A inicios de 2019 nos propusimos reflexionar en conjunto acerca de los usos y las representaciones del espacio y la virtualidad en el agro argentino. En ese momento, no imaginamos ni remotamente la trascendencia que la virtualidad tendría en el mundo desde 2020.
Así fue como el análisis nos atravesó no sólo desde el aspecto profesional, sino que también la investigación, la docencia, las relaciones sociales y la vida se virtualizaron. Las propuestas que debatimos en 2019 comenzaron a transformarse y a adquirir una dinámica propia, adaptadas a las formas de investigar en pandemia, con todos sus pros y contras. En definitiva, nos vimos obligados a reflexionar sobre lo virtual en un modo obligatoriamente virtual.
Gracias al compromiso de cada unx de lxs autorxs que integran este volumen pudimos mantener la multiplicidad de miradas inicial y discutir desde la academia, desde el Estado y desde la práctica profesional sobre proyectos que se encuentran en diferentes fases de investigación.
El desafío principal de escribir/investigar en pandemia ha sido encontrarnos atravesados por múltiples preocupaciones e incertidumbres tanto individuales como colectivas. Sin embargo, la dinámica virtual, que originalmente se había propuesto local, abrió el diálogo a colegas de otras partes del mundo en las distintas instancias del debate[1], quienes colaboraron para nutrir cada propuesta: Argentina (Córdoba, Chaco, Catamarca, La Pampa, San Luis, Salta, Buenos Aires, Santa Fe), España (Alicante, Málaga, Valladolid, Almería), Paraguay (Asunción) y Brasil (Santa Maria). La virtualidad se erigió no sólo como espacio para intercambiar, sino que también se constituyó en una red de diálogo que promete mantenerse y ampliarse a futuro.
Los capítulos que componen esta obra colectiva se proponen abordar entonces los usos y representaciones de las TIC[2] en el agro argentino, repensando el espacio –hoy más que nunca– desde la virtualidad. Estas páginas iniciales están pobladas de preguntas que apuntan a nuevos horizontes de investigación, ya que tienen como objetivo no sólo anticipar e incentivar las lecturas, sino también reflejar parte de los intercambios que se suscitaron en las diferentes instancias de discusión, preludio de libro.
El primer capítulo, a cargo de Paula Camarda, propone debatir dimensiones que, al confluir, profundizan y complejizan las formas de abordar las ruralidades y la implementación de proyectos. Para ello, invita a dialogar desde un conjunto de ejes que articulan las nociones de ruralidad/ruralidades, lo virtual y lo fuera de línea, los modelos híbridos que dialogan en las sociedades en red, las formas en que se definen las identidades en territorios que deben ser comprendidos de manera multidimensional, y la integralidad de sectores e intervenciones para fortalecer la implementación genuina de proyectos, los actores políticos y económicos que deben integrarse y los tipos de brechas existentes en torno a las TIC.
Planificación estratégica, comunicación y creatividad son nociones que también dialogan en este debate. Sugiere ejes que se integran para redimensionar el contexto que transitamos, sentidos y significados de los conceptos claves que alcanzan a todo Proyecto de Desarrollo.
También se propone abordar dos aspectos que considera centrales para la implementación efectiva de todo proyecto: la Planificación Estratégica Comunicacional, integrada en el diseño de la elaboración de proyectos, y la creatividad como componente sustantivo para la gestión y la innovación en el marco de las políticas y programas.
Propone hablar de ruralidades para dar cuenta de las mutaciones que acontecen en las sociedades atravesadas por las mediaciones tecnológicas: es en los territorios donde se conforman las identidades. Una de las mayores mutaciones de nuestro presente en torno a los flujos de información y comunicación es la transformación de las identidades colectivas, las maneras en que nos percibimos como individuos en el entramado social de una comunidad y las relaciones con el resto de los grupos e instituciones.
La autora utiliza la metáfora del paisaje para caracterizar las sociedades, ya que permite visibilizar al conjunto social no como estático, sino como dinámico y susceptible de mutar. Es un marco de referencia desde el cual establecer análisis y proyectos.
Camarda sostiene que
planificar requiere de una coherencia integral que asume la incertidumbre y el análisis situacional del conjunto de actores, de sus intereses y sus representaciones, de los recursos disponibles y de las alianzas estratégicas que determinan la viabilidad de la implementación de todo proyecto de desarrollo. En un contexto de crisis y pandemia, resulta vital trabajar con planificaciones en situación, con alto rigor teórico, con información precisa y robusta y con la flexibilidad de sortear aquellas situaciones inesperadas que se presentan en el devenir de la implementación de proyectos.
