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1 Semblanza de Carlos Astrada

1. Carlos Astrada: el espíritu de una época

La repercusión que alcanzó el pensamiento de Carlos Astrada durante más de tres décadas del siglo XX, hizo que en algunos ambientes del exterior se lo viese como un centro de la “filosofía argentina”. Así, por ejemplo, José Ferrater Mora sostiene que Astrada profundizó algunos aspectos de la filosofía heideggeriana, ausentes en el propio Heidegger:

Astrada se interesa por la constitución concreta —especialmente histórica— de la Existencia […] y de la relación de ésta con las cosas; con ello se manifiesta una preocupación por ciertas estructuras que Heidegger había descuidado, atento sólo a la descripción de los caracteres fundamentales de la Existencia y de su preparación para una ontología fundamental[1]

Nicola Abbagnano lo incluye como referencia en su Historia de la Filosofía [2] y Jean Wahl afirma que Astrada ha sido uno de los primeros en demostrar las diferencias entre la fenomenología de Heidegger con respecto a la de Husserl.[3]

El pensamiento de Astrada vibró al compás de los sucesos históricos que rodearon su vida. Nunca se produjo al margen de ellos: nuestro filósofo desconoció el aislamiento, la reflexión puramente abstracta “en solitario”. Lo atravesaron los acontecimientos más significativos de su tiempo. Desde este marco, hablar de su obra nos remite indefectiblemente a recorrer su vida, ya que cada tema que abordó se corresponde necesariamente con un contexto social y político dado, en el que Astrada, de una manera u otra, se comprometió íntegramente con la teoría y la praxis.

Así podemos preguntarnos: ¿cuáles han sido los sucesos que repercutieron decisivamente en sus escritos y marcaron épocas en su vida? Podrían plantearse tres etapas históricas que escalonan su producción. Un primer período va desde su participación activa en la Reforma Universitaria hasta su viaje a Alemania, en 1927. Signado por un fuerte compromiso con la búsqueda del sentido de la vida, transita las especulaciones de Max Scheler, Georg Simmel y Friedrich Nietzsche.

En un primer punto, encontramos el despertar del sentimiento antiimperialista propio de los participantes de la Reforma, que bajo la impronta del “arielismo[4] proclaman que la nueva etapa mundial comenzará no ya en la Europa en decadencia, sino en nuestra América. No obstante, es en Europa, particularmente en Alemania, donde Astrada busca nutrirse de la filosofía y allí, en su primer viaje, se encuentra con el deslumbramiento que irradia la figura de Martin Heidegger y el recién publicado Sein und Zeit. Esta primera etapa, como se dijo, se caracteriza por sus preocupaciones sobre la vida, la muerte y el sentido de la misma, con lo que aparece incipientemente la temática de la angustia existencial.[5] También está presente la filosofía de Max Scheler, su primer maestro alemán, bajo cuya impronta hará sus primeras lecturas de Martin Heidegger. De ese modo, hay en ésta época una inclinación por una fenomenología del amor, más bien crítica de la existencialista.[6] El concepto de “hombre integral” de Scheler es asumido en el pensamiento de Astrada de tal modo que lo lleva en toda su obra.[7] Pero una vez instalado en Alemania, ante el fallecimiento de Scheler, Astrada, bajo la égida de Heidegger, se convierte prontamente en el discípulo argentino más apreciado por su maestro.

El siguiente momento de su biografía comprende el regreso a la Argentina, en 1932, hasta 1952, cuando Astrada se separa del peronismo y se orienta a una profundización del marxismo, tanto en la teoría como en la actividad política, orientación que ya estuvo presente desde los comienzos, pero que al final de su vida alcanzará su máxima hondura.

¿Cuáles son las obras que caracterizan este período y cuáles sus motivos centrales? Comencemos por el texto de 1932, “Heidegger y Marx”[8], donde, de modo original[9], Astrada incorpora el análisis de la cotidianidad del Dasein heideggeriano al concepto marxista de “alienación”. Este es su primer esfuerzo para vincular dos corrientes extrañas entre sí; de cuya relación sólo pueden encontrarse referencias escasas y aisladas.

En los años siguientes, escribirá una gran cantidad de obras referidas al existencialismo, desarrollando, entre otras la noción de “juego” extraída de su recepción nietzscheana. Las principales ideas de Nietzsche irán tomando un tono cada vez más político en la filosofía de Astrada, llegando a conformar en el año 1945[10], una exégesis que rozará la implicancia de esa filosofía en el primer peronismo.

Para ese entonces, Astrada ocupa un importante lugar en la universidad argentina. Obteniendo los mayores cargos en las cátedras de Filosofía de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires, se convierte en uno de los principales actores de la vida académica argentina. Podría decirse que sus intereses van desde un punto de vista estético, emparentado a la llamada “Filosofía de la vida[11] hacia una perspectiva netamente política, no sin dejar a un lado el trasfondo metafísico y antropológico de esta cuestión. A este esfuerzo se añade la búsqueda de un proyecto político nacional entroncado en un programa universal hacia el socialismo. El punto máximo de este período adviene con la “revolución justicialista” y la asunción de Juan Domingo Perón a la presidencia. Astrada ve este acontecimiento con ojos hegelianos: el 17 de octubre marca la entrada de la Nación a la Historia Universal:

La consigna y el imperativo de cada argentino y de todos juntos no son otros que poner, por encima de los intereses banderizos e ideologías políticas parciales, la Nación una e integradora, que como unidad viviente, alentará en cada uno de ellos, porque en su realización y en su plenitud histórica verá la realización de sí mismo, de su propio ser, en sus fines humanos esenciales.[12]

El pueblo se convierte en el gran protagonista del escenario político. Perón es el hombre histórico que ha sabido captar el espíritu de su pueblo y conducirlo a la plenitud[13]. Las obras que marcan esos años son El mito gaucho, 1948, y La revolución existencialista, 1952. Sin embargo, en la medida en que se suceden los acontecimientos históricos, el entusiasmo por el líder iría decayendo. Los motivos que lo alejan de Perón permanecen en la oscuridad hasta que, mucho después, en 1964, aparece la segunda edición de El mito Gaucho, en donde, Astrada realiza su recriminación hacia el jefe del movimiento popular y al movimiento mismo[14].

No obstante, esas críticas[15] se dirigen fundamentalmente al accionar político y no hacia la base ideológica que Astrada saludó en sus momentos de entusiasmo. Podríamos decir que se trata de reproches de estrategia política y no de fundamento teórico. Lo que queda demostrado con la búsqueda de otros héroes en la historia universal[16].

A pesar de su alejamiento del peronismo, que es anterior a 1955, Astrada es echado de la universidad con el advenimiento de la autodenominada “Revolución Libertadora”, que dejó fuera de sus cargos a todos los profesores que adhirieron o simpatizaron con el gobierno electo dos veces con más del sesenta por ciento de los votos, a lo que siguió una proscripción del peronismo durante dieciocho años.

