La perspectiva de la normatividad social de Ser y Tiempo
Bruno Gabriel Muntaabski[1]
I
Para poder llevar a cabo el análisis de la normatividad como estructura ontológica del Dasein, se deben introducir los elementos de la analítica existenciaria con los que este fenómeno se vea articulado, a fin de desarrollar el mismo a la luz de aquellos elementos. En primer lugar, se presentan como relevantes los dos caracteres existenciarios que Heidegger expone en el parágrafo §9, respecto de la ontología del Dasein. Según el primero de ellos, la esencia del Dasein es su “ser relativamente a…”, significando esto que la esencia de éste ente debe ser entendida como existencia, debido a que su determinación como ente viene dada por una posibilidad que él mismo es, y de la que mantiene siempre una comprensión, por más oscura que sea. Por otro lado, según el segundo de los caracteres mencionados, el ser de este ente es en cada caso el mío. Es por ello que el Dasein está siempre arrojado a la responsabilidad de su existencia, no siéndole indiferente su propio ser. A su vez, este último carácter existenciario funda la propiedad e impropiedad que el Dasein puede ostentar de su ser. Estos dos términos denotan modos de ser de éste ente, por el cual él puede apropiarse o perder sus posibilidades de ser. En lo que sigue se desarrollará la articulación de estos dos existenciarios con el “curarse de” del Dasein.
Si atendemos al “Ser-en” como una estructura existenciaria del “Ser-en-el-mundo”, Heidegger señala que ella no debe ser entendida como el hallarse “en” una región espacial determinada, ni como la posición de un ser “a los ojos” en un lugar respecto de otros, sino más bien como un existenciario por el que el Dasein está siempre ya familiarizado con su mundo, habitándolo. El Dasein está inmerso en el mundo, no como una cosa dentro de otra, sino con la forma del habitarlo. Dicho habitar el mundo tiene distintos modos de ser, los cuales determinan cómo éste es y puede ser en el mundo. Estos modos tienen todos la forma del “curarse de”. Ya que dicho ente tiene la forma de ser del “ser-en-el-mundo”, el antes mencionado carácter existenciario del “ser relativamente a” es fundamentalmente un “curarse de”. El Dasein está así dirigido al mundo en la forma del curarse del mismo. Con el fin de describir en qué consiste este habitar curándose del mundo, se desarrollarán a continuación la relación que mantiene el Dasein con los entes que le hacen frente inmediatamente en su mundo circundante, para luego atender al fenómeno de la normatividad en su forma existenciaria.
El primer elemento a remarcar respecto del “curarse de” como existenciario es que permite que otros entes, que no tienen la forma de ser del Dasein, le hagan frente, y sean aquello de que éste se cura. Estos entes, que Heidegger denomina “intramundanos”, mantienen una relación con el Dasein eminentemente práctica, en tanto el curarse de ellos se expresa fácticamente como una manipulación, un uso de los mismos, uso que siempre supone un tipo particular de conocimiento. Es por esta característica ontológica de los entes intramundanos que la analítica existenciaria los presenta como “útiles”.
Este tipo particular de conocimiento que el Dasein mantiene con aquello de que regularmente se cura no es un conocimiento teorético, sino pragmático, en tanto no es un saber “qué” sea el útil, sino un saber “cómo” se usa. Esta comprensión del útil sólo se alcanza por medio de la actividad misma del curarse del útil en cuestión. Es el manejar el auto, el residir en la casa, el escribir con el lápiz, lo que permite tener la primaria relación de conocimiento con los entes en cuestión. En tanto ser-en-el-mundo, Heidegger afirma que el Dasein tiene la forma del “andar” con los entes intramundanos, lo cual no significa otra cosa que esta relación práctica por el que éste se vincula con ellos. Según lo dicho recién, este “andar” tiene un modo de ver los útiles que los comprende en el uso específico que hace de ellos. A este ver práctico del “andar” “curándose de” Heidegger lo llama “ver en torno”.