Así, el concepto de creatividad –en términos de planificación estratégica comunicacional– permite establecer las etapas de un proyecto, abordar las dimensiones de los sistemas de indicadores de información, articular actores económicos fundamentales, Estados nacionales, locales, el mercado, las organizaciones y la academia. En este sentido, las experiencias vividas deben abordarse desde la integralidad y matices que conforman lo social, lo económico, lo cultural, lo generacional y lo territorial.
En el segundo capítulo, Gustavo Cimadevilla plantea que “los espacios latinoamericanos no pueden leerse desde los caminos de la industrialización y urbanización absoluta”. En este sentido, señala que los “procesos de rurbanización, procesos en los que lo urbano se mezcla con lo rural y lo rural se mezcla con lo urbano, conviven en las diversas realidades del continente con matices propios”. Sugiere
esbozar una lectura renovada sobre las dinámicas sociales que –en tanto procesos de ruralización de la ciudad, así como de urbanización de lo rural– dan vida a nuestros escenarios y sus emergencias sociales manifiestas y se detienen a observar qué pasa con las TIC en esos ambientes de hibridez.
Como objetivos de trabajo apunta a: problematizar la incorporación y uso de TIC en sectores rurbanos, analizar tres casos concretos de adopción y uso de TIC, y aportar a la discusión de cómo las TIC se incorporan en los sectores minimizados/invisibilizados según sus propias condiciones de existencia. En este sentido, esboza dos interrogantes que irá desgranando a lo largo del escrito: ¿La condición de presencia generalizada de una tecnología tipo TIC a nivel global augura que los diversos sectores de una sociedad siguen parámetros semejantes de adopción y uso? ¿Qué hipótesis pueden sostenerse para pensar la adopción y uso de TIC en grupos de baja visibilidad o minimizados por la lógica de los consumos?
Las transformaciones promovidas por la innovación tecnológica y la digitalización de las comunicaciones han seguido un itinerario signado principalmente por el mercado, lo cual ha llevado al surgimiento de nuevos excluidos y al desarrollo de conceptos como el de brecha digital y brecha cognitiva para determinar los grados de exclusión de sectores de la sociedad. Desde lo relativo al acceso a la infraestructura hasta la capacidad de obtener aparatos tecnológicos y la forma en que los ciudadanos adquieren capacidades cognitivas para poder utilizarlos en su vida cotidiana, encontramos diversos elementos que atraviesan los debates en pos de una inclusión social.
Entonces, y tal como apunta Cimadevilla, el caso de las TIC “no son las tecnologías las que determinan las tipologías de adopción y uso, sino más bien son las condiciones de existencia de los propios sujetos las que hacen de ellas una posibilidad de incorporación y uso específico”.
El autor trabaja con foco en el concepto de rurbanidad, dado que le permite penetrar en los entramados en los que la hibridez entre lo urbano y lo rural da vida a nuevas condiciones para el ser y el estar. Así, segmentos particulares de la población conviven en hábitats donde los paisajes, las prácticas, los dispositivos y los saberes remiten de manera continua a ambos polos de la tradicional relación que ahora se encuentra subvertida, mezclada y sintetizada: la conexión en sí misma no resuelve sus principales necesidades y articulaciones sociales y productivas.
Cimadevilla se pregunta ¿qué es lo que se vislumbra en esas realidades donde heterogeneidad, desigualdad e hibridez –rurbana– caracteriza los entramados sociales? Para ello, se centra en el análisis de tres casos en los que se abordan dimensiones de las constituciones identitarias, los roles preestablecidos y sus resignificaciones, y los tipos de brechas y desafíos vigentes. En el debate surge la necesidad de abordar la integración pedagógica de TIC desde un modelo integral en el que las dimensiones de lo fuera de línea, lo virtual, lo mosaico y los lenguajes, conformen un conjunto de propuestas planificadas políticamente de forma situacional, abarcando todos los ejes para un cumplimiento efectivo de su incorporación por fuera de lo coyuntural. También, el apremio del conjunto de brechas digitales: de acceso en términos de infraestructura y de apropiación en términos de dimensión social y cultural, y el desafío de dar respuesta urgente a las desigualdades estructurales.
Por su parte, Luz Lardone y Ricardo Garro proponen a lo rural como una construcción discursiva geohistórica. Por ello, invitan a pensar un mundo posible luego de la sociedad 5.0. Plantean que un discurso puede definirse como un régimen de representaciones que crea una determinada realidad, y un marco cultural para percibir y reproducirla. En este encuadre, el discurso sobre lo rural puede vincular valores, objetos y prácticas que institucionalizan la interrelación y el manejo de los significados, al tiempo que establece un espacio técnico donde la ciudadanía tiene escasa o nula influencia.