A partir de allí comienza una tercera etapa, en la que se reestablecen los vínculos con el Partido Comunista y Astrada vuelve a Europa a reencontrarse con Martin Heidegger. También visita Italia y Rusia y se produce en China el encuentro con Mao Tsétung. A esta altura Astrada se ha volcado a estudiar y trabajar la dialéctica hegeliana,[17] tema que será la principal discusión con el líder chino. De hecho, una vez vuelto a la Argentina, se dedica a las posibles insurgencias agrarias, conectándose con los principales exponentes de las guerrillas argentinas, como Mario Roberto Santucho, en la provincia de Santiago del Estero.[18] De este modo, su proyecto pasará de atravesar un nacionalismo oficialista – al proclamar que el gaucho era el descamisado que accedía al poder- a postular la insurrección agraria –ahora pensando en un proletariado campesino- como la vía de emancipación de la sociedad, es decir, como aquel que encarne un proyecto colectivo de inclusión social donde todos, sin ninguna distinción, tengan los mismos derechos y oportunidades.

2. Sus primeros pasos

Carlos Astrada, hijo de Etelvina Álvarez y de Carmen Horario Astrada, nació en el año 1894 en el seno de una familia cordobesa en una estancia que, como cuenta su hijo, tenía una interesante biblioteca, por la cual solían pasar desde el cura Brochero hasta el escritor Joaquín V. González. La familia estaba compuesta por un gran caudal de profesionales, los cuales se dirimirían entre el conservadurismo y el modernismo a lo largo de los años. Su tío, Domingo Astrada, autor del libro Expedición a Pilcomayo[19], había tenido un importante rol en la colonización del Chaco. También su padre, unos años después tendría una actuación similar. No obstante, la patricia familia se iría mezclando, dando en Astrada un exponente del mestizaje criollo.

En 1908 ingresó al Colegio Monserrat donde realizó sus estudios secundarios. Luego comenzó la carrera de Derecho, pero no encontró en el ambiente universitario un lugar donde llenar sus apetencias intelectuales, por lo que decidió continuar sus estudios de forma autodidacta. Sin embargo, su concurrencia a la Universidad fue decisiva en dos grandes aspectos. En primer lugar, trabó una amistad con un joven estudiante, Héctor Pascale, con quien iba a entablar una relación epistolar muy rica, en la cual abundaron las preguntas filosóficas y el diálogo fecundo. Pero un suceso lo dejará atónito: el suicidio de este joven lo marcó durante toda su vida. Es más, siempre lo recordará con gran afecto y admiración intelectual. Este quizá sea el primer hecho que lo conduzca en esa larga búsqueda que emprende hacia la pregunta por el sentido de la vida, como tarea específica del filosofar. Pues luego de la muerte de su amigo, Astrada sin su compañero de especulaciones filosóficas, pondrá todo su empeño en buscar las respuestas a aquellas cuestiones presentes en esos diálogos que tan abruptamente fueron interrumpidos. [20]

El otro aspecto decisivo fue su relación con sus otros dos compañeros: Saúl Taborda y Deodoro Roca, con quienes militó activamente en la Reforma Universitaria, aunque no por mucho tiempo. La primera acción que lo hace entrar en polémica con las principales corrientes de la Reforma es el saludo que hiciera a la Revolución Rusa en el primer aniversario de la misma. No obstante, hay que reconocer que la Reforma Universitaria fue un movimiento que vinculó muchos pensadores latinoamericanos en un proyecto en común y principalmente dejó en sus espíritus la impronta de pertenecer a una nueva generación. Este concepto fue recorriendo paulatinamente las ideas del Siglo XX hasta desembocar en el de “hombre nuevo” cuya apropiación por parte de América Latina se produjo principalmente a través de la figura de Ernesto Che Guevara. Este concepto será luego de vital importancia en la obra de Astrada.

Carlos Astrada, así como otros participantes activos de la reforma, fue un intelectual prolífero desde temprana edad. Entre sus primeros escritos se encuentra el artículo publicado en la Revista Nosotros en el mismo año de la Reforma Universitaria. El artículo, titulado “La noluntad de Obermann” basado en la novela de Sénancour[21], expresa aquéllos sentimientos que habría suscitado la tragedia de su amigo Pascale: la gran cuestión del sentido de la vida. En el año 1919 vuelve a las aulas esta vez como Profesor de Psicología y de Historia en el Colegio Nacional de La Plata, nombrado por Saúl Taborda, quien se encontraba desempeñando el cargo de rector. Pero un año más tarde, tras el fracaso de la Reforma en ese lugar, estos cargos serían revocados. También entabla relaciones con Luis Juan Guerrero y Coriolano Alberini. Ese mismo año publica un artículo titulado “El Renacimiento del mito”[22] en el que proclama que La Revolución Rusa es la encarnación del mito de la humanidad. Esta es la primera alusión del joven pensador, en donde el “mito” es considerado como aquella fuerza que impulsa a la humanidad hacia su plenitud. Este concepto lo acompañará durante todo su periplo intelectual.

Un año más tarde regresa a Córdoba y es nombrado Director de Publicaciones en la Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Allí traduce el artículo El conflicto en la cultura moderna[23] de Georg Simmel, pensador que también será clave en su búsqueda de una filosofía humanista. Seguidamente verá la luz su artículo “El juicio estético”[24], incluido en el número de Valoraciones, a cargo de Alejandro Korn, en homenaje a Kant. Está publicación contenía además, aportes de los principales filósofos argentinos, quedando Astrada, siendo todavía muy joven, dentro de este círculo[25]. Otra publicación que lo pondrá a la altura de sus más destacados contemporáneos es La real política. De Maquiavelo a Spengler[26]. Dicho artículo se inscribe dentro de la prominente recepción que tuvo la obra de Spengler, La decadencia de Occidente[27] en América Latina, la cual suscitó numerosos trabajos en referencia a las consecuencias del modelo positivista que se había apoderado del campo intelectual actual. Pero frente al marcado pesimismo respecto al futuro de la sociedad mundial de estos críticos, Astrada plantea una fuerte apuesta a las posibilidades de América Latina de encarar una mejor sociedad.[28]

3. El viaje a Alemania

En 1927, con un trabajo titulado “El problema epistemológico en la filosofía actual” Astrada obtiene una beca para estudiar en Alemania. Esta experiencia lo lleva a conectarse con los principales exponentes de la fenomenología y la filosofía de la existencia. Al llegar a Alemania se instala en Colonia donde cursa seminarios con Nicolai Hartmann y Max Scheler, de quien extrae el concepto de “hombre plenario”[29] y con quien traba una corta, pero profunda amistad.[30] Un tiempo después el maestro fallece y esta noticia a Astrada lo deja perplejo. La impresión que causara en el filósofo argentino quedará plasmada en su artículo titulado “Max Scheler”[31] en donde expresa su profunda admiración por el filósofo. Ante este suceso, Astrada continúa sus estudios con Martin Heidegger quien había sido presentado a Astrada por el propio Scheler, pidiéndole que lo aceptara como su discípulo durante un semestre. Es así que Carlos Astrada es nutrido por la maestría de Heidegger en la época de la publicación de Ser y Tiempo. Con lo cual encontramos a nuestro filósofo como un privilegiado testigo de esta pieza clave del Siglo Veinte. Todo su pensamiento posterior estará atravesado por los conceptos que acuña en esta época, no sin conllevar fuertes críticas a su maestro.