Estos útiles, en suma, nunca hacen frente al Dasein de manera aislada, debido a que a ellos les es inherente la estructura del “para”. Esta estructura siempre da lugar a una totalidad de útiles a la mano, en tanto ella es esencialmente una referencia. Es por esto que el “ver en torno” del Dasein tiene cotidianamente un múltiple de útiles ante sí; su saber práctico lo refiere constantemente a los diversos modos del “para” que descubre en los útiles. En este sentido, todo útil refiere a otros y es referido por ellos, constituyendo así el plexo de referencia de lo “a la mano”.
Esa totalidad está vinculada con el saber práctico del Dasein, ya que en tanto totalidad de útiles, es descubierta por el “ver en torno” siempre en relación a una actividad posible de realizar. En esto se funda el que la referencia tenga la forma del “conformarse”, entendida como el conformarse con algo (el útil) en algo (una actividad referida). Un martillo refiere a una totalidad de otros útiles, a una obra a realizar, a los materiales para ello, tanto como a quienes esté destinada la obra. Pero también debe referir necesariamente al uso que se puede hacer de él, si es que este útil puede ser descubierto por el “ver en torno”. La conformidad es el modo en que todo útil es descubierto por el Dasein, en tanto es la referencia a su modo de empleo. Y qué tipo de conformidad se de con un útil específico en cada caso estará dada por la “totalidad de conformidad”, en la que se articulan las actividades del Dasein respecto de la totalidad de útiles de los que se cure.
Esta totalidad de conformidad retrocede en su referir, sin embargo, a un punto último en el que aquello referido ya no es un ser “a la mano”. Encontramos aquí que lo referido no tiene la forma de una obra a realizar, ni de una actividad sobre un útil, sino que tiene la forma primariamente de un “por mor del que” la actividad misma se realiza. Este modo fundamental de la estructura del “para” no es una que le convenga a un ente intramundano, sino a un ente con la forma de ser del “ser-en-el-mundo”. Lo referido es entonces una posibilidad de ser del Dasein. La totalidad de conformidad que articula las actividades prácticas que éste entabla con los entes intramundanos está ligada a su ser relativamente a si mismo, comprendiendo prácticamente estas posibilidades. Este es un punto crucial, ya que permite atender al hecho de que la estructura ontológica del “curarse de” está en último término referida a las posibilidades del Dasein en cada caso.
En lo que sigue, se volverá sobre este punto para remarcar cómo el mismo permite comprender el fenómeno de la normatividad. Para ello, se pasa ahora a enlazar los elementos expuestos del “curarse de” con los de otro existenciario, el “Ser-con”, por el cual se podrá describir con precisión el fenómeno de la normatividad como una estructura ontológica del Dasein en su relación con otros entes de su misma forma de ser.
II
Llegados a este punto del análisis del “curarse de”, es posible preguntarse ¿Qué determina la conformidad con que el Dasein se cura de los útiles? Esto es, ¿cuál es el fundamento de que cada útil se use de una manera específica, que permite “curarse de” él del modo regular en que se lo hace? Lo que aquí se intenta precisar es un carácter de los útiles que no ha sido ampliamente tematizado en los elementos previamente expuestos de la analítica existenciaria, que es el hecho de que la totalidad de útiles (y la subsecuente totalidad de conformidad) se le descubren al Dasein como teniendo de antemano ya en sí su propia manejabilidad, su propio modo de empleo. El martillo es para martillar, como el lápiz para escribir, y es de este modo que el Dasein descubre a los entes que hacen frente, siempre en tanto útiles con un uso correcto, como opuesto a uno incorrecto. No es solamente que tienen un uso regular, sino que ese es el uso apropiado. No es posible, en este sentido, usar cualquier útil de cualquier manera. Lo que así se presenta es la cuestión en torno a qué estructura ontológica fundamenta el que fácticamente exista un empleo correcto y otro incorrecto de cada útil a la mano. Este es el fenómeno de la normatividad que se pretende tematizar de aquí en adelante.