Lxs autorxs recuperan que, desde finales del siglo xx, los parámetros clásicos de la polarización urbano-rural –divisiones polarizadas, dicotómicas, excluyentes que, a partir del siglo xix, y como manifestara Sarmiento, se expresaron fuertemente–, comenzaron a quedar cortos para explicar la multidimensionalidad que involucra a uno y otro concepto.
La finalidad de su trabajo es recobrar algunos presupuestos epistemológicos fundamentales en los que se ha basado la construcción de lo rural, en tanto emergentes de las dinámicas de encuentros entre formas dominantes y no dominantes que se evidencian en el camino hacia las sociedades 5.0.
Si bien como investigadorxs tendemos a focalizarnos en las problemáticas, el cuadro de mundos posibles que lxs autorxs proponen muestra que el mundo actual, el tercero, ha desarrollado ampliamente puentes culturales, cruces disciplinarios, revalorizado saberes ancestrales y locales, creado comunidades, y ha trascendido lo local para interconectarse globalmente desde lo virtual. Entonces, y en pos de hacerse las preguntas correctas, o al menos intentarlo, la pregunta que surge es: ¿cuál es el mundo que queremos construir a partir de ahora? Tal vez, esa sea la pregunta que invite e interpele a un rol activo en la construcción social colectiva ya que de ella se desprenden –a la luz de el contexto actual (pandemia, emergencia ambiental, etc.)–, de manera aleatoria e ineludible, otras: ¿qué modelo de agro queremos/necesitamos (frente a la expansión del agronegocio a fuerza de quemas como las que vemos cotidianamente)? ¿Qué incidencia deberían tener las TIC en ese mundo?
Desde el mundo aislado al mundo globalizado, será importante crear un espacio igualitario para lograr las comunidades virtuales, de lo contrario, siguen quedando excluidxs quienes no tienen acceso. Un paso central es pensar en la universalidad del acceso y los derechos a internet y a las TIC para poder generar mayores oportunidades para que quienes lo deseen puedan ser parte de ese mundo conectado ideal.
Lxs autorxs llaman a una mayor conciencia ambiental ante la práctica depredadora y la relación instaurada entre capitalismo y naturaleza. Es precisamente allí donde, por ejemplo, se focaliza el eje que recupera algunas promesas de la Modernidad. El cambio climático, como gran desafío de la humanidad, debería ser parte de las agendas, pero también de la concepción inteligente –smart– de los territorios.
Asimismo, sostienen que hoy el mayor desafío está en llenar de contenido tres conceptos: complejidad, desafíos y diversidad. En ese marco, se posicionan las realidades múltiples y las subjetividades que interpelan, también, a lxs comunicadorxs sociales. La gestión de políticas públicas y agendas públicas y mediáticas deberían dar cuenta de ello.
Entre otros interrogantes que surgen de la lectura, podemos preguntarnos: ¿cómo se construyen estos mundos alternativos? ¿Qué actores encarnan como sujetos históricos proyectos contrahegemónicos? ¿Desde dónde se da la disputa hermenéutica? ¿Se puede insertar el espacio de los lugares a una dinámica virtual-global contrahegemónica? No cabe duda de que este es un problema epistemológico. Pero también lo es de índole práctico. Requiere de un sujeto histórico y de una alianza sociopolítica que transforme la mirada economicista de progreso que se ha convertido muchas veces en sentido común y aspiración de los productores.
Es precisamente en ese mundo deseado donde se incluye la necesidad de una revolución relacional, donde las tecnologías y la big data puedan ser usadas como herramientas en y para un proyecto emancipador, donde se supere la lógica mercantilista del conocimiento y sea parte de la construcción social colectiva/comunitaria virtual/física sostenible y sustentable. Lo smart aparece entonces como esa propuesta de valor, donde el poder es una herramienta para mejorar sistemas productivos familiares, asociación para lograr escala y posición de mercado y reducción de trabajos insalubres, entre otros aspectos. Para esto es necesario el acceso a internet, la tecnología, pero sobre todo la alfabetización tecnológica.
En el cuarto capítulo, Matías Centeno presenta un texto derivado de su investigación doctoral realizada en la provincia de San Luis, en el centro-oeste argentino. En su trabajo pretende dar cuenta de algunas transformaciones que desde las juventudes están contribuyendo a revisar los modos de gestión agropecuaria a partir de la expansión de la virtualidad y la deslocalización, lo cual implica nuevas destrezas de ver-ser-hacer.