En el año 1928 se casa con Catalina Cornelio Heinrich con quien luego de realizar un pequeño recorrido por Europa se radica en Friburgo. Un año después nace su hijo Rainer Horacio, cuyo nombre es puesto en honor al poeta Rainer María Rilke, el cual ejerció una importante influencia en el filósofo.[32] Ese nacimiento le deja a su esposa una larga enfermedad, la cual profundizará grandes dificultades económicas que ya venía padeciendo el joven matrimonio.

Durante 1929 cursa con Husserl y con Heidegger, con los cuales traba una gran amistad. También entabla relaciones con Wilhem Szilazi, Karl Löwith, Hans Georg Gadamer, Ludwig Landgrebe, Eugen Fink, Herbert Marcuse, Ernst Bloch entre otros. En 1931, por razones económicas, regresa a la Argentina con su mujer, Rainer y una beba llamada Etelvina.

4. De regreso a Argentina

Instalado en Córdoba publica el artículo “Hegel y el presente”[33] en donde manifiesta la vigencia de la dialéctica como modo de entender la historia. Asimismo, afirma que es necesario integrar en el desarrollo de este pensamiento la filosofía de la existencia heideggeriana. Luego de publicar una importante cantidad de artículos[34] aparece su primer libro El juego existencial de 1933[35]. Allí Astrada plantea el carácter lúdico de la interrogación por el Ser, integrando incipientemente el pensamiento de Heidegger con el de Nietzsche. Esta obra contiene, además, algunos desarrollos respecto al materialismo dialéctico, así como una crítica fenomenológica a los medios masivos de comunicación como son la radio y el film. En ese contexto se realiza su conferencia sobre “Heidegger y Marx”, en donde puede advertirse que Astrada, por más que haya vuelto empapado de la filosofía alemana de la época, nunca abandonó sus primeras especulaciones como defensor del comunismo. El marxismo lo ha acompañado a su viaje y ahora a su regreso, en pleno golpe militar, el filósofo argentino intentará acercar las posturas filosóficas que, a su criterio, contribuyen a una crítica de la sociedad capitalista frente al avance de los grupos económicos en el poder dictatorial. Tal es la situación política de la época, que la conferencia, que estaba organizada para pronunciarse en la Sociedad Kantiana de Buenos Aires es suspendida por contener el nombre de Marx en el título. De este modo, por intercesión de Aníbal Ponce, la charla se traslada al Colegio Libre de Estudios Superiores. En ese artículo Astrada comienza a expresar su intento de abordar el marxismo desde la filosofía de la existencia, viendo una íntima conexión entre el homo eoconomicus de Marx y el homo curans postulado por Heidegger.

En 1935 es nombrado profesor adjunto de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y un año después publica su segundo libro Idealismo fenomenológico y metafísica existencial,[36] por medio del Instituto de Filosofía que en ese momento estaba a cargo de Luis Juan Guerrero.

Un año más tarde se instala con su familia en Buenos Aires y edita su obra La ética formal y los valores[37], con la que obtiene el Segundo Premio Nacional de Filosofía. En 1939 es nombrado profesor titular de la cátedra de Ética de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata y profesor de Lógica y Psicología en el Colegio Nacional de Buenos Aires. El año 1942 será el de la publicación de su cuarto libro El juego metafísico[38] el cual fue editado por la editorial Ateneo. En esta obra Astrada desarrolla la noción de “juego” como la vocación para acercarse al Ser. También aquí aparece el concepto de “mito” como aquello que repone la noción abismal de la incertidumbre del jugador. El jugador necesita un norte, un punto de llegada que le otorgue sentido al juego. Ahora, bien, Astrada anuncia que se avecina una “nueva imagen del hombre”[39] en el que el sentido del juego está teñido de preocupaciones éticas que derivarán en una reforma política.

En 1943 aparece Temporalidad,[40] un libro donde recoge su labor estética e historicista de sus primeros pasos filosóficos. Al cumplirse el bicentenario del natalicio de Herder, en 1944, brinda una conferencia sobre el filósofo en el Colegio Libre de Estudios Superiores. De este pensador extrae su visión romántica de que la felicidad de los seres humanos está dada en su participación en el desarrollo de cada pueblo como nación[41], cuestión que recorrerá toda su obra.

Su libro Nietzsche, profeta de una edad trágica[42], de 1945 constituye la plasmación de la recepción que en la obra de Astrada venía operando este pensador. Por estos años Astrada es víctima de ataques en relación a los conceptos que le interesa investigar. La aparición de una nota en la revista Orientación titulada “Dos racistas. Astrada y Martínez Zubiría” con autoría atribuida a Ernesto Giudice, uno de los dirigentes del Partido Comunista, constituyó uno de los tantos embates que recibió de grupos izquierdistas.

5. La relación con el peronismo

Tras la asunción de Perón al poder, el movimiento buscó asentarse en las Universidades, encontrando apoyo en ciertos sectores nacionalistas católicos o yrigoyenistas que habían quedado al margen de la conducción universitaria. A estos se sumó el propio Astrada por voluntad personal. La ley 13.031 facultaba al poder ejecutivo para designar a los profesores universitarios luego del concurso público. Al alejarse Francisco Romero de los claustros, Astrada accede al cargo de Titular de Gnoseología y Metafísica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. También será nombrado Director del Instituto de Filosofía de esa universidad. Allí funda la edición Cuadernos de Filosofía, en la que se publicaron artículos de destacados filósofos del mundo y de nuestro país en particular. Entre ellos podemos citar a Martin Heidegger, Nicola Abbagnano, Ernesto Grassi y entre nuestros pensadores a Coriolano Alberini, Luis Juan Guerrero, Rodolfo Agoglia, entre otros.

