misionera, 1979, p. 1. Obispado de Viedma, Caja Virgen Misionera.↵
- La Iglesia rionegrina convocó en octubre de 1983 al primer Sínodo Pastoral Diocesano a todos los sectores del “Pueblo de Dios de la Diócesis de Viedma” a realizarse en la ciudad de Viedma. El Sínodo se concretó en dos sesiones, la primera llevada a cabo desde el 8 hasta el 12 de octubre de 1983 con la presencia de 265 participantes, y la segunda, del 15 al 19 de agosto de 1984 con 311 sinodales (presbíteros, religiosos y laicos). En 1985 se compilaron los resultados de estos encuentros en una publicación titulada “Exhortación Pastoral Postsinodal”.↵
- Exhortación Pastoral Postsinodal de la Diócesis de Viedma (Río Negro), “Para anunciar a Jesucristo”, 1985, p. 3.↵
- Organización pastoral que se menciona en el Documento de Medellín (1968) como “Comunidades Cristianas de Base”, donde se la explica como “comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros […]. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo” (ii Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe realizado en Medellín Colombia en 1968, p. 123). Posteriormente, en el Documento de Puebla (1979), aparece el término “Comunidades Eclesiales de Base” (Documento de Puebla, iii Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de 1979, p. 39).↵
- Sínodo, 1985. V. 5.3.↵
- Esta campaña se realizó en el contexto de la nevada de 1984 y tuvo como objetivo más visible, pero no el único, la reconstrucción de las unidades productivas familiares a través de donaciones de particulares (Mombello, 2018; Barelli y Azcoitia, 2021).↵
- Este proyecto procuraba avanzar en el proceso de organización comunitaria capitalizando el trabajo territorial iniciado con la recolección y distribución de los animales donados durante la campaña.↵
- “Se trataba de grupos de jóvenes que se reunían semanalmente, en pequeñas comunidades y con la compañía de un sacerdote asesor, a reflexionar mediante el ritmo de ver, juzgar y actuar, práctica encuadrada en la metodología de la ‘revisión de vida’, que comenzó a usarse en la Acción Católica, especialmente en los orígenes de la JOC, y que la encíclica Mater et Magistra del papa Juan xxiii constituyó en el modo fundamental de analizar la realidad, enmarcada en la Doctrina Social de la Iglesia. (MIEC y JECI), que en América Latina se unificaron” (Dominella, 2020: 19).↵
- Entrevista a Néstor Busso, realizada por Meet por Azcoitia y Barelli el 6 de septiembre de 2021.↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021. ↵
- Término que hace referencia al crimen perpetrado por los militares argentinos con el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos el 4 de julio de 1976, durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), ejecutado en la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio Belgrano de la Ciudad de Buenos Aires. ↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- En el marco del Sínodo Pastoral de 1985, monseñor Miguel Esteban Hesayne tomó la decisión de que la escuela Paulo vi volviera a la órbita de la Diócesis de Viedma, dependiendo directamente del Obispado. En febrero de 1987, bajo jurisdicción provincial en todos sus niveles, el obispo Hesayne dejó la conducción de la escuela en manos de un cuerpo colegiado de laicos, integrado por Alicia Lantaño, Jorge Kelly, Mirta Varela y Eduardo Sacchetti. En bit.ly/3N7gm5w.↵
- Entrevista a Néstor Busso, realizada por meet por Azcoitia y Barelli el 6 de septiembre de 2021.↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- Periodista cordobés que cubrió el Cordobazo para la revista Siete Días Ilustrados. Reconocido por sus fotografías de la revuelta y las imágenes tomadas a Agustín Tosco. El trabajo de Silverstone para Siete Días se despliega en Cora (2020).↵
- De Pie. Obispado de Viedma, n.°1, octubre de 1984, p. 4.↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- Entrevista a Néstor Busso, realizada por Meet por Azcoitia y Barelli el 6 de septiembre de 2021.↵
- Entrevista a Carlos Espinosa, realizada por Azcoitia y Barelli, en enero de 2022.↵
- Dato obtenido en un documento del obispado en relación con los regalos realizados por la Iglesia rionegrina al papa en su visita pastoral de 1987. Archivo del obispado, documento sobre la visita papal, p. 17.↵
- Entrevista a Néstor Busso, realizada por Meet por Azcoitia y Barelli el 6 de septiembre de 2021.↵
- De Pie. Obispado de Viedma, n.° 29, junio de 1990, p. 2.↵
- De Pie. Obispado de Viedma, n.° 29, junio de 1990, p. 2 (“Despedida”).↵
- Entrevista a Juan Ángel Dieuzeide por Ana Inés Barelli y Alfredo Azcoitia. Diciembre de 2021.↵
- Entrevista a Néstor Busso, realizada por meet por Azcoitia y Barelli el 6 de septiembre de 2021.↵
- Desde el obispado se creó la fundación Alternativa, en agosto de 1989, con Néstor Busso como referente comunicacional, para capacitar comunicadores barriales y populares dictando talleres con otras instituciones, capacitando jóvenes en lenguaje radial y en comunicación popular y comunitaria, aspecto que continúa hasta la actualidad (Navarro Nicoletti, 2021).↵