La importancia de preguntarse por la normatividad que regula el uso correcto de los útiles puede ser expuesta también desde otra perspectiva, que permitirá comprender el fenómeno con mayor claridad. En la exposición de la estructura del “curarse de” hecha en la sección anterior de este trabajo, se mencionó que en el plexo de referencia no son referidos solamente entes de la forma de lo “a la mano”. También son referidos entes de la forma de ser del Dasein, relativos al “andar” “curándose de” del caso (aquellos a quienes se destina el producto de la actividad, con quienes se la realiza, etc.). Al Dasein le hacen frente éstos otros constantemente en su habitar el mundo; y en tanto éstos otros también son Dasein, ellos se encuentran en el mundo de aquel, habitándolo también. Encontramos así que todo Dasein habita un mundo compartido con otros que también lo habitan. Este “con” otros debe ser entendido como un existenciario del Dasein, que Heidegger llama “Ser-con”.
Este habitar un mundo compartido arroja luz sobre la cuestión de la normatividad. En el “andar” con los entes intramundanos por el que cada Dasein habita el mundo compartido, podemos encontrar replicada aquella regularidad en los usos de los útiles que veíamos anteriormente. En este sentido, el carpintero no sólo utiliza el martillo para martillar, sino que éste es el uso estandarizado de este ente al que todos los que lo emplean se acoplan. Podría usarse de otra manera, pero sería en principio un uso incorrecto del útil, incluso cuando ese uso divergente pudiera cumplir una finalidad específica puesta por el carpintero. Este hecho se hace más patente al considerar que tal uso no es regular y estándar para un solo individuo, sino que está socialmente instaurado. Y esta normatividad no se limita al uso de los entes intramundanos, sino que puede ser encontrada en el desarrollo cotidiano de las relaciones entre aquellos entes que son “ser-en-el-mundo”, como por ejemplo, en la institución de las leyes positivas, en las normas de trabajo, en las reglas de convivencia, etc. Pero esta descripción de la cotidianeidad del Dasein no debe pensarse como carente de fundamento ontológico. Como se señaló recién, la posibilidad misma que tiene el Dasein de “andar” con los entes intramundanos “curándose de” ellos supone un “ver en torno” que comprenda cómo utilizarlos en base al “por mor de” del caso. Pero tal “ver en torno” parece entonces ya estar siendo articulado por el fenómeno de la normatividad, en tanto este comprender práctico descubre a los útiles como “para” un uso determinado y no otro. Este mismo fenómeno se ve también en el andar curándose de un mundo compartido de todos los Dasein. Se puede afirmar entonces que ese fenómeno articula el “curarse de”, determinando un “ver en torno” correcto tanto del empleo de los útiles como de las relaciones con los otros Dasein. De ahora en adelante, usaremos el término normatividad existenciaria para denotar la estructura ontológica que fundamenta aquella reglamentación fáctica en la cotidianidad del Dasein.
Para poder describir con mayor profundidad esta normatividad, hay que considerar tanto la estructura ontológica del “Ser-con”, como el modo de ser cotidiano del Dasein acorde a ella. Heidegger anticipa, en su análisis de esta estructura, que no le conviene el carácter existenciario del “curarse de”, ya que éste sólo conviene a los entes de la forma de ser de lo “a la mano”. En tanto los entes que le hacen frente al Dasein en cuanto “Ser-con” tienen su misma forma de ser, éste no es relativamente a ellos en el carácter del “curarse de” sino en el del “procurar por”. El ser relativamente a otros, parte constitutiva del habitar el mundo, toma la forma particular del procurar por esos otros. Y como en el caso del curarse de los útiles la totalidad de conformidad retrocedía últimamente al “por mor de”, también el procurar por otros está fijado a ese existenciario. Esto quiere decir, la relación del Dasein con los otros puede fijar sus posibilidades de ser en cada caso. En este sentido, mientras sus posibilidades de ser propias pueden ser apropiadas por éste, también pueden serle arrebatadas por aquellos otros; es a ello a lo que se aludió al comienzo del trabajo cuando se señaló que el segundo carácter existenciario del Dasein fundaba la propiedad e impropiedad de aquellas posibilidades. Cómo se presenta existenciariamente tal arrebato de las posibilidades es lo que se pasa a considerar ahora.