A partir del año 1946 el filosofar de Astrada estará teñido por el entusiasmo que le propiciará el auge del peronismo. Junto con Arturo Jauretche, Homero Guglielmini, Leopoldo Marechal, entre otros; Astrada participa de un movimiento intelectual que intenta trazar las líneas del ser nacional para entroncarlo en un proyecto de país que identifique al pueblo argentino con un destino de justicia social. En este contexto aparece un escrito denominado “Martín Fierro y el mito de los argentinos” que es incluido en Tribuna de la revolución[43], -compilación de artículos afines al peronismo-. Luego este artículo pasará a ser parte de El mito gaucho[44], libro en el que Astrada se propone delinear las notas del ser nacional a partir de la interpretación del Martín Fierro. Astrada postula que el Martín Fierro es la expresión del mito de los argentinos. Los gauchos de la pampa, afirma, contienen el germen de “ser nacional”. Ellos son los hijos de los verdaderos héroes que lucharon por la independencia argentina. Martín Fierro expresa, a su criterio, el ejemplo del gaucho maltratado por los poderes de turno, pero que, no obstante, puede, a través de los consejos a sus hijos, delinear las notas de una comunidad nacional, justa y libre. De este modo, el gaucho Martín Fierro si bien es llevado por las vicisitudes del destino a cometer toda clase de aberraciones, al volver a reencontrarse con sus hijos, expresa los ideales de una sociedad justa. Por el efecto que emerge del mito, el gaucho errante ha conservado la capacidad para dejar el legado de formar una comunidad nacional en donde todos los habitantes del suelo argentino posean los derechos que se merecen.[45] Allí Astrada pronuncia que “los hijos de Fierro” arribaron al plano político un diecisiete de octubre, estableciendo, de este modo, una relación histórica entre el peronismo y el mito que está describiendo.

Otro hecho de relevancia de este período es la pronunciación de una conferencia llamada “Sociología de la guerra y filosofía de la paz”[46] ante la Escuela de Guerra Naval Argentina. Este evento coloca a Astrada en lo que Guillermo David llama “la figura del Filósofo de Estado”[47], argumentando a favor de la tercera posición ante un grupo de marinos, con ideas de Immanuel Kant y de Max Scheler. Tomando como punto de partida la distinción entre un militarismo instrumental y otro de principios, Astrada se hallará contradiciendo deliberadamente los tradicionales principios de las organizaciones armadas del país. La alusión a la campaña del desierto, como uno de los méritos de las fuerzas armadas y la exhortación a la extensión de la frontera marítima son de las ideas más reprochables de su prolífera obra. También la publicación de “Fetichismo constitucional”[48], en la revista Hechos e Ideas, en ese entonces, órgano de difusión del peronismo, muestra la posición de nuestro filósofo en esa época histórica. Allí Astrada acude a los argumentos hegelianos de la necesidad del cambio permanente de las leyes a la luz del devenir social para prestar su apoyo a la reforma de la Constitución llevada a cabo luego por Perón.

Un año más tarde Astrada vuelve a dejar una huella en la historia de la filosofía argentina. Será uno de los organizadores del Primer Congreso Nacional de Filosofía el cual contó con figuras destacadas de todo el mundo. Hasta el propio Heidegger tenía planeado venir pero por cuestiones políticas no pudo llegar[49]. El Congreso estuvo atravesado principalmente por la polémica entre la escolástica y la filosofía de la existencia, siendo el mismo Astrada uno de los principales exponentes de esta última junto a pensadores como Eugen Fink, Hans Georg Gadamer, Nicola Abbagnano, entre otros. El cierre del Congreso le estaría reservado no menos que al Presidente Juan Domingo Perón, quien pronunció unos de sus principales documentos: “La comunidad organizada”[50].

Meses después Wilhem Szilazi le envió una invitación a Astrada con motivo de la celebración del sexagésimo cumpleaños de Heidegger, solicitándole además un texto para conmemorar el evento. Astrada le responderá con un artículo titulado “Hacia una praxis histórico existencial”[51] en donde plantea la posibilidad de una proyección revolucionaria en el existencialismo. El año 1949 culmina con su nombramiento de Miembro Correspondiente de la Sociedad Peruana de Filosofía por intercesión de Francisco Miró Quesada y con una invitación por parte de Leopoldo Zea al Tercer Congreso Interamericano de Filosofía celebrado en México.

Durante 1950, el denominado Año del libertador, por conmemorarse el centenario de la muerte del General San Martín, Astrada es nombrado miembro de la Comisión que representó a la Facultad en el Congreso Regional de Historia del mismo. En sus escritos sobre el prócer, Astrada realiza una interpretación moral y política de su figura. El concepto de héroe, con el que bajo la influencia Hegel había interpretado a Martín Fierro, le cabrá en ese momento a San Martín. San Martín es aquel argentino que, estando en el extranjero escucha el llamado de la tierra y acude a cumplir su destino. Conteniendo estos argumentos brinda una conferencia cuyo nombre es “Serás lo que hay que ser… guión del destino argentino”[52] en donde declara que San Martín es el arquetipo ejemplar argentino. Ese mismo año es nombrado profesor con dedicación exclusiva de la cátedra Antropología y Etnografía General.

6. El existencialismo argentino

Con el correr de los años, Astrada fue ampliando su proyecto nacional hacia Latinoamérica y al mundo. Así comienza a germinarse esta obra que podemos considerar es la clave de su pensamiento: La Revolución existencialista. Ya en 1949, el mismo año del congreso publica Ser, Humanismo, existencialismo[53] en donde se va perfilando su “Humanismo Universal”[54] que desarrolla en el trabajo que nos ocupa. Luego verá la luz Destino de la libertad. Para un humanismo autista[55] en donde analiza el problema de la libertad en Schelling. Ese mismo año asiste al Congreso Internacional de Filosofía celebrado en Lima, y al hacer la visita a las ruinas de Machu Pichu queda azorado. En carta a su hijo expresa la profunda sensación que le ha causado ese lugar y el gran entusiasmo que le propició para encarar la problemática de América Latina.[56]

Aprovechando su año sabático Astrada vuelve a Europa. Recorre España, Francia, Suiza, Italia, Austria y Alemania, invitado por Gadamer, Szilazi, Löwith, Landgrebe, entre otros. En esos días se produce su reencuentro con Martin Heidegger quien estaba dando el curso titulado Qué significa pensar [57]al cual Astrada asiste.

En Alemania pronunció conferencias en las universidades de Friburgo, Heidelberg, Hamburgo y Kiel. La mayor parte de estas conferencias formarían parte de La revolución existencialista. Estas ponencias tienen los siguientes títulos: “Humanismo y la crisis en la recuperación del hombre”, “Humanismo y práctica política”, “Humanismo y técnica”, “La cultura argentina y sus principios programáticos” y “El humanismo y sus bases ontológico-existenciales”.[58]

Otro tanto ocurrió en su visita a Italia en donde pronunció cuatro conferencias en la Cátedra Argentina de la Universidad de Roma tituladas “Hacia un humanismo de la libertad” y “Génesis latina de la cultura argentina”. También fue invitado por Nicola Abbagnano para pronunciar otras conferencias en la Universidad de Turín.