El documento se organiza en cuatro partes, que proponen un recorrido que va de lo global a lo específico, desde los grandes desplazamientos que vienen interpelando la constitución juvenil hasta los movimientos que desde las tecnologías digitales afectan las territorialidades y subjetividades rurales.
El autor pone en diálogo los distintos conceptos y enfoques presentados con el resultado de una investigación teórica-empírica de carácter cualitativo que involucra a actores de la agricultura familiar. Al respecto, afirma que “el análisis interpretativo y situacional logrado sugiere que internet es mucho más que una base catalizadora de cambios tecnológicos y productivos; su relevancia se manifiesta en las posibilidades que el avance digital abre como fenómeno complejo y sociocultural”.
El relevamiento pone de manifiesto que “las tecnologías digitales son un engranaje entre otros de la producción, un proceso de adopción y adecuación híbrido en el que los sujetos articulan prácticas digitales y analógicas en el trabajo cotidiano”. A los smartphone se le suman las transformaciones en los modos de gestionar en el campo con herramientas tecnológicas de la denominada agricultura de precisión (especialmente en los sectores de mayores posibilidades de capitalización). En este sentido, se abren simultáneamente nuevos espacios en el mercado de servicios agrícolas, tales como los jóvenes emprendedores que desarrollan servicios digitales. En este marco, las redes sociales virtuales se constituyen como nuevos modos de acceder y transmitir saberes propios del oficio agrario.
El autor afirma que
la movilidad aparece como un concepto clave para entender algunos de los actuales cambios socio-territoriales en el mundo agropecuario. En este sentido, las TIC se configuran como herramientas que permiten conectar espacios híbridos, en donde los jóvenes agropecuarios están pudiendo encontrar salidas contemporáneas y generacionales a limitaciones históricas de la gestión, la comercialización y la producción agraria.
El debate incluye el escaso despliegue de conectividad digital en ámbitos rurales como enorme limitante. En realidad, es una constante: la invisibilidad de los territorios de población dispersa siempre ha tenido que luchar contra el escaso tendido no sólo de fibra óptica o electricidad, sino también con el exiguo tejido institucional a disposición de los territorios, servicios básicos, caminos y otras infraestructuras vitales para el desarrollo humano y social.
Es esta tónica, es interesante reflexionar acerca de la asociación directa existente aún en el imaginario colectivo entre juventud y TIC, cuando las tecnologías atraviesan todas las franjas etarias en todos los órdenes de la vida. Pareciera que se trata de un universo ajeno del que les corresponde hacerse cargo tan solo por el hecho de haber nacido cuando lo hicieron. También existe una asociación entre teléfono móvil y juventud con pérdida de tiempo o recreación. Los imaginarios jóvenes-TIC tienen una fundamentación antropológica y es que por primera vez en mucho tiempo se produce un proceso de inversión generacional, en donde una generación posterior puede enseñarle a una anterior. El tecno-idealismo nos lleva rápidamente a pensar que son sujetos sociales con superpoderes, con mejores condiciones que otros para afrontar la vida, cuando en realidad la mayoría de ellos tienen enormes problemas para lograr emanciparse y desarrollarse como sujetos económicos. Son sujetos que se expanden en lo simbólico, pero no así en el plano de lo material.
Uno de los interrogantes que surge de este trabajo es si subyace la idea de que campo y éxito (ligado a lo económico) son opuestos. En algún punto, la idea de permanecer en el campo sugiere resignarse a una vida sin posibilidades de desarrollo y éxito para las juventudes. Ello ligado a la formación académica y al éxito económico que parecieran ubicar en el fracaso a quienes se quedan a vivir en espacios rurales. El campo pareciera ser una categoría eternamente sitiada por la dicotomía: bueno-malo, urbano-rural, progreso-letargo, rápido-lento, conectado-desconectado… El discurso público sobre los jóvenes replica esa dicotomía. Ahora, los modos que Centeno detecta en su trabajo buscan romper con esas dualidades y plantean ingresos, permanencias y egresos de la ruralidad que son más complejos, invariantes y pendulares. El éxito es también una condición que puede revisarse en este contexto: para estos jóvenes no está asociado solamente a lo económico, puesto que su incursión en el agro hace emerger otras rentabilidades como el desarrollo personal, el cuidado del medioambiente y la sociabilidad. Aun cuando las TIC no aportan grandes saltos económicos, se valoran en términos de cómo facilitan la tarea, permiten el desarrollo de actividades múltiples o habilitan modos de trabajo remoto.