Si consideramos ahora el modo cotidiano del Dasein de habitar un mundo con otros, descubrimos que esta cotidianeidad asume ontológicamente la forma del “ser uno con otro”, modo existenciario del “Ser-con” caracterizado por la “distanciación”. En este “ser uno con otro”, el Dasein mantiene una distancia constitutiva respecto de los demás. Esta distancia es tanto un alejarse de sí mismo, como también un sumergirse en los demás; y ella funda el arrebato de sus posibilidades de ser propias. Pero tal arrebato no corresponde a un otro determinado, sino que proviene de aquel que no es nadie, el “Uno”, la forma de ser cotidiana del quién del Dasein. En este modo de ser, las actividades a las que está entregado el Dasein están regidas por los otros, por el habitar un mundo en común con esos otros. Esto se extiende tanto al curarse de los útiles a la mano, como al cotidiano procurar por los demás. Todos son el Uno, y en tanto tal, se conducen relativamente a sí mismos y al mundo como todos los demás lo hacen.
En este indiferenciado habitar el mundo todos de la misma forma es que encontramos el fenómeno de la normatividad existenciaria. Ésta se presenta como la reglamentación de qué posibilidades de ser deben ser elegidas y cómo deben ser alcanzadas. Es así que se establecen regularidades en el habitar el mundo, regularidades que son obedecidas tanto más cuanto las mismas no son tematizadas. Es en el modo del “no sorprender” que el dominio del Uno se hace presente, ya que cada Dasein se conduce de una manera ya conocida, evitando siempre escapar a las regularidades de su cotidianeidad. De este modo, todo emplear útiles se estandariza, quedando fijado tal modo de curarse de él de manera general. Este fenómeno fundamenta el hecho antes considerado, en torno a cómo es que los útiles presentan en sí un modo de empleo determinado de antemano. El empleo de esos útiles está regido por la normatividad existenciaria. Es posible entonces afirmar que el señorío del Uno sobre las posibilidades de ser del Dasein no es otra cosa que la normatividad aquí expuesta, entendida como una estructura ontológica del “Ser-con”. En suma, la corrección o incorrección en el “andar” por el mundo compartido se fundan en una regularidad impuesta al Dasein a partir de la propia estructura por la que hacen frente otros en el mundo.
Habiendo ya tematizado la forma de la normatividad existenciaria, es necesario ahora analizar la relación de este existenciario con las demás estructuras ontológicas del “Ser-con”, para poder precisar qué tipo de articulación tiene en la analítica existenciaria, así como cuáles son sus implicancias respecto de la normatividad social.
III
Un punto de importancia del precedente análisis es que, en tanto sumergido en el Uno, el Dasein se cura del mundo de una manera reglamentada por su procurar por otros, en tanto estos otros le imponen sus posibilidades de ser en cada caso. La pregunta que esto suscita es cuál es la articulación que permite que el “procurar por” determine de esta forma al “curarse de”. La respuesta se encuentra en los modos de ser del Uno, sobre los que la normatividad existenciaria expresa su dominación. La “distanciación” que aleja al Dasein de sí mismo se funda en que éste se cura del término medio. Esto quiere decir que el Dasein regularmente comprende solamente aquello que es comprensible para todos, en tanto comprensible de suyo. En vez de comprender sus posibilidades más propias, por medio del “ver en torno” “curándose de” verdaderamente apropiador, llega a comprender sólo lo que ya ha sido comprendido por él.