A su regreso publica La Revolución Existencialista. Hacia un humanismo de la libertad[59]. Allí, Astrada se propone analizar cuáles son las potencialidades humanas para encaminarse en la persecución de una sociedad justa y libre. Afirma, junto con Marx, que el hombre se haya alienado y que esta alienación, lo ha llevado a perder su ser. Por ello es indispensable el rescate del ser humano de la alienación para allanar el camino hacia su plenitud. Astrada anuncia un cambio de época, en que los hombres pueden llegar a ser conscientes de su propio destino. Si, tal como había planteado Marx en la Crítica a la Filosofía del Derecho “la raíz del hombre es el hombre mismo”[60], es preciso que haya un cambio desde la existencia, para que todas las condiciones materiales puedan ser modificadas. El devenir histórico es un camino hacía el hogar perdido del hombre. Pero es necesario que cada estirpe, con su propia identidad, se encamine hacia su destino planetario constituyendo así el “hombre plenario” del que hablaba Max Scheler. Las distintas culturas nacionales tienen que volver a reencontrarse con su identidad más propia para poder comulgar con lo universal[61].

7. La retirada de la Universidad

En 1955 Astrada publica “Imperialismo y burocracia en la Universidad”[62] en Lucha obrera, un órgano de difusión del trotskismo morenista y retoma sus vínculos con el Partido Comunista. Nahuel Moreno había sido alumno suyo en el Colegio Nacional Buenos Aires y en la facultad. Pero el lazo más importante que establece en ese período es con Alfredo Llanos, su principal discípulo. Advenido el golpe y obligado a volver a concursar sus cargos, Astrada decide retirarse de la facultad por juzgar esta resolución, una afrenta inaceptable.[63]

Alejado de las cátedras reanuda su relación con el Partido Comunista realizando un viaje a la URSS junto a Ricardo Ortiz y Raúl Larra entre otros. Allí brinda una conferencia titulada “El porvenir de la dialéctica” en donde presenta las principales ideas de su libro Hegel y la dialéctica[64] que publica en ese período. En el año 1957 verá la luz El marxismo y las escatologías[65], el cual erige a Astrada como un ferviente pensador del marxismo. Además, este libro contiene una valoración de las culturas autóctonas, considerando el poder que hay en ellas, en la necesidad de la construcción de una cosmovisión americana. El genocidio contra el aborigen, plantea Astrada ahora, constituyó un fuerte impedimento para las civilizaciones originarias y por ello es necesario reconstruir esas culturas de modo tal que América Latina pueda reencaminar su destino.[66] Tras el éxito de este libro, la editorial Siglo Veinte publica al año siguiente su libro Marx y Hegel. Trabajo y alienación en la Fenomenología y en los Manuscritos[67].

8. La dialéctica de la libertad

En 1959 Astrada vuelve a las aulas como profesor de Sociología en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, por intercesión de Francisco Maffei[68] quien invita también a esa facultad a figuras como Miguel Ángel Virasoro y Rodolfo Agoglia.

En el año 1960 sale su libro Humanismo y dialéctica de la libertad[69] contemporáneamente a la Revolución Cubana. Allí analiza las distintas aproximaciones acerca del humanismo que hubo en la historia de la filosofía para luego desarrollar su propuesta de un “humanismo universal”[70]. El humanismo marxista, afirma, al reconocer al trabajo como específicamente humano constituye la base para el programa de desarrollo del “hombre plenario”[71]. Es por ello que considera a este humanismo como superador de los humanismos anteriores. Que el hombre desarrolle lo humano que hay en él es una decisión que tiene que tomar ante el advenimiento de esta nueva época. No se trata de otra cosa que de ser o no ser. Si la historia es el recorrido de la conciencia hacia su libertad, de esta conciencia tiene que emerger el plan de lucha para la liberación total. Ahora bien, sólo en un orden social justo puede el hombre desarrollar efectivamente sus posibilidades más propias. Para ello es necesaria una praxis revolucionaria que rescate al hombre del fetichismo actual, es decir, de la situación en la que en lugar de las cosas estar al servicio del hombre, es éste quien se ha entregado al dominio de las cosas. Es preciso negar la falsa libertad capitalista erigiendo un nuevo estado que implique “la negación de la negación de la libertad por parte de los intereses que la desconocen y rechazan”[72].

Ese mismo año, por intermedio de Bernardo Kordon, es invitado a visitar la República Popular China, en donde brinda la conferencia “Cultura, sociedad y política” y “La dialéctica y la simultaneidad de las contradicciones”.[73] Allí se produce un suceso insospechado para Astrada, el mismo Mao Tsé Tung lo invita a cenar. Esa cena conllevó una prolongada charla sobre diversas cuestiones de filosofía política. Cabe señalar que el movimiento chino le fue de particular importancia a un filósofo marxista que había ahondado en lo nacional y lo telúrico. De China partirá a Moscú donde pronunciará diversas conferencias. A su regreso deberá bajarse del avión en Uruguay ante la amenaza represiva que reinaba en nuestro país.

En el año 1961 escribe su libro Dialéctica y positivismo lógico [74] en el que entra en polémica con aquellas corrientes filosóficas provenientes de llamado Círculo de Viena. Esto será apreciado dos años más tarde por Raúl Sciarreta y Luis Washington Vita quienes ofrecerán sus respectivas críticas a la obra.[75]

En 1962 aparece su primera biografía elaborada por su discípulo Alfredo Llanos[76], quien luego se convirtió en un prolífero filósofo argentino[77]. Otro discípulo que cabe mencionar es el joven Mario Roberto Santucho. Con él entablará una relación de formación que había estado implícita en el programa político de su obra La Revolución existencialista, por lo que puede decirse que el FRIP[78] es ahora quien le interesa al filósofo como fenómeno político.

En el siguiente año sale Tierra y figura [79] obra que contendrá en su tapa una ilustración de Juan Carlos Castagnino obsequiada para la ocasión. Aquí Astrada vuelve a hacer hincapié en la importancia de lo telúrico en el desarrollo de un programa político. América Latina tiene el mandato de su tierra de recuperar el acervo cultural que quedó acallado con la conquista. El llamado de la tierra que hiciera en otro momento volver al mismo San Martín a liberar a su pueblo, es el que sigue latente y exhorta a las nuevas generaciones a la emancipación de América Latina. También ese año aparece Ensayos filosóficos[80], compilación de varios artículos de Astrada de diversas épocas de su vida. En este período reimprime varias obras, entre ellas, La revolución existencialista bajo el título: Existencialismo y crisis de la filosofía[81]. Pero la reedición de El Mito Gaucho[82] en 1964 fue la más significativa, pues Astrada le agregó una gruesa introducción en donde intentaba saldar las deudas del ´48, como así también rectifica su posición respecto del peronismo. En referencia a esto habla, sin hacer mención explícita de Perón de un “pseudojefe con aparatosidad de revolucionario que ante la primera amenaza huyó al extranjero”[83].

En el año 1967 verá la luz su revista propia bajo el título de Kairós la cual contó con la invalorable colaboración de su hijo Rainer y de Alfredo Llanos. En su título lleva contenido su propósito: oportunidad, ocasión, imperativo de la hora. Esta publicación tuvo escasas contribuciones externas, pues a lo largo de su periplo Astrada se iría quedando cada vez más solo. No obstante, la revista muestra una variada participación en los debates filosóficos del momento provenientes del pequeño pero prolífero círculo que estaba a su alrededor[84]. Ese mismo año publica Fenomenología y praxis[85] en donde continúa ahondando en las relaciones entre el movimiento fenomenológico y el materialismo histórico.