En términos económicos, pero también en cuanto al desarrollo digital, el mercado y ciertas instituciones sí asocian el éxito a una parte del agro, al sector empresarial. El discurso público sobre la agricultura de precisión ubica los beneficios de la sensorización, el uso de drones y tecnologías satelitales, entre otras, en medianas y grandes explotaciones. Pareciera que esa modernidad no alcanza a los sectores medios o pequeños (la gran mayoría de nuestros productores agropecuarios argentinos), cuando en realidad en los lugares en que se despliega produce unos saltos tecnológicos, productivos, económicos y culturales muy interesantes.
Hacia afuera y hacia adentro de la ruralidad, la dicotomía sigue expandiéndose. Los jóvenes con los que el autor trabaja exceden esas miradas y su concepción de la actividad ayuda a entender otros caminos posibles para operar las problemáticas agrarias, otras maneras de medir los éxitos y los fracasos.
En un camino de investigación con varios puntos conectados al de Centeno, María Rosa Chachagua propone reflexionar acerca de la inclusión de las TIC en las escuelas rurales, prestando especial atención a las juventudes y las desigualdades existentes en dicho ámbito. Las preguntas que introduce son: ¿cuáles son las brechas existentes en el ámbito rural? ¿Qué se entiende por inclusión digital? ¿Por qué es importante incorporar las TIC en estos ámbitos? ¿Qué rol asume la tecnología y la educación para las juventudes en estos ámbitos?
En su esquema del trabajo, la autora presenta tres momentos donde en el primero se establece una discusión teórica en relación con los tres ejes centrales: inclusión digital, desigualdades y juventudes rurales. En un segundo momento se aborda un estudio de caso: la experiencia de la Escuela Rural Mediada por TIC de la provincia de Salta, que propone una modalidad de educación a distancia y mediada por tecnologías, ya que lxs profesorxs se encuentran en la sede central ubicada en la capital salteña, y lxs estudiantes en los distintos parajes rurales (catorce sedes en toda la provincia). Por último, el estudio avanza sobre reflexiones para seguir trabajando y pensando sobre esta temática.
Como eje disparador central, propone debatir el acceso a las tecnologías como un derecho, especialmente en el ámbito rural donde las desigualdades son persistentes, y no coyunturales por la pandemia, aunque en dicho contexto emerjan con mayor fuerza. También, insta a debatir acerca del lugar que ocupa la educación para las juventudes rurales, siempre atravesado por las tecnologías. En ese sentido, es central que los gobiernos y el estado inviertan en generar condiciones mínimas de igualdad, como los servicios básicos de luz y agua potable. Tanto estudiantes como docentes necesitan la capacitación digital pero también los dispositivos y recursos que permitan su uso. Una verdadera política de inclusión digital debe plantearse estos debates más profundos, para no dejar a nadie excluido.
El capítulo abre las puertas para cuestionamientos en diversos sentidos. Por ejemplo, si pensamos en Internet como una ventana al mundo, podemos preguntarnos qué injerencia tiene esa ventana en espacios que se representan a sí mismos como alejados de todo y de todxs, es decir, aislados de las posibilidades que el mundo ofrece. Contemplando el contexto de desarrollo educativo de los sujetos de estudio abordados: ¿existe en el currículo educativo la puesta en valor de los saberes locales/ancestrales? ¿Cómo se relaciona ello con las decisiones de formación académica futura? ¿Cuánto de ello coloca lo local como posibilidad de desarrollo, permanencia, etc.? En respuesta, la autora plantea que la injerencia de las TIC en los espacios rurales que ha estudiado ha sido progresiva a la par de la inversión en conexiones que posibilitó el uso de teléfonos móviles. Por otra parte, señala que se profundizan y amplían saberes del campo de formación de las ciencias, sus particularidades, sus condiciones de producción y su relevancia sociocultural, de modo tal que prepara a lxs estudiantes para analizar e intervenir de manera crítica sobre los procesos de desarrollo del espacio local. Esta orientación cuenta con las materias tradicionales como Lengua y Matemática, pero también de las específicas como Educación tecnológica, Sistemas agroambientales, Agroecología, contaminación y tratamiento de efluentes, y Recursos naturales, entre otras, donde lxs estudiantes realizan trabajos prácticos vinculados a las necesidades de su territorio y alrededores. Esta orientación además permite que la escuela teja redes con empresas de agricultura, minería y petróleo de la región, para el sostenimiento de algunas actividades escolares.