Este término medio comprensor es indiferente a las particularidades del caso, y por ello toda posibilidad de ser relativa al mundo o a los otros queda reducida a aquellas que se dictaminan por igual, que son las únicas comprensibles. Es este elemento el que nos permite explicar la articulación del “curarse de” en base al “procurar por”. En tanto se limita a comprender aquello que es comprensible en común, eliminando toda particularidad, el Dasein sólo puede curarse de aquello de que todos se curan. Este “curarse de” en común es el originario “curarse de” al que todos están abocados en tanto parte del Uno. Esta estructura ontológica se presenta como un modo de la normatividad existenciaria, en el cual se fundan aquellas regularidades que encontrábamos en el curarse de los útiles a la mano. El martillo es para martillar y el lápiz para escribir porque así se los usa. A su vez, el Dasein se conduce con los demás como uno se conduce con los demás. Tanto en la oficina, como en la calle o en el propio hogar, el Dasein se comporta tal como todos se comportan, y evita lo que se evita. Tal conducirse se instaura como el único que el “ver en torno” de los Dasein puede comprender, ya que se le han dado de antemano las posibilidades de ser sobre las que puede elegir.
De este modo, las regularidades y la corrección de las mismas que ónticamente encontramos en el comportamiento de los entes que son ser-en-el-mundo se funda finalmente en el “curarse de” en común en tanto éste rige las posibilidades del “por mor de”, en una comprensión siempre de término medio. El Dasein comprende las posibilidades de su ser que ya han sido comprendidas por él, y su “andar” por el mundo se presenta siempre reglamentado en términos de la corrección de esa forma de habitarlo. Esta articulación es posibilitada por aquello que en el presente trabajo se ha denominado normatividad existenciaria. Es un existenciario del Dasein, fundado en su modo de ser impropio respecto del habitar el mundo compartido. En suma, esta normatividad funda las regularidades que encontramos en la conducta del Dasein, tanto como la corrección o incorrección de las mismas. Que las prácticas del Dasein puedan ser correctas o incorrectas quiere decir que, además de ser prácticas regulares compartidas por los otros, ellas están aceptadas o rechazadas por la comprensión común que posibilita en último término esas prácticas. No hay solamente concordancia en los usos de los útiles o en el modo de conducirse entre pares, sino que existe un régimen que valida tal habitar el mundo, estableciendo que esa es la manera en que se habita el mundo.
Para concluir, debemos considerar las características de esta corrección de las prácticas regidas por este existenciario. Lo que se nos presenta en la vida fáctica del Dasein como instituciones sociales, reglas de conducta, leyes positivas, tienen su fundamento ontológico en un comprender impropio que ve lo que debe ver, esto es, lo que todos los demás ven: un sistema de normas que todos han aceptado sin nunca haber instaurado, una dominación sobre cada uno ejercida por todos. Para el Dasein, esta dominación también le habilita a mantenerse en un constante desapego respecto de los sucesos que acontecen, como lo ya conocido y legitimado por todos, como aquello que se espera y nunca sorprende.
Históricamente, lo que se determina como correcto e incorrecto puede variar, arrastrando con ellos el modo en que el Dasein se conduce en el mundo. Pero la dominación en sí, con los caracteres existenciarios presentados, se mantiene idéntica. No hay diferencias entre normas institucionales o extra-institucionales a nivel ontológico, sino que toda norma que prescriba corrección en un curso de acción es comprendida por todos como el único modo correcto de conducirse. Las diferencias entre los modos fácticos de regimentar estas normas no corresponden a un análisis ontológico, debido a que tales diferencias siempre recubren por igual la forma de la normatividad existenciaria. En este sentido, toda “norma” significa para el Dasein distanciamiento de sí mismo, arbitrio sobre sus posibilidades de ser, y una comprensión de ellas limitada a lo que sea común a todos. La normatividad social es, entonces, el modo fáctico en que se expresa el arrebato de sus posibilidades de ser por parte del Uno; arrebato, sin embargo, con el que el Dasein y todos los demás como él mantienen una complicidad, en tanto ellos son el Uno.
Referencias bibliográficas
Heidegger, M. (2009) El ser y el tiempo, Traducción de José Gaos -2º ed. Buenos Aires: FCE.
- Universidad de Buenos Aires.↵