Su próximo libro La génesis de la dialéctica- En la mutación de la imagen de los presocráticos[86], fue editado por la editorial Juárez[87]. Otro libro que sale en 1969 bajo esa colección es Dialéctica e historia[88], el cual aparece junto con un importante número de artículos, siendo Astrada un hombre ya de 75 años. Su labor incansable será constante hasta sus últimos días. Su último libro Martin Heidegger. De la analítica ontológica a la dimensión dialéctica[89] es una recopilación de toda su labor respecto al filósofo de la Selva Negra.

El 23 de diciembre de 1970, a los setenta y seis años de edad, Carlos Astrada fallece, no sin dejar el legado de continuar su prolífera obra. La posibilidad de unir vida y obra, compromiso intelectual y político, posibilita pensar que es dable, como filósofos, intentar transformar el mundo que se habita. Afirmando la identidad, sin abandonar jamás las pretensiones de universalidad de los principios, Astrada muestra que el hombre argentino posee auspiciosas oportunidades de desarrollar un pensamiento propio, enfocado en una sociedad que intente brindar las condiciones necesarias para que cada ser humano que habita este suelo pueda desarrollar sus efectivas posibilidades.

El 17 de julio de 1973 el entonces interventor de la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, designa al profesor Carlos Astrada Emérito de la Patria Post-Mortem.