Chachagua señala que en Argentina, a partir del anuncio de suspensión de clases en marzo de 2020, el sistema educativo se encontró repentinamente inmerso en una situación no habitual, incluso novedosa para algunos. Si bien se ha intentado sostener la educación y trasladar la enseñanza al espacio virtual, quedó en evidencia la falta de acceso a dispositivos digitales e internet, y la falta de formación/capacitación (alfabetización digital y producción de contenidos) para profesores y estudiantes. Una política pública como lo fue Conectar Igualdad (con sus aciertos y errores) podría haber sido clave en estos momentos, en donde se plantea la educación a distancia como una salida de emergencia. La pandemia obligó a las escuelas a desacoplarse, es decir a llegar a lxs estudiantes donde ellxs estén. Esta modalidad genera muchos cuestionamientos alrededor de las prácticas de enseñanza y aprendizaje; además, pone de manifiesto la demanda del acceso a la tecnología como un derecho. Pero ¿qué pasó en la ruralidad? En estos ámbitos donde lxs estudiantes también dejaron de asistir a la escuela y conectarse es aún más difícil, ya que persisten desigualdades que datan de un tiempo muy anterior a la pandemia.
Entonces, la cuestión de inclusión y exclusión –social o digital– se configuró con la idea de estar dentro o fuera del sistema, pero de alguna manera fue el puntapié para pensar las políticas vinculadas a incluir a los sectores más vulnerables o postergados de cierta agenda política. Las transformaciones que impuso la pandemia se han tornado –hasta cierto punto– en un formato en el que están mediadas por las TIC. Este hecho ha revelado otras desigualdades preexistentes, estructurales, que no están relacionadas necesariamente con el acceso a las tecnologías, pero lo restringen.
El trabajo de Guadalupe Macedo y Fernanda Vaca Carrió pone en tensión las distintas desigualdades de acceso que tienen las mujeres privadas de su libertad en relación con las TIC. El trabajo es el resultado del tránsito de las autoras como talleristas en la unidad carcelaria N° 4 de Salta durante 2017, donde habitan 120 mujeres y 5 niñxs que poseen un nivel de instrucción formal bajo ya que muchxs de ellxs no terminaron la escuela secundaria.
Plantean que existen tres grandes marginalidades: la de los muros, definidas como las desigualdades que se presentan en torno al ámbito carcelario; la del patriarcado, definidas como las desigualdades vinculadas al acceso por el género, y la de la marginación en relación con los puertos, es decir, las dificultades de acceso vinculado a lo social desde la territorialidad de la que provienen.
Su prosa se encuentra enriquecida con el modo enunciativo que evidencia la militancia y el compromiso que tienen las autoras con las mujeres con las que trabajan ya no sólo como sujetos de estudio, sino desde un lugar de sensibilidad social.
En el artículo proponen un análisis interseccional, tratando de dar cuenta de las vivencias que se dan en los contextos de privación de libertad. Presentan una perspectiva interesante que permite repensar las marginalidades desde varios aspectos que trascienden los espacios rurales/rurbanos/urbanos. En este sentido, invitan a repensar las desigualdades que se reproducen socialmente y a explorar modos de deconstruirlas. Entonces, la elección de la perspectiva les permite abordar la temática desde múltiples aristas y poder observar así su complejidad. Ser mujer dentro de los contextos de privación de libertad implica múltiples interseccionalidades que, a través de las formas de disciplinamiento que propone la cárcel, buscan borrar y disponer un solo modo de ser mujer que está permitido dentro del sistema penal. Dado que ya su propia trayectoria de vida no se encuadra en ese modo de ser mujer, el castigo se manifiesta en el impedimento de acceso a derechos, entre ellos a las TIC.
Mirar esta problemática desde un prisma interseccional también les permite desmenuzar todas las opresiones a las que son sometidas las mujeres incluso antes de ingresar a los penales. Por otra parte, la posibilidad de transitar el penal les permitió mirar cada lugar en donde se producen marginaciones y avasallamientos en su vida para poder indagar las cuestiones vinculadas al acceso a las TIC, ya que no sólo está dada por una marginación por estar privadas de su libertad sino por lo histórico, lo social y lo cultural que las atraviesa.
Si bien el debate pone en evidencia que las desigualdades que sufren las mujeres en el penal son preexistentes y fundamentales para determinar trayectorias de vida que incluyen violencias diversas y las colocan en ese espacio, los principales interrogantes que abordará el capítulo surgen a partir de la estancia en el penal: ¿es posible pensar el encierro mediado por las tecnologías de la información y la comunicación? El encierro mediado por TIC ¿es una utopía o una realidad posible? Los dispositivos de control ¿se verán afectados de manera intrínseca a la hora de posibilitar el acceso pleno a las redes? Si el acceso a las tecnologías es un privilegio de clase, ¿de qué manera, entonces, podemos disponer de equipamientos tecnológicos en contextos de privación de libertad a modo de subsanar necesidades propias del contexto actual?
Las autoras sostienen que “ser mujer en una sociedad patriarcal y capitalista dificulta el acceso a los derechos humanos”. También, que el contexto les impone un doble castigo: el primero por no haber cumplido con su mandato social como personas y el segundo por no haber obedecido al mandato femenino que le indica tareas acordes y esperables a su condición de mujer.
En el séptimo capítulo, junto a Ximena Carreras, nos propusimos que el eje central del debate de nuestro escrito girara en torno a las representaciones sociales que se construyen en los espacios virtuales. Para ello, tomamos a Agricultores Federados Argentinos (AFA) y a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) como excusa, y focalizamos en el uso de Facebook, Instagram y Twitter con el objetivo de comparar prácticas. Es decir, tomamos sus publicaciones online para observar las representaciones en torno a los valores cooperativos y el modo en que se vinculan con sus asociados y con el Estado. Por ello, pensamos que la noción de la apropiación tecnológica abona el uso de las TIC como formas de reinventar las prácticas y las demandas sociales.
Con el objetivo de situarnos en el contexto y aportar algunas herramientas para el análisis de las redes sociales en pandemia, restringimos el recorte a marzo de 2020. Si bien uno de nuestros objetivos fue revisar la potencialidad de la utilización de las TIC como formas de reinventar las prácticas y demandas sociales, el recorte pretende mostrar un período de normalidad de inicio de actividades anuales, que a la vez pueda ser contrastado con la participación virtual luego del inicio del aislamiento social y preventivo en Argentina por causa de la COVID-19.
Si bien son dos empresas cooperativas, AFA, entidad de primer grado, y ACA, de segundo grado, compiten en igualdad de condiciones con empresas transnacionales del agronegocio. Históricamente fueron vanguardia en materia de tecnología. De acuerdo con el estudio aquí presentado, ambas asociaciones han incorporado sin demoras y al parecer de manera fluida la comunicación a través de las redes sociales. Sin embargo, han mantenido sus publicaciones tradicionales en los dos formatos: papel y digital. En el caso de ACA, poseen el periódico La Cooperación y la revista Acaecer; en el caso de AFA, cuentan con la revista Agricultores. En este sentido no sólo mantienen, sino que suman opciones de comunicación e interacción con socixs, tercerxs no asociadxs, consumidorxs y con el público en general.
Justamente son las áreas de comunicación las que operan, entre otras actividades, el manejo de redes y publicaciones. Los contenidos relevados para el estudio se diferencian entre videos institucionales, videos caseros (por ejemplo, tomados con el móvil por algún integrante del equipo), posters (por ejemplo, los de efemérides en las que encontramos solo texto, fotografía o combinado) y fotografías no profesionales. Estos contenidos mencionados se replican sólo en las redes sociales, ya que las webs institucionales y los medios de prensa institucionales revisten de formalidad y poseen una periodicidad de actualización o publicación espaciada. Es por ello por lo que las redes sociales son utilizadas para lo inmediato y el manejo es de manera muy informal.
Ambas cooperativas poseen movimientos juveniles con una larga trayectoria y muy activos, que incluso han generado sus propias organizaciones. En muchos casos, son precisamente lxs jóvenes quienes han facilitado la adopción de las nuevas tecnologías aplicadas a la producción y a la comercialización (ACA base y AFA Net), hoy difundidas y utilizadas por las 150 cooperativas primarias asociadas a ACA y por los 26 Centros Cooperativos Primarios de AFA. Sabemos que las juventudes suelen ser las impulsoras y gestoras de este nuevo estilo de difusión. Sin embargo, los públicos diversos y las interacciones resultantes eran una incógnita. Por eso, esperamos haber contribuido a iniciar un camino de exploración de estos temas y que se materialicen en usos efectivos de las herramientas que las TIC ofrecen. Sin embargo, han quedado preguntas abiertas que nos invitan a seguir indagando en el uso y apropiación de TIC no sólo en espacios virtuales, sino también en circunstancias extraordinarias.
Por último, Alejandro Artopoulos invita a debatir la informacionalización agropecuaria en Argentina y Latinoamérica. Para pensar el proceso de informacionalización propone las siguientes preguntas: ¿cómo se puede interpretar el proceso de cambio de la producción agropecuaria en Argentina? ¿Cuáles son los rasgos del extractivismo informacional en la actividad agropecuaria y los entornos rurales? ¿Cuáles son las identidades que emergieron en estos procesos? ¿Cómo se construyeron las identidades y cuál fue el rol de la OSC en esa construcción? El perfil de análisis de los sistemas sociotécnicos se erige en este capítulo como una forma novedosa y particular para abordar los estudios sobre ruralidad y tecnologías.