  1. Ferrater Mora, José, Diccionario de Filosofía, México, Atlante, 1941, p. 150.
  2. Abbagnano, Nicola, Historia de la filosofía, Barcelona, 1961, T. II, p. 422.
  3. Whal, Jean, “Carlos Astrada. Idealismo fenomenológico y metafísica existencial” en Recherches Philosophiques, París, Vol. VI, 1936-1937.
  4. Si hay una obra que ha inspirado el pensamiento latinoamericano es el Ariel de Rodó. Ariel está explícitamente dedicado a la juventud de América, ya que, según su autor, ésta atesora la capacidad de ennoblecimiento del espíritu, que es precisamente aquello que Shakespeare intentó simbolizar con este personaje. El mensaje de Ariel tiene pretensiones de llegar a aquellos espíritus que deseen alcanzar su plenitud. Invita al renacer de las esperanzas de la perfección humana, aun cuando parezca que todo está perdido, devolviendo así, el entusiasmo a las nuevas generaciones para luchar por una sociedad enteramente justa. En ese contexto se constituye el arielismo, como grupo continental, en torno a la Reforma Universitaria, que se identifica con este legado de enfrentar las condiciones imperialistas de la sociedad moderna. Para este movimiento, el utilitarismo moderno ha expandido sus precarios ideales a tal punto que la defensa de valores objetivos parece ser una vana utopía. Por ello es imprescindible recuperar los grandes valores, los fines últimos, a fin de luchar por el bien común. Los riesgos de caer en el egoísmo más salvaje afloran desde todos los lugares en que la ciencia moderna avanza, y la sociedad amenaza con desintegrarse si los valores que reinan son los del individualismo más burdo. Es necesario, por ello recuperar la conciencia de que el hombre no está solo en el mundo, sino que es un ser social y por tanto, participa en buena medida de un destino común. El mundo moderno propone modelos esclavistas que amenazan con destruir el espíritu humano. Estados Unidos es, en ese momento el modelo democrático por antonomasia, y los intelectuales latinoamericanos advierten allí una mediocridad axiológica inaceptable para cualquier espíritu cultivado.
  5. Sobre todo, en su artículo “La noluntad de Obermann” del que más adelante hacemos referencia.
  6. «Negamos esta unidad y esta estructura originaria; afirmamos su composición, una composición que consta de un elemento vital (la angustia) y un acto espiritual originario. El acto originario del espíritu, de la bondad, del amor bondadoso» (M. SCHELER (1976): «Das emotionale Realitätsproblem». En Späte Schriften.Francke, Bernay Munich, p. 274) Es notable la recepción de Max Scheler en Argentina, no sólo a través de Carlos Astrada sino por medio de Ortega y Gasset, quien fuera su amigo y admirador. La Revista de Occidente será el lugar en donde se irán plasmando las distintas recepciones. Ya en 1927 José Gaos traduce “El resentimiento en la moral” y a partir de allí gran parte de su obra puede ser leída en nuestro idioma.
  7. “[…] para Scheler el hombre es dirección y meta en este proceso. Su concepción antropo-filosófica se define por un humanismo” (Astrada, Carlos, El juego metafísico, ed.cit., p. 111)
  8. “Heidegger y Marx”, ed. cit.
  9. Véase parágrafo Heidegger y Marx del Capítulo III de esta tesis.
  10. Astrada, Carlos, Nietzsche, profeta de una edad trágica, Buenos Aires, La Universidad, 1945.
  11. Esta corriente filosófica, desarrollada a finales del siglo XIX, tenía como punto principal la vida concreta aquí y ahora. Sus raíces pueden encontrarse en el romanticismo de Schlegel y Schopenhauer. Sus principales exponentes fueron Friedrich Nietzsche, Wilhelm Dilthey, Henri Bergson y Georg Simmel.
  12. Astrada. Carlos, El mito gaucho, Buenos Aires, Cruz del Sur, 1948, p. 103-104.
  13. En su libro Restos pampeanos Horacio González afirma “Astrada intentó su alianza con un poder de Estado, alianza que veía a la luz de cierto hegelianismo que le permitiría a la filosofía pensar el destino de la época moderna” (1999, Buenos Aires, Colihue, p. 131)
  14. “Pasado cierto tiempo, una década escasa, se comprobó, empero, que el segundo óbito del Viejo Vizcacha fue, tras un simple letargo, sólo aparente, y que el pueblo –el proletariado- engañado, carente de conciencia de clase, había sido víctima de un ominoso paternalismo” (Astrada, Carlos, El mito gaucho, Buenos Aires, Cruz del Sur, 2° edición, 1964)
  15. Se despliegan en el capítulo titulado “Rectificaciones y ratificaciones”-
  16. José de San Martín, Mao Tsé Tung, Mario Roberto Santucho, entre otros.
  17. “La dialéctica de Mao Tsetung contempla una pluralidad de entidades que se desenvuelven mediante la contradicción, con ritmo ascendente. Destaca una simultaneidad de contradicciones que se dan históricamente en el seno del pueblo chino, el cual, en función de la finalidad constructiva perseguida, imprime en ellas el carácter de aspectos de un proceso revolucionario unitario” (Astrada, Carlos, Encuentro en la dialéctica. Convivencia con Mao Tsetung en el diálogo, Buenos Aires, Catari, 1994, p. 38)
  18. “Estimado profesor: Desde hace cinco semanas estamos haciendo unos cursillos sobre la dialéctica. Utilizamos obras que usted ya conoce, y de las suyas Hegel y Marx, y La doble faz de la dialéctica. También los Cuadernos filosóficos y los Manuscritos. Hasta el momento hemos discutido las leyes de la dialéctica y los problemas de la alienación y la verdad. Su venida nos será tremendamente provechosa […] Reciba el afecto de Mario R. Santucho” (Correspondencia inédita de Carlos Astrada en Políticas de la memoria, N° 4, verano 2003/2004, Cedinci, p.179).
  19. Astrada, Domingo, Expedición al Pilcomayo, Buenos Aires, Robles, 1906.
  20. “Creo que hay medios de escapar –vaticinaba o proponía. No contagiarse con las vistas – les vues – del sentido común, la más ramplona manera de encarar las cosas; esforzándose por vivir una vida de dentro, una vida de cultura (arte, ciencia, filosofía), no una vida de civilización (ferrocarriles, aeroplanos, acorazados, periodismo…)” (Carta de Pascale en David, Guillermo, Carlos Astrada. La filosofía argentina, ed. cit., p. 15)
  21. Senancour, Etienne, Obermann, ed. cit.
  22. Astrada, Carlos, “El renacimiento del mito” ed. cit.
  23. Simmel, Georg, El conflicto en la cultura moderna, ed. cit.
  24. Astrada, Carlos, “El juicio estético” en Valoraciones, N° 4, La Plata, 1924.
  25. Publicaban Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Anibal Ponce, Alejandro Korn, Carlos Sánchez Sorondo, Francisco Romero, Pedro Henriquez Ureña, entre otros.
  26. Astrada, Carlos, La real política. De Maquiavelo a Spengler, Córdoba, Biffignandi, 1924
  27. Spengler, Oswald, La decadencia de Occidente, Madrid, Espasa –Calpe, 1937.
  28. Esto se ve más adelante, cuando declare que, con el acervo cultural recibido, más todo el potencial de las culturas originarias, es posible que se llegue un hombre que refleje un prototipo humano de mayor raigambre.
  29. Der ganzheitliche Mensch
  30. Max Scheler le escribirá una afectuosa dedicación a su joven discípulo en su obra Conocimiento y Trabajo.
  31. Astrada, Carlos, “Max Scheler” en Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, Año XV, N° 1-2, 1929.
  32. Sobre este poeta Astrada escribió unos capítulos en su libro Temporalidad (Buenos Aires, Cultura Viva, 1943), bajo los títulos de “Rilke y la muerte propia”, “El encargo de la tierra” y “Mística y clima existencial” en un apartado que dio en llamar “La vivencia mística en la poesía de Rilke”.
  33. Astrada, Carlos, Hegel y el presente, Universidad Nacional de Córdoba, 1931.
  34. Entre ellos “Max Scheler” ed. cit., “Epílogo a un crociano” en Nosotros N° 245, Buenos Aires, 1929; “Heidegger a la cátedra de Troeltsch” en Síntesis, año IV N° 38, Buenos Aires, 1930; “La nueva temática: el a priori emocional scheleriano” en Síntesis, Buenos Aires, 1931; “El aporte gnoseológico de Dilthey” en Revista de la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario, T II N° 2, 1932; “Spinoza y su aporte a la metafísica” en Trapalanda, un colectivo porteño, Buenos Aires, 1933.
  35. Astrada, Carlos, El juego existencial, Buenos Aires, Babel, 1933.
  36. Astrada, Carlos, Idealismo fenomenológico y metafísica existencial, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1936.
  37. Astrada, Carlos, La ética formal y los valores. Ensayo de una revalorización existencial de la moral kantiana orientado en el problema de la libertad, Biblioteca de Humanidades, tomo XXI, La Plata, 1938.
  38. Astrada, Carlos, El juego metafísico. Para una filosofía de la finitud, Buenos Aires, El Ateneo, 1942.
  39. Op. cit., p. 139.
  40. Astrada, Carlos, Temporalidad, ed. cit.
  41. “Cada Nación lleva en sí el centro de su felicidad, así como cada esfera lleva en sí su centro de gravedad” (Herder, J. G., Filosofía de la historia para la educación de la humanidad, Buenos Aires, Nova, 1950)