Artopoulos propone que
la sociedad red alumbró en el entorno rural en Argentina nuevas identidades que emergieron en tándem primero como proyectos de reinvención de una burguesía emprendedora en el formato de agronegocios, y luego como identidades de conservación de formas de la producción informacionalizada. El funcionamiento de este tándem encontró en las nuevas organizaciones de la sociedad civil agropecuaria como AACREA y AAPRESID incubadoras de formación de capital social, comunidades de práctica, de proyectos de desarrollo tecnológico aplicado, y fundamentalmente, un desarrollo institucional que matiza la lógica binaria de proyecto vs resistencia.
El autor pretende analizar cómo se desplegaron los territorios de los flujos agropecuarios mediante la reconstrucción de la historia de los procesos de digitalización inicial de la producción agropecuaria en Argentina y el rol de estas instituciones en los procesos señalados. Para ello, señala como fundamental reconstruir el trípode sociotécnico del nuevo modelo empresarial agropecuario en el que destaca a CREA y AAPRESID por sostener a cadenas de valor que trascienden los límites de un sector específico, conectan con la I+D universitaria y empresas tecnológicas del sector espacial y de software.
También, amplía la noción de educación rural en manos de la enseñanza formal hacia un complejo de posibilidades necesarias para el trabajo en el campo. En ese sentido, es sumamente interesante la idea tranqueras abiertas para sociabilizar la información, ya que esa apertura hoy virtualizada se multiplica.
En la reflexión final, el autor interroga acerca de “cómo se cultivarán las nuevas prácticas del desarrollo informacional agropecuario y cuáles serán las instituciones en donde tendrán lugar estas transformaciones, si acontecen”. La pregunta que surge es: ¿existen intenciones de ampliar la informacionalización hacia los pequeños productores?
Este trabajo reaulta un muy buen cierre para el proyecto, ya que engloba muchos de los conceptos que se trabajaron en cada capítulo y los debates que se fueron suscitando. Así, las ideas de Información / Informatización /Conocimiento / TIC / Redes se articulan.
El conjunto de perspectivas que este libro aporta se constituye en valiosas herramientas para pensar el espacio rural virtual. Leer en clave de brecha digital los procesos de ruralización de la ciudad y de urbanización de lo rural se encuentra en sintonía con los modos de abordar los ecosistemas sociales complejos de las ruralidades. Así, los datos regionales en conjunto con los datos locales y específicos de cada territorio son los que pueden ayudarnos a mirar y a analizar esta realidad compleja desde los distintos ámbitos.
Ponemos énfasis en la visibilidad para atender realidades disímiles y heterogéneas y, por ejemplo, repensar y reconfigurar la categoría ruralidades para que estas propuestas garanticen la integración de manera heterogénea en relación con la conectividad y el acceso a internet, capacitación de proyectos, producción de conocimiento, etc. Nos queda como tarea pendiente poder comprender la pandemia desde la perspectiva de que el enemigo no es el virus en sí mismo, sino aquello que lo ha causado. Asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y ponerlas en la agenda pública, nos permitirá prepararnos para el gran desafío de la humanidad: la crisis climática.
Particularmente en este espacio multi / inter / pluri disciplinar, pero de mayoría de comunicadorxs que componemos la presente obra, es importante destacar el rol de la comunicación. Vivimos una era de abundante información disponible pero poco clara. En ese sentido, ser canales facilitadores de información transparente y transferible a la población podría ser una tarea interesante para asumir en la perspectiva de un mundo posible. Como comunicadorxs y pensadorxs del universo de las TIC, asumimos que el espacio virtual se constituye en fuente de debates, pero también de saberes y de acceso a la información. Las tecnologías han dependido, dependen y dependerán, también, de sus usos, si es que las consideramos como herramientas. Un paso central es pensar en la universalidad del acceso y derechos a internet y a las TIC. Urge trabajar en diversos órdenes y dimensiones para reducir asimetrías y generar mayores oportunidades que superen las exclusiones del mundo conectado. Y es una desventaja que el cambio social, político, institucional, etc., posea un andar lento frente a la velocidad y dinámica de los cambios y avances tecnológicos.
Si bien es urgente achicar asimetrías y construir agendas públicas que garanticen el acceso a internet, más urgente aún, y a la vez más lento por ser proceso y cambio cultural, es trabajar en la alfabetización tecnológica que supere la perspectiva mercantil y reproductiva y dé lugar a una educación igualmente emancipadora.
Marina Poggi