  42. Astrada, Carlos, Nietzsche, profeta de una edad trágica, ed. cit.
  43. AA. VV, Tribuna de la revolución. Centro Universitario Argentino, 1948.Los textos de esta publicación son: Perón, J.D., El pronunciamiento del 4 de junio, Guardo, R., La Nueva Universidad Argentina, Palacio, E., El problema educacional, Giglielmini, H., La frontera argentina, Cooke, J.W., Perspectivas de una Economía Nacional, Díaz de Vivar, J., La universidad y la cultura, Astrada, C., Martín Fierro y el mito de los argentinos, Jauretche, A., Progresismo nacional o de factoría, Borda, G., Martín Fierro, poema de nuestra revolución, Sierra, V., El sentido peronista de la historia argentina, Lusarreta, P., El lenguaje y el Plan Quinquenal.
  44. Astrada, Carlos, El Mito Gaucho, ed. cit.
  45. El film de Pino Solanas “Los Hijos de Fierro” se basa en parte en esta obra.
  46. Astrada, Carlos, Sociología de la guerra y filosofía de la paz, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, serie Ensayos N° 1, 1948.
  47. David, Guillermo, Carlos Astrada. La filosofía argentina, ed. cit. p. 164.
  48. Astrada, Carlos, “Fetichismo constitucional” en revista Hechos e Ideas, Año IX, N° 55, Buenos Aires, 1948.
  49. Juan Atilio Bramuglia, quien entonces era en ese momento Canciller de Perón, se había entrevistado con el canciller alemán para acordar la visita de Heidegger, pero finalmente no se pudo obtener la autorización.
  50. Ante los rumores de que esa disertación había sido escrita por Astrada, este respondía escandalizado, pues había encontrado gruesos errores en el texto.
  51. Astrada, Carlos, “Hacia una praxis histórico existencial” en Martin Hiedeggers Einfluss auf die Wissenschaften. Aus Anlass seines Sechzigsten Geburtstages verfasst von, A. Francke AG. Verlag Bern, 1949.
  52. Esta conferencia fue publicada luego con el título “La máxima de San Martín y el destino argentino” en la revista Hechos e Ideas en el año 1987 con una nota aclaratoria que contiene lo siguiente: “Con este artículo, Hechos e Ideas quiere rendir homenaje a un insigne pensador argentino, cuya amplia producción estuvo basada en un profundo conocimiento de la historia de la filosofía, en particular de la filosofía alemana, como en una aguda inserción en nuestra propia realidad, lo que le permitió desarrollar un estilo propio, que hoy debe ser nuevamente fuente de inspiración y formación de pensadores argentinos. Profesor brillante, influyó poderosamente en toda una generación, a pesar de haber sufrido el arbitrario despojo de sus cátedras en 1955”.
  53. Astrada, Carlos, Ser, humanismo: existencialismo, Buenos Aires, Kairós, 1949.
  54. “Porque este pensar piensa la humanitas del homo humanus es “humanismo” en el sentido más radical; es el humanismo en el que la humanidad del hombre es pensada emergiendo de la proximidad del ser, pero, al mismo tiempo, en este humanismo, resultado de un pensar radicalmente esencial, lo que está en juego no es el hombre, sino la esencia histórica del hombre en su procedencia de la verdad del ser” (Op. cit., p. 34)
  55. Astrada, Carlos, Destino de libertad. Para un humanismo autista, Buenos Aires, Kairós, 1951.
  56. Este tema será ampliado profundamente por su discípulo Rodolfo Kusch en textos tales como América profunda, Buenos Aires, Hachette, 1962 y Esbozo de una antropología filosófica americana, San Antonio de Padua, Castañeda, 1978, entre otros.
  57. Heidegger Martin, Was heisst Denken?, Tübingen, Niemeyer 1954
  58. Estos datos figuran en una carta que le envió el entonces embajador Luis Irigoyen al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. Jerónimo Remorino, con motivo de informarle la distinguida actuación de Astrada en Alemania e Italia. (Legajo Personal de Carlos Astrada, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires)
  59. Astrada, Carlos, La revolución existencialista, ed. cit., 1952.
  60. Marx, Karl, Crítica a la filosofía del Derecho de Hegel, p, 9.
  61. “Un pueblo pertenece a la historia universal cuando en su elemento y fin fundamental hay un principio universal, cuando la obra que en él produce el espíritu es una organización moral y política” (Hegel, G. W. F, Lecciones de Filosofía de la historia, Madrid, Alianza, 1985, p. 145)
  62. Astrada, Carlos, “Imperialismo y burocracia en la Universidad” en Lucha obrera, N° 1, Buenos Aires, 1955.
  63. En su Legajo Personal de la Universidad de Buenos Aires el cual tuvimos la oportunidad de consultar, figura la baja con la causa “terminación de tareas”.
  64. Astrada, Carlos, Hegel y la dialéctica, Buenos Aires, Kairós, 1956.
  65. Astrada, Carlos, El marxismo y las escatologías, Buenos Aires, Procyon, 1957.
  66. Si bien en un principio el libro fue aceptado y publicado por una de las editoriales del Partido Comunista, luego hubo varias críticas que terminaron por impedir que el mismo fuese publicado en la URSS.
  67. Astrada, Carlos, Marx y Hegel. Trabajo y alienación en la Fenomenología y en los Manuscritos, Buenos Aires, Siglo Veinte, 1958.
  68. Astrada había entablado relaciones con Francisco Maffei durante el proceso de Reforma Universitaria.
  69. Astrada, Carlos, Humanismo y dialéctica de la libertad, Buenos Aires, Dédalo, 1960.
  70. Op. cit., p. 10.
  71. Concepto que extrae de Max Scheler que será profundizado en el capítulo pertinente.
  72. .Op. cit., p. 117.
  73. Nasif, Rosa (ed.), Encuentro en la dialéctica, Buenos Aires, Catarí, 1994.
  74. Astrada, Carlos, Dialéctica y positivismo lógico, Universidad Nacional de Tucumán, 1961.
  75. Sciarreta, Raúl, “Dialéctica y positivismo lógico” en Cuadernos de Cultura, N° 61, Buenos Aires, 1963. Vita, Luis Washington, “Dialéctica y positivismo lógico” en Revista brasileira de filosofía, Vol. XIII, N° 49, Sao Pablo, 1963.
  76. Llanos Alfredo, Carlos Astrada, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación, 1962.
  77. Entre sus obras, además de la citada, podemos mencionar Historia del vasallaje en el Plata, Buenos Aires, Devenir, 1963; Demócrito y el materialismo, Buenos Aires, Ameghino, 1963; El joven Hegel y la Fenomenología del Espíritu, Buenos Aires, Juárez, 1964; Los Presocráticos y sus fragmentos, Buenos Aires Juárez, 1968; Los viejos sofistas y el humanismo griego, Buenos Aires, Juárez, 1969; El método dialéctico de Hegel, Buenos Aires, Ergón Centro de Arte, 1971; Hegel: la influencia económica de Steuart en su filosofía, Buenos Aires, Rescate, 1984; Aproximación a la Estética de Hegel, Buenos Aires, Leviatán, 1988; Luces y sombras en la fenomenología de Hegel, Buenos Aires, Rescate, 1995. También realizó numerosas traducciones de Hegel, Feuerbach, Kojeve, Luckács, entre otros.
  78. El Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP) se organizó alrededor del grupo “Dimensión” y fue un antecedente de lo que luego se dio en llamar “Partido revolucionario de los trabajadores” (PRT).
  79. Astrada, Carlos, Tierra y figura, Buenos Aires, Ameghino, 1963.
  80. Astrada, Carlos, Ensayos filosóficos, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1963.
  81. Astrada, Carlos, Existencialismo y crisis de la filosofía, Buenos Aires, Devenir, 1963.
  82. Astrada, Carlos, El Mito Gaucho, Buenos Aires, Cruz del Sur, 1964.
  83. Más allá de esta rectificación de Astrada, el film de Pino Solanas, antes mencionado, aunque aparece unos años más tarde, basará su argumentación en la primera edición.
  84. Nos referimos a Alfredo Llanos y a Rainer Horacio Astrada.
  85. Astrada, Carlos, Fenomenología y praxis, Buenos Aires, Siglo XX, 1967.
  86. Astrada, Carlos, La génesis de la dialéctica (en la mutación de la imagen de los presocráticos), Buenos Aires, Juárez, 1968.
  87. Guillermo Nolasco Juárez se encargó de editar varios libros entre los años 68 y 70 por una cuestión meramente militante. No se trataba de un negocio sino de un objetivo claro de divulgación de las ideas de un grupo de intelectuales que habían quedado apartados de casi todos los círculos existentes. Es así que Astrada, junto a Alfredo Llanos dirigirá la colección Paideuma de la editorial Juárez bajo la cual se editaron catorce títulos, entre ellos: Aristóteles, De ánima, Buenos Aires, 1969; Schelling F. G. J., Sobre la esencia de la libertad humana, Buenos Aires, 1969; Descartes, René, Reglas para la dirección del entendimiento, Buenos Aires, 1970; Kant, Immanuel, La disertación de 1770, Buenos Aires, 1969; Krueger, Félix, Estructura y totalidad psíquica, Buenos Aires, 1970.
  88. Astrada, Carlos, Dialéctica e historia, Buenos Aires, Juárez, 1969.
  89. Astrada, Carlos, Martin Heidegger. De la analítica ontológica a la dimensión dialéctica, Buenos Aires, Juárez, 1970.


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